AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 6 Septiembre  2002
Cerco internacional a Batasuna
Editorial La Razón 6 Septiembre 2002

Ibarretxe se da a conocer
Editorial ABC 6 Septiembre 2002

El doble rasero nacionalista
Impresiones El Mundo 6 Septiembre 2002

La rótula de Ibarretxe
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 6 Septiembre 2002

¿Qué haríamos sin ti, Pujol
Carlos HERRERA ABC 6 Septiembre 2002

Carta abierta a Anasagasti
María VALDES La Razón 6 Septiembre 2002

Carta abierta a Fernando Sebastián
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 6 Septiembre 2002

La verdadera divisoria política
Amando DE MIGUEL La Razón 6 Septiembre 2002

No lo entienden
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 6 Septiembre 2002

Un día en Euskadi
Editorial El País 6 Septiembre 2002

EA toma el relevo
Lorenzo Contreras La Estrella 6 Septiembre 2002

Recurso y acatamiento
Editorial El Correo 6 Septiembre 2002

El PP y el PSOE censuran el apoyo de los nacionalistas vascos a Batasuna
Madrid El País  6 Septiembre 2002

La periferia de Europa
Manuel Martín Ferrand La Estrella 6 Septiembre 2002

Cerco internacional a Batasuna
Editorial La Razón 6 Septiembre 2002

El cerco judicial a los proetarras ni puede ni debe concluir en territorio español. LA RAZÓN recordaba ayer las inadmisibles relaciones con Eta y sus cómplices del dictador Castro y de su aprendiz venezolano, Hugo Chávez. La investigación judicial emprendida por el juez Baltasar Garzón ha llegado también al aparato exterior de la banda asesina y obtenido datos suficientes sobre las ramificaciones internacionales de la banda. Por eso ha pedido a las respectivas justicias de Francia, Nicaragua, Estados Unidos y Australia que colaboren en el proceso judicial abierto en España e impidan que los proetarras puedan desde fuera de nuestras fronteras continuar con sus actuaciones en locales o por medio de servidores de la red de internet. La eficacia de Garzón llega también al Parlamento europeo, del que solicita que se suspendan los pagos a Batasuna.


La investigación de Garzón, además de probar la por otro lado evidente relación entre Batasuna y Eta, es una magnífica noticia para la Justicia pues supondrá el fin de la impunidad, no sólo para los actuales líderes de la coalición sino también para quienes, en el pasado, desde la mesa de HB, tuvieron responsabilidades en una organización que hoy se sabe que era parte del crimen organizado etarra y actuaba desde la privilegiada posición de su cobertura política. Es bueno para una sociedad democrática que los delincuentes, más tarde o más temprano, tengan que pagar por sus crímenes.

Ibarretxe se da a conocer
Editorial ABC 6 Septiembre 2002

Ahora parece que el Gobierno de Ibarretxe está preocupado por mejorar la proyección internacional del nacionalismo, fuertemente mermada tras su expulsión de la Internacional Democristiana y, en general, por la difusión entre las democracias occidentales de sus pactos con ETA y Euskal Herritarrok en 1998. La pretensión del ejecutivo nacionalista se ha reflejado en la visita del lendakari a Johannesburgo, con motivo de la Cumbre por el desarrollo sostenible y, especialmente, de un foro de regiones para asuntos medioambientales, presentado por la prensa nacionalista como la homologación internacional del Gobierno de Vitoria. El último episodio ha sido la organización de unas jornadas en las que se ha querido involucrar a la Embajada de EE.UU. en España, promovidas por el lobby nacionalista de Idaho -Cenarrusa y compañía- e indirectamente por el ejecutivo nacionalista, con el objetivo de explicar a la opinión estadounidense lo que para el PNV es la verdadera situación del País Vasco.

Todos estos movimientos de pequeño perfil demuestran el voluntarismo del PNV y su miopía política ante una opinión internacional -la de las democracias- que, con los matices que se quieran, ni acepta enclaves etnicistas en el corazón de Europa, ni admite secesionismos forzosos ni tolera connivencias con el terrorismo. La partida internacional se juega en foros de mayor nivel, que respaldan de forma inequívoca al Estado español y en los que el lenguaje del nacionalismo vasco no se entiende. Aunque es lamentable que, tras visitar Johannesburgo, el ecologismo de Ibarretxe no dé para preocuparse más por el desarrollo sostenible de las libertades en el País Vasco, un tanto contaminadas en los últimos tiempos.

El doble rasero nacionalista
Impresiones El Mundo 6 Septiembre 2002

El PNV y EA presentaron ayer una iniciativa para mover al Parlamento Vasco a votar la presentación de un recurso ante el Tribunal Constitucional en contra de la Ley de Partidos que ha servido para iniciar el proceso jurídiso para la ilegalización de Batasuna.En la misma línea de defensa de la coalición abertzale, EA ha convocado una manifestación para mañana en torno al árbol de Gernika. Contrasta esta movilización con el nulo interés del PNV y EA en defender a las verdaderas víctimas en el País Vasco, las que sufren a diario la violencia y la intolerancia. El miércoles dimitía la concejala socialista del Ayuntamiento de Abanto «agobiada por la presión de la amenaza terrorista» como explicaba al anunciar su abandono. Es sólo una más de los casi 30 ediles que han dejado su cargo por parecidos motivos desde el fin de la tregua de ETA.Es a los concejales amenazados por ETA a quienes hay que defender, y no a los partidos que, como Batasuna, apoyan el terrorismo.

