AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 15 Agosto  2002
A Eta le duele Batasuna
Editorial La Razón 15 Agosto 2002

«EL ARBOL Y LAS NUECES» HASTA SUS ULTIMAS CONSECUENCIAS
Editorial El Mundo  15 Agosto 2002

La confesión de ETA
Editorial ABC 15 Agosto 2002

Los siniestros siameses
JAIME CAMPMANY ABC 15 Agosto 2002

Azkuna y Batasuna
Iñaki EZKERRA La Razón 15 Agosto 2002

Furores terroristas
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 15 Agosto 2002

Perseguidos y perseguidores
ENRIC SOPENA El Mundo  15 Agosto 2002

Ilegalizar el negocio del terror
Ignacio Villa Libertad Digital  15 Agosto 2002

ETA cobija a Batasuna
Editorial El País 15 Agosto 2002

El PNV no quiere vivir sin ETA
Enrique de Diego Libertad Digital  15 Agosto 2002

Se cierra el círculo
EDITORIAL El Correo  15 Agosto 2002

Los nacionalismos y Batasuna
José Javaloyes La Estrella 15 Agosto 2002

Democracia y nacionalismos
Pedro Santoja Hernández  La Razón 15 Agosto 2002

Gobierno y PSOE consideran que las amenazas de ETA prueban el acierto de ilegalizar Batasuna
CÁDIZ/MADRID. A. GARCÍA/ABC  15 Agosto 2002

A Eta le duele Batasuna
Editorial La Razón 15 Agosto 2002

El comunicado de Eta, en el que se vanagloria del asesinato en Santa Pola de una niña de seis años y de un transeúnte, es la mejor prueba de que deslegalizar Batasuna es todo un acierto. La amenaza de los jefes de la banda a cualquier partido que se niegue a votar a favor de los batasunos, como hará el PNV-EA y como quiere Madrazo que haga IU, indica que a Eta le duele todo lo que le ocurre a Batasuna y confirma que ambas son dos cabezas de la misma fiera. Con Batasuna fuera de las instituciones, sin capacidad para organizar actos públicos legales o manejar fondos y arbitrar subvenciones con el dinero de los impuestos de todos, las cosas serán más claras y mayores las dificultades para que los terminales de la banda criminal se muevan con la misma libertad que ahora.

También sirve el comunicado para hacer luz sobre la posición de un PNV sorprendido con la guardia baja por los etarras. De nuevo, los asesinos recuerdan a Arzallus que son ellos quienes marcan la pauta y determinan los tiempos en el proyecto independentista y no han dejado pasar la ocasión de hacer ver, públicamente, que la posición del PNV en este asunto coincide plenamente con la de la organización criminal. Ibarreche ha perdido una gran ocasión para restaurar la imagen democrática del PNV. Pudo votar a favor, porque no se juzga aquí al nacionalismo, sino al crimen, pero decidió no hacerlo. Ahora, Eta ha explicado el porqué.

«EL ARBOL Y LAS NUECES» HASTA SUS ULTIMAS CONSECUENCIAS
Editorial El Mundo  15 Agosto 2002

Ya no habrá sorpresas. Cada actor ha elegido su papel, consciente de la importancia que tendrá para el futuro. Partidos y líderes políticos se han situado firmemente en el escenario convencidos de que se encuentran ante lo que se vislumbra como una decisión histórica.

PP, PSOE y Coalición Canaria tienen claro que deben apoyar frontalmente la ilegalización de Batasuna. Su argumentación es sencilla y contundente: la democracia no puede consentir que un partido político intente ganar por el terror lo que no ha sido capaz de conseguir por las urnas. La extorsión, el chantaje y el asesinato son métodos fascistas que deben desterrarse de una sociedad civilizada.El Estado, por medio de leyes aprobadas por el consenso de partidos democráticos, se ha dotado de medios adecuados para que la ilegalización de quien defiende la violencia sea posible. Serán las máximas instancias judiciales las que al final dirán la última palabra.

Ante asunto tan grave, IU -incapaz de dar la razón al Gobierno- opta por una abstención a mitad de camino de lo que desearían sus bases y de lo que irresponsablemente le pide Ezker Batua.Partidos nacionalistas como CiU, la Chunta Aragonesista y el Bloque Galego también recurren a la abstención para defender sus señas de identidad nacionalista. Ambos insisten en que no tolerarán presiones y muestran sus dudas ante la eficacia de la ilegalización.

Quedaban los nacionalistas vascos. Las palabras del último comunicado de ETA y las declaraciones de los responsables del PNV han puesto por fin las cosas en su sitio. Los hombres de las pistolas parecen frotarse las manos ante un escenario de enfrentamiento abierto.Para empujar a todos hacia el abismo se reparten la tarea de matones con los integrantes de Batasuna. Amenazan de una forma directa -como ya lo hizo la formación abertzale al augurar «guerra» y un «otoño negro»- a los partidos que se atrevan a votar a favor de la ilegalización o se abstengan. Y ya sabemos lo que en su argot significa «tomar medidas».

Según el rasero de los terroristas sólo quedan unos cuantos partidos inmunes. El principal de ellos, el PNV, que dice defender el derecho de asociación quiere llevar hasta sus últimas consecuencias la célebre frase de Arzalluz «unos -ETA- mueven los árboles y otros -los nacionalistas- recogen las nueces». Ni siquiera le ha hecho abstenerse la solidaridad mínima con los partidos nacionalistas, amenazados por optar por la abstención.

El presidente del PNV amenaza a su vez al Estado al anunciar su intención de colocarse, «si persiste la actitud del Gobierno», frente al sistema. Eso sí, la defensa a ultranza de Batasuna le otorga el tremendo rédito, el deshonroso honor de ser, junto a EA y ERC, el único partido que ha conseguido la inmunidad frente a los pistoleros de ETA.

Arzalluz anuncia, además, plebiscitos sui géneris en forma de manifestaciones masivas en las calles en las que participarán los votantes de Batasuna, aunque el partido esté ilegalizado.Un magma abrupto frente a las reglas del juego democrático. Una rebelión abierta tras la que será muy difícil dar marcha atrás.

