AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 8 Agosto  2002
Lehendakari Aznar
Iñaki EZKERRA La Razón 8 Agosto 2002

Los gudaris llorones
José A. SENTÍS La Razón 8 Agosto 2002

La estrategia etarra de lo peor
Lorenzo CONTRERAS La Razón 8 Agosto 2002

El asco
FERNANDO SAVATER El País  8 Agosto 2002

Batasuna aporta mucho más que el silencio
Impresiones El Mundo  8 Agosto 2002

La ilegalización de Batasuna
Yolanda Salanova G., miembro del Foro Ermua. Bilbao. Cartas al Director ABC  8 Agosto 2002

Los españoles lo tienen claro
Editorial La Razón  8 Agosto 2002

Ilegalizar Batasuna
RAMÓN PI ABC  8 Agosto 2002

Aznar va en serio
Ignacio Villa Libertad Digital   8 Agosto 2002

Este tiempo maldito
ENRIC SOPENA El Mundo   8 Agosto 2002

Batasuna persiste
Editorial El Correo  8 Agosto 2002

Batasuna ha cruzado el Rubicón
EDITORIAL Libertad Digital   8 Agosto 2002

El PNV, ¿capo de Batasuna
Enrique de Diego Libertad Digital   8 Agosto 2002

Huidas hacia adelante
Lorenzo Contreras La Estrella  8 Agosto 2002

Como hacerse un nudo
Breverías ABC   8 Agosto 2002

Jordi
RAUL DEL POZO El Mundo  8 Agosto 2002

El Gobierno Foral de Navarra sancionará la exhibición de la ikurriña en los ayuntamientos
EFE El Correo  8 Agosto 2002

La dirección de CiU, dividida ante la iniciativa de Gobierno y PSOE
I. A. BARCELONA. ABC  8 Agosto 2002

Rosa Díez: “ETA es un problema sin solución mientras siga gobernando el PNV”
EFE Libertad Digital   8 Agosto 2002

Última oportunidad
FERNANDO ONEGA La Voz   8 Agosto 2002

Derrotar a ETA

ANXO GUERREIRO La Voz  8 Agosto 2002
 

Lehendakari Aznar
Iñaki EZKERRA La Razón 8 Agosto 2002

Ibarretxe no es mi lehendakari. Ha dejado de serlo por voluntad propia. No ha hecho falta que el Gobierno aplicara el famoso 155, ese artículo de la Constitución por el cual un gobierno autonómico puede quedar suspendido en sus funciones si no garantiza el orden legal y es desleal con la Constitución de la que emana su legitimidad. Un lehendakari no puede desafiar a la Constitución ni decir que ya no sirve el Estatuto por el cual tiene ese mismo cargo. No puede callar cuando a un ciudadano le calumnia un ayuntamiento y su partido y el Gobierno vasco que preside.

Un lehendakari tiene que hacer que se sientan representados en lo fundamental ¬en la defensa de los valores y derechos humanos y constitucionales¬ hasta los vascos que no le han votado. Un lehendakari no se puede limitar a decir «¿qué barbaridad!» cuando unas malas bestias rompen a una niña como si fuera una muñeca de trapo y justifican ese crimen otras malas bestias con los que él ha pactado. No se es lehendakari para proteger a Batasuna y limitarse a decir «¿qué barbaridad!» sino para intentar evitar por todos los medios que se produzcan más barbaridades como ésa. No se es lehendakari para insultar a quien intenta poner esos medios con un odio que no se manifiesta ni lejanamente contra Eta ni contra sus cómplices.

Un lehendakari es aquel que, si mis paisanos me señalan y me ponen en la diana de Eta con un sello consistorial, es capaz de llamarles «nazis» y garantizar mi seguridad. Es el que intenta adaptar las leyes a la realidad para acabar con una situación insostenible como la que permite que los asesinatos de Santa Pola sean justificados. A la Ley de Partidos lo único que se le puede reprochar es que llegue con veinte años de retraso. Y su eficacia democrática empieza por impedir que la justificación del genocidio sea una opción discutible, «un estado de opinión». Hay cuestiones que no son opinables y que, a base de pasar por tales en los medios de comunicación, han creado en el País Vasco una atmósfera de amoralidad y de estupidez criminal que es ya irrespirable. No es opinable si los negros tienen derecho a la vida ni si un ayuntamiento puede marcar a un ciudadano ni si Eta tiene razones legítimas para asesinar.

Un verdadero lehendakari es hoy Aznar, que, pese a heredar una imagen y unos tics ideológicos que nos resultan antipáticos a muchos españoles, ha sabido ganarnos anteponiendo a ellos nuestros intereses y valores fundamentales. Aznar dice que hay que deslegalizar a Batasuna y tiene razón. Aunque eso le de votos al PNV en las municipales, aunque tenga sus riesgos, hay que estar con Aznar en esta cuestión de principios. No hacerlo o callar «dejándole hacer» seria una mezquindad imperdonable.

Los gudaris llorones
José A. SENTÍS La Razón 8 Agosto 2002

Tener unos revolucionarios que quieren la ruptura de un Estado por la vía de las armas, pero que lloran como magdalenas si el Estado los quiere sancionar, es decepcionante. Yo esperaba más de estos valientes gudaris a quienes no se les altera el pulso cuando asesinan a una niña, que explican con hiperbóles que las víctimas no son suyas, sino de no sé qué conflicto, pero que luego están aterrados por si la Justicia dice que hasta aquí ha llegado la broma.

Me pregunto qué hubieran pensado los terroristas y sus amigos que dicen que el asesinato de la niña de seis años en Santa Pola está motivada por un «conflicto irresuelto con Euskalherría» si hubiera sido su hija o su nieta. Qué dirían los que los «entienden», los que se la cogen con papel de fumar, si la niña hubiera sido exactamente ésa en la que están ustedes pensando, a la que tanto quieren, tan bella como la inocencia o tan inocente como la belleza. Es muy curioso tener a estos revolucionarios implacables lamentándose por la posible deslegalización de su partido. En vez de ir en plan Ché Guevara, quieren tener su momio, su sofá, su sueldo, su subvención. Quieren el reconocimiento, el escaño, el micrófono y la cartera. Valiente guerrilla de aborregados, sin hablar de su crueldad. Deberían ser ellos quienes se «autodeslegalizaran», ya que no creen en el marco legal y quieren acabar con él. Pero son demasiado cobardes.

Y me pregunto qué ha hecho el PNV, o qué no ha hecho, para merecerse esto, con lo bien que le estaban saliendo las cosas desde el 13 de mayo. Vaya bombazo le ha soltado Eta (como siempre, en la cara de otros). Qué sutil amenaza, porque los próximos muertos pueden ser sus muertos, los hijos de los nacionalistas, de ésos a quienes les está saliendo gratis la broma independentista. Vaya aviso, pues, a quienes creen que tienen hecho el calendario: día tal, ruptura con el marco jurídico del Estado; día cual, referéndum de autodeterminación; día tal-cual, declaración unilateral de independencia. Vaya palo se han llevado quienes creen que es su oportunidad histórica de hacerse con una nacioncita que llevarse a la boca, con un estadito para andar por casa. Porque, claro, con muertos sobre la mesa, el PNV tiene poco que exigir. Más bien tiene infinitas explicaciones que dar: por qué protege a los proetarras, qué les debe, qué espera aún de ellos. Y así, claro, no hay forma de avanzar «en el proceso», con lo cerquita que estaba, casi en la punta de los dedos. Pero al PNV se le olvidó un detalle. Eta no quiere el triunfo del nacionalismo, sino su propio triunfo, que es independentista, pero también soviético. Mientras el PNV les valga, lo soportarán. Si no fuera así, ya se podrían preparar los hijos y los nietos de los Eguíbar, Arzallus, Ibarreche y compañía. Que no se den cuenta de esto y no se cambien de bando es desolador. Sólo se me ocurre que un equipo de cirujanos de Los Ángeles les extirpe la boina incrustada en el cerebro.

