AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 20 Julio  2002
Ibarretxe, el dialogante
Editorial ABC 20 Julio 2002

El faisán vasco
ANTONIO ELORZA  El Correo 20 Julio 2002

¡Conflictos de clase, por favor!
FERNANDO VALLESPÍN El País 20 Julio 2002

El gran mudo
JAIME CAMPMANY ABC 20 Julio 2002

El alcalde de Vitoria planta cara a Batasuna y les saca de las fiestas
Redacción - Vitoria.- La Razón 20 Julio 2002
 

UA dice que creará una «comunidad foral» si «quiebra» el Estatuto vasco
VITORIA  EL CORREO 20 Julio 2002

El PP acusa a CiU de gastar dinero público para «promocionar» a Duran
Redacción - Barcelona.- La Razón 20 Julio 2002
 

Ibarretxe, el dialogante
Editorial ABC 20 Julio 2002

El lendakari Ibarretxe ha hecho famosas las frases «dialogar hasta el amanecer» y «dialogar antes de que se ponga el sol», para expresar, con gran belleza plástica, su predisposición absoluta al diálogo. Resuelto el cuándo, también Ibarretxe ha aclarado el qué -«de todo y sobre todo»- y el quiénes -«con todos»- del diálogo que propone. Durante su intervención en el debate sobre el estado de la Nación, el portavoz del PNV, Iñaki Anasagasti, retomó la fibra lírica del lendakari y también pidió «dialogar hasta el amanecer» e incluso ofreció un plazo de noventa días para facilitar ese diálogo, sosegado y distendido. Con el antecedente del ultimátum del Gobierno de Ibarretxe al Ejecutivo central para que en dos meses transfiera o diga cómo va a transferir las competencias estatutarias pendientes, la resolución pactada por PP y PSOE al término del debate sobre el estado de la Nación era una declaración pública de compromiso para el desarrollo del Estatuto dentro del marco constitucional y, aunque nada tenía que ver con el impertinente ultimátum nacionalista, demostraba la voluntad de negociar al respecto. Sin embargo, el lendakari Ibarretxe ha rechazado la primera y rápida oferta de diálogo que le ha formulado el ministro de Administraciones Públicas, Javier Arenas. A Ibarretxe le ha molestado la publicidad de la invitación cursada por Arenas, a quien ha reprochado buscar sólo la foto. No deja de ser sorprendente que quien apela al diálogo de forma tan abierta y generosa para lograr la normalización política en el País Vasco, se pierda en cuestiones de protocolos y formas, que, por otro lado, no vienen al caso. En una democracia, basada en la opinión pública, es bueno que se sepa quién ofrece y quién rechaza. Ibarretxe confunde discreción con secretismo, lo cual, hasta cierto punto, es comprensible, porque el secreto, el doble fondo, la simulación, han sido prácticas habituales del PNV en sus relaciones con el nacionalismo radical e incluso con ETA, y no precisamente para convencerla de que ponga fin a su terrorismo.

Las razones por las que Ibarretxe rechaza la oferta de Javier Arenas no pueden ser de carácter formal. La situación social y política en el País Vasco es lo suficientemente grave para que un gobernante responsable pase por alto estas cosas. Es más coherente que respondan a los compromisos -estén o no escritos- del PNV con Batasuna, y que, digan lo que digan unos y otros, se reflejan en el dictamen sobre autogobierno aprobado la semana pasada por el Parlamento Vasco. En una entrevista publicada en el diario «Gara», en octubre de 2000, Joseba Egibar proponía «dar inicio, de manera simultánea, a la configuración de un proyecto político para determinar qué queremos ser, que es donde pueden confluir los dos mundos del nacionalismo vasco, el que apostó por la vía estatutaria como mecanismo progresivo de autogobierno y una izquierda abertzale que se encuentra con la necesidad de articular un nuevo proyecto». Estas palabras -y los acuerdos de 1998- explican la estrategia actual del nacionalismo y dejan en ridículo la indignación de los dirigentes del PNV cuando se les reprocha haber pactado con Batasuna. La coincidencia de intereses entre los «mundos del nacionalismo» satisface incluso la queja que hizo ETA en diversos comunicados y entrevistas emitidos tras la ruptura de la tregua, en los que la banda terrorista imputaba al PNV y a EA no haber asumido compromisos para la construcción nacional y haber impulsado un simple «proceso de paz». Pues a la vista está que en esta ocasión los nacionalistas sí han asumido compromisos de acción política -con plazos y contenidos- sobre soberanía, territorialidad y ámbito vasco de decisión. Lo peor es que, esta vez, el proceso impulsado no es de paz sino de soberanía y, con este objetivo, Ibarretxe tiene su diálogo apalabrado con el nacionalismo radical.

