AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 29 Septiembre  2002
Contra el desafío, el Estado
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  29 Septiembre 2002

ETA pone a Ibarretxe ante la cruda realidad del País Vasco
Impresiones El Mundo 29 Septiembre 2002

El temor de Arzalluz
Jaime CAMPMANY ABC 29 Septiembre 2002

Soberanía, independencia y sedición
LUIS IGNACIO PARADA ABC 29 Septiembre 2002

Una consulta ilegal, desleal y mendaz
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 29 Septiembre 2002

Tejeritis

ALFONSO DE LA VEGA La Voz 29 Septiembre 2002

Ikurriña españolísima

JON JUARISTI ABC 29 Septiembre 2002

El frenesí independentista del PNV
JOSÉ LUIS BARBERÍA | San Sebastián El País 29 Septiembre 2002

Las ideas de Ibarretxe
Cartas al Director ABC 29 Septiembre 2002

Gris
JOSÉ MARÍA ROMERA/ El Correo 29 Septiembre 2002

Dan miedo
Cartas al Director El Correo 29 Septiembre 2002

Navarra, firme frente a los crímenes de ETA
Redacción - Pamplona.- La Razón 29 Septiembre 2002

¡Basta ya! asegura que Ibarretxe está preparando una nueva Yugoslavia
J. MOLINERO El Mundo 29 Septiembre 2002

Redondo culpa a los que defendían el entendimiento con los nacionalistas
ABC 29 Septiembre 2002

Contra el desafío, el Estado
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Septiembre 2002

El señor Ibarretxe ha explicado sin tapujos y hasta con minuciosidad el proceso de independencia tal como piensa llevarlo a cabo el Gobierno Vasco. Dicho de otro modo, el Ejecutivo de una de las Comunidades Autónomas -la vasca- ha hecho público el plan que la convertirá en un Estado (asociado, eso sí, del que sale). ¿Debemos calificarlo como rebelión? Basta con describirlo. Se trata de un hecho tan brutal que ha llegado a avergonzar a la dirección del periódico más sensible al hecho nacionalista. «El País» ocultó en los titulares de portada las dos expresiones clave: «Estado» e «Independencia». Pensaron, sin duda, que es una dosis que deberán ir dando a cucharillas a su clientela.

¿Y cuál ha sido la respuesta del Gobierno de la Nación a esta proclama de independencia? Se ha limitado a reaccionar «retóricamente». No ha contestado como Gobierno y con la solemnidad institucional que el desafío merece. El presidente Aznar aprovechó un mitin para desautorizar el diseño independentista y a buen seguro tendremos un torrente de declaraciones de ministros. Del mismo modo mostrará su disconformidad J. L. Rodríguez Zapatero que hace tan sólo unos días antes había dicho que habría que volver a buscar el entendimiento con el PNV en cuanto pasaran las elecciones. No tendrá que esperar tanto. Ya le ha citado Ibarretxe. El gobierno separatista ha anunciado una ronda de conversaciones «sin exclusiones» con todos los partidos en las que les sondeará respecto al pacto de Estado del que deberá salir un nuevo Estatuto y el referéndum para la autodeterminación. Se cumplirán así las aspiraciones de quienes defienden el «diálogo». Zapatero, Maragall, Patxi López..., incluso Labordeta, podrán dialogar ampliamente sobre estos extremos y la conquista de la paz social.

Pero volviendo a la pregunta: ¿Ha sido adecuada la respuesta del Gobierno central a la proclama independentista de Ibarretxe, nada platónica, nada retórica, nada inconcreta, nada vagorosa, nada indefinida, sino absolutamente precisa en sus tiempos y en sus formas?

En absoluto. El Gobierno de la Nación está obligado a dar una respuesta institucional con toda la solemnidad que requiere la provocación. No para caer en ella sino para desautorizarla. No para valorar al contrario sino para estar a la altura de la gravedad del hecho. Porque quien lo ha hecho es una parte del Estado. No es un jefe de partido. Es el jefe de gobierno de una Comunidad quien ha hecho el desafío al orden legal, a la Constitución, a la paz civil y quien ha anunciado que apelará al Parlamento vasco para que lo «legitime». Así pues, a mi entender, ni modesto ni inmodesto, el Gobierno central, el Gobierno de la Nación, tendría que dar una respuesta como tal y con todo el aparato institucional y litúrgico que la cuestión, gravísima, merece. A mi juicio tendría que reunirse con toda urgencia el Parlamento, tendría que analizar el desafío a la voluntad de todos los españoles. Debería sacar la cuestión del ámbito vasco de decisión y de debate y llevarlo allí donde tiene su asiento la voluntad de toda la nación española.

Una respuesta no proporcionada a la gravedad de los hechos provocará una sensación de desvalimiento colectivo, de vascos y no vascos; una sensación de debilidad, de pérdida de iniciativa del Poder, de vacío institucional, de desaparición del Estado...

El Ejecutivo, el Parlamento español, los partidos... no pueden ponerse de perfil. Eso no sería prudencia sino abandonismo. Por el contrario, responder con la fuerza de la Constitución no es temeridad, sino obligación. Estamos en esa hora en que sólo vale la Política con mayúscula y en la que el político tiene que comportarse como hombre de Estado.

ETA pone a Ibarretxe ante la cruda realidad del País Vasco
Impresiones El Mundo 29 Septiembre 2002

A última hora de ayer, a través de un comunicado, ETA puso a Ibarretxe ante la más cruda realidad del País Vasco que él había ignorado en su discurso del Parlamento el día anterior, en el que sólo dedicó un párrafo a la amenaza terrorista dentro de la explicación de su proyecto de Estado Libre Asociado. La banda llega ahora en sus amenazas más lejos que nunca, en respuesta al proceso de ilegalización de Batasuna pactado por PP y PSOE, al convertir en «objetivo militar» las sedes y los mítines de estos dos partidos.Incluso advierte a los ciudadanos que no se acerquen a los edificios donde están instaladas ambas formaciones. Un paso más, no cabe duda, en la escalada criminal de una organización, que ya en los últimos años había ampliado el espectro de los amenazados.

Desgraciadamente, no es ninguna sorpresa que un grupo de desalmados que ha convertido la muerte en su razón de ser coaccione de forma tan indiscriminada. Lo que tras esta bravuconada criminal resulta intolerable e inadmisible es que el PNV, su presidente y el lehendakari coincidan en los objetivos con una banda que anuncia su intención de atentar contra las sedes y los mítines de la oposición parlamentaria al Gobierno nacionalista. Muchas veces se ha dicho que ETA, en realidad, no va contra el Estado, sino contra la democracia misma.Aquí tenemos otra evidencia. Los terroristas, al poner en su punto de mira los actos del PSOE y el PP, quieren impedir que las elecciones --las próximas municipales para empezar- se celebren en libertad. Hay que exigirle a Ibarretxe que, sin perder un sólo instante anuncie hoy mismo en el Alderdi Eguna -día del partido- qué medidas piensa tomar para que en el país que gobierna se puedan celebrar los comicios con plenas garantías democráticas.Con razón ayer mismo en San Sebastián los amenazados por la banda terrorista mostraron su temor a que en el Estado Libre Asociado que propugna el PNV exista aún más indefensión.

