AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 28 Septiembre  2002
DESAFÍO POLÍTICO, DISPARATE JURÍDICO
Editorial El Mundo 28 Septiembre 2002

Calma frente a la deslealtad
Editorial La Razón 28 Septiembre 2002

El destape de Ibarretxe
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 28 Septiembre 2002

La peor opción
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 28 Septiembre 2002

El nacionalismo en su laberinto
Editorial ABC 28 Septiembre 2002

Hartos de los políticos vascos
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 28 Septiembre 2002
 

El socio Ibarretxe
Jaime CAMPMANY ABC 28 Septiembre 2002

El lehendakari de la mitad de los vascos
Editorial El País 28 Septiembre 2002

El proyecto de Ibarreche
José Antonio VERA La Razón 28 Septiembre 2002

Contra la necedad, imaginación
M. Martín FERRAND ABC 28 Septiembre 2002

El melón de la soberanía compartida
Luis IGNACIO PARADA ABC 28 Septiembre 2002

Artículo 155
Enrique de Diego Libertad Digital  28 Septiembre 2002

Nacionalismo revenido
ANTONIO GALA El Mundo 28 Septiembre 2002

En la orilla de los terroristas
Ignacio Villa Libertad Digital  28 Septiembre 2002

PNV: forzar el límite
EDITORIAL Libertad Digital  28 Septiembre 2002

Las competencias ya no son suficientes
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital  28 Septiembre 2002

El cántaro vasco
MARTIN PRIETO El Mundo 28 Septiembre 2002

El niño de la foto
FERNANDO ONEGA El Mundo 28 Septiembre 2002

El terror
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 28 Septiembre 2002

El miedo cambia de bando
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 28 Septiembre 2002

El callejón de Ibarretxe
Editorial El Correo 28 Septiembre 2002

Viva Puerto Rico
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 28 Septiembre 2002

Los cincuenta de Leitza
FERNANDO VALLESPÍN El País 28 Septiembre 2002

Ruptura «con naturalidad»
CHARO ZARZALEJOS ABC 28 Septiembre 2002

Las lentejas de Ibarretxe
TONIA ETXARRI/ El Correo 28 Septiembre 2002

Con toda naturalidad
EMILIO ALFARO El País  28 Septiembre 2002

El jardín del lendakari
FERNANDO ONEGA La Voz 28 Septiembre 2002

Radicalización y ruptura social

RAFAEL AGUIRRE/ El Correo 28 Septiembre 2002

La propuesta de Ibarretxe
ANTONIO PAPELL/ El Correo 28 Septiembre 2002

Mayor denuncia que el plan del lendakari tiene «un capitán, un jefe y un juez», que es ETA
J. J. SALDAÑA ABC 28 Septiembre 2002

Ibarreche desafía al Estado y pide la independencia para el País Vasco saltándose la Constitución
E. Mejuto - Vitoria.- La Razón 28 Septiembre 2002

Un grupo de radicales incendia un autobús de Euskotren en Santurce
VASCO PRESS BILBAO El Correo  28 Septiembre 2002

Detienen a tres radicales catalanes por su vinculación con ETA
Josep Clemente - Barcelona.- La Razón 28 Septiembre 2002
 



 

DESAFÍO POLÍTICO, DISPARATE JURÍDICO
Editorial El Mundo 28 Septiembre 2002

Algunas actuaciones últimas del Gobierno presidido por Juan José Ibarretxe habían abierto la expectativa de que el PNV regresaría a la cordura. El delirante discurso pronunciado ayer por el lehendakari en el Parlamento de Vitoria ha evaporado por completo las esperanzas, convirtiendo en un sarcasmo el epíteto de nacionalismo moderado para referirse al PNV. Es más. Una vez escuchada la intervención de Ibarretxe, lo que cabe preguntarse es si las personas que actualmente dirigen este partido, mayoritario en la sociedad vasca, están en su sano juicio o se han instalado definitivamente en el disparate político y jurídico.

El lehendakari afrontaba este debate de política general en la Cámara vasca en una situación difícil. Su Gobierno -dividido internamente- había sido duramente atacado por los radicales de Batasuna por haber cerrado sus sedes y prohibido sus manifestaciones en cumplimiento de la legalidad. Y en lugar de hacer frente al desafío del entorno terrorista -y «avanzar contra el terror», como dijo Aznar-, ha optado por plantear una propuesta cuyo objetivo es la separación del País Vasco de España. Ibarretxe propone al Estado «un nuevo pacto» basado en el «reconocimiento de la identidad nacional» vasca «y en la libre asociación a un Estado plurinacional» con el fin de lograr la «soberanía compartida».El ejemplo más claro de este status jurídico es el que tiene Puerto Rico con Estados Unidos desde 1951, medio siglo después del proceso de descolonización española.

Soberanía nacional
No merece la pena glosar las abismales diferencias históricas que separan ambas situaciones. Como ayer le respondió el líder del PSE, Patxi López, Ibarretxe «ha echado por tierra todos los principios básicos asumidos, posiblemente, desde la Ilustración y ha puesto encima de la mesa el nacionalismo más desfasado y más antiguo de la Historia». Y, además, lo ha planteado sabiendo perfectamente que le será imposible llevarlo a la práctica. Porque el camino hacia el separatismo no puede pasar, como él pretende, por el respeto a la legalidad constitucional y estatutaria. Ambas vías son incompatibles.

Ni siquiera si todos los votantes del PNV y EA -cosa que está por ver- compartieran la idea de separarse de España sería esto posible, porque más de un 40% de la sociedad vasca vota a partidos no nacionalistas que se consideran españoles. Y porque millones de ciudadanos de todo el Estado -que han dado su representación a los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP- están dispuestos a defender la legalidad democrática.

Tampoco resisten el más mínimo análisis los pasos concretos con los que el lehendakari quiere convertir al País Vasco en un Estado Libre Asociado. Vayamos por partes. Ni la Disposición Adicional Primera de la Constitución ni la del Estatuto de Guernica pueden invocarse, como ayer hizo Ibarretxe para amparar su iniciativa.Los «derechos históricos» a los que alude la Carta Magna no se refieren al sujeto de la soberanía, sino que son un límite que el Estado se obliga a respetar. El propio texto especifica que «la actualización del régimen foral se llevará a cabo en el marco de la Constitución». Otro tanto cabe decir de la Disposición del Estatuto de Guernica. El artículo 46 citado por el lehendakari establece que la reforma del Estatuto «habrá de ser aprobada por la mayoría absoluta del Parlamento vasco» y requerirá la aprobación de las Cortes Generales por idéntica mayoría. Dos requisitos que ni de lejos pueden cumplirse.

Aplacar a ETA
Quiere asimismo Ibarretxe que su ilusorio país tenga el estatuto de «Estado asociado ante la Unión Europea». Es imaginable el escepticismo que esta iniciativa habrá provocado en Bruselas.También su pretensión de asumir unilateralmente las transferencias que se le niegan es «jurídicamente inviable», según el ministro de Justicia y los máximos expertos en la materia. El Gobierno central tiene en su mano la capacidad para recurrir todas y cada una de las competencias que Ibarretxe pretenda arrebatarle. De todas las que citó -hasta 19, incluyendo Justicia, puertos y aeropuertos, Seguridad Social y políticas activas del INEM- lo único que está en su mano es la ampliación de la Ertzaintza en 200 agentes que el Gobierno central se niega a pagar. El lehendakari aseguró que el presupuesto necesario para estas plazas lo descontará del Cupo. Una medida que viola la legalidad vigente y que será recurrida por el Gobierno ante el Constitucional. Si descuenta el coste de los nuevos agentes del Cupo, el Ejecutivo central podría hacer lo mismo con otra competencia que le transfiera.

Al margen de que todo ello sea inviable desde el punto de vista jurídico, lo más importante es que el Gobierno -con el respaldo del PSOE- no está dispuesto a «tolerar», según dijo ayer Aznar, que nadie quiera llevar al País Vasco «al abismo» ni que se destruya el Estado de las Autonomías. Ante este desafío, no estaría de más que el presidente y el líder de la oposición se reunieran para dejar claro que combatirán legalmente la iniciativa separatista de los nacionalistas vascos. Que el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, haya saludado la propuesta con alborozo puede conducir al desastre a la coalición, porque otros dirigentes como Frutos la han descalificado.

El PNV, probablemente, ha querido aplacar a la fiera asumiendo los planteamientos de ETA y Batasuna en una especie de Estella II, aunque sin tregua. Pero, como ayer advirtió Jaime Mayor Oreja, la banda terrorista les «maltratará» porque «nunca estarán a la altura de su ritmo y calendario». Y se exponen, además, a que el Estado constitucional utilice todos los recursos legales para impedir que sus propósitos tengan el más mínimo futuro.

Calma frente a la deslealtad
Editorial La Razón 28 Septiembre 2002

El discurso del presidente del gobierno autónomo vasco, el lendakari Ibarreche, no tiene más importancia que la que se le quiera dar. Y no la tiene, porque el discurso último, el que subyace bajo las nada imaginativas fórmulas de la «soberanía compartida» y «estado libre asociado», es el de romper la unidad de la Nación española, tal y como la consagra el artículo 2 de la Constitución. Artículo, por otra parte, que deja poco lugar a dudas e interpretaciones: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas».

Estamos, pues, ante uno de los ejercicios de deslealtad, no exento de una cierta cobardía, al que nos tiene acostumbrado un sector del nacionalismo vasco que, mientras clama por la paz, se aprovecha del terror que imponen las pistolas de ETA para atacar a la unidad de la Nación española.

El lendakari, naturalmente, no pide la independencia del País Vasco de una manera clara porque, desde su posición institucional, podría llegar a caer en la comisión de un delito tipificado en el Código Penal. Si algo caracteriza al nacionalismo vasco encarnado en el PNV es su habilidad para mantener la estrategia de la tensión sin que haga crisis. Desde aquí rogamos para que mantengan esa «habilidad» porque un error por su parte podría traer consecuencias de graves proporciones para la vida de un país, España, que lleva cuatro décadas avanzando en libertad, conformándose como una de las grandes naciones democráticas del mundo y convirtiendo a sus ciudadanos en gentes pacíficas, generosas y con fe en el futuro.

Por ello, es importante mantener la calma y advertir lo que hay de provocación gratuita en el discurso del lendakari. Porque gratuito es proponer desde una de las instituciones del Estado, como lo es el Parlamento autónomo vasco, el incumplimiento de las leyes vigentes. Pretender modificar el estatuto de Autonomía sin cambiar la Constitución es un «imposible jurídico» y eso lo sabe perfectamente el señor Ibarreche. Proponer unilateralmente un referéndum, cuando el artículo 149 de la Carta Magna especifica claramente que el Estado se reserva la competencia exclusiva «de la autorización para la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum», no deja de ser una provocación. Introducir en medio del debate de la lucha contra el terrorismo un cambio de la estructura territorial y legal del Estado no es más que un gesto, vacío, de deslealtad.

De ahí que no sea conveniente que el Estado entre en un juego tan inútil como peligroso. A los españoles, incluidos los vascos, les amparan las leyes y son las leyes las únicas medidas que hay que aplicar. Porque aunque Ibarreche crea lo contrario, aquí de lo que se trata es de acabar con la violencia etarra, recuperar para el País Vasco la libertad plena y hacer cumplir las leyes.

El destape de Ibarretxe
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 28 Septiembre 2002

En el debate de política general celebrado ayer en el Parlamento vasco, lbarretxe ha llegado virtualmente al final del destape, al mostrar sus aspiraciones sobre el futuro del País Vasco, por lo que, tras una atenta lectura de su intervención, no cabe sino la estupefacción y el asombro. En efecto, no he podido sustraerme, en dicha lectura, al recuerdo de esa anécdota que cuentan, durante la II República, en que una avispada propietaria, después del anuncio de la reforma agraria, dijo aquello de «pues no está mal, entre lo que tengo y lo que me toque en el reparto...».

Tal es, en mi opinión, la base de los argumentos del lehendakari, pues utiliza la Constitución cuando le conviene y la desborda o descarta cuando también quiere. Pero vayamos por partes. En primer lugar, Ibarretxe no actúa como el presidente del Gobierno de todo el pueblo vasco, sino que lo hace identificando una parte con el todo. Sin duda lo que él reivindica es a lo que aspiran, de entrada, los nacionalistas más exacerbados, pues lo que pide a la larga sin subterfugios es un Estado vasco virtual. De este modo, se alinea en la defensa de una independencia de facto, que no desean ni siquiera gran parte de los votantes del PNV y, por supuesto, la repudian todos los votantes de los partidos nacionales, que son más del 40% del electorado vasco. De ahí que parezca que habla como el líder de un partido único en Euskadi, cuando no es así, pues la democracia no es sólo la regla de la mayoría, sino también la defensa de las minorías y el lehendakari no puede reivindicar cosas que no admite casi la mitad del pueblo vasco. Por eso, resulta sorprendente que ataque a la Ley de Partidos Políticos, porque según él no acepta la pluralidad, lo que no es verdad, y en cambio no respeta la opinión de los votantes de los partidos nacionales o constitucionalistas.

En segundo lugar, ataca al Gobierno central por no haber desarrollado el Estatuto de Gernika, haciendo las transferencias, según él, debidas, y, en vista de ello, anuncia que el Gobierno vasco las desarrollará unilateralmente pasando el costo al Estado, con lo cual quien no respeta el Estatuto y la Constitución es él.Es más: llega a decir paradójicamente que «nada produce tanta desazón como constatar la impunidad con la que se incumplen las leyes...». ¿Recuerda, por casualidad, lo que supuso el Pacto de Lizarra o la convocatoria de todos los ayuntamientos vascos, al margen de la Constitución, por no citar más que dos ejemplos significativos?

Pero, en tercer lugar, sus propuestas llegan a ser claramente inconstitucionales, por ejemplo, cuando propone la creación de un poder judicial vasco fuera de la organización judicial de todo el Estado, cuando reivindica la posibilidad de establecer vínculos especiales con Navarra, lo que se asemeja a una federación, eventualidad que prohíbe el artículo 145 de la Constitución, cuando pide la capacidad de convocar referéndums de forma autónoma en contra del artículo 92 de la Constitución o, por supuesto, cuando preconiza un nuevo pacto político con el Estado para incorporarse «por libre asociación» a un verdadero Estado plurinacional, como si el País Vasco fuera un sujeto soberano en igualdad de condiciones que el resto de España y ni siquiera se inmuta al pensar en el ejemplo de Puerto Rico. ¿Ha olvidado cómo pasó Puerto Rico a manos de Estados Unidos? Este país que siempre se ha erigido en campeón del anticolonialismo, es decir, en contra de los colonialismos extranjeros, ¿sería consecuente en aplicar la fórmula si los puertorriqueños lo decidieran así? ¿Se ha olvidado igualmente por ventura de lo que ocurrió a los estados sudistas, hace siglo y medio, cuando la Constitución americana era debatible, y de la respuesta que dio Abraham Lincoln ante el hecho consumado? Sin duda el lehendakari verá la diferencia que hay entre Puerto Rico y Alabama, por ejemplo. Y para qué seguir.

