AGLI

Recortes de Prensa     Martes 6 Agosto  2002
Deslegalizar la Basura proetarra
Editorial La Razón 6 Agosto 2002

Deslegalizar la basura
Luis María ANSON La Razón  6 Agosto 2002

Comunidad de fines
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC  6 Agosto 2002

EL GOBIERNO NO DEBE PRECIPITARSE EN LA ILEGALIZACION DE BATASUNA...
Editorial El Mundo  6 Agosto 2002

Como Eta no atentaba...
Iñaki EZKERRA La Razón  6 Agosto 2002

Camino de ilegalización
Editorial ABC  6 Agosto 2002

Domingo de dolor
Faustino F. ÁLVAREZ La Razón 6 Agosto 2002

PNV e Ibarretxe, cómplices políticos
Enrique de Diego Libertad Digital  6 Agosto 2002

La «coherencia» del PNV
Lorenzo CONTRERAS La Razón 6 Agosto 2002

Santa Pola
David GISTAU La Razón 6 Agosto 2002

El terrorismo es nacionalista
FRANCISCO LLERA ABC 6 Agosto 2002

Mandan huevos
Fernando JÁUREGUI La Razón 6 Agosto 2002

Amén
JAIME CAMPMANY ABC 6 Agosto 2002

Pucheros de sinvergüenzas
ALFONSO USSÍA ABC 6 Agosto 2002

La adaptación a la impunidad
EDURNE URIARTE ABC 6 Agosto 2002

Lágrimas de cocodrilos
MIKEL AZURMENDI ABC 6 Agosto 2002

Batasuna no condena
Editorial El País 6 Agosto 2002

La ilegalización de la crueldad
Ignacio Villa Libertad Digital  6 Agosto 2002

Se acabó la tregua tácita
Lorenzo Contreras La Estrella 6 Agosto 2002

Contra la impunidad
Editorial El Correo 6 Agosto 2002

Ilegalizar Batasuna
EDITORIAL Libertad Digital  6 Agosto 2002

Calentando motores
FEDERICO ABASCAL/ El Correo  6 Agosto 2002

No había tregua
ANTONIO PAPELL / El Correo 6 Agosto 2002

Después de un crimen
FERNANDO ÓNEGA La Voz  6 Agosto 2002

¿Hasta cuándo

Cartas al Director ABC 6 Agosto 2002

Hagan algo
Javier Ygartua-Ybarra/Getxo-Vizcaya Cartas al Director El Correo  6 Agosto 2002

Redondo Terreros acusa al PNV de «legitimar los objetivos de ETA»
N. C. MADRID ABC  6 Agosto 2002

A. Muñoz Molina: «Para la Iglesia, la palabra «terrorismo» no existe, en su lugar se encuentra la violencia»
Eva Muñoz - San Lorenzo de El Escorial.- La Razón 6 Agosto 2002

Aznar, rotundo: «No permitiré que la basura de Batasuna se pasee más como unos chulos»
Lourdes Reynés - Palma de Mallorca.- La Razón 6 Agosto 2002

Olegario González de Cardenal: «El cristianismo no debe hostigar al Islam sino acompañarlo en su transición a la modernidad»
TULIO DEMICHELI ABC  6 Agosto 2002

Impotencia terrorista para velar a un inocente
AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA  El Correo  6 Agosto 2002


Deslegalizar la Basura proetarra
Editorial La Razón 6 Agosto 2002

La negativa de Batasuna a condenar el cruel atentado de Eta contra los familiares de los guardias civiles de Santa Pola, que segó la vida de una niña de seis años, además de la de un transeúnte de 57, es la muestra más palmaria de su complicidad con el terrorismo. De hecho, el portavoz batasuno Otegui volvió a justificar el crimen apelando a las causas de «conflicto» que lo originan, como si asesinar a una niña pudiera excusarse con sus fantasías patrioteras y con sus ficciones históricas. Pero no sólo eso: Otegui se permitió el lujo de responsabilizar a los demás, y en especial a Aznar, de la vesania criminal de Eta. La retórica hipócrita de siempre, según la cual la niña asesinada es culpable de su propia muerte, mientras que los asesinos no tienen más remedio que matarla, ya que el Estado no soluciona el problema rindiéndose ante el terrorismo. Pobres etarras (y pobre Otegui), lo que sufren con la sangre que derraman. Pero, por mucho que los batasunos se hagan los mártires, las instancias legales adecuadas deben comenzar de inmediato a estudiar la deslegalización de un partido del que todo el mundo conoce que es una simple tapadera de la trama terrorista.

Aznar responde al desafío
Por eso, en unas de las más duras declaraciones de su carrera política, el presidente del Gobierno, José María Aznar, respondió ayer, después de su despacho con el Rey en Marivent, al atentado: «La sociedad española no acepta desafíos de nadie»; «no estoy dispuesto a que, por más tiempo, la basura que son los dirigentes de Batasuna siga paseando impune y libremente por las calles, mientras los españoles tenemos que enterrar víctimas inocentes, incluido niños»; «ha llegado el momento de decir hasta aquí hemos llegado»; «los demócratas están absolutamente legitimados para tomar cuantas decisiones sean necesarias, dentro del marco legal, para acabar con el terrorismo»; «la deslegalización está contemplada por la ley y espero y deseo que se produzca cuanto antes».

Pero el aviso a navegantes de Aznar no se refirió sólo a Eta (que «pagará muy caro lo que ha hecho») o a Batasuna, sino también se dirigió al PNV y al Gobierno vasco, del que dijo que «sería bastante razonable que en lugar de enviar ultimatos al Gobierno, lo haga a los responsables de los crímenes».

La «repugnancia insoportable» que siente Aznar ante Batasuna y Eta es compartida por la inmensa mayoría de la sociedad española. Y ésta está dispuesta a aplicar la ley a rajatabla para que los asesinos y sus cómplices paguen por todo el daño que están causando. Por fortuna, las principales fuerzas políticas, PSOE y PP, CiU, CC y UA (por poner algunos ejemplos) están de acuerdo. Sólo falta que lleguen a ese convencimiento los nacionalistas vascos, que no se sabe por qué protegen a los proetarras: si por simpatía o por miedo. El PNV sabe, sin embargo, que cualquier asesinato de Eta pone en evidencia su falta de gallardía para afrontar el terrorismo, descubre sus vergüenzas en los pactos que establece con el brazo político de Eta, e incluso hace obsceno su ideario político en lo que confluye con los deseos terroristas de ruptura constitucional y estatutaria.

El PNV, en ridículo
Es obvio que el atentado de Eta también tenía como objetivo dejar en ridículo al PNV. Demostrarle que todas sus ínfulas soberanistas deben pasar por la taquilla de Eta. No vale el programa paulatino de autodeterminación de Arzallus. Sólo vale el programa máximo de independencia ya. Porque Eta dejó al PNV un margen de algunos meses para sus aventuras, pero no le bastó el ritmo marcado por los nacionalistas, y eso que con su ultimátum se habían colocado virtualmente fuera de la Constitución. Eso debería hacer reflexionar al PNV de que si no quiere ir eternamente del dogal de Eta, tendría que pasar con armas y bagajes a la fila de los demócratas, aunque ello les quite una seguridad personal de la que hasta ahora han gozado.

Perversión moral del voto abertzale
Con tantas pantallas políticas, con tanta apelación a un supuesto conflicto, con tanta confusión sobre autodeterminaciones y soberanías, la parte nacionalista de la sociedad vasca ha llegado a una confusión absoluta. Y en algunos casos, el de los votantes de los grupos proetarras, a un grado de perversión moral incomprensible. ¿Cómo se puede apoyar a una banda que asesina niños? ¿A qué grado de insensibilidad han llegado?
Dentro de este territorio de perversiones morales, queda una vez más en evidencia el silencio de algunas instancias de la Iglesia vasca. Sólo el obispo de Vitoria, monseñor Asurmendi, criticó con valentía a los asesinos y «a sus cómplices». Pero los que tan diligentemente hacen pastorales para equiparar el sufrimiento de los asesinos y de sus víctimas y culpan del conflicto de forma similar a los terroristas y al Gobierno deberían ser más agiles (si es que terminan por prestarse a hacerlo) para atender al dolor y a la indignación de la sociedad.
El nacionalismo radical quiere poner de rodillas al Estado. Es al Estado, por puro instinto de supervivencia, al que le toca responder.

Deslegalizar la basura
Luis María ANSON La Razón  6 Agosto 2002

de la Real Academia Española

La ley es ley para todos. Nadie debe dudarlo. He manifestado reiteradas veces mi escepticismo con relación al nuevo texto legal sobre los partidos, pero en un Estado de Derecho se promulgan las leyes no para amenazar sino para que sean cumplidas. Tras muchos meses de negociación, los partidos políticos llegaron a un acuerdo para poner coto a los desmanes de Batasuna, cómplice de los terroristas de Eta. Magnífico Aznar cuando ayer, tras despachar institucionalmente con el Rey, llamó basura humana a los batasunos, les hizo responsables de los crímenes etarras y manifestó su asco por el escándalo que supone enterrar a las víctimas del terrorismo mientras los chulos de Batasuna se enseñorean de las calles de las provincias vascongadas.

Más del noventa por ciento del pueblo español, a través de sus representantes democráticos en el Parlamento, aprobó la nueva ley de Partidos que prevé las fórmulas para deslegalizar a las agrupaciones que hacen el juego al terrorismo. Batasuna se frotó el domingo las manos con su silencio cómplice sobre los asesinatos perpetrados en Santa Pola. El Partido Popular, el Partido Socialista, los partidos democráticos, el Gobierno de la Nación, tienen la obligación de exhibir su musculatura política y hacer cumplir la ley, poniendo la deslegalización de Batasuna en manos de los jueces. Sin más demoras, sin más veladuras, sin nuevas cobardías.

Comunidad de fines
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC  6 Agosto 2002

EL registro dialéctico del lehendakari Ibarretxe cuando se produce un atentado terrorista -adjetivo que esquiva con esmero- consiste en una estudiada mixtificación de homilía repleta de obviedades y de inútil sentimentalismo gestual. Por eso, incluso cuando trata de mostrar su pesar por las muertes de Santa Pola -elude, claro está, el término asesinato- construye un discurso verdaderamente nauseabundo. Que éste presidente del Gobierno vasco apele al diálogo y la «sensatez» resulta ofensivo cuando se inhuman los cadáveres de un niña de seis años y de otro ciudadano inocente reventados por el explosivo etarra porque ambos son víctimas del terrorismo nacionalista de ETA, pero también de las políticas del PNV, EA e IU que ofrecen verosimilitud y horizonte político a los asesinos.

Sabe Ibarretxe, y con él todos los dirigentes del nacionalismo, que el dedo acusador de la opinión pública española -y de la vasca que no ha sucumbido al buzoneo de los bizkaitarras y a la amenaza de los etarras - les señala y lo seguirá haciendo hasta tanto no rompan -esta es la clave de la cuestión- la comunidad de fines que mantienen con la banda terrorista y su entorno.

Pueden los nacionalistas indignarse tanto cuanto quieran, amagar con querellas judiciales o imprecar a unos y a otros, pero sobre ellos pesa el estigma de compartir los propósitos últimos que ETA explicita con una suerte de claridad que el PNV y su Gobierno camuflan con eufemismos y ambigüedades. El resultado final siempre es el mismo: el PNV y EA buscan, como lo hacen los terroristas por medios criminales, la secesión utilizando para lograrla vías complementarias. El nacionalismo y ETA no desarrollan líneas paralelas que nunca llegarían a cruzarse; por el contrario, son trayectorias que buscan la convergencia aunque ocasionalmente se distancien para luego, de forma irremediable, volver a aproximarse. Los nacionalistas y los terroristas han creado un mecanismo de acciones reflejas de mutua asistencia extraordinariamente operativo. Si la sociedad vasca y del resto de España invade las calles como hace cinco años con motivo del asesinato de Miguel Angel Blanco, el PNV rescata a los terroristas del encanallamiento firmando con ellos y adláteres el Pacto de Estella; si los partidos constitucionalistas pisan los talones electorales a los nacionalistas, el entorno etarra presta a las candidaturas del PNV ochenta mil votos adicionales y si la banda terrorista se siente acuciada y perseguida por las policías española y francesa y hostigada en sus retaguardias, el PNV formaliza las pretensiones comunes en una declaración parlamentaria. ¿Más datos? Los hay, en la historia y en el presente: los nacionalistas no quieren la ley de partidos que podría ilegalizar a Batasuna, pero tampoco la vía penal de la Audiencia Nacional. En realidad no aceptarán ni una sola medida que altere el statu quo actual. La única rivalidad que existe entre unos y otros es de ámbito interno: determinar en su momento qué nacionalismo -el etarra o el peneuvista- lidera el movimiento nacional vasco. Mientras tanto, se mantiene bien vigente la comunidad de fines, la comunión de aspiraciones y la asistencia recíproca.

El nacionalismo, sin embargo, con ser burdo, no lo es tanto: ha logrado con gran eficacia construir una enorme ficción, un gran embuste. Puesto que la violencia etarra garantiza adhesiones de refugio y el clientelismo económico silencia disidencias de las clases más pudientes, él se presenta ora victimizado, ora perseguido y siempre incomprendido. Aunque las víctimas, los perseguidos y los incomprendidos sean, precisamente, los no nacionalistas.

La explotación por el PNV de las contradicciones nacionales de España es un recurso que, desde Sabino Arana a nuestros días, los nacionalistas han manejado con maestría. Es fácil en nuestro país utilizar a determinada intelectualidad mediática más interesada en impugnar al presidente del Gobierno que al del PNV; es bastante sencillo -a la vista está- amedrentar a unos obispos y alentar a otros para que en pastorales estridentes secunden todas sus tesis; no resulta dificultoso premiar con «la distinción» de Sabino Arana o como «vasco universal» a algún español de campanillas. Y, en último término, si el discurso debe modularse, se modula porque las lealtades del nacionalismo -desde 1895 a 2002, diga lo que diga Anasagasti en la tribuna del Congreso de los Diputados- brillan por su ausencia y han relucido ostentosamente con la monarquía alfonsina, con la dictadura de Primo de Rivera, con la II República, con el franquismo y, ahora, con la democracia.

