AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 29 Julio  2002
El Golpe de Estado del PNV
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 29 Julio 2002

Va en serio
EDITORIAL Libertad Digital  29 Julio 2002

Credo quia absurdum
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 29 Julio 2002

El PNV marca al párroco
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 29 Julio 2002

Curiosa teoría de Arzalluz
Ángel CRISTÓBAL MONTES  La Razón  29 Julio 2002

PRIVILEGIOS ACADÉMICOS PARA LOS PRESOS ETARRAS
Editorial El Mundo  29 Julio 2002

Vacío de autoridad
Editorial ABC  29 Julio 2002

La violencia según Gesto
AURELIO ARTETA  El Correo  29 Julio 2002

Jaime
IÑAKI EZKERRA/ La Razón  29 Julio 2002

Euskadi: voto y doscientos mil
VIRIATO  La Voz  29 Julio 2002

El 44% de los presos de ETA estudia en la UPV

JOSEAN IZARRA El Mundo 29 Julio 2002

De doctorado en la cárcel a profesor de la UPV
JOSEAN IZARRA El Mundo  29 Julio 2002

El párroco de Maruri oficia su primera misa desde que estalló la polémica con el Ayuntamiento
GUILLERMO MALAINA El Mundo  29 Julio 2002

Rouco Varela anuncia a un alto cargo del PP un documento sobre nacionalismo
JESÚS MOLINA ABC  29 Julio 2002

La perfidia
Luisa PALMA La Razón  29 Julio 2002

La rebelión de la minoría en la Iglesia vasca
M. ALONSO ABC  29 Julio 2002

El PP de Guecho acusa al PNV de permitir que el pregón fuera una «arenga» etarra
Redacción - Bilbao .- La Razón  29 Julio 2002
 

El Golpe de Estado del PNV
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 29 Julio 2002

La situación del País Vasco en el verano de 2002 se parece mucho a la de Cataluña en el de 1934: los nacionalistas llamados democráticos se aprestan a dar un Golpe de Estado supuestamente dirigido contra el Gobierno de Madrid pero en realidad encaminado a romper la legalidad constitucional y autonómica para convertirse en república independiente. Los “escamots” o paramilitares de “Estat Catalá” tienen un paralelismo más preocupante en la banda terrorista ETA, aliada estratégica del PNV, con quien ha suscrito el Pacto de Estella para crear un nuevo Estado tras romper las fronteras de España y Francia y que después de treinta años de crímenes es una banda terrorista mucho más peligrosa que aquel fascio uniformado de verde y acaudillado por Dencás.

Como entonces, una parte de la izquierda española, esencialmente el grupo hegemónico del PSOE, está dispuesta a colaborar en el golpe contra la legalidad constitucional. Los socialistas de Prieto y Largo Caballero se levantaron en armas contra el Gobierno y la II República, mientras Azaña y otros republicanos “moderados”, en rigor no menos sectarios que los socialistas, respaldaron el Golpe de Estado de Prieto y Companys. La razón estaba clara: habían perdido las elecciones y el Poder. ¿Quién puede dudar de que lo que mueve a González y Cebrián para respaldar la política rupturista del PNV es haber sido derrotados por la Derecha en las urnas?

Probablemente 1934 marca el punto de no retorno en la deslealtad nacional de la Izquierda española. Nadie puede dudar dónde habría estado Maragall en la Barcelona de entonces, porque está claramente alineado con el PNV en el Bilbao de ahora. El Partido Comunista, como entonces también, no vacila en aliarse con una extrema derecha clerical y racista para destruir un Estado-nación occidental y capitalista. Y, para que el paralelismo sea más llamativo, tampoco faltan medios de comunicación “progresistas” que, como en 1934, respaldan la legitimidad de cualquier medio de lucha contra el Gobierno legítimo porque es de derechas. Polanco es nuestro Echevarrieta.

El Gobierno de Lerroux venció a los golpistas nacionalistas y socialistas de 1934 mediante la represión policial y, donde fue preciso como en Asturias, la militar. Suspendió temporalmente el Estatuto de Autonomía de Cataluña pero no sacó las consecuencias necesarias de un enfrentamiento en el que ya no había posibilidad de pacto ni de vuelta al “statu quo”. De hecho, la victoria del Frente Popular en 1936 supuso la reivindicación de los golpistas de 1934 y, en consecuencia, la guerra civil. Los nacionalistas catalanes tuvieron entonces en el PSOE su gran aliado. Los socialistas de González y Polanco tienen hoy en el PNV y ETA, en la rebelión institucional del nacionalismo vasco, el aliado que creen preciso para echar a la Derecha del Poder. Nadie puede decir que los golpistas del 34 no avisaron. Nadie puede decir que los de 2002 no avisan. Sin embargo, como entonces, parece que ni el Gobierno de la Derecha ni la sociedad española es plenamente consciente de la gravedad del envite. Suspendamos aquí la rememoración. Pero más vale disponerse a una larga batalla de la que, como entonces, ni el final es seguro ni está clara la identidad del vencedor.

Va en serio
EDITORIAL Libertad Digital  29 Julio 2002

Arzalluz e Ibarretxe lo llevan anunciando desde hace más de un año en repetidas ocasiones: esta sería la legislatura en que la vía soberanista recibiría su impulso definitivo. El órdago del tripartito en materia competencial (el Gobierno vasco pretende asumir unilateralmente competencias que son exclusivas del Estado) y la amenaza de Azkarraga, Consejero vasco de justicia, el domingo de no acatar la inminente ilegalización de Batasuna son muestras evidentes de que no nos encontramos ante la enésima jeremiada que organizan los nacionalistas cuando es preciso arrancar alguna concesión al Gobierno central. Esta vez se trata de una estudiada declaración en rebeldía contra el orden constitucional que es el que, precisamente, hace posible que el País Vasco goce de unas cotas de autogobierno sólo comparables a las de los cantones de la Confederación Helvética.

Desde la Transición, PNV-EA y ETA-Batasuna han perseguido el mismo objetivo, la secesión, en una perfecta simbiosis. A Arzalluz “se le escapó” una vez que no conocía ningún proceso de autodeterminación en que no se diera la circunstancia de que, mientras unos negocian, otros se dedican a “dar leña”. La democracia española, al igual que sucedió con Hitler en Europa, ha cometido el error de no tomar en serio a Arzalluz cuando lanzaba sus proclamas racistas, xenófobas y secesionistas mientras el gobierno del PNV mostraba su cara más amable con Ardanza. Todo se achacaba a la necesidad del PNV –un partido "democrático y moderado"– de caldear el ambiente y subrayar las diferencias cuando había de por medio alguna convocatoria electoral.

Pero el asesinato de Miguel Ángel Blanco puso a ETA-Batasuna –e, indirectamente, al nacionalismo vasco– contra las cuerdas del rechazo social generalizado. Ya no era posible seguir jugando al “policía bueno” y el “policía malo”, porque el reo había adivinado su juego. Desde Estella, tanto PNV-EA como ETA-Batasuna participan y se apoyan mutuamente en la labor de depuración o anulación política de los vascos no nacionalistas sobre la base del miedo, del chantaje o, en última instancia, del asesinato. Lo único que les diferencia es que unos emplean los insultos, las amenazas y las pistolas y otros el Boletín Oficial. El exilio del director del Euskobarómetro y el acoso al párroco de Maruri por parte del propio consistorio son muestras palpables de la política de “limpieza étnica” –diseñada por el PNV-EA y ejecutada por ETA-Batasuna– previa a un futuro referéndum secesionista donde sólo quedará el voto nacionalista y el del miedo de los no nacionalistas que deberán convertirse a la nueva “religión” euskaldún, tal y como tuvieron que hacer los judíos españoles en el siglo XVI respecto del cristianismo.

