AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 25 Julio  2002
El chantaje soberanista
Ignacio Villa Libertad Digital 25 Julio 2002

El PNV, siempre al fondo
Editorial ABC  25 Julio 2002

Los exilios vascos y el régimen nacionalista
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC  25 Julio 2002

EL INEXPLICABLE SILENCIO DE LOS PASTORES VASCOS
Editorial El Mundo 25 Julio 2002

No basta con condenar a ETA
Por Jaime LARRINAGA ABC 25 Julio 2002

El PNV y la «bota malaya»
M. MARTÍN FERRAND ABC 25 Julio 2002

La otra Iglesia vasca
Editorial La Razón  25 Julio 2002

Competencias
Cartas al Director ABC 25 Julio 2002

F. Llera
ERASMO El Mundo  25 Julio 2002

Una respuesta multidimensional al terrorismo
Andrés Montero Gómez  La Razón  25 Julio 2002

Imaz no entra a valorar
Iñaki EZKERRA La Razón 25 Julio 2002

Contra la indiferencia
José A. SENTÍS La Razón 25 Julio 2002

Éxodo
Cecilia GARCÍA La Razón 25 Julio 2002

Los exiliados vascos
Francisco MARHUENDA La Razón 25 Julio 2002

«¿Cuándo llegará el día en el que los lendakaris y obispos dediquen sonrisas a las víctimas de Eta»
Esperanza Mejuto - Bilbao.- La Razón 25 Julio 2002

El cura acosado por el nacionalismo se plantea irse del País Vasco por «miedo»
Laura Nuño - Madrid.- La Razón 25 Julio 2002

El Gobierno Aznar dice que el acoso al cura de Maruri refleja el «clima de terror» en Euskadi
ISABEL LÓPEZ/BILBAO El Correo 25 Julio 2002

El CGPJ concede el amparo a Garzón por las críticas nacionalistas al auto de Batasuna
Agencias Libertad Digital 25 Julio 2002

Jugar con fuego y con ventaja
RAFAEL AGUIRRE  El Correo 25 Julio 2002

Nueces de Maruri
Ignacio Jauregui/Bilbao Cartas al Director El Correo 25 Julio 2002

El chantaje soberanista
Ignacio Villa Libertad Digital 25 Julio 2002

Si algo hemos aprendido los españoles del terrorismo etarra es que no descansa nunca y que, además, su estilo de actuación es siempre el ataque por la espalda. Nunca da la cara. Siempre se oculta y oculta cualquier estrategia. Por todo ello, el "aparente" silencio de los terroristas en estas últimas semanas es simplemente una ficción. Es cierto que las últimas operaciones policiales les han podido dejar maltrechos en algunas de sus infraestructuras, pero junto a esa realidad, la experiencia nos dice que detrás de este "descanso" hay una estrategia pactada con el nacionalismo. Los terroristas, que sólo saben matar y que matan cuando pueden y donde pueden, no desaparecen sin dejar rastro y sin más explicaciones. Estamos simplemente ante la táctica del silencio.

Desde luego, hay que contar con que la banda terrorista esté trabajando durante estas semanas en su infraestructura asesina; pero junto a ello, el mutismo cómplice del ambiente nacionalista y del entorno radical revelan que la estrategia del Pacto de Estella está volviendo a ser revitalizada en público y sin escondites. En este sentido, lo que ocurra en las próximas semanas será muy revelador para conocer en detalle qué pactos y acuerdos están ejecutando las dos partes. Pero no hay que remontarse muy lejos para deducir que tanto unos como otros están trabajando en la misma dirección: en el proyecto soberanista para el País Vasco.

El nacionalismo está apostando de forma descarada desde el Gobierno de Vitoria por la ruptura con la Constitución y el Estatuto. Están intentando dinamitar desde dentro las estructuras democráticas que se han dado los vascos desde hace más de veinte años. Están provocando con la amenaza permanente la desobediencia civil. Están vendiendo al entorno terrorista todo su poder y toda su capacidad institucional, para poner orden en un País Vasco donde se vive bajo la presión del miedo y del terror.

El entorno terrorista y radical, por su parte, vive satisfecho manteniendo bajo su yugo al PNV, EA e IU. Tiene y mantiene a los partidos que conforman el Gobierno vasco como simples títeres de sus objetivos y pretensiones soberanistas. Por ahora no matan, pero es un simple espejismo. Cuando decidan volver a hacerlo, lo harán con más saña y con más crueldad.

En resumen, nada nuevo bajo el sol. Todos siguen donde estaban. El aspecto externo de lo que ahora mismo observamos es un simple artificio. Todos tienen la misma dirección: el proyecto soberanista. Un proyecto, por cierto, fundamentado en el chantaje.

El PNV, siempre al fondo
Editorial ABC  25 Julio 2002

El último síntoma de la degradación de las libertades en el País Vasco tiene un significado especial. Jaime Larrinaga, párroco de Maruri desde hace más de treinta años, ha pedido protección policial después de que el Ayuntamiento de esta localidad vizcaína, con ediles exclusivamente nacionalistas y gobernado por el PNV, remitiera una carta a todos los vecinos en la que tacha al sacerdote de nostálgico del franquismo y le reprocha no haber defendido las libertades o el euskera en el anterior régimen. El PNV de Maruri sabía lo que hacía marcando con su peculiar letra escarlata a un significado defensor de las víctimas de ETA y opositor a la línea pastoral de la jerarquía católica vasca sobre la violencia terrorista. Ha fijado el precio de la resistencia, que se paga con la soledad, el aislamiento y el abandono en un entorno ciudadano hostil y con una amenaza creciente de ser víctima de una agresión.

Larrinaga no es el único en ser desahuciado por el nacionalismo. El catedrático Francisco Llera, director del Euskobarómetro, se va a una Universidad americana ante la insoportable presión del nacionalismo violento en la Universidad del País Vasco, ampliando la fuga de inteligencia que desangra de forma permanente a la sociedad vasca. El caso de Jaime Larrinaga tiene el agravante de que, además de abrir públicamente el frente de los religiosos y sacerdotes amenazados -en el que ya estaba el jesuita y prestigioso criminalista Antonio Beristain-, se produce en un momento que desacredita los afanosos esfuerzos de Ibarretxe por hacer creíble su compromiso con las libertades y los derechos humanos. De nada sirven el manifiesto de Eudel o los acuerdos de la Mesa de Arkaute, si el mismo partido que los promueve con la finalidad de mejorar la seguridad de los amenazados en sus propios municipios, se dedica a repartir libelos, desde el Ayuntamiento, contra un hombre que concentra todos los riesgos de una víctima de ETA. ¿Qué dirá el alcalde nacionalista de Maruri si mañana la banda terrorista atenta contra Larrinaga?

El PNV sabe que sus campañas de acoso se prolongan en manos de los violentos y, sin embargo, persevera en ellas. Su insolidaridad con los amenazados llega al extremo de negarles una mínima tregua verbal, un pequeño perímetro personal de seguridad, hecho con gestos y palabras que expresen algo de comprensión y eleven el nivel de seguridad física. Por el contrario, sus invectivas son acicate de crispación y, aunque no señalen directamente objetivos a ETA, la banda terrorista las convierte en móviles de su violencia. En una sociedad de libertades mutiladas, el PNV se conduce como si el terrorismo no fuera con él, como si lo normal es que los derechos mermados sean siempre los de los ciudadanos no nacionalistas. Es la relación de aprovechamiento recíproco entre ETA y el PNV que se viene produciendo desde hace muchos años, con los efectos de un exilio constante de miles de vascos, de la deportación hacia el silencio de los que se quedan y de la eliminación física de los que resisten contumazmente. Al final, las víctimas pierden la suficiente inocencia como para contabilizarlas como bajas del conflicto, lo que representa un cierto alivio de conciencia. Así, no será inocente Larrinaga, que no defendió el euskera. Ni los jueces, que representan a una justicia extranjera. Ni los periodistas, que mienten sobre la realidad del País Vasco. Ni los intelectuales o profesores, que son pesebristas del Ministerio del Interior. Ni los constitucionalistas, llamados a ser tratados como alemanes en Mallorca. Lo grave es que estos mensajes no son de ETA, sino del PNV, de sus dirigentes y de sus medios, archivados en las hemerotecas y en los diarios de sesiones y que tejen el telón de fondo de la violencia terrorista.

Los exilios vascos y el régimen nacionalista
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC  25 Julio 2002

Las dos bazas que más ayudaron a Ibarretxe durante la pasada campaña electoral fueron la promesa de apoyar activamente a las víctimas de ETA, y la paralela y contradictoria afirmación de que en Euskadi la gente disfruta de una calidad de vida mejor que en ninguna otra parte. Sin duda muchos de quienes le votaron dudaban de la primero y sabían que lo segundo es llanamente mentira, pero en fin, a ellos no les iba tan mal y repitieron Ibarretxe con la esperanza de capear el temporal sin mojarse demasiado. Pero lo más probable es que acaben todos empapados, porque el vasco es un país a la deriva con alto riesgo de naufragio.

Según datos oficiosos, en la Comunidad autónoma vasca viven, aunque no demasiado bien, unas 1.800 personas protegidas por alguna clase de escolta, desde las más aparatosas hasta la de un modesto acompañante con pistola y sin coche oficial. Muchas personas han abandonado el País Vasco porque no querían correr el albur de llegar un día a llevar escolta, o simplemente porque no soportan esa mala vida en una especie de tercer grado penitenciario. En consecuencia, cabe hablar de dos exilios o destierros vascos: el exilio interior de los escoltados, privados de la libertad de movimientos y espontaneidad de que disfruta cualquier ciudadano, y el exilio exterior de los emigrados por causas sin duda variadas, pero que siempre se acaban cruzando en el clima político vasco.

Entre los escoltados hay empresarios, políticos, profesores, periodistas, jueces y funcionarios del Estado. Incluso hay una señora que limpia bares de madrugada y compagina su higiénico oficio con la carga de una concejalía en un pueblo. Conozco al menos a dos catedráticos jesuitas que disfrutaban de la atención de una discreta contravigilancia. Lo que no teníamos todavía era un verdadero párroco con auténtica escolta, honor indeseable que ha inaugurado Jaime Larrinaga, párroco de Maruri, diminuta anteiglesia vizcaína de unos 600 habitantes. Larrinaga es también fundador del Foro El Salvador, la asociación de eclesiásticos vascos no nacionalistas que pugnan por hacer oír su minoritaria voz en el seno de diócesis llenas de entusiastas de Arzalluz y Setién, e incluso de «hooligans» de Josu Ternera.

