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Recortes de Prensa     Sábado 14 Septiembre  2002
El paroxismo vasco
Editorial El Ideal Gallego 14 Septiembre 2002

Se acabó la impunidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA/ El Correo 14 Septiembre 2002

«Josu Ternera», ante el Supremo
Editorial La Razón 14 Septiembre 2002

Humillación al PNV
Editorial ABC 14 Septiembre 2002

ERC se acerca a Batasuna
Editorial ABC 14 Septiembre 2002

Ibarretxe y Balza, fuera de la Ley
Enrique de Diego Libertad Digital  14 Septiembre 2002

La legalidad del Gobierno vasco
Ignacio Villa Libertad Digital  14 Septiembre 2002

Gora Garzón
FERNANDO SAVATER El Correo 14 Septiembre 2002

«Ya era hora de que por fin los tres pilares del Estado hayan plantado cara a ETA»
M. ALONSO ABC 14 Septiembre 2002

El paroxismo vasco
Editorial El Ideal Gallego 14 Septiembre 2002

Si no fuera porque el asunto no admite ni un atisbo de frivolidad, lo que ocurre en el País Vasco podría argumentar una película del Berlanga de cuando aún era Berlanga. A saber: el gobierno vasco, al estilo Capone, da por concluido el plazo graciosamente otorgado a Madrid y anuncia que se auto adjudica las competencias pendientes; el Supremo abre una investigación contra el parlamentario Ternera por su presunta participación en un atentado terrorista; detenido un policía municipal en San Sebastián por participar en la “kale borroka”; el ejecutivo autonómico considera “legítima” la manifestación prohibida por Garzón, y, en el colmo del paroxismo, Batasuna impide con sus votos que el Parlamento vasco recurra la ley de partidos. Esto último es el colmo del absurdo y dibuja con trazo fino los verdaderos intereses de la formación abertzale. Recuerda por su incongruencia el chiste del soldado gritando “qué se fastidie -el quinto lo decía con jota- el capitán, que hoy no como rancho”. En fin, un colín para los hermanos Marx. Pero, como queda antedicho, y por sainetesco que pueda parecer, no ha lugar a la sonrisa. No hay que perderle la cara al fondo del problema y es ahí, cuando la farándula desaparece, donde surge la barbarie del terror. Son tan oscuros e inconfesables los motivos que mueven a los asesinos y a sus secuaces que es imprevisible predecir cuál será su próximo paso. Ante tal paranoia no cabe otra respuesta que la formulada por Mariano Rajoy, quien tras subrayar la suma gravedad de la situación anunció que el Estado intervendrá si es necesario.

Se acabó la impunidad
JOSÉ MARÍA CALLEJA/ El Correo 14 Septiembre 2002

La polémica suscitada por la convocatoria de una manifestación en Bilbao, realizada por un grupo de simpatizantes de ETA, refleja el paso de gigante dado en la lucha contra el terrorismo gracias a la iniciativa judicial del magistrado Baltasar Garzón y a la iniciativa política plasmada en la Ley de Partidos. Antes de ambas este debate sería impensable. Las manifestaciones de apoyo al grupo terrorista formaban parte del paisaje cotidiano, la entronización de los criminales estaba incorporada a la rutina y la quema de autobuses, el destrozo de cajeros automáticos, de marquesinas y un largo y costosísimo etcétera se realizaba con reiterada impunidad. Esta impunidad ha contribuido durante años a engordar a la bestia. Muchos jóvenes veían en la violencia callejera un planazo excitante para el fin de semana: alcohol, cócteles incendiarios, fuego y vuelta al alcohol, gratis total, sin salir de la manada, ¡qué bien lo pasamos! ¡Cómo gozamos mientras lo preparamos, cuando lo hacemos y cuando nos reunimos para comentar la jugada como héroes! De esta reiterada impunidad pueden dar testimonio miles de ciudadanos vascos que veían cómo sus impuestos servían para pagar la ronda incendiaria de estos etarras en proyecto. Los comerciantes de Getxo, por ejemplo, tienen abundante documentación al respecto.