La rótula de Ibarretxe
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 6 Septiembre 2002

Los tiempos son los tiempos. Antes habría sido pertinente hablar del talón de Ibarretxe por aquél de Aquiles; ahora parece más apropiado recurrir a la rótula de Ibarretxe por la rodilla de Ronaldo. En su versión clásica o moderna, es la metáfora adecuada para referirse al estallido de contradicciones internas del nacionalismo democrático vasco, simbolizado en la persona del lehendakari, después del doble proceso en curso sobre la ilegalización de Batasuna. Como si se tratase de corregir el misterio de la Santísima Trinidad, una unidad basada en el tripartito del Gobierno de Vitoria, sus tres componentes no son una unidad. Ayer mismo, tuvimos ocasión de comprobarlo abierta y descaradamente. Veamos.Dos de ellos decidieron presentar un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Partidos que el tercero rehusó rubricar; uno de los tres reiteró la convocatoria de una concentración en Gernika que los dos restantes no han convocado y la consejería de Interior la autorizó pese a haber sido convocada contra los intereses electorales del socio mayoritario. Todo ello sin olvidar las constantes coces de los ilegales, el cuarto mosquetero armado, contra los tres desarmados que constituyen el Gobierno de Ibarretxe.

Sea por las razones que sean, tan diversas como complicadas, no lo ha podido hacer con mayor habilidad el Gobierno de Aznar.Mientras aglutina en torno al Partido Popular todo el sentimiento nacional español, dispersa el sentimiento abertzale de todo el nacionalismo vasco. Multiplica los adversarios nacionalistas de Ajuria Enea a la vez que anula completamente los de La Moncloa.Más aún. Con la ilegalización y el auto judicial, Ibarretxe paga los costes de la unidad de los demócratas sin poder obtener ninguno de sus beneficios. Algo así como un acuerdo antiterrorista, con todas sus obligaciones policiales y judiciales, pero sin ninguna de las contrapartidas políticas fijadas, por ejemplo, en el pacto de Ajuria Enea. Tanto es así, que Eusko Alkartasuna ve la posibilidad de ofrecerse como brazo soberanista para aquellos electores batasunos deseosos de prestar su voto a un nacionalismo democrático que no se ilegalice. Si el Ejecutivo de Vitoria no puede avanzar, por la palpable correlación de fuerzas en la sociedad vasca y se ve obligado a acatar las disposiciones de Madrid, en cumplimiento de sus obligaciones constitucionales, nada más lógico que sea la minoría nacionalista demócrata la que se ponga a pescar en las sucias aguas de los batasunos.

En la gestación de su Gobierno iba incluida la actual expiación de Ibarretxe. De aquellos lodos, un equipo monocolor, estos polvos externos e internos. Puso la carreta nacionalista por delante de los bueyes democráticos y ahora Ibarretxe se encuentra, una vez más, sólo ante el peligro. No hay más que repasar el mapa político solvente para comprobar que nadie le echa una mano.En el punto de mira de los pistoleros, atacado por Otegi, vigilado por Egibar, olvidado por Pujol y asediado por Aznar, empieza a verse cercado electoralmente por los herederos de Garaikoetxea.Es inevitable. Todo aquél que cuenta con el talón de Aquiles, la rodilla de Ronaldo o la rótula de Ibarretxe sabe dónde va a ser golpeado. Que se lo pregunten al lehendakari.

¿Qué haríamos sin ti, Pujol?
Por Carlos HERRERA ABC 6 Septiembre 2002

De entre la espesa niebla ideológica de Jordi Pujol (siempre «moderada», a decir de sus obsequiosos panegiristas) surgen de vez en cuando perlas salvajes que resultan devastadoras para su propia imagen por la evidencia en la que le dejan. Según su última y moderadísima excrecencia cariñosa, llena de afecto, para «el resto del Estado» -que es como resulta obligado llamar a España en la Cataluña oficial-, los españoles que no son catalanes, o mejor, los españoles a secas, no pasan de conformar una provincia desértica más cercana a la realidad africana que a la europea, la cual nunca habría mostrado signo alguno de europeísmo de no ser por la existencia misma de Cataluña, la única certidumbre exportable y homologable de la marca peninsular. Eso sin anestesia. A pelo.

No habré de ser yo, ni mucho menos, quien niegue el impulso indiscutible con el que el viejo Principado ha espabilado diversos pasajes históricos de nuestro país, sometido a lo largo de su existencia a no pocos momentos de ensimismamiento. Su talante social moderado, pausado, su cercanía física, su permanente ósmosis ideológica y social -sólo en un sentido, cierto- y su perseverante vocación de Norte han brindado palmarias oportunidades al conjunto de la Nación. Pero de ahí a afirmar sin pudor que España sin Cataluña resultaría un islote desencajado media el mismo trecho que separa la realidad del agravio. Quiero imaginar que el concepto de Europa que maneja este insuflado presidente se limita a una exclusiva visión geopolítica del siglo XX, lugar temporal en el que se han venido consumando revoluciones ideológicas, industriales y sociales de las que nos hemos excluido los españoles a causa de esa maldición moderna que nos ha impedido rematar a gol una y otra vez. Pero si Pujol hace extensión de su aserto a los quinientos años largos en los que contemplamos la formación de la España que conocemos, el Honorabilísimo no sólo yerra sino que muestra una desfachatez con pocos precedentes, si acaso alguno suyo anterior como aquél en el que venía a afirmar que los españoles no vascos, no catalanes, no gallegos, éramos lo más parecido a unos apátridas («España no es una Nación», dixit). Resulta un tanto pelma, por lo obvio, recordar que Europa no se hubiera configurado sin el primer impulso de la España que tanto detesta el nacionalismo periférico: la intelectualidad española, desde Andrés Laguna hasta Ortega y Gasset es la que de forma más machacona comienza a sacralizar a Europa como una especie de idea sublime sobre la que conformar una futura unidad interna. Resistencias las hubo, ciertamente, pero afirmar que España fue ajena a la configuración posterior de lo que, en principio, era tan sólo una sinécdoque de Francia o Alemania en su perspectiva imperial es un alarmante manoseo de la Historia. Los nacionalistas, en fin, resultan muy tendentes a ello.