El nacionalismo vasco no forma parte de la solución a la tragedia del terrorismo; es parte -y parte sustancial- del problema. Todos sus diagnósticos y comportamiento se insertan en una estrategia que pretende el motín político, la confusión y la desestabilización. El grado de radicalización, el calibre de los discursos, la desfachatez política estarán en función de las circunstancias. Si ahora se han incrementado los decibelios -más allá de los pésames de Ibarretexe- es porque el PNV debe revolverse ante la posibilidad de que Batasuna quede en la clandestinidad. Los proetarras son básicos en el diseño subversivo del nacionalismo, desempeñan una función crucial, disponen de unos recursos públicos que contribuyen a la «construcción nacional» y son la expresión permanente del «conflicto» que el PNV alimenta con dosis de alquimista avezado.

La vinculación objetiva entre Batasuna y ETA dispone ya de carta de naturaleza pero hasta tanto no se interiorice en la sociedad española que el nacionalismo vasco carece de discurso y posibilidades sin la violencia de la banda terrorista, no se habrá dado el paso psicológico para lograr el manejo democrático y razonable del denominado «problema vasco». Sin la violencia terrorista, el vasco sería un factor interno nacional que obligaría a difíciles pero lógicos equilibrios, pero sus dimensiones se situarían en parámetros de absoluta normalidad que diluirían el sentido fundacional del nacionalismo que nació y se ha desarrollado sobre factores de patología social de tal modo que, cuando éstos se superaron en el conjunto de España, apareció como una excrecencia del sectarismo el terrorismo que el domingo segó dos vidas más. Víctimas ambas de los asesinos, pero también -la causa de la causa es la causa del mal causado- de ese error histórico, de ese disparate anacrónico que es el nacionalismo que, en su extrema postración, es ya rehén de la comunidad de fines con los terroristas.

EL GOBIERNO NO DEBE PRECIPITARSE EN LA ILEGALIZACION DE BATASUNA...
Editorial El Mundo  6 Agosto 2002

Cientos de miles de ciudadanos salieron ayer a la calle en numerosas ciudades españolas para dejar patente su repulsa por el atentado de ETA en Santa Pola. Aznar, visiblemente indignado, calificó de «basura humana» y «chulos que se pasean libremente» a los dirigentes de Batasuna, que se negaron a condenar la criminal acción de la banda terrorista en los ayuntamientos de Vitoria, Pamplona y San Sebastián.

El presidente del Gobierno se mostró a favor de una ilegalización «cuanto antes» de Batasuna, mientras que Angel Acebes, ministro de Interior, subrayó que «es difícil de entender» que un partido que no condena la violencia sea legal. Acebes tiene razón, pero una cosa es que cualquier demócrata sienta repugnancia moral hacia los silencios y omisiones de Batasuna y otra que la negativa de esta formación a condenar expresamente los atentados pueda constituir per se motivo de ilegalización.

La Ley de Partidos, aprobada el 27 de junio, establece en su artículo 9 una serie de supuestos que darían lugar a la ilegalización de una formación política. Entre estos supuestos, figuran «dar apoyo político expreso o tácito al terrorismo», «justificar o exculpar los atentados», «fomentar, propiciar o legitimar la violencia» e «intimidar a quienes se oponen a la confrontación civil». Pero la Ley de Partidos no incluye -no podría hacerlo- el silencio como causa de ilegalización. Tomás Moro fue condenado por callar sobre el matrimonio de Enrique VIII y Ana Bolena, por lo que fue considerado un mártir de la tiranía real. Otegi y sus compañeros no son santos como Moro sino meros cómplices de ETA, a los que no hay que dar la oportunidad de presentarse como víctimas.

No parece, pues, posible ni aconsejable que el Gobierno o el Parlamento pongan en marcha el proceso legal contra Batasuna un mes después de la entrada en vigor de la ley y con tan escaso bagaje argumental.

Tiempo habrá para acometer la ilegalización de Batasuna, ya que, tarde o temprano, sus dirigentes participarán en actos de apoyo a ETA, justificarán expresamente la violencia terrorista o promoverán desordenes callejeros, como lo han venido haciendo desde hace muchos años.

La Ley de Partidos establece que una formación sólo puede ser ilegalizada por el Supremo. Por ello, el Gobierno debe ir acumulando pacientemente las pruebas que hagan irrefutable la decisión judicial, que, al margen de juicios morales, debe estar sólidamente fundamentada en lo jurídico.

...PERO SI PUEDE PROMOVER LA CADENA PERPETUA PARA LOS TERRORISTAS
La precipitación sería un error en el proceso de ilegalización de Batasuna, pero hay una medida que sí podría promover el Gobierno de inmediato de acuerdo con el PSOE y los partidos que firmaron el Pacto Antiterrorista: la reforma del Código Penal para suprimir el límite de 30 años efectivos de cárcel para quienes cometan crímenes como los de Santa Pola.

Creemos que los asesinos de ETA deberían seguir recluidos en la cárcel hasta el cumplimiento íntegro de sus penas -es decir, de por vida- con una importante excepción: que aquellos que mostraran arrepentimiento pudieran abandonar la prisión cuando un tribunal encargado de revisar su actitud así lo acordase.

La medida que propone EL MUNDO no es cruel sino justa. Es incluso generosa con quienes se arrepientan sinceramente de sus errores, pero inflexible con quienes persistan en defender el coche bomba o el tiro en la nuca.

Hemos asistido en los últimos meses al vergonzoso e intolerable espectáculo protagonizado por los asesinos de Buesa, Lluch y Cariñanos, que no sólo no dieron muestra alguna de pesar por sus crímenes en el banquillo sino que además se enorgullecieron de pertenecer a ETA y reivindicaron todos sus asesinatos. Gentes así no merecen salir de la cárcel a los 30 años de cumplimiento de la pena, con buena parte de sus vidas por delante.

Muchos de los etarras que fueron juzgados por el Código Penal de 1973, vigente hasta hace siete años, se han beneficiado o están a punto de hacerlo de un sistema de rendención de penas que permitía a etarras condenados a más de 1.000 años de cárcel abandonar la prisión tras cumplir 22 ó 23 años efectivos.

Es el caso de Antonio Troitiño, responsable de la masacre de Hipercor y condenado a 2.074 años de cárcel por la muerte de 21 personas, que sólo permanecerá en prisión 22 años. ¿Saldrá dando vivas a ETA? ¿O volverá tal vez a colocar bombas en otro supermercado? La hipótesis no es descabellada: Hierro Chomón, tras cumplir 17 años de cárcel, acaba de ser detenido por reorganizar los GRAPO y ordenar nuevos atentados.

La cadena perpetua para los terroristas con delitos de sangre es plenamente compatible con nuestra Constitución siempre que exista la posibilidad de la reinserción, que sólo es posible si hay arrepentimiento. Si no lo hay, los etarras tienen que seguir en la cárcel y pagar por el derramamiento de sangre de inocentes como la niña de seis años de Santa Pola.

Como Eta no atentaba...
Iñaki EZKERRA La Razón  6 Agosto 2002

¿Te imaginas cómo pueden estar ahora los padres de esa niña de seis años asesinada en su cuarto? Éste es uno de los pocos comentarios que se pueden hacer tras tener noticia de la innombrable atrocidad cometida el domingo por Eta en Alicante. Y ése es uno de los comentarios que hay que seguir haciendo mañana y dentro de tres meses cuando se hable de la Ley de Partidos o de cualquier tema relacionado con el terrorismo nacionalista. Mientras quienes se pronuncian sobre esa trágica cuestión no sepan hacerse esa misma pregunta tres meses después y tres años después del atentado, mientras no permanezca en ellos intacta la conciencia ¬ya que la memoria les falla a algunos¬ de la enormidad del mal, de la bestialidad sistemática y de la verdadera gravedad del terror que practica Eta, volverá a haber cartas pastorales y respaldos a éstas de la Conferencia Episcopal como los que hemos conocido, volverá a hacerse bromas sobre los amenazados, como las que en las últimas semanas ha hecho salvajemente todo el nacionalismo institucional y hasta algún portavoz de Izquierda Unida, esa formación política que hoy está en el Gobierno vasco y que es cómplice público del ultimátum diseñado por Arzalluz.

Como Eta no atentaba, se podía bromear sobre sus víctimas. Se les podía reprochar a algunas de ellas que no fueran tan víctimas como otras, o sea que no estuvieran muertas. Se le podía insultar a Francisco Llera por el «gran chollo» que se ha buscado en una universidad americana. Ya lo dijo Primo Lévi: «la víctima nunca lo es lo suficiente, siempre hay quien le pide que lo sea más». Se le podía seguir calumniando a Edurne Uriarte porque el Estado de Derecho le ha devuelto la cátedra que un descerebrado llamado Letamendía daba por suya. Se le podía insultar a Jaime Larrínaga como ha hecho un tal Manuel de Unciti, clérigo abyecto que lleva treinta años en Madrid, que ha estado al frente del Secretariado General de Misiones y que en un reciente artículo le «reprochaba» al cura de Maruri que lleve escolta así como le «garantizaba» que no es objetivo de Eta aunque lo señale su ayuntamiento. ¿Sabe Unciti quién es objetivo de Eta? ¿Quién le ordena hacer ese trabajo tan sucio?

Se le podía, en fin, comparar a Aznar con Ariel Sharon, como hizo no hace mucho en otro artículo Pello Salaburu, ex rector de la UPV que pasaba por sensato. Estos días atrás las tropas de Sharon han matado a niños palestinos. ¿Donde están los niños vascos que mata Aznar y las bombas que cercan la casa de Ibarretxe? La única bomba es la que ha caído en esa casa de guardias civiles. La única criatura asesinada es esa niña. Pero pronto será olvidada. Las víctimas son los nacionalistas, claro.

Camino de ilegalización
Editorial ABC  6 Agosto 2002

Las declaraciones del presidente del Gobierno, José María Aznar, tras la audiencia con el Rey, celebrada en el Palacio de Marivent, expresaron el estado de ánimo de la sociedad española frente a ETA y Batasuna. Aznar manifestó sentir una «repugnancia insoportable» por la impunidad que permite a los dirigentes batasunos pasearse tranquilamente por las calles del País Vasco mientras son enterradas las víctimas del terrorismo, como las del último atentado etarra, perpetrado el domingo en Santa Pola. Cuando Aznar dijo que «hasta aquí hemos llegado», estaba pensando en la ley de Partidos Políticos y por eso pidió el respaldo de la sociedad, de todas las instituciones y de las fuerzas democráticas a las iniciativas legales que se tomen para situar a Batasuna fuera de la ley.

El atentado de Santa Pola, marcado para siempre por el asesinato de una niña de seis años -el vigésimo niño asesinado por la banda terrorista-, es el primer examen democrático para Batasuna. Hasta ahora, los sucursalistas de ETA han podido exhibir sus vínculos con la banda terrorista sin temor a sufrir ninguna consecuencia legal, más allá de los intentos del Ministerio Fiscal de aplicarles las figuras penales de la apología y de la exaltación del terrorismo, con el frustrante resultado conocido hasta ahora. Sin embargo, la ley de Partidos va a encarecer los apoyos tácitos o difusos a ETA, porque aunque éstos no tengan relevancia penal -bien por falta de pruebas, bien por falta de tipicidad-, sí la tendrán desde el punto de vista constitucional. Apoyar a ETA, cualquiera que sea el lenguaje, la intensidad o la ocasión del apoyo, no puede ni debe salir gratis. Por eso, las declaraciones de Aznar no fueron un desahogo visceral ni una fuga emotiva. Sus palabras reflejan el déficit acumulado por la democracia española a causa de la tolerancia practicada con los entramados políticos de ETA, un déficit que se debe corregir de forma contundente y radical a través de la ley de Partidos.

Batasuna ha dado el primer paso en el camino de su ilegalización por inconstitucionalidad. La vía penal sigue abierta en manos del juez Garzón y ambas son perfectamente compatibles. Ese primer paso ha sido la negativa a condenar el atentado de Santa Pola, lo que, por sí solo, no es suficiente para poner en marcha el proceso de disolución que prevé la ley de Partidos, porque esta norma exige que las conductas inconstitucionales sean, además de graves, reiteradas. Pero aunque no sea suficiente, ya es el primer hecho cometido bajo la nueva ley e indicativo de una actitud antidemocrática que ha de ser sancionada legalmente. Queda, por tanto, menos para llegar a esa reiteración que pide la ley de Partidos y ETA va a dar ocasiones suficientes para que Batasuna siga acreditando su vinculación umbilical con la banda terrorista. Lo lamentable es que Batasuna no va a estar sola a la hora de defenderse. Con los asesinados en Santa Pola sobre la mesa y el silencio atronador de la formación proetarra, el nacionalismo vasco tiene motivos para reflexionar si fue políticamente oportuna y éticamente admisible la campaña desarrollada contra la ley de Partidos en el Parlamento y en los Ayuntamientos vascos.

En ausencia de atentados, era fácil vestir esas iniciativas con ropajes democráticos, tales como el lema de la manifestación de Bilbao contra la ley de Partidos -«Todos los proyectos. Todas las personas. Todas las ideas»-, pero tras el brutal doble asesinato del domingo en Santa Pola, las declaraciones de los dirigentes del PNV contra dicha ley se han convertido en una coartada para proteger la complicidad de Batasuna con ETA. Ayer mismo, un consejero del ejecutivo vasco manifestó que no podía utilizarse la negativa de Batasuna a condenar el atentado como un motivo de ilegalización. Aparte de que tal opinión se anticipa a los acontecimientos, resulta decepcionante que un gobernante elegido democráticamente no defienda la existencia de un deber democrático de condenar la violencia y, por tanto, de un correlativo derecho del Estado a sancionar el incumplimiento de ese deber por la vía adecuada y con las consecuencias proporcionadas a la gravedad del hecho. Si la democracia es el sistema que se basa en la prohibición absoluta de la violencia para la defensa de las ideas, su rechazo explícito es una conducta justamente exigible a toda formación política. No puede permanecer en el juego democrático quien guarda silencio ante el terrorismo, porque frente a la violencia no caben ambigüedades. La no condena de la violencia terrorista no es un ejercicio lícito de la libertad de expresión, como a veces se ha dicho, sino una expresión intolerable de la falta de aprecio por la vida y las libertades ajenas.

La aplicación de la ley de Partidos no está exenta de problemas jurídicos, algo inevitable en una norma que regula los supuestos de expulsión de un partido político del recinto democrático. Tampoco sería prudente trasladar en bruto a los tribunales las mismas percepciones políticas y sociales sobre la vinculación de Batasuna con ETA sin un depurado inventario histórico de las conexiones entre una y otra y sin un encaje preciso de éstas en los supuestos de la ley. Pero nada de esto representa un problema insuperable si a la voluntad firme de aplicar la ley se une la paciencia suficiente para armar una demanda de ilegalización sólida y bien fundada. Las ansias de justicia no deben conducir a la precipitación.

