AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 25 Septiembre  2002
Lo que queda de ETA
EDURNE URIARTE ABC 25 Septiembre 2002

LA CHAPUCERA TRITURADORA ETARRA Y LA PREGUNTA DE AZKUNA
Editorial El Mundo 25 Septiembre 2002

A la desesperada
Editorial ABC 25 Septiembre 2002

Bandera sin viento
Editorial El País 25 Septiembre 2002

Siniestra coordinación
Editorial La Razón 25 Septiembre 2002

Ahora serán héroes
ANTONIO BURGOS El Mundo 25 Septiembre 2002

Un asesinado y dos asesinos

Román CENDOYA La Razón 25 Septiembre 2002

¿Respuesta
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 25 Septiembre 2002

Las falacias del PNV
Enrique de Diego Libertad Digital  25 Septiembre 2002

El nuevo pase foral
JAVIER PRADERA El País 25 Septiembre 2002

Vocación asesina
Editorial El Correo 25 Septiembre 2002

Primero, la vida
TONIA ETXARRI/ El Correo 25 Septiembre 2002

ETA asesina a un guardia civil y hiere a otros cuatro con una «pancarta bomba»
LEIZA (NAVARRA). BEGOÑA LÓPEZ ABC 25 Septiembre 2002

El Foro de Ermua llama a la «rebelión» contra el nacionalismo
ABC 25 Septiembre 2002

ETA, el día después
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL / El Correo 25 Septiembre 2002

Una razón más
JOSEBA ARREGI / El Correo 25 Septiembre 2002

Llorar de oficio
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 25 Septiembre 2002

Lo que queda de ETA
Por EDURNE URIARTE ABC 25 Septiembre 2002

ETA está debilitada y asediada. Pero queda ETA, y quedará durante algún tiempo. Esto es una obviedad, pero que conviene recordar constantemente para asimilar nuevos atentados como los de ayer. Hay que entender lo que significa el terrorismo y la psicología de los terroristas para situar el fin del terrorismo donde le corresponde, es decir, más lejos de lo que a todos nos gustaría.

La ofensiva contra el terrorismo que todas las instituciones del Estado (con la clamorosa excepción del Gobierno vasco) están articulando con el consenso de la inmensa mayoría de los españoles y la colaboración internacional está dando excelentes frutos. Y los seguirá dando, tanto en el plano de las detenciones de comandos, como en la desarticulación de la trama civil y política de ETA.

Pero incluso cuando la desarticulación de la trama civil y política se complete, quedarán terroristas como Hodei Galarraga, que se mató el lunes con la bomba con la que pensaba atentar. Tipos fanáticos, marginales, sanguinarios, desarraigados sociales, que han hecho del asesinato su forma de vida y que continuarán matando hasta que sean puestos entre rejas. Si a la psicología de estos asesinos añadimos la facilidad con la que se puede cometer un atentado, la sencillez con la que se puede colocar una bomba trampa como la de ayer, tendremos que estar preparados para la prolongación de atentados durante algún tiempo.

Ahora bien, esta constatación no debe llevarnos a la confusión o la ofuscación del miedo, y algo de eso hay en ese preocupante 43% de españoles que, según la encuesta publicada en este periódico, piensa que la ilegalización de Batasuna aumentará el terrorismo. Tenemos miedo al fanatismo, a la locura de los asesinos, y olvidamos que el fanatismo también necesita de unas estructuras de alimentación y sostenimiento para prolongar su eficacia asesina en el tiempo.

Con esas estructuras en proceso de desarticulación, muy a pesar del Gobierno Vasco, que ayer ha anunciado un recurso de inconstitucionalidad a la Ley de Partidos, podemos ya hablar de lo que queda de ETA, pero eso sí, con las dosis de paciencia, realismo y firmeza que requerirán sus últimos coletazos, que los habrá.

LA CHAPUCERA TRITURADORA ETARRA Y LA PREGUNTA DE AZKUNA
Editorial El Mundo 25 Septiembre 2002

ETA ha sufrido duros reveses policiales en los últimos meses.Pero ninguno como la detención la semana pasada de Olarra Guridi y Ainhoa Mujika, responsables de los comandos de la banda terrorista.No es extraño que ETA se haya dado prisa en reaccionar para intentar demostrar que su capacidad de hacer daño sigue intacta.

Ha fracasado, en buena medida, aunque ayer asesinó a un guardia civil e hirió a otros cuatro cuando se disponían a retirar una pancarta en Leitza (Navarra), bajo la que se había camuflado una carga explosiva. La locura criminal de la banda queda reflejada en el lema de este pancarta, que decía «Viva ETA, Guardia Civil muere aquí».

Doce horas antes, dos etarras habían perdido la vida al estallar decenas de kilos de dinamita en mal estado que transportaban en Bilbao. Dos muertes estúpidas para una causa estúpida, ya que el uso de esos explosivos sólo hubiera servido para provocar más dolor.

No es éste el único fracaso de ETA en esta tentativa de vengar la captura de Olarra Guridi y Mujika. El pasado viernes, la Policía francesa detuvo a dos etarras cuando intentaban entrar a España por la frontera de Huesca para cometer atentados esta misma semana.

Lo sucedido con estos tres comandos ofrece una perfecta radiografía de la situación por la que atraviesa ETA: aún puede hacer daño, pero sus acciones son cada vez más chapuceras. La banda es hoy una organización diezmada, que ha tenido que recurrir a los cachorros de la kale borroka y a los veteranos de América Latina para poder seguir perpetrando atentados. La falta de entrenamiento y la precipitación con la que son enviados a ejercer su siniestro cometido les aboca a ser detenidos o a morir por su impericia.

Pero, sobre todo, las acciones de estos asesinos aficionados son absolutamente inútiles, ya que no van a conseguir ninguno de sus quiméricos objetivos, llámese independencia o socialismo en Euskadi.

Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao, se preguntaba ayer ante los cadáveres de los dos etarras: «¿Qué hemos hecho mal para que ocurran estas cosas?». La respuesta es muy sencilla: su partido, el PNV, ha empujado a los jóvenes hacia el entorno de ETA al crear un clima de confrontación con el Estado y plantear la independencia como su principal meta política. Quienes deberían responder a la pregunta de Azkuna son Arzalluz e Ibarretxe.

Ayer mismo, el Gobierno vasco anunció que va a presentar en los próximos días un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Partidos. Están en su derecho de apurar los cauces legales, pero PNV, EA e IU saben que Batasuna es el brazo político de ETA y, por tanto, se erigen en defensores de los verdugos frente a las víctimas.

Si quieren luchar de verdad contra los asesinos, los dirigentes del PNV deberían dar un giro radical a su política.Y ponerse de lado de quienes combaten a esa irracional maquinaria de la destrucción que tritura a sus propios servidores.

A la desesperada
Editorial ABC 25 Septiembre 2002

El atentado cometido ayer por ETA en la localidad navarra de Leiza, que costó la vida a un cabo de la Guardia Civil y heridas a otros cuatro miembros de este cuerpo, ha sido la respuesta previsible y desesperada a la presión judicial y política ejercida por el Estado contra la izquierda proetarra. Lo que importa, sin embargo, no es la motivación de ETA ni los efectos de reanimación en la deprimida izquierda abertzale. Lo importante es la vida humana que se ha perdido y el daño irreparable causado a una mujer y a dos hijos. El dolor siempre tiene nombre y apellidos, algo que con frecuencia se olvida en el magma de las especulaciones políticas, porque el rostro de las víctimas hace más complicado defender ciertas posiciones tan políticamente correctas como moralmente rechazables. ETA ya ha demostrado hace tiempo que el diálogo y la negociación no sirven como alternativas a la justicia implacable que merecen sus crímenes.

