AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 14 Agosto  2002
Los límites de Ibarreche
Editorial La Razón 14 Agosto 2002

Ciertos vacíos
ANTONIO GALA El Mundo 14 Agosto 2002

CiU, ¿A favor de Ternera
CARLOS DÁVILA ABC 14 Agosto 2002

Elecciones en libertad
Román CENDOYA La Razón 14 Agosto 2002

Desmontar el chiringuito nacionalista
Ignacio Villa Libertad Digital 14 Agosto 2002

Elorza: esconder a las víctimas
EDITORIAL Libertad Digital 14 Agosto 2002

El dilema
Editorial El Correo 14 Agosto 2002

La decisión de CiU
EDURNE URIARTE ABC 14 Agosto 2002

Preguntas trampa
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 14 Agosto 2002

Las dudas de Pujol
Enrique de Diego Libertad Digital 14 Agosto 2002

Cerco a Batasuna
Pablo Sebastián La Estrella 14 Agosto 2002

¿Discriminación o ignorancia
Cartas al Director, ABC 14 Agosto 2002

Discriminación del español, fauna, flora y bailes regionales
Nota del Editor 14 Agosto 2002

Una carta en el buzón
FERNANDO ONEGA La Voz 14 Agosto 2002

Perspectivas, cortocircuito y vacío

JESÚS SÁNCHEZ MAUS  El Correo 14 Agosto 2002

 

Los límites de Ibarreche
Editorial La Razón 14 Agosto 2002

El presidente del Gobierno autónomo vasco, el lendakari Ibarreche, tiene ahora que contestar a la carta enviada por el ministro de Administraciones Públicas, Javier Arenas, en la que se explica la racionalidad y utilidad de la Ley de Partidos, y se pide al PNV que vote en favor de la propuesta de deslegalización de Batasuna. Resultaría iluso esperar una respuesta favorable por parte de un nacionalismo vasco que no ha cesado de dar muestras de estar mucho más cómodo en el lado de los batasunos que junto a los demócratas. Por eso hay que considerar que el Ejecutivo de José María Aznar no espera con su carta tanto un apoyo de Ibarreche, como que explique con toda claridad si será leal a la Constitución y al Estatuto de Autonomía o si, por el contrario, ha optado por la ruptura del orden constitucional.

Cuando toda la sociedad se ve forzada a afrontar un desafío como el planteado pro Eta y Batasuna es bueno que las posiciones de cada uno queden muy claras. Así, si el PNV dice de una vez por todas que rompe con la Constitución, los ciudadanos tendrán mayor capacidad de decisión en las próximas elecciones antes de dar su voto a quienes hoy, en el trance de deslegalizar al brazo político de la banda, confunden una ley en defensa de la democracia con la defensa del nacionalismo y dan la espalda a los demócratas. Actuar contra Batasuna no es atacar una idea ni combatir a un partido político. Es, simplemente, actuar contra el crimen organizado.

Ciertos vacíos
ANTONIO GALA El Mundo 14 Agosto 2002

110 jueces han abandonado Euskadi en los últimos cinco años. Entre ellos, los amenazados por el Sindicato de Abogados Euskaldunes, menos uno. Sobre un total de 197 plazas, ha sido necesario nombrar jueces sustitutos a 121 licenciados en Derecho, ajenos a la carrera.El Consejo General del Poder Judicial entiende que el apoyo de las autoridades autonómicas a sus jueces es insuficiente. No sé si la mayor garantía o los incentivos resolverán el problema.Un pueblo que tolera que a sus jueces se les amenace o se les mate está muy lejos de la democracia. Si la justicia es una virtud a extinguir, la geografía en que eso suceda también lo será.Si allí «un juez representa a un Estado odiado», los escoltas, los permisos y las mejoras no compensarán ciertos vacíos esenciales.

CiU, ¿A favor de Ternera?
Por CARLOS DÁVILA ABC 14 Agosto 2002

Dicen que no aceptan presiones pero se van a someter a la presión insoportable de quien no tiene razón alguna: el PNV. La identidad de los nacionalismos es tan fuerte que ni siquiera en momentos trascendentes como éste va a quebrarse. Pujol, puesto ya el pie en el estribo, está a punto de cometer su última equivocación. Los que conocen los entresijos de la federación catalana aseguran sin embargo que él, el presidente aún de la Generalitat, es el más proclive a la condena, a la ilegalización de Batasuna. Quizá porque, como se marcha, no deja hipotecas tan onerosas como la de no votar contra los delincuentes. No hay quien entienda que en la tierra de Hipercor, donde ETA perpetró quizá la más sanguinaria de sus fechorías, CiU se abstenga en el momento de echar fuera del sistema, de dejar sin diezmos, primicias y legalidad algunas, a sujetos tan indeseables como «Josu Ternera», el matarife que ordenó masacrar a los catalanes en aquel gran almacén y que hoy es parlamentario de Batasuna en Vitoria. Quizá CiU, tantas veces de perfil, no ha reparado en qué pensarán los catalanes ahora mismo, en qué creerán los familiares de aquel horripilante atentado cuando contemplen la pusilánime reacción de sus dirigentes nacionalistas en las Cortes de Madrid.

