AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 26 Julio  2002
A la luna de Toronto
Alfonso USSÍA ABC 26 Julio 2002

Jaime, en la diana de Eta
Mª Enriqueta BENITO BENGOA  La Razón  26 Julio 2002

La ensoñación de una «tregua»
CHARO ZARZALEJOS ABC  26 Julio 2002

Exilio en el XXI
CARLOS DÁVILA ABC  26 Julio 2002

Ni estaban ni se les esperaba
JOSÉ MARÍA CALLEJA / El Correo  26 Julio 2002

Sencillamente concejales
ROSA DÍEZ El País  26 Julio 2002

El frenesí legislativo
Ricardo SENABRE La Razón  26 Julio 2002

Cortázar acusa al obispo de proteger «más a los lobos que a las ovejas»
ABC  26 Julio 2002

Aznar afirma que sólo cabe la «derrota» de ETA, y el Ejecutivo vasco descarta una tregua
GONZALO LÓPEZ ALBA ABC  26 Julio 2002

Archívese el Archivo
Javier Ruiz Portella Liberdad Digital  26 Julio 2002

El juez otorga la cátedra de Ciencia Política de la UPV a Edurne Uriarte
BILBAO. AGENCIAS ABC  26 Julio 2002

A la luna de Toronto
Por Alfonso USSÍA ABC 26 Julio 2002

No son sólo los batasunos los que amenazan en Vasconia. Ahora le han tomado afición a la cosa los del PNV. En verdad, que los del PNV siempre han estado en la retaguardia del odio y en la vanguardia de la depuración. Pero no habían llegado a distribuir por los buzones pasquines humillantes editados por el propio Ayuntamiento. En Maruri ha sucedido. Denunciaban los panfletos que el párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, es un franquista. De todos es sabido que para los nacionalistas los que no piensan como ellos son franquistas como para los comunistas, fascistas. Así llevan las criaturas la tira de tiempo, y todavía no se les ha ocurrido nada mejor. Pero lo grave es que el párroco Larrinaga, que lleva acumuladas decenas de presiones, tensiones y coacciones, se ha sentido vulnerable en esta ocasión y ha solicitado la compañía de un escolta. Se sabe que algún día el conglomerado étnico asesinará a un cura, y que éste no será nacionalista. Como miembro activo y fundamental del «Foro del Salvador», contrario a las tesis de los curas nacionalistas, Jaime Larrinaga ha sido objeto de toda suerte de heridas y quebrantos. Y ha dado el paso. El alcalde de Maruri, nacionalista por supuesto y autor de los pasquines «buzoneados», considera que la reacción de Larrinaga es exagerada.

Así que ya tenemos un sacerdote amenazado y escoltado. En España hay uno preso, el padre Sagüés, en Loyola por orden del obispo de San Sebastián y del Provincial de los Jesuitas, y algunos más como el padre Antonio Beristain que se juegan la vida día tras día. Lo curioso del caso es que el señor obispo de Bilbao, a cuya Diócesis pertenece Maruri, está en Toronto y no ha querido pronunciarse sobre el asunto. El obispo Blázquez, el de las exégesis equivocadas, se ha marchado a Toronto por atún y a ver al duque. Su Santidad el Papa no necesita para nada la presencia de monseñor Blázquez en Toronto, porque Juan Pablo II es capaz de reunir en una convocatoria a millones de jóvenes. Blázquez está en Toronto de vacaciones, porque su presencia en el tinglado papal es absolutamente prescindible. Si el que promueve el acto de Toronto es Blázquez y no el Papa, a su llamada acudiría, en el caso de que no tuviera un partido de golf por la mañana, un capitán retirado de la Policía Montada del Canadá.

Lo ha dicho claramente: «No tengo nada que comentar. No es el momento. Yo he venido a Toronto para estar con los jóvenes. Nada más». Pues creo que está muy equivocado. Otro lío en las exégesis. A monseñor, que se siente divinamente entre los jóvenes, según ha reconocido, hay que exigirle mucho más que nada más cuando un párroco de su Diócesis está siendo perseguido y amenazado por una parte de sus diocesanos por el sólo hecho de no ser nacionalista. El obispo Blázquez, de ser un buen obispo y un buen pastor, tendría que renunciar a la juventud de Toronto, tomar un avión y llegarse hasta la sede de su Obispado para defender a su sacerdote perseguido y amenazado. O llamar a su segundo, monseñor Echenagusia, y ordenarle un interés -aunque sea ficticio-, en apoyo de su párroco. Porque el Obispado de Bilbao, hasta el momento, no ha llamado, ni sostenido, ni apoyado, ni consolado, ni fortalecido al padre Larrinaga.

El Papa no necesita para nada al atemorizado obispillo en Toronto. Otra cosa es que el obispillo guste de estar en Toronto. Pero su obligación, con circunstancias tan graves de por medio, no es otra que presentarse en Bilbao y hablar. Tiene a un sacerdote amenazado. Que aprenda, de una puñetera vez, a ser además de obispo, un poquito hombre.

Jaime, en la diana de Eta
Mª Enriqueta BENITO BENGOA es parlamentaria vasca de Unidad Alavesa y secretaria de Organización de UA La Razón  26 Julio 2002

El pasado miércoles nos levantamos con la terrible noticia de que Jaime Larrinaga, párroco de Maruri y presidente del Foro El Salvador, se convierte en el primer párroco con escolta. La noticia pasaría de puntillas, porque es uno más en la lista de protegidos no nacionalistas y constitucionalistas, a la que ya tan acostumbrados estamos a asumir con rabia, pero con resignación, nunca mejor dicho cristiana, porque nadie queremos ser héroes y lo que queremos es vivir para seguir trabajando por la paz, la libertad y la democracia.

Lo terrible de la noticia es que quien ha puesto en la diana de Eta a este gran hombre, buen cura, trabajador y amigo de sus amigos, es ni más ni menos que el Ayuntamiento nacionalista y a la cabeza su alcalde. Evidentemente si algo le pasa a Jaime, el responsable directo es el alcalde de Maruri y su equipo de gobierno ya que son los impulsores de esta barbaridad.