Cada actor se ha colocado su careta en lo que será una tragedia ante la que todos los demócratas deben mostrar unión, firmeza y fe en el propio sistema constitucional. El mismo que Arzalluz y sus seguidores parecen despreciar.

La confesión de ETA
Editorial ABC 15 Agosto 2002

Las relaciones entre las familias del nacionalismo vasco se definen por una lucha continua para alcanzar la hegemonía y el liderazgo internos. El último comunicado de ETA, como otros muchos anteriores, lo demuestra de forma evidente. Su destinatario no es sólo el conjunto indefinido de víctimas -esta vez concretado en la Guardia Civil y en las familias de sus agentes- sino principalmente el nacionalismo gobernante, al que recuerda que debe amparar a Batasuna y que el premio de tal amparo es la seguridad física. El nacionalismo no puede sentirse amenazado por ETA, ni sus dirigentes son creíbles cuando piden insistentemente ser tenidos por víctimas potenciales. ETA amenaza exclusivamente a los que voten a favor -el 95 por ciento del Congreso- o se abstengan en la votación parlamentaria que instará la disolución judicial de Batasuna. Pocas veces la banda terrorista ha trazado con tanta nitidez la línea de seguridad que rodea y separa al nacionalismo del resto de formaciones políticas vascas. Y el PNV se afianza en esa posición. Tras la reunión de su órgano directivo, el PNV anunció ayer por boca de Arzalluz y Egibar que votará en contra de la ilegalización. El anuncio de esta decisión al día siguiente del comunicado de ETA encadena una sucesión de posiciones que permite pensar que en el PNV o hay pacto con la banda terrorista o hay miedo a la banda terrorista. Cualquiera de ambos motivos conduce a un mismo resultado y es la insostenible situación ética y política en la que quedan el PNV y el lendakari Ibarretxe, delatados públicamente por ETA al oponerse a la ilegalización de un partido -Batasuna- cuya subordinación a la banda terrorista queda certificada en el comunicado.

Dice Arzalluz que ETA lleva a Batasuna a la ilegalización, y tiene razón el presidente del PNV. Pero se equivoca si aspira a legitimar la oposición de su partido a la ilegalización como una forma de desbaratar los planes de la banda. ETA lleva a Batasuna a la disolución no como una decisión táctica, sino por la propia naturaleza servil de esta formación respecto de la banda terrorista. El PNV se opone a la iniciativa parlamentaria por simple disciplina -da igual que se base en el miedo o en el pacto tácito o expreso- a la unidad de fines con ETA. Cualquier otra interpretación es hacer respetable una complicidad flagrante de un partido democrático con el mundo terrorista, cuyas directrices se han impuesto definitivamente al conjunto del nacionalismo. Batasuna y, por tanto ETA, han apoyado por activa o por pasiva las principales iniciativas del PNV y del gobierno de Ibarretxe desde las elecciones autonómicas de 2001. Basten los ejemplos del dictamen sobre autogobierno, con la propuesta soberanista incluida; la oposición institucional y social a la ley de Partidos; y la negativa a reducir el poder municipal de Batasuna sumando sus votos a los del PP y PSOE para formar mayorías democráticas en los Ayuntamientos gobernados en minoría por Batasuna.

Además, el comunicado de ETA tiene dos lecturas que afectan directamente al Gobierno y al PSOE. Por un lado, es una prueba, en el sentido judicial del término, para la ilegalización de Batasuna. Que ETA salga en su defensa no es un mero indicio sino un hecho notorio de la posición de garante que la banda terrorista asume con la formación abertzale. Y que no sea una conducta directamente imputable a Batasuna -ni, en principio, identificable en algún apartado de la ley de Partidos- no quiere decir que el comunicado de la banda no sirva como pauta de interpretación de la negativa a condenar los atentados, de los gritos de apoyo a ETA en la última manifestación de Batasuna o de las coacciones a concejales y alcaldes, como la que llevan a cabo en Lasarte. Por otro lado, la amenaza directa a las casas cuartel de la Guardia Civil -con la reivindicación de los atentados de Santa Pola y Torrevieja, sin atisbo de contricción por el asesinato de una niña de seis años- debe ser respondida con un aseguramiento integral de estas instalaciones.

El Gobierno ha de asumir la seguridad de los cuarteles como una prioridad, realizando las inversiones precisas en cámaras de vigilancia e inhibidores de frecuencias, estableciendo perímetros de seguridad e incluso revisando su ubicación en los centros urbanos. La bomba enterrada en la playa de Santa Pola demostró que ETA asesina pero no miente, lo que sirve tanto para considerar sus amenazas como sus opiniones sobre el PNV.

Los siniestros siameses
Por JAIME CAMPMANY ABC 15 Agosto 2002

No son una alianza ni una comunión de intereses o de ideas, que hoy se hace y mañana se deshace. Son una misma cosa y tienen la misma naturaleza y la misma razón de existencia. Nacieron de la misma madre y en el mismo parto, con el mismo cuerpo, con la misma carne y con la misma sangre, mala sangre, unidos por la espalda, así que cada uno de los dos guarda la espalda del otro. Uno de ellos, el ejecutor, mata con los dientes cuando muerde como la culebra venenosa que le sirve de emblema, y el otro, el político, pone la baba y el silbo, y celebra a voces lúgubres la victoria de la muerte sobre la paz y sobre la vida cada vez que el otro asesina. Si es un niño o una niña como la de Santa Pola, mejor, porque es mayor la desolación, y de eso se trata.

A estas alturas de la película de terror, a nadie le pueden caber dudas acerca de esto. Llamar «partido político» a Batasuna es un eufemismo. Ni siquiera son dos unidades del mismo ejército, que la una dispara y la otra alimenta el altavoz del frente. Están amasadas con la misma materia cainita, sólo diferenciadas por el nombre, la banda etarra y la banda batasuna. Pasan sin esfuerzo de una a otra porque son de la misma índole, y hoy dispara mítines quien ayer hablaba con la pistola, como el Arnaldo Otegui o como el Jon Idígoras, y los asesinos descansan en el escaño cuando se jubilan.