La estrategia etarra de lo peor
Lorenzo CONTRERAS La Razón 8 Agosto 2002

Parece difícil sostener que Eta ha actuado criminalmente en Santa Pola sin sopesar las consecuencias que para su brazo político, Batasuna, se iban a derivar. Podrá haber patología en sus decisiones, incluso una vesania temeraria, pero no imbecilidad miope. Sabía lo que hacía y lo que su «extensión» política tendría que afrontar. Por tanto ha buscado deliberadamente poner a prueba las posibilidades del instrumento legal llamado Ley de Partidos. Todo un desafío con dos «salidas» rentables para el terrorismo nacionalista e independentista: primera, que el gobierno y los partidos democráticos que le apoyan queden de algún modo atrapados jurídica y políticamente en los engranajes de aquel mecanismo; segunda, que se produzca, si todo marcha por el carril de las previsiones ilegalizadoras, sin mayores contratiempos procedimentales, la situación conocida con la expresión «cuanto peor, mejor».

Todo el arsenal de recursos, en el sentido de triquiñuelas, del independentismo, se va a poner en marcha, desde el victimismo hasta la invocación de los principios democráticos que el propio independentismo conculca. El PNV va a tener, por otra parte, que definirse de modo total si es que ya no lo está suficientemente. Y su opción previsible es acentuar la vinculación con Lizarra, de cuyo espíritu no se ha desanclado nunca.

Contra esta realidad basada en la situación límite de la ruptura, el Gobierno ilegalizador tratará de fortalecer sus razones mediante la búsqueda afanosa del consenso. Se va a procurar, según todos los indicios, que la ilegalización de Batasuna sea obra de todos y no una determinación del Ejecutivo apoyada desnudamente en una Ley, la de Partidos, que en realidad intenta llenar los vacíos de la Constitución, incapaz en su momento de enumerar e identificar a los actores del Estado constituido. Si lo hubiese previsto y hubiera trazado los rasgos de los participantes en el juego legal, no habría hecho falta esta nueva Ley de urgencia. La ilegalización de Batasuna había podido ser automática. Pero resultaba que en el Estado democrático «cabían todos», sin que los padres de la norma fundamental se plantearan en su día la esencial cautela de definir los supuestos nítidos de las autoexclusiones.
Tendrá que meditar su actitud definitiva el PNV y sus acompañantes, incluida Izquierda Unida (IU), que no puede a estas alturas soslayar su complicidad con los principios del autogobierno definidos en el famoso «Informe del Tripartito». En ese informe, basado en la correspondiente ponencia parlamentaria de la Cámara de Vitoria, se dibuja de modo concluyente el propósito de sus firmantes en el sentido de articular «un nuevo proyecto de ordenamiento jurídico». Es decir, liquidación de la actual legalidad constitucional y estatutaria. Nada que no se sepa, pero que conviene recordar. La palabra es ruptura.

El asco
FERNANDO SAVATER El País  8 Agosto 2002

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

En los últimos días, con motivo del atroz atentado terrorista en Santa Pola, diversas autoridades han empleado para considerar los hechos y sus causantes la expresión 'sentir asco'. Como siempre que se trata de fórmulas especialmente contundentes, apelar al asco es algo que debe hacerse con cierta reflexión. En el contexto moral -que es el que aquí nos interesa-, decir que uno siente 'asco' es a la vez el máximo desprecio y también la valoración más subjetiva: no sólo se juzga que algo está mal según los principios éticos, sino que se subraya la reacción personal, incluso corporal, ante esa conculcación de lo que debe ser respetado. Lo moralmente repugnante nos produce desaprobación, desde luego, pero también una sensación casi pringosa de bajeza, de mezquindad, de cicatería maligna. El asco moral no lo sentimos frente a lo horroroso, sino ante lo miserable. Por ejemplo, dudo que alguien defina como 'asco' lo que nota cuando está siendo bombardeado por un agresor injusto o cuando un psicópata amenaza con un hacha a su hijo en la cuna: sentirá indignación, espanto, íntima sublevación ante lo que transgrede la armonía civilizada entre humanos..., pero asco propiamente, no. En cambio es, sin duda, asco (que no excluye la indignación ni la repulsa) lo que experimentamos ante la multinacional que se enriquece con la esclavitud laboral de niños o quien aprovecha la ruina de un terremoto para saquear la casa del vecino. Sobre todo sentimos asco al escuchar a los que pretenden justificar o minimizar estas fechorías en nombre de cualquier razonamiento utilitario.

Por eso no me parece muy acertado que el lehendakari Ibarretxe llegue a la conclusión de que ante los crímenes y la perpetua amenaza de ETA la sociedad vasca siente 'asco'. Incluso le diría que sentir asco ante ETA es casi un privilegio, porque los amenazados de muerte por la banda terrorista no se lo pueden permitir: están demasiado concernidos por la preocupación personal y familiar, por el miedo al día a día, por la justa cólera al verse privados de sus derechos cívicos fundamentales, como para sentirse asqueados. El asco es fruto del desprecio y uno no puede despreciar lo que está a punto de matarte o mata a otros cerca de ti. La barbarie política criminal no es repulsiva, sino aterradora e intolerable. En cambio resulta repugnante, es decir, asqueroso, comprenderla, justificarla, inhibirse ante ella para evitar problemas y sobre todo lamentarla patéticamente sin hacer nada realmente efectivo para perseguirla y castigarla. De aprovecharse de ella para sacar adelante proyectos políticos propios casualmente coincidentes con los de los bárbaros, prefiero no hablar.

Me temo que motivos de asco moral no faltan, ni mucho menos, en la sociedad vasca, aunque no sea precisamente ETA quien los proporcione. Como el asco tiene un componente subjetivo ya indicado, voy a indicar dos casos en que yo mismo lo he sentido recientemente. Número uno: en la misma mañana del atentado, pocas horas antes del coche bomba que mató a dos personas (una de ellas una personita de siete años) y dañó la integridad física y las haciendas de muchos más, las playas de San Sebastián servían de marco obligado a una exhibición de pancartas y panfletos a favor de los presos de ETA, cuyo regreso a casa, así como el de los 'huidos' (supongo que entre éstos se encuentran quienes pusieron el coche bomba), solicitaban un puñado de manifestantes ondeando ikurriñas. A mí me asquea ver la enseña autonómica monopolizada por tales manos, así como que se hable en los medios de comunicación públicos de presos 'vascos' para aludir a quienes no están en chirona por su origen, sino por sus delitos. Y aún me repugna más recordar que nunca he visto en las playas una manifestación semejante, ikurriñas incluidas, pidiendo la persecución y condena de ETA, la defensa de los amenazados y sus ideas, la solidaridad con las víctimas. Sólo protestan así de vez en cuando, arrostrando todo tipo de descalificaciones por 'crispadores' y corriendo riesgo de muerte, los miembros de algunos grupos cívicos de esos que Anasagasti considera financiados por el Ministerio de Interior. Los nacionalistas, a lo más que llegan es a decirle a ETA que 'sobra' y que se 'disuelva', como si fuera una ONG descarriada y algo testaruda. Qué asquito, ¿no?