La inversión que el Estado realiza en Cataluña, insuficiente a su discutible criterio, siempre le parece a Pujol una buena excusa para deslegitimar otras realidades. No es un asunto nuevo. En esta ocasión ha dado de sí para establecer la caricatura de unos españoles hirsutos y tribales a los que Cataluña alimenta mientras estos se dedican a holgar en costumbres poco menos que medievales. «Sin nosotros no serían nada», ha venido a decir. Sin los catalanes seríamos mucho menos, evidentemente, pero también sin los andaluces, sin los asturianos, sin los castellanos. Seríamos incluso menos sin el Real Madrid, que de tan poco europeo ya lleva nueve Copas de Europa. Los barcelonistas, bien que lo siento, sólo tenemos una y de tanto ser «més que un club» nos hemos quedado en lo que nos hemos quedado.

Claro que a eso no quería referirse Pujol. La Europa que le interesa no es, desde luego, la futbolística.

Carta abierta a Anasagasti
María VALDES La Razón 6 Septiembre 2002

Señor Anasagasti: Me dirijo a usted para reiterar lo que cierto Jueves Santo tuve casual oportunidad de decirle a la cara tras percatarme de que su conversación con los dos niños y la señora que le acompañaban se desarrollaba íntegramente en castellano mientras daba cuenta de una de esas «comidas» que el poderoso Señor McBush, ante el que el «servil» Señor Aznar se inclina, ponía en su mesa.
En aquella ocasión le dije: «Guk euskeraz bizi behar dugu, ¿eta zuk? Oso lotsagabeak zarete zu ta zutarrak».
Como le decía, lo reitero: osos lotsagabeak; y además se lo traduzco, porque al no contestar, deduje que quizás no entendía mi idioma: «¿Qué sinvergüenzas, usted y los suyos!».
Nuevamente me da motivos para ello.

Oigo, sin dar crédito, que usted pregunta en el Debate del Estado de la Nación: «¿Es que no se puede opinar lo que se quiera?; ¿es que no hay posibilidad de criticar ni discrepar en este país?».
Pero hombre, si acabo de leer en los periódicos que se ha castigado, suspendiéndole de empleo y sueldo, por decir en una barra de un bar: «Euskadi es una mierda, viva España»; a un ciudadano de este «país... vasco».
Y no me venga usted con el control mediático que saca las cosas fuera de contexto, porque el castigo existe, el ciudadano castigado existe y, lo que es peor, el chivato que se lo contó al otro chivato, concejal del PNV, que fue a su lugar de trabajo a denunciarle, existe.

Tampoco me venga con que se trata de una mera sanción reglamentaria con la que «el partido» no tiene nada que ver. Seamos serios, que sabemos bien usted y yo de qué estamos hablando. O ¿tengo que ponerle un ejemplo clarito y decirle que en mi colegio de monjas nos castigaban cuado se enteraban de que habíamos sido poco modosas en la calle, so pretexto de que dejábamos en mal lugar la institución? O le pongo otro ejemplo menos infantil recordándole cómo, en tiempos de Franco, se decía: « ¿Ojo! no hables alto, que ese puede ser policía».
Lo de ustedes es la remonda, sus «jeltzales» (miembros del PNV) hacen de policías de sus policías. No me río. Es muy grave. ¿Cree que nadie se da cuenta de que para ustedes país-estado-partido es lo mismo?

Pues no, señor; el partido es de ustedes, pero el país es nuestro, de todos, y, si bien tenemos el deber de cumplir cada uno con su trabajo, sea para el Estado o para la empresa privada, tenemos todo el derecho, y más en el tiempo libre, a opinar sobre el país y su forma de gobierno, incluso a ciscarnos en ambos.
Bien, ya tiene usted la respuesta a su pregunta: en este «país... vasco» no se puede opinar, discrepar ni criticar, no hay libertad de expresión. Y ahora, pregunto yo: no hay libertad, pero, al menos, ¿hay igualdad? Y vuelvo a valerme de un ejemplo: un parlamentario, o sea, un señor que también trabaja en una institución pública, como el anterior, se declara «gudarien adiskidea» (amigo y compañero de los soldados vascos) (siendo los «gudaris» aquellos a los que reventó una bomba que llevaban en el coche), y no hay reglamento alguno que le imponga una sanción. ¿Tiene narices! Ya me he respondido: tampoco hay igualdad en este «país.... vasco».

