AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 2 Agosto  2002
En la antología del cinismo
Enrique de Diego Libertad Digital 2 Agosto 2002

ETA se queda sin santuario
EDITORIAL  Libertad Digital 2 Agosto 2002

Indicios contra Ternera
Editorial El País 2 Agosto 2002

Nación
GREGORIO SALVADOR ABC 2 Agosto 2002

Iglesia y discurso nacionalista
EDURNE URIARTE ABC 2 Agosto 2002

El 10 por ciento de los periodistas vascos, amenazados por Eta
Redacción - San Sebastián.- La Razón 2 Agosto 2002

El PSOE llama «padrino» y «abogado» de HB a Arzallus
Redacción - Bilbao.- La Razón 2 Agosto 2002

Detenidos en Francia dos etarras «con intensa actividad criminal en España»
D. M. MADRID. ABC 2 Agosto 2002

Perejil o la clarividencia nacionalista
JOSÉ Mª BENEGAS  El Correo 2 Agosto 2002

La Arquitectura de la Xunta
Andrés Freire Libertad Digital 2 Agosto 2002

En la antología del cinismo
Enrique de Diego Libertad Digital 2 Agosto 2002

La idea de Ibarretxe de que se debe entrar en una etapa de soluciones merece figurar en los primeros puestos de la antología del cinismo. Que se sepa, se trata del presidente del gobierno autónomo vasco. La ausencia de soluciones es, por tanto, responsabilidad suya. Que siga la riada de exilios de constitucionalistas es responsabilidad suya. Que la ertzaintza no detenga a un solo etarra es responsabilidad suya, y complicidad, cuanto menos tácita, con Eta. Que persista la falta de libertad, que se siga amedrentando a los concejales y cargos de PP y PSE, es responsabilidad suya.

Las pretensiones de ir de moderado, esas sí deben ocupar el primer lugar de la antología del cinismo. Cuando acaba de impulsar un acuerdo parlamentario secesionista, y se muestra dispuesto a caminar decidido por la senda del conflicto civil, la moderación brilla por su ausencia; es la de los viejos inquisidores, que llevaban a la gente a la hoguera en medio de fríos tecnicismos y con una selva de eufemismos.

El PNV ha marcado en, diversos momentos, objetivos a la banda terrorista. Y es notorio que, siempre, ha hecho todo lo posible para conseguir el mantenimiento de su estrategia violenta de lucha armada. Como es manifiesto, ahora está en la posición de abogado defensor de Batasuna. El PNV y el nacionalismo no son la solución, sino el problema. Y su discurso es el insulto permanente...a la inteligencia.

ETA se queda sin santuario
EDITORIAL  Libertad Digital 2 Agosto 2002

El ministro de Interior francés, Nicolás Sarkozy, ha puesto fin -todo indica que definitivamente- a la política de mezquindad e indiferencia que durante más de veinte años los gobiernos franceses -especialmente los de Miterrand- han practicado en lo relativo al terrorismo etarra. Y lo ha hecho de forma inequívoca, tanto de obra como de palabra.

Al anuncio de la detención en Francia de dos sanguinarios etarras -Marcos Sagarzazu Oyarzábal y Francisco Javier Irastorza Dorronsoro, responsables, al menos, de seis atentados- Sarkozy ha añadido la voluntad de Francia de establecer comisarías conjuntas a ambos lados de la frontera. A lo que se une la proyectada constitución de patrullas mixtas, que permitirán continuar la persecución de los etarras que hasta ahora han burlado a nuestras fuerzas de seguridad huyendo a Francia.

Asimismo, el responsable de Interior francés ha destacado la “identidad absoluta” de las posturas de ambos países en materia antiterrorista y ha manifestado la intención de su Gobierno de “comprometer todo lo que tenemos para obtener resultados y que nuestros encuentros sean lo más concretos y fructíferos posible”. Si bien desde 1992 -cuando fue desarticulada la cúpula etarra en Bidart- la colaboración francesa en la lucha contra Eta había sido satisfactoria en líneas generales -aunque con algunos altibajos- las declaraciones de Sarkozy, quien reconoce que esta colaboración más estrecha no se había producido hasta ahora “por culpa nuestra”, hacen concebir las mejores esperanzas de cara al futuro. La policía francesa no sólo colaborará en la detención de los terroristas, sino que también se implicará en la persecución de las finanzas de Eta.

Esta nueva política francesa de estrecha colaboración con España en la lucha antiterrorista, además de llegar en un excelente momento político -cuando los nacionalistas vascos ex moderados han optado por la vía del radicalismo- viene avalada por una personalidad emergente en el “neogaullismo”. Sarkozy figura como uno de los candidatos más firmes para convertirse algún día en primer ministro, lo que garantiza en un futuro próximo la excelente disposición de Francia en materia de colaboración antiterrorista.