El gobierno del PP no debería esperar a que el tripartito consume su amenaza de asumir competencias que no le corresponden o de no acatar la ilegalización de Batasuna. El documento aprobado por PNV, EA e IU en el Parlamento de Vitoria –que incluye a Navarra y el País Vasco-francés en su proyecto filonazi–, así como las declaraciones de Azkarraga, dispuesto a elaborar un marco jurídico-político propio donde tengan cabida los cómplices de los asesinos, serían ya materia suficiente para el Gobierno, tal y como prevé el Art. 155 de la Constitución, requiriera oficialmente de Ibarretxe el estricto cumplimiento de la legalidad vigente so pena de suspender el Estatuto de Autonomía. Es algo que habrá que hacer de todos modos –habida cuenta de que los nacionalistas vascos no piensan retroceder– y que serviría de aviso al prudente (pero no menos nacionalista) Pujol, quien aguarda desde la distancia el desenlace de los acontecimientos para obrar en consecuencia.

'Credo quia absurdum'
ÁLVARO DELGADO-GAL El País 29 Julio 2002

Agosto señala el fin del columnismo opinante. De modo que aprovecho mi último cartucho para volver sobre lo más importante, acaso, de la temporada: la confirmación de que el PNV quiere levantar el tenderete e irse del tinglado constitucional. La noticia, claro está, es mala. Pero de lo malo se puede sacar algún provecho, o por lo menos, alguna enseñanza. La trayectoria del PNV ha sido accidentada. Unas veces, estaba próximo. Otras, hacía un jeribeque y casi se perdía de vista. El espectáculo nos tenía a todos con el corazón en vilo, y vacilantes entre la melancolía, y la esperanza de que las cosas se ajustasen y enquiciaran. En el trance, hemos jugado con las palabras. Esto es, las hemos adulterado con el fin de que el recado que transmitían pareciese menos malo. Es hora de que devolvamos a las palabras su peso original. Si no, nos haremos un lío, que es lo que conviene menos a todo el mundo, el PNV incluido. Haré un inventario brevísimo de los razonamientos falsos, o paralogismos, que han infundido un aura fantástica, fantasmal, al discurso dominante sobre el País Vasco.

Paralogismo número uno. La situación vasca se ha agravado por el choque de dos obstinaciones contrarias y simétricas: la peneuvista y la popular. El error, aquí, reside en la elección de los términos contrapuestos. Ya que lo decisivo no ha sido la obstinación en sí, sino los valores que protegía. Mientras el PP -y el PSOE- se obstinaban en defender el pluralismo estatutario, el PNV se obstinaba en promover la causa nacionalista, y por nacionalista, antipluralista. Es posible que haya existido falta de tacto, o de cintura, en muchos constitucionalistas. Pero la idea de que convenía buscar un punto medio ha sido fundamentalmente confusa. Los equidistantes, con la mejor fe del mundo, han instado a concesiones que, dadas las circunstancias, sólo podían ser de fondo y no de forma. No digo con esto que sea monstruoso proponer un nuevo orden civil. Ahora bien, es imprudente poner en marcha los mecanismos de un nuevo orden civil si no se sabe que se va a eso, a un nuevo orden civil. El equívoco nos ha hecho perder un tiempo considerable.

Segundo paralogismo: listas de concentración democrática contra los violentos. Ha sido la propuesta reciente del PSE, formulada en circunstancias trágicas. Los partidos democráticos se unen formalmente con dos propósitos: o el de derrotar en las urnas a partidos antisistema (tal ha sucedido, hace poco, en Francia), o el de respaldar acciones de gobierno excepcionales. Pero no se unen para no hacer nada después, o para oponer candidatos a balas. La idea de que existe una convergencia democrática donde, de hecho, no la hay, e invocarla aún a sabiendas de que no tendrá consecuencias ejecutivas, revela hasta qué punto andan revueltos los conceptos en todo cuanto se refiere a las tres provincias.

Tercer paralogismo: el PNV es un partido democrático normal. Según... Sí, en la medida en que, alcanzada la independencia por el País Vasco, y normalizado éste en clave nacionalista, el PNV respetaría los derechos individuales y se ajustaría a las normas exigibles de cualquier país con aspiraciones a integrarse en Europa. Y no, porque los derechos individuales no son ahora prioritarios para el PNV. La prioridad del PNV es que prospere el derecho colectivo de los vascos -afines- a actualizar una esencia histórica incompatible, por las trazas, con la vinculación al resto de España. No le demos a esto más importancia de la que tiene, ni le quitemos la mucha que de hecho tiene. Los nacionalismos emergentes, es decir, con la voluntad de fraguar en Estados, incluyen a unos individuos y excluyen a otros, y no pueden tratar a los segundos como a los primeros. Cuando los desiguales son pocos, se vulneran derechos, pero no tiembla la tierra. Si los desiguales son la mitad, el asunto se pone verdaderamente feo. Que es en lo que estamos, por desgracia. Por supuesto, uno puede empeñarse en creer que no está en lo que está. La creencia es incoercible, y nada impide, en el límite, acogerse a la fórmula de Tertuliano: credo quia absurdum. Creo, porque es absurdo. Las letras, sin embargo, vencen antes en política que en teología.

El PNV marca al párroco
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 29 Julio 2002

Jaime Larrinaga, párroco de Maruri, ha solicitado protección policial. El Ayuntamiento de la localidad vizcaína, gobernado por el PNV, había remitido una carta a los vecinos en la que acusaba al sacerdote de ser nostálgico del franquismo y le reprochaba el no haber defendido las libertades y el vascuence durante el régimen anterior. Ya es anómalo que un Consistorio alerte a los vecinos contra uno de ellos. En la situación de degradación filonazi que vive el País Vasco, más que anómalo, es perverso.

En el fondo, el reproche de los irresponsables del gobierno municipal es otro: el párroco es un notorio defensor de las víctimas de ETA. Como en la Alemania de los treinta, queda marcado con el estigma. Entonces consistía en ser judío o gitano. Ahora, en no ser nacionalista o en defender a los inocentes. La miseria totalitaria es la misma.

El nacionalismo vasco, que, en buena lógica nacionalista, valga la contradicción, debería defender a todos los vascos, establece una nítida línea divisoria. Más que un partido nacionalista vasco, es el partido de los vascos nacionalistas. Pero se da la circunstancia de que tan vascos son unos como otros. Por lo tanto, el nacionalismo vasco segrega, oprime y excluye, al menos, a la mitad de los vascos. Pero pretende, en una sinécdoque totalitaria, hablar en nombre de todos. La consecuencia de la marca totalitaria es que el cura de Maruri ya necesita guardaespaldas. Otro síntoma más de la normalidad vascongada. En lugar de garantizar los derechos y libertades de todos los ciudadanos, el PNV publica libelos municipales y estigmatiza a quienes piensan por cuenta propia o se limitan a aplicar las enseñanzas religiosas y morales que profesan. Uno podría entender, aunque, por supuesto, condenar, que la mano que señalara a Larrinaga fuera la de ETA. Que el dedo pertenezca al PNV proclama la índole moral de su propietario.

Dicen que al serle preguntada su opinión al obispo de Bilbao, sólo pudo obtenerse el silencio. Nada que decir. Un obispo no tenía nada que decir ante el hecho de que un párroco de su diócesis se vea obligado a pedir protección policial. Al parecer, la eventual ilegalización de Batasuna obligaba a torrentes verbales pastorales, pero un cura amenazado sólo merecía el silencio. No hay que entrar en política. Lo de Dios a Dios, y lo del César nacionalista al César nacionalista. Menos mal que Jaime Larrinaga ha aclarado que el obispo, que estaba en Canadá con el Papa, le llamó y le ofreció «apoyo total». El País Vasco es un lugar tan católico y normal que el párroco de Maruri ya lleva guardaespaldas. Bienaventurados los que sufren persecución por causa de la justicia.