Otras manifestaciones tenían un comienzo aparentemente normal, pero servían para aplaudir a los criminales y para oír, después de asesinatos a veces masivos, gritos que repugnaban, que ofendían a las víctimas, que insultaban cualquier sensibilidad mínimamente democrática. Pues bien, toda esa impunidad se ha acabado. Ahora los violentos tienen que recurrir a la añagaza de los tontos útiles convocantes para cubrirse y, sobre todo, el cataclismo que algunos anunciaban interesadamente en el caso de que se atacase la impunidad no se ha producido. La movilización masiva, la situación apocalíptica, no se ha dado. Muy poquita gente, con mucha desgana, con muy poquito respaldo. Y es que la sensación de que ha cambiado el viento se extiende cada vez más. Las facilidades que encontraban antes los que estaban dispuestos siempre a dar se han trocado en dificultades a la hora de recibir , lo que ha reducido notablemente la leva y ha desanimado a muchos de los que se sumaban a la juerga criminal siempre que se les garantizara impunidad. Ya ocurrió lo mismo cuando se encarceló a la antigua dirección civil del tinglado: escasísimas manifestaciones y casi todos los integrantes de la antigua Mesa Nacional de HB neutralizados. El fuelle movilizador ha decaído de forma notable por parte de los violentos y la indiferencia ciudadana de los vascos ha presidido el cierre de las sedes de los simpatizantes de ETA, entre los que hace mella la desmoralización.

Se ha terminado también cierta forma de chantaje que durante años ha gobernado la política vasca. Se había instalado ya la letanía según la cual había que hacer determinadas cosas porque eran buenas para dejar sin argumentos a los violentos, y había que dejar de hacer otras porque podían cabrearlos; entre esos dos raíles el PNV ha montado, paso a paso, un régimen nacionalista que es un gigantesco negocio y que asfixia la vida política diaria en el País Vasco. Mientras, los partidos constitucionalistas eran engatusados cada cuatro años o entregaban las llaves del coche a los expertos nacionalistas para que éstos guiaran al país a su antojo y sacaran siempre la máxima tajada posible.

También esta rutina se ha terminado. Ahora resulta que aplicar la ley puede cabrear a los violentos, algo lógico, pero no provoca ninguna convulsión, y ahora resulta que no ceder al perpetuo chantaje nacionalista tampoco provoca ningún cambio en la ley de la gravedad. ¿Qué ha pasado dos meses después de la bravata del 12 de julio? ¿Dónde está la seguridad social paralela? ¿Qué ha sido de la toma del Palacio de Invierno de la independencia? Los múltiples portavoces nacionalistas ni siquiera se ponen de acuerdo entre ellos. Imaz dice que, de ruptura, nada de nada; la vicepresidenta sugiere que sería una desconsideración que no les hicieran caso, mientras que Egibar parece que ha asumido la portavocía de Batasuna en comisión de servicios y Arzalluz sostiene que el PP y ETA, víctimas y asesinos, son dos ladrones igual de malos que flanquean a dios, que es él.

Un ciclo político se ha terminado en el País Vasco. Un ciclo que se sostenía en dos patas: la de la impunidad del entorno de ETA y la del chantaje nacionalista, que ha permitido al PNV llenar sus alforjas. Los dos se han acabado. Al final se demuestra que aplicar la ley es la mejor forma de combatir el terrorismo y de acabar con los fantasmas, con los tigres de papel. Por eso tienen ahora tanto miedo los violentos y tanto vértigo los nacionalistas.

«Josu Ternera», ante el Supremo
Editorial La Razón 14 Septiembre 2002

La imagen de «Josu Ternera» sentado en un Parlamento democrático podría pasar pronto al baúl de los recuerdos, de los recuerdos que hieren e infaman, por la única vía aceptable: la que establece el Código Penal para los acusados de asesinato. La reparación de la burla cruel, porque qué más burla que sentar al asesino con sus víctimas, qué más escarnio que hacer al homicida defensor de los derechos humanos, es lo mínimo que se le debe a esta sociedad nuestra, paciente, extremadamente generosa, profundamente respetuosa con las reglas del juego democrático.