Creo que usted, lo mismo que yo, lo mismo que el castigado, lo mismo que cualquier ciudadano, funcionario o no, ante un país en el que no hay libertad de expresión, ni igualdad, ni derecho a la libre circulación para los que han de ir con escolta, ni derecho a la vida para los asesinados por la espalda, ni derecho al apoyo, ni aún a la piedad para sus familias, ni derecho al trabajo, ni siquiera al ganado por oposición y desempeñado durante más de 25 años, para los que, reclamando su derecho a ser vascos con «v» y a no teñirse el pelo de verde, se niegan a decir ridículamente «enerjia potentziala» o «txoriso pintxo bat»...; ante todo esto, digo, gritaríamos todos como mínimo: «¿Qué mierda de país!».
Pero ya veo que a usted no le viene bien porque, increíblemente, ese país es Euskadi, su país. Y digo «su país», ese ente político soñado por el fundador hace 107 años y ordeñado hasta la saciedad, con exclusividad, por su partido desde hace veintitantos años, porque existe el auténtico País Vasco, el nuestro, el de todos; desde muchos siglos antes de que ustedes nacieran para «salvarlo», incluso durante los años que pasaron en Francia dejando que Franco muriera en la cama. El pueblo llano, sin necesidad de uniformarse de verde, rojo y blanco, ha conservado su esencia, su carácter, su historia (la real, no la soñada), su folclore (el antiguo de verdad, no los minuetos de puñales y puñetas), su lengua ¬en la medida en la que le sirvió¬, que, al fin y al cabo, es un mero instrumento de comunicación.

Y todo para que en un momento, sólo en 107 años, unos «aprovechateguis» que vieron en el carácter inocente, franco y hasta inculto, y mayoritariamente campesino, de sus habitantes, la oportunidad para hacerse con su bandera, su riqueza y su fe, conviertan esto en la susodicha mierda.

Peor aún que la sangre, si se me quiere entender bien, es el veneno lento de la mentira: no es nacionalista la historia de los vascos, nunca ha existido Euskadi como ente político. Y no me haga reír con lo de la fidelidad a la república, que fueron ustedes, el PNV, capaces de renunciar a sus principios católicos, «jaungoikoa», y conservadores, «lege zaharrak» (Dios y las viejas leyes), con tal de hacerse con el poder en el país durante unos días, rindiéndose luego ante 40 caballos, que no estaba todo el pueblo por la labor ni los maquetos alaveses ni los navarros, sus vasconizadores. No hablaré mucho ahora del único punto no logrado aún de la alternativa Kas: ya han engañado al pueblo con lo de la lengua como señal fundamental de identidad (como si Méjico, Venezuela, Uruguay y España, por ejemplo, por hablar la misma lengua tuvieran la misma identidad; ridículo ¿no?). También con el autogobierno. ¿Quién iba a decir que se trataba de que durante más de cinco quinquenios estuvieran los mismos culos en las mismas sillas, engrosando sus arcas y, colocando a sus partidarios, ya se sabe: votos. Amnistía ya hubo una. Falta... Navarra y por eso hay que seguir bregando, para servírsela a Arzalluz. Creo y espero que se quedarán totalmente calvos antes de conseguirlo, tanto como, desgraciadamente, lo estaremos todos aquellos a los que sus descendientes pedirán perdón por habernos jodido la vida. Lo dicho: «¿Vaya mierda de país, Sr. Persianagasti!».

Ya conoce mis ojos, mi cara y mi voz, no voy a darle mi nombre ni mi DNI. Es usted quien está en la vida pública, no yo, que soy una de las tantísimas personas de 45 años, no afiliada ni votante de ningún partido. Por más señas soy navarra, con largos años de residencia en Guipúzcoa y Álava, vascoparlante y buena conocedora y difusora de la historia y costumbres de esta tierra, que permanecerán aún a pesar de ustedes. Así que a mí, como a tantos otros, no me engaña su gesto falsamente indignado cuando pregunta; ¿Es que no se puede uno expresar libremente? Pues ya ve que en este «país... vasco» no lo permite su partido.
Y no me diga como al sancionado: «si no te gusta te vas»; porque a mí no me echa de mi casa ni usted ni su aita.

Carta abierta a Fernando Sebastián
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 6 Septiembre 2002

He leído con expectante atención su epílogo al libro La Iglesia frente al terrorismo de Eta. Ni qué decir tiene que su rotunda condena de la violencia como instrumento de acción política, su certera visión del balance negativo que para la estabilidad de las sociedades democráticas plurales representan los procesos de secesión territorial y su firme recomendación a los partidos nacionalistas moderados de anteponer a cualquier legítima reivindicación de autogobierno la defensa de las víctimas del terror en perfecta unidad con el resto de organizaciones e instancias democráticas, merecen el aplauso de todas las personas de bien. Semejantes afirmaciones reconfortarán a muchos espíritus doloridos y despejarán incertidumbres en no pocas conciencias confusas. El hecho de que usted declare que las actuaciones y la naturaleza misma de Eta son absolutamente inmorales, contrarias a la ley de Dios y a la moral humana más elemental, y que aquéllos que colaboran directa o indirectamente con este grupo criminal se colocan fuera de la comunión cristiana, aporta sin duda en estos momentos un elemento de clarificación muy valioso no sólo para los católicos, tanto laicos como ordenados, sino para el conjunto de la ciudadanía.