El faisán vasco
ANTONIO ELORZA /CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 20 Julio 2002

Una de las rarezas más comentadas en el arte de la gastronomía concierne al tratamiento que debe darse a la carne del faisán para obtener el mejor punto de sabor y consistencia: se cuelga al animal hasta que su cuello se rompa por estar a punto de pudrirse. Tal es el curioso método puesto en práctica por el Gobierno vasco y por la dirección del PNV para alcanzar el objetivo soberanista , léase la independencia: la vida política en Euskadi debe pudrirse hasta el punto de que el juego de la democracia deje de responder a lo que es su cometido habitual, dar cuenta de los deseos y de las aspiraciones de los ciudadanos, y se convierta, por el contrario, en instrumento de unos objetivos políticos minoritarios. Y en modo alguno de importancia secundaria. Se trata de imponer la independencia a una sociedad que, un sondeo tras otro, la viene rechazando desde los primeros días de la transición.

Muchos demócratas podemos aceptar, e incluso apoyar, la idea de autodeterminación si descansa sobre datos objetivos que hagan suponer el respaldo estable de una mayoría de los vascos a ese objetivo de independencia. Personalmente, he defendido tal idea desde los inicios de mi poco afortunada carrera política y por mi iniciativa se mantuvo en el Congreso del PCE en 1978. Sigo pensando lo mismo. Sólo que esa consulta democrática requiere para ser válida la citada constatación de que existe una aspiración verosímilmente mayoritaria en la sociedad que va a ser sometida a referéndum, y sobre todo un marco político de normalidad, en el que tengan plena validez jurídica las decisiones adoptadas por el voto libre de los ciudadanos. Con la pistola de ETA apuntando a las cabezas de todos los vascos no independentistas, asociar autodeterminación y democracia es un sarcasmo.

Ambos requisitos están ausentes en el caso vasco y tal vez por ello el Gobierno vasco ha elegido una vía política dirigida a forzar la voluntad democrática de los ciudadanos, eludiendo un planteamiento franco que permitiera medir sin obstáculos esa «voluntad de la sociedad vasca» a la que siempre hace referencia. No basta con haber incluido el tema en un punto perdido del programa electoral del PNV; ahí están los periódicos y los vídeos para confirmar que en el curso de la última campaña electoral Ibarretxe habló de todo menos de esa realización del objetivo independentista que ahora se sitúa en lugar preferente. Fue en los gritos de la señora Errazti entre los asistentes a los mítines del fin de campaña donde imperó el «¡Independentzia!». Un demócrata sincero no hubiese hablado de lo bien que le va a Euskadi, de la futura selección vasca enfrentándose a Brasil o del carácter colonial y reaccionario de la política de Aznar, sino que abiertamente habría planteado que la cuestión primordial para los vascos era quebrar el cerco de hierro del Estatuto y conseguir la independencia, con lo cual tendría ante sí la obligación de explicar las ventajas de seguir un camino que de momento puede dejar a Euskadi fuera de Europa, previa resolución de un conflicto de dimensiones hoy incalculables y en contra de la voluntad de la mayoría de sus habitantes. Era más rentable representar la vieja escena del aldeano que tira la piedra y esconde la mano, ganando a cara de perro las elecciones sobre la base de unos planteamientos que primaban la normalización política y social para luego seguir adelante con la prioridad absoluta concedida al objetivo político antes encubierto.

No obstante, el obstáculo principal seguía ahí. ¿Cómo convertir el independentismo en preferencia mayoritaria? El recurso hoy visible consiste en jugar con el efecto mayoría de que hablan los teóricos de la historia de los movimientos sociales: se trata de ir configurando una mayoría sobre cuestiones que no conciernen al punto nodal de la decisión política, a partir de otras cercanas sobre las que sí se puede contar con suficiente apoyo. En nuestro caso, la preferencia de una mayoría de vascos por la autodeterminación en abstracto, aunque no sean independentistas, y el reflejo de oposición al Gobierno central. Este segundo recurso es el ahora utilizado: Madrid no ha accedido hasta hoy a una serie de transferencias y, por tanto, se pone en su cuenta el incumplimiento de un Estatuto que Gobierno vasco, PNV, EA e IU consideran caducado. Egibar lo dejó bien claro en su intervención ante el Parlamento vasco; no cuentan las transferencias solicitadas, sino el objetivo de autogobierno pleno que se persigue. Así el desbordamiento propuesto para septiembre será la culpa de Madrid y en cualquier eventualidad, con rendición -improbable- del Gobierno o por decisión propia frente al orden constitucional vigente, la declaración de soberanía será un hecho. Y de la bronca, si las municipales de 2003 ayudan, saldrá el paso decisivo. Al pasar de una mayoría a otra, el resultado del referéndum, o de la decisión tomada en Ajuria Enea de no ser éste posible, surgirá ese nuevo marco político que desde Lizarra hermana a PNV, EA y Batasuna (con el añadido de la surrealista EB-IU que propugna nada menos que el federalismo de libre adhesión para justificar lo injustificable en quien dice ser no independentista).