Da la impresión de que el prudente, a veces sabio incluso, Durán Lleida, está conduciendo a la federación al desastre. Su antigua relación con el PNV le coge siempre, y desde hace tiempo, con el pie cambiado. Una pena. Durán no ha reflexionado aún sobre este hecho principal: el PNV que él conoció en la Internacional Democristiana, el PNV de Ajuriaguerra primero, y luego de sus compañeros en el Parlamento Europeo, Andoni Monforte entre ellos, guarda muy poca relación con este partido echado al monte que gobierna la radicalidad del batasuno Egibar, y la de este iluminado Ibarreche que lleva a los vascos al abismo. Durán se conmueve en silencio y fuera de toda publicidad de la estulticia de sus antiguos aliados, pero no parece capaz de romper definitivamente con ellos. Ahora es el momento del desmarque, entre otras cosas, porque difícilmente van a entender sus votantes catalanes, morigerados y centristas como pocos, que CiU no contribuya a ilegalizar a asesinos como «Josu Ternera», que cubrió con sangre Cataluña. Hasta el Pleno de las Cortes aún hay tiempo. CiU lo tiene para todo, salvo para una cosa: para ayudar al PNV que es lo mismo que ayudar a «Josu Ternera», o sea, a ETA.

Elecciones en libertad
Román CENDOYA La Razón 14 Agosto 2002

El hecho de que se inicie el proceso de ilegalización de Batasuna abre la expectativa de poder afrontar, por primera vez en España, unas elecciones verdaderamente democráticas. Desde la transición todos los gobiernos, UCD, PSOE y PP, han mantenido abierta la mano para la integración de todos los ciudadanos e ideologías en el juego de la democracia. Después de 25 años la aprobación de la ley de partidos, por el 95 por ciento de los representantes de los ciudadanos, demuestra la tardía madurez de nuestra democracia. Por fin ha llegado el momento de que sean separados aquéllos que voluntariamente no quieren formar parte del juego de la libertad. Esperando el dictamen de la justicia, creo que las próximas elecciones municipales serán las primeras elecciones verdaderamente democráticas que se celebren en España.

En ellas participarán partidos como el PNV y EA, que se han beneficiado de la acción de Eta, han pactado con ella y quién sabe a día de hoy, si darán apoyo y amparo a los terroristas con su voto en el próximo pleno extraordinario del Congreso. Beneficiarse, pactar, amparar y apoyar es distinto que ser. La probable ilegalización de Batasuna y el debilitamiento de Eta perjudican a la estabilidad y gobernabilidad del Régimen Nacionalista. Tengo la convicción de la ilegalidad de Batasuna, espero que la justicia me dé la certeza.

Desmontar el chiringuito nacionalista
Ignacio Villa Libertad Digital 14 Agosto 2002

En la carta enviada por el ministro de Administraciones Públicas, Javier Arenas, al Lehendakari Ibarretxe, aparece en sus párrafos finales una petición algo escondida, pero que parece muy significativa desde un punto de vista político. Arenas pide a Ibarretxe deshacer cualquier tipo de equívocos para iniciar el proceso de traspasos de las últimas competencias pendientes. Esa petición coloca esta posible negociación en un plano nuevo y diferente, lejos de las artimañas habituales de los nacionalistas que mantienen desde hace años un doble lenguaje político. Desde Vitoria piden, reclaman y se quejan; mientras que en Madrid muestran un rostro más asequible siempre y cuando haya dinero de por medio. El ejemplo más cercano en el tiempo lo tenemos en la negociación del Concierto Económico. Después de advertencias y recursos, terminaron bajando la cabeza.

En esa petición realizada por Arenas para deshacer los citados equívocos se recoge el verdadero fondo de toda esta cuestión. Sí el Gobierno vasco acepta el principio de claridad deberá explicar, sin dobleces ni trampas conceptuales, cuáles son sus objetivos, hasta donde pretenden llegar y cuál es el territorio marcado para el juego político. Desde el nacionalismo vasco nos tienen acostumbrados a sus estrategias del desconcierto y del despiste. Amenazan y amenazan, pero no ejecutan; sencillamente porque son conscientes de que para muchas de sus cacareadas intenciones no cuentan con el apoyo de sus militantes y simpatizantes. El nacionalismo vasco vive sumergido en una actitud de queja permanente. Nunca tienen lo que quieren. Insatisfechos por sistema como única estrategia, los dirigentes del PNV ha elaborado un manual político en el que no existe el capítulo de la normalidad. Los nacionalistas viven, casi como necesidad, en un permanente estado de excepción.

Con estos planteamientos, el presidente del Gobierno ha sabido, en la reciente remodelación del Ejecutivo, romper el paso a Ibarretxe. Hasta ahora, en toda la relación institucional entre Madrid y Vitoria tenía un especial protagonismo el Ministerio del Interior, favoreciendo indirectamente esa situación extrema que tanto gusta alentar a los nacionalistas. Con el aterrizaje de Javier Arenas en el Ministerio de Administraciones Públicas, Aznar ha abierto un nuevo frente a Ibarretxe de exclusivo contenido político e institucional, que ha descabalgado a los nacionalistas. Ibarretxe no ha tenido más remedio que afrontar la polémica de las competencias a "palo seco". Y eso, como se está viendo, es mucho más complicado de lo que parecía. El nacionalismo tiene montado un "chiringuito" político con una sofisticada trama; pero sí se van separando una a una todas las cuestiones, el PNV se queda desarmado en muchos de sus argumentos.