Este alcalde, aliado de los etarras, porque él señala para que otros disparen, se justifica diciendo que la decisión de elaborar la carta para todos los vecinos, es «que no podían permitir que se diera una imagen de pueblo violento, ni hostil porque no se ajusta a la realidad». Esta declaración de este alcalde refleja que ese pueblo está gobernado por unos insensatos que no tienen miramientos a la hora de juzgar a un cura que lleva 33 años trabajando desde su compromiso religioso, pero con sus principios éticos y morales de trabajar a favor de las víctimas del terrorismo y contra la dictadura nacionalista, y esto le ha conducido a ser declarado prácticamente persona non grata en Maruri y algo mucho más grave, ser diana clara de Eta.

Yo creo que esta orden de buzoneo masivo, viene de Sabin Etxea porque de alguna manera quieren ir acabando con las personas que son capaces de articular mensajes claros de rechazo a la violencia de Eta, y este mandato de las altas esferas tiene como fin acallar las voces y si pueden algo más.

Yo espero que ante esta actitud despiadada, los obispos vascos reaccionen y den una respuesta contundente y clara contra estas violaciones de los derechos más elementales de las personas, y uno de ellos es la libertad para poder criticar las aspiraciones totalitarias del nacionalismo.

Los obispos tienen una responsabilidad clara ante este atentado de limpieza étnica que está sufriendo Jaime Larrinaga y si no actúan también serán cómplices de la barbarie y del terror. Miembros de la Iglesia vasca y en concreto los obispos siempre han sido tibios con respecto al terrorismo y a la violencia, y como muestra un botón ahí tenemos la última Pastoral en la que se posicionaban en contra de la Ley de Partidos, hecho que suscitó las críticas de Jaime ante semejante despropósito.

Si el párroco de Maruri no recibe el apoyo de los obispos, que por cierto siempre nos han decepcionado, porque la Iglesia vasca es muy culpable de lo que está pasando en el País Vasco, harán un flaco favor a los católicos practicantes porque por estas situaciones no estamos dispuestos a tragar.

Desde Unidad Alavesa exigimos que haya un pronunciamiento claro de todo el clero y de la Conferencia Episcopal y exigimos al alcalde de Maruri que rectifique y pida perdón al cura de su pueblo, porque aunque el daño está hecho, estoy segura que ese cura al que él ha señalado, como buen cristiano que es, le perdonará, pero lo que espero es que no lo olvide.

Espero que Jaime pueda seguir ejerciendo su labor pastoral en su pueblo, pero me temo que ahora lo tendrá más difícil porque un cura que lleve escolta es tanto como cercenarle parte de su labor diaria de atención a los enfermos, dedicación a su parroquia etcétera. Desde Unidad Alavesa le mostramos nuestra solidaridad y que sepa que tiene todo nuestro apoyo y que siempre estaremos con las víctimas del terrorismo y no con los verdugos. Verdugos que hoy están en su pueblo, porque si a él le acusan de ser nostálgico del franquismo, yo recuerdo a todos los ciudadanos vascos y españoles que mayor dictadura que la que sufrimos hoy en el País Vasco por parte del nacionalismo, creo que no se sufrió en aquella época, porque entonces no había democracia pero hoy con una democracia consolidada, sufrimos la dictadura del miedo, la represión ideológica y el riesgo a ser asesinados por Eta.

La ensoñación de una «tregua»
CHARO ZARZALEJOS ABC  26 Julio 2002

Cuando ya ni el vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, es capaz de sustraerse a la especulación del llamado «silencio» de ETA, es que este silencio ha adquirido ya la categoría de «silencio raro» porque -esta es la deducción más lógica- si ETA no mata es porque no quiere en función de una supuesta estrategia.

En los últimos ocho meses, y hasta el momento de escribir estas líneas, ETA se ha cobrado una víctima mortal en la persona del concejal socialista Juan Priede. Antes, quiso asesinar a Esther Cabezudo y a Eduardo Madina. Ambos salvaron la vida de puro milagro. Es decir, que podríamos estar hablando de tres asesinatos. Hace apenas unas semanas, ETA sembró parte de la geografía española de coches bomba. Demostró entonces una importante capacidad de movimiento y más se hubiera movido si la Policía no aborta parte de sus planes. No es ningún atenuante que no hubiera víctimas, pero lo cierto es que si hubiera querido, se habrían provocado auténticas masacres. Probablemente quiso publicidad, que no es objetivo desdeñable.

El silencio roto
El «silencio raro» de ETA es, hasta este instante, evidente, siempre y cuando se haga la matización de tener que admitir que no se sabe a ciencia cierta si ha querido atentar y no ha podido. Si hubieran podido, es seguro que ahora estaríamos hablando de más muertos. Baste decir que hasta en tres ocasiones, los últimos detenidos en Madrid, intentaron volar una furgoneta de la Policía Nacional que hacia ruta en zonas próximas a un estadio de fútbol. En las tres ocasiones, la citada furgoneta no pasó por el lugar esperado.

En realidad, hay muchas cosas que ETA no esperaba. Ni esperaba salir tan bien parada después de las manifestaciones por Miguel Ángel Blanco, ni contaba con la decisión del Gobierno de apretar el acelerador policial dentro y fuera de España. Es probable que tampoco contara con la capacidad de resistencia de PP y PSE, ni con la ley de Partidos y, ni mucho menos, con que ya entrados en el siglo XXI se escuchara por boca de Arnaldo Otegi, que lo que son los mínimos políticos tanto de ETA como de amplios sectores del nacionalismo, fueran a recibir el aval de la mayoría parlamentaria.

Sin embargo, en el País Vasco casi todo lo que ocurre ha ocurrido ya antes. Cuando se estaba negociando cara a cara el acuerdo de Lizarra, ETA asesinó a Manuel Zamarreño y las negociaciones no sólo no se rompieron, sino que iniciaron su fase final. Cinco semanas más tarde, los acuerdos que propiciarían la tregua estaban culminados. Con aquel asesinato, nadie se levantó de la mesa y, además, el PP no dejó de comparecer a las elecciones. Zamarreño, como tantos otros, fue sustituido.