Sin embargo, los atentados de ETA, por viles que sean, también obligan a valorar sus consecuencias políticas. La banda terrorista había acumulado en las últimas semanas una sucesión de golpes muy duros. Atentados con coche bomba frustrados, detenciones en cadena -a raíz de la detención de sus jefes «militares»- y fallecimiento accidental, aunque no fortuito, de dos terroristas en Bilbao. Demasiados fracasos no sólo para la organización terrorista, sino también para Batasuna y para todo el entorno etarra, apremiados por una nueva política de Estado, firme y eficaz, que les ha colocado en una situación inédita de ilegalidad, frente a la cual sólo les quedaba obtener el amparo del nacionalismo gobernante y, en su lógica antidemocrática, el atentado terrorista. Lo primero ya lo habían conseguido y lo segundo lo lograron ayer.

En todo caso, aunque el atentado pueda considerarse la respuesta criminal a la ilegalización de Batasuna, sería un error interpretarlo como un resurgimiento de la banda terrorista o como un efecto del acuerdo parlamentario de instar la disolución del partido proetarra o de la suspensión cautelar decretada por el juez Garzón. El atentado de Leiza no es una demostración de fuerza renovada de ETA. Es un acto de presencia, alevosamente sencillo en su ejecución y viejo en el método -antes el cebo era la ikurriña y ahora la pancarta-, destinado a convertirse en un mensaje de ánimo a su público radical. Matar es fácil, pero la fuerza de una organización terrorista radica en el mantenimiento de sus infraestructuras logísticas, en el entrenamiento doctrinal y operativo de sus terroristas, en la disposición de una red financiera sólida y en un respaldo político internacional a sus objetivos. Nada de esto conserva ETA en un nivel estimable, menos aún capaz de oponer una resistencia indefinida al Estado, cuya política policial, judicial e internacional ha permitido reducir sensiblemente el espacio de la banda terrorista. La respuesta al atentado de Leiza debe ser la perseverancia en esta política de varios frentes para seguir mermando la capacidad orgánica y funcional de ETA.

Por otro lado, si se percibiera este atentado como una consecuencia de la ley de Partidos, estableciendo una relación de causalidad entre una y otro, sería no sólo una irresponsabilidad, sino también una victoria de la trampa propagandística de quienes insisten en que la ilegalización de Batasuna sólo traerá crispación. ETA ha matado antes de la ley de Partidos y seguirá matando después, y no por esto deberá el Estado abdicar su responsabilidad de aplicar las leyes y perseguir al terrorismo allí donde esté y cualquiera que sea la forma que adopte. Sería un éxito para ETA que su atentado lograra cuestionar la legitimidad y la eficacia de estas medidas políticas y judiciales. Cuando el presidente Aznar advirtió de que habría que seguir asumiendo sacrificios no se refería a las tribulaciones de los nacionalistas ni a sus enredos pseudojurídicos, sino a la capacidad de la sociedad civil, de su clase política -la no nacionalista- y de las Fuerzas de Seguridad del Estado -incluida la Ertzaintza- para resistir los ataques de ETA, que buscarían no sólo la muerte de sus víctimas, sino también la erosión de la fortaleza moral que exige la lucha antiterrorista.

En este sentido, el consenso político del PP y el PSOE sigue siendo imprescindible para presentar a ETA la oposición de una política de Estado compartida por los principales partidos políticos, cuyo compromiso debe estar por encima de los cambios de gobierno y de las coyunturas electorales. En todo caso, si algo puede haber actuado como acicate exógeno para ETA ha sido la campaña de desprestigio lanzada por el nacionalismo gobernante contra la Justicia, paralela a la defensa política -por líneas directas u oblicuas- de Batasuna frente a los procesos judiciales que pueden desembocar en su disolución. Las condenas de Ibarretxe y demás líderes nacionalistas por el atentado de ayer, se quedarán, como siempre, en el capítulo de la rutina, si no van acompañadas de una política efectiva de aislamiento de Batasuna y de deslegitimación de los objetivos de ETA. Hasta ahora, ningún atentado, por criminal que haya sido, ha movido al nacionalismo a centrar su capacidad de movilización social y de respuesta política en la derrota pura y simple de ETA. Por el contrario, tales activos del PNV han sido puestos a disposición de una estrategia soberanista que Ibarretxe reiterará en el próximo pleno parlamentario del día 27 y que conlleva una coincidencia sustancial de todo el nacionalismo, incluido el violento, en el objetivo final. También frente a esta política nacionalista debe mantenerse el acuerdo entre populares y socialistas, tal y como fue diseñado en el preámbulo del pacto antiterrorista. ETA siempre ofrece al nacionalismo la ocasión de que sus palabras de condena se transformen en hechos inequívocos contra el terrorismo. Y hasta ahora el nacionalismo sigue diciendo unas cosas y haciendo otras.

Bandera sin viento
Editorial El País 25 Septiembre 2002

Horas después de que dos activistas de ETA perecieran en el barrio bilbaíno de Basurto al estallarles la dinamita que portaban, un guardia civil, Juan Carlos Beiro, era asesinado y otros dos resultaban heridos en una carretera que discurre entre Guipúzcoa y Navarra al hacer explosión una bomba camuflada tras una pancarta escrita en euskera con el siguiente mensaje: 'Viva ETA; Guardia Civil, muere aquí'.

En ningún momento se ha propuesto ETA dejar de matar para favorecer una eventual defensa jurídica o política de Batasuna frente al proceso de su ilegalización. Al revés: desde que el juez Garzón acordó la suspensión cautelar, ETA ha intentado matar al menos en otras tres ocasiones y el viernes pasado fueron detenidos en la vertiente francesa de los Pirineos dos activistas que se disponían a cruzarlos para realizar atentados contra concejales del PP y PSOE y guardias civiles de la zona de Tolosa, según la policía francesa.

El atentado de ayer recuerda a algunos producidos poco después de la muerte de Franco. El 17 de enero de 1976 un explosivo conectado a una ikurriña acabó con la vida del guardia civil Manuel Vergara cuando intentaba retirarla. En un comunicado difundido tres días después, ETA argumentaba que el guardia 'no ha muerto por un ataque nuestro, sino por atentar contra las normas más elementales de la democracia; nosotros no hemos hecho más que defender uno de nuestros símbolos políticos'. Alguien había tenido esa ocurrencia, y para poder escribirla en un papel había ordenado matar a un ser humano. Ahora, alguien ha querido repetir el siniestro sarcasmo, asesinando a varios guardias civiles que acudían a retirar una pancarta con las siglas de ETA y el mensaje que anunciaba la muerte en euskera. Para poder decir, entre risotadas: que hubieran dejado la pancarta o hecho caso del aviso.

La explosión de Basurto, de madrugada, simboliza la deriva de una ETA sin otra pespectiva que morir matando, y el atentado del mediodía, entre Leitza y Berástegui, la repetición compulsiva de lo hecho hace un cuarto de siglo con la esperanza de que ello haga realidad su delirio de que nada ha cambiado desde entonces. Pero sí ha cambiado, y una prueba de ello es que desde el fin de la tregua ETA trata de justificar su recurso a la violencia no por su incidencia directa en la realidad, sino en otros partidos; por su capacidad para condicionar la política nacionalista.

Durante años, un objetivo central de ETA era arrebatar al PNV la bandera del nacionalismo auténtico; sustituirle como fuerza hegemónica. Ahora se limita a intentar que el PNV abrace su bandera. De ahí los emplazamientos a que se resista a aplicar la ley española o las resoluciones judiciales y a que rompa definitivamente con el Estatuto. Lo cual significa también que el nacionalismo democrático tiene ahora la responsabilidad de demostrar que no se deja intimidar; de dejar sin viento a la última bandera de ETA.

