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Recortes de Prensa     Jueves 19 Septiembre  2002
La caída de las máscaras
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 19 Septiembre 2002

CORTINAS DE HUMO PARA OCULTAR UN ACTO ILEGAL DE REBELDIA
Editorial El Mundo 19 Septiembre 2002

Sobre un volcán
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 19 Septiembre 2002

No había muerto el león español
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Septiembre 2002

El PNV, hacia la dictadura
Enrique de Diego Libertad Digital  19 Septiembre 2002

Jon Juaristi dice que habrá una manifestación contra el nacionalismo y con banderas de España
Libertad Digital  19 Septiembre 2002

Mayor insta a los vascos a rechazar «la senda de la ruptura del PNV»
ISABEL LÓPEZ/VITORIA El Correo 19 Septiembre 2002

Precedentes de la infiltración
ABC 19 Septiembre 2002

Más emoción, más madera
FERNANDO ONEGA La Voz 19 Septiembre 2002

Llamada a la cordura

Editorial El Correo 19 Septiembre 2002

La caída de las máscaras
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 19 Septiembre 2002

SEGÚN ciertas opiniones, los últimos actos del Gobierno Vasco a propósito de la ilegalización de Batasuna y de las actuaciones del juez Garzón constituyen síntomas inquietantes del creciente deterioro de la situación vasca. Lo responsable, dicen, sería bajar la tensión, buscar acuerdos con el nacionalismo y dialogar con el Gobierno Vasco, quitar del medio a los personajes más intransigentes -verbigracia, el juez Baltasar Garzón- que, en definitiva, son responsables de esta inquietante deriva. Sin duda hay y habrá más tensión, pero ¿quién ha dicho que las tensiones sean siempre malas y debamos eludirlas? Por el contrario, una larga experiencia nos enseña que muchos problemas que parecen insolubles desaparecen cuando estallan en la ruidosa pirotecnia de sus contradicciones intrínsecas. Y la mal llamada situación vasca es uno de estos problemas. Las dos últimas barbaridades de las huestes de Ibarretxe, a saber, la declaración de «nulo de pleno derecho» del auto de Garzón decidida por la mesa del Parlamento Vasco, órgano incompetente al efecto, y el anuncio de la querella por prevaricación contra el juez Garzón -aconsejada febrilmente estos días por los consejeros aúlicos del cebrianismo-, pertenecen según creo al ámbito de esas acciones pirotécnicas que, en el caso presente, sirven para iluminar la desvergonzada y repugnante ambigüedad abertzale en materia de derechos y libertades básicas.

Las dos últimas actuaciones citadas dejan en claro cómo conciben el Estado de derecho: un régimen de monopolio político impuesto mediante la intimidación generalizada de toda disidencia pública. Como muy bien han señalado numerosos observatorios, ningún Gobierno Vasco, siempre presididos por nacionalistas, ha encontrado nunca razones suficientes para querellarse contra las distintas ramas políticas de ETA, ni contra magistrados objetables. Y nunca se ha pedido perdón a los participantes en ninguna manifestación legalmente reprimida por la policía del propio gobierno, como ha sucedido con la de Batasuna en Bilbao. Por mi parte, recuerdo como si fuera ayer la inhibición de la ertzaintza durante los ataques que matones batasunos lanzaban contra las modestas concentraciones cívicas que protestaban por el secuestro de Julio Iglesias Zamora. Las personas concentradas en silencio, con lacitos azules y cartelitos, eran vejadas y agredidas con piedras, tuercas y pilas (gastadas, claro) que lanzaban los energúmenos ante la mirada avergonzada de unos ertzainas que, según confesión propia, tenían órdenes estrictas de ver sin intervenir. La cosa llegó a tal grado que, en San Sebastián, se decidió trasladar la vapuleada concentración pacifista desde Anoeta a la catedral del Buen Pastor, dos kilómetros más allá, por aquello quizás del acogerse a sagrado -aunque la diócesis, claro, no dijo ni pío mientras recibía a los familiares de terroristas presos, se interesaba por sus desdichas y apoyaba sus demandas. Cuando la indignación general obligó a Atutxa a reprimir las contramanifestaciones proetarras, hubo numerosas y severas críticas contra los métodos pacifistas y el «tensionamiento» creado por la Ertzaintza al cumplir estrictamente con su obligación. Pues bien, nunca jamás aquel Gobierno Vasco de Ardanza y Atutxa pidió perdón alguno a los pacifistas agredidos, e incluso llegó a multar a Denon Artean por concentrarse tras un atentado de ETA sin comunicarlo al modo preceptivo. Tampoco se interesaron por aquellos atropellos juez ni fiscal alguno, así que sobraban las querellas.

