AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 17 Agosto  2002
Rumbo al abismo
Ignacio Villa Libertad Digital 17 Agosto 2002

La impostura de Pujol y la responsabilidad de Aznar
Enrique de Diego Libertad Digital  17 Agosto 2002

El error de la adicional
Lorenzo CONTRERAS La Razón  17 Agosto 2002

Un tal Blázquez
JAIME CAMPMANY ABC 17 Agosto 2002

CiU no apoyará el Pleno sobre la ilegalización
Impresiones El Mundo  17 Agosto 2002

Claridad de Blázquez, tibieza de Uriarte
Editorial La Razón 17 Agosto 2002

El caramelito
J.A. MARTÍNEZ-ABARCA ABC 17 Agosto 2002

«Sufren más los más vulnerables»
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ ABC 17 Agosto 2002

Popper y el nacionalismo
Pedro Schwartz Libertad Digital  17 Agosto 2002

Zapatero denuncia la incongruencia de CiU e IU frente a los proetarras
LORENA RUIZ ABC 17 Agosto 2002

En oposiciones, no hace falta el español
Cartas al Director ABC 17 Agosto 2002

Un verano pasado por miedo
CARMEN ARNANZ ABC 17 Agosto 2002

La noria
JOSEBA ARREGI/ El Correo  17 Agosto 2002

La Noria y la funeraria
Nota del Editor 17 Agosto 2002


Rumbo al abismo
Ignacio Villa Libertad Digital 17 Agosto 2002

De un tiempo a esta parte, las reacciones de los batasunos exteriorizan su nerviosismo y su desconcierto, así como su incapacidad para elaborar una estrategia mínimamente inteligente ante su posible ilegalización. Su actitud, basada en la provocación y en el insulto, les coloca fuera de la ley. Ellos mismos con sus amenazas, con sus declaraciones, con sus manifestaciones, con sus intenciones públicas, se están situando irreversiblemente fuera de la esfera de la legalidad. Sus actos, sus declaraciones y sus insultos les hacen un daño político y social mucho mayor del que ellos ahora mismo puedan calcular. Nadie se puede olvidar que la situación actual no es la de antes. La reciente reforma de la Ley de Partidos ha conseguido que cambien muchas cosas. Pero, especialmente, ha reforzado nuestro sistema democrático, evitando que sus propios enemigos intenten laminar, desde dentro, la esencia misma de la democracia.

Pero en fin, las reacciones de los terroristas y de su brazo político podían ser más o menos previsibles. Lo que no estaba escrito con tanta nitidez en ese guión es que el nacionalismo vasco siguiera al pie de la letra las indicaciones del mundo terrorista. Y lo cierto es que al nacionalismo vasco le ha faltado tiempo para lanzarse en los brazos de etarras y batasunos. Sin ningún disimulo, sin ninguna excusa, sin subterfugios, los nacionalistas han entrado de lleno y desde el primer minuto en esta dinámica radical e ilegal. El nacionalismo vasco se está dejando arrastrar, sin oposición alguna, por la estrategia alocada y perversa de ETA y de su entorno. El PNV y EA han caído en una trampa política, de la que sólo podrían salir merced a una grandísima dosis de humildad. Y, desde luego, si algo han demostrado los actuales dirigentes del nacionalismo es su absoluta incapacidad de rectificación. Son un ejemplo claro de la soberbia política llevada al extremo.

Con el nacionalismo vasco en el agüjero de la complicidad, han dejado que la ilegalización de Batasuna se convierta en una cuestión prioritaria en sus objetivos políticos, dando muestras de que les va la vida en ello. Hasta ahora han intentado tapar, lavar y ocultar una estrategia política común con Batasuna. Una estrategia que existe y existía, que ha sido denunciada desde distintos partidos políticos, que ha quedado demostrada con actitudes y posiciones comunes, pero que siempre pretendían diluir desde el propio nacionalismo. Al final desde el PNV, desde EA y desde el Gobierno vasco se repetía, una y otra vez, que mentían aquellos que denunciaban una unidad de criterios. En definitiva negaban una evidencia. Ahora, con la rotundidad con que han criticado la ilegalización de Batasuna, con el anuncio de su voto negativo en el Congreso de los Diputados, con sus ataques furibundos al Gobierno del PP por esta iniciativa, el nacionalismo vasco no ofrece ya dudas. Ha dejado claro del lado de quién está. Los nacionalistas han expresado con nitidez lo que piensan.

Ya no hay dudas. Los dirigentes del nacionalismo vasco han decidido emprender un camino fuera del marco reconocido por todos los demócratas. Esa decisión puede tener unas repercusiones difíciles de calcular en estos momentos. Ellos han decidido transitar por esa senda, pero deberían saber que conduce inexorablemente al precipicio. Aunque, por el momento, prefieran ignorarlo.

La impostura de Pujol y la responsabilidad de Aznar
Enrique de Diego Libertad Digital  17 Agosto 2002

La ilegalización de Batasuna es una cuestión ética, que pasa por el rearme moral del Estado de Derecho. Hasta el momento, Jordi Pujol había venido apoyando al Gobierno del Partido Popular sin fisuras, en cuestiones en las que podía obtener contrapartidas y teniendo en cuenta siempre que gobierna en Cataluña gracias al patético apoyo del Partido Popular. En la cuestión clave de nuestra democracia, cuando se hace preciso establecer una definición clara de las posturas, Jordi Pujol se dispone a militar en el frente de los cínicos, a anteponer el nacionalismo a cualquier otra consideración, incluida la legalidad democrática y el derecho a la vida. Iba de suyo que esa sería su la postura, al margen de las confusas buenas intenciones de populares y socialistas. Pujol firmó, por vía indirecta, el pacto de Estella a través de la Declaración de Barcelona. Se acabó de una vez por todas la falacia, el falso mito del nacionalismo bueno.