Ocasión tendrá en los próximos días ante la previsible reacción del conglomerado etarra a la muerte de sus dos activistas. Hace un año, con motivo del homenaje en memoria de Olaia Kastresana, militante de ETA muerta en Torrevieja al estallarle en las manos la bomba que manipulaba, el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, reivindicó como aportación de ETA a la política vasca haber conseguido situar la cuestión de la autodeterminación en el centro del debate político. Es decir, haberlo conseguido a bombazos.

Siniestra coordinación
Editorial La Razón 25 Septiembre 2002

El ejecutivo autónomo vasco ha anunciado la presentación ante el Tribunal Constitucional del recurso contra la Ley de Partidos. La fecha elegida no era un secreto para nadie, ya que ayer se celebraba el habitual Consejo de Gobierno. Por ello no hay que sorprenderse de que la banda etarra tuviera preparada una nueva campaña de asesinatos. Los terroristas son duchos en llevar al PNV y a Eusko Alkartasuna hasta el límite de sus contradicciones, en una siniestra coordinación humillante para el nacionalismo vasco, por aceptada.

La suerte, en forma de dinamita caducada, ha impedido que a la muerte de un servidor del orden, guardia civil de Navarra, se haya sumado la de algún otro inocente. Pero los terroristas han conseguido su propósito: en medio de la tribulación de todos los hombres de bien, el gobierno de Ibarreche sale en socorro de los amigos de los asesinos. Hoy vuelve a haber risas en Batasuna mientras nuevas familias se enlutan.

Sería falso decir que el Tribunal Constitucional va a ser puesto a prueba por el recurso del gobierno autónomo vasco. La Ley de Partidos, aprobada por el noventa por ciento de los representantes parlamentarios de los españoles, podrá, en todo caso, ser objeto de algún retoque legal, que la perfeccione, pero nada más. La voluntad mayoritaria del Parlamento y el sentido común deberían bastar a los nacionalistas vascos. Pero si lo que quieren es una certificación jurídica de su error, están en su derecho.

Ahora serán héroes
ANTONIO BURGOS El Mundo 25 Septiembre 2002

Todo es tan tragicómico como el parte que redactó aquel cabo de la Guardia Civil que acudió a realizar diligencias a la estación del pueblo de cuyo puesto era comandante, donde el tren había arrollado a un cateto que intentó cogerlo en marcha: «Personados en la estación, nos encontramos el cuerpo de un hombre, al parecer muerto, cuya cabeza, seccionada por las ruedas del furgón de cola, se encontraba a seis metros del tronco». Los dos etarras a los que les estalló el siniestro triquitraque en Basurto no estaban al parecer muertos. Los recogieron como hubieran tenido que hacer con Carlos Herrera, caso de que no hubiera fallado la caja de puros que le mandaron como siniestro regalo dos colegas de los difuntos. Es cierto que están muertos, y que conste en acta que los que estamos a favor de la vida no nos alegramos de ninguna muerte. Pero no menos cierto es que desde nuestro papel de fumar constitucional, siguen siendo presuntos etarras.Para que se enteren, por si no lo han aprendido bien en el consumo de noticiarios políticamente correctísimos: unos tíos de la ETA que mueren manejando una bomba criminal en un vehículo, en cuyo coche encuentran matrículas falsificadas, una pistola y un dispositivo electrónico para hacer estallar los explosivos no son unos pedazos de asesinos que Dios tenga en su gloria con su infinita misericordia, sino dos presuntos etarras. Como son oficialmente presuntos asesinos los dos pistoleros del llamado Comando Andalucía que mataron al doctor Cariñanos y les va a salir gratis la condena por el asesinato del juez Portero.

Por el contrario, el juez Garzón que persigue a los presuntos con las armas de la ley y al que denuncian los gobiernos y parlamentos colaboracionistas con los nazis en nuestro Vichy interior, no es presuntamente nada, sino que del tirón es calificado de prevaricador y su gesta civil, de prevaricación.

La historia de estos presuntos, ay, no quedará aquí. Nos espera ahora su inmediata glorificación. Habrán de ser proclamados héroes del pueblo, como suelen en tales ocasiones. Nos quedan aún varios plenos municipales manejados por la ilegalizada Batasuna, en los que serán declarados hijos predilectos de sus respectivos pueblos. Nos quedan aún los acuerdos municipales que darán su nombre a sendas calles. Y nos queda, naturalmente, el entierro, en esa estética entre Sendero Luminoso y procesión de las antorchas de Hitler, con el danzante bailando en memoria de estos pedazos de héroes y con las flautas y tamboriles tocándoles la música de honor... y tocándonos la entrepierna a tantos españoles que estamos hasta los mismísimos de tanto asesino beneficiado como presunto por la Constitución a la que cada día le ponen una bomba y le pegan un tiro en la nuca.

Un asesinado y dos asesinos
Román CENDOYA La Razón 25 Septiembre 2002

No conocí a Juan Carlos, pero sé que fue un hombre que empeñó su vida en que los ciudadanos disfrutáramos de un Estado donde, a pesar de los nacionalistas, deben cumplirse las leyes. Leyes que no quieren acatar Arzallus, Ibarretxe o Anasagasti. Ese PNV que a gritos lamentará indistintamente las tres muertes. Como si fuera igual ser un asesino que ser asesinado. Juan Carlos es de esos héroes que jamás hubiera tenido que serlo. Hodei y acompañante no eran ni son héroes. No eran ni son gudaris. Eran y son asesinos terroristas como el que cobardemente, con un mando a distancia, ha asesinado a Juan Carlos y ha despedazado a sus compañeros. Para Juan Carlos el homenaje y el respeto de los ciudadanos de bien. Para los asesinos Hodei y acompañante el desprecio y la soledad del cementerio. Los que les dieron la dinamita caducada les pondrán ikurriñas y txalapartas, hachas y serpientes, toda esa puta mierda asesina disfrazada de nacionalismo vasco. Juan Carlos murió haciendo lo que Balza no mandó hacer en Mondragón y lo que cobardemente nunca haría si no fuera porque sabe que puede terminar en la cárcel. Así son los nacionalistas, cobardes. Los vascos de bien jamás sabremos agradecer a Juan Carlos, como a tantos otros, lo que hicieron por recuperar la libertad en Euskadi, es decir, en España.

¿Respuesta?
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 25 Septiembre 2002

Ha dicho el consejero de Interior del Gobierno autónomo vasco que el atentado de ayer es la «respuesta» de ETA a la explosión de anteanoche en la que murieron dos terroristas. Parece increíble que los del Partido Nacionalista Vasco estén tan ciegos.

El que un gobernante del País vasco diga que la muerte del guardia civil y el intento de masacre sea consecuencia de que los terroristas se han matado a sí mismos da idea de cuán equivocados están.
En vez de pensar que ayer iban a haber cometido dos atentados, este estadista cree que Eta ha montado el atentado durante la madrugada.

Lo que ocurre es que el Partido Nacionalista Vasco ya no sabe cómo justificarse, y está dispuesto a asegurar que los atentados tienen que ver con las mareas y con la luna llena, antes de reconocer que los que ponen bombas son unos asesinos que responden a comportamientos mafiosos. Si así lo reconocieran, cómo iban a explicar su constante apoyo a Batasuna.

¿No entiende el consejero vasco que los que han matado ayer tienen el apoyo y la financiación de Batasuna? ¿No entiende que cuando el Gobierno vasco permite una manifestación de los de Batasuna está dando ánimos a los que han asesinado ayer? No, no lo entiende.