Va a ser la Justicia, debía serlo, quién ponga las cosas en su sitio. Desde LA RAZÓN no se ha pedido otra cosa. Está muy lejos de nosotros el ánimo de venganza, pero cuando la iniquidad se hace pasar por respetable, ningún hombre de bien, ninguna institución que represente a la sociedad debe agachar los ojos y simular que no lo ha visto. No hay razones políticas para lo intolerable. Eso, y no otra cosa, ha venido reclamando nuestro periódico, durante muchos meses dolorosamente solos, de nuestros tribunales de justicia. Eso, y no otra cosa, han reclamado las víctimas del terrorismo, objeto principal de la burla; los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y, en fin, la entera ciudadanía que no cree en las pistolas y la coacción como argumento.

Es importante recordarlo, es importante reafirmar que no albergamos espíritu alguno de venganza, porque en el caso de «Josu Ternera» todas las cautelas, incluida la prisión preventiva, son pocas a la hora de garantizar que llegue a los tribunales para ser juzgado y oir sentencia.
De momento, el Tribunal Supremo ha reconocido que existen indicios suficientes de responsabilidad criminal para investigar al ex-jefe etarra como inductor directo de once asesinatos, entre ellos los de seis niños, 73 delitos de asesinato frustrado y uno de terrorismo. La pena, según el antiguo Código Penal, puede superar los 1.800 años de prisión que le cayeron a Henri Parot por ese atentado, perpetrado contra la casa-cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza el 11 de Diciembre de 1987.

Las medidas cautelares deben ser adoptadas con toda celeridad. Se podrá argumentar, así se ha hecho, que el ex-jefe etarra, tiene «arraigo institucional» y «arraigo social», y que hasta ahora ha atendido puntualmente todas las requisitorias judiciales de las que ha sido objeto. Pero, tras la decisión del Supremo, que en pocos días va a citar a Josu Ternera en calidad de imputado, el horizonte penal del todavía parlamentario batasuno se ha ensombrecido notablemente. Y no hay que olvidar que José Antonio Urruticoechea Bengoechea fue condenado en Francia por asociación de malhechores y pertenencia a banda armada. Es decir, ha formado parte de una organización delictiva estructurada, se mantiene en las cercanías políticas de ese grupo y, por lo tanto, puede acogerse a las redes que facilitan la fuga y el refugio de esos delincuentes. Sería terrible el que, después de tanto sufrimiento, el acusado Ternera pudiera sustraerse a la acción de la Justicia.

Humillación al PNV
Editorial ABC 14 Septiembre 2002

Las consecuencias del auto de suspensión de actividades de Batasuna, acordada por el juez Garzón, se están trasladando al ámbito nacionalista como un pulso entre el PNV y Batasuna para medir sus respectivas fuerzas y situarse ante las necesidades de cada cual: el proceso soberanista que apadrina Ibarretxe y la superación de las carencias que impone la ilegalidad, respectivamente. Esta tensión entre nacionalistas explica el resultado de la votación que ayer, en el Parlamento de Vitoria, impidió al Gobierno nacionalista de Ibarretxe llevar al Constitucional la ley de Partidos. Batasuna no quiso apoyar con su voto a un PNV al que acusa de ejecutar el «estado de excepción» establecido, según Arzalluz, por el juez Garzón, ni dar síntoma alguno de respeto a la legalidad vigente mediante el recurso al Tribunal Constitucional. La previsible manipulación de la coincidencia de los votos populares y socialistas con los de Batasuna chocará con la evidencia de esos movimientos de tensión entre nacionalistas, tensión que, en el fondo, representa discrepancias sobre las formas y los ritmos que debe adquirir el proceso de confrontación con el Estado.