El caso de Larrinaga presenta otras peculiaridades que, sin embargo, van siendo más corrientes según progresa la instauración de un régimen nacionalista sólo superficialmente democrático. Porque las amenazas que ha soportado no han procedido tanto de ETA como directamente del PNV, el partido-guía que gobierna Maruri y docenas más de pueblos vizcaínos como ese. Con muy buenas razones teniendo en cuenta numerosos precedentes, Jaime Larrinaga ha solicitado protección oficial después de que el alcalde de ese rincón de la Vizcaya profunda -esa que para Sabino Arana equivalía al Edén por su recia moralidad y atávico cristianismo-, enviara una carta oficial a los vecinos de Maruri difamando al párroco y tachándolo de fascista, enemigo del euskera y antiguo franquista: la clase de imputaciones que hacen de uno objetivo preferente de ETA. Y más si se trata de un objetivo fácil sin protección.

El escarnio nacionalista
El revuelo causado por el caso del primer párroco escoltado ha enlazado con otro: la marcha de Francisco Llera, catedrático de sociología de la UPV y director del prestigioso Euskobarómetro, a la cátedra Juan Carlos I en la universidad de Georgetown, muy cerca de Washington. Al igual que Jaime Larrínaga, Llera ha sufrido el acoso del régimen nacionalista. Lleva un año con escolta, tiene familia de la que cuidar, y está aburrido de solícitas declaraciones de solidaridad que nunca se sustancian en hechos. Francisco Llera es socialista, es de Basta Ya y es catedrático en el mismo departamento al que pertenecen dos profesoras conocidas, entre otros méritos, por el odio de ETA y la falta del amparo que les deben las instituciones: Edurne Uriarte y Gotzone Mora. Con la tentación de una nueva experiencia profesional americana a la vista, Llera sigue la senda emprendida antes que él por Jon Juaristi, Mikel Azurmendi o José María Portillo, profesores de la UPV que han sido acosados por ETA o sufrido atentados. Y también el escarnio nacionalista y la indiferencia acobardada del resto. Porque, en efecto, la UPV hace grandes y laudables esfuerzos para facilitar la marcha de estos y otros docentes, pero no conozco ninguno para retenerlos y no digamos ya para favorecer su regreso.

La cátedra de Georgetown a la que se incorporará Llera ha sido ocupada el último curso por José María Portillo, historiador y uno de los fundadores del Foro Ermua. En dos ocasiones al menos, anónimos terroristas le volaron el coche aparcado en el campus, en Vitoria. Ni antes ni después de su marcha, tan sólidamente motivada, ha encontrado razón alguna el vicerrectorado alavés para imponer alguna clase de seguridad activa en tan pacífico recinto académico. El curso que viene, Portillo pasará otro año en el Basque Studies de la Universidad de Reno (Nevada), instituto filonacionalista; su actual director, Joseba Zulaika, es un antropólogo implicado en los intentos de Elkarri para que Jimmy Carter aceptara hacer mediar en el conflicto vasco. El Basque Studies ha dado gran impulso al estudio de la diáspora vasca en el oeste americano. Esta diáspora es uno de los mitos a los que el nacionalismo recurre para cultivar su complejo de pueblo elegido y dolerse de su triste destino, pero se refiere exclusivamente a la suya propia: nacionalistas errantes, etarras de la reserva en Cuba o México, y pastores en Idaho o Patagonia. Esperemos que la incorporación de Portillo les haga interesarse por el interesante exilio ideológico que están provocado los 25 años de gobierno abertzale moderado. Porque es un caso único en Europa.

En sus declaraciones acerca de las razones de su marcha temporal (esperemos), Llera ha dicho que se une a los aproximadamente 200.000 vecinos del País Vasco que han dejado su tierra de nacimiento o adopción desde los años ochenta. Los nacionalistas guardan silencio acerca de esta cifra, lo que aconseja darla por buena. En una Comunidad autónoma con poco más de 2.100.000 habitantes censados, 200.000 emigrados es una cifra tremenda. Para hacerse una idea, es más de la mitad de Bilbao en sus mejores momentos, más que el vecindario de San Sebastián y poco menos que el de Vitoria. Y muchos de esos emigrados son jóvenes universitarios y trabajadores altamente cualificados, incluyendo a muchos profesionales y empresarios hartos de pagar la extorsión o de plegarse a las condiciones del clientelismo nacionalista.

Las razones por las que esas 200.000 personas han abandonado el paraíso de Ibarretxe son sin duda muy variadas. Algunos creerán que es una exageración hablar en todos los casos de causas políticas, pero en una democracia próspera como la que debería haber en el País Vasco, la emigración del 10 por ciento de la población es un tremendo fracaso político, al menos desde un punto de vista democrático. Y más si esa emigración no es sustituida por emigrantes que reemplacen a los marchados. Si las cifras optimistas que las instituciones vascas se obstinan en repetir para afianzar la mentira del edén nacionalista fueran medio ciertas, la atracción irresistible de nuestra calidad de vida y desarrollo económico habría atraído a numerosos españoles y, desde luego, a ese abigarrado mosaico que compone la emigración que se puede admirar en Madrid, Cataluña o Valencia: magrebíes, subsaharianos, latinoamericanos, caribeños, chinos, polacos, etcétera. Pero, a pesar de los encomiables esfuerzos del consejero Javier Madrazo por sustituir a malos vascos disconformes por buenos emigrantes progresistas, esto no es así: las calles vascas son mucho menos polícromas que las de cualquier ciudad española comparable.

Hacia 1985 hice amistad con una fotógrafa neoyorkina, judía, que se instaló en San Sebastián. Estaba casada con un economista peruano de apellido vasco: un buen ejemplo del melting-pot de Manhattan. Como a casi todo el mundo, les encantó San Sebastián como forma urbana, pero no tanto como sociedad. Nunca se acostumbraron a nuestra mezcla de agresividad encubierta, amable indiferencia y bostezante uniformidad cultural. Al poco tiempo comenzaron a echar de menos su propio mundo mezclado, a sentir cierto vértigo ante la monotonía de caras iguales. Les horrorizó que el asesinato terrorista de un vecino del barrio, dueño de una tienda de fotografía, no provocara ninguna reacción en una calle donde todos se conocían. Todo eso acabó por ahuyentarles, y ni siquiera la calidad de la asistencia sanitaria gratuita pudo retenerles.

El País Vasco es ahora mismo una sociedad centrífuga para los no nacionalistas, a los que expulsa o pone contra las cuerdas, sean autóctonos o visitantes, y ferozmente centrípeta para los propios nacionalistas, cada vez más apretujados en su cómodo establo. Pero su narcisismo y miedo al otro les impide reconocer incluso las evidencias más llamativas. Como la de que, mientras la población española crece en las regiones más pujantes, la mayor parte de las poblaciones industriales vascas, así como Bilbao y San Sebastián, no han conseguido recuperar el censo de 1980. Los 200.000 emigrados se notan, y más todavía, para quien quiera notarlo, que pocos han venido a llenar su hueco.

Esa misma uniformidad que ahuyentó a mis amigos de Nueva York es la que asfixia a Jaime Larrinaga y a Francisco Llera. Y a miles de exiliados o emigrantes menos conocidos. En mi propio departamento de la UPV, donde cinco profesores están eximidos de dar clase por razones de seguridad, nos felicitábamos hace unos cinco años del grupo excepcionalmente bueno de alumnos que nos había caído en gracia. Aquello duró el primer y el segundo curso. En tercero casi todos habían volado, y eso que no existía todavía el distrito único universitario. Alguno vino a despedirse: el clima ideológico se había vuelto insoportable, decía, y no solamente por los atentados de ETA y la «kale borroka», sino por el progreso imparable de esa uniformidad bovina que estaba consiguiendo imponer el nacionalismo. Los universitarios no nacionalistas no veían claro que hubiera futuro para ellos en los pueblos de sus padres. Así que emigran a Salamanca, a la Complutense, a Barcelona, a donde sea que encuentren un poco de aire fresco, de coexistencia pacífica con lo diferente.

Empobrecimiento social
El periodista José María Calleja publicó un libro imprescindible, La diáspora vasca: historia de los condenados a irse de Euskadi por culpa del terrorismo de ETA, donde proporciona cientos de ejemplos de personas expulsadas de su tierra. Es su propio caso. Y el de empresarios y profesionales hartos de pagar formas de extorsión que van desde el «impuesto revolucionario» a los empresarios grandes y medianos, bajo amenaza de secuestro, hasta la exigencia de dinero y sumisión a los propietarios de modestos negocios. Por supuesto, muchos de estos emigrados dejaron el País Vasco por mejores ofertas profesionales. Pero nadie ha hecho ningún verdadero esfuerzo por retenerles o propiciar su vuelta. Al contrario, Arzalluz, por poner un ejemplo, ha celebrado con alborozo la marcha de esos que considera indeseables. Y es así porque el empobrecimiento social del país es la única posibilidad de enriquecimiento del nacionalismo. Cuantos más disidentes se vayan, más compacta y sumisa será la parroquia interna: que se vayan, pues.

Parece que el numeroso colectivo de vascos instalados en Madrid está formado a partes casi iguales por cocineros, ejecutivos y periodistas: basta con hojear los periódicos de Madrid para tropezarse con los Zarzalejos, Unzueta, Pradera, Gurruchaga y muchos otros. Por algún extraño oráculo, todo periodista vasco decente parece abocado a tener que elegir entre abandonar su profesión y hacerse seudoperiodista, o ir a practicarla en otra parte, preferentemente Madrid. Para algunos eso es un «lobby», pero en realidad es un destierro. Incluso se da el caso del director de un importante diario vasco que ha sacado hace tiempo a su familia de la ciudad donde vivían -vasca, por supuesto-. Por su parte, ha limitado su participación en la vida social local a las comidas de rigor y a lo que traiga su amedrentada redacción, deseosa de no llamar demasiado la atención sobre su existencia profesional. No es un caso excepcional: se sabe de jueces y fiscales, temporalmente destinados en este país, que han preferido asumir su condición de exiliados en el interior y vivir temporalmente en residencias de las Fuerzas Armadas, en vez de afrontar el riesgo de alquilar un piso en un vecindario donde quizás haya algún vecino que no aprecie a la Justicia.

Pero de los muchos exilios profesionales vascos existentes, quizás el más asombroso y elocuente sea el protagonizado por los policías autonómicos. Aprovechando la afortunada pequeñez del territorio de la CAV -imagínense lo nuestro con el tamaño de Andalucía o Texas-, numerosos ertzainas han decidido instalarse fuera del país que les paga el sueldo: en Castro Urdiales los de Vizcaya, en Miranda de Ebro o Logroño los de Álava, e incluso en Hendaya los de Guipúzcoa. ¿Cuántos ertzainas viven fuera del País Vasco? Los sindicatos no ofrecen cifras concretas, pero se habla de varios cientos con sus familias. La razón: que en muchos pueblos y barrios vascos no es posible colgar el uniforme a secar, ni que el niño o la niña digan en la ikastola que su padre o su madre son ertzainas. Están probando la misma amarga purga que, con anterioridad, sufrieron en los años 80 tantos policías y guardias civiles, causa del llamado síndrome del norte, razón de transtornos psíquicos e incluso de suicidios. Una policía creada para emular a la sueca en el arte de rescatar gatos de los árboles o ayudar a pasar la calle a los invidentes, mal puede hacer frente al exilio interior, y menos aún armada de mentiras. Conclusión: en muchos sitios, la policía vasca es clandestina.

