AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 29 Agosto  2002
Los jueces y la voluntad del pueblo
Editorial La Razón 29 Agosto 2002

Segundas lecturas
Iñaki EZKERRA La Razón 29 Agosto 2002

Alentador, pero con reservas
Lorenzo CONTRERAS La Razón 29 Agosto 2002

PNV, ESQUIZOFRENIA INSOSTENIBLE
Editorial El Mundo 29 Agosto 2002

Efectos primarios
Breverías ABC 29 Agosto 2002

Las monsergas del nacionalismo vasco
José GALEANO CABALLERO La Razón 29 Agosto 2002

Sin pistolas, no son nadie
Enrique de Diego Libertad Digital  29 Agosto 2002

Lo inevitable
Lucrecio Libertad Digital  29 Agosto 2002

Argumentos irresponsables
Editorial El Correo 29 Agosto 2002

La ventriloquia nacionalista
Ignacio Villa Libertad Digital  29 Agosto 2002

Ahora democracia, antes terror
Ángel Gonzalo. Madrid. ABC 29 Agosto 2002

Nos cuentan que...
Impresiones El Mundo 29 Agosto 2002

Dos varas de medir
FELIPE SAHAGUN El Mundo 29 Agosto 2002

 

Los jueces y la voluntad del pueblo
Editorial La Razón 29 Agosto 2002

El pueblo español, a través de sus legítimos representantes, decidió emprender el camino que debe culminar en la deslegalización del brazo político del terrorismo. El masivo respaldo que la iniciativa recibió en la Cámara Baja obliga ahora a los magistrados del Tribunal Supremo a asumir, desde la más completa independencia judicial, una responsabilidad fundamental para nuestra democracia. Los 16 jueces que integran la Sala Especial, presididos por Francisco José Hernando, tienen ante sí una misión de extraordinario calado y trascendencia para el devenir futuro de la convivencia en nuestro país y la recuperación plena de las libertades en el País Vasco. Los magistrados deben actuar con responsabilidad e independencia, pero siempre en relación con la voluntad del pueblo soberano libremente expresada, porque no pueden ni deben olvidar que en nuestro Estado de Derecho todos los poderes bien diferenciados entre sí, ¬Ejecutivo, Legislativo y Judicial¬ emanan de la ciudadanía y, por tanto, tienen un deber hacia ella.

Aunque es una decisión complicada por sus repercusiones sociales evidentes, los legisladores y el Gobierno articularon una norma, la Ley de Partidos, que ha contado con un apoyo desconocido en nuestra democracia para un proyecto de esas características, pues especifica de forma meridianamente nítida y rigurosa la actuación que se debe seguir contra cualquier formación política que apoye, complemente, proteja o fomente las acciones de los terroristas. No hay recovecos, ni existen lagunas jurídicas, ni generalizaciones confusas. El legislador dejó el camino expedito a la Justicia para que el peso de la Ley recaiga sobre aquellos grupos que se amparan en la legalidad para colaborar o formar parte del engranaje del terror. Así lo entendió también el fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, y todos los miembros de la Junta de Fiscales de Sala, que ayer apoyaron de forma unánime una demanda para pedir la deslegalización de Batasuna.

Pero se hace también necesario en el actual momento político que la Sala Especial actúe con diligencia y premura. No convendría dilatar los plazos en exceso y que el asunto pudiera enquistarse de forma innecesaria. Los plazos marcados por la Ley de Partidos suponen un aval suficiente para que los derechos constitucionales de los directamente afectados estén absolutamente cubiertos y no se pueda caer en la indefensión. Más bien al contrario, el Estado de Derecho ha querido actuar de forma escrupu- losamente democrática con una norma en la línea de nuestro sistema jurídico plenamente garantista. Más allá de los tiempos fijados, los magistrados están obligados a hacer horas extraordinarias y desarrollar el proceso con la máxima celeridad posible, y no esperar seis u ocho meses para sentenciar pues la opinión pública no entendería la demora.

El Estado de Derecho se ha armado frente al terror sin caer en la pésima tentación de traspasar la Ley. Sólo así el combate contra el totalitarismo proetarra puede ser eficaz y no genera consecuencias contraproducentes. Los magistrados tienen ahora la facultad de interpretar, con la mayor independencia, una Ley, por lo demás absolutamente clara, con objetivos evidentes y abrumadoramente respaldada por el pueblo español. De acuerdo al espíritu de la norma, los jueces no pueden ser ajenos a la lucha contra el terrorismo. Es seguro que dieciséis magistrados de la Sala Especial del Supremo así lo comprenderán y actuarán desde su independencia con la celeridad que la sociedad demanda. Que eso les pone en el punto de mira es evidente. Pero ya lo estaban.