Número dos: lo que veo y oigo en el teleberri de ETB2 al día siguiente del atentado. Como la colonia vasca en Santa Pola es muy numerosa (hablan de unas dos mil personas, entre veraneantes, residentes y comerciantes), ETB decide hacerles un reportaje. Ingenuo de mí, creí que les cuestionarían sobre el vil atentado que había destrozado a sus amables convecinos, que tan sociablemente les acogen y de cuyo dinerito algunos de ellos viven; incluso que les darían ocasión para que mostrasen su lógica vergüenza de vascos al oír el nombre de su tierra mezclado en la legitimación de semejantes salvajadas. Pues, como siempre, me equivoqué.

Lo que les preguntaron es si se sentían discriminados en su entorno y si suponían que el coche bomba podía perjudicar la buena marcha de sus negocios. Para mí tranquilidad, me enteré de que allí nadie les discrimina ni mira mal... lo que era de suponer dada la cantidad de vascos que eligen esa residencia. El dueño de un bar reconoció que el atentado no les beneficia, aunque tampoco se puede decir todavía si va a perjudicarles. ¡Qué alivio! El propietario de otro comedero, no menos decorado con banderines deportivos y fotos regionales, admitió con resignación que a veces hay alguno que le pregunta '¿qué te ha parecido lo de la niña?' y cosas semejantes porque, como él mismo dijo, 'siempre los hay graciosos'. Pero vamos, la sangre nunca llega al río... salvo en el cuartel de la Guardia Civil. Si la palabra 'gentuza' no es la más adecuada para calificar al entrevistador y al entrevistado, confieso que ahora a mí no se me ocurre otra. Por cierto, parece que a ETB se le ha escapado la ocasión de hacer un reportaje semejante en el restaurante español del Temple Bar de Dublín, donde el pasado fin de semana cometieron destrozos unas cuarenta bestias juveniles de la especie abertzale que venían de celebrar un akelarre con sus colegas irlandeses. Resultaron contusionados los dos cocineros del local... casualmente vascos.

Uno de los tópicos más repetidos sobre Euskadi es que la sociedad está sana, pero los políticos no son capaces de de ponerse de acuerdo. Bueno, si ésta es una sociedad sana, ojalá que no me toque nunca vivir en una enferma. Puede que la sociedad vasca sienta asco frente a ETA como asegura el lehendakari (me refiero, claro, a la parte de la sociedad vasca no directamente amenazada por el terrorismo todavía, los nacionalistas a los que Ibarretxe representa y en cuyo beneficio gestiona esta comunidad). Lo que entonces cabe preguntarse es qué sienten exactamente el setenta por ciento de los vascos, los cuales, según las encuestas, jamás se han movilizado políticamente para mostrar su repulsa al terrorismo, cuando se miran cada mañana al espejo.

Batasuna aporta mucho más que el silencio
Impresiones El Mundo  8 Agosto 2002

El portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, llamó ayer a la movilización del pueblo vasco para «dejar de una vez por todas nuestra vida política, social, institucional fuera del alcance y la injerencia permanente del Estado español». Estas palabras tuvieron su reflejo en la actitud de Batasuna en el Parlamento Vasco al negarse a suscribir la rotunda condena que firmaron el resto de las formaciones políticas. El grupo abertzale dio un salto cualitativo muy importante al calificar a los crímenes de Santa Pola -sucesos los llama Otegi- como un mero «exponente del conflicto de Euskal Herria».Por si alguien tuviera alguna duda sobre los argumentos reunidos hasta ahora para su ilegalización, al silencio se añade el posicionamiento claro y explícito de Batasuna al lado de los terroristas. Consideran la muerte de la niña Silvia Martínez y de Cecilio Gallego como una forma inevitable de progresar en sus aspiraciones independentistas.Algo así como si se tratara de unos daños colaterales necesarios y hasta imprescindibles en el conflicto. Los nuevos datos deben ser enviados por el Gobierno con urgencia para que se adjunten a los aportados hasta ahora en la documentación remitida para iniciar los trámites de su ilegalización. El ministro Zaplana fue contundente al comentar que las afirmaciones de Otegi desvelaban su «a-cuerdo con los asesinatos». Batasuna se siente cómoda, según el ministro, con atentados como los de Santa Pola «porque son parte de su estrategia».

La ilegalización de Batasuna
Yolanda Salanova G., miembro del Foro Ermua. Bilbao. Cartas al Director ABC  8 Agosto 2002

«Igual que ETA nos aleja de cualquier escenario de paz, una estrategia en la línea directa que se ha marcado la ilegalización de Batasuna no nos va a acercar, sino que nos va a alejar del escenario que deseamos» (Eguibar).

El PNV/EA continúa apoyando a Batasuna. Por encima de los asesinados, para ellos están los verdugos. Ésos que con su abstención negociada bajo cuerda hacen posible que el tripartito saque adelante los presupuestos. Es en realidad un «cuatripartito», puesto que es Batasuna el partido criminal bisagra para beneficio de unos y otros: del PNV, que de esa forma puede «gobernar» a cambio de la cobertura de los cómplices de los matarifes, con lo que, sin más, es también cómplice culpable.

La simbiosis aberrante entre los criminales de bomba&pistola y los nacionalistas que continúan con la táctica victimista, mal llamados «moderados» y «democráticos», pretende llegar, en efecto, al escenario deseado: la dictadura secesionista nazi. Al igual que IU, vagón de cola, comparte complicidad con los dinamitadores del Estado de Derecho, por más que en tibias declaraciones intenten convencer de lo contrario.

Así que la culpa de los asesinatos la tiene sólo y exclusivamente ETA, dicen los «moderados». Sus hermanos radicales, «sólo guardan silencio», un silencio cómplice que no guardaban con anterioridad a la ley de Partidos, leyendo comunicados en Ayuntamientos con la sangre fría de quienes tienen por costumbre asesinar y viven del asesinato con el pretexto del «conflicto». Defender una formación proterrorista o presuntamente terrorista, es un posicionamiento que raya, si no es que entra de lleno, en el delito de apoyo al terrorismo.

Las declaraciones de Eguibar y demás impresentables, vienen a ser una amenaza. Amenaza con más terror y muerte, con más bombas y más dictadura. Tratarán no muy tarde de movilizar a sus acólitos para crear opinión y, sobre todo, más miedo. Una forma solapada de ejercer el terrorismo.

Una vez ilegalizada Batasuna, no tendrán el apoyo necesario para conservar y ejercer el poder totalitario, como hasta ahora, de forma institucional, ni en el Parlamento ni en los Ayuntamientos; ése es el miedo que tienen, perder poder, un poder omnímodo impuesto, con patente de corso y sin oposición en los municipios, ya que bajo amenaza, difícilmente se podrán elaborar listas para las próximas elecciones. Aunque así fuera, el voto seguirá estando secuestrado sobre todo en municipios pequeños (como Maruri, por ejemplo), donde la coacción del miedo campa a sus anchas y con el apoyo explícito de los «moderados» nacionalistas. No hace mucho el PNV declaró que de ilegalizarse a Batasuna, incluirían en sus listas a miembros de esta formación.

¿Puede empeorar más aún la situación? Es evidente que sí: de momento, las amenazas tácitas de los nacionalistas incitan una vez más a la bestia, justificando sus motivos perversos. Más asesinatos, más bombas... Más terror.

Es posible que el anuncio de los compañeros de viaje de Batasuna sea el principio de otra escalada de terror y crimen. Pero aún así, la ilegalización de Batasuna tiene que continuar adelante, sin cesión al miedo ni al chantaje. Los demócratas no podemos ceder. No debemos ceder.