La tregua -luego se ha sabido-, que tenía un primer plazo de caducidad en febrero del 99, se rompió en septiembre y en noviembre la oficializó ETA en un comunicado. Rota la tregua, no se rompieron los lazos estrechados por y en el acuerdo de Lizarra. Y mataron al teniente coronel Blanco, pero ya nadie dijo «hasta aquí hemos llegado». Tuvieron que asesinar al inolvidable Fernando Buesa para que la colaboración entre todos los nacionalistas quedara «en suspenso», según palabras textuales de Ibarretxe.

Aquella experiencia fue un buen termómetro para la organización terrorista. El asesinato de Manuel Zamarreño no impidió las conversaciones, ni a la ruptura de tregua le siguió de manera inmediata y tajante la ruptura pública y contundente de los acuerdos tejidos meses antes. Para ETA todo esto fue la prueba del algodón y también para los partidos nacionalistas.

No es una improvisación
El dictamen sobre autogobierno aprobado en el Parlamento Vasco no es una improvisación, ni va estar condicionado por lo que ETA haga o deje de hacer. Sus líneas maestras están contenidas en el discurso que Ibarretxe pronunciara en octubre del año 2000 y su concreción más específica aparece en la intervención del propio lehendakari ante el pleno del Parlamento vasco dedicado al autogobierno y celebrado el 28 de octubre del 2001, cuya lectura es muy recomendable, por no decir obligada, para comprobar hasta qué punto las propuestas realizadas entonces por el jefe del Ejecutivo vasco han quedado plasmadas de manera espectacularmente coincidente en el citado dictamen, en el que si bien hay referencias expresas al Estatuto, su inspiración, incluso términos concretos, tienen su antecedente en el pacto de Lizarra. Por eso, el socialista Jesús Eguiguren afirmó que todo es como Lizarra «pero sin ni siquiera pedir a ETA una tregua».

Siguiendo la especulación del vicepresidente Rajoy, este dictamen podría tener algo que ver con el «silencio raro» de ETA, que podría no querer entorpecer el posible recorrido político del acuerdo parlamentario. Pero ETA no tiene nada que cuidar, porque la estrategia emprendida por el Gobierno vasco y los partidos que la apoyan tiene vida propia y seguirá adelante con muertos o sin ellos.

También se podría especular que el «silencio raro» tiene algo que ver con la ley de Partidos, puesto que una no condena de Batasuna podría suponer el inicio del recuento de puntos para una eventual ilegalización de esta formación. En realidad, lo único nuevo para ETA es la presión internacional y la continuada acción policial. Y aún así, especular sobre los propósitos de ETA tiene dos riesgos: el ridículo o la ensoñación, que es una forma más fina del ridículo.

Pistolas prietas
ETA, incluso cuando calla, tiene las pistolas prietas y sólo la acción policial interfiere en sus planes. El descubrimiento de arsenales y la desarticulación de «comandos», no sólo les resta posibilidades materiales de actuar, sino que además y sobre todo les lleva al desconcierto, porque sólo entonces descubren que sus medidas de seguridad no acaban de ser todo lo eficaces que desearían. Pero, con mayor o menor dificultad, también de los reveses policiales son capaces de recuperarse.

ETA, incluso cuando calla, tiene las pistolas prietas y cuando ha querido dejar de matar lo ha dicho por escrito y nunca ha sido a cambio de nada. ETA es la misma de siempre y si nunca le ha preocupado en exceso el respaldo electoral que pudiera obtener Batasuna, ahora tampoco le importa. Y si ni en la tregua ni después de la tregua se llegó a fiar del PNV, ahora tampoco lo hace, como bien se refleja en su ultimo boletín «Zutabe». Además, ETA no tiene que cuidar el dictamen sobre autogobierno. Hay que reiterar que con muertos o sin ellos seguirá el curso que Ibarretxe tenga previsto para el mismo, porque como ha dicho hasta la saciedad, y en acta parlamentaria consta, «más allá de la violencia, aquí hay un conflicto político de fondo» para el que el dictamen sobre autogobierno se considera, por parte nacionalista, como única receta cierta.

Cuando el vicepresidente Rajoy ha especulado con el «silencio» de ETA se hacía eco, se sumaba así a la percepción que existe entre muchos ciudadanos vascos proclives, por pura necesidad vital, a caer en la ensoñación, que es mejor no alimentar porque el despertar puede tener olor a sangre y pólvora. Las pistolas han resuelto siempre las incógnitas, las internas, las de la propia organización -en donde en caso de duda gana siempre el que primero la enseña-, y sobre todo las ajenas, limpiando el cargador sobre el cuerpo de un inocente.

Exilio en el XXI
CARLOS DÁVILA ABC  26 Julio 2002

Larrinaga, como es sacerdote, llama la atención. Llera, que es profesor, la llama menos. Larrinaga, que dice misa con escolta, lo que no le ocurría a ningún cura desde los tiempos de Monseñor Romero en El Salvador, tiene un obispo que no lo empara y que pretende expulsarle de su parroquia, y terminará -al tiempo- en el exilio, en una iglesia, probablemente del centro de España. Larrinaga, pero sobre todo Fernando García de Cortázar, han sido y son el alma de El Foro de El Salvador. Precisamente. Es una organización improvisada, de resistencia, que sólo quiere demostrar algo socialmente imperceptible en el País Vasco. Que hay una iglesia allí que no es nacionalista, lo cual, en sí mismo, es una osadía.

Otro es el caso de Francisco Llera, el último de los exiliados. Su Cátedra de Ciencia Política es el foco del contraataque a la supremacía académica del nacionalismo. Llera es socialista vasco, facción, escribamos, Nicolás Redondo, Rosa Díez, Totorica, y lo último con que le han insultado es con este amenazador: «Vete ya, cerdo asturiano», sin que el rector Manuel Montero, una esperanza frustrada, se haya llamado aparte y tenido la menor intención de prestarle amparo. A Llera le pasa con su rector lo que a Larrinaga con su obispo Blázquez. Los dos tienen miedo insuperable y han decidido que para sobrellevarlo nada mejor que no incordiar al nacionalismo. Llera se va como, más o menos, se ha ido ya la profesora Uriarte, que está aún en esa Cátedra a la espera de que le devuelvan la que Letamendía, Montero y Cía le hurtaron por no ser nacionalista. Con Llera se marcha también el «Euskobarómetro», la única muestra social que ha osado competir con los amañados sondeos que realiza el Gobierno vasco.

