AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 16 Agosto  2002
Lengua e imposición en el País Vasco
Editorial La Razón 16 Agosto 2002

El Gobierno vasco reconoce que más de la mitad de sus alumnos prefiere estudiar en castellano
M. R. Iglesias/ D. Mazón - Madrid.- La Razón  16 Agosto 2002

El nacionalismo es el problema
Enrique de Diego Libertad Digital  16 Agosto 2002

Batasuna o no estar estando
Lorenzo CONTRERAS La Razón 16 Agosto 2002

Hacia el precipicio
Lucrecio Libertad Digital  16 Agosto 2002

Ilegalizar el negocio del terror
Ignacio Villa Libertad Digital  16 Agosto 2002

LA QUEMA DE BANDERAS, UN SINTOMA DE INTOLERANCIA QUE QUEDA IMPUNE
Editorial El Mundo 16 Agosto 2002

Más allá del silencio
ANTONIO ELORZA El País 16 Agosto 2002

Homilía contra ETA
Editorial ABC  16 Agosto 2002

Consejero de Justicia: ¿ubíquese!
Pablo Mosquera La Razón 16 Agosto 2002

Protagonistas de la libertad
Jaime LARRÍNAGA La Razón  16 Agosto 2002

Nos cuentan que...
Impresiones El Mundo  16 Agosto 2002

Cortázar insiste en que «el PNV justifica a ETA»
AGENCIAS/BILBAO El Correo 16 Agosto 2002

Blázquez quiebra la unidad de discurso de los obispos vascos al exigir el fin de ETA
BILBAO. ABC 16 Agosto 2002

El PP acusa al PNV de «encubrir» a ETA para evitar su derrota
I. L./BILBAO El Correo 16 Agosto 2002

El experimento Batasuna
EDUARDO CHAMORRO La Voz  16 Agosto 2002

El mal del nacionalismo, según García de Cortázar

CARMEN CARDOSO El Mundo 16 Agosto 2002

ETA domina las televisiones
Fernando González Urbaneja La Estrella 16 Agosto 2002

El Gobierno vasco dobla las ayudas del Estado a los partidos
FRANCISCO MERCADO | Madrid El País 16 Agosto 2002

Lengua e imposición en el País Vasco
Editorial La Razón 16 Agosto 2002

Un informe elaborado por el Departamento de Educación del Gobierno vasco muestra que el intento de imposición artificial, con cuantiosas subvenciones, de la enseñanza del euskera tropieza con la realidad: la mayoría de los estudiantes de esa comunidad autónoma prefiere el aprendizaje en castellano. El setenta por ciento, según los propios datos del Ejecutivo de Ibarreche, opta por el modelo en el que el vascuence es sólo una asignatura o por el modelo bilingüe frente a una minoría que prefiere la total inmersión en ese idioma.
La elección de una lengua para la enseñanza responde a diferentes criterios. Hay un aspecto sentimental y hay otro de oportunidad o de utilidad. Sin duda, los vascos aprecian su lengua. Y no sólo ellos, porque muchos otros españoles admiran y respetan el patrimonio cultural de las diferentes regiones. El problema es que en un mundo globalizado, con un castellano utilizado por cuatrocientos millones de personas, conocerlo es garantía de mayores posibilidades de desarrollo personal. Sólo la ceguera de algunos ha hecho que se buscara en la lengua una seña de identidad étnico-política, y han pretendido hacer del vascuence un arma para sus intereses. Naturalmente, los hechos son tozudos y demuestran que sacralizar la lengua era, en este caso, un intento artificial de imponer unas diferencias inexistentes dentro de las comunidades españolas. Lo que aquí se tercia es garantizar la libertad, y no de practicar la imposición. De dar igualdad de oportunidades, en la lengua y en los demás órdenes de la vida.

El Gobierno vasco reconoce que más de la mitad de sus alumnos prefiere estudiar en castellano
Tras veinte años de promoción del euskera, sólo un 33 por ciento cursa la enseñanza en lengua vasca
El Gobierno vasco reconoce en un documento base de Política Lingüística del Departamento de Cultura, con datos sesgados a favor de la posición del Ejecutivo que el cincuenta por ciento de la población residente en la Comunidad prefiere realizar sus estudios en castellano. Este porcentaje opta por el euskera como una «lengua extranjera», equiparable al inglés al ser una asignatura más en el programa, según el modelo A de enseñanza. Tras 20 años de una fuerte promoción del euskera por parte de los poderes vascos, sólo un 33 por ciento de los alumnos cursan sus estudios en vasco.
M. R. Iglesias/ D. Mazón - Madrid.- La Razón  16 Agosto 2002

En el documento elaborado por la dirección de Política Lingüística del Gobierno Vasco se señala que en la actualidad en el modelo A cursa sus estudios en la Comunidad vasca un 48,6 por ciento del alumnado, frente al 33 por ciento que lo hace en el modelo D y un 17,9 por ciento que lo hace en el modelo B donde el 50 por ciento de las asignaturas se dan en castellano y el otro cincuenta en euskera.

Aunque en los veinte años de fuerte promoción del euskera por parte del Ejecutivo vasco, con inversiones multimillonarias, se ha conseguido incrementar notablemente el uso de la lengua vasca entre los estudiantes, el resultado no parece ser el esperado por el PNV. Así, en su informe indica que «el sistema educativo ha sido y es una de las áreas prioritarias de la política lingüística cara a la incorporación de nuevos hablantes en euskera», añade que «el modelo A ha decrecido hasta el 48,6 por ciento y el modelo D casi se ha triplicado pasando del 12,2, por ciento hasta el 33,5 por ciento» y matiza que ahora es necesario optimizar los recursos presupuestarios para aumentar los resultados.

El modelo castellano, obviado
Los modelos educativos fueron regulados por el Decreto de Bilingüismo de 1983, que marcó cuatro modelos educativos. Además del A, que es todo en castellano menos la asignatura de euskera, B (mitad en castellano y mitad en euskera) y D (todo en euskera menos el castellano como asignatura), también existe el X, que es aquel en el que la enseñanza es exclusivamente en castellano, es decir, que ni siquiera se imparte la asignatura de euskera, aunque a este modelo nunca se hace referencia desde el Gobierno vasco.

Según los datos estadísticos de la Consejería de Educación del Ejecutivo de Juan José Ibarreche, en la actualidad están en vigor los cuatro modelos educativos, predominando el D en Guipúzcoa y el A en Álava. El X sólo se imparte en Vizcaya, y en concreto en la enseñanza privada. En total son 1974 los alumnos que han optado por la educación exclusivamente en castellano, y están repartidos por todos los niveles de enseñanza no universitaria.

En Guipúzcoa durante el curso actual hay matriculados un total de 61.009 alumnos, un 57,9 por ciento, en el Modelo D frente a los 19.815, 18,8 por ciento, del Modelo A, o los 24.406, 23 por ciento, del Modelo bilingüe B. Estas cifras se invierten en la provincia de Álava, donde hay un porcentaje menos de población euskaldún. Según los datos de Educación, el porcentaje de alumnos que estudia en castellano supera el 50 por ciento, de los que un cuarto están matriculados en Educación Infantil o en Primaria, es decir, en los cursos más bajos del sistema educativo, lo que significa que son alumnos que seguirán todos sus niveles educativos en castellano. En esta provincia vasca un 25 por ciento estudia en euskera y los bilingües representan el otro 25 por ciento.

En Vizcaya también está a la cabeza el Modelo A con un total de 72.348 alumnos, es decir, un 42,6 por ciento. A este porcentaje hay que sumarle el 1,1 que estudia en el Modelo X. Los alumnos que sólo reciben enseñanza en euskera representan un 37,6 por ciento, son 63.970 alumnos, y los bilingües se sitúan en un 18,5 por ciento, es decir, un total de 31.476 niños.

Reducción de aulas modelo A
A pesar de que el propio Gobierno vasco reconoce que la mayoría opta por el modelo A, educadores consultados por LA RAZÓN han confirmado que el Ejecutivo que preside Ibarreche tiene intención de reducir en el curso que viene el número de aulas que imparten este modelo, además de recolocar a los profesores que imparten el modelo A en otros destinos, como la enseñanza a personas mayores. Localidades como Baracaldo, en la que el uso del euskera en la calle es mínimo, van a verse afectadas por esta medida.

15.000 millones para el euskera
Sólo en los últimos cinco años, Ibarreche ha gastado más de cien mil millones de pesetas en el «proceso de euskaldunización»

Según el proyecto de presupuestos generales de la Comunidad Autónoma vasca presentado a principios de año, la Educación se llevaba uno de los mayores porcentajes de la partida presupuestaria, un 26%, lo que supone más de un millón y medio de euros. Sólo la Sanidad tiene más dinero asignado por el Ejecutivo de Ibarreche. Lo que más llama la atención de ese presupuesto es la asignación que ofrece a la promoción del euskera frente a otros campos como la investigación o el turismo. La promoción de la lengua vasca obtendría casi 95 millones de euros (más de quince mil millones de pesetas), mientras que la Investigación Científica sólo trece mil. Las subvenciones al Turismo no superan los dos mil setecientos millones de pesetas, lo que supone un 0,3% del total del presupuesto, el mismo dinero que recibe el área de Energía. A esa subvención proveniente del Gobierno vasco en los presupuestos generales hay que añadirle lo que destina cada localidad de sus propios presupuestos, más las subvenciones que se destinan a distintas asociaciones que se dedican a la extensión del euskera, como AEK, que fue recientemente declarada «de utilidad pública» por el Ejecutivo de Ibarreche.