Segundas lecturas
Iñaki EZKERRA La Razón 29 Agosto 2002

Es previsible que la deslegalización de Batasuna provoque en las próximas elecciones municipales un corrimiento de los votos de esta coalición hacia el PNV superior al que ya se produjo en el 13-M. Por esa razón tiene más valor la decisión del PP, porque va contra sus más inmediatos intereses electorales y desmiente la tradicional acusación que los nacionalistas, en una impenitente segunda lectura política de los hechos, siempre le hacen a ese partido de puro electoralismo a la hora de tomar decisiones sobre el País Vasco. Las segundas lecturas llevan también a algunos a la conclusión de que el PNV es el primero en desear esa deslegalización sólo que no lo puede decir en voz alta porque perdería los votos que pretende obtener.

El problema que tiene toda segunda lectura es que, por su «compleja y sutil naturaleza» no se puede llevar a cabo con la misma simplicidad que la primera. Admitir una segunda lectura es admitir también varias segundas lecturas que no tienen por qué contradecirse. Es asumir el trasfondo enrevesado y plural de toda táctica política y en realidad de todo comportamiento humano. No cabe duda de que el PNV piensa hoy en heredar los votos de Batasuna para las próximas elecciones y para todas las que vengan después, pero de ahí a afirmar que «desea la deslegalización de Batasuna» hay varios kilómetros. Hay otros factores diferentes a los votos que también cuentan. Con la desaparición de Batasuna, al PNV se le acaba una estrategia de treinta años que es la que le ha dado ventaja sobre los demás partidos vascos en todas las consultas electorales: la de hacer el papel de partido moderado frente a los animales del brazo político de Eta, la de ser el interlocutor con Madrid que podía calmar o tener a raya a la bestia independentista. A partir de la deslegalización de Batasuna, desaparece la «comparación de los huevos de oro». Desaparece esa bella «minoría de edad mora» que le eximía de responsabilibad política o atenuaba ésta. El PNV y EA se convierten en los únicos referentes nacionalistas y por lo tanto en los únicos responsables de sus actos.

Por otro lado están los propios lazos afectivos. Los insultos de Anasagastí, Arzalluz y Egibar al PP «no son sólo para ganar votos batasunos». Son sinceros. Como lo es el apoyo sin fisuras del PSOE al PP en esta cuestión y a Garzón en la orden de cerrar las sedes de Batasuna. Puede haber segundas y contradictorias lecturas de que ese partido actúa así porque de ese modo perjudica electoralmente al PP en el País Vasco y de paso ayuda al PNV o porque castiga al PNV por rechazar sus proposiciones jactistas. Pero yo creo que no. Yo creo que es la primera vez que el PSOE se permite ser sincero en mucho tiempo.

Alentador, pero con reservas
Lorenzo CONTRERAS La Razón 29 Agosto 2002

Para empezar, los síntomas son alentadores. El auto deslegalizador de Garzón ha sido acatado por las autoridades nacionalistas vascas. La Ertzaintza no se ha andado con remilgos. Batasuna ha sido físicamente desahuciada. Ya no tiene sedes ni «herriko tabernas». Le quedan las calles y las instituciones. Y el diario «Gara», que se ha salvado de esta quema. En cuanto a las instituciones, sólo por unos meses los ayuntamientos. El Parlamento de Vitoria, por tres años más. Es lo que permite prever la Ley de Partidos.

Procede repetirlo, los síntomas son alentadores. Pero con reservas. Cuando se dice que a Batasuna se le ha agotado el combustible y le han puesto de patitas en la calle, cortándole la luz, el agua y el teléfono, aparte de privarle de techo, no cabe olvidar que, además del remanente institucional de los escaños con plazo de caducidad, tiene a su disposición, sin caducidad previsible, un apoyo que se llama Eta. Ahora bien, Batasuna ya no puede jugar prácticamente a ser el brazo político de la banda. Le han arrebatado la máscara. Su opción es el monte definitivamente. Y algunos discursos de despedida.

Para el mundo proetarra, incluidos los terroristas armados, se ha ampliado el frente. Falta que den el definitivo paso de atentar contra el PNV, contra el Gobierno de Ibarreche. No sólo contra la Ertzaintza, que se da por supuesto. Su destino inmediato es estar solos. Solos con más de doscientos mil votos sin marca política cuando entre en vigor la Ley de Partidos. Es lo que he llamado en crónica reciente no estar estando. La clandestinidad llama con fuerza en las puertas cerradas de Batasuna.

Los votos que quedan sin dueño, sin destinatario formal, puede que no vayan a la bolsa del nacionalismo moderado. El mundo proetarra guardará su patrimonio tal vez, cuando llegue la ocasión, en el receptáculo del voto en blanco. O en el índice de la abstención. Ya se verá porque en política muchas veces el breve tiempo es largo.
Es pronto para sentar premisas. Pero hay un dato inconmovible: el «abertzalismo» nunca lo pasó peor. Al menos en democracia. Y a Batasuna no le ha castigado tanto la democracia como la propia Eta. Eso lo sabe mejor que nadie Arnaldo Otegui, que especuló, antes de Santa Pola, con una pausa duradera del terrorismo. Los pistoleros no le dieron cuartel político.