Domingo de dolor
Faustino F. ÁLVAREZ La Razón 6 Agosto 2002

En la tarde del primer domingo de agosto los etarras hacen estallar un coche bomba en Santa Pola, resultan muertos una niña que es hija de un guardia civil, y un transeúnte; hay decenas de heridos, y a la jornada en que hubo sol en la playa, y fútbol y toros en la televisión se le cayeron encima, de tanto desconsuelo, los palos del sombrajo. Inútil es preguntarnos por qué ocurren estas barbaridades. No me consuela que en la radio se escuche: «la tragedia podría haber sido mayor debido al volumen de la carga explosiva». No hay tragedia mayor que la muerte de una niña: en ella se mueren un poco todos los niños del mundo. Ocurre lo mismo con el caballero víctima mortal de la metralla: con él se van la confianza y la esperanza de muchas personas. En estos sucesos, la contabilidad engaña y las estadísticas dan una falsa perspectiva del dolor. Cada muerto produce un dolor infinito, y no se pueden sumar infinitos como quien realiza una operación aritmética con patatas o con caracoles. ¿Quiero decir que tan grave es un atentado con una víctima mortal que otro con diez? Me quedo con que un corazón roto e inmóvil por la acción de los terroristas es algo que nos desborda y, como en el poema de Blas de Otero, nos lleva la sangre hasta el borde de la boca. La última gota de sangre es un océano, y los ataúdes no tienen fondo.

Los presentadores de las televisiones y los enviados al lugar de la tragedia alicantina del domingo se armaban un lío a la hora de iniciar sus intervenciones, no sabían cómo saludar y oí que varios arrancaban: «Buenas tardes, por decir algo...». El adjetivo bueno, que acompaña en el saludo a la mañana, la tarde o la noche, expresa y matiza la calidad de un deseo, y no es frivolidad usar esa fórmula en un momento de tristeza o de angustia. Estamos en el territorio de las costumbres coloquiales, más o menos rutinarias, y a nadie se le puede negar el deseo de bien aunque esté el volcán en erupción o el mar se haya enfurecido contra la frágil barquilla de los pescadores. Es en esos momentos cuando se necesita buena suerte y buen ánimo y buena mano para superar aquello que nos hiere por la misteriosa y lejana decisión de hacernos daño. A la misma hora en que había españoles que deseaban con toda su alma que el Real Madrid perdiese frente al Bayer Munich (algunos culés se consuelan así de la derrota del Barça frente el Ajax), se producía unanimidad (excepto en Eta y su trama) en la condolencia de la ciudadanía hacia unas familias heridas de muerte en el Mediterráneo estival. Y esa condolencia era un grito colectivo que expresa un cambio muy importante a la hora de afrontar la lacra terrorista. Ahora sabemos que la lucha contra los malhechores no es asunto exclusivo de las fuerzas de Orden Público. Todo es importante: desde la gran operación hasta el gesto más íntimo. Aquí hay una sola afición, numerosísima, frente a una jauría de perros rabiosos cuyos domadores no necesitan guardaespaldas.

PNV e Ibarretxe, cómplices políticos
Enrique de Diego Libertad Digital  6 Agosto 2002

El terrorismo nacionalista ha asesinado a una niña de seis años y a un hombre de cincuenta. Ha segado dos vidas, en lo que podía haber sido una matanza de dimensiones mucho mayores. Para quien conozca la zona, no se trata de un atentado contra el Cuartel de la Guardia Civil, sino estricto terrorismo indiscriminado, en una rotonda de mucho tráfico, con muchas personas en las calles, con establecimientos, cuando se celebraba un acto cultural infantil en un Parque cercano.

Todo ello prueba el nivel de depravación del nacionalismo, porque se asesina en nombre del nacionalismo y no de cualquier otra cosa o idea. Es en el clima generado por el nacionalismo, en las escuelas, en las parroquias de los amorales e inmorales obispos vascos, donde crecen estos degenerados capaces de matar a niños. Es el nacionalismo aranista y arzallista el que da la munición ideológica para que estos amantes del hedor de la muerte.

La condena del gobierno vasco y de Ibarretxe tienen el valor humano que tienen, pero no pasan de ser la denuncia de los cínicos –incluso salen en defensa de Batasuna–, de los que saben que nunca serán víctimas, de los que no persiguen a los asesinos, de los que los protegen oponiéndose a que se pueda ilegalizar la cantera del terrorismo nacionalista.

Dijeron los obispos vascos que no debíamos ni pensar en cuáles eran las relaciones entre Batasuna y Eta. No debemos ni pensar en que los “compañeros patriotas” de Otegi han matado a una niña y han destrozado una familia. Los obispos vascos representan la perversión del cristianismo, su nivel más bajo de infamia. Un cristianismo, el de estos obispos, que no soporta ni el juicio del mínimo de humanitarismo.

Ahora Ibarretxe, Arzalluz y Anasagasti deben explicarnos por qué están empeñados en que los etarras sigan matando a niños, por qué se oponen a que los etarras-batasunos puedan ser perseguidos por la Ley, con un Estado de Derecho que deje de vivir en la cesión permanente. Deben explicarnos cuál es la relación entre su chantaje-ultimátum secesionista con el asesinato de una niña y los que pueden tener lugar en los próximos días –los terroristas nacionalistas han robado seis coches en los últimos tiempos. El cínico Ibarretxe debe explicarnos por qué no se debe ilegalizar a los que han puesto la bomba de Santa Pola. Deben dejar de pedir explicaciones a los demás porque sus ideas están manchadas, ahítas, de sangre inocente. El nacionalismo vasco es una cultura de muerte, un integrismo genocida.

La «coherencia» del PNV
Lorenzo CONTRERAS La Razón 6 Agosto 2002

Es práctico hacer memoria. La memoria suele ser fecunda, aunque a veces convenga no utilizarla. En ocasiones no se trata de recordar porque el asunto está demasiado reciente o es actualidad pura. Es el caso de lo manifestado por Otegui el pasado sábado cuando dio a entender que la llamada tregua tácita de Eta se mantendría hasta septiembre o final del verano. Le han desmentido los hechos. El crimen de Santa Pola ha madrugado en el calendario. La banda, en su vieja línea de salvajismo indiscriminado, acaba de demostrar que no le marcan el paso, que los crímenes más sangrientos, como las bicicletas, son para el verano, y que ahí está, tentador para ella, un triple objetivo: el botín de sangre, el turismo y la Guardia Civil.

Otegui, en nombre de Batasuna, podría decir ahora que Eta es una cosa y su reconocido brazo político otra. Que la sintonía no existe. Existe. Es subordinada, pero existe. ¿Quién puede dudarlo? Para el Gobierno y sus aliados democráticos, puede haber sonado el momento de empezar a meditar sobre el articulado de la Ley de Partidos Políticos, que ya está en vigor. Batasuna tiene ahora que pronunciarse, si no lo ha hecho ya cuando se publiquen estas líneas, sobre lo acontecido en Santa Pola. El clásico síntoma de apoyo a Eta, por la vía de no condenar el nuevo y atroz atentado, entra en las previsiones de la ley. Pero es casi seguro que no será suficiente. Surgirán escrúpulos jurídicos. Simplemente será esa actitud batasuna un dato más en favor de la razón ilegalizadora.
El 7 de abril de 2001, el presidente del PNV, Javier Arzallus, preguntó a través de Radio Euskadi, que le entrevistaba: «¿Cuánto va a durar la violencia? ¿De qué depende que dure? ¿Depende de Eta o también del poder español, al que le conviene en un momento dado que esto continue?». Evidentemente apuntaba a supuestas utilidades electorales del PP. El dirigente nacionalista no ha dejado de insistir en esa línea argumental.

Pero esa utilidad no es verdadera, como quedó probado en las urnas de aquel 13 de mayo. El sistema de presión de Eta favorece al PNV, le permite declamaciones de indignación contra actos de barbarie, maquilla sus debilidades en la compañía viajera, soberanista, de los proetarras, porque ellos son ellos y los otros son los otros, y al final el «poder español» es el que carga con las responsabilidades. Ahora más que nunca Arzallus tendrá (¿o no tendrá?) que ser coherente con lo que dijo en aquellas declaraciones preelectorales de Radio Euskadi: si Eta no deja de matar, lo cual no ha hecho, el PNV no caminará concertadamente con Batasuna. La nueva atrocidad, a pesar de la famosa ponencia sobre autogobierno y del informe del tripartito (PNV, EA, IU), le pone en bandeja el establecimiento de una distancia apreciable. ¿O va a invocarse la teoría de que esa distancia ya existe?

Santa Pola
David GISTAU La Razón 6 Agosto 2002

Estábamos jugando al Risk con Marruecos, recreando una especie de conflicto de tablero más cercano al humorismo que al drama, cuando el atentado de Santa Pola nos ha devuelto a la crudeza de la auténtica guerra que libra España. Contra un enemigo siempre justificado por la dialéctica nacionalista y no del todo castigado ni protestado por el neocomunismo que sale de procesión contestataria cuando se trata de causas folclóricas, Palestina o Cuba, en las que no han de pronunciar la palabra España. Contra un enemigo que mata niños que perduran en la memoria lo que Jesulín o Ronaldo o las Sex Bomb tardan en regresar al titular: es tan rutinaria la villanía de Eta que ya no alcanza ni para sacudirnos la frivolidad. Veinticinco niños asesinados por Eta. Víctimas inocentes, los llaman, como si no lo fuesen las otras, ¿culpables de qué? ¿De llevar uniforme? ¿De esperar el autobús? También así, negándole el apéndice «inocente», se contribuye a justificar el asesinato de, por ejemplo, un guardia civil, como en los tiempos en que, según contaba ayer Anson, eran enterrados de forma casi clandestina mientras en los cafés si alguien se indignaba era por Palestina o cualquier otra causa aprobada por el sanedrín progre: antes las ballenas que la Guardia Civil. Antes un niño de Ramala que uno de una Casa Cuartel.

Santa Pola inaugura el veraneo etarra con el asesinato de una niña que en el Norte será saludado con entusiasmo epopéyico. Como en Tolkien, los orcos asolan la época más festiva de la Comarca. Habrá quien diga, cuando se hayan limpiado los cristales y olvidado los muertos ¬todo al día siguiente¬, que volver a Jesulín y demás negritas mundanas es el triunfo de una normalidad irrenunciable aun en el acoso. Tal vez se trate más bien de la debilidad de quien ya no se indigna ni cuando le matan a los niños, de quien acepta el crimen como una rutina que no va a jodernos la alegría de fichar a Ronaldo.

El terrorismo es nacionalista
Por FRANCISCO LLERA ABC 6 Agosto 2002

MI primer recuerdo tiene que ser para las dos víctimas mortales del atentado terrorista de anteayer, para los heridos, para los afectados por el efecto destructivo de la onda expansiva, para sus familiares y allegados y para los aterrorizados, en general. Todos inocentes como el cuerpo sin vida de nuestra niña. ¿Qué se puede decir a los que quedan rotos por el dolor que producen estos matones de la sinrazón? Por favor, los que estén cerca que les den mucho cariño y que les arropen más allá de lo que dura el duelo oficial. Van a necesitarlo. A los demás, a los ciudadanos de buena fe y con temple democrático, hay que pedirles firmeza, paciencia y mucha confianza en que nuestras instituciones democráticas sabrán restablecer la justicia que estos bárbaros violan cada día. A los responsables políticos, sólo responsabilidad para dar la respuesta adecuada a la demanda social de seguridad, garantía de los derechos individuales fundamentales y lealtad y respeto a las reglas y valores de nuestro sistema constitucional.

Los rituales de duelo y las palabras de condena, sean sentidos o de obligado cumplimiento, serán bien recibidos, pero sólo con ellos no basta. Es imprescindible reclamar a todos unidad democrática efectiva para luchar codo con codo contra quienes, desde el totalitarismo nacionalista, pretenden torcer nuestra voluntad democrática, deslegitimando y chantajeando a nuestro Sistema institucional. Esta unidad sin fisuras y sin matices es la que requiere la prioridad absoluta de nuestra democracia para derrotar políticamente a la ensoñación liberticida del nacionalismo totalitario. No puede haber ni peros, ni plazos, ni cálculos estratégicos, ni, mucho menos, contabilidades electorales. Es más, el que tenga la tentación de hacer algo de esto, ya sea por activa o por pasiva, deberá quedar en evidencia ante la ciudadanía democrática de nuestro país. Será legítimo pedirle explicaciones y será imprescindible pasarle la factura política correspondiente.

Al totalitarismo nacionalista, tanto el que mata como el que tira de la pata, se le ayuda y se le alimenta de muchas maneras. A estas alturas ya deberíamos conocerlas todas muy bien. La más importante es aquella que mantiene vivas sus expectativas de éxito porque alguien cede a su capacidad de chantaje institucional y social, o porque alguien accede a compartir sus objetivos y principios políticos, recogiendo beneficios institucionales y materiales del miedo que su lucha antisistema logra extender en el tejido social.

En efecto, el nacionalismo no es ni totalitario, ni terrorista, ni antidemocrático. Pero, el terrorismo vasco es, sobre todo, sino exclusivamente, nacionalista. A la vista de cómo están yendo las cosas en el País Vasco en los últimos años, al nacionalismo vasco en su conjunto y, muy particularmente, al gobernante, se le acaba el tiempo para hacer un serio examen de conciencia que le lleve a una rectificación política definitiva.

Esta rectificación es imprescindible si quiere despejar las razonables dudas que existen sobre sus actitudes y comportamientos democráticos en sus relaciones con los amigos de los terroristas y en el manejo de su agenda política soberanista. Tiene muchas formas y oportunidades para hacerlo, además de las jaculatorias y plegarias de condena de los atentados terroristas. No es casual, ni malintencionado, ni perverso que la mayoría de nuestras miradas se dirijan a ellos cuando pasan estas cosas.

La primera y más importante rectificación es convencerse de que su programa político es minoritario y de que, para no depender de la autorización de los totalitarios para imponerlo, deberán buscar una mayoría democrática con otro programa de gobierno, que no podrá ser soberanista. Es esta falta de rectificación y de voluntad política la que rompe a la sociedad vasca en un contexto de violencia.