PNV, EA, ELA y el resto de la panoplia piensan mantener todo el tiempo posible la legalidad e impunidad de los grupos pro-terroristas. Sabemos que prefieren que ETA no mate, pero siga amenazando y dando miedo, el suficiente para amedrentar a la disidencia, tener escoltada y aislada a la oposición y autocensurados a los periodistas, y garatizar la hegemonía nacionalista en todos los ámbitos posibles. El régimen llama a esa perversión étnica diálogo por la paz y ámbito vasco de decisiones. La ley de Partidos y la actuación del juez Garzón, que en buena parte han sido posibles gracias a la mayoría de edad de la opinión democrática española y al infatigable trabajo de opinión y movilización de los vascos no nacionalistas, ha venido a estropear ese ecosistema político tan ventajoso, avisando de su final. De aquí estas reacciones, más disparadas que disparatadas. En efecto, el PNV no renuncia a romper la unidad de criterio entre PP y PSOE, y en este aspecto está siendo auxiliado, no sabemos si gratuitamente, por muchos analistas orgánicos del felipismo. Los consejos de Javier Pérez Royo se han convertido en órdenes del día: recusar a Garzón por prevaricador y plantear un conflicto constitucional en toda regla que resquebraje al Pacto Antiterrorista.

El mejor resumen de lo que está pasando se lo debemos a Otegi. El otro día, empapado por la Ertzaintza y rebosando virtud ofendida, declaró que es imposible dialogar con quien quiere pegarte. Pues que se imagine lo complicado que resulta con quien pega tiros y pone bombas. Pero lo que realmente quería decir, y eso el resto del nacionalismo lo ha entendido perfectamente, es que debían dar algún paso en la dirección querida por ETA: la ruptura con la Constitución de las instituciones gobernadas por los nacionalistas, negándose por ejemplo a acatar el auto de Garzón o a recurrirlo por los cauces constitucionales. En resumidas cuentas, lo que está sucediendo en estas puertas del otoño no es otra cosa que una caída de máscaras que, coyunturalmente, implica un incremento de mascaradas. El nacionalismo vasco no quiere nada de lo que está ocurriendo: el debilitamiento y fracaso de ETA, la soledad de Batasuna y el respeto del Estado de Derecho. Ibarretxe y compañía creen que, de seguir así, el proceso puede conducir al derrumbe, quizás estrepitoso, del enorme castillo de naipes que disfrutan en riguroso monopolio -con Madrazo y Llamazares de porteros. Van a hacer lo posible para que fracasen Garzón, el Parlamento y el Gobierno nacionales, el Pacto Antiterrorista y el constitucionalismo vasco. Cuentan con un apoyo ilimitado de la progresía peninsular, la iglesia vasca y el reducto felipista. Pues ya sabemos lo que toca: llevar este jubiloso proceso al final justo y necesario del fin del terrorismo, aunque -y también porque- ese final arrastre otras cosas y tipos indeseables.

CORTINAS DE HUMO PARA OCULTAR UN ACTO ILEGAL DE REBELDIA
Editorial El Mundo 19 Septiembre 2002

Arzalluz aseguró ayer que «los vascos» se van a defender en la calle y con «todos los medios» que la ley les ofrece. Pero ni la desobediencia de una resolución judicial ni la presentación de querellas contra los jueces son la vía adecuada para defender los intereses de los vascos, cuya representación se arroga una vez más el PNV.