Según fuentes consultadas por este periódico, la suma de lo que el Gobierno vasco destina para el euskera no es sólo la que aparece en los presupuestos, pues luego cada administración destina una parte a la formación de sus empleados, de manera que a la cantidad que aparece en la partida presupuestaria hay que sumarle aproximadamente cinco mil millones más. Además, de la notable partida de Educación habría que extraer parte en subvenciones a ikastolas.

El nacionalismo es el problema
Enrique de Diego Libertad Digital  16 Agosto 2002

Llevan razón los nacionalistas cuando señalan que la ilegalización de Batasuna no significará el final del terrorismo. Ellos lo saben mejor que nadie, pues ellos son los que, en diversos grados, participan de sus beneficios. Nacionalistas son los que lo practican, y en nombre del nacionalismo. El terrorismo funciona objetivamente como los matones del movimiento nacionalista. Por ende, los nacionalistas no van a terminar con una estrategia abyecta, corruptora y asesina que les ha dado buenos réditos. Gracias a ella gobiernan. A los datos me remito. Y lo demás es comentario.

Esta reflexión no es simplemente teórica. Tiene consecuencias prácticas. Implica, por ejemplo, que la Ertzaintza seguirá sin detener etarras. Y que la ilegalización de Batasuna no será respetada por el gobierno vasco ni por la policía autonómica, con lo que su eficacia será importante, pero limitada. Hay zonas del País Vasco donde el “Estado español” no existe.

La cuestión que se va a plantear, se quiera o no se quiera, es si en el País Vasco hay Estado de Derecho y en qué proporción. La legalidad de que el gobierno autónomo es representante en una determinada parte geográfica de la indisoluble e indivisible unidad de España (por citar los conceptos de la Constitución) se ha roto. De manera tácita, desde hace tiempo. Pero de forma expresa, con el acuerdo secesionista del Parlamento vasco. Lo de menos es que haya sido con la abstención de Batasuna, como reitera el Gobierno, aferrado a un discurso demasiado deudo de la ausencia de un análisis profundo sobre el nacionalismo. Lo de más es que se ha ejercido un acto de soberanía estableciendo un ultimátum respecto a “otro” Estado soberano, cuando la soberanía nacional sólo reside en el Parlamento nacional.

La idea de que el PNV ha de aclararse y volver la espalda a los violentos es tan inocente como la especie, reiterada con clima casi eufórico, de que el PNV ha abandonado su ambigüedad, como si lo primero fuera posible y lo segundo no fuera una constante de hegelianismo chusco, para andar por el batzoki. Esta especie de bromas, que se reiteran sin cesar, tratan de hurtarse al análisis crítico de la Transición y lo que en ella ha habido de cesión constante respecto a los nacionalismos y también respecto a las obligaciones que comporta la representatividad popular en el Gobierno de la nación.

Aunque ahora se está respondiendo con fortaleza, y parecen claras las convicciones, se ha seguido yendo detrás de los acontecimientos, como cargándose de razón, como si fueran necesarias más víctimas para que cada una de ellas aportara su dosis de legitimidad. O se ve de una vez que el nacionalismo es el problema –lo que debería llevar a una improrrogable reforma de la ley electoral, para evitar los chantajes nacionalistas– o se seguirán repitiendo mensajes que confunden de continuo los deseos con la realidad.

La ilegalización de Batasuna no es una meta, sino un punto de partida. El inicio del rearme moral del Estado de Derecho. ¿Se llega demasiado tarde? He ahí la cuestión.

Batasuna o no estar estando
Lorenzo CONTRERAS La Razón 16 Agosto 2002

Todo marcha conforme a lo previsto. El Gobierno quemando fechas en su proyecto de ilegalización de Batasuna. Eta amenazando a quienes secunden ese proyecto. Los nacionalistas vascos pronosticando un horizonte negro, en armonía con los obispos de allá cuando hablaron de «consecuencias sombrías». Los nacionalistas catalanes cultivando sus rentables dudas. Los socialistas, embarcados en la empresa común con el Ejecutivo. Y luego, la cola de los abstencionistas anunciados, que no escapan a la maldición terrorista contra los tibios. De todas estas actitudes, la de Eta ofrece su genuina elocuencia, no ya porque amenace, que es lo suyo, sino porque después de instalar a Batasuna, con los atentados de Santa Pola y Torrevieja, en la rampa do la ilegalización, facilitando el diagnóstico gubernamental de su sociedad con la banda armada, apadrina a la coalición «abertzale» y se presenta como el primo de zumosol de los Otegui y compañía.

Eta ha encontrado lo que buscaba con el cese de la pausa que tenía establecida: cerca de cuatro meses sin matar, aunque no sin urdir preparativos de muerte y destrucción. Sabía perfectamente que después de la Ley de Partidos, la cuenta atrás de la ilegalización de su brazo político comenzaba con el primer atentado. Y apretó el pulsador. Batasuna tuvo que hacer lo de siempre: no condenar los crímenes. Eso bastaba.

Es lo que la banda quería: cargarse de «razón» con una ley de aplicación difícil. Para Otegui, Permach y el resto de la cuadrilla, la cosa es distinta. Saben que no perderán ahora el acta en el Parlamento de Vitoria, pero se quedarán sin los beneficios de la legalidad, incluida la financiación, lógicamente, de su formación política. Se supone que en este sistema de «privaciones» no entrarán los haberes inherentes al acta. O sea, estarán sin estar o no estarán estando. Puede que en el fondo les resulte divertido. El perfil aparentemente fantasmal de su situación no sería tan penoso como la larga espera de populares y socialistas durante los tres años restantes de la legislatura autonómica.

Y allí, en los escaños de enfrente, los ilegalizados que perdieron la marca dibujarán sus sarcásticas sonrisas mientras Eta continúa la matanza. Peor lo van a tener, sin embargo, los ediles batasunos, porque la vigencia de la ilegalización les alcanzará personalmente al coincidir sus efectos con los comicios del año 2003. Es decir, dentro de unos meses. ¿Se conseguirá que los votos de su clientela se queden en el vacío o habrá una artimaña que el Poder político no pueda neutralizar o contrarrestar? La esperanza de que el mundo «abertzale» se divida es demasiado remota. Como suele decirse, el miedo guarda la viña. Eta significa más metralleta y más sumisión de su entramado, incluido también su entorno.

Hacia el precipicio
Lucrecio Libertad Digital  16 Agosto 2002

Los hombres se destruyen. A sí mismos, aunque sea, con la mayor frecuencia, a través de la pantalla de los otros. Tal vez sea éste el más profundo deseo de lo humano: aniquilar. Y ésta la más honda de las certezas éticas, la sola: que toda la inteligencia humana se agota en la siempre frágil resistencia al deseo original de muerte. La muerte triunfa al fin; como una piedra lanzada hacia lo alto acaba por caer. La inteligencia –la ética o la estética–se agota en el esfuerzo, tan tenaz cuanto fallido, por prolongar su vuelo. Resistimos a lo inexorable. En el curso de esa resistencia somos hombres. Retornamos, al fin, vencidos, a la inercia mortuoria de la naturaleza. Y en ese efímero esfuerzo se cifra la grandeza que cabe en la mínima tragedia de ser hombre.

Los hombres se destruyen. Al principio, les es precisa aún una coartada. Religión o política (esa religión laica de la edad moderna) prestan su exuberante camuflaje a lo que cabe, en realidad, en el puñado sombrío de básicos instintos de la bestia predadora (y, sin embargo, hablante, y, al serlo, capaz de tanta inmerecida belleza) que somos. Se destruyen. A sí mismos a través de sus víctimas. A sus víctimas a través del lienzo abigarrado de imágenes, liturgias, providencias, destinos que componen la minuciosa fantasía que llamamos historia.

El inminente dar a luz un hombre nuevo, exento de miserias y dolores, opera como primordial profecía que justifica todo. Sufran tantos empíricos sujetos (de los míos como de los otros), desencadénese el dolor que precede al gran alumbramiento, arrase el vendaval del futuro a los inacabados hombres actuales...; vendrá luego el tiempo de la plenitud infinita para el infinito humano. A ese tiempo más allá del tiempo, las religiones de salvación llamaron apocatástasis; cambió su nombre por el –laico– de revolución, hace dos siglos. En la segura consumación de los tiempos (del tiempo ascendente al cual la Ilustración diera nombre de Historia), no hay muerte, no hay horror que no sea humanitario. Y necesario. E imperdonable cualquier debilidad del ejecutor, en la precisión de cuya mano armada se juega el pronto advenimiento de la humanidad ya consumada.

No, no hay sadismo o morbidez mental en el gesto indiferente de hacer saltar a una cría de seis años por los aires. No, si es esa nadería llave para que el tiempo del fin de todo sufrimiento acontezca. Diez millones fueron aniquilados en los campos nazis con tal lógica. Las cifras del Gulag o de Pol-Pot son casi incuantificables.