Llera ya está en el exilio; Larrinaga, cerca de él. Forman parte del gran lote de los cincuenta mil vascos que en los últimos treinta años han tenido que abandonar el País. Es mejor, por cierto, anotar esta cifra y no la de dos cientos mil porque en esta última pueden entrar muchas personas que han cambiado de residencia por simple movilidad laboral o por razones propias, que no pueden imputarse directamente a la presión terrorista o al acoso nacionalista. Pocos de los cincuenta mil vascos y vascas -homenaje a Ibarretxe- que están fuera del País Vasco, permanecen empadronados en una de sus provincias, no engordan el censo de dos millones y medio de habitantes que pueden votar en cualquier elección. Cuando alguien vuelve puede correr la desgracia del ex-gobernador Jáuregui, que ETA le asesine.

Ni estaban ni se les esperaba
JOSÉ MARÍA CALLEJA / El Correo  26 Julio 2002

La imagen del párroco de Maruri escoltado, las palabras de Francisco Llera en su adiós dolorido y la actitud del alcalde de Vitoria de poner a Batasuna en su sitio son sólo algunos de los síntomas que nos hablan de un país real, que nada tiene que ver con la agenda que quiere imponer el nacionalismo gobernante como si sus egoístas exigencias fueran el único problema del País Vasco. Dice la carta que ha enviado el alcalde del PNV a todos los vecinos de Maruri que a Jaime Larrinaga, párroco de este pueblo desde hace treinta años, pese a decir que es vasco por los cuatro costados, en tiempos de la dictadura de Franco «nadie lo escuchó clamar con riesgo de su libertad por una sociedad plural, alejada de dogmatismos y de absolutismos, ni tampoco contra el avasallamiento del euskera». Por lo tanto, deduce el Ayuntamiento gobernado por el PNV, Larrinaga es un «nostálgico» del franquismo.

Vamos a ver, el 99% de los españoles no pusieron en riesgo su vida por luchar contra Franco, como lo demuestra la cifra exigua de los que estábamos en la cárcel en aquella época o formábamos parte de organizaciones clandestinas o luchábamos en la calle contra aquel régimen. Pero claro, es que la inmensa mayoría de los actuales dirigentes nacionalistas que por edad podían haber luchado contra Franco, ni estaban ni se les esperaba en aquel episodio. ¿Cuántas multas les pusieron a Arzalluz o a Ibarretxe, tanto que les gusta hablar de aquella época? ¿Cuántas veces los detuvieron? ¿Cuántas fueron juzgados o encarcelados? Por lo que, siguiendo el razonamiento del tal alcalde del PNV, ¿habría que concluir también que Arzalluz, Ibarretxe y todos los miembros de su partido que no se arriesgaron contra Franco, son nostálgicos del franquismo?

No sé, quizá puede tener sentido no irse tan lejos, quedarse en el aquí y ahora; es decir, constatar el hecho cierto de que Jaime Larrinaga está poniendo en peligro su libertad, su lugar de residencia desde hace treinta años, su vida, su tranquilidad, por luchar contra un régimen dictatorial que quieren imponer los que asesinan y que tanto les gusta a otros que no asesinan pero que comprenden y, desde luego, no sufren ni luchan contra él. ¿El Ayuntamiento de Maruri no tiene otro asunto más urgente que hacer que buzonear por todo el pueblo una carta atacando a su párroco? Larrinaga se une a Fernando García de Cortázar en la exigua lista de sacerdotes vascos escoltados por luchar contra ETA. Esperamos ansiosos una declaración de los obispos vascos, o de la Conferencia Episcopal española, a ser posible igual de contundente que las publicadas anteriormente, por ejemplo, contra la Ley de Partidos.

Francisco Llera se va después de haber oído cómo un sujeto que se apoda a sí mismo firmamento , Ortzi, lo insultó gravemente, lo amenazó y le recomendó irse a Asturias pues, según firmamento , olía a «establo asturiano». Al ritmo que lleva el vaciamiento de nuestra Universidad, es estadísticamente probable que se queden con ella gentes capaces de enhebrar frases tan doctas y académicas como la lanzada contra Llera u otras del mismo tenor en las que llamaba «burra española» a Edurne Uriarte, superviviente de un atentado del grupo terrorista ETA, también escoltada. La Universidad, dotada por vocación para ser un elemento crítico en toda sociedad, tiene en el País Vasco una faz de silencio, de miedo, de paralización, de clandestinidad de las conciencias que desde luego no consiguió el régimen de Franco. Aquí se ha conseguido que algunos alumnos expresen, de forma clandestina, la solidaridad con los profesores amenazados que, como Gotzone Mora, sufrieron antes a Franco y sufren a hora a ETA. A diferencia de otros, claro, que no movieron un dedo contra Franco y no tienen ahora nada que temer de ETA.

El alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, ha protagonizado en los últimos días varios gestos que lo ennoblecen y que sirven para estimular la certeza de que en un páramo de muerte y miedo hay zonas de libertad, como Vitoria, como Ermua, donde la población perseguida siente por lo menos el bálsamo de ver que lo que debería ser de sentido común -rechazar la muerte- está representado y defendido en las instituciones. En este panorama, Ibarretxe dice no estar dispuesto a que le «vendan burras» (sic) por parte del Gobierno y parece estar preocupado únicamente por hacer creer que su muy particular agenda es el anhelo de «todos y cada uno de los ciudadanos vascos», frase que tanto le gusta repetir y que es radicalmente falsa, al menos en su 50%. Joseba Azkarraga no descansa en desprestigiar el sistema judicial y político español, comparándolo siempre con la época de Franco -dictador contra el que tampoco luchó-, y Madrazo tiene toda su sensibilidad puesta en Cuba, Afganistán, etcétera, mientras se le pasa hacer un mínimo guiño a tanta gente que estuvo en el PCE en la lucha contra Franco y está ahora en vanguardia de la lucha contra ETA.

