AGLI

Recortes de Prensa     Martes 17 Septiembre  2002
Yo les acuso
MIKEL AZURMENDI ABC 17 Septiembre 2002

Lección a Pujol
Luis María ANSON La Razón 17 Septiembre 2002

Golpe a la cúpula de Eta
Editorial La Razón 17 Septiembre 2002

Los demás vascos
FERNANDO SAVATER El País 17 Septiembre 2002

Acebes pide cárcel para Ternera
Editorial La Razón 17 Septiembre 2002

Tristeza paisana
Cartas al Director ABC 17 Septiembre 2002

Ganó Batasuna
Lorenzo CONTRERAS La Razón 17 Septiembre 2002

Repliegue táctico
ABC 17 Septiembre 2002

Capos de caza
José Luis Alvite La Razón 17 Septiembre 2002

Mientras el adjetivo aguante
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 17 Septiembre 2002

Cuanto peor...
PABLO PLANAS ABC 17 Septiembre 2002

En bolas por Euskal Herria
Iñaki EZKERRA La Razón 17 Septiembre 2002

Incongruencia de Garzón
Enrique de Diego Libertad Digital  17 Septiembre 2002

Legalidad
Editorial El Correo 17 Septiembre 2002

Detenidos en Francia los máximos cabecillas de Eta, tras ser localizados por la Policía española
J. M. Zuloaga L. R. N. - Madrid Madrid.- La Razón 17 Septiembre 2002
 

Yo les acuso
Por MIKEL AZURMENDI ABC 17 Septiembre 2002

EL terrorista asesina, pero también puede avisar. Como dijo un nacionalista universitario, el catedrático de psicología Sr. Ayestarán: «¡qué más quisiera ETA sino no tener que matar!». Quiso decir que ETA se ve forzada a asesinar al no hacer caso la gente de sus avisos. Mi vida sufrió también ese aviso tan psicológico en 1994, cuando en mi casa entró un comando etarra. Eran gente que habían estado estudiando de manera intensiva euskera durante el verano en el Barnetegi de inmersión lingüística de Cestona. El comando lo dirigían casi con toda seguridad una o varias de las personas que habían figurado nominalmente en aquel recinto veraniego, porque de hecho no habían pisado aquel lugar. La red batasuna de cultura, responsable del Barnetegi, había dispuesto coartada perfecta: los profesores hacían firmar a los alumnos en nombre de los tres ausentes las hojas de presencia así como los ejercicios de cada día. Probablemente eran tres «legales» que o habían desaparecido de sus domicilios o se hallaban temporalmente en un campo de adiestramiento de ETA.

Encontré a los agentes de la ertzaintza en mi casa, guardándola mientras yo viniera. Cuando me dí de bruces con ellos llegaba yo de Granada, de exponer en un Congreso mi convicción de que la identidad nacionalista de los vascos precisa de enemigo para constituirse. Había avisado a mis alumnos de que marchaba a un Congreso para varios días y del horario en que recuperaríamos la clase perdida. Era una clase de ética, disciplina en la que se enclavaba entonces mi docencia, exclusivamente en euskera. En ese aula había dos estudiantes que acababan de salir de prisión por activismo terrorista; uno había permanecido más de diez años encarcelado, el otro no más de tres. Éste último muchacho fue el que me espetó algo después, en el pasillo del aula: «¡Mikel, dos ertzainas menos!» cuando el batasuno Mikel Otegi descerrajó con su escopeta a dos policías autonómicos en su caserío de Isasondo. Para expresar su regocijo por el doble asesinato, aquel alumno etarra levantó dos dedos de su mano, en forma de uve victoriosa. Dos menos era una gran victoria.

La ertzaintza, que todavía seguía tomando huellas dactilares por toda la casa, me explicó que había entrado bastante gente en ella y que todo parecía extraño porque habían estado buscando fotografías, pues todos los carretes negativos de mi hijo estaban tirados por el suelo y habían sido repasados uno a uno. La explicación era bien sencilla: uno de mis alumnos doctorandos, gran aficionado a la fotografía, había estado en aquel Barnetegi y había elaborado un trabajo para el profesor Savater quien decidió publicar una versión abreviada del mismo en el periódico «El País» (25-9-94). Y me pidió que apoyara aquel documento dominical de dos páginas, titulado «La estrategia de la ameba», con una breve descripción de las numerosas siglas de organismos culturales vascos que aparecían en el artículo. El lunes siguiente, a primera hora de la mañana, un profesor de psicología aun hoy dirigente de actividades culturales batasunas, estaba repartiendo fotocopias del artículo en la puerta de la facultad, pero también una hoja donde se me acusaba de traición. Yo le increpé pero él mismo me advirtió de que, «aun siendo verdad cuanto mi alumno contaba, no debía ser dicho en Madrid». Pero, curiosamente, se interesó por si mi alumno había sacado o no fotografías del Barnetegi. Y como cuando ves un rayo en la lejanía ya sabes que se acerca la tormenta, así supe yo que iba a tener pronto algún aviso de ETA.

La ertzaintza me pedía las fotos y yo, que no las tenía, le respondía que era su deber ir a Cestona, pedir la lista de alumnos del verano y averiguar la conducta de profesores y alumnos así como de sospechar de ellos como insinuadores o ejecutores del comando. También les advertí a los agentes del carácter criminal de los ejercicios en euskera que yo mismo había tenido la oportunidad de ver; vgr. construya el futuro hipotético de «Éste ha muerto hoy». «Éste» era un pequeño dibujo de un guardia civil. Mi denuncia no sólo no sirvió para que la ertzaintza hiciese pesquisa alguna, sino que ni tan siquiera existe tal denuncia en la Comisaría de San Sebastián donde fue hecha, según me indicó el jefe de ella, hace dos años. Esta otra vez, el motivo de que tuviese que volver a verme con la ertzaintza fue su presencia necesaria para desactivar una bomba que un comando había colocado en la puerta de mi casa. Pero esta vez, yo ya sabía que se trataba de un último aviso. «¡Qué más querría ETA que no matarme!», pensaba yo.