Pero el resto sí sabemos que hay que luchar contra estos y contra quienes les apoyan. Es nuestra idea de conseguir un país en paz. Porque sabemos que ayer no han puesto una bomba como homenaje a los muertos, sino porque es lo único que saben hacer para extorsionar y para cultivar su medio de vida mafioso.

Esta es la desgracia: para el Partido Nacionalista Vasco, el guardia civil muerto ayer tiene la misma consideración que los terroristas a los que les explotó su bomba. Pues, perdonen, pero no son iguales.

Las falacias del PNV
Enrique de Diego Libertad Digital  25 Septiembre 2002

El criterio sobre el que se está articulando la oposición del PNV a la ilegalización de Batasuna, y a sus efectos de prohibición de manifestaciones convocadas por sus dirigentes, es que se trataría de un grave atentado contra la libertad personal, contra los derechos de asociación, manifestación y expresión. Pretende con ello situarse como el auténtico defensor de la democracia. Su aliado, Javier Madrazo, ha llegado a hablar de atentado contra el Estado de Derecho.

Dejemos a un lado las contradicciones más claras de la negación de la independencia, y la misma existencia del Poder Judicial, como muestra el acuerdo de la Mesa del Parlamento vasco de declarar nulo el auto del juez Baltasar Garzón. Acuerdo que, con razonable criterio, ha calificado de “esperpéntico” el presidente del Gobierno.

En la cuestión de fondo, ninguna libertad es absoluta, pues siempre tiene el límite de los derechos de terceros. No existe, por ejemplo, el derecho de matar. La libertad de expresión tiene como límite la incitación a la violencia y al asesinato. Lo mismo el derecho de manifestación. Ningún sentido tendría que estuviera amparada por la ley una hipotética manifestación de sicarios y simpatizantes de Al Capone para proclamar y reivindicar su derecho a extorsionar, chantajear y asesinar a competidores y enemigos.

Aunque ese ejemplo puede resultar gráfico, e incluso exagerado, durante décadas las manifestaciones de Batasuna han ido mucho más allá con el grito de “Eta, mátalos”, que es una reivindicación y un impulso al genocidio. No estamos, además, ante manifestaciones cuyo final sea incierto –con la recurrente teoría de la minoría– sino que, aquí, existe una prolongada experiencia que convierte cualquier presunción en una malintencionada ingenuidad. Las manifestaciones de Batasuna son un ejercicio de coacción y una toma violenta de la calle. Los poderes públicos deben impedir ese tipo de amedrentamientos de los pacíficos contribuyentes. En eso se basa precisamente su legitimidad.

No deben ser autorizadas, por ejemplo, manifestaciones nazis en las que se solicite el exterminio de los judíos. Tal criterio no puede ser amparado ni por la libertad de expresión ni por el derecho de manifestación.

El PNV no está, pues, defendiendo derechos, sino simples perversiones. No lo hace con argumentos, sino con falacias.

El nuevo pase foral
JAVIER PRADERA El País 25 Septiembre 2002

El pasado 13 de septiembre, la Comisión de Instituciones del Parlamento vasco derrotó la propuesta del Gobierno de Ibarretxe para interponer un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Partidos; el rasgo más sorprendente de la votación fue que el grupo amenazado de forma directa por la norma impugnada rechazase una moción dirigida precisamente a prestarle amparo. En un primer momento suena paradójico que los representantes de Batasuna no quisieran ni siquiera apostar a favor de que el Tribunal Constitucional pudiera expulsar del ordenamiento jurídico a la Ley de Partidos invocada por el Gobierno y el fiscal del Estado para pedir la ilegalización de la organización nacionalista radical. No resulta demasiado difícil, sin embargo, encontrar algunas claves capaces de explicar ese aparente misterio.

De un lado, el brazo político de ETA ha empezado a aplicar dentro del terreno institucional, ante la perspectiva de su ilegalización, la consigna -cuanto peor, mejor- de tierra quemada que la casa matriz del entramado terrorista ha venido impartiendo -más de 800 muertos- desde los comienzos de la transición. De otro, la obligada aplicación de las medidas cautelares de Garzón realizada por la Consejería de Interior del Gobierno vasco y por la Ertzaintza como polícía judicial ha servido a Batasuna para denunciar las tibiezas, ambigüedades y contradicciones del nacionalismo moderado, tal vez con el propósito de forzar a PNV y EA a romper con la legalidad y tirarse al monte.

Durante el debate sobre el recurso de inconstitucionalidad de la Ley de Partidos, Arnaldo Otegi denunció la colaboración prestada por el Gobierno de Vitoria a la clausura cautelar y temporal de las sedes de Batasuna ordenada por el juez Garzón. Las reivindicaciones foralistas defendidas durante la transición por el PNV -antes de que Arzalluz hiciera las paces con ese derecho de autodeterminación del que tanto se había burlado ('una virguería marxista')- fueron tomadas a choteo por el portavoz de Batasuna mediante una referencia despectiva al pase foral. Esa tradicional institución procesal era utilizada con anterioridad a 1839 por las Juntas Generales de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava (el derecho de sobrecarta constituía su equivalente aproximado en Navarra) para conseguir que las leyes, cartas o providencias reales contrarias a los fueros de esos territorios fuesen obedecidas, pero no cumplidas. Esta especie de veto suspensivo o de participación negativa en la tarea legislativa no se oponía a cualquier decisión, sino sólo a las iniciativas regias sobre materias reguladas por el fuero que conculcasen sus contenidos.

Según el portavoz de Batasuna, la aplicación por el Gobierno vasco de las medidas cautelares de Garzón ha sido 'un pase foral pero al revés', ya que 'no se acata la ley', pero en cambio 'se cumple a rajatabla'. El sarcasmo de Otegi habrá herido la sensibilidad de los sectores del nacionalismo moderado que consiguieron incorporar a la norma de 1978 una disposición adicional amparadora de los derechos históricos de los territorios forales y una disposición derogatoria de las leyes de 25 de octubre de 1839 y de 21 de julio de 1876, desmanteladoras de las instituciones de origen medieval consolidadas bajo la Monarquía absoluta (entre otras, el pase foral) que se hallaban vigentes en el País Vasco antes de las carlistadas. La elaboración ideológica nacionalista de ese pasado medieval y absolutista a la vez embellecido y falseado subyace a la construcción político-jurídica del ámbito vasco de decisión, territorio supuestamente exento de la obligación de obedecer las normas que vinculan al resto de los ciudadanos españoles. ¿Será la querella del Gobierno vasco contra Garzón una irregular actualización judicializada del pase foral? Resultaría inimaginable, en cualquier caso, que un Estado democrático constitucional basado sobre los principios de la igualdad y del imperio de la ley aceptase cualquier fantasmal resurrección de una institución otorgada por reyes medievales y monarcas absolutos.

Vocación asesina
Editorial El Correo 25 Septiembre 2002

El asesinato de Juan Carlos Beiro Montes en un atentado que hirió a otros cuatro guardias civiles supuso ayer el desgarrador regreso del terrorismo de ETA al primer plano de la actualidad. La horrible muerte de un joven asturiano que, al igual que sus compañeros, había decidido orientar sus pasos hacia el servicio público, encarna el sadismo de quienes le tendieron la trampa mortal. Una pancarta colocada en los límites entre Guipúzcoa y Navarra fue el señuelo utilizado por quienes han convertido al resto de los ciudadanos en enemigos a batir o en seres sin otro derecho que el de contemplar su macabro juego en silencio. Horas después de que la explosión de un artefacto asesino descuartizara a dos de sus activistas, la banda terrorista logró envolver a sus fanáticos seguidores en la irracional espiral de creerse, a la vez, víctimas y justicieros de un conflicto milenario. Resultaría sencillo recurrir a la imagen de un mismo producto letal cobrándose tres vidas humanas igual de valiosas. Pero semejante analogía daría lugar a un relato terriblemente injusto de lo ocurrido. Hodei Galarraga y su acompañante tenían el asesinato como vocación. Juan Carlos Beiro trataba, por el contrario, de preservar la seguridad de sus conciudadanos, y fue ese empeño el que le costó la vida y dejó a su esposa viuda y a sus dos hijos sin padre.