“El buen estratega”, escribía el gran Sunzi en su milenario Arte de la guerra, “somete a las fuerzas enemigas sin combatirlas, toma las fortificaciones enemigas sin atacarlas, desmembra los Estados rivales sin permitir que las acciones militares se prolonguen”. Pero el arte refinado de Sunzi busca la victoria militar. Y ETA ya no busca eso. ETA no busca ya nada que no sea la destrucción propia a través de la destrucción ajena. No es política. No es siquiera arte guerrero. Es pulsión de muerte. Irracional, feroz. Tectónico atavismo de predador acorralado.

No. No hay sadismo. Que nadie se engañe. No existiría problema de verdad grave –más allá de la personal anécdota hospitalaria–, si se tratara de eso. Sí una lógica acerada e inclemente. Cercana la Ciudad de Dios sobre la Tierra, los ángeles de fuego depuran el camino. Y Pascal sabe –allá por el lejano siglo XVII– qué es lo que ser ángel significa: “quien se empeña en hacer de ángel, hace de bestia”. Sabe también que toda la historia de los hombres, toda su irrisoria tragedia, se resume en una sola desesperada imagen: “Corremos despreocupadamente hacia el precipicio, una vez que hemos puesto delante de él una pantalla que nos impida verlo”.

Ilegalizar el negocio del terror
Ignacio Villa Libertad Digital  16 Agosto 2002

La respuesta de los terroristas al proceso de ilegalización de Batasuna ha sido la esperada. Están haciendo lo único que saben hacer: matar y amenazar. La banda terrorista ETA ha reaccionado como era previsible, aunque con más nerviosismo del esperado. Los terroristas y sus cómplices batasunos muestran desde hace días una aparente actitud de fuerza, que en el fondo sólo muestra un gran desconcierto. No saben qué hacer con la que se les viene encima. Desde luego que pueden seguir por el mismo camino de amenazas, gritos y asesinatos; pero son conscientes de que esa vía, sin los ingresos de las subvenciones "oficiales" no tiene recorrido. ETA y Batasuna son, al fin y al cabo, un negocio montado en torno al asesinato, la extorsión, el miedo y la barbarie; y se les van a cerrar de golpe muchos cauces habituales de ingresos económicos. Sus cuentas corrientes entrarán en números rojos.

Son muchos los que viven de este montaje, son muchos los que han hecho una forma de vida de la estrategia del terror. Ahora, de repente, se van a quedar en la calle y sin dinero.

ETA y Batasuna han fabricado desde hace años una gran trama mafiosa fundamentada en las pistolas y en los coches-bomba, una estructura de apariencia política y de fondo mafioso que necesita dinero para mantenerse. Sin esos ingresos, que les llegan especialmente gracias a su presencia en ayuntamientos y en el Parlamento vasco, el negocio de etarras y batasunos se descompone.

Precisamente, la ilegalización de Batasuna, además de que la democracia pueda cumplir la obligación de no permitir que sus propios enemigos sobrevivan a su costa, tiene como uno de sus grandes objetivos "dar donde más les duele", y ese punto es el del dinero y el de sus ingresos "oficiales". Sin perros ya no hay rabia, sin dinero se puede ahogar con más rapidez de la esperada el núcleo mismo del terrorismo.

No hace muchos meses, cuando desde el Gobierno de Aznar se insistía en que la banda terrorista ETA y Batasuna eran lo mismo, el nacionalismo vasco y sus compinches de Izquierda Unida clamaban por las acusaciones del Ejecutivo de Madrid. Hoy, cuando la unidad de criterios, de objetivos y de estrategias es evidente, ya nadie duda de esa identidad. Pero ahora, la argumentación que se esgrime desde el PNV es que la ilegalización de Batasuna es peligrosa, va a provocar una gran tensión política y los efectos van a ser perjudiciales para todos. Como pueden observar, son "razones de peso" avaladas por la trayectoria de ineficacia, incoherencia y mentiras a las que nos tienen acostumbrados los nacionalistas.

Etarras y batasunos están nerviosos, desconcertados y no aciertan a reaccionar. Pero el nacionalismo vasco va mucho más allá. Está entrando en un periodo de absoluto descontrol. Obsesionados por salvar a Batasuna, los nacionalistas han entrado en una dinámica de complicidad abierta con el brazo político de ETA. El nacionalismo vasco se ha sumergido en una espiral de torpeza y de enquistamiento que no permite rectificación alguna. Se está cerrando todas las puertas bruscamente conforme avanza a toda velocidad por un camino sin retorno, de la mano de Batasuna, que ellos mismos han emprendido, como lo confirman sus propias declaraciones. Ellos han escogido sus compañías. Y ellos han escogido su triste futuro.

LA QUEMA DE BANDERAS, UN SINTOMA DE INTOLERANCIA QUE QUEDA IMPUNE
Editorial El Mundo 16 Agosto 2002

Vuelve con más fuerza que nunca la guerra de las banderas. Las fiestas de las capitales vascas son un caldo de cultivo perfecto.Ayer en San Sebastián miembros de Batasuna protagonizaron un homenaje a la ikurriña que se desarrolló en los alrededores del ayuntamiento. Joseba Alvarez provocó en su mitin los gritos enardecidos y clarificadores de los abertzales: «La lucha es el único camino» y «Dale hasta ganar». Sin duda, material de primera mano para añadir a las diligencias que se están practicando como argumentación jurídica para ilegalizar a la coalición.

Lo más grave sucedió al final cuando cinco encapuchados quemaron una bandera española junto al Bulevar, en pleno centro de la ciudad. Un acto vandálico que quedó impune ya que los ertzainas que estaban por la zona llegaron sólo para recoger las cenizas.

El respeto hacia la bandera, cualquiera que esta sea, debe ser un síntoma elemental de convivencia. Nadie en su sano juicio aceptaría que se prendiera fuego a una ikurriña cualquiera que fuese la ebullición del nivel pasional del momento. Los actos de San Sebastián demuestran el profundo desprecio de los radicales hacia las instituciones y valores de todos los españoles.

En Bilbao, la prueba de fuego -esperemos que no sea como ayer en el sentido literal de la palabra- tendrá lugar el viernes que viene en el Día Grande de las fiestas, la Aste Nagusia. Batasuna ya ha pedido que no sea izada en el ayuntamiento más bandera que la ikurriña. La cantinela, que se repite monótonamente cada año, tiene en esta ocasión tal vez un valor simbólico de más calado. El alcalde de la ciudad, Iñaki Azkuna, perteneciente al PNV tendrá que decidir si hace seguidismo de la postura abertzale o cumple simplemente la ley izando la bandera española y colocando a su lado, como es preceptivo y natural, la de la comunidad autónoma, o sea la ikurriña.

Parece evidente que en la actual situación no sería de recibo esa actitud intermedia con la que Azkuna ha querido, en otros años, nadar y guardar la ropa izando la bandera española para arriarla poco después de manera vergonzante.

Los obispos de Bilbao y San Sebastián tuvieron ayer un marco solemne para impartir su doctrina. Ricardo Blázquez, en la basílica de Begoña, estuvo más rotundo que en otras ocasiones. Manifestó que era «una prioridad básica» que la organización terrorista ETA dejara de existir. Encomendó además a la protección de la Virgen «a las víctimas del terrorismo y a sus familias».

Juan María Uriarte, el obispo de Guipúzcoa, habló ayer en la basílica Santa María del Coro, en el Día Grande de las fiestas de San Sebastián. Se limitó a decir que la convivencia empeora y que sólo queda la esperanza. La esperanza puede ser un buen alivio psicológico pero sólo los actos valientes y adecuados moverán el problema hacia su solución.

Más allá del silencio
ANTONIO ELORZA El País 16 Agosto 2002

Antonio Elorza es catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense.

Al plantear el tema de la ilegalización de Batasuna, viene insistiéndose en que el partido abertzale no condenó el atentado de Santa Pola. El silencio culpable serviría entonces de base para iniciar el proceso de exclusión de la legalidad en los términos previstos en el artículo 9 de la Ley de Partidos Políticos. Pero la verdad es que Batasuna no calló. Su máximo dirigente y portavoz, Arnaldo Otegi, explicó en una rueda de prensa tras lo que él llamaba 'sucesos' -en euskera la mención era más explícita: 'acción armada', 'ekintza armatu bat'-, que existían unas responsabilidades muy claras por el luctuoso acontecimiento, y que las mismas correspondían a 'Sharon-Aznar' (sic), culpable de impulsar 'la aniquilación de la izquierda abertzale y la aniquilación del proyecto nacional vasco'. Es más, con la mentira en la boca, ya que fue ETA la que suspendió los contactos, acusa también a Aznar de haber asumido una posición 'conscientemente provocadora y saboteadora' que hizo fracasar la tregua 'indefinida' (nuevo sic) de ETA después de Lizarra.