Así pues, soledad de soledades. Pero, junto con la agitación callejera, les queda la palabra, la mitinesca enardecedora. Sin descartar la Iglesia vasca, que no es únicamente la episcopal, aunque la mitra dé para bastante. Una Iglesia con alguna capacidad de duda. Recordemos al obispo de Bilbao, que podría volver o ser «un tal Blázquez» si se le pasa del todo el síndrome de Estocolmo.

PNV, ESQUIZOFRENIA INSOSTENIBLE
Editorial El Mundo 29 Agosto 2002

Tanto el Gobierno vasco como el PNV intentaron ayer navegar entre dos aguas para paliar el impacto ante la opinión pública de las imágenes sobre los enfrentamientos de la Ertzaintza y cuadros de Batasuna.

El portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, aprovechó el altavoz de Radio Euskadi para preguntar a la coalición abertzale por qué habían puesto «una alfombra roja» al Cuerpo Nacional de Policía en el cierre de su sede en Pamplona y había buscado «una confrontación brutal» con la Ertzaintza en Bilbao, San Sebastián y Vitoria.

Habría que recordarle que la actuación de la Policía y la Guardia Civil en Navarra fue rápida y discreta. Por el contrario la hora elegida y la tardanza en llevar a cabo las órdenes del auto del juez Garzón parecían indicar que el Gobierno vasco pretendía una escenificación pública de la confrontación.

Y es que en este momento los dirigentes de Vitoria tienen el alma dividida. Por un lado están dispuestos, como ya han demostrado, a cumplir la legalidad. Por otro no hay duda de que comparten los fines de los dirigentes de la formación ilegalizada a los que han tenido y tendrán que reprimir.

Los seguidores del PNV comienzan a actuar como si en los días impares tuvieran que defender una postura y los días pares otra.De hecho la Ertzaintza cerró ayer otras cuatro sedes de Batasuna -en esta ocasión sin incidentes- mientras el portavoz del PNV, Joseba Egibar, declaraba que el «proceso de emancipación nacional, en Euskadi, se está acelerando» y que el pueblo vasco «ya tiene madurez para echar a andar y decidir su propio futuro». En definitiva: una esquizofrenia insostenible que tiene que estallar por algún lado.

Batasuna pretende ahora lanzar un reto a Francia. Ha trasladado su domicilio postal a la dirección en Bayona de su eurodiputado, Koldo Gorostiaga. Cabe preguntarse qué pensarían los franceses si el partido recién disuelto del ultraderechista que quiso asesinar a Chirac hubiera situado su domicilio en España. El país vecino no puede ser santuario, ni siquiera postal, de un partido con sus actividades suspendidas y en vías de ilegalización.

Efectos primarios
Breverías ABC 29 Agosto 2002

La primera reacción de los dirigentes del PNV y EA a la ilegalización de Batasuna ha sido la previsible. El consejero de Justicia, Joseba Azkárraga, arremete contra el juez Garzón en vez de contra los etarras; el portavoz Egibar, ese fino analista, ve próxima la independencia del País Vasco y el consejero de Interior, Javier Balza, autoriza una manifestación en favor de Batasuna, convocada tramposamente para vulnerar las órdenes judiciales. Puede que las amenazas de los proetarras estén surtiendo efecto.

Las monsergas del nacionalismo vasco
José GALEANO CABALLERO La Razón 29 Agosto 2002

Cuando la opinión o la discrepancia de los vascos o adversarios del nacionalismo chocan con la doctrina política de los nacionalistas vascos, éstos suelen sacar, a modo de artillería que lanzan cañonazos contra sus oponentes, unos tópicos que reproducen con reiteración y pertinaz insistencia, a modo de muletilla o estribillo, en la que cantan la misma cantinela, la misma historia de siempre, las mismas monsergas, motejando de «españolistas», «franquistas», «maketos» y otras lindezas a sus contradictores y enarbolando como bandera conceptos comunes que ellos se apropian, como la identidad vasca, la patria vasca, el vascuence o euskera... Tal es el caso de la carta enviada por la Corporación de Maruri a sus vecinos, atacando el sacerdote Jaime Larrinaga: «Se deduce que nuestro párroco es nostálgico de aquel régimen, felizmente desaparecido», «... pero en aquella época oscura, nadie le escuchó clamar, con riesgo de su libertad, por una sociedad plural alejada de «dogmatismos» y de «absolutismos», «ni tampoco contra el avasallamiento del euskera».

Ante las críticas a la Corporación nacionalista de Maruri, Javier Arzalluz sale en su defensa y reitera la tesis de los nacionalistas y provoca estos titulares de prensa: «Arzalluz insulta al cura con escolta y se burla del catedrático Llera». «Del catedrático dice que se marcha del País Vasco por el chollo que le han dado y del cura que es un nostálgico del franquismo y un paranoico », lo cual es en un todo coherente con la doctrina racista, xenófoba, genocida, antidemócrata y anticristiana del PNV, que practica con absoluta fidelidad «el tal Arzalluz». Sería un contrasentido y resultaría un tanto extravagante que los motejados como «nostálgicos del franquismo» tuvieran razón.