Los españoles lo tienen claro
Editorial La Razón  8 Agosto 2002

Una encuesta de Ibecom para LA RAZÓN sobre la opinión de los españoles respecto a la posible deslegalización de Batasuna demuestra que los ciudadanos tienen muy claro que la coalición proetarra ha dado suficientes muestras de dependencia e integración con la banda terrorista Eta como para merecer su deslegalización.

La decisión, obviamente, corresponde a aquellos que tienen que aplicar la ley, y éstos a su vez dependerán de la diligencia y competencia de quienes tienen que aportar las pruebas correspondientes que justifiquen la medida. Pero la sabiduría popular ya ha dictado sentencia hace mucho, no porque tenga una bola mágica o se deje impresionar o manipular por nadie: simplemente, porque es clamoroso que en España existe un grupo político que goza de todos los privilegios de la legalidad, incluidas subvenciones y sueldos, aforamientos y prerrogativas, pero cuya única misión es preparar las condiciones políticas para el triunfo del terrorismo.

No hay una sola nación civilizada en el mundo que consienta que en su cara se rían aquellos que quieren destruirla, que quieren asesinar a sus ciudadanos, que se alegran con esas muertes y que justifican los asesinatos o, como en el caso de Otegui de ayer, se permitan amenaza tras amenaza.

Así lo entiende la mayoría abrumadora de los españoles. Ahora son sus representantes políticos quienes deben actuar. Pero la impunidad debe acabar de una vez por todas.

Ilegalizar Batasuna
Por RAMÓN PI ABC  8 Agosto 2002

El Gobierno francés ha puesto fuera de la ley, por decreto, a una organización ultra a la que pertenecía el joven que disparó contra Jacques Chirac. No ha sido la primera vez, desde el final de la II Guerra Mundial, que en el país vecino se ha producido la ilegalización de grupos y organizaciones tenidos por antidemocráticos en su misma raíz. Nunca ha pasado nada. No creo que sea temerario imaginar que, si en Francia existiera un partido semejante a Batasuna, también sería colocado al margen de la ley sin contemplaciones y sin mayores consecuencias.
Entre nosotros, sin embargo, la situación es bien distinta. ¿Por qué en España plantea tantas dificultades la ilegalización de un partido político que todo el mundo sabe que es amigo de los terroristas de ETA, que ha organizado exequias públicas a los asesinos como si fueran héroes, que ha dado a las calles de los pueblos vascos el nombre de delincuentes sanguinarios? ¿Por qué aquí ha sido necesaria una ley de Partidos Políticos que hila fino hasta extremos microscópicos y por qué para aplicarla hace falta cargarse de razón sin dejar el menor resquicio siquiera a la discusión de la pura evidencia?

A mi entender, una de las principales razones de esta situación absurda es la cobertura (oblicua, pero real, y perfectamente perceptible) que prestan a Batasuna los partidos nacionalistas tenidos por democráticos y votados por gentes no ya de orden, sino de la derecha más derechona que se pueda imaginar. Este segmento de la población vasca ve que el PNV, partido que se hace cargo de la vida de sus militantes de la cuna a la tumba, se limita a regañar paternalmente a la organización asesina y pacta con su brazo político cuando conviene a su interés separatista. Y como la autoridad moral (léase la jerarquía eclesiástica local) no reprocha esta cobertura, sino que se suma a ella en los momentos clave, como ocurrió con la última pastoral conjunta de los obispos vascos, el resultado es que la ilegalización de Batasuna se percibe en sectores sociales significativos del País Vasco nada menos que como una decisión antidemocrática.

A estos disparates lógicos y políticos se llega cuando se corrompe el más elemental sentido moral de la convivencia. Esto sería superable si existiera confianza suficiente en el proceder de los jueces a la hora de aplicar las leyes. Pero la realidad es que esa confianza, desdichadamente, tampoco existe.

Aznar va en serio
Ignacio Villa Libertad Digital   8 Agosto 2002

El Gobierno aprieta el acelerador. El presidente Aznar está dispuesto a responder con contundencia al último atentado de los terroristas etarras. Sin actitudes vengativas, como él mismo aclaraba el pasado lunes desde Palma de Mallorca, Aznar no parece dispuesto a dejar más tiempo que los lideres de Batasuna puedan seguir campando a sus anchas en el País Vasco mientras los ciudadanos viven inmersos en una sociedad de miedo y terror.

El Gobierno, en menos de tres días, primero ha puesto en marcha todo el mecanismo jurídico para recoger las pruebas y los datos que requiere la ilegalización de Batasuna. Y ahora el Ejecutivo ha iniciado los contactos pertinentes para convocar, incluso en este mes de agosto, un Pleno extraordinario en el Congreso de los Diputados, activando de esta manera una de las fórmulas previstas en la reforma de la Ley de Partidos Políticos para la ilegalización de una formación política. Es decir, el Congreso deberá instar al Gobierno para que éste inicie el procedimiento de petición de ilegalizacion de Batasuna. Este proceso es el preferido por el presidente Aznar y también es la fórmula que parece más adecuada para recabar con más facilidad el consenso de las principales fuerzas políticas del Parlamento.

Aznar está dispuesto a demostrar que, por su parte, nadie va a encontrar impedimento alguno para acelerar todo lo que sea posible este proceso de ilegalización. Además, desde el Ejecutivo son conscientes de que con este paso por el Congreso todos los grupos parlamentarios deberán de retratarse con absoluta nitidez. Quedará, pues, muy claro qué partidos mantienen una actitud decidida por la ilegalización y se sabrá quienes están en contra y también sabremos quienes son los que intentan moverse en tierra de nadie.

En principio todo indica que populares y socialistas están de acuerdo en el proceso inmediato de ilegalización del brazo político de ETA. Desde Coalición Canaria, todo apunta a que estaría dispuesta a apoyar al Gobierno en la iniciativa. Indefectiblemente, en el lado contrario estarán PNV, EA e IU, que ya han manifestado claramente su negativa a la ilegalización, dejando al descubierto la estrategia de complicidad soberanista con Batasuna. Y en la indefinición, nos podemos encontrar a los nacionalistas catalanes. Desde luego, todo este proceso va a ser muy interesante para medir el grado de compromiso real de la coalición de Jordi Pujol. Los convergentes, siempre posicionados con claridad contra el terrorismo, después han mostrado más de una vez actitudes poco definidas y miedosas en otras cuestiones que les pueden situar lejos de los nacionalistas vascos. En esta ocasión no hay margen para mucha duda. Hay que mostrar claridad de ideas, y ese estilo de hacer política no les gusta mucho a los catalanes, amigos eternos de la indefinición.

Todavía no tenemos en la mano el calendario cerrado de este proceso. Pero lo más importante es que el Gobierno está demostrando que, para la lucha contra el terrorismo y su entorno, no hay vacaciones. Y que no puede seguir pasando más tiempo sin actuar legalmente, una vez que se ha aprobado Ley Orgánica de Partidos, contra una estructura política que es un paragolpes del terrorismo y una excusa para recaudar muchos fondos públicos que son utilizados como una de las fuentes principales de financiación del del conglomerado etarra. Con todas estas iniciativas, el presidente Aznar esta demostrando que, en efecto, va en serio.

Este tiempo maldito
ENRIC SOPENA El Mundo   8 Agosto 2002

El atentado de Santa Pola ha destruido algunas ensoñaciones maliciosas acerca de una especie de tregua por parte de ETA. El vicepresidente primero, Mariano Rajoy, había insinuado que la inactividad de ETA podría obedecer a un pacto entre el PNV y Batasuna. Los execrables hechos del domingo han desmentido de forma dramática tal hipótesis.Sin embargo, tras la última sangre derramada, no sólo no se han reducido las imputaciones contra el PNV por connivencia con Batasuna y, a la postre, con ETA, sino que el griterío acusador vuelve a resultar estruendoso. Con atentados o sin ellos, el PNV ha pasado a ser culpable principal de la violencia. ¿Es cierto que el PNV, Batasuna y ETA son lo mismo?