Y aquel mismo 15 de agosto del 2000 decidí marcharme del País Vasco. Tomé la decisión porque comprendí que era el último aviso de ETA. Unos meses antes, había advertido yo a mi amigo del Foro de Ermua, López de Lacalle, de que se cuidara, pues iban a venir a por nosotros y él ya tenía varios avisos serios (unos cócteles contra su casa e inscripciones de amenaza por las paredes de su pueblo). «Tú, optimista, como siempre, Mikel» fue lo que me contestó. Sus últimas palabras me hacen todavía eco en el estómago, pues a los 12 días fue asesinado. Y eso que qué más quisiera ETA sino haberle perdonado la vida...

La primera advertencia de ETA fue al poco de la entrada del comando en mi casa. En mi casillero de la facultad me metieron un gran sobre que, al ser abierto, desparramó sobre mi jersey de invierno un gran chorro de sangre con unas entrañas de animal. El decanato constató los hechos y se solidarizó conmigo en privado. Durante tres años he recibido todo tipo de amenazas de los ikasle abertzaleak batasunos de la facultad: más de una docena de octavillas distintas han ido esparciendo a millares por el campus al tam tam étnico de sus jornadas de acción, tratándome de traidor, asesino, verdugo de los presos vascos y profesor colonialista. Y advirtiéndome que mi actitud no me iba a resultar gratis. Algunas octavillas me han honrado con la compañía de otros profesores prestigiosos, como Casadevante, Gorriarán o Beristain. Estos dos últimos viven hoy protegidos por guardaespaldas y aquél, prefirió el destierro. Otras veces he aparecido solo, cuán solo, como cuando te pintan una diana de más de un metro en la facultad e inscriben bajo ella tu nombre. O como cuando pintan por los pasillos del profesorado tu nombre, señalándote al paredón; cuán solo porque aparece sólo tu nombre y no viene ningún profesor a verte al despacho. O solo, como cuando arrancan tu nombre del despacho, forzándolo y rompiendo el cristal de la puerta. Y nadie vuelve a colocar más la placa con tu nombre. Y me exilié de mi país sin que figurase ya ni mi nombre en lo que yo suponía era mi despacho de facultad. ETA había ganado gracias a sus adláteres universitarios, su cuerpo de choque batasuno contra cuantos defendemos la discusión libre sin coerción. Acuso, pues, a su brazo cultural que tiene nombres propios y, en su haber, delaciones, injurias y amenazas de muerte de las que responder. El sábado estaban todos ellos en la manifestación prohibida de Bilbao y un profesor directamente involucrado en los hechos que he referido la había apoyado públicamente.

Yo acuso de connivencia a esos profesores que justifican que ETA asesina a su pesar o a los que jalean a ETA como ese catedrático de mi pasillo de facultad que escribió que «sin ETA, no habrá ningún horizonte de futuro para los vascos».

ETA asesina pero puede también avisar mediante Batasuna. Por ejemplo a mí; pero yo no he podido seguir mirando debajo del coche día tras día ni esperar a que tal vez la de hoy sea mi última clase de todas. Y por no vivir custodiado, me expatrié. Muchos de mis amigos del Foro de Ermua, de Basta Ya, y los otros cuatro profesores con quienes promoví una asamblea general de facultad tras el asesinato de Gregorio Ordóñez viven custodiados por guardaespaldas. Batasuna y sus tentáculos etarras de facultad nos han perseguido, humillado y también limitado nuestra existencia al monopolizar nuestra preocupación intelectual. Yo les acuso y reclamo justicia y no es justo que ellos puedan manifestarse en la calle por ideas y proyectos que impiden a los no-nacionalistas expresarnos en libertad y vivir con las garantías que ellos viven.

Lección a Pujol
Luis María ANSON La Razón 17 Septiembre 2002
de la Real Academia Española

El aldeanismo se paga. El acoso al segundo idioma del mundo, que es el español, también. La cerrazón nacionalista en la cultura, en el cine, el teatro, la televisión, no es de recibo. Pujol, hombre muy inteligente y moderado, deja un balance altamente positivo de su gestión. Lástima que los delirios nacionalistas enturbien la realidad catalana.
Y ahí están las cifras, que son tozudas y, aunque se retuerzan, duelen. Entre 1986 y 1988, la inversión extranjera en Madrid fue el 39 por ciento del total español y en Cataluña el 29 por ciento. En el periodo 1998-2000, esa misma inversión se elevó en Madrid hasta el 66 por ciento y se redujo en Cataluña al 13 por ciento.
Gallardón, con una política abierta, constructiva, en la vanguardia económica, ha dado una gran lección a Jordi Pujol, perdido en los meandros del provincianismo lingüístico y cultural. Las cifras cantan. Y a veces con estridencia.

Golpe a la cúpula de Eta
Editorial La Razón 17 Septiembre 2002

Agentes de la Policía francesa detuvieron en las cercanías de Burdeos a los jefes etarras, Ainhoa Múgica Goñi y Juan Antonio Olarra Guridi, máximos cabecillas del aparato militar de la banda, o lo que es igual de los comandos criminales. El arresto fue posible gracias a una brillante operación de los servicios de información de la Policía española, que dieron con la pista de dos de los terroristas más buscados, y que permitió asestar a Eta uno de los golpes más importantes desde la detención de «Txapote» en febrero del pasado año. De la trascendencia de la captura da idea el terrible y sanguinario currículum de ambos, con varios asesinatos a sus espaldas, lo que les condujo a ser incluidos en la lista de terroristas más buscados por la Unión Europea.