Es por todo ello, que Javier Arenas, está pidiendo a Ibarretxe que diga con claridad cuales son sus reglas del juego, si está dispuesto a actuar con lealtad y, en todo caso, en qué medida aceptan las reglas del marco constitucional. El PNV, en su habitual y contradictoria estrategia, reclama las competencias de un Estatuto que después critica. Piden y reclaman unas atribuciones que enuncia un Estatuto que, según ellos mismos, está “superado”.

Estamos, en definitiva, ante una nueva entrega de un nacionalismo que tiene montado un auténtico negocio en torno a la acción política. Un negocio que les ha reportado muchos dividendos de todo tipo y que, por primera vez, vislumbran en peligro. La designación por parte del presidente Aznar de un ministro como Javier Arenas, para el que uno de sus grandes objetivos es poner orden institucional en el País Vasco, ha dejado en evidencia una vieja estrategia nacionalista pertrechada en el estado de excepción en el que les gusta moverse, sin tener en cuenta a los ciudadanos.

EL PNV se ha encontrado, de repente, con la necesidad de hacer verdadera política, y sus dirigentes se están dando cuenta de que no saben hacerla. Lo suyo es el "chanchullo", la amenaza y el mercadeo. Fuera de ese ambiente, se mueven con torpeza. Sólo saben jugar con sus cartas, unas cartas que siempre han estado marcadas.

Elorza: esconder a las víctimas
EDITORIAL Libertad Digital 14 Agosto 2002

Según Odón Elorza, el apoyo “urbi et orbi” a las víctimas del terrorismo “no es mi estilo”. Al contrario que su compañero de partido Mikel Cabieces, alcalde de Portugalete, cuyo acto de homenaje a las víctimas el pasado martes ha sido público, con cámaras de televisión, con declaraciones expresas de apoyo sincero a las víctimas y con enérgicas condenas a los terroristas, el alcalde donostiarra considera que las víctimas del terrorismo no necesitan “fotos ni cámaras ni algo que no me atrevo a calificar de show” en el acto “íntimo” que ha organizado su Ayuntamiento para el próximo jueves.

La diferencia entre ambos actos de homenaje ilustra con toda claridad las notables diferencias entre el PSE de Redondo Terreros y el PSE de Patxi López, Jesús Eguiguren y el propio Odón Elorza, los principales exponentes de la liquidación política del primero. Preocupado por no irritar excesivamente a los nacionalistas –de quienes aspira a ser esa minoría domesticada que necesitan todos los totalitarios para dar apariencia de normalidad democrática a sus regímenes– Elorza, con la excusa de la intimidad propia del entierro de un familiar, no desea que el homenaje a las víctimas y las declaraciones de sus allegados trasciendan a los medios de comunicación, restando toda connotación “política” que pudiera perjudicarle.

Pero, precisamente porque los asesinos etarras buscan con sus crímenes repercusiones políticas, lo indicado en estos actos no es suprimir toda connotación política. Antes al contrario: junto con la condolencia y las muestras de calor y apoyo a las víctimas y a sus familiares, es preciso proclamar urbi et orbi –es decir, a los cuatro vientos– que de ningún modo se está dispuesto conceder carta de naturaleza política a los asesinos y a quienes les apoyan, dando al mismo tiempo, en un acto público, la oportunidad a los ciudadanos para que expresen su repugnancia tanto por los medios como por los fines de ETA-Batasuna.

Es difícil de dilucidar si la excesiva tolerancia de Elorza con los concejales batasunos de su Ayuntamiento, quienes en múltiples ocasiones han vejado de obra y de palabra a los concejales del PP, se debe a la ambición por conservar el poder bajo el manto del PNV, a puro y simple miedo hacia ETA-Batasuna, o bien a una hipotética connivencia con algunos de los objetivos de los proetarras.

San Sebastián ya ha sido testigo de más de cien asesinatos perpetrados por ETA, pero a Odón Elorza, lo único que se ocurre para contestar a las críticas de la portavoz del Colectivo de Víctimas de Terrorismo (Covite), Cristina Cuesta, cuando ésta protesta por la “privacidad” del acto del próximo jueves, es que los componentes de Covite están “muy vinculados al PP”. Habría que preguntar al alcalde donostiarra si, aun cuando fuera verdad, eso los descalifica como víctimas o los convierte en culpables...

El dilema
Editorial El Correo 14 Agosto 2002

La carta con la que el ministro de Administraciones Públicas ha respondido al requerimiento del Gobierno vasco de completar las previsiones estatutarias transfiriendo las materias pendientes a Euskadi refleja la causa fundamental por la que el autogobierno vasco es materia de un litigio irresoluble entre ambas administraciones y, por extensión, entre el nacionalismo y el constitucionalismo. El nacionalismo gobernante concibe el cumplimiento del Estatuto de Gernika y su eventual superación no ya como dos opciones compatibles dentro de su particular ideario, sino como los tramos de un camino por el que inexorablemente deberá transitar la sociedad vasca hasta alcanzar la soberanía. Lo que resulta verdaderamente chocante es que el nacionalismo gobernante pretenda que tanto la oposición no nacionalista en Euskadi como el Gobierno Aznar, aun si no asumen como propios los postulados abertzales, contemplen como lógica la compatibilidad que el Ejecutivo de Ibarretxe trata de establecer entre la exigencia del cumplimiento íntegro del Estatuto y el afianzamiento de un ámbito de decisión en el País Vasco que, prescindiendo de la necesidad de fórmulas de consenso que aseguren la convivencia en una sociedad plural y políticamente dividida, vaya instaurando una dinámica de hechos consumados sobre la acción pública de mayorías institucionales exiguas e incluso inexistentes, o con el concurso de quienes acechan desde la intolerancia violenta.