Los etarras pueden despedirse de su santuario francés y, probablemente, de otros refugios europeos que hasta ahora han venido utilizando para burlar la acción de la justicia española. A partir de ahora, la enorme influencia de Francia en la Unión Europea jugará a nuestro favor, y posturas como la de Bélgica -que no hace mucho rehusó extraditar etarras por considerarlos “perseguidos políticos”- cada vez serán mas inverosímiles.

Sea celebrada sin ningún tipo de reservas la decisión del Gobierno francés de colaborar con España en la extirpación del cáncer etarra, que amenaza metástasis, por cierto, en el país vecino. Hoy puede decirse que Francia hace honor para con España a su tradición de defensa de la libertad y de la civilización.

Indicios contra Ternera
Editorial El País 2 Agosto 2002

La justicia no olvida, ni los ciudadanos han olvidado, lo sucedido en Zaragoza en la madrugada del 11 de diciembre de 1987: la voladura por ETA, mediante la explosión de un coche bomba, de una casa cuartel de la Guardia Civil mientras dormían sus ocupantes, 11 de los cuales, entre ellos cinco niñas, resultaron muertos. Uno de los autores materiales de la masacre ha sido juzgado y cumple condena. Pero la justicia nunca ha desesperado de poder demostrar que la orden partió de los entonces integrantes de la cúpula de ETA residente en Francia, entre ellos José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, Josu Ternera, hoy parlamentario vasco por Batasuna y miembro de la comisión de Derechos Humanos del Parlamento de Vitoria.

Un juez de la Audiencia Nacional considera que dispone de indicios suficientes -en especial, testimonios de etarras detenidos en los últimos años- para proceder contra Josu Ternera, Francisco Múgica, Pakito, y José María Arregui, Fitti -estos dos, también dirigentes de ETA en los años ochenta- y convertir en prueba irrefutable lo que es una convicción moral: su autoría, como inductores, de la matanza de Zaragoza. Y a la vista de esos indicios, la fiscalía ha pedido a la Sala Segunda del Supremo que asuma la investigación en lo referente a Josu Ternera, dada su condición de parlamentario y el carácter terrorista de los hechos, y le cite a declarar como imputado.

Es de esperar que la iniciativa judicial tenga sólidos fundamentos. Sería lamentable que se pusiera en marcha un procedimiento que no concluyera en una imputación clara contra Ternera y sus antiguos socios en la dirección de ETA y en su comparecencia a juicio. El voluntarismo sin más -el deseo legítimo de acabar con ETA- no lleva a ninguna parte en el ámbito de la justicia, salvo a su desprestigio y a la frustración ciudadana.

La repugnancia moral que produce que el jefe de ETA en una de las etapas más sangrientas de la banda armada -71 asesinatos durante los años 1987 y 1988, entre ellos los 21 de Hipercor y los 11 del cuartel de Zaragoza- forme parte de la comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco rebasa todos los límites. Además de una provocación, la presencia en esa institución de un etarra convicto -cumplió condena en Francia por pertenencia a ETA antes de su extración en 1996- constituye una permanente ofensa a las víctimas y al propio Parlamento vasco. Pero esa repugnancia moral no exime a la justicia de actuar con el rigor que exige el Estado de derecho. Es de esperar que la Cámara de Vitoria no ponga trabas y despoje a Ternera del fuero parlamentario.

Nación
POR GREGORIO SALVADOR. de la Real Academia Española ABC 2 Agosto 2002

CON menos ocupaciones dada la fecha, pude presenciar en la televisión, casi enteramente, el debate parlamentario sobre el estado de la nación. Dejando aparte otras consideraciones, que son muchas las que se podrían hacer, quizá lo que me haya resultado más gratificante es el propio nombre del evento. Parece ser que la idea de programar, periódicamente, un pleno parlamentario para tratar del «estado de la nación», fue imitación de usos extranjeros y el nombre una mera traducción; pero, sea como sea, que durante un par de días se reúnan nuestros diputados, aunque falte el ex presidente, para que el presidente actual exponga la situación nacional y los portavoces de los diversos partidos hagan sus observaciones y preguntas, que durante dos jornadas completas se hable de nación, para referirse a España, sin que nadie se escandalice y califique eso de políticamente incorrecto, ya me parece un logro.