Estremece la respuesta. Porque, de ser verdad la inculpación, estaríamos ante una malformación social de proporciones monstruosas.Conviene no olvidar que las teorías nacionalistas cuentan con el respaldo -durante más de 20 años- de la mitad de los votantes.No es, por tanto, un fenómeno episódico. Si el PNV fuera igual a Batasuna y a ETA, casi la mitad de los vascos serían cómplices, al menos pasivos, de una cruel tiranía. Pero de no ser cierta esta versión, cada vez más extendida, la otra conclusión también provoca pavor. La calumnia más ignominiosa se habría convertido en contundente arma propangandística para combatir el terrorismo.Pues bien, ocurre que el PNV, amparándose en complejos y restricciones mentales, no traza una línea infranqueable para Batasuna y ETA.Por su parte, ni el PP ni, aun con más matices, el PSOE -teniendo presente, como inapelable atenuante, que ambos ponen las víctimas-, son capaces de entender una realidad tan compleja, no exenta de esoterismo, como la del nacionalismo vasco.

O este diálogo de sordos, más bien de insultos, se transforma en voluntad de diálogo para encontrar con urgencia puntos de coincidencia, o que unos y otros vayan asumiendo, sea o no ilegalizada Batasuna -que éste no es el problema, a pesar de ser un objetivo legítimo e higiénico-, que la victoria final, construida sobre miles de cadáveres, sobre miles de perseguidos por sus ideas, sobre un paisaje de odio, la conseguirá ETA. Sepan Aznar y Arzalluz, que tan amigos fueron, que así puede ser escrita algún día la página de la Historia correspondiente a este tiempo maldito, cuando los demócratas se peleaban entre ellos para regocijo de los asesinos, que fueron al final los vencedores.

Batasuna persiste
Editorial El Correo  8 Agosto 2002

Los representantes de Batasuna en el Parlamento vasco ignoraron ayer olímpicamente los trámites activados por el Gobierno central con objeto de abrir el procedimiento para su ilegalización y, una vez más, se negaron a dar el paso de condenar la violencia terrorista de ETA. Por el contrario, los dirigentes radicales recurrieron a los conocidos argumentos escapistas y cargados de cinismo en los que relacionan el atentado que mató a dos personas el domingo en Santa Pola con «el conflicto que vivimos en Euskal Herria». Esta actitud exhibida en la Cámara de Vitoria, sumada a las declaraciones posteriores del portavoz Arnaldo Otegi, confirman la determinación de Batasuna de afrontar el proceso de aplicación de la Ley de Partidos puesto en marcha tras el último y salvaje crimen adoptando el papel de víctimas, llamando en su ayuda a los partidos nacionalistas democráticos y echando mano del agotado instrumento de una manifestación más, esta vez en San Sebastián.

Desoyendo el clamor de la inmensa mayoría de la sociedad vasca y las apelaciones que le llegan desde el propio nacionalismo para «demostrar coraje y voluntad política diciéndole a ETA que pare porque el pueblo no quiere sufrimiento», la dirección de Batasuna persiste en mantener un enroque absolutamente estéril en su intento de convertir el pulso de la ilegalización en combustible para avivar una inviable «resistencia nacionalista frente al Estado español». Porque, más allá del desenlace al que esté abocado el camino procesal que el Gobierno de José María Aznar ha decidido emprender aplicando lo dispuesto en el artículo 11.1 de la Ley de Partidos, los que dirigen la organización abertzale radical insisten en cerrar los ojos al hecho de que la violencia como instrumento de acción política está destinada a perder a muy corto plazo los últimos residuos del escaso respaldo social y político que le quedan. El error histórico de Batasuna consiste en desperdiciar, una tras otra, todas las oportunidades para adecuar su estructura política, su capacidad electoral y el apoyo social del que goza todavía a las exigencias de una sociedad democrática y moderna, y pasar a combatir por sus ideales desde las tribunas y no tras los coches bomba.

El Gobierno central, con el acuerdo de la oposición, ha dado ya a conocer oficiosamente que, tras el atentado de Santa Pola, se dispone a solicitar la convocatoria urgente de la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados para que reúna al Pleno de la Cámara, en una sesión en la que se aprobará la iniciativa de instar al Ejecutivo a promover la ilegalización, según lo dispuesto en la Ley de Partidos. Tal como recoge la normativa, el Gobierno deberá dar trámite a dicho requerimiento, previa deliberación del Consejo de Ministros, y podría promover el procedimiento ante la Sala Especial del Tribunal Supremo el 2 de septiembre, primer día hábil de ese mes.

Con toda probabilidad, el Gobierno incluirá la negativa de Batasuna a condenar el atentado de Santa Pola dentro de los hechos que considera suficientemente probatorios para presentar ante la Sala del Supremo la demanda de ilegalización. Todo indica que el Ejecutivo de Aznar está determinado a imprimir el máximo de urgencia a todo este procedimiento, en una apuesta por cubrir las etapas de una decisión de tanta trascendencia política, constitucional y social en el mínimo espacio de tiempo. Sin embargo, no debería olvidarse, por un lado, que desde el plano puramente jurídico es preciso que el acopio probatorio no se cumplimente simplemente con unos cuantos recortes de prensa, sino que requiere de un rigor incontestable para no arriesgar un traspiés en el tribunal. Y, por otro lado, hay que recordar que está en juego el pluralismo político como valor superior del ordenamiento jurídico y cualquier decisión que lo recorte ha de estar avalada y legitimada por el máximo consenso político, de manera que no exista ninguna fisura por la que pudiera tener éxito un recurso ante el Tribunal Constitucional o instancias internacionales de justicia.

Finalmente, es preciso que las fuerzas políticas que están dispuestas a promover un salto cualitativo de tanta envergadura en la lucha contra el terror se expresen ante la opinión pública con realismo y sinceridad: la eventual proscripción de Batasuna será, antes que cualquier otra cosa, una medida de defensa ética en favor de la vitalidad de la propia democracia, pero que no asegura de momento ni una extirpación más rápida de la violencia, ni una mayor eficacia en la lucha contra ETA.

Batasuna ha cruzado el Rubicón
EDITORIAL Libertad Digital   8 Agosto 2002

Aunque la nueva Ley Orgánica de Partidos faculta al Ejecutivo para iniciar directamente el proceso de ilegalización de Batasuna, el Gobierno, acertadamente, ha optado por suspender las vacaciones parlamentarias y que sea el Congreso el que dé el primer paso para situar fuera de la ley a los proetarras. Además de recabar el consenso de todas las fuerzas políticas verdaderamente democráticas, la vía parlamentaria tiene la virtud de dejar en evidencia y sin argumentos a quienes pretenden escudarse en una supuesta pureza democrática para no apoyar una operación de saneamiento político que debía haber tenido lugar hace muchos años.