Dada la extrema gravedad de la orientación política adoptada por Ibarretxe, es claro que su realización depende de que la oposición política estatutista se encuentre maniatada. De eso se encargan ETA y sus seguidores políticos a lo largo y ancho de la geografía vasca, con el impagable apoyo de muchos demócratas que contribuyen a la limpieza étnica cediendo a las presiones aber-tzales o favoreciendo bajo capa de solidaridad que siga adelante la limpieza étnico-política en nuestra sociedad: es el caso de ese buen rector de la UPV que aconseja a la profesora perseguida que deje de dar clases y se refugie en lugar seguro; él se encargaría de llevarle allí personalmente hasta el sueldo. O en ese mismo medio que me toca de cerca, de los que se desmarcan de quien adopta posiciones críticas frente a la política de Ibarretxe, calificando al que fuera coautor de alguno de sus libros de gallego (Sabino y los suyos hubieran dicho «españolista», tanto vale). La agresividad del círculo de ETA, la pasividad de nacionalistas demócratas y de arquílocos defensores hoy de la neutralidad ante cuanto ocurre, configuran el escenario en el cual resulta imposible la discusión pública sobre las grandes opciones políticas que ahora toca abordar a la sociedad vasca. La búsqueda de la independencia es ensalzada por un coro a dos voces, donde quienes adoptan las decisiones políticas pueden tranquilamente emprender la huida hacia delante con la seguridad de que los opositores se encuentran paralizados por las amenazas de aquellos que por el momento se conforman con la segunda voz, esgrimiendo la razón suprema de las bombas y de las pistolas para que triunfe la convergencia de unos y otros. Ibarretxe y sus socios expresan lamentos cuando no hay otro remedio y callan satisfechos ante los frutos que esperan recoger de esa putrefacción de la democracia en Euskadi.

¡Conflictos de clase, por favor!
FERNANDO VALLESPÍN El País 20 Julio 2002

El debate sobre el estado de la nación no sólo sirve para tomarle el pulso al liderazgo. Es también una magnífica ocasión para acercarse a los problemas políticos del país y observar de paso las propuestas de solución que cada cual ofrece. Dejemos fuera el extravagante caso del islote Perejil, que sirvió para recordarnos cómo en el cuerpo del Estado quedan todavía rabadillas producto de una anterior fase de su evolución, y vayamos a los que más contaron. Los dos grandes problemas o conflictos de este curso político fueron el ultimátum vasco y las consecuencias de la ruptura del diálogo entre Gobierno y sindicatos. Seguramente estarán de acuerdo conmigo en que, salvadas las refriegas con Anasagasti, la mayoría de los enfrentamientos directos tuvieron por objeto cuestiones relacionadas con el segundo de ellos. Quizá por la misma proximidad de la huelga general. Pero imagino que, a pesar de su menor perfil en los debates, nadie duda de que el problema de auténtica relevancia es el tema vasco.

Por mucho ruido que hagan los conflictos que giran en torno a la 'cuestión social', la sensación general es que pueden ser negociados e integrados por el sistema. No es ésta, sin embargo, la impresión que todos tenemos de la deriva que ha tomado el conflicto vasco. Y ello por su misma naturaleza de conflicto identitario. A este respecto no está de más recordar al siempre sagaz Alfred Hirschman, cuando distingue entre conflictos 'divisibles', que suelen ser aquellos que tienen que ver con la distribución de algún bien, y conflictos 'indivisibles', que afectan sobre todo a consideraciones sobre la identidad o el ser de alguien. Los primeros, los 'conflictos de interés', suelen incidir sobre 'un más o menos', mientras que los segundos lo hacen sobre 'una cosa u otra', 'o esto o lo otro' ('o se es vasco o se es español', por referirnos al caso en cuestión). La idea es que unos son 'negociables', se prestan al compromiso y la componenda, mientras que otros impiden cualquier tipo de transacción, ya que lo que se piensa que está en juego es la propia identidad. O se es de una manera o de otra. Aunque el problema de este tipo de conflictos es que quienes reivindican una identidad muchas veces se resisten a clarificar qué es lo que desean en realidad; o, lo que es lo mismo, en qué se concreta en la realidad empírica una identidad que casi siempre aparece mistificada. ¿Cómo vamos a poder negociar algo sobre la propia identidad cuando no sabemos en qué consiste lo que 'somos'? O cuando lo vamos redefiniendo de forma que nunca sea posible llegar a una 'transacción'.