Veamos el último estudio realizado por la Fundación BBVA sobre la «Renta nacional de España y la convergencia real de España y sus autonomías con la Unión Europea»: En el año 1959 el País Vasco ocupaba el primer lugar en el índice de renta de las regiones españolas, a cinco puntos de su convergencia con la renta europea. En el año 1975 ocupaba el 2° lugar en la renta de España ¬a escasas décimas de Baleares¬ y 8,07 puntos por encima de la renta europea. En el año 1999 ocupaba el 5° lugar en la renta española y a 7,38 puntos por debajo de su convergencia con Europa, lo cual quiere decir, lisa y llanamente, que los 25 años de Gobierno del País Vasco por el PNV, ofrece un índice claro de su mala Administración, de su desgobierno; ha dilapidado la riqueza que recibió, ha empobrecido a los vascos, con lo que resulta evidente que es totalmente seguro que cuando ocupen el Gobierno del País Vasco «los españolistas o franquistas» lo harán mejor.

En cuanto hace al vascuence o euskera quizás lo más representativo sea la Academia de la Lengua Vasca o Euskalzaindia. Desde su fundación en 1918 ha seguido realizando sus actividades sin que ningún régimen político se las haya prohibido. Por O. del 21-11-1952, se crea en la Universidad de Salamanca la cátedra «Manuel Larramendi». La Orden ministerial decía: «Constituye la lengua vasca una de las más venerables entidades hispánicas... Es por ello deber inexcusable del Estado español atender, en la medida más adecuada, el estudio, investigación y cuidado científico de este rico aspecto de nuestro común patrimonio cultural». La cátedra fue inaugurada por el etnólogo vasco José Miguel Barandiarán, quien, en su vejez, había de decir: «Yo ya soy viejo y puedo asegurar que nunca habíamos tenido nada parecido en el movimiento de las ikastolas». Esa cátedra fue regentada por vascos ilustres, entre otros, el profesor Luis Michelena. Otra cátedra sería la de Lengua y Cultura Vasca de la Universidad de Navarra. En los dialectos euskeras se publicaban revistas como «Kili-Kili», «Zeruco», «Argia», «Goiz-Argi» y «Anaitasuna», «Agur», «Egan», «Jakin», «Euzko Gogoa» y el suplemento de la Institución «Príncipe de Viana», entre otras. Las publicaciones editoriales sobre temas monográficos vascos fueron copiosas entre las que cabe citar la Colección de «Monografías Vascongadas», de la Biblioteca Vascongada de Amigos del País, o la «Biblioteca Vasca» de Ediciones Minotauro, Auñamendi... En euskera «Auspoa», «Kulixka sorta», «Jakin», «Lur» «Irakursail».

El testimonio nada sospechoso del profesor Barandiarán, cuya talla intelectual ha sido reconocida por las Universidades de Deusto, del País Vasco, Complutense y concesión de la cruz del árbol de Guernika, así como la del profesor norteamericano Stanley G. Paine, que en su obra «El nacionalismo vasco» ratifica la tesis de Barandiarán: «En 1970 funcionaban más ikastolas de las que habían existido nunca en la historia vasca» (138 ikastolas en el País Vasco y Navarra), ponen de manifiesto que la etapa «franquista» fue la de mayor desarrollo y esplendor de la lengua vasca. Los dos topicazos que el PNV enarbola siempre en son de «víctima» del poder de Madrid: «franquismo y persecución de la lengua», se han venido a tierra, se han dado de «bruces», o sea de «morros» en el suelo. Su estrategia del topicazo, de la mentira que es el credo nacionalista, es apócrifo, es pura fábula engañabobos. Nunca nos hemos opuesto el resto de los españoles a que las lenguas regionales de España sean habladas por sus habitantes y ahí están para probarlo el gallego, el valenciano, etc. A lo que sí nos hemos opuesto es a que con el pretexto de la enseñanza se envenene en el odio, la falsedad y el engaño a la juventud y se conculquen los derechos de los castellanohablantes y eso sólo sucede allí donde gobiernan los nacionalistas. ¿Cuándo se dará cuenta el buen pueblo vasco que están educando a sus hijos en el odio, semillero de todos los males de la Tierra?.

Sin pistolas, no son nadie
Enrique de Diego Libertad Digital  29 Agosto 2002

Hay imágenes que sí valen más que mil palabras. En las más recientes, están las de la Ertzaintza cumpliendo con la legalidad, cerrando y precintando las sedes de Batasuna. También el escaso eco de las llamadas de los ya etarras –el auto de Garzón es claro al señalar la total identidad entre Batasuna y Eta– a la defensa de sus sedes: unas pocas decenas, arropando a sus dirigentes, quienes, curiosamente, todavía están en la calle y dando ruedas de prensa.