La primera reacción a la brillante acción de ayer debe ser de alivio por el hecho de que dos peligrosos delincuentes estén ya a disposición de la Justicia para pagar por sus crímenes. Pero también resulta obligado que los ciudadanos de bien de este país sientan la satisfacción de comprobar que la eficacia policial resulta un arma fundamental y definitiva en la lucha contra Eta y que nuestras fuerzas policiales merecen nuestro total apoyo y plena confianza. En este punto, es justo también reconocer la positiva colaboración de las autoridades francesas para que el antiguo santuario galo sea cada día más un calvario para la mafia terrorista. Aunque aún quedarán jornadas duras por pasar para los demócratas, la serpiente etarra agoniza ante la razón y la fuerza del Estado de Derecho.

Los demás vascos
FERNANDO SAVATER El País 17 Septiembre 2002

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

Cuenta una leyenda que cierta señora encargó su retrato a Picasso. Cuando el pintor le entregó la obra, donde ojos y narices bailaban con especial travesura, la dama no pudo por menos de quejarse: '¡Pero si no me parezco nada!'. Y Picasso repuso: 'Descuide, ya se le parecerá'. Algo semejante nos ha ocurrido en el País Vasco. Hace más de veinte años, los nacionalistas promulgaron un retrato de nuestra comunidad étnico, homogéneo, beato en su postizo ruralismo ideológico, victimista, invadido por foráneos contaminantes, incompatible con lo español, sin otra meta a medio o largo plazo que el independentismo redentor: un aguafuerte firmado por el Sabino Arana de la primera época. Muchos nos quejamos del escaso parecido que guardaba con el modelo real, pero no pedimos que nos devolvieran el dinero: esperábamos que poco a poco, gracias a la democracia, los eventuales artistas -ahora gobernantes- fuesen suavizando los perfiles, añadiendo figuras y borrando ruinas intolerantes del fondo paisajístico. En una palabra, que el cuadro cambiase para ir representando cada vez mejor la sociedad retratada. Pero hemos sido defraudados. La imagen oficial y su modelo se han ido pareciendo cada vez más, de acuerdo, pero es el segundo el que no ha tenido más remedio que transformarse. Como no era cosa de romper el espejo, la solución ha sido romperles la cara a quienes no se reflejaban debidamente en él.

O echarles. De eso se ha encargado especialmente ETA y su batallón de servicios auxiliares, cuya labor de zapa ha logrado crear inseguridad para muchos e incomodidad para todos los que no se avenían voluntariamente al perfil nacionalista. La gente asesinada no sale en la foto, pero tampoco la hostigada, la que se retira porque siente su miedo como una humillación, la que emigra por repugnancia ante cuanto le rodea o por hartazgo de tener que fingir ser lo que no es. Paulatinamente la población decrece y el aguafuerte aranista resulta cada vez más fiel. Con un poco de suerte y de insistencia, dentro de unos cuantos años ya no hará falta quizá efectuar ningún referéndum para comprobar que los vascos quieren nacionalismo y nada más que nacionalismo porque todos los que pudieran haber votado 'no' habrán sido borrados del censo. Así nos ahorraremos dinero público y trámites engorrosos. Al principio los nacionalistas hablaban de los vascos como Osama Bin Laden de los musulmanes: todos son de los míos y los demás apóstatas. Provocaban sonrisas, aunque fuesen un poco nerviosas. Pero ahora ya nadie sonríe y el nerviosismo va dejando paso al pánico, a la resignación cómplice, al soborno... o al vacío.

Estando así las cosas, es comprensible la irritación y la alarma nacionalistas ante las medidas legales para dejar fuera de juego a Batasuna. Ni el PNV ni EA quieren que ETA siga asesinando, eso tuvo su aquel en cierto momento, pero ahora resulta socialmente oneroso y hasta contraproducente. Lo perfecto sería que la banda terrorista permaneciese en un discreto stand-by permanente, dando tono al ambiente aunque sin sangre ni vísceras infantiles por la calzada, mientras continúa el proceso de expulsión incruenta de unos y de asimilación de los demás, así como el domesticamiento progresivo de los radicales para que vayan incorporándose a los partidos gubernamentales como una cohorte vehemente pero ex criminal. Sin embargo, además de que ETA sigue matando y comprometiéndoles, ahora jueces y parlamentarios forman una pinza para ilegalizar Batasuna. ¡Qué contrariedad! Esto va a empeorar las cosas, nos advierten. ¿Para quién? Para los propios nacionalistas, claro. Mejorará sus porcentajes electorales, porque parte de los votos radicales irán hacia ellos, pero tendrán que sufrir la indignación de los ilegalizados -'¿qué hay de lo nuestro?, ¡aunque me devuelvas el rosario de mi madre y las cartas, no creas que vas a quedarte con todo lo demás!'- y quizá también las amenazas directas de sus peligrosísimos primos del amosal.

Sobre todo, se rompe fatalmente el aura de condescendiente impunidad (acompañada, eso sí, de viva desaprobación retórica para darles un puntillo de atractivo perverso) que rodeaba a los partidarios o justificadores de la violencia. Y, si se bloquean sus cuentas y negociejos, se compromete también el clientelismo abertzale del que tantos han vivido tan ricamente hasta ahora. Mala cosa: desmovilizadora o, aún peor, capaz de hacer a los más brutos volverse contra quienes no deben. Es el calvario del PNV, al que Arzalluz -que no en vano es del gremio- ha descrito como un santo crucificado entre dos ladrones, ETA y PP. Más radical que Cristo, el PNV no quiere mañana a ninguno de los dos en su reino independiente, porque cada uno estorba a su modo el proyecto que está llevando a cabo. Quienes le fuerzan a que elija definitivamente entre Dimas o Diretes (no recuerdo como se llamaba el otro ladrón) fomentan la 'crispación', palabra que en Euskadi significa: contrariar de palabra u obra al nacionalismo vigente...