Redactadas de forma razonada y franca, las tres cuestiones que el ministro Arenas pide clarificar al Gobierno Ibarretxe -la postura ante Navarra como comunidad política diferenciada, el expreso propósito de ejercer atribuciones sobre competencias no transferidas y la actitud inmediata respecto al orden constitucional- representan en buena medida la manifestación de la lógica constitucionalista enfrentada a la lógica nacionalista. Así, el cumplimiento definitivo del Estatuto y su superación no sólo aparecen como dos concepciones realmente incompatibles del futuro del autogobierno vasco, sino que la misiva de Arenas a Ibarretxe constituye todo un anuncio de lo que en adelante será la posición de la Administración central y, sobre todo, sitúa al nacionalismo vasco precisamente ante la disyuntiva que en los últimos años ha tratado de soslayar formalmente: Estatuto o soberanía.

El nacionalismo gobernante acostumbra a argumentar que quienes discrepan de su proceder tratan de obligarle a renunciar a su propio ideario. Ciertamente, la democracia es un permanente ejercicio de renuncia y encuentro. Pero el autogobierno entendido fundamentalmente como la fórmula idónea de convivencia de los vascos entre sí y en relación con el resto de los españoles no requiere que los nacionalistas abandonen la defensa democrática de sus ideas; lo que exige es que el nacionalismo renuncie a identificar el futuro del País Vasco con la inexorable realización de sus particulares aspiraciones.

La decisión de CiU
Por EDURNE URIARTE ABC 14 Agosto 2002

En esta ocasión, a CiU ya no le valen la ambigüedad, el regateo o el doble juego de la moderación y la ruptura. Porque la decisión que abrirá el proceso de ilegalización de Batasuna no es una más ni va a ser juzgada como tal por los ciudadanos. Aquí no cabe el regateo con el Gobierno central, ni el victimismo nacionalista, ni esa trampa del enfrentamiento entre supuestos intereses catalanes con intereses españoles. Porque de lo que se trata es de saber qué quiere hacer CiU con el brazo político del terrorismo, un brazo político que no se limita a hacer discurso y legitimación de ETA, sino que colabora con ella de otros muchos modos ya ampliamente conocidos.

CiU es consciente de la trascendencia de su decisión. Pero no hubiera querido tomarla nunca, porque eso le obliga a una elección entre la democracia y quienes están con ella, es decir, PP y PSOE, y los partidos nacionalistas con los que todavía juega al ya eterno y exhausto juego del victimismo y de la oposición en Madrid. CiU hubiera querido retrasar indefinidamente esta decisión, como querría prolongar sine die esa pretendida rebeldía nacionalista propia de los tiempos de la transición que se niega a madurar en la democracia consolidada y descentralizada de España. Pero como CiU sabe que hemos llegado a un punto límite en el que no cabe el juego de siempre, estos días muestra nerviosismo, vacilaciones e incoherencia.

CiU está acorralada por sus propias dudas, por la convicción de que no hay modo democrático y creíble de justificar la comprensión hacia Batasuna que sería la abstención, y por el vértigo que le produce seguir junto a un partido radicalizado y entregado a Batasuna como es el PNV, por mucho que el etnicismo de los sectores radicales de CiU siga justificando cualquier cosa en nombre de la nación.

Sólo en estas tribulaciones se puede entender que Artur Mas o Duran Lleida denuncien presiones del PSOE y del PP y proclamen que ellos decidirán, cuando les parezca oportuno, una declaración que suena tan esperpéntica como si Barcelona estuviera en llamas y CiU retrasara su decisión sobre las medidas necesarias hasta su programada reunión de septiembre. Porque CiU decide cuando quiere y no cuando hay problemas que la sociedad exige que se resuelvan, o más bien se desespera porque se resuelvan. Y no se trata de un incendio repentino, sino de algo incluso peor, de un incendio que lleva décadas matando a cientos de personas.

Con ese apego que CiU tiene a sus tiempos y a la programación de sus reuniones, también ha señalado que la reunión de la Diputación Permanente del próximo lunes y la convocatoria del Pleno extraordinario del día 26 le parecen precipitadas porque se han tomado «al fragor de un reciente atentado como el ocurrido en Santa Pola». Como si la sociedad española no llevara meses y años madurando esta decisión, y no al fragor de los crímenes de Santa Pola, sino al fragor de los crímenes de varias décadas y de la opresión y persecución en la que se vive en el País Vasco.