Sin embargo, su escrito contiene un error conceptual de extraordinaria gravedad que, al contrario de sus lúcidas y valientes consideraciones antes citadas, puede contribuir muy negativamente a prolongar la tensión suministrando argumentos a los sectores que apoyan o disculpan la barbarie etarra. Además, no conviene que usted olvide, sobre todo por el sagrado ministerio que ejerce, que las falsedades en el campo intelectual suelen acabar generando desviaciones éticas de considerable alcance. Un razonamiento equivocado es, en determinadas cuestiones, pecado mortal. Cuando usted postula la existencia de un conflicto político en el País Vasco entre los que desean ser exclusivamente vascos y los que se sienten a gusto simultaneando esta condición con la de españoles, y recomienda a continuación buscar un punto de encuentro sensato en un contencioso que, según usted, la transición no resolvió completamente, sitúa el centro de gravedad del problema en un lugar improcedente. Esta zona de equilibrio ya existe y es la Constitución de 1978, síntesis generosa entre la cohesión nacional y el amplio reconocimiento de las singularidades culturales, históricas e institucionales de las Comunidades Autónomas. Si se cambia arbitrariamente el origen de coordenadas a cada embate particularista siempre en sentido centrífugo, la herida no cierra nunca y el desenlace inevitable es la catástrofe. Usted, a diferencia de alguno de sus ilustres hermanos en el episcopado, no entra afortunadamente en la categoría de compañero de viaje. Revise a fondo esta parte de sus planteamientos, o quedará incluido en la de despistado útil.

La verdadera divisoria política
Amando DE MIGUEL La Razón 6 Septiembre 2002

El suceso de la ilegalización de Batasuna (que paradójicamente significa Unidad) ha sido o está siendo de extraordinario interés. Tradicionalmente, desde hace más de un siglo, las fuerzas políticas se polarizaban según el eje izquierda-derecha. Así lo es también hoy, pero el suceso mentado revela que hay otros campos magnéticos para polarizar los partidos y las ideologías. Lo que cuenta ahora es un misterioso imán que agrupa, por un lado, a los políticos que se sienten ante todo españoles y, por otro, a los que anteponen otros sentimientos. Esos últimos a sí mismos se llaman nacionalistas, pero podrían definirse como secesionistas, separatistas o independientes. Ese polo es bastante nítido, aunque sea con la posición vergonzante o hipócrita de algunos nacionalistas que se abstienen ante la tesitura de agruparse en uno u otro polo. Pero la divisoria está muy clara. A un lado están los que, ante todo son españoles, PP, UPN, PSOE, Partido Andalucista, Coalición Canaria. En el otro polo (minoritario, todos los demás).

El caso más extravagante es de Izquierda Unida (de soltera, Partido Comunista). Lógicamente, tendría que situarse en el polo de los «españoles ante todo», pero están en el polo opuesto. Esa incongruencia les va a costar todavía más votos, pues ya han perdido muchos desde los tiempos en que eran Partido Comunista de España. Ahora no son ni partido, ni comunista, ni de España. Lo malo de la interpretación que propongo es que el polo de «españoles ante todo» no se reconocen así. En su lugar se llaman «demócratas», lo cual es una confusión, si no una sinsorgada. ¿Es que los dirigentes y votantes del PNV o de Convergencia y Unión no son demócratas? Vaya si lo son. Lo que ocurre es que no se sienten «españoles ante todo», sino vascos o catalanes por delante de cualquier otra consideración. Otra cosa es que los sedicentes «demócratas» sean partidarios de la actual Constitución, mientras que los del polo nacionalista quieran alterarla. Pero lo fundamental es que la Constitución considera a España como una nación indivisible. Esa es la esencia del sentimiento de «españoles ante todo». Los nacionalistas no pasan por ahí, sean de izquierdas o de derechas. Aquí cuentan más los sentimientos que las ideologías propiamente dichas. Lo malo es que lo que está tan claro no se reconozca.

Con la excepción de Izquierda Unida, en los demás casos el hecho de polarizarse hacia el extremo natural significa reforzar su respectivo apoyo electoral. Todos pueden ganar votos en términos absolutos si aumenta la participación electoral. Lo cual es muy legítimo. Resulta extravagante que unos partidos se acusen a otros de ajustarse a los «intereses electoralistas». Lo contrario sería insensato, que es el caso de Izquierda Unida. Quien gana más orientándose al polo de «españoles ante todo» (mal llamado constitucionalista) es el PSOE. Dios le bendiga.

No lo entienden
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 6 Septiembre 2002

No hay más sordo que el que no quiere oír. Mil veces se ha dicho ya a la ultraderecha nacionalista vasca ¬Dios, Patria y Familia «vascoyvasca» ¬que la Ley de Partidos Políticos no prohíbe ninguna ideología: impide que los partidos apoyen los asesinatos. Nada tiene que ver una cosa con la otra.
Pero como no lo quieren entender, ahora pretenden que sea declarada inconstitucional. Lo inconstitucional es asesinar, y apoyar y financiar los asesinatos. No confundamos.

Las distintas actuaciones y declaraciones de Partido Nacionalista Vasco y EA suenan a bravuconada. Han encontrado un puntito más para tensar la cuerda en sus relaciones con «el Estado».
Desde el punto de vista de los derechos humanos, el hecho de que estos tipos se atrevan a recurrir una Ley que defiende a los políticos que se ven obligados a llevar escolta porque están amenazados de muerte, mientras ellos comen y beben tranquilamente en sus «batxoquis», no tiene pase.
Y que se atrevan a convocar una manifestación por la Libertad cuando sus convecinos no pueden salir a la calle porque no piensan exactamente igual que ellos, es un insulto.