Mandan huevos
Fernando JÁUREGUI La Razón 6 Agosto 2002

¿Ilegalizar a Batasuna? ¿Por qué? ¿Por tirar huevos al alcalde de Vitoria cuando pretendía inaugurar las fiestas de Vitoria? Claro que no. Nadie en sus cabales ilegalizaría a una formación política por eso. Lo malo es que, tras los huevos, está la metralla que siega la vida de una niña de seis años que bailaba ante su madre y la de un veraneante que pasaba por allí. Primero tiran los huevos a quien está legitimado por los votos para lanzar el «txupinazo» y luego tiran a matar al primero que pasa. Quieren silenciar al alcalde y luego callar a otros, ya que al mismo alcalde no es tan fácil callarlo como a una niña y a un transeúnte que ignoraban su triste destino.

Buscan imponer el silencio, y por eso mismo deben ser silenciados. Quieren triunfar con el temor, y por ello han de ser atemorizados para que no crean que todo es impune. Ya no caben las dudas contra esa norma que dejará fuera de la ley a quienes nunca condenan las atrocidades de la banda. Peor: a quienes pavimentan con claras de huevo el camino de quienes luego ponen el coche bomba. ¿Habrá alguien, Ibarretxe, miope, más que miope ¬no hay peor miope que el que no quiere usar gafas¬, que a estas alturas no vea la conexión culpable entre el que lanza los huevos, el que tira los cócteles molotov y los que ponen la bomba o aprietan el gatillo? Ha llegado, lo dijo ayer Aznar y todos, menos ésos de siempre, lo respaldan, ha llegado la hora de actuar, por fin.

Amén
Por JAIME CAMPMANY ABC 6 Agosto 2002

Que la sangre nueva, todavía sin gozo y sin camino, de esa niña de seis años, destrozada junto al mar en el verano azul y en la paz blanca de España, junto al Mediterráneo por donde nos vino el silogismo, la columna y el Evangelio;

Que la sangre inocente y pequeña de los veinte niños, veinte ataúdes blancos, que lleva inscritos en su catálogo de asesinatos esa manada de alimañas que es la banda terrorista que asola el País Vasco y aflige, hoy, mañana y ayer, esta o aquella tierra de España;

Que la sangre de las mil víctimas inermes y pacíficas que han sido abatidas, que están siendo abatidas, a traición y por sorpresa, en nombre de un delirio separatista inalcanzable y sin sentido;

Que ese caudaloso río de sangre española, principalmente vasca, desatado por la furia asesina de los que han hecho de la matanza y la masacre su macabra profesión, su manera de vivir matando;

Caiga como un torrente acusatorio sobre la cabeza de los asesinos, organizados en enloquecida torada y en desbocado cabestraje de destrucción y de muerte;

Caiga también ese torrente de sangre, aún más escandaloso y punitivo, sobre los que forman el brazo político de la banda y su representación «civil», los cobardes y malditos batasunos que señalan con el dedo y esconden la mano, que jalean a los que matan desde la barrera del escaño y la concejalía; al menos, los que matan exponen su libertad, y éstos sólo exponen su vergüenza;

Caiga también la sangre sin culpa de las víctimas sacrificadas sobre los que condenan el crimen con palabras y se aprovechan de él en sus hechos y para sus ambiciones;

Caiga sobre la hipocresía repugnante de esos nacionalistas que esperan bajo el árbol de su proyecto separatista a que caigan las nueces del terror para negociar con ellas sus aspiraciones políticas;

Caiga sobre los arzalluz y los anasagastis y el coro que les acompaña, sobre los que condenan el crimen de dientes para afuera, pero jamás lo persiguen, y piden clemencias y misericordias para los que matan;

Caiga sobre los ibarreches, que exigen al Estado más competencias para su gobierno, y usan las de la enseñanza para inculcar una Historia falsa, una España imposible y sembrar el odio en los corazones de los jóvenes vascos, y las de seguridad para dejar que los etarras sean dueños de aldeas y ciudades;

Que la sangre mártir caiga sobre las cabezas de los cuatro obispos vascos, Blázquez, Uriarte, Asurmendi y el auxiliar Echenagusia, más preocupados de acercar piadosamente a las alimañas a su guarida que de pedir al Señor el consuelo de la vida eterna para las víctimas, con el gozo de su cercanía; que estos obispos cubran los ataúdes de los muertos con sus oraciones, que visiten las tumbas de las víctimas, y que den a los asesinos el nombre de caínes, y entonces les llamaremos pastores.

Amén.

Pucheros de sinvergüenzas
Por ALFONSO USSÍA ABC 6 Agosto 2002

Un coche bomba en Santa Pola, junto al cuartel de la Guardia Civil. Una niña de seis años, hija de un guardia civil, muerta. Un hombre de cincuenta años, muerto. Treinta heridos. Enérgicas repulsas. Arzallus, todavía en silencio, como Eguíbar. El presidente del Gobierno Vasco, Ibarreche, anímicamente destrozado por el «bárbaro atentado». Pero se apoya y se somete a Batasuna, la que indica el lugar de la muerte y celebra su éxito. Gaspar Llamazares, coordinador -¿qué coño coordina?- general de Izquierda Unida, afligido y lloroso. Pero se alinea con Batasuna en la oposición a la ley de Partidos y su «coordinada» coalición vota en el Parlamento Vasco contra los partidos constitucionales y le baila el agua y la romería a los cómplices de los criminales.

El obispo de San Sebastián, después de rezar una brevísima oración por la niña muerta, a pesar de ser hija de un guardia civil, y el hombre fallecido, nos recordará que el camino de la paz se abre desde la senda de la negociación. El obispo de Bilbao, abrumado por el dolor, quizá ya de vuelta de Toronto, nos ofrecerá una exégesis acertada del suceso. El obispo auxiliar, monseñor Echenagusia, no será capaz de pronunciar palabra alguna por la gran tristeza que le embarga. No obstante, en un momento de fortaleza recibida de su fe, instará a las «partes contendientes» a ponerse de acuerdo para que no vuelvan a repetirse situaciones como la de Santa Pola. Y el obispo de Vitoria, bien cumplida la digestión de unas apetecibles pochas con chorizo, rumiará su desencanto y rezará por el dolor que sentirán, a buen seguro, los familiares de los asesinos, que no tienen culpa alguna de las travesuras que protagonizan sus hijos. A ellos se sumará el señor obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor Sánchez, alarmado por los treinta nuevos afiliados a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que es la culpable de la crispación. Los de Batasuna, Otegui, Permach, el Rufino, la payasa de Lasarte y compañía serán los únicos que no harán ningún tipo de comedia. Al menos, los asesinos y sus cómplices directos son sinceros y consecuentes. Matan a una niña de seis años, hija de un guardia civil, y se alegran.

Gimoteos, hipos, sollocitos y pucheros de sinvergüenzas. Pasados unos días, ya la niña y el hombre enterrados en sus raíces, las lágrimas falsas se secarán y la perversidad volverá a ocupar su lugar en las mentes de los fariseos. Si al párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, se le ocurre afirmar en su homilía dominical que la ETA es una banda de criminales y que Batasuna y otros grupos nacionalistas toleran su actividad, recibirá toda suerte de exabruptos, insultos y amonestaciones. Y el obispo de Bilbao y auxiliar de Toronto, le tirará de las orejas por buscar protagonismo. Y hasta podría suceder que a algún -o alguna- periodista cercano al MNLV o al PNV, lo de matar a una niña de seis años se les antoja negativo para alcanzar el clima de tranquilidad preciso a fin de conseguir un acuerdo para iniciar las «conversaciones de paz». A estas alturas de la tragedia, echamos de menos también los pucheros de Knör, de Lagasabaster y de Garaicoechea. Todavía no han tenido tiempo ni oportunidad para la reacción.

Pero me interesan más, como cristiano y católico, los llantos de la Conferencia Episcopal. De los obispos que, mayoritariamente, se negaron a desautorizar el repugnante escrito de los prelados vascos -el auxiliar de Toronto incluido-, en contra de la ley de Partidos Políticos. Me interesa saber qué sienten esos cínicos que se camuflan en la Cruz de todos -símbolo soberano de la paz-, para gemir por el cuerpo destrozado de una niña y defender a quienes la han asesinado.

La adaptación a la impunidad
Por EDURNE URIARTE ABC 6 Agosto 2002

Es curioso cómo las prácticas mafiosas del entramado ETA-Batasuna impuestas con la amenaza y el crimen durante todos estos años nos han producido una especie de adaptación a la anormalidad de la impunidad de los asesinos. Hemos necesitado veinticinco años para que nuestras mentes interiorizaran lo que nuestros ojos veían cotidianamente, es decir, que ETA y su brazo político, se llamara como se llamara en cada momento, eran lo mismo. Y hemos necesitado veinticinco años para reunir el valor necesario para enfrentarnos con firmeza a la impunidad.

Y no se trataba sólo de miedo, sino de la anestesia social causada por la repetición de la vida cotidiana, por la introducción de la justificación del crimen en todos los lugares de la vida social. Los asesinos individuales repugnan y son perseguidos, pero los que actúan en grupo, se justifican con el adjetivo de político y controlan los resortes necesarios del mundo educativo y cultural, pueden llevar a hipnotizar una sociedad.

Algo queda de esa anestesia, y probablemente todavía hay cierto vértigo ante la posibilidad, por fin real, de acabar con la mafia batasuna. Porque, afortunadamente, y tras veinticinco años de impotencia de todos, de los políticos y de la sociedad, la ley de Partidos es clara y no admite lugar a dudas o a indecisiones. El artículo 9 en sus apartados 2 y 3 recoge la figura de la exculpación, de la justificación o de la minimización de los atentados terroristas, que se debe aplicar sin más dilación tras el nuevo crimen de ETA si, como es previsible, Batasuna rechaza condenar el atentado.

Sabemos que Batasuna cumple todas las demás condiciones para ser ilegalizada que se recogen en el artículo 9, pero, por el momento, la evidencia recogida es anterior a la aprobación de la ley de Partidos. Pero probablemente en estos días habrá otras evidencias por donde empezar, y el Estado tiene ya un instrumento para no prolongar ni un minuto más la incongruencia democrática de la realidad de Batasuna. Su ilegalización no acabará inmediatamente con ETA, pero acelerará su fin porque la dejará sin su aparato propagandístico y de control social. Y, además, establecerá una clara frontera entre conductas legales e ilegales, entre demócratas y asesinos, que rearmará ética y democráticamente a una sociedad demasiado acostumbrada a convivir con asesinos o con colaboradores de asesinos.

Lágrimas de cocodrilos
Por MIKEL AZURMENDI ABC 6 Agosto 2002

IBARRETXE se mostró consternado por el «bárbaro atentado». Sudupe, el diputado general de Guipúzcoa dijo que «la sociedad vasca desprecia a los autores de estas acciones». El comunicado de EA señalaba que el atentado mostraba «su más absoluto desprecio hacia el pueblo vasco». Y sin embargo, Ardanza sabe que en su chalé del Mediterráneo no habrá de temer nada de ETA, ni tampoco los Arzalluz, Eguíbar, Ibarretxe y Sudupe, exultantes en sus trajes de baño o maillot de bicicleta, a saber porqué playas y rutas del ominoso y opresor Estado español. Las bombas son para los españoles, niños o mayores, pues así les ha tocado en suerte en el «contencioso histórico». La estrategia que ha diseñado el PNV cuenta con que a su gente no le suceda nada este verano y que, tras el verano, los batasunos, ya en vías de ilegalización por no condenar el terror de ETA, le tengan que apoyar sin remedio. Otegi, el portavoz en comisión de servicios de ETA, se ha encargado de pregonarlo el sábado al avisar públicamente al PNV que tiene plazo hasta agosto, y que después no se podrá hacer el loco pues ya no tendrá su apoyo. Lo cual, en lenguaje coloquial, significa que hasta septiembre el PNV ya se ha ganado su seguridad. De momento ETA tiene la palabra de que el PNV acepta plenamente sus objetivos, a corto y medio plazo.

Lo más previsible es que la presión fáctica de ETA al PNV sea tal que, de septiembre en adelante, todos ellos se echen al monte. Pasito a pasito, pero al monte. Hay dos signos nítidos que los señalan, uno es la unificación absoluta del programa político del PNV con el de ETA, acaecida durante estos últimos cinco años; y, otro, el desarme moral total del PNV. Del primero se ha dicho bastante, y yo mismo hablaré próximamente, y del segundo queda ya poco que hablar, por desgracia para todos. El PNV ha elegido no ser víctima de ETA, no estar con las víctimas de ETA, pero culpabilizar a éstas y al Estado democrático de la actual situación de desintegración del tejido social vasco. Ha montado una tramoya de comisión de derechos humanos en el Parlamento vasco con el carnicero Ternera de oficiante, en nombre de ir contra la violencia venga de donde venga (se conoce que es por eso por lo que la Ertzaintza no ejercita la violencia legítima a la «kale Borroka») e inventándose, por último, el «sobriquete» de «violencia de persecución» para obviar llamar a la acción terrorista por su nombre. Pues ETA no se lo permite. La cobardía moral del PNV no se ha visto en Europa ni en los tiempos del nazismo, cuando algunas ciudadanas alemanas y holandesas sí se apiadaban de mujeres, niños y mayores perseguidos y los protegían. Es más, el PNV ha actuado de chivato y delator oficial; el último caso, el del cura de Maruri. Atutxa dijo una vez que ni un solo asesinato más merecía la independencia de Euskadi, pero ni él ni su partido han dicho todavía cual será ese último asesinato a partir del cual ya no merezca la pena defender los mismos objetivos de ETA. Sólo nos queda esperar este gesto moral del PNV. De su política, no hay nada que esperar.

Batasuna no condena
Editorial El País 6 Agosto 2002

El atentado de Santa Pola, el primero cometido por ETA tras la entrada en vigor de la Ley de Partidos, ha provocado que las formaciones políticas vuelvan sus miradas hacia Batasuna. La no condena del atentado por ese partido, que pasa por ser el brazo político de ETA y sobre el que el juez Garzón ha lanzado sospechas fundadas de ser la marca legal del conglomerado etarra, ha sido valorado como un dato relevante a los efectos de poner en marcha las previsiones de dicha ley.

La ausencia de condena por parte de Batasuna del atentado de Santa Pola mientras el resto de las fuerzas políticas lo han condenado, incluida Aralar (la formación política escindida de Batasuna), es más que elocuente. Sólo cabe interpretarla como una muestra de complicidad política con los asesinos de la niña de seis años y del hombre de 57 en el atentado del domingo en Santa Pola, que acentúa todavía más los ribetes más negros de Batasuna, cada vez más aislada del resto de partidos políticos y de la ciudadanía vasca.