¿A quién beneficia este vaciamiento interior, este agotamiento demográfico y empobrecimiento humano? Unicamente al soberanismo, la confluencia estratégica de los intereses de ETA y del nacionalismo moderado, que sólo pueden imponerse arrasando la sociedad civil, convirtiendo la democracia en un régimen monopolista y consiguiendo mediante la expulsión de los disidentes una homogeneidad comunitaria que permita el triunfo, en su día, de la consulta soberanista planeada, quizás pactada con ETA. Entre tanto, en el País Vasco acontece un drama diario que muchos se empeñan en ignorar, que sólo emerge a la luz en las historias dramáticas de un párroco rural que necesita escolta para precaverse del alcalde, o de un catedrático prestigioso que emigra a los USA para huir de la locura. El signo de que la democracia está ganando la partida se dará el día en que este proceso se invierta con la vuelta de nuestros desterrados y exiliados.

EL INEXPLICABLE SILENCIO DE LOS PASTORES VASCOS
Editorial El Mundo 25 Julio 2002

Cabe imaginar que un obispo permanezca indiferente ante el hecho de que uno de los párrocos de su diócesis tenga que llevar escolta por sentirse en el punto de mira de ETA y su entorno? Cabe y es tan increíblemente cierto como lamentable. Desde Toronto, donde acompaña al Papa en un agradable baño de juventudes cristianas, el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, dijo que no tenía «nada que comentar» sobre Jaime Larrinaga, el primer párroco vasco que se ha visto obligado a solicitar protección personal, después de que el Ayuntamiento del PNV buzoneara en el pueblo una carta en la que le acusaba, falazmente, de franquista.

Lo curioso es que se trata del mismo Blázquez -de quien el PNV dijo aquello de «loro viejo no aprende a hablar» cuando lo nombraron obispo sin saber euskera- que hace poco firmó una pastoral denunciando las «consecuencias sombrías» que tendría la ilegalización de Batasuna para la «convivencia» en el País Vasco. Sin embargo, las «consecuencias sombrías» que para el párroco de Maruri está teniendo la persecución que sufre sólo por no ser nacionalista no quitan el sueño ni a su obispo ni a la Conferencia Episcopal española que ayer declinó hacer comentarios sobre el asunto.El propio Larrinaga se manifestó ayer dolido con el Obispado y, con idéntica impotencia con la que se han expresado otras víctimas que han optado por el exilio, denunció que en el País Vasco «el mundo está al revés» y «por defender la democracia y denunciar la injusticia» te obligan a llevar escolta.

El caso del párroco de Maruri, con todo lo insólito que pueda resultar administrar los sacramentos a los feligreses en compañía de un escolta, no puede considerarse una anécdota ni es una cuestión personal, como ayer manifestó el alcalde del pueblo. Larrinaga preside el Foro El Salvador, una organización de sacerdotes católicos que osan plantar cara no sólo al terrorismo, sino también a un régimen nacionalista que acosa a los discrepantes hasta hacerles la vida imposible, sean políticos, catedráticos, intelectuales o curas. Lo explicó con meridiana y dramática claridad Francisco Llera, que se ha visto obligado a dejar el País Vasco: «Puedo soportar la amenaza terrorista, pero no la gota malaya del linchamiento nacionalista».

Esta es la gran paradoja del nacionalismo que gobierna el País Vasco desde hace veinte años. El alcalde del PNV ataca al párroco de Maruri y le coloca en el bando de los «nostálgicos de la era nacional católica». Acto seguido, el Gobierno del mismo partido se encuentra ante la tesitura de tener que ponerle escolta o pasar por el bochorno de que -como finalmente ha sucedido- sea el Ministerio del Interior quien lo haga.

No basta con condenar a ETA
Por Jaime LARRINAGA. Párroco de Maruri y presidente del Foro de El Salvador ABC 25 Julio 2002

Siempre que se les echa en cara a los obispos de las diócesis vascas su pasividad o su ambigüedad frente a la ausencia de libertad que hoy se padece en Euskadi hay alguien que responde mostrando unas cartas pastorales o una homilías, en las que esos representantes han condenado los asesinatos de ETA. No se quiere entender que el asesinato es el último peldaño de una larga escalera llena de abusos contra los ciudadanos que no somos nacionalistas y que, precisamente si ese asesinato se ha convertido hoy en moneda corriente, es porque se han tolerado todos los demás abusos, porque no se ha combatido en sus verdaderas raíces.

Combatir al mal en sus verdaderas raíces es denunciar toda falta de respeto contra cualquiera de las libertades constitucionales. El hecho de que yo hoy tenga que llevar escolta para realizar las labores parroquiales que con gusto llevo desempeñando desde hace más de treinta años en Maruri no es más que una muestra del panorama general de opresión que vive todo el País Vasco y que cuenta con la ratificación de los partidos nacionalistas, a los que sólo les preocupa su programa soberanista y no la libertad de los ciudadanos, o, mejor dicho, aunque ese programa sólo puede llevarse a cabo a cuenta de la libertad de los ciudadanos.

No basta con condenar a ETA. Hay que condenar todos los abusos de poder que hacen imposible la vida a tantos vascos no nacionalistas y que se practican con total impunidad, sin conciencia de la gravedad que tienen muchos comportamientos totalitarios. La circular que la corporación municipal ha buzoneado en todos los domicilios de Maruri me parece un ilustrativo ejemplo de esta falta de conciencia y de sensibilidad que muchas personas tienen para detectar en sí mismas el mal totalitario. Después de insultarme y de atribuirme cosas que no he dicho, así como de tergiversar otras que sí he dicho pero con los debidos matices, después de estigmatizarme y de intentar predisponer a mis feligreses contra mí, los redactores de esa circular concluían con el siguiente párrafo:

«Al mismo tiempo, reiteramos nuestro compromiso a favor de la paz, de la normalización en la convivencia, desde la tolerancia y el respeto a las ideas hasta conseguir que seamos todos, libremente, quienes decidamos lo que deseamos ser en orden al mejor futuro para nuestro pueblo».

Cualquiera que lea ese broche para una hoja en la que se me pone en el punto de mira de los terroristas y se me llama «nostálgico del régimen franquista» cuando sólo he defendido la libertad de los ciudadanos, pensaría que los autores de ese texto son unos hipócritas redomados. Yo, en cambio, creo no son siquiera conscientes del carácter absolutamente nazi de su iniciativa. Y creo que la culpa de esta inconsciencia está en los altos responsables de los partidos nacionalistas.

Son ellos los que hablan continuamente de la paz cuando nos ofrecen las propuestas políticas más desapacibles que cabe imaginarse, como son el desacato a la Constitución y la voladura del Estatuto de Autonomía, la desobediencia a las mismas leyes que nos hemos dado. ¿Qué cosa puede haber menos pacífica que ese ultimátum aprobado por los nacionalistas en el Parlamento Vasco el pasado 12 de julio? Son ellos los que obstaculizan la normalización en la convivencia colocando al País Vasco en una tensión permanente de reto no sólo al Gobierno sino a toda la sociedad española y, dentro de ésta, a la parte de la sociedad vasca que no comparte su ideario. Son ellos los que desconocen el significado de la palabra tolerancia al redactar octavillas como la que me ha señalado a mí o al presentar todo atisbo de la cultura y la herencia españolas como execrable y digno de odio. Son ellos los que no creen en el respeto a las ideas de los demás por más sensatas y conciliadoras que sean. Son ellos los que no hacen lo posible para que podamos vivir todos libremente, los que no desean esa libertad y le están negando el futuro al pueblo vasco.

¿Qué futuro nos espera con terroristas que se burlan de las víctimas y con muchachos fanatizados que son capaces de golpear a sus propias madres si les contradicen y no participan de su proyecto de construcción nacional? ¿Qué sociedad puede nacer de un lehendakari que hace oídos sordos al llanto de las víctimas y a la angustia de los amenazados? ¿Qué Euskal Herria idílica puede nacer de la calumnia, la amenaza y la delación del adversario político? No conseguirán nunca su objetivo de independencia, pero si lo consiguieran ¿qué sociedad sería ésa?

No son quizás hipócritas redomados muchos de los que hoy trabajan por semejante infierno en la tierra. Son sólo ciegos. Ciegos por una ideología y ciegos porque no quieren ver. Y la misión de los obispos debe ser la de abrirles los ojos, no sólo la de lamentar de forma pasiva y resignada que ETA se los cierre a otros ciudadanos para siempre. La misión de los obispos no es sólo condenar la oscuridad. Es luchar activamente por traer la Luz a los corazones.

El PNV y la «bota malaya»
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 25 Julio 2002

Dice el bolero que la distancia es el olvido, pero no es cierto. La distancia -la de la emigración, el exilio o la huida- es una forma de pena aguda que termina, cuando termina bien, con el mal crónico de la resignación. Francisco Llera, catedrático de Ciencia Política en la Universidad del País Vasco, busca la distancia para aliviar sus males. Se marcha a Georgetown para poner mar por medio a la insufrible situación que el terrorismo como agente y el nacionalismo como motor han establecido en una de las más hermosas tierras españolas. Llera se suma de ese modo a la larga lista -doscientas mil personas en los últimos años- de profesores, periodistas, empresarios, comerciantes y gentes diversas que se dicen a sí mismos lo que bautiza al movimiento en que milita el profesor: «¡Basta ya!».

Como Llera es un intelectual fino, un profesor competente, un ciudadano cabal y una persona educada se marcha mientras agita el pañuelo blanco de las despedidas. En uno de sus pliegues ha dicho: «Yo puedo soportar el riesgo del terrorismo (...) pero no la bota malaya del linchamiento mediático y profesional de los sectores ligados al régimen nacionalista». Lo de la «bota malaya» es para las antologías. Vale más que cien artículos denunciadores de la realidad porque es la figura exacta que resume el problema, la síntesis del tormento, que padecen los vascos que, por contemporáneos, no quieren caer en el lóbrego pozo que excavó Sabino Arana.

¿Recuerdan una de las películas de aventuras más divertidas de los años treinta, Mares de China? Fue, dirigida por Tay Garnett, el primer gran éxito de Clark Gable junto a una Jean Harlow esplendorosa. Los piratas malayos asaltaban el barco en el que también viajaban Rosalind Russell y Wallace Beery. Para doblegar la voluntad del oficial mercante encarnado por el mejor galán de todos los tiempos colocaban sobre su pie desnudo una rara bota de madera que, por la acción de un torniquete sabiamente manejado por los malos, incrementaba la presión hasta hacerla insufrible. Eso es, juntamente, lo que hace el PNV y Llera ha sabido concretarlo en una chispa. Incrementan la presión de su aparato hasta que la tortura engendra el escape de unos o el acatamiento de otros.