El temor de Arzalluz
Por Jaime CAMPMANY ABC 29 Septiembre 2002

Tengo la impresión de que por primera vez en su vida política de mandamás y gerifalte, a Javier Arzalluz le ha entrado el miedo de que se le acabe «Eta». El triple acoso -policial, económico y jurídico- al complejo edificio que montó el proyecto separatista amenaza con terminar más tarde o más temprano con echarlo al suelo. Cada vez se va haciendo más difícil llevar a cabo los actos de terror. Los dirigentes y los mandados etarras van cayendo en manos de la policía, tanto en Francia como en España. La financiación de la actividad terrorista encuentra cada día nuevos obstáculos y la banda dispone de menos hombres, de menos dinero, de menos armas, de menos libertad de movimientos. Y el cerco jurídico a Batasuna cercena el brazo político, indispensable para explotar el buen éxito de los actos terroristas.

Hasta ahora, al nacionalismo llamado con evidente eufemismo moderado o democrático le bastaba con condenar de dientes para afuera los actos de terror mientras por un lado los consentían y nada hacían para acabar con ellos, y por otro los utilizaban como amenaza para ir arrancando concesiones al Estado y cansancios -hartazgos- a la sociedad. No es fácil hallar una imagen más expresiva que la utilizada por el propio Arzalluz: Unos tienen que mover el árbol para que otros recojan las nueces. Y la segunda frase, que es una confesión palmaria: «Nunca se ha obtenido una independencia sin que unos «arreen» y otros negocien». Bueno, pues lo de mover el árbol y lo de «arrear» se va poniendo cada vez más peliagudo.

La existencia y presencia legal y operativa de Batasuna en la política vasca completaba cómodamente el edificio del proyecto separatista; proyecto claramente escalonado, desde el PNV y EA, que condenan pero se aprovechan del terror, hasta la propia banda, exaltada como ejército de «gudaris» heroicos, apoyada siempre con peticiones de amnistías y defendida ante las leyes penales y ante los reglamentos penitenciarios, pasando por un «partido político» (Batasuna) con el que se puede pactar, coincidir en las votaciones y repartirse los papeles en el juego frente al Estado, adversario común.

El derribo de las torres gemelas el 11-S fue aldabonazo en el mundo libre. Aquello puso al descubierto el peligro y la crueldad de esa forma contemporánea de hacer la guerra que es el terrorismo. Y en España, por primera vez se ha tomado en serio la lucha antiterrorista sin saltarse a la torera la Constitución, con la ley en la mano, con las armas que ofrece la democracia y el Estado de Derecho y sin concesiones políticas ocasionales por conveniencias de partido. Y ahí duele. La ley que deja fuera de ella a Batasuna no será fácil de aplicar, y todo el arco de las fuerzas nacionalistas se resistirá hasta la extenuación a que se aplique, porque ahí reside el fin del terrorismo. Lo demás será función de la policía. Por eso, Arzalluz está, más que nervioso, atemorizado. Por primera vez desde hace un cuarto de siglo, el aterrorizado es él. Y por eso está haciendo, no ya disparates, sino tonterías.

Soberanía, independencia y sedición
POR LUIS IGNACIO PARADA ABC 29 Septiembre 2002

CUENTA La Fontaine que hubo una vez un impío que fue a consultar el oráculo de Apolo con intención de engañarle y ponerle en un compromiso. «Lo que tengo en la mano, ¿está vivo o muerto? » -dijo el pagano. Y mientras lo decía tenía oculto un gorrión y se preparaba para ahogarlo si el oráculo decía que estaba vivo o bien dejarlo en libertad si respondía lo contrario. Apolo se dio cuenta de lo que tramaba y contestó a la pregunta de este modo. «Vivo o muerto, muéstrame tu gorrión y no me tiendas más trampas.»

El lehendakari sólo podría recurrir legalmente a una consulta popular apoyándose en el artículo 150.2 de la Constitución, siguiendo los cauces establecidos en el artículo 46 del Estatuto vasco que obliga a obtener primero una mayoría en el Parlamento, contar luego con el apoyo de las Cortes Generales y someterlo a un referéndum en el que debería obtener más del 53 por ciento de los votos. La fórmula que propone no es legal porque ni el pueblo vasco ni las Cortes tienen capacidad para la reforma unilateral del Estatuto. La Constitución protege y ampara los derechos históricos de los territorios forales, lo que significa que la titularidad de esos derechos corresponde a las Juntas Generales, ya que el Gobierno vasco no existía cuando se reconocieron. Y sólo las diputaciones podrían impulsar la revisión estatutaria. La soberanía compartida para el País Vasco es un gorrión. Con él, Ibarretxe juega a ganar tiempo mediante una estratagema. Y, encima, la idea ya es vieja: la expuso el lehendakari hace dos años y medio en el Club Siglo XXI. Por algún tiempo quedó ahogada en el eufemismo del «ámbito vasco de decisión». Ahora pretende resucitarla mediante la respiración artificial del federalismo asimétrico para engañar con otra estratagema a ese oráculo de Apolo que es para él el pueblo vasco.

Una consulta ilegal, desleal y mendaz
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 29 Septiembre 2002

TODO ESO sería, en el caso de que llegase a convocarse, la consulta que acaba de anunciar el lendakari. Ibarretxe habló el viernes de autodeterminación, derechos históricos, reintegración territorial y pactos de libre asociación, pero no dijo una palabra, ¡ni una sola!, del derecho que le ampara para convocar una consulta que él, a lo que se ve tan buen conocedor de las normas y los principios democráticos cuando se aplican para tratar de ilegalizar a Batasuna, no puede no saber que es lo que es a todas luces: ilegal, desleal y mendaz.

La consulta es ilegal, porque el lendakari carece para convocarla de toda competencia. Así lo determina claramente el artículo 149.1.32 de la Constitución, según el cual es competencia exclusiva del Estado la autorización para la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum. Y así lo confirma, como no podía ser de otra manera, la ley orgánica sobre regulación de modalidades de referéndum, cuyo artículo 2º establece que la referida autorización será acordada por el Gobierno a propuesta de su presidente, salvo en el caso de que esté reservada por la Constitución al Congreso de los Diputados.

No vale pues echar mano, como defienden algunos picapleitos, a la disposición adicional del Estatuto de Guernica, cuando determina que la aceptación del régimen de autonomía que en el mismo se establece no implica renuncia del pueblo vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia, que podrán ser actualizados de acuerdo con lo que establezca el ordenamiento jurídico. Pues bien: el ordenamiento jurídico establece que la autorización para la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum es competencia exclusiva del Estado.