Así vamos caminando con esta gente que se está ganando el desprecio de cualquiera que desea que todo el mundo piense lo que le dé la gana y viva como quiera.
Están defendiendo la tortura de los secuestros, el chantaje del «impuesto revolucionario» y la brutalidad de los asesinatos vistiéndolo de «defensa de la Libertad».
Nadie ha prohibido que ellos sigan pidiendo su «independetxia». Se les exige que la defiendan democráticamente, pero no como los de Batasuna, que la defienden a tiros. Se están prohibiendo los tiros, no las ideas. Pero no lo entienden. Peor: no lo quieren entender.

Un día en Euskadi
Editorial El País 6 Septiembre 2002

Eusko Alkartasuna (EA), partido que tiene tres consejeros en el Gobierno vasco, ha convocado una concentración en respuesta a 'los ataques contra las libertades individuales y colectivas', entendiendo por tales la estrategia de la violencia de ETA, por un lado, y las iniciativas tendentes a la ilegalización de Batasuna, por otro.

La prohibición de convocar manifestaciones afecta, según el auto de Garzón, a Batasuna (o sucedáneos ad hoc), aunque la confusa redacción de una ulterior providencia del juez puede dar pie a interpretaciones de carácter más general. Esta ampliación sería, en todo caso, incongruente con la lógica del auto del juez, que afecta a las actividades de Batasuna, pero que no puede hacerse extensible a otras formaciones. La prohibición afecta al sujeto convocante, no al motivo de la convocatoria.

EA tiene derecho a convocar una concentración en los términos que quiera, aunque resulte políticamente criticable que lo haga bajo lemas que parecen equiparar -si bien de manera bastante críptica- los atentados de ETA y su entorno contra la libertad de las personas, con resoluciones judiciales e iniciativas parlamentarias. Más lógico sería condicionar el apoyo a Batasuna a su ruptura con ETA. Pero tiene derecho a no hacerlo. Sí cabe recordar que los convocantes se responsabilizan de que la movilización no desborde los límites de la convocatoria. La Consejería vasca de Interior ha remitido a la fiscalía de San Sebastián un atestado contra los particulares convocantes de la manifestación del pasado domingo en esa ciudad, en la que se registraron graves incidentes y se profirieron amenazas contra la Ertzaintza y el juez Garzón. Sería muy fuerte que la Consejería de Interior tuviera que volver a hacerlo, pero ahora contra un partido que forma parte del propio Gobierno.

También tienen derecho EA y PNV a instar al Parlamento vasco, como hicieron ayer, a presentar recurso de inconstitucionalidad contra la ley de partidos por considerar que vulnera derechos y libertades fundamentales. Es preferible que sobre esa cuestión se pronuncie ese tribunal, que no políticos apasionados, como el consejero vasco de Justicia, Joseba Azkárraga, de EA, que horas después de que ETA colocara 10 kilos de explosivos en los juzgados de Tolosa calificaba la eventual ilegalización de Batasuna de 'ataque sin precedentes contra las libertades y la democracia' y acusaba a la Audiencia Nacional de no ser independiente del Gobierno. No se trataba de un tribuno en un mitin, sino de un ministro del Gobierno vasco, y precisamente el de Justicia. Siempre será mejor que quien pronuncie la última palabra sea el Constitucional.

EA toma el relevo
Lorenzo Contreras La Estrella 6 Septiembre 2002

El proceso de ilegalización político-judicial de Batasuna ha empezado a complicarse, conforme a lo previsto. Después de la Ley de Partidos y el auto de Garzón, se ha registrado el fenómeno de lo que podríamos llamar los "complementos" de la operación en marcha. El espectáculo del fiscal general del Estado convocando a la destrucción del mundo proetarra en la mejor línea de un político y no en la fría cerebral modalidad del análisis jurídico o del razonamiento profundo, ha ido acompañado por la constante presencia del juez Garzón para poner coto a los desmadres de la realidad, con alguna providencia que garantice, si ello es posible, la completa desaparición legal de Batasuna en la sociedad donde habita, sin manifestaciones callejeras ni otras presencias derivadas de su semiexistencia práctica.

Y cuando el Gobierno vasco acababa por apoyar las órdenes del juez, acatándolas apenas Garzón asoma la oreja, resulta que por una parte Joseba Egibar, el hombre de Arzalluz para los grandes ruidos propagandísticos, y por otra Eusko Alkartasuna, el antiguo invento de Carlos Garaikoetxea, hacen "la guerra" aparentemente por su cuenta, fuera de la línea oficial de Vitoria. A la vista está que Batasuna no acaba de quedarse sola entre unos y otros apoyos. El caso de EA, que participa del Gobierno de Ibarretxe, anunciando una manifestación de solidaridad con Batasuna, aunque la presente como una defensa de las libertades en abstracto, es elocuente. Significa que sustituye a Batasuna en la manifestación que ésta no podrá realizar con su propio protagonismo. EA se subroga en las intenciones de Batasuna y organiza la manifestación con la idea perfectamente previsible de que los abertzales hagan su demostración bajo disfraz. Un disfraz relativo. Una burla del auto garzoniano que quiere invisibilizar a Batasuna y, en el fondo, no lo consigue.