Que alguno de los intervinientes reduzca luego su perspectiva a la meramente abarcable desde su torre parroquial, y sea para él eso su nación, es algo con lo que, ineludiblemente, hay que contar, siempre y cuando respete al vecino de mirada más amplia.

En cualquier caso, resulta entretenido observar los esfuerzos que han de realizar algunos para evitar el término nación cuando de la nación se habla. Hay hasta quiénes se pliegan a llamarla España, algunos porque lo de «este país» está muy visto y resulta ambiguo, y otros distanciándola así, considerándola, en sus deseos como segregada ya de ese aludido campanario que los cobija. Porque lo de Estado resulta inviable en ese sintagma; de no haber sido así, ya se le hubiera ocurrido seguramente al traductor de la fórmula inglesa, pero ¿cómo hablar de «el estado del Estado», en cruda tautología? Podrá seguir lloviendo, en predicción televisiva, sobre todo el Estado, lo que nos lleva a imaginar a ministros, subsecretarios, directores generales y delegados de todo tipo empapados hasta los huesos, o podrán subir las temperaturas de todo el Estado, lo que nos hará suponer una fiebre súbita y extendida de tales personajes, porque el Estado sólo es el conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano, pero aquí y en esta ocasión hablar del estado del Estado a todo lo más que podría llevar, seriamente, era a explicar lo de los últimos cambios ministeriales, como pedían algunos líderes de la izquierda: asunto al fin y al cabo tan concreto como lo de las calenturas o el remojón.

Llamarle nación a la Nación o, si no, España por su nombre de pila, he de confesar que tranquiliza mi conciencia lingüística y además me sosiega el ánimo político. A estas alturas habrá ya quien me haya definido, despectivamente, como nacionalista español, porque resulta que en España se puede ser nacionalista de naciones imaginarias, proyectadas pero nunca existentes, y en cambio recordar que España es una nación desde hace bastantes siglos, histórica y jurídicamente, puede ser estimado como una provocación. Pero no soy nacionalista, Dios me libre, ni de España ni de Granada, que es mi tierra y que en tiempos fue reino y, por lo tanto, nación. De hecho, sólo soy, de ser algo, personalista: me interesan las personas, su calidad y su libertad. En conjuntos establecidos, como grupo, como nación, como etnia, como partido, se me desdibujan y enajenan.

Y me preocupa también, por mi oficio, la propiedad de la lengua que hablo y me irritan en grado sumo los tiquismiquis idiomáticos, las timoratas cautelas léxicas que proliferan en la expresión pública. Comprendo que el adjetivo nacional salió maltrecho de la Guerra Civil, porque se lo apropiaron Franco y los suyos, «los nacionales», frente a «los republicanos» o «los rojos» sin más, pero peor salimos las personas y, en los más de sesenta años transcurridos ya nos hemos ido reponiendo, cuando no muriendo. Un adjetivo como ése es absolutamente necesario y el que lo tuvieran secuestrado unos cuantos años no es razón suficiente para rehuirlo, y además está vigente y vivo y emocionalmente dispuesto en las otras veinte naciones con las que compartimos lengua. Aquí lo rechazan algunos de los periféricos, porque lo que ponen en tela de juicio es la nación y lo que pretenden es apropiárselo también para su parte de territorio: aplicado con relación a la totalidad de la nación efectiva y no reducido a las partes de las supuestas naciones deseadas lo evitan o lo soslayan.

Así se producen determinados trastornos de significado, inexactitudes y barbarismos con los que cualquiera se puede tropezar por ahí. Un ejemplo típico es el de los vuelos nacionales, frente a los internacionales, que llevan lustros queriendo convertírnoslos en domésticos, con flagrante anglicismo semántico, en batalla aérea aún no decidida, pues aunque en la cubierta de los billetes de pasaje nuestras compañías estampan «doméstico», el uso oral generalizado se decanta por «nacional», acaso por la convicción de que para vuelos domésticos, con los molestos de las moscas y mosquitos o los obligadamente cortos del canario en su jaula ya tenemos bastante. En fiesta nacional, lotería nacional, monumento nacional o patrimonio nacional el adjetivo parece mantenerse incólume, pero a los paradores nacionales de turismo se les mutila con frecuencia y oigo también, de vez en cuando, llamar «parque natural» a alguno de los nacionales. Y leo en alguna columna que a la selección nacional (la de fútbol, que es de la que más se habla) se la ha denominado en algún sitio «el combinado estatal». A lo mejor un equipo así, un combinado de ministros, secretarios de Estado y altos funcionarios, hubiera merecido más consideración del árbitro y los linieres en el partido contra Corea.