El resumen más claro es que sin pistolas no son nadie. Sin matar, como cobardes, por la espalda, sin accionar a distancia el explosivo del coche-bomba, los batasunos no son nadie. Se alimentan del miedo y medran gracias a él, pero ante la fortaleza son tigres de papel mojado. Darían pena si no fueran presuntos patentes asesinos, que se alegran y festejan las muertes de víctimas inocentes, incluidas niñas de seis años, sorprendidas mientras bailan el Aserejé.

Es la insoportable levedad de Otegi y los matones verbales de Batasuna lo que queda en la retina como resumen de estos días, cuando se ilegalizó a Batasuna con una normalidad que quizás rompan los etarras, pero que en sí no ha revestido más importancia que desalojar a unos cuantos okupas de la democracia.

Ante la prudencia y la fortaleza del Estado de Derecho, no son nadie. Piltrafillas.

Lo inevitable
Lucrecio Libertad Digital  29 Agosto 2002

Cifra el clásico el arte del analista político en “no burlarse, no deplorar o maldecir las acciones humanas, sino entenderlas”. Conviene atenerse milimétricamente a ese axioma básico de la filosofía política moderna, a no ser que busquemos complacernos en confundir realidad y deseo: nada hay más catastrófico en política que ese tipo de confusiones.

Los movimientos de ficha sobre el tablero del ajedrez político son, en lo que al país vasco concierne, casi matemáticos. Y, en lo esencial, pueden ser previstos a muchas jugadas de distancia. Su determinación escapa a cualquier voluntad o preferencia. Es la endiablada lógica de un conflicto que entrevera lógica militar y política la que está en juego. Y cada uno de los adversarios sabe ahora que poco puede esperar ya de una salida negociada.

La situación que culmina en este verano se inició con un movimiento local en la estrategia de ETA, hace media docena de años. Básicamente consistía en cambiar el objetivo táctico. Conforme a un viejo principio que, bajo la conocida fórmula del eslabón débil de Lenin, remite a Sunzi y los antiguos maestros del arte de la guerra, un frente se desmorona cuando su punto más débil es roto. Mao teorizaría eso en la muy conocida tesis conforme a la cual la guerra popular consistiría en el arte de ser infinitamente superiores en lo táctico cuando se es infinitamente más débil en lo estratégico.

Hasta entrados los años noventa, ETA había considerado eslabón débil al ejército. Había concentrado sobre él su presión, esperando su rebelión contra el Estado democrático. Fue un rotundo fracaso. Luego, se produjo una recomposición táctica de apariencia enloquecida: detectar el eslabón débil en el escalón más bajo de la política institucional, los concejales, y golpear perseverantemente sobre él. Producía estupor, porque contravenía todas las mitologías de la tradición leninista –a las que ETA se declaró siempre doctrinalmente fiel– ese abrir fuego sobre el sector menos relevante del Estado. Pero, técnicamente, demostró tener una eficiencia pavorosa. Un alto dirigente político está moral, e incluso profesionalmente, obligado a ser heroico y aguantar lo que se le venga encima: para eso se le paga. Un concejal, no. La proximidad de las elecciones municipales en el país vasco fue progresivamente trasluciendo una certeza terrible: la imposibilidad en que una parte del arco constitucional iba a verse para completar sus listas de candidatos. En ese punto exacto, ahí donde un área política completa –la del PP, en principio, pero todo hace pensar que la dinámica acabaría por extenderse a tod el sector no nacionalista– queda materialmente excluida del proceso electoral, es la normalidad constitucional la que queda rota. De hecho.

La ley de partidos votada este verano no hace sino transcribir a la lengua del derecho lo que, en los hechos, está ya dado: la excepcionalidad política que impera en una parte del Estado, de algún modo, fuera de garantía. No es ni deseable ni indeseable. No es siquiera discutible. Es el trueno que sigue al rayo. Tan insoslayable como él. Tan insoslayable como lo que vendrá de inmediato: la fase resolutiva de la partida de ajedrez. Fase cuya dureza es, pienso, más que previsible. Aguardan tiempos pésimos. Pésimos e inevitables.