Por si hiciera falta, su portavoz Arnaldo Otegi ha venido a subrayar aún más esa complicidad con una de sus explicaciones al uso, atribuyendo el atentado de ETA en Santa Pola a la persistencia de 'un conflicto que dura ya dos siglos' y endosando a Aznar la responsabilidad 'de lo que está ocurriendo y de lo que pueda ocurrir en el futuro'. Bien es cierto que Otegi se cura en salud y toma sus precauciones ante la Ley de Partidos asegurando que 'no justifica ni ampara lo ocurrido ayer', pero la explicación que ofrece es difícil no interpretarla como una exculpación o eximente del crimen cometido por ETA en la ciudad alicantina.

La omisión de una condena explícita, aunque revele una evidente complicidad política, tiene una difícil articulación legal, incluso al amparo de la Ley de Partidos. El texto legal se refiere expresamente a 'justificar o exculpar los atentados', a dar 'apoyo expreso o tácito al terrorismo' y a 'exculpar o minimizar su significado'. Se trata de aspectos sujetos a interpretación judicial y, por tanto, endebles y azarosos para sustentar por sí solos una demanda de ilegalización. Pero esa actitud, que desmarca tan clamorosamente a Batasuna del comportamiento de los partidos democráticos, no puede sino poner en situación de alerta al conjunto de fuerzas políticas, al Parlamento y al Gobierno. No basta seguramente por sí sola para actuar judicialmente contra Batasuna, pero sí para poner en marcha el reloj de su futura ilegalización, dejando a las fuerzas políticas parlamentarias y al Gobierno la elección del momento procesalmente oportuno.

En todo caso, no hay que olvidar que la Ley de Partidos, a medio camino entre lo penal y lo civil, es un intrumento a la vez político y jurídico. En consecuencia, debe ser utilizado con prudencia y no 'cuanto antes', por más que los dirigentes de Batasuna se comporten moralmente como 'basura' (algo que, aunque sea cierto, es impropio que lo diga el presidente del Gobierno), sino cuando proceda y con el mayor fundamento legal posible. Precipitarse en una cuestión tan importante podría ser tan contraproducente como demorarse más de lo debido. La Ley de Partidos, como todas las leyes, está para aplicarse, pero no de cualquier modo y arriesgando un desenlace judicial distinto del perseguido. En ese sentido, la actitud del vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, es políticamente prudente y jurídicamentee cautelosa: no actuar antes de disponer de los pertinentes informes jurídicos sobre la cuestión, como corresponde a una decisión que implica aplicar por primera vez en España una ley que podría dejar fuera de la legalidad a una formación política a la que votan varias decenas de miles de ciudadanos.

Mientras tanto, la batalla para acabar con ETA sigue pasando por el acoso policial, la detención y puesta a disposición judicial de sus comandos y la gestión leal del Pacto Antiterrorista entre PP y PSOE. Y por la desaparición de obstáculos tan formidables para su éxito como la ruptura de las fuerzas democráticas en el País Vasco y la ausencia del imprescindible diálogo institucional entre Madrid y Vitoria. Pero esa situación será difícilmente reversible mientras el nacionalismo democrático vasco se separe de los partidos democráticos y limite su política a estrategias soberanistas coincidentes con los fines por los que ETA atentó y asesinó el domingo en Santa Pola y que pone en entredicho el pacto constitucional y estatutario que garantiza la convivencia entre los vascos. Lo quiera o no Ibarretxe, esas estrategias rompen el clima imprescindible de lealtad y confianza entre las fuerzas políticas y dificultan cualquier intento de 'combatir juntas a ETA' como ayer reclamaba el lehendakari.

La ilegalización de la crueldad
Ignacio Villa Libertad Digital  6 Agosto 2002

Esta vez, la crueldad de la banda terrorista ETA ha registrado un aumento de intensidad sobrecogedor. Los asesinatos de una niña mientras jugaba en su cuarto y de un hombre mientras esperaba el autobús en una calurosa tarde de verano son, sin duda, un salto cualitativo en la ya triste y sangrienta brutalidad de quienes sólo saben asesinar por la espalda, cobardemente. Todo asesinato cometido por los etarras es un exponente de la barbaridad llevada al extremo, todos son terribles, todos son una muestra de que los asesinos son pura basura. Pero junto a eso hay algunos atentados que se convierten en una grave equivocación estratégica, incluso para mentes tan depravadas como las de los terroristas. Y esta vez, incluso dentro de sus mezquinos objetivos, ETA se ha equivocado. Se ha equivocado como siempre, pero esta vez, además, no ha calculado los efectos que puede tener este atentado.

El asesinato de dos personas en plenas vacaciones de agosto, con un coche bomba y sin llamada previa hacen de este atentado de ETA uno de los de mayor dosis de crueldad en la historia de la banda terrorista. Es un intento de imponer su ley, la ley de la selva. Pretenden hacernos creer que igual que suena la bocina de un autobús mientras paseamos por la calle, puede explotar un coche-bomba en la siguiente esquina. ETA se ha equivocado gravemente, como se equivocó en el asesinato de Miguel Ángel Blanco. No calculó los efectos políticos y sociales de aquel asesinato, como ahora tampoco ha calculado los efectos que puede tener este nuevo atentado, que, al no haber tenido un aviso previo, podía haberse convertido en una dantesca masacre.

Además con esta actitud, los terroristas están poniendo en evidencia a sus valedores. ETA está dejando a los pies de la ilegalizaciuón a Batasuna. Si Batasuna no condena este atentado, entre cuyas víctimas se incluye una niña de corta edad, además de facilitar las cosas para su ilegalización, está mostrando con una claridad absoluta su permanente complicidad con los asesinos. Una actitud que todos conocemos y denunciamos, pero que desde el nacionalismo vasco siguen empeñados en omitir, cerrando los ojos y buscando caminos conjuntos hacia la soberanía. Este atentado de ETA, por lo tanto, coloca también al PNV, EA e IU en una situación límite. Los nacionalistas quieren a Batasuna cerca de ellos, buscan su apoyo desde la abstención activa, pero con estas muertes ya no hay razones, si a alguien le quedaba alguna, para el doble juego. ETA, con estos asesinatos, deja al descubierto la estrategia nacionalista de ambigüedad, complicidad y doble lenguaje. El Gobierno vasco se ha quedado sin excusas. No son suficientes las condenas. Hay que trabajar para erradicar el terrorismo. No se puede seguir haciendo el juego a los asesinos y sus cómplices. ETA y Batasuna han mostrado sus objetivos reales y los nacionalistas se han quedado desnudos y a la intemperie.

Este atentado, en fin, abre la puerta al proceso de ilegalización de Batasuna. Además, con la carga de crueldad y de maldad de estos dos asesinatos, no hay motivos para buscar territorios intermedios. El proceso de ilegalización de Batasuna debería iniciarse en cuanto sea posible. Cuidando todos y cada uno de los pasos previstos. Con esta ilegalización del brazo político de ETA –provocada, no hay que olvidarlo, por la negativa a condenar los atentados– el nacionalismo se sitúa en una encrucijada de muy difícil salida. El PNV se está retratando con claridad. Ellos, que están buscando la complicidad política con Batasuna, una vez que esté ilegalizada deberán de definir sus objetivos sin subterfugios. Puede que nos llevemos alguna sorpresa.

Se acabó la "tregua tácita"
Lorenzo Contreras La Estrella 6 Agosto 2002

ETA ha acabado, abrupta y sangrientamente, con la hipótesis de la tregua tácita en marcha hasta después del verano o final de la estación. Otegui, en alguna medida, ha venido especulando últimamente con esa posibilidad de tregua a plazo, haciéndola depender de la línea soberanista del PNV y la vigencia del ultimátum reflejado en el famoso informe del tripartito (PNV, EA, IU) o ponencia sobre autogobierno. Como decían los castristas de la primera hora, vino el comandante y se acabó al diversión. La diversión en este caso era el pensamiento de que la banda estaba a la espera de que la línea nacionalista soberanista acentuara sus tintes. Si estuvo de verdad a la espera, lo cual es mucho suponer, ya no lo está. Y la diversión batasuna, si existió, ya no existe.

La banda terrorista parece haber elegido entre la opción de establecer una tregua después de sus últimos descalabros o simplemente aprovechar que el crimen, cuanto más atroz mejor, "vienen muy bien" en tiempo de verano, con el turismo como objetivo junto a la Guardia Civil. Dar prueba de presencia y de una cierta infraestructura en el litoral español era seguramente para ETA una tentación irrenunciable. Y ahí tenemos los hechos. Turismo amedrentado, Gobierno avisado y Guardia Civil castigada. Las teorías de que los comandos asesinos son inexpertos agrava las proporciones de la alarma porque asegura que los atentados volverán a ser tan indiscriminados como los de los tiempos de Hipercor y el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza.

Javier Arzalluz dijo una vez por Radio Euskadi, poco antes de las elecciones del 13 de mayo del 2001, que al Gobierno le interesaba o convenía que ETA siguiera matando. En la presente ocasión sería mucho afirmar, salvo que se invoque la posibilidad de que tras el ultimátum del tripartito (julio pasado) Aznar pueda intentar cargarse de razón frente a los soberanistas capaces de marchar al ritmo de los proetarras batasunos, o de la banda a fin de cuentas. De todos modos, ante el crimen, y más cuando se trata de algo tan salvaje como lo de Santa Pola, la razón siempre se orienta en un sentido lógico. El PNV no gana esta vez nada con la nueva barbaridad y el Gobierno puede pregunta a los nacionalistas no violentos: ¿Pero adónde van ustedes? Y podrá decirlo aunque Ibarretxe y compañía hagan la más expresiva de las condenas del atentado, porque lo importante será siempre comprobar con quién pactan los nacionalistas y cuáles son sus compañeros de viaje en la aventura soberanista.

Posiblemente otro perdedor en este nuevo episodio sea Arnaldo Otegui. Y no sólo porque los hechos han desacreditado sus insinuaciones proféticas sobre una más prolongada tregua tácita de ETA, sino sobre todo porque su posición cipaya respecto a los dirigentes de la banda se hace muy ostensible. Decía Pachi Zabaleta, fundador de la corriente batasuna disidente llamada Aralar, en declaraciones al El País (30 de julio del 2001) que "si hubiera una nueva tregua la iniciativa política estaría en manos de Batasuna". Si así hubiera sido, está ahora claro que ETA ha reivindicado su capitanía. Hay que seguir matando, que para eso existe la banda y no es cosa de perder el gobierno de la función.

Contra la impunidad
Editorial El Correo 6 Agosto 2002

El atentado de Santa Pola acredita, una vez más, la obcecación de los terroristas por llevar el dolor y la coacción hasta lugares o sectores que puedan amplificar el eco de sus crímenes con un menor coste social en Euskadi. Pero la sociedad, por más que el verano y un periodo sin atentados puedan invitar a una cierta relajación, reaccionó de nuevo con vigor contra el asesinato de Cecilio y Silvia. La condena llegó tajante desde todos los ámbitos. Por eso pudo sentirse con más claridad un silencio, el de Batasuna.

El atentado de Alicante es el primero tras la aprobación por el Parlamento de la Ley de Partidos, y ayer todos los ojos estaban puestos en la actitud de la formación radical. Pero Batasuna hizo lo mismo de siempre: evitó cuestionar a ETA. Arnaldo Otegi exhibió una buena dosis de cinismo al responsabilizar del crimen al presidente de un Gobierno democrático, y ni siquiera mostró solidaridad ante el cadáver de una niña. Podía esperarse que tanto la Ley de Partidos como las distintas iniciativas judiciales emprendidas contra la dirección de la formación abertzale y sus organizaciones afines hicieran reflexionar a Batasuna, al enfrentarla con la posibilidad de su ilegalización. Pero no ha sido así.

José María Aznar ya se había mostrado rotundo por la mañana al subrayar su determinación de ver ilegalizada a Batasuna «cuanto antes», con un proceso judicial a punto de abrirse y para el que el Gobierno cuenta con el respaldo firme del PSOE.

La gran prioridad de la democracia en este momento es terminar con el terrorismo en el marco del Estado de Derecho. Para ello, resulta imprescindible que todos los partidos, también los nacionalistas, abandonen el camino del enfrentamiento estéril y asuman, como responsabilidad propia y urgente, acabar con ETA, para lo que es necesario deslegitimar los apoyos que pueda recibir el terrorismo desde organizaciones que gozan de los beneficios de la legalidad. Sin embargo, el consenso parece muy lejano, según volvió a poner de manifiesto ayer el Gobierno vasco, a través del consejero de Justicia, que volvió a distanciarse de una posible actuación judicial contra Batasuna. El nacionalismo democrático debe ser consciente de que es sólo Batasuna, con su proceder, la que estrecha el marco de la impunidad, de que es la formación radical la que, con su negativa reiterada a condenar la violencia, afronta el riesgo cierto de perder las atribuciones que le concede una situación legal.

Ilegalizar Batasuna
EDITORIAL Libertad Digital  6 Agosto 2002

El lunes, el presidente del Gobierno, José María Aznar, expresó con todo acierto y contundencia, en el Palacio de Marivent, el sentir de la inmensa mayoría de la sociedad española respecto del conglomerado ETA-Batasuna. En efecto, los españoles ya están hartos y sienten una “repugnancia insoportable” por el hecho de que “la basura que son los dirigentes de Batasuna sigan paseándose libremente, impunemente, por las calles, mientras que los españoles tenemos que enterrar víctimas inocentes, niños incluidos”.

La ilegalización de Batasuna, además de ser políticamente conveniente para privar al PNV de su ya desacreditada reputación de moderantismo y de eje necesario para la solución del “conflicto” vasco, se ha convertido ya en un imperativo ético que impone la más elemental higiene política dentro de un estado democrático y de derecho. Así lo han entendido los principales partidos de la democracia española, PP y PSOE, que han impulsado la Ley de Partidos.

La nueva ley, en su artículo 9.3.a) establece que “dar apoyo político expreso tácito al terrorismo, legitimando las acciones terroristas para la consecución de fines políticos al margen de los cauces pacíficos y democráticos o exculpando y minimizando su significado y la violación de derechos fundamentales que comporta” serán causas válidas de ilegalización cuando se repitan o se acumulen. Por tres veces, el lunes, los ediles batasunos de los ayuntamientos de Vitoria, de Pamplona y de San Sebastián se negaron –como es habitual– a suscribir las mociones y documentos de condena por el atentado de Santa Pola. Los líderes batasunos, con su nauseabundo cinismo habitual– incluso responsabilizaron al presidente del Gobierno por su “intransigencia”.