Si alguna ventaja tiene esta situación es que pone a cada uno en su sitio. Meses después de que se plantease de forma agonística y tremendista la negociación sobre el cupo, este logro se quiere presentar como olvidado: no se valora y ahora lo más urgente es preparar el camino para romper el actual tapete de convivencia. No importa que los profesores se vayan, que hasta los párrocos no nacionalistas tengan escolta, o que los cargos públicos del PP y del PSE-PSOE vivan cada día la tortura de no saber si llegarán a casa por la noche. No, lo urgente es seguir en una loca carrera hacia el abismo, insolidaria, despectiva con el ámbito del propio País Vasco, del resto de España y del resto de Europa.

Sencillamente concejales
ROSA DÍEZ El País  26 Julio 2002

Rosa Díez es eurodiputada y presidenta de la Delegación Socialista Española en el Parlamento Europeo.

En las últimas semanas se ha reabierto la polémica sobre las elecciones municipales en el País Vasco. Más allá de las distintas posiciones que van surgiendo, el debate ha servido para poner de manifiesto un hecho incuestionable: en el País Vasco ni hay libertad, ni se dan condiciones de igualdad entre los posibles candidatos. Y puesto que ya estamos de acuerdo en el diagnóstico, vamos a ver si nos ponemos de acuerdo en la terapia.

Las elecciones democráticas, para serlo, han de cumplir algunas condiciones; las principales son el respeto al derecho activo y pasivo -a elegir y ser elegidos-, y la igualdad de todos los ciudadanos en el proceso electoral. Si hay partidos políticos democráticos que no pueden elaborar sus listas porque sus militantes tienen miedo -con razón-, a que les maten, ni hay igualdad -otros partidos sí pueden-, ni se respeta el derecho a presentarse en una lista, ni se tiene la oportunidad de votar a quien se quiera. Es obvio, por tanto, que no se dan las condiciones que caracterizan un proceso electoral democrático. Y puesto que estamos analizando un proceso político, que resulta boicoteado por la actuación de una organización terrorista que amenaza, persigue y asesina a los candidatos de dos de las organizaciones políticas llamadas a concurrir en las urnas, procede que extraigamos conclusiones no sólo morales, sino también políticas.

Suelo pensar que si estas circunstancias se dieran en un país lejano, nos pondríamos rápidamente de acuerdo en que no se pueden celebrar elecciones sin garantías de libertad y seguridad. Pero decidir sobre lo nuestro, actuar sobre lo que es de nuestra competencia, resulta siempre más arriesgado y más difícil que dar consejos a terceros.

Hay quien sostiene -a pesar de reconocer la anomalía demo-crática- que, si no se celebran las elecciones, ETA habrá ganado la batalla. Reconozco que la afirmación tiene su fuerza, pero no consigo entender el argumento en el que se soporta. Yo no creo que ETA se beneficie si oficialmente se reconoce que el resultado de unas elecciones, viciadas de principio, no sería representativo. ETA no gana nada si nos enfrentamos con toda la fuerza de la ley y de la política a esta situación. ETA siempre se ha fortalecido ante la aceptación sobrevenida de la desigualdad de los vascos ante la ley, lo que ha producido que precisamente por jugar con cartas marcadas, los no nacionalistas tengamos cada vez menos representación en las instituciones, y que como éstas nos representan cada vez menos y peor, terminemos desistiendo y/o marchándonos.

ETA ha construido un País Vasco en blanco y negro en el que el luto siempre lo llevan los mismos. Pero son los partidos que no llevan luto, los que se declaran insumisos ante las instituciones del Estado, los que 'condenan' la violencia, pero no van a las concentraciones para apoyar a los perseguidos; los que se afanan -mientras nosotros guardamos luto- en hacer sus listas en todos y cada uno de los municipios vascos; los que rentabilizan nuestra situación de inferioridad. Son los 'demócratas nacionalistas' más el anexo Madrazo, los que sacan partido -los que recogen las nueces, que diría Arzalluz-, de las campañas de terror de ETA. Por eso sostengo que si nos enfrentamos sin complejos a esta ficción de elecciones libres, perderá ETA y ganará la democracia.

Tampoco creo que la solución sean las listas de concentración, o del PSE-PP, en aquellos municipios en que no podamos hacer candidaturas alguno de los partidos autonomistas. Y no sólo porque me parece imposible ir en una candidatura con quien nos acaba de amenazar con dar un golpe de mano desde las propias instituciones vascas. Esto no se arregla creando una nueva fantasía en la que juntos todos demos la cara contra la tiranía fascista de ETA y sus cómplices. Porque si el PNV estuviera del lado de los perseguidos, no tendríamos necesidad de hacer listas de concentración. Pero el PNV está en otra cosa y el Gobierno vasco, también. Está en el proyecto ultranacionalista de Lizarra, pero sin tregua. Y además piensa -se lo hemos hecho creer así- que es gratis, que nadie se va a oponer a sus actuaciones antidemocráticas e ilegítimas.

Ya sé que entre un Gobierno que dice que se tomará la justicia por su mano y un terrorista que pone una bomba, hay una distancia. Pero el efecto deslegitimador de las instituciones democráticas que produce el discurso de ese Gobierno, es mucho más peligroso para la convivencia y el futuro, que la acción del terrorista. La gran perversión de la política vasca es que los daños siempre afectan a los mismos. Y los que se benefician desde el poder de nuestra falta de libertad, de nuestro miedo, no encuentran razones para cambiar. Y puesto que la razón moral -que sería la que hace ya mucho tiempo les debiera de haber puesto de nuestra parte- no funciona y la situación se agrava día a día, yo propongo que llamemos a las cosas por su nombre y actuemos coherentemente. No puede haber elecciones si las listas han de hacerse con héroes, ya sea de un partido o de dos juntos. No las puede haber en ningún lugar de Euskadi si en uno solo de sus municipios no se pueden hacer por miedo, si no hemos encontrado suficientes héroes para llenar la candidatura. Porque nuestros concejales quieren ser concejales; sencillamente concejales. Y no tenemos derecho a pedirles que sean nada más. Y el Estado tiene la obligación de garantizarnos esa aspiración, que en democracia es un derecho: ser sencillamente concejales.