Contrariamente a la predicción marxista, los conflictos de clase no resultaron ser tan 'antagónicos' como para llevarse por delante el sistema capitalista y el de la democracia liberal. A la larga, tras grandes transformaciones en la propia estructura del capitalismo y en el mismo papel del Estado en la sociedad, pudieron ser integrados e incluso contribuyeron a robustecer aún más a los sistemas democráticos. Lamentablemente no puede decirse lo mismo del otro tipo de conflictos. Y dice Hirschman con cierta desesperanza: 'Cuando Benjamín Constant tuvo que enfrentarse al inquieto Napoleón, gritó lleno de nostalgia: '¡Que Dios nos devuelva a nuestros reyes holgazanes!'. De modo similar, cuando hoy experimentamos el nacimiento y el renacimiento de conflictos en torno a cuestiones no-divisibles, nos apetece exclamar: '¡Que Dios nos devuelva el conflicto de clase!'.

El intento del nacionalismo vasco por colocarse fuera de la Constitución ha acentuado esta naturaleza 'indivisible' y no transaccional del conflicto en Euskadi. Ignora, sin embargo, el riego de entrar en una espiral que lo persigue también dentro de su propio territorio. De tener éxito el soberanismo, el adversario no será ya el Estado español, desde luego, sino un amplísima capa de su propia población. Cuanto mayor sea la polarización frente al Estado tanto mayor será también su repercusión hacia dentro. ¿No está acaso en interés de todos el hacer un esfuerzo por reubicar el conflicto en términos 'divisibles'?

El gran mudo
Por JAIME CAMPMANY ABC 20 Julio 2002

VAMOS conociendo lo que cada quisque opina acerca del episodio de la isla Perejil. Naturalmente, sabemos lo que opinan Aznar y los miembros de su gobierno, bueno fuera que no lo supiéramos, eran los primeros que tenían que hablar, y en el debate del «estado de la Nación», Aznar no sólo ofreció una opinión sino que deslizó un anticipo de sus decisiones en esa historieta.

Sabemos también lo que opina Rodríguez Zapatero, que sobre ese hecho, antes y después del desenlace, ha hablado poco, pero claro, y siempre se ha mostrado prudente y discreto, actitud que, siendo la lógica, es de elogiar y agradecer. Hemos conocido por obligación (la democracia impone estas obligaciones, que debemos cumplir con gusto, y que al fin y al cabo son recíprocas) lo que piensa de ese asunto don Gaspar Llamazares. Que no, que no y que no, que todo se ha hecho mal, que España tenía que haber seguido con un chauchau que en definitiva era un monólogo ante un interlocutor sordo. Llamazares tiene que decir lo que le dicta su fidelidad al agua pasada que ya no mueve molino, «y a mucha honra». Aclara él. Permanecer en ideas muertas puede ser honra, pero se termina creyendo que la Tierra no se mueve o que la sangre no circula por el cuerpo. Menos mal que los modelos políticos de Llamazares ya no pueden enviar a la hoguera a los que no piensen como ellos.

Conocemos lo que piensa el señor Ibarreche. Tengo dicho que Ibarreche es hombre inteligente y buena persona. Lo que sucede es que no es español, o al menos, eso es lo que él quiere y lo que él se cree. Así las cosas, lo que dice Ibarreche es que el conflicto de Perejil ni le va le viene, le tiene al fresco y aventura que no es objeto de preocupación alguna del pueblo vasco. Lo que uno no se explica muy bien es por qué Ibarreche se interesa por lo que sucede en el Sahara y no en la isla Perejil hasta el punto de decidir bajarse al moro. Bueno, pues que se baje.