Con todas las insuficiencias que se quiera, el Estado español actual es un Estado de Derecho y, probablemente, uno de los más progresistas del mundo, a pesar de todo. La autonomía de que goza el País Vasco es enormemente amplia, aunque a no dudar se puede conseguir más. Pero para ello hay que utilizar los cauces establecidos en la Constitución y si no bastan habría que reformarla, pero siempre que se siga lo expuesto en ella. Incluso cabe defender la independencia de una parte del territorio nacional de forma pacífica, siempre que se sigan las normas propias de una democracia constitucional, tal y como he expuesto en estas páginas (19 de junio de 2002). Pero querer servirse de la Constitución cuando a uno le conviene y saltársela a la torera cuando le viene en gana es evidentemente practicar el chantaje y casi el terrorismo institucional, porque sería lamentable que el Gobierno vasco, que dice perseguir el terrorismo convencional que practica ETA, cayese también en otra forma más sibilina, pero también destructora del Estado de Derecho, como es la que parece asumir el lehendakari en la hora actual.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

La peor opción
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 28 Septiembre 2002

EL valor del discurso de Juan José Ibarretxe -pronunciado más como militante del PNV que como presidente del Gobierno vasco- es extraordinario. Y lo es porque, después de 108 años de historia, el PNV ha activado formalmente su llamado «programa de máximos». ¿Por qué han tardado los nacionalistas más de un siglo en exponer sin cautelas ni ambigüedad sus auténticas intenciones políticas? Una buena pregunta que ya tiene una razonable contestación: porque nunca como en esta coyuntura el nacionalismo percibió más riesgo de convertirse en un movimiento en franca recesión. La suspensión judicial de actividades de Batasuna y su próxima previsible ilegalización, así como el progresivo debilitamiento de la banda terrorista ETA, han roto la estrategia oportunista del PNV y su simulación moderadora y desatado en el seno del conjunto del nacionalismo vasco una decisiva batalla por la hegemonía.

Ibarretxe cumplió ayer con la consigna de su partido: lanzar un mensaje convincente a los electores de Batasuna para, sumados a los suyos, apuntalar el régimen nacionalista en el País Vasco. Y de nuevo el PNV se ha equivocado. Entre la posibilidad del constitucionalismo y la autonomía estatutaria y la renovación de los arcaísmos fundacionales y la ocasión de desatar sus visceralidades, ha optado por lo segundo. El error es político, desde luego, pero también lo es moral. Es un doble error que añade un tercero más imperdonable si eso fuese posible: la opción radical se hace al margen de la sociedad vasca y contra una buena parte de los ciudadanos vascos. Porque ni el PNV, ni el Gobierno que preside Ibarretxe están ni legitimados ni mucho menos mandatados para proponer a los vascos -y de rebote a todos los españoles- nada menos que un proceso constituyente cuyo objetivo sería quebrar la soberanía nacional que, por norma constitucional elementalísima, reside en el Pueblo Español y de la que se deriva sin solución de continuidad la legitimación democrática desde la que Ibarretxe pronunció ayer su discurso.

Y esta es, en definitiva, la cuestión: una huida hacia adelante que más que pretender los objetivos que proclama intenta causar el máximo daño a la convivencia nacional, romper el pacto constitucional y estatutario y lanzar al Estado un desafío que obtenga una respuesta lo suficientemente adecuada para renovar el victimismo y recrear las condiciones en las que el discurso incompetente del PNV resulte mínimamente creíble. Porque si de verdad los nacionalistas e Ibarretxe creyesen en la viabilidad de un Estado vasco «asociado» -la independencia- habrían apelado a la sociedad vasca, tras disolver el Parlamento. Ni lo han hecho, ni lo harán porque saben que hacerlo sería diferir la independencia del País Vasco a la eternidad y, así, sentenciar la inviabilidad de un nacionalismo que no sea un gestor leal y exigente del autogobierno que recoge el Estatuto de Guernica de 1979.

Claro está que la propuesta independentista y su cortejo de medidas, todas ellas desafiantes, provoca al Estado un serio problema al que habrá de responder con firmeza y serenidad, muy en la línea y el tono utilizados por el vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy. Pero -que nadie se engañe- el grave problema se lo ha planteado Ibarretxe a la sociedad vasca, a la que propone un desgarro insuperable de su identidad histórica y actual, a la que invita a un retorno a las tesis defendidas con el crimen por el terrorismo de ETA, a la que expone un futuro de imposible autarquía y de anacronismo social y cultural. Es el Estado el que debe responder a través de los mecanismos de impugnación de actos y resoluciones que puedan dar forma en el futuro a las palabras de Ibarretxe, pero son los vascos los más directamente concernidos por los planteamientos del PNV. Y no sólo los vascos que suman vasquidad y españolidad sin conflicto alguno, sino, especialmente, aquellos que hacen de su nacionalismo una conducta electoral permanente desde finales de los años setenta hasta el presente, en la suposición, quizá, de que este momento no llegaría nunca. Por suerte ya no hay margen para el error, ni para la confusión, ni para la ambigüedad. La comunidad de fines entre el PNV y ETA es manifiesta y se explicita de manera nítida, aunque entre bambalinas lata esa pelea interna en el nacionalismo.

A los vascos les corresponde la opinión, en su caso la movilización y, por razones elementales, la reclamación de que se cuente con su voto. Porque las propuestas nacionalistas ayer lanzadas en el Parlamento de Vitoria no pretenden una reforma del Estatuto -son exactamente lo contrario-; tampoco están amparadas por la Constitución porque llevan implícita la vocación de romperla, no de modificarla; mucho menos responden a realidades históricas, económicas, culturales o de otra naturaleza sino a la materialización de una proposición independentista reactiva formulada en 1895 y que, como un reliquiario fetichista, ha llegado a nuestros días. El problema vasco lo es de todos, pero sobre todo de los vascos. Llegados a estas alturas, la sociedad española debe y puede ayudar, el Estado debe y puede preservar los valores constitucionales y el imperio de la ley. Sociedad y Estado parecen tener claro cuáles son sus obligaciones y cuáles sus principios, pero ¿saben los vascos cuáles son los suyos? Y si lo saben -que muchos lo saben- ¿están dispuestos a hacerlos valer? Ya no se puede aducir ignorancia; tampoco lucubrar sobre buenas intenciones; mucho menos desconocer que la comunidad de fines entre el nacionalismo y ETA llega al punto de la identidad de propósitos. Ya todo está tan claro que resulta obscenamente aleccionador. Y no trato de resultar hiriente con la expresión obscenidad, sino descriptivo. Ibarretxe fue ayer políticamente obsceno porque desea una rápida y encendida reacción que afirme al PNV y apriete sus filas. Nada peor ni más inoportuno que responder a este envite sin inteligencia y sin serenidad. La réplica tiene que partir de un buen diagnóstico y una correcta definición de la terapia. Si la auscultación de los propósitos nacionalistas es superficial y desconoce el inmenso problema que ellos mismos se han creado y han creado a la sociedad vasca, el PNV podría camuflar cómodamente su despotismo -todo para el pueblo pero sin el pueblo- y el dislate de querer convertir Vitoria en San Juan de Puerto Rico.

El nacionalismo en su laberinto
Editorial ABC 28 Septiembre 2002

Tras el discurso pronunciado ayer por el lendakari Ibarretxe en el Pleno de Política General del Parlamento Vasco, es evidente que los nacionalistas han abandonado definitivamente el apreciado posibilismo de antaño. Lo que ofrece el PNV a la sociedad vasca es, ante todo, un laberinto en el que es fácil entrar y muy complicado salir. Ignorando estos peligros reales para la sociedad vasca, Ibarretxe concretó las aspiraciones soberanistas de su gobierno y de su partido en una fórmula de libre asociación de Euskadi con España, según un proyecto que estará listo dentro de un año, partiendo, claro está, del reconocimiento y ejercicio del derecho de autodeterminación. Esta vuelta a los tiempos de la Transición -en la que el PNV defendió el pacto con la Corona y otros mitos como la independencia originaria- implicaría la aceptación del pueblo vasco como sujeto con identidad nacional propia, de un poder judicial vasco y de la presencia directa de las instituciones vascas en Europa. La fórmula elegida para romper el pacto constituyente y estatutario estaba ya anunciada en el Dictamen de Autogobierno que aprobó el Parlamento vasco el 12 de Julio pasado y ayer la recordó Ibarretxe: una combinación de derechos históricos y de disposiciones adicionales para legitimar la autodeterminación del pueblo vasco, que se recogería en una modificación del Estatuto de Guernica, promovida por el Parlamento de Vitoria.

La propuesta del lendakari despeja así las intrigas que los nacionalistas habían cultivado con esmero desde el Pleno de Política General que se celebró hace dos años, cuando Ibarretxe anunció, entre sus compromisos éticos y democráticos, que había que respetar la decisión «de los vascos y vascas» sobre lo que éstos querían ser. Desde entonces, el rumbo del nacionalismo ha sido fijo, sin desviarse ni parar por el terrorismo. Queda claro que ETA no ha condicionado la agenda de Ibarretxe, como gusta decir en una de sus frases célebres. Lo que realmente ha sucedido es que ETA no existe en la agenda del lendakari, empeñado en tratar el terrorismo como un espejismo que no debe perturbar la apacible contemplación de la Arcadia nacionalista, generosa en bienestar y servicios sociales, aunque no tanto en libertades. Por eso, el proyecto de Ibarretxe no es un proceso de paz, sino sólo de soberanía, que aspira, sin importarle, a un objetivo jurídica y políticamente imposible. La Constitución y el Estatuto nunca han remitido a unos derechos históricos indeterminados, a la carta del nacionalismo. Ambas leyes son las que renuevan y desarrollan tales derechos, de manera que fuera del doble pacto constitucional y estatutario no hay derechos históricos pendientes de desarrollar. Ibarretxe y el PNV podrán manipular cuanto quieran la Constitución y el Estatuto, pero sus disposiciones adicionales nunca serán la coartada del derecho de autodeterminación.

En lo político, el problema que supone el programa soberanista anunciado ayer es exclusivo de Ibarretxe. Es él quien tiene que encajar en una sociedad como la vasca unas acciones políticas de ruptura, de enfrentamiento y de crispación. El PNV lanza este órdago en el momento histórico en que el País Vasco es menos nacionalista que nunca, pero el nacionalismo actúa como si fuera el representante natural del pueblo vasco, error que pagará cuando compruebe que es esta sociedad la que ofrecerá mayor resistencia a su programa de ruptura constitucional. El hecho mismo de incluir a Navarra y a las tres provincias francesas en el saco soberanista demuestra la falta de realismo de la política del PNV. Como siempre, la vehemencia del discurso nacionalista está muy encima de la eficacia de sus proyectos. Los fracasos de Lizarra, de Udalbiltza o del pacto de legislatura con HB en 1999 prueban las limitaciones políticas de los nacionalistas, incluso para pactar entre ellos lo que quieren. Así difícilmente podrán sacar adelante propuestas que excluyen a casi la mitad de los ciudadanos vascos, que irritan a la inmensa mayoría de los navarros y que dejan en la más absoluta indiferencia a los franceses de «Iparralde».

Además, Ibarretxe se topará con otros factores externos que limitan aún más su margen de maniobra. No es lo mismo proponer un desafío a un Estado débil, con un Gobierno pasivo y una oposición desnortada que lanzarlo a un Estado más firme que nunca, con un Gobierno asentado en sus convicciones y con una oposición leal a la política de Estado. Si ninguno de estos factores falla o se debilita, Ibarretxe quedará irremisiblemente enredado en su propio fracaso. Y lo democrático, lo que se ajusta al resultado electoral tantas veces invocado por Ibarretxe, es que el nacionalismo asuma íntegramente la responsabilidad de conducir a una sociedad moderna como la vasca por una aventura soberanista sin respaldo histórico, jurídico ni internacional.

Ante la vocación de conflicto que exhibió ayer Ibarretxe, las mejores respuestas siguen estando en la utilización de los recursos ordinarios establecidos por las leyes y en el mantenimiento de la unidad democrática que populares y socialistas forjaron en el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo. Los actos anunciados por Ibarretxe hay que tratarlos como ilegalidades antes que como una crisis de Estado, porque la verdadera crisis es la que el nacionalismo está provocando en la sociedad vasca. Para lo demás están los Tribunales. Para denunciar la inconstitucionalidad de los acuerdos parlamentarios que desarrollen el programa soberanista, para reclamar el dinero que Ibarretxe pretende deducir del cupo o para evitar que los vascos paguen dos veces los servicios que ya reciben del Estado. La gran expectativa política abierta desde ayer en el País Vasco es ver cómo Ibarretxe sale de esta.

Hartos de los políticos vascos
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 28 Septiembre 2002

Los abajofirmantes nos declaramos hartos de que todo el día de todos los días se esté hablando de lo que hacen, dicen o piensan los políticos vascos. Somos contrarios al terrorismo y somos solidarios con los que sufren, pero nos toca las narices andar cada minuto de nuestra vida sin que nadie nos diga cómo podemos actuar ya mismo para ayudar a los que viven marginados en el País vasco.

Queremos ser informados sólo de lo verdaderamente interesante, no de las bobadas: si los de Batasuna llevan camisetas, que actúen contra ellos, pero que nos dejen ver el telediario en paz; y si la ultraderecha racista vasca tiene otra nueva ocurrencia, que salga en página par y abajo, porque esto de tener cada día la misma portada nos da complejo de comprar un periódico repetido. Afirmamos que estamos convencidos de que en España hay más noticias y más temas de los que hablar; incluso más interesantes. Creemos que no estaría de más que periodistas y políticos le echaran algo de imaginación a la vida y nos contaran sus opiniones sobre temas diversos, que van desde la falta de agua en España hasta el debate sobre los alimentos transgénicos, por ejemplo, que es un ejemplo, no se lo vayan a tomar a la literal porque entonces no hay quien aguante el rollo. Declaramos que ya no soportamos más las miraditas estilo tipoquecaminalevitando como Ibarretxe. Creemos que el Otoño es una estación maravillosa para hacer fotos y también nos gusta oler a tierra mojada, por ejemplo, que es un ejemplo, que nos gustan más cosas.
Y pedimos a Zapatero, que empiece a contarnos su opinión sobre la Economía, los emigrantes y la solución a la soledad de los ancianos. Que, de lo contrario, lo va a tener difícil.

El socio Ibarretxe
Por Jaime CAMPMANY ABC 28 Septiembre 2002

Lo que Ibarreche (o Ibarretxe) quiere es no ser España, sino socio de España. Quiere que España tenga el socio vasco igual que tiene al vecino francés, al hermano portugués o al moro amigo, que ahora es un decir. Quiere ser socio de España cuando es España misma desde los primeros vagidos de España. En aquellos años, cuando los españoles nos conquistábamos unos a otros, es posible que algunos conquistaran a los vascos, pero también los vascos conquistaban a los demás. Con los ejércitos de Sancho el Mayor ayudaron a conquistar casi todo lo que hoy es España. Lo que quiere Ibarretxe es un despropósito, claro, porque quiere asociarse consigo mismo. Antes de que Ibarretxe se asocie con Ibarretxe, el propio Ibarretxe tendría que disociarse de Ibarretxe. Eso es todavía más chusco que divorciarse de la mujer con el propósito de casarse con ella.