El frenesí legislativo
Ricardo SENABRE La Razón  26 Julio 2002

Desde hace algún tiempo me llegan noticias acerca de la creciente inquietud que se percibe entre magistrados y profesionales del Derecho por el cuantioso incremento de normas legales emanadas de las Comunidades autónomas. Es natural que cada gobierno quiera impulsar sus propias leyes, y también que, con el tiempo, la continua segregación legislativa alcance tales dimensiones que haga necesario el uso de numerosos índices, repertorios y guías para transitar por un campo lleno de hoyos y trampas inesperadas. Cuando, en lugar de un solo gobierno, un país exhibe una docena y media, como nos ocurre a nosotros, las complicaciones se multiplican en la proporción esperable. Centenares de entusiastas licurgos lanzados durante varios meses al año a la gloriosa tarea de redactar, discutir y promulgar leyes, reglamentos y normas de todo tipo que contribuyan a consolidar el «hecho diferencial», la «conciencia autonomista», el «qué verde era mi valle», en fin, están dando como resultado una trama frondosísima de disposiciones que es una auténtica selva selvaggia.

No sería inoportuno recordar los cuerdos consejos de Don Quijote a Sancho cuando el escudero se convierte en gobernador: «No hagas muchas pragmáticas, y si las hicieres, procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan, que las pragmáticas que no se guardan lo mismo es que si no lo fuesen». Pues bien: lo cierto es que tenemos ya muchas «pragmáticas», quizá demasiadas ¬y no siempre buenas¬, y que las sentencias se demoran a veces porque los jueces deben moverse entre un enjambre de leyes nacionales y comunitarias que convierten a cada magistrado en un arriesgado explorador. Más de uno habrá recordado tal vez el tajante juicio de Tácito, que piadosamente dejaré en latín: Corruptissima republica plurimae leges.

Pero los legisladores autonómicos deben obrar sin perder de vista el marco general de leyes estatales en que se inscriben. Repetirlas sería ocioso, e ir en contra de ellas imposible. Lo habitual es, por tanto, que se complementen aquellas normas de carácter general con ciertas particularidades específicas de la Comunidad de que se trate. Y en estas novedades es donde se producen de vez en cuando, no disensiones impugnables, sino verdaderas incongruencias.

Tomemos como ejemplo la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León, recientemente aprobada. En el título IV, y después de haber enumerado los bienes que constituyen el patrimonio cultural de la Comunidad ¬edificios históricos, monumentos y objetos artísticos, yacimientos arqueológicos, etcétera¬, el capítulo II aparece encabezado por un sorprendente epígrafe: Del patrimonio lingüístico. ¿Qué será eso? El artículo 64 lo aclara: Integran el patrimonio lingüístico de Castilla y León las diferentes lenguas, hablas, variedades dialectales y modalidades lingüísticas que tradicionalmente se hayan venido utilizando en el territorio de la Comunidad de Castilla y León.

Así, lo que dice un campesino del Bierzo o de Adanero forma parte de ese fantasmagórico patrimonio lingüístico de igual modo que son patrimonio cultural la catedral de Burgos, el acueducto de Segovia o el castillo de Peñafiel. Sabemos qué hacer para preservar estas obras del pasado, e incluso cómo restaurar sus desperfectos. Pero ¿cómo actuar en el caso del novedoso patrimonio lingüístico? ¿Organizando cursos sobre el antiguo dialecto leonés? El artículo 65 aclara que se adoptarán medidas para su protección y difusión, y también que se velará por la integridad de los valores de las obras literarias y de pensamiento de autores vinculados al territorio de la Comunidad. ¿De qué modo puede velarse por los valores de unas obras? Cada obra tiene un valor, que subsume las valoraciones recibidas a lo largo del tiempo. ¿Podrían los gobernantes, por bienintencionados que fuesen, velar por los valores del Quijote, por ejemplo? ¿Cómo? ¿Prohibiendo sin más cualquier manifestación discrepante de la general? ¿Subvencionando la publicación de obras encomiásticas? ¿Se sentirán definitivamente confortados Miguel Delibes, Antonio Pereira, José María Merino, Luis Mateo Díez y muchos más escritores al saber que el Gobierno de Castilla y León velará por la integridad de los valores de sus obras? Esta vigilancia la ejercerá el Gobierno, además, cuando no conste la existencia de particulares legitimados para el ejercicio de las acciones en defensa del derecho moral de autor.

El lector tiene la impresión de que en la mente del legislador revolotea la cuestión de los derechos de autor, reclamable por el Gobierno cuando no existan herederos, pero que se ha huido de esa inoportuna consideración acuñando la extraña fórmula del derecho moral de autor que requeriría, como si fuera un texto hermético, nota aclaratoria a pie de página, porque he preguntado a varias personas inteligentes y ninguna estaba segura de entender el significado.

¿No suena todo esto a palabrería huera, a discurso nacido de la necesidad de afirmarse, de singularizarse, de justificarse, a la postre? Antes de nada, una ley tiene que estar en armonía con la realidad y, sobre todo, con el sentido común.

Aplicar de modo mecánico una falsilla tomada como dechado a situaciones que nada tienen que ver con aquélla del modelo, no es la mejor forma de legislar. Pero a eso conduce a veces la prisa, la falta de serenidad, la obsesión de no ser menos que los demás y, en último extremo, el frenesí legislativo.

Cortázar acusa al obispo de proteger «más a los lobos que a las ovejas»
ABC  26 Julio 2002

El historiador y jesuita Fernando García de Cortázar criticó que el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, no se haya pronunciado sobre el acoso que por parte del nacionalismo sufre el párroco de Maruri y dijo que «parece que el pastor, más que proteger a las ovejas, cuida de los lobos». Mientras, Zapatero exigió a Ibarretxe «más voluntad de compromiso» con las víctimas.