En suma, Otegi, y con él Batasuna, proceden a una exculpación absoluta de ETA respecto del crimen de Santa Pola, y no sólo eso, de acuerdo con una estrategia del discurso típicamente nazi -una vez más la reproducción del 'arbeit macht frei' de Auschwitz-, el culpable del crimen resulta ser quien se opone a los asesinos. Implícitamente, la 'acción armada' de ETA es absuelta mediante esa transferencia de responsabilidad. Batasuna asume así la defensa del terrorismo desde la legalidad que obviamente ETA no puede llevar a cabo, y por si Otegi se quedó corto, la manifestación de Donostia aclaró aún más las cosas con el 'gora ETA' y el 'Ertzaina, zipaio, pim, pam, pum': eso no es libertad de expresión, juez Perfecto Andrés y diputado Anasagasti, sino clamorosa incitación al crimen político. Hay que aferrarse a la convicción de que nunca es posible aceptar la pena de muerte para no evocar en este caso, como en el de las matanzas y destrucciones ordenadas por Sharon o en el de los torturadores y asesinos de Lasa y Zabala, pues la barbarie es plural, la pertinencia de una justicia de excepción como la que aplicaba Bertolucci al fascista Atila en Novecento. La única virtud que contiene el episodio consiste en poner de manifiesto la radical inhumanidad de quienes promueven desde Euskadi la violencia y el terror. La conclusión es clara: si ello es factible, no deben tener cabida en una legalidad democrática.

Hasta el final de la tregua pudo pensarse en la aplicación a Euskadi del modelo norirlandés, considerando que la existencia de un partido legal coordinado con la banda terrorista desembocaría en una autonomía creciente del primero que le convirtiera a fin de cuentas en interlocutor necesario para empujar a los terroristas hacia la senda de la paz. Hicieron nacer esa esperanza en 1998-1999 alguna declaración de Euskal Herritarrok contra la violencia y las puntualizaciones de Otegi sobre el apoyo electoral mayoritario requerido para la independencia. El wishful thinking se mantuvo por un momento en las manifestaciones que siguieron al fin de la tregua: muchos informadores prefirieron no ver que la de los batasunos, Otegi la culminó con un sonoro '¡Gora Euskadi Ta Askatasuna!'. La fidelidad al Gran Hermano quedaba así públicamente garantizada, y en lo sucesivo los independentistas que rechazasen el terror sólo tenían como opciones el abandono de la militancia o su integración como disidentes en el que es hoy el grupo Aralar.

El espejismo se disipó y, con la ayuda de las investigaciones del juez Garzón, fue cobrando perfiles precisos una realidad que antes era únicamente en sus líneas generales por los análisis de sociólogos e historiadores. El mundo legal aglutinado por Batasuna no era sólo una trama de organizaciones partidarias de ETA, sino los tentáculos del pulpo, por usar la imagen de la piovra acuñada para la Mafia, mediante los cuales la propia ETA actuaba por grupo interpuesto en la sociedad civil, hacía ejecutar sus decisiones y reclutaba militantes. Esto, especialmente a partir de la organización juvenil Jarrai, protagonista de la kale borroka y sustentada en la peculiar sociabilidad de las herrikotabernas. No se trataba, pues, de dos estructuras convergentes en los fines, una clandestina y otra legal, sino de una sola estructura, centrada en ETA, que penetraba en la sociedad y en la política vascas por medio de un conjunto de organizaciones legales de especialización funcional, cuyo eje era Batasuna, la última mutación de HB. A través de sus componentes, ETA recogía información para los atentados, los preparaba de cara a la opinión pública, como fue el caso de la visita de gentes de Gestoras Pro-Amnistía al concejal durangués Pedrosa, pronto asesinado, o doblaba los atentados con amenazas y violencia contra los representantes estatutistas, tal y como ocurrió en Lasarte o en Portugalete. Resultaban fortalecidas así la intimidación contra las víctimas y el conjunto de los demócratas activos y la eficacia agresiva de los batasunos, quienes estaban en condiciones de difundir con toda impunidad las distintas variantes del '¡ETA, mátalos!'. En conjunto, un panorama de indefensión que un Estado de derecho no podía aceptar indefinidamente.

Es sabido cómo a partir de los primeros días de 2000 Garzón fue tirando de la madeja con la documentación disponible para mostrar cómo cada una de esas organizaciones subalternas, de Xaki a Gestoras Pro-Amnistía y Jarrai/Haika/Segí, respondían a una articulación dependiente respecto del centro de decisiones etarra. La labor investigadora culminó hace poco más de un mes con el bloqueo de cuentas a la propia Batasuna, por considerarla 'una especie de empresa-pantalla en la que actúan unos administradores de derecho, pero que obedece a las directrices de los administradores de hecho que dirigen la empresa matriz: ETA'. ETA protagonizaba de hecho la kale borroka, ejecutada por los militantes juveniles 'perfectamente amparados, impulsados y coordinados' por Batasuna o sus predecesoras. Desde este punto de vista, de nada sirve mantener a Batasuna en la legalidad, ya que, como se vio durante la tregua aquí, Arnaldo Otegi no es Gerry Adams: el interlocutor es ETA. Y mantener a Batasuna en la vida legal equivale de hecho a permitir una fraudulenta legalidad de ETA.

Por otra parte, la reanudación de la guerra contra el Estado a partir de diciembre de 1999 se salda hasta el momento con una importante derrota parcial de ETA, que ha visto cómo eran desmantelados uno tras otro los comandos reconstruidos durante la tregua con abso

luta tranquilidad y bien provistos de explosivos franceses. Ha sido un mentís claro al tópico tantas veces repetido de que no cabe una eliminación de ETA por vía policial. Hasta los bondadosos obispos vascos lo temen, y por eso afirman que no es buena solución: por criminal que sea el terror, más vale el diálogo, dicen. El hecho es que, si funciona a pleno rendimiento la colaboración hispanofrancesa, ETA sólo podrá mantener una supervivencia precaria, como la del primer semestre de este año. Además, tampoco ETA deja otra solución, tal y como muestran sus comunicados y las declaraciones de su recadero parlamentario Otegi: es preciso desenganchar cuanto antes la máquina y avanzar 'democráticamente' en esa mal llamada 'construcción nacional' de Euskal Herria desde Bayona a las puertas de Logroño. No existe un ápice de rectificación en esa confrontación delirante con 'el jacobinismo francés' y 'el fascismo español' -aún hay clases-, y la inmutable 'alternativa democrática' de 1995, todavía vigente, se apoya como primer ejemplo en Palestina. 'Mientras condenen a muerte a Euskal Herria', afirma un comunicado del pasado junio, 'ETA seguirá luchando'. Pero de momento, la ofensiva iniciada en enero de 2000 fracasó, EH se hundió ante el PNV en las elecciones de mayo de 2001 y la huida hacia delante en el proceso de intimidación de tipo nazi facilita la perspectiva de una ilegalización general del entramado ETA, algo que, como es lógico, para nada gusta a la organización. Por eso Otegi pide árnica a Ibarretxe y al nacionalismo democrático. Cabe todavía una reorganización que prolongue la estela de muertes. A la vista de lo ocurrido estos dos años y medio, ¿para qué?

Eso no significa, empero, que el camino de la ilegalización sea fácil. Para empezar, durará meses, y en ese plazo ETA tratará de forzar al máximo la máquina de movilizaciones, violencia y atentados. Por añadidura, sin ser jurista, cabe augurar que no será fácil en el Constitucional confirmar la culpabilidad del silencio prevista en el artículo 9 de la Ley de Partidos Políticos. Y quedaría Estrasburgo. Un camino sembrado de obstáculos en cuyo curso una sentencia de devolución de legalidad a Batasuna tendría un lamentable efecto bumerán sobre la política vasca.

Homilía contra ETA
Editorial ABC  16 Agosto 2002

El obispo de Bilbao, monseñor Blázquez, lanzó ayer un duro alegato contra ETA, con unos términos que le desmarcan de la tendencia ambivalente de la carta pastoral que firmó con los obispos de Vitoria y San Sebastián. En esta pastoral, con el título «Preparar la paz», los prelados del País Vasco dejaron constancia de su condena sin paliativos a ETA, pero añadieron unos juicios impertinentes sobre el derecho de autodeterminación, la paridad de todos los proyectos políticos y la inconveniencia de la ley de Partidos, en clara sintonía con el discurso del PNV y de Ibarretxe. La carta no era ambigua contra ETA, pero sí mezclaba en una misma reflexión la ilicitud moral del terrorismo con la licitud política de los objetivos nacionalistas, junto a un disparatado ataque contra la ley de Partidos. En la pastoral, los obispos advertían sobre las «sombrías consecuencias» de la aplicación de esta ley, «sean cuales fueren -decían- las relaciones existentes entre Batasuna y ETA», y dudaban de que fuera a mejorar la seguridad de los amenazados. Frente a este planteamiento, y sin ley de Partidos aplicada, los obispos pueden mirar al párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, marcado por el nacionalismo y con escolta. Además, tras el asesinato de la pequeña Silvia y de Cecilio Gallego en Santa Pola queda claro que ninguna iniciativa contra ETA y su entramado puede empeorar la situación.