Ahí está Santa Pola, la paz herida y una niña muerta, y ellos los batasunos, disparando acusaciones sin sentido, cargando la responsabilidad de las muertes sobre las propias víctimas en una macabra dialéctica, haciendo responsables de las muertes sucesivas a los que no se nos puede achacar otra culpa que la de tenerlos por vecinos sin haber acertado a extirparlos de nuestra convivencia. Ni siquiera para disimular su satisfacción de «objetivo cumplido», ha salido de la boca de los batasunos una palabra de condena, o aunque sólo hubiese sido de reproche. El siamés político ha cumplido perfectamente su misión.

Y apenas se vislumbra la posibilidad de poner fuera de la ley a esos batasunos que justifican el crimen, los del crimen amenazan con más crímenes, que ese es su trabajo y esa su obra: matar. Poner a los batasunos fuera de la «ley» es una redundancia si se entiende la «ley» como norma esencial, superior a los preceptos de las leyes positivas. Ellos mismos son los que se colocaron y viven fuera de toda ley y de toda razón, en la justificación de la violencia y al servicio de ella, y nosotros hemos querido tratarles hasta ahora como ciudadanos respetables a los que las leyes amparan y protegen. Por otro lado, las amenazas del hermano siamés, los anuncios de la banda, no traen novedad alguna. Van a matar más. Pues claro. Es lo único que saben hacer desde que nacieron. Es lo suyo. Pero además, discursear desde el escaño, no. Los siameses, unidos y en el mismo sitio.

Azkuna y Batasuna
Iñaki EZKERRA La Razón 15 Agosto 2002

De todos los estilos que cultiva la peña del PNV, el de Iñaki Azkuna, el alcalde de Bilbao, es de los más peligrosos. Azkuna es un ortodoxo orgánico de ese partido y de la línea de Lizarra pero intenta pasar por moderado dándoselas de campechano y haciendo declaraciones de apariencia conciliatoria pero de contenido hueco cuando no tan visceral como el de los prontos de Arzalluz. Azkuna intenta camelar a Álvarez del Manzano, a los periodistas y a quien se le pone a tiro adoptando una tosca educación de manual y una simpatía impostada que se esfuman al menor aprieto e imitando la estrategia del falso apoliticismo que han practicado todos los alcaldes nacionalistas de Bilbao.

Como Ortuondo y Gorordo antes, Azkuna rehuye el tema del terrorismo pero hace la pelota a los concejales de Batasuna para que no le den problemas. Azkuna cumple con Uldalbiltza y vota las opciones más temerarias de su partido como hacen todos los demás michelines. En las pocas asambleas que hay en el PNV no existe el debate y la unanimidad es total en las votaciones, como se puede comprobar en las hemerotecas
.
Azkuna es el hombre que ha impedido que el Ayuntamiento de Bilbao condenara los asesinatos de Santa Pola para evitar que Batasuna hiciera con su silencio más méritos a favor de su deslegalización. Azkuna ha «batasunizado» al Ayuntamiento de Bilbao con ese vergonzoso silencio que fue roto el martes por Antonio Basagoiti y todos los demás concejales bilbaínos del PP cuando hicieron pública su condena del atentado y la carta que han enviado a las familias de las víctimas, a la Guardia Civil y al Ayuntamiento de esa localidad últimamente asediada por el terrorismo. Azkuna es el hombre que empieza a ver cerca su caída por la inmensa lista de irregularidades y corruptelas que han aflorado durante su mandato y de las que está informando puntualmente este diario. Azkuna es un perfecto maleducado cuyo nerviosismo le llevaba anteayer a anunciar las fiestas de su ciudad con un mitin agrio y nada festivo contra la oposición como en su día usó el papel oficial de la Consejería de Sanidad para un acto de partido. Es el Bartolín que lleva una innecesaria escolta y alardea de impedir a la Policía Municipal que escolte a los concejales de verdad amenazados tal como se decidió en un pleno. Lo que intenta con ello es hacerles incómoda la vida, intimidarlos y que desistan de destapar la basura que esconde. Azkuna, con gesto de michelín ¬o sea falso¬ ha definido a Euskadi como «un país bronco en órdagos» tras echar ese órdago contra la seguridad de la oposición municipal. El único bronco es él con ese órdago sin cartas. Como los de Batasuna y sus bocazas a los que Azkuna cada vez se parece más.

Furores terroristas
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 15 Agosto 2002

Pues señor, si alguien tenía alguna duda razonable acerca de lo que es Batasuna, la mismísima banda terrorista a la que obedece se ha encargado de despejarla. Esperemos que los jueces tomen nota de esta evidencia autoinculpatoria. Después de amenazar de muerte a los partidos políticos que voten a favor de la ilegalización o se abstengan en el trámite parlamentario iniciado al efecto, la identidad esencial de ETA y Batasuna ha quedado firmemente asentada. Lo único que podría alterar esta convicción sería que Batasuna protestara y denunciara el terrorismo, pero eso es casi tan verosímil como la prodigalidad de los Reyes Magos; de momento, Batasuna se limitó el domingo pasado, tras una manifestación mucho menos concurrida de lo previsible, a ofrecer al Gobierno la elección entre guerra a muerte o diálogo. Y ello no deja de ser una muestra elocuente de debilidad si recordamos que, tras el Pacto de Lizarra, la palabra «diálogo» había desaparecido del léxico etarra. Pero lo más significativo de la histérica reacción terrorista es que viene a confirmar la idea de que disponer de un brazo político legal es absolutamente vital para la prosperidad y reproducción de su negocio matarife.

Lo malo para ETA es que se le acaban los argumentos, o mejor, se le han gastado las amenazas. Ahora reamenaza a los que siempre han estado amenazados, con una inquina especial contra la Guardia Civil, responsable de tantos fracasos etarras. Algunos encontrarán cínica la advertencia de que las casas-cuartel son «objetivo militar», como si ETA no hubiera asesinado a estas alturas a tantos familiares de guardias, como la última niña de seis años en Santa Pola. Pero los terroristas se limitan a reiterar lo único que saben hacer: echar sobre las víctimas la responsabilidad de lo que pueda pasarles.