Que los defensores de Batasuna se manifiesten con lemas contra el fascismo y denuncias del 'estado de excepción' impuesto por la aplicación de la legalidad, resulta chocante y hasta patético para muchos observadores, pero créanme que es perfectamente lógico. Durante décadas, el discurso ideológico vigente ha dado por sentado que cualquier cortapisa al nacionalismo, incluso cualquier denuncia y persecución activa de las legitimaciones o complicidades con el terrorismo, provienen de un 'españolismo rancio' cuando no de 'franquismo puro y duro'. Ayudados por una versión de la historia y sobre todo de la antropología que parece directamente sacada de aquella sección del venerable Pulgarcito titulada 'increíble pero mentira' (por cierto, no conozco ningún manifiesto de antropólogos, de esos que ahora andan tan políticamente concernidos, sobre este tema), los perpetuos rememoradores de la guerra civil han consentido la guerra civil de baja intensidad que se llevaba a cabo contra los no nacionalistas. La bandera y demás símbolos comunes del Estado democrático partían de antemano descalificados por informadores y educadores como imposiciones detestables. En realidad, la España democrática nunca ha tenido una verdadera oportunidad de darse a conocer en el País Vasco. ¿Qué es lo que se cuenta a los jóvenes? A los hijos pequeños de un terrorista condenado por múltiples asesinatos, los parientes compasivos -para no revelarles la cruda verdad que aún no pueden asimilar- les han dicho que 'el aitá está en la cárcel porque habló en euskera delante de un guardia civil'. Y que ruede la bola...

Para el día 19 de octubre, Basta Ya ha convocado una manifestación en San Sebastián contra la imposición obligatoria del nacionalismo como única solución democrática a la violencia y a favor de la ciudadanía constitucional, así como de las medidas legales que la defienden. La convocatoria se dirige a todos esos otros vascos y en particular a los que se han ido: que vuelvan por un día para demostrar que existen. Algunos se fueron por las amenazas o los atentados que sufrieron ellos y sus familiares, otros por el clima social irrespirable, por no querer pagar a extorsionadores, muchos sencillamente porque se encontraban también en su casa como españoles en otras partes de España y no querían renunciar a esa amplitud de posibilidades económicas y vitales que les benefician. Sería hermoso y solidario que, por esta ocasión, volviesen para apoyar el pluralismo conculcado en su tierra natal. A comienzos del pasado siglo, el ácrata Georges Darien publicó La Belle France, un panfleto contra su país devastado por el asunto Dreyfus. Allí puede leerse: 'Si el nombre francés no debe verse para siempre tachado de la historia, es preciso que la Francia de los nacionalistas encuentre mañana frente a ella la Francia de los judíos, de los protestantes, de los intelectuales y de los cosmopolitas. Es decir, la Francia de la Revolución'. Del mismo modo, es preciso que frente al País Vasco de los nacionalistas se afirme el de quienes no lo somos, el de los disidentes, el de los enemigos consecuentes del terror, el de los autonomistas no separatistas, el País Vasco de la Constitución.

Acebes pide cárcel para Ternera
Editorial La Razón 17 Septiembre 2002

Instituciones Penitenciarias aún no ha decidido la cárcel civil a la que va a ser trasladado el general Rodríguez Galindo. El Gobierno todavía no sabe si va a indultar al militar que mayores servicios prestó a la democracia en la desarticulación de comandos de Eta. El Gobierno tampoco sabe en qué cárcel debería acabar el etarra José Antonio Urruticoechea Bengoechea alias «Josu Ternera», que se pasea por las calles del País Vasco, acude a manifestaciones ilegales, si ello es menester, y ha gozado de la condición de diputado en el Parlamento de Vitoria. Sólo sabemos ahora que el ministro del Interior, Ángel Acebes, ha manifestado que espera que Ternera acabe en la cárcel porque «su presencia en las calles es una vergüenza para la democracia». El ministro ha sido rotundo en su afirmación en «El primer café» de Antena 3, pero el deseo que ha manifestado es compartido por millones de españoles, deseosos de que la justicia alcance a todos. Acebes no ha exagerado al decir que Ternera no tiene autoridad moral ni vergüenza democrática, pero quizá el dato más significativo de hasta qué punto existen grandes diferencias entre unos casos y otros, el suyo y el del general Rodríguez Galindo, es el hecho de que forme parte de la Cámara vasca y esté en la Comisión de Derechos Humanos. Josu Ternera, como otros congéneres suyos, debe ser ilegalizado y apartado de la vida política con la mayor prontitud judicial posible.

Tristeza paisana
Cartas al Director ABC 17 Septiembre 2002

Después de ver las imágenes de la manifestación pro Herri Batasuna, organizada en Bilbao por el compendio catalano-euskaldún independentista, se me encoge el alma de ver tanto partidario de esta causa. ¿Es que los vascos somos tan necios, incultos, ciegos o cobardes que no queremos aceptar la realidad? ¿o es que nos gusta vivir atemorizados y sembrando buena fama en el resto de Europa? Quizás lo que buscamos es que no venga nadie a Euskadi, que las empresas cierren, que los profesores se vayan o que nos miren con mala cara fuera de nuestro territorio. Cada día entiendo menos a mis paisanos, no sé si por incultura o por terquedad, pero estamos demostrando al mundo que somos una panda de borregos, estancados en unas ideas fascistas y sin razón de ser. Si lo que buscamos es nacionalismo vasco, ¿creen ustedes que el único medio es ETA y Herri Batasuna? ¿Acaso no gozamos de un Gobierno nacionalista con un poder autonómico exclusivo en Europa? ¿No podemos seguir el ejemplo de los catalanes y gozar de una comunidad acogedora, europea y democrática? A menudo me avergüenzo de ser vasco y bajo la cabeza porque no encuentro palabras para justificar el comportamiento de mis paisanos.

Liborio Gussmano. Guetaria.

