AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 28 Julio  2002
El párroco
Jaime Campmany ABC 29 Julio 2002

Guecho
Alfonso USSÍA ABC  29 Julio 2002

Edurne Uriarte
CARLOS DÁVILA ABC  29 Julio 2002

Nacionalismo vasco, S.L.
ROBERTO BLANCO VALDÉS La Voz  29 Julio 2002

Marchar y marcharse

JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo  29 Julio 2002

Enemigos del pueblo
FERNANDO SAVATER  El Correo  29 Julio 2002

Malos tiempos para la democracia
GOTZONE MORA  El Correo  29 Julio 2002

Mayor Oreja: «Vivimos en una trampa, pero sin tregua, y ETA se ha impuesto al PNV»
MADRID. PABLO PLANAS ABC  29 Julio 2002

Iturgaiz acusa al PNV de “encubrir a ETA” y a la banda de hacer el trabajo sucio de los peneuvistas
EFE Libertad Digital  29 Julio 2002

«Dar poder a los nacionalistas es como tener a un tirano en la parroquia»
ANA ROMERO El Mundo  29 Julio 2002

Del INEM paralelo a un sistema de cupo para las pensiones
I. L./BILBAO El Correo  29 Julio 2002

Las autonómicas pasan factura
R. G. GÓMEZ / S. ALCAIDE | Madrid El País  29 Julio 2002

El párroco
Por Jaime Campmany ABC 29 Julio 2002

Claro está que lamento la situación de amenaza en que vive Jaime Larrinaga, párroco de Maruri. Lamento esa situación como lamentaría la de cualquier otro prójimo que la sufriera, clérigo, militar o civil, y ya se sabe que no son pocos los españoles, especialmente vascos, que viven bajo la amenaza etarra, que viven sabiéndose apuntados por una pistola que ya ha cumplido cientos de veces su misión de matar. Como en esas estamos y en esas vivimos, la dramática incomodidad del cura Larrinaga no es novedad. Se trata de una más entre las muchas amenazas que la banda etarra tiene anotadas en su catálogo de operaciones.

Una vez que va por delante esto que digo, he de confesar que celebro que un sacerdote vasco necesite escolta por culpa de los asesinos etarras. Mejor sería que la escolta no la necesitara nadie ni en el País Vasco ni en ningún otro lugar de España. Claro. Pero resulta sospechoso que aquí haya necesitado y necesite escolta cualquier ciudadano de cualquier profesión, menos de una. En el martirologio que nutren los etarras hay médicos, ingenieros, abogados, políticos, guardias o jueces. Es un arca de Noé de todas las profesiones. Allí hay de todo, menos curas. Y eso, ¿por qué?, me pregunto. ¿Acaso los etarras son «cruzados de una fe particular» y se dedican a matar a todo el mundo menos a los sacerdotes? ¿Quieren exterminar a los infieles sin sotana? ¿O es que necesitan a los curas para que entierren a sus muertos y perdonen sus pecadillos?

El propio Jaime Larrinaga, párroco de Maruri, lo ha explicado con toda sencillez y la mayor claridad. Porque los etarras se sienten justificados y apoyados por «determinadas posturas de la Iglesia vasca». Y ahora surgen nuevas preguntas. Ah, ¿pero hay una Iglesia vasca, y una Iglesia andaluza, y una Iglesia catalana, y otra Iglesia gallega? Y sobre todo, ¿qué diferencia existe entre «la Iglesia vasca» y la Iglesia de Roma? ¿Acaso el lugar donde se predica a Cristo imprime alguna diferencia entre las iglesias y destruye el ecumenismo?

Ya era hora de que, ¡por fin!, llegara un cura a las listas macabras de «Eta». Bendita sea esa hora porque eso quiere decir que hay una voz, aunque sea una sola, que denuncia lo que él mismo llama «la tiranía nacionalista». Al cura Larrinaga le ha tocado representar en esta tragedia del pueblo vasco y de toda España el incómodo y peligroso papel del primer sacerdote inscrito en una larga lista de aspirantes a mártires. Que Dios le bendiga, que le preserve de esos caínes de bomba y pistola, y sobre todo que le guarde de los fariseos del dedo cobarde, de los que señalan la víctima y esconden la mano, disfrazan la palabra y adoptan el gesto del cristiano pacífico, temeroso de Dios. Y que cunda su ejemplo señor cura.

Guecho
Por Alfonso USSÍA ABC  29 Julio 2002

Hemos nacido y vivimos en un país sorprendente. El pasado veinticinco de julio, día de Santiago, Patrón de España, fue jornada festiva en muchas Comunidades. Entre ellas, el País Vasco. Paradoja alambicada. El Gobierno nacionalista vasco celebra la festividad del Patrón de España, y en Madrid se declara jornada laboral a todos los efectos. Cada día que pasa entiendo menos a nuestros políticos, que están convirtiendo la normalidad en un jeroglífico indescifrable.

Inmersos en la locura, surge la figura de un señor que no tendría interés alguno de no ser el actual alcalde de Guecho. Se llama Iñaki Zarraoa, y tiene una forma muy particular de inaugurar las fiestas de su lugar. Para evitar malas interpretaciones -las exégesis de su obispo Blázquez, que permanece en Toronto-, ha puesto en manos de Batasuna sesenta mil euros para colaborar con los proetarras en su animación y jolgorio. No contento con ello, ha autorizado que en el pregón de las fiestas se incluya un amable y emocionado saludo a los presos de la ETA que cumplen su pena injustamente lejos de su amado municipio.

Mi educación cristiana me ayuda a comprender el impulso bondadoso de Zarraoa, que quiere a los terroristas de la ETA muy cerca de sí para soltarlos a la calle en el momento más oportuno. Zarraoa sufre en sus carnes y en su ánimo la tristeza de la madre del terrorista, la preocupación del padre y la pesadumbre de la esposa, novia, compañera sentimental o pareja de hecho que no puede gozar con su maromo el ambiente de las fiestas. Bella imagen la que nos regala este santo de Zarraoa, tan volcado con sus gentes y sus polluelos encarcelados.

Lo chocante es que, siendo alcalde de Guecho, no salude en el pregón a sus otros convecinos que tanto han sufrido y padecen las travesuras de sus polluelos. Que son muchas las familias de Neguri o Las Arenas -fundamentales para el desarrollo y la estabilidad de Guecho- que no pueden disfrutar de las fiestas de su lugar con sus familiares, sencillamente porque los han asesinado. Que son muchas las familias de Neguri o Las Arenas que se han visto obligadas a pagar cantidades astronómicas a la ETA y Batasuna -muchos más euros que los regalados por Zarraoa-, a cambio de la vida de un padre, un hijo o un hermano. Que son muchas las familias de Neguri o Las Arenas que no pueden disfrutar de sus fiestas porque han tenido que abandonar su casa, su negocio, su puesto de trabajo y sus raíces para mantener intacta su integridad física fuera del alcance de los subsidiados por Zarraoa. Que son muchos los ciudadanos de Neguri o Las Arenas que no pueden recrearse en sus fiestas porque sólo su presencia es motivo de insultos, agresiones, amenazas y coacciones que no evita Zarroa para no enfadar más a los que insultan, amenazan y coaccionan. Que son muchos -insisto- a los que gustaría tomarse un vino y bailar en las fiestas de Guecho, y no pueden hacerlo porque todavía no se ha resuelto el enigma de la resurrección y están a cuatro metros bajo tierra. Y que son muchos los vecinos de Neguri o Las Arenas que precisamente abandonan Guecho durante las fiestas para no añadir un problema más a los muchos que la vida y las circunstancias nacionalistas han reunido en sus personas. Sería interesante y justo que san Iñaki Zarraoa, el defensor de los terroristas encarcelados, el añorante de los asesinos locales, tuviera el detalle de recordar también, en el pregón de las fiestas de Guecho, a todos los vecinos que sufren el implacable «progrom» nacionalista. Cínico.

Edurne Uriarte
Por CARLOS DÁVILA ABC  29 Julio 2002

Lo más probable es que Francisco Letamendía conociera ya la resolución del Juzgado a favor de Edurne Uriarte en la hora en que perpetró su execrable artículo de «Deia».
A «Ortzi», defensor de ETA en el Parlamento en Madrid hace años, le prestó cobijo el periódico del PNV para agredir sistemáticamente a Uriarte y a todos los que denuncian y denunciaron el espolio de su cátedra.