La cuestión es que el Partido Popular no puede seguir sosteniendo a Pujol y Artur Mas en el poder, aunque sólo sea por el sentido de la decencia que imponen los concejales populares asesinados por Eta, con el aplauso de Batasuna, como cuando brindaron por la muerte de Gregorio Ordóñez tildándolo de “bastión del fascismo español” o por la de Miguel Ángel Blanco. La equidistancia entre víctimas y verdugos no es de recibo. Esa es la postura de Pujol. Pero Pujol gobierna porque el PP le deja, y ese pacto, aquí y ahora, establece un punto de inmoralidad, de corrupción, de complicidad para el propio PP. Más pronto que tarde, el PP habría de anunciar la ruptura de un pacto que es, desde ya, abyecto. ¿No dijo Aznar que se iba a hacer lo que había que hacer “con todas las consecuencias”? Pues que los populares dejen de ser los mamporreros del abstencionista Pujol.

El error de la adicional
Lorenzo CONTRERAS La Razón  17 Agosto 2002

Algunas veces, en el mundo del comentario especializado y de la murmuración política de altura he oído decir que fue mala cosa cambiar la Constitución por una disposición adicional primera, a cuyo tenor la propia Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales, a lo que se añade que la actualización de dicho régimen foral se llevará a cabo, en su caso, en el marco de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía. Y, sin embargo, este texto fue cauteloso. Porque los nacionalistas vascos pretendían, y estuvieron a punto de conseguir en el Senado la aprobación de un texto alternativo que hubiese establecido lo siguiente: «La Constitución reconoce y garantiza los derechos históricos de los territorios forales, cuya reintegración y actualización se llevará a cabo de acuerdo entre las instituciones representativas de dichos territorios y el Gobierno».

Como puede apreciarse, esto último era mucho más audaz y comprometedor frente al nacionalismo. Un voto particular de UCD redujo por amplia mayoría el texto a su formulación inicial. Pero es útil recordar que la enmienda alternativa derrotada añadía en otro párrafo que «el Estatuto que se elabore para la incorporación de los derechos históricos al ordenamiento jurídico será sometido a referéndum de los territorios afectados...».

Los nacionalistas vascos no querían un «gesto histórico de comprensión» hacia un País Vasco quejoso con el franquismo, sino el reconocimiento de un derecho histórico previo al poder constituyente y fuente de derechos al margen de la soberanía nacional emanada de la Constitución. No lo lograron, pero el desarrollo de los conflictos actuales, la polémica establecida, viene demostrando que los nacionalistas han forzado la interpretación de la disposición adicional y en la práctica le han dado el sesgo político que no tenía.

García Pelayo, que fue presidente del Tribunal Constitucional escribió en su día que la idea de los derechos históricos «representa la extensión a épocas completamente distintas del principio típico de la Edad Media de la superior validez del buen derecho viejo frente al derecho nuevo, es decir, exactamente la inversión de los términos sobre los que se construyen los ordenamientos jurídicos modernos».

Parece que, a pesar de todas las cautelas redaccionales, es lo que empieza a suceder con el soberanismo vasco. En su día, a la vista de la adicional aprobada, hubo mucho optimismo ante el futuro. Óscar Alzaga, en sus comentarios a la Constitución, creyó que se había cerrado el camino a la interpretación radicalmente nacionalista de los derechos forales «que conduce a sostener la existencia de una fuente de poder ajena a la soberanía de todo el pueblo español» y conectada a la autodeterminación. Ya se ve.

Un tal Blázquez
Por JAIME CAMPMANY ABC 17 Agosto 2002

ALGO anda removido en la Iglesia vasca cuando el obispo de Bilbao, a los pocos días de firmar la «Carta pastoral» de los tres obispos vascos, ha pronunciado una homilía tan clara e inequívoca contra el terrorismo etarra como jamás había salido de labios de un prelado de aquellas diócesis. Los tres obispos vascos, que son cuatro, igual que los Mosqueteros y los Reyes Magos, siempre habían hecho un delicado ejercicio de ambigüedad y de equivocidad cuando hablaban del terror nacionalista. Era habitual en sus palabras y en sus escritos encontrar la equiparación entre el Estado y una banda de malhechores asesinos, la referencia a la violencia «venga de donde venga» y una exhortación al diálogo entre «las partes» del conflicto. Las homilías y declaraciones del obispo Setién, afortunadamente levantado de su silla episcopal, son un modelo de insidia y sinuosidad dialécticas en ese sentido.

Esa constante unanimidad de los prelados vascos al condenar el terror sin terminar de condenarlo, al pedir la paz con «cesiones» por ambas partes, y al manifestarse más preocupados por el trato y ubicación de los presos etarras, responsables de delitos de sangre, que por las víctimas de esos delitos, ha quedado ahora rota con la homilía de monseñor Blázquez en la festividad de la Virgen de Begoña. «Un tal Blázquez», como le saludó Javier Arzalluz cuando el Papa le nombró obispo de Bilbao, ha querido ser en el País Vasco pastor de corderos antes que pastor de lobos. Sus palabras han sonado, esta vez sí, igual que las de «un tal Jesús». Y eso es algo que parecía imposible. Hasta qué punto de cobardía y de cinismo ha llegado una parte del clero vasco con sus obispos, que tenemos que recibir como agua de verdad y salvación las razones más obvias y las oraciones más naturales en un obispo, pastor de aquellas almas.

Por primera vez en esta tristísima historia, un obispo no alza la voz en algún templo de Vasconia para hacer el juego a las perversidades dialécticas de Arzalluz, el «jesuita ejemplar», aquel que dijo que alguien tiene que «arrear» para que otros negocien, es decir, alguien tiene que matar para que él tenga muertos con los que mercadear en la mesa de las negociaciones políticas. Las palabras de monseñor Blázquez son solamente una muestra. Esperemos que le sigan otras, suyas y de los otros obispos. Hasta ese momento, no será posible anunciar que algo ha cambiado en el seno de la Iglesia vasca para bien de la verdad, de la justicia y de la doctrina del Evangelio cristiano, tan pisoteada y ensuciada por los mismos que debieran predicarla clara como el agua.