En realidad, CiU sabe todo eso, a pesar de todas estas declaraciones escapistas que pretenden retrasar lo inevitable, como sabe que para la inmensa mayoría de los ciudadanos, de las elites, de las organizaciones sociales y políticas, es preciso tomar de una vez una decisión que hubo que haber tomado hace mucho tiempo. La comprensión, directa o indirecta, lejana o clara, del terrorismo o de la impunidad ha adquirido definitivamente la categoría de marginal. Y, pese a sus vacilaciones, cuesta creer que CiU vaya a tener el escaso sentido político e histórico de caer en esa marginalidad y que no sea capaz de soltarse de la mano radicalizada y sin rumbo del PNV.

Preguntas trampa
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 14 Agosto 2002

Es frecuente en un discurso incluir preguntas retóricas a través de las cuales, en lugar de sentar una opinión, el exponente de una determinada tesis prefiere dejar un interrogante en el aire procurando que aquellos que le escuchan hallen por si mismos la solución, sabiendo que mediante este método su poder de convicción se incrementa. Pero además semejante argucia oculta frecuentemente una circunstancia que va más allá de la mera búsqueda de la habilidad dialéctica. Las preguntas sin respuesta colgadas a lo largo de un hilo argumental suelen indicar que el que está en el uso de la palabra siente un cierto reparo a utilizar el modo afirmativo para describir su posición, como si le diera vergüenza ser excesivamente explícito. Porque es obvio que el que se refugia en tales trucos tiene su propia salida al enigma que le sirve de pantalla para disimularla.

Estas reflexiones, nada originales por otra parte, vinieron a mi mente la semana pasada al leer fragmentos de la pieza oratoria con la que Maixabel Lasa, Directora de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco nacionalista, iluminó las conciencias de los asistentes al acto de homenaje al difunto Juan María Jáuregui, ex gobernador civil de Guipúzcoa asesinado por Eta hace dos años. La señora Directora, en su sentido a la vez que mesurado parlamento, planteaba su perplejidad ante los posibles motivos por los que los responsables de los distintos partidos vascos no conseguían la tan necesaria unidad para combatir a la banda. Incapaz de resolver sus dudas, exhortaba a los dirigentes políticos de su Comunidad ¬de su pueblo, que diría Ibarretxe¬ a tender puentes de diálogo y a sumar en lugar de restar.

Estas pías recomendaciones, pronunciadas por la viuda del fallecido a manos de la mafia ultranacionalista cuya memoria se honraba, representan sin duda un mérito muy especial y una voluntad de paz inconmovible, tan férrea que ni siquiera el ataúd del padre de sus hijos ha supuesto un obstáculo suficiente para debilitarla. Ahora bien, si la desolada Directora del Gobierno PNV-EA-Madrazo desea de verdad calmar su ansia de conocimiento le sería útil mantener una charla con el Consejero de Justicia del Ejecutivo para el que trabaja sobre su anunciada intención de continuar sus «relaciones normales» con Batasuna tras su eventual ilegalización.

Teniendo en cuenta que esta organización es la que liquidó fríamente a su marido, las buenas relaciones de Joseba Azcárraga con sus integrantes le proporcionarán algunas pistas sugerentes. O también podría sostener un relajado cambio de impresiones con el alcalde peneuvista de Maruri, que ha realizado el caritativo acto de denunciar públicamente al párroco de su localidad como «franquista», obviamente para contribuir a la unidad de los demócratas frente al terrorismo. En resumen, menos preguntas-trampa y más decoro, Sra. Directora.

Las dudas de Pujol
Enrique de Diego Libertad Digital 14 Agosto 2002

Ahora, la cuestión son las dudas de Pujol para apoyar o no la ilegalización de Batasuna. Parece que se trata de una cuestión crucial. No lo es. Sólo, si se pretende lanzar el mensaje de que la ilegalización de los proetarras nada tiene que ver con el nacionalismo o se sigue insistiendo en el nacionalismo malo –el vasco– y el bueno –el catalán–, pero fuera de esas cuestiones, que carecen de rigor intelectual y obedecen a subyacentes complejos de culpa, resulta obvio que Batasuna es un partido nacionalista y que el nacionalismo está en el origen de su apuesta por la violencia y el asesinato. Entonces, son los nacionalistas los que deben hacer autocrítica y ofrecer explicaciones convincentes, no el resto de los humanos los que deben ir detrás de los nacionalistas con la mano siempre tendida y mendigando.

Las dudas de Pujol resultan de por sí ofensivas en cuestión tan crucial. Pueden deberse a que Pujol pretenda alguna contrapartida o a que no está dispuesto a romper el frente nacionalista que explicitó en la Declaración de Barcelona, corolario de la de Estella, por la que Pujol entraba en complicidad con Batasuna a través del PNV. No hace tanto Artur Mas salía por idénticas peteneras de ultimátum que Ibarretxe, y eso que Mas gobierna merced a los condescendientes muchachos del PP.

Por supuesto que es preciso abrir un debate serio, riguroso y de fondo respecto al nacionalismo, respecto a las tesis etnicistas y de identidad lingüística, y su componente totalitario. En nombre de ellas se mata. Algunos, a lo mejor, entienden mal los mensajes de sus mayores, pero se hace necesario dilucidar si se trata de un terrible malentendido o de una consecuencia lógica.