La tradicional soberbia y chulería de los batasunos, así como la prolongada impunidad en que han vivido desde la Transición, explican las declaraciones que Otegi hizo después de la junta de portavoces del Parlamento de Vitoria, que se reunió para aprobar un documento condenando el atentado de Santa Pola. El líder batasuno, aun a pesar de que la Ley de Partidos está en vigor y dispuesta para ser aplicada, no sólo no ha condenado el atentado de Santa Pola –como cabía esperar–, sino que, además de exculpar a ETA y responsabilizar al Gobierno del asesinato de dos inocentes, ha pedido nada menos que un “plante democrático al estado español” y la “movilización del pueblo vasco”, instando a Ibarretxe a protegerles de la “constante injerencia del estado español en nuestra vida política, social e institucional”. En esta cascada de nauseabundos cinismos y desplantes –insistimos, fruto de la prolongada impunidad de los proetarras– ya existe material más que suficiente –ni siquiera el ala más extremista de Jueces para la Democracia podrá negarlo– para iniciar el proceso de ilegalización de los proetarras. Así lo ha entendido y manifestado el portavoz del CGPJ.

De momento, el PP cuenta con el inequívoco apoyo del PSOE y el prácticamente seguro de Coalición Canaria. Evidentemente, los partidos gobernantes en Vitoria (PNV, EA e IU) que suscribieron el “órdago” al estado de derecho votarán en contra. Aparte de las fuerzas del Grupo Mixto, queda la incógnita de CiU, que, si bien apoyó la aprobación de la nueva Ley de Partidos, ahora interpone peregrinas excusas formales para no tener que pronunciarse abiertamente a favor de la ilegalización de Batasuna. El secretario general de CDC, Pere Macias, no estima oportuno que el Congreso se tenga que pronunciar sobre la ilegalización de Batasuna, y ha precisado, además, que si finalmente lo hace, "no es demasiado probable" que los diputados de CiU voten a favor. Aunque poco después Durán Lleida matizara esta postura, remitiendo la decisión final a los órganos directivos de la coalición, cualquiera puede ver que los nacionalistas catalanes, que también tienen exigencias competenciales que plantear al Gobierno, no quieren perder las buenas relaciones que mantienen con los nacionalistas vascos para poder presionar conjuntamente. Preferirían que el Ejecutivo asumiera la responsabilidad en solitario sin implicarles a ellos, lo que muestra una vez más que los nacionalistas catalanes, si bien conservan todavía la cabeza sobre los hombros, siguen anteponiendo –como sus colegas vascos– la “construcción nacional” a la lealtad institucional y la defensa de la libertad.

El PNV, ¿capo de Batasuna?
Enrique de Diego Libertad Digital   8 Agosto 2002

Si en un hipotético país hubiera unos pistoleros que se dedicaran a amedrentar y asesinar a quienes están en la oposición y no atentaran nunca contra quienes están en el poder, habría que decir que no sólo coinciden en los fines, es que tienen las mismas ideas originarias. Si, además, estos últimos, los que detentan el poder, salieran en defensa de aquéllos y defendieran la curiosa tesis de que deben ser legales, en aras del rigor intelectual, de la sensatez y de la lógica, se concluiría que quienes detentan el poder son los jefes morales de tal mafia, que todo es una conspiración en la que los capos de hecho son quienes recogen las nueces.

En España, no. Tal obviedad no se reconoce, aunque el consejero de Justicia, sobre el cadáver caliente de una niña, salga en defensa de los pistoleros, pues éstos se han formado en Batasuna, que es una parte de Eta, ni más ni menos.

Cuando los nacionalistas protestan porque se les confunde con los asesinos y sus asesinatos, tratan de jugar con nuestros buenos sentimientos y desvirtuar nuestro espíritu crítico. Quienes decimos que es el nacionalismo el culpable de todas las muertes, de estos asesinatos execrables, y quienes sostenemos que en una hipótesis de independencia habría campos de exterminio, no implicamos a los nacionalistas, pero sí al nacionalismo, sobre la prueba concluyente de los asesinatos cometidos en su nombre.

Pero, además de la complicidad ideológica, del hecho de que los etarras beben en las fuentes originarias del PNV –una ideología racista, muy similar al Ku Klux Klan–, cada día tenemos más pruebas de que la complicidad es también moral, mediata y casi inmediata, pues de continuo se sale en defensa de los asesinos. Se protege constantemente a Batasuna, como si el terrorismo fuera un elemento clave para la estrategia... del PNV. El nacionalismo vasco es una ideología manchada de sangre inocente. Es una cultura de muerte que produce una mezcla de monstruos morales y de indigentes mentales, en la línea de los más chuscos integrismos.

Observamos que los obispos vascos defienden a los asesinos, contra las más elementales exigencias de la moral cristiana. Observamos que los responsables policiales nacionalistas no detienen a ningún terrorista nacionalista. La conclusión es muy clara: a Ibarretxe le conviene que otros hagan el juego sucio por él, que sigan matando. Si no, no se entienden las declaraciones abyectas de un Azkarraga o las estulticias constantes del amoral de Arzalluz o las lágrimas de cocodrilo de un Anasagasti. Ibarretxe gobierna sobre una montaña de cadáveres.

Huidas hacia adelante
Lorenzo Contreras La Estrella  8 Agosto 2002

Todo está ya en marcha. Asistimos al fenómeno de una plural huida hacia adelante. Huida de ETA, hacia la nada si se quiere, pero hacia adelante en el proyecto independentista. Y huida también del Gobierno y sus acompañantes democráticos hacia la superación del concepto de Constitución como "Constitución de todos". Si la norma fundamental hubiera previsto los supuestos en que automáticamente una determinada formación política podría perder su puesto en la legalidad, la Ley de Partidos Políticos no sería a estas alturas necesaria. Pero esa Ley ha tenido que venir para llenar un peligroso vacío, con el riesgo de que ella misma roce los límites de la inconstitucionalidad.

Los obispos vascos, cuyo más importante colega es monseñor Uriarte, obispo de San Sebastián y sucesor de monseñor Setién, no se ha pronunciado hasta el momento de redactar estas impresiones de una manera colegiada en cuanto a la puesta en marcha del proceso ilegalizador de Batasuna. Ya lo hicieron, eso sí, en su día, cuando la Ley de Partidos estaba en trance de elaboración. Entonces lanzaron la célebre pastoral titulada "Preparar la paz" y que avisaba de las "consecuencias sombrías" que a su juicio podrían derivarse de tal normativa. Aquella pastoral fue calificada por el presidente del Gobierno como "perversión moral e intelectual grave". Aznar se había lanzado por la rampa de las palabras duras, del mismo modo que ahora ha definido a la formación "abertzale" como "basura".

Pero los obispos tendrán que definirse otra vez según se desarrolle el curso de los acontecimientos. El atentado de Santa Pola ha sido condenado explícitamente por monseñor Asurmendi, obispo de Vitoria, pero no se ha registrado, al menos por parte del prelado de san Sebastián, una repulsa digna de tal nombre. Ahora bien, los atentados de la banda terrorista ofrecen la particularidad de ser pronto olvidados. A lo máximo forman parte de la estadística, se convierten en fríos datos que sólo en los aniversarios o en ocasiones determinadas son rememorados con vigor. Y en los tiempos próximos lo que manda política y eclesialmente es administrar el diagnóstico de las "consecuencias sombrías".

Harto probable será que se vaya perfilando, pese a la cautela de la Santa Madre Iglesia, una clara división en el episcopado español, una colisión de nacionales y "españolistas". Los hechos llevan una velocidad que abona este presentimiento. Se trata, lógicamente, de una división evaluable en términos políticos.

Del mismo modo puede conseguir ETA otro efecto con su línea criminal, y es que, en su huida hacia adelante, consiga, aún sin pretenderlo —y puede que lo pretenda— dejar en fuera de juego a Batasuna, es decir a sus restos, a lo que de ella quede después de la ilegalización. Esto significaría la radicalización total de los "abertzales", ya sin financiación y sin los beneficios de la pertenencia al juego del sistema. La fricción con el PNV estaría más que perfilada, aunque los nacionalistas conserven su fidelidad de fondo al espíritu de Lizarra.