Curiosa teoría de Arzalluz
Ángel CRISTÓBAL MONTES es catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza La Razón  29 Julio 2002

Descubrir a estas alturas que el PNV es un partido nacionalista democrático de largo aliento, con contrastada voluntad de pacto (pacta hasta con sus escindidos) y que en las fibras más íntimas de su ser anida el pálpito independentista, no constituye novedad alguna ni supone en sí algo reprobable. «Cada cosa es lo que es, y no otra cosa», decía a la manera socrática Joseph Butler, y el PNV, desde siempre, es lo que es, y así debe ser aceptado y respetado.
 
La grandeza de la democracia reside en que mientras se reconozcan unas elementales «reglas del juego» y no se conspire para su destrucción por medios violentos, todo es aceptable, todo es lícito, todo debe ser consentido, porque en ello, precisamente, reside el «espíritu de libertad» que la alimenta y presta sentido. Claro que, a veces, el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, parece no entender estas elementalidades y exterioriza pensamientos que escaso bien hacen a su partido y de menguada manera trabajan para su tierra vasca.

Así, ha dicho hace unas fechas: «En las pasadas elecciones (las autonómicas de 13 de mayo de 2001) se quiso quitar expresamente el poder a los nacionalistas vascos». Si el pensamiento no encerrara importantes grados de confusión, malicia e ignorancia, no pasaría de ser otra cosa que simple sinsentido o paradoja, porque ¿para qué sirven las elecciones en democracia sino para intentar desalojar del poder a quien lo ocupa, precisamente, mediante otras elecciones? «El único sistema descubierto hasta ahora por el hombre que permite a los pueblos desembarazarse de sus gobiernos sin derramamiento de sangre», como dice Popper.

Pero hay algo más, porque en tales palabras alienta una convicción, un prejuicio que atenta de manera directa contra el modo democrático de ver las cosas, y un nivel de determinismo político, de mesianismo, que trastorna el orden natural de las mismas. Y es que el nacionalismo tribalista, periférico o menor, aunque pueda ser democrático y hasta moderado, tiene unos genes y encierra unas exigencias que no son de fácil engarce con los postulados del gobierno libre, rotativo y limitado de los pueblos. Son partidos de opción territorial que representan (o aspiran representar) a todo el pueblo y creen constituyen el vehículo natural de expresión de los anhelos del mismo; por ello, tienen vocación de partido único y no aciertan a verse fuera de las tareas gubernamentales.

Así, se entienden mejor las palabras de Arzalluz. Las fuerzas no nacionalistas intentaron desplazar del gobierno a los nacionalistas, pretendieron ganar las elecciones con ese propósito, quisieron «quitar» el poder al PNV, como si ello no fuera el cometido normal de toda oposición que se precie y como si ello no constituyera el ejercicio natural y obligado del procedimiento político democrático: «alternancia de gobierno y oposición son las características esenciales de los buenos gobiernos representativos», dice la voz sabia de Bobbio.
 
Pues no, en Euskadi, ex definitione, quien no tenga la condición de nacionalista no puede-debe aspirar a ganar las elecciones, ni puede-debe contemplar entre sus objetivos políticos el desplazamiento gubernamental de los nacionalistas, porque ello trastornaría el universo vasco, rompería el equilibrio natural de las cosas y supondría tamaña traición a la sustancia de la tierra.

Insólito y anómalo planteamiento. Pero los recovecos, los pliegues ideológicos del alma político de Arzalluz encierran más todavía, porque parece que lo que más sorprende e irrita al presidente del PNV no es que los partidos no nacionalistas pretendieran «quitar» (o robar) el poder a los nacionalistas, sino que lo quieran «expresamente», que no lo escondan ni disimulen, que no se anden con tapujos o tergiversaciones, sino que de manera directa y tajante pidan el voto para desplazar del Gobierno al Partido Nacionalista Vasco, algo, a su modo de ver, profundamente perverso, provocador, obsceno y casi sacrílego, Arzalluz debería leer al maestro Sartori cuando escribe que «si contamos con una mayoría que no puede convertirse en minoría, no estamos tratando ya de mayoría democrática».

PRIVILEGIOS ACADÉMICOS PARA LOS PRESOS ETARRAS
Editorial El Mundo  29 Julio 2002

El 44% de los presos de ETA estudian una carrera universitaria a través del centro de Bergara de la UNED en la UPV, la Universidad Pública del País Vasco. Nada habría que objetar a un número tan elevado de matriculaciones en carreras como Historia, Filosofía, Psicología, Periodismo, Derecho, Relaciones Laborales y Política y Sociología. Son titulaciones en las que saben que sus profesores no tendrán ningún reparo en aprobarles sin ningún requisito.

El afán de aprender de un número tan elevado de presos etarras es encomiable. De hecho sólo el 2% de los reclusos en España se acogen al sistema de estudios a distancia para conseguir un nivel cultural más elevado.

Lo que ya no es razonable es que los presos etarras utilicen privilegios que les hagan conseguir titulaciones pudiendo elegir a profesores afines a la causa radical o saltándose los exigibles exámenes, ineludibles para el resto de los estudiantes. No es de recibo licenciarse amparándose en el amiguismo o, en los casos de asignaturas con profesores menos abertzales, valiéndose de la pura y simple coacción bajo veladas amenazas en visitas que aconsejan a los docentes la nota adecuada.

Y es que en la Universidad del País Vasco llueve sobre mojado.

Debemos recordar el caso de Edurne Uriarte, desposeída injustamente, como demostró una sentencia del juzgado de lo Contencioso de Bilbao, de una cátedra a raíz del recurso del ex dirigente de HB Francisco Letamendía, o la protección armada imprescindible que sufren muchos profesores no nacionalistas, las pintadas amenazadoras en el campus o el exilio del catedrático Francisco Llera ante lo que él mismo calificó de «linchamiento nacionalista». Son éstos sólo unos cuantos ejemplos que ilustran el talante que se vive en la UPV y al que hay que añadir ahora el caso de las titulaciones amañadas.

El trato privilegiado a los 195 presos condenados por actividades terroristas es, por otra parte, una afrenta hacia los demás estudiantes de la UPV y, por supuesto, hacia el resto de los universitarios españoles.

Manuel Montero, rector de la UPV, ha dado muestras de que comienza a adaptarse a la intolerancia radical. La tibieza en el caso Uriarte fue manifiesta. Ahora tiene que dar explicaciones y cortar lo que a todas luces es un despropósito. Los presos deben estudiar en igualdad de condiciones y el miedo no debe regalar titulaciones.

Vacío de autoridad
Editorial ABC  29 Julio 2002

En los últimos dos años, la jerarquía católica ha tenido motivos suficientes para darse cuenta de que su engarce con la sociedad española no es satisfactorio. La causa no es tanto un problema de adecuación del mensaje pastoral a los tiempos que corren, ni de capacidad de relación con los fieles, ni siquiera de gestión de sus recursos humanos y materiales, aunque sobre esto último haya habido algún episodio polémico. Todo esto pertenece a la normalidad histórica de la Iglesia en el mundo. El problema está centrado en el funcionamiento interno y externo de la Conferencia Episcopal como institución que vive y se desenvuelve en una concreta sociedad gravada por unos determinados problemas. Una sociedad que se declara mayoritariamente católica y que, por tanto, puede aspirar a que la institución que representa a la jerarquía eclesiástica esté bien dispuesta para responder a las polémicas con prontitud y convicción y para articular desde la cúspide mensajes coherentes y unitarios. Sin embargo, los momentos de tensión vividos últimamente demuestran que falta la autoridad suficiente para trabar una opinión eclesiástica solvente sobre cuestiones que nada tienen que ver con la doctrina de la Iglesia, sobre la que ésta tiene todo el derecho a pronunciarse libre y públicamente; pero sí tienen que ver con la convivencia de la Iglesia con una opinión y unos poderes públicos que piden respuestas para problemas políticos y sociales.