Ante este cúmulo de ofensas al mensaje cristiano, Blázquez ha ceñido a ETA el mal que sufre el País Vasco. Pidió que su desaparición sea la prioridad de las fuerzas políticas y mostró su apoyo a las víctimas del terror. No hubo adiciones políticas compensatorias ni balanceo filonacionalista. Sólo una condena unívoca a ETA y, en este sentido, su homilía se aleja de la polémica pastoral para acercarse a las recientes declaraciones del arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco, y del obispo de Pamplona, Fernando Sebastián, quienes no sólo reiteraron la condena a ETA, sino también la plena adecuación de la ley de Partidos a la ley moral y a los derechos humanos.

Es evidente que la jerarquía de la Iglesia está avanzando en un mensaje definitivo sobre el terrorismo, que habrá de ser preparado por la Conferencia Episcopal. Será entonces cuando se depuren las polémicas sobre la actitud de la jerarquía eclesiástica vasca y se ofrezca a la sociedad la posición común de la Iglesia ante la mayor amenaza para las libertades y las instituciones democráticas. El dolor que causa ETA acaba haciendo insoportables las tibiezas cuando se ha de formar una opinión que, como la de los obispos, arranca del «no matarás». Todas las incursiones de los prelados en definir contextos históricos y políticos del terrorismo han sido piedra de escándalo y rotundos fracasos para aquellos que decían buscar la paz y la reconciliación. Una y otra sólo se alcanzaban sobre la base de la justicia, y tratándose de ETA y de sus cómplices políticos, esa justicia es la que imparte el Estado de Derecho, con la Constitución como su piedra angular. Esta arquitectura ética del Estado es coherente con la sencilla petición de Blázquez de que la desaparición de ETA sea prioritaria y por eso es probable que el obispo de Bilbao pase a ser otra vez «el tal Blázquez» con que fue recibido por Arzalluz. En definitiva, aunque Blázquez sólo haya pedido la desaparición de ETA, el nacionalismo se sentirá defraudado porque no hay mención al conflicto multisecular ni al derecho de autodeterminación ni demás fetiches del ideario nacionalista. Para el nacionalismo, las condenas a ETA sólo son admisibles si van acompañadas de invectivas contra el Estado. Blázquez no ha repetido el error y suma su magisterio al esfuerzo de tantos otros obispos que, al hablar de ETA, no se preocupan por las críticas del nacionalismo sino sólo de los principios cristianos.

Consejero de Justicia: ¿ubíquese!
Pablo Mosquera es secretario general de Unidad Alavesa La Razón 16 Agosto 2002

El nacionalismo vasco tuvo en la ambigüedad un método para estar entre el cielo y la tierra, y así poder justificar lo injustificable. Quizá el mejor dotado para tal conducta fue el lehendakari Garaicoechea, que siempre trataba de caer de pies tras dar el salto mortal, hacia atrás y con pirueta de circo. De esto no habla en su autobiografía de despedida de la política activa. Como todos los líderes, dejó escuela. Así en EA hay de todo. Desde garrulos que llegan a ser consejeros de Trabajo y se hacen insumisos, hasta consejeros de Justicia que están dispuestos a ser los primeros que vulneren las Leyes del Estado de Derecho. Ahí me sitúo. En la personalidad y responsabilidad del actual consejero de Justicia del Gobierno vasco. Por cierto, sobrino de aquel general que Eta asesinó a la salida de misa en mitad de su pueblo alavés de Salvatierra, y donde nadie había visto nada sospechoso, antes y después de la hazaña.

Cuando le creíamos dedicado a la publicidad de Caja Laboral, miembro instrumental del nacionalismo vasco económico y crediticio, nos vimos sorprendidos con su vuelta a la gestión gubernamental, y nada menos y nada más que siendo la voz de la justicia vasca. Siempre se pronuncia pública y rápidamente sobre los asesinatos de Eta. No vaya a ser que su silencio lo tome a mal algún juzgado de guardia y le apliquen la Ley contra malhechores. Pero tras el ritual de las setenta y dos horas, que tenemos comprobado dura la reprobación por las víctimas, volvemos a escuchar sandeces y arrumacos con el MLNV. Eta ni ha cambiado, ni puede cambiar; salvo que su situación de medios a disposición cambien. Dinero y cantera son los dos elementos básicos para mantenerse en el operativo. Lo de la cantera, tiene mucho que ver con esos ochenta cachorros procedentes de la lucha en la calle que al parecer se han escapado de sus hogares y han pasado a la clandestinidad.

Pero, la pregunta del millón es ¿qué responsabilidad tienen los que mandan en el País Vasco en que Eta siga disponiendo de cantera juvenil? Por una parte, identificamos las consecuencias del sistema educativo vasco, responsabilidad exclusiva del Gobierno vasco, que produce jóvenes vascos, alegres y combativos, capaces de emborracharse con los cócteles de gasolina y el humo que producen sus incendios en los enseres de quienes no acatan la voluntad de ser independientes y enemigos de España. Por otra parte, mordaza a la Policía autónoma vasca, que sabe mucho y puede mucho más, si la dejan actuar, y no la usan con sordina para mostrar al MLNV que con los otros en el Gobierno, la Policía puede ser un arma letal para el fundamentalismo. Pero, la guinda del pastel es la conducta de un consejero de Justicia que tiene su propia interpretación de la ética, cuando está por la labor de defender los derechos del pueblo vasco, por encima de los derechos de las personas.

Quizá así se explica que tras la declaración calculada y enlatada, contra el execrable crimen del momento, pasemos al discurso de los Derechos Históricos por los que Eta se siente legitimada para seguir matando. Estamos a la espera de escuchar al miembro de EA y al mismo tiempo del Gobierno que administra las competencias que salen de la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía sobre lo que se debe hacer para cortar los lazos de unión entre Eta y el «pueblo», en el que el nacionalismo moderado por los gestos tras los atentados, actúa de intermediario. Será difícil que una conducta ambigua sea comprendida, por ejemplo, por los padres de la niña de Santa Pola, aunque sean miembros de la querida familia del Benemérito Instituto, acostumbrados a llorar en silencio a sus muertos.

Protagonistas de la libertad
Jaime LARRÍNAGA La Razón  16 Agosto 2002

Sin desearlo me he convertido en tema de polémica durante estas últimas semanas a consecuencia de que la prensa se hizo eco del señalamiento del que he sido víctima por parte del Ayuntamiento nacionalista de Maruri y de convertirme, por esa grave y anómala circunstancia, en un párroco con escolta. Lo primero que quiero hacer es dar las gracias a todos los que de una forma u otra me han apoyado en este duro trance y entre ellos al cardenal Rouco Varela, a los obispos Blázquez y Echenagusia, a Aznar y a Rodríguez Zapatero, a las gentes de la Fundación para la Libertad, a los que han escrito artículos y cartas en mi defensa y a tantos ciudadanos anónimos que me han hecho saber que no estoy solo. No citaré por el nombre a los que me han atacado porque personalizar sólo sirve para añadir acíbar a un café ya de por sí bastante amargo pero sí me parece que tengo derecho a defenderme de los argumentos con los que se me ha tratado de descalificar y de las calumnias o falsedades que se han dicho sobre mí por mala fe o desconocimiento.

Ha habido quien me acusaba de abandonar el ministerio sacerdotal por hacer uso de mi libertad de expresión y denunciar la situación de las personas amenazadas y el abandono de las víctimas del terrorismo en el País Vasco cuando con ello no hacía sino ejercer un derecho ciudadano al que no he renunciado por ningún voto religioso y ser fiel al Evangelio. Ha habido quien me aconsejaba «ser sacerdote y sólo sacerdote» en un artículo que él firmaba como «sacerdote y periodista» en un alarde de misteriosa coherencia. Ha habido quien después de llamarme públicamente «hermano» y usar conmigo un tono pretendidamente fraterno me clavaba el puñal aconsejándome que me fuera de Maruri porque mi presencia dividía al pueblo. Simplemente ese estilo indirecto e hipócrita, esa falta de sinceridad y nobleza para atacar sin piedad a alguien por quien no se siente ninguna inclinación fraternal ni respeto siguiera delataba su talante moral. A ello hay que añadir el carácter atroz del propio argumento.

Por un lado, una sociedad democrática es aquella en la que caben todos los ciudadanos que respetan las leyes, aquella que no es uniforme sino varia y plural, aquella que puede dividirse a su gusto políticamente y que ampara, no estigmatiza ni expulsa, a quien ejerce y predica esa pluralidad.

Por otro lado, ¿no sería ese argumento una garantía para que se perpetúe y crezca la dramática diáspora de exiliados que ya tiene hoy el País Vasco? Primero fueron los policías, luego los jueces, los concejales y demás representantes del PSOE o del PP, los periodistas no nacionalistas... ¿Cuántos debemos abandonar Maruri, Vizcaya o el País Vasco en general para que reine aquí la armonía? ¿No estará la falta de armonía precisamente en el hecho de que tanto ciudadano se tenga que ir? ¿No empezó la tragedia del País Vasco precisamente el mismo día en que tuvo que abandonarlo el primer ciudadano o en que tuvo que abandonar ese pueblo, ese barrio, esa calle donde vivía? Ha habido también quien me ha tachado de insolidario con los curas de mi Diócesis por no aportar cantidad alguna a la Caja de Compensación cuando sólo me sustento económicamente con el sueldo de mi trabajo profesional educativo y mi sueldo de sacerdote revierte íntegramente a dicha caja y a mis compañeros.