Me parece que tengo dicho que cuando la estrella, el lucero, el cometa o el meteorito Ibarretxe apareció en el firmamento político de España, de España, de España, de España, alguien me dijo que se trata sin duda de una buena persona, de un hombre inteligente y de un sujeto laborioso y cortés. «Lo que pasa -añadió- es que cree que no es español». Quizá sea una definición demasiado rotunda. Yo creo que es un español que quiere dejar de ser español para demostrar luego que es español porque le da la real gana de serlo, y que puede dimitir de español en cuanto le pete o se le contraríe en algo. Esa es, por cierto, una manera muy española de ser español.

Pero todo eso, allí, en el País Vasco, o mejor dicho aquí, en el pedazo español llamado Vasconia, hay gente que hace de ese capricho cuestión de principios y lo lleva a sus últimas consecuencias, y sus últimas consecuencias son las de admitir la violencia como medio de lograrlo. O sea, que quieren que eso sea así, por las buenas o por las malas. Sobre todo, cuando no lo logran por las buenas, aceptan las malas, y entonces ya no hay manera de saber, por las buenas, lo que la gente quiere. Ibarretxe, claro está, habla de referéndum, o sea de las buenas, de las urnas y los votos. Pero es que, mientras exista terrorismo en el País, es decir, mientras no se extirpen las maneras violentas y criminales, no sabremos lo que dicen las urnas. El miedo las hace engañosas o las deja tan desiertas como la plaza de la Vergüenza de Leiza.

Los nacionalistas vascos plantean una falacia. «Busquemos una solución política al terrorismo». Y eso es una falacia porque mientras exista terrorismo, la solución política se hace imposible y siempre estará viciada de presión, de miedo y de violencia, de «vis» insoportable. Para hablar de soluciones políticas a las discrepancias o a las propuestas de unos o de otros, lo primero y lo más necesario es que callen las pistolas y enmudezcan las bombas. En medio de ese estruendo las palabras ni se escuchan ni tienen valor definitivo. Para negociar en libertad, que Ibarretxe empiece por ayudar a terminar con «Eta».

El 'lehendakari' de la mitad de los vascos
Editorial El País 28 Septiembre 2002

El 'lehendakari' anunció ayer el inicio de un proceso de sustitución del actual marco estatutario vasco por otro que definió como 'estatus de libre asociación', que viene a ser una especie de independencia de hecho, pero manteniendo con España los vínculos mínimos necesarios para garantizar la permanencia de Euskadi en la Europa comunitaria. El supuesto nuevo 'pacto para la convivencia' es en realidad una propuesta de pacto interno de la comunidad nacionalista, que conduce a la exclusión de la mitad no nacionalista de la Cámara (y de la población). En la actual situación de falta de libertad de esa mitad acosada por el mundo etarra, Ibarretxe ha querido lanzar una propuesta destinada precisamente a la otra mitad de los vascos, y específicamente a quienes apoyan al terrorismo o consideran legítimo aprovecharlo para sacar rendimientos políticos.

No es extraño que en su discurso el terrorismo ocupara un lugar totalmente secundario, inferior al dedicado a las inversiones en I+D. Pero lo que hace años se presentó como concesiones para convencer a ETA se sabe ya que no sirve ni para que los terroristas desistan de matar ni para que Batasuna se separe de ETA. La propuesta fue presentada sin ánimo de convencer, como una declaración de intenciones a la que los demás deberían adherirse por su propio bien. Incluso se precisa que si no hay acuerdo con el Estado para la reforma del Estatuto, se someterá de todas formas a consulta popular. Es una especie de Lizarra sin tregua. El proceso habría de desarrollarse 'en un escenario de ausencia de violencia', aunque ninguna consecuencia se saca del hecho de que la situación real sea de presencia del terrorismo. Se hace abstracción, así, de que el único punto de partida en el que los nacionalistas podrían hacer un planteamiento secesionista con pretensiones de legitimidad como el que han hecho ahora sería una situación sin violencia y sin terrorismo, en la que todos los vascos tuvieran libertad para actuar y expresar libremente su voluntad. A Ibarretxe le preocupa mucho la identidad de la mitad de los vascos, incluidos los que matan, pero poco o nada la libertad y la vida de todos los vascos.

Algunas de las razones que presentó como evidencias indiscutibles son tópicos nacionalistas que nunca podrán ser la base para un acuerdo que comprenda a los vascos no nacionalistas. Y aunque dijo hablar 'desde el ámbito de decisión' de la Comunidad Autónoma Vasca, el sujeto de las propuestas del lehendakari es una definición de pueblo vasco que incluye a Navarra y los territorios vascofranceses. El estatus de libre asociación implicaría un poder judicial independiente y la capacidad para suscribir tratados internacionales, entre otras competencias nuevas. Pero implicaría sobre todo el reconocimiento expreso, en el nuevo Estatuto, del derecho unilateral de secesión. Afirmar que todo el proceso se plantea desde la legalidad constitucional cuando el contenido es claramente rupturista suena a sarcasmo: una especie de ruptura pactada en la que los no nacionalistas avalarían su propia marginación política, disolviéndose en la comunidad nacionalista.

Además, es poco realista. La reforma del Estatuto vasco requiere la aprobación de la mayoría absoluta del Parlamento vasco, la convalidación por esa misma mayoría de las Cortes y la ulterior ratificación en referéndum en Euskadi. El tripartito actual no alcanza esa mayoría, y es inverosímil que el Parlamento español pueda convalidar una reforma como la propuesta. La suma de votos de todos los partidos nacionalistas no ha alcanzado nunca el 50% del censo, ni en el conjunto de Euskadi ni en cualquiera de sus territorios. Mientras que el Estatuto de Gernika fue avalado por el 53,13% del censo (y el 90% de los votos válidos). Sustituir un consenso muy mayoritario por otro que excluya al menos a la mitad de la población es una pésima propuesta. Desde sectores del PNV se dijo que el error de Lizarra fue no haber asociado a los no nacionalistas, al menos a los socialistas, al proyecto. Pero ¿por qué iban a aceptar ahora sin tregua lo que ya rechazaron con tregua?

Que sea poco realista no significa que sea una propuesta inocua. Desestabiliza el Estado autonómico, al que somete a tensiones rupturistas, y a la sociedad vasca, al hacer imposible el consenso sobre el marco político. Y sobre todo, una propuesta tan extrema y desestabilizadora no contribuye a la unidad democrática contra ETA. Al contrario: ofrece pretextos nuevos a quienes llevan años justificando el recurso a la violencia como única forma de hacer entrar en razón a quienes se resisten a reconocer lo que el nacionalismo reclama como derechos indiscutibles.

El proyecto de Ibarreche
José Antonio VERA La Razón 28 Septiembre 2002

Llegó lo que tanto se anunciaba. Ibarreche, el espantajo que puesto por Arzallus al frente del Gobierno vasco, ha tirado la careta de niño bueno y se nos ha revelado en el Parlamento vasco como el nacionalista alocado que es, insensible a la persecución de los que son perseguidos por ser diferentes o pensar diferente, despreciando la sangre derramada, incapaz de hacer prevalecer los intereses generales de toda la sociedad vasca por encima de sus intereses personales o de partido.

Ibarreche nos ha soltado la cantinela de la co-soberanía y se ha quedado tan pancho. Lo ha hecho en el peor momento, cuando ninguna falta hacía, cuando más perjudica a la estrategia de acabar con los que matan y con sus portavoces, cuando Eta parecía de nuevo acorralada por la acción de la Policía y de la Justicia. ¿A qué juega Ibarreche? Está claro. Juega a sacar adelante el mismo proyecto descabellado que sostiene la banda terrorista con sus bombas y sus crímenes. Juega a desestabilizar, a exacerbar una situación política ya de por sí radicalizada, a inventarse un Estado vasco que nunca existió, un rey de los vascos que da la risa, una Navarra abertzale que no es verdad, unas provincias vascofrancesas que no le quieren, que no son tales más que en sus mapas de ensueño y de delirio, en la historia falseada que cuentan las ikastolas, en los panfletos de la etebé, en las soflamas podridas de odio y de miseria de un hombre enfermo como Arzallus. No.

Ibarreche no juega a conseguir la paz. Juega a desestabilizar, a aprovecharse de la violencia para lograr sus objetivos políticos. Ya lo dijo un día con descarnada naturalidad el jesuita: «No es bueno que Eta sea derrotada». Lo dijo así de claro y sin dudar. Lo dijo sin cortarse un pelo, pues sabe perfectamente que la derrota de Eta es su derrota personal, la derrota de los que nunca se han propuesto acabar con el terror, de los que encubren y dan oxígeno, de los que no quieren que la Ertzaintza les combata. No nos engañemos. El proyecto que ayer hizo público Ibarreche no es el proyecto del PNV. No es su proyecto ni el de Arzallus ni el de Eguibar. Es el proyecto que ataron en Lizarra unos y otros para dinamitar las instituciones del Estado repartiéndose entre ellos los diferentes cometidos: Eta seguiría matando, Batasuna asediando a los demócratas, Madrazo dándoles coartada y el PNV recogiendo los frutos para después repartirlos.

Ibarreche dice que su plan es un plan para la convivencia. ¿De qué convivencia habla Ibarreche? Seguramente se refiere a la de los novecientos asesinados que llenan hoy los cementerios, o a la de los doscientos mil vascos que ya no pueden vivir en paz en su tierra, o a la de los cientos de perseguidos que tienen miedo y no se atreven a hablar, los concejales y cargos públicos que van escoltados, los empresarios que pagan el impuesto y son chantajeados, los periodistas que no pueden escribir, los profesores que son marginados por no impartir las doctrinas dementes de un nacionalismo demente que no quiere la paz porque la paz no le interesa, que busca la confrontación porque la confrontación es su estrategia, que es incapaz de garantizar un mínimo de tranquilidad y de libertad porque de la intranquilidad y la inestabilidad esperan obtener los más altos rendimientos. No. Ibarreche no tiene un proyecto de convivencia. Tiene un proyecto sin rumbo que es el mismo proyecto de Eta porque así lo pactaron con Eta. El proyecto del miedo, de las calles tomadas por la kale borroka, de los intelectuales acosados, de los estudiantes asustados, de la imposición, la manipulación, la violencia, el chantaje, el secuestro y el tiro en la nuca y a bocajarro. De la cobardía moral de los que son cobardes y matan cobardemente por la espalda. El proyecto de Ibarreche es un proyecto planificado sobre la estela del terror. Un proyecto que da pánico porque es terrible pensar que para ellos es más importante tener un Estado propio que salvar vidas humanas. Un proyecto que da asco porque es repugnante ver cómo han pactado listas de vascos buenos y malos, de ciudadanos de primera y de segunda, de personas que tienen derecho a vivir y de otras que están condenadas al sinvivir diario de la escolta y el guardaespaldas, a abandonar sus casas, a la persecución, a la metralla.

Hace año y medio, después de las últimas elecciones autonómicas, decidí que no iba a escribir tanto del País Vasco porque ni Eta ni Arzallus ni Ibarreche tienen derecho a hacernos creer que el único problema que hay en España es el que a ellos les concierne. He aguantado todo este tiempo sin escribir de Eta ni de este nacionalismo nauseabundo. Pero lo que empieza a suceder ahora es ya demasiado grave y preocupante. Porque es grave comprobar cómo se saltan las leyes a la torera sin que nadie les pare. Es grave ver cómo incumplen las resoluciones judiciales. Es grave presenciar cómo vulneran la Constitución y el Estatuto. Es grave, muy grave, que intenten implantar un proyecto que es el proyecto de Eta, que ha sido pactado con Eta y que persigue los mismos fines y objetivos que persiguen los de Eta. Si no fuera por eso, este plan osado y bravucón de la marioneta de Arzallus nos movería a la risa. Pero hay demasiados muertos y demasiadas víctimas encima de la mesa como para tomarnos a guasa la ofensiva independentista. Tengamos, en cualquier caso, un poco de serenidad. Mucha serenidad. Toda la serenidad del mundo.

Alfredo Cabanes era un luchador. Apoyó a este periódico con entusiasmo y convicción personal. Siempre tenía a mano una palabra de aliento, un consejo sincero, una muestra de afecto y de cariño. Cabanes se nos ha ido inesperadamente, cuando nadie lo podía imaginar. En LA RAZÓN le estaremos eternamente agradecidos, pues mucho colaboró cuando hizo falta y empujó como el que más cuando se lo pedimos. Alfredo era un hombre inquieto que aportaba ideas con valentía y entusiasmo. A mí siempre me ayudó. Alfredo compañero, Alfredo amigo, no te olvidamos.

Contra la necedad, imaginación
Por M. Martín FERRAND ABC 28 Septiembre 2002

«Infinito es el número de los necios», según enseña el Eclesiastés; pero me asalta la nada fina percepción de que, en contra de la ley de distribución universal y proporcional de la escasez de cacumen, la concentración es mayor entre los nacionalistas vascos, tan recios, tan porfiados, tan altaneros y grandifacientes. Quizás venga la cosa del favorable caldo de cultivo que han encontrado siempre para el mantenimiento y propagación de sus invenciones históricas y sus demandas emancipadoras. Cuando Sabino Arana, acabándose el XIX, brotó con su propuesta bizckaitarra España estaba saliente de la demoledora enfermedad carlista y en plena crisis americana. No estaban los ánimos para finuras analíticas y su obra magna -Bizkaya por su independencia- produjo más desdenes que atención entre los conspicuos responsables de la gobernación del Estado.

Tengo la creciente y dolorosa sensación que, desde entonces, a pesar de haber experimentado en el siglo transcurrido todas las formas posibles de Gobierno, la política española siempre ha marchado detrás del problema que significa el separatismo vasco. Vienen faltando la imaginación y el talento de la anticipación, de la medicina preventiva, y seguimos con las cataplasmas que aplacan el escozor de los granos que le van saliendo al cuerpo nacional español. Cabe la disculpa de las muchas tribulaciones, cataclismos y problemas que ha padecido España desde los días de Arana hasta los nuestros, pero no conviene olvidar que correr detrás de los problemas no suele solucionarlos. Antes bien, los engorda y potencia porque los problemas, especialmente los políticos, tienden a crecer con la imprevisión y torpeza de quienes deben solucionarlos más que con el ímpetu de quienes los provocan.

Enseña El Quijote que «las necedades del rico por sentencias pasan en el mundo». Igual ocurre con las del nacionalista. Ayer, el lendakari Ibarretxe, en el debate de política general del Parlamento de Vitoria, acuñó una nueva, la del Estado libre asociado como fruto de un proceso de autodeterminación, y en las últimas horas no han faltado voces que le recuerden al líder vasco todas las leyes que pueden vulnerar sus propuestas. Es decir, que se vuelve a correr tras el problema. Se puede aplaudir la voluntad admonitoria, pero con dudas sobre su eficacia. La contumaz actitud del nacionalismo soberanista, con sus ramificaciones y efectos mortuorios, solo tiene dos caminos de respuesta. O los demás nos autodeterminamos con respecto a ellos, lo que dejaría en desamparo a los muchos vascos no independentistas -verdaderamente españoles -, o se pone a trabajar la máquina de las ideas para correr por delante en lugar de seguir haciéndolo detrás. Al País Vasco hay que sitiarlo con un cinturón de riqueza y progreso, de orden y juridicidad, de libertad y concordia, de bienestar y cultura, de rigor y dignidad. Así, solo así, terminará rindiéndose. A los necios conviene hablarles con ejemplos.