Si ha habido casos en los que la Conferencia ha actuado de forma unívoca, porque afectaba a intereses muy directos de la Iglesia -su crédito en el manejo de los fondos o su legitimación para elegir a los profesores idóneos para impartir clases de Religión-, en otras cuestiones se ha desvelado un preocupante vacío de autoridad, que afecta directamente a su papel como interlocutor con la sociedad y los poderes públicos. El problema vasco ha sido el máximo exponente de la fragmentación del mensaje de la jerarquía y de la ausencia de resortes internos de autoridad para tomar posiciones institucionales. La carta pastoral de los cuatro prelados vascos sobre la situación en el País Vasco puso de manifiesto la grave incongruencia de que un asunto que afectaba a toda la sociedad española -las víctimas, el terrorismo, el nacionalismo, la ley de Partidos-, fuera abordado unilateralmente por los obispos de las tres diócesis vascas, y con argumentos de origen nacionalista. Si la reacción posterior de la Conferencia hubiera enmendado la situación, la crisis habría sido intensa pero de menor alcance. Pero esa reacción no sólo fue inicialmente tímida -aunque esperanzadora- sino que pasó a una posición oficial de respaldo a los prelados vascos y de rechazo a las críticas. La situación no ha mejorado. Las sorprendentes loas del obispo de Guadalajara al presidente del PNV, Xavier Arzalluz, y el silencio plomizo de la Conferencia sobre el párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, han ensombrecido una situación en la que aún están pendientes las rectificaciones y aclaraciones que merece la carta de los prelados. Que éstos sean soberanos en el ejercicio de su función pastoral no quiere decir que todo lo que hagan o digan responda a esa función y, por eso, sobre aquello que la exceda, la Conferencia debe asumir la responsabilidad de mostrar su opinión sin tics corporativistas ni reacciones a la defensiva. La posibilidad de que la Conferencia publique un documento sobre el nacionalismo abre la puerta a un definitivo cierre de polémicas y enfrentamientos, en los que no sólo los obispos han cometido errores. También aquellos que han querido ver más de lo que realmente había o intenciones distintas de las que se reconocían. Y lo que se ha visto y se ha intentado ya era de por sí suficientemente grave.

La violencia según Gesto
AURELIO ARTETA /CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV/EHU El Correo  29 Julio 2002

Mucho me temo que la debilidad argumental de las réplicas (?) a mis dos entregas sobre Gesto por la Paz no hace sino confirmar la hipótesis de partida: que nuestra tragedia pervive no sólo por la barbarie de los contrarios, sino gracias asimismo al desarme teórico y confusión política de bastantes de los nuestros. ¿Tan difícil resulta siquiera el tomarla en cuenta? El escrito en el que me baso (A. R. Gómez Moral, Contra todas las muertes . Bake Hitzak , 42) ya reconocía que el terror no sólo origina la descomposición moral de quien lo ejerce o justifica, sino que «también supone una amenaza constante a la firmeza de los valores humanos y democráticos de quienes lo sufren». ¿Acaso esa Coordinadora es inmune a tal amenaza? Claro que no y, dejando para otro día la respuesta a mis críticos, proseguiré la tarea de probarlo. Esta vez le toca el turno a su reflexión sobre la violencia.

Tras dejar mal sentado el valor supremo de la existencia humana para Gesto, añade Ana Rosa Gómez Moral que «eso no es obstáculo para que, a la vez, rechace sin paliativos todo tipo de violencia». Más bien se diría que, lejos de obstaculizarlo, lo segundo se deduce inmediatamente de lo primero. Pero, retóricas aparte y a estas alturas del horror, ¿todavía cabe rechazar todo tipo de violencia, es decir, lo mismo la física que la moral, la armada como la desarmada, la del maestro sobre el discípulo o la del asesino sobre su víctima, la terrorista que la antiterrorista? ¿De verdad se ha de condenar la violencia sin paliativos , o sea, sin que la defensiva goce de la menor excusa respecto de la ofensiva, o la pública de la privada? Así parece. Que no se analicen las raíces particulares de nuestra violencia, ni la ideología que la alimenta, ni los objetivos a cuyo servicio se pone. Que no se mida la responsabilidad de un nacionalismo étnico como el vasco. Sobra matizar el juicio de valor: sencillamente, todas son iguales y no hay violencia legítima alguna. Lo que viene a significar, claro está, que tampoco hay lugar para la política: pues ésta nace de la violencia siempre latente en los grupos humanos, tiene como primera función el prevenirla y hace de ella su instrumento más propio.

En medio de este limbo de los justos, la autora no duda en sostener que «estar en contra de la violencia significa estar en contra de todos sus resultados y, por tanto, ninguna muerte es buena y necesaria». Lástima que tan solemne declaración implique enseguida renunciar a vivir, porque tanto sufrimos los desastres de la violencia pasada y presente como disfrutamos de sus incontables beneficios. Y es que del mal no siempre resulta el mal, ni del bien sale por sistema el bien. De otro modo, el cristiano renegaría de la muerte de su Redentor, aunque tal muerte le asegure su vida eterna, y el ciudadano honesto habría de protestar contra la fuerza del criminal así como de la del policía sobre ese criminal, por más que esta última le salve la cartera o la vida. Desde aquella premisa lo mismo deploraríamos el violentar que el ser violentados, ya ven. Sólo que, por lamentable que sea, hay muertes (violentas, se entiende) buenas y necesarias: cuando resultan la única o la última instancia para preservar la vida y los derechos fundamentales amenazados.

Pero aquí reina el angelismo más insustancial: «En el fondo de esta concepción subyace la idea de que nadie merece la muerte, ni siquiera quienes están en disposición de arrebatársela a los demás». También yo creo que ningún hombre, hasta el más abyecto, merece la muerte; ni siquiera la natural. Una buena parte de la Humanidad ha decidido librarse de este rastro de inhumanidad y hoy casi todos los códigos civilizados excluyen la pena capital. En vez de privarle de su vida, al enemigo público le coartamos su libertad de movimientos para que no atente contra la vida y libertad de nadie más. Pero una cosa es instruirle un proceso con todas las garantías judiciales y no darle muerte después de que el criminal haya matado, y otra diferente impedirle por todos los medios (incluido el que conlleva riesgo de que muera) que llegue a cumplir su pregonado propósito de matar. De no ser así, ¿cómo protegernos de quienes maquinan acabar con nuestra vida o libertad ciudadana?

A lo que parece, mediante el recurso a la persuasión moral. Pues ha de saberse que Gesto dirige una «apelación constante a la humanidad de quienes ejercen la violencia como una forma de recuperarlos para la convivencia y para que ellos también reconozcan la humanidad ajena». Eso está bien, y algunos llevamos muchos años invocando públicamente tal humanidad y ofreciendo a los asesinos convincentes razones para que abandonen su siniestro oficio. Pero siempre hemos sabido también que, por si acaso no bastara, semejante labor disuasoria sólo debe empezar una vez que su destinatario haya sido detenido, juzgado, condenado y encarcelado. «Con guerreros de la fe -escribió Max Weber- no se puede pactar la paz; lo único que se puede hacer con ellos es neutralizarlos». Y, puesto que van armados y dispuestos a armarla, no cabe neutralizarlos con consejos ni avemarías, sino con una violencia proporcional.