SANTANDER/MADRID. Fernando García de Cortázar, que también es miembro fundador del Foro El Salvador, presidido por Jaime Larrinaga, exigió ayer al Episcopado vasco que ofrezca de inmediato su apoyo, «hermandad y franternidad» al párroco de Maruri.

Resaltó que es «muy doloroso el silencio del Obispado de Bilbao» ante una situación en la que «un sacerdote ve acentuada la soledad en la que vive» por el «asedio del nacionalismo vasco». Por ello, exigió a monseñor Blázquez que «se ponga en contacto inmediatamente con Jaime Larrinaga y le ofrezca su apoyo y simpatía», pues considera que el obispo debería «tener sensibilidad ante un caso tan dramático en el que el nacionalismo vasco, a través del propio Ayuntamiento, azuza a la feligresía» contra el párroco.

García de Cortázar, quien también se ha visto obligado a llevar escolta, añadió que «no se ha pronunciado el que teóricamente es el pastor», por lo que «a veces uno piensa si los pastores, más que proteger a las ovejas, cuidan a los lobos». El historiador agregó que parece que la Iglesia «se pone de lado de los que persiguen a Larrinaga».

«Clima de toxicidad»
José Luis Orella, el único laico entre quienes firmaron el manifiesto de fundación del Foro El Salvador, dijo que la situación de Larrinaga refleja «bastante a las claras» cómo se vive en un País Vasco donde las amenazas ya no vienen «de ETA ni del mundo abertzale, sino del PNV, y con membrete del Ayuntamiento». En su opinión, este caso demuestra «el clima de toxicidad» creado durante los años de gobierno nacionalista.

La Fundación Víctimas del Terrorismo, que preside Adolfo Suárez, manifestó ayer su solidaridad con el catedrático Francisco Llera, que ha decidido abandonar el País Vasco, al tiempo que ha asegurado que seguirá siendo patrono de esta Fundación y, por lo tanto, colaborando activamente desde su nuevo destino en los proyectos que han puesto en marcha. La Fundación también ha mostrado su apoyo a los profesionales que, como Llera, «dedican su esfuerzo y su talento a favorecer la convivencia libre y pacífica».

Mientras, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, exigió al Ejecutivo vasco «más voluntad de compromiso y solidaridad» con los ciudadanos amenazados, una petición que hizo extensiva al Gobierno de la Nación porque ambos tiene la responsabilidad de garantizar las libertades y los derechos de todos los vascos. El de Larrinaga, dijo, «es un caso más de la situación de amenazas, inseguridad y pérdida de derechos fundamentales que vive una parte de la sociedad vasca».

Aznar afirma que sólo cabe la «derrota» de ETA, y el Ejecutivo vasco descarta una tregua
GONZALO LÓPEZ ALBA ABC  26 Julio 2002

El único objetivo y la única estrategia posible frente al terrorismo es su «derrota». Este fue, en resumen, el planteamiento en el que ayer se reafirmó José María Aznar como presidente del Gobierno. Al mismo tiempo, el portavoz del Ejecutivo vasco descartó una posible tregua de la banda.

MADRID. Aznar comparó ayer la situación en la que viven muchos vascos que no comparten los planteamientos nacionalistas con la que soportaron los perseguidos por los nazis en Alemania, al hilo del acoso al que se está viendo sometido el párroco de Maruri (Vizcaya).

«Lo que han hecho con ese párroco no se ve desde los tiempos más duros de los nazis. Es nazismo puro, una técnica nazi, y los que lo hacen -el Ayuntamiento, gobernado por el PNV, ha buzoneado por las casas del pueblo cartas acusando al sacerdote de ser un «nostálgico del franquismo- son nazis», afirmó durante su intervención en los cursos de verano que la Universidad Complutense de Madrid celebra en El Escorial.

Entre la indignación y el asombro, el presidente del Gobierno exclamó: «¡Pero dónde se ha visto que un partido que se llama democrático escriba semejantes cartas de conminación a que se acabe con personas que piensan lo contrario! Eso no ocurre en ningún sitio de Europa».

Aznar pidió al párroco que «plante cara» a los que le han querido situar en «la diana» de ETA porque tiene la fortaleza moral de saber que «estamos con él millones y millones de españoles para impedir que los nazis se apropien de nada». «Le pido que, por favor, siga ahí».

Y también pidió al catedrático Francisco Llera, que ha decidido dejar el País Vasco temporalmente, que «vuelva pronto», mientras que denunciaba que «se está produciendo un auténtico exilio, sobre todo de intelectuales, que no se vivía en España desde la guerra civil».

Tampoco ocultó su malestar con la actuación del Gobierno vasco, del que dijo que «desearía que fuera capaz de representar a toda la sociedad vasca», pero también que «no albergo muchas esperanzas», sobre todo cuando «aquellos que toleran que muchos tengan que ir con escoltas se permiten el lujo de hablar de calidad de la democracia en el conjunto de España». Señaló, en este punto, que está dispuesto a dialogar «todo lo que haga falta, en el marco del Estatuto y de la Constitución» sobre traspasos de competencias, pero advirtió de que no admite «conminaciones».

Ante este panorama, afirmó que no cabe más que «la derrota» de ETA y, para ello, «poner todos los esfuerzos políticos, económicos y sociales, porque en ellos nos va la democracia», ya que «con el terrorismo no se acaba ni transigiendo con él, ni doblegándose a sus exigencias, ni aceptando que lo mejor es que sus cómplices hagan lo que les dé la gana». El objetivo del Gobierno, según ratificó, es lograr que «los nazis no tengan cabida y que los terroristas y sus cómplices paguen sus culpas».

Por su parte, el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, afirmó en la cadena Ser que los datos de la Consejería de Interior descartan la posibilidad de una tregua de ETA.

