AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 23 Septiembre  2002
Más bajo todavía
Iñaki EZKERRA La Razón 23 Septiembre 2002

Oportunismos y extravagancias
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 23 Septiembre 2002

GRIETAS EN EL TRIPARTITO
Editorial El Mundo 23 Septiembre 2002

Disidencias en el PNV
JUSTINO SINOVA El Mundo 23 Septiembre 2002

El péndulo desbocado
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 23 Septiembre 2002

Lo insoportable
Luisa PALMA La Razón 23 Septiembre 2002

La última crisis nacionalista
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 23 Septiembre 2002

Víctimas y verdugos
Cartas al Director ABC  23 Septiembre 2002

UA pide medidas disciplinarias contra Ertzainas nacionalistas
El Mundo 23 Septiembre 2002
 

Más bajo todavía
Iñaki EZKERRA La Razón 23 Septiembre 2002

Empezaron compitiendo por atraer los votos de Batasuna; empezaron a caer en lo más bajo para lograr ese objetivo, pero han terminado perdiendo el objetivo de vista y el medio se ha convertido en fin. Hablo de EA y del PNV: ya sólo compiten por demostrarse quién cae más bajo aún. En alguno de sus libros ¬quizá en «La sensualidad pervertida»¬ Pío Baroja hace confesar al narrador la capacidad de ponerse rojo al recordar cosas que le pasaron en su infancia. A mí, que me pasa lo mismo, me asombra Josu Jon Imaz, el portavoz del Gobierno vasco. Cómo no está este hombre más rojo que un tomate recordando ese hecho que sólo tiene cuatro días: el de pedir públicamente disculpas a los manifestantes de Batasuna por la intervención de la Ertzaintza en Bilbao el sábado 14-S. Si uno fuera Josu Jon no sabría donde meterse. Cómo se puede seguir viviendo después de hacer ese papelón: pedir perdón a los hinchas de ETA sin que te apunte ningún cañón a la sien. Cómo puede haber alguien llamado Josu Jon que no se halle escondido en vertedero, perdón en paradero desconocido. ¿Cómo te puedes seguir mirando en espejo después de ese ridículo?

Se creen que están deshaciendo España y la democracia pero están consolidando ambas con sus bajezas y ridiculeces. Es algo que no deberíamos olvidar los constitucionalistas, los amenazados, en las horas bajas y los malos momentos. El árbol de ETA o de la complicidad con ETA nos impide ver el bosque de esa civil y democrática y laica y cabal refundación de España en la que esa gente colabora con entusiasmo sin saberlo.
Ocurre también con el catalanismo más levantisco. Primero la Rahola nos puso la cabeza como un bombo con sus demagogias de Sor Intrépida. Luego nos consternó el testamento racista de Heribert Barrera (¿adónde vas, tío!). Después le supera Carod Rovira pidiendo a ETA «que no mate en Cataluña, porfa». Y ahora nos reponemos de la gamberrada de Xirinacs, ésa de que «ETA por lo menos avisa antes de matar», ese agradecimiento por el detalle de volar Hipercor avisando. Con estos delirios queda liquidado moralmente el ultraindependentismo catalán de-sautorizado su proyecto, convertido en un número de Gila:

¬«Buenos días. ¿Es el terrorismo vasco? Soy Carod Rovira, el de Esquerra Republicana, sí. Mire, que le llamo para que no pongan más bombas en Cataluña sino un poquito más abajo, ¿me entiende?, o un pelín a la izquierda. No. En la Coruña sí pueden poner. Donde digo que no las pongan es en Cataluña. ¿A ver, me oye? Sí, eso es, en Aragón muy bien, muy bien, y también en Alicante. Sí, sí, no nos importa que sea en Santa Pola. ¿A ésos buena caña! ¿Pero aquí ni una bomba fétida!».