Bienvenido sea este ejemplo que nos llega como un don de Nuestra Señora de Atocha, y ojalá sea el comienzo del fin de la confusión de los católicos de aquellas y de estas tierras, y sobre todo de la desaparición de la banda etarra, como implora el obispo de Bilbao.

CiU no apoyará el Pleno sobre la ilegalización
Impresiones El Mundo  17 Agosto 2002

Convergencia i Unió quiere pasar de puntillas por el histórico debate sobre la ilegalización de Batasuna. Sus pegas tienen más que ver con una cuestión formal que con la tesis de fondo. Defiende que son los jueces los que tienen que mojarse definitivamente y no el estamento político. Por eso pregona su intención de abstenerse en el Pleno del Congreso previsto para el día 26.

De momento se abstendrá este lunes en la votación de la Diputación Permanente del Congreso donde se decidirá la convocatoria del Pleno para debatir la ilegalización de Batasuna. CiU e IU desean que antes de tomar ninguna decisión los políticos puedan tener sobre la mesa todos los datos de los informes jurídicos que afectan al caso. Nos parece una postura razonable. No se puede emitir un voto ponderado sin adentrarse en la argumentación jurídica que fundamente, sin ningún género de dudas y con la Ley en la mano, la decisión.

Miembros del PP le han recordado a CiU que su voto tendrá consecuencias políticas para las próximas elecciones autonómicas. Pujol lo sabe pero también argumenta, en el círculo de sus más íntimos, que no quiere pasar a la Historia como el líder catalán que ayudó a la ilegalización de un partido político de corte netamente nacionalista. Mientras tanto, en San Sebastián se ha avivado el debate sobre el tratamiento de las víctimas del terrorismo. El alcalde, Odón Elorza, mantuvo una comida con algunas de ellas a la que no han tenido acceso los medios de comunicación. La forma, un tanto vergonzante, de llevar a cabo el acto ha provocado las lógicas críticas de los que ven en las actitudes del edil socialista una tibieza excesiva para con las tesis de los radicales.

Claridad de Blázquez, tibieza de Uriarte
Editorial La Razón 17 Agosto 2002

El alivio en las fuerzas políticas democráticas por el nítido pronunciamiento de Monseñor Blázquez, obispo de Bilbao, contra la banda terrorista Eta y en apoyo a las víctimas del terrorismo y de los amenazados, ha de ser compartido por todos. Demuestra que en el clero del País Vasco no siempre domina la línea pronacionalista, equidistante entre víctimas y verdugos, que se expresó de forma harto desafortunada en la polémica pastoral conjunta sobre «la paz».

Simultáneamente, la intencionada tibieza de Monseñor Uriarte, obispo de San Sebastián, ante el mismo fenómeno del terrorismo, revela quién está detrás de las posiciones «nacionalistas» en ese mismo clero. Quién estaba, por tanto, tras la pastoral, cuyo contenido recuerda el tiempo de hegemonía ideológica de Monseñor Setién entre el obispado vasco.

Es mejor así, pues sabemos a qué atenernos. No es todo el clero vasco el que inspira las posiciones ambiguas y descomprometidas ante el terrorismo. Pero es cierto que hay una parte de este clero en esta tesis. Por eso, a la nítida y valiente posición de Blázquez hay que añadir el pronunciamiento claro y reiterado de la jerarquía eclesiástica española, a la que no le costaría nada suscribir las palabras del obispo de Bilbao, aunque sólo sea para poner en evidencia al obispo de San Sebastián.

El caramelito
Por J.A. MARTÍNEZ-ABARCA ABC 17 Agosto 2002

El presidente del PNV, Xabier Arzalluz, debe dominar mejor el alemán de seminario que el castellano de la política. Pero de vez en cuanto tiene hallazgos geniales, que nacen como errata o «lapsus linguae» pero que inmediatamente se convierten en doctrina oficial de su partido.

Lo último de Arzalluz es que, según él, su partido asumió el Estatuto de autonomía «como condición para aceptar las reglas del juego del nuevo régimen que se iba a establecer». Es decir, como condición para aceptar las reglas del juego del régimen democrático, o, si quieren, «social y democrático de derecho». Dicho de otra forma: que el PNV, hace veintitantos años, no creía demasiado en eso de la democracia centralista, con sus libertades protegidas por ley, pero que se avino a ella a cambio de un Estatuto que, bien desarrollado, le permitiera compensar tamaño disgusto. Se puede decir más alto, pero no más claro.

Naturalmente, lo que Xabier Arzalluz ha querido decir es que su partido veía con malos ojos que el Estado español fuera una monarquía parlamentaria, y la cabeza del Estado fuera el Rey Don Juan Carlos (al que por cierto los peneuvistas acuden a pedir árnica cuando las cosas no les van bien). Fue lo que quiso decir, pero lo que dijo fue muy otra cosa. Se le ha entendido todo. Nos ha revelado que la larga estadía en el poder del PNV nació ya como chantaje previo. Yo me avengo teóricamente a tu democracia, pero me dejas libertad suficiente en mi territorio para no cumplirla. Con lo que amenaza en estos momentos el Partido Nacionalista Vasco es con algo que ya ha hecho: «no cumplir las reglas del juego».

¿Las ha cumplido alguna vez? A la facción dura del PNV se le llena la boca hablando del franquismo residual, pero, si hacemos caso a Xabier Arzalluz, sólo salió de él y aceptó a regañadientes la democracia porque le dieron un caramelito a cambio.

Por si cabía alguna duda sobre lo que piensa, Xabier Arzalluz denuncia que el Estado no ha cumplido su parte del trato. Por lo tanto, ellos no tienen por qué seguir haciendo como que respetan el sistema democrático, algo que de todas formas hacen torpemente. Se les ha acabado el caramelo, y tienen ganas de más. Los pocos con sentido común que quedan en el PNV deben pedirle a su jefe que en adelante sólo hable en alemán.