Durante meses, antes y después del de febrero, Letamendía halló refugio en «Deia» para amilanar a Uriarte y a sus defensores. Una legión de simpatizantes de toda España que admira la capacidad profesional, política y humana de la catedrática de Ciencia Política, cuyo mayor pecado ha sido para el nacionalismo radical -del moderado tampoco ha recibido un consuelo- el que sobreviviera a la brutal bomba que ETA le colocó en diciembre del 2000.

Los rufianes de la banda aún se tiran de los pelos por ello, los comilitones de Batasuna que les acompañan en el singular y perverso lamento, y «Ortzi» y el PNV han urdido, y seguirán urdiendo, una campaña que a ETA seguramente le bastará para apreciar que hay que intentarlo otra vez con ETA y con sus esforzados compañeros de viaje. A uno de ellos, Francisco Llera, sujetos como Letamendía ya le han echado del País Vasco, no sin antes agredirle con los peores insultos y amenazas que puedan recordarse de un ser humano.

Llera sabe bien cómo se las gasta este individuo, al que el PNV considera «un impecable intelectual», quizá porque, como suele asegurar Mario Onaindía, «entre estos tipos, intelectual es quien ha leído un libro». Un libro que podemos sustituir por el «Deia» o, más clara y miserablemente, por el «Zutabe».

El último y corto párrafo de esta columna tiene que ser para el rector de la Universidad Pública del País Vasco, Manuel Montero. ¡Qué lástima! Fue un adalid en la resistencia contra el terrorismo y en la oposición al nacionalismo implacable, hasta que unos le atizaron en su debilísima arquitectura personal, y otros le rodearon como si del indio Gerónimo se tratara. Ahora está solo con los que ya ni siquiera son los suyos. ¡Pena de rector!

Nacionalismo vasco, S.L.
ROBERTO BLANCO VALDÉS La Voz  29 Julio 2002

LO HA DICHO Francisco Llera, catedrático de la Universidad del País Vasco, y militante socialista, al anunciar que se exiliaba: «Puedo soportar el terrorismo, pero no el linchamiento nacionalista». Y acaba de repetirlo Jaime Larrinaga, primer sacerdote vasco obligado a ir con escolta, en la entrevista que ayer publicaba este periódico: «La principal táctica del nacionalismo en el País Vasco es convertir a las víctimas en verdugos».

Las palabras son distintas, pero común la reflexión que las sostiene: llegado al punto en que han llegado las cosas en Euskadi, el peligro para la seguridad y libertad de los amenazados no procede sólo de ETA y sus compinches, sino también del llamado nacionalismo democrático. En realidad, la complementariedad de la acción de no violentos y violentos había sido ya expresada por uno de los grandes gurús del negocio del vasquismo, Xavier Arzalluz, padre de aquella imagen repulsiva según la cual unos agitaban el árbol (los etarras) y otros recogían las nueces (el PNV).

Es una imagen precisa, ciertamente, pero un poco simplificadora de la actual complejidad de esa empresa de obtención de beneficios en que se ha convertido en Euskadi el nacionalismo. Una empresa que, como todas las que consolidan su posición en el mercado, se ha ido haciendo más y más sofisticada. Tanto, que en ella todos los nacionalistas cumplen con la función que tienen asignada en un organigrama que genera también, de cuando en vez, tensiones y peleas, pero cuya funcionalidad surge de la búsqueda de un común objetivo empresarial: la independencia.

Es así como ETA mata; como Batasuna suministra la infraestructura sin la que los crímenes serían imposibles, y prepara los criminales de reserva a medida que los activos van siendo detenidos; como el PNV lucha contra el terrorismo hasta el punto justo en que esa lucha podría poner en peligro su continuidad, al mismo tiempo que aporta todo el imaginario ideológico y político sin el que los violentos serían percibidos por los vascos nacionalistas no violentos como simples delincuentes; como los obispos vascos reparten culpas y condenan «todas» violencias; y como, en fin, las instituciones (desde algunas escuelas hasta las televisiones) fomentan ese antiespañolismo primario, mentiroso e ignorante que está en la base de esa gran catástrofe social.

Se trata, como es fácil de apreciar, de una sociedad de responsabilidad limitada (S.L.), pues algunos -quienes desde el principio gobiernan en Euskadi- no han asumido todavía, ¡ni una vez!, su inmensa responsabilidad en la construcción de un país (la nación vasca) donde hay miles de exiliados y cientos de personas con escolta.

Marchar y marcharse
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo  29 Julio 2002

El sindicalismo vasco está en marcha. El sindicalismo vasco se marcha». Con tan enfáticas palabras certificó el secretario general de ELA el éxito que, a su entender, había logrado la huelga abertzale del 19 de junio pasado. La metáfora genérica de la marcha es corriente en el nacionalismo. La segunda de las proposiciones citadas le añade, sin embargo, un matiz muy significativo. El matiz se encuentra en el uso del verbo en su forma reflexiva. Marcharse connota, en efecto, mucho más que simplemente marchar. En el reflexivo marcharse, lo que cuenta no es tanto a dónde se dirige uno cuanto de dónde uno se aleja. El pueblo nacionalista vive, como bien sugiere este matiz, convencido de no estar nunca donde le corresponde estar y de encontrarse siempre de paso dondequiera que realmente esté. La convicción de ser un pueblo desplazado, de estar siempre fuera de lugar, es lo que lo empuja a levantar, una y otra vez, los sucesivos campamentos que monta. A marcharse, aunque no sepa exactamente a dónde marchar.

Pues bien, de un tiempo a esta parte, el nacionalismo vasco parece decidido a marcharse. Ha comenzado a liar los bártulos y a levantar el campamento estatutario en que ha vivido asentado durante los últimos veintitrés años. El dictamen de autogobierno que el Parlamento aprobó el pasado día 12 es más que indicativo al respecto, sobre todo si se lee junto con la ponencia Ser para decidir que la Asamblea General del PNV aprobó en enero de 2000 y a la luz de los programas electoral y gubernamental en que se inspira el actual Ejecutivo. Todos ellos -ponencia, programas y dictamen- apuntan en la misma dirección: la agudización del sentimiento de pueblo desplazado que siempre precede en el nacionalismo a la decisión final de marcharse.

Ante tan drástica decisión, muchos han suscitado la pregunta sobre su porqué y tratado de contestarla echando mano de la explicación arriba expuesta en torno al carácter esencialmente nomádico, transhumante, del nacionalismo. El nacionalismo se marcha, porque marcharse está en su propia naturaleza. Sin embargo, esta explicación, aun siendo en lo fundamental certera, no da cuenta cabal de por qué tal decisión se toma precisamente ahora, y no se adoptó, por ejemplo, hace diez años o, incluso, no se pospone hasta dentro de otros diez. Para que esa explicación, por así decirlo, estructural resulte plenamente satisfactoria, deberá conjugarse con otras, de carácter más coyuntural, que tengan en cuenta las circunstancias temporales en que la decisión se adopta de hecho. El nacionalismo aduce tres.

La primera -bien es verdad que no del todo reconocida por el propio nacionalismo- estaría en la seducción que sobre él acabó ejerciendo el abertzalismo rupturista con su proyecto de superación del Estatuto como procedimiento para alcanzar la paz. La segunda, en la frustración que en el seno del nacionalismo democrático ha ido acumulándose a causa de las trapacerías que los sucesivos gobiernos centrales han cometido en el desarrollo estatutario. La tercera, en la progresiva desesperanza de arreglo en que el mencionado nacionalismo ha ido sumiéndose a partir del momento en que el Gobierno y el Partido populares decidieron adoptar, respecto de él, la política de radical confrontación y exclusión que todavía hoy mantienen.