La actualidad ofrece estas aristas. Y no hay manera de limarlas. Sobre el escenario impera la contradicción y, desde luego, la expectativa ante lo que ETA pueda hacer. Ayer mismo, con motivo de la boda de la hija de Aznar, lo que "mandaba" políticamente era el temor a un nuevo atentado capaz de enrarecer el ambiente de la fiesta nupcial. El despliegue policial ha sido importante, y no sólo en los lugares concretos del acontecimiento. ETA podía hacerse notar con su barbarie en cualquier sitio, repercutiendo sobre la boda esa acción y ensombreciendo el panorama.

La calificación de la medida legisladora de Batasuna, por parte de EA, como un "autogolpe de Estado" es un diagnóstico extremo que refleja la dificultad de aplicar criterios racionales al examen nacionalista de la situación. Lo que se impone cada día más, aparte del pragmatismo del Gobierno vasco en cuanto al riesgo de una ruptura temprana con Madrid, es por tanto la vigencia del desafío. Los nacionalistas delegan unos en otros. Es decir, se turnan en la aplicación gradual del boicot a la Ley de Partidos y a las resoluciones judiciales. El relativo silencio observado por los socios nacionalistas del PNV se ha roto en el más delicado de los momentos. El PNV no se ha atrevido por ahora a tanto, con independencia de lo que Egibar dice por encargo expreso de Arzalluz. Es sencillamente tremendo que EA tome el relevo de la radicalidad para dar a entender que nada se puede considerar en vías de arreglo.

Recurso y acatamiento
Editorial El Correo 6 Septiembre 2002

La decisión de PNV y EA de instar al Parlamento vasco a interponer un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley Orgánica de Partidos Políticos representa un signo de normalidad democrática, en cuanto que las dos formaciones asumen y utilizan los cauces establecidos para la solución de litigios de naturaleza política, y, en consecuencia, se someten al eventual veredicto del Alto Tribunal. Un ejercicio acorde con su público y, en muchos casos, desabrido rechazo a la norma, y más coherente para dirimir las desavenencias que las reiteradas descalificaciones de la Justicia y, en concreto, del Constitucional con que los dos partidos han explicado en los últimos tiempos su renuncia a recurrir. Este mismo año, el Gobierno vasco, del que PNV y EA forman parte, reprochó agriamente al Ejecutivo central la presentación de un recurso contra la inusual ley presupuestaria aprobada por el Parlamento en enero. En ambos casos, el procedimiento es el válido para defender los intereses e interpretaciones de cada institución, siempre que ello implique, como no puede ser de otra manera, un acatamiento sincero de la sentencia.

Es cierto que el haber optado por el Parlamento vasco como titular del recurso, y no por el Ejecutivo de Ibarretxe, supone implicar como parte importante del proceso a quienes jamás han reconocido al Tribunal Constitucional y por tanto ni han acatado ni acatarán sus resoluciones salvo que les beneficien, de acuerdo con su perversa manera de entender la legalidad. Y por tanto el protagonismo de los parlamentarios elegidos en su día por Batasuna a la hora de sacar adelante la proposición volverá a contaminar de forma indeseada el procedimiento.

En cualquier caso, la decisión de presentar el recurso obliga a sus autores a un rigor y una precisión en la redacción y concreción de los puntos de divergencia y supuesta inconstitucionalidad mucho mayor que la directa apelación a la movilización. Las expresiones con que EA ha llamado a una concentración en Gernika, por muy legítima y legal que ésta sea, en protesta por la Ley de Partidos y la eventual ilegalización de Batasuna -contra «el recorte de las libertades básicas», contra «una especie de auto golpe de Estado»-, son impropias de una formación con responsabilidad de Gobierno y que, además, ostenta la consejería de Justicia.

Si bien la iniciativa de PNV y EA es lógica y coherente con su postura de rechazo a la ley, cabe esperar que el recurso vaya más allá de una impugnación genérica. En el documento presentado en la Cámara se recoge un listado de los artículos que se denuncian como inconstitucionales, pero sin concretar con qué epígrafes de la Constitución colisionan, ni en qué términos. Corresponde a los partidos proponentes este esfuerzo de precisión que facilite la resolución jurídica del litigio y solvente de una vez por todas el conflicto. Al menos que, frívolamente, se quiera hacer del recurso un simple mecanismo para marcar posiciones o un frente, otro más, de batalla política.

El PP y el PSOE censuran el apoyo de los nacionalistas vascos a Batasuna
Reclaman la destitución de Joseba Azkarraga por sus críticas a Garzón
Madrid El País  6 Septiembre 2002

Socialistas y populares censuraron ayer la iniciativa presentada en el Parlamento vasco por los nacionalistas del PNV y EA, dos de los tres partidos integrantes del Gobierno vasco, de plantear un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Partidos, porque a su juicio están defendiendo de ese modo a Batasuna, 'el brazo político de ETA'. El PSOE y el PP piden la dimisión del consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, por sus críticas al juez Baltasar Garzón.

Rafael Hernando, coordinador de Comunicación del PP, calificó las críticas de Azkarraga al auto judicial que suspende la actividad de Batasuna de 'auténtica indecencia' porque pretenden 'apuntalar' a la formación aberzale y 'se colocan al margen del Estado de Derecho intentando quebrantarlo mediante el desacato'. Hernando entiende que cuando un consejero de Justicia se 'pone del lado de los que amenazan, extorsionan y matan', en lugar de apoyar a las víctimas, lo que tiene que hacer es dimitir.