Ayer, Juan María Atutxa, presidente del Parlamento vasco, anunció la presentación de una segunda querella contra el juez Garzón ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo por usurpación de funciones, que se sumará a la que va a plantear el Gobierno de Vitoria por prevaricación. Ni una ni otra tienen la menor fundamentación jurídica. Son cortinas de humo para ocultar la desobediencia por parte de la Cámara vasca a un auto en el que se dictaba que Batasuna no puede tener grupo parlamentario al ser un partido cuya actividad ha sido suspendida judicialmente.

Garzón puede ser competente o no para instar a la suspensión de un grupo parlamentario. Pero el Parlamento vasco sólo tenía la opción de acatar su resolución y luego recurrirla o plantear un conflicto de jurisdicción. Lo único que no puede hacer el poder legislativo es arrogarse en una democracia la prerrogativa de decidir si obedece o no las resoluciones de los jueces.

Según explicó ayer Atutxa, la querella que preparan los servicios jurídicos de la Cámara vasca acusa a Garzón de vulnerar el artículo 507 del Código Penal, que establece penas de prisión para los magistrados que se arrogan «atribuciones administrativas» que no les corresponden. Es muy difícil por no decir imposible argumentar que no le correspondía al juez Garzón decidir sobre la ejecución de la suspensión de Batasuna. Garzón era competente, según el artículo 129 del Código Penal y según lo establecido en la Ley de Partidos, que reconoce expresamente la vía penal para ilegalizar a una formación política.

La querella que va a presentar en los próximos días el Gobierno vasco acusa, en cambio, a Garzón de prevaricación. Sustenta la imputación en que el juez se atribuyó las competencias de la consejería de Interior para prohibir las manifestaciones de Batasuna y que privó de derechos fundamentales a personas que nada tenían que ver con esta formación política. De ahí deduce el Gobierno vasco que los autos del juez eran injustos a sabiendas y que, por tanto, cometió prevaricación.

Se puede discutir si Garzón acertó o no al pronunciarse sobre el derecho de manifestación, pero no hay el menor indicio para sostener que incurrió en prevaricación, es decir, que actuó con mala fe. Es previsible que el Supremo ni siquiera admita a trámite la querella.

Lo que pretende el PNV al impulsar estas dos acciones judiciales no es otra cosa que sembrar confusión y presentarse como víctima de la arbitrariedad de un juez cuando en realidad lo que ha sucedido es que el Parlamento vasco se ha situado fuera de la ley y el propio Atutxa ha incurrido en un delito de desobediencia.

Sobre un volcán
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 19 Septiembre 2002

Nada -o muy poco- hacía pensar, antes del sábado pasado, que la cosa acabaría en querella criminal y en desacato. Se sabía que tanto el Gobierno como la mayoría gubernamental del Parlamento consideraban abusivos e injustos los autos de Garzón. Pero el Gobierno nos había asegurado que, pese a todo, los cumpliría y el Parlamento contaba con un informe que, aunque muy crítico con el juez, instaba al acatamiento de sus resoluciones. Algo debió de ocurrir entre el sábado y el martes para que las cosas se desviaran del curso previsible.

La desazón en los partidos del Gobierno era evidente. El consejero de IU había pronunciado ya la palabra prevaricación . A ella había aludido también, sin hacerla propia, uno de los consejeros de EA. Ciertos dirigentes anónimos del PNV habían dejado entrever, por su parte, una inquietante indignación. Lo ocurrido en la manifestación debió de ser la gota que colmó el vaso de su paciencia. Se sentían además presionados por todos los flancos. Duras acusaciones de Batasuna contra el servilismo españolista del nacionalismo. Invitaciones insidiosas de ELA a romper con la legalidad. Acogotamiento atosigante desde las filas del PP. Todo da a entender que la cuerda se rompió por su punto más débil: el que enlaza a los partidos con las instituciones.