El melón de la soberanía compartida
Por Luis IGNACIO PARADA ABC 28 Septiembre 2002

Cualquier político de medio pelo debe saber que la ONU sólo reconoce el derecho de autodeterminación a las antiguas colonias. Así accedieron a la independencia, hace medio siglo, cerca de veinte países, entre ellos Togo, Somalia, Chad y Gabón. Para frenar ansias independentistas de territorios no colonizados, la ONU aprobó en 1970 la Resolución 2.635, que contiene una importante restricción al ejercicio del derecho de autodeterminación. Dice que no debe entenderse "como autorización o estímulo a cualquier acción que menoscabe o destruya la integridad territorial o la unidad política de Estados soberanos, independientes y que poseen un gobierno que representa a todo el pueblo sin diferencia de raza o de creencias". Es una deslegitimación total del principio de nacionalidad en el sentido de identidad nacional como fundamento de las aspiraciones independentistas.

Ibarretxe declaró ayer en el Parlamento vasco que va a proponer un nuevo pacto con el Estado basado en una fórmula de co-soberanía, como primer paso la libre adhesión a un Estado plurinacional. No lo permite la Constitución Española ni el Estatuto de Guernica. Tampoco la ONU. La Constitución declara "la soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado." Y se fundamenta "en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles." Teniendo en cuenta que en su artículo 147 establece que la reforma de los Estatutos se ajustará la aprobación por las Cortes Generales, mediante ley orgánica, y el 167 dice que los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras, ¿qué pretende Ibarretxe, perdido en su laberinto, queriendo homologar el País Vasco a Togo, Somalia, Chad, Gibraltar, Puerto Rico, Kosovo, las Malvinas o Andorra?

Artículo 155
Enrique de Diego Libertad Digital  28 Septiembre 2002

No estamos ante un pulso con el Gobierno, sino ante el intento de fraccionar y desmembrar el Estado. Esto nos afecta a todos, desde el Rey al último de los españoles. El presidente del gobierno autónomo vasco, cuya soberanía emana de la Constitución, plantea una ruptura nítida y clara de la nación. Así lo ha reconocido el presidente del Gobierno, José María Aznar. La nueva subida de tono de Ibarretxe -la definitiva- deja bien a las claras la estulticia en la que se mueve el discurso de José Luis Rodríguez Zapatero.

Aunque se trate de obviar la realidad, y al margen de retóricas, el horizonte no pasa sino por la aplicación del artículo 155 de la Constitución y el retorno a la legalidad constitucional que, por enésima vez, ha roto Ibarretxe. Por supuesto, el PNV precisa del terrorismo para mantener su poder y para ir hacia la independencia. Por supuesto, no existe posibilidad de secesión.

Convendría, con Zaldibia aún en las retinas, señalar que no existe opción legal -la Constitución es muy clara desde el artículo 1 y 2-, pero tampoco moral, porque la independencia es un horizonte de genocidio.

Nacionalismo revenido
ANTONIO GALA El Mundo 28 Septiembre 2002

A los nacionalistas no demócratas, los cubiertos con pieles de cordero, y los del obispo de la archidiócesis del Ebro, se les ha roto la máscara y la mitra respectivamente. Ellos ya no estaban por la matanza; querían en sus filas sosiego bucólico; Batasuna les hacía los mandados; y los perros guardaban el caserío. Ahora todo se les ha puesto boca abajo. Ya no hay impunidad para los auxiliares de la violencia. Ya no hay manos en el cuadril contra la Constitución. El obispo, heresiarca, está crucificado entre ladrones. Sus aspiraciones y su ideología se reducen cada vez más a palabras. Tienen en contra a demasiada gente, incluso ya a sus protegidos. Y los pies en el aire.

En la orilla de los terroristas
Ignacio Villa Libertad Digital  28 Septiembre 2002

Las propuestas del lendahakari Ibarretxe en el Parlamento de Vitoria, durante el debate de Política general, revisten toda la gravedad de un desafío a la legalidad establecida. Una andanada contra el Estado de Derecho que ciertamente no puede sorprender a nadie. Las amenazas y las advertencias del Gobierno vasco se han venido sucediendo en estos últimos años. El Ejecutivo de Vitoria ha mantenido una clara actitud soberanista y ha ido mostrando simultáneamente constantes cambios de estrategias, en ocasiones contradictorias entre sí, pero siempre con el objetivo de ofrecer amparo y complicidad a Batasuna.

Con el anuncio realizado por el jefe del Gobierno vasco, el PNV ha dado un paso hacia el precipicio. La propuesta de Ibarretxe solemniza los verdaderos objetivos del nacionalismo vasco que se identifican plenamente con los de Batasuna. En este contexto, no podemos olvidar que Batasuna se encuentra en un proceso de ilegalización por su plena complicidad con el terrorismo etarra. Con el anuncio realizado por el lendahakari, el PNV ha vuelto a recordar a todos que están más cerca de los batasunos que de los demócratas y que por lo tanto han mentido repetidamente cuando decían que no existía ya ninguna relación política con Batasuna.

Por su parte, el Gobierno central ha reaccionado con claridad, complementada con cierta prudencia. El vicepresidente Rajoy ha advertido que el Ejecutivo hará cumplir la legalidad con todos los medios a su alcance, una afirmación que encierra todos los posibles resortes legales. Por su parte, el presidente Aznar le ha recordado a Ibarretxe que se ha olvidado de un "matiz": no ha hablado en el Parlamento vasco de cómo luchar contra el terrorismo que provoca que muchos ciudadanos no puedan vivir cada día en libertad en el País Vasco. El presidente del Gobierno ha sido contundente cuando ha afirmado que el nacionalismo vasco está en la otra orilla, en la de los terroristas, al desviar la mirada deliberadamente hacia otro lugar.

Por todo lo visto y escuchado, el Gobierno vasco, más allá de hacer públicas sus intenciones políticas, está buscando la provocación. Ibarretxe, con la torpeza propia del nacionalismo, pretende tender una trampa al Estado; por ello el Ejecutivo central hace bien en moverse con cierta prudencia política a la espera de que el PNV muestre claramente sus cartas en esta nueva afrenta, de una gran aparatosidad en la puesta en escena, pero que tiene una complicada puesta en marcha.

De todas formas, no deja de ser esperpéntica la propuesta de Ibarretxe por lo ridículo de su contenido. Dice ahora que quieren ser como Puerto Rico. Para empezar, habría que recordarle que en Puerto Rico no hay terrorismo y que las autoridades políticas se encargan de que se cumpla la legalidad vigente. Un "pequeño" detalle del que deberían tomar buena nota aquellos que siempre tienen razones y argumentos para encubrir al entorno etarra. Esa es la diferencia: democracia o terrorismo.

PNV: forzar el límite
EDITORIAL Libertad Digital  28 Septiembre 2002

Tan imperioso es el deseo de los nacionalistas por construir su utopía tribal totalitaria e imponerla a una abrumadora mayoría que no la desea ni de lejos (Navarra y País Vasco francés) que no tienen empacho en ir de la mano de los asesinos de ETA-Batasuna con tal de ver realizado su anhelo. De nada han servido las disposiciones constitucionales, las concesiones, las claudicaciones y los agasajos prodigados por los sucesivos gobiernos de la democracia para que los nacionalistas se sientan cómodos en España. La generosa autonomía concedida al País Vasco -más extensa incluso de la gozan los territorios de un estado federal como Alemania-, reconocida en la Constitución y reflejada en el Estatuto, fue uno de los pactos fundantes de la Transición con el que se esperaba resolver de una vez por todas el “problema vasco” y obtener la lealtad de los nacionalistas para con el nuevo régimen democrático, así como su colaboración para extirpar el cáncer etarra.

Sin embargo, el PNV siempre ha exigido un precio adicional por esa lealtad y colaboración. Hasta el pacto de Estella con el entorno de ETA había practicado una constante política de chantaje institucional, agitando de vez en cuando el espantajo de la secesión con un discurso ambiguo para obtener nuevas prebendas, al tiempo que capitalizaba los réditos políticos de los crímenes de ETA. Pero cuando el PNV obtuvo todo lo que podía dar de sí el marco constitucional y estatutario, abandonó la orilla de las convicciones democráticas -si es que alguna vez estuvo en ella plenamente- para quitarse la careta y pactar en Estella con los asesinos la estrategia secesionista.

Los nacionalistas vascos, aun a pesar de la red de intereses creados que han tejido durante casi una generación en el poder y del apoyo casi incondicional que les prestan los medios de Prisa, son conscientes de que probablemente tocaron su techo electoral en las pasadas elecciones vascas, y ello con los votos de Batasuna. Ibarretxe prometió dar pasos importantes hacia la secesión en esta legislatura, y para Arzalluz, la independencia era cosa de una o dos legislaturas más. Por eso les urge caminar hacia su objetivo final, aunque para ello tengan que asumir la corrupción moral que implica alinearse con los asesinos, con quienes que comparten los fines y a quienes tantos réditos políticos les deben, y despreciar a sus víctimas. Ha sido precisamente la ilegalización de Batasuna lo que ha impulsado a los líderes del PNV a acelerar el ritmo en su marcha hacia la secesión, pues con la ilegalización pronto se verán privados de gran parte de esos “réditos”.

Puede que la propuesta de Ibarretxe en el pleno del parlamento vasco de avanzar hacia un “estado libre asociado” a España no sea más que una provocación destinada a hacer perder los nervios al Gobierno, pero sería un grave error no tomarla en serio y privarle del valor que tiene en la estrategia secesionista de ETA-Batasuna-PNV. Una interpretación forzada de la Constitución y el Estatuto podría incluso dar cabida a sus pretensiones. Los nacionalistas saben perfectamente que han llegado al final del camino que delimitan la Constitución y el Estatuto, e intentarán traspasar el límite a la menor oportunidad, por lo que el Gobierno debe estar atento al desarrollo de los acontecimientos y prepararse para la posibilidad de aplicar el Art. 155 de la Constitución, que prevé la suspensión de la autonomía en los casos en que una comunidad atente gravemente contra el ordenamiento jurídico, la unidad nacional o los intereses generales de España.

La incógnita será el PSOE y los medios de PRISA -los tradicionales apoyos de los nacionalistas en la orilla democrática. Es probable que, hasta las próximas elecciones generales, los nacionalistas continúen elevando el tono de la apuesta sin llegar a traspasar los límites legales, a la espera de que el Gobierno cometa algún error que ellos puedan aprovechar o que el PSOE regrese a La Moncloa. Las recientes declaraciones de Zapatero sobre una nueva “era de entendimiento” con el PNV cuando el PSOE llegue de nuevo al poder no hacen presagiar nada bueno. Sin embargo, un acercamiento al PNV o una justificación de sus tesis en estos momentos podría salirle muy caro electoralmente al PSOE, pues no puede decirse que la mayoría de sus votantes estén felices con la perspectiva de la secesión. Ni aunque la apoyen o justifiquen los medios de Polanco.

Las competencias ya no son suficientes
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital  28 Septiembre 2002

Con las declaraciones de Ibarretxe de este viernes, el PNV ha roto el marco constitucional. La Constitución y el Estatuto de autonomía ya no son suficientes, no hay grado de autonomía que pueda aceptar el Gobierno vasco del tripartido, directamente quieren ser un Estado Asociado. Como si fuera tan sencillo lo que han dicho. Nuestra Constitución, en su primer precepto, ya indica que la soberanía pertenece al pueblo español. Con sólo ese precepto, común en todas las constituciones, también en las de corte federal, se impide a una comunidad autónoma romper de manera unilateral el marco constitucional y estatutario.

Ahora queda por ver si realmente asumirá las competencias que dice que su Gobierno ha asumido unilateralmente y si convocará el famoso referéndum. No creo que lo intente, porque algo tan grave obligaría al Gobierno de Aznar a aplicar el artículo 155 de la Constitución, si no está obligado ya. Ese precepto constitucional, que tiene su antecedente más próximo en la Constitución alemana, de corte federal, parte de una idea esencial: la primacía del interés general, del interés español, sobre el interés particular, el interés de una comunidad autónoma. El precepto dice: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras Leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.”

En cualquier caso, si el PNV quiere que nos replanteemos el marco estatutario habrá que replantearse también por qué con la Constitución del 78 y el Estatuto Vasco se intentó zanjar esta controversia histórica otorgando al País Vasco un grado de autonomía inimaginable en esos momentos y que a día de hoy es más amplio que el que la Constitución de la República Federal alemana otorga a sus lander. Con ello se pensaba o se quería pensar que el País Vasco iría entrando paulatinamente en la senda constitucional, pero 25 años más tarde los acontecimientos demuestran lo contrario, que el nacionalismo vasco, por lo menos su clase dirigente, no ha sabido apreciar los sacrificios de otra idea nacional, la española, que también merece ser respetada. Hemos comprobado que el nacionalismo vasco no ha entendido ese mensaje de concordia y ahora ya no sólo se discute por diferentes competencias, si no que se introduce en la discusión la espinosa cuestión de la soberanía, una cuestión que es esencial para cualquier Estado y que no puede estar en discusión permanentemente.

Ramón Villota Coullaut es abogado.

El cántaro vasco
MARTIN PRIETO El Mundo 28 Septiembre 2002

La lectura auditiva es una antinomia y por razones horarias escribo sobre lo escuchado al siempre zorruno lehendakari Ibarretxe sin poder leerle al menos las dos veces obligadas para entender los resquicios legales por los que quiere contrabandear la independencia de las tres provincias vascongadas, dejando para encuentros en la segunda fase Navarra, Iparralde y hasta, acaso, la misma Alava.Pero de todos modos se le entiende todo: un nuevo pacto de Lizarra, pero más descarado y explícito. A eso suena la decisión de refrendar en Euskadi un nuevo Estatuto autonómico si ETA deja de matar durante doce meses.

Produce migraña insistir en lo obvio, evidente, legal y vigente: los estatutos autonómicos los otorga el Estado español, aunque luego se refrenden en cada comunidad; los referéndums son monopolio de la nación española; y las administraciones territoriales no deben ni pueden modificarse por una tregua terrorista o por una escalada de este nihilismo a la rusa.

Además, la propuesta es taimada o boba según el Gobierno vasco haya negociado con ETA o no; y el caso es que caliente el desventrado cadáver de un Guardia Civil el Ejecutivo de Vitoria plantea una subversión constitucional con el silencio de ETA como contrapartida repugnante. La asunción por la vía brava de competencias no transferidas es otro tirón de cuerda con el ánimo de romperla, pero aún así la triple alianza independentista que malgobierna el País Vasco sin mayoría parlamentaria topará con los medios legales del Estado español para impedírselo o ponérselo tan caro que invite a pensárselo cuarenta veces y meditarlo con la almohada hasta sacarla chispas.

La Ertzaintza, sin ir más lejos, no es una política privada o municipal: forma parte del sistema de seguridad del Estado, y su número lo decide el Ministerio del Interior de acuerdo con la autoridad vasca, que debe ser oída pero también puede ser desatendida, como entendió el consejero de Interior Balza en su encuentro con Mariano Rajoy cuando éste era el ministro nacional de lo mismo.