Tanto el hecho mismo de la muerte como la horrorosa forma de morir que hallaron los activistas de ETA revuelve las entrañas de la sensibilidad humana y constituye uno de los ejemplos más elocuentes de la sinrazón terrorista. Pero la doble muerte de Basurto no puede convertirse en una suerte de disolvente moral a la hora de enjuiciar el proceder de los fallecidos; ni puede presentarse como un revés del destino que ennoblezca el comportamiento más vil que cabe imaginar en un ser humano. En estos casos, suele ser habitual que se exteriorice el reproche hacia quienes alentaron u ordenaron a las dos personas muertas en Basurto que se precipitaran hacia el abismo; que se recurra a la afirmación de que ETA acabó con la vida de dos de sus integrantes.

Pero el terrorismo etarra no es algo que exista al margen o por encima del ánimo homicida de sus miembros. De ahí que no tenga sentido contemplar lo acaecido con gesto paternalista y, en el fondo, exculpatorio. Cada instante en que transporta o manipula un artefacto para acabar con la vida de sus semejantes, el terrorista es plenamente consciente de que puede morir. Pero lo más abominable del caso es que la eventualidad de su propia muerte termina siendo apartada de su pensamiento por el objetivo que persigue: la muerte de los demás. Seguramente los terroristas que colocaron la bomba-trampa entre Guipúzcoa y Navarra sintieron el mismo vértigo que sus correligionarios de Bilbao, la misma sensación de ingravidez al preparar el artefacto, la misma mezcla de impotencia e inquietud al transportarlo en el coche; pensamientos que trataron de desterrar con la inmisericorde crueldad de quienes estaban firmemente convencidos de que -esta vez sí- un comando de ETA lograría su objetivo. Los fanáticos de la barbarie festejaron ayer el crimen de Leitza como si sus actores fuesen la reencarnación de los fallecidos trece horas antes en Bilbao, en la ignominiosa convicción de que siempre habrá otro fanático dispuesto a relevar a cada terrorista muerto o a cada activista puesto a disposición de la justicia.

El atentado que segó la vida de Juan Carlos Beiro fue el segundo mortal de los perpetrados por ETA desde que se promulgara la nueva Ley de Partidos. Su coincidencia con la explosión de Basurto permitirá a los más incondicionales de la izquierda abertzale presentar ambos sucesos como la consecuencia de un mismo conflicto. De hecho, durante la mañana de ayer, y con anterioridad al atentado de Leitza, ya se escucharon voces radicales culpando de la muerte de Hodei Galarraga y su acompañante al fascismo totalitario . El discurso extremista justificará el asesinato del guardia civil presentado en el mejor de los casos como autoinmolación lo ocurrido con los dos miembros de ETA que en la noche del lunes se disponían a sembrar de muerte algún rincón de la geografía vasca. Los apologetas del terror tratarán de que las terribles imágenes que -localizadas en Basurto y en Leitza- han podido contemplar los ciudadanos sean percibidas por estos como si se tratara de una misma explosión cuya espoleta hubiera sido activada desde las instituciones democráticas. Por eso mismo, resultaría deplorable que en medio de su inexplicable apuesta por enfrentarse o desentenderse del empeño para acabar con la impunidad política y legal en que se ha venido acomodando el terror, el nacionalismo gobernante no recobre la cordura suficiente para, con la fuerza de los hechos, obligar al nacionalismo violento a su definitivo desarme.

Primero, la vida
TONIA ETXARRI/ El Correo 25 Septiembre 2002

Que el Gobierno de Ibarretxe necesita ayuda, aunque algunos de los suyos, los más soberbios y radicales, no lo reconozcan, es una hipótesis con la que trabajan todos los partidos vascos. De la misma forma que no se le entendió cuando echó ese pulso al Gobierno de Aznar mezclando la renegociación de nuestro envidiado Concierto con la presencia de Euskadi en la UE, tampoco se comprende que hiciera un plante institucional, a través de la Mesa del Parlamento, para no obedecer el auto de Garzón y mucho menos que presente una querella contra el superjuez por prevaricación. La propia IU se escandalizó, ya que su dirigente Llamazares (amigo y sin embargo disidente de Madrazo en esta cuestión) reconocía que una querella no es la vía adecuada porque supone aumentar la tensión y, por consiguiente, favorece la estrategia de los terroristas (no la del PP como piensa el PNV).

Y si las barbas de su socio de IU ha visto recortar, no es de extrañar que el PNV haya puesto las suyas a remojar cambiando el paso, concediendo medios gestos a la galería y demostrando a los sectores judiciales, empresariales y sociales vascos, que le observan con tanta inquietud y recelo, que no se ha vuelto loco y que sabe lo que quiere.

En este clima de búsqueda de cierta comprensión, cabe enmarcar la decisión del Ejecutivo de agotar las vías legales recurriendo la Ley de Partidos ante el Tribunal Constitucional, en el que no cree el consejero de Justicia. El PNV se ha empleado tan a fondo en la defensa de Batasuna (total, para lo que se lo agradece Otegi) que tiene que medir muy bien sus pasos a la hora de explicar que sólo cumple las leyes que le gustan.

Y si a Batasuna le resulta indiferente que el PNV le eche una manita en su proceso de ilegalización (¿no decían los nacionalistas que no hacía falta una Ley de Partidos porque ya existía la vía penal contra los cómplices del terrorismo?, recuerdan el PSE y el PP ), a ETA le trae sin cuidado. Desde que decidió convertir al PNV en el centro de sus críticas ante el próximo reparto electoral, ha querido recordar que su lobby sigue condicionando la política nacionalista. Ahí están los atentados: los fallidos y los logrados. Dos activistas despedazados por su propio explosivo y un guardia civil muerto y cuatro heridos con una pancarta-trampa de ETA. Éste es el principal problema de Euskadi: el terrorismo.

Todavía faltan meses para las elecciones pero, tal como están las cosas, el PNV ya ha designado a su hombre más popular en Guipúzcoa, el diputado general Román Sudupe, candidato a alcalde de San Sebastián, para que el socialista Elorza se vaya preocupando. Pasado mañana, Ibarretxe contará su plan. Más importante que poner cara de perro al Gobierno de Madrid es poner el bozal a ETA. Primero el derecho a la vida. Luego, y ojalá sea pronto, podremos hablar de política. En Irlanda ya lo están haciendo.

ETA asesina a un guardia civil y hiere a otros cuatro con una «pancarta bomba»
LEIZA (NAVARRA). BEGOÑA LÓPEZ ABC 25 Septiembre 2002

El cabo de la Guardia Civil de 32 años Juan Carlos Beiro Montes, natural de Langreo (Asturias), casado y padre de dos hijos gemelos, fue asesinado ayer por ETA cuando junto a un sargento, que resultó herido de gravedad, procedían a retirar una pancarta bomba que tenía escrito «Gora ETA. GC jota bertan hil» (viva ETA. GC muere aquí). Otros tres agentes resultaron heridos leves.