Oportunismos y extravagancias
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 23 Septiembre 2002

La cuestión compleja que plantea el nacionalismo vasco a todos los españoles ha entrado en una fase decisiva. En la política llega el momento de la verdad, cuando ya no sirven de nada los engaños y ha de afrontarse la suerte a cuerpo limpio. Es lo que está sucediendo en esta hora de España, para quebranto de los especialistas en nadar y guardar la ropa y para los oportunistas con vocación revolucionaria de subvención y beca.

Erich Fromn escribió que la vida política del siglo veinte viene a ser un cementerio que contiene las tumbas morales de gentes que empezaron como supuestos revolucionarios y resultaron ser meros rebeldes oportunistas. El hecho continúa en el siglo veintiuno, con la particularidad de que los supuestos rebeldes no son más que oportunistas. Tal oportunismo es el que no ha querido ver la identidad profunda entre ETA y Batasuna, así como la complicidad estratégica del PNV con todo ello, amparada en la doctrina de la coincidencia en los fines y la discrepancia en los medios, y embellecida con la metáfora de Arzallus que divide el trabajo entre quienes sacuden el árbol y quienes recogen las nueces. El hecho de que la «sacudida» consista en asesinatos, secuestros, atentados y atropellos de quienes no sean nacionalistas, hace tiempo que debería haber levantado el velo de la ignorancia de los oportunistas que se dedican a debatir sobre la licitud ideológica de los fines sin reparar en la ilegalidad y la infamia de los medios.

Ahora, cuando una mayoría de las fuerzas democráticas ha iniciado el proceso para dejar fuera de la ley a quienes vienen cometiendo y amparando esos crímenes y violencias, resulta lo previsible: el PNV se erige en defensor de Batasuna, y trata de boicotear el proceso de su deslegalización, aprovechándose de las instituciones que detenta en virtud de la denostada Constitución Española. La democracia se asienta en el principio de legalidad y de seguridad jurídica, a lo que están sujetos todos los poderes del Estado y para lo que se han creado los sistemas de control que la garanticen. Si las autoridades de una Comunidad Autónoma se niegan a ejecutar las leyes y disposiciones de las instituciones del Estado, el Gobierno y el Senado podrán aplicar el artículo 155 de la Constitución, que les permite adoptar las medidas pertinentes para que se cumpla la legalidad.

Es asombroso que un constitucionalista haya dicho que el artículo mencionado es de esos que no se aplican nunca. Y también se ha escrito que invocarlo es una extravagancia. Todo lo contrario. Es preciso recordarlo para aviso de navegantes. Otra cosa es que el actual conflicto con las instituciones de la Comunidad vasca esté muy lejos de aconsejar tal medida. Y así lo han dicho los portavoces del Gobierno español. Cuando los líderes máximos del PNV y el gobierno vasco empiezan por desobedecer las decisiones judiciales y amenazan con «recurrir al pueblo», no es ninguna extravagancia recordarles que existe el artículo 155 de la Constitución. El oportunismo aquí está fuera de lugar.

GRIETAS EN EL TRIPARTITO
Editorial El Mundo 23 Septiembre 2002

El silencio clamoroso que siguió ayer a la ausencia de Egibar en un relevante acto del partido y el hecho de que fueran altos dirigentes del PNV quienes filtraran a EL MUNDO que se debía a su disconformidad con las actuaciones de la Ertzaintza contra Batasuna indican que la tensión larvada puede estar a punto de explotar.

La actuación de Egibar y el sector guipuzcoano o talibán es una de las claves de las aparatosas decisiones de interponer una querella contra el juez Garzón y rehusar obedecer el mandamiento de disolución del grupo Batasuna en el Parlamento vasco.

Así como Arzalluz fue implacable en el acoso y derribo de los llamados michelines del partido con la expulsión de Emilio Guevara, no parece que ahora vaya a actuar con igual contundencia con quien siempre ha sido considerado como su delfín favorito aunque Egibar llegue a explicitar su disidencia. Entre otras cosas porque en la misma actitud está la poderosa central ELA-STV, de inspiración cristiana, vinculada con el PNV cuyo líder, Josu Elorrieta, pidió en público la dimisión de Balza por la actuación de la Ertzaintza en la manifestación de Bilbao. «Tenemos a una ELA enloquecida y a un Egibar batasunizado», declaró el sábado en EL MUNDO un miembro del EBB.