Ésa será la violencia del Estado, plenamente legítima cuando es legal y su legalidad es democrática. Tal debía haber sido la lección básica desde el principio. Pero hete aquí que sólo al final de su artículo, y en flagrante contradicción con sus tesis anteriores, Ana Rosa Gómez Moral deja caer lo justo de luchar «contra la violencia que esté fuera de los límites del Estado de derecho». Entonces, ¿a qué carta nos quedaremos? Pues si prevalece esta convicción de ser justa la violencia conforme a la ley, entonces ciertas muertes sobrevenidas -la de quienes se aprestaban a matar contra todo derecho- serán, si no en absoluto buenas, al menos convenientes para la sociedad. Más aún, este Estado de derecho no sólo marca los límites estrictos de la violencia legal, sino que representa él mismo un ideal político que habrá que conquistar y defender, si preciso fuera, por la fuerza. Miren por dónde la salvaguarda de ese Estado (y tanto más cuanto más social y democrático de derecho) encarna una causa a la que merece dedicar la vida y califica de modo moralmente opuesto a los caídos por defenderla o por tratar de derribarla. En definitiva, si no he comprendido mal, todo lo contrario de lo que esta destacada miembro de Gesto proclama. Pero como cale el insistente mensaje contrario (y es el caso más frecuente) de que no hay violencia alguna legítima, entonces tampoco la del Estado de derecho o, a lo sumo, con enormes reservas. ¿Quieren decirme si esta ambigüedad culpable nos fortalece a la hora de enfrentarnos al terror organizado?

A mi entender el problema nace de la voluntad, indebida e inútil, de sustituir la política por la moral. Lo que es más grave: por una moral que a lo mejor vale para la comunión de los santos, pero no para la comunidad de ciudadanos y menos aún para esta sociedad vasca acobardada y en ruina. El pacifista o el mártir pueden mostrar al agresor común la otra mejilla, si ello les place, y satisfacer su propia conciencia; pero lo probable es que así malogren o retarden la salvación colectiva. Por eso, con vistas a una paz justa, ¿no habrá llegado el momento de recomponer el Gesto?

Jaime
IÑAKI EZKERRA/ La Razón  29 Julio 2002

No hay más que verle para percatarse de su talla humana, su bondad y sencillez. Eso es lo que no miente, lo que no pueden ocultar las cámaras ni las calumnias de sus acosadores. Es esa bondad natural de Jaime Larrinaga la que le ha llevado a ponerse del lado de las víctimas y los amenazados. Es esa sencillez suya la que le ha hecho ser un párroco querido durante treinta años en Maruri. Hasta que alguien decidió que había que hacerle la vida difícil y ponerle en la diana de ETA; hasta que unas personas muy concretas han incurrido, para intimidarlo, en su grave uso de los fondos públicos y en un inadmisible abuso de poder que despiertan la indignación y la consternación de todos los vascos demócratas y cabales.

No es que antes Jaime no corriera peligro. Es que ahora ese peligro se ha concretado en un dictamen municipal que, en nuestras circunstancias, puede ser una sentencia de muerte. Una cosa es que un alcalde discrepe en privado o en público con un párroco y otra distinta es que utilice el ayuntamiento, los caudales y el sello consistoriales para señalarle en una tierra donde hay una banda que asesina. No saber distinguir una cosa de otra es no saber distinguir la discrepancia normal del linchamiento oficial, la discusión de la estigmatización, la democracia de la dictadura. Quien así ha actuado intenta respaldarse tras el nombre de ese pueblo, pero es él solo quien ha manchado ese nombre y lo ha vuelto tristemente famoso.

Yo creo que en Maruri hay gente muy buena pero asustada que no se atreve a hablar ni a votar libremente. Es ese miedo lo que ha evidenciado este bochornoso episodio. ¿Cómo va a haber un paisano que le lleve la contraria a esa corporación sabiendo lo que es capaz de hacerle al cura? ¡Cualquiera se anima a abrir allí la boca sabiendo cómo se las gastan esos, cómo tiran del padrón y del arcón municipales! Yo creo que en el PNV y en EA tiene que quedar todavía alguien con un poco de sensatez que no se obstine en defender lo indefendible. ¿Pero es que no va a haber nadie en esos partidos que le saque la cara a este hombre al que se le ha señalado de un modo tan bajo e insultante? ¿Es que no hay nadie ahí que dé un puñetazo en la mesa y le pare los pies a esa gente y le diga que esto no puede ser, que no se puede construir una sociedad así?

Viendo a Jaime, a esa maravillosa persona que ahora tiene que ir con escolta, a mi amigo, y viéndoles a ellos, tengo claro qué sociedad quiero. Viendo a ese lujo de párroco pienso que Dios debería existir sólo porque existen seres como Jaime.

Euskadi: voto y doscientos mil
VIRIATO  La Voz  29 Julio 2002

DOSCIENTOS MIL vascos han abandonado Euskadi desde 1985 por la presión de los independentistas y de los pistoleros de la banda terrorista ETA.

Doscientos mil se han ido de la tierra que les vio nacer, del solar de sus antepasados, del de sus hijos.

Doscientos mil que no aguantaron más el acoso de los fanáticos, el vacío de los indiferentes y el silencio de los cobardes.

Doscientos mil que han hecho las maletas al alba, cuando en los verdes valles y en las luminosas costas se recorta su perfil, o en las primeras sombras del tramonto, al abrigo de delatores, para iniciar un exilio forzoso del almiar al que abrieron sus ojos.

Doscientos mil tras soportar insultos, pintadas, oquedad de vecinos, mudez de gallinas, miradas inamistosas; atentados al vehículo, a la casa, al negocio.

Libertad
Doscientos mil vascos, españoles que no quisieron mirar para otro lado cuando vieron que en su tierra perdían la libertad.

La libertad de ideas, la libertad de pensamiento, la libertad de expresión, la libertad de asociación, la libertad de sonreír, la libertad de movimiento. La libertad de ir y venir sin mirar atrás o debajo.

Doscientos mil Lleras, Portillos, Echevarrías, Azurmendis, Imanoles, Juaristis, Orioles, Bergareches, .... Doscientos mil.

Técnica nacionalista
Una inmensa caravana de inteligencia. Una diáspora como no ha conocido España desde la Guerra Civil. Es la técnica de los nacionalistas-independentistas para que se queden sólo los que van a decir «sí» al referéndum.

Los demócratas, los amantes de la libertad, deben impedirlo. A grandes males, grandes remedios. Igual que se ha hecho la Ley de Partidos Políticos para que los jueces puedan declarar ilegales aquellas formaciones que sean parte de bandas terroristas, hágase ahora otra para que los doscientos mil exiliados a otras partes de España puedan seguir votando en los municipios que se vieron obligados a abandonar.

Es otra manera de poner dique a los nazis y a sus compañeros de la pintada, la trilita y la metralleta.


TERRORISMO Y UNIVERSIDAD / Muchos etarras son aprobados sin hacer exámenes tras encargárseles trabajos académicos / Se apuntan a disciplinas cuyos departamentos controlan profesores cercanos al nacionalismo radical
El 44% de los presos de ETA estudia en la UPV
JOSEAN IZARRA El Mundo 29 Julio 2002

VITORIA.- Casi la mitad de los etarras encarcelados en prisiones españolas se encuentra matriculado en estudios que imparte la Universidad del País Vasco (UPV). Y muchos de ellos aprueban sin tener que pasar ningún examen.

Destacados dirigentes etarras, colaboradores e incluso sanguinarios pistoleros cursan sus estudios desde las cárceles dirigidos por profesores de las facultades integradas en la institución que preside Manuel Montero.

Según fuentes universitarias, 195 etarras aprovechan la existencia de un convenio suscrito por la Universidad vasca y el centro de Bergara de la Universidad a Distancia (UNED), que convierte a la UPV en la única institución académica autonómica que imparte un servicio específico a los reclusos.

El 44,3% de los 440 presos de ETA encarcelados se matricularon durante el pasado curso. Este elevado porcentaje -en el curso de acceso a la universidad o en diferentes carreras- choca con el del resto de internos universitarios, que no alcanza, en el mejor de los casos, el 2%, frente a índices de analfabetismo cercanos al 10%.