Lo que hicieron ayer los parlamentarios de la suspendida Batasuna es recordar al PNV -de forma clara, incluso humillante- que siguen siendo necesarios para completar una mayoría abertzale estable, algo que necesitará Ibarretxe, dentro y fuera del Parlamento, para que la agenda soberanista del Dictamen de Autogobierno se dé por legitimada con la mayoría nacionalista. El pasado 12 de julio, Otegi apoyó con su abstención ese Dictamen porque entendía que todos los nacionalistas estaban de acuerdo en «desenchufar» al País Vasco de España, como en estos días andan pidiendo los sindicatos nacionalistas, ELA-STV y LAB. Ibarretxe no dijo entonces que no fuera éste el resultado final, pero para lograrlo no está dispuesto, por mero sentido utilitarista, a involucrar a las instituciones vascas -Gobierno y Parlamento- en la defensa de Batasuna. Su proyecto necesita mantener una apariencia de respetabilidad que quedaría afectada si se radicalizara en las formas como pide Batasuna. Esto, evidentemente, no es ninguna rectificación, sino simple adaptación a las circunstancias, entre las que también se encuentra la necesidad de templar a la izquierda abertzale, como hizo ayer el portavoz, Josu Jon Imaz, al declarar que la manifestación de hoy en Bilbao es «privada y con legitimidad social». Esta declaración sale al paso del auto de Garzón, en el que el juez advierte al Gobierno vasco de que varios de los convocantes de la manifestación pertenecían a Ekin, trama de ETA, como Batasuna. Garzón no prohíbe la manifestación, sólo advierte a Balza, consejero de Interior, que es ilegal, lo que debe traducirse en una resolución administrativa que prohíba la convocatoria. La respuesta del Gobierno de Vitoria -«velará por el cumplimiento de la legalidad»- no tranquiliza en absoluto. También consideró legal y ajustada a la jurisprudencia la pasividad de la Ertzaintza ante la manifestación ilegal que se desarrolló en San Sebastián. Ya dijo Ibarretxe que él no estaba dispuesto a que los vascos se partan la cara. Se refiere, claro, a los vascos nacionalistas. El problema es que el concepto de legalidad que maneja el nacionalismo vasco empieza a parecerse a una cada vez menos sutil forma de desobediencia civil.

Los equilibrios que pretende el PNV en su propio interés serán cada vez más complicados porque la situación legal de Batasuna empeora y ya empieza a centrarse en sus figuras señeras, como José Antonio Urruticoechea, más conocido por Josu Ternera, contra quien el Supremo ha abierto diligencias como inductor del atentado, en 1987, contra el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, en el que murieron 11 personas. Cinco de ellas eran niños. Otegi se libró de la Sala Segunda, pero Ternera no. ¿Será también para el PNV un ataque al pluralismo y a la representación política de los vascos?

ERC se acerca a Batasuna
Editorial ABC 14 Septiembre 2002

ERC ha recurrido al victimismo para eludir las responsabilidades morales que se desprenden de la intención de pedir a ETA que dejara de matar en Cataluña olvidando al resto de España. ERC optó en primer lugar por decir que todo el mundo se había reunido con Otegi, que tan sólo perseguía que no hubiera más víctimas en su comunidad y que no aludía a España porque ese no era territorio de su competencia. Es obvio que ni en el fondo ni en la forma podía Carod-Rovira, el dirigente independentista catalán, justificarse, pero al menos había que reconocerle la suficiente honradez política como para no negar lo publicado por este periódico. De esa fase, pasó la formación republicana al ataque contra el periódico, contra el PP y contra todo aquel, desde CiU a Iniciativa per Catalunya, que hubiera criticado sus pedestres y falsamente bucólicos planteamientos respecto a ETA. Ahora, ha entrado en una deriva un tanto más peligrosa al apelar al fantasma del anticatalanismo y emprender una caza de brujas contra quien sospeche tenga una mínima relación con la información de ABC. Tal vez se tenga que empezar a poner en duda el talante democrático de un partido que responde, como Batasuna, de forma tan desproporcionada y que trata de sacar ventaja, a costa de lo que sea, de sus errores, sean ingenuos o macabros.

Ibarretxe y Balza, fuera de la Ley
Enrique de Diego Libertad Digital  14 Septiembre 2002

La revista Época ofrece un balance aterrador de la actuación de la Ertzaintza. En lo que va de año no ha desarticulado ningún comando, ni ninguna trama civil de Eta y sólo ha detenido a seis personas por colaboración con la banda terrorista. Por el contrario, Guardia Civil y Policía han detenido diez comandos y han desarticulado dos tramas civiles. La Gendarmería francesa ha detenido 34 presuntos etarras y Guardia Civil y Policía, a 101. En principio, la Ertzaintza habría de tener más facilidades para desarrollar una labor eficaz, y de hecho lo ha demostrado desactivando dos coches bomba porque iban dirigidos contra ella. El principal responsable de esa Policía (por llamarla de alguna forma), José Ignacio Ormaetxea ha hecho patéticas declaraciones a Le Monde justificando su incompetencia con criterios políticos.