Punto y aparte requiere el DNI, llamado por todos el deeneí, sigla convertida ya en nombre común de nuestro Documento Nacional de Identidad, que ya hasta nos sirve para viajar por la Unión Europea, y que han sido aprobadas, sigla y pronunciación, por la Real Academia Española para su inclusión en la próxima edición de su Diccionario. La última renovación de mi DNI es de noviembre de 1998 y desde luego es esa la sigla que aparece, en el ángulo superior derecho y un tanto difuminada, eso sí, pero no hay otra. Pues bien, de unos meses a esta parte, en los avisos que me deja el cartero para recoger paquetes postales o certificados en la estafeta que me corresponde, se me dice que habré de personarme de tales a tales horas provisto de mi DOI y que, si lo recoge persona delegada, tendrá que ser con mi autorización, especificando el número de su DOI, que deberá presentar amén de una fotocopia del mío. O sea que, al menos en Madrid, el correo, que es un servicio estatal, ha decidido cambiarle el nombre al deeneí y transformarlo en DOI, sigla que interpretan como Documento Oficial de Identificación. No se trata, como yo pensé al principio, de que sirva cualquier otro documento oficial, el carné de conducir o el pasaporte, que eso se supone, es que le llaman DOI al DNI, conjeturo que con ánimo de que esa N de nacional no perturbe la delicada sensibilidad de determinados sujetos. No sé hasta dónde se haya extendido ese uso ni quién lo ha ordenado, ni quién lo ha permitido. La responsabilidad, en su raíz, es siempre de una persona, aunque luego la vayan compartiendo otras. Y acaso no sea difícil averiguarlo, si alguien se lo toma en serio. Me gustaría que se supiera de quién ha sido la ideíca. Porque tontos hay muchos, eso está muy claro, pero un imbécil tan caracterizado como ése merece que su nombre se conozca, para aviso de navegentes, no vaya a ser que, en un descuido, alguien lo empuje todavía más arriba de donde pueda estar.

Iglesia y discurso nacionalista
Por EDURNE URIARTE ABC 2 Agosto 2002

La Iglesia o una buena parte de la Iglesia vasca está perdiendo una oportunidad histórica para asumir el liderazgo ético que le corresponde a favor de los Derechos Humanos y la Justicia. En su lugar, se limita a hacer seguidismo del discurso nacionalista, como si la Iglesia fuera incapaz de trascender la ceguera étnica en la que ha quedado enfangado el PNV.

En lugar de identificar a quienes persiguen, acosan y matan y de mantener una posición nítida contra ellos, los obispos vascos, ayer de nuevo Juan María Uriarte, persisten en reflexiones genéricas en las que las responsabilidades se difuminan y los problemas se limitan fundamentalmente a la falta de diálogo suficiente.

Juan María Uriarte decía ayer que la Iglesia también sufre porque encuentra muchas dificultades para que sus palabras y sus gestos a favor de la paz resulten aglutinadores. Quizá la Iglesia vasca aún no ha entendido que no basta hablar de la paz por la paz, sino del camino de justicia que lleva a esa paz. Es ese camino de justicia el que la Iglesia tiene que trazar y defender.

Y para ello la Iglesia vasca no se puede limitar al discurso «¡Qué barbaridad!» del lendakari que ayer éste aplicó a las declaraciones de Rajoy y otros días suele utilizar para calificar los atentados de ETA. De la misma forma que los gobiernos están para defender a los ciudadanos de los terroristas y no para lamentarse de sus asesinatos, la Iglesia está para defender los principios éticos de la convivencia. Y para eso no bastan las generalidades bondadosas. Es preciso identificar los problemas y tomar posiciones. Con nitidez. Entonces sus palabras y sus gestos sí se entenderán.

El 10 por ciento de los periodistas vascos, amenazados por Eta
Redacción - San Sebastián.- La Razón 2 Agosto 2002

El 10 por ciento de los periodistas de radio y televisión del País Vasco asegura haber recibido amenazas por parte de Eta, según un estudio financiado por la Universidad del País Vasco (UPV) y presentado ayer en los cursos de verano de San Sebastián por las profesoras Rosa María Martín Sabarís y Mila Amurrio. Martín Sabarís ofreció una conferencia con el título «Actitudes profesionales de los periodistas de radio y televisión de la Comunidad Autónoma del País Vasco», en la que reveló algunos datos incluidos en el estudio desarrollado por la UPV.
Esta profesora de la universidad vasca afirmó que los informadores de medios audiovisuales confiesan haber recibido también presiones del ámbito político e institucional, además del de los propios superiores de sus empresas.