La marcha del profesor Llera, esperemos que con billete de vuelta, quizás produzca satisfacción entre los «malayos» que apretaban su bota; pero, y más en vísperas de un doble proceso electoral, debiera invitar a la acción al Gobierno de España. En su territorio, bajo su responsabilidad y sin su decidida intervención, se está torturando a gentes de bien y de orden. Todos no caben en Georgetown.

La otra Iglesia vasca
Editorial La Razón  25 Julio 2002

Jaime Larrinaga es un sacerdote que tiene que llevar escolta policial y que acumula además en su persona el difícil récord de haber sido marcado con nombre y apellidos por el Ayuntamiento de su pueblo, que envió una carta criticándole al domicilio de cada vecino. Una noticia sorprendente porque se produce en un país supuestamente civilizado y democrático, miembro de pleno derecho de la Unión Europea, defensor de las libertades en todos los foros internacionales y miembro de fuerzas militares pacificación en medio mundo. Títulos que de poco valen en una parte de España donde el padre Larrinaga, un vasco «por los cuatro costados», como declaró a LA RAZÓN en una entrevista que ahora le reprochan los nacionalistas, piensa ya en abandonar su tierra y emigrar, siguiendo los pasos del eutoexilio anunciado el día anterior por el catedrático Francisco Llera y otros docientos mil ciudadanos desde 1985.

Pocas opciones le quedan al sacerdote del pueblo de Maruri, donde gobiernan el PNV, EA y Batasuna. Tan pocas, que únicamente un envidiable heroísmo le ha mantenido hasta hoy en su parroquia, en una tierra donde ser «marcado» por el nacionalismo excluyente significa tanto como estar en el punto de mira de Eta. Y como no constituye novedad alguna que en esa tierra cada vez más cainita unos señalan y otros asesinan a los señalados, es comprensible, aunque inaceptable, que los feligreses tengan miedo de recibir al pastor en sus casas y que el sacerdote se plantee seriamente abandonar.

Es perfectamente descriptible un escenario de miedo, cuando los munícipes de Maruri se atreven a distinguir a un sacerdote con cartas enviadas con el sello municipal y se sorprenden de que ello pueda tener consecuencias. Por supuesto, la culpa es del cura por decir lo que piensa, por no callar y no transigir ante la falsa apariencia de normalidad que se crea al reducir al silencio, bajo pena de muerte, a quienes no acatan el plan soberanista y se niegan a marchar por la senda independentista diseñada del nacionalismo excluyente.

Ni que decir tiene que Larrínaga no ha recibido, ni podía esperar, el apoyo del Gobierno de Ibarreche y del resto del PNV. No sólo no han censurado la terrible «alcaldada» de sus representantes en Maruri, sino que han callado sin aplicar al cura los mismos argumentos con que defendieron la pastoral de los obispos de sus diócesis y la proclama soberanista de un grupo de sacerdotes. Ésos sí eran merecedores de elogios; el cura Larrínga no merece más que una carta que le señala, de hecho, como «traidor» al pueblo.

Era de temer que el Gobierno autónomo diese la callada por respuesta y mirase hacia otro lado. Lo que resulta realmente incomprensible es que su obispo no haya salido inmediatamente en su defensa y que hasta la Conferencia Episcopal adopte la misma postura que el Ejecutivo de Ibarreche, y calle ante el dolor y la persecución de un cura. Parece que la universalidad de la Iglesia termina hoy en las diócesis vascas, donde se aplican otras normas y otros cánones bendecidos por el nacionalismo, y donde ser parte integrante de un Foro del Salvador que clama por la libertad tiene consecuencias negativas en el palacio episcopal. Está claro que el cura de Maruri no forma parte de esa otra Iglesia oficial que tuvo en monseñor Setién y en Javier Arzallus a sus principales exponentes. Por eso, mientras un sacerdote tiene que llevar escolta, el Ayuntamiento nacionalista que le estigmatiza está encantado con el obispado y se precia de que la Iglesia está tan de acuerdo con ellos, que hasta facilita ahora un proyecto urbanístico en el término municipal.

Competencias
Cartas al Director ABC 25 Julio 2002

Están los nacionalistas con el tono subido. Les importan bien poco los muertos, ETA, el amedrentamiento de la parte del pueblo vasco que ellos no controlan. Y piden más. Yo también pido, pero menos. Pido, en primer lugar, que el Estado reasuma las competencias de educación y cultura. La razón es muy sencilla. Desde algunas Autonomías se ha manipulado la historia de España, y se ha creado la conciencia y el caldo de cultivo para que ahora, después de 25 años, se plantee, sin que produzca ningún asombro, lo que en estos momentos plantean los nacionalistas vascos.

Durante mucho tiempo se ha distinguido entre nacionalistas democráticos y los que no lo eran. Craso error. El nacionalismo vasco es uno. Con distintos papeles. Unos matan, y otros miran a otro lado. Pero el objetivo es el mismo. Ahora juegan a la rebelión institucional. Y el Estado tiene que reaccionar. No pueden tener competencias quienes no las ejercen conforme a la Constitución. Es bien sencillo. Jamás permitiría a un niño de cinco años jugar con cerillas en una gasolinera. Tampoco a los nacionalistas vascos jugar con la vida de quienes no piensan como ellos. Por eso urge una respuesta decidida, desde las posibilidades constitucionales, con el mayor consenso posible, pero con toda la autoridad que concede la Historia, y la mayoría del pueblo español.       Alfredo Casquero Algarra.   Madrid.

F. Llera
ERASMO El Mundo  25 Julio 2002

Que Arzalluz imite, con su prognática mandíbula, la gestualidad pendenciera de Mussolini: Pues El Norte, cada vez más cerca de la Serbia de Milosevic. Y se acrecienta la certeza sobre quién tomará asiento en el banquillo de la Corte Penal Internacional por la eusko limpieza étnica. Ahora, un párroco con escolta.Y rebrotará la voz y la sangre indeleble de los mil muertos en una democracia.

Una respuesta multidimensional al terrorismo
Andrés Montero Gómez es presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia La Razón  25 Julio 2002

Los atentados del 11 de septiembre en los Estados Unidos han impactado sobre muchas realidades. Desde el epicentro definido por la muerte y trágico sufrimiento ocasionados a las personas que fueron víctimas directas de la acción criminal, los efectos de esta última expresión de terrorismo de alta intensidad se han extendido, con influencia variable, por los diversos filamentos del tejido social.

En la sociedad estadounidense, la sensibilización y los sentimientos de vulnerabilidad condicionarán cada futura reacción ante otras amenazas, incorporando mayores cotas de organización en la respuesta social ante las catástrofes pero también un incrementado sentido de la auto-defensa, de la seguridad en cesión de determinado número y clase de pequeñas libertades.

A escala mundial, el 11 de septiembre ha modificado la percepción del fenómeno terrorista, implantando un progresivo y lineal consenso en su conceptualización como amenaza global. La criminalidad terrorista, como desde hace tiempo ocurre con la delincuencia organizada, es una entidad global que convierte a la seguridad exterior de los países soberanos en un asunto que se entiende ahora como una variante referencial de la propia seguridad interior. Las amenazas asociadas a la vertiente criminal de la conducta humana, siendo el terrorismo la más deshumanizante, se han disociado de su carácter localizado y se han globalizado, descompartimentalizando conceptos de seguridad interior y defensa exterior para acoplarlos en la nociones más inclusivas de defensa global, seguridad integral o, al igual que ocurre con el afrontamiento al narcotráfico, responsabilidad internacional compartida.

Ante la amenaza global y transnacional del terrorismo la eficacia en la acción ¬no sólo defensiva sino también proactiva¬ de los Estados pasa por la configuración de una respuesta internacional, integrada y conjunta. Frente a un fenómeno complejo como el terrorismo, además, la fisonomía de la respuesta debe contener un elemento de multidimensionalidad: es decir, debería articularse un tipo de conducta internacional que desplegara iniciativas en paralelo, a medio y largo plazo, y en una agrupación de dimensiones coordinadas entre sí. Las dimensiones de la respuesta integral tendrían que incidir, al menos, en elementos jurídico-legales, militares y de seguridad, económico-financieros, sociales, ideológicos, políticos, informativos y de inteligencia. Algunas de ellas se han implementado ya con acierto desigual, pero otras ni siquiera parecen estar siendo contempladas.

El aspecto más temprano en la respuesta contra el terrorismo global tuvo naturaleza financiera y se dirigió hacia la congelación de los activos de capital cuya utilización pudiera sospecharse por parte de un listado de miembros de redes terroristas, elaborado por los Estados Unidos. La inmediatez de la medida ha evidenciado su propia naturaleza reactiva y la carencia de una estrategia definida y sustantiva sobre uno de los factores de vulnerabilidad de cualquier aparato dispuesto para el crimen, esto es, sobre su caudal de recursos. El propio gobierno estadounidense ha reconocido muy recientemente la dificultad para visibilizar el dinero dirigido al terrorismo entre la tupida red de intercambios financieros. La complejidad en la detección de ese capital viene tanto determinada porque el dinero del terrorismo no siempre está ligado a delitos precedentes con que asociarlo, caso del narcotráfico, como por la circunstancia de que tradicionalmente la dimensión financiera del terror, confundido a veces con movimientos de liberación, no ha sido objeto de investigación por los Estados. Así, mientras la lucha contra el blanqueo de capitales y las estructuras financieras pantalla utilizadas por grupos criminales ha venido constituyendo uno de los pilares internacionales de acción contra la delincuencia organizada en general y el narcotráfico en particular, en cuanto se refiere al terrorismo se ha adolecido de la adecuada visión estratégica que habría posibilitado introducir, con mayor anticipación, un mecanismo de restricción de los flujos de capital llamados a alimentar las operaciones terroristas. En España, por ejemplo, no se llega a percibir claramente la potencialidad de la actuación contra las finanzas del terrorismo hasta bien avanzado el decenio de los noventa [recordemos que las actuaciones judiciales del juez Garzón comienzan a fructificar en 1998, aunque los esquemas policiales de investigación en esa línea puedan remontarse a algo antes].

Una vez aflorada la eficiencia asociada a las líneas de investigación financiera sobre el terrorismo, y habilitados marcos de referencia normativa internacional ¬resolución 1373 de la ONU o las provisiones que intentan conciliar formas jurídicas vinculantes y de acción real, y no sólo nominal, en la Unión Europea¬ conviene dotar de una concepción estratégica a la congelación de los fondos y recursos del terrorismo, superando la noción de que se trata de un instrumento auxiliar a la desarticulación de comandos. Consecuentemente, es prioritario definir un esquema integral de investigación contra el terrorismo que incorpore, de modo sistemático, un eje anti-finanzas a las investigaciones sobre las actividades terroristas y a las operaciones de inteligencia incidentes en su estructura criminal. Del mismo modo, es imprescindible mejorar los mecanismos de detección y seguimiento de los flujos de capital ligados al terrorismo, para lo cual es necesario consolidar elementos de muldisciplinariedad en las investigaciones, así como plantearse algún tipo de vía para superar la opacidad inherente a los paraísos financieros, talón de Aquiles en el rastreo de fondos criminales y que sólo sería reversible con el propio compromiso de los Estados que sustentan esos paraísos.