Como hacerse un nudo
Breverías ABC   8 Agosto 2002

CiU mantiene una actitud desconcertante respecto a la ley de Partidos. En su tramitación ya votó una cosa y la contraria, aunque al final se decidió a formar parte de ese más de 95 por ciento de la Cámara que apoyó la norma. Ahora, la coalición de Pujol perfecciona esa estrategia de liarse soberbiamente hasta hacerse un nudo. Un dirigente dice que no votarán a favor de la ilegalización de Batasuna y horas después Duran le desautoriza. Aclararse suele ser provechoso, aunque CiU no parezca encontrarle utilidad a la coherencia.

Jordi
RAUL DEL POZO El Mundo  8 Agosto 2002

Hasta el mar, donde se resuella la indiferencia, llegan las palabras de Jordi, que ladra como un perro debajo de un carro y siempre culpa a Castilla de sus incapacidades.

El mes pasado definió a Cuenca como peón del centralismo azteca. Los políticos protestaron, pero los ciudadanos se sienten heridos de su propia patria, rodeada de ejecutores nacionalistas; no han querido usar el puñal de la lengua castellana, tan apta para la blasfemia.

Josep Pla definió a Pujol como a un milhombres de una ambición terrible. En una carta a Tarradellas le dice que ni Pujol, ni los otros políticos catalanistas sirven para nada. El pontífice del catalanismo es una garrapata del presupuesto, aunque ha hecho servicios a la causa de España; ha sido primer ministro bis en dos legislaturas, siempre llevándose el peix al cove (pescado al cesto). Ya se sabe, cada 10 años en política surge un gran hombre, pero hay que pagarle los gastos. Ahora, por ejemplo, apoyará la ilegalización de Batasuna.

¿Dónde estará el Honorable? Tal vez en el Ampurdán, palacio del viento, o tal vez, disecando mariposas en la montaña de Monserrat, acompañado de su señora racista y de sus hijos cleptómanos. Le aconsejo que deje unos días de desayunarse con judías secas y butifarra, que se vaya a Cuenca y que se someta al álgebra urbana.Que vea la Manhattan medieval, la cantiga de piedra, la ciudad que se ríe de las leyes de gravedad; que oiga el castellano puro, el primer romance ibérico que cultivó la poesía.

También Cuenca fue conquistada por un rey barba florida, que llegó con una corte de magos que enseñaron gentileza. Y hablando de autogobierno: Cuenca tiene un Fuero en el que se dice que quien escupa sobre otras persona se le condena a pagar 10 maravedíes.Le gustará la ciudad porque cumple el ideal del tirano, ser abarcada con una sola mirada. Y que lea a Fray Luis. A su lado, Maragall es un poeta pueril.

El Gobierno Foral de Navarra sancionará la exhibición de la ikurriña en los ayuntamientos
EFE El Correo  8 Agosto 2002

PAMPLONA.- El presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, ha anunciado su intención de modificar la Ley Foral de Símbolos para sancionar a los ayuntamientos que exhiban la ikurriña entre sus enseñas oficiales, lo que ha provocado la crítica de los partidos nacionalistas e incluso del PSN-PSOE, que ha calificado la iniciativa de "inoportuna".

Según ha explicado Sanz, esta modificación de la Ley de Símbolos contemplaría sanciones como la imposición de multas o la retirada de subvenciones y ayudas a los ayuntamientos navarros que hagan ondear la ikurriña en sus balcones.

Tras conocerse la intención del Gobierno Foral, el presidente del PNV en Navarra, José Antonio Urbiola, calificó la medida como "absurda y una barbaridad", ya que "es de sobra sabido que la ikurriña no es exclusivamente la bandera oficial de la CAV", sino que "representa unas ideas muy por encima de lo que son divisiones administrativas concretas".

Por su parte, el parlamentario navarro de Batasuna Félix Puyo aseguró en conferencia de prensa que se trata de "una medida de un claro talante fascista", ya que "se quiere evitar que miles de personas puedan expresar su nacionalidad de forma oficial en sus ayuntamientos".

También criticó la medida la parlamentaria de Batzarre Milagros Rubio, quien señaló que, "al margen de la viabilidad jurídica, políticamente es impropio del mínimo exigible a cualquier gobernante el que se dedique a atizar el enfrentamiento inter-étnico en una comunidad plural como la nuestra, cuando ya está bien 'caliente' la situación".

Además, el presidente de EA en Navarra, Koldo Amezketa, opinó que es "una medida democráticamente inaceptable e inadmisible" y dijo que "lo más patético es que se esté utilizando el último atentado y sus terribles consecuencias para mezclarlo todo y tratar de justificar su vieja pretensión".

Desprecio a la bandera y ausencia de respeto

En respuesta a estas críticas, el secretario general de UPN, Alberto Catalán, expresó hoy en un comunicado su rechazo a la postura de los partidos nacionalistas por "despreciar la bandera de Navarra".

Para Catalán, los partidos nacionalistas vascos "hablan mucho de respeto del pueblo, pero en realidad su hipocresía política les lleva a continuar anteponiendo los interés y también los símbolos de la Comunidad Autónoma Vasca por encima de los propios de Navarra".

El secretario general del PSN-PSOE, Juan José Lizarbe, aseguró hoy asimismo en conferencia de prensa que las declaraciones de Miguel Sanz "no son ni oportunas ni propias de quien debe conseguir que desaparezca la crispación y que estemos viviendo en tolerancia".

Lizarbe señaló que "en estos momentos en los que el país vive una tragedia por los asesinatos de Santa Pola, no debemos mezclar unas cosas con otras" y pidió "no introducir elementos secundarios y frívolos en el debate político que desvíen la atención".

Este año, destacó Lizarbe, "no había 'guerra de banderas', ni en el País Vasco ni en Navarra, hasta que al señor Sanz le ha dado, en sus vacaciones, por hablar de este tema y reabrir un asunto que formaba parte de los recuerdos de otros veranos".

La dirección de CiU, dividida ante la iniciativa de Gobierno y PSOE
I. A. BARCELONA. ABC  8 Agosto 2002

La dirección de CiU dio ayer nuevas muestras de la esquizofrenia nacionalista en materia de lucha antiterrorista. Si el martes el jefe de filas de CiU en el Congreso, Xavier Trias, elogiaba la postura del Gobierno al abrir el proceso de ilegalización de Batasuna, ayer el secretario general adjunto de la federación nacionalista, Pere Macias, advertía de que «no es demasiado probable» que CiU vote la ilegalización en el Congreso.

Poco después, el número dos de la federación, Josep Duran Lleida, salía al paso de las declaraciones de Macias para advertir que «no tiene sentido especular» sobre el voto de la formación en un hipotético pleno del Congreso y apeló a la «serenidad y responsabilidad» mientras ese pleno no se convoque. Las palabras de Duran venían a confirmar así que la ilegalización de Batasuna ha reabierto en CiU las heridas provocadas por la ley de Partidos. La formación nacionalista vuelve a debatirse entre la lealtad institucional al Gobierno y la voluntad de sus bases más nacionalistas, representadas por Macias.

El dirigente de Convergència afirmó en declaraciones a Efe que su formación no estima «oportuno» que el Congreso se tenga que pronunciar sobre la ilegalización de Batasuna, mientras Duran apuntaba poco después que CiU «ni siquiera ha debatido cual será su posición» en caso de que se reclame su voto en el Congreso.