Pero la sorprendente cualificación académica del colectivo de presos etarras escapa del sistema habitual utilizado por los reclusos que recurren a la UNED. Ni uno solo de estos dos centenares de etarras se ha matriculado a través de ella, sino que todos ellos son dirigidos, tutelados y aprobados por profesores de la UPV.

Este trato privilegiado constituye no sólo un agravio para el resto de los reclusos, sino también para los propios alumnos de la UPV. El debate abierto en la institución universitaria, no sobre el derecho de los presos a formarse académicamente, sino sobre el procedimiento para que estos reclusos realicen sus estudios, se ha reproducido reiteradamente y ha obligado al rector, presionado por organizaciones sindicales próximas a Batasuna, a salir en defensa de la situación actual de los presos de ETA.

Algunos docentes recuerdan la decisión -en 1995- de la UPV de articular una línea telefónica especial entre el dirigente de ETA, Eugenio Etxebeste Antxon y su tutor en la Facultad de Biológicas para que Etxebeste continuara sus estudios desde la República Dominicana. La UPV mantiene un acuerdo, firmado en diciembre 1988 y prorrogado año a año, con el centro de Bergara de la UNED.A cambio de una contraprestación económica, éste se compromete a desarrollar «las funciones de cobertura administrativa y de apoyo a la docencia de los alumnos de la UPV reclusos en centros dependientes de Instituciones Penitenciarias».

El Ministerio del Interior comunicó el pasado 8 de abril al rector de la UPV la suspensión de la atención directa de los tutores, que se realizaba en diciembre y abril de cada curso escolar, y que suponía el traslado de los profesores de la UPV a los recintos carcelarios. La decisión de Instituciones Penitenciarias incluía la sustitución de estas tutorías personales por consultas por escrito e, incluso, la autorización de encuentros directos con los alumnos cuando se justificaran con razones concretas.

Según ha podido saber EL MUNDO, el colectivo de presos de ETA se decanta por matricularse en media docena de facultades conformadas por departamentos controlados por docentes cercanos ideológicamente al nacionalismo radical. Además de la treintena de reclusos de ETA que, el curso pasado, realizó el curso de acceso a la Universidad, los presos etarras se decantaron por carreras como Historia, Filosofía, Psicología, Periodismo, Derecho, Relaciones Laborales y Política y Sociología.

«La elección de sus estudios no es casual. Forman grupos en cada cárcel y eligen las mismas carreras en las que saben que los profesores no tendrán ningún problema en aprobarles sin ningún requisito», señala un profesor vasco que reclama su anonimato para garantizar su seguridad personal.

Según varios docentes, existe una practica generalizada que consiste en aprobar a los alumnos presos de ETA después de haberles encargado trabajos durante el curso académico. «La realización o no de exámenes a los presos de ETA constituye un indicador de tu posición política y puede costarte un disgusto serio», señala otro docente del campus guipuzcoano de Ibaeta que conoce de primera mano la existencia de «visitas» a los despachos de los profesores para facilitar a los presos su carrera entre rejas.

De doctorado en la cárcel a profesor de la UPV
JOSEAN IZARRA El Mundo  29 Julio 2002

VITORIA.- Un ex preso y actualmente profesor de la UPV, Julen Zabalo Bilbao, constituye un caso singular en la historia penitenciaria española.

Zabalo Bilbao fue condenado a 20 años de prisión por delitos de colaboración con banda armada, tenencia de explosivos y depósito de armas pero consiguió durante su estancia en las cárceles de Zamora y Palma de Mallorca no sólo acabar la carrera sino lograr un doctorado cum laude con un trabajo titulado Nacionalismo vasco y territorio nacional.

Zabala Bilbao, que según fuentes penitenciarias participó en todas las movilizaciones y protestas organizadas dentro de los recintos penitenciarios, compatibilizó con éxito su rebeldía carcelaria con un brillante currículo académico avalado por la UPV.

Tras concluir su estancia en prisión, se incorporó a la actividad educativa en la UPV e imparte clases en el campus de Ibaeta, dependiendo del Departamento de Sociología, ubicado en la Facultad de Ciencias Sociales, en Lejona (Vizcaya).

En esta facultad es donde se ha vivido con más crudeza el enfrentamiento entre docentes amenazados por el entorno radical y profesores de ideología nacionalista. Además de las amenazas sufridas por varios docentes y el atentado fallido contra Edurne Uriarte, la facultad fue el escenario del acoso denunciado por el catedrático José Francisco Llera del profesor Francisco Letamendia tras la decisión de un tribunal académico, avalada ahora por una juez de Bilbao, de otorgar una cátedra a Edurne Uriarte.

Larrinaga acusa a las «autoridades» de no defender la libertad
El párroco de Maruri oficia su primera misa desde que estalló la polémica con el Ayuntamiento
GUILLERMO MALAINA El Mundo  29 Julio 2002

MARURI (VIZCAYA).- El párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, ofició ayer su primera misa después de la agria polémica que ha mantenido con el Ayuntamiento de la localidad, gobernada por el PNV, y lo hizo con una homilía de calado político en la que, entre llamadas en favor de la convivencia y la paz, llegó a acusar a las «autoridades» de abstenerse en la defensa de la libertad. «Mientras haya una persona que vive sin libertad, tenemos que trabajar, y eso a veces duele, y a las autoridades no les parece bien y nos quieren obligar a vivir con otras ideas. Yo viviría mucho mejor si me callase», dijo en su sermón.

El sacerdote de Maruri y presidente del Foro El Salvador se dirigió así a sus feligreses, siendo consciente del eco que durante la última semana ha tenido la controversia suscitada a raíz de que solicitara un escolta al sentirse amenazado por la difusión de un escrito del Ayuntamiento que le calificaba de nostálgico del franquismo.

Acompañado para la ocasión por el sacerdote y miembro del Foro Ermua Antonio Beristain, comenzó su homilía, en euskara y castellano, agradeciendo a los presentes su asistencia, entre quienes se encontraban, además de vecinos de Maruri, la senadora del PP Ascensión Pastor, el edil popular en Bilbao Antonio Basagoiti, la profesora de la UPV Gotzone Mora y los integrantes del Foro Ermua Iñaki Ezquerro y Pablo Setién.

En una extensa declaración durante el oficio religioso, Larrinaga se mostró confuso por lo ocurrido -«¿Qué ha pasado, hemos perdido un poco la cabeza?»- y, a la vez, convencido de que ha obrado con acierto porque, a su juicio, la labor de un párroco también es «hablar en público y denunciar las injusticias». Y, en ese cometido, quiso recordar a los presentes su defensa por la «libertad», la «tolerancia», el «respeto» y la «cercanía con las víctimas, con los perseguidos». «Otra cosa no vale», añadió.

No disimuló tampoco su decepción por el «cambio» que dice haber notado en «muchos feligreses» del municipio a raíz de la polémica que ha mantenido con el Ayuntamiento la última semana. Y, tras manifestar que eso le «duele», comentó que hace unos días mantuvo una reunión con representantes de la Junta Municipal del PNV, quienes le transmitieron que el alcalde de Maruri, Joseba Alzaga, había recibido «insultos y amenazas» estos días a causa de la controversia. «Y yo condeno eso», aseveró para, acto seguido, sentenciar: «Este es un país enfermo y eso hay que denunciarlo».

Antes de finalizar la homilía, «harto de ser protagonista», declinó hacer otras valoraciones, no sin antes defender una «revolución cívica» de la sociedad vasca contra el terrorismo para alcanzar la paz y la libertad, porque «la vida sin libertad no vale nada».«Tenemos que hacer que en el País Vasco haya una convivencia en paz, desde el respeto de unos a otros», insistió.