En esta tarea de culpabilizar a los inocentes están siendo ayudados por los agentes habituales: la Iglesia vasca -¿cómo olvidar ahora el aviso a los miles de vascos amenazados de que la vida se les iba a complicar si prosperaba la ilegalización de Batasuna?-, y el frente nacionalista en pleno: PNV y EA, los sindicatos ELA y LAB, Elkarri y toda la pandilla.

Tras el comunicado de ETA, la decisión de PNV y EA de votar contra la ilegalización de Batasuna acabará siendo para ellos un Rubicón de problemático retorno. Si, como es de esperar, el Tribunal Supremo acaba sentenciando la unidad de ETA y Batasuna, la denuncia de su complicidad se convertirá en un clamor. La advertencia de Arzalluz de que el PNV podría romper pronto con la legitimidad constitucional y pasar a poner en práctica el ultimátum de Ibarretxe, hecha justo cuando todos nos preparamos para soportar nuevos golpes terroristas, es congruente con la estrategia etarra, pues sin duda eso es lo que ETA exige para dejar de matar: la definitiva ruptura entre el nacionalismo y España. Por si fuera poco, ese repulsivo aviso revela que la dirección del PNV parece creerse al margen de los criterios internacionales vigentes para juzgar la colaboración con el terrorismo. Pero que cada cual saque sus propias consecuencias.

¿Hay alguna novedad en las amenazas terroristas, por lo demás rancias? Quizás la extensión de la amenaza a los neutrales que, como IU y quizás CiU, opten por abstenerse. A pesar de los agoreros, es difícil que las cosas se pongan peores para quienes llevan muchos años soportando amenazas y agresiones y poniendo los muertos. Pero quizás todo se complique para quienes viven instalados en la ficción de la equidistancia y en la verborrea paralizante del diálogo ilimitado con los terroristas y el nacionalismo étnico. Veremos si la abyecta distancia interpuesta por Madrazo al pedir que IU vote como el PNV bastará para protegerle de futuros furores terroristas. O si valdrá para los socialistas que acusan al PP o a Basta Ya -e incluso al Colectivo de Víctimas del Terrorismo, según el inmarcesible Odón Elorza- de intransigencia análoga a la terrorista. En cualquier caso, malos tiempos para los neutrales. Y esperemos que mucho peores para los terroristas, a los que cada día les queda menos.

Perseguidos y perseguidores
ENRIC SOPENA El Mundo  15 Agosto 2002

Ana Urchueguía, la alcaldesa de Lasarte-Oria, el pasado 23 de junio -durante la final del torneo de pelota mano en el que participaba su municipio-, fue objeto de una acogida siniestra por parte del público. Le llovieron los insultos y, desde luego, las amenazas más pavorosas. Un edil de Batasuna, del consistorio que ella preside -desde hace 17 años y con mayoría absoluta-, dirigía este auto de fe o esta exhibición de rencor siguiendo la tradición escalofriante de la Santa Inquisición, del carlismo cavernario o -situados en escenarios más próximos- del nazismo, del fascismo o del falangismo.

El delito de esta mujer formidable no es otro -precisa- que representar «todo lo que ellos no quieren tener aquí: una vasca española y una alcaldesa socialista con mayoría absoluta». Su abuelo socialista pasó 14 años en el penal de Santoña con dos penas de muerte a sus espaldas. Dos años estuvo en capilla, aguardando la ejecución. Lo contaba ella hace poco en El País. Cada vez que el dictador iba a San Sebastián -cada verano, como mínimo-, el abuelo le decía a su mujer: «Rufina, prepárame la maleta, que vendrán a buscarme de un momento a otro».Y así sucedía. «Fue este hombre», proclama, «el que me enseñó a respetar a los demás».Cuando -comprensiblemente recelosa- le pidió autorización para ser amiga de una compañera de escuela hija de guardia civil, le dijo: «Ana, tienes que ser siempre libre de pensamiento y tener los amigos que tú decidas tener».

A uno de sus amigos, Froilán Elespe, su teniente de alcalde, lo asesinó ETA. «Tengo la sensación», dice Ana, «de estar viviendo un tiempo extra». Tal es el infierno que padecen muchos en el País Vasco. Saben -como el abuelo de Ana con Franco- que a cualquier hora pueden ser ejecutados: están en capilla, en el corredor de la muerte. No es seguro, ciertamente, que la ilegalización de Batasuna sea la medida más oportuna ahora mismo. Pero ya está bien de tantas objeciones de quienes contemplan el espectáculo con la tranquilidad de no correr apenas riesgos, mientras priorizan parecidos objetivos a los de ETA y Batasuna. Tales objetivos no deben criminalizarse, como hacen soezmente los fanáticos del otro lado. Sin embargo, aquí y ahora, la única prioridad es aislar a los que matan y a los que los apoyan. Aquéllos que impiden la convivencia en Euskadi no son los perseguidos, sino los perseguidores.

Ilegalizar el negocio del terror
Ignacio Villa Libertad Digital  15 Agosto 2002

La respuesta de los terroristas al proceso de ilegalización de Batasuna ha sido la esperada. Están haciendo lo único que saben hacer: matar y amenazar. La banda terrorista ETA ha reaccionado como era previsible, aunque con más nerviosismo del esperado. Los terroristas y sus cómplices batasunos muestran desde hace días una aparente actitud de fuerza, que en el fondo sólo muestra un gran desconcierto. No saben qué hacer con la que se les viene encima. Desde luego que pueden seguir por el mismo camino de amenazas, gritos y asesinatos; pero son conscientes de que esa vía, sin los ingresos de las subvenciones "oficiales" no tiene recorrido. ETA y Batasuna son, al fin y al cabo, un negocio montado en torno al asesinato, la extorsión, el miedo y la barbarie; y se les van a cerrar de golpe muchos cauces habituales de ingresos económicos. Sus cuentas corrientes entrarán en números rojos.

Son muchos los que viven de este montaje, son muchos los que han hecho una forma de vida de la estrategia del terror. Ahora, de repente, se van a quedar en la calle y sin dinero.

ETA y Batasuna han fabricado desde hace años una gran trama mafiosa fundamentada en las pistolas y en los coches-bomba, una estructura de apariencia política y de fondo mafioso que necesita dinero para mantenerse. Sin esos ingresos, que les llegan especialmente gracias a su presencia en ayuntamientos y en el Parlamento vasco, el negocio de etarras y batasunos se descompone.