Es evidente que estas tres explicaciones coyunturales no tienen la misma validez. Así, si la primera de ellas debe descartarse por inválida al consistir en un error que el propio nacionalismo cometió en su día y del que no supo retractarse a tiempo y por su cuenta, las otras dos no pueden despacharse a la ligera. El proceso de negociación de las transferencias estatutarias ha resultado en verdad frustrante para un nacionalismo que, pese a haber caído en la frivolidad de declarar el Estatuto como «de mínimos», depositó en él una sincera confianza inicial que debería haber sido correspondida con mayor visión de Estado. De igual modo, el despiadado trato que el nacionalismo democrático ha venido recibiendo en los últimos tiempos por parte del Gobierno y el Partido populares no encuentra justificación suficiente ni en los errores que aquél habría cometido en el pasado ni siquiera en la insoportable persecución que éstos todavía sufren a manos del abertzalismo radical. Es, más bien, una desmesura política cuyas nefastas consecuencias sólo el historiador, una vez interpuesta la oportuna distancia, será capaz de calibrar en sus justos términos. Resulta, pues, necesario tomar en consideración estas tres explicaciones coyunturales, si se quiere entender por qué el mecanismo estructural de la marcha, que, aunque siempre presente, suele permanecer inactivo en el nacionalismo durante largos períodos de tiempo, se ha activado precisamente ahora y no en otro momento cualquiera.

En cualquier caso, no debería ser esta del porqué la pregunta que hoy más interese responder. Cualquier respuesta que a ella se dé sólo convencería, además, a los ya convencidos. La pregunta relevante es, en este momento, no por qué se marcha, sino a dónde quiere marchar el nacionalismo. Es la pregunta que sólo él puede responder y siempre ha esquivado con evasivas. Incluso ahora que su decisión de marcharse parece ya tomada.

El arriba citado dictamen de autogobierno ofrece algunas pistas sobre tres posibles destinos, si bien ninguna de ellas resulta concluyente. El primero sería el mismo Estatuto actual, pero plena y lealmente desarrollado. El segundo consistiría en un nuevo pacto de Estado en el que se garantizarían tanto el estatus paritario de las partes como los mecanismos más adecuados para su correcto cumplimiento. El tercero rompería, al menos principalmente, con toda idea de pacto y se adentraría en el ejercicio unilateral de una autoconcedida soberanía originaria. No son tres destinos alternativos, sino, más bien, escalas que conducen a un mismo destino. Pero, sean lo que fueren, los tres resultan, a estas alturas, problemáticos. El primero, por insatisfactorio para el propio nacionalismo, que no se habría pertrechado de tan pesadas alforjas para tan corto viaje. El segundo y el tercero, por falta de fuerzas en el nacionalismo, así como de voluntad en el Estado, para alcanzarlo. La marcha del nacionalismo podría quedarse así en un esforzado y costoso ejercicio de voluntarismo o, lo que sería aún peor, en una estéril muestra de aventurerismo.

Estar siempre marchándose, sin marchar nunca a ninguna parte, parecería ser, según esto, el auténtico destino del nacionalismo. La razón última de tan trágico destino no está sólo en la falta de una tierra prometida en la que asentarse de manera definitiva. Radica también, y sobre todo, en el hecho de que el asentamiento en que ahora se encuentra lo retiene de tal modo que la decisión de marcharse nunca podrá pasar del amago. En efecto, antes de pensar siquiera en marcharse de veras, el nacionalismo vasco deberá saldar un par de cuentas que tiene aún pendientes en su actual asentamiento. La primera es la de un terrorismo de corte totalitario que, al haber nacido como desviación heterodoxa de sus mismos postulados, por él convendría que fuera también derrotado. La segunda, la de esa media sociedad que, compartiendo con él el mismo asentamiento, ni se aviene a marcharse con él ni a él le permitirá marcharse sin ella.

Enemigos del pueblo
FERNANDO SAVATER /CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo  29 Julio 2002

Supongo que muchos de ustedes recordarán aunque no sea más que el título de aquel famoso drama de Ibsen, Un enemigo del pueblo . Fue la primera pieza del gran autor nórdico que se estrenó en España: tan temprano como en 1893 y desde luego en la culta Barcelona. La obra debería estar de actualidad por múltiples razones, empezando por su temprano compromiso ecologista: si no lo recuerdo mal (sólo he visto representar la obra una vez, hará unos veinte años), el argumento trata de un insobornable químico que descubre la contaminación de las aguas de un río o de un embalse; pero resulta que hacer pública esa polución iría contra intereses industriales de los que se benefician económicamente los miembros de la ciudad en la que vive el sabio, por lo que todo el mundo intenta que guarde silencio. Como se niega a callar, acaba convirtiéndose en el enemigo del pueblo que da nombre al drama.

Sin embargo, se trata de un drama social, no ecológico: la naturaleza que más le interesa a Ibsen es la naturaleza de la sociedad humana. Lo que plantea es el desgarro que sufre quien respeta a sus convecinos hasta el punto de no tolerar con un guiño de enterado sus mezquindades o de hacerse cómplice de las injusticias colectivamente consentidas para caer simpático o vivir tranquilo. El protagonista de Ibsen marchaba a contrapelo de su época y no digamos de la nuestra: en la era feliz y mema de Operación Triunfo , es el tipo antipático cuya expulsión de la casa común habría votado en primer lugar el distinguido público. ¿Y si hubiera sido vasco de los de hoy, ese enemigo del pueblo? ¡Ah, pues a lo mejor no le habían dado tiempo ni siquiera a marcharse! Lo más probable es que le hubieran pegado un tiro... O que tuviese que ir a todas partes con escolta para evitar tan triste final.

De vez en cuando, quizás un poco interesadamente, me acuerdo de los enemigos del pueblo que, a cuentagotas pero con tozudo coraje, hemos conocido en Euskadi. De momento ningún Henrik Ibsen ha escenificado su drama, aunque confío en que todo se andará. Mientras esperamos esa obra de arte futura y justiciera, conviene empero ir levantando acta de su empeño. Si no hubiera sido por las denuncias y protestas de los enemigos del pueblo, las acciones terroristas seguirían siendo lamentadas pero comprendidas dentro del contencioso político inacabable que padecemos, cuyos culpables están como todo el mundo sabe en Madrid, no aquí; si no hubiera sido por ellos, nadie se habría atrevido a reconocer jamás que los fines de los terroristas son totalitarios y no sólo sus procedimientos violentos; sin enemigos del pueblo tozudos y crispadores, las víctimas habrían sido enterradas en el cementerio y sus familiares en el silencio, por aquello de que algo habrán hecho , mientras los verdugos caídos en su función criminal disfrutarían de un aurresku en la plaza mayor y serían nombrados hijos predilectos de la villa; gracias a los enemigos del pueblo, quienes no condenan la violencia terrorista, quienes la justifican, quienes la apoyan, quienes derivan fondos públicos para financiarla, quienes brindan apoyo logístico o encubrimiento a los criminales, no gozan ya de impunidad y tienen que tentarse la ropa antes de actuar como cómplices; si no fuera por tales enemigos populares, las razones de quienes son y quieren ser vascos pero no son y no quieren ser nacionalistas habrían acabado borradas del mapa como extremismos inconfesables, deudores de un franquismo irredento; sólo los enemigos del pueblo han denunciado públicamente los programas de televisión o las publicaciones infantiles o los planteamientos educativos que sirven de legitimación a quienes manipulan a los jóvenes para convertirlos en carne de cañón de sus siniestros propósitos. Etcétera, etcétera.

Aunque han conseguido con mucho esfuerzo unos cuantos logros decisivos, que incluso las autoridades nacionalistas aceptan a regañadientes, los enemigos del pueblo han tenido que pagar muy caro su coraje cívico: aún más, diría yo, que el héroe de Ibsen. Sus denuncias se han ido abriendo paso, pero a costa de convertirse ellos en una especie de apestados, incómodos hasta para quienes a fin de cuentas han concluido dándoles la razón. En la época franquista, los adversarios del régimen solían también ser tachados de malhumorados (a Aranguren lo llamaban Amarguren , por ejemplo) y de soberbios; poco a poco se fueron asumiendo sus críticas, pero seguía sin perdonárseles la osadía de haberlas hecho cuando los demás callaban. En el totalitarismo light del limbo nacionalista en que vivimos, a los enemigos del pueblo se los trata igual. Del PNV y EA o del resto de las autoridades, los enemigos del pueblo siempre han recibido las más furibundas condenas, nunca una muestra de solidaridad o al menos de respeto, salvo que estuviesen ya en el tanatorio o en el hospital, y a veces ni siquiera entonces. Cuanta más razón ha habido que darles a la larga, más irritación producen y menos reconocimiento merecen. A lo más que llegan quienes pretenden disculparlos -y anularlos psicológicamente, de paso- es a reconocer que en sus circunstancias (es decir, amenazados, con escoltas, etcétera) es comprensible que digan esas cosas que dicen . ¡El colmo de la caradura! Como si fuesen sus denuncias consecuencia de la persecución que padecen, en lugar de justamente al revés, que es lo que ocurre en realidad.