Como el barón de Münchausen los secesionistas desarmados quieren salir de lo que consideran un pozo autonómico tirando hacia arriba de sus propios cabellos, y así se le habrán formado las cejas circunflejas al actual lehendakari. Con un ojo puesto en ETA -que ya les denigra- los sudistas del norte contraponen a la ley de Partidos una retahíla de autopropuestas al margen de la legalidad, como una futura libre asociación con España, que es su estrategia.

La táctica consiste en exasperar al Gobierno español para que, mediante hechos consumados, convoque al Congreso y el Senado para aplicar el artículo 155 de la Constitución interviniendo una autonomía regida por orantes que sólo saben echar voluntaristamente las cuentas de la lechera. Vamos, que quieren romper el cántaro tal como la misma ETA.

El niño de la foto
FERNANDO ONEGA El Mundo 28 Septiembre 2002

Este periódico publicó hace dos días una fotografía sencilla, pero impresionante. Ante una casa de Zaldivia han colocado una ikurriña y un retrato de Hodei Galarraga. La bandera ondea sobre un mástil rústico. Una segunda ikurriña, pegada a la puerta, luce crespón negro. Es que Hodei, uno de los etarras muertos en Bilbao, es natural de Zaldivia. La foto le muestra sonriente, con aspecto normal: un joven de pelo largo del que nadie podría decir que, antes de morir, se disponía a matar.

Ante las ikurriñas y el retrato, un niño -no más de 10 años- pasa en bicicleta. Se ha detenido. El fotógrafo lo ha captado contemplando la imagen de Hodei. Era su vecino. Quizá lo conocía.Verlo allí, al lado de la ikurriña, lo convertía en símbolo.Probablemente a ese niño le han dicho que murió en una acción patriótica. Como un héroe. Como un gudari que quería liberar a su pueblo. Luchando contra fascistas, que es lo que ponen ahora en las pancartas de los nazis. Matando a alguien que había cometido un delito horrible: pensar de forma distinta. Por eso el Ayuntamiento le quiere hacer hijo predilecto.

Hace años se publicó otra foto del País Vasco donde se veía a unos niños jugando tranquilamente en el mismo lugar donde un día antes habían ametrallado a un guardia. Todavía estaban los agujeros de las balas en la pared encalada. Y jugaban allí. La violencia y la muerte formaban parte de su paisaje habitual.Era la normalidad. El paso siguiente, el salto cualitativo, es esta imagen del crío de la bicicleta: se ha pasado de la normalidad del atentado al homenaje a sus autores.

¿Qué estará pasando por la cabeza de ese niño? Vive en un municipio de Batasuna y quizá sólo oyó hablar de España como «país opresor y colonialista». Su mundo es Euskadi, donde los patriotas arriesgan su vida por el sueño de la libertad. Hodei no es un criminal.Sólo le llaman así los extranjeros españoles, que tienen fuerzas de ocupación. Si Hodei fuese tan malo como dicen los españoles, la gente no le honraría tanto. Fíjate si será un ídolo, que los mayores sacan su imagen a la calle, para que todos los vecinos le admiren y le rindan un último tributo, ahora que ya no está.Fíjate si será admirable, que el Ayuntamiento paga los gastos de su entierro.

Hago estas reflexiones mientras escucho a Ibarretxe en el Parlamento vasco. ¿Lo habrá oído también ese niño? Si lo escuchó y lo entendió, habrá encontrado otra razón para que gudaris como Hodei quieran matar: porque a Euskadi la siguen oprimiendo: le niegan el derecho a decidir si quiere seguir unida a España. Temo que ese niño, cualquier día, llegará a la conclusión de que Hodei estaba cargado de razones para matar; que quizá haya que seguir sus pasos; porque quizá sea la única forma de que Euskadi empiece a ser una nación.

El terror
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 28 Septiembre 2002

André Glucksmann, en su reciente libro, Dostoievski en Manhattan, galvaniza la idea del terror como una presencia nueva y antiquísima que aparece en la Historia periódicamente como verdadera arma secreta de algunos pueblos o civilizaciones. Piensa uno que las plagas de la Biblia y de la Edad Media no fueron sino espectáculos de terror para desmoralizar al mundo antiguo, minando sus bases ideológicas y morales hasta conseguir que todo se venga abajo por sí solo.

El terror es oriental y nace del hombre capaz de infundirlo, difundiéndose prontamente en sociedades, supersticiones, fanatismos, religiones, fatalismos y todas las formas de la irracionalidad.Aunque parezca un desahogo retórico, digamos que el 11-S llevó a su clímax la insidia universal del terror. Ese viejo mundo fanático que tiene que comprar las armas en Occidente, sabe muy bien que de una manera fáctica, agresiva, brutal, mediante un cuerpo a cuerpo atómico, nunca va a vencer al imperialismo de Estados Unidos y satélites. Por eso su lucha es mucho más sutil, lenta e imaginativa. No atacan a los fuertes ni a lo fuerte, sino a los mitos, los símbolos y las alegorías. Ana Palacio acierta mucho cuando, en el tema de ETA, se refiere siempre a los «símbolos», evitando cualquier otro nombre fáctico. ETA no destruye más que símbolos, aunque sean símbolos humanos, y de ahí el carácter de encapuchamiento espiritual que tiene su tarea. Tarea que no desdice de la de todo el Oriente y Oriente Próximo.

El silencio de ETA, que tanto le reprocha la prensa reiteradamente, es un elemento más de terror. El espanto del muerto se prolonga temblorosamente en el espanto del silencio. Nuestros periodistas, ingenuamente, así como nuestros políticos, piden a ETA que dé explicaciones, justificaciones, motivos. Pero ETA calla, y sólo los aquejados de protagonismo, como Otegi explican algo de lo que no se explica. Pero la eficacia de nuestro terrorismo no está tanto en matar como en callar. Todo detective sabe que el crimen, cuanto más gratuito resulta más espantable y difícil de aclarar.

Siguiendo una estrategia de novela policíaca, los terroristas españoles y de todo el mundo, matan y callan. El pueblo se explica por la tele preguntándose cómo han podido asesinar a una niña tan inocente. No hay explicación. La explicación está en que el crimen contra la inocencia genera más espanto que el crimen político justificado, digamos.

El atentado contra las Torres de Manhattan es el atentado contra unas oficinas muy altas y unas hostias rectangulares y delgadas que se cernían en la noche como álamos. ¿Qué utilidad tiene eso? Ninguna y toda. Las pérdidas han sido innumerables, pero perfectamente enjugables para Wall Street. Las pérdidas han sido incalculables como ruina de la moral americana, de la fe de USA en sí misma, como generación de un desconcierto que de momento ha durado un año. Ni siquiera el señor Bush, lleno de un matonismo country, se ha decidido a actuar, paralizado por el espanto más que por el Pentágono. La finalidad del terrorismo internacional, pues, no es tanto derribar las altas torres de Occidente como derribar las conciencias occidentales. Por ahí buscan la victoria. El 11-S no nos robaron nada. Nos robaron la fe en nosotros mismos.

El miedo cambia de bando
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 28 Septiembre 2002

Lejos de incendiar el País Vasco, desatar una orgía de violencia ciega y sembrar el pánico en las filas de los concejales populares y socialistas -como vaticinaban los habituales agoreros del terror, partidarios de la rendición inevitable de los demócratas ante ETA-, la ofensiva desencadenada por el Estado de Derecho para rescatar la libertad perdida en ese rincón de España empieza a dar jugosos frutos. En el plano policial, la cúpula de ETA está tan aterrada por la certeza de estar infiltrada que sólo el cabecilla Olarra Guridi, recientemente detenido, manejaba la información que permite a la banda moverse con comodidad.Sólo en 1998 había estado tan acosada como ahora, con la diferencia de que en la actualidad, y después del 11-S, su capacidad para escapar a la presión cruzando la frontera y buscando la protección del santuario francés ha quedado anulada.

En el flanco judicial, la actuación inmediata e implacable de la Fiscalía General del Estado, junto a la perseverancia de Garzón, ha permitido recuperar el terreno perdido a raíz de la tregua-trampa, empezando por neutralizar, con la ilegalización de Batasuna, la irresponsable decisión política que tomó el Constitucional en 1999 al desautorizar al Supremo y poner en la calle a la dirección de HB, presuntamente castigada con «excesiva dureza» por colaborar con ETA. En el País Vasco hoy, como siempre, se sigue jaleando a los asesinos, pero esto ya no sale gratis. Y donde más visibles son los resultados de esa decidida actuación de la mayoría democrática en favor de la libertad es en el plano político. Ahí, todo el montaje orquestado durante años por el nacionalismo para alcanzar la soberanía a punta de pistola y consolidar el Movimiento Nacional Vasco se les está viniendo abajo. Por eso están tan nerviosos.

Ayer, la vicelehendakari Zenarruzabeitia anunciaba la presentación en el TC de un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Partidos, poniendo una vela a Dios en Madrid y en el electorado moderado (y rico, gracias a sus negocios con el conjunto de España) que asiste atónito a la huida hacia delante de su Gobierno y de su partido. Hoy, el lehendakari Ibarretxe pone la vela al Diablo ante el Parlamento de Vitoria, anunciando el inicio de un proceso secesionista y la consiguiente ruptura de su Ejecutivo con la legalidad constitucional vigente, de la que emana su legitimidad.

En el plazo de 12 meses, dice, los vascos serán llamados a las urnas para dar carta de naturaleza a aquello por lo cual ETA lleva 30 años matando gente inocente; probablemente, digo yo, porque los recogedores de nueces saben que sus posibilidades de completar la cosecha una vez que la vanguardia armada haya sido definitivamente desarticulada son francamente remotas. Y el tiempo apremia.

Por otra parte, esa vanguardia encapuchada, la que ha sacudido el árbol incansablemente para que Arzalluz y los suyos acumularan poder y prebendas, se resiste a permitir que el PNV se adueñe impunemente no sólo de sus votos, sino incluso de sus señas de identidad, y amenaza con incluir a algún nacionalista traidor en la lista de los acreedores a un tiro en la nuca... Lo cual, como es muy lógico, produce honda inquietud entre aquéllos que nunca se han sentido afectados por el estado de excepción terrorista que rige en el País Vasco, y les lleva a intentar aproximaciones patéticas a las posiciones batasunas, como la de pedir perdón por la actuación de la Ertzaintza en la disolución de la manifestación proetarra.

Pero no queda ahí la cosa. El pánico se traduce también, y sobre todo, en las crecientes divisiones internas que sufre la gran familia nacionalista. Los hay que temen o aman más a ETA que al Estado de Derecho español (como Joseba Egibar o Begoña Errazti) y quieren romper amarras ya, mientras otros, encabezados por Ibarretxe, amagan una y otra vez sin decidirse a dar el paso definitivo hacia la sedición, temerosos de arriesgar sus privilegios.Unos y otros sólo coinciden en la voracidad con la que aspiran a devorar en las urnas municipales los restos de la formación ilegalizada, en el supuesto, aterrador para ellos, de que la dirección etarra no imponga en ellas un llamamiento a la abstención activa.

LA NOTICIA
Villalonga debió comparecer
Interés público. El Tribunal Constitucional hará pública el próximo lunes su resolución sobre el recurso planteado hace tres años por la oposición socialista contra la decisión de la Mesa del Congreso de dar por buena la negativa del entonces presidente de Telefónica, Juan Villalonga, a comparecer ante la Cámara para explicar su gestión. Considera el Alto Tribunal que, en contra de lo dispuesto en su día por la citada Mesa, alegando el carácter privatizado de la compañía, Villalonga debería haber sido obligado a comparecer ante los diputados, dado el elevado interés público de Telefónica.

LA PREGUNTA
Batasuna y el grupo Mondragón
Lujosa sede. Muchos vecinos de la bilbaína plaza del Arenal se preguntan cuánto paga Batasuna, si es que paga algo, en concepto de alquiler por la magnífica sede que posee en la capital vizcaína, a dos pasos del teatro Arriaga. La sede en cuestión, clausurada recientemente por orden del juez Garzón, se encuentra situada en uno de los mejores edificios de la ciudad, propiedad de Caja Laboral, controlada por el poderoso Grupo Mondragón, muy relacionado a su vez con el Partido Nacionalista Vasco, varios de cuyos ex dirigentes han encontrado allí empleo y remuneración.

EL RUMOR
Bárbaras mutilaciones
Violencia de género. El rumor empezó a circular hace unos meses en fuentes cercanas a alguna ONG de mujeres, que ha tenido ocasión de confirmar que desgraciadamente se trata de un hecho real: en República Dominicana (y tal vez en algún otro país de la región) crece el número de niñas y adolescentes a las cuales se les extirpa el útero, en contra de su voluntad, para dedicarlas a la prostitución sin el riesgo de embarazos no deseados. Entre tanto, en España se dispara el número de casos de violencia doméstica ejercida contra mujeres hispanoamericanas por parte de sus compañeros.

El callejón de Ibarretxe
Editorial El Correo 28 Septiembre 2002

El lehendakari Ibarretxe precisó ayer los objetivos del proyecto nacionalista así como los procedimientos previstos para dotar a Euskadi nada menos que de «un nuevo estatus de libre asociación con el Estado español». Su intervención resultaba inaplazable en tanto que ni la sociedad vasca ni la sociedad española podían continuar por más tiempo recibiendo insinuaciones o mensajes equívocos sobre las intenciones del nacionalismo gobernante. Desde ayer la opinión pública conoce con exactitud el proyecto de Ibarretxe y su partido. Su contenido, lejos de aproximarse al establecimiento de un espacio compartido por todos los vascos, se aleja del consenso y la convivencia para presentar como anhelos comunes las aspiraciones particulares del nacionalismo. La iniciativa del lehendakari subordina la constitución de la sociedad vasca como comunidad política a la concepción que el nacionalismo tiene de la Euskal Herria transpirenaica. Al tiempo que convierte el pacto estatutario en una pasajera anécdota frente al injustificado atractivo que, al parecer de sus promotores, tendría la superación del actual marco para el conjunto de Euskadi.

Situado el objetivo final en la convocatoria de un referéndum que sancionaría el desenganche de los vínculos que mantiene el País Vasco dentro del Estado constitucional para convertirlo en un ente distanciado y soberano, resulta razonable imaginar el procedimiento descrito ayer por Ibarretxe como un proceso de paulatino desgaste de aquellas voluntades que consideren el binomio Estatuto-Constitución la fórmula óptima para garantizar la convivencia y el bienestar en Euskadi. Es lo que cabe concluir de la interpretación que los portavoces nacionalistas hicieron ayer de la propuesta.