La consulta es desleal, pues sólo así puede calificarse la intención del lendakari de ejercer una competencia que sabe que no le pertenece. Y la lealtad constitucional resulta en democracia la suprema expresión del respeto a las reglas de juego del sistema, sin el cual aquélla se convierte en imposible.

Y la consulta es mendaz, porque se plantea engañando, ¡y como!, al pueblo vasco. Sí, engañando a unos electores que serían convocados a un referéndum ilegal para tomar, eventualmente, una decisión que las instituciones vascas no estarían ni de lejos en condiciones de cumplir, salvo entrando en lucha abierta con el Estado democrático. La celebración de un pacto de libre asociación entre España y el País Vasco exigiría una reforma total de la Constitución, y esa reforma, contar al menos con el apoyo de 233 diputados del Congreso. El PNV tiene siete.

Tejeritis
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 29 Septiembre 2002

IBARRETXE, con piadosa congoja, recogiéndose con estilo estatutario los pliegues del ropón, se acaba de arremangar la sotana para que no le salpique su deposición parlamentaria. Siguiendo augustas tradiciones de sus mayores, ha preferido cambiar la compañía de Jesús por la de bandoleros montaraces. Propone, en un ataque agudo de audaz modernismo, volver a las sacrosantas instituciones forales del medioevo. Aquellas libertades embrionarias, extraordinarias hace un milenio, que tenían sus remotos antepasados precisamente por ser castellanos, y no navarros o leoneses.

Pasan por Europa y por el mundo, allende los valles y caseríos, ideas y revoluciones políticas y sociales, pero eso son cosas de maquetos y afrancesados. Nada que ver con el casticismo de boina calada para atravesar este mundo pecador, que sólo debe quitarse en la iglesia para poder escuchar atentamente los sermones del preclaro padre Arzalluz, hijo de golpista en el 36, o del dulce obispo Setién, hijo del espíritu santo. El pueblo vasco tiene derecho a sus foros inmutables como los sauditas a practicar la sharia o los nigerianos a lapidar adúlteras. Son cosas de la raza. Palabra de Dios y leyes viejas, dichas, como cuenta el padre Astarloa, en vascuence, lengua inventada directamente por Dios tras los incidentes de la torre de Babel para confundir a pecadores maquetos.

Encorvada en su doblez, la autoridad autonómica española se compungía con aviesa mansedumbre, por la pobre suerte de su valiente pueblo, mientras sus manos pulidas de familiar del santo oficio, vuelan raudas para defender las apolilladas libertades del bizcairratismo irredento. Pi y Margall nunca hubiera podido imaginar que su propuesta de la federación como sistema iba a ser tergiversada convirtiéndose en excusa por los herederos de la España negra que él tanto combatió. Veremos si esta sesión surrealista perpetrada por quien tiene la obligación, como autoridad constitucional, de defender la Constitución y las leyes, pasa de la teoría a la acción. Es decir, si la marcha al monte en coche oficial se transforma en delito de alta traición. Y como republicano español, confío en que el Jefe del Estado, llegado ese triste momento, como en el 23-F, combata esta tejeritis al pil-pil y ponga a buen recaudo a los golpistas.

Ikurriña españolísima
Por JON JUARISTI ABC 29 Septiembre 2002

ESTIMADOS compatriotas Errasti y Anasagasti (o Anasagasti y Errasti, tanto monta, monta tanto):

Tienen ustedes toda la razón: la ikurriña es española. Tan española como la senyera. Tanto como Carmen Sevilla.Y jamás dije lo contrario.

Temo que se hayan interpretado equivocadamente mis declaraciones del pasado día 19 en Jaca. Es cierto que fueron algo escuetas y apresuradas, y que a ustedes hay que explicarles las cosas muy despacio para que no se armen un lío. Pero la culpa no fue mía: los periodistas me apremiaban, porque tenían que salir disparados hacia Vitoria, a ver en qué paraba la querella esa que el gobierno de ustedes le ha puesto al juez Garzón (el pobre don Baltasar, que tenía anunciada una conferencia en el mismo curso en que intervine, la había cancelado el día anterior. Imagino que debió sentirse indispuesto ante la perspectiva de enfrentarse con juristas de la talla de su don Emilio Olabarría, a quien ya comienzan por aquí a comparar con Justiniano).

No cabe duda de que, cualquiera que haya sido el origen de la actual bandera de la Comunidad Autónoma Vasca, desde el 25 de octubre de 1979 es una más de las enseñas oficiales de España. No es una bandera nacional, por supuesto. No me entiendan mal: representa sólo a ese querido rinconcito de nuestra patria que nos vio nacer a ustedes y a mí (bueno, al señor Anasagasti, no, pero, como vasco, estoy dispuesto a pasarle por alto ese pecadillo de origen). Ahora bien, española, lo es a rabiar. Yo diría incluso que es más española que las de las otras autonomías, si no se enojase conmigo el señor Beiras. Es tan española, que incluso lleva en su nombre la eñe, letra que, como saben ustedes, sólo existe en español y que constituye el emblema que el Instituto Cervantes enarbola con orgullo por el mundo. Sólo la bandera nacional -la española por antonomasia- comparte con ella ese honor (también la senyera podría fácilmente incorporarse al grupo, mediante una levísima modificación ortográfica que no afectaría en lo mínimo a su pronunciación actual. Es una idea que brindo a los señores Macià y Duran i Lleida, que no han vacilado en salir en defensa de la españolidad de la ikurriña, creyendo erróneamente que yo la ponía en cuestión). Feliz intuición la de aquel Sabino Policarpo Arana Goiri que bautizó a la bicrucífera con un término de su invención, cuyo uso goza hoy de general asentimiento gracias a la letra que todo español reconoce como entrañablemente propia.

Claro que no todos piensan como ustedes y como yo. Hay algunas gentes en nuestra tierra -pocas, eso sí-, que han venido a dar, rematado ya su juicio, en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y ello es pensar que nuestra españolísima ikurriña no es española. No hablo de los honrados españoles de los partidos que ustedes dignamente representan, patriotas fogosos a los que ha sido preciso atar por el rabo para que no se lanzaran al asalto del peñón de Perejil. Me refiero sobre todo a esa fauna variopinta, adicta al calimocho, que suele organizar alborotos callejeros al grito de «Ikurriña, sí; española, no». Ustedes, ya lo sé, nada tienen que ver con ella, aunque les produzca cierta pena verla desaparecer del paisaje cotidiano, quizá por la resistencia interior que todo ecologista de pro opone a la eventual extinción de cualquier especie animal o vegetal, por muy inevitable que ésta sea; quizá porque preveían ustedes sacarles algún rendimiento en tareas útiles al pueblo vasco, como sacudir nogales (después de todo, dice la leyenda que los monos de Gibraltar proceden de una remesa importada por los árabes para el vareo de aceituna); quizá, en fin, por el disculpable prurito de ver resaltada la virtud propia junto a la abyección ajena. Verdad es, sin embargo, que muchos responsables de instituciones sabiamente administradas por los partidos de ustedes -y permítanme utilizar una manida fórmula periodística- incumplen sistemáticamente la ley que regula el uso de las banderas, considerando acaso que la tersa españolía que dimana, como diría su don Emilio Olabarría, de la sola ikurriña basta para españolizar cualquier ámbito en que ésta se implante. No es así, por desgracia. Piensen ustedes que el señor Pere Macià, por ejemplo, podría sentirse con justicia ofendido si, al visitar una casa consistorial en territorio várdulo o caristio, no divisase junto a la bicrucífera la enseña nacional que hermana a vascos y catalanes en el amor por la patria común.