Y claro, a veces los enemigos del pueblo se aburren y se van. Ya decía Valle Inclán que hay cierta gloria en ser mártir devorado por los leones, pero no coceado por los burros, y en el País Vasco leones sólo se dan en San Mamés. Harto de coces, se marcha ahora también el profesor Francisco Llera. Como tantos otros. Pero el problema que debería preocuparnos hoy no es ya su partida, sino con quién y cómo lo van a sustituir. ¿Se arriesgará el sustituto a convertirse también en enemigo del pueblo, visto lo que le ha pasado a su antecesor? ¿O los profesores que se marchan tendrán como sustitutos a prudentes amigos del pueblo , de los que tanto abundan en esta maloliente sociedad? ¿Y los jóvenes universitarios de la UPV? ¿Qué hacen, en qué piensan? ¿O es que sólo protestan contra las leyes ministeriales, que es lo más seguro y mejor visto? Desde luego, si es verdad que el temor es el comienzo de la sabiduría, en la UPV hay matriculados más sabios que en todas las demás universidades de Europa juntas. A este paso, puede que dentro de no mucho ya no haya enemigos del pueblo en Euskadi. El pueblo ya no tendrá más que amigos, buenos amigos. ¡Qué Dios nos coja confesados!.

Malos tiempos para la democracia
GOTZONE MORA /PROFESORA DE LA UPV/EHU Y APODERADA DEL PSE-EE EN JJ GG DE BIZKAIA El Correo  29 Julio 2002

Como representante política del PSE-EE desde hace algunos años en las Juntas Generales de Bizkaia, y, por lo tanto, como militante activa en una determinada opción política, vivía hasta hace pocos días convencida de que nada en la situación vasca podía ya sorprenderme después de lo acontecido en los últimos años. Sin embargo, he de reconocer que el devenir cotidiano de los acontecimientos en Euskadi supera ya toda ficción imaginable. El comentario anterior viene a colación del lamentable suceso protagonizado por los mandos de la Ertzain-tza a lo largo de la semana pasada incoando un expediente a un agente que, fuera de servicio, supuestamente profirió una expresión injuriosa contra el pueblo vasco.

Vaya por delante que en ningún caso comparto las opiniones que se atribuyen al agente, y que resulta censurable toda expresión denigrante referida a cualquier persona, institución o marco territorial. Pero, una vez dicho esto, es necesario realizar una serie de precisiones al objeto de situar el problema que aquí se plantea. De esta forma, que un miembro de la Ertzain-tza, en una conversación privada llevada a cabo en un bar, critique airadamente su situación personal, y al hilo de lo anterior pronuncie una expresión denigrante en relación con Euskadi, puede llegar incluso a resultar lógico vista la extrema presión a la que el acoso de la banda terrorista ETA está sometiendo a los diferentes cuerpos policiales en los últimos meses. Pero más allá del hecho aislado -que, repito, no resulta encomiable-, merece a mi modo de ver mayor consideración cómo dicha situación llegó a oídos de los mandos de la Ertzaintza. De lo publicado en los diferentes medios conocemos que un vecino, concejal del PNV en la localidad en la que ocurrieron los hechos, escuchó la conversación y procedió a poner inmediatamente en conocimiento de los superiores jerárquicos del agente lo acontecido.

Me gustaría detenerme siquiera brevemente en este hecho, al que a mi juicio no se ha dado la suficiente importancia, pero que ostenta una gravedad manifiesta. Verdaderamente, la democracia en Euskadi debe estar muy enferma cuando alguien es capaz de denunciar de este modo a un conocido. Una situación de esta naturaleza me recuerda a épocas felizmente superadas tanto en España como en el resto de Europa, en las que personas afines al régimen totalitario imperante llegaban incluso a denunciar a sus propias amistades frente a las autoridades por el mero hecho de proferir una expresión políticamente incorrecta o pertenecer a un determinado grupo étnico. Espero que actitudes como la anteriormente descrita no se generalicen entre nosotros, porque de lo contrario nadie será libre de manifestar opiniones políticas en privado por miedo a ser oído y denunciado por el comisario político de turno.

En todo caso, lo que me parece indudable es que una sanción por este hecho resultaría totalmente improcedente, como espero pongan de manifiesto los tribunales si el caso es objeto de recurso jurisdiccional; de lo contrario, se estaría legitimando una intromisión del cuerpo policial (en este caso, la Ertzaintza) en la vida privada de los agentes totalmente incompatible con la intimidad personal de cada uno de ellos.

Si lo anterior es grave, por cuanto tiene de claramente atentatorio contra la libertad individual de opinión constitucionalmente consagrada (aunque para muchos de los que viven obsesionados por la superación de la Constitución y el Estatuto este tipo de libertades fundamentales debe resultar pecata minuta), no menos reprobable son las posteriores declaraciones del consejero Balza en relación con la concentración que miembros del colectivo Basta Ya realizamos frente a la sede de Arkaute para mostrar nuestra repulsa ante esta situación. Afirmar, como hizo, que actos como el anteriormente descrito o como la concentración que también llevamos a cabo ante la sede de Batasuna en San Sebastián para denunciar la violencia de persecución son una provocación, constituye cuando menos una demostración de la catadura moral de algunos de nuestros gobernantes. Máxime cuando dichas declaraciones proceden del consejero responsable de la lucha policial contra ETA, el mismo que rara vez ha salido a la palestra para descalificar tan duramente las contramanifestaciones de colectivos afines a Batasuna que, un día sí y otro también, tenemos que soportar las personas amenazadas ante la pasividad, en numerosas ocasiones, del cuerpo que él dirige por orden expresa de los mismos mandos encargados de sancionar al agente que, en privado, critica la situación en Euskadi.

Quizás el temor que subyace tras las manifestaciones del señor Balza responde al miedo existente en ciertos ámbitos nacionalistas a que resurja con fuerza el espíritu cívico presente tras los acontecimientos de Ermua, liderado por colectivos como el propio Foro de Ermua, Basta Ya o Víctimas del Terrorismo. Si ése es su objetivo, le aconsejamos que desista: pondremos todo nuestro empeño por continuar la senda emprendida, implicando para ello a todos los estratos sociales que deseen incorporarse.

Sucesos como los anteriores no hacen sino sumirnos en una profunda tristeza por el curso que están tomando los acontecimientos en Euskadi. Un lugar donde algunos miembros del Gobierno vasco se permiten sin el menor pudor criticar a las víctimas de manera mucho más airada que a los propios verdugos, ante la pasividad de un importante sector social que, por lo que dictan las urnas, parece más que satisfecho con el devenir de los hechos. Esperemos que de todo esto no haya que arrepentirse cuando ya sea demasiado tarde, porque lo que está en juego, aquí, es la propia supervivencia de la convivencia democrática en Euskadi.

Mayor Oreja: «Vivimos en una trampa, pero sin tregua, y ETA se ha impuesto al PNV»
MADRID. PABLO PLANAS ABC  29 Julio 2002

Jaime Mayor Oreja ha hecho de la resistencia un programa electoral, un hábito vital y un método para transformar la realidad en esperanza. Esa resistencia hace que contemple el «exilio interior» de Llera, Azurmendi, Juaristi y muchos miles como una manifestación de la «rebelión de las víctimas», algo que hace diez era una utopía.

Con el gesto tranquilo, apresado por unas maneras exquisitas, el vicesecretario general del PP, diputado en el Parlamento de Vitoria y uno de los nombres con más posibilidades de suceder a Aznar, desgrana un discurso duro, contradictorio con la aparente frialdad con la que cartografía el territorio político vasco. Envueltas en un suave sonido, sus palabras reflejan las heridas abiertas en una sociedad que, a su juicio, está inmersa en un «ambiente perverso». Fruto de ese ambiente, «se produce una metamorfosis en la que la víctima parece el verdugo, el verdugo es la víctima, el valiente aparece como un intransigente, el defensor de la libertad es un radical y el cobarde acaba por representar la inteligencia política».