Mientras en EA también hay división de opiniones entre los que desean seguir con una estrecha colaboración con el PNV y quienes creen que puede llegar su oportunidad de ocupar gran parte del espacio de Batasuna, en IU-EB los fuertes desencuentros respecto a la dirección de la coalición en Madrid han desembocado en la decisión de no respaldar ni la querella contra el juez que pretende votar el Parlamento vasco ni la ya avanzada por el Gobierno tripartito del que forma parte.

Todas estas tensiones ponen de relieve cómo los partidos del tripartito están atrapados entre dos fuegos. Tendrán que optar por uno de los dos bandos si no quieren quedar desgarrados por ambos.

Si dentro del PNV el debate está planteado sobre si la Ertzaintza está haciendo demasiado contra Batasuna, desde una perspectiva democrática resulta intolerable que en Mondragón, con un alcalde de Batasuna, puedan desplegarse pancartas con una clara apología de los asesinatos de ETA y que permanezcan así horas sin que la Policía autonómica haga nada para retirarlas.

Disidencias en el PNV
JUSTINO SINOVA El Mundo 23 Septiembre 2002

Como en toda organización fuertemente jerarquizada, en la que la adhesión es un servicio y la discrepancia un drama, en el PNV la disidencia queda amortiguada por el engranaje y sólo se manifiesta en indicios, en referencias incompletas. La disconformidad de algunos militantes por las relaciones del PNV con ETA y su entorno fue ocultada en lo posible y quedó varada en la exigencia de fidelidad frente al enemigo exterior. Toda organización cerrada ve siempre un enemigo exterior de turno.

Pero nunca le había pasado al PNV de Arzalluz que alguien le discrepara por lo contrario, es decir, por enfrentarse a ETA y Batasuna, como ha hecho ahora nada menos que Egibar, su portavoz, que no acudió el sábado a una significativa reunión del partido.Hoy o mañana Egibar dará un paso atrás y tratará de negar la evidencia, como es norma en la zigzagueante gestión de su partido, pero no podrá desmentir su malestar, que ya apuntó en algunas ocasiones previas.

Este indicio, que es más que un indicio para los peneuvólogos (toda organización cerrada también crea expertos en la interpretación de sus síntomas), revela que el PNV está sufriendo más de lo que esperaba con el proceso de ilegalización de la antidemocrática Batasuna. Quienes alertaban de las negativas conse- cuencias que podría originar la reforma de la Ley de Partidos y quienes se alarmaban por la tensión inso- portable que iba a causar la suspensión de Batasuna por el juez Garzón, tienen ya elementos suficientes para reconocer su error. En las dos últimas semanas los valentones sponsors de ETA no han mantenido la mirada ante la cara firme del Estado sino que han demostrado que ellos también se arrugan. Y el PNV, que anunciaba la llegada de las siete plagas y pensaba poder dominar la protesta frente al Estado, se ha visto entre dos fuegos: criticado en el mundo etarra por cumplir el Gobierno vasco alguna de sus obligaciones en el proceso contra Batasuna y descubierto definitivamente en Europa por el imposible equilibrio de presumir de democrático y de aliarse con los totalitarios a un tiempo.

Desde luego, el curso de la Historia ha cambiado para Batasuna y todo lo que tiene detrás, pero el paso en firme que ha dado el Estado, después de tantos años de amilanamiento, ha afectado también seriamente al PNV. Una vez más, pero ésta de manera bien grave, la voz de la razón le dice que debe optar por la democracia antes que por el nacionalismo totalitario y violento.Aun a riesgo de que se vayan los que piensan como Egibar (lo que al final no sería una tragedia sino un favor).