La Ertzaintza no detiene etarras por órdenes de Ibarretxe y Balza. Eso es obvio. Está cantado. Representa dejar desarmados a los ciudadanos que pagan con sus impuestos los sueldos de esos políticos. Me parece que el delito de prevaricación les viene al pelo, con extraordinaria gravedad, pues por medio hay vidas humanas.

En los últimos tiempos, Ibarretxe y Balza vienen burlándose del cumplimiento de la Ley. Se permiten manifestaciones que están prohibidas y se deja hacer a un partido ilegal. Conviene recordar que nadie está por encima de la Ley, que el principio de igualdad de todos ante la Ley es básico en la democracia. Ibarretxe no puede saltársela a la torera, como tampoco el inútil de Balza. Tampoco puede hacerlo Aznar. O Ibarretxe y Balza cumplen la Ley o deben ser detenidos, como presuntos delincuentes.

Para este sábado está prevista otra manifestación de Eta y estos señores vuelven a actuar como si Ley fuera una cosa sobre la que se puede debatir si se cumple o no. No hay aristocracias del delito. No pueden tolerarse. La Constitución es muy clara en esta cuestión. Detener delincuentes fortalece al Estado de Derecho.

La legalidad del Gobierno vasco
Ignacio Villa Libertad Digital  14 Septiembre 2002

El Gobierno vasco, en boca de su Consejero de Interior, ha expresado su intención de cumplir la legalidad. Esa es la respuesta oficial a la petición realizada por el juez Garzón para que sea prohibida la manifestación de este sábado en Bilbao en apoyo de Batasuna. Esa declaración que podría ser así de escueta, tiene un matiz añadido que inmediatamente provoca la incredulidad y la desconfianza. El Gobierno vasco, añaden, cumplirá la legalidad “como siempre lo ha hecho”. Ahí es donde rechinan las estructuras de la maquinaria.

¿Acaso el Gobierno vasco ha cumplido siempre la legalidad? Sin duda, habrá quienes, en sentido estricto, dirán que el Ejecutivo de Vitoria nunca ha actuado fuera de la legalidad. Una afirmación ciertamente equívoca, puesto que a nadie se le oculta que el Gobierno de Ibarretxe ha mantenido en muchas ocasiones una actitud ambigua, mirando frecuentemente hacia otro lado cuando su intervención era reclamada por los propios ciudadanos vascos. La falta de energia a la hora de combatir contra el terrorismo, las decenas de pactos con Batasuna en muchos ayuntamientos vascos, la complicidad sistemática con los batasunos en el Parlamento vasco, la reacción beligerante ante el proceso de ilegalización de Batasuna son algunos ejemplos que confirman de forma evidente que el Gobierno vasco tiene su propia legalidad, acoplada a sus intereses políticos y que es utilizada según las necesidades de cada momento.

De todas formas, detrás de tanta “bravuconada” nacionalista, lo que se percibe es una actitud cambiante y desconcertada. El Partido Nacionalista Vasco no esperaba la efectividad, la contundencia y la claridad con que se está llevando desde los distintos cauces el proceso de ilegalización de Batasuna. El nacionalismo vasco se ha quedado sin discurso político ante las iniciativas del Gobierno central y del juez Garzón. Una nueva situación, que está provocando continuos vaivenes estratégicos en el mundo del nacionalismo. El Gobierno vasco se siente desbordado por la realidad, se siente superado por la verdadera legalidad y reacciona con respuestas nerviosas e inconexas.

Gora Garzón
FERNANDO SAVATER/CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 14 Septiembre 2002

A finales del siglo XIX, la biografía política de los escritores y artistas franceses más distinguidos se escribió partiendo de su posición en el asunto Dreyfus: Zola (este mes se cumplen cien años de su muerte) fue el más distinguido de los que lucharon por el capitán calumniado, secundado por el joven Proust o Eric Satie, frente a los reaccionarios antisemitas como Barrés o el pintor Degàs. No sólo en Francia, también en el resto de Europa el célebre proceso estableció el lugar ideológico de cada cual: Sabino Arana, por ejemplo, arremetió con fiereza en un artículo contra Zola por participar en la conspiración judía que mancillaba el honor del Ejército francés... En los últimos venticinco años de nuestra sobresaltada historia democrática, también en España ha habido bastantes asuntos notables que han polarizado antagónicamente a periodistas, profesores y políticos. Pero yo creo que cuando haya de trazarse con el tiempo la trayectoria de cada cual, ninguno de esos casos será tan determinante como la opinión que unos y otros expresaron sobre un personaje tan omnipresente como controvertido: el magistrado Baltasar Garzón. ¿No es curioso? El papel de fiel de la balanza que en aquel París remoto cumplió un reo, entre nosotros lo viene desempeñando lo quiera o no, desde hace mucho, un juez.