El ardid de descalificar todo desacuerdo respecto a las pretensiones nacionalistas como bloqueo o veto, o el recurso de presentar la posición de las instituciones del Estado como imposición revela que tras el anuncio de un proceso «abierto, flexible, legal y democrático» prevalece un ánimo imperturbable que considera la propuesta del lehendakari no una aportación inicial para el intercambio de ideas, sino el catálogo de condiciones que el nacionalismo exige que cumplimenten las demás fuerzas políticas. Por amplia que sea la distancia que separa el proyecto de Ibarretxe de los planteamientos más extremos de la izquierda abertzale, esa comparación no sirve para avalar la iniciativa del lehendakari como potencial punto de encuentro de todos los vascos. Por de pronto, su contenido no alcanza ni de lejos el acuerdo logrado por el Estatuto no ya en el momento de su promulgación, sino ni siquiera en fechas más recientes. Es más, su diseño estratégico olvida que no resulta suficiente condicionar la celebración final del pretendido referéndum al logro previo de «un escenario de ausencia de violencia». Porque el gran peligro al que la propuesta de Ibarretxe empuja a la sociedad vasca es la frustración a la que está abocando con ella a las propias bases nacionalistas. Frustración de la que únicamente puede beneficiarse la barbarie.

Pero junto a la definición de los objetivos más a largo plazo, el lehendakari comprometió la acción inmediata de su Gobierno, en consecuencia con el ultimátum lanzado el pasado 12 de julio al Ejecutivo Aznar. La inquietud que suscita el empeño nacionalista por animar un proceso de superación o ruptura del marco legal vigente se vuelve aún más preocupante cuando, a cuenta de la legítima demanda de cumplimiento de las previsiones estatutarias, el lehendakari expone una relación de iniciativas que tendrían como cometido responder con hechos consumados a las resistencias que la Administración central está mostrando para el traspaso de las competencias pendientes. La asunción unilateral de éstas no sólo conducirá a un conflicto permanente entre ambas administraciones y al consiguiente perjuicio para los ciudadanos, sino que el nacionalismo convertirá la tensión desatada por el proceder del Gobierno Ibarretxe en el argumento central para apuntalar su aspiración última. En tanto que la 'libre asociación' presupone la existencia de un acuerdo amplio y sólido en Euskadi y entre Euskadi y el resto de España, quienes han empujado al nacionalismo hasta el callejón de Ibarretxe no desean otra cosa que avivar el desacuerdo para convertir la unilateralidad en secesión.

Viva Puerto Rico
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 28 Septiembre 2002

Nos faltaba Puerto Rico. Después de habernos comparado con todos los lugares en que la gente se parte la crisma, Palestina, el Ulster, Macedonia y Sri Lanka; después de habernos asimilado a tigres tamiles, salvadoreños y cubanos, nos faltaba Puerto Rico. El lehendakari añadió un modelo nuevo; el Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Bien es verdad que el referente irlandés tuvo su mención en el discurso: «el Gobierno español ha recorrido el camino inverso al británico». ¿Se referirá a la falta de complejos con que Tony Blair ha suspendido la autonomía del Ulster en aplicación de su particular artículo 155?

El soberanismo que nos trae Ibarretxe viene sobre dos patas: la libre adhesión, que está entre Puerto Rico y Javi Madrazo, y la soberanía compartida, concepto extravagante allá donde los haya; la soberanía se ejerce o no se ejerce, pero no se comparte. En la práctica, la soberanía compartida de Ibarretxe es como su sentido del diálogo, una exhortación al interlocutor para que acepte sus propuestas.

El presidente del Gobierno vasco «trasladó» su dicrepancia con la Ley de Partidos por ser «jurídicamente inconstitucional». ¿Y eso, es bueno o es malo?, habría que preguntarle. Porque desde su misma formulación, la apuesta soberanista tiene mal encaje con el artículo 1.2 de la Constitución, que establece en términos bastante inequívocos dónde reside la soberanía nacional y en ningún momento dice que se pueda compartir. La idea de un poder judicial en el que se agoten todas las instituciones judiciales en Euskadi, tal como la dibujó Ibarretxe, tampoco parece muy posible en la Constitución. Cambiar el Estatuto obliga, según la Constitución y el propio Estatuto, en su artículo 46, a conseguir el voto favorable de la mayoría de las Cortes Españolas, con perdón. No digamos nada sobre la intención de convocar un referéndum, última fase o recodo del camino antes de entrar en la tierra prometida, un término que introdujo ayer solemnemente en su discurso, por primera vez, que uno recuerde.

Su anuncio de referéndum en sustitución del «reconocimiento del derecho del Pueblo Vasco a ser consultado para decidir su propio futuro», nos introduce otro problema de encaje complicado en la Constitución, que establece con mucha precisión y en varios de sus artículos a quién corresponde la facultad de convocar un referéndum y a propuesta de quién. El Estatuto prevé la posibilidad de que el lehendakari convoque un referéndum para reformarlo, por delegación expresa del Estado y después de la aprobación de dicha reforma por las Cortes. No parece que Ibarretxe se esté trabajando bien el tema. Puerto Rico no nos cabe en la Constitución, pero la proclama que hizo ayer Ibarretxe parecía más un 'gora Kartajena'.

Los 'cincuenta de Leitza'
FERNANDO VALLESPÍN El País 28 Septiembre 2002

El pasado jueves, este periódico mostraba en portada la dolorosa estampa del puñado de ciudadanos de la pequeña localidad navarra de Leitza unidos en manifestación de protesta por el asesinato del guardia civil Juan Carlos Beiro. El pie de foto era bien expresivo: 'La soledad de las víctimas'. Y dentro de la categoría de 'víctimas' no sólo entraba el guardia muerto en el atentado sino todos los que 'osaron' solidarizarse con él. Hacen falta grandes dosis de valor cívico para exponerse de esa manera en un territorio tan hostil y cerrado. Por contraste, esa visión remitía enseguida a la conocida frase medieval alemana de 'el aire de la ciudad hace libre'. Aplicada al contexto vasco, equivaldría a la posibilidad de escaparse del escrutinio de nuestros vecinos, a moverse y actuar sin temer la mirada inquisitorial de los defensores de la ortodoxia patriótica. Justo lo que es prácticamente imposible en el asfixiante ambiente local de mayoría batasuna, donde sus representantes ofician de sacerdotes de una única posición política verdadera. El resto, los 'heterodoxos', se ven impelidos a esconder su condición de ciudadano; o, lo que es lo mismo, a anularla.

Ese mismo día, Ibarretxe declaraba que 'nueve de cada diez vascos no aceptamos la violencia, la rechazamos rotundamente'. Palabras sin duda sinceras y reflejo de una realidad empíricamente verificable. De poco sirven, sin embargo, a quienes forman parte de esa mayoría que siente sobre sus espaldas la pesada estructura reticular del submundo del nacionalismo radical. La minoritaria presencia de este último grupo en términos absolutos es compensada con creces por su desfachatez a la hora de recurrir a la amenaza y la práctica de la violencia para quienes disienten. Es difícil transmitir en términos inteligibles la vivencia que para sus víctimas potenciales tiene esta inmensa capacidad amedrentadora. Calificarla de 'soledad' se queda corto. Solamente las generaciones que han experimentado en sus carnes el ascenso del fascismo pueden cobrar una clara conciencia de lo que esto significa.

En un provocador artículo publicado en medio de la resaca del ataque a las Torres Gemelas, el filósofo Jean Baudrillard sostenía que el terrorismo no ha de medirse por sus consecuencias políticas o históricas efectivas; en el fondo carece de sentido y de meta específica. En un mundo en el que todo ha de ser tamizado por la razón y el principio de eficiencia, lo que convierte al terrorismo en un verdadero 'acontecimiento' es su sinrazón, nuestra incapacidad para encontrarle un sentido. Y, en efecto, es lo que siempre sentimos cuando nos enfrentamos a una nueva muerte o a otro acto de barbarie. Pero cuando contemplamos sus efectos sociales colaterales, la sensación de absurdo deja paso a otra mucho menos perpleja. Después de la piedad y el horror viene la indignación. Indignación por tomar conciencia de que la violencia no tiene nada de 'irracional'; la violencia paga. Resulta ser un magnífico instrumento de poder y control social. Como bien sabía Goebbels, la función de la violencia política es simbolizar, hacer ver al enemigo político que nadie puede escaparse a la larga mano de quien está dispuesto a valerse de ella para satisfacer sus fines.

En un mundo tan intrincado y complejo como el de la sociedad vasca es difícil verificar quién y cómo se beneficia de la violencia. O si existe o no un síndrome de Estocolmo colectivo. Lo que no cabe dudar es que, sin extirpar ese cáncer, no habrá soluciones políticas en Euskadi. Sobre todo porque poco a poco está acabando por conseguir lo que en el fondo impedirá acceder a una verdadera solución: la creación de dos comunidades enfrentadas y cada vez más irreconciliables. Con el agravante de que, después de romper la paz y la fibra moral de toda una sociedad, el efecto fragmentador de la violencia política amenaza con extenderse al campo de quienes ejercemos de analistas. Que no nos impida introducir lecturas plurales de lo real; pero que tampoco se nos olvide que ella es el auténtico enemigo.

Ruptura «con naturalidad»
CHARO ZARZALEJOS ABC 28 Septiembre 2002

Las previsiones se han cumplido con creces. Sin una palabra de compasión a las víctimas de ETA, moviéndose en la perfecta equidistancia entre las medidas del Estado y la violencia terrorista con «naturalidad» y dentro «de la legalidad», el lehendakari se confirmó a sí mismo lanzando una propuesta de Pacto Político por la convivencia basado en la libre adhesión al Estado plurinacional y en el derecho de autodeterminación . El Pacto Político alcanzado con el Estado «o, en su caso, del proyecto aprobado por el Parlamento vasco», será ratificado por la sociedad vasca por medio de referéndum «en un escenario de ausencia de violencia».

Aunque se sospechaba que «algo diría», socialistas y populares nunca pensaron que llegara a donde ha llegado. La intervención de Ibarretxe cayó como una losa. No se produjeron declaraciones estridentes pero los rostros de los parlamentarios de la oposición aparecían un poco demudados. El órdago estaba echado. Lo que propone Ibarretxe es una iniciativa en clave estrictamente nacionalista, para dar satisfacción en exclusiva a la frustración que los nacionalistas dicen tener. Nadie se detuvo a realizar análisis jurídicos ni nadie quiso hacer hincapié en que el artículo 46 del Estatuto dificulta las pretensiones de Ibarretxe. Se trataba de asimilar, de situarse ante una propuesta sin precedentes y que ahora ya todos tienen la convicción de que la llevarán adelante. Un punto de angustia y desasosiego se respiró en la oposición.

«Inmoral», «golpe de mano», «tragedia» fueron algunos de los calificativos empleados por Carmelo Barrio, Isabel Celaá o Bárbara Durkop que con los ojos llorosos musitaba «para esto han matado a Enrique». El impacto en las filas de la oposición fue indisimulado y la preocupación ante el futuro inmediato es más que cierta. «¿Con este horizonte quién va a ir en una lista del PP o del PSE»?, se preguntaba un parlamentario popular. Y ahí está la clave, en el futuro inmediato, un futuro en el que ETA va a seguir matando porque bien puede entender que el nacionalismo gobernante le está dando algo de razón y en el que Ibarretxe, sin descanso y haciendo caso omiso a las consideraciones de una parte de la sociedad vasca, va a trabajar tenazmente por ese borrador de pacto que en el plazo de un año se va a presentar para su aprobación. Y se aprobará porque, aunque ayer Arnaldo Otegi les dijo que «el Estatuto no es el camino de la soberanía», se repetirá la historia y pensarán, cuando llegue el momento, que mejor es esto que nada.

Patxi López denunció con firmeza el «trágala» propuesto por Ibarretxe y trató de desmontar la Euskadi feliz que el lehendakari gusta presentar. Mayor Oreja defendió la iniciativas del Estado de Derecho y auguró que la propuesta de Ibarretxe iba a propiciar la urgencia de la alternativa. Ellos dos, sólo ellos dos, se acordaron de la última víctima de ETA, aunque en su momento todos condenaran el atentado. Y fueron ellos dos los que representaron a los vascos que se sienten excluidos de una propuesta cuya mayoría en el Parlamento vasco está más que garantizada

Los nacionalistas, por su parte, quitando hierro al asunto. «No hacemos nada que esté fuera de las normas y de la legalidad», decían unos, mientras que otros trataban de explicar lo ocurrido acudiendo al símil del gato encerrado al que se le deja una rendija porque «entonces salta a los ojos y esto es metáfora porque no se trata de saltar a los ojos de nadie pero cuando no te han dejado salida...» Los nacionalistas de PNV y EA dan por descontado cualquier acuerdo. Creen que Aznar mantiene posiciones cerradas y que los socialistas «son unos frívolos». Creen que Aznar al igual que Batasuna no quieren buscar soluciones y que el PSOE va rebufo del PP, que es un partido «sin personalidad» y que, en definitiva, sólo desde el nacionalismo se trabaja, de verdad, por la paz. Ayer se constató en el Parlamento vasco que el hecho de que ETA mate por no estar de acuerdo con los planteamientos nacionalistas es un dato irrelevante.

El tripartito da por descontado el acuerdo y las críticas. Se ha dado el plazo de un año para preparar un borrador que en gran parte está ya diseñado y guardado en algún cajón. La esperanza secreta, el escenario ideal es que esa ausencia de violencia, es decir una tregua, -no se habla de ausencia definitiva, no se habla de inexistencia de ETA- coadyude a crear el clima necesario para que esta propuesta sea identificada con la paz.

Mientras todo esto se gesta, el Gobierno vasco va a trabajar para que el bienestar material se mantenga y en la medida de lo posible se acreciente. Tratará de visualizar que son capaces de gestionar materias no transferidas e incluso continuará hablando de diálogo. Va a predominar eso que Ibarretxe llama «naturalidad».

Pero ayer en los pasillos de la Cámara vasca, los parlamentarios de la oposición, con sonrisa de impotencia, hacían bromas sobre las casas que unos y otros tenían o bien iban a buscar fuera del País Vasco. Lo decían en broma porque la determinación tanto de socialistas como de populares es la de mantenerse en sus posiciones, sabiendo ya, sin duda alguna, que Ibarretxe dentro de un año se repetirá a sí mismo con la misma «naturalidad» con la que ayer puso un punto y aparte a veinte años de Estatuto.

Las lentejas de Ibarretxe
TONIA ETXARRI/ El Correo 28 Septiembre 2002

El lehendakari, en efecto, tenía un plan. Pero no para acabar con el terrorismo, sino para reafirmar la esencia del soberanismo. Es decir, que, pese a la declaración de principios - «la sociedad vasca ha exigido a ETA que deje de matar»-, su plan estaba centrado en su preocupación fundamental: «Que no nos dejan ser».

Hace dos años, cuando Ibarretxe tuvo que acortar la legislatura, dio la vuelta a su tabla de prioridades en un pleno similar al de ayer: primero, la violencia que amenaza la cohesión social; luego, los proyectos políticos. Ahora, tras su victoria el pasado 13 de mayo, aunque no tenga la mayoría parlamentaria, poco le importa dar la imagen de exclusividad que ayer recuperó para avanzar en su compromiso, ante su electorado radical (el que le votó y el que podría votar procedente de Batasuna).