El diferente comportamiento del Gobierno, por una lado, y del Parlamento, por otro, confirma la impresión. En el Parlamento mandan los partidos. Ha ido, por ello, lo más lejos que cabía temer: entender nulo de pleno derecho el auto pertinente de Garzón y anunciar su incumplimiento. No ha aguantado siquiera, como habría sido de esperar, hasta que se resuelva la denuncia que dice va a presentar. El Gobierno es más autónomo. Los partidos encuentran muchas veces en él serias reticencias a sus pretensiones. Han podido conducirlo hasta el extremo máximo de la querella, empujándolo a saltarse todos los posibles pasos intermedios, pero no han logrado de él una declaración expresa de desobediencia. El Gobierno ha detenido su paso al borde del abismo, pero todavía a este lado de la legalidad.

Todo esto podría haber tenido la virtud de permitir que alguien autorizado despejara las dudas que se han suscitado en torno a los autos de Garzón. Es de temer, sin embargo, que ni eso vaya a lograrse. La vía de la querella por prevaricación no parece estar expedita, y es posible que sólo conduzca hasta la denegación de la admisión a trámite. Nos quedaremos, por tanto, como estamos. O peor. El único que habrá ganado algo es el Gobierno. Poco, en verdad. Sólo tiempo. Pero lo necesitaba. Porque sabe que está sentado sobre un volcán a punto de entrar en erupción: el volcán de los partidos que lo integran. En ese poco tiempo ganado podrá reflexionar sobre el siguiente paso a dar.

No había muerto el león español
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Septiembre 2002

Tengo la impresión de que los nacionalistas «moderados» no sólo están desesperados porque el auto de Garzón y la ley de Partidos les haya llevado a defender el brazo político de ETA (y de ese modo les haya desenmascarado) sino porque nunca habían imaginado que la sociedad española tuviera recursos suficientes para invertir la situación a favor del Estado de Derecho. Sospecho que los Arzalluz y Garaikoetxea nunca imaginaron que el Gobierno central y los dos partidos nacionales pudieran llegar a una confrontación tan radical con el nacionalismo como la que se vive en estos momentos en el País Vasco. Nunca pensaron que el león español, el sentimiento del Estado y de la Nación, siguiera aún vivo. Están sorprendidos.

Y ¿por qué los dirigentes del PNV y de EA habían llegado a esta conclusión? Porque a lo largo de este último cuarto de siglo (por hablar tan sólo de la democracia) habían llegado a la conclusión de que las fuerzas políticas y culturales «españolas» terminarían por aceptar la realidad independentista. Es verdad que la consolidación del PP había supuesto un retroceso en sus expectativas respecto a las que alimentaron en tiempos de Felipe González pero, a la larga, el sucesor de Aznar tendría que terminar por tirar la toalla.

Los nacionalistas vascos saben, como sus iguales en otras partes del mundo, que independizarse y montar un Estado es algo muy difícil y que puede costar sangre. Pero todo parecía indicar desde finales del franquismo que podrían ganar la apuesta. Por un lado los nacionalismos independentistas habían conseguido a mediados de los setenta un prestigio inimaginable en otras épocas. La inmensa mayoría de los «españoles» les concedían el derecho a reivindicar una historia, unos fueros, el diseño del futuro. Por otra parte, podían advertir que mientras en el País Vasco crecía el sentimiento de patria, los españoles tenían vergüenza de España, sentían un fuerte complejo histórico, la mala conciencia de haber sido centralistas y, por lo mismo, no tenían fuerza para defender un Estado fuerte y unido. La prueba es la facilidad con la que se organizó el Estado de las autonomías y la distinción de ciertas regiones como «nacionalidades históricas»... La lenta transmisión de las competencias no era sino una forma de retrasar el momento -inevitable- del hecho independentista. Su papel lógico era dilatar el proceso, resistir pero, a la larga, no podrían impedir la acción coordinada de los nacionalismos catalán, gallego y vasco especialmente cuando se contaba con una organización como ETA capaz de utilizar a la vez las urnas y las pistolas. Los nacionalistas han sospechado siempre que algún día los partidos españolistas tendrían que ceder ante la doble estrategia, moderada y violenta, instituciones y terror, elecciones y asesinatos... ¿Acaso esto no era evidente en una buena parte del socialismo vasco, en la mayoría del socialismo catalán y gallego, en la comprensión de González, en la colaboración de Izquierda Unida, en el autodeterminismo de cualificados democristianos y liberales, incluso en la flexibilidad de ciertas personalidades del PP, en las posiciones editoriales de medios de comunicación madrileños, así como en el pragmatismo de las masas españolas (que dejen de matar y se independicen), en su atonía patriótica y el desprecio por los símbolos de la Nación...?