Votaciones contradictorias
De hecho, la aplicación de la ley de Partidos es una de las cuestiones más espinosas para la dirección nacionalista, con verdaderas dificultades para hacer comprender a sus bases más soberanistas el apoyo al Gobierno en esta materia. Tanto es así, que en el trámite parlamentario de la ley CiU protagonizó uno de los episodios más «curiosos» del Congreso al votar primero a favor de la enmienda a la totalidad presentada por el PNV y apoyar después con sus votos la misma ley que primero rechazaban.

Como entonces, es probable que la dirección nacionalista se debata en esta cuestión entre soberanistas y moderados, hasta que el líder de CiU, Jordi Pujol, tome una decisión sobre la actitud a tomar. Una decisión en la que sin duda tendrá un peso determinante la voluntad expresada por el presidente de la Generalitat de agotar la legislatura, para lo cual necesita el apoyo del PP en el Parlamento catalán.

Rosa Díez: “ETA es un problema sin solución mientras siga gobernando el PNV”
EFE Libertad Digital   8 Agosto 2002

La eurodiputada socialista Rosa Díez ha participado en un curso sobre el análisis del terrorismo en la era de la globalización celebrado en El Escorial (Madrid), donde ha dicho que "ETA es un problema que no tendrá solución mientras el PNV siga gobernando".

"ETA nos mata; pero los que gobiernan en el País Vasco legitiman el terrorismo; es algo de lo que estoy convencida. El PNV no quiere derrotar a ETA porque si cae la banda terrorista, temen que pueda caer el nacionalismo", subrayó la eurodiputada socialista durante una conferencia en la que manifestó su opinión sobre el Gobierno del lehendakari Ibarretxe. Rosa Díez participó una mesa redonda, en la que estuvo acompañada por el eurodiputado del Grupo Popular Gerardo Galeote y en la que se trató sobre el terrorismo en el seno de la UE.

Sobre el atentado de Santa Pola, la eurodiputada dijo que "no hubiéramos llegado a estas circunstancias si el PNV hubiera apoyado las instituciones democráticas, y lo que ha hecho ha sido todo lo contrario". Díez añadió que "el PNV ha deslegitimado a las instituciones democráticas desde el propio gobierno, lo cual es más peligroso que veinte discursos de Otegi juntos" y cuando tuvo la posibilidad de acabar con ETA, "eligió pactar con ellos". "Cuando desaparezca ETA, el PNV dejará de tener la utilidad hegemónica que ahora tiene", apuntó Díez, para quien Batasuna no tiene, según declaró, "capacidad para deslegitimar la democracia".

Rosa Díez mostró su respaldo a la iniciativa del Ejecutivo de ilegalizar Batasuna. "Me encantaría –dijo– que hubiera una iniciativa parlamentaria, no sólo de la Fiscalía y del Gobierno, sino que los diputados y senadores pudieran suscribir esa propuesta y esa petición", ya que, según añadió, "es necesario que los que hemos sido votados en las urnas nos impliquemos y esa iniciativa jurídica salga adelante". Díez consideró que dicha medida no persigue únicamente ilegalizar al partido de Otegi, sino que también "trata de dejar fuera de la ley a quien está fuera de la ley por su actuación".

Última oportunidad
FERNANDO ONEGA La Voz   8 Agosto 2002

De los siete motivos que el Gobierno aportó al Fiscal para ilegalizar Batasuna, sólo algunos son válidos. No se puede argumentar, por ejemplo, que esa formación hizo un chupinazo paralelo en las fiestas de Vitoria. Eso es quitarle rigor a una medida dramática y es confirmar que el gabinete tiene más ganas que razones para echar a Batasuna de la legalidad. En cambio, lo ocurrido ayer en el Parlamento vasco ha sido la última oportunidad de ese partido para mantenerse dentro de la ley. Tuvo la posibilidad de condenar el atentado de Santa Pola, y no lo hizo. Al revés: asumió el discurso etarra para considerar el crimen «una parte del conflicto vasco».

Ahora, si no queremos que la Ley de Partidos se quede «en la estantería», como dice Garzón, no queda más remedio que instar su aplicación. No sólo hay silencio cómplice. Hay también justificación de la lucha armada. Al Gobierno y a los partidos que le respaldan en su decisión les quita la posible mala conciencia de actuar por la presión de un atentado. El PNV, tan opuesto a la medida, tendrá que buscar otra argumentación. Y los jueces progresistas que ayer expresaron tantas dudas tienen que someterse a la evidencia: la suerte está echada.

En todo caso, ni la sociedad ni la democracia española tienen por qué aguantar eso de que el supuesto conflicto vasco sea pagado por dos inocentes en la costa levantina. Ni tienen por qué soportar ni financiar más a ese Otegi que ayer hablaba de cierre de un camino de paz y se preguntaba cínicamente «qué más puede hacer Batasuna». Señor Otegi: ignoro qué más pueden que hacer, como no sea dejar su sitio a gente de bien. Pero lo menos que podrían intentar es un mínimo lamento por una niña de seis años que ha dejado de jugar segada por la metralla. Como no lo hacen, ya no importan las razones jurídicas. Importa que ustedes han perdido incluso el alma. No pueden tener un sitio bajo el sol.

Derrotar a ETA
ANXO GUERREIRO La Voz  8 Agosto 2002

¿Estamos haciendo todo lo necesario para derrotar a ETA en el tiempo más corto posible? Es indudable que tanto la eficacia policial y judicial como la colaboración internacional en la lucha contra ETA han mejorado sustancialmente. Pese a ello la banda terrorista sigue asesinando, extorsionando y condicionando la libertad y la democracia.

¿Por qué otros grupos terroristas han sido desarticulados y sin embargo ETA ha logrado sobrevivir? ¿Qué diferencias existen entre ETA y, por ejemplo, el GRAPO? Muchas, pero la fundamental es que ETA mantiene un apoyo y una base social activa de la que carece el GRAPO. Esta es la razón por la que el excelente trabajo de las fuerzas de seguridad siendo imprescindible resulta insuficiente.

El final de ETA exige además una estrategia, de la que hoy carecemos, destinada a conseguir la definitiva deslegitimación del nacionalismo violento, que lo conduzca a la pérdida de su base social y permita interrumpir los mecanismos de reproducción generacional del entorno terrorista. Mucho me temo que el proceso de ilegalización de Batasuna nos aleje de estos objetivos y produzca efectos contrarios a los deseados. Sin perder de vista la inseguridad jurídica que se genera cuando la aplicación de la ley necesita un debate político previo. Pese a las dificultades evidentes, la política de unidad democrática que sitúe a los demócratas coherentemente unidos en una misma orilla y en la otra, solos y aislados, a los terroristas y adláteres, sigue siendo la única estrategia con perspectivas de éxito.

Para que la política de unidad democrática sea posible, el PNV ha de evitar que amplios sectores sociales sigan teniendo razones para pensar que unos (ETA) mueven el nogal para que otros (PNV) recojan las nueces. Para lo cual ha de renunciar a cualquier ventaja, querida o no, que se derive de la existencia de ETA, subordinando sus aspiraciones históricas a la desaparición de la violencia y al restablecimiento pleno de la democracia en Euskadi.

Por su parte el PP debe reconocer el liderazgo que las urnas han concedido al PNV en el País Vasco, y ha de supeditar a la eficacia de la lucha antiterrorista tanto su estrategia de confrontación excluyente con el nacionalismo como su obsesión electoralista.

Cuando aun lloramos a Silvia y a Cecilio, conviene recordar que el mejor homenaje que podemos ofrecerles a las víctimas del terrorismo y a sus familias es acabar con ETA cuanto antes. En la persecución de este objetivo los espejismos, que se producen como consecuencia de la búsqueda de soluciones aparentemente fáciles, son muy peligrosos.

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