Resulta curioso que reproche al PP que prometiera acabar con ETA en cinco años, sin haberlo conseguido, cuando el PNV ha gobernado veinte y tampoco lo logró. Claro que nunca se comprometió a acabar con el terrorismo. Ibarretxe, al hablar de la violencia, metió en el mismo cofre, las perlas del pasado -la guerra civil, el exilio, la persecución, la dictadura franquista- con las del presente: ETA. Un lehendakari más subido que Arzalluz, si cabe, decía que no aceptaba lecciones, prácticamente, de nadie. Que ahí estaban sus iniciativas para combatir el terrorismo: el Manifiesto de Eudel (impulsado sobre todo por la presión socialista, así como la Junta de Arkaute, sin quitar méritos a Sainz de la Maza y a Balza)

Pero el quid de la cuestión, para él, estaba en otro lado. Que Euskal Herria es una nación y que tiene derecho a la libre determinación. Esto es lo que hay. Sin posibilidad de veto y sin derecho de réplica. Un nuevo Pacto de Estatuto con el Estado. De igual a igual, como le gusta a Egibar. Y si no hay pacto, es lo mismo, lo aprobará el Parlamento vasco. Y se hará un referéndum, aunque el Estado no le dé validez. O lo tomas, o lo dejas; como las lentejas. Eso sí, con un matiz: la consulta se haría «en ausencia de violencia». Ni definitiva, ni cese. Ausencia, simplemente.

A Mayor le suena el guión. Es el Pacto de Lizarra más radicalizado. Al lehendakari Ardanza los asistentes más atónitos le comentaban: «Tu plan daba menos miedo». Y el socialista López decía que Ibarretxe no era el lehendakari del diálogo sino el de la imposición. «Nos hubiera gustado contar con el consenso de todos los partidos», decía de su compromiso ético. «Lo hemos hecho con quienes nos han querido acompañar». El PNV sigue arrastrado por la inercia insaciable de Batasuna. Y las víctimas de ETA, ayer, se sintieron un poco más solas.

'Con toda naturalidad'
EMILIO ALFARO El País  28 Septiembre 2002

Una de las facetas del lehendakari Ibarretxe que más desconcierta a sus interlocutores es su capacidad de plantear propuestas intrínsecamente rupturistas como si fueran un ejercicio de moderación. 'Con toda naturalidad', como invitó ayer a que se reconozcan las aspiraciones últimas de su partido. Seguramente, el propio Ibarretxe se sorprendería ante la estupefacción que causó en los no nacionalistas (y sobre todo en los nacionalistas que no lo son con la intensidad requerida) el desvelamiento de su proyecto de cuasi independencia indolora. Pues no otra cosa significa un 'estatus de libre asociación' con España, previo reconocimiento de la soberanía originaria del pueblo vasco.

Desde julio se aguardaba a que, agotado el ultimátum dado para el total cumplimiento del Estatuto, el lehendakari pusiera en escena un nuevo acto del guión que pergeñó hace dos años, cuando se sobrepuso a la depresión de Lizarra, y que tan buenos rendimientos le dio el 13-M. Pero no se esperaba que descubriera el horizonte máximo a medio plazo del nacionalismo no violento y lo elevara a la categoría de programa de gobierno. A diferencia del esquema del Pacto de Lizarra, el plan de Ibarretxe prescinde de ETA y Batasuna, y se vincula al Estatuto de Gernika nominalmente; sólo para hacer palanca y saltarse su espíritu y significado. Su desarrollo, sin embargo, encuentra dos problemas de gran envergadura. El primero, que no sirve para atraer al mundo de ETA a la senda de la democracia, que fue el señuelo con el que se intentó vender Lizarra a la sociedad vasca. En consecuencia, presentarlo como un 'pacto por la convivencia' y una aportación a la 'normalización' política resulta del todo inexacto. El segundo, y parcialmente asociado al primero, que carece de la suficiente masa crítica para llevarlo adelante. Si el Gobierno de Ibarretxe se vio imposibilitado el año pasado para sacar adelante los Presupuestos por falta de mayoría parlamentaria suficiente, difícilmente puede aspirar a obtener el respaldo superior que requiere una reforma del Estatuto. Al menos, si de verdad se pretende que sea pactada con los vascos no nacionalistas.

Es por ello que su estrategia se fundamenta en el tensionamiento institucional salpicado de conceptos biensonantes y en el amago demorado. El ruido del debate esencialista sobre la 'voluntad' y los 'derechos' del pueblo vasco en abstracto distrae la mirada del principal problema concreto de los vascos y, al mismo tiempo, es útil al nacionalismo gobernante para mantener los 80.000 votos que recibió el 13-M de Batasuna y aspirar a rebañar otros 50.000 que las encuestas le señalan como posibles. De ahí el nerviosismo con que recibió la Ley de Partidos y la suspensión de Batasuna por el juez Garzón.

Con la remisión a doce meses de la presentación del borrador de ese nuevo ¿estatuto? Ibarretxe vuelve a ganar tiempo a la espera de lo que pueda suceder en las elecciones municipales y en otros frentes. Pero lo hace a costa de crear en el seno de la sociedad vasca más dudas y conflictos de los que dice querer resolver.

El jardín del lendakari
FERNANDO ONEGA La Voz 28 Septiembre 2002

LA PROPUESTA de Ibarretxe es buena. Tan buena, que desafía la ortodoxia de la España política. Es imaginativa. Tan imaginativa, que sólo a él se le podía ocurrir. Es utópica. Tan utópica, que parece un reto al sentido común. Es original. Tan original, que no pensábamos que alguien se pudiera proponer una cosa así.

Es lógica: de lógica nacionalista, que es la del lendakari. Es moderna. Tan moderna, que propone volver a los pactos de asociación de los antiguos señoríos de la Edad Media. Y, finalmente, es una propuesta de futuro. De tanto y tan lejano futuro, que no la verán nuestros ojos. Sólo tiene un pequeñísimo defecto: es irrealizable.

¿Y por qué es irrealizable, si Ibarretxe piensa que ese pacto es deseado por la mayoría del pueblo vasco? Por un par de también pequeñísimas razones. Una, porque nos mete en tal jardín de reformas, Constitución incluída, que sólo pueden ser superadas con el acuerdo de los partidos Popular y Socialista. Y esos partidos nunca darán el visto bueno a una propuesta que consideran poco menos que enloquecida.

Otra, porque Ibarretxe tiene un pecado original: crea desconfianza. Nadie no nacionalista se fía de sus intenciones. Y es para no fiarse, porque hizo el discurso parlamentario más soberanista de su mandato. Es un discurso para distanciarse de España, no para integrarse más. Y, con ese objetivo, no puede ser aceptado por quienes defienden la unidad de la Nación española.

Pero ojo, Gobierno de España. No estamos ante un loco. Visto desde el País Vasco, Ibarretxe se ha situado ayer en el medio del escenario. Deja a un lado a ETA, y a otro al españolismo. Para muchos vascos, se ha erigido en la referencia del equilibrio, del centrismo, que revaloriza su figura. Desde ayer es el árbitro de las tensiones, que ofrece una propuesta para conseguir la pacificación. Como valor electoral, seguro que está en su máxima cotización. Y eso también es una victoria.

Radicalización y ruptura social
RAFAEL AGUIRRE/ El Correo 28 Septiembre 2002

Sería pretencioso, así a bote pronto, hacer una valoración política y jurídica profunda de las propuestas del importante discurso que ayer pronunció el lehendakari. Pero hay algunas cosas que sí se pueden y hasta se deben decir. La primera es que la famosa 'tercera vía' -que de tal se iba a tratar estaba cantado- se ha formulado de una forma sumamente radical. Sin duda habrá sonado bien a los oídos del radicalismo abertzale, pero sería una ingenuidad total pensar que con esto se va a saciar la bestia. En otras palabras, el planteamiento del lehendakari no lleva al desistimieno de ETA, pero sí rompe los acuerdos políticos básicos en que se sustentaba la democracia en la sociedad vasca. Y esto es nefasto en una situación en la que, en mi opinión, la prioridad política absoluta es la lucha contra el terrorismo y la cultura de la que vive, lo que exige rehacer la unidad básica entre todos los demócratas. Nos embarcan, sin asegurarse del terreno que pisan, en un proceso de crispación social, de graves conflictos institucionales y de resultados muy inciertos.

No basta con decir que el referéndum para aprobar el nuevo proyecto político que va a elaborar el Parlamento vasco sólo se realizará en ausencia de terrorismo. Es todo el proceso de discusión política, que según el lehendakari debe involucrar no sólo a los representantes políticos, sino al conjunto de la sociedad, de una forma que me parece muy peligrosa, el que tendría que realizarse en un clima de serenidad y sin la presión del chantaje de los violentos, circunstancias que están muy lejos de darse y -hay que repetirlo- afectan a quienes no son adictos a los postulados nacionalistas. Así las cosas, y por mucho que se diga lo contrario, se trata de aprovechar el miedo incubado por el terrorismo y el clima de presión social para sacar ventajas políticas.

El discurso del lehendakari señala al inicio tres males que afectan a la sociedad vasca: la violencia terrorista, el autoritarismo centralista y la exclusión, con la que se refiere a las medidas legales y penales tomadas contra Batasuna. Me temo que la raíz del problema está en que no se jerarquizan debidamente las discrepancias, que son legítimas, pero de naturaleza absolutamente diferente. No se trata de abrir una alternativa entre el terrorismo etarra y la inflexibilidad del PP. No se puede equiparar la perversión moral e ideológica con la discrepancia política, por fuerte que ésta sea. En cuanto a las medidas contra Batasuna, ¿qué quieren que les diga? Hay que exigir todas las garantías jurídicas, pero ya era hora de acabar con la impunidad e inhumanidad de la que han hecho gala durante lustros los matones y adláteres del mundo etarra. Garzón actuó contra los GAL, contra las mafias del narcotráfico, contra Pinochet, contra los militares argentinos y ahora actúa contra el entramado del terrorismo vasco. Se le podrán sacar otros defectos a este hombre, pero llamarle fascista o manejado por el Gobierno del PP es sencillamente ridículo ydemagógico.

El lehendakari ha dicho al final de su discurso que hay que «poner a la disposición de la próxima generación un nuevo marco para la convivencia». Otra vez el eterno retorno del mito de los orígenes puros. Sin embargo, de momento, con un planteamiento basado en la radicalización del nacionalismo lo que ha hecho es romper el marco que nos habíamos dado la generación presente y fracturar aún más la sociedad vasca. Los avances democráticos de envergadura se tienen que asentar sobre mayorías amplias y plurales. No sé si es el vértigo del poder o los malos asesores lo que le lleva al lehendakari a afirmar al final del discurso que está convencido de que cuenta «con el apoyo de la sociedad vasca». ¿Quién puede, sin más, hablar en nombre de la sociedad vasca? Pero, ¿es que desconoce la pluralidad de la sociedad vasca?

La autocomplacencia con que el lehendakari empieza el tan mencionado discurso -licencia permitida a todo gobernante, aunque las cotas a que llega son, en verdad, un tanto alarmantes- sería de mejor gusto si evitase el afán de considerarse por encima de España, vista como una entidad extraña, en los diversos puntos que va tratando (vivienda, política industrial, sociedad de la información...). Pero es que, además, el más elemental rigor intelectual le debería llevar -sin disimular las discrepancias políticas del momento- a hablar del componente hispano de lo vasco y viceversa. En el País Vasco el miedo y la demagogia han convertido en políticamente incorrecto decir lo obvio, lo que debería verse como un patrimonio enriquecedor de todos.

La propuesta de Ibarretxe
ANTONIO PAPELL/ El Correo 28 Septiembre 2002

El programa electoral del PNV era claramente 'soberanista', y por ello no puede extrañar que, en el Pleno sobre Política General celebrado este viernes en el Parlamento vasco, el lehendakari planteara una propuesta coherente con aquella actitud, que se manifestaba por primera vez de manera tan explícita y notoria. Pese a algunos gestos (el abrupto ultimátum al Gobierno planteado en julio) que hacían temer que el PNV estaba disponiéndose a provocar una ruptura institucional de imprevisibles consecuencias, otros indicios posteriores confirmaban que el lehendakari optaría por la vía reformista. Y esto es lo que ha hecho, al menos en apariencia. Porque, aunque es preciso reconocer que Ibarretxe desea transitar por la «vía procedimental contemplada en las normas estatutarias y constitucionales vigentes», es muy dudoso que este tránsito sea en realidad posible, por mucho que se fuerce la interpretación de la legalidad constitucional.

La propuesta en cuestión consiste en un «nuevo pacto político para la convivencia, basado en el reconocimiento de nuestra identidad nacional y en la libre asociación a un Estado plurinacional», con el objetivo de lograr la «soberanía compartida». Ciertamente, no nos debemos dejar cegar por las palabras ni por los conceptos, ya que a la hora de la verdad las leyes no juzgan ni prejuzgan intenciones. Pero es dudoso que cuanto emane de esta filosofía política pueda tener encaje en nuestro ordenamiento y resultar aceptable por los grandes partidos. En el artículo primero, apartado segundo, de la Constitución, se escribe literalmente: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado». La soberanía es, pues, única e indivisible, y ningún Estado del mundo aceptaría reconocer la 'soberanía' de una parte de su territorio para después pactar con él una 'asociación voluntaria'. Y, con toda probabilidad, ningún hermeneuta llegaría a la conclusión de que las disposiciones adicionales de la Constitución y del Estatuto de Autonomía vigente, que reconocen para el pueblo vasco los derechos que le hubieran podido corresponder en virtud de su historia, permiten interpretar de otro modo aquel tajante precepto constitucional.

Así las cosas, el problema regresa a un estadio primario del gran debate vasco entre nacionalistas y no nacionalistas: al reconocimiento o no del derecho de autodeterminación. Como es conocido, para los constitucionalistas, tal derecho sólo corresponde al pueblo español en su conjunto, titular de la 'soberanía'.

La propuesta de Ibarretxe, que ya retuerce en estos aspectos la Constitución hasta más allá de lo posible, no se detiene sin embargo en tales postulados teóricos, sino que reclama otras demandas que son todavía más difíciles de atender puesto que contravienen otros preceptos constitucionales mucho más explícitos y menos 'interpretables': el lehendakari quiere el reconocimiento de la capacidad plena para convocar un referéndum; el reconocimiento de la nacionalidad vasca a efectos políticos, jurídicos y administrativos; la configuración de un poder judicial autónomo en el que se agoten todas las instancias judiciales en Euskadi; la presencia vasca directa en las instituciones europeas, etcétera. En lo tocante a las transferencias pendientes, se dispone a asumir algunas competencias no transferidas, lo que augura un complejo conflicto institucional.

Aunque nada se opone a que se plantee una reforma del Estatuto por las vías tasadas, es claro que la propuesta de Ibarretxe va mucho allá, en términos que manifiestamente colisionan con el espíritu y la letra de la Constitución vigente. Y aunque haya que felicitarse por el hecho de que tal radicalismo no se exprese en términos rupturistas, en la práctica se está cimentando un recrudecimiento del conflicto político, ya que una demanda tan extrema va a permitir bien escasa negociación con unas fuerzas políticas que defienden como principal norte la vigente legalidad.

Tiene además la propuesta de Ibarretxe un inconveniente práctico añadido: el de parecer ignorar que unas demandas tan extremadas no podrían en modo alguno colmarse por las vías tasadas en la Constitución y el Estatuto. Es obvio que al amparo de tales normas fundamentales no se pueden promulgar leyes que desvirtúen la legalidad originaria. Y ni siquiera los legisladores podrían, aunque quisieran, aprobar un Estatuto de Autonomía que fuese contra la propia letra de la Carta Magna. En definitiva, Ibarretxe propone un imposible, aunque con la virtud, nada desdeñable, de hacerlo civilizadamente.