Ganó Batasuna
Lorenzo CONTRERAS La Razón 17 Septiembre 2002

Era inevitable que el desarrollo de la manifestación de Bilbao, de clara organización batasuna, provocase una considerable polémica cuyos ecos todavía no se han extinguido. Para los maximalistas abertzales, secundados por los dirigentes de Eusko Alkartasuna entre los que sobresale el contraindicado consejero de Justicia Joseba Azcárraga, la demostración, bajo el despistante lema «Gora Euskal Herria», fue saboteada por la Ertzaintza. Para populares y socialistas, fue permitida al cincuenta por ciento. Uno cree que la manifestación fue un éxito de los proetarras, que pudieron, con Otegui a la cabeza, perfeccionar la imagen de víctimas de una represión conducida por un «juez extranjero». Y la verdad es que si una manifestación exitosa se caracteriza por su repercusión, sonoridad o ruido, éste fue el caso de la celebrada en la capital vizcaina. La Policía autonómica vasca actuó conforme a las órdenes recibidas de la Consejería de Interior del Gobierno de Vitoria. Podrá decirse que empleó la prudencia y que el señor Balza con sus instrucciones supo evitar «males mayores». Pero abortar una manifestación en su raiz, antes de que diese comienzo, tenía que ser más prudente y sabio que hacerlo a medio trayecto, con una cierta «velocidad de crucero» adquirida, con una inercia casi imparable que se tradujo, como los hechos demostraron, en violencias y alborotos.

Había prensa delante, y, por supuesto, prensa extranjera, a la que Otegui, durante el mitin que le regalaron las autoridades se dirigió «para que transmitan fuera lo que realmente ha sucedido aquí». El «discurso político» resultó ser un monumento al cinismo. Arnaldo Otegui dijo nada menos que esto, entre otras maravillas: «Nos están poniendo el sambenito de violentos y terroristas a nosotros, pero con la actuación de la Ertzaintza de hoy hemos visto quién defiende los derechos humanos».

Claro está que ellos, los batasunos. Nadie le negará al demócrata Otegui, dueño de un escaño en el Parlamento de Vitoria, respetabilidad institucional, aunque la personal esté por los suelos. Es filoterrorista, si es que con el tiempo no se demuestran sus méritos en la acción directa, pero sigue protegido por el acta. Y qué decir de su compañero Josu Ternera, que todavía luce el nombre de guerra y encima es miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara.

Todo demasiado obvio, pero de indispensable recuerdo. En cuanto a la manifestación supuestamente abortada, Batasuna debería dirigir a Ibarreche un mensaje de agradecimiento. Si aquella se hubiese desarrollado sin problema hasta su final, no habría ganado más en desafío y habría perdido en sustancia mítica. Ha sido, el 15 de septiembre, «un glorioso día de lucha», con el aval previo de Amnistía Internacional.

Repliegue táctico
ABC 17 Septiembre 2002

Tras el cierre de algunas de las sedes de Batasuna, la dirección de ETA ordenó a la mayoría de los integrantes de sus comandos que se refugiaran en Francia. De este modo, todo el peso de la actividad criminal desde finales de agosto ha recaído en el «comando Vizcaya», el más consistente según la Policía de los que dispone en la actualidad la banda criminal. Los jefes de ETA pretendían calibrar el potencial de sus asesinos antes de lanzar una ofensiva de respuesta al cerco legal y político a Batasuna. De ahí que fuentes policiales interpreten los dos últimos intentos de atentado, dirigidos contra la Ertzaintza, como sendos avisos a la policía autonómica por su acatamiento de los mandatos judiciales de Baltasar Garzón. Sin embargo, el hecho de que los terroristas sean cada día más jóvenes y el adiestramiento más breve son también elementos a considerar, según la Policía, en los últimos fallos de la banda, que no asesina desde el atentado de Santa Pola, el pasado 4 de agosto, que corrió a cargo de un «comando» itinerante con «legales» de ETA.

Capos de caza
José Luis Alvite La Razón 17 Septiembre 2002

Ahora se descubre que Eta compraba armas de fuego a cambio de drogas mediante un trueque con la Mafia. Se trata de un avance penal cualitativo porque supone la intromisión de los etarras en la farmacia sicodélica y cuantitativo porque los terroristas ponen un pie en la macabra Pasarla Palermo, que es algo que internacionaliza su imagen añadiéndole la plusvalía de una nueva degeneración. El Athletic Club de Bilbao se mantiene en sus trece de fomentar la cantera, pero Eta, tan purista en lo geopolítico, se sale del ámbito vasco porque Lezama le viene pequeño.

Se trata de una noticia que profundiza en la descomposición moral de la organización etarra pero es algo que se veía venir. El nacionalismo de Eta es en sí mismo una actitud obsesiva cuyo mantenimiento casa mejor con los estupefacientes que con los libros. A pesar de que durante algún tiempo los propagandistas de Eta nos vendieron la idea de que sus comandos no sólo asesinaban a guardias civiles y policías, políticos, niños, mujeres y periodistas, sino que también arremetían contra el narcotráfico, asestando tiros en la nuca a unos cuantos «Camellos». Parecía un rapto de trágica nobleza profiláctica pero en realidad fue una broma.

En el fondo parece que lo que pretendía Eta no era la lucha contra el narcotráfico sino la lucha contra la competencia. Incluso podría entenderse el compromiso de Eta con el tráfico de drogas si se tiene en cuenta que el crimen organizado no es algo que se olvide con un par de copas. Para olvidar su actividad, tipos como Josu Ternera seguramente necesiten un gramo de cocaína por cada kilocanal de atentado. Eta empezó como una adicción al nacionalismo y acaba como una patología, aunque abundan los teólogos del terrorismo que pretenden hacernos creer que Eta no es más que una inocente denominación de origen mal publicitada. Aunque bien mirado, a lo mejor resulta que los etarras se aficionaron a las drogas cuando comprobaron que el terrorismo con culata es algo que mejor que por el pensamiento, entra por las fosas nasales, como le entra la eficacia a los perros de caza.