«Sufren más los más vulnerables»
Por ANDRÉS MONTERO GÓMEZ, presidente de la SEPV ABC 17 Agosto 2002

La sensibilización de la población ante los atentados de ETA no es más pronunciada porque la amenaza está muy bien identificada: los ciudadanos saben quién, cómo y de qué forma está compuesta esa amenaza. La carga de incertidumbre asociada a ETA, por tanto, está muy relacionada con el «cuándo», y ello reduce la capacidad de inducir el pánico a partir de los atentados en las playas, puesto que existen menos elementos de desconocimiento.

Uno de los procesos básicos involucrados en la reacción psicológica a los atentados en lugares públicos viene determinado por la «ruptura del espacio de seguridad» en la población. Este proceso, que se observa asimismo en otros escenarios traumáticos como los abusos sexuales a menores por parte de familiares o las agresiones a mujeres por sus parejas afectivas, se desencadena cuando una amenaza rompe súbitamente, desde el interior, las fronteras de un entorno vital definido previamente por parámetros de confianza. En este sentido, algunas personas, sobre todo las más vulnerables psicológicamente o las que ya estuvieran previamente sometidas a otros estresores, pudieran percibir de algún modo que ese espacio antes seguro deja de serlo. En la mayoría de la población del Levante directamente afectada no parecen haberse observado estos indicadores.

Salvo los casos más graves de víctimas en el epicentro de las explosiones -como las de la casa cuartel- o casos individuales de personas psicológicamente vulnerables por predisposiciones propias, el resto de la población del Levante parece haber reaccionado muy adaptativamente a los atentados. Han tenido los momentos de prudencia que reclamaba un mínimo sentido de la seguridad, pero enseguida han retomado sus rutinas diarias o vacacionales sin demasiada dificultad.

¿Qué se puede hacer para paliar efectos más nocivos? En cuanto a las víctimas graves en el epicentro de atentados, seguramente son privativas intervenciones psicológicas combinadas de psicoterapia y psicofármacos, siempre a partir del adecuado protocolo de evaluación individual. Respecto a la población general, la actitud de movilización pacífica de la ciudadanía en muy positiva para asumir lo que significa la amenaza del terrorismo. El papel de los medios de comunicación es vital para desenmascarar los verdaderos intereses de los terroristas.

Popper y el nacionalismo
Pedro Schwartz Libertad Digital  17 Agosto 2002

Hace cien años nació Karl Popper en la Viena imperial. Al celebrar la obra y la persona de mi maestro debo recordar a catalanes, vascos y castellanos la firmeza con la que rechazó los nacionalismos de toda índole. Había nacido en un estado plurinacional, en el que podían integrarse y prosperar incluso las personas de etnia judía como él. Disuelto el Imperio Austro-Húngaro tras la Primera Guerra, Popper tuvo que abandonar para siempre una república austriaca cada vez más enferma de nacionalismo alemán, e integrarse en la cultura abierta del mundo de habla inglesa.

Tomo un solo detalle de la recentísima biografía de Malachi Hacohen sobre “Los años formativos de Popper, 1902-1945”. Refugiado en Nueva Zelanda, se presentó Popper voluntario al ejército neozelandés en cuanto tuvo noticia del estallido de la Segunda Guerra. Por suerte para la filosofía no fue aceptado y dedicó esos años a lo que él llamó “su esfuerzo de guerra”, a la composición de La sociedad abierta y sus enemigos (1945).

Su actitud cosmopolita no le impidió, pues, una adhesión patriótica a la sociedad y los valores que había elegido, pero recuerdo bien el horror que le inspiraba toda ideología nacionalista, no sólo la totalitaria de Hitler, o Mussolini, sino todos los nacionalismos, incluso los aparentemente justificados por la persecución, como el sionismo. “La idea de que existen unidades naturales como las naciones, o los grupos lingüísticos y raciales, es enteramente ficticia. El intento de ver el estado como una unidad ‘natural’ conduce al principio del estado nacional y a las ficciones románticas del nacionalismo, el racialismo y el tribalismo”. Popper condenaba así la idea de que las naciones, los estados, las clases sociales eran algo más que modelos interpretativos de fenómenos sociales que debían analizarse en términos de individuos, sus deseos y sus acciones. La creencia en la realidad metafísica de la nación, lo sagrado de la lengua nacional, lo permanente de la identidad racial, debía poder desentrañarse, para así echar las bases de una sociedad crítica y abierta.

Nacida con la Revolución francesa, la exigencia de que toda nación alcance el rango de estado es una ideología que, paradójicamente, se difundió entre los pueblos agredidos por Napoleón en nombre del estado-nación francés: como muestra, vean esta frase de Hegel, citada por Popper: “una Nación que no ha tomado la forma de Estado –una mera Nación– no tiene, estrictamente hablando, historia; como ocurre con las Naciones en estado salvaje”. Elevado el nacionalismo a principio sagrado durante la Guerra del catorce, fue el origen de la atomización de Europa en estados inviables, y la base del fascismo y el nazismo. Cuando, tras la Segunda Guerra, los europeos empezamos a apartarnos del nacionalismo, las colonias recién liberadas lo tomaron como coartada de toda clase de excesos. Así, la democracia que Popper definió de forma minimalista, como el régimen que permite cambiar de gobierno sin derramamiento de sangre, se ha pervertido insensiblemente, hasta significar el plebiscito continuo de la nación en marcha.