Veo con sorpresa que siguen ustedes incidiendo en mi pasada pertenencia a ETA como si fuese un dato imprescindible para valorar mis actuaciones públicas. El señor Anasagasti añade además que ostento un alto cargo en el actual gobierno español. No acierto a entender las razones de tal insistencia. En primer lugar, son circunstancias por todos conocidas, lo que hace ociosa su reiteración. Pregunten a cualquier fabricante de sobreasada de Manacor si le suena mi nombre y seguro que les responderá: «¿No es uno que estuvo en ETA y ahora dirige el Cervantes?» Les aseguro que no me molesta que vuelvan ustedes una y otra vez con la misma murga, pero les van a acabar echando en cara que se repiten más que el bolero de Ravel, y eso, para unos políticos sin otra profesión conocida, puede ser muy, pero que muy perjudicial. Piensen un poco en sus hijos.

Por otra parte, muchos cargos públicos de los partidos de ustedes permanecían aún en la banda terrorista años después de que yo la hubiese abandonado y no tengo empacho en admitir de buen grado que el historial delictivo de la mayoría de ellos es más brillante que el mío, así que tampoco hay motivo para la envidia. Puedo asimismo certificar que mi paso por ETA fue tan breve como inocuo: ustedes se quedaron con bastantes de las primeras figuras, y conste que me parece bien. Mejor ahí que en la herriko-caverna. O sea que no se pongan pelmas: ¿a quién le importa dónde estaba yo en el sesenta y ocho, con lo que ha llovido desde entonces?¿Acaso le sacan cuentas en su propio partido a la señora Errasti por haber militado en la Sección Femenina? Perdonen, pero parecen ustedes un par de porteras, que si Fulanito fue de esto o Menganito de lo otro. Preocúpense de dónde están ustedes ahora (y, sobre todo, de con quién están) y no aburran al vecindario.

Han pedido ustedes mi dimisión y temo que no voy a poder complacerles. Si hubieran sido sólo ustedes dos, me lo habría pensado, palabra. Pero comprenderán que, al exigirla también el señor Carod Rovira, el pedigüeño favorito de Otegui, debo negarme en redondo, porque sentaría un pésimo precedente. Probablemente Batasuna se apuntaría el tanto. Inténtenlo de nuevo, uno de estos días. No puedo prometerles nada, pero a lo mejor me pillan de buen humor y quién sabe. Sobre este particular, debo aclararles algo: ciertos elementos de sus respectivos partidos van propalando por ahí que me estoy forrando con esto del Cervantes. Pienso sobre todo en un columnista del periódico donde, según me dicen, colabora con asiduidad el señor Anasagasti. No lo crean. Lo hago por afición, no por dinero. Y, señor Anasagasti, cuidado con ese tipo que acabo de mencionar: parece un inofensivo cretino, pero se vale de su columna para proporcionar a ETA información sobre objetivos posibles. Yo que usted me andaría con mucho ojo, señor Anasagasti. Por favor, ¡no se confunda de enemigo!

En fin, no puedo dejar de expresarles cuánto lamento que, por una confusión tan tonta, se haya alborotado el gallinero vasco. Agur eta gero arte y pelillos a la mar.

El frenesí independentista del PNV
El Partido Nacionalista Vasco celebra un nuevo Alderdi Eguna empeñado en una huida hacia adelante ante la presión política y judicial
JOSÉ LUIS BARBERÍA | San Sebastián El País 29 Septiembre 2002

Con la que ha montado el lehendakari Juan José Ibarretxe, la cita del Alderdi Eguna (Día del partido) de este año se presenta más apasionante que nunca. Ahí es nada, lanzar el programa máximo independentista, justo cuando los partidos de ámbito nacional y Garzón inician la ofensiva contra Batasuna y con ETA otra vez a la carga. El éxito de la convocatoria está asegurado pero es posible que una sombra de preocupación sobrevuele también la fervorosa masa nacionalista porque la sorpresa ha sido grande y porque está claro que más de un afiliado ha debido quedarse perplejo ante el discurso de Ibarretxe en el Parlamento vasco.

Lo que es seguro es que llueva o haga sol, frío o calor, la concentración de hoy en las campas del Alto de Altube (Álava) se desarrollará bajo el síndrome del 'chubasquero': obviamente, la culpa de lo que pasa en Euskadi, piensa la escuela tradicional del nacionalismo, la tiene Madrid y, ¿qué se creían, que el PNV no iba a reaccionar? Seguramente, las decenas de miles de personas que se congregarán para oír y ver a sus líderes esperan que Xabier Arzalluz les repita hoy aquello de 'hemos pasado por peores momentos y aquí estamos', y también esta frase que tanto repite últimamente: 'Estamos como Cristo, ante dos ladrones, entre el PP-PSOE y ETA'.

Aunque la invocación a los agravios y la apelación al victimismo es un recurso sempiterno del nacionalismo, y ahí el líder carismático se mueve como pez en el agua, la trascendencia del momento parece exigir a los dirigentes del PNV una actuación extraordinaria para tranquilizar a la parroquia y mantener al partido más reactivo y compacto que nunca. La ley de Partidos Políticos -contra la que el Gobierno vasco presentó el viernes un recurso ante el Tribunal Constitucional- y, sobre todo, el auto del juez Baltasar Garzón, que suspende las actividades de Batasuna, amenaza con cambiarle la suerte, constriñe su margen de maniobra y le obliga a actuar de protagonista ejecutor en un guión ajeno que considera abominable. 'Quieren que los vascos nos enfrentemos entre nosotros', claman sus dirigentes con Ibarretxe a la cabeza, como si ese enfrentamiento no existiera ya desde hace muchos años.

Desde que la Ertzaintza bloqueó, por indicación judicial, la gran manifestación de Batasuna en Bilbao, el PNV se ha visto enredado en el dilema entre cumplir la ley o dar rienda suelta a sus apetencias políticas. El momento le asusta y hay que decir que, aunque las víctimas han caído casi siempre en otro lado, tampoco este partido está enteramente exento del miedo a ETA.