Mientras el adjetivo aguante
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 17 Septiembre 2002

Se puede o no estar de acuerdo con el auto del juez Garzón, pero no cabe suspender legalmente a Batasuna en su actividad política sin que se proceda, simultáneamente, a la suspensión de las actividades de su grupo parlamentario por mucho que se haya revestido, previamente, de otra denominación. Tanto es así que hasta un dirigente político navarro como Juan Cruz Alli, nada sospechoso de padecer la enfermedad senil del frentismo, ha avalado ayer mismo el esperado informe de los servicios jurídicos del parlamento de Navarra que ha precedido el envío de los siete diputados batasunos al Grupo Mixto. No hay resquicio jurídico para eludir la aplicación de la ley, salvo que se tenga la intencionalidad política de eludirla como exigen los ilegales. Ahí está, precisamente, el reto de los proscritos al nacionalismo democrático. Pierdan el adjetivo, vienen a decir, y desde un común sustantivo soberanista rompamos con la legalidad constitucional vigente.

No lo han logrado con el cierre judicial de sus propias sedes batasunas. Tampoco con sus manifestaciones encubiertas como las de este último fin de semana en Bilbao. En uno y otro caso, los ertzainas han actuado con gran profesionalidad al clausurar sus oficinas políticas y cortar el paso de sus activistas. Hoy pretenden lograrlo a través de una decisión del Parlamento de Vitoria, sobre la disolución del grupo parlamentario de Batasuna, que vaya en dirección contraria de la aprobada ayer por el Parlamento de Pamplona. Porque la gran esperanza de los batasunos, prácticamente su última esperanza política, radica en que el Gobierno de Ibarretxe cometa algún error legal que facilite al Gobierno de Aznar la posibilidad de recurrir a algún artículo constitucional que permita la asunción parcial o total de las competencias autonómicas de la comunidad de Euskadi. De su ilegalización, que apenas les plantea algunos problemas logísticos, sólo les preocupa el cómo extenderla para socializarla al resto de la familia nacionalista.No obedece al azar, precisamente, que Otegi sumara su voto al de Mayor Oreja, en un reciente debate parlamentario vasco, a la hora de rechazar la presentación de un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Partidos. Tampoco es casual la creciente coincidencia semántica, entre el diario Gara y una buena parte de las tertulias audiovisuales, a la hora de descalificar al Gobierno de Ibarretxe.Pocas veces un adjetivo ha sido tan calificativo como el que define, aquí y ahora, al nacionalismo democrático vasco.

Quienes como los etarras nacieron desde una escisión del nacionalismo democrático, hace cuatro décadas, buscan ahora doblegarlo o quebrarlo con un nuevo cisma. Alientan a los herederos de Garaikoetxea, orientan a sus sindicalistas, animan la rebelión de sus parlamentarios, siempre en aras de que el nacionalismo pierda su adjetivo democrático por el intrincado camino que hoy recorren los vascos. Es una batalla diaria. Ayer con las manifestaciones, hoy con el grupo parlamentario y mañana con alguna iniciativa parlamentaria. No van a parar en la cacería de un adjetivo que les impide avanzar en sus objetivos. Porque nada tienen que hacer mientras el adjetivo aguante.

Cuanto peor...
PABLO PLANAS ABC 17 Septiembre 2002

LA detención de Ainhoa Múgica, Juan Antonio Olarra y un tercer etarra todavía por identificar desbarata la estrategia del suspense que mantenía a la sociedad española en vilo. Desde el comienzo del cerco judicial a Batasuna, sus líderes sugerían la posibilidad de una reacción de los pistoleros que no podía ser otra que la de un gran atentado. De hecho, Otegi declaraba ayer mismo que los vascos debían demostrar a ETA que existe una alternativa para enfrentarse a España y al Gobierno «españolista» del PNV. Si se tiene en cuenta que esas palabras vienen de «Potoko», ex integrante de al menos tres comandos de la banda, según Interior, sólo cabe concluir que los dos atentados frustrados contra la Ertzaintza iban a ser el preludio de una «ekintza» de órdago a la mayor y que el portavoz de Batasuna podría decir «ya lo avisamos».

La desesperante actitud del Ejecutivo de Ibarretxe, las tensiones que ha suscitado su actuación contra Batasuna y las presiones sobre la Ertzaintza para que aplique un mandato judicial con toda clase de reparos políticos se antojaban el marco idóneo para el tic tac siniestro de la banda terrorista. El sábado, en Bilbao, la conjunción de la «legitimidad» acordada por EA de las manifestaciones pro Batasuna y la necesidad de los batasunos por demostrar que aún tenían capacidad de convocatoria desembocaron en un espectáculo delirante en el que las cargas policiales fueron la antesala de un mitin tolerado de Otegi. En ese contexto, el optimismo sobre la situación no era un esfuerzo de voluntad sino una insensatez, más con el dato añadido de que la operatividad de los «políticos» seguía intacta y con la mayoría de sus sedes abiertas.

Sin embargo, el golpe policial contra la cúpula de ETA -en estas primeras horas tan importante al menos como el de Bidart, con la detención del colectivo Artapalo- modifica de raíz la desquiciada cartografía de la cuestión y nos recuerda que la banda, además de dar golpes como el de Santa Pola, también puede ser golpeada en sus entrañas y en el mismo nido de la serpiente. No obstante, es necesario recordar que es infinitamente más fácil matar a civiles indefensos que capturar a pistoleros dotados de toda clase de coberturas. Es probable que para los análisis nacionalistas la detención de los tres etarras aumenten las posibilidades de no salir del atolladero. Para casi todos los demás, sirve de recordatorio de quienes son voceros algunos «espaldas mojadas».

En bolas por Euskal Herria
Iñaki EZKERRA La Razón 17 Septiembre 2002

«Ésta es la foto de la desesperación del Estado» decía muy optimista Otegui el sábado en la manifa prohibida por Garzón y mediocelebrada por Batasuna. Otegui quería una foto dramática como la quería también Balza. Para lograr esa foto el Consejero de Interior se pasó la semana diciendo que no prohibiría el acto, animando a movilizarse a toda esa tercera edad de boina o permanente lila que pensaba quedarse en casita. Eso era lo pactado entre el PNV y Batasuna: la foto que dramatizara lo que no tiene ningún dramatismo, la mera aplicación de la ley.