Precisamente, la ilegalización de Batasuna, además de que la democracia pueda cumplir la obligación de no permitir que sus propios enemigos sobrevivan a su costa, tiene como uno de sus grandes objetivos "dar donde más les duele", y ese punto es el del dinero y el de sus ingresos "oficiales". Sin perros ya no hay rabia, sin dinero se puede ahogar con más rapidez de la esperada el núcleo mismo del terrorismo.

No hace muchos meses, cuando desde el Gobierno de Aznar se insistía en que la banda terrorista ETA y Batasuna eran lo mismo, el nacionalismo vasco y sus compinches de Izquierda Unida clamaban por las acusaciones del Ejecutivo de Madrid. Hoy, cuando la unidad de criterios, de objetivos y de estrategias es evidente, ya nadie duda de esa identidad. Pero ahora, la argumentación que se esgrime desde el PNV es que la ilegalización de Batasuna es peligrosa, va a provocar una gran tensión política y los efectos van a ser perjudiciales para todos. Como pueden observar, son "razones de peso" avaladas por la trayectoria de ineficacia, incoherencia y mentiras a las que nos tienen acostumbrados los nacionalistas.

Etarras y batasunos están nerviosos, desconcertados y no aciertan a reaccionar. Pero el nacionalismo vasco va mucho más allá. Está entrando en un periodo de absoluto descontrol. Obsesionados por salvar a Batasuna, los nacionalistas han entrado en una dinámica de complicidad abierta con el brazo político de ETA. El nacionalismo vasco se ha sumergido en una espiral de torpeza y de enquistamiento que no permite rectificación alguna. Se está cerrando todas las puertas bruscamente conforme avanza a toda velocidad por un camino sin retorno, de la mano de Batasuna, que ellos mismos han emprendido, como lo confirman sus propias declaraciones. Ellos han escogido sus compañías. Y ellos han escogido su triste futuro.

ETA cobija a Batasuna
Editorial El País 15 Agosto 2002

La decisión del PNV de oponerse en el Congreso de los Diputados a la propuesta de ilegalización judicial de Batasuna ha coincidido con la amenaza de ETA a los partidos democráticos que voten a favor de esa decisión o se abstengan. Nada queda por decir sobre la profunda insolencia de la banda terrorista, empeñada durante 25 años en destruir el Estado de derecho y en llevar el dolor y la muerte a la sociedad. Y que, además, tiene la desfachatez de amenazar a ese Estado y a la ciudadanía por querer defenderse de la actuación de una pseudoformación política sobre la que, aparte convicciones morales y evidencias públicas, existen fundados indicios judiciales de actuar a su servicio y de constituir su brazo político y legal.

A quienes mantengan todavía dudas sobre la connivencia de Batasuna con ETA, el comunicado de la banda terrorista debería despejárselas. ETA no es el peor enemigo de Batasuna, como pretende deducir el coordinador de IU en el País Vasco, Javier Madrazo, tras los últimos atentados, sino su verdadero dueño y señor. De ahí que no haya tenido empacho en salir a la palestra para mostrarse como su público y armado protector frente a la posible ilegalización. Una Basatuda ilegalizada, que no pueda jugar su papel de correa de transmisión de la estrategia militar de ETA en las instituciones vascas, no sirve a los pistoleros.

Más allá de los argumentos de fondo que puedan existir para dejar fuera de la ley una formación política que utiliza fraudulentamente la legalidad para fines ilícitos, ese papel protector que ETA ejerce sobre Batasuna deja en difícil posición a los partidos democráticos contrarios o abstencionistas respecto de su ilegalización. El portavoz del Gobierno vasco ha calificado de 'diabólica' esa estrategia de ETA, destinada, a su juicio, a 'fracturar y fragmentar a la sociedad vasca'. Y acierta, pues son el Gobierno de Vitoria y el PNV quienes quedan en la situación más desairada.

El argumento de que 'sólo ETA es ilegal', con el que ambos justifican su postura contraria a la ilegalizacion de Batasuna, ha sido invalidado por la banda al poner bajo su tutela armada a esa formación política y amenazar a las fuerzas democráticas que osen ponerla fuera de la ley. En estas circunstancias, ¿bastan los votos, como mantiene el PNV, para reprobar a un partido no democrático, tutelado por una organización terrorista, y que, en consecuencia, hace un ejercicio fraudulento de los derechos de participación y representación política? Más atendible es que la posible ilegalización de Batasuna pueda 'aumentar la crispación social' en el País Vasco y que esa medida no bastará para acabar con el terrorismo. Ayudaría mucho que en ese posible escenario el PNV se pusiera del lado del conjunto de fuerzas democráticas y no se quedara sólo en la primera línea del nacionalismo vasco frente al mundo del terror.

Pero no conduce a ninguna parte, salvo a crispar más el clima político y ahondar la fractura entre los partidos, anatematizar al PNV o a otros posiblemente abstencionistas en la votación del Congreso anunciada para este mes, asimilando esa postura a una falta de compromiso con la defensa de la paz y la libertad, como está haciendo el PP. Constituye también una fuente de tensión sobreañadida intentar mezclar, aunque formalmente se desmienta, la ilegalización de Batasuna con la negociación de las transferencias pendientes al País Vasco.

El Gobierno español, sin embargo, tiene derecho a saber si esa negociación se va a desarrollar en un clima de lealtad constitucional y no bajo la amenaza de ruptura implícita en la resolución aprobada el pasado 12 de julio en el Parlamento vasco. Urge que Vitoria se deje de ambigüedades en este asunto. Y ayudaría a recuperar la confianza que tanto el portavoz del Gobierno vasco como el propio Arzalluz fueran más directos en sus exposiciones públicas y aclararan si sigue en pie el ultimátum de hace un mes.

El PNV no quiere vivir sin ETA
Enrique de Diego Libertad Digital  15 Agosto 2002

La dictadura mediática a la que está sometida la sociedad vasca hace preciso recordar lo obvio: el PNV es el mayor beneficiado por los crímenes de ETA. Eso es un dato empírico, un hecho objetivo, independiente o al margen de las intenciones, buenas o malas, confesables o inconfesables, de dirigentes y militantes nacionalistas. No sabemos qué habría sucedido en las consultas electorales si no hubiera habido ningún muerto, pero sí sabemos quién gobierna sobre las montañas de cadáveres.