Cerco a Batasuna
Pablo Sebastián La Estrella 14 Agosto 2002

PP y PSOE han puesto en marcha el mecanismo parlamentario para solicitar la apertura del proceso judicial para la ilegalización de la coalición Batasuna, acusándola de clara connivencia con ETA. A la vez, ambos partidos ejercen presiones sobre el resto de las formaciones políticas para intentar conseguir el mayor apoyo posible de los grupos parlamentarios a esta iniciativa.

Presiones pero también ofertas de ayudas como las que el Gobierno, a través del ministro Arenas, ha hecho en las ultimas horas al Gobierno vasco con la clara intención de conseguir el apoyo del PNV al proceso de ilegalización puesto en marcha. Una iniciativa del ministro Arenas que se confunde con la otra iniciativa del secretario general del PP, también Arenas, en la que pide a Ibarretxe que se pronuncie sobre la actitud del PNV en este procedimiento. Lo que deja en evidencia, una vez más, la confusión de responsabilidades y cargos del ministro de Administraciones Territoriales y del secretario general del Partido Popular tal y como lo advirtió en su día el ministro de Fomento Álvarez Cascos. Parece claro que los partidos nacionalistas son el objetivo de las presiones políticas del PP y del PSOE. El PNV, en coherencia con su oposición a la ley de Partidos, ya ha dicho que votará en contra de la ilegalización de Batasuna, mientras que CiU se lo esta pensando y se debate entre el sí, el no y la abstención, aunque este último supuesto aparece al día de hoy el más probable.

Está claro que el Gobierno de Aznar quiere imponer el proceso de ilegalizar Batasuna por la vía parlamentaria porque aún existen bastantes dudas jurídicas de que, con las pruebas que hay al día de hoy y desde la entrada en vigor de la ley de Partidos, se pueda abordar este procedimiento directamente por el ámbito de lo judicial. Las últimas manifestaciones de Batasuna son indicios claros de su conocida complicidad con ETA pero sus silencios sobre la no condena de los atentados de Santa Pola no parecen ser motivo suficiente a la vista del Código Penal y en la propia Ley de Partidos.

Lo que sí está claro es que nos acercamos a un proceso electoral municipal que en el País Vasco no será igual para todos, porque los concejales del PP y del PSOE tienen su vida amenazada mientras que los nacionalistas están fuera de los objetivos de ETA y, en el caso de los de Batasuna, existe además la complicidad y la mofa de los demócratas que mueren o que ponen en riesgo su vida. Una situación democráticamente muy difícil de soportar sobre todo cuando, además, sabemos que Batasuna recibe dinero del Estado por los cargos públicos que ostenta a pesar de su clara connivencia con el terror.

Ante esta tesitura los partidos españolistas han puesto en marcha el proceso de ilegalización amparados por la nueva ley. Mientras que los nacionalistas se resisten a esta iniciativa que consideran una medida de excepción que amenaza en el horizonte las libertades políticas del conjunto de partidos nacionalistas. Dos posiciones bien distintas en las que se echa de menos, sobre todo por parte del PNV, una política alternativa a la ilegalización. Es decir: ¿cómo evitar que los cómplices de ETA se sienten en las instituciones, cobren del Estado, de las autonomías y de los municipios, y dejen de reírse de las víctimas, de amenazarlas y de colaborar con ETA? Dejar las cosas simplemente como están no es una solución y menos ante el proceso electoral que se avecina con claros síntomas de desigualdad de oportunidades democráticas y de libertad.

¿Discriminación o ignorancia?
Cartas al Director, ABC 14 Agosto 2002

Hace poco, Ricardo Sánchez de Haro escribió una carta bajo el título «Discriminación», a la cual quiero contestar.

A veces, las peores de las mentiras son las verdades a medias, y es mentira que no se pueda presentar a las oposiciones en las Comunidades que poseen otra lengua además del castellano; podría presentarse, aprobarla y hasta conseguir plaza sin el conocimiento de estas lenguas, lo que sí se le exigiría es ser respetuoso con esas lenguas y sus usuarios y, evidentemente, le sería valorado en su currículo el conocimiento de las mismas.

¿Acaso es discriminación la valoración de cursos, tiempo trabajado, etcétera? Para que algunas personas que no quieren entender entiendan cabría explicarles que la lengua de esa zona es valorable como cualquier otro curso o mérito.

Hablar de «discriminación» es un insulto a la inteligencia y demuestra una gran ignorancia por parte de este señor sobre lo que la palabra discriminación quiere decir, y sobre la legislación en torno a las lenguas españolas. Le rogaría que repasase la Constitución en cuanto a la cuestión lingüística (que además sí es un tema que va a la oposición) así como los Estatutos de cada Comunidad que van a la oposición y de los que siempre «cae» alguna pregunta. Si no, difícilmente aprobará una oposición. ¿O también es discriminación preguntar el Estatuto de la Comunidad a la que te presentas o la Constitución? Desde luego, no hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor ignorante que el que no quiere aprender. Para aprobar oposiciones hay que estudiar. Las plazas no se regalan, se «curran».   Alonso Vela Briz.  Madrid.