El problema es que les salió mal. Toda esa peña que no era de Bilbao y que acudió a la convocatoria de Otegui y Mr. Bean como acudían los gorilas y los elefantes a la llamada de Tarzán y la mona Chita, se cogió el autocar de regreso al pueblo, a la selva y al dominó, que es lo suyo, mientras unos se ponían en pelotas en nombre de la patria vasca. La foto que consiguieron fue de traca: los viejillos huyendo más de los nudistas que de los ertzainas y Amparo Lasheras llorando bajo la lluvia o bajo la ducha en una premeditada y alevosa redundancia acuática.

Sí, ese fue todo el drama de la foto. Yo lo siento por toda esa chavalería que se trabajan Permach y Landa como los curas de mi niñez preparaban la función teatral del colegio. Siento que después de poner tanta ilusión y tantas horas y tanto manoseo y pedarastia ideológica, en vez del drama de la Pasión les haya salido un dramón o una comedia con esos tipos en pelota picada. Recuerdo a uno de la uni que cada vez que íbamos a montar una asamblea o un cumpleaños decía lo de «si hace falta, yo me pongo en pelotas». A todos nos daba pena tener que disuadirle por la ilusión con la que se ofrecía: «Déjalo, no es necesario», le decíamos. Él repetía que era por la Revolución pero se le veía el plumero, como a ésos que se despelotaban por Euskal Herria. ¿Sí, ya, por Euskal Herria!.

Les ha salido mal esa foto ridícula pero rodeada de indicios de criminalidad que competen ahora a Garzón. Un consejero, como un juez, no puede decir durante una semana que va a retar a la Ley. No puede jugar con la Ertzaintza, lanzarla con la mayor teatralidad sobre el delincuente tras obligarla a tolerar medio delito y decirle a éste que tiene derecho a delinquir. No puede insinuar que esa Policía actúa contra los deseos de su Departamento, arriesgarla innecesariamente, darle ese papelón de diana de las iras que ha fomentado y convertirla en chivo expiatorio de sus maniobras. Pues, aunque es una farsa el pique de Otegui con Balza y el PNV, hay gente que se lo cree todo; como Amparo Lasheras. Ésa se cree que salió bien en la foto con sus lágrimas de cocodrilo y que el nudismo es cosa de gudaris.

Incongruencia de Garzón
Enrique de Diego Libertad Digital  17 Septiembre 2002

Se han cerrado las sedes de Batasuna. El conocido motivo es que se trataba de zulos legales de Eta, pues Batasuna y Eta son la misma cosa, con subordinación jerárquica, prevista Batasuna para facilitar y amplificar el terrorismo. Se señala judicialmente que en tales sedes se organizan atentados. Bien cerradas están. Pero el corolario lógico es que si en esas sedes se delinque es porque personas físicas lo hacen. Alguien se reúne para organizar los atentados y coordinar la kale borroka. La consecuencia inmediata es que quien milita en Batasuna lo hace en Eta, y comete, por tanto, el delito de pertenencia a banda armada. El auto de Garzón explicita que los militantes de base pueden no ser conscientes de ese hecho, pero es obvio que no es el caso de los dirigentes, tipo Josu Ternera o Arnaldo Otegi, a los que la banda terrorista destinó al frente político. No se necesita ser Garzón, ni aspirar al Premio Nobel, eso lo sabe hasta Carod-Rovira.

La consideración de que los cargos pueden seguir actuando a título personal ninguna lógica tiene que sea en representación de Batasuna, que es ilegal y la misma Eta. Se supone que pueden seguir actuando pero desde otras premisas. No se puede atentar o colaborar con Eta “a título personal”. Lo que vemos, en manifestaciones y ruedas de prensa, es a la misma Mesa Nacional de siempre, con los mismos criterios de siempre, con la chulería habitual.

Por supuesto, el Gobierno vasco viene moviéndose en una confusa incongruencia, pero parte de ella tiene origen en la Judicatura. El autor de Garzón navega, dentro de su acierto y valentía, en la incongruencia de que, da la impresión, son las sedes las que delinquen y no las personas. La lógica inmediata del auto hubiera sido la detención inmediata de la Mesa Nacional de Batasuna por su militancia en la banda terrorista. O Garzón asume su propia coherencia o el auto puede terminar naufragrando en aguas turbulentas.

Legalidad
Editorial El Correo 17 Septiembre 2002

La concurrencia de dos procedimientos judiciales para la ilegalización de Batasuna y los efectos que la suspensión cautelar de sus actividades suscita a diario amenazan con perturbar el necesario equilibrio y la serenidad que tanto las instituciones como la sociedad democrática requieren para afrontar tan trascendental y delicado proceso. El cruce de acusaciones mutuas que los dirigentes de los partidos y los responsables políticos se han dirigido tras la manifestación del pasado sábado en Bilbao proyecta hacia la ciudadanía la sensación de que la ubicación de Batasuna fuera de la legalidad se convierte en excusa para tan encarnizada disputa partidaria. Activada la vía prevista en la Ley de Partidos y resuelta la inactividad de Batasuna en un auto judicial, los poderes del Estado y los partidos democráticos corren el riesgo de perder la perspectiva del papel que les corresponde, tanto por exceso como por defecto. La vicelehendakari Zenarruzabeitia y el consejero Imaz han incurrido en el exceso de interpretar la situación presente como el resultado de una coincidencia entre el PP y Batasuna para provocar el «enfrentamiento civil» en Euskadi. Su socio de gobierno Joseba Azkarraga fue más explícito al imputar al partido de Aznar la culpa exclusiva de cuanto acontece. La inconsecuencia de semejantes posiciones respecto a su papel institucional denota una inclinación amnésica e incluso exculpatoria respecto a la causa última de cuanto sucede: el terrorismo y su cobertura hasta ahora legal. Resulta igualmente un exceso que la crítica política dirigida hacia la actuación del Gobierno vasco se convierta, en boca de los portavoces del PP, en un recurso permanente al improperio y a la descalificación. Una formación política que considera imprescindible la ilegalización de Batasuna no debería continuar, por más tiempo, dando muestras de inquina hacia el nacionalismo gobernante. Especialmente cuando los portavoces de la barbarie tratan de establecer una línea de división entre los «abertzales auténticos» y aquellos que se pliegan al dictado de la «ley española».