Sin embargo, estas negativas y desplantes, de acuerdo con el texto de la nueva ley, pueden tener consecuencias. Aunque, en principio, puede alegarse que el simple silencio ante dos asesinatos cometidos por motivos “políticos” no constituye materia de ilegalización –como ya ha manifestado Jueces por la Democracia en su acostumbrada línea “garantista”–, es evidente que la Ley de Partidos contempla tanto las acciones positivas como las omisiones flagrantes, tal y como ha manifestado la Asociación Profesional de la Magistratura, pues en otro caso se estaría vulnerando la letra y el espíritu de la ley, que prevé expresamente como causa de ilegalización el apoyo tácito a las acciones terroristas.

Es evidente que, en esta indispensable operación de saneamiento de la vida política española en general y de la vasca en particular, no se podrá contar con PNV ni con EA, cuyos líderes ya han manifestado reiteradamente su oposición a la ilegalización de Batasuna e incluso contemplan en su órdago a la democracia española la creación de un “marco jurídico-político propio”. Por ejemplo, Iñigo Urkullu, presidente del PNV vizcaíno, ha señalado que el pasado lunes no era momento de hablar de la ilegalización, sólo y exclusivamente de denunciar la barbarie de ETA y de dialogar sosegadamente separando –como si no estuvieran íntima e inseparablemente unidos– la violencia de los problemas políticos. Algo muy parecido a lo que afirmó el edil batasuno de Pamplona, quien hizo “un llamamiento a todos los agentes sociales y políticos para que conjuntamente promovamos un escenario de paz y democracia para este pueblo”.... La paz del cementerio o del exilio para el disidente y la “democracia” de partido único del “modelo referencial” cubano que tanto elogió Ibarretxe cuando visitó la isla.

La voluntad del Gobierno, que expresa el sentir mayoritario de la sociedad española, es aplicar cuanto antes la nueva Ley de Partidos a Batasuna. Sólo la obsesión de la progresía judicial por encontrar pretextos para no aplicarla –como sucedió con el Gora ETA de Otegui en Francia respecto del Código Penal– puede interponer incómodos obstáculos en el camino hacia la extirpación del cáncer batasuno. Sin embargo, es tanta la desfachatez y la impunidad con la que hasta ahora los responsables de los crímenes de ETA, en palabras de Aznar, “se están paseando como auténticos chulos por las calles del País Vasco” que no tardarán en manifestarse abierta y públicamente a favor de ETA de tal modo que ni siquiera los jueces más “garantistas” o medrosos puedan eludir el cumplimiento de su obligación, que no es otra que aplicar la ley.

Calentando motores
FEDERICO ABASCAL/ El Correo  6 Agosto 2002

A la pequeña Silvia, de 6 años, que murió dibujando con su cuerpo música en el aire, no le importa que ETA padezca «una enfermedad terminal», como afirma Ibarretxe, ni cuál sea la etiología de ese síndrome etarra, que el lehendakari sitúa en el rechazo a la violencia terrorista que reflejan las últimas encuestas, incluso entre los votantes de Batasuna. Que su propia clientela política le vuelva la espalda, por discrepar del terrorismo, deja a ETA lista para autoliquidarse si no fuese por la inercia que impulsa a las organizaciones criminales. Y porque, en cierto modo, los dirigentes de la banda percibirían que un sector del nacionalismo sigue esperando que los comandos muevan el nogal, para que otros recojan las nueces.

El atentado de Santa Pola se ha dirigido obviamente contra el Estado, un Estado de Derecho, y contra la sociedad española, pero también, y así se reconocería en algún medio nacionalista, contra el mismo PNV, cuyo Gobierno, coaligado con EA e IU, no estaría presionando al Ejecutivo español tanto como la banda desearía. En su condena impecable al atentado, Ibarretxe afirma que a ETA no le queda más salida en su proceso terminal que dejar de matar de una vez y para siempre, y añade que «los partidos políticos tenemos que rechazar y combatir juntos a ETA». El presidente Aznar, sin embargo, parecía estar ayer en otras coordenadas al salir de su primer despacho de verano con el Rey, en Marivent, pues tras calificar a los dirigentes de Batasuna como «basura», anunció que «hasta aquí hemos llegado» y que no está dispuesto a que los de Batasuna se sigan paseando libre e impunemente por las calles «mientras que los españoles tenemos que enterrar a víctimas inocentes». El proceso para ilegalizar a Batasuna calienta ya motores.

Convendría esta vez que no empañara la realidad política de fondo el decorado social de este nuevo crimen etarra -el dolor humano por las dos muertes de Santa Pola; las concentraciones convocadas por el lehendakari ante las instituciones oficiales del País Vasco; la presencia en el lugar de autos de altas autoridades y, por la tarde, del mismo presidente del Gobierno; las exequias religiosas y las condenas habituales, tan habituales como el silencio del brazo político de ETA, se llame HB o sólo B-. Porque la realidad de fondo, al margen de supuestos problemas de raigambre histórica, generalmente falseada, se reduciría a que el Gobierno vasco desarrolla simultáneamente una estrategia de enfrentamiento policial a ETA y una política en gran medida coincidente con los fines de la banda.

Y esa simultaneidad de acciones oscurece la actualidad, pues no se sabe si el daño que hace la Ertzaintza a ETA es mayor o menor que el beneficio que la banda obtiene de que el nacionalismo democrático comparta sus fines. Pide el lehendakari unidad y diálogo a los partidos políticos, y lo hace lamentando las hipótesis perversas que se atribuyen al PNV, como un pacto con ETA, pero sería preferible que, siquiera durante un breve plazo de tiempo, el Gobierno vasco renunciara a los objetivos que comparte con la banda etarra para centrarse única y exclusivamente en la lucha contra ella. De lo contrario, lo que ETA pierde en apoyo social, lo gana, y con creces, en protagonismo político.

No había tregua
ANTONIO PAPELL / El Correo 6 Agosto 2002

El silencio de ETA durante bastantes semanas, consecuencia sin duda del intensísimo acoso de las fuerzas policiales que ha deparado éxitos notorios en la lucha antiterrorista en los últimos tiempos, se había vuelto sin embargo sospechoso. Dada la urgencia preocupante del nacionalismo democrático vasco por impulsar las tesis soberanistas con las que concurrió a las últimas elecciones autonómicas, no resultaba del todo descabellado pensar que quizás existiera un pacto tácito semejante al de Lizarra entre las fuerzas políticas que sostienen al Ejecutivo vasco y las fuerzas radicales. La reciente aprobación por el Parlamento vasco del dictamen de Autogobierno con el apoyo expreso -aunque por omisión en este caso- de Batasuna abonaba esta hipótesis, que algunos sin embargo no llegamos a aceptar, puesto que habría sido sencillamente una indignidad que unas formaciones democráticas consiguieran acuerdos con una organización terrorista o con su brazo político sin haber exigido previamente el fin de la violencia.

ETA se ha ocupado de desmentir con su proverbial lenguaje macabro aquella posibilidad. Pero, al margen de esta constatación, el atentado indiscriminado del domingo por la noche en Santa Pola, un verdadero delito de lesa humanidad (y no vale el pretexto de la cercanía al cuartel de la Guardia Civil para poner en cuestión este carácter particularmente grave de la acción terrorista), no es inteligible en términos políticos. Sería necio reflexionar sobre si los que se han cobrado el absurdo botín de dos vidas y han sembrado la alarma en una población alegre y confiada en vacaciones pretendían impulsar el proceso autodeterminista que auspician PNV y EA (con la cooperación incomprensible de Izquierda Unida) o, más bien, frustrarlo.

Lo único incuestionable en esta hora es que, ante esta nueva y brutal agresión, deben redoblarse los esfuerzos políticos y policiales para extirpar el cáncer. Y que, para ello, deberían ceder las serias discrepancias que han dado al traste con la unidad democrática frente al terror, por el procedimiento de modificar en cuanto resulte necesario los órdenes de preferencia de los distintos partidos. La sociedad de este país, la sociedad vasca en concreto, deberá sentirse perpleja si, cuando el delirio se reproduce tan sanguinariamente, quienes alardean de demócratas mantienen entre sí distancias abismales, en las que los apóstoles del asesinato encuentran indudables asideros.

El atentado de Santa Pola, tan agraz como todos los atentados pero especialmente conmocionante por la condición de las víctimas, una de ellas menor, marca un hito singular en la carrera de ETA. Primero, porque coincide con el cénit de la reivindicación institucional del nacionalismo democrático vasco. Después, porque es el primero de extrema gravedad que se produce tras la promulgación de la nueva Ley de Partidos. Las palabras de José María Aznar, ayer en Mallorca, resultaron bien expresivas: «Hasta aquí hemos llegado; y el Estado no va a tolerar que campen por sus respetos los dirigentes de Batasuna mientras los demócratas tenemos que volver a enterrar a nuestros muertos».

Es claro que, para bien o para mal, la maquinaria engrasada del nuevo rigor legal frente al terrorismo y sus círculos macabros está a punto de ponerse en movimiento. Y a tal fin, PP y PSOE ya han anunciado las iniciativas que obligarán a Batasuna a pronunciarse en los ayuntamientos vascos. Verdaderamente, los recelos políticos que muchos hemos sentido en mayor o menor medida ante la gran proscripción que se avecina, sustentada en todo caso en mimbres impecablemente legítimos, ceden ante la observación de la sangre derramada. Los lógicos escrúpulos no tienen más remedio que inclinarse ante tan exorbitante brutalidad.

No parece ilógico suponer, ante la visión estremecedora de más muertos, que el nacionalismo democrático vasco ha de sentir ahora alguna propensión a moderar sus ímpetus soberanistas por un tiempo, para facilitar la cohesión de la ciudadanía, aislar al terror y a su entorno, precipitar la extirpación de ese tumor que provoca tanta tragedia. Es imposible que gentes avezadas en política e intelectualmente maduras no entiendan que plantear con crudeza contenciosos con el Estado precisamente ahora favorece objetivamente las coartadas de los terroristas y crispa a toda la sociedad.

También es cierto que una rectificación sutil del nacionalismo no será posible si la otra parte no habilita una cierta pista de aterrizaje que permita la aproximación entre los contendientes sin que ningún actor tenga que perder la cara. De ahí que quizá convenga en este momento efectuar una doble invocación (pragmática) a unos y a otros en aras de una racionalización del problema, que, además de facilitar el aislamiento del terrorismo (de unas personas inhabilitadas por su propia inmoralidad en este régimen o en cualquier otro), destense una situación sobrecalentada y al borde de la fractura física. Porque no tiene sentido que mientras ETA mata, los demócratas estén no sólo divididos sino visceralmente enfrentados.

Sea como sea, esta irrupción salvaje de ETA en un país que trataba de relajarse en agosto con el saldo inconcebible de dos nuevas muertes, ha roto las últimas resistencias que frenaban el recrudecimiento de la lucha que la civilización tiene emprendida contra la brutalidad. El hasta aquí hemos llegado , tan rotundo, tiene esta vez efectos claramente balsámicos sobre la indignación.

Después de un crimen
FERNANDO ÓNEGA La Voz  6 Agosto 2002

HASTA AQUÍ hemos llegado, dijo el presidente, y la mayoría de los españoles han aplaudido en silencio en sus casas. Y, en efecto, ¿se puede soportar el asesinato de una niña, una criatura de seis años edad? ¿Se puede soportar que se siembre el terror en una pacífica zona turística, matando por matar, destruyendo por destruir? Y, al mismo tiempo, ¿se puede soportar que una organización política se niegue a condenar ese crimen, como ayer se negó en el Ayuntamiento de Vitoria? La dureza que expresó el presidente, al llamar basura a ese partido, también es compartida y aplaudida por la mayoría de la sociedad.

A partir de estas reflexiones, la ilegalización de Batasuna sólo es cuestión de tiempo para cumplir la previsión legal.

Negarse a condenar un atentado terrorista es uno de los supuestos de la Ley de Partidos. Y, escuchados los mensajes de ayer, se puede certificar que todas las iniciativas políticas se orientan en ese sentido. Aznar supo tocar el sentimiento: es intolerable que algunos se paseen chulos por la calle, mientras el resto del pueblo llora sus víctimas y se ve directamente amenazado. La dignidad de un país exige que se responda con dureza. Desde la legalidad, pero con dureza.

El fondo del mal
Dicho eso, hay que advertir a la sociedad que ilegalizar a Batasuna es una exigencia ética, pero no la solución definitiva al terrorismo. Se pueden y deben esperar nuevos crímenes por la triste razón de que sigue habiendo criminales dispuestos a matar. Y hay que fijarse en cuál es el fondo del mal.

Se vio ayer, en un Ibarretxe que sale a la calle a lamentar el atentado, pero no sabe o no quiere romper con el brazo político de los asesinos. Esa confusión, ese drama mental, es el problema.

Tenemos un nacionalismo que aparenta saber llorar un crimen, pero está obligado a sentirse tolerante con sus cómplices. Mientras ocurra así, con Batasuna legal o ilegal, veremos sangre derramada.

¿Hasta cuándo?
Cartas al Director ABC 6 Agosto 2002

La banda terrorista ETA ha vuelto a demostrar, una vez más, su odio y su intolerancia, desde el amparo no condenatorio que le prestan los partidos nacionalistas, Batasuna, PNV, y puntualmente la siempre desorientada IU-EB.

El domingo, ETA asesinó a seres humanos, pocas horas después de que el portavoz de Batasuna en el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz denunciase por intolerante a su alcalde, Alfonso Alonso, por retirarles el reconocimiento de la apertura de las fiestas municipales debido a su no condena de la violencia de la banda terrorista.

¿Hasta cuándo tenemos que aguantar el descaro de quienes, mientras asesinan, llaman intolerantes a los asesinados y a las víctimas? ¿Qué ideales ciegan a los seguidores de Batasuna? ¿Cuáles al PNV para seguir tolerando el ejercicio de afrenta y ultraje por parte de Batasuna con respecto a la sociedad? ¿Hasta cuándo seguirá el PNV permitiendo la ruptura de la sociedad de Euskadi y de España?

Mucho me temo que las respuestas a estas preguntas están más en Sabin Etxea y en la cabeza de Xabier Arzalluz, que en las del lendakari o Arnaldo Otegi.        Javier Olaechea.    Madrid.