En un ensayo que tituló “Hacia una teoría racional de la tradición”, se opuso Popper al racionalismo que se burla de todas las costumbres que conforman la tradición de las sociedades y pretende hacer tabula rasa de todos los tabúes a los que instintivamente nos atenemos. Las tradiciones desempeñan una función esencial en la vida social, la de crear un cierto orden y la de ofrecernos una base sobre la cual actuar. La facilidad de trato con quienes han sido educados en la misma cultura, las costumbres de puntualidad y honradez inculcadas en la familia, la escuela, el trabajo, son el efecto de tradiciones que facilitan la vida en común. Este tipo de regularidades se extiende al campo político: damos una adhesión crítica y civilizada a las tradiciones y costumbres de nuestro país porque así se crea una expectativa de solidaridad, de juego limpio, de colaboración espontánea que hace de nuestra Constitución algo más que un texto legal.

Pero una cosa es el rechazo de toda tradición comunal y otra el examen crítico de las costumbres sociales. Debemos poder distanciarnos de nuestros hábitos, para no caer en la intolerancia fuertemente emocional que a veces caracteriza el tradicionalismo y el nacionalismo.

Para Popper, esas actitudes traslucen un miedo a la sociedad abierta, que a veces parece tan fría e impersonal que podría llamársele “la sociedad abstracta”. A los hombres nos gustan los grupos concretos, y nos desazonan las grandes masas, los inesperados movimientos de precios, el exceso de información, la continua necesidad de tomar decisiones. Esa angustia de la sociedad abierta hace que olvidemos a menudo sus beneficios, como son el contraste de las ideas, la libertad de anudar relaciones personales, las oportunidades de creación e innovación, la mejora nunca soñada de nuestro nivel de vida. El nacionalismo es una de las formas de resistencia frente a la gran revolución que es el paso de la sociedad cerrada a la abierta.

Nada hay inevitable en los asuntos humanos. No tenemos que unirnos al rebaño de rinocerontes que invade las calles de la ciudad, como en la reveladora obra de Ionesco. Si comprendemos el fenómeno nacional, podremos salvar de la superstición orgánica nuestras democracias individualistas, tolerantes y plurinacionales.

Pedro Schwartz es profesor de Economía y columnista del diario barcelonés La Vanguardia.

Zapatero denuncia la incongruencia de CiU e IU frente a los proetarras
LORENA RUIZ ABC 17 Agosto 2002

El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró ayer que no entiende a los que dicen que Batasuna es un «títere» de ETA y al mismo tiempo «no consideran conveniente su ilegalización». Es, dijo, «una contradicción difícilmente asumible». También expresó su deseo de que las últimas palabras del obispo de Bilbao se repitan «todos los días y desde todos los púlpitos del País Vasco».

MÁLAGA. José Luis Rodríguez Zapatero se refirió a la ley de Partidos Políticos y a la posición que sobre la misma tienen CiU e Izquierda Unida. Tras decir que respetaba la postura de estas dos formaciones, el secretario general del PSOE afirmó que no entendía a «aquellos que dicen que Batasuna es un títere o instrumento de ETA y no consideran conveniente su ilegalización. Nadie puede entender -insistió- que se permita al títere e instrumento de ETA ser legal».

Por el ello, Zapatero manifestó su deseo de que estas formaciones políticas, que actualmente dudan o han expresado su intención de no apoyar en el Parlamento el proceso de ilegalización de Batasuna, «rectifiquen dentro de un tiempo».

El dirigente socialista resaltó, así, que este proceso se convertirá en «un instrumento eficaz» para evitar la impunidad y para permitir, por otro lado, que la democracia española gane dignidad en la defensa de los valores y los derechos humanos. Asimismo, señaló que nadie ha dicho que esta norma sea «la panacea», pero supondrá «un paso adelante en la lucha contra el terrorismo y en la victoria frente a los terroristas». Por tanto, Zapatero consideró que resulta totalmente necesario que la ciudadanía se dé cuenta de que este proceso «es malo para ETA y para Batasuna» y que, por ello, «es bueno para la democracia y para la libertad».

En cuanto a la última homilía del obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, en la que rectificó la pastoral nacionalista al tiempo que denunció la inmoralidad de los apoyos a ETA, Zapatero calificó estas palabras de «muy positivas» y aseguró que «ojalá se produjeran todos los días, desde todos los púlpitos del País Vasco y por todos los obispos». El dirigente socialista puntualizó que esta condena del terrorismo «sería la mejor prueba de un compromiso activo en la defensa de los derechos fundamentales y una muestra de solidaridad y apoyo a los que sufren amenazas y son víctimas del terrorismo».

Sobre si el Gobierno vasco debe interrumpir sus subvenciones a partidos a raíz de que el Tribunal de Cuentas haya denunciado que vulneran la ley, dijo que el Ejecutivo de Juan José Ibarretxe «debe acogerse y cumplir las recomendaciones que haga el Tribunal como todas las administraciones públicas».

Desde el PP, su coordinador de Comunicación, Rafael Hernando, expresó el agradecimiento de su partido a la «claridad y contundencia» de las palabras del obispo de Bilbao. También resaltó que «la Iglesia está cumpliendo con su vocación, situándose al lado de los débiles, de los necesitados de apoyo, de los perseguidos, en definitiva de las víctimas», por lo que su actitud «es digna de reconocimiento y aplauso social». El dirigente popular añadió que está es la verdadera «Iglesia de Cristo y de los Evangelios».

En oposiciones, no hace falta el español
Cartas al Director ABC 17 Agosto 2002

He leído la carta de Alonso Vela Briz y sobre la cual quiero opinar:

Aquí, en Guipúzcoa, para presentarse a una oposición a la Diputación o al Ayuntamiento de San Sebastián es imprescindible el conocimiento del vascuence en la mayor parte de los puestos ofertados y además puede que le den el puesto sin saber una palabra de castellano.

El examen puede hacerlo en euskera o español. Si lo hace en vascuence no tiene que demostrar que sabe el español, pero si lo hace en español sí tiene que demostrar que sabe el vascuence, siendo la prueba eliminatoria no meritoria.

Para comprobar esto que afirmo, basta con leer las convocatorias de los puestos que se ofertan en el Boletín Oficial de Guipúzcoa.