Como si asistiera a algo previsible, no le sorprende lo que ha pasado en Maruri, población vizcaína de alrededor de setecientos habitantes en la que el cura, Jaime Larrinaga, ha sido acusado por la corporación municipal (encabezada por el PNV) de ser un «nostálgico del franquismo». «Es que ese ambiente -comenta Mayor- es el aliado principal del nacionalismo y es lo que provoca que lo que ha pasado en Maruri no sea un escándalo y que las muestras de solidaridad con el párroco sean anónimas. Y la Iglesia vasca no es una excepción, sino que en su seno hay una prolongación de esa perversión». Sin embargo, tiene datos y una fórmula para ser optimista.

La sentencia que ha restituido en su cátedra de Ciencias Políticas a Edurne Uriarte o la propia actitud de Jaime Larrinaga constituyen para él una «rebelión democrática de las víctimas» que le anima a destacar que «esto era mucho peor hace diez años porque antes, ser víctima era igual a ser mudo, mudo y víctima. Ahora, al menos, hay actitudes ejemplares, que no tienen mucho respaldo social, pero que se producen cada día».

En su opinión, la sentencia de un juzgado de Bilbao a favor de Uriarte tiene «una enorme importancia para la fortaleza moral que necesita el País Vasco y para apoyar muchas actitudes personales ejemplares, como la de Paco Llera (el director del «Euskobarómetro», que ha decidido aceptar una oferta académica en Estados Unidos) o Jaime Larrinaga». Para Mayor Oreja, esa noticia tiene que ver con la fórmula para «ganar la batalla» a los intransigentes. «Se trata de fortalecer el Estado de Derecho -a lo que, obviamente, contribuye la resolución judicial- y de que los políticos no desistamos. Hoy hay mucho más ánimo, mucho más estímulo que hace un año, después del trece de mayo», fecha de las últimas elecciones autonómicas en el País Vasco.

La ley de Partidos
Pese al análisis optimista, se niega a valorar el «descenso de actividad» de ETA como un elemento clave en el actual escenario. El «Estado de Derecho» se convierte en un dogma de fe que debe hilvanar cualquier lectura en clave presente y futura. Así, ni el cese momentáneo de la violencia ni el dictamen de autogobierno impulsado por el PNV son elementos de gran calado, ni, sobre todo, se debe establecer una relación de causa-efecto. «La única causa de fondo de todo lo que está pasando es que se han tomado iniciativas como la ley de Partidos y esas iniciativas han sido contestadas por lo que constituyen las falsas iniciativas del nacionalismo vasco».

De igual modo que en 1997, cuando la sociedad se movilizó -y «derrotó políticamente a ETA»- por el asesinato de Miguel Angel Blanco, el espíritu de Ermua fue respondido con el pacto de Estella, la tesis de Mayor Oreja es que a la ley de Partidos se ha constestado desde el PNV con lo que define como un «Estella 2» o un «sucedáneo de Estella». Sin embargo, entre una y otra situación, el presidente del grupo popular en el Parlamento de Vitoria establece diferencias que no son precisamente de matiz. En 1997, la «falsa iniciativa» partió de ETA mientras que ahora, «ha sido el PNV quien ha movido ficha y ha asumido todos los planteamientos de ETA, porque en términos de principios y afirmaciones el dictamen de autogobierno es la asunción de la alternativa KAS», base en la que ETA definía el «ámbito vasco» con la inclusión de Navarra y las provincias vasco-francesas, entre otras peticiones de máximos.

Sin embargo, insiste en que lo fundamental ha sido la ley de Partidos, que por el momento ha tenido el balsámico efecto de limitar la dialéctica apologética del terrorismo de Batasuna. Además, considera que la estrategia de ETA es independiente de la aplicación de la lógica: «Si yo fuera del PNV no me fiaría nada de ETA porque en el camino de la ruptura darán el salto cuando quieran. Con ETA nos equivocaremos en todos los diagnósticos, pronósticos y explicaciones como nos hemos equivocado siempre porque en la estrategia de la ruptura en la que se ha involucrado el PNV son los terroristas los que tienen la sartén por el mango».

La victoria «pírrica» de ETA
¿Y qué explicación tiene la asunción por parte del nacionalismo vasco de las tesis de ETA? Mayor Oreja parte del principio de que las líneas de actuación de ambos elementos han confluido en la ruptura, es decir que se ha impuesto la idea en el seno del PNV de que la derrota de los terroristas era igual a la derrota del nacionalismo. «Esto -alega- constituye un error histórico porque se produce cuando ETA ha sido derrotada política y socialmente a partir de Ermua; entonces lo que no tiene ninguna explicación es que a una organización derrotada el PNV le dé semejante oportunidad, la posibilidad de obtener una victoria pírrica al lograr que sus planteamientos impregnen al PNV y le conduzcan a la ilegalidad. Es que además de un error de dimensiones históricas es una enorme estupidez».

Pese a la resolución aprobada por el Parlamento vasco y a lo que Jon Juaristi definió como el «exilio interior» de miles de personas que han abandonado el País Vasco en los últimos tiempos por la presión de los violentos y la actitud del Gobierno del PNV, Jaime Mayor Oreja -diríase que incapaz de perder la compostura- asegura que no hay ningún retroceso respecto a los años anteriores. Habla con el conocimiento de causa que da el haber enterrado a muchos compañeros y haber estado permanentemente en el punto de mira de ETA. Ya en 1982, un 16 de octubre, salvó la vida gracias a que una farola se cruzó en la granada que un comando disparó contra su despacho de delegado del Gobierno en el País Vasco. Antes y después, el ex ministro del Interior y uno de los políticos de primera hora en la escena vasca, se ha erigido en uno de los muros en los que ha chocado ETA y el nacionalismo radical.

Proceso de clarificación
Con esa perspectiva, afirma que «vivimos un proceso de clarificación y en esos procesos, las situaciones nunca son lo que nos gustaría que fuesen. Cuando se produce la derrota política y social de ETA -otra vez se refiere a la movilización que siguió al asesinato de Miguel Angel Blanco- a mí me hubiera gustado que el nacionalismo vasco hubiese contribuido, pero lo que ha confirmado esta etapa es que el nacionalismo, cuando ve que se va a derrotar a ETA, se resiste porque cree que la derrota de ETA es la del nacionalismo. Pero esto no es un retroceso, sino una clarificación, un retrato del escenario más claro que nunca».

Así, considera que «a día de hoy vivimos una reedición de Estella que es una trampa, pero sin tregua. El nacionalismo vasco ha dejado de ser lo que algunos decían que era y no es lo que nos gustaría que fuese. Eso está confirmado. La Autonomía ha dado de sí todo lo que tenía que dar para ellos, para su particular construcción de la «nación vasca». Ahora lo que pasa está perfectamente previsto en sus dogmas». No obstante, las convicciones de Mayor Oreja le llevan a insistir, una y otra vez a lo largo de la conversación, en un mensaje optimista y esperanzador. Recurre constantemente a los ejemplos recientes de Edurne Uriarte, de Francisco Llera o del párroco de Maruri para ejemplificar cómo se debe hacer frente a la intransigencia y al intento de instaurar el «viejo régimen» contra una sociedad que «quiere ser abierta».

Iturgaiz acusa al PNV de “encubrir a ETA” y a la banda de hacer el trabajo sucio de los peneuvistas
EFE Libertad Digital  29 Julio 2002

El presidente del Partido Popular en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, está convencido de que “el PNV está encubriendo a ETA, mientras que los terroristas hacen el trabajo sucio del PNV” en el camino de uno y otro hacia la independencia del País Vasco.

Iturgaiz considera que “ETA ha puesto precio político a la paz, frente a la cada vez más evidente batasunización y radicalización del PNV, que apuesta por echar fuera a los no nacionalistas del País Vasco”. Declaraciones del presidente del PP vasco en Mallorca, donde por cuarto año consecutivo pasa unos días de vacaciones con su familia. Según Iturgáiz, “los casos del párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, y el catedrático de Ciencias Políticas José Llera confirman la actitud del PNV en contra del Estatuto de Guernica y del actual marco jurídico-político”.