El péndulo desbocado
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 23 Septiembre 2002

Pese a que Joseba Egibar aduce razones personales para explicar su ausencia de la importante reunión de electos y cargos internos del PNV, celebrada el sábado pasado en el Teatro Barakaldo, la inmensa mayoría de los cuadros y militantes del nacionalismo democrático se pregunta si tras esta versión oficial no subyace la real. Porque este doble portavoz, que combina la voz del partido con la de la corriente soberanista, difícilmente se hubiese sentido cómodo en un acto que acabó convirtiéndose en un homenaje al consejero de Interior, Javier Balza, y al conjunto de la Ertzaintza después de la disolución de una manifestación batasuna en Bilbao.Ultima carga de los ertzainas que ha desbocado ese péndulo patriótico, como lo denominan sus propios historiadores, que es el PNV. Nunca en su centenaria vida había vivido una crisis de la intensidad de la que vive hoy.

Balza ordena cargar contra una concentración alentada por el consejero de Justicia, Azkárraga. José Elorrieta, secretario general del sindicato ELA-STV, exige la dimisión de Balza a la vez que Rafael Larreina, uno de los principales dirigentes de EA, critica al Gobierno de Ibarretxe por la actuación de la policía autonómica. Josu Jon Imaz, portavoz gubernamental, pide públicamente perdón a los manifestantes mientras Jone Goirizelaia, parlamentaria batasuna, exhibe, durante un debate en la Cámara de Vitoria, documentación interna de la Ertzaintza para desmentir el comunicado de Balza. Consejeros contra consejeros, partido contra Gobierno y sindicato contra Gobierno y partido. En apenas una quincena de días, que median desde la aplicación del controvertido auto de Garzón, el PNV se aproxima a velocidad de vértigo al escenario previo a la escisión protagonizada por sus juventudes, hace cuatro décadas, que acabara dando nacimiento a la organización terrorista ETA.

Los soberanistas, que hacen de la consecución de la soberanía el eje de su actividad política, controlan el sindicato y parte del partido; sobre todo, en Guipúzcoa. Dirigidos, esencialmente, por Egibar y Elorrieta buscan a través de Rafa Díez Usabiaga, líder del sindicato batasuno LAB, y Arnaldo Otegi el tiempo perdido desde el final de la última tregua. Los demócratas, que consideran prioritaria una estrategia democrática hasta que termine la violencia, se mueven entre Sabin Etxea, sede del PNV, y la institución parlamentaria.Desde fuera, la figura de José Antonio Ardanza aparece como un referente en la misma medida que simboliza el gobierno de coalición junto con el socialista Ramón Jáuregui. Pero, la fuerza fundamental la encabeza hoy día el lehendakari Ibarretxe. Después de su espectacular victoria en las últimas elecciones autonómicas se ha convertido en la columna vertebral del nacionalismo democrático. A mitad de camino de esa doble alma nacionalista, trata de fijar el péndulo desbocado en un punto intermedio entre la ruptura de unos y la reforma de otros.

Criterios distintos, dentro de un común denominador nacionalista, que corren el grave riesgo de convertirse en antagónicos a la hora de como responder a la ilegalización de Batasuna. Porque poner el acento en la solidaridad con los ilegalizado o en la defensa del Estado de Derecho, provoca que el péndulo patriótico oscile de día en día, de despacho en despacho y de dirigente en dirigente al calor de cada hecho puntual suscitado por las enormes dificultades generadas por la aplicación de la ilegalización de un partido político en un sistema democrático. De una u otra forma, en el fondo, cada una de estas controversias internas está apuntando a la falta de definición de una estrategia política.La reunión de Barakaldo, la propuesta que Ibarretxe va a presentar este viernes en el parlamento de Vitoria y el Alderdi Eguna del próximo domingo, persiguen despejar la ambigüedad desde ese inconcreto centro nacionalista que representa Ibarretxe. Veremos, después de estas tres citas, si el PNV logra escapar del terrible dilema en el que se encuentra, «o nos suicidamos o nos matan», descrito por alguien nada sospechoso como es el propio Arzalluz.