Las tres cuartas partes de los periodistas encuestados consideran que ejercer esta profesión en el País Vasco es «diferente» a hacerlo en otro lugar, debido a «las amenazas y los atentados de Eta y el clima de crispación, enfrentamientos y presión política y mediática». Más de la mitad confiesa que se autocensura, en la mayoría de los casos «para coincidir con la línea editorial de sus empresas», aunque también para «buscar el equilibrio informativo y no herir sensibilidades». El estudio revela que las fuentes mejor valoradas por los periodistas vascos de radio y televisión son los afectados por un hecho, los testigos, los corresponsales y los expertos, mientras que la menor credibilidad la otorgan a la patronal y las empresas, los partidos políticos y a los demás medios de comunicación, según informa Efe.

Pese a ello, las fuentes más consultadas por estos profesionales son las instituciones, los afectados, las agencias, las asociaciones ciudadanas y los partidos políticos, indicó Martín Sabarís. A este estudio, efectuado mediante 450 cuestionarios distribuidos en 23 empresas de comunicación del País Vasco, se refirió la profesora de la UPV Mila Amurrio, quien se centró en el perfil de los periodistas de radio y televisión. Según dijo Amurrio, directora del curso «Periodistas de radio y televisión en la CAPV, perfiles y actitudes profesionales», estos informadores se identifican mayoritariamente con el nacionalismo vasco y tienen una ideología progresista, mientras que la mitad de los encuestados asegura ser católico no practicante. El colectivo está formado por una proporción «equilibrada» de hombres y mujeres, aunque los primeros ocupan más puestos de responsabilidad dentro de las redacciones. Sobre la situación laboral, el 49,5 por ciento de los consultados está en plantilla, el 32 por ciento contratado, el 1,5 por ciento trabaja como «free-lance» y el 3 por ciento no tiene contrato.

El PSOE llama «padrino» y «abogado» de HB a Arzallus
El PP reprocha al PNV su «batasunización»
Redacción - Bilbao.- La Razón 2 Agosto 2002

Ayer fue día de reacciones a las declaraciones pronunciadas el miércoles por el presidente del Partido Nacionalista Vasco (PNV), Javier Arzallus, en las que negaba acuerdos con Eta o Batasuna, jusfiticaba las críticas de «nostálgico del franquismo» al cura de Maruri y afirmaba que el profesor de la UPV, Francisco Llera, se ha ido a EE UU «con un chollo».

Así, el portavoz parlamentario de los socialistas vascos, Rodolfo Ares, manifestó que Arzallus actúa como «abogado» de Batasuna y cree que pretende mantener «puentes abiertos» con la coalición abertzale y con Eta. Asimismo, lamentó que el líder del PNV no muestre un «mayor apoyo» hacia quienes sufren la violencia.
Además, Ares lamentó que en la intervención de Arzallus no hubiera «prácticamente» ninguna crítica, ni reflexión sobre la violencia terrorista y el acoso que sufren los no nacionalistas en el País Vasco. A su juicio, eso se debe a que, en el fondo, el PNV está actuando «más de abogado» de Batasuna y pretende mantener «puentes abiertos» con esta formación y con Eta.

Pero no fue el único socialista en replicar las palabras del líder peneuvista. El secretario general del PSE-EE de Álava, Javier Rojo, calificó a Arzallus de ser el «padrino vasco» y la persona que «ofrece munición dialéctica y gestos» a los terroristas, quienes aprovechan sus alocuciones para encontrar «argumentos que justifiquen sus crímenes». Además, le acusó de alentar el éxodo de miles de vascos con «sus vejaciones».

En la diana
Por su parte, desde el PP, su presidente en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, denunció que «hay una estrategia» del conjunto del nacionalismo de «exterminar a los no nacionalistas», que, a su juicio, «se está incrementando» desde que el PNV «se ha batasunizado ».

Iturgaiz criticó, de esta manera, la intervención de Arzallus y afirmó que sus «insultos, amenazas y coacciones contra el PP, sus cínicas declaraciones contra el catedrático Paco Llera y su respaldo al PNV en Maruri, tras colocar en la diana al párroco de la localidad, demuestran que ni Arzalluz es un demócrata ni el PNV un partido democrático».

También, el portavoz de Unión Alavesa, Ernesto Ladrón Guevara, se refirió a los comentarios de Arzallus, de quien manifestó ser «un perturbado moral» que, mientras no abandone la vida política junto a sus «discípulos», será difícil la regeneración democrática en el País Vasco.

Detenidos en Francia dos etarras «con intensa actividad criminal en España»
D. M. MADRID. ABC 2 Agosto 2002

La Policía francesa detuvo en las localidades de Hendaya y San Juan de Luz a los etarras Marcos Sagarzazu Oyarzabal y Javier Irastorza Dorronso, miembros del «comando Ibarla», autor de una veintena de atentados, entre ellos tres asesinatos, el de un ertzaina, un policía nacional y una mujer.