Los cinco guardias civiles partieron del cuartel de Leiza para realizar un servicio rutinario por la carretera que une este pueblo navarro -gobernado por Batasuna- con el guipuzcoano de Berastegui. La patrulla llegó al límite de las dos provincias, muy cerca de un cartel de carretera en el que se da la bienvenida a los viajeros que entran en la Comunidad Foral de Navarra. A poca distancia de este indicador, los guardias civiles detectaron en un talud la presencia de una pancarta de ETA, por lo que se acercaron para retirarla. Cuando se encontraban próximos a ella -faltaban diez minutos para la una de la tarde- se produjo una explosión que alcanzó de lleno al sargento y al cabo Juan Carlos Beiro López. Los otros tres miembros de la patrulla estaban, al parecer, algo más distantes de la pancarta por lo que sus lesiones fueron de menor importancia.

El cabo, con graves heridas en la piernas y en el abdomen, fue trasladado en una ambulancia medicalizada hasta el Hospital Nuestra Señora de Aranzazu de San Sebastián, después de ser atendido en el lugar de los hechos por un médico y una ATS. Durante el trayecto, el agente sufrió una parada cardiorrespiratoria, de forma que cuando ingresó, sobre las dos y media de la tarde, sólo se pudo constatar su fallecimiento.

El sargento Miguel de los Reyes, de 35 años, también fue trasladado al mismo centro sanitario. Presentaba múltiples golpes y traumatismos por efecto de la metralla. Los médicos procedieron a estabilizarle y, tras ser sometido a un reconocimiento, se observó que ninguno de los órganos vitales estaba afectado. Su pronóstico es reservado. Miguel de los Reyes sufrió otro atentado cuando estaba destinado en el cuartel de Intxaurrondo en San Sebastián y pertenecía a la unidad de desactivación de explosivos.

Los otros tres agentes heridos fueron trasladados a un centro hospitalario de Pamplona. Uno de ellos es un agente de la Agrupación de Tráfico destinado en Málaga que se encontraba en Leiza de forma ocasional, según informaron fuentes de la Benemérita.

La madre se enteró por la TV
Juan Carlos Beiro Montes llevaba alrededor de tres meses destinado en el cuartel de Leiza, según afirmó el concejal de UPN en la localidad Silvestre Zubitur, quien señaló que «parece que no vamos a salir nunca de esto». La madre del cabo se enteró del atentado por televisión tras intentar hablar con él a través del teléfono móvil, informa Ep. Una tía del fallecido, Amalia Mariscal, dijo que «estamos destrozados por lo ocurrido. Todavía no hemos reaccionado porque acabamos de conocer la noticia y no me atrevo a llamar a los padres de Juan Carlos porque estarán destrozados. Esto es totalmente injusto. Es una pena que a un joven con dos niños pequeños y en plena vida lo hayan asesinado», concluyó entre sollozos y sin poder dar crédito a lo sucedido. José Beiro Díaz, el padre del cabo fallecido, aseguró estar «moral y anímicamente desecho». Éste y su mujer se trasladaron ayer tarde desde Langreo hasta Navarra en coches oficiales del Ministerio del Interior, escoltados por agentes de la Benemérita.

Según afirmaron los vecinos, el fallecido era una persona muy ligada a Langreo, a donde tenía previsto ir dentro de quince días para participar en un maratón organizado por el Ayuntamiento. La última vez que visitó a sus padres fue este verano, coincidiendo con las vacaciones.

Los especialistas en desactivación de explosivos del Instituto Armado están analizando los restos de la bomba para determinar las características del artefacto, que contenía entre trece y quince kilos de explosivo. Uno de los extremos que los Gedex deben determinar es si el atentado se cometió mediante un mando a distancia -lo que exigiría la presencia de los terroristas en la zona- o tenía algún mecanismo de arrastre que activaba la bomba al tirar de la pancarta.

Disparos
Veinte minutos después de producirse el atentado, en el cuartel de Leiza se produjo un hecho confuso: un agente realizó un disparo al aire al «haberse puesto nervioso», según se dijo en un principio desde la Delegación del Gobierno en Navarra. Con posterioridad, se señaló que el disparo obecedía a la presencia de un individuo sospechoso y armado en las inmediaciones del cuartel. Varios vecinos de Leiza y un edil de UPN manifestaron que los agentes dispararon hacia una zona de huertas donde se observó la presencia de una persona que emprendió la huida.

El cuerpo del cabo permanecía anoche en la Comandancia de la Guardia Civil de Pamplona y hoy será trasladado a Sama de Langreo (Asturias), donde será enterrado y se oficiarán los funerales, según informó la Delegación del Gobierno en Navarra. No se abrirá capilla ardiente.

Cruz Roja de la Guardia Civil
El ministro del Interior, Ángel Acebes, que se trasladó a San Sebastián para visitar a los heridos y a Navarra para estar al lado de los familiares del fallecido, impondrá hoy al cabo la Cruz Roja de la Guardia Civil.

Diversas instituciones y grupos políticos condenaron el atentado. El Gobierno de Navarra acordó suspender, en señal de duelo, los actos públicos y ruedas de prensa hasta el próximo viernes. Igualmente señaló que el asesinato «implica el desprecio más evidente al derecho a la vida. Al tener como víctima a un miembro de las Fuerzas de Seguridad constituye un ataque y una provocación directa al conjunto de la sociedad y a su libertad, a cuyo servicio y mantenimiento contribuyen decisivamente la Guardia Civil y los demás Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado».

Es la segunda vez en algo más de un año que Leiza es escenario de la violencia de ETA. La última víctima fue el edil de UPN de la localidad, José Javier Múgica, cuya viuda, acudió ayer al lugar del atentado para interesarse por lo ocurrido.

El Foro de Ermua llama a la «rebelión» contra el nacionalismo
ABC 25 Septiembre 2002

El Foro de Ermua ha hecho público un «manifiesto ante la ilegalización de Batasuna» en el que señala, en clara alusión al PNV y a EA, que «las posturas neutrales, intermedias, no son una alternativa ni digna, ni cabal, porque en este país no se ejerce la crítica política, sino que se asesina al adversario».

Aunque el manifiesto del Foro de Ermua está firmado el pasado 22 de septiembre, se hace público el mismo día que ETA vuelve a matar y el PNV anuncia un recurso contra la ley de Partidos.

Así, el texto señala que «la responsabilidad moral de quienes han mirado para otro lado durante mucho tiempo o les daba igual la rendición ante la barbarie con tal de no verse afectados es enorme».

El Foro de Ermua hace hincapié en la responsabilidad de los partidos nacionalistas y acusa a PNV y EA de radicalizarse, a través de las «graves actuaciones y omisiones» que han ejercido desde el poder y «han acelerado el deterioro de la democracia en Euskadi», además de «desprestigiar sus instituciones de autogobierno». En este sentido, señala que esta actitud de los nacionalistas, «se hace particularmente expresiva y bochornosa en estas semanas de septiembre ante el proceso de ilegalización de Batasuna».

«Esta resistencia a la aplicación de la ley -prosigue- (incurriendo prácticamente en desobediencia a las decisiones judiciales y olvidando la separación de poderes que garantiza toda democracia) no es del todo nueva en el nacionalismo vasco».

Así, el Foro de Ermua hace un «llamamiento a la ciudadanía vasca» para comportarse «como ciudadanos libres y responsables que no consienten por más tiempo que nuestro Gobierno autonómico ayude a Batasuna a recuperarse de su presente debilidad, eludiendo la acción de la Justicia».

El Foro resalta los efectos «beneficiosos» de la ley, que se han producido «mucho antes de lo que esperabamos» porque «nunca antes ha sido tan escasa la «kale borroka»» y señala que «estamos en el camino correcto de la paz. Es el momento de hacer frente al miedo y recuperar la dignidad colectiva».