Otra de las dimensiones en la que tiene que avanzar una lucha contra el terrorismo es de entidad jurídico-legal. El primer obstáculo en esta vertiente es la adopción de una definición internacional del terrorismo operacionalizable en términos legales. Hace más de cuarenta años que diversas iniciativas en el ámbito académico han intentado, en vano, encontrar un marco conceptual común que recogiera las peculiaridades fundamentales del fenómeno terrorista y lo delimitara en su significado. Consensuar una definición común del terrorismo constituye una medida obligada para abordar una tipificación penal internacional de su conducta criminal. Posteriormente, habría que establecer un espacio jurisdiccional de naturaleza instructora que permitiera la persecución penal transfronteriza de los sospechosos de terrorismo. En la actualidad sabemos que el instrumento ideal para ello, el Tribunal Penal Internacional, está bloqueado en su potencial precisamente por los intereses de los Estados Unidos.
En el plano social es prioritario incrementar ¬y mantener hasta cumplir objetivos estratégicos¬ las iniciativas dirigidas a paliar el sufrimiento de las áreas menos favorecidas y a construir marcos de desarrollo sostenible, pues la desestructuración social y la desintegración entre grupos étnicos constituyen un factor de riesgo para la emergencia de escenarios de conflicto. En ese sentido y aproximándonos a las dimensiones ideológica y política, sería fructífero cultivar en el área internacional la idea de que no es propicio ni aceptable, para la seguridad común, sustentar gobiernos nacionales o regímenes postulantes a ello que tengan políticas basadas en el extremismo, en el autoritarismo, en la desigualdad social o en la preponderancia étnica.

Por lo que respecta a los polos de inteligencia, y militares y de seguridad, la propia expresión de la tragedia del 11 de septiembre dejó patente que algunos de los análisis y previsiones no eran, precisamente, los más acertados. Parece que es privativo ajustar el foco de las actividades de inteligencia, tanto en la definición de escenarios como en cuanto a la aplicación de medios. En la presencia de la inteligencia para tratar con las amenazas a la seguridad, es fundamental dotarse de espacios nacionales de reflexión estratégica dedicados a la comprensión del fenómeno terrorista. Sólo la adecuada interpretación de las dinámicas del terrorismo puede evitar que se utilicen mecanismos de afrontamiento, como la guerra, que lejos de detener el terrorismo lo realimentan acelerando la causalidad circular de la violencia. En la parte de los medios de inteligencia, el enfrentamiento al terrorismo desde el Estado de Derecho sugiere articular canales para la judicialización de las informaciones de inteligencia, de manera que puedan investirse con el carácter de prueba de cargo en procesos penales (el control judicial de los servicios, ahora adoptado por el CNI español, es un aporte indispensable para ello). Además, la propia naturaleza endogámica y clandestina de los grupos terroristas está requiriendo una inversión potenciada, en soportes legales, en recursos humanos y en técnicas de infiltración eficaces, para potenciar la utilización de la figura del agente encubierto en la investigación policial contra el terrorismo.

Finalmente, aunque no menos importante, la dimensión informativa. Vinculada a la instauración de espacios nacionales para analizar la conducta terrorista en toda su profundidad, la asunción e implantación de la terminología más apropiada para denotar informativamente el comportamiento terrorista, junto a la difusión de los patrones distintivos de su conducta criminal, constituiría un elemento que desactivaría algunos y amortiguaría varios de los efectos sociales que el terrorismo logra parasitando el caudal informativo en los medios de comunicación.
El debate sobre la autorregulación de los medios es estéril si el contenido de la información multiplica el impacto aversivo del terrorismo.

Imaz no entra a valorar
Iñaki EZKERRA La Razón 25 Julio 2002

El caso de Jaime Larrinaga, el párroco de Maruri, no es sólo inédito porque se trata del primer párroco que lleva escolta en el País Vasco. Lo es también porque estamos ante el único ciudadano de la Unión Europea que ha sido estigmatizado por una corporación municipal. La «brillante» iniciativa del Ayuntamiento de Maruri, ¬y sus representantes del PNV, EA y Batasuna¬ de buzonear los domicilios de sus seiscientos vecinos con una carta que señala a un paisano por expresar sus ideas, le marca, le insulta y le descalifica con el sello consistorial, es algo que sólo puede remitirnos a las estigmatizaciones de judíos en la Alemania nazi pero que a Josu Jon Imaz, portavoz del Gobierno Vasco, le parece normal.

Imaz no entra a valorar las discrepancias democráticas. A Imaz le parece discrepar democráticamente señalar a un hombre indefenso, ponerlo en el punto de mira de Eta y convertirlo en un apestado social dado el clima de miedo que existe hoy en Euskadi y sobre todo en la Euskadi rural.

Yo no sé si Imaz es un canalla o un cretino o las dos cosas a la vez.

Lo que sí sé es que ante un hecho semejante se deben pedir responsabilidades a las personas y partidos implicados por más que el Gobierno de Ibarretxe le quiera dar una apariencia de normalidad. Lo que ha sucedido en Maruri es muy grave al margen de cuáles sean los partidos políticos responsables, pero es mucho más grave aún cuando esos partidos son los que hoy tienen la responsabilidad de gobernar el País Vasco.

¿Qué garantías tiene un ciudadano vasco si una pandilla de chulos de mala sombra puede marcarle hasta con sello oficial? En la circular que esos munícipes han buzoneado confunden el reportaje de un periodista con un artículo que hubiese sido firmado por el entrevistado en ese reportaje y se quejan de que se hable de unas pintadas hostiles que salen en las mismas fotos que ayer publicaba la prensa y que ellos no se han dignado borrar. Son ellos quienes dañan la imagen de Maruri y de su gente asustada, la imagen de Euskadi, que hoy es un gran Maruri, una pelea de tasca amañada por los matones del pueblo. Y esos matones pertenecen a EA y al PNV. Aquí quien señala es el partido de Ibarretxe, no ya la revista de Pepe Rei. Y no es la primera vez. Ya el 18 de febrero de 2000 ese Ayuntamiento aprobó una moción similar contra Larrinaga.

Imaz no entra a valorar. Ni los obispos de la Pastoral contra la que se pronunció Larrinaga y que es la causante de sus problemas. Ni tampoco la Conferencia Episcopal entra a valorar que se le haga esto a un cura vasco que es noticia por algo al parecer insólito: ponerse del lado de las víctimas

Contra la indiferencia
José A. SENTÍS La Razón 25 Julio 2002

Es cierto que de tiempo en tiempo se produce un aldabonazo en las conciencias, sea por un atentado o por la noticia de un nuevo exilio forzado del País Vasco, como el reciente del profesor Llera. Sea por el descubrimiento de una amenaza, como la sufrida por el sacerdote Larrinaga, o por una ofensiva del irredentismo abertzale. Pero los arrebatos de indignación no son más que notas a pie de página del libro de la indiferencia. Se ha pagado tal precio por ella, que es la hora de cambiar el guión, hasta ahora hecho de ruido y furia contado por varios idiotas.
Hay modos de afrontar la impotencia resignada del desistimiento. Si empezamos por el diagnóstico de la realidad, hay que recordar que lo letal del terrorismo nacionalista es la esperanza de victoria, luego la primera obligación de intelectuales y políticos es expresar que su guerra no se puede ganar porque es una pasión inútil.

A partir de ahí, es imprescindible la promesa de la firmeza. Los Estados pueden ser máquinas automáticas, pero al ser marcos políticos de sociedades vivas, reflejan el instinto de supervivencia de éstas. Por esa obstinación en la permanencia de lo compuesto, no hay caso de ruptura de unidades nacionales sin la victoria a través de la violencia, salvo la descomposición previa del Estado, lo que en el caso de España es escasamente previsible. Por tanto, los separatistas que se fíen de estar en el orden natural de las cosas se equivocan. Si quieren ganar, al contrario, deben quebrarlo por la violencia, y eso tiene sus costes, especialmente si pierden. Incluso en el propio proceso que ahora les esta saliendo gratis, alguien, en algún momento, puede esgrimir la legalidad y exigir responsabilidades. Los que se han acostumbrado a la reprobación moral pueden, confiados en su diagnóstico endogámico, cruzar la línea de la ley, ya sea con un referéndum, una declaración unilateral independentista o una rebelión institucional. Pero, la tentación de la política de hechos consumados es la teoría del perejil, y lo mismo puede ser empleada en un peñón como en cualquier otro peñazo nacional.

Retirada la esperanza de victoria y expresada la firmeza en las convicciones, es precisa la reeducación (incentivada, claro) para desmontar los mitos que alimentan espejismos sanguinarios, empezando por su negación de la historia. El círculo de la desesperanza lo cierra un acuerdo supranacional, y para eso está la política.
Hace falta paciencia, esencialmente cuando el adversario tiene prisa, tal vez porque crea que en un mundo más globalizado caben menos inventos estatales. Pero, es en su ansiedad donde está su debilidad. Le pasa como a los lemings, que buscan una promesa liberadora sin percibir que la tierra se termina bajo sus pies. Más que suicidarse, pierden el sentido de la realidad. Nuestros lemings no saben que corren hacia el vacío. Se les puede ayudar, eso sí, como pastores a distancia.

Éxodo
Cecilia GARCÍA La Razón 25 Julio 2002

Tras la Guerra Civil española miles de compatriotas eligieron cruzar la frontera ante lo que se les venía encima por pensar de forma diferente o simplemente por odios cainitas larvados desde años atrás. Muchos se convirtieron, por convicción u obligación, en trashumantes de destino incierto sin billete de vuelta. Ese exilio vergonzante forma parte de nuestra memoria colectiva. Ahora se está fraguando otro recuerdo que se azuza día tras día: la salida forzada de ciudadanos vascos de su país y la resistencia activa de muchos que se quedan por vergüenza torera y el orgullo bien entendido de ser y pertenecer a la comunidad vasca. Ayer fue Francisco Llera, catedrático de la Universidad del País Vasco y director del Euskobarómetro, el que anunció su retirada con el aroma del fracaso y el aliciente de la serenidad, libertad de pensamiento y expresión y calidad de vida.

Otros permanecen vigilados por sus escoltas ¬lo que no deja de ser una alteración de su normalidad y una invasión de su intimidad y la de los suyos, aunque sea por su bien¬, con tortícolis de mirar hacia todos los lados, los oídos entrenados para recibir insultos, el corazón un poco encallecido ante tantas muertes y las cuerdas vocales vehiculando los pensamientos y la rebeldía de los resistentes, como el alcalde de Vitoria Alfonso Alonso.
A todo esto, Arzallus y sus escuderos de la mesa cuadriculada, tanto como sus mentes, deben vivir en otro país. Su lengua bífida denigra palabras tan dignas y manoseadas como respeto, integridad, derechos ¬curioso, pocas veces habla de deberes¬ o autonomía.