Este nuevo golpe a ETA es resultado de las investigaciones que de forma conjunta venían realizando en los últimos meses agentes de la Policía Judicial francesa y miembros de la Comisaría General de Información de la Policía. Las capturas se produjeron a primera hora de la mañana de ayer. Una de ellas, la de Marcos Sagarzazu Oyarzábal, tuvo lugar en la localidad de San Juan de Luz, y la de Francisco Javier Ir]astorza Dorronsoro, en la de Hendaya. Ninguno de ellos portaba armas y sus arrestos fueron ordenados por la juez Laurence Le Vert. Ambos, de treinta y tres años de edad, huyeron a Francia a mediados de 1997 al sospechar que estaban siendo vigilados por la Policía.

Sagarzazu e Irastorza formaron, junto a Iratxe Sorzabal -quien llegó a ser portavoz de Gestorias Pro Amnistía- e Iñaki Tellextea Goñi, alias «Kortofell», el «comando Ibarla», autor de más de una veintena de atentados que llevaron a cabo entre 1994 y 1997. Las Fuerzas de Seguridad tuvieron conocimiento de la existencia de este grupo criminal con motivo de la detención por parte de la Guardia Civil de Iratxe Sorzabal, el 31 de marzo del año pasado. La terrorista, en sus declaraciones policiales, reconoció haber formado parte de este «comando», así como los atentados que se le imputan, pero estos hechos no los ratificó en su testimonio ante el juez, por lo que su declaración, a falta de pruebas, no fue tenida en cuenta para practicar nuevas detenciones.

A raíz de la detención de Iratxe Sorzabal, Sagarzazu e Irastorza abandonaron las casas en las que residían en Francia de forma legal. Transcurridos unos meses, regresaron a sus domicilios, donde hacían vida normal, e incluso uno de ellos se trasladaba con frecuencia al País Vasco para visitar a su familia. En ninguna de estas ocasiones pudo ser detenido por las Fuerzas de Seguridad, ya que los jueces de la Audiencia Nacional no habían dado autorización para proceder a su arresto al no haber pruebas sólidas contra ellos. Los datos sobre la pertenencia a ETA de los ahora detenidos se ha obtenido en una operación realizada contra la banda en Francia. Ambos estaban a la espera de órdenes de la banda para entrar en acción.

«Vidas paralelas»
Los historiales delictivos de los dos capturados han corrido caminos paralelos: ambos formaron parte del mismo «comando» y participaron en los mismos actos terroristas. El primero de los asesinatos que se imputan al grupo «Ibarla» es el del policía nacional Eduardo López Moreno, cometido el 19 de abril de 1995. El agente fue alcanzado por una bomba que había sido colocada en el interior de un cuartel de la Guardia Civil abandonado en Endarlaza (Navarra).

De nuevo, los dos juntos, el 16 de diciembre de 1995, se desplazaron con Iratxe Sorzabal hasta Valencia, donde colocaron cinco artefactos explosivos en el edificio de El Corte Inglés. Las explosiones ocasionaron la muerte de Josefina Corresa Huerta y provocan heridas a su hija de catorce años y a otras diez personas.

Tres meses después, el 4 de marzo de 1996, Sagarzazu e Irastorza asesinan al agente de la Ertzaintza Ramón Doral Trabalero, en Irún (Guipúzcoa), con la colocación de una bomba-lapa en los bajos de su coche.

También se atribuye a estos individuos, entre otros actos terroristas, la colocación de dos artefactos explosivos en los palacios de Justicia de Vitoria y Pamplona, el día 19 de octubre de 1996, así como el lanzamiento de nueve granadas contra el cuartel de la Guardia Civil en Ordicia (Guipúzcoa), el 21 de julio de ese mismo año.

Los cuatro miembros de este «comando» huyeron a Francia mediados de 1997. Poco después, el 26 de noviembre de ese mismo año, la Policía francesa detuvo en Lannión, en Bretaña, a Iratxe Sorzabal, junto a otros dos pistoleros. Tras cumplir tres años de condena, la etarra fue expulsada a España, el 28 octubre de 1999, y quedó en libertad. En marzo del año pasado fue detenida por la Guardia Civil bajo la acusación de haber captado para ETA a un miembro del «comando Sugoi» y de formar parte del «Ibarla».