Nada les permitía pensar a los dirigentes nacionalistas que se pudiera llegar a esta situación de confrontación final, a esta inflexión del proceso, a esta inversión de la realidad. Es como si les hubiéramos estado engañando durante un cuarto de siglo, como si les hubiéramos tendido una trampa. El león español se había hecho el dormido y se despertaba ahora...

El PNV, hacia la dictadura
Enrique de Diego Libertad Digital  19 Septiembre 2002

El PNV necesita a los matones de Eta para gobernar. No sólo para ganar las elecciones, mediante la coacción de los pistoleros. También para sostener el actual gobierno que se basa en una coalición en la que participan, de diversos modos, IU y Batasuna (o sea, Eta). Ésta le acaba de recordar, rechazando recurrir la ilegalización al Constitucional, que, en cualquier momento, puede echar abajo al Gobierno o bloquearle. Eso, en cuanto a la táctica. En cuanto a la estrategia la violencia le es necesaria al PNV para ir hacia la independencia y el genocidio –moral y físico– de los constitucionalistas.

En ese objetivo estaban –y están– cuando les salió el escollo de la ilegalización. De manera sistemática, el gobierno vasco viene poniéndose al margen de la ley, dando auténticos golpes de estado formales, que son contestados sólo de manera retórica. Que el Parlamento vasco –es decir, los grupos nacionalistas– declaren nulo el auto de un juez es entrar en el campo de la dictadura. No sólo implica arrogarse las competencias del Supremo y el Constitucional, también demuestra una nula comprensión de la división de poderes. Es un nuevo acto de soberanía, un ataque directo no contra el juez Garzón, que también, sino contra la Constitución y el estado de Derecho. No es un desafío institucional, como se dice, sino una ruptura. La cuerda de la tensión ya se ha roto. La cuestión es cuándo el Gobierno de la nación va a aplicar la Constitución y la Ley, como es su obligación imperativa.

“LA IKURRIÑA SOLA ES SÍMBOLO DE ETA”
Jon Juaristi dice que habrá una manifestación "contra el nacionalismo" y con banderas de España
Libertad Digital  19 Septiembre 2002

Fernando Savater anunció una manifestación contra Batasuna para el 19 de octubre. Ahora, el también miembro de "Basta Ya" y director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, dice que el lema será “explícitamente contra el nacionalismo” y ha pedido que sea la primera manifestación en la que se ostente la bandera de España porque la ikurriña sola "es un símbolo del nacionalismo y de ETA".

Jon Juaristi, director del Instituto Cervantes, ha hablado en la Cadena SER de la manifestación convocada por "Basta Ya" para el próximo l9 de octubre. El acto expresará el rechazo de los que se sienten perseguidos y amenazados en el País Vasco y es la respuesta a las manifestaciones convocadas por los proetarras en protesta por el cerco político y judicial que sufre Batasuna.

Juaristi ha sido claro: "Explícitamente el lema va a ser contra el nacionalismo. Espero que sea también la primera manifestación en la que aparezcan y se ostenten símbolos nacionales, la bandera nacional. Me parece fundamental". Juaristi dice que no le parece mal aparezca también la ikurriña, pero junto a la bandera de España y símbolos nacionales, porque la ikurriña sola es "un símbolo del nacionalismo y un símbolo de ETA".