Lo insoportable
Luisa PALMA La Razón 23 Septiembre 2002

Lo insoportable es tener que volver a hablar del PNV con la desesperanza de no encontrar en este partido, que se dice democrático, ningún atisbo de reflexión política no contaminada ni trufada con intereses partidistas y absolutamente endogámicos.

La última, su descarada e inaudita desobediencia a la Justicia, nos ha dejado estupefactos a todos. Es más, Ibarretxe, quien supera ya con creces a Arzallus en paranoia radical, dice que persistirá en el error. Lo insoportable es ver cómo en sus intentos desesperados por defender a Batasuna dicen que su deslegalización les convertirá en víctimas. ¿Víctimas? Las únicas víctimas son los asesinados por ETA, las familias y todos los que no son nacionalistas de su cuerda.

Y lo insoportable es tenerlos que oír que el objetivo final es desbancar al nacionalismo de cualquier ámbito de poder en Euskadi. Pero, ay, aquí se descubren, primero porque el PNV no es «el nacionalismo», ni el dueño de la sociedad vasca; y segundo porque reconocen su debilidad y su dependencia de Batasuna con quien nunca se han enfrentado y con quién comparten objetivos, ya que han demostrado que el Estado de Derecho se la refanfinfla, véase Estella. Con todo, el PNV tiene ahora una oportunidad de oro. Si quiere y no se acobarda, puede superar su secular y aberrante complejo. Ellos puede que tengan remedio, el único que no lo tiene es Madrazo.

La última crisis nacionalista
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 23 Septiembre 2002

La sola posibilidad de que se produzca un enfrentamiento civil en el País Vasco hiela la sangre de los demócratas españoles.Todo lo conseguido en los últimos 25 años, que ha sido mucho, se vendría abajo irremisiblemente si las fuerzas que buscan el encontronazo frontal se imponen a las que aún confían en las vías de la sensatez política.

El paso dado por el PP y el PSOE al poner en marcha la Ley de Partidos Políticos y la decisión del juez Garzón de suspender cautelarmente a Batasuna, han puesto al nacionalismo vasco frente a sus propias contradicciones. El PNV vive en una encrucijada que puede acabar partiendo al propio partido en dos: o bien acata la legalidad y se sitúa nítidamente frente a ETA y los que la respaldan; o bien se pone de su parte dando prioridad a la afinidad ideológica. Al fin y al cabo, el brazo político de los terroristas defiende su mismo objetivo: la independencia.

La disyuntiva se torna aún más dramática por el hecho de que el PNV controla (junto a EA e IU-EB) el Gobierno de Vitoria y, por tanto, está en la obligación de cumplir y hacer que se cumpla la ley, incluida la suspensión de Batasuna. Lo que ha hecho hasta ahora Ibarretxe demuestra el desconcierto que ha provocado en el mundo nacionalista una coyuntura tan compleja. La Consejería de Interior ha prohibido y disuelto algunas manifestaciones de Batasuna; ha consentido otras que previamente habían sido prohibidas; e incluso ha autorizado otras en las que, al final, no ha tenido más remedio que intervenir la Ertzaintza.

Sin embargo, el giro que han dado los acontecimientos la semana pasada, al rechazar la Mesa del Parlamento vasco la aplicación del auto de Garzón en lo que se refiere a la disolución del Grupo Parlamentario de Batasuna y la querella anunciada por el Gobierno vasco contra el juez, supone un salto cualitativo en el enfrentamiento institucional y político con el Estado.

La gran incógnita ahora es conocer dónde se va a detener el nacionalismo en su estrategia de tensión. Saber si todo lo que están haciendo sus líderes responde a un plan definido de antemano o bien tan sólo obedece a los impulsos de un cierto instinto de supervivencia.