Argumentos irresponsables
Editorial El Correo 29 Agosto 2002

Los pasos dados casi simultáneamente por la inmensa mayoría del Congreso y el juez Garzón revisten tanta novedad como trascendencia, y generan las lógicas interrogantes sobre sus efectos inmediatos y sus resultados últimos. Pero la oposición mostrada por distintos portavoces del Gobierno vasco y dirigentes de las formaciones del tripartito desborda los límites de la inquietud razonada para proyectar sobre la opinión pública tres argumentos falaces e irresponsables: que ambas medidas representan una involución en el terreno de las libertades; que constituyen una imposición sobre la voluntad de la ciudadanía vasca; y que contribuirán a empeorar la situación y a truncar el camino hacia la paz. Nuestro sistema democrático ha optado por establecer cláusulas de restricción para el ejercicio de las libertades públicas a través de una Ley de Partidos; y se ha visto obligado a ello porque existe una fuerza organizada que ha utilizado esas mismas libertades para vulnerar derechos fundamentales de sus conciudadanos secundando con su actuación y sus argumentos los más execrables crímenes contra la integridad y la dignidad humanas. Era ésta una opción que el Estado de Derecho tenía a su alcance, y que ha empleado cuando era evidente que su otra alternativa era consagrar -por omisión- un clima de impunidad política y penal hacia la conducta de quienes exprimían las posibilidades de su propia libertad para coartar la de los demás. Más allá de acusaciones genéricas o críticas sobre algún aspecto del articulado de la Ley o del auto dictado por el juez de la Audiencia Nacional, no cabe sostener el contumaz argumento de que su contenido supone una involución en términos democráticos o que cercena la naturaleza garantista de nuestro sistema.

Los dirigentes nacionalistas siguen presentando tales medidas como ajenas y contrarias a la voluntad de la sociedad vasca, abundando además en la idea de que ha de ser la sociedad vasca la que, en las urnas, ilegalice a Batasuna. Tal argumento podría ser válido si el terrorismo y la ignominia de sus apologetas causaran daño sólo a los vascos; si no hubiera miles de vascos desprotegidos y humillados en su dolor por el mensaje infame de quienes, lejos de guardar silencio ante el terrorismo, lo explican y justifican; si no existieran la Ley y las instituciones como garantía de la libertad y los derechos ciudadanos; y si los vascos en su totalidad estuvieran dispuestos a soportar la coacción permanente de quienes consideran que la imposición de su proyecto político constituye un derecho inalienable. Pero ni se da ninguna de esas condiciones, ni el conjunto de la sociedad vasca y española tiene por qué depositar necesariamente su confianza en la gestión que el PNV haga del conflicto vasco . La postura defendida tan decididamente por sus dirigentes de que «a Batasuna hay que derrotarla en las urnas» resulta tardía, interesada e insensible. Tardía, porque el nacionalismo democrático no se ha querido comprometer nunca en una pugna ideológica abierta con el nacionalismo violento para purgar la comunidad abertzale de su presencia. Interesada, porque viene a manifestar que la única manera de acabar con el terrorismo es la que beneficie electoralmente a la formación jeltzale. E insensible, porque demuestra que el nacionalismo gobernante no acaba de comprender que una Batasuna reducida a la quinta parte de su actual representatividad constituiría una lacra igualmente dolorosa si las instituciones admitieran su compor- tamiento como legítimo.

Pero, sin duda, el argumento que más preocupación suscita en la opinión pública es el de que con estas medidas empeorarán la violencia y la tensión política en Euskadi. Ése ha sido, desde hace más de veinte años, el razonamiento que ha postergado cuantas iniciativas pretendían situar a los entornos de ETA en el lugar que, por su actitud antidemocrática, les hubiera correspondido desde el principio en una sociedad que pretendía afianzar las libertades. Ésa ha sido también la excusa del nacionalismo gobernante para rehusar cualquier decisión que colocara a Batasuna al margen de las alianzas políticas en Euskadi y del gobierno de las instituciones. Con el paso del tiempo, el comprensible cuidado democrático de los primeros años de libertad se fue convirtiendo en el auténtico chantaje con que los adláteres del terror iban ampliando el territorio de la impunidad. Admitir a estas alturas que una medida sujeta al control democrático de las instituciones pudiera alentar aún más a quienes tratan de echar abajo la democracia nos retrotrae a los momentos anteriores a la Transición. Y sería tanto como situar el propio futuro de la democracia y la suerte de quienes son perseguidos por el terror a merced del terror mismo, sin que la sociedad democrática tuviera otro recurso frente a la vileza de los apologetas que la impasibilidad. Conviene que los responsables políticos eviten en adelante interpretar el comportamiento de violentos e intolerantes como si fuera la esperada respuesta a los dos procedimientos de ilegalización que penden sobre Batasuna. Lo contrario no sólo supondría una deliberada inversión en el orden de los factores, sino que fomentaría la amnesia colectiva y contribuiría a instalar en la conciencia ciudadana un vaticinio chantajista coincidente con las amenazas de ETA.

La ventriloquia nacionalista
Ignacio Villa Libertad Digital  29 Agosto 2002

Una vez ejecutado el auto del juez Garzón, la declaración-reacción de dos personajes relevantes del nacionalismo vasco nos sitúa, una jornada más, ante el descaro con el que se descubren las cartas del Gobierno de Vitoria, el PNV y EA. Escuchar al consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, y al portavoz del PNV, Joseba Egibar, nos confirma a todos con quién están los nacionalistas vascos. En ésta su última pataleta política, el nacionalismo está explicando la letra pequeña de su verdadera actitud: su estrategia de complicidad con Batasuna. No tienen el más mínimo pudor para utilizar los mismos argumentos que los batasunos a la hora de criticar la iniciativa del juez Garzón, así como la decisión del Congreso de los Diputados de instar al Gobierno para que inicie el proceso de ilegalización de Batasuna.