El director del Instituto Cervantes, Jon Juarisiti, opinó hoy que un movimiento contra el terrorismo en el País Vasco en estos momentos "solamente puede ser un movimiento contra el nacionalismo", pues si se dirige exclusivamente contra ETA, con una mentalidad pacifista, "no hará absolutamente nada". Precisó, no obstante, que estos movimientos sociales contra el terrorismo surgidos de la sociedad civil deben vincularse cada vez más a los partidos políticos que pueden suponer la alternativa constitucional en el País Vasco, y advirtió de los "peligros" del protagonismo que adquirirían si no fuese así.

Sobre la actitud del PNV en el Gobierno y el Parlamento vascos respecto a la suspensión de Batasuna por el juez Baltasar Garzón, Juaristi dijo que es "simplemente retórica", que "ya no impresiona a Batasuna ni a ETA" "Es inevitable -subrayó- que el PNV asuma sus responsabilidades de una vez históricamente y se enfrente a ETA y que los miembros del Partido Nacionalista y del Gobierno vasco corran los riesgos que han corrido los otros ciudadanos que han plantado cara al terrorismo".

Añadió que, sin la cobertura de un brazo político legal, el proceso de reducción de ETA a algo parecido al Grapo va a acelerarse, y "se va a romper esa complicidad simbiótica entre los nacionalistas institucionales y el nacionalismo terrorista". "Esto sólo podría torcerse -advirtió- en el caso de que alguna fuerza política caiga en la tentación de dar apoyo no a ETA, sino al PNV en su enfrentamientos con el Estado". Juaristi, que se mostró esperanzado por la situación política en el País Vasco, hizo estas declaraciones al intervenir en el "X Curso Internacional de Defensa" que se celebra en Jaca, dedicado al terrorismo, y al ser preguntado por la prensa.

La trayectoria literaria de Jon Juaristi tiene en los ensayos "El bucle melancólico" y "Sacra némesis" dos profundos análisis sobre el nacionalismo vasco y el surgimiento de ETA. En sus obras, este autor, ahora director del Instituto Cervantes, desentraña la historia del nacionalismo y la procedencia de sus símbolos y lenguas. Es interesante leer su crítica total al pensamiento impuesto a los nacionalistas por Sabino Arana, carente de base histórica y basada casi en caprichos del vizcaíno. El aranismo se torna, como poco, ridículo tras el análisis de Juaristi.

Mayor insta a los vascos a rechazar «la senda de la ruptura del PNV»
ISABEL LÓPEZ/VITORIA El Correo 19 Septiembre 2002

Jaime Mayor Oreja invitó ayer a la sociedad vasca, en concreto «a esa mayoría social moderada», a que rechace «la senda de la ruptura iniciada por el PNV». El presidente del grupo parlamentario del PP en la Cámara de Vitoria reiteró ayer su convencimiento de que el partido de Arzalluz «está en el monte» -«lo decimos desde hace meses, pero no nos creían», lamentó-, y aseguró que las decisiones del Gobierno y el Parlamento vascos de esta semana muestran que «también quiere llevar a las instituciones al monte».

A propósito de la negativa de la Cámara a suspender el grupo de Batasuna, Mayor anunció que el PP ha planteado ya formalmente al órgano de gobierno del Parlamento que reconside su decisión. «Agotaremos la vía parlamentaria y después estudiaremos otras vías diferentes», explicó el líder de los populares en Euskadi.

Mayor augura que el nacionalismo no tiene intención alguna de moderar sus posiciones en los próximos meses, «porque va a querer heredar el mundo de Batasuna». «El PNV se radicalizará», vaticina Mayor, que ayer quiso apelar «a la conciencia de miles de cientos de vascos» para que reflexionen y se pregunten «hacia dónde nos lleva el PNV a los vascos, porque ha elegido un camino lleno de riesgos e inseguridades».

Los procesos puestos en marcha por los poderes legislativo y judicial para poner fuera de la ley a Batasuna han precipitado, en opinión del ex ministro de Interior, la estrategia de los nacionalistas vascos. Y según su valoración, la manifestación del pasado sábado en Bilbao y la detención de la cúpula de ETA en Francia han provocado las respuestas políticas de esta semana.