Lo que está ocurriendo en el País Vasco es una selectiva, siniestra y camuflada limpieza ideológica centrifugada por el miedo. Entre unos y otros, los habitantes subsisten en una convivencia que ha dejado de ser espontánea y natural viciada por las malas costumbres. Cuestión de firmeza, de andar por la calle con la cabeza bien alta, que son otros los que necesitan camuflársela con pasamontañas. Lo que no deja de ser una cobardía.

Los exiliados vascos
Francisco MARHUENDA La Razón 25 Julio 2002

Hace demasiado tiempo que la sociedad vasca está enferma, tanto por culpa del terrorismo como por la indiferencia del nacionalismo vasco, PNV y EA, ante la angustia en la que viven muchos vascos. Es la sociedad del miedo y el totalitarismo, donde una minoría intenta imponer sus deseos con métodos mafiosos. El grave error del PNV es no estar con el PP y el PSOE, a pesar de cualquier discrepancia. No existe, por más que se empeñen, la opción de la equidistancia y contar con el nacionalismo vasco democrático sería muy útil para acabar con el terrorismo.
Frente a la lucha por las libertades me parece menos importante en este momento enzarzarse en una polémica sobre el grado de desarrollo del Estatuto de Autonomía. Otra cosa muy distinta será el día en que se derrote al terrorismo. Es una cuestión de prioridades y altura de miras, porque el País Vasco no será una sociedad normal mientras no se pueda vivir en libertad. No lo es mientras miles de vascos tienen que «exiliarse», como otros lo hicieron tras la Guerra Civil o durante la dictadura franquista. No lo es, tampoco, cuando los representantes electos del PP y el PSOE, periodistas, profesores,.. tienen que ir con escoltas para que no les maten por la espalda.

El catedrático Francisco Llera abandona el País Vasco y no lo hace gozoso sino que se va un año a la Universidad de Georgetown cansado por la persecución que sufre del nacionalismo más reaccionario. Llera está harto del linchamiento nacionalista. Es uno de los muchos vascos que son blanco de Eta, al que estas alimañas pusieron una bomba que no llegó a estallar y que tiene que llevar escolta. Los representantes de Batasuna se dedican a señalar con el dedo a los que luego la banda Eta pega el tiro o pone la bomba. Esos mismo indeseables utilizan las instituciones para insultar a los demócratas, con el aire bravucón y chulesco que les caracteriza. Lo más grave no es la actitud de esa escoria, sino que el PNV permanezca indiferente e ignore, no con sus palabras sino con sus hechos, a los que sufren. No bastan declaraciones retóricas, aunque en ocasiones ni se producen, sino que el gobierno vasco, que por algo es gobierno, debería defender a los vascos que sufren por su vida. Hay que impedir que se produzcan más exilios y lograr que se viva en libertad.

«¿Cuándo llegará el día en el que los lendakaris y obispos dediquen sonrisas a las víctimas de Eta?»
Jaime Larrínaga ha saltado a los medios de comunicación por tener el dudoso honor de ser el primer sacerdote del País Vasco que necesita llevar escolta. La causa primera, una entrevista publicada en LA RAZÓN en la que expresaba libremente su opinión sobre la situación, «insoportable» en el País Vasco. Este es el texto íntegro de la entrevista de la polémica, por la que el nacionalismo más radical le puso en el punto de mira.
Reproducción de la entrevista publicada el 31 de enero de 2000
Esperanza Mejuto - Bilbao.- La Razón 25 Julio 2002

Tras el atentado de Pedro Antonio Blanco el lendakari vasco tuvo una actuación. ¿Le pareció correcta?
¬Me pareció correcta condenando el atentado sin paliativos y expresando la condolencia a la familia del teniente coronel, pero le faltó valentía para expresar la responsabilidad que tenía el Gobierno vasco, ya que su socio en la sombra es el traductor oficial de la banda armada, y ya que gracias al pacto de Estella y al de legislatura todo el nacionalismo se ha convertido en el brazo político de Eta en realidad. El lendakari debería haber roto además su matrimonio con EH, y creo que el Vaticano no habría puesto ninguna pega a este divorcio.

¬Frente al Ayuntamiento de Bilbao, ¿qué demostraban algunas ausencias?
¬Muchos prebostes del PNV no se manifestaron porque tenían miedo a que resurgiera con nuevos bríos el espíritu de Ermua, que está en clara contradicción con las directrices del Pacto de Estella. Cuando Arzallus dice que «un crimen de Eta son votos para el PP» yo me pregunto qué pretende, si evitar el crimen o neutralizar sus efectos sociales y electorales así como eximir de culpa a Eta y al nacionalismo e inculpar al Gobierno. Observo una gran falta de sentimientos humanitarios en quienes se preocupan no por los atentados sino por el efecto negativo de éstos. Parece que se trata de que haya muertos para presionar al Gobierno, pero de echar tierra sobre ellos cuanto antes. Y, cuanta más tierra, mejor.

Radicalización del PNV
¬El PNV se ha radicalizado, ¿a qué se debe?
¬Es evidente, pero hablar de simple radicalización es un eufemismo. Lo grave no es que se haya lanzado a una apuesta independentista sino que se ha convertido en portavoz de Eta y del chantaje a la democracia que representa Estella. Los años de la transición y del comienzo de la democracia en España fueron los mejores y de mayor prestigio para el PNV. Pertenecía a la Internacional de la Democracia Cristiana y cumplía el papel de partido vasco moderado, autonomista. Ha tenido un cheque en blanco para gobernar. Actualmente el grado de autonomía de que goza el País Vasco supera al de los estados federales más progresistas que hay en el mundo. En este contexto despreciar el Estatuto de Autonomía es una irresponsabilidad histórica y una peligrosa aventura. Pero hacerlo amenazando con el terrorismo es, además, una agresión inmoral.

¬Si no son la mayoría radicales, ¿por qué no se corrige este giro del PNV?
¬Si es verdad que en ese partido se están imponiendo los más radicales, pero no hay que olvidar que la causa de esta situación es intrínseca al propio nacionalismo, que no acepta su condición laica y se pretende un sucedáneo de la religión. Me inquieta mucho esa gente que se quita la boina ante el árbol de Guernica como si estuviera ante el Santísimo. En el año 2000, en el que está muy desarrollada la unidad europea, el PNV, que nace hacia 1895 y se manifiesta como la expresión excluyente de una voracidad insaciable, la única forma que hoy tiene de subsistencia es manifestarse cada vez más radical con el peligro de que el vasco nacionalista se convierta en un animal feroz y moderno. Para mí, que me siento vasco por los cuatro costados y muy cercano a cualquier hombre o mujer de cualquier parte del mundo, el que se mate a una persona por una causa política supone la mayor degradación humana desde la Creación. Y digo «el vocablo moderno» porque usan para el asesinato las técnicas más actuales y para su propaganda los medios más sofisticados de la informática y la comunicación.

¬¿Cree en la bondad y la nobleza de la sociedad vasca?
¬Con los tópicos hay que tener cuidado, pero la gente que visita el País Vasco se suele encontrar con una gente amable, hospitalaria, trabajadora y de buen corazón. La paradoja es ésta: ¿por qué una sociedad tan cordial y tan acogedora está mangoneada por un personaje tan destemplado, desabrido y amargado, tan poco vasco como Arzallus?

¬¿Qué pretenden conseguir los nacionalistas con esta política?
¬¿La independencia?, ¿una confrontación entre vascos? Me da mucho miedo el futuro que quieren construirnos. ¿Qué piensan hacer con los que nos sentimos profundamente vascos y profundamente españoles precisamente por ser vascos?. Tendríamos que acercarnos a San Millán de la Cogolla y aprender la gran lección que los hombres y mujeres de hace mil años nos dan: la coexistencia pacífica de aquella población que hablaba el vascuence y el castellano. Hace unos años la política era la de la normalización del euskera por lo que se pusieron todos los letreros en las carreteras y en los pueblos en castellano y en euskera. Últimamente esa normalización consiste en borrar de esos carteles toda palabra castellana.

La Iglesia vasca
¬¿Las próximas elecciones van a marcar un antes y un después?
¬Las próximas elecciones van a ser todavía menos libres en los pueblos del País Vasco que las anteriores. Yo soy párroco de Maruri, que es un municipio de 500 habitantes y que no pertenece precisamente a lo que llaman «la Euskadi profunda» como los de Goierri, por ejemplo. Pues bien, en Maruri existe la norma de poner las papeletas fuera de la caseta electoral de tal modo que todo el mundo ve cuáles se cogen en la mesa.
Los nacionalistas cogen su papeleta enseñando mucho pecho y nadie se acerca a la caseta. Usarla es demostrar que se tiene un pecado grave que ocultar.
Con la consigna de la abstención que ha lanzado HB-EH, todavía serán menos libres estas elecciones. Habrá más miedo.

¬¿Qué espera de Juan María Uriarte cómo Obispado de Guipúzcoa?
¬Lo veo con esperanza y como una cosa positiva pero no porque Juan María Uriarte sea vasco sino porque espero que sea pastor de todos los guipuzcoanos e intente llevar la paz gratuitamente a todos los corazones, a las víctimas del terrorismo y sus familiares, que bastante han sufrido en los últimos años, y también al mundo nacionalista mostrándole el camino de la igualdad entre los hombres, del amor y del arrepentimiento y no las tácticas retóricas de la antigüedad.
Hay dos fotos que conservo en mi memoria y que publicó la prensa en su día. Una con las sonrisa de Ardanza y Setién saludándose en la fiesta de la Virgen de Aránzazu. Me recordaron a las sonrisas de los cardenales con Franco.
Eran las sonrisas del Concordato. La otra foto también es de sonrisas: las que se dedicaban Garaicoechea y el etarra reinsertado Sueskun al salir de la cárcel. ¿Cuándo llegará el día en el que los lendakaris y obispos de Euskadi dediquen esas sonrisas amplias, espléndidas, a las víctimas del terrorismo?

¬¿Cómo vio el homenaje a Ternera?
¬Lamentable y muy peligroso, una degradación pública de los valores humanos.
No fue un homenaje a la paz y a la convivencia sino todo lo contrario, una apología del terrorismo, el peligro del nacionalismo radical vasco, que convierte a las personas en animales y calienta los motores para cometer las mayores barbaridades.

La respuesta de los peneuvistas
El Ayuntamiento de Maruri-Jatabe buzoneó en todo el municipio una carta en la que respondía a las declaraciones de Jaime Larrinaga. Reproducimos los párrafos más importantes:
«Nuestro párroco es nostálgico de aqul régimen ¬el franquismo¬, felizmente desaparecido».
«En otro artículo también publicado en el diario LA RAZÓN, de fecha 31 de enero de 2000, presumía de ser vasco por los cuatro costados , pero en aquella época oscura nadie le escuchó clamar, con riesgo de su libertad, por una sociedad plural alejada de dogmatismos y de absolutismos , ni tampoco contra el avasallamiento del euskera. En ese mismo artículo montó un estrafalario sainete de cómo se vienen celebrando las elecciones en Maruri-Jatabe».
«No sabemos a qué municipio se refiere cuando habla de señales de tráfico con su leyenda en castellano tapada, pintadas exigiendo el reagrupamiento de presos...Nos describe el artículo un municipio que nada que ver con el nuestro. Este municipio es pacífico...incluso los concejales departen con el Sr. párroco». «Dejamos a criterio de los vecinos y feligreses la opinión y el juicio que merezcan las actitudes y declaraciones del Sr. párroco».