Así que las previsibles llamadas a rebato de Arzalluz y la consigna de 'prietas las filas' guardan por una vez correspondencia con la alarma desatada en el partido. Los recursos y querellas por prevaricación del Parlamento y el Gobierno vasco, el clima de rebelión instalado en las instituciones autonómicas, la proclamación parlamentaria de que el auto judicial es 'nulo de pleno derecho' responden, en su acusada teatralidad, al deseo de romper el corsé judicial y a las ganas de aplicar la vieja máxima foral 'se obedece pero no se cumple'. Obedece al temor a que los acontecimientos se encadenen fatalmente desbaratando el precario equilibrio del proyecto Ibarretxe. Es una huida hacia delante en toda regla que ha estado larvándose durante los últimos años y que encuentra ahora su momento de oportunidad.

Y es que por primera vez en la democracia española, el nacionalismo vasco en el poder se ha encontrado enfrente a un Estado y a los dos grandes partidos. Ha perdido la condición de privilegiado exégeta del conflicto de que disfrutó desde los albores de la Transición y muchos españoles y no pocos vascos descubren en él más una parte del problema que una parte de la solución. 'No asustarse, hay que resistir y contraatacar', éstas son las instrucciones del presidente del PNV.

Lo que se inagura ahora, con Ibarretxe como gran figura del nacionalismo, es un panorama completamente nuevo, rupturista, que metaboliza al en otro tiempo denostado 'derecho de autodeterminación' planteado por ETA. La preocupación es enorme porque, aunque el programa independentista expuesto por Ibarretxe resulta en su literalidad de una claridad meridiana, no está nada claro si el camino emprendido conduce a la patria feliz con que sueñan los nacionalistas o a un barranco de crispación y más violencia. A 15 meses de su anunciada jubilación, Arzalluz le ha dejado en herencia a Ibarretxe una puerta entreabierta a la independencia, pero sólo entreabierta; así que nadie sabe, en realidad, qué les espera a los vascos.

Abandonada la idea de acabar con ETA por la vía policial y judicial, el nacionalismo en el poder fía la solución del problema de la violencia a la creencia de que el terrorismo vasco se disolverá en algún punto del trayecto soberanista, quizá, cuando la temperatura del contexto político y social le permita integrarse con naturalidad. Aunque el momento es delicado, el PNV y el Gobierno vasco confían en capear los temporales venideros navegando entre las dos aguas de la legalidad y de la desobediencia civil.

Durante estas décadas, Arzalluz, ha mantenido bien engrasada la capacidad reactiva de su partido frente a 'la bota de Madrid', ha adoctrinado sistemáticamente a las bases en la conjugación simultánea de dos posiciones en apariencia antagónicas: el pragmatismo y el doctrinalismo ideológico, el institucionalismo y la dinámica y estética, tan preciada por el nacionalismo, de 'un pueblo en marcha'.

Ese doble lenguaje, que responde a las dos almas históricas del nacionalismo vasco, le ha permitido mantener viva la llama de un agravio permanente sin bálsamo posible, jugar el doble papel, tan provechoso, de Gobierno en Euskadi y oposición en España, rentabilizar el supuesto miedo de los españoles a que los vascos se vayan de España, defenderse políticamente del mundo de ETA e instrumentalizar a su favor la tesis de que, como el conflicto vasco hunde sus raíces en un mundo ignoto, inaprehensible, no caben los análisis y soluciones al uso inspirados en la modernidad o en la aplicación de las puras reglas del Estado democrático.

Es un discurso que ha hecho escuela en el conjunto del nacionalismo y maniatado sucesivamente a los dirigentes y cargos institucionales menos radicales. 'A Xabier [Arzalluz] le basta con ir a un batzoki y dar cuatro gritos, o soltar una perla en su artículo dominical en Deia [periódico del PNV] para que tengamos que andar con cuidado de que no nos corran a boinazos', indica un militante identificado con lo que Arzalluz ha calificado como 'michelines del partido'.

En esta compleja y disciplinada formación política, un movimiento en realidad, que aglutina a soberanistas pactistas, soberanistas independentistas y autonomistas -hay un PNV estatutista- no existen verdaderas corrientes, ni tenencias organizadas. 'Es precisamente el asambleariasmo extremo del partido y el respeto reverencial a la dirección, lo que impide que prosperen las corrientes. La capacidad crítica está anulada desde el origen y lo que funciona son las listas y documentos que caen desde la dirección', sostiene un militante crítico.

'El gran giro estratégico que conllevaba la ponencia Ser para decidir fue adoptado sin que se produjera un verdadero debate en el partido', añade, 'porque las enmiendas se quedaron estancadas en las organizaciones de base. Las referencias existentes en el panorama interno del PNV quedan así limitadas a determinadas personalidades, a pequeños grupos y a algunas familias políticas. Bajo la aparente uniformidad general y el disciplinado propósito común de no dividir al partido con declaraciones estridentes, laten actitudes distintas sobre la manera de abordar el futuro. Éste es, entre otros posibles, el mapa orográfico actual del PNV, ilustrado por un nacionalista:

- La familia natural y política de Luis María Retolaza, ex consejero de Interior del Gobierno vasco, dirigente histórico del nacionalismo. 'Anteponen el partido a todo lo demás y piensan que la autoridad de la dirección está por encima de las instituciones. El Gobierno cambia o desaparece, pero el PNV permanece. Creen que el PNV es como la Iglesia, que existirá siempre. Conectan con la cultura de partido de Juan Ajuriaguerra. A ese círculo pertenece más o menos gente como el director general de la Cámara de Comercio de Bilbao. Juan Luis Lascurain'.

- El sector económico. 'El que mejor lo representa es José Luis Zaldibegoitia, el presidente de la sociedad de capital riesgo Talde y miembro del EBB (Ejecutiva nacional). Están por mantener a Euskadi integrada en España. Dicen en voz baja: 'Así no se puede seguir'. Son moderados, bien relacionados con el mundo de las finanzas y de la empresas. Sostienen que los extremismos perjudican los intereses del partido.

- La línea institucional. 'Ahí están el diputado general de Vizcaya, Josu Bergara, y el propio Iñaki Anasagasti, portavoz en las Cortes. Llevan muchos años en la vida institucional y eso marca carácter. Quieren que el PNV siga siendo una fuerza eminentemente institucional. Buscan estabilidad. Piensan que fuera de las instituciones no hay nada'.

- Los reconductores. 'Proponen reconducir la situación generada en Lizarra. Son gentes como José Alberto Pradera, el ex diputado general de Vizcaya, y miembros actuales del BBB (Ejecutiva de Vizcaya). Recelan de las alianzas con EA porque les da un marchamo de radicalismo que no desean. Preferirían un PNV más moderado, más equilibrado. Se puede incluir ahí a Xabier Irala, presidente de Iberia y ahora miembro del consejo de administración de la BBK (Caja de Ahorros de Vizcaya)'.