Por eso, resulta enternecedor, incluso hilarante, si no hubiera tantas tragedias de fondo, ver, escuchar y leer la reiteración de que el PNV está abandonando su ambigüedad. Creo que, más que establecer un juicio sobre la realidad, se pretende echar un tupido velo sobre la condescendencia intelectual –el PNV suele quejarse del trato de los medios, cuando el nacionalismo ha tenido siempre una asombrosa buena prensa– con que la ideología asesina ha sido tratada con anterioridad por centristas a la violeta y progresistas de salón. El PNV ha vivido, vive y vivirá la independencia –y el genocidio subyacente– como un proceso hegeliano, en cuyas etapas intermedias engaña a quien quiere dejarse engañar. No faltan los que tildan ahora al partido de Arzalluz de nazi, cuando hasta hace bien poco lo situaban en el frontispicio del progresismo y ser acomodaticio respecto al nacionalismo estaba considerado de buen tono.

El PNV no puede, no sabe y no quiere vivir sin ETA, que es emanación suya. Terrorismo nacionalista en estado puro. Los cafres actuales del coche-bomba son hijos de la progenie de Sabino, aunque les falte su acendrada fe de integrista católico. La tan predicada moderación del PNV es respecto a unos primos hermanos que pegan tiros en la nuca. ¡Menuda moderación!

De las declaraciones de Arzalluz no se deduce nada nuevo, ni nada bueno. En ese proceso, el PNV, con el cínico Ibarretxe, ha entrado –está ya– en la etapa de la independencia. Lo ha hecho, como punto sin retorno, con el acuerdo secesionista e imperialista del Parlamento vasco. De ahí que la ilegalización de Batasuna la contemple Arzalluz como “imposición del Parlamento español” y de la “mayoría española” sobre “la nación vasca”. Casus belli. Los estultos dirán que esto es el lenguaje de Batasuna. No, es el lenguaje del PNV. Batasuna y ETA son su efecto. Por eso el PNV hace causa común con su criatura.

Se cierra el círculo
EDITORIAL El Correo  15 Agosto 2002

Las amenazas vertidas por ETA contra aquellas formaciones que se muestren a favor o se abstengan de demandar la ilegalización de Batasuna cierra el círculo de complicidades que durante tantos años ha mantenido a la izquierda abertzale al servicio de la banda armada. La irrupción directa de ETA en el proceso institucional que propicia la Ley de Partidos, y que dará lugar en su día a una sentencia judicial respecto a la legalidad del comportamiento público de Batasuna, refuerza la convicción moral sobre el solapamiento de actividades legales e ilegales que conforma la trama terrorista. De la lectura de dicho comunicado, los dirigentes del PNV han extraído una conclusión tan interesada como significativa: que ETA desea la ilegalización de Batasuna. Tal afirmación les permite presentar su anunciado voto negativo a la citada ilegalización como una posición enfrentada a ETA, al tiempo que sitúan a los promotores de tal iniciativa -PP y PSOE- como si en realidad estuvieran haciendo el juego al «agravamiento del conflicto» que ETA anuncia en su amenazante comunicado.

El terrorismo trata de empujar a las sociedades democráticas hacia una permanente encrucijada, obligándolas a optar por respuestas que acomoden el totalitarismo violento en una suerte de impunidad institucionalizada o por iniciativas que llamen a la barbarie por su nombre reduciendo el campo de maniobra de que el terror pueda aprovecharse para perpetuar su dictadura. El supuesto de que, a fecha de hoy, ETA esté buscando la ilegalización de Batasuna -hipótesis que no conviene descartar- no constituye un argumento contrario al procedimiento que iniciará el Congreso el día 26, sino todo lo contrario. Porque el dato más relevante de cuanto ha acontecido desde la promulgación de la Ley es que Batasuna no ha hecho el mínimo esfuerzo para tratar de demostrar su autonomía respecto a la banda terrorista. Batasuna ha vuelto a dar -antes y después del doble asesinato de Santa Pola- muestras de un seguidismo respecto a ETA que desbarata toda alegación basada en que la aplicación de la Ley de Partidos vulneraría derechos fundamentales de asociación y expresión libre de las ideas políticas.

Las formaciones que han anunciado su postura negativa al inicio de un procedimiento que revise la legalidad de Batasuna se han prodigado no tanto en argumentos de orden constitucional como en augurios que situarían la aplicación de la nueva Ley como desencadenante de una nueva escalada de violencia y crispación política. Nadie puede permanecer ajeno a la preocupación que suscita la reacción inmediata que puedan tener ETA y la izquierda abertzale ante una eventual ilegalización de Batasuna. Pero los oscuros vaticinios del nacionalismo gobernante e Izquierda Unida incurren en grave irresponsabilidad en tanto que al anunciar lo peor favorecen que lo peor ocurra. De seguir con tal razonamiento, evitando que los tribunales puedan intervenir en torno a la legalidad del proceder y la propia existencia de Batasuna, la sociedad no se sentiría menos expuesta a los desmanes del terror, sino que se mostraría sumisa al más diabólico de los chantajes: el de una formación cuya legalidad se basaría precisamente en la amenaza.

Los nacionalismos y Batasuna
José Javaloyes La Estrella 15 Agosto 2002

Muchas veces, escribir es rectificar; pero no es éste el caso. Volver para precisar no es hacerlo para rectificar; puede serlo para ratificar e insistir en determinados aspectos, que acaso no fueron suficientemente subrayados. Me refería hace unos días a la soledad dramática en que, presumiblemente, se sumiría el nacionalismo no batasuno cuando se votara en el Congreso la ilegalización de la superestructura política del terrorismo etarra. No es soledad, sino estricto desafío. El Partido Nacionalista Vasco dice que no y ETA rubrica la coherencia del frente soberanista y autodeterminista con un manifiesto de amenazas.