Discriminación del español, fauna, flora y bailes regionales
Nota del Editor 14 Agosto 2002

En la carta al Director publicada el 14 de Agosto de 2002, titulada ¿Discriminación o ignorancia? tratan de hacer la cuadratura del círculo para defender lo indefendible que es la discriminación contra el hispanohablante en las oposiciones (y también en en los usos cotidianos) en las autonomías con lengua "propia" donde el idioma español es por tanto lengua "impropia"

La primera contradicción resulta al afirmar por un lado que  "podría presentarse, aprobarla y hasta conseguir plaza sin el conocimiento de estas lenguas" y a continuación afirmar "evidentemente, le sería valorado en su currículo el conocimiento de las mismas". Por tanto, en las oposiciones se está valorando un atributo que según la constitución no hay obligación de conocer: muchas asociaciones de defensa de los derechos de los hispanohablantes han tenido que presentar recursos contra concursos en los que se valoraba el conocimiento de la lengua "propia" más que conocimientos específicos.

El segundo disparate dice  "la lengua de esa zona es valorable como cualquier otro curso o mérito" , ya que si se tratase de una selección para profesor de lengua "propia", con objeto de cubrir plazas en alguna extraña institución donde hubiese demanda por parte de los alumnos para aprenderla, sería lógico valorar su conocimiento, pero en los demás casos, debería tener el mismo criterio de valoración que el conocimiento de la fauna, flora y bailes regionales para los opositores a la judicatura, ninguno.

El tercer disparate es utilizar la Constitución sin haberla entendido, pues dice claramente que el único idioma que es obligatorio conocer es el idioma español, y también dice que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley; ahora va resultar que los ciudadanos tendremos que estudiar, además de la Constitución, los estatutos de las autonomías que atravesemos en nuestras vacaciones.

El cuarto disparate es afirmar que "las plazas no se regalan, se «curran»", cuando estamos hartos de ver que la lengua "propia" se valora, y encima más que otros muchos atributos fundamentales para el desempeño de la función, sólo hay que hechar un vistazo y ver que tipo de personal ha copado la mayoría de las plazas de las autonomías con lengua "propia": sus hablantes.

 Y si quiere más documentación, sólo tiene que ver www.geocities.com/agli.geo

Una carta en el buzón
FERNANDO ONEGA La Voz 14 Agosto 2002

LAS MEJORES cartas son las que no se escriben. Se lo dice este cronista, que ha vivido de escribir cartas radiofónicas varios años de su vida. A veces, sin embargo, salta la excepción: Javier Arenas acaba de enviar una buena carta a Juan José Ibarretxe. Se puede resumir así: si usted se mantiene en el marco constitucional, no hay problema para hablar de las competencias que quiere asumir en septiembre. Pero, si salta el orden establecido y, encima, pretende anexionar Navarra, no hay nada que discutir. Se cuela de rondón la petición de apoyo a la ilegalización de Batasuna, pero no quiero hablar de ello: lo mismo se puede tomar como asunto independiente que como una propuesta de transacción. El lenguaje político es polivalente.

Es fácil vaticinar el éxito que tendrá esta carta: escaso. No me imagino a Ibarretxe aceptando la Constitución. Mucho menos, dando marcha atrás del ultimátum que planteó. Incluso puede argumentar -la manipulación es una de las bellas artes- que Madrid le chantajea con la historia de Batasuna. Sólo cabe una posibilidad: que, vista la imposibilidad de sacar adelante su desafío, encuentre en el escrito de Arenas una disculpa para aplazar el pulso y aceptar el diálogo que le ofrecen. Bien utilizada esa baza, la puede presentar como un triunfo ante el gobierno Aznar.

En todo caso, Arenas hizo bien en enviar ese texto, lleno de palos y zanahorias. Hizo bien en difundirlo porque, si no hay respuesta del Lehendakari, sí habrá un clima de opinión. El ministro, además, no podía hacer otra cosa. Responder con el silencio mientras pasan los días hacia el fin del ultimátum era una irresponsabilidad. Y lo mejor es que, por primera vez en varios años, se tiende una mano para el diálogo. Si Madrid y Vitoria hubiesen hablado directamente con más frecuencia, sin utilizar únicamente los misiles desde los medios informativos, no se habría llegado a los actuales niveles de tensión.

Perspectivas, cortocircuito y vacío
JESÚS SÁNCHEZ MAUS /PRESBÍTERO DE LA DIÓCESIS DE BILBAO El Correo 14 Agosto 2002

No podemos dar nada por obvio, como ya advirtiera en los años sesenta el investigador social Lazarsfeld en su escrito Sociología frente a sentido común . Sin embargo, nadie está totalmente inmunizado de no caer en los tópicos. La realidad no es tan sólo lo que es, sino también lo que vamos haciendo que sea. En este sentido no podemos hablar de un determinismo que condicione inevitablemente la construcción de la realidad. Pero las situaciones que la configuran, y en la medida en que nos afectan, sí reclaman una mirada más consecuente, que sea algo más que un ver o un hacer.

Diversos observadores alertan de la grave manipulación que habitualmente se da al respecto en el País Vasco. Que las opciones o las ideas políticas sean legítimas no puede conducir a que estén por ello legitimadas hasta el extremo de ser impuestas a cualquier precio. A menudo la realidad es proyectada como si fuera posible prescindir de alguna de sus necesarias dimensiones. Parecería obvio, por ejemplo, que lo primero son las personas, sin cuya prevalencia no puede haber ni ideas ni proyectos. En Euskadi, sin embargo, para algunos esto es discutible, porque lo primero a defender son los proyectos y luego, por supuesto, cualquier idea, aunque sea macabra o destructora de las personas.