Azkarraga y Egibar, de la mano en sus ataques y paranoias, nos muestran sin escondites cuál va a ser la línea de actuación de todo el nacionalismo en los próximos meses. De todas formas, en estos momentos no estaría de más recordar los "aparentes" desmarques que el PNV y EA teatralizaron después de las últimas elecciones en el País Vasco. Entonces intentaron "lavar" una imagen manchada por la colaboración pública con Batasuna en la anterior legislatura. Ahora, después de unos meses de un "mentiroso" distanciamiento, vuelven a quitarse la careta, defendiendo "a capa y espada" los intereses del brazo político de ETA. El consejero vasco de Justicia vuelve a recordar, como hicieron los batasunos, que el 26 de agosto ha sido un día negro para la democracia y ha acusado al juez Garzón de no ser independiente. Mientras tanto, el portavoz del PNV asume como propias las ideas de Batasuna cuando dice que todo lo ocurrido está acelerando el proceso de emancipación nacional.

No son interpretaciones. La realidad es que entre nacionalistas y batasunos hay identidad plena, unidad de criterios, similitud de estrategias y coincidencia de objetivos. Lo suyo es demasiado parecido. Hay una excesiva coincidencia entre los unos y los otros. Los modos destemplados del nacionalismo tras las últimas iniciativas para acorralar al mundo del terrorismo nos colocan ante una realidad: cerrada Batasuna, los partidos nacionalistas están dispuestos a ser los altavoces del brazo político de ETA. A día de hoy, escuchar a Azkarraga o a Eguibar es como escuchar a Otegi. Parecen muñecos a los que la propia Batasuna se encarga de poner voz para que transmitan sus mensajes. Las pruebas lo demuestran.

Ahora democracia, antes terror
Ángel Gonzalo. Madrid. ABC 29 Agosto 2002

La banda terrorista ETA, sus aliados de EH y otras organizaciones cercanas al terror y la violencia esgrimen ahora argumentos de falta de democracia, atentado contra la libertad de expresión y represión del Estado español por la ilegalización de Batasuna.

Unos argumentos que han rechazado, olvidado y humillado cuando mataban a sangre fría a 812 inocentes, secuestraban a 77 personas, provocaban numerosos daños materiales e instauraban estados de miedo en una gran mayoría de la sociedad vasca, española e internacional.

En un Estado de derecho no caben ETA ni sus aliados, ya que no respetan la paz ni los derechos humanos.

Quizá esta medida tomada tanto por el juez Garzón como por el Parlamento democrático español no sirva para acabar con ETA, pero quizá sí sirva para reconfortar a las víctimas y a los familiares, para recordarles que la justicia y la mayoría de la sociedad española está con ellos, que no olvida su dolor y que todos deseamos un presente y un futuro de concordia y paz.

Nos cuentan que...
Impresiones El Mundo 29 Agosto 2002

La Fundación para la Libertad, que preside Edurne Uriarte, está decidida a promover, a partir del próximo mes de septiembre, el desarrollo del discurso constitucional en el País Vasco. Su intención es no dejar en manos de los nacionalistas (Fundación Sabino Arana) y los seguidores de la tercera vía (Elkarri) el monopolio de la discusión ideológica. Pretenden dar cobertura a otros colectivos hermanos, como Basta Ya y el Foro Ermua, para afrontar el duro otoño que se avecina, pero sin que los acontecimientos diarios ni la imprescindible búsqueda de financiación les impidan profundizar en la exposición de referentes culturales no nacionalistas.Tras su creación en junio, avalada por dirigentes de PP y PSOE, la Fundación se estrenó el 29 de julio con una conferencia del ministro José María Michavila en Bilbao, donde ha fijado su base operativa. Sus responsables barajan, tras las vacaciones, contar en un futuro próximo con políticos de la talla de Alfonso Guerra o escritores comprometidos como Antonio Muñoz Molina. Habían pensado incluso en llevar al País Vasco al mismísimo Baltasar Garzón, pero son conscientes de que no podrán hacerlo hasta que el magistrado de la Audiencia Nacional se desligue del sumario contra Batasuna.

Dos varas de medir
FELIPE SAHAGUN El Mundo 29 Agosto 2002

Salvo contadas excepciones, los principales medios internacionales de comunicación siguen negándose a calificar a ETA de terrorista y cuestionan la pertenencia -aunque no la conexión- de Batasuna a ETA, el principal fundamento jurídico del juez Baltasar Garzón para ordenar la suspensión del partido independentista vasco.En los últimos cinco días han dado mucha más importancia a las opiniones de los dirigentes de Batasuna que a las de los partidos a favor de su ilegalización, han ignorado o confundido las causas de las acciones políticas y jurídicas contra la coalición abertzale y -con su falsa neutralidad y sus silencios, sus medias verdades y errores- han reforzado la imagen de víctima que Batasuna quería enviar a sus seguidores y a otros países.