El dirigente popular ha apuntado que “cuatro años después del pacto que rubricaron ETA, PNV y Eusko Alkartasuna, vuelven a poner en práctica lo que acordaron para avanzar hacia la independencia del País Vasco”. En este sentido ha recordado que el “punto tercero de aquel acuerdo consistía en romper con el PP y el PSOE porque quieren construir España y destruir Euskal Herria, y en su lugar se proponía crear una estructura soberana y propugnar la independencia”.

Para Iturgaiz, los nacionalistas “quieren y de hecho lo están consiguiendo dividir a la sociedad vasca, excluyendo y expulsando a los nacionalistas, con muchos ciudadanos a los que han situado en la diana y en el corredor de la muerte”. En este sentido ha lamentado “las prácticas políticas excluyentes del PNV, como consecuencia de su aproximación a ETA y HB, y discrepo con el portavoz del gobierno vasco cuando acusa al PP de victimismo y que utilizamos las víctimas, porque ellos sí practican el victimismo sin víctimas, que las tenemos y padecemos los no nacionalistas”.

Itúrgaiz ha declarado que “el PNV tiene el cinismo y la hipocresía de ir de víctima cuando ellos no tienen víctimas, pero nosotros no vamos a callar ante esta situación de despropósitos y por tanto seguiremos denunciando la política del nacionalismo vasco porque el PNV está encubriendo a HB y ETA, promoviendo la expulsión de los nacionalistas del País Vasco”.

«Dar poder a los nacionalistas es como tener a un tirano en la parroquia»
Una entrevista de ANA ROMERO El Mundo  29 Julio 2002

URLEIGH CUENTA LO QUE PASA CUANDO UN PUEBLO SE DESMORONA MORALMENTE, COMO EN EL TERCER REICH. HA PASADO CINCO AÑOS ENCERRADO EN UN SOTANO LONDINENSE, Y HA ESCRITO UN LIBRO HUMANO Y ATERRADOR SOBRE EL NAZISMO. POR EL DESFILAN PERSONAJES SIN 'GLAMOUR' QUE SE HICIERON CON LA COMPLICIDAD DE UN PUEBLO

MADRID.- Durante cinco años, Michael Burleigh se machacó los sesos en el sótano de su casa, en el barrio londinense de Blackheath, mientras su mujer salía a trabajar para mantenerlo a él y al gato. «Me pasaba día tras día leyendo libros sobre el Tercer Reich. Podía haber usado tres vidas enteras, pero tuve que parar», explica el autor de El Tercer Reich. Una nueva historia, un tomo de casi 1.000 páginas recién traducido en España, dos años después de que apareciera en el Reino Unido.

Como en sus anteriores seis libros, éste dice que ha sido su móvil: «La curiosidad intelectual. Me gusta saber cosas». Pero el esfuerzo ha sido mayor: «En todos trabajo mucho, pero éste ha sido extenuante. Cubre toda Europa, y por eso es bastante inusual. Cuando uno cree que lo sabía todo sobre el Holocausto, va y descubre, por ejemplo, que la mayor masacre de judíos en un solo acto durante la II Guerra Mundial la llevó a cabo el Ejército de Rumanía, y no el alemán».

A Burleigh, bajo el calor de Madrid se le ve más blanco todavía, como si acabara de salir del bajo en cuestión frente a Canary Wharf. Desde allí, envuelto en el humo de sus continuos pitillos, dice que ha visto a la City expandirse casi a diario. Es un hombre tímido que se ruboriza cuando cree haber hecho una broma demasiado atrevida, la reencarnación humana de un ratón de biblioteca: doctorado en Historia medieval alemana, a los veintitantos se encerró en los archivos de Berlín y allí leyó y leyó hasta que decidió abandonar la Edad Media y trasladarse a la Moderna.

¿Por qué? «A través de la literatura me di cuenta de que el estudio de una época depende de quién lo hace y cuándo». De ahí salió el libro Germany Turns Eastwards: A Study of Ostforschung in the Third Reich. Una casualidad que luego le agradecerían muchos alemanes: «Como ex medievalista, no sabía mucho de la actual o la pasada generación de historiadores modernos de Alemania.De repente, caí en la cuenta de que eran hombres jóvenes en el nazismo que se habían convertido en máximos jefes de la profesión histórica sin que nadie lo pusiera de manifiesto».

Burleigh descubrió así un mal común a muchos países con pasados dictatoriales: «Ellos enseñaron a la actual generación de profesores, que resultó contaminada por esa enseñanza. A todo el mundo le gustó mi libro pero ¡nadie tuvo el valor de escribirlo!».

Abandonada la Edad Media, se lanzó al estudio de la eutanasia: «Me interesé por el afán del hombre por perfeccionar la raza humana». Se empapó de thrillers y le salió un estudio como una novela. El siguiente paso fue este libro, donde se ha dejado llevar por la «visión instintiva» de la literatura. Después de volver a Samuel Beckett, a Scott Fitzgerald y a George Orwell, ha creado una obra histórica con descripciones como la siguiente, imposibles de encontrar en este género: «La sonrisa de Hitler era como la de una mujer gorda de mediana edad que devora pasteles».

Burleigh se ríe. Parece que en él prevalece el fino humor británico sobre las pretensiones propias de su profesión de investigador en las más prestigiosas universidades del mundo: «La verdad es que conozco a una mujer gorda de mediana edad que devora pasteles, y su sonrisa me recuerda a la de Hitler. Y Hitler comía pasteles cada vez que podía». Durante la lectura, hay veces que las descripciones son tan detalladas que se llega a sentir cierto malestar en el estómago. Lo ha hecho adrede: «He intentado quitarle el glamour a esta gente. Y sin querer aparecer arrogante, lo que he querido es que después de este libro ya no queden ganas de leer otro sobre el mismo tema».

En dos palabras, su libro se centra en el racismo antisemita y en la idea del nacionalsocialismo como una religión política: «Es una obra complicada, porque provoca interés y es a la vez kitsch y seductora, como las bandas de heavy metal. Quiero que quede bien claro que esta gente era horrible: Hitler tenía halitosis y olía a sudor. ¡No era agradable estar a su lado!»

Uno de los mejores retratos psicológicos es el de Adolf Hitler: «El se veía como un artista transgresor y bohemio al que le era posible romper todas las reglas. Tenía en su cabeza un cliché del artista romántico del siglo XIX». La realidad: «Estaba traumatizado por su experiencia de lucha durante la I Guerra Mundial y por los cinco años que pasó después sumido en las pobrezas, saltando de una casa de acogida en otra».

Más que un historiador, Burleigh actúa como un periodista o un novelista que se fija en el último detalle, como la chaqueta azul de Hitler en esos años de necesidad. De tanto ponérsela, se estaba volviendo color violeta: «Me metí por completo en la historia. Por ejemplo, me leí de cabo a rabo los papeles que les daban a esos idiotas de las SS para que los ensayaran delante de un espejo y aprendieran a hablar en público».

Justo cuando estaba enterrado en el sótano de Blackheath, sus editores cayeron en la cuenta de que la gran obra del escocés Ian Kershaw sobre Hitler estaba a punto de salir. Se pusieron nerviosos. Le pidieron una biografía fast food ofreciéndole una gran suma de dinero: «Querían que la hiciera en 12 semanas. Yo lo consulté con mi mujer, ¡no fuera a ser que me tirara por la ventana por negarme a aceptar! Pero ella me apoyó. No se hacen libros en tres meses».