Hagan algo
Javier Ygartua-Ybarra/Getxo-Vizcaya Cartas al Director El Correo  6 Agosto 2002

Una vez más ETA ha vuelto a asesinar. Los asesinos han vuelto a provocar dolor a muchas familias, especialmente a las de la niña y el hombre muertos por una bomba en Santa Pola. Cada vez que ocurre esto, por desgracia con frecuencia, se me encoge el alma. Mientras en el País Vasco el PNV, sea el lehendakari del diálogo hasta el amanecer, sea el alcalde de Getxo, sigue diciéndonos que no pueden hacer más para acabar con el terrorismo.

Por una parte, el lehendakari rubrica un Pacto de Estella II sin pedir a ETA su inmediata desaparición pero tomando los postulados de los asesinos como bandera. Por otro lado, Zarraoa permite que los radicales, compañeros de los asesinos, se apoderen de las fiestas de Algorta. ¿Es eso para ustedes, señores del PNV, realizar todo lo posible para acabar de una vez por todas con los asesinos mafiosos de ETA? Como vasco me siento triste y defraudado con el lehendakari de mi tierra y el alcalde de mi municipio. Demuestran falta de coraje político y falta de respeto hacia los ciudadanos que queremos que no muera nadie en nuestra tierra, el País Vasco, ni en nuestro país, España. Hagan algo para acabar con el terrorismo y déjense de querer llevarnos a los vascos a no sé qué aventuras independentistas. Lo primero es ser demócrata. Recuérdenlo de una vez por todas.

Redondo Terreros acusa al PNV de «legitimar los objetivos de ETA»
N. C. MADRID ABC  6 Agosto 2002

El ex secretario general del PSE, Nicolás Redondo Terreros, aseguró ayer que tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco y el nacimiento del llamado «espíritu de Ermua», PNV y EA se acercaron a Batasuna por el miedo que le causó el resurgimiento de los «partidos constitucionalistas y españoles» en el País Vasco. El PNV vio en el «espíritu de Ermua su muro de Berlín» y cambió «el Pacto de Ajuria Enea por el de Estella, la unidad de los demócratas por la unidad de los nacionalistas; cambió la estrategia autonomista por la de la independencia y el autogobierno, lo que legitima y revalida los objetivos de ETA». «El PNV -concluyó- tiene esa responsabilidad: dar respetabilidad a los objetivos de ETA y hacer creer que son posibles», un error «que ha llevado a un retroceso en la lucha por la libertad y la paz del País Vasco».

Redondo Terreros, que ayer pronunció una conferencia en los cursos de verano de la Universidad Complutense, sostuvo que el PNV «no sabe hacer política en una situación diferente a la actual, sin un fenómeno que no comparte pero que le sirve». «Imaginemos a Arzalluz diciendo las cosas que dice sin la presencia de ETA...», dijo a título de ejemplo el ex líder socialista para concluir que «el PNV sabe que tiene que establecer sus objetivos políticos antes de que acabemos con ETA».

Redondo Terreros aseguró que el PNV «nunca tomará la iniciativa porque su solución no pasa por la eficacia del Estado de Derecho». Por ello, añadió, «esa iniciativa tenemos que tomarla los que gobernamos España» y debe hacerse «sin complejos».

Por su parte, Mikel Buesa, catedrático de Economía de la Complutense y hermano del dirigente socialista asesinado por ETA Fernando Buesa, compartió con Redondo Terreros sus críticas contra el PNV y EA. «No creo que sean expresión de ningún partido democrático, son partidos cuyo comportamiento es radicalmente antidemocrático, no alientan el terrorismo, pero se benefician de él», afirmó.

A. Muñoz Molina: «Para la Iglesia, la palabra «terrorismo» no existe, en su lugar se encuentra la violencia»
Eva Muñoz - San Lorenzo de El Escorial.- La Razón 6 Agosto 2002

El escritor y académico Antonio Muñoz Molina fue el encargado de inaugurar el pasado lunes en San Lorenzo del Escorial, apenas doce horas más tarde del último atentado de Eta en Santa Pola, el curso «Terrorismo en la era de la globalización», que esta semana acoge la Universidad de Verano de la Complutense. El académico habló «de cómo las palabras tienen un sentido y de cómo cambian de sentido y, concretamente, la palabra «terrorismo» y terrorista».

¬Ha dicho usted que para la Iglesia la palabra «terrorismo» no existe.
¬No. En su lugar hay una cosa vaporosa que se llama violencia, que es como un fenómeno metereológico. Así, igual que los curas antes hacían rogativas para que lloviera y para que no cayera pedrisco, ahora el clero solicita a la gente que haga rogativas y que sea mansa y dócil para sobrellevar la violencia.

¬Parece que en Estados Unidos, donde usted reside actualmente, sólo existe el terrorismo cuando les afecta a ellos.
¬Allí llaman terrorismo a lo que padecen ellos, lo que sufren los demás tiene otros nombres. Por ejemplo, a raíz del 11 de septiembre, en el «New York Times», que es el diario de referencia en Estados Unidos, «terrorismo» o «terrorista» está en todas las páginas, salvo en las brevísimas informaciones que aparecen sobre España, en las cuales esa palabra no existe. Así, se habla siempre de una organización armada separatista. No hay crimen, no hay terroristas. Me pregunto qué le parecería al «New York Times» si a los terroristas que atentaron contra las Torres Gemelas se les llamara miembros de una organización piadosa aerotransportada.

- Los corresponsales de los medios internacionales en España no colaboran a resolver el desaguisado.
- No. He denunciado el cinismo de la corresponsal del New York Times en España, la Sra. Emma Daly (¿?), y de los corresponsales de la BBC y de toda la gente para quienes terrorismo es lo que les pasa a ellos, lo que les pasa a los demás no. Para los de la BBC son terroristas los del IRA, los españoles son rebeldes románticos.

- ¿Y cuál cree usted que es el motivo?
- En general, por una razón que no alcanzo a comprender, casi todo el mundo tiende a embellecer los movimientos que actúan lejos de donde ellos están. Hay una tradición que habla del romanticismo de la guerrilla castrista, de las FARC. Muchos amigos míos colombianos se indignaron cuando la Unión Europea decía que las FARC no eran terroristas.

- Así es que convertimos a las palabras en cómplices.
- Claro. Si tu hablas lucha armada, eso suena realmente heroico. Analiza esas dos palabras. Lucha armada sería una lucha entre dos entre dos ejércitos. Sin embargo, se llama lucha armada a pegar un tiro en la nuca, o a matar a una niña.

Aznar, rotundo: «No permitiré que la basura de Batasuna se pasee más como unos chulos»
Rajoy pide «informes jurídicos» para una posible deslegalización. Garzón dice que la Ley es muy clara. La APM mantiene que no condenar el atentado es suficiente. Los proetarras no asisten a los plenos de repulsa
El presidente del Gobierno, José María Aznar, expresó ayer su deseo de que la deslegalización de Batasuna se produzca «lo antes posible» pues dijo no estar dispuesto a que «la basura humana», que a su juicio son los dirigentes de esta formación abertzale, paseen «impunemente» y «como auténticos chulos» por las calles del País Vasco mientras la sociedad entierra a las víctimas de los atentados de Eta. Para Aznar la dirección de Batasuna es tan responsable de los atentados como los comandos de Eta. El jefe del Ejecutivo también tuvo palabras para el PNV, partido al que recordó que el Gobierno no acepta ultimátums de nadie, y que los ultimátums no los tienen que enviar al Gobierno sino a la banda terrorista.
Lourdes Reynés - Palma de Mallorca.- La Razón 6 Agosto 2002

Para José María Aznar, «ha llegado el momento de decir hasta aquí hemos llegado». Tras despachar con el Rey en el Palacio de Marivent, Aznar comenzó su encuentro informativo con los periodistas expresando su «cercanía, apoyo, afecto y cariño» a las familias de las víctimas del atentado cometido el domingo por Eta en Santa Pola (Alicante), así como a las Fuerzas de Seguridad, y especialmente a la Guardia Civil, por su tarea en la lucha contra el terrorismo. Garantizó que los terroristas «pagarán muy caro por lo que han hecho» e incluso dijo esperar «que lo paguen pronto.Y no estoy hablando de venganza, sino de que una Justicia recta e implacable caiga sobre ellos», agregó. Según explicó, la no aceptación de ningún desafío implica también otra consideración: «Yo no estoy dispuesto a que por más tiempo la basura que son los dirigentes de Batasuna siga paseándose impune y libremente, como auténticos chulos , por las calles mientras los españoles tenemos que enterrar víctimas inocentes, niños incluidos», apostilló. Aznar considera que la dirección de Batasuna es tan responsable de los crímenes terroristas como los «comandos» de Eta y por ello dijo sentir una «repugnancia insoportable»

El presidente recalcó que los demócratas están «absolutamente legitimados» para tomar cuantas decisiones sean necesarias, dentro del marco legal, para acabar con el terrorismo. «Está contemplado por la ley y, por mi parte, deseo que se produzca lo antes posible», remachó. Aznar realizó estas declaraciones después de acudir al Palacio de Marivent en Palma de Mallorca donde despachó durante cerca de una hora y media con Su Majestad el Rey. Respecto al PNV, Aznar señaló que en estos momentos el diálogo debe basarse en los verdaderos problemas que afectan al País Vasco como son el terrorismo y la falta de libertad y recordó a los dirigentes peneuvistas que los ultimátums no los tienen que enviar al Gobierno sino a Eta. Mientras, el vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, indicó que el Gobierno está pidiendo los «informes jurídicos pertinentes» para una posible deslegalización de la formación proetarra, que no condenó ayer el atentado, lo que según él constituye una situación «muy clara» y «contemplada» en la Ley de Partidos. Por su parte, el líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró que «hoy es el día de tomar nota de de todas las actitudes» en relación con la condena del atentado, «porque es incompatible con la democracia colaborar con la violencia y no tener la sensibilidad suficiente para estar del lado de las víctimas y de los demócratas».

Por otro lado, Baltasar Garzón se refirió a la posibilidad de instar la deslegalización de Batasuna si no condena el atentado y señaló que, «si esa norma está (en vigor) y su articulado lo permite, quien tenga que aplicarla, tendrá que hacerlo en éste o en cualquier otro caso». Durante su participación en los cursos de verano de San Lorenzo de El Escorial, Garzón insistió en que la Ley de Partidos «dice lo que dice y la interpretación de la misma es bastante clara». También la Asociación Profesional de la Magistratura (APM) cree que el hecho de que Batasuna no condene el atentado podría dar lugar ya a solicitar su deslegalización, mientras que Jueces para la Democracia (JpD) considera que «sólo el hecho de callarse no es suficiente».

Condena del obispo de Vitoria
El obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, aseguró que «la Iglesia ratificamos nuestra condena absoluta y sin paliativos de cuantos realizan actos terroristas, de los que los justifican, encubren o defienden de cualquier manera» y mostró su solidaridad con sus familias y exigió a Eta que «deponga las armas de sus manos». El portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegui, aseguró que Aznar es el responsable directo «de lo que está ocurriendo y de lo que puede ocurrir en el futuro». Otegui eludió valorar el atentado de Eta. Ante la posibilidad de que, al no condenar el último atentado se pueda poner en marcha la Ley de Partidos, la formación abertzale decidió no acudir a los plenos de las instituciones vascas o no respaldar los textos de condena.Otegui dijo que su comparecencia no era «ni para justificar ni para amparar lo ocurrido», «sino para analizar por qué se dan circunstancias que hacen crispar más la vida social, política y cultural, no sólo de Euskal Herria, sino del conjunto del Estado español». A su juicio, Aznar es el responsable de lo que pasa y de lo que «puede ocurrir en el futuro».

Olegario González de Cardenal: «El cristianismo no debe hostigar al Islam sino acompañarlo en su transición a la modernidad»
TULIO DEMICHELI ABC  6 Agosto 2002

Fe, paz y violencia es el tema de un curso que actualmente dirige el teólogo Olegario González de Cardedal en la UIMP y que se sitúa en el contexto de un mundo sacudido por los atentados del 11-S. Ayer, conversábamos con él sobre la evolución de los tres monoteísmos, sobre el conflicto entre Israel y Palestina y también sobre los nacionalismos terroristas, como el de ETA.

MADRID.«El título del curso -explica el teólogo y colaborador de ABC Olegario González de Cardedal, con quien mantenemos esta larga conversación telefónica- es «La fe en Dios, ¿factor de paz o de violencia?». Llevamos cinco años aquí, en este Palacio de la Magdalana de Santander, impartiendo una cátedra de teología junto con los nombres señeros de Karl Rahmer y H. U. Balthasar y tratamos temas teológicos que tienen significación histórica, que afectan a la conciencia contemporánea. El curso pasado fue «Dios en Europa, entre la secularización y el fundamentalismo». Este año, inevitablemente sobre el fondo de experiencias que hemos vivido a partir del 11 de septiembre, y dado que esos hechos terroristas se habían puesto en relación con la fe islámica, nos vimos inclinados a preguntarnos qué conexión existe entre las convicciones religiosas y los actos violentos. La fe ¿es un principio de paz o un principio de violencia? Esta es la preocupación de fondo que nos lleva a preguntarnos qué engendra la fe en la conciencia humana; y si, en cuanto tal, es principio de paz; o si es que son sus degradaciones, sus utilizaciones las que la convierten en factor de violencia».

-Parece que las tres religiones implicadas en los actuales conflictos internacionales (Pakistán, Israel, Palestina) han evolucionado de manera distinta. Empecemos por el cristianismo, que tuvo épocas de agresiva expansión y de actuación inquisitorial, épocas en las que se ejerció la violencia en nombre de Dios.

-Jesús nace en el contexto de su tiempo, y en él, su enseñanza significa una ruptura. En primer lugar desnacionaliza la religión. Ya no es una religión nacional, sino espiritual; no una religión particular, sino universal. Enseguida el cristianismo se embarca en una expansión misionera, donde se invita a la fe. Una vez que el Imperio Romano adopta la fe como religión del Estado, se produce la unión de las instituciones cristianas con la autoridad romana, y se pasa de ofrecer e invitar a la fe a coaccionar hacia la fe. Comienzan unos procesos donde se identifica sociedad civil y comunidad de Iglesia, que, claro, habría que matizar con mayor detalle, aunque ésa sea la idea principal. Por fin, llegamos a la concepción moderna de libertad de pensamiento, de libertad de conciencia, que conduce a diferenciar lo que es pertenencia a la sociedad civil de pertenencia a una comunidad creyente. Entonces se separan Iglesia y Estado y uno puede pertenecer, o no pertenecer, a la comunidad desde el punto de vista del catolicismo. El Concilio Vaticano II, con su decreto de libertad religiosa, es el punto final de un proceso donde la libertad de búsqueda de la verdad es un principio determinante. Es un momento histórico donde la religión nace de la libertad de conciencia y hace una propuesta de justicia y de paz desde las convicciones que el Evangelio ofrece.