Siluetea la mafia nacional-terrorista sobre el plano alargado de la pared, donde simbólicamente oficia los fusilamientos —con tiros en la nuca y coches bomba y artefactos ocultos en la arena, en su acostumbrado estilo de gallardía militarra—, siluetea, digo, a la Guardia Civil y los partidos todos que apoyen o que se abstengan ante la ilegalización de Batasuna. Los legatarios del sabinismo sin rectificar vaticinan más terror como consecuencia del acto de soberanía legislativa nacional que se prepara y los monaguillos, "esos chicos", enseguida tocan a muerto.

Seguro que el coeficiente de sorpresa ha sido bajísimo en la opinión publica española. A muy pocos habrá encontrado desprevenidos la respuesta de Arzallus. Al fin y al cabo, ha sido un acto de coherencia. El nacionalismo olvida sus particularidades en las situaciones que cuestionen algo fundamental; prevalece el sustantivo nacionalista y se trivializa el adjetivo, democrático o lo que sea. Se trata como de un barco de doble casco, de un catamarán. Y aunque la mano derecha no sepa que hace la mano izquierda, tampoco tienen conocimiento en un casco de lo que ocurre en el otro. El principio de unidad de navegación lo percibe y resuelve todo. La Carta constitucional no les vale como carta náutica pues sólo sirve ésta para navegación autonomista de cabotaje; ellos están por la mar abierta del espacio vasco de decisión.

Insistiría en lo de la sinergia, como principio potenciador de resultados en la navegación soberanista de las dos parroquias nacionalistas de Euskal Herría. Si Batasuna es ilegalizada, el nacionalismo global habrá de rediseñar su estrategia y su operativa; pues aunque a una sóla meta se apunta por ambos, analítica y conceptualmente responde a dos enfoques y metodologías distintas. El objetivo compartido es la autodeterminación, bien que el crujir de dientes comenzaría detrás de esa raya de horizonte, siguiendo la pauta de todos los movimientos de "liberación nacional" que en la historia del siglo XX han sido.

El nacionalismo vasco llamado democrático necesita del otro nacionalismo, por monstruoso, terrorista y nazi que sea; cosa que no ocurre con los demás signatarios del Pacto de Barcelona. Pero aun no ocurriendo, ahí están: sin oponerse a la ilegalización de Batasuna y sin apoyarla. ¿O es que el tren nacionalista formado en aquel pacto necesita, de alguna mediata manera, la cabeza tractora de los batasunos? Todos esos nacionalismos —el vasco, el catalán, el gallego— también pueden orientarse por la tentación de la sinergia; o sea, la de conseguir conjuntamente algo que no alcanzarían individualmente, con sus acciones y sus discursos singularizados, separados unos de otros.

Democracia y nacionalismos
Pedro Santoja Hernández es Doctor en Filosofía y Letras La Razón 15 Agosto 2002

En uno de mis viajes por esos mundos de Dios pude presenciar una manifestación de obreros turcos en Frankfurt, ciudad alemana. En una extensa pancarta, con faltas de ortografía y todo, se podía leer: «Schluss mit der Ausländerfeindlichkeit. Nieder mit dem Ausländergesetz» (Fin a la hostilidad contra los extranjeros. Abajo con la ley para extranjeros). La cosa estaba clara: en la kantiana Alemania se denunciaba la animadversión contra los pertenecientes a otra «tribu», y, según parecía, esta discordia hacia los extranjeros se dirigía principalmente contra los «otomanos», aunque también presencié,con frecuencia, actos xenófobos contra otros extranjeros. Leía el otro día, en la prensa, que en Moscú los «cabezas rapadas» atacaban y amenazaban a gente «de apariencia no eslava», y que este racismo está relacionado con la guerra de Chechenia y el flujo de inmigrantes.

La reacción contra los turcos en Alemania como la reacción contra los «moros» (musulmanes, mahometanos, islámicos), que está teniendo lugar en España, es irracional en su propia esencia y, por tanto, inaccesible a toda crítica. Cualquier hombre equilibrado y culto no puede admitir una actitud que sólo es patrimonio de fanáticos nacionalistas enfermizos. Si es cierto que el «encuentro» de dos culturas distintas puede crear ciertas crisis, también es cierto que estas crisis se pueden solucionar empleando métodos que están en conformidad con los valores morales de la recta ratio, de la recta razón, y no de la razón «errónea», como nos recuerda René Simon, en su Moral.

Tradición peligrosa ha sido en Alemania la moral del «superhombre» (Der Übermensch). «Ich lehre euch den Übermensch» (Voy a mostraros ¬a enseñaros¬ al superhombre), dice Zaratustra en la conocida obra de Friedrich Nietzsche, Also sprach Zarathustra (Así habló ¬o hablaba¬ Zaratustra).

¿Qué está pasando? Cuando se produce un fracaso, la conciencia culpable proyecta hacia «el otro» su propia culpabilidad. Lo mismo ocurre en las sociedades. Hay un instinto que domina a los pueblos. La culpabilidad colectiva se rechaza y se proyecta hacia fuera, hacia «los otros», hacia el exterior. Cuando algo va mal, alguien tiene que tener la culpa. Se busca a los responsables de las desgracias nacionales y, naturalmente, se encuentran. Lo hemos visto a través de la historia: los que envenenaban los pozos y transmitían la peste eran los judíos, los que se aliaban con los enemigos eran los moriscos. Como consecuencia, la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos y de los moriscos por Felipe III... Los culpables, dicen los racistas, son los extranjeros que vienen a ocupar nuestros puestos de trabajo y a seducir a nuestras vírgenes, porque el problema racial tiene grandes conexiones con las frustraciones sexuales y con otro tipo de frustraciones. Los alemanes del partido Nazi (National-sozialist) temían la «mancha» exterior y vivían obnubilados por el deseo de «pureza». En la imaginación enloquecida de los antisemitas, como bien dice Pierre Sorlin (El antisemitismo alemán), el judío es el sátiro inmundo que merodea en torno a la pura doncella aria. Adolf Hitler, el Führer (el conductor, el guía, que eso significa) lo dirá bien claro en Mein Kampf (Mi lucha, Mi combate): «El judío corrompe sistemáticamente a las mujeres y a las jóvenes de cabellos dorados y ojos azules».