De este modo, el Foro de Ermua llama al pueblo vasco a una «rebelión que hoy es legítima y urgente» y que «en absoluto contribuirá a la «crispación social» sino a que prevalezca la ley». Así, remacha que la «rebelión» es contra «la permanente manipulación victimista de la realidad que realizan los actuales dirigentes nacionalistas y los poderosos medios de comunicación por ellos monopolizados».

ETA, el día después
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL / El Correo 25 Septiembre 2002

Leo declaraciones diciendo que es una tragedia que haya personas en Euskadi dispuestas a matar y a morir. Yo corrijo; no están dispuestas a morir, toman medidas meticulosas para que esto no les pase; están sólo dispuestas a matar.

Hemos entrado en la recta final. La ambigüedad que, como territorio de tranquilidad, permitía una política realista y pragmática ya no es posible. El PNV lo va a comprobar en sus propias carnes. Si no adopta un cambio drástico y valiente, el péndulo clásico se convertirá en una cadena que atenazará sus pies impidiéndole toda salida. Porque, a pesar de todo, el PNV no romperá la legalidad. Pero su discurso rupturista le puede encerrar en una locura autista. El fin de ETA está acelerando la política. Porque el fin de ETA está próximo y cuando llegue se oirá un suspiro enorme, prolongado, que recorrerá todo el país: es la respiración profunda que al salir de una pesadilla emiten al unísono todos los amenazados. Y le seguirá otro, como un eco; la de los padres de presos, manipulados tantos años.

Y sonará, después, un gran griterío: son los que se muerden entre sí, para quedarse con el botín. Será cruel e inmoral, sin miedo ya a los ataques de ETA. Debemos estar atentos a esto, por que no sólo ocurrirá, sino que esta pelea ya ha empezado. Hay elementos de la política vasca y española de los últimos años que no se pueden entender sin esto. Hay actos de nuestra política que sólo van destinados a posicionarse para coger en exclusiva la medalla de la paz. Quedarse con el titulo más preciado de Gran Pacificador de Euskadi .

Pero lo más sorprendente, por no previsto, será vernos todos desnudos, desnudos de argumentos, de razonamientos. Porque más del 90% de las discusiones, propuestas, actividades están lastradas por ETA, sin ETA no tendrían sentido. Y también, y esto me parece de suma importancia, porque este lastre se ha convertido con los años en velo perfecto que oculta nuestras propias carencias, nuestra propia impotencia para construir una sociedad vasca unitaria y compartida.

Será una desnudez total, repentina que nos obligará a comenzar a construir nuevos razonamientos políticos casi ex novo . Los nacionalistas deberán explicar por qué es bueno ser nacionalista, y deberán argumentarlo para convencer a la población. Cosa parecida les pasará a los no nacionalistas.

El día después lanzará de golpe al nacionalismo al siglo XXI. Deberá hacer una revisión profunda de sí mismo si quiere sobrevivir.

El botín de los 180.000 votos del mundo radical está funcionando como espejismo del nacionalismo democrático. Este botín va a crear, está ya creando, tensiones dentro del nacionalismo. EA fundamentalmente planteará una fuerte pugna para hacerse con el botín. Lucha que en la práctica será contra Batasuna y contra el PNV. Respecto al PNV, funcionará como imán, una atracción permanente que le dificultará sobremanera hacer un planteamiento autónomo, cayendo reiteradamente en radicalismos políticos. El haber dejado intactos, sin ninguna crítica, los planteamientos políticos de ETA supondrá una enorme factura que deberá pagar el nacionalismo con una fuerte disputa interna.

Y las víctimas serán manipuladas. Partiendo de planteamientos morales ciertos, algunos colectivos intentarán exigir privilegios que no les corresponden. Y fundamentalmente porque plantearán esta discusión como la base de la pacificación social. Existe la tendencia a plantear la compensación a las víctimas como pacto fundacional de la nueva sociedad liberada. Repetidamente me hacen la siguiente pregunta: ¿Cómo podrá cruzarse una víctima con el asesino por aceras de nuestros pueblos?, creando con esta pregunta una tensión insoportable para la sociedad futura. Yo respondo con frase obvia. Pues mejor, muchísimo mejor que en la actualidad, que a la condición de víctima tienen que añadir la humillación y el escarnio del insulto. Ese cruce en la acera que tanto preocupa a los pacificadores de la sociedad futura será mucho más normal y conferirá a las víctimas la dignidad que ahora no tienen. La víctima caminará sin rencor, pero con la cabeza erguida, y el asesino bajará la mirada y cambiará de acera.

La pacificación social va a ser nuestro gran reto. Pero no entendida como liquidación de facturas pendientes. Yo apuesto por la pacificación como el esfuerzo conjunto en la construcción de la casa común vasca. Como la creación de una sociedad a la que todos reconocen su pertenencia. Ésta es nuestra gran carencia y nuestro reto verdadero. Hoy la sociedad vasca no es única. Existen varias totalmente incomunicadas entre sí. Que se ignoran y combaten entre sí. Tenemos un desconocimiento enorme del otro. Y sobre todo ignoramos totalmente el sufrimiento del otro. A lo largo de los años hemos ido creando sociedades aisladas, que han interpretado la realidad y a sí mismas de forma diferente. Es realmente difícil de entender que personas que cotidianamente nos vemos, nos comunicamos, nos rozamos, hayamos sido capaces de elaborar unas visiones de la realidad, del yo, tan diferentes. Y que esas diferencias del yo, y por tanto del nosotros, se basen básicamente en agravios frente al otro (los otros).

Yo planteo la necesidad de contar historias para crear un fondo común de conocimiento. Historias honestas que serán totalmente diferentes entre sí. Historias que nos contarán que el mismo hecho, la misma situación, las han vivido de forma totalmente diferente. Me parece importante la historia como mecanismo para conocer al otro. En la actualidad no contamos historias verdaderas. Contamos antihistorias. Historias creadas desde nuestro campo para atacar al contrario. Y aquí las historias de las víctimas, de los amenazados, tienen un papel relevante aunque sólo sea para comprender la magnitud del dolor que ha generado el terrorismo. Y serán interesantes también las historias de los presos, historias contadas desde la penumbra, desde un laberinto cerrado por la locura y el abandono de la razón. Espero que venga en nuestra ayuda el arte; fundamentalmente el cine y la literatura. Porque sin ese conocimiento del otro va a ser muy difícil la pacificación interna de la sociedad vasca. El reconocer que somos la misma sociedad con gente tan diferente.

El día después comienza en Euskadi, palabra proscrita últimamente, una aventura interesante. Se nos abre una oportunidad nueva. Tenemos la opción de iniciar el camino de un nuevo ciudadano. Porque en el siglo XXI no va a ganar ni el nacionalismo actual ni el antinacionalismo. Tendremos la opción de redefinir la nueva democracia urbana europea. Con una presencia enorme del individuo liberado de la tiranía del grupo o la religión. De un nuevo ciudadano que, siendo fundamentalmente individuo, quiere pertenecer simultáneamente a diferentes colectivos. Pero ésta es otra historia y otro debate. Debate que con la muerte de ETA será posible.

Una razón más
JOSEBA ARREGI / El Correo 25 Septiembre 2002

El asesinato del guardia civil Juan Carlos Beiro es una razón más para luchar contra ETA y hacer todo lo posible para que desaparezca, para que no pueda actuar más, para que no pueda producir víctimas. Este guardia civil es, por el momento, la última víctima del planteamiento totalitario de ETA, no sólo de sus modos y métodos de actuación. Es, por eso, una razón más para negarse a cualquier tipo de negociación sobre el conjunto, parte o alguno de los elementos de ese planteamiento totalitario.