Por encima de la controversia política, conviene recordar que la democracia constituye un procedimiento reglado. Que no es posible aplicar la Ley sin respetar escrupulosamente las leyes que la conforman. La inmediatez que el auto del juez Garzón implica en la suspensión del funcionamiento impune de una formación que había convertido la legalidad en espacio propicio para desplegar su cinismo cómplice no puede desbordar los cauces del propio sistema constitucional, basado en la división de poderes y en las garantías necesarias para que cualquier encausamiento desemboque en una sentencia justa. De igual forma, la actuación del juzgado nª 5 de la Audiencia Nacional tampoco puede convertirse en una fuente permanente de providencias que incidan en ámbitos competenciales ajenos a los de su jurisdicción mientras la causa fundamental que sigue -la consideración de Batasuna como parte de la estructura de ETA- no dé lugar a la imputación de responsabilidades personales en la trama descrita en el auto. El riesgo de que la inhabilitación orgánica de Batasuna se convierta en el fin que justifique decisiones que fuercen en demasía normas procesales, reglamentos parlamentarios o cualquier otra previsión legal ha de ser contemplado por las instituciones como uno de los mayores retos que la persistencia del terror plantea a la sociedad democrática.

Detenidos en Francia los máximos cabecillas de Eta, tras ser localizados por la Policía española
Olarra Guridi y Ainoa Múgica eran los responsables de los «comandos» que entran en nuestro país para cometer atentados Se escondían en un piso cerca de Burdeos, donde han sido halladas armas y documentación
Agentes de la Policía Judicial francesa, en una operación realizada gracias a la información aportada por el Cuerpo Nacional de Policía, detuvieron ayer, en la localidad de Talence, cerca de Burdeos, a los máximos cabecillas del «aparato militar» de Eta, Juan Antonio Olarra y Ainoa Múgica Goñi, según informaron a LA RAZÓN fuentes antiterroristas galas. Estos individuos eran, en la actualidad, los encargados de reclutar y enviar a España los «comandos» que cometen asesinatos y causan destrucción. Se escondían, desde hace dos semanas, en el citado piso junto con una tercera persona, una mujer de nacionalidad gala, que también fue arrestada. En el inmueble han sido halladas dos pistolas y un ordenador.
J. M. Zuloaga L. R. N. - Madrid Madrid.- La Razón 17 Septiembre 2002

La detención de Olarra y Múgica es, según las citadas fuentes, fruto de una minuciosa investigación realizada en Francia por agentes del Cuerpo Nacional de Policía que, finalmente, consiguieron localizar a los terroristas en el piso de Talence, donde ayer se procedió a su arresto.
La operación, según distintos medios consultados, es de una importancia extraordinaria ya que el «aparato militar» queda descabezado y, además, no se trata de unos arrestos más sino que los detenidos son dos cabecillas con una gran experiencia en la dirección de los «comandos» desde la clandestinidad en Francia.

Magnífica noticia
El fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, manifestó anoche que los arrestos suponen una noticia magnífica para todos los ciudadanos y anunció que, hoy mismo, la Fiscalía iniciará los trámites para solicitar la extradición de estos individuos.
Los agentes españoles habían localizado, hace algunas semanas, a uno de los dirigentes etarras pero prefirieron no detenerle ante la seguridad de que, tarde o temprano, terminaría reuniéndose con el otro, como finalmente ocurrió.
Durante estas vigilancias, uno de los cabecillas utilizó otro piso en la zona que hoy será registrado por la Policía francesa.

En una primera inspección del apartamento de Talence, en el que fueron arrestados Olarra, Múgica y la mujer de nacionalidad francesa, los agentes policiales descubrieron dos pistolas, las que utilizaban habitualmente los etarras españoles, un ordenador y abundante documentación. Se trata de un estudio, situado en el primer piso de un moderno bloque de apartamentos alquilado, al parecer, a nombre de una persona apellidada Lamarca, informa desde París Josefa Rodríguez.
No se descarta que entre esta documentación figuren objetivos de la banda, de los que traen a España los «comandos» para preparar atentados, y alguna relación de las citas que Olarra y Múgica tenían previsto mantener en los próximos meses con los integrantes de esas células criminales.
Las fuentes consultadas señalaron que la mujer de nacionalidad francesa que ha sido arrestada fue la que alquiló el piso de Talence.
La intervención policial fue realizada alrededor de las siete y media de la tarde por miembros de la Brigada de Policía Judicial de Burdeos, sin que los detenidos presentaran resistencia, según fuentes próximas a la operación.
Además, las Fuerzas de Seguridad intervinieron un coche, perteneciente a los terroristas que se encontraba estacionado en el aparcamiento de un supermercado muy próximo al lugar donde residían estos delincuentes.

Vecinos sospechan
En medios policiales franceses se asegura que el apartamento en el que vivían los terroristas fue puesto bajo vigilancia tras la denuncia que algunos vecinos presentaron ante la Fiscalía de Burdeos al considerar sospechosas algunas actitudes de éstos. Sin embargo, otras fuentes insisten en que la operación es fruto de una minuciosa investigación que ha corrido a cargo del Cuerpo Nacional de Policía de España.
Tras las últimas desarticulaciones de «comandos» que habían entrado en España para cometer atentados, se pudo saber que había sido Juan Antonio Olarra o Ainoa Múgica, o ambos conjuntamente, los que habían dado las últimas instrucciones a los integrantes de esas células criminales sobre los atentados que debían cometer con carácter prioritario. Asimismo, les hacían entrega del dinero y las armas que iban a utilizar dentro de España y les marcaban las citas que debían tener con los enlaces de la banda que, según los casos, se ocuparían de hacerles llegar explosivos con los que reponer los ya utilizados.

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