- El recuerdo de Ajuria Enea. 'Es un grupo formado por el equipo del ex lehendakari José Antonio Ardanza y aquellos ex consejeros que consiguieron el autogobierno actual. Representan el espíritu del Pacto de Ajuria Enea'.

- La comunicación con ETA-Batasuna. 'El mejor representante es Gorka Agirre por los contactos que ha mantenido con ese mundo truculento. Está casado con una hija de Retolaza pero respira por la línea de Joseba Egibar que es Lizarra puro y aparece como heredero natural de Arzalluz. Su problema es que hay mucha gente a la que le gustaría cerrarle el paso'.

- Los guipuzcoanos. 'La mayoría de la Ejecutiva provincial (GBB) no respalda actualmente a Egibar, está más próxima a Román Sudupe, el actual diputado general. Es un nacionalismo más templado, abierto a pactar con los socialistas. De hecho, pactó con el PSE los presupuestos de la Diputación a pesar del criterio de su partido y sin el respaldo de Ibarretxe'.

- Los alaveses. 'Casi todos son moderados. Está el ex consejero Juan Ramón Guevara e Iñaki Generabarrena, la nueva esperanza en esa provincia a reconquistar. Juan María Ollora, al que algunos críticos denominan 'el aprendiz de brujo' porque teorizó 'el ámbito vasco de decisión', se encuentra actualmente apartado de los órganos de decisión'.

A estas alturas y 'con lo que está lloviendo', es iluso esperar a que los afiliados disconformes con el rumbo adoptado en Lizarra tomen la iniciativa. No lo han hecho en momentos más propicios -con las excepciones notables, del ex consejero de Cultura, Joseba Arregui, y del ex diputado general de Álava, Emilio Guevara- y no cabe esperar que lo hagan en las actuales circunstancias. 'Ahora prima más que nunca el sentimiento de estar siendo agredidos brutalmente por el PP, hay apiñamiento interno y miedo a desentonar, prevención, incluso, a ser visto en compañía de gente tibia. La disidencia no se tolera. Hay miedo a criticar a la dirección porque pasas a ser considerado un traidor', confirman militantes críticos. Algunos hablan incluso de 'caza de brujas'. En todo caso, tras la expulsión de Emilio Guevara, todos en el PNV saben cuál es el precio a pagar por el uso en la prensa de la metáfora 'rebelión a bordo'.

La pregunta es: ¿por qué se ha adoptado este rumbo si las tres ejecutivas regionales están en manos de los teóricos sectores moderados?. 'Por el proceso de radicalización abierto en Lizarra, por el peso imponente de Arzalluz, por el radicalismo ideológico del propio Juanjo [Ibarretxe], por la presión de Eusko Alkartasuna (EA) y el marcaje del sindicato ELA', responde un antiguo cargo institucional del PNV. 'En lugar de extraer las lecciones de la experiencia de Lizarra, de reconocer que fuimos nosotros los primeros en agitar el vaso y provocar la tormenta, muchos en mi partido han optado por la huida hacia delante. Y el caso es que tampoco sabemos muy bien a dónde vamos. Esto no se resolverá hasta que Aznar y Arzalluz desaparezcan de la política, porque además creo que hay algo personal entre ellos. Ojalá los socialistas lleguen pronto al poder'. Y apostilla pesaroso: 'Auque tampoco estoy muy convencido de que las cosas puedan ya arreglarse'.

Los exitosos resultados de Ibarretxe en las elecciones autonómicas del 13 de mayo de 2001 -'una auténtica rebelión nacionalista ante la agresión del PP'- suponen un argumento mayor: '¿Y por qué cambiar si nos ha ido tan bien?'.

Desde el pacto de Lizarra, el tradicional equilibrio interno del PNV ha ido quebrándose paulatinamente de la mano de Ibarretxe. La renovación de los cargos ha permitido dar entrada en las altas esferas del partido y en las instituciones a representantes de la nueva generación independentista, esa que no tiene 'complejos', que considera obvio, elemental, que ser vasco y español son términos excluyentes. El nacionalismo vasco llevaba ya años psicológicamente instalado en un terreno post estatutario y pre autodeterminista, con la única duda de si el soberanismo necesitaba apoyarse o no en un marco estatal, para no quedar fuera de la Unión Europea.

Por debajo de las actuaciones de superficie, ha ido acentuando sus rasgos independentistas. Basta con ver el desdén con que los medios de comunicación públicos tratan lo español, la desesperada búsqueda, allende los mares si hace falta, de personajes dispuestos a certificar las bondades del Gobierno vasco o, tanto da, la maldad del Gobierno central. Es un comportamiento que el nacionalismo acepta con toda naturalidad.

Lo que ha cambiado desde Lizarra y la tregua de ETA es que el soberanismo, para conseguir integrar al nacionalismo violento, ha adquirido vida propia y teñido al partido. Las razones que los menos radicales exponen en las discusiones internas, ceden ante el frenesí soberanista.

La acumulación de fuerzas nacionalistas diseñada en Lizarra ha seguido estando en pie, aunque el compromiso electoral de no pactar con Batasuna mientras no condene la violencia adoptado por Ibarretxe en la campaña del 13 de mayo, dificulta y no poco el desarrollo del proyecto. Lo dificulta hasta el punto de que el PNV tiene un problema de gobernabilidad institucional. No consigue aprobar los Presupuestos del Gobierno vasco y puede tropezar con grandes dificultades, tanto en las diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa como en los ayuntamientos.

Así las cosas, puesto que no pueden pactar con el brazo político de ETA en los altos órganos institucionales, menos aún tras la suspensión judicial de ese partido, el objetivo primordial ahora es vaciar el electorado de Batasuna para volver a cosechar en las próximas elecciones municipales los 605.000 que le dieron la victoria. 'La alianza con EA está asegurada', dicen fuentes del PNV, 'porque de lo que se trata en las próximas elecciones es de mostrar la pujanza del nacionalismo'. Eso conlleva ganarse a pulso los votos de Batasuna, dosificar los gestos de desacato y el respeto a la ley, movilizar al nacionalismo en la calle. 'La ley da para mucho, y el pueblo para mucho más', ha dicho Arzalluz. El PNV confía en que el partido no pagará en las urnas la radicalización actual. 'El voto moderado no se nos va a escapar porque la agresividad de la política del PP actúa de muro de contención'.