Para bien o para mal, todo indica que lo que está sucediendo responde más bien a esto último. Quizás porque, aunque lo contemplaron como una posibilidad, los nacionalistas -incluidos los proetarras- nunca llegaron a creerse del todo que el bloque constitucionalista se atrevería a poner sobre la mesa medidas tan contundentes.

Contrariamente a lo que ciertos análisis vaticinaban, la ofensiva del Estado de Derecho no ha cohesionado al bloque nacionalista, sino que lo ha dividido y debilitado. La decepcionante respuesta popular a las llamadas a la movilización de Batasuna (en un envite que es de vida o muerte para la formación abertzale) pone de relieve que muchos de sus seguidores no están de acuerdo con el seguidismo borreguil de sus dirigentes a los dictados de ETA.Y también que otros sólo están dispuestos a actuar en la calle si lo hacen bajo el manto de la impunidad.

Del mismo modo, la confusión que reina en las filas del nacionalismo democrático hace vislumbrar fuertes tensiones internas que, como en todo partido férreamente organizado, no saldrán a la luz hasta que el liderazgo carismático desaparezca o hasta que los electores le pasen factura en las urnas.

Precisamente, el PNV está ante esa doble perspectiva. Si Arzalluz cumple su promesa, abandonará la presidencia del EBB el próximo año. Su marcha podría facilitar la formación de una corriente crítica con la línea seguida a partir de la firma del Pacto de Lizarra, que se ha caracterizado por un vuelco radical hacia el soberanismo.

Además, el próximo mes de mayo, el PNV va a poder comprobar en las elecciones municipales si su proyecto político sigue siendo respaldado por la mayoría de los vascos. La línea marcada por Arzalluz-Egibar-Ibarretxe sostiene que la única forma que tiene el PNV de superar el medio millón de votos es convertirse en el único referente del nacionalismo. Es decir, repetir lo ocurrido en las últimas elecciones autonómicas en las que el hundimiento de Batasuna les proporcionó casi 90.000 votos añadidos.

Para sus actuales líderes, el PNV no tiene ninguna posibilidad de ensanchar su base electoral entre los que ahora votan al PP o al PSOE. Por lo tanto, la única forma que tienen de mantenerse en el poder es ofrecer a los votantes de Batasuna un programa creíble de ruptura con el Estado para lograr la independencia.

No hace falta ser ningún experto para adivinar que muchos nacionalistas (los que votan en los grandes núcleos de población en amplias zona de Vizcaya y Alava) no están de acuerdo con ese radicalismo que puede llevar a una ruptura violenta con el Estado.

Sobre todo ahora, cuando el mantenimiento de esa política lleva en muchos casos a incumplimientos flagrantes de la ley.

Los peneuvistas de traje y corbata desprecian a los chicos de la gasolina porque saben que, al final, irán también a por ellos.

Ese pulso interno ya se ha vislumbrado este fin de semana, con el plante de Egibar a la cumbre del PNV en la que Ibarretxe pidió el respaldo de los líderes locales a la actuación de la Ertzainza.

Por otro lado, no es muy probable que Arnaldo Otegi y su gente dejen que el PNV les siga comiendo terreno hasta convertir a Batasuna en un mero reducto del terrorismo callejero. Su único modo de sobrevivir es que sus seguidores sigan viendo al PNV como un «partido traidor», apoltronado en el poder e incapaz de saltarse los límites marcados por el Estatuto y la Constitución española.

Batasuna, al igual que ETA, vive sus peores momentos desde la reinstauración de la democracia. Nunca han estado tan debilitadas y tan aisladas internacionalmente. A ello han contribuido no sólo los efectos del 11-S y la contumacia con la que Aznar ha batallado para que la lucha contra el terrorismo se convierta en uno de los ejes de la construcción de Europa. La implacable campaña desatada desde las filas abertzales contra Garzón no ha hecho más que acelerar la pérdida de sus cada vez más escasos apoyos tradicionales. Para la izquierda de todo el mundo (sobre todo en Latinoamérica), el juez de la Audiencia Nacional es el hombre que procesó al dictador Pinochet, uno de los máximos valedores de la Corte Penal Internacional, y el protagonista del esclarecimiento de los asesinatos promovidos por la guerra sucia a través de los GAL.

