AGLI

Recortes de Prensa     Martes 1 Octubre  2002
El Mundo: gracias por cuatro años
Nota del Editor 1 Octubre 2002

Aznar: firmeza y calma
Editorial La Razón  1 Octubre 2002

El «Régimen» vasco
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 1 Octubre 2002

«Unas oficinas»
Iñaki EZKERRA La Razón 1 Octubre 2002

Contra la historia
Cartas al Director ABC 1 Octubre 2002

Una propuesta tramposa
RAMÓN JÁUREGUI El País 1 Octubre 2002

¿Qué lobo
David GISTAU La Razón 1 Octubre 2002

Anguita no te equivoques
IGNACIO CAMACHO ABC 1 Octubre 2002

El “sentimiento” antinacionalista
Enrique de Diego Libertad Digital  1 Octubre 2002

La joya del nacionalismo
J. Vidorreta Libertad Digital  1 Octubre 2002

Derrota de todos
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País 1 Octubre 2002

Demasiado protagonismo
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 1 Octubre 2002

Un túnel a futuro
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 1 Octubre 2002

Demasiadas preguntas
HERMANN TERTSCH El País 1 Octubre 2002

Don Jordi
Juan M. RODRÍGUEZ La Razón 1 Octubre 2002

Madrid habla en serio
Pablo Sebastián La Estrella 1 Octubre 2002

Las cinco claves de Aznar
Ignacio Villa Libertad Digital  1 Octubre 2002

Consecuencias del desafío
Editorial El Correo 1 Octubre 2002

Independentzia
ANTONIO ELORZA  El Correo 1 Octubre 2002

Aznar promete que no dejará que Ibarreche lleve a España a una «crisis» por «desvaríos fanáticos»
C. Morodo - Madrid.- La Razón 1 Octubre 2002

Eco da sociedade
ALFONSO USSÍA ABC 1 Octubre 2002

España No Puede Ni Debe Volver A La Transicion
Editorial El Mundo 1 Octubre 2002

El farol
RAUL DEL POZO El Mundo 1 Octubre 2002

El PSOE propone colegios públicos bilingües, libros gratuitos y permiso laboral para padres
MANUEL SANCHEZ El Mundo 1 Octubre 2002

Pena de muerte para la Lengua Española
Nota del Editor  1 Octubre 2002

El Mundo: gracias por cuatro años
Nota del Editor 1 Octubre 2002

El periódico El Mundo ha iniciado una nueva etapa en Internet, transformándose en un medio con acceso mediante pago.

Nosotros deseamos que su apuesta sea buena para el periódico, para los internautas es una pena, estamos acostumbrados a acceder a una enorme cantidad de información, a veces a cambio de algo de publicidad, pero no nos gustan los servicios de pago, ni por artículo ni por suscripción, el primero porque no se sabe lo que hay detrás, cuando se ha pagado ya es demasiado tarde, el segundo porque no se utiliza con una frecuencia que diluya el coste, no suministran el archivo histórico en CD para acelerar la búsqueda, la velocidad de acceso suele ser enervante, no lo organizan para poder descargar fácilmente lo que interesa, normalmente no se utiliza al pensar que está disponible, sólo se le echa en falta cuando caduca la suscripción y ya es demasiado tarde.

Gracias por más de cuatro años que hemos podido disfrutar con su lectura, y lamentamos, desde hoy, no poder recortar muchos de sus artículos, como hemos hecho desde Abril de 1988.

Aznar: firmeza y calma
Editorial La Razón  1 Octubre 2002

El reto independentista de Ibarreche y Arzallus tuvo ayer la mejor de las respuestas en la serenidad con la que el presiente del Gobierno, José María Aznar, planteó la posición del Ejecutivo ante la última locura soberanista. Sin aspavientos, con tranquilidad, Aznar recordó que en España rige el imperio de la ley y que esta será aplicada, en cada caso, con decisión y sin complejos; con toda naturalidad. «Nada más natural en una democracia ¬dijo¬ que aplicar la ley». No le faltan al Estado recursos para poner fin al órdago del PNV si es que al final Ibarreche se decide de verdad a intentar convocar su pretendido «referéndum».

Acierta José María Aznar al mantener la calma ante la profunda deslealtad que supone el descarado envite del nacionalismo vasco. Cuando se tiene la razón, y se actúa dentro del marco democrático constitucional, basta con aplicar la ley, con cumplir con la obligación de mantener la legalidad que, en el caso del País Vasco, pasa por el respeto y la lealtad a la Constitución y al estatuto de Autonomía.

Aznar sabe que no sólo tiene razón sino que cuenta además con el apoyo de la inmensa mayoría de los ciudadanos y de la oposición. Hay en este asunto una completa sintonía entre el Partido Popular y el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. No ha hecho falta entrevista alguna para que Zapatero haya respondido, en la misma línea que el partido en el Gobierno, al desafío de Ibarreche calificando sus propuestas como inaceptables, incoherentes y «profundamente negativas» para el País Vasco, que se salen de la Constitución y el estatuto de Autonomía.

Si había alguna duda acerca de la propuesta de Ibarreche, el propio presidente del Tribunal Constitucional ya se ha pronunciado en contra, lo que supone una más que seria advertencia de ilegalidad. Pero es algo que ya sabían perfectamente los estrategas del PNV al plantear su desafío, que debe entenderse como una maniobra electoral ante el proceso de deslegalización de Batasuna y un intento desesperado de prolongar una situación en la que media población del País Vasco vive amedrentada por una mafia de asesinos, en la que el partido de los seguidores de Arzallus ha salido extraordinariamente beneficiado. No resulta extraño, por más que sea abominable, que prefieran seguir recogiendo las nueces del árbol agitado por ETA. Sin los proetarras como excusa, los nacionalistas quedan al descubierto en su lado más oscuro, el que se alinea descaradamente con los fines de ETA y el que, en obediencia a los requerimientos de la banda, exige avances en el camino independentista como forma de recoger para sí el voto batasuno.

Hace bien el Gobierno en no apresurarse en adoptar decisiones de la trascendencia que requiere la ocasión, en la seguridad de que, en su momento, a Aznar no le temblará la mano a la hora de aplicar, con toda naturalidad, la legislación vigente.

El «Régimen» vasco
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 1 Octubre 2002

Tiene razón Jaime Mayor cuando dice que los nacionalistas han montado en el País Vasco un régimen en el que sólo caben ellos. Pero a esto conviene añadir que, ni aun siendo así, están satisfechos: han venido utilizando la fórmula autonómica para definir su proyecto de Estado (con cuánta colaboración, con cuánta dejación, con cuánto oportunismo... de los demás) y ahora quieren rematarlo.

Conviene dejar claro, por tanto, que el «régimen» vasco no tiene que ver «sólo» con las experiencias caciquiles de otras Comunidades, con la compra de voluntades de personas y grupos mediante la corrupción. El vasco es un «régimen» porque desde el poder y desde una parte de la sociedad se ha llegado a sustituir, no sin Terror, el modelo autonómico por una realidad totalitaria.

He aquí algunos errores conceptuales y funcionales que definen este «régimen»:

1- Para los nacionalistas, el País Vasco no es una parte de España sino un hecho nacional que ha aceptado temporalmente esta forma autonómica. Por eso hablan de un pacto entre Euskadi y el Estado, entre Euskadi y España. La naturaleza del País Vasco para ellos no depende de quien