Este análisis no puede concluir sin una observación relevante y necesaria: la propuesta de Ibarretxe, perfectamente legítima como cualquier otra iniciativa política, puede y debe ser aceptada respetuosamente, contradicha si procede en el mismo tono en que ha sido emitida, debatida y negociada hasta el límite por todos los demócratas. Porque es en este momento especialmente necesario distinguir entre la locura ideológica de los asesinos que albergan un macabro furor independentista, que ni siquiera puede ser tomado en consideración, y los postulados, lógicamente opinables, de un nacionalismo que nada tiene que ver con los sanguinarios designios del terrorismo.

Mayor denuncia que el plan del lendakari tiene «un capitán, un jefe y un juez», que es ETA
J. J. SALDAÑA ABC 28 Septiembre 2002

VITORIA. El PP y PSE rechazaron, con firmeza, la propuesta del lendakari que, según Mayor, constituye «un desafío, una declaración de guerra» a España y Francia, y es el resultado de un discurso que «asocia el crimen de ETA y la mentira del PNV». Ambos partidos reprocharon al lendakari el asumir los postulados de ETA y apostar por una «política radical» que no conducirá a nada.

A la tensión política que reina en el Parlamento autonómico por la «imposición» de la minoría nacionalista, que llevó al delgado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, desde la tribuna de invitados, a blandear su mano en un gesto de afrenta al lendakari, se sumó un sentimiento generalizado de «preocupación» en los escaños del PP y del PSE-EE por la confluencia de los objetivos de Ibarretxe y de ETA. Pero, también, por la «incertidumbre, división y confrontación» que generará este proyecto diseñado «sólo y exclusivamente para los nacionalistas».

Jaime Mayor se refirió al proyecto independentista de Ibarretxe como «una traición a las víctimas» y «un desafío, una declaración de ruptura y de guerra política a España y a Francia» ante la cual, subrayó, está el Estado de Derecho y la maduración de una alternativa al Gobierno nacionalista.

Para el drigente popular, el discurso de Ibarretxe, escenificando «el no diálogo, el no acuerdo y la no esperanza», parte de «una extraña asociación entre el crimen de ETA y la mentira del PNV que hace que, en ocasiones, haya una sensación de espejismo» que es, a su juicio, lo que se produjo ayer.

Acusó a Ibarretxe de «estar al frente de la mentira» por sostener que hoy «arranca un proyecto» cuando, según destacó, éste se inició en Estella y tiene «un capitán, un jefe y un juez que es ETA» ante la que «nunca estarán a la altura», subrayó.

El dirigente popular minimizó, en todo caso, el alcance de ese proyecto de «ruptura a plazos» que supone la asunción de «la alternativa KAS» por el lendakari y el PNV ante el deseo de hacerse con «esa herencia que les va a dejar ETA». En su opinión, además de ser «un proyecto imposible», «si algún peligro tiene es su alejamiento de la realidad» y su pretensión de desviar la atención de una «situación real» que está marcada por el asesinato del cabo Juan Carlos Beiro y la persecución legal y judicial contra Batasuna.

A su juicio, ha sido esta iniciativa contra la impunidad de los verdugos «real y sólida», la que está haciendo cambiar la situación vasca y, por esta razón, el PNV ha presentado esta propuesta como «un sucedáneo a la ley de Partidos», repitiendo lo que hizo tras Ermua. En su opinión, «hoy son más nacionalistas y menos demócrtas». Por último, criticó al Gobierno vasco porque «la lucha contra ETA no es su prioridad» y le emplazó a hacer algo más para recuperar la iniciativa porque «combatir el terrorismo no es convocar concentraciones o crear un obervatorio», recalcó.

López le llama «batasuno»
El socialista Patxi López se refirió al discurso de Ibarretxe como «el más frustrante y decepcionante de los últimos años», y le advirtió que no cuenten con su apoyo en este «ejercicio de unilateralidad, partidismo y radicalidad» que demuestra su apuesta por «batasunizarse». López reprochó al lendakari que ante una situación en la que la primera prioridad debe ser recuperar la libertad, no presentara ni una medida para luchar contra ETA y propusiera como solución «más nacionalismo, en una especie de Lizarra II pero sin tregua de ETA».

Asimismo, le restó legitimidad para proponer, desde su mayoría exigua, una propuesta de ruptura unilateral del Estatuto y aseguró que estamos ante «un enfrentamiento, sin precedentes, con los poderes del Estado y una crisis política y de conviviencia de consecuencias cada vez más incontrolables».

Ibarreche desafía al Estado y pide la independencia para el País Vasco saltándose la Constitución
Vende su secesión como un modelo basado en la libre asociación y la soberanía compartida Apunta sin rubor la expansión a Navarra y al sur de Francia Amenaza con asumir todas las competencias propias de un Estado soberano
El lendakari, Juan José Ibarreche, concretó ayer su desafío al Estado y al Gobierno de José María Aznar y pidió lo que supondría en la práctica la independencia del País Vasco. En el Pleno del Parlamento vasco, Ibarreche propuso un nuevo pacto con el Estado que desarrolle un modelo basado en la libre asociación y la soberanía compartida, y apuntó sin rubor a la influencia del País Vasco sobre Navarra e Iparralde. Como paso previo, amenazó con asumir unilateralmente todas las competencias propias de un Estado soberano. Por su parte, Arnaldo Otegui, que con este discurso se queda sin espacio político, dijo que Ibarreche se pone la «chaqueta abertzale» para ocultar que cumple los autos de Garzón.
E. Mejuto - Vitoria.- La Razón 28 Septiembre 2002

El PNV lanzó ayer un órdago al Estado y al Gobierno de José María Aznar al proponer en el Parlamento vasco un nuevo pacto que supondría en la práctica la independencia del País Vasco y la posibilidad de que éste se asociase, al estilo de Puerto Rico, con cualquier país plurinacional.

Ibarreche fijó en doce meses el plazo para elaborar y presentar un borrador «articulado» que recoja las líneas básicas de lo que será este «nuevo pacto político» y que supondrá la «superación» de la Constitución y del actual Estatuto de Guernica. Según Ibarreche, este pacto se encontrará basado en el «reconocimiento» de la «identidad nacional» vasca y en la «libre asociación» a un «Estado plurinacional».
El «lendakari» hacía este anuncio durante su intervención en el debate de Política General que en la mañana de ayer se celebró en el Parlamento vasco y en el que no faltaron sus exigencias de, entre otras cosas, un Poder Judicial vasco, reconocimiento de la nacionalidad vasca y presencia directa en las instituciones europeas.

Referéndum
Como señaló Ibarreche en la Cámara de Vitoria, el proceso de elaboración del nuevo texto culminará cuando, una vez redactado éste, se lleve a cabo la celebración de un referéndum en el País Vasco «en un escenario de ausencia de violencia» y «sin exclusiones».
Según el «lendakari» esa consulta popular pondrá fin a un proceso de negociación en el que el País Vasco, desde una posición de «nación asociada a la UE», buscará un «pacto político» para «reformar» y «superar el actual Estatuto de Autonomía de Guernica» con el objetivo de lograr un estado de «soberanía compartida». Para la consecución de este nuevo marco, a juicio de Ibarreche, las vías serían el artículo 46 del Estatuto de Autonomía, que recoge el procedimiento de su propia reforma, así como las disposiciones adicionales del Estatuto y la Constitución que citan que la aceptación del Estatuto no supone la «renuncia del pueblo vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia». Por otra parte, anunció que el Gobierno autonómico comenzará a financiar aquellas competencias que a día de hoy no han sido transferidas por el Estado.
Esto se hará, según las palabras de Ibarreche, «asumiendo el mayor coste» que ello suponga «en términos de anticipo económico a regularizar». Es decir, apuntará lo gastado para luego pasarle la factura al Gobierno español, descontando el total del «cupo», el dinero que la Hacienda vasca debe transferir a la estatal cada año.
En este sentido acusó al Ejecutivo Central de estar «defraudando» a los vascos «varios cientos de millones de euros anualmente».

En sus críticas vertidas hacia el Gobierno de José María Aznar, Ibarreche dudó de la independencia de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial y señaló que nos encontramos en un «proceso de involución democrática». Por ello, emplazó al Tribunal Constitucional para que exponga las medidas tomadas para hacer cumplir al Gobierno sus propias sentencias.
En la misma línea, el «lendakari» advirtió que la Ley de Partidos y la deslegalización de Batasuna son «túneles hacia el pasado» que supone, según él, el retorno hacia «lo que en el franquismo se conocía como el Estado nacional español».
Tras la intervención de Ibarreche, el portavoz de Sozialista Abertzaleak en el Parlamento Vasco, Arnaldo Otegui, acusó al lendakari de «resucitar el Estatuto» porque carece de una «estrategia hacia la soberanía» y le recriminó por «apropiarse y adulterar conceptos que suenan a izquierda abertzale», algo que limita el espacio político de los batasunos.
En su intervención en el Debate de Política General, Otegui consideró que Ibarreche ha incurrido en la «grave irresponsabilidad política de seguir en la estrategia de los últimos 23 años», con un discurso de «ocultismo y de prestidigitación».

PP y PSOE lo rechazan
Crítica y distanciamiento absoluto de la propuesta realizada por Ibarretxe ha sido la posición manifestada por socialistas y populares en el transcurso del debate de política general. Tanto Patxi López como Mayor Oreja han negado el carácter de «pacto» a la propuesta realizada por Ibarretxe y ambos han anunciado su rechazo a la misma.

Un grupo de radicales incendia un autobús de Euskotren en Santurce
Desconocidos calcinan diez vehículos en Barakaldo
VASCO PRESS BILBAO El Correo  28 Septiembre 2002

Un grupo de desconocidos ha prendido fuego a un autobús urbano mediante el lanzamiento de "cócteles molotov" esta madrugada en la localidad vizcaina de Santurce, según han informado fuentes del Departamento de lnterior del Gobierno vasco.

El ataque se ha producido a la una de esta madrugada en el aparcamiento de Cabieces que tiene la compañía Euskotren en la localidad de Santurce. Desconocidos han arrojado varios "cócteles molotov" contra el autobús urbano, que se encontraba estacionado y vacío.

El fuego causado por los artefactos ha arrasado por completo el autobús. Hasta el lugar han acudido patrullas de la Ertzaintza y unidades del Equipo de Bomberos para sofocar el incendio.

Por otra parte, a las dos menos cuarto de esta madrugada desconocidos han provocado un incendio en el aparcamiento que tiene Citroën en la plaza Buen Pastor de la localidad vizcaina de Barakaldo. Diez vehículos nuevos han resultado calcinados y otros dos turismos quedaron afectados.

Interior está investigando este incendio y no descarta ninguna hipótesis aunque apunta la posibilidad de que se trate de un incidente de vandalismo causado por el grupo de pirómanos que viene actuando desde hace tiempo en Barakaldo.

Detienen a tres radicales catalanes por su vinculación con ETA
Uno de los independentistas fue absuelto por encadenarse a la portería en el Barça-Madrid
Los tres independentistas radicales detenidos la madrugada de ayer en Barcelona, acusados de participar en actos de violencia callejera y de mantener correspondencia con varios miembros de los «comandos Barcelona» de Eta. Uno de ellos participó en un campamento de Jarrai en Zaldivia.
Josep Clemente - Barcelona.- La Razón 28 Septiembre 2002

La detención de tres independentistas radicales la madrugada de ayer en Barcelona ha puesto al descubierto las extrañas relaciones de éstos con el mundo proetarra, al igual que sucediera con los «okupas» de Terrassa a finales del verano del pasado año. Los detenidos, Oriol Capdevila Maya, el argentino Claudio Alejandro Tismineztky y Francesc Armengol Maya, están acusados de participar en actos de violencia callejera como la queja de cajeros automáticos el 18 de diciembre de 2001 en la calle Badal de la capital catalana. Los dos primeros fueron detenidos la mañana del jueves cuando salían de sus domicilios, mientras que a Francesc Armengol le apresaban ayer por sus vinculaciones con los dos anteriores.

A los tres independentistas radicales, que permanecen detenidos en las dependencias de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, se les vincula con actos de «kale borroka» en Cataluña desde 1996, y uno de ellos, Oriol Capdevila Maya, fue detenido en Barcelona el pasado 16 de marzo por encadenarse a una de las porterías del Camp Nou durante el encuentro Barça-Real Madrid, al concluir la cumbre europea de Jefes de Estado y de Gobierno. Fue absuelto esta misma semana por estos incidentes.

Escuela de Jarrai
Otro de los detenidos, el argentino Claudio Alejandro Tisminetzky, que aparece vinculado a los movimientos radicales y «okupas» de la Ciudad Condal, participó junto a esos colectivos en las protestas violentas que se produjeron en Barcelona contra la cumbre europea. Además, Tisminetzky fue identificado en el mes de abril de 1996 en el Gazte Topagunea, unas jornadas a modo de campamento que organizó Jarrai en la localidad guipuzcoana de Zaldivia, donde gobierna Batasuna por mayoría absoluta. Asimismo, al argentino se le identificó entre los activistas que produjeron los disturbios ocurridos en enero de 1999 en el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) durante la visita del presidente del Gobierno, José María Aznar. También está relacionado con el intento de boicot de la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad Condal a Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina. En el registro de su domicilio la policía encontró abundante documentación relacionada con los independentistas catalanes, así como diversa correspondencia con varios miembros de los «comandos Barcelona» de Eta desarticulados en la capital catalana.

Concretamente, las Fuerzas de Seguridad del Estado encontraron diversas cartas dirigidas a los presos de Eta, Dolores López Resino, alias «Lola», al hijo del comisario de Policía de Mataró detenido junto al grupo «okupa» de apoyo a la banda, Diego Sánchez Burria, y a Liarni Armendáriz González de Langarica. cuñada del ex jugador azulgrana Txiki Beguiristain. A los tres detenidos también se les vincula con los grupos radicales independentistas «Endavant» y «Rescat», de los que poseían abundante propaganda en la que se reclamaba la libertad de los presuntos colaboradores de la banda terrorista.

La delegada del Gobierno en Cataluña, Julia García-Valdecasas, declaró ayer, tras conocerse el alcance de las detenciones, que «es importante que estos grupos de independentistas violentos, de proetarras, sepan que sus salvajadas no van a quedar impunes, que tarde o temprano tendrán que responder ante la justicia por sus hechos». En la misma línea, García-Valdecasas señaló que «estas minorías fanáticas y violentas no tienen sitio en nuestra sociedad, por lo tanto no deben tener ningún tipo de comprensión o amparo porque eso les fortalece». Se da la circunstancia de que ya en enero de 1999, el entonces ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, adelantó en el Congreso que varios miembros vinculados a Jarrai y, por tanto, a la «kale borroka», habían participado en los enfrentamientos con la Policía en Bellaterra, que dieron origen a las cargas policiales por las que se interesó la oposición socialista y de IU. Fuentes policiales no descartan que sea en colectivos como el ahora detenido donde la banda terrorista Eta busca sus contactos para la reconstrucción de un nuevo comando.

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