-En Occidente, a partir de las revoluciones americana y francesa, se secularizan los ideales del cristianismo: libertad, igualdad, fraternidad, y las emergentes sociedades civiles responden a lo que podría llamarse «cristianismo cultural». Pero ése no fue un camino de rosas ¿verdad?
-En efecto. La religión, la cultura y la política han vivido en la era moderna en una extraña relación de amor y odio. En cierto sentido la Ilustración y la Revolución tienen unas raíces cristianas, si bien nacen de una lucha de fondo. En ese sentido, muchos ideales que habían surgido de dentro de la fe pasan a ser ideales civiles, ideales sociales, ideales culturales. La Iglesia ha ido descubriendo que el suyo constituye un mensaje de salvación, no una cultura, no una sociedad, no una política. Bien es verdad que de esta experiencia religiosa han seguido naciendo propuestas e ideales de ese orden, pero ella ha reconocido, ha manumitido a la sociedad para que construya con todo lo que tiene a su mano, también con el Evangelio, unos ideales éticos, unos ideales sociales. Cuando la sociedad llega a su autonomía, la Iglesia puede concentrarse en lo que es su propuesta específica, que es el mensaje de salvación que Dios ofrece al hombre, y que no es una alternativa a lo que el hombre puede hacer, sino un tesoro y una perla de otra naturaleza, como se dice en el propio Evangelio.

-El judaísmo, por su parte, también ha cambiado a lo largo de su historia, y ha logrado producir en Israel una sociedad civil y un sistema democrático.
-Los tres grandes monoteísmos: judaísmo, cristianismo e Islam han tenido una trayectoria muy distinta en los últimos cinco siglos. Y la situación en que cada uno de ellos deviene ahora deriva, justamente, de sus diferentes trayectorias. Hay un judaísmo ortodoxo puro y duro, teocrático; hay un judaísmo reformado; y hay un judaísmo que ya es absolutamente secular y sólo se remite a una herencia, a una historia, sin ninguna determinación religiosa. Los judíos han hecho la cultura moderna quizá como nadie, siendo uno de sus grandes protagonistas.

-El Islam, que también es heterogéneo, sin embargo no parece haber logrado segregar sociedades laicas y democráticas. ¿Podrá o no podrá evolucionar hasta ser compatible con las sociedades occidentales?
-El Islam es un punto y aparte. Mientras que en un momento de su historia cobijó una gran cultura (recordemos su esplendor en los siglos XII, XIII y XIV), dicho con todo respeto no ha producido su modernidad; y está en una fase en la que tiene por delante que hacer, en unos pocos decenios, esa transición a la modernización de conciencias que el cristianismo ha hecho en estos cinco siglos.

-¿Qué puede hacer Occidente para ayudar en esa transformación?
-Ésa es la gran cuestión. El cristianismo no debe hostigar al Islam, no debe odiarlo y debe acompañarlo para que haga esa transición a la modernidad de manera coherente y no violenta. Entre ambas religiones pueden producirse situaciones curiosas. Por ejemplo, que el cristianismo, para defenderse y mantenerse frente a la conciencia moderna, se haga no digo fundamentalista, sino que vuelva a sus fundamentos, mientras que el Islam en los próximos treinta años se haya secularizado de manera radical. En fin, todo esto está aún por ver.

-Mientras tanto, parece que Occidente se ha embarcado en una guerra contra el Islam, ahí está el conflicto entre Israel y Palestina y entre EE.UU y el fundamentalismo de Al-Qaeda.
-No deberíamos hacer de ello un conflicto religioso. Ahí hay un conflicto de tierra, de identidad, de libertad, esto es: por espacios de afirmación. Y ahí, en ese contexto, unos y otros utilizan la religión como un elemento defensivo más con respecto a sus propias pretensiones. Lo mismo ocurre entre el enfrentamiento de Estados Unidos con el mundo árabe: no es una guerra de religión, es una guerra de intereses, es una guerra de prestigios, es una guerra de memorias que sí echa mano de las religiones, degradándolas. Creo que es una locura querer resolver ese conflicto por la violencia. La violencia sólo engendra la violencia, y dado como son hoy las cosas, mientras un palestino esté deseoso de vengar a su pueblo, Israel no tendrá paz, por más tanques y más apoyo de Estados Unidos que tenga. También hay que reconocer que los judíos tienen derecho a una patria y que se les ha asignado ese territorio por la comunidad internacional después de la segunda guerra mundial. Tienen derecho a la libertad y a la supervivencia. Tan Holocausto fue el que padecieron en los años 40 como el que están sufriendo ahora. Es hora de que la comunidad de países árabes deje de nutrir el odio y de alimentar esa resistencia; y es hora de que Estados Unidos deje de mantener unas posiciones que sostienen la violencia por parte de Israel. Siempre fue el diálogo la vía de comunicación, pero es que hoy es más evidente que sin diálogo sólo hay mutua destrucción. Hay un tercer elemento que remite a la sociedad cristiana. ¿Qué ha decidido que esa tierra es o de judíos o de palestinos? El cristianismo también tuvo una presencia ahí. ¿Por qué se ha decidido borrarlo de esos países? ¿Por qué no hay libertad de expresión y de afirmación cristiana en los países islámicos? ¿Por qué no se puede ser cristiano en Arabia Saudita? ¿Por qué vamos a tener una relación asimétrica? ¿Por qué en Occidente nos esforzamos en facilitarle a los musulmanes toda libertad de expresión y de fe, mientras que en los países islámicos no hay absolutamente ninguna libertad para la afirmación cristiana?

«Hubiera esperado de la Iglesia Vasca que distinguiera con más nitidez entre terrorismo, nacionalismo e independentismo»

-Los nacionalismos han encharcado de sangre el solar europeo durante los últimos decenios: Irlanda del Norte, los Balcanes, el País Vasco, y también se han servido de las religiones para justificar sus fines y sus medios.
-La religión afecta a la raíz de la vida humana y no puede quedar al margen de este tipo de conflictos. Yo me sigo preguntando con muchos teoólogos e intelectuales, europeos: ¿Quién enciende la guerra en Yugoslavia? Puedo darle el testimonio del arzobispo de Sarajevo, quien me dijo: «Mire, nosotros llevábamos decenios de convivencia pacífica, concorde, entre orotdoxos, musulmanes y católicos. ¿Quién y por qué intereses encendió ese conflicto hasta odiarnos mortalmente unos a otros? Es una pregunta que nadie ha respondido y a mí me gustaría que Estados Unidos nos respondiera con mayor claridad que lo que ha hecho hasta ahora». Cuando las categorías de nación, de raza, de sexo o de cultura se elevan a categorías absolutas, se sustituye la confesión de fe en un único Dios por una realidad de este mundo, es decir: por un ídolo; y esa actitud es inconciliable en su raíz con la fe cristiana. En lo que se refiere al País Vasco, ningún proyecto, propuesta, cultura o futuro tienen legitimidad moral si pasan por una violencia directamente ejercitada, indirectamente tolerada, mediatamente aprovechada o consentida. No puedo seguir viviendo en un país como España si mi silencio colabora a que se tome como normal la situación de muerte, de pérdida de la libertad, de sentirse la mitad de los ciudadanos excluidos en ese amado trozo de tierra.

-Desde fuera se percibe que la Iglesia Vasca no se ha pronunciado decididamente con un «¡Basta ya!» contra la violencia.
-Yo hubiera esperado que con mayor claridad hubiera dicho que ningún medio que pase por la violencia y la muerte es legítimo. Yo distinguiría tres grandes órdenes: Terror, Nación, Independencia. A lo primero tengo que decir un no radical y yo hubiera esperado que la Iglesia Vasca hubiera señalado con más nítida claridad que para un cristiano el terror va directamente contra el quinto mandamiento: «No matarás». Hay que estar contra el crimen directo, el indirecto, el consentido y el aprovechado. Otra cuestión es el término nación. Todos tenemos una procedencia, una cultura, y es legítimo afirmar esos valores, con tal de que no se haga por unos medios que sean absolutamente inmorales. Y en cuanto a la independencia, ése es un problema jurídico, constitucional, y que tiene unos cauces que hay que pasar por ellos. Yo hubiera esperado desde hace decenios de la Iglesia Vasca y de la Iglesia Española una más nítida diferenciación de esos tres órdenes, lo que es terrorismo, lo que es nacionalismo y lo que es independentismo. No se puede olvidar el Capítulo IV del Génesis, el relato de la muerte de Abel a manos de Caín, que nos indica cuál es la definición del hombre: «El guardián de tu hermano» Entonces, quitarle la vida es exactamente su contradicción. Ese Capítulo IV está puesto como prólogo de todo el Antiguo Testamento. Todas las historias de violencia y de odios que se narran son relatos de una historia pasada, agotada y negada por ese prólogo. Todo lo que viene después se ilumina en su luz: «Tú eres el guardián de tu hermano». En esta situación contemporánea del País Vasco hay un texto de la Iglesia que es profundamente iluminador y liberador de muchas conciencias, y éste es el epílogo escrito por don Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona, sobre la Iglesia ante el terrorismo de ETA. No desearía yo más que todos los ciudadanos españoles, y especialmente los cristianos, leyeran ese texto y procuraran actuar en consecuencia.

Impotencia terrorista para velar a un inocente
AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA/DTOR. GRAL. DE LA FAMILIA, MENOR Y ADOPCIONES GENERALITAT VALENCIANA El Correo  6 Agosto 2002

Una de las situaciones más difíciles de imaginar es aquélla en la que un padre vela el cadáver de su hija recompuesta después de haber sufrido un atentado terrorista. Si ya es difícil velar el cadáver de víctimas adultas, porque los amigos y familiares no encuentran razón alguna para justificar o comprender los atentados terroristas que acaban con la vida de ciudadanos inocentes, más difícil es velar el cadáver de una niña de 6 años como la que murió en el atentado del domingo en Santa Pola (Alicante).

El domingo, aún jugaba en los brazos de su padre, aún saltaba en los pasillos de la casa, aún era ese brote de vida donde unos padres proyectaban sus esperanzas y anhelos ante el mundo. Ayer no sólo eran sus padres quienes la velaban y pasaban sus últimas horas con ella. Todos estamos obligados a verlarla y acompañar en silencio a esa familia en la que la guadaña terrorista de la muerte ha podado de raíz ese brote de esperanza.

A estas horas, quienes somos padres, quienes vivimos en la Comunidad Valenciana, quienes tenemos ciertas responsabilidades públicas y quienes tenemos hijas de esa edad, quizá deberíamos estar callados para acompañar con el recuerdo, la oración y el silencio estas horas de duelo. Sin embargo, para acorralar a los terroristas y sus cómplices no podemos estar callados, son momentos para expresar públicamente nuestra indignación, nuestra repulsa, nuestra rabia y, sobre todo, nuestro deseo de que sobre los terroristas y sus cómplices caiga todo el peso de la ley.

No estamos velando a un político de una ideología u otra; tampoco estamos velando a un ciudadano cualquiera que ha sido víctima involuntaria de un atentado: estamos velando a un inocente. Mientras que velar a un ciudadano o velar a un político es meditar por los valores, actitudes y causas que motivaron su compromiso, velar a un inocente es meditar sobre el sinsentido, sobre el absurdo, sobre nuestra impotencia e incluso sobre nuestra perplejidad desconcertante ante el misterio de la vida. Cuando, además, se trataba de un inocente absolutamente indefenso, la rabia nos desborda porque la víctima no había tenido tiempo de vivir.

Estamos velando a un hijo, y con su muerte tenemos el amargo sentimiento de que desaparecen los proyectos, desaparecen las familias y desaparecen las promesas. Velar a un hijo no es sólo meditar sobre el absurdo de la vida en general, sino sobre el absurdo de la propia vida, del propio proyecto de vida. Cuando un padre observa el rostro de su hijo muerto, ve que con él se ha ido lo mejor de su vida, ve que con él se han ido sus expectativas, sus esperanzas, incluso lo mejor de sí mismo. La rabia se convierte en angustia y es, entonces, cuando un padre más necesidad tiene del consuelo, el amor y la amistad.

Hoy la rabia y la angustia no pueden tener la última palabra. Esta experiencia de velar juntos a un hijo que es, a la vez, un inocente, debe ser una experiencia de entereza, de solidaridad y de fraternidad. Mientras que los terroristas y sus cómplices quieren que esta experiencia nos instale en la impotencia y el miedo que están sembrando en nuestros pueblos, las gentes de bien deben responder con firmeza al terrorismo. Una firmeza para la que deberemos aquilatar muy bien nuestras propuestas de convivencia ciudadana porque la política del terror y el miedo quiere generar una política de venganza y justicia cainita con la que retornar al estado de naturaleza.

La firmeza que nazca de estos momentos de duelo tampoco puede refugiarse en políticas del perdón y la reconciliación que dejen de lado el arrepentimiento de los verdugos, la reparación de las víctimas y la conmoción ante lo injusto. No son tiempos para la venganza justiciera, ni para el perdón sensiblero; son tiempos para la entereza en el duelo, el coraje cívico para la movilización democrática y la astucia de la justicia. Son tiempos para que las fuerzas políticas democrática anulen el espacio político que aún les queda a quienes utilizan el lenguaje de las bombas para propagar su régimen de terror.

Por último, se trata de una firmeza que cada vez tiene que estar más cerca de las víctimas, los inocentes y, sobre todo, los niños. ¿Cuántas generaciones tendrán que pasar para recomponer el clima de violencia y miedo que se está generando en nuestros pueblos? ¿Qué narraciones populares tendremos que contarles a nuestros hijos para convencerlos de que la venganza y el miedo no tienen la última palabra en todas las historias? Quizá no sea éste el mejor momento para responder a estas preguntas y tengamos que volver sobre el tema después del duelo y el consuelo. Sí es el momento de empezar a plantearlas, porque con ellas descubriremos la impotencia e incapacidad radical de los terroristas y sus cómplices para velar a un niño, para velar a un inocente absolutamente indefenso.

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