Por lo demás, cada uno ha opinado lo que le ha dado la gana, en el caso de Pujol, la real gana, porque enseguida se nos pone en plan virrey de Cataluña y heredero del gran Ramón Berenguer IV. Y eso está muy requetebién porque para algo disfrutamos de libertad de expresión y algunos incluso de facilidad de palabra. Pero lo que me tiene confuso, admirado y curioso es el silencio de Felipe González. Tan locuaz y dicharachero como es el sevillí, y en esta ocasión tan propicia permanece mudo, sin decir esta boca es mía y como si se le hubiese comido la lengua el gato. ¿Tanto andar entre los agarenos de ceca a zoco y ahora se convierte en una ostra? Huy, huy, huy, ahí hay malicia o gato encerrado. No creo que le haya parecido bien a Felipe que Mohamed le ponga a Aznar ese pedrusco en el zapato, pero será mejor no desagradar al moro amigo.

El alcalde de Vitoria planta cara a Batasuna y les saca de las fiestas
Redacción - Vitoria.- La Razón 20 Julio 2002

El alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, decidió que lanzará el Chupinazo de las fiestas de la Blanca, el 4 de agosto, al no existir consenso para que lo haga el equipo de baloncesto, Tau Baskonia, que era la propuesta del Gobierno municipal tras negarle este cometido a Batasuna. Esta decisión la tomó ayer el Gobierno municipal en un Pleno en el que se votó una moción presentada por Alonso para que fuera el Baskonia el que lanzara el Chupinazo, en sustitución de la formación abertzale, por no condenar el terrorismo de Eta y la violencia de persecución.
La iniciativa contó con el apoyo del PP, PSE-EE y UA y con el rechazo del PNV-EA y Batasuna. Esto supone la modificación del reglamento municipal de 1999, según el cual, el lanzamiento del cohete iniciador de las fiestas se regulaba por un sistema de turnos por el que los grupos políticos se iban turnando anualmente de mayor a menor representación.

El portavoz del PP, Javier Maroto, justificó este cambio «porque el reglamento se adoptó durante el periodo de tregua de Eta» y, en este sentido, consideró «impresentable» que el portavoz de Batasuna, José Enrique Bert, inicie las fiestas de la Blanca, «porque su único bagaje es no condenar los asesinatos». En la misma línea se manifestó el portavoz de UA, José Antonio Pizarro, quien señaló que el representante de la formación abertzale «no tiene legitimidad para tirar el cohete, ya que no condena a Eta» y, por ello, consideró que el TAU «se convierte en un referente de consenso y que es merecedor del honor de dar comienzo a las fiestas».

El portavoz de la plataforma abertzale, José Enrique Bert, afirmó que se ha creado un «conflicto innecesario» y calificó la medida como una «alcaldada y cacicada del PP». Asimismo, consideró un «error» que se propusiera al club vitoriano de baloncesto para el citado acto festivo. En este sentido, anunció que no va a renunciar a lanzar el Chupinazo y que estará el día cuatro en la balconada de la Virgen Blanca «con el aval de los votos de la ciudadanía porque nos toca».

En el mismo pleno también salió adelante una iniciativa consensuada entre PP, PSE-EE y UA, con la abstención del resto de grupos, por la cual el Consistorio se comprometió a insertar la inscripción «Eta no-Eta ez», junto a su imagen corporativa en todos los folletos y elementos divulgativos de las campañas en las que participe de alguna manera. Durante el debate de esta moción se produjo un tenso enfrentamiento entre el alcalde y la portavoz Batasuna. Bert, durante el debate, afirmó que su partido tiene un «claro compromiso con todos los Derechos Humanos». Alonso calificó el comentario de «cínico» ya que esta formación se ha negado a «condenar los 40 asesinatos que ha habido en esta legislatura, ocho de ellos a concejales del PP y del PSOE».

Bert invitó a que todos los grupos, incluidos los abertzales, firmaran una declaración a favor de todos los Derechos Humanos, en la que «se hiciera una clara y rotunda apuesta por una Vitoria sin violencia de ningún tipo». En este sentido, calificó de «poco seria» la propuesta debatida y recordó «las veces que los concejales populares y socialistas han aplaudido la vulneración de derechos en este Consistorio».

Por último, el portavoz indicó que su formación «no quiere que Eta deje de matar, sino que Euskal Herria no tenga ningún tipo de violencia y que los que practiquen la violencia dejen de existir». A su vez, Alonso le respondió que «hay que tener cara para decir que se está en contra de la violencia y no del terrorismo», ya que, según señaló, «este grupo se ha negado a condenar los asesinatos de esta banda terrorista» y, por ello, afirmó que «Eta y Batasuna son lo mismo».