El cura acosado por el nacionalismo se plantea irse del País Vasco por «miedo»
«Me consta que reciben órdenes de arriba para que me ataquen», asegura El alcalde de Maruri se suma al acoso y dice que está perjudicando al pueblo
Jaime Larrínaga, párroco de la localidad vizcaína de Maruri, es desde ayer el primer cura con escolta del País Vasco. Las amenazas y las presiones por parte de aquéllos que dicen ser «democráticos» han sido la causa de que este hombre que lleva ejerciendo su profesión desde hace 33 años haya tenido que solicitar escolta. Las reacciones de apoyo y de solidaridad se suceden, pero el párroco declara que tiene miedo y que no es «invencible» y por ello no descarta pedir su traslado fuera del País Vasco.
Laura Nuño - Madrid.- La Razón 25 Julio 2002

El párroco de Maruri y presidente del Foro de El Salvador, Jaime Larrínagara vive escoltado desde el pasado martes convirtiéndose así en el primer cura con escolta. Larrínaga aseguró que tiene constancia de que el Ayuntamiento recibe «órdenes de arriba» para que los partidos nacionalistas le ataquen desde su propio consistorio, poniéndole en el punto de mira de los terroristas. El Gobierno solicitóa a la Iglesia un apoyo inequívoco para el párroco pero la Conferencia Episcopal no emitió ningún comunicado oficial. Larrínaga reveló que el Ayuntamiento de la localidad, gobernado por el PNV «repartió hace un mes hojas por las casas, poniéndome mal». En dichas hojas ponía «¿por qué buscar problemas donde no los hay?, y me ponían como nostálgico de una época pasada, de la era nacional católica, la del brazo en alto», comentó el cura.

La nota añade que durante la dictadura nadie escuchó al párroco «clamar con riesgo de su libertad por una sociedad plural». «Eso es ponerme a mí en el punto de mira de los terroristas y en este momento en el País Vasco, todos los que estamos a favor de la libertad y la democracia necesitamos escolta». «Me consta que reciben órdenes de arriba para que los partidos nacionalistas del municipio me ataquen de cualquier forma, como si fuera una persona molesta». Larrínaga no descartó marcharse del País Vasco ante una situación que «es como si le pusiese a una persona un corsé que le impidiese respirar con libertad». «Si no eres nacionalista, intenta acallarte eliminándote de este papel de protagonista y de denuncia que tienes de la situación».

El alcalde de Maruri, Joseba Alzaga, que declaró a Efe sentirse «alucinado» acusó a Larrínaga de utilizar «Maruri como ejemplo de un municipio contrario a lo que realmente es». Según el alcalde con el buzoneo se pretendió responder «a unas manifestaciones suyas» en un periódico en «las que hablaba de ayuntamiento hostil y territorio hostil».

Entre los apoyos recibidos por el párroco se encuentra José Luis Orella que comparte con él la labor del Foro de El Salvador. Orella tuvo una oportunidad profesional fuera del País Vasco y no dudó en marcharse. «Lo de Jaime era un tema ya sabido, desde que públicamente se vio que él era una persona no nacionalista, simpatizantes y miembros del PNV de la localidad, empezaron a plantearle problemas».

Orella quiso explicar que «para los que ven esta historia desde fuera puede resultar contradictorio que un partido que se define como democrático actúe de esta manera pero para los que somos de allí no es contradictorio, dan imagen de ser un partido democrático y si ¿se les lleva la contraria?».

El historiador Fernando García de Cortazar, también perteneciente al Foro de El Salvador se solidarizaba con Larrínaga. Cortazar conoce de cerca el sentimiento de sentirse amenazado, vive escoltado, pero a él nunca le faltaron los apoyos, ni los de su gente ni los de la Provincial «A mí la Provincial siempre me apoyó, sólo espero que a Jaime no le falten ni el apoyo de sus amigos, ni de las instituciones ni del obispo».

Los políticos no han tardado en mostrar sus opiniones. El secretario general del PP, Javier Arenas, anunció su esperanza de que el «respaldo sea absoluto y pleno» y comentó que este hecho es una «certificación de la realidad» que se vive en el País Vasco».

El PP vasco enmarca el caso en el proceso «imparable» de «batasunización» del PNV. UA ha mostrado su apoyo al párroco diciendo que lo que ocurre «es un signo manifiesto de limpieza étnica e ideológica». El ministro de Interior Ángel Acebes aseguró que la protección con escolta es «un ejemplo más» de «la política de exclusión hacia los no nacionalistas» en el País Vasco y agregó que se quiere someter «a un pensamiento único y uniforme» a quienes opinan diferente.

El Gobierno Aznar dice que el acoso al cura de Maruri refleja el «clima de terror» en Euskadi
El Ejecutivo vasco muestra su apoyo a Jaime Larrinaga, aunque considera legítimas «las críticas políticas a todas las personas» El Obispado de Bilbao y la Conferencia Episcopal guardan silencio sobre la situación del primer párroco que lleva escolta
ISABEL LÓPEZ/BILBAO El Correo 25 Julio 2002

La asignación de protección policial al párroco Jaime Larrinaga -el primero que lleva escolta en Euskadi- suscitó ayer una larga cadena de muestras de solidaridad hacia el cura del municipio vizcaíno de Maruri y de condena a la «campaña de acoso que el nacionalismo ha emprendido» contra él, según han denunciado el propio sacerdote y el Foro El Salvador, entidad que preside. También hubo significativos silencios, como el de la Iglesia.

La denuncia más contundente llegó del Gobierno central por boca de tres de sus ministros. Mientras tanto, el Ejecutivo autónomo se comprometía a garantizar la seguridad del párroco, aunque consideraba legítimas las críticas contra Jaime Larrinaga vertidas por el Ayuntamiento de Maruri, descalificaciones que han llevado al cura a solicitar escolta.

La Corporación de esa localidad vizcaína, integrada por PNV, EA y EH, buzoneó hace un mes un escrito en el que calificaba de «nostálgico» del franquismo al presidente del Foro El Salvador, un colectivo de sacerdotes y profesores que defienden el reconocimiento moral a las víctimas del terrorismo y reivindican la opinión católica no nacionalista dentro de la Iglesia vasca. Los concejales respondían así a unas declaraciones efectuadas por Larrinaga a un medio de comunicación y en las que, a su entender, dañaba la imagen del municipio.

Jaime Larrinaga solicitó escolta por considerar que las críticas le ponían en el objetivo de los terroristas. Para el Gobierno de Aznar, el hecho de que un sacerdote lleve protección policial pone de manifiesto que «el clima de terror que se vive en el País Vasco» también alcanza a los religiosos no nacionalistas, según denunció Javier Arenas, ministro de Administraciones Públicas. El vicepresidente primero, Mariano Rajoy, se mostró más duro que su compañero de gabinete al defender que Euskadi es «un islote dictatorial dentro de un espacio civilizado y democrático».

«Presión nacionalista»
El portavoz del Gobierno central no desaprovechó la ocasión para arremeter contra el PNV, al que corresponsabiliza de que en el País Vasco «haya una dictadura». Aunque sin citar expresamente a la formación de Arzalluz, y tras referirse a la «coacción evidente por parte de ETA, de los miembros de Segi y la violencia callejera», Rajoy habló de la presión «de muchos sectores del nacionalismo que está en el poder desde hace veinte años» hacia los ciudadanos que no comparten el ideario, lo que ha provocado, dijo, que 200.000 personas «hayan dejado el país en los últimos diez años».

También el nuevo ministro de Interior dirigió sus críticas hacia los nacionalistas. Ángel Acebes precisó que la protección policial al párroco de Maruri «es un ejemplo de la política de exclusión a los no nacionalistas». «Quien no piensa como ellos, tiene que ir protegido o abandonar el País Vasco», remachó.

El Gobierno de Juan José Ibarretxe mostró su apoyo al cura vizcaíno a través de su portavoz. Josu Jon Imaz reiteró el compromiso del Ejecutivo con la protección de las personas y «la prioridad de garantizar su libertad y seguridad», pero no quiso opinar sobre el escrito buzoneado por el Ayuntamiento de Maruri. Imaz deslindó la protección a las personas amenazadas «del plano de lo que es la crítica política en términos democráticos que se puede llevar en una sociedad entre diferentes formaciones políticas o entre personas».

«Vergonzoso»
Este posicionamiento indignó al parlamentario popular Leopoldo Barreda, quien consideró «vergonzoso el desmarque del Gobierno vasco». En su opinión, esa reacción demuestra que «todas las proclamas del lehendakari» y los acuerdos de Eudel y Arkaute, de apoyo y de protección a los ediles amenazados «se quedan en palabrería». También UA criticó a los partidos nacionalistas, a los que acusa de practicar «una limpieza étnica».

EA y PNV prefirieron no valorar la situación de Jaime Larrinaga, y el partido de Ibarretxe se remitió a las declaraciones del alcalde de Maruri, Joseba Alzaga El tercer socio del Gobierno vasco, IU, mostró su solidaridad y comprensión hacia la «inseguridad» que siente el párroco de Maruri, y reiteró que el objetivo de su partido y del Ejecutivo es «la paz y la normalización».

La Iglesia guardó ayer silencio sobre la situación por la que atraviesa el sacerdote vizcaíno. La Conferencia Episcopal declinó hacer comentario alguno, al igual que el Obispado de Bilbao, cuyo titular, Ricardo Blázquez, se encuentra estos días en Canadá.

El CGPJ concede el amparo a Garzón por las críticas nacionalistas al auto de Batasuna
Agencias Libertad Digital 25 Julio 2002

El Pleno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha aprobado por unanimidad conceder al juez Baltasar Garzón el amparo que había solicitado frente a las críticas de miembros del Gobierno vasco y de dirigentes del PNV y EA al auto judicial en el que exigió a Batasuna el pago de los daños del terrorismo callejero.

La decisión de amparar al juez Garzón ha sido unánime, si bien el texto concreto del acuerdo ha sido apoyado por 16 vocales y ha sido votado en contra de otros tres, el del vicepresidente del CGPJ, Fernando Salinas -designado a instancias del PSOE-, así como los de los vocales Félix Pantoja (propuesto por IU) y Alfons López Tena (por CiU). Otros dos miembros del Pleno, José Antonio Alonso y Juan Carlos Campo, no votaron al encontrarse ausentes.