El lehendakari sueña ahora con la mayoría absoluta. Piensa que esa mayoría nacionalista le otorgará la centralidad política y le legitimará para, en nombre del pueblo vasco, aguantar el enorme desafío que acaba de lanzar. En ese escenario hipotético, la negativa del Gobierno a aceptar el estatuto soberanista daría paso a la consulta popular que el Ibarretxe tiene en cartera y abriría un conflicto institucional de primera magnitud que sólo se cerraría con el reconocimiento de la autodeterminación una cláusula de desenganche del Estado jurídicamente inspirada en las disposiciones adicionales del Estatuto y de la Constitución. Decidido a oponerse, a lo que considera 'abusos judiciales', Ibarretxe persigue obsesivamente que este tránsito se haga 'desde la legalidad a la legalidad', o como dice también alguno de sus críticos 'al menos con apariencia de ello'.

Aunque los más entusiastas de su partido y los dirigentes de ELA y Batasuna se muestran dispuestos a arriesgar la autonomía en el empeño, el límite del programa independentista de Ibarretxe reside en la conservación del poder .

Las ideas de Ibarretxe
Cartas al Director ABC 29 Septiembre 2002

Desde la instauración de la democracia conocemos el talante difuso y contradictorio del PNV, su política del desconcierto y su insaciable actitud reivindicativa. Pero algo está cambiando en el PNV. Se ha terminado la política de las medias tintas. Desde que comenzara el acoso político y judicial a Batasuna, el PNV ha recogido la bandera del aldeanismo independentista, que había quedado sin dueño. Y ahora se descuelga el lendakari con una nueva propuesta de soberanía compartida. Le gustaría convertir al País Vasco en una especie de «Estado libre asociado», al estilo puertorriqueño, o en un territorio de soberanía compartida, algo parecido a lo que se negocia sobre Gibraltar. ¿En algún momento el País Vasco ha dejado de ser parte del Estado Español?, porque esa premisa es necesaria para considerarse como otro Estado, de forma que se pueda «asociar libremente». O bien, ¿desde cuando ese territorio tiene la consideración de «colonia», al estilo gibraltareño, para pedir la soberanía compartida? En ese caso compartirían la soberanía el Estado colonizador, España, y el Estado que sufrió la colonización en una parte de su territorio, es decir, España. Señor Ibarretxe, que España debe compartir la soberanía del País Vasco con ella misma. Absurdo. El País vasco siempre ha sido parte integrante del Estado Español, igual que Andalucía o Valencia, y así está reflejado en nuestra Constitución. La soberanía, reza el texto constitucional, «reside en el pueblo español». Como parte de ese pueblo, todos los españoles tenemos derecho a opinar sobre la soberanía, incluidos, por supuesto, los vascos. Así que si se plantea un referéndum sobre soberanía, señor Ibarretxe, yo también quiero votar.    Fernando Cristóbal García.  Madrid.

Gris
JOSÉ MARÍA ROMERA/ El Correo 29 Septiembre 2002

He escrito esta primera palabra, gris, y me he detenido, como si con ella hubiese dicho todo lo que tenía que decir. Así empezaba uno de sus magistrales artículos el olvidado Francisco de Cossío. Y así empieza éste de hoy, causado por la perplejidad un tanto crepuscular y fatigada que produjo a quien suscribe el debate de la Cámara vasca a propósito de la propuesta nacionalista del lehendakari Ibarretxe. Será el otoño, mala coincidencia. El caso es que lo que a algunos pudo parecer una desventurada ocurrencia y a otros un animoso proyecto originó un diálogo de sordos tedioso, ramplón y -esto es peor- alarmante.

La fea costumbre nacionalista de abrir la caja de los truenos en el momento más inoportuno (y éste lo era, si la memoria nos da para acordarnos de tres muertes violentas producidas menos de una semana atrás) habría pedido el bostezo si no fuera porque lo allá planteado augura, otra vez, malos tiempos. Otra vez el gris de los nubarrones, pero también el gris de las monodias invariables, de los discursos fosilizados, del dontancredismo obstinado.

Y también el gris un tanto miserable del aldeanismo persuadido de que lo suyo, su asunto, su pretendido conflicto, está por encima de cualquier consideración humana de más profundo alcance. Tienen los partidos nacionalistas todo el derecho de manifestar la voluntad independentista que les alienta. No seré yo quien, pese a encontrarme en sus antípodas, les censure la expresión libre de sus algo insaciables ansias. Pero todo esto resulta, más que gris, sórdido, cuando se plantea bajo un cielo encapotado, sin esperar a que despeje, o tal vez aprovechando justamente eso: que no despeja.

A muchos nos ronda con frecuencia la pregunta de si el nacionalismo llamado democrático obtendría su privilegiada audiencia si no existiera ETA. Es decir, si el espanto y el miedo cultivados por los asesinos no engrandecieran las palabras y las figuras de quienes, lejanos de sus medios, coinciden en los fines. Dios me libre de insinuar complicidades, ni siquiera simpatías.

El nacionalista, sin embargo, ha acabado por darse más importancia de la que tiene debido a que se sabe observado por millones de ojos que seguramente desviarían la mirada a otra parte de no tenerla patéticamente fija en el espectáculo del terror.

Para que el juego sea limpio debería empezarse por acabar con los criminales. Y una vez ahí, con el cielo más despejado y menos gris, decir lo que a cada uno venga en gana. Quizá entonces lo que hoy parece una solemne campanada quedara en un risible estornudo al que pocos harían caso. O quizá no: habría que verlo. Pero nunca en gris, sino en verde como el tapete donde se juega con las cartas encima de la mesa.

Dan miedo
Cartas al Director El Correo 29 Septiembre 2002

La radio pública vasca es un instrumento propagandístico del nacionalismo en el poder. En sus tertulias, se analiza la actualidad política partiendo de que 'la violencia' es la expresión de un 'conflicto político' que requiere un 'diálogo' que nos lleve a la 'paz', que en el particular léxico nacionalista significa 'independencia'. Además, tratan de convencernos de que estamos sometidos a un régimen fascista bajo la bota del dictador Aznar, mientras fomentan la xenofobia hacia 'los españoles' con 'El cocidito madrileño', un programa con un talante muy 'democrático' en el sentido batasunero del término. Es evidente que pretenden vendernos la independencia ya no sólo como único modo de acabar con el terrorismo, sino también para escapar de las intervenciones supuestamente antidemocráticas 'de Madrid'. Y yo me pregunto qué sería de los ciudadanos vascos no nacionalistas en una Euskadi independiente.                     Amaia Martínez de Ordoñana              Salvatierra, Álava

Navarra, firme frente a los crímenes de ETA
Redacción - Pamplona.- La Razón 29 Septiembre 2002

Unas 50.000 personas se manifestaron ayer en Pamplona, convocadas por el Parlamento de Navarra, para mostrar su rechazo al asesinato en Leiza del cabo de la Guardia Civil Juan Carlos Beiro y expresar su deseo de paz y libertad. La manifestación, convocada bajo el lema «Paz y Libertad/Bakea eta Askatasuna. ETA no» estuvo encabezada, entre otras personas, por la viuda de Beiro, María José Rama Saiz, sus padres y su hermana, quienes estuvieron visiblemente afectados durante toda la marcha.