Paredero desconocido
Seis meses después, el 14 de septiembre, fue puesta en libertad provisional con la obligación de comparecer ante el Juzgado. Pero no lo ha hecho, por lo que judicialmente se la considera en paradero desconocido.

En cuanto a Sagarzazu e Irastorza, fuentes de la lucha antiterrorista creen que en estos momentos estaban a la espera de recibir la orden de formar parte de algún «aparato» de la banda o de integrarse en un «comando» y traspasar la frontera.

La detención de ambos terroristas -formados en la inagotable cantera de la «kale borroka» y la militancia abertzale radical- confirma el clima de cooperación no sólo entre las autoridades españolas y francesas sino entre las policías de ambos países. La última gran acción contra ETA llevada a cabo en Francia fue el desmantelamiento del zulo conocido como Chernóbil, en la localidad de Dax. El hallazgo del arsenal, con cientos de kilos de explosivos, se dio a conocer el pasado 11 de julio. Aunque aparentemente abandonado, el zulo era una importante reserva de armamento.

La inagotable cantera de la «kale borroka»
Marcos Sagarzazu y Javier Irastorza ya fueron detenidos en los años ochenta por actos de violencia callejera. El primero fue arrestado por la Policía el 9 de mayo de 1985, cuando tenía 16 años, junto con otros cuatro miembros de un grupo de Jarrai, acusados de haber cometido diversos actos de violencia. Mientras, Irastorza, nacido el 19 de noviembre de 1968, fue detenido por la Guardia Civil el 7 de julio de 1988, acusado de formar parte de un grupo de apoyo a ETA denominado «comando Berria». Por este motivo estuvo en prisión durante varios meses. El 13 de marzo de 1991 fue absuelto por la Audiencia Nacional de la acusación de pertenencia a ETA y de atentar contra empresas francesas, pese a que el fiscal pedía para él 19 años de cárcel.

Perejil o la clarividencia nacionalista
JOSÉ Mª BENEGAS /DIPUTADO POR VIZCAYA Y MIEMBRO DEL COMITÉ FEDERAL DEL PSOE El Correo 2 Agosto 2002

Al cabo de veinticinco años de democracia, parecería injustificado reabrir el debate sobre si estamos ante una sociedad, la vasca, que posee una identidad única o, por el contrario, si ésta es esencialmente plural. Sin embargo, la cuestión dista de ser baladí y tiene actualidad dada la facilidad -aunque es más exacto decir ligereza- con la que algunos se permiten interpretar los deseos y la voluntad del pueblo vasco. Rara es la mañana en la que no nos topamos en los medios de comunicación con la declaración de un político nacionalista que expresa con rotundidad lo que los vascos opinamos sobre esto o aquello. Recientemente Ibarretxe declaraba en tono solemne que Perejil no forma parte de las preocupaciones de la sociedad vasca. Es posible que así sea. Lo sorprendente es la capacidad de Ibarretxe para escudriñar la mente de los vascos para llegar a la conclusión de que a ninguno de nosotros nos interesan los problemas y las relaciones de España con Marruecos, incluido el problema de la inmigración o el futuro del Sahara.

La tendencia del nacionalismo a hablar en nombre de toda la sociedad vasca es incorregible. Expresiones como «los vascos no cabemos en la Constitución», «los vascos queremos decidir por nuestra propia cuenta», «los vascos tenemos un contencioso con España desde el siglo pasado» o «el Estatuto de Gernika está superado» constituyen meridianos exponentes de la tendencia que tienen los nacionalistas a arrogarse la representación de la voluntad de todo el pueblo, más allá de los votos que hayan cosechado en las urnas. En los regímenes autoritarios, este comportamiento forma parte de una práctica habitual de los dictadores. En una democracia consolidada, tal modo de expresarse, cuando menos, merece el calificativo de discurso totalitario y, por lo tanto, de raíz antidemocrática.

ETA es el más claro paradigma de lo que acabamos de señalar, insistiendo una y otra vez en la concepción de la sociedad vasca como algo unívoco. Los comunicados emitidos durante la tregua ofrecen buenos ejemplos. El Estatuto de Gernika y el no comprender que puede haber vascos que entienden que el mejor proyecto para Euskadi debe desarrollarse dentro de la España democrática y de las autonomías. Les cuesta comprender que éste es un proyecto tan vasco como el que representa el «soberanismo». La mera definición de la «identidad de un pueblo» implica hacer oficiales un conjunto de elementos de identificación frente a otros que quedan así postergados como «extraoficiales», con riesgo para estos de ser, además, marginados y discriminados.