Arnaldo Otegi, Carlos Rodríguez, Joseba Permach, Joseba Alvarez, Fernando Barrera y Paul Etxebarría son algunos de los dirigentes o miembros de Batasuna que han recibido espacios y/o tiempos de oro en las agencias Reuters, AP y AFP, las cadenas BBC y CNN, y los periódicos de mayor tirada de EEUU y de Europa para llamar fascista a Aznar, traidor al PNV y lindezas parecidas a otros dirigentes e instituciones.

El embajador español en Washington, Javier Rupérez, en la CNN, y el diputado popular Gustavo de Arístegui, en la BBC, corrigieron lo mejor que pudieron la imagen favorable a Batasuna, pero es imposible equilibrar y contextualizar en unos segundos la avalancha de información y opiniones desequilibradas y fuera de contexto que han dominado estos días la información internacional sobre el País Vasco. The Economist es la excepción que confirma la regla. Se nota la pluma de Adela Gooch, aunque los artículos del mejor semanario británico no lleven firma. Es el único medio que, en su edición del 17 de agosto (pág. 26), no ha tenido ningún reparo en calificar a Batasuna de «brazo político de los terroristas».

Le Monde, que ha ido mejorando con los años su información sobre el terrorismo de ETA, estos días ha estado muy desigual. El pasado fin de semana, en un artículo firmado por un interino, citaba el informe del fiscal Jesús Santos para explicar la orden del juez Garzón. Casi ningún medio ha hecho referencia al auto del magistrado. El martes, sin embargo, sólo publicó 15 líneas de agencias sobre el debate y la votación en el Parlamento. Lo peor no es eso, sino la entradilla: «El partido nacionalista vasco Batasuna convoca una manifestación el mismo día en que el Parlamento español se reúne...».

La agencia AP no se quedó atrás. Abrió su información del martes (crónica transmitida a las 16.12 horas) de esta manera: «La policía local disparó balas de goma contra manifestantes y desactivó una bomba el martes en un enfrentamiento entre vascos provocado por la orden de un juez español de cerrar un partido político pro independentista».

Los semanarios Newsweek y Time no han publicado todavía ni una palabra sobre las acciones contra Batasuna. En su edición de ayer, el Washington Post liquidaba el asunto en línea y media: «Un juez español ordenó el cierre del partido político vasco Batasuna durante al menos tres años por apoyar al grupo guerrillero ETA».

En el resumen de agencias del New York Times y del Herald Tribune, el pasado fin de semana, Permach se despachaba a gusto sobre la supuesta «ofensa contra el pueblo vasco», los periódicos califican a ETA de «grupo separatista clandestino» y, como única base jurídica de la acción de Garzón, citan «una ley antiterrorista dura aprobada en junio». Cierran la crónica afirmando que todos «los gobiernos centrales de España han intentado ilegalizar a Batasuna desde su creación, en 1978».

La agencia Reuters, una de las dos fuentes a la que atribuía su información en la edición del 24 y 25 de agosto el Herald Tribune, reconocía, en crónica transmitida a las 19.26 horas del martes, que «es el primer intento de prohibir un partido político desde la muerte de Franco en 1975».

Este mismo periódico no publicaba una sola línea sobre España en su edición del lunes, a pesar de dedicar tres páginas y media de un total de 16 a la guerra contra el terrorismo. Es evidente que el terrorismo de Bush es otro y aplican dos varas de medir.

La posición oficial del departamento de Estado, que desde 1997 considera a ETA un grupo terrorista y lo incluyó en su lista negra tras el 11 de Septiembre, ha sido de respeto y apoyo (al menos retórico) a las acciones del Parlamento español y del juez Garzón. Igual o más grave que la resistencia a considerar terrorista a ETA es el empeño reflejado en muchas crónicas, sobre todo de la BBC y de la CNN, en igualar a las víctimas y a los verdugos.El único precedente del terrorismo etarra citado en casi todas las crónicas de estos días de Alan Goodman para la CNN y del enviado especial de la BBC ha sido el atentado de Santa Pola.Las 3.390 acciones terroristas restantes de ETA y las 3.761 acciones de violencia callejera entre 1991 y 2002 (hoy ya serían bastante más) recogidas en el auto de Garzón se han reducido, en sus crónicas, a una cifra mágica: más de 800 muertos. Ni una palabra se dice sobre la condena de centenares de miembros de Batasuna por crímenes de ETA.

Las imágenes de las dos cadenas eran todavía peores que las crónicas. Sin criterio ni contextualización alguna, los espectadores de medio mundo se han quedado sólo con las imágenes de policías encapuchados rompiendo a mazazos ventanas y puertas, y aporreando o arrastrando a pacíficos manifestantes.

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