«El PNV no ha podido soportar la fotografía del sábado, cuando la Ertzaintza cargó contra una manifestación; no ha podido aparecer como el garante del orden público en las calles, y no ha soportado este primer envite de Batasuna», valoró Jaime Mayor. En su opinión, los nacionalistas «desean hacer méritos enfrentándose al Gobierno de España y al juez Garzón por no enfrentarse a ETA, y para decir a los terroristas y a Batasuna que son ellos los que van a presentar una confrontación abierta con el Estado de Derecho». Pero esta estrategia, advierte el dirigente popular a los nacionalistas, está llamada al fracaso «porque el mundo de ETA va a seguir maltratando en los próximos meses al mundo del PNV».

«Avergonzados»
Tras asegurar que los nacionalistas «han perdido los papeles institucionales», Mayor Oreja acusó al partido de Ibarretxe de «secuestrar con sus estrategias a las instituciones, olvidándose de cientos de miles de vascos y de las víctimas». «Muchos vascos -añadió- nos sentimos avergonzados y no representados».

El dirigente popular no comparte la propuesta del PSE de que el lehendakari reúna a los partidos democráticos. «No tengo ninguna confianza en que rectifique porque todo esto se produce bajo el liderazgo de Ibarretxe», señaló. «La apelación al diálogo de quien quiere romper no tiene sentido, y yo no la voy a hacer», asegura Mayor, para quien el PNV ha demostrado con hechos, como el ultimátum al Gobierno central sobre las transferencias o los acuerdos de esta semana, «que no quiere dialogar con nosotros, sino con el mundo que rodea a ETA, porque quiere reubicar a su partido en esa franja».

Precedentes de la infiltración
ABC 19 Septiembre 2002

El 13 de julio de 1993 la Policía detuvo a Patxi Añorga, ex concejal de HB en la localidad guipuzcoana de Usúrbil, y José María Lizarraga, policías municipales en San Sebastián desde 1982. Ambos fueron acusados de pertenecer al «comando Lartaun», dedicado a recabar información sobre posibles objetivos. En concreto, matrículas de coches oficiales, de las FSE y de sus propios compañeros, así como de establecimientos supuestamente relacionados con droga. Lizarraga quedó en libertad tras pagar una fianza de medio millón de pesetas y se reincorporó a la plantilla de la Policía Municipal. En concreto, a labores de patrulla. Gregorio Ordóñez, entonces concejal, denunció la existencia de infiltrados de ETA en la Policía Municipal. En enero de 1995 fue asesinado por el «comando Donosti». Por su parte, el alcalde, Odón Elorza, prometió una «limpieza» en la plantilla, controlada por el sindicato proetarra LAB. En marzo del pasado año Patxi Añorga salió en libertad, tras cumplir una condena de seis años por colaboración con la banda terrorista. La alarma social que suscitó forzó al alcalde a rechazar su reingreso en la plantilla, aunque fue destinado, como funcionario, al almacén del parque de bomberos. Sin embargo, Elorza podría haber sido más drástico, ya que la Ley de Policía Vasca permite la expulsión de un agente por delito doloso. No son los únicos casos de agentes municipales detenidos por pertenencia o colaboración con la banda.

Más emoción, más madera
FERNANDO ONEGA La Voz 19 Septiembre 2002

NO HAY NADA que no pueda ser empeorado. Si ayer era grave lo que habían hecho el Gobierno y Parlamento vasco, lo agravaron todos los que hicieron alguna declaración pública. O, por ser más exactos, le dieron más emoción. El señor Atutxa anunció que piensa otra querella contra Garzón, esta vez por usurpación de funciones. Arzalluz sugiere que recurrirán «al pueblo». Desde Madrid, el presidente del Poder Judicial transmitió su opinión de que lo ocurrido en el Parlamento puede ser un delito de desobediencia a un juez.