Una vez más, repasando la carta de este señor me da la impresión de que no está suficientemente informado de lo que pasa, al menos aquí.  Jesús Semper Echeverría. Guipúzcoa.

Un verano pasado por miedo
CARMEN ARNANZ ABC 17 Agosto 2002

Muchos se acordarán de este verano de pesadilla el resto de su vida, cuando las bombas y las amenazas de ETA rompieron el sosiego de las vacaciones. La salud mental de aquellos que viven o veranean en la zona de Levante puede verse afectada, especialmente en las personalidades más sensibles.

MADRID. «Si temes que el lobo te muerda, el lobo ya está mordiendo tu libertad». Esta reflexión filosófica puede ser una buena máxima para los miles de ciudadanos que residen o pasan sus vacaciones en las costas levantinas. El miedo, una cierta sensación de pánico colectivo, se ha adueñado estos últimos días de vecinos de Santa Pola y otro municipios cercanos, con razones fundadas y sin ellas.

El sentimiento de «shock» vacacional se acrecienta con los repetidos avisos de bomba. Especialmente en municipios como Santa Pola en el mes de agosto, en los que abundan las familias con hijos que quieren descansar en su segunda residencia. Es la antítesis de las vacaciones: asesinatos, avisos de bombas, mochilas localizadas en plena playa con explosivos dentro... La salud mental está en juego. Lo que a muchos se les pasa por la cabeza es: «¿Cómo puede pasar esto en pleno agosto, de vacaciones, a cientos de kilómetros del País Vasco? ¿Cómo me puede afectar a mí? ¿No podían hacerlo en su tierra?». Las ideas, algunas lógicas, otras, viscerales, injustas, asaltan a la población, que ahora se pone el bañador con menos alegría y elige con más tiento el lugar donde instalar sus enseres playeros.

La preocupación no es infundada. «La gente puede estar sometida a una gran presión cuando existe un temor a un hecho objetivo: hay dos personas muertas por el reciente atentado de Torrevieja, en el que no hubo aviso previo. La alarma social se contagia y ése es precisamente el objetivo del terrorismo, matar a uno y aterrorizar a miles», explica Enrique Echeburúa, profesor de Psicología de la Universidad del País Vasco, quien ha publicado diversos trabajos sobre violencia y estrés postraumático.

El «lobo» ha mordido mucho más que la libertad de ciudadanos. El hecho de que hayan muerto una niña y una persona que espera el autobús hace que la población crea que cualquiera es un objetivo de ETA.

Y, de paso, se daña a todo el país y a los intereses turísticos españoles. Cuando salta la alarma, la máquina del miedo empieza a funcionar: las reservas hoteleras bajan, los restaurantes se quedan a la mitad del aforo. «¿Salvaremos el verano?», se preguntan algunos, con la vista más puesta en los dineros que en otra cosa. La situación recuerda mucho al comienzo de la epidemia del sida, cuando se decía que las playas estaban plagadas de jeringuillas infectadas enterradas en la arena. También a las amenazas por ántrax en Estados Unidos. «De esta forma se quiere pulverizar un país -indica Enrique Echeburúa-, pero vivir entraña un cierto nivel de riesgo. Nada ni nadie nos puede garantizar la seguridad absoluta como ciudadanos».Y la diferencia frente a otras ocasiones, según los expertos consultados, es que las alarmas no son falsas como otras veces, porque se han producido dos fallecimientos. En un periodo de tiempo muy corto hay varias amenazas de bomba, se encuentran en plena playa explosivos que no han sido detonados «y eso tiende a generar miedo colectivo», explica el citado especialista.

Hay personas que han optado por hacer las maletas y volver a sus lugares de origen. Otras no frecuentan la playa ante el temor de nuevas amenazas. Según el profesor Echeburúa, los que se ven menos afectados por la ola de terror suelen ser los que cuentan con una psicología más fuerte; piensan que hay pocas posibilidades de que vuelva a pasar y de que les toque a ellos porque precisamente, ahora hay más controles. Los que se impresionan al ver en la calle a policía en labores de control tienen más papeletas para hacer el equipaje e irse del lugar de veraneo. Es decir, de que le agüen las vacaciones.

Cuestión de personalidad
La personalidad de cada cual resulta clave al analizar las reacciones de los ciudadanos, y también el entorno de cada uno. «Algunos lo viven como algo insoportable por asociaciones de ideas -si son funcionarios de prisiones o policías, por ejemplo- y otros, más alejados de los ambientes terroristas, son capaces de sustraerse más, aunque tomen alguna precaución como no frecuentar lugares muy llenos de gente», asegura Arantxa Turienzo, psicóloga de Cruz Roja especialista en situaciones de crisis. En el otro extremo están familias, como una vitoriana que se negaba hace unos días a desalojar Gran Playa para no ceder al chantaje de ETA. «Quizá actitudes como ésta -explica la especialista- denoten que hay personas que quizá le dan una importancia excesiva a una amenaza terrorista y no quieren dejarse llevar por el curso de los acontecimientos».

Los planteamientos denominados como «más adaptativos» por los expertos valoran las pocas posibilidades de volver a presenciar un atentado o una amenaza terrorista. «Máxime cuando los atentados suelen producirse en ciudades como Madrid o municipios del País Vasco. Volver a ellas es volver también a potenciales escenarios de violencia», indica Turienzo. En países en los que el crimen está a flor de piel, como es el caso de Colombia, la población ha aprendido a convivir con ella intentando no poner todo su pensamiento en todos los hechos delictivos o terroristas que presencian. Es una forma de poder soportar el gota a gota diario, algo que en España no se da tan frecuentemente. Pero sí con la periodicidad suficiente como para tener en jaque a todo un país.