Archívese el Archivo
Javier Ruiz Portella Liberdad Digital  26 Julio 2002

¡Y dale con el Archivo Histórico de la Guerra Civil reunido en Salamanca! Francamente, le tienen a uno aburrido con su sempiterna cantinela. Una vez más –mil veces llevan haciéndolo– los nacionalistas catalanes han pateado, clamado, alzado la voz para que la documentación relativa a Cataluña sea traspasada a Cataluña. Nada más lógico, parece. Cosa de “bon seny”: a Cataluña lo catalán…, todos los archivos desperdigados, ¡y los documentos andaluces a Andalucía, los asturianos a Asturias, los murcianos a Murcia, los gallegos a Galicia, los vascos a las Vascongadas!… Por cierto, ¿por qué será que a éstos no les da por reclamar también los archivos de la guerra civil? Tal vez para que no sea en su propia tierra donde quede constancia documental de los desmanes cometidos durante la contienda por un Partido Nacionalista Vasco que, como cuenta y documenta Pío Moa, acabó traicionando descaradamente a las propias fuerzas republicanas.

Pero, aunque sea desde un ángulo distinto, tampoco los catalanes tienen ningún motivo para vanagloriarse de lo que figura en unos archivos a los que dan, sin embargo, tantísima importancia que tal parece como si en ellos constaran las más grandes hazañas que vieron los siglos. De acuerdo, uno comprende que a los comunistas, socialistas e independentistas de Esquerra les haga mucha ilusión poder leer cada día los documentos en que se expresa lo que fue durante casi tres años la “revolución proletaria”, aquella revolución (dejémonos del engañabobos de la “lucha por la democracia”) que triunfaba por segunda vez en el mundo después de haberlo hecho en la “patria soviética”. De acuerdo, si consiguieran traer los archivos a Barcelona, podrían, casi sin salir de casa, regodearse diariamente leyendo los detalles sobre el dominio que ejercían los hombres de Stalin a través del Consulado General Soviético de Barcelona; o consultando las listas de los miles de burgueses, curas y demás taimados explotadores que, por el mero hecho de sus creencias o propiedades, fueron asesinados; o aprendiendo los detalles relativos a las técnicas con las que se practicaban en las checas las más refinadas torturas que imaginar se pueda. Uno entiende semejante afán en el caso de quienes, lejos de arrepentirse de su pasado totalitario, aún se vanaglorian de él (he ahí, por lo demás, una de las grandes diferencias entre la izquierda y esa derecha española que no sólo se arrepiente –lo cual está muy bien–, sino que se culpabiliza y acompleja –lo cual está muy mal– a causa de su pasado).

Decía que en el caso de la izquierda nacionalista catalana, uno entiende tal interés por los Archivos de Salamanca. ¡Pero en el caso de Pujol y de sus chicos!… Válgame Dios, ¿qué se les ha perdido a éstos en el asunto? ¿Para qué diablos querrán tales archivos? ¿Qué inmarcesible gloria verán en ellos? ¿Los querrán acaso para documentarse sobre la forma en que les eran confiscadas las propiedades (pequeñas o grandes) a sus padres y abuelos? ¿Para establecer una lista exhaustiva del terror que se abatió sobre sus correligionarios de entonces, ésos que en lugar de llamarse Pujol y CiU, se denominaban Cambó y Lliga catalanista? Un Cambó y una Lliga que, por lo demás, carentes ellos de complejos y culpas, adoptaron la única actitud que en su caso era sensato adoptar: quienes como el propio Cambó salvaron el pellejo, se exiliaron de inmediato a Francia, al tiempo que ponían todos sus esfuerzos, tanto personales como financieros, al servicio del gobierno de Burgos.

Sin embargo, ni los pujolistas podrán satisfacer cómodamente sus ansias masoquistas, ni los otros su placer sádico. Para ello, tendrán que seguir viajando a tierras salmantinas. El patronato del Archivo Histórico de Salamanca aún considera que España es una unidad y que sería insensato desperdigar a diestra y siniestra los fondos que lo integran. Lo mejor, pensando incluso en el propio interés de los nacionalistas catalanes, es que se archive de una santa vez el dichoso Archivo.

El juez otorga la cátedra de Ciencia Política de la UPV a Edurne Uriarte
BILBAO. AGENCIAS ABC  26 Julio 2002

El juez ha fallado a favor de la profesora Edurne Uriarte otorgándole la cátedra de Ciencia Política de la UPV. La sentencia es fruto de la reclamación presentada por Uriarte ante el Contencioso- Administrativo en contra de la decisión de la Comisión de Reclamaciones de la UPV de no proveer este puesto que le fue adjudicado por un tribunal.

El tribunal ha estimado el recurso de protección jurisdiccional presentado y le repone en la plaza a la profesora Uriarte, según ha podido saber Vasco Press, y aunque es posible un recurso por parte de la Universidad, el fallo se ejecuta provisionalmente.

El titular del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 4 de Bilbao había admitido a trámite la demanda contra la decisión de la Comisión de Reclamaciones de la UPV de no proveer la cátedra de Ciencia Política que fue adjudicada por un tribunal a la profesora Edurne Uriarte. El juez también admitió a trámite la solicitud de suspender el dictamen de la Comisión.

La profesora Edurne Uriarte anunció el pasado mes de febrero que llevaría a los tribunales la decisión de la Comisión de Reclamaciones de no proveerle la cátedra de Ciencia Política que le fue adjudicada el pasado mes de octubre por un tribunal.

La Comisión de la Universidad del País Vasco (UPV), estimó en febrero que hubo falta de coherencia entre los criterios que marcó el tribunal de la oposición a la hora de valorar y los juicios que emitió finalmente en su
resolución, que consideró poco motivada. La comisión daba así respuesta a uno de los varios recursos presentados por Francisco Letamendia, "Ortzi", el candidato que compitió con Uriarte y que perdió la plaza.

En su argumentación, la parte demandada sostenía, basándose en cierta jurisprudencia, que es "inconstitucional" el artículo número 43 de la Ley de Reforma Universitaria sobre la que pesó la argumentación de la comisión.

Ese artículo establece la capacidad de la comisión de poder revisar las decisiones de un tribunal. Además, se considera que en este caso "se ha violado el principio de igualdad, de mérito y capacidad para acceder a la
Función Pública".

La vía de lo contencioso-administrativo considera este tipo de casos como "asuntos de personal" y en este caso se ha seguido un procedimiento no ordinario sino especial por tratarse de un caso que presupone la existencia de supuestas lesiones a los derechos fundamentales.

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