Ha habido hasta quien me ha garantizado verbalmente que Eta no va atentar contra mí por el hecho de que me señalen y difamen los representantes del PNV, EA y Batasuna en un ayuntamiento. ¿Tan bien conoce esa persona los criterios de Eta? ¿Sabe más de Eta que las fuerzas de seguridad? ¿Aspira a ser ministro de Interior o tiene influencia sobre Eta? ¿Tan raro le resulta en la situación que vivimos que yo prefiera no esperar a saber si soy o no soy un objetivo terrorista? ¿Tan raro es que uno se sienta desprotegido cuando hacen una campaña contra él los tres partidos nacionalistas de un pueblo? ¿Se le puede echar en cara a alguien que proteja su vida cuando la percibe amenazada aun suponiendo que esa percepción fuera exagerada? ¿Es noble y cristiano burlarse del miedo del otro?

Ha habido quien me ha acusado de cacarear mi condición de escoltado y me ha responsabilizado hasta de los reportajes que los periodistas han hecho sobre mí o sobre Maruri. Ha habido quien ha hablado de «montajes». Quiero dejar claro que yo sólo soy responsable de las palabras que he firmado y de las que han aparecido convenientemente entrecomilladas en la prensa.

Yo no tengo la culpa de que un párroco con escolta resulte pintoresco y llamativo para los medio de comunicación. Ni he proclamado esa condición ni la he ocultado porque no tengo que esconderme ni avergonzarme de nada. Yo no he buzoneado ningún domicilio calumniando a nadie. Esa acción es la desencadenante de lo que ha sucedido y el verdadero montaje. Naturalmente que ha habido un montaje, un montaje del que son responsables los autores de ese buzoneo así como quienes obedecen consignas y siguen atizando la hoguera para insultarme cuando yo daba este asunto por zanjado. Hay un montaje en hacer polémica de algo que no es polemizable ni cuestionable: mi libertad de expresión y el que pueda ejercer ese derecho sin que ello afecte a mi trabajo y a mi sacerdocio.

Ante ese montaje yo ahora pregunto: ¿Habría habido una campaña semejante contra un modesto párroco como yo de no presidir el Foro de El Salvador? Eso es lo que está detrás del «montaje», de tanto sacar a colación a Maruri y a la imagen de Maruri a la que yo jamás he perjudicado: el intento de neutralizar cualquier foro crítico con el nacionalismo. Ha habido quien, justificando infantilmente toda esta grave campaña, me ha acusado de querer ser «protagonista» como si eso fuera pecado mortal y mereciera hasta el asesinato. Bien, de acuerdo, admitamos mi protagonismo, bien triste por otra parte. ¿No es ése un vicio de moda? ¿No es esta una sociedad llena de protagonistas? ¿Se les persigue y se les señala a los chicos de «Operación Triunfo» por eso? ¿No es ése reproche de protagonismo una nueva versión de aquella acusación de «significarse contra el régimen» que usaban los franquistas contra el disidente?

A quien luchaba contra la dictadura se le decía entonces: «no te signifiques». A todo el que lucha hoy por la libertad se le dice que no tenga «afán de protagonismo» como si no tuvieran dicho afán los que usan los medios de comunicación para intimidarnos, insultarnos y hacer su propaganda o esos muchachos que asesinan y posan sonriendo ante los fotógrafos durante los juicios. Los protagonistas existen en aquellos ámbitos en los que es anónima la mayoría. Yo animo a todos los vascos a que sean «protagonistas de la libertad». Si todos los ciudadanos de la Comunidad autónoma vasca fuésemos «protagonistas de la libertad» ya no lo seríamos ninguno afortunadamente. ¿Qué gran cosa sería vivir en el anonimato de la convivencia y la normalidad democráticas!

Nos cuentan que...
Impresiones El Mundo  16 Agosto 2002

El inicio del proceso para solicitar al Tribunal Supremo la ilegalización de Batasuna desde el Congreso está causando una división notable entre los dirigentes y cuadros de CiU. Primero fue Josep Antoni Duran Lleida y después el propio Jordi Pujol los que tuvieron que intervenir públicamente para recomendar a Xavier Trias y a Pere Macias, el secretario general adjunto de CiU, que dejaran de apostar tan claramente por la abstención.Pero el debate no se ha cerrado. En juego está también la estabilidad del Gobierno de la Generalitat, aunque desde el PP de Cataluña se asegure que la actitud de CiU respecto a Batasuna no debe repercutir en la colaboración y en los pactos entre populares y nacionalistas. Existen, sin embargo, convicciones personales muy importantes que pueden decidir el voto de CiU. Jordi Pujol se retira de la primera línea política y en su historial, se asegura desde las filas nacionalistas, no le gustaría que quedara registrada la ilegalización de una formación política, aunque se la acuse sin tapujos de amparar los actos terroristas de ETA.La convicción personal de Pujol y Trias será determinante, al margen de los cálculos políticos y la estrategia de futuro de los nacionalistas que puedan defender dirigentes como Artur Mas o Duran Lleida.

Cortázar insiste en que «el PNV justifica a ETA»
AGENCIAS/BILBAO El Correo 16 Agosto 2002

El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto, Fernando García de Cortázar, afirmó ayer que «el PNV está justificando, o por lo menos, no tratando de parar los crímenes de ETA y Batasuna». Para este catedrático vasco «la política debería tener un fuerte comportamiento ético», componente que, a su juicio, no se observa «en la actuación del PNV, que comprende a gente que asesina, vitorea, y utiliza la violencia para conseguir fines políticos».

Según este jesuita, las medidas impulsadas por el Gobierno español, como la Ley de Partidos, «son absolutamente necesarias», porque «resulta grotesca la paradoja de que podamos llamar partido político a una organización que jalea a los asesinos».

García de Cortázar sostuvo que «la civilización y la democracia tienen que defenderse de la barbarie», y se mostró partidario de ilegalizar a los partidos que «tienen como expresión la violencia, que siembran el odio a los demás».

«Si en un momento se les legalizó porque no habían tenido este recorrido, es evidente que hay que deslegalizarlos en la actualidad, porque no oponerse a la barbarie es otra forma de barbarie», argumentó.

Blázquez quiebra la unidad de discurso de los obispos vascos al exigir el fin de ETA
BILBAO. ABC 16 Agosto 2002

Tras el apoyo del presidente de la Conferencia episcopal, Antonio María Rouco, a la ley de Partidos, el obispo de Bilbao, monseñor Blázquez, rectificó ayer sus últimos posicionamientos al subrayar la «perversión moral» que supone el asesinato como instrumento para lograr objetivos y respaldar a las víctimas del terrorismo.

Durante una misa oficiada en la Basílica de Begoña, Blázquez recuperó la firmeza contra ETA y los grupos que le apoyan, perdida con motivo de la elaboración de la pastoral en la que, junto al resto de los prelados vascos, se mostraban contrarios a la ilegalización de Batasuna. Así, afirmó que es una «priodidad básica» que «deje de existir la organización terrorista que desde hace tantos años amenaza la vida, la libertad y la convivencia». Prioridad en la que «todos los ciudadanos de paz debemos estar unidos».

En otra muestra de rectificación, tuvo un especial recuerdo para las víctimas de ETA, que se han sentido despreciadas por las últimas manifestaciones de los prelados vascos. «Quiero recordar, apoyar y encomendar a la protección de la madre de Dios -dijo Blázquez- a las víctimas del terrorismo y a sus familias; a los supervivientes a atentados que han dejado en su cuerpo y en su espíritu profundas heridas; a los amenazados por la violencia persecutoria que pone en peligro su vida y afecta diariamente a sus familias, recorta injustamente su libertad y los impulsa a veces a dejar con profundo dolor su pueblo buscando seguridad».

Frente a la tradicional ambigüedad de los obispos vascos respecto a la barbarie de ETA, el obispo de Bilbao recordó el mandamiento «no matarás». En esta misma línea, subrayó la «gravísima perversión moral que implica el disponer de la vida de otras personas como instrumento para alcanzar objetivos políticos».

Las palabras de monseñor Blázquez se escuchan días después de que el presidente de la Conferencia Episcopal, Ángel María Rouco, mostrara su apoyo público a la ley de Partidos. Un pronunciamiento que fue interpretado como una desautorización a la pastoral publicada el pasado mes de mayo por los obispos vascos contraria a ilegalización de Batasuna con independencia de sus vinculaciones con ETA.

Paralelamente, el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, prefirió mantenerse en la posición tibia durante la homilía ofrecida en la Basílica de Santa María, a la que no pudieron acudir los concejales del PP por razones de seguridad. «Nos abatimos ante problemas graves y duraderos y, sin embargo, hay en nuestro espíritu un núcleo persistente que nos hace esperar contra viento y marea». El obispo se preguntó «cómo curar las heridas de las familias, cómo hacer desparecer la violencia» y «cómo avivar el diálogo» para «buscar y encontrar la salida». También se cuestionó, al parecer sin respuestas, «cómo aunar las opiniónes contrapuestas» y «cómo calmar la situación conflictiva que cada día empeora más entre nosotros».