Asimismo, en la manifestación participaron, entre otros, los presidentes del Gobierno y el Parlamento Foral, Miguel Sanz y José Luis Castejón, respectivamente, el portavoz del PP en el Congreso, Luis de Grandes; el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, y el miembro de la Ejecutiva del PSOE Alvaro Cuesta.

El silencio en que transcurrió la marcha sólo fue interrumpido por los aplausos que los manifestantes dedicaron a los guardias civiles apostados frente a la delegación del Gobierno. Al final del recorrido, la viuda del agente asesinado en Leiza tuvo un emotivo recuerdo para su marido, la Benemérita y todas las personas que han apoyado a su familia en tan difíciles momentos. Sus palabras fueron interrumpidas en varias ocasiones por el calor de los aplausos de los asistentes.

La marcha partió a las 19.00 horas desde la Estación de Autobuses de Pamplona encabezada por una pancarta con el lema de la convocatoria, tras la cual marchaban los familiares de Beiro y las autoridades, así como miles de ciudadanos, muchos de los cuales portaban claveles blancos y carteles con el eslogan «ETA no». Frente al nuevo edificio del Parlamento de Navarra, el presidente de la Cámara leyó un comunicado en el que se afirmaba que «nuestra presencia hoy en las calles de Pamplona es una manifestación viva y firme frente al terror de ETA», así como una muestra de apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Por otra parte, los concejales vascos amenazados y las víctimas del terrorismo recibieron ayer el tributo de las personas congregadas en el frontón Atano III de San Sebastián, en el que se hizo una llamada para que la sociedad no olvide y no abandone a las personas que sufren la persecución de los violentos. Fueron los periodistas Antxon Urrosolo y Mercedes Milá los que hicieron esta petición desde un escenario que simbolizaba un ayuntamiento y recordaba con las figuras de cinco pelotaris el silencio del público cuando el pasado mes de junio, en este mismo recinto, a la alcaldesa de Lasarte, Ana Urchueguía, del PSE/EE, la increparon y agredieron con objetos desde las gradas. Los familiares de los concejales y cargos públicos del PP y PSOE asesinados recibieron desde el escenario los aplausos de los asistentes a este acto, organizado por la Iniciativa Ciudadana Basta Ya y la Fundación pro Derechos Humanos Miguel Ángel Blanco. Dirigentes del PP, entre ellos el ex ministro del Interior Jaime Mayor Oreja, y el presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y del Partido Socialista, como el secretario general del PSE, Patxi López, y su antecesor, Nicolás Redondo, acudieron a este homenaje a los cargos públicos municipales.

¡Basta ya! asegura que Ibarretxe está preparando 'una nueva Yugoslavia'
J. MOLINERO El Mundo 29 Septiembre 2002

SAN SEBASTIAN.- La Iniciativa Ciudadana ¡Basta Ya! respondió ayer con una avalancha de críticas a la propuesta del lehendakari de convertir Euskadi en un Estado libre asociado a España. Y dejaron claro que se sentirían indefensos en un País Vasco independiente.

El filósofo y miembro de la plataforma, Fernando Savater, aseguró que el proyecto presentado el pasado viernes por Ibarretxe en el Parlamento Vasco «convertirá a este país en una nueva Yugoslavia» en la que «el más bruto será el que más mande». A su juicio, sólo sirve «para despedazar la convivencia, no para mantenerla».

Savater hizo estas declaraciones durante el acto convocado por ¡Basta Ya! y la Fundación pro derechos humanos Miguel Angel Blanco en el frontón Atano III de San Sebastián, en solidaridad con los cargos públicos del PP, PSOE y UPN amenazados por ETA.

Además del escritor donostiarra, también intervinieron el alcalde socialista de A Coruña, Francisco Vázquez; la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez (PP); el presidente de Nuevas Generaciones (NNGG) del País Vasco, Santiago Abascal; y la alcaldesa de Lasarte-Oria, Ana Urchueguía (PSE-EE), que el 23 de junio fue increpada y agredida con diversos objetos durante la disputa de una final de pelota vasca en el mismo escenario.

Los periodistas Antton Urrosolo y Mercedes Milá, que presentaron el acto ante unas 2.000 personas que completaron tres cuartas partes del aforo del frontón, criticaron la ausencia del Gobierno vasco y de los obispos de Vitoria, San Sebastián y Bilbao. Urrosolo señaló que dos de los prelados no habían contestado a la invitación y un tercero, que no desveló, había declinado su asistencia.«La parte roja del Gobierno vasco», dijo Urrosolo con ironía en alusión a Javier Madrazo, representante de IU-EB en el Ejecutivo autonómico, «ha excusado su presencia». «El Gobierno vasco supongo que no está para no instrumentalizar a las víctimas», dijo.

Savater pronunció un duro discurso en el que arremetió contra Ibarretxe y el nacionalismo vasco. El filósofo tildó de «payasada» y «majadería» la última propuesta del lehendakari y se preguntó «si alguien se tomaría en serio [la iniciativa] si no fuera por la amenaza de ETA».

El miembro de ¡Basta Ya! dijo que los proyectos políticos deben quedar aparcados mientras persista la violencia. «Ni la bandera española representa a Franco, ni la ikurriña a ETA. Las dos representan a los miles de demócratas que llevan años luchando por verlas juntas y en armonía», dijo.

Ana Urchueguía, por su parte, exigió al lehendakari que «arrope a las víctimas y, de una vez por todas, actúe con contundencia contra los fascistas».

Visiblemente emocionada y sentada en un sillón presidencial similar al de un Salón de Plenos, la alcaldesa de Lasarte-Oria preguntó al lehendakari «en qué mundo vive» y le instó a que no pregunte «a los suyos, que no necesitan escolta y van libremente a trabajar» cómo se vive en Euskadi, sino que se dirija a los cargos públicos del PP y PSOE amenazados por ETA.

Redondo culpa a los que defendían el entendimiento con los nacionalistas
ABC 29 Septiembre 2002

Nicolás Redondo Terreros seguró que los que desde distintos sectores, muchos de ellos pertenecientes a la izquierda, abogaban por entenderse con el PNV para moderar a los nacionalistas, tienen culpa de la deriva adoptada por esta formación. Son culpables «del envalentonamiento, del matonismo político del nacionalismo vasco», añadió en lo que parece una alusión a los sectores del PSOE que propiciaron su dimisión como secretario general del PSE. Así, dijo que «los estamos viendo todos los días y ahora veremos cómo alguno se tira de los pelos, o alguno todavía dirá que es poco importante esto, que es de chufla».

Asimismo, afirmó que «lo que dice el PNV no tendría ninguna importancia si no existiera ETA», y que el partido de Arzalluz «tiene miedo a hacer política» sin la banda y ése es el «gran problema que tenemos». En su opinión, PSOE y PP «tenemos que defender la Constitución, sin ninguna modificación».

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