El cura y miembro de Foro Ermua, Antonio Beristain, también se dirigió a los presentes con unas palabras de agradecimiento a los miembros de la «Guardia Civil y la Ertzaintza por arriesgar sus vidas» ante la violencia terrorista, y defendió que «un Estado formado por ciudadanas y ciudadanos tiene la autoridad y es el que debe actuar cuando a un ciudadano se le persigue».

Rouco Varela anuncia a un alto cargo del PP un documento sobre nacionalismo
JESÚS MOLINA ABC  29 Julio 2002

MADRID. La Conferencia Episcopal Española registra fuertes tensiones internas desde que, el pasado 30 de mayo, los obispos vascos emitieron la pastoral «Preparar la paz» en la que auguraban «consecuencias sombrías» si se producía la ilegalización de Batasuna por la aplicación de la ley de Partidos.

A la ya conocida como «crisis de la pastoral» se ha añadido el episodio protagonizado por el párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, que acosado por el ayuntamiento nacionalista, reclamó escolta sin que la reacción de la jerarquía eclesiástica haya sido ni rápida ni especialmente calurosa con el presidente del Foro El Salvador. En este contexto, el cardenal Antonio María Rouco Varela aseguró recientemente a una alta personalidad del Partido Popular que la Conferencia Episcopal preparará «una pastoral sobre el nacionalismo» que tanto en medios gubernamentales como de la organización popular se espera con impaciencia. El Nuncio del Papa en Madrid, el arzobispo portugués Manuel Monteiro, se ha declarado, si bien en privado, «preocupado» por la situación.

Contacto telefónico
El pasado día 25 el nuncio apostólico del Papa en Madrid, don Manuel Monteiro, trataba, pasadas las doce de la mañana, de entrar en contacto telefónico con las oficinas de la Conferencia Episcopal para buscar una reacción de los obispos al insólito hecho de que un párroco -el de Maruri (Vizcaya)- hubiese reclamado escolta policial al sentirse acosado por el consistorio municipal y amenazado por la banda terrorista ETA. Al parecer, buena parte de los prelados se encontraban en Toronto (Canadá) y el diplomático vaticano desconocía si el portavoz de la Conferencia -monseñor Asenjo- se hallaba de guardia.

Finalmente, el nuncio logró contactar con el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, quien horas después hizo las primeras declaraciones de solidaridad con Jaime Larrinaga. Sin embargo, el titular de la diócesis de Bilbao, Ricardo Blázquez, obvió cualquier declaración pública y gestionó que su auxiliar, Carmelo Etxenagusía, recibiese al sacerdote vizcaíno con el compromiso de encontrarse con él a su regreso de Toronto.

Comida privada
En los primeros días de mayo, y en una comida a solas del prelado de la diócesis de Bilbao con el nuncio, Ricardo Blázquez también dio la callada por respuesta cuando el representante papal le advirtió del riesgo -que observaba en el ambiente- de un pronunciamiento de los obispos vascos sobre la ley de Partidos Políticos. El arzobispo Monteiro argumentó a Blázquez que si los obispos se habían abstenido de pronunciarse respecto de acontecimientos protagonizados por los nacionalistas, sería bueno mantener la coherencia y callar también ahora.

Los «temores» del nuncio, sin embargo, se confirmaron cuando el día 30 de mayo, sin previo aviso a la Nunciatura y a la propia Comisión Permanente de la Conferencia, los cuatro prelados de las diócesis vascas lanzaron la pastoral «Preparar la paz».

El texto del documento episcopal, apadrinado por el titular de San Sebastián, Juan María Uriarte, y hurtado al conocimiento de Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona, produjo, inicialmente, perplejidad. Por eso, el sábado primero de junio, la Conferencia daba a conocer una nota en la que se desmarcaba de la pastoral, atribuyéndola a la exclusiva responsabilidad de los obispos vascos.

Esta actitud inicial permitió cierto optimismo al Gobierno que, no obstante, convocó al nuncio al Ministerio de Exteriores. Piqué y Monteiro se entrevistaron el miércoles. La conversación fue cordial y alimentó la confianza del Gobierno porque el Nuncio llevaba una nota -cuyo contenido no se conoce públicamente- del cardenal Sodano, secretario de estado vaticano. No obstante, los interlocutores acordaron que sólo el nuncio haría una declaración pública pactada a través de una nota de la Oficina de Información Diplomática. El nuncio reconocía «aspectos de inoportunidad» en la pastoral de los obispos vascos; por su parte, desde Exteriores se reclamaba una «clarificación» de la Conferencia.

Expectativas frustradas
La crisis entraba en una dinámica que tanto el uncio como el Gobierno creyeron «positiva». Sin embargo, determinadas declaraciones de políticos -en particular la de José María Aznar al calificar la pastoral de «perversión moral»- y, sobre todo, la intransigente actitud de Juan María Uriarte, obispo de San Sebastián, frustraron las expectativas.

El día 11, el Comité Ejecutivo de la Conferencia sacaba a la luz un comunicado agresivo con el Gobierno -le recordaba el Concordato- y amparaba a los prelados vascos. La sesión de este comité no fue tan unánime. Se impuso por completo Uriarte, Rouco Varela se mostró «tímido» y el uncio insatisfecho, hasta tal punto que por dos veces rechazó los términos del comunicado. Viendo que su postura crítica hacia los obispos vascos no prosperaba en el Comité Ejecutivo de la Conferencia, Manuel Monteiro dio instrucciones a su secretaría para que no se le pasase ni una llamada más de consulta.

Las consecuencias de este episodio han querido ser reparadas en privado por varios prelados, hasta el punto de que el cardenal de Madrid -para el que Aznar mostró «todo su respeto»- ha asegurado a un alto dirigente del Partido Popular la preparación de una pastoral sobre el nacionalismo.

Escepticismo
El escepticismo, sin embargo, es general en el PP y en el Gobierno. La Conferencia Episcopal -con un Asenjo que ha reconocido su «hartazgo»- se configura como una instancia voluntaria, sin control sobre la actividad de los prelados en sus respectivas diócesis y falto de cohesión. Tampoco la autoridad moral de algunos prelados es reconocida y la sintonía con la Nunciatura atraviesa por uno de sus peores momentos.

El distanciamiento entre el Gobierno y la Conferencia es «abismal», según fuentes próximas al Ejecutivo, que volvieron a la «perplejidad» cuando el obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, alabó a Xabier Arzalluz y distinguió entre las víctimas del terrorismo y las asociaciones que las integran. Sánchez se ha sentido, no obstante, «mal interpretado» y ha manifestado su desazón por el alcance de sus palabras, hasta el punto de ofrecer su renuncia al nuncio y pedir perdón a sus diocesanos.

La financiación de la Iglesia a través del IRPF -cuyos datos correspondientes a la declaración que acaba de terminar no se conocen-, las clases de religión en el nuevo sistema educativo y el evidente vacío político que se percibió en la Nunciatura con motivo de la recepción celebrada el pasado 28 de junio en conmemoración de los veinticuatro años de pontificado de Su Santidad Juan Pablo II, son aspectos que han dado y darán la medida del enfriamiento de las relaciones entre el Gobierno, la Santa Sede y la Conferencia Episcopal, que sólo recuperarían el tono si, efectivamente, los obispos españoles se pronuncian sobre el nacionalismo en unos términos que se correspondan con la situación que se vive en el País Vasco.