El esfuerzo ha valido la pena: ha vendido 70.000 ejemplares en tapa dura y otros 20.000 de bolsillo.
A Burleigh, la fama le trae sin cuidado, tanto como decir lo que se espera de él. Estos días de supuesto resurgir de la extrema derecha en Europa podría hacer grandes titulares alertando, por ejemplo, sobre un revival nazi en el Viejo Continente. Se niega: «No soy futurólogo y me pone enfermo que me hagan preguntas de ese tipo». Como mucho, acepta hacer un análisis más matizado: «A la izquierda europea le puede interesar hacerlo, pero no se puede poner en el mismo saco a [José María] Aznar, a [Edmund] Stoiber, a [Silvio] Berlusconi, a los conservadores ingleses, a Pim Fortuyn [líder holandés asesinado]. Hasta donde yo sé, éstos son todos líderes de centro derecha distinguidos y perfectamente respetables. Aznar es incluso un presidente brillante, un éxito.Y Fortuyn era como una especie de Evita Perón en homosexual y libertario que criticaba a los fundamentalistas islámicos porque para éstos los homosexuales eran cerdos. ¿En qué se parecen? En nada. Y [Gianfranco] Fini, y [Humberto] Bossi? En menos todavía».Concluye Burleigh, armado con el enésimo pitillo en un sofocante despacho del Instituto Británico en Madrid: «En Europa, no existe un resurgir de la extrema derecha como hace medio siglo. El populismo es un fenómeno político interesante que gusta mucho a los periodistas, pero hay que saber distinguir».

La misma reacción le produce el debate sobre un supuesto resurgir del antisemitismo en Europa: «He leído artículos al respecto en The Washington Post y en The New York Times. Y creo que tiene todo que ver con el conflicto palestino-israelí. La campaña mediática en Estados Unidos y en menor medida en la Unión Europea sobre un supuesto resurgir del tradicional y oculto antisemitismo europeo está destinada a neutralizar las críticas contra Israel, que son hoy más necesarias que nunca. Israel es un Estado como otro cualquiera, tan capaz de cometer crímenes contra la Humanidad».

-¿Habla usted así de claro respecto a Israel porque siente que tiene la autoridad moral tras haber escrito un libro así?
-No sé si tengo autoridad moral o no, pero sí puedo decirle que esto es exactamente lo que está pasando. Por tanto, lo digo.Ojo con el desmoronamiento moral de un pueblo, sea el que sea.Es como cuando la gente pretende que denuncie la xenofobia. Pues claro. Es como pedirme que diga que el cáncer es malo. Lo puedo hacer, pero eso no sirve para nada. Esta estúpida mentalidad antirracista no va a llevarnos a ninguna parte. Necesitamos debatir de forma inteligente y abierta sobre la inmigración, y necesitamos decir que hemos sido demasiado permisivos. Dejamos que haya líderes religiosos predicando el mal en nuestras ciudades y ni siquiera entendemos lo que están diciendo. Yo creo que si alguien está lo suficientemente loco como para querer vivir en un Estado maligno, se le debería de meter en el primer avión y que se vaya a vivir allí. En Londres hay tres personas [imanes] que están haciendo exactamente eso. Quiero decir: llega un punto en que tenemos que defender nuestra identidad cultural. Y mi identidad cultural no defiende amenazas culturales contra novelistas, como fue el caso de Salman Rushdie.

En su libro hay párrafos que hacen pensar en la situación en el País Vasco. Por ejemplo: «Este libro trata del colapso moral progresivo, y casi total, de una sociedad industrial avanzada en el corazón de Europa, donde muchos de sus ciudadanos abandonaron el peso de tener que pensar por sí mismos». Burleigh advierte de que no tiene suficiente información al respecto, pero que está muy sorprendido porque un periodista de televisión que acaba de entrevistarle en Madrid venía acompañado por dos guardaespaldas.

Quiere saber por qué los no nacionalistas han de ir protegidos en Euskadi: «En 1938, los nazis utilizaron a la rama fascista del IRA [Ejército Republicano Irlandés, en sus siglas en inglés] para hacerles llegar armas a los separatistas bretones. Por lo que he estudiado sobre ese tipo de nacionalismo, yo no desestimaría su potencial fascista. Por ejemplo, los bretones dijeron cosas como que 'no se mueva un músculo por los checos en Múnich' [acuerdo de septiembre de 1938 según el cual los primeros ministros Daladier y Chamberlain aceptaron el desmembramiento de Checoslovaquia para evitar la guerra con Alemania]. Eso no es agradable. Uno puede romantizar acerca de los nacionalistas, pero si se les da poder es como tener a un tirano en la parroquia».

¿Se puede llamar nazis a los jóvenes vascos que amedrentan a la sociedad con cócteles molotov? «Absolutamente. Yo creo que se pueden hacer muchas cosas interesantes con la terminología política. El Gobierno de izquierdas británico se unió a la guerra en Yugoslavia refiriéndose a [Slobodan] Milosevic como a un fascista.A ellos les convenía ignorar que Milosevic y su mujer fueron figuras centrales del Partido Socialista Serbio, pero que se habían vuelto fascistas. Me gusta la expresión 'nazis comunistas' o 'comunistas fascistas'. Creo que le viene al pelo a gente como Milosevic».

La histórica mente de Burleigh no para de dar vueltas. Estando en los bajos de Blackheath, una idea le llevó a otra. Del nacionalsocialismo como religión política pasó al estudio del papel de la política y la religión en Europa desde la Revolución Francesa. Ya está preparando ese otro libro: «¡Me encanta el reto de convertir en un éxito algo tan poco sexy como esa idea!». La palabra sexy le saca, una vez más los colores.

-¿Por qué personas normales, como los alemanes, tanto la elite como la masa que usted describe en su libro, se convirtieron en monstruos capaces de asesinar a 6 millones de seres humanos?

-Esa es la pregunta del millón. Hubo muchos factores, desde el crash del 29 hasta la humillación de Versalles. La respuesta amplia es porque perdieron su capacidad crítica como individuos.Pero quizá la respuesta más sencilla es porque para algunos, matar a escala industrial se convirtió, simple y llanamente, en otro trabajo. En cuanto lo haces dos veces, te acostumbras y es como si estuvieras trabajando en una fábrica de coches. www.anaromero.ws

Cargo: Investigador de las Universidades de Oxford y Stanford / 47 años / Formación: Doctorado en Historia medieval alemana / Credo: Liberal-democráta conservador / Aficiones: Coleccionar pintura moderna / Sueño: una casa en Francia y un barco en Nápoles

Del INEM paralelo a un sistema de cupo para las pensiones
I. L./BILBAO El Correo  29 Julio 2002

¿Qué margen de maniobra tiene el Gobierno vasco para asumir las transferencias pendientes si no llega a un acuerdo con el Ejecutivo central, sobre todo, cuando pretende gestionar competencias que no le son reconocidas ni por el Tribunal Constitucional? La pregunta está en el aire desde el ultimátum del Parlamento vasco. «Hay poco margen para la actuación unilateral y, desde luego, no lo hay para una actuación rápida que pueda desestabilizar», afirma desde el Ministerio de Administraciones Públicas Gabriel Elorriaga, interesado en lanzar un mensaje de tranquilidad a los vascos preocupados por el órdago lanzado. «El Gobierno es el garante de que no haya ni vacío ni desorden institucional, y tomará medidas adecuadas en cada caso cuando sea necesario», añade.

La Seguridad Social es una de las demandas del Gobierno vasco, a pesar de que el Tribunal Constitucional la declaró materia «intransferible» porque rompería la «caja única, la igualdad y la solidaridad» actuales, los tres principios que sustentan el sistema de protección social, como recuerda Gerardo Camps, secretario de Estado para la Seguridad Social. «Es inviable legal y económicamente montar una estructura paralela en las comunidades autónomas, y menos en Euskadi, donde hay más población envejecida», sostiene Camps, quien parte de la premisa de que los sistemas de Seguridad Social «no conocen de nacionalidades, sino de cotizaciones».

Distintos analistas consideran que los nacionalistas vascos son conscientes de esa inviabilidad, por lo que, en realidad, no pretenden asumir la Seguridad Social, sino conseguir del Estado un tratamiento para las cotizaciones y prestaciones sociales similar al sistema de Cupo aplicado a los impuestos.

Oficinas de empleo
El INEM es otra de las históricas reclamaciones del Gobierno autónomo, y una de las que permiten, al menos, sobre el papel, algún campo de actuación a Ibarretxe si lleva a efecto el ultimátum del Parlamento de asumir «por su cuenta y riesgo» las competencias exigidas.