El PP acusa al PNV de «encubrir» a ETA para evitar su derrota
«Los nacionalistas están pagando una prima por su seguridad con su rechazo a la ilegalización de Batasuna» El PSE pide al partido de Arzalluz que ponga fin a su estrategia de «crispación y confrontación permanente»
I. L./BILBAO El Correo 16 Agosto 2002

Carlos Iturgaiz considera que el PNV actúa como «abogado defensor» de Batasuna por su rechazo a que los jueces puedan declarar ilegal a la formación radical. El presidente del PP del País Vasco respondió ayer así al anuncio de Xabier Arzalluz de que el PNV votará en contra de la ilegalizacion de Batasuna en el pleno del Congreso de los Diputados del próximo día 26. En declaraciones a este periódico, Iturgaiz acusó a los nacionalistas de «elegir el camino marcado por ETA» y de ser «encubridores» de la banda, «porque no quieren ni su derrota social, policial ni judicial».

El dirigente popular considera «escandaloso» que el PNV no modifique su posición tras conocer las amenazas de ETA a todos aquellos que apoyen la ilegalización de Batasuna o se abstengan en el pleno parlamentario. «El PNV está pagando una prima por su seguridad, un salvoconducto para seguir viviendo con la comodidad de siempre, sabiendo que a ellos no les va a pasar nada», denunció Iturgaiz.

El presidente del PP vasco también se refirió a la advertencia de Arzalluz de supeditar el respeto de su partido a las reglas de juego democráticas al desarrollo íntegro del Estatuto. «El PNV sigue apostando por la ruptura con España, y está midiendo los tiempos para romper cuando más le interese», declaró. En su opinión, el posicionamiento del PNV demuestra que, «una vez más, Arzalluz impone sus tesis al Gobierno vasco.

Rafael Hernando, compañero de filas de Iturgaiz, criticó también ayer la postura adoptada por el PNV en relación a Batasuna. El coordinador de Comunicación del PP defiende la unidad democrática en el rechazo a ETA y su entorno, «para que nadie pueda interpretar que la tibieza, la cobardía o los intereses espúreos llevan a algunas fuerzas políticas a mirar para otro lado, abstenerse o, incluso, actuar como defensores de oficio de algo indefendible, como pretende el PNV».

«Sin complejos»
Para el representante del PP, la ilegalización de Batasuna va a ser una de las decisiones «más trascendentes e importantes en la lucha de la democracia contra el integrismo terrorista y decisiva para obtener la imprescindible derrota de ETA y sus cómplices». En su opinión, la democracia española debe actuar «sin complejos» ya que tiene la obligación de «defenderse frente a organizaciones totalitarias ilegalizando lo que por principio no es legal»".

También ayer, el portavoz del PSE-EE en el Parlamento vasco, Rodolfo Ares, respondió a la intervención del presidente del PNV con un llamamiento a la responsabilidad de ese partido para que no siga manteniendo «un clima de confrontación y crispación permanente». Ares considera que a la formación de Arzalluz, como partido más votado, le corresponde «más que a nadie generar un clima de entendimiento de tranquilidad, de sosiego para resolver los problemas que tiene pendientes la sociedad vasca».

El dirigente socialista se refirió a las declaraciones del portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, en las que señalaba que el Gabinete Ibarretxe no propiciará «escenarios de ruptura». Tras calificar esa posición como «moderada y clarificadora», Ares reclamó al Ejecutivo que «rectifique» el procedimiento del «chantaje o ultimátum» lanzado al Gobierno central para que en el plazo de dos meses transfiera las competencias pendientes.

Y desde el PSOE, su secretario de Organización, José Blanco, pidió al presidente del PNV que «no se deje influir por la amenaza de ETA» y rectifique la postura de su partido, «porque eso sería bueno» para el País Vasco. Blanco insistió en que «la libertad la atacan quienes asesinan y quienes apoyan a los que asesinan», y lamentó que los nacionalistas hayan preferido en este asunto «otros aliados» distintos pese a los intentos del PSOE por hacerle llegar sus posiciones.

El experimento Batasuna
EDUARDO CHAMORRO La Voz  16 Agosto 2002

SEAN CUALES SEAN los lazos, relaciones, contactos, dependencias y reciprocidades de ETA con Batasuna y de Batasuna con ETA; sea cual sea su grado de evidencia, oscuridad y oportunismo, más allá y más acá del entramado objetivo y subjetivo, a un lado y a otro de lo que la autodenominada izquierda abertzale piense de sí y pretenda de los demás, la cuestión Batasuna entraña un malestar interno natural que arranca de su origen, concepto y metodología. A diferencia de los partidos demócratas, Batasuna no surge de una normalización asumida e históricamente asentada desde dentro de las organizaciones políticas. Batasuna es el resultado de un posibilismo experimental, de una política de laboratorio que consiste en la investigación y explotación de un terreno legal por parte de unos exploradores enviados por quienes no están dispuestos a abandonar el territorio de la ilegalidad.

Los brazos políticos de las organizaciones armadas suelen corresponder a los intereses negociadores del sector más moderado de entre quienes constituyen el radicalismo armado en cuestión. Esa distinción necesita unos rasgos nítidos y un carácter lúcido y autónomo desde el que desarrollar una política auténticamente política, es decir, una política que defienda las posibilidades tácticas de una estrategia de acuerdo con las diferentes condiciones y los diversos planteamientos. Las condiciones y planteamientos de las democracias contemporáneas tienen que ver con un consenso básico de convivencia en el sentido de que los problemas se planteen y resuelvan sin que nadie gane todo ni lo pierda (y, mucho menos, la vida). Es lo que, en mi opinión, Batasuna no ha sabido hacer desde el momento en que desistió de actuar como partido político y prefirió trabajar con el perfil mucho más nítido de portavoz, unas veces, y apoyo, otras, de una organización armada. Eso es, al menos, la percepción que el ciudadano tiene de Batasuna, y no creo que su cúpula dirigente, sus bases militantes y los núcleos de sus activistas estuviesen dispuestos a ponerla seriamente en duda.

El experimentalismo de Batasuna nunca se planteó la imagen ni la actividad de un partido político normal. Batasuna se ha limitado a poner en la escena parlamentaria la voz de un grupo armado. Todo cuanto constituye la práctica abierta y transparente de un hecho público a la luz política del Parlamento es un territorio cuyos códigos no son reconocidos por Batasuna, puede que porque no quiera, puede que porque no pueda, puede que por ambas cosas y porque le resulte imposible. Esa imposibilidad de autonomía política es el efecto de la asimetría entre ETA y Batasuna, de una desigualdad y dependencia dictadas como incoercible premisa que hace impracticable la ecuación. El experimento estaba tan condenado al fracaso como lo está su replanteamiento. Lo malo es que las hipótesis experimentales cambian muy poco a poco. En esos laboratorios la noche es larga, y terco el insomnio.

El mal del nacionalismo, según García de Cortázar
El historiador reivindica la necesidad de una Historia plural y común a la vez
CARMEN CARDOSO El Mundo 16 Agosto 2002

La historia ha sido un gran instrumento político, por eso se ha manipulado tantas veces».

El historiador Fernando García de Cortázar, que durante esta semana ha impartido el curso Historia de España: de Atapuerca al euro, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, acusó a los nacionalismos de presentar una visión de la Historia parcial: «Más que Historia, hacen una genealogía. Se está produciendo un olvido intencionado por el cual se destacan unos acontecimientos y se descartan otros».

García de Cortázar aseguró que resulta sangrante observar cómo algunos líderes del PNV o Batasuna hablan de «dos siglos de conflictos para explicar el terrorismo callejero, cuando en realidad el problema vasco nace de una ideología que apenas tiene 100 años y de un personaje como Sabino Arana, que introdujo el odio hacia España en este pueblo».

«La Historia de España», continuó el catedrático, «no es una invención, es una abrumadora realidad histórica. Después de tantos años en los que hemos interiorizado las visiones que han dado de nuestro pasado otros países y los propios nacionalismos, creo que podemos reivindicar una historia como solución y no como problema».

Cortázar definió a Arana como una persona que trata de oponerse a los fundamentos de una sociedad libre y moderna: «España tiene que resolver el problema del pensamiento antiliberal de los nacionalismos excluyentes que se definen frente al enemigo exterior».

El historiador se mostró preocupado también por la reescritura de la Historia que hacen algunas comunidades autónomas, y culpó al propio Estado español de ser entreguista y provocar que en los libros de texto en las escuelas se haya primado el hecho diferencial o singular sobre el hecho común.

«Aparte de reconocer una Historia plural tenemos que reconocer una Historia común», aseguró. Según Cortázar, como historiador se está dando cuenta de que la idea de España se está recuperando de nuevo y está atrayendo mucho a los estudiantes.

«Después de un largo silencio como fue la Transición, en su intento de despojar las excrecencias de la identificación de nuestro país con el fascismo, la gran sacrificada fue España», manifestó.Durante el curso dijo además que la Historia no es únicamente para los estudiosos y los especialistas en la materia, sino también para los ciudadanos, puesto que sirve para entender el presente cultural, político y social.