El PP considera además que la convocatoria de EA de una movilización en Gernika (Vizcaya) en contra de la ilegalización de Batasuna demuestra que en algunos sectores del nacionalismo vasco 'se ha establecido una carrera enloquecida para heredar el pastel electoral de Batasuna'.

El socialista Jesús Caldera se mostró ayer convencido de que el recurso de inconstitucionalidad que pueda plantear el Parlamento vasco contra le Ley de Partidos concluirá con 'el más estrepitoso fracaso'.

'Grave error'
El portavoz socialista en el Congreso opinó que la concentración convocada por EA es 'un grave error', tanto si el objetivo es apoyar a Batasuna, 'que no merece ni siquiera compasión', como si es obtener parte de sus votos.

El presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, interpretó que la convocatoria de una concentración por Eusko Alkartasuna contra la ilegalización de Batasuna para el próximo sábado es 'un fraude a la ley'.

Chaves afirmó que un partido que forma parte de un Gobierno 'no puede entrar en una dinámica de ese tipo', tras recordar que hay una Ley de Partidos que 'afecta a todos', así como la sentencia de un juez.

En este sentido, opinó que EA 'no puede intentar vías indirectas que representan un fraude a la ley', ya que esa posición es 'una irresponsabilidad' y representa 'poca voluntad de ayudar a una solución razonable'.

El PSE calificó hoy de 'absolutamente intolerable y un despropósito' que EA haya convocado para este sábado una concentración junto al árbol de Guernica por considerar que las actuaciones en marcha contra Batasuna suponen un 'autogolpe de Estado'. El portavoz socialista en el Parlamento vasco, Rodolfo Ares, criticó que 'un partido que forma parte del Gobierno vasco y que, además, tiene el consejero de Justicia convoque manifestaciones en contra de una decisión judicial y en contra de la Ley de Partidos'.

La periferia de Europa
Manuel Martín Ferrand La Estrella 6 Septiembre 2002

Ha dicho Jordi Pujol que Catalunya es “el cordón umbilical” de España con Europa. Pues qué bien. Que Santa Lucía le conserve la vista, que San Agustín le mantenga la sabiduría y que los santos Cosme y Damián, patronos de los médicos, le devuelvan la ciencia que aprendió, cuando joven, en la Facultad de Medicina. Catalunya, puestos a hacer prácticas de disección, podría ser los pulmones de España, su hígado quizás, algo vital en cualquier caso; pero nunca algo tan desechable y menor como un cordón umbilical. Es posible que, de tanto mirar su propio ombligo —tic frecuente en las prácticas nacionalistas—, al president de la Generalitat se le hayan olvidado, de un mismo golpe, la Historia y la Anatomía.

Debe decirse en su descargo que esas declaraciones las hizo Pujol poco antes de entrevistarse con Javier Arenas. La facundia andaluza del personaje —que “parece primo hermano de Felipe González, sobrino de José Solís y bisnieto de Romero Robledo”, como ayer le definía en ABC Jaime Campmany— puede volverle tarumba al más astuto de los catalanes.

En cualquier caso, entiende el president que, sin la contribución de Catalunya, España sería la “periferia” de Europa. Eso —confundir la parte con el todo— no acredita la lucidez de Pujol. Forma parte de la peor de las retóricas nacionalistas y, además, no se corresponde con la verdad histórica. Otra cosa serán las reclamaciones que tenga pendientes con el Gobierno central.

Catalunya es una parte inseparable de España. Desde antes de los romanos que la convirtieron en una de las provincias ibéricas, la Citerior, con capital en Tarragona. Siempre lo fue, y cuando lo fue en menor intensidad es porque era la Marca Hispana y buena parte de la Península andaba ocupada por los moros. ¿Cabe entender a Catalunya fuera del Reino de Aragón? Con Carlos V, la etapa histórica en que España fue “más Europa”, el Emperador, a pesar de que el territorio estaba prácticamente despoblado, la llegó a considerar por un tiempo a Barcelona como capital del Imperio.

El nacionalismo obliga a retorcer la Historia hasta encontrar en ella rinconcitos para el oportunismo que lo alimenta. ¿Que Catalunya es parte fundamental de España? Cierto. Ésta es una casa de comunidad —mal avenida— en la que cada uno aporta lo que tiene o puede. ¿Qué sería de Catalunya, de las tempranas iniciativas empresariales que la hicieron vivir (casi) a tiempo la revolución industrial que empujaba a Europa, sin la repoblación procedente de las provincias más deprimidas de toda España?

Son ganas de marear la perdiz. Catalunya, por buscarle otra faceta al prisma, fue de las regiones que menos participación tuvieron en la aventura del Descubrimiento. ¿Podríamos decir solventemente que Extremadura es el cordón umbilical de América con Catalunya?

Si el tiempo que aquí perdemos en debatir lo inútil, demostrar lo obvio, aliviar agravios inexistentes y componer posturitas, lo empleáramos en cosas de provecho —en construir y solidificar la idea de España, por ejemplo— todos saldríamos ganando; pero, quizás, entonces dejaríamos de ser España, que la contradicción y el disparate son parte esencial de la nación y, me lo temo, también del Estado.

Un organismo sano es el que tiene sanos todos sus órganos. Para que el organismo esté enfermo basta que la enfermedad anide en cualquiera de ellos.

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