Me hago estas reflexiones a partir de anécdotas que me han tocado de cerca. La más próxima, al hilo de mi opinión crítica acerca de la controvertida pastoral de los obispos vascos saliendo al paso de la posible ilegalización de Batasuna. Un conocido me escribe para poner de relieve que le entristece ver mi falta de talante democrático al «subirme al carro de leña al vasco», literal. En su misiva me quiere hacer creer que por opinar distinto me ciego en un supuesto españolismo o nacionalismo español, como lo llama él. Como si no ser o sentirse nacionalista vasco te colocara de inmediato en el punto de vista del nacionalismo español, o en la oposición al nacionalismo vasco. Evidentemente da por obvio lo que no lo es y prescinde de otras perspectivas y de que la gama de la opinión política tiene alguna dimensión más aparte de esas dos.

También hace algún tiempo, un cura todavía en activo de un pueblo de Vizcaya le comentaba a otro compañero más joven su preocupación por mis posiciones públicas. El gran argumento es que mi condición ministerial debía quedar al margen de identificaciones tan evidentes con determinadas posiciones políticas. El cura joven le hizo ver que nadie estaba tan claramente posicionado como él. Quien le conoce un poco sabe que es nacionalista vasco hasta las cachas, habiendo realizado con toda naturalidad determinados servicios (religiosos, se entiende) para el principal partido de ese espectro ideológico. Esto no parecía verlo a primera vista el cura mayor, como si sólo se pudiera ser de ese partido o de ninguno, para que no haya malos entendidos.

Un ejemplo más de esa manera de ver sólo en dos dimensiones la realidad se pone de manifiesto cuando hay que defenderse con la argumentación de que desde Madrid las cosas se ven de otra manera. Si miras de arriba abajo, no verás lo mismo que si miras de abajo arriba, pero lo que hay existe mires desde donde mires. Lo peor es quizá que se mira siempre en la misma perspectiva, y lo que vemos nos parece que tiene que ser así como lo vemos. Persiste por un lado la ilusión de que las cosas son lo que parecen y por otro la incapacidad de apreciar el espacio vacío que queda si te aproximas y cambias la perspectiva de la mirada.

Uno de los paradigmas que mejor pueden ilustrar la realidad vasca lo encontramos en el bosque de Oma pintado por Agustín Ibarrola. No sólo porque ahí se ha puesto de manifiesto en diversas ocasiones la lucha entre el deseo de expresarse con libertad pacífica y democrática y el intento de eliminarlo violentamente. Es paradigma de nuestra convivencia porque, además de la originalidad artística, fruto del quehacer y del pensamiento, uno de los aspectos interesantes que descubrimos es la propuesta de cómo en un espacio tridimensional se pueden construir figuras que vemos en tan sólo dos dimensiones. Basta con mirar en una determinada perspectiva. De ello resulta algo virtual, disimulando el vacío que en realidad existe entre los diferentes trazos que construyen lo que vemos con cierta coherencia.

La atracción, en gran parte inducida, por ver en una determinada perspectiva provoca en Euskadi un cortocircuito para la reflexión ética ante la política. Hace olvidar que el vacío se corresponde con un terreno habitado, aunque vaciado de libertad, ocupado por gentes que están sufriendo (también en distintos grados) con el dolor que produce una violencia que campa a sus anchas gracias a la pertinaz insistencia en que existe sólo una dirección en la que mirar: el proyecto político soberanista. Da lo mismo lo que pase.

Y por eso se nos quiere hacer creer que la confrontación principal es entre el nacionalismo y el no nacionalismo (o también llamado por los nacionalistas vascos nacionalismo español ). Cuando en realidad el conflicto no proviene de la falta de una alternativa democrática -que nunca debe ser una alternativa-, sino de la imposibilidad de vivir la restituida condición democrática como alternativa a la sumisión del terrorismo.

Sobre todo desde Lizarra, cada vez que se actúa contra ETA o sus colaboradores o tan sólo se menciona algo en detrimento de ese movimiento totalitario, el llamado nacionalismo democrático, por medio de sus líderes más radicales, sale a la opinión pública a apaciguar y a moderar el ambiente cuando no a defenderlos, subrayando las ambigüedades del enemigo español o incluso las bondades del amigo violento. Y hasta tal punto, que llega a identificarse con ellos: «Vienen a por nosotros», «Quieren acabar con el nacionalismo», etcétera. Jaculatorias que calan en seguidores incondicionales e incapacitados para ejercer desde la moral más elemental una crítica acertada a esa versión de la política. Se allana entonces el terreno para aceptar con asombrosa naturalidad eso de que son los de Madrid los que identifican al nacionalismo con el terrorismo. No hay derecho a tanta distorsión. Es ahí donde se cortocircuita nuestra convivencia y donde en mi opinión está el detonante principal de la fractura que se cierne sobre el país.

A este paso, como se ha dicho, puede que no estemos lejos en Euskadi de tener que recurrir en algún momento de nuestra historia al modelo español de reconciliación, perdón y olvido para cicatrizar la herida social y moral que desangra a esta sociedad.

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