Es una víctima más. Podían haber sido más, no sólo entre Leitza y Berastegi, sino también en los tres atentados fallidos en Bizkaia en las últimas semanas. Habrían sido más razones para la misma conclusión.

Todos los partidos políticos -menos uno cuya ilegalización se está tramitando entre tanta polémica- han condenado, a través de sus representantes, este asesinato y han transmitido su sentimiento de dolor a los familiares de las víctimas, del asesinado y de los otros cuatro guardias civiles heridos. Hasta ahí llega el acuerdo. Incluso me atrevería a decir que el acuerdo alcanza un paso más allá: todos -menos los que no sólo no están interesados en ello, sino que buscan con enorme ahínco impedirlo- invocan la necesaria unidad de los demócratas para luchar contra el terrorismo de ETA, pensando, eso sí, que son los demás partidos los que deben hacer algo para recomponer dicha unidad, pues uno mismo no tiene ninguna responsabilidad en su ruptura.

Durante dos o tres días hablaremos de ETA, de su terror, de las víctimas, del dolor de los familiares. Y cuando hayan pasado esos dos o tres días, volverá la discusión a centrarse en algo distinto, en si la búsqueda de la ilegalización de Batasuna es democráticamente defendible o no, en si la aplicación del Código Penal en el auto del juez Garzón se ajusta a derecho o no, en si en democracia, una vez condenada firmemente la violencia, es legítimo defender cualquier idea, cualquier planteamiento político, cualquier fin político o no.

Y el mundo democrático volverá a poner de manifiesto su desunión, y Batasuna, a pesar de las dificultades que el auto de Garzón y el procedimiento abierto para su ilegalización le impongan, estará satisfecha. Y ETA, a pesar de la situación de debilidad que puede estar atravesando, si es que esta constatación es cierta, se alegrará por la forma en que la democracia que tanto detestan y que quieren destruir les ayuda, por su desunión, en los tiempos difíciles.

Hace bastante tiempo que escuché al lehendakari Ibarretxe decir que todos podíamos hacer más para conseguir la paz. Algunos pensamos que ese más empieza por escribir con minúsculas la palabra paz y no esperar la solución de todos los conflictos, sino simplemente que desaparezca el terror y la amenaza de nuestras vidas diarias. Pensamos que para conseguir la paz, algo que implica acabar con ETA y con su terror, es preciso percibir el carácter totalitario del conjunto de los planteamientos de ETA y de su entorno, que no condenará el último atentado y que se regocijará de la falta de unidad de los demócratas.

Algunos pensamos, no sé si muchos o pocos, que para conseguir la paz, y por consiguiente para acabar con ETA y su terror, es necesario minar la fuerza que pueda tener, y que esa fuerza no radica sustancialmente en el número de los comandos, en la infraestructura con la que puedan contar, en las armas que posean o que consigan, sino en la legitimación social que puedan sentir. Algunos pensamos, pues, que para conseguir la paz con minúsculas es preciso ver y percibir con claridad el carácter totalitario de los planteamientos de ETA y de su entorno, y distanciarse radicalmente de ellos, deslegitimarlos para que no se pueda dar su reproducción social.

Algunos pensamos que, puesto que lo que busca ETA es la desestabilización institucional, deslegitimar y hacer inviables las instituciones queridas mayoritariamente por los ciudadanos vascos, destruir la pluralidad de la sociedad vasca para crear un paisaje homogéneo en el que sólo existan iguales en el sentimiento de pertenencia comunitaria y étnica, lo que es preciso hacer es defender las instituciones que nos hemos dado, el Estatuto que las legitima, defender y desarrollar como valor precioso a preservar el carácter plural del sujeto político vasco, ese carácter que hace necesario que la sociedad vasca cuente con instituciones que no se cierran en y sobre sí mismas, sino que están abiertas a ser participadas por ámbitos superiores, y abiertas a participar también en otros ámbitos superiores.

Claro que podemos hacer más para acabar con ETA: por ejemplo, convencernos de que es posible acabar con ella. Pero no sólo podemos hacer más para acabar con ETA: debemos hacer más: pensar en ciudadanos de identidades plurales, hacer pedagogía política a favor de la complejidad y en contra de la homogeneidad, hacer ver a todos los ciudadanos que lo que se desprecia, lo que se declara extraño, inasumible, a fin de cuentas no suele ser más que aquella parte de uno mismo que uno es incapaz de reconocer. Es decir: que lo extraño es, la mayoría de las veces, lo más propio, aunque inasumido e irreconocido, de uno mismo.

Y si vamos haciendo todo eso que podemos y debemos hacer para acabar con ETA nos daremos cuenta de que la labor de las fuerzas de seguridad -Ertzaintza, Guardia Civil, Policía- está políticamente legitimada, es la base y el núcleo de lo que denominamos política, crea el espacio de seguridad, libertad y derecho necesario para que la convivencia civilizada sea posible, dejaremos de contraponer labor policial a labor política -con la connotación negativa de lo primero y positiva de lo segundo-, dejaremos de contraponer la labor de las fuerzas de seguridad a diálogos que por lo visto sólo son posibles en espacios que no necesitan ni de seguridad, ni de derecho, ni de libertad.

ETA ha asesinado a un guardia civil. Defendía institucionalmente la libertad, el derecho y la seguridad ciudadanos. Defendía el espacio democrático. Defendía a los ciudadanos. Defendía la patria constituida por la seguridad, el derecho y la libertad Por eso lo han matado. Sabemos, si queremos verlo, lo que tenemos que defender.

Llorar de oficio
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 25 Septiembre 2002

Me había hecho el firme propósito de no dejar pasar una muerte violenta sin decir una palabra de protesta y consuelo. Me parecía un propósito loable. Hoy me he dado cuenta de que, como tantos propósitos en apariencia buenos, éste mío ocultaba una trampa que me había tendido a mí mismo y en la que podía acabar cayendo. Porque hoy, al disponerme a escribir este artículo tras oír la noticia de un nuevo atentado mortal, me he sentido a mí mismo como el enterrador, que, cuando oye tocar a muerto, sabe que tiene que ponerse a cavar una tumba. Como obligado a llorar de oficio. La manera más hipócrita de llorar.

El muerto no era además una de esas personas relevantes que, por su propia posición política o social, generan un ambiente de especial consternación y que sugieren reflexiones importantes. Era un guardia civil, un número , que, como el resto de sus compañeros, ocupaba el último puesto en el escalafón de quienes concitan sentimientos de piedad y solidaridad en esta sociedad nuestra. Uno de esos a los que, como al enterrador enterrar y al articulista llorar, parece que les toca, también de oficio, morir. Morir, por supuesto, asesinados.

Por otra parte, la casualidad ha querido que, apenas unas horas antes de este atentado mortal, hayan muerto en Bilbao, víctimas de su propio fanatismo, dos jóvenes militantes de ETA. He pensado que este hecho fortuito, no deseado por nadie, estaría llamado a causar en la población mayor consternación que el asesinato premeditado de cualquier guardia civil. La juventud de los protagonistas y su militancia todavía idealizada ayudan a olvidar el propósito asesino que los animaba. Como si, mientras los otros mueren de oficio, éstos -los todavía tan nuestros - murieran y mataran por un ideal.

En estas circunstancias, llorar por el guardia civil asesinado me ha parecido una obligación. Una de esas ocasiones en las que llorar de oficio, más que señal de hipocresía, constituye un acto, no sólo de humanidad, sino de dignidad y reconocimiento democrático.

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