De hecho, desde mediados de los 90, Euskadi cuenta ya con el Servicio Vasco de Colocación (Langai). Algunos analistas consideran que el Gobierno podría ampliar esa red a todos los municipios, invitando a los parados a apuntarse en ellas y animando a los empresarios, con medidas fiscales, a contratar a los inscritos en las oficinas vascas. El lehendakari se toparía con el recelo de los parados y la negativa de los empresarios, que, tras el acuerdo del Parlamento, anunciaron ya su rechazo a cualquier «incumplimiento de la ley». La medida tendría, sobre todo, un valor simbólico, aunque el Ejecutivo central no descarta que Ibarretxe adopte iniciativas de ese tipo a partir del otoño.

Las autonómicas pasan factura
De los 1.160 millones que gastan las televisiones regionales, un tercio procede del dinero público
R. G. GÓMEZ / S. ALCAIDE | Madrid El País  29 Julio 2002

A un espectador vasco la televisión autonómica le cuesta al año 45,26 euros. Un madrileño paga 11,19. Esta enorme diferencia es resultado del poco equitativo reparto del presupuesto de 1.160 millones de euros que consumirán este año los ocho entes públicos de radio y televisión autonómicos que operan en España. El coste no sólo varía en función de los habitantes de cada comunidad, sino que también depende de la gestión de los canales regionales.

Hay otros factores, como la lengua propia y el modelo de producción, que encarecen el coste anual por habitante. Por ejemplo, TV-3 tiene por costumbre doblar películas al catalán. Si a eso se añade que, por la obligación de servicio público, una gran parte de sus espacios de producción propia son difícilmente exportables -por su contenido localista o por la lengua-, el resultado es una televisión más cara. De ahí que los espectadores catalanes desembolsen cada año 33 euros, dos euros menos que sus vecinos valencianos.

En cambio, en otras cadenas, como Telemadrid o Canal Sur, el idioma juega a favor a la hora de intercambiar programas. Incluso hay casos en los que, para facilitarlo, el propio canal opta por la producción original en castellano. La valenciana Canal 9 exportó Tómbola a otros canales autonómicos gracias a su emisión en castellano y, esta misma temporada, el concurso La silla puede verse en Telemadrid, Canal Sur, ETB-2 (en castellano) y TV Canarias.

El modelo de financiación también separa a unas cadenas de otras. Los recursos que proceden de la publicidad son escasos y no cubren todo el presupuesto. Además, algunas compañías arrastran una fuerte deuda, mientras que en otras el déficit de explotación se cubre con aportaciones de los parlamentos autónomos.

'Las cuentas de 2001 de Telemadrid dibujan un panorama inquietante: caída de ingresos, aumento de gastos, aumento del endeudamiento y caída de la audiencia', señala el portavoz socialista de Hacienda y Presupuestos en la Asamblea madrileña, Adolfo Piñedo. Apoya su crítica en los datos de ese ejercicio, que arrojó pérdidas por importe de 6,98 millones de euros. 'Cosa que no ocurría desde 1995', añade.

Su TV regional le cuesta a cada vasco al año 45,26 euros. Un madrileño paga 11,19
La caída del mercado publicitario, que en 2001 ha sido del 7,7%, ha empeorado aún más las cuentas. La valenciana Canal 9 cerró el año con una deuda de 89,6 millones de euros, pero la aportación de la Generalitat Valenciana sólo cubre 2,2 millones. Quizás por eso, José Luis Olivas, cuya investidura como presidente de la Generalitat Valenciana se debate mañana, abordará en su primer discurso la privatización de la gestión de la radiotelevisión valenciana 'como acción de Gobierno'.

Ésta es una vieja aspiración de los dirigentes populares. Ya antes de convertirse en presidente de Galicia, Manuel Fraga estaba dispuesto a privatizar el canal autonómico gallego. Esgrimía como excusa el entonces 'escandaloso déficit' de 25,2 millones de euros. Pero tras cuatro legislaturas de poder popular, nada se ha movido en el ente gallego. La misma promesa lanzó Alberto Ruiz-Gallardón antes de convertirse en presidente de la Comunidad de Madrid. Hace dos años arrojó la primera piedra al anunciar la venta, mediante subasta, de Telemadrid.

Adolfo Piñedo considera que los presupuestos de 2003 de Telemadrid prevén una nueva caída de ingresos publicitarios del 11,8% respecto a 2002. Y un aumento de los gastos del 8%, con lo que la subvención a través del contrato-programa (aportación de la Comunidad como prestación de los espacios de servicio público) crecerá hasta los 67 millones de euros, frente a los 49,2 de este año. La cadena justifica este cambio de tendencia en el encarecimiento de los costes de producción y la caída del mercado publicitario.

La dura competencia de cadenas privadas generalistas ha hecho perder a las autonómicas una importante porción del pastel publicitario, que suele ser proporcional a la cuota de audiencia. Una de las que peor comportamiento ha tenido en el último año ha sido, precisamente, Telemadrid, que ha pasado de una cuota de 18,7% al 17%.

La portavoz socialista en la comisión de control de RTV Madrid, Alicia Acebes, apunta que esta caída es una consecuencia de 'los 41 cambios de programación que se han llevado a cabo en los últimos dos años'. En su opinión, 'la programación ha ido sin rumbo, sin objetivos concretos. La obsesión por imitar a las cadenas generalistas de ámbito nacional ha obligado a la audiencia a desplazarse. De los 31 programas nuevos, 22 han sufrido modificaciones. De ellos, 13 han desaparecido y 9 han cambiado sistemáticamente horas y días de emisión. El prime-time ha cambiado en 17 ocasiones, lo que impide crear hábitos de audiencia'. Acebes critica también la desaparición de formatos educativos como A saber y la proliferación de 'programas-basura como Flashback, Busco pareja, Esto no es un programa de culto o Armas de seducción'.

Un portavoz de Telemadrid subraya que el nuevo director general, Francisco Giménez Alemán, optó por suprimir Gente con chispa o Tómbola, pese a que aportaba 1,8 puntos de audiencia a la cadena. 'Creó programas de servicio público como Los cinco sentidos de la cultura o El círculo a primera hora', apunta. En cambio, la novel RTV Canarias se ha convertido en la televisión con más crecimento, un 40%. 'La próxima temporada confiamos en incrementar más la audiencia, porque comenzaremos a transmitir la Liga de fútbol', señala Francisco Moreno, director general de la autonómica canaria.

El panorama de las autonómicas está en proceso de cambio. El nuevo ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, prevé tener lista en primavera una Ley Audiovisual que presumiblemente incorporará la privatización de la gestión de los canales públicos regionales.

Las últimas del mando a distancia
Si el éxito en televisión se mide por audiencia, la cadena autonómica que más satisfecha puede sentirse es TV-3. La catalana es la única que logra lo que aparentemente debía ser lo más fácil, si se tiene en cuenta que los contenidos de estas televisiones están pensados para los espectadores de la región donde emiten: ser la primera opción en su comunidad. Ese detalle hizo que, la temporada pasada, la cadena catalana fuera la autonómica más vista, con un 21,8% de cuota de pantalla. 'La calidad de TV-3 es bastante buena y cumple la función de proporcionar normalidad lingüística', asegura el diputado socialista Joan Ferran. 'Y en cuanto a la pluralidad, está muy mejorada desde que se creó el Consejo del Audiovisual, que ejerce un control férreo de los contenidos y no sólo en cuanto al minutaje del tiempo que corresponde a cada uno'. Sin embargo, también hay críticas: 'Los problemas vienen no tanto por una manipulación burda, como en TVE, sino por omisión; se hace de una manera más sutil', añade. Lo habitual entre las autonómicas es que sean la cuarta opción de los espectadores en sus comunidades, por detrás de las televisiones generalistas, pero por encima de La 2. En Andalucía, donde Canal Sur tiene un 17,2% de audiencia, lo que más se ve es TVE-1, al igual que en Madrid (Telemadrid, 17%); Valencia (Canal 9, 18,2%) y Galicia (16,4%). Los vascos en cambio prefieren Tele 5 y dejan a su segunda cadena, ETB-2, en un 18,3%. En Canarias, donde la autonómica recoge un 9,6% de audiencia, lo que más gusta es Antena 3, y en Castilla-La Mancha, la cadena regional (4,8%) es la sexta opción de los televidentes de la comunidad, por debajo de La 2 e incluso de otra autonómica: Telemadrid (5,9%).

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