UA dice que creará una «comunidad foral» si «quiebra» el Estatuto vasco
VITORIA  EL CORREO 20 Julio 2002

El secretario general de Unidad Alavesa (UA), Pablo Mosquera, advirtió ayer de que si el Estatuto de Automonía «se quiebra» por las resoluciones aprobadas en el Parlamento vasco en materia de autogobierno, «Euskadi quedaría disuelta». Una situación que la formación aprovecharía para «construir una comunidad foral» en la provincia a partir del Estatuto alavés que presentaron el pasado mes de junio.

Mosquera se ha reunido en los últimos días con partidos regionalistas de Navarra y Cantabria para explicar «esta situación» y matizó que «hemos coincidido en que la alternativa al nacionalismo es el regionalismo, porque defiende la peculiaridad de cada territorio, pero con lealtad al Estado de Derecho y con las instituciones españolas».

El secretario de UA acusó a los nacionalistas de «aprovechar» la situación de incumplimiento estatutario y recordó que dentro del Estado «la mayor parte de los estatutos de las autonomías están incompletos».

El PP acusa a CiU de gastar dinero público para «promocionar» a Duran
Pide explicaciones sobre sus viajes a Cuba y Lombardía en lugar de Pujol desatan la polémica
La portavoz del PPC, Dolors Nadal, denunció ayer que la federación nacionalista está instalada en una permanente confusión entre partido y gobierno, al tiempo que acusaba a CiU de gastar dinero público para «promocionar» al secretario general de CiU, Josep Antoni Duran Lleida. El viaje de este en sustitución de Pujol en Lombardía y uno anterior en Cuba han provocado una batería de preguntas parlamentarias al respecto.
Redacción - Barcelona.- La Razón 20 Julio 2002

La portavoz del PPC en el Parlamento catalán, Dolors Nadal, denunció ayer la «permamente confusión entre partido y gobierno» por parte de CiU y acusó al gobierno de la Generalitat de «gastar dinero público para promocionar» al secretario general de la federación nacionalista y líder de UDC, Josep Antoni Duran Lleida, que asistió en sustitución del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol a la constitución del Club de las Regiones en Lombardía.
En este sentido, Nadal presentó en el registro una batería de preguntas parlamentarias para conocer los motivos por los que el ejecutivo catalán «envió en su representación al secretario general de un partido sin ningún cargo en el Consejo Ejecutivo» de la Generalitat.

En el caso que la respuesta sea que el líder de la formación democristiana no acudió en condición de representantes del Gobierno, Nadal se interesara por los motivos por los que el presidente catalán no asistió a un acto en el que «participaron los presidentes de diferentes regiones europeas y no secretarios generales de partidos».

La diputada del PPcalificó de «muy grave» la situación y recordó que ya se produjo una similar con la presencia de Duran Lleida en un viaje institucional del «conseller en cap» del gobierno catalán, Artur Mas, a Cuba el pasado mes de junio.

128 viajes
Entonces el Partido Popular presentó una interpelación parlamentaria, de la mano del diputado autonómico, Daniel Sirera, con el fin de conocer los objetivos y el coste de los 128 viajes institucionales que los diferentes consejeros del gobierno catalán habían realizado a cargo de los presupuestos de la Generalitat en 2000 y 2001.

Dicho debate tuvo lugar en las última sesión plenaria antes de empezar el periodo vacacional parlamentario, y a consecuencia de esa interpelación, se debatirá, al inicio del curso político, una moción con la que se pretende que el Gobierno catalán comparezca en el Parlamento autonómico después de cada viaje que realice uno de sus miembros para rendir cuentas sobre los integrantes de la expedición, los gastos del viaje y los resultados del mismo.

Durante la interpelación la formación que lidera Josep Lluís Carod-Rovira (ERC) se alineó con los populares con el fin de reclamar un mínimo control en los viajes de los consejeros de la Generalitat. Se abrió un agrio debate al respecto, que tanto republicanos como populares proseguirán hasta conseguir los votos del PSC para sacar adelante la moción.

Así, el próximo mes de octubre, mes en el que probablemente se celebrará el primer pleno en la cámara catalana, se someterá a votación. El resultado dependerá en primera instancia del PSC, pero también de la situación en aquellos momentos de las relaciones entre nacionalistas y populares. La actitud de CiU en el debate de política general determinará la mecánica parlamentaria y la aprobación de esta moción.

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