En esas circunstancias, el PNV se ha convertido en el principal y casi único valedor de Batasuna y su mundo.

Ahora bien, la comisión de errores no es monopolio de los nacionalistas.En este escenario de divisiones internas y contradicciones en el campo nacionalista, los partidos constitucionalistas y el Gobierno no deben dejarse llevar por los que afirman que ha llegado el momento de asestarles el golpe de gracia.

Nada sería peor para la causa de los que defienden una concepción de España abierta y democrática que sucumbir a las presiones de los que piden o sugieren la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que llevaría a la supresión de la autonomía en el País Vasco.

El Gobierno debe continuar con normalidad el proceso de transferencias e intentar por todos los medios la recuperación del diálogo institucional.

Es necesario insistir en que la batalla que ahora se libra en la Comunidad Autónoma Vasca no es contra el nacionalismo, ni tampoco contra la izquierda abertzale. Es una guerra contra el terrorismo y contra los que usan el terror para lograr sus fines políticos. Se trata, en definitiva, de la defensa legítima del Estado de Derecho.

Aunque desde algunos sectores de la derecha recalcitrante se argumente que la única forma de acabar con el problema vasco es acabar con el nacionalismo, ese silogismo llevaría a la eliminación de uno de los principios que ha hecho posible la consolidación de la democracia en España.

En fin, sería la base sobre la que el nacionalismo recuperaría su unidad. Una excusa perfecta para los que buscan la ruptura.     casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

Víctimas y verdugos
Cartas al Director ABC  23 Septiembre 2002

Rigoberta Menchú ha sido abroncada en el Parlamento europeo. Durante una hora, la tenaz eurodiputada socialista, Rosa Díez, trató de meter en la dura mollera de la Premio Nobel de la Paz quiénes son los que sufren persecución en el País Vasco y Navarra, quiénes son los asesinados, en España, quiénes no pueden expresarse libremente, qué gobiernos bordean la legalidad, qué partidos apoyan y justifican a los asesinos y quiénes «recogen las nueces» o ponen en un mismo plano a víctimas y a verdugos. No ha habido manera de que Rigoberta rectifique. Cuando alguien es tan obtuso, es muy difícil que entienda algo tan sencillo. Creo que antes de visitar el País Vasco, como quiere hacer en octubre, debería informarse algo mejor y curar en parte su estulticia. Tal vez el Gobierno debería «examinarla» antes de permitir su entrada en España, no sea que para entonces no se sepa aún la lección y vuelva a decir alguna sonora tontería.     Javier Vázquez Mateos. Madrid.

UA pide medidas disciplinarias contra 'Ertzainas nacionalistas'
El Mundo 23 Septiembre 2002

VITORIA.- El portavoz de UA, Ernesto Ladrón de Guevara, pidió medidas disciplinarias por la existencia de un grupo «político» dentro de la Ertzaintza, llamado Ertzainas nacionalistas vascos ya que, según advirtió, su existencia es «absolutamente ilegal» puesto que la Ley de Función Pública Vasca «no permite formar agrupaciones de entidad política dentro de la policía autonómica».

Ladrón de Guevara hizo alusión al comunicado que ha sido remitido a varias comisarías de la policía vasca por un grupo autodenominado Ertzainas nacionalistas vascos, que propone que este cuerpo no cumpla las órdenes dictadas por el juez Garzón contra Batasuna.

El portavoz foralista indicó su sorpresa por el hecho «que se puedan formar impunemente grupos políticos dentro de un cuerpo policial» como la Ertzaintza y exigió «que la policía vasca sea una policía profesional y se impida que haya grupos políticos dentro de la misma» que «declaren la guerra al Estado de Derecho», concluyó.

Recortes de Prensa   Página Inicial