Familias con niños, afectadas
«Los grupos familiares con niños pequeños pueden verse más amenazadas, especialmente las que tienen hijos entre cinco y ocho años por su identificación con la pequeña muerta en el atentado de Torrevieja. Aunque a veces las personas tenemos reacciones poco predecibles y actuamos de una forma diferente a la que cabe esperar», dice Echeburúa. También son más sensibles a situaciones como ésta las personas que han visto u oído el reciente atentado y los que han coincidido con otros incidentes protagonizados por terroristas. La acumulación de sucesos hace que la cabeza empiece a funcionar, «a asociar ideas que hasta ahora estaban en un vericueto de la mente», según fuentes de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia (SEPV).

Todas estas reacciones de huida son calificadas como respetables, a juicio de los especialistas. Si hay personas que no pueden soportarlo, el mejor consejo es que se marchen si están de vacaciones y vuelvan a sus lugares de origen. La reacciones psicosomáticas también entran en escena: ha habido decenas de personas atendidas por los servicios de emergencia aquejadas de taquicardias, ataques de ansiedad o desmayos. A juicio de los expertos, lo más normal es que los sufran los que tienen un sistema psicológico más débil y previamente están aquejados de síntomas de ansiedad o depresión. «La gente está afectada, muy disgustada. Este es un pueblo en el que nunca pasa nada. Con el apoyo coordinado de agentes de Policía y Cruz Roja hemos atendido a personas desvanecidas o con crisis de ansiedad», comenta José Vicente Carretero Jefe de la Agrupación de Protección Civil de Santa Pola.

Después de la primera amenaza de bomba en Gran Playa se vio a algunas familias marchándose de Santa Pola con todas sus maletas, según fuentes de la institución de voluntarios. Los 30 miembros de la agrupación, que cumple un año de actividad, reciben ahora el agradecimiento de la gente a la que han ayudado en los momentos de más tensión: «Nos paran por la calle, nos dan las gracias. Para nosotros es un orgullo poder ser útiles y servir de apoyo a los cuerpos y fuerzas de Seguridad que operan en el municipio», comenta el voluntario.

Además, la elección de Santa Pola, con una gran afluencia de visitantes madrileños y vascos se interpreta como una especie de provocación por parte de los terroristas, que eligen un lugar de veraneo tradicional para muchas familias. El efecto se multiplica porque hay muchas personas veraneando que ya han sido golpeadas cruelmente por la violencia en sus lugares de origen. Es como si el terror se fuera también de vacaciones. «Los terroristas han elegido un destino fácil porque pueden estar fácilmente camuflados en un entorno vacacional. Utilizan un coche bomba, que es un sistema que entraña pocos riesgos personales para los que ejecutan la acción criminal», insiste el experto de la Universidad del País Vasco.

Tranquilizar a la población
Los especialistas consultados por ABC aconsejan que las personas afectadas directa o indirectamente por las amenazas y atentados de ETA intenten llevar una vida normal. Lo ideal es conservar la calma, aunque poniendo en marcha todos los sistemas de alerta del organismo para detectar movimientos extraños en el vecindario, paquetes o bolsas olvidados sospechosamente. La colaboración ciudadana siempre es importante para detener sospechosos. «Racionalmente es mucho más difícil que ETA intente hacer otro atentado en la zona, aunque nunca se sabe, porque los terroristas juegan también con el factor de lo impredecible. Pero estas personas no son terroristas islámicos que les da igual morir en el atentado. La única opción para que sigan actuando en la zona es que hayan sembrado las playas de explosivos previamente», asegura el profesor Echeburúa. Tampoco parece que los etarras tenga una infraestructura sólida, por lo que «lo lógico es que ante el aumento de vigilancia se retiren a sus cuarteles de invierno». Otra consecuencia del traslado de la violencia al litoral es un sentimiento de mayor rechazo hacia todo lo vasco en personas que se dejan llevar por lo visceral. Este sentimiento también lo busca el terrorismo, según los expertos: se quiere crear la idea de que los terroristas son omnipotentes y de que las medidas policiales para acabar con ETA no van a conseguir nada.
Pero, dicen los especialistas, no se trata de un problema de los vascos que se tenga que solucionar entre vascos. El asunto afecta al conjunto de los españoles. Este sentimiento de hartazgo que se genera en muchos ciudadanos lleva a la «idea errónea de que lo más fácil es que cedan a sus exigencias, algo inaceptable», sentencian los especialistas.

La noria
JOSEBA ARREGI/ El Correo  17 Agosto 2002

Desde hace muchos años se espera la llegada de los meses de verano, especialmente las numerosas fiestas en pueblos y ciudades, con aprehensión: por la dinámica de provocación, lucha callejera y utilización del ambiente festivo para crear terror entre la población.

El terror sigue presente, también este verano, en Euskadi. ETA, además, y no es la primera vez, ha trasladado sus mecanismos para aterrorizar a las playas de Levante. Ha asesinado a dos personas. Ha creado alarma. Ha mantenido viva, perdonéseme la contradicción, su amenaza de muerte practicándola. Nada nuevo, pues, en este apartado: la noria que repite una y otra vez la misma vuelta.

En otros apartados de la política vasca sigue funcionando también la noria: venga a dar vueltas sobre el mismo eje, repitiendo siempre el mismo recorrido, volviendo siempre al lugar de origen, imposible de fijar por otro lado, al igual que la dirección, porque la noria no conduce a ninguna parte.

La noria como símbolo del monólogo, de un camino sin comienzo ni fin, de una concepción del diálogo según la cual el que quiera dialogar debe entrar en el círculo vicioso de la noria. La noria como símbolo de la forma de hacer política por medio de órdagos. La teoría del mus que aplicó Mario Onaindía para entender la política vasca. El recurso al órdago como medio para superar los problemas de aplicación de algo que ha sido pactado: el recurso a la unilateralidad como supuesta solución de los problemas del diálogo.

Pero erraba Onaindía al creer que la teoría del mus sólo sirve para explicar la política vasca: también sirve para entender la política del Gobierno central. Responde al órdago de las instituciones vascas con un órdago propio, aunque traten de matizarlo.