Que yo sepa Garzón no es judío (aunque seguro que no faltará quien le haya dado vueltas a su apellido), pero se ha ido convirtiendo con el tiempo en algo así como un judío psicológico para sus adversarios. Es decir, alguien cuyas acciones se valoran menos por sí mismas que por la perversa índole personal que revelan: arrogante, presumida, ávida de poder y notoriedad, oportunista, trapacera, sin escrúpulos a la hora de cumplir sus propósitos... ¡Vamos, el equivalente actual de la infame nariz ganchuda y la avaricia sin misericordia que antes se achacaba a los hijos de Israel! Contra tales descalificaciones suele ser imposible aportar hechos que las desmientan, porque cada uno de ellos será juzgado como revelador de un vicio especial. ¿Que Garzón procesa y condena a ministros y altos cargos por sus vínculos con los GAL? Es para vengarse por no haber obtenido un puesto semejante. ¿Que persigue a la mafia terrorista? Es porque se ha convertido en marioneta del Gobierno. ¿Que logra poner en la picota al dictador Pinochet? Será porque busca el premio Nobel y otros galardones internacionales. ¿Que su juzgado trabaja más que ninguno y opera con diligencia mientras los demás sestean? Se debe a que es un chapucero que amaña apresuradamente los documentos procesales sin ton ni son. No hay forma de salvarlo: ¡judío tenía que ser!

Puede que gracias a tantas fechorías Garzón consiga honores y premios: por el momento, lo más claro que ha obtenido es ser una de las personas más amenazadas del mundo, la diana soñada por etarras, narcotraficantes, ultraderechistas, empresarios gangsteriles y vaya usted a saber cuántos desalmados más. Su vida tendrá sin duda muchas compensaciones íntimas pero, vista desde fuera, es cualquier cosa menos cómoda. Algunos de sus buenos amigos y colegas, como el juez italiano Falcone, ya duermen el sueño de los justos tras haber sido liquidados por esos enemigos implacables a pesar de la protección que los acompañaba. Fue precisamente Falcone, experto en la lucha contra la mafia y mártir por ello, quien debió convencerle de que para combatir a las organizaciones armadas que extorsionan e intimidan no basta con identificar a los pistoleros que realizan el trabajo sucio, sino que también es necesario desmontar la trama de complicidades sociales de las que la banda obtiene apoyo económico, amparo logístico y encubrimiento ideológico. Es precisamente lo que ahora está intentando hacer en el caso de Batasuna, ganándose por ello una nueva tanda de pintorescos dicterios entre los que destaca el ya conocido de enemigo del pueblo vasco , título honorífico que otorgan los servicios auxiliares de ETA a quienes no son condescendientes con los patrones de la firma a la que obedecen.

Pero no sólo son los monaguillos del terror -tan rentable para ellos- los que con comprensible ahínco maldicen a Garzón. También muchos de los que ayer lo consideraban un tonto útil al servicio de ETA por perseguir a los GAL (según éstos, en los Estados serios se mira discretamente para otro lado cuando a algún funcionario se le va la mano en estas cuestiones), ahora le acusan de estar al servicio de Interior y de Aznar, montando algo así como una especie de Gal jurídico para servir a sus turbios intereses. Algún pedante leguleyo de los que dan clase en la prensa ha encontrado tantos defectos a su procedimiento que casi llega a pedir que se ilegalice a Garzón en lugar de a Batasuna; y un tertuliano radiofónico -adivinen de qué cadena- que por lo visto tiene conocimientos psiquiátricos (¿adquiridos quizá como paciente?) ha decretado que está loco de atar... y que por lo tanto harán bien en atarlo. Por mi parte, no creo que ninguno de estos críticos sea en modo alguno simpatizante etarra. No hace falta atribuir a truculentas complicidades con el terrorismo actitudes que se explican perfectamente por el obsceno oportunismo sectario o la probada cortedad de luces.