Después de la Segunda Guerra Mundial, hubo una época en la que los extranjeros (Ausländer) eran admitidos por los alemanes ante la necesidad de reconstruir la patria (Das Vaterland). La nación poderosa, con el fin de afirmar su posición, necesitaba mano de obra para realizar ciertos trabajos, pero, más tarde, una vez conseguido el equilibrio, voces racistas proclamaban que los trabajadores invitados («Gastarbeiter»), irónico eufemismo aplicado en Alemania a los trabajadores extranjeros, ya no eran necesarios, y pretendían retirarles la Gastfreundschaft (la amistad hospitalaria) antes ofrecida. De igual forma, por los años sesenta se podía leer por doquier en la democrática Bélgica: «Chambre á louer. Etrangers s abstenir» (Se alquila habitación. Abstenerse los extranjeros). Naturalmente «estos extranjeros» eran los trabajadores de otras naciones que habían ido a Bélgica en busca de ventajas económicas.

Por otro lado, los nacionalismos tienen una manía tribal de exaltación de la raza o de la lengua, según sea el nacionalismo germánico o latino. Me entero por la prensa de que los obispos catalanes de Tarragona, Lérida y Gerona (siempre los obispos, con ansias de relevancia y de protagonismo) denunciaron la «desintegración del catalán». Su documento eclesiástico acababa afirmando que la lengua es la patria que une a todos los catalanes... Estos obispos patrioteros, tribales, aldeanos y, además, dados a la sociolinguística, olvidan que para la Santa Madre Iglesia Católica y Romana la única patria verdadera es la patria común, la Patria Celestial, y que la misión única de los pastores de la Iglesia (el báculo como símbolo), herederos de Pedro, es conducir a los fieles, a sus ovejas («Pasce oves meas»), hacia la salvación eterna y no entremeterse o entrometerse en perecederos asuntos de «este mundo», que no son competencia de su sagrado ministerio. Y es que, últimamente, los obispos no dan una a derechas. Mejor estarían calladitos, dedicándose a la vida contemplativa, porque cuando abren la boca, como ha hecho recientemente el obispo de Sigüenza, Monseigneur José Sánchez, lo único que consiguen es «resfriar la fe en los corazones de gran parte del vulgo», como dice Adolfo de Castro en su Historia de los prestantes españoles y de su persecución por Felipe II (Cádiz, 1851). El señor Arzallus, como «jesuita ejemplar» y practicante de los Ejercicios de san Ignacio de Loyola, sabe bien que «cuando la Iglesia se mete en política, el Espíritu Santo la abandona clamorosamente».

En la Diada catalana, se abucheó a unos extravagantes extremistas que mostraban una pancarta en la que se podía leer: «¿Charnegos, fuera!». En las Provincias Vascongadas los nacionalistas radicales intentan, mediante amenazas y persecuciones, que se vayan de su tierra aquellos vascos que no siguen sus delirantes posiciones. Lo mismo proclamaban en sus manifestaciones los «Blondblauen» (los de cabello rubio y ojos azules) seguidores del Partido Nazi: «¿Ausländer, heraus!» (¿Extranjeros, fuera!) o «¿Juden heraus!» (¿Judíos, fuera!).

¿Qué está ocurriendo? ¿Se prepara el regreso a la tribu agreste, a las viejas estructuras de la sociedad medieval? ¿Se trata de vana ensoñación romántica, de transnochados regresos inútiles, de suelos de antiguas Coronas, de estéril evocación del pasado? ¿Por qué ese pánico enfermizo a los que no pertenecen a nuestro clan?
Los retrogrados, arcaicos y oscuros nacionalismos se curan viajando a otras tierras, conociendo otras lenguas, otros amores y otras culturas. Así me lo insinuó Berganza en el Hospital de la Resurrección de Valladolid. Cipión.

Gobierno y PSOE consideran que las amenazas de ETA prueban el acierto de ilegalizar Batasuna
CÁDIZ/MADRID. A. GARCÍA/ABC  15 Agosto 2002

El último comunicado de ETA prueba el «acierto» de la iniciativa de ilegalizar a Batasuna, a juicio de quienes la han promovido -Gobierno, PP y PSOE-, porque demuestra que esa medida «hace daño» a la banda terrorista. En su opinión, constituye también una «auténtica confesión» de que ETA y Batasuna «son lo mismo».

«Si a alguien le cabía duda sobre la identidad entre Batasuna y ETA, el comunicado viene a ser una auténtica confesión de ETA de cómo Batasuna forma parte de su entramado y sale con una defensa como sabe hacer, amenazando, intentando generar temor para evitar la aplicación del Estado de Derecho y para evitar la aplicación de una ley que ha sido democráticamente aprobada». Así interpretó el ministro de Interior, Ángel Acebes, la amenaza lanzada por la banda terrorista a todos los partidos que no se opongan a la ilegalización de Batasuna.

Aviso para los nacionalistas
Este análisis fue completado desde el PP por Jaime Mayor Oreja y Ana Mato. El portavoz en el Parlamento vasco subrayó que la amenaza de ETA «es la mejor demostración del acierto de la ilegalización de Batasuna». «Si alguien tenía alguna duda del daño que esta medida iba a producir a ETA, se pone de manifiesto su equivocación», agregó el dirigente popular, para quien la nueva amenaza de los terroristas constituye «un aviso para navegantes, muy especialmente en el seno del nacionalismo vasco».

La coordinadora de Participación y Acción Sectorial del PP agregó que «el hecho de que la ilegalización le haga daño (a ETA), implica que Batasuna es un instrumento de ETA porque, de otra manera, no le importaría».

Desde el PSOE se hizo prácticamente la misma interpretación. Su secretario de Organización, José Blanco, destacó que el comunicado de ETA demuestra que la banda «tutela» a Batasuna y que la ley de Partidos es un «instrumento eficaz» para combatir a quienes apoyan el terrorismo.

Javier Rojo, secretario de Política Institucional y líder de los socialistas de Álava, opinó que las amenazas de la banda van dirigidas, sobre todo, «a los que están en la eterna duda de qué es lo que harán», ya que «lo que ETA les dice es que si apoyan la ley de Partidos o se abstienen les ocurrirá lo mismo que nos ocurre a nosotros (populares y socialistas)».

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