En el texto del acuerdo se decide otorgar a Garzón el amparo previsto en el artículo 14 de la Ley Orgánica del Poder Judicial a la vista de las manifestaciones producidas por distintos dirigentes políticos del País Vasco, que "trasgreden los límites de lo permisible dentro del necesario respeto a las instituciones, y a un poder esencial del Estado como lo es el Poder Judicial". Añade el acuerdo que las citadas manifestaciones "no sólo atentan y pretenden perturbar la independencia que resulta consustancial elemento de la función de juzgar, sino que colisionan con el respeto debido a la básica estructura del Estado de Derecho". La petición de amparo del juez Garzón se refiere a las declaraciones formuladas por miembros del Gobierno vasco, como el consejero de Justicia, Joseba Azkárraga, que le acusó de actuar como el brazo político de José María Aznar.

El portavoz del CGPJ, Enrique López, leyó ante los medios de comunicación el texto del acuerdo y comentó que aquellos vocales que votaron a favor consideran que la declaración está justificada porque "se producía un caso con la suficiente singularidad para que el amparo provocara una decisión que tuviera también esa singularidad". El pasado día 9, la Comisión Permanente del Consejo propuso al Pleno la concesión del amparo, al entender que, efectivamente, las críticas emitidas desde el mundo nacionalista perturbaron e inquietaron la independencia del juez Garzón. Según fuentes del CGPJ, el respaldo a Garzón se basa en que se han imputado al juez móviles políticos al dictar la resolución contra Batasuna, lo que queda fuera del derecho a la crítica de las resoluciones judiciales y del ejercicio de la libertad de expresión.

Jugar con fuego y con ventaja
RAFAEL AGUIRRE /CATEDRÁTICO DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO El Correo 25 Julio 2002

La lucha por el poder, legítima en principio, suele ser despiadada y confusa porque en ella se mezclan ideales, intereses y pasiones. El País Vasco de nuestros días no es una excepción, pero con ingredientes propios, que la hacen particularmente obscena. Buscar réditos electorales es normal en la lucha por el poder. Otra cosa es el electoralismo , que usa la mentira y las redes clientelares, y que busca ventajas a corto plazo en detrimento del bien común. Como su nombre indica, un partido es parte de un todo, privilegia una forma de ver el conjunto y defiende preferentemente unos intereses, pero su gran desafío es, a partir de estas características, responder mejor que otros a las necesidades de la universalidad, es decir, del conjunto de la sociedad. Lo malo del electoralismo es que pone a la propia feligresía por delante de la ciudadanía, a la derrota del adversario por delante del interés general, a los beneficios grupales por delante de los sociales. Es una forma mezquina de sectarismo y con razón goza de mala fama, hasta el punto de que se suele usar como arma arrojadiza.

El nacionalismo vasco acusa al PP de intransigencia en la política vasca porque le produce beneficios electorales en el resto de España. Una diputada llegó a decir en el Debate de la Nación, no ya que el presidente Aznar se beneficiaba de ETA, sino que se alegraba de sus atentados. Este electoralismo del PP, se dice, rompe puentes e instrumentaliza el dolor de las víctimas. Pero hay también quienes ven en la actual deriva del nacionalismo vasco un componente electoralista nada desdeñable. En efecto, todos los indicadores muestran que Batasuna sufre una imparable fuga de votos porque no condena el terrorismo de ETA, algo que por razones constitutivas no puede realizar. La radicalización del nacionalismo vasco convencional pretende atraerse a estos sectores, pero el precio es muy alto: la asunción de sus postulados y objetivos, con la consiguiente fractura de la sociedad vasca.

El mercado electoral lleva a la simplificación y polivalencia de la oferta. Se trata de lograr una identificación atrayente, sencilla y de amplio espectro. España bien es un simplismo conservador. El Gobierno autonómico, como es norma en el nacionalismo vasco, es maestro en el juego con doble baraja. Por una parte, insiste en que todos los parámetros indican que vamos mejor que los españoles ; pero, por otra, se cultiva el victimismo de Madrid . Hay una retórica solidaria con el Sahara y con Cuba, pero jamás una frase de solidaridad efectiva con las tierras vecinas hacia las que salen de estampida miles de vascos en cuanto tienen un día libre. Se es gobierno y oposición al mismo tiempo; se disfruta de las ventajas de controlar un poder, cuyas instituciones se han creado de nueva planta, con la consiguiente oportunidad de ocuparlas, de tejer una red especialmente densa de intereses, pero se despejan con pasmosa facilidad las responsabilidades a otra parte. No hace mucho escuché por la radio a un conspicuo nacionalista echar la culpa de los fallos de las predicciones metereológicas a que no se habían transferido las competencias correspondientes y en Madrid desconocen el microclima del golfo de Vizcaya. La ambigüedad entre la retórica exaltada y el pragmatismo realista ha sido sustituida por la de ser poder y oposición al mismo tiempo con las ventajas de ambos.

Pero ahora todo va a cambiar. La fibra mesiánica del nacionalismo vasco, tan bien estudiada por Juan Aranzadi, ha experimentado un tremendo subidón. Los movimientos mesiánicos -que invariablemente acaban en catástrofe- viven siempre en la víspera del día decisivo en que se romperá con el pasado y, por fin, se alcanzará un inicio radicalmente nuevo y definitivo. La lectura de la declaración aprobada en el Parlamento vasco el 12 de julio, desde este punto de vista, es sorprendente. La impresión es que las quejas por la falta de culminación del Estatuto son una disculpa para proponer una alternativa nacionalista mucho más radicalizada ideológica y estratégicamente. En una sociedad con una grave carencia de libertad, con miles de personas directamente amenazadas, embarcarse en una operación de cambio radical del marco jurídico con una mayoría exigua monocolor y que necesita el apoyo de los aliados políticos de los terroristas, que va a producir una tremenda crispación social interna y un conflicto institucional con los organismos centrales del Estado, es una irresponsabilidad de consecuencias incalculables.

Ya sé que hay quienes dicen que la sangre no llegará al río, que al final se impondrá la sensatez, que el nacionalismo, cuando ve el abismo, da marcha atrás. En Euskadi hay muchos que ven y callan, obsequiosos con el poder, mudos porque el miedo es libre, que pasan de largo porque no quieren líos. Pero esta vez en la sala de máquinas hay una mezcla explosiva de sabinianos radicales, de revolucionarios renacionalizados y de paleocristianos, dispuestos a hacer en Euskadi el experimento de referencia de los pueblos oprimidos del mundo entero.

La mencionada declaración del Parlamento vasco traduce políticamente la reformulación culturalista y esencialista del nacionalismo vasco. De la existencia de determinados rasgos comunes deduce la realidad del Pueblo Vasco como «sujeto político, como una realidad social y cultural común con identidad propia que pertenece por igual a los vascos y vascas de los siete territorios». Pero, primero, los susodichos rasgos comunes coexisten,en todos los casos, con otros rasgos de diversa procedencia, con los que configuran identidades complejas que se articulan de formas distintas. Segundo, de la existencia de un supuesto fondo étnico común de ninguna manera se puede deducir la existencia de un sujeto político. Esto depende de la voluntad de los ciudadanos. Cuando prevalece el espíritu de la tribu sobre el de la ciudadanía, la política de exclusión está garantizada.

En esta mentalidad, el pluralismo y la interpenetración cultural y étnica es negativa. Se abogará no ya por la interculturalidad, entendida como fecundación y mezcla, sino por la multiculturalidad, o sea por la coexistencia de grupos vigilantes para mantener sus identidades definidas a priori y siempre amenazadas. Consecuentemente no se entiende la nación vasca como la integración de las diferencias y de la pluralidad en torno a un proyecto político, sino como la asimilación de las diversidades a una ideología, la nacionalista, definida de antemano.

En otras palabras, en el mundo nacionalista se ha impuesto ideológicamente la versión radical y esencialista. El Estatuto responde a otra filosofía y se declara finalizada su etapa no por un problema de transferencias, sino por las mismas razones por las que HB no lo aceptó en su día. Tenía toda la razón Otegi cuando decía que la declaración del Parlamento venía a dar la razón a lo que ellos han sostenido durante todos estos años. El PNV puede vaciar electoralmente a HB, pero el abetzalismo radical ha llevado a su terreno al PNV. Asistimos a la reunificación del nacionalismo en torno a los objetivos de sus sectores más radicales.

En la declaración del Parlamento vasco se proclama que la nueva etapa en pro de la soberanía y de la autodeterminación es un proceso en el que hay que contar «con la máxima participación de los agentes políticos, económicos, sindicales, sociales y culturales». Es una afirmación típica del talante totalitario de los movimientos nacionales. No se respeta la autonomía y el pluralismo que debe caracterizar a la entidades cuya naturaleza se menciona, sino que se las quiere poner al servicio de un proyecto político que engloba y uniformiza a toda la sociedad. Da lo mismo que sea una asociación cultural, un equipo de fútbol, un grupo de montaña o una iglesia: todo está al servicio de la formación del espíritu nacional y desde todas partes hay que presionar a unas instituciones democráticas que se usan y se deslegitiman acompasadamente.

¿Cómo es posible que el Parlamento vasco haga una declaración política de tanto calado sin mencionar para nada el terrorismo y la falta de libertad, que es el problema número uno de la sociedad vasca y que todo lo condiciona? Este silencio supone un aprovechamiento inmoral de la violencia. Tengo la terrible sensación de que ante nuestro ojos, con insoportable falta de escrúpulos y contando con muchas complicidades interesadas y silencios cobardes, se está abriendo paso un proceso político obsceno, que responde a una ideología asimilacionista; que se quiere escribir la historia desde los victimarios de ETA y con desprecio de sus víctimas. Sospecho que nuestra generación será juzgada por su capacidad de oponerse a tanta vileza.

¿Es posible aún clamar por un pacto democrático cuya prioridad sea conseguir la libertad de todos los ciudadanos del País Vasco y combatir el terrorismo en todas sus manifestaciones y raíces, supeditando todos los demás objetivos políticos?

Nueces de Maruri
Ignacio Jauregui/Bilbao Cartas al Director El Correo 25 Julio 2002

«Como cura tengo que denunciar lo que está pasando en Euskadi. No puedo mirar hacia otro lado». Bravo. Éste es sin duda el espíritu de la gente que va a sacar este país adelante y que tenemos que tomar como modelo. Tal y como están las cosas, no tiene explicación alguna que la alcaldía peneuvera de Maruri haya distribuido pasquines difamatorios contra el cura del pueblo. No contentos en el PNV con ponerse farrucos para impresionar a sus nuevos amigos (no sea que les empiecen a repartir leña también a ellos), ahora asumen el papel más execrable posible, el de chivato, que señala a la banda ETA o a los luchadores callejeros a quién tienen que eliminar. Ojalá me equivoque.

Uno se pregunta para qué demonios va a pagar impuestos a un Gobierno vasco que no sólo no lo defiende, sino que además lo pone en el punto de mira. Así que sería conveniente no olvidar la desobediencia civil, instrumento de rebeldía que varias veces se ha planteado desde ámbitos institucionales nacionalistas, y que puede ser aplicado ahora contra ellos por esa mitad de vascos que estamos más que hartos.

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