Me extrañaría que Garzón fuese un judío perverso y aún más que resultase ser un santo: de éstos últimos no he tenido la suerte de conocer a ninguno, aunque el difunto padre Llanos llegó a parecérmelo a ratos. Seguramente está lleno de defectos, como yo mismo e incluso usted, amable lector (aunque usted menos, claro). Pero lo que ha hecho a lo largo de estos últimos años es cosa notable y, a mi juicio, admirable. Ha intentado no ser un burócrata de la Justicia que aplica mecánicamente las leyes, sino alguien que comprende la razón por la que fueron dictadas e intenta por medio de ellas remediar los desafueros que se escapan al control social gracias a las argucias de la letra pequeña o del temor a los grandes. Merced a su esfuerzo, hoy duermen menos tranquilos algunos de los que han dedicado su vida a hacer inquieto injustamente el reposo de otros. En eso consiste precisamente la defensa de las libertades públicas, y no en proclamas retóricas que acaban garantizando impunidad a los malhechores. Es cierto que no siempre me ha parecido acertado el proceder técnico de Garzón, pero casi nunca he discrepado de su intención legal. De modo que si hay que hacer una lista de los que estuvieron desde el principio a favor de él frente a los que constantemente se han definido en contra, que me inscriban sin vacilar entre los primeros. Gora Garzón.

«Ya era hora de que por fin los tres pilares del Estado hayan plantado cara a ETA»
M. ALONSO ABC 14 Septiembre 2002

Pablo Mosquera, fundador de Unidad Alavesa, ha vivido la época en la que en el País Vasco se enterraba a los guardias civiles por «la puerta de atrás»; ha dejado en el camino a amigos como Gregorio Ordóñez o Fernando Buesa y está acostumbrado a que su nombre aparezca en «papeles» de ETA. Ahora ha decidido dejar la política vasca y volver a su Galicia natal.

BILBAO. -Usted vino a Vitoria a fundar un hospital y se va a trabajar en otro, después de haber jugado un papel importante en la política vasca. ¿Es verdaderamente un decisión tomada en libertad, como usted afirma, o un «basta ya» a las condiciones que rodean a la oposición política en el País Vasco?
-Me voy porque «me da la gana» y si ETA o alguno de sus «gudaris de tres al cuarto» sale diciendo que me echan, doy marcha atrás, porque en esas situaciones me entra un ansia de libertad y una furia que me han movido a hacer muchas cosas en el País Vasco. Me parecía que hacia falta gente que, como mi íntimo amigo Gregorio Ordóñez, resultara políticamente incorrecto y rompiera esquemas para que otros vinieran detrás. Fui uno de los primeros que en San Sebastián, cuando «quisieron sacudir» a mi amigo Agustín Ibarrola, levanté el puño y grite «libertad» y también el primero que en algunas concentraciones dije que había que «ir a por ellos». Me alegro muchísimo que ahora no sea el único. Ya era hora de que por fin el poder legislativo, el judicial y el ejecutivo, los tres pilares del Estado de derecho, hayan plantado cara a ETA y hayan dicho «a por ellos».

-¿Ha considerado que cumplido el papel de pionero, era un buen momento para irse?
-No sé si es un buen momento, pero sí creo que es un avance. En toda España he oído ese «por fin», que aquí a penas se ha escuchado porque aquí todo tiene la sordina que impone el miedo. He vivido épocas en las que cuando asesinaban a un paisano siempre había alguno que decía que por algo será y en las que la oposición sólo se planteaba el pactismo, con la consideración de que para que todo funcionara dentro de un cierto orden, que era el orden que se marcaba desde el nacionalismo, había que ser vasquista y había que colaborar con el PNV, porque no se podía hacer un gobierno sin el nacionalismo. Por fin, todo eso ha roto y, con ello, el complejo de culpabilidad y de inferioridad de los no nacionalistas.