La perfidia
Luisa PALMA La Razón  29 Julio 2002

Gente de valía se marcha del País Vasco a la fuerza. A unos les quitan la cátedra legítimamente ganada, párrocos como el de Maruri llevan escolta y jueces, periodistas, concejales, intelectuales y demócratas en general viven amenazados. Todo por no comulgar con el «entorno nacionalista», cuyo buque insignia, el PNV, ampara y fomenta, puesto que es harina del mismo costal. No es una sorpresa, o si lo es, no debiera serlo puesto que los peneuvistas han jugado siempre el mismo juego hasta llegar a dar el ultimátum al Estado para conseguir la independencia. Y no es problema de ellos que muchos cerraran los ojos y se lo aplaudieran e incluso propiciaran. Todos, excepto Aznar, a quien no pueden ver porque no han conseguido colarle dicho juego. Al párroco de Maruri le ha dicho Aznar que resista las «tácticas nazis» del PNV para echarle. Se le han echado encima, pero ¿cómo calificar las tácticas pérfidas y dictatoriales que se ejercen contra los no nacionalistas? Aunque si de perfidia hablamos tenemos un ejemplo en el obispo Blázquez que no tiene «nada que decir» sobre las presiones sobre su párroco. Un día después, al cardenal Rouco le pareció tan fuerte que salió apoyándole. Lo cierto es que la jerarquía eclesiástica llegó a sugerir al párroco su traslado tras meses recibiendo presiones para que le relevaran. La perfidia es una traición ¬a una fe o a unos principios democráticos¬. Y la historia ha demostrado que es mala consejera.

La rebelión de la minoría en la Iglesia vasca
M. ALONSO ABC  29 Julio 2002

Frente a la óptica nacionalista con la que la jerarquía de la Iglesia vasca afronta el problema del terrorismo, teniendo siempre en cuenta que hay dos partes a las que apoyar, las víctimas y los presos, y que nadie tiene toda la razón en este conflicto, algunas personas como Jaime Larrinaga, párroco de Maruri, se rebelan contra la imposición de una perspectiva que no diferencia entre quien mata y quien muere.

BILBAO. La rebelión en la Iglesia vasca no es pionera, sino que va a la zaga de la que protagonizan en el seno de la sociedad vasca personas como Mikel Azurmendi o Edurne Uriarte, pero aporta como novedad los argumentos del Evangelio contra la doctrina que defienden públicamente los obispos vascos.

Los primeros artículos de Jaime Larrinaga, publicados hace ya dos años, defendían como tesis principal que el espíritu cristiano no es conciliable con el chantaje, ni con la imposición de precios a la paz. Con este mensaje el párroco de Maruri contestaba al entonces obispo de San Sebastián, José María Setién, que defendía que «la paz tiene un precio» y a quien le ha sucedido al frente de la diócesis guipuzcoana, Juan María Uriarte, que identificaba por aquella misma época la situación vasca con el Ulster y abogaba por una negociación como final para ETA.

Defender a las víctimas
Sin embargo, al preguntar a Jaime Larrinaga qué le llevó a expresar su opinión en periódicos y públicamente, fuera de su púlpito en la vizcaína población de Marruri, contesta sin ninguna duda que fue la imperiosa necesidad de defender a las víctimas lo que le hizo que buscara eco a su mensaje. Para Jaime Larrinaga, la memoria de las víctimas «tiene que ser lavada y honrada públicamente para atenuar en los suyos el dolor de la pérdida y de estos años ominosos de indiferencia y de silencio».

La existencia de esa indiferencia ante las víctimas fue reconocida en noviembre del año 2000 por el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, quien en el cincuenta aniversario de la diócesis de Bilbao hizo una declaración eclesial en la que pedía perdón «porque nos han faltado gestos de cercanía y de defensa pública de las víctimas de la violencia y porque no hemos asistido suficientemente a quienes se sienten amenazados y sufren las consecuencias de la falta de libertad».

Larrinaga defiende el mensaje que los Jesuitas difundieron en El Salvador en el sentido de que para alcanzar la paz primero era necesaria la justicia y el perdón. En su opinión, la Iglesia vasca pretende que se puede llegar a la paz sin que se haga justicia y sin que quienes han asesinado y quienes les han respaldado pidan perdón a sus víctimas.

El párroco de Maruri entiende que en las manos de los presos de ETA «está tener un gesto que indique que lamentan el dolor que causaron y que poseen algunos de esos sentimientos humanitarios que invocan», que «una palabra de ellos en este sentido sería una contribución impagable a la paz» y que «su silencio no es cristiano ni moral, sino cómplice del terror».

Frente a esta reclamación que hace el párroco de Maruri, los obispos vascos, en su última pastoral, no mencionaban el arrepentimiento, ni el perdón de los asesinos, sino que defendían que «una política penitenciaria que permita a los presos cumplir su condena más cerca de sus lugares de origen entrañaría un gesto de humanidad».

La defensa de los derechos individuales de las personas por encima de los supuestos derechos del pueblo vasco separan a los sacerdotes no nacionalistas de la mayoría nacionalista, tanto de los colectivos más radicales, como de la postura oficial de la Iglesia vasca.

Jaime Larrinaga opina que el espíritu cristiano no es conciliable ni con el asesinato ni con las amenazas a quienes no piensan del mismo modo. «Ni es conciliable con el nacionalismo etnicista, sectario o totalitario», opina el párroco de Maruri, quien añade además que tampoco lo es «con un programa de construcción nacional, que es de por sí excluyente e ignorante del pluralismo de la sociedad vasca», señala.

Los obispos vascos
A este respecto, la última pastoral de los obispos vascos se desmarca claramente de una opción política que impregna sus reflexiones en contra de la ley de Partidos que figuran en ese mismo documento, al afirmar que «ni la aspiración soberanista, ni la adhesión a un mayor o menor autogobierno, ni la preferencia por una integración más o menos estrecha en el Estado español son, en principio, para la Iglesia dogmas políticos». La carta que hicieron pública a primeros de junio 350 sacerdotes va más allá en la perspectiva nacionalista y considera que «lo antidemocrático es entorpecer o negar el ejercicio a ese derecho fundamental de autodeterminación».

El PP de Guecho acusa al PNV de permitir que el pregón fuera una «arenga» etarra
Redacción - Bilbao .- La Razón  29 Julio 2002

La portavoz del PP de Getxo, Marisa Arrúe, acusó al PNV de permitir que el sábado el pregón de fiestas de esta localidad vizcaína se convirtiera en «una arenga a los terroristas». En un comunicado, la representante popular reprochó al alcalde, Iñaki Zarraoa, su «permisividad» que, en su opinión, propicia que los festejos de Getxo «estén absolutamente controlados y manejados por los radicales». «No ha existido voluntad municipal para impedir una situación absolutamente bochornosa y vergonzante que se repite cada año», dijo.

Según Arrúe, en el pregón de las fiestas se hizo una «mención expresa» a los presos de Eta, un discurso que, a su juicio, «es una auténtica apología de Eta y una arenga directa a la acción de los terroristas». Recordó que Getxo es uno de los pueblos de Euskadi «que de forma más directa ha sufrido la acción terrorista en los últimos meses, algo que parecen olvidar el PNV y su alcalde», informa Ep.

Además, reclamó una actuación municipal que impida «que nuestro pueblo deje de ser un muñeco en manos de organizaciones que alientan y animan el terrorismo».

Según el relato de la portavoz popular, el pregón incluyó un «saludo» a los presos de la banda armada además de una «petición expresa» a su excarcelación. Para Arrúe, Zarraoa «no ha hecho nada por impedir que el programa de fiestas sea acaparado por el entorno de Batasuna y los grupos radicales del municipio».

Presupuesto
Aseguró que la denuncia de este hecho por parte del PP se remonta a hace cinco años «sin que el PNV haya hecho nada por erradicarla». «Al contrario, la comisión de fiestas dispone de un presupuesto municipal de 60.000 euros, de los que no dan cuenta al Ayuntamiento, para montar su parafernalia y convertir la celebración en un acto de apología del terrorismo y de exclusión de los ciudadanos de Getxo», añadió.

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