En un mundo de cambios vertiginosos e impensables hasta hace poco tiempo, en el que las ideas, los productos, las cosas se quedan obsoletas a velocidad imparable, me inclino por formular un concepto de identidad nuevo, dinámico, no definido de antemano, creativo, que encare el futuro, lo asuma y le confiera el rostro más humano posible.

Las identidades siempre se buscan en el pasado y se les atribuye un carácter permanente e inmutable. La identidad así concebida resulta contraria al sentido actual de la historia. Propongo que decidamos que no tenemos una identidad preestablecida. Nuestra nueva identidad debería residir en nuestra capacidad de innovación y de asimilación de los valores que dotan de dignidad al ser humano. Por ejemplo, que cuando nos identifiquen digan de nosotros que allí, en aquel trozo de tierra que se llama País Vasco, Vascongadas, Euskadi o Euskal Herria, convive un pueblo que puede exhibirse como modelo de solidaridad, educación, civismo, fraternidad, igualdad y progreso, y que, junto con el castellano, se expresa en una lengua rara, cuyos orígenes se desconocen y sólo él la habla en el mundo, el euskera.

Es más apasionante como aventura humana intentar construir una identidad futura y dinámica sobre estos perfiles que sobre vestigios del pasado, por mucho que puedan diferenciarnos de los demás. En ese caso, estaríamos abdicando de la función creadora e innovadora que ha formado parte, con desigual fortuna en unas u otras épocas, del trayecto recorrido por el hombre a lo largo de los tiempos.

La Arquitectura de la Xunta
Andrés Freire Libertad Digital 2 Agosto 2002

Cuenta Paul Johnson en su apasionante libro El nacimiento de lo moderno que en las primeras décadas del XIX el Secretario de la Oficina Colonial dirigía las entonces 36 posesiones británicas en el mundo con la ayuda de un subsecretario y unos pocos oficinistas que se ocupaban del papeleo. La sede del ministerio no era más que una casa normal en Downing Street. Y en la Cámara de los Comunes había parlamentarios que vigilaban de cerca los gastos y la eficacia del Gobierno.

Suelo acordarme de esa historia cada vez que paso por delante de la sede institucional que la Xunta de Galicia acaba de inaugurar en Vigo, y que acoge a sus subdelegaciones en la ciudad. Se trata de dos pretenciosos mamotretos, uno de 10, otro de 8 alturas, que ocupan el lugar de privilegio vigués, en el centro junto a la Ría. Una zona que se pretendía de ocio y peatones, claramente inadecuada (como pronto se ha demostrado) para las necesidades de acceso y aparcamientos que requiere un centro de gestión. Así se lo había advertido un alcalde del PP al gobierno gallego cuando éste hizo público el proyecto. Pero don Manuel Fraga tronó, y no hubo más objeciones. La Xunta quería el mayestático edificio, y lo quería allí, en el centro, para mostrar así a todos con claridad que había un nuevo jefe en Vigo y estaba allí para quedarse. El ciudadano perspicaz no se sorprendió de que la Xunta diera más importancia a la demostración de su Imperium que al buen servicio a los ciudadanos.

No era esto lo que nos anunciaban los publicistas de la España de las autonomías. ¡Qué falsa suena hoy, qué mendaz, toda aquella retórica de la descentralización, de la necesidad de acercar la administración a los ciudadanos! Y al final resultó que nos hallamos ante un cambio de emplazamiento del poder, que antes residía en Madrid, ahora en Santiago (el consenso en Vigo es firme; nos trataba mucho mejor Madrid). ¡Y qué poder, el construido en torno a la autonomía¡ Meticón, omnipresente, paternalista, clientelar, ineficaz. Y caro. Quien hizo el edificio desconoce el santo temor al déficit, y a algo aún peor que el déficit: los gastos fijos.

Es amplia y cómoda la senda que conduce a la bancarrota. Y difícil es de enmendar una burocracia ya instalada. Siempre en expansión, siempre en busca de más presencia y más fondos, con una inercia que la empuja hacia el anquilosamiento. ¡Qué esfuerzos aguardan a quien intente reducir y renovar una burocracia como la gallega, repleta de jóvenes que se han hecho a la idea de no tener que volver a trabajar duro en su vida!

Pocos en Galicia plantean ciertas dudas en alto. Una vez que dejen de fluir los fondos europeos (ocurrirá pronto), ¿quién hará aquí las inversiones? Cuando se reduzcan las transferencias interautonómicas en España (ocurrirá algún día), ¿cómo se financiarán los gastos públicos? El gobierno gallego olvida esas cuestiones que acechan en el futuro, al tiempo que crea una burocracia grande y torpe que amenaza con comerse la riqueza de la autonomía sólo para mantenerse a sí misma.

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