La política convertida en cálculo táctico: si hago este movimiento, pongo en aprietos al contrario. La cuestión radica en que los ciudadanos tengan la impresión de que la pelota está en el tejado del contrario. Y el contrario pensando sólo en la misma táctica: en devolver la pelota al tejado del otro, o en crear por lo menos la impresión de que la pelota está en el tejado del otro.

No es de extrañar que la política se haya instrumentalizado hasta esos extremos, en los cuales parece que no importa en absoluto ni el acuerdo, ni el fin a conseguir, ni arreglar los problemas, sino colocar al contrario en situación aparentemente difícil, porque el uso y abuso que hemos cometido todos con los grandes valores, con las grande palabras, con los grandes conceptos, con el recurso continuo a la ética, a la moral, a la democracia, a la paz, al diálogo, sólo ha conseguido vaciar de todo contenido dichos valores y conceptos, sometiéndolos a una devaluación casi total.

Es lo que está sucediendo también con los prolegómenos de la aplicación de la Ley de Partidos Políticos: bajo el paraguas de buscar el mayor consenso posible -algo muy dudoso-, se practica una política intolerable de presión al contrario para que quede mal ante la opinión pública. Política de presión a la que están recurriendo todos, aunque no todos utilizan el insulto tanto como los políticos del PP.

Estamos, pues, donde estábamos, dando vueltas a lo mismo, en el mismo sitio de siempre, como la noria. Y ya no puede uno ni escandalizarse por esta forma de entender la política, de hacer política, porque los profesionales de la cosa ya se han escandalizado lo suficiente con la actitud del contrario.

Sí queda, sin embargo, la posibilidad, y la necesidad, de preguntarse por las consecuencias de esta excesiva y casi exclusiva instrumentalización de la actividad política. Esta instrumentalización de la política, la reducción de todo al cálculo político de querer inferir daño al contrario, de colocarlo en situación difícil, de desacreditarlo ante los ciudadanos, de colocarlo, por medio del órdago, en una situación aparentemente sin salida -hasta que el contrario encuentra su propio órdago, pues no hacen falta cartas buenas para ello, sino sólo saber engañar en el juego-, va carcomiendo poco a poco el sustrato de consensos básicos sobre los que se asienta la democracia, va destrozando poco a poco el básico clima de confianza que es necesario para que la democracia funcione, va instalando una cultura de la sospecha de que todo está planteado desde la perspectiva del provecho propio que incapacita para el esfuerzo de buscar, discutiendo, pero de forma conjunta, el bien común.

Y todo esto es más verdad si la instrumentalización de la política tiene como objeto el fundamento mismo de la convivencia: la lucha contra el terror, el marco jurídico-institucional que crea el espacio de derecho y libertad.

Para salir del círculo vicioso de la noria, para dejar de ver el problema siempre y de forma exclusiva en el otro, en su actitud, en su política -refiriéndonos siempre sólo a los partidos democráticos-, para dejar de repetir la cantinela de que es el otro el que quiere la prolongación del terror, de que es el otro el que crispa con sus palabras la vida política, de que es el otro el que se aprovecha electoralmente de los crímenes de ETA, el camino más efectivo está en empezar la crítica por casa, en comenzar por analizar las propias palabras, las propias actuaciones, los propios planteamientos, no en su intención siempre purísima, sino en sus consecuencias reales para la vida política y social.

Para poder proceder a ese examen crítico de las propias actuaciones sería necesario superar el dique de autojustificación moral que se ha construido: confundir diferenciación y separación. A unos, en especial al PP, no les interesa nada la diferenciación: si no se asume su política, se está inevitablemente con ETA. No hay margen de maniobra. No es posible introducir diferencias.

Para otros, especialmente para el nacionalismo tradicional, no es cuestión de diferenciar, pues esto supone relacionar, sino de separar radicalmente: lo que dicho nacionalismo hace o dice nunca tiene nada que ver con el mundo del terrorismo. La simple condena traza, sin más, una muralla divisoria, una separación suficiente entre su nacionalismo y el de ETA.

Ni la intención de eliminar la diferenciación, ni la fácil y cómoda separación artificial son, sin embargo, reales: todo está relacionado en la vida social, pero lo está de forma diferenciada, compleja. Superar la desdiferenciación y la separación serían pasos previos para romper la lógica de la noria en la que parece que estamos instalados, para dejar de jugar al mus, para dejar de lanzar órdagos en la política, y dejarlos para el juego.

Porque si tanto reclamamos que la sociedad vasca es una sociedad madura, ¿no fue el gran apóstol de la alfabetización en Latinoamérica, Paulo Freire, el que afirmó que alfabetizarse no consiste en aprender a leer y escribir, además de ejecutar las cuatro operaciones aritméticas, sino en aprender a diferenciar, a relacionar, a superar la mentalidad clasificatoria?

Quizá nos falte mucho todavía para estar realmente maduros en democracia.

La Noria y la funeraria
Nota del Editor 17 Agosto 2002

A algunos nacionalistas que se definen moderados, democráticos, tradicionales, sólo hay que recordarles el chiste de Mingote: "¿ Querido, estoy moderadamente embarazada ?".

Y encima critican a las funerarias porque hacen su negocio de enterrar a los asesisinados por sus compinches nacionalistas "extremistas". Si no quieren que las funerarias amplíen su negocio, lo tienen muy fácil, sólo basta con poner los medios públicos para lo que deben ponerse: para la defensa de la libertad, para el bien de la  ciudadanía.

Afirmar que el Estado "se aprovecha electoralmente de los crímenes de ETA", no puede ser cierto puesto que en las últimas elecciones, como muchas anteriores, sesgadas por la presión asesina, muchos votantes tuvieron la falta de dedicadeza de no apoyar a un decreciente número de héroes, mermadas sus filas por los asesinatos de algunos "nacionalistas".

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