Ahora sí que están todos los frentes en ebullición. Y todo resulta altamente intrigante. Para empezar, me quita el sueño pensar cómo retorcerán las cosas Atutxa y sus equipos para que una decisión judicial sobre Batasuna parezca una intromisión en el Reglamento de la Cámara. Y eso es lo que pretende demostrar la futura querella. Estén atentos, historiadores y eruditos, porque nos van a dar una de las mayores lecciones de manipulación de toda la historia parlamentaria.

Apasiona imaginar las consecuencias de que el Parlamento vasco haya cometido un delito, que sugiere el presidente del Supremo. ¿Veremos que se sienta en el banquillo a una institución? ¿Habrá que meter en la cárcel a todos los parlamentarios que votaron desobedecer a Garzón? ¿O se personificará la responsabilidad en el presidente Atutxa?

Y todavía se puede hacer más esperpéntico: si hay iniciativa de procesamiento, ¿tendrán que votar los diputados nacionalistas su propio suplicatorio? Acongojante.

Y dejo para el final lo de Arzalluz. Lo de convocar al pueblo, dicho en el clima vasco de hoy, suena a llamada a sublevación; a toma de palacios de invierno; a enfrentar a manifestantes con la Justicia; a incitación con pancartas que podrían decir: «El pueblo vasco contra jueces invasores». ¿Lo llegaremos a ver? Después de lo ya visto, hay que convenir que todo es posible. No hay nada que no pueda empeorar.

Llamada a la cordura
Editorial El Correo 19 Septiembre 2002

La sesgada defensa de las instituciones vascas que los dirigentes nacionalistas han emprendido a costa de los autos del juez Garzón corre el riesgo de adquirir rasgos numantinos. La conversión de una legítima y en cierta medida comprensible crítica a la actuación de dicho juez en una descalificación absoluta de su proceder y en un tajante cuestionamiento del papel jurisdiccional que le compete en un Estado de Derecho está a punto de desembocar en una grave situación. Resulta elocuente que el Gobierno Ibarretxe anunciara la presentación de una querella criminal por prevaricación antes de definir los fundamentos jurídicos de la misma. Más preocupante parece que el presidente del Parlamento trate de paliar la inanidad jurídica de la resolución de la Mesa apuntándose también a la interposición de una demanda contra el juez Garzón. De igual forma que tan desabrido enfrentamiento ahoga todo debate racional sobre la separación de poderes en el Estado de Derecho, la colisión que pudiera darse entre el auto y el Reglamento de la Cámara nunca alcanzará su mejor solución por esa vía.

Como si cada descabellada medida requiriera ser avalada por un despropósito posterior, la justificación de las iniciativas adoptadas por Gobierno y Parlamento está invirtiendo la realidad de las cosas, presentando como defensa de las instituciones de autogobierno aquello que más puede erosionar su crédito. En contra de lo que han dado a entender Ibarretxe o Atutxa, la enaltecida actitud del nacionalismo está empujando al Gobierno y especialmente al Parlamento hacia un suelo quebradizo. La ausencia de esa mínima sintonía que requiere la vida parlamentaria no puede ser obviada por las decisiones de una mayoría que no es tal. Basta con imaginar las respuestas que tan insensatas iniciativas pueden recibir por parte de los distintos órganos judiciales afectados, basta con pensar en la situación que se le presentará al Parlamento si los partidos de la oposición recurren en amparo al Tribunal Constitucional, para exigir a los responsables de tan comprometidas decisiones que recuperen la cordura. Tanto el Ejecutivo vasco como el órgano de gobierno del Parlamento están a tiempo de rectificar y, en su caso, de reconducir sus discrepancias hacia fórmulas procedimentales más razonables y proclives al mutuo entendimiento entre los partidos y las instituciones. En caso contrario, si el nacionalismo se empecina en la vía iniciada, habrá que concluir que su pretensión no es ni la independencia del Poder Legislativo ni la dignificación del Poder Ejecutivo, sino la apropiación y sometimiento de ambas instituciones para colocarlas a merced de las posturas más radicales en el seno del PNV y de EA.

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