ETA domina las televisiones
Fernando González Urbaneja La Estrella 16 Agosto 2002

El llamado consejo de administración de Televisión Española ha trabajado en un documento sobre el tratamiento del terrorismo en la televisión pública. Loable tarea que bien merece debate en las redacciones, entre los periodistas de cada medio, el conjunto de todos ellos y entre éstos y sus editores. Incluso parece recomendable ampliar el círculo de ponentes a otras personas conocedores y/o víctimas del fenómeno, sin excluir a los políticos y a otros líderes sociales. Y no importarían tanto las conclusiones (que serían de mucho interés) cuando los argumentos puestos sobre la mesa en el debate. Cada periodista que tiene que ocuparse de estas materias aplica su propio criterio o principios y en cada medio existen referencias y prácticas más o menos formales y compartidas.

No soy de los que consideran que sea posible un consenso de todos los medios para homogenizar tratamientos. No será posible, cada medio debe comportarse como crea que es su estilo y personalidad (si es que la tiene). Pero eso no significa que valgan de poco el conocimiento explícito y la difusión de criterios y argumentaciones en este sentido, de ámbito general o concreto, y en sus aspectos jurídico, político y ético. Creo que el terrorismo no es un asunto informativo más en la agenda previsible de los medios. La relación entre terrorismo y medios, la dependencia de los terroristas de la notoriedad pública de sus comportamientos asesinos es incuestionable y no se puede aplicar a la materia el simple criterio de que es noticia publicable todo lo nuevo que pueda interesar a los lectores o espectadores. Seria ingenuo e incluso cómplice de los terroristas.

En principio me inclino por el criterio de que las informaciones sobre hechos terroristas no deben silenciarse o censurarse, el público tiene derecho a saber, pero sí merecen tratamientos escuetos, ceñidos, nada especulativos, muy precisos, para nada épicos, prudentes en lo emotivo y nada presuntuosos en cuanto a militancia en la condena. No por insertar más adjetivos de condena los terroristas se verán más acosados, las víctimas más confortadas y la opinión pública más aliviada.

Vienen a cuento estas reflexiones por lo visto esta semana pasada en los informativos de todas las televisiones, incluidos los de la pública, que se ha dotado de un documento a modo de libro de estilo sobre la materia. Las acciones terroristas en las costas alicantinas han disfrutado de una atención televisiva y radiofónica desmesurada, apabullante, con abundancia de directos innecesario, de montones de palabras de reporteros inexpertos situados en el lugar de los hechos fuera de tiempo, con testimonios irrelevantes e informaciones confusas, reiterativas e innecesariamente alarmantes, a veces, o artificialmente tranquilizadoras en otros momentos. Un pandemonio de información con muy poco criterio. Supongo que los terroristas y, sobre todo, sus jefes estarán encantados a la vista de los minutos conquistados en todos los noticiarios.

Una de las televisiones, no la Española, llegó en su celo desaforado a calificar al terrorista Apala, que se ha deslizado en las noticias al rebufo del protagonismo etarra de esta semana, como un personaje “mítico... insuperable... respetado”, calificativos todos ellos en un contexto crítico y de descalificación, pero con un cierto tono de mitificación que dejaba una sensación desoladora en el espectador.

Son frecuentes las críticas a la información que sobre el terrorismo etarra facilitan algunos medios internacionales, pero sin ver la paja en el ojo ajeno convendría reparar en las vigas del propio. Un repaso de redactor jefe exigente y preocupado por dar la mejor información de lo emitido por radios y televisiones la pasada semana dejaría el tiempo dedicado a la cuarta parte, ajustaría palabras y testimonios y de todo ello saldrían beneficiados el periodismo solvente, la lucha contra el terrorismo y el público. Con menos aturdimiento y más profesionalidad, el periodismo ganaría un respeto y consideración del que hoy carece. Por eso sería deseable ese debate sobre el tratamiento del terrorismo con casos prácticos y ejemplos muy concretos.      FG.urbaneja@terra.es

El Gobierno vasco dobla las ayudas del Estado a los partidos
Euskadi es la única comunidad que suma subvenciones a las concedidas por el Estado
FRANCISCO MERCADO | Madrid El País 16 Agosto 2002

El Tribunal de Cuentas ha vuelto a cuestionar en su último informe sobre la contabilidad de los partidos políticos, correspondiente a 1999, la subvención extra que el Gobierno vasco concede a las formaciones con implantación en Euskadi para sus gastos de funcionamiento ordinario. El País Vasco es la única comunidad autónoma que concede este tipo de ayudas a los partidos, que ya la perciben a través del Gobierno central. La subvención del Ejecutivo vasco, que ha permitido a Batasuna recibir desde 1995 más de dos millones de euros y burlar el bloqueo financiero estatal, 'desvirtúa', en opinión del Tribunal de Cuentas, la Ley Orgánica de Financiación de Partidos y ocasiona desigualdades entre las formaciones políticas.

La ayuda que el Gobierno de Vitoria concede a las formaciones políticas vascas viene siendo denunciada año tras año por el Tribunal de Cuentas porque no está prevista en la Ley Orgánica de Financiación de los Partidos Políticos. Esta inyección extra, que arranca del año 1991, supuso en 1999 unos 500 millones de pesetas (3 millones de euros). El PNV recibió 855.090 euros; el PP, 626.616 euros; Euskal Herritarrok (Batasuna), 554.400; el PSE, 547.923; EA, 258.324; IU, 112.529, y Unidad Alavesa, 50.175. Batasuna burla por esta vía el bloqueo de la financiación que le ha impuesto el Gobierno central por su supuesta vinculación con ETA. La formación que lidera Arnaldo Otegi ha percibido así más de dos millones de euros del Gobierno vasco desde 1995.

El Tribunal de Cuentas intensifica en esta ocasión sus críticas a las ayudas que el Gobierno de Vitoria concede para su funcionamiento a los partidos de su territorio. Una crítica, al menos desde 1995, que hasta ahora venía siendo una fría letanía en los informes anuales de este organismo: 'Esta financiación no está incluida en la ley orgánica de 1987', solía repetir. La ley de financiación de los partidos cita como única fuente financiera pública para su 'funcionamiento ordinario' las subvenciones estatales anuales, que reciben en función de su presencia en el Parlamento nacional.

De estas ayudas se benefician, por tanto, partidos vascos como PNV o EA e, indirectamente, las organizaciones territoriales en Euskadi de formaciones como el PP, el PSOE o IU. Batasuna tiene congeladas las ayudas estatales desde 1987. El proceso de bloqueo lo ejecutó el PSOE utilizando como argumento que los electos de esta formación no adquirían la condición de parlamentarios. Reiteradas sentencias de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo obligaron a la Administración central a pagar las subvenciones denegadas, que suman al menos unos 1.000 millones de pesetas (seis millones de euros), pero el Gobierno ha ignorado estas sentencias.

La ley establece que los pagos anuales a los partidos son incompatibles con toda otra ayuda pública, salvo las destinadas a costear campañas electorales o el funcionamiento de grupos parlamentarios nacionales o autonómicos.

El Ejecutivo vasco no disimula que su ayuda a los partidos es exclusivamente para su 'funcionamiento ordinario'. Ante tan pertinaz inyección económica extra, el máximo órgano fiscalizador del gasto público eleva el tono de su crítica en su último informe: 'Estas vías de financiación, no previstas en la ley orgánica 3/87, además de desvirtuar el carácter específico otorgado a esta ley por razón de la materia, quiebran la unidad normativa e incorporan un inadecuado grado de determinación en la cuantificación total de la financiación pública a percibir por las formaciones políticas, junto a un tratamiento dispar entre las mismas'. Y resalta que 'únicamente' el Gobierno vasco concede estas subvenciones fuera de la ley.

La suma de la ayuda estatal y del Gobierno vasco que recibe cada partido en Euskadi pone cifras a tal acusación de 'tratamiento dispar'. El PNV aumenta en un 115% sus fondos públicos para funcionamiento y EA los incrementa en un 113%. El partido que lidera Xabier Arzalluz suma a sus 740.539 euros de ayuda estatal los 855.090 de fondos autonómicos. Su socio de Gobierno, EA, añade a los 227.954 euros de subvención estatal otros 251.324 euros de las arcas vascas. El Ejecutivo de Vitoria reparte estas ayudas conforme a los 'criterios' de la ley orgánica de 1987, pero 'tomando como base los resultados electorales de las últimas elecciones autonómicas'. La referencia no es el Parlamento nacional, en contra de lo que marca la ley, sino el vasco.

Este fondo es un balón de oxigeno para Batasuna. Euskal Herritarrok cosechó de Ajuria Anea en 1999 su única ayuda pública para funcionamiento (554.400 euros). A ello sumó subvenciones electorales autonómicas: 885.181 euros en 1999; y de las diputaciones forales: 268.474 euros.

El Tribunal de Cuentas cuestiona con igual énfasis y literalidad las ayudas de los ayuntamientos para funcionamiento de sus grupos locales. Entre HB y EH sumaron por este concepto 714.187 euros en 1999.

En conjunto, por vías de financión no estatal, HB percibió en el ejercicio auditado más de 3 millones de euros de fondos públicos.

 

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