-¿Cree entonces que estamos mejor que hace unos años?
-Ahora los dos grandes partidos de este país son capaces de ponerse de acuerdo para enfrentarse al «fundamentalismo» que tenemos en el País Vasco, que es el gran enemigo de la democracia. Para mí ha sido un placer ver como PP y PSOE, que tienen grandes diferencias, han sabido compartir ese espacio. También es un orgullo que yo haya podido formar parte del primer gobierno constitucionalista de Álava, donde hemos estado populares y foralistas, con el apoyo de los hombres de Fernando Buesa, otro amigo asesinado por ETA.

-Aunque afirma que las cosas han mejorado, parece que a Pablo Mosquera se le ha puesto en los últimos años un gesto de tristeza
-Sí. Ha habido dos cosas que a mí me han hecho daño y soy un tipo duro. Una de ellas es la desaparición de la Mesa de Ajuria Enea. En ella estuve diez años y era un buen foro, porque era un punto de encuentro y una manera de enseñarle a la sociedad cual era el camino y además allí se dijo claramente «no matarás» y «respetarás el Estatuto de autonomía» y también que no se puede utilizar la violencia de ningún tipo con fines políticos. Y el segundo momento de tristeza lo viví tras las elecciones del trece de mayo, cuando se me quedó la cara de tonto al ver que ante una situación en la que ofrecíamos claramente el cambio a la sociedad vasca, ésta había apostado por continuar con los «aitas», los «arzalluz» y compañía. Esos fueron para mi dos momentos de una enorme decepción.

-¿Han influido quizás esas decepciones en su decisión?
-Probablemente, porque van pasando los años y vas dejando amigos en el camino y te preguntas si esto va a cambiar alguna vez. Hay quien dice que va a venir una nueva generación que ha viajado más, que ve la televisión, que tiene «parabólica», pero la realidad es que son más «burros» que los anteriores, porque lo que puede cambiar el pensamiento del ser humano, que es la cultura, la educación y la información, sigue en manos de los mismos.

-Parece pesimista respecto al futuro del País Vasco.
-Lo soy y yo haría un llamamiento a los ciudadanos para que defiendan lo que hemos conseguido, para que no retrocedamos, porque si en las próximas elecciones municipales y forales Álava vuelve a caer en manos del nacionalismo, el retroceso sería gravísimo, porque mientras tengamos Álava, podremos aplicar aquí el «siempre nos quedará París» de la película Casablanca.

-¿Confía en que tomarán su relevo, a pesar de las dificultades?
-Siempre ha sido así y así será. No lograrán callar el afán de libertad que aquí es una conquista social pendiente, porque aquí somos muchos los que no podemos salir a la calle sin escolta y nadie puede ser disidente con el poder sin que le cueste la vida.

-¿Cree que se podrá conseguir esa conquista social a medio plazo?
-Creo que todos tenemos que predicar con nuestra iniciativa y ver que estamos dispuestos a poner en el empeño; si estamos dispuestos a ser meros supervivientes, a mandar a nuestros hijos a la «ikastola» para salvar la piel o estamos dispuestos a que se formen en una buena universidad y lean a los clásicos y se emocionen con Neruda o con Miguel Herández.

-¿Qué sintió la primera vez que le informaron de que figuraba en unos «papeles» de ETA?
-Al principio no me lo creía, pero cuando mataron a Gregorio Ordóñez descubrí que podía haber sido yo. Esto tiene un punto álgido, en el que entra mucho miedo, pero después te acostumbras, lo cual no quiere decir que no tengas claro que tienes enemigos. Yo espero no encontrarme cara a cara con quienes mataron a Gregorio Ordóñez, porque ni perdono, ni olvido.

-¿Hay todavía mucha indefensión frente al terrorismo?
-Creo que vamos superando esa fase de la política en la que todo vale, pero todavía hay personajes como Llamazares que no se enteran y que parece increíble que vengan del Partido Comunista. Espero que tarde o temprano venga un viento de sensatez que se lleve a todos los «viejos esperpentos» y haya un renacimiento y una nueva generación de dirigentes, otros obispos vascos, otros jefes de policía y otros políticos.
-¿Se va con alguna asignatura pendiente?
-Por supuesto; la más importante: el «ha estallado la paz» que escribió Gironella. A lo mejor la próxima vez, a lo mejor mi hijo o los hijos de mis hijos. Yo me voy con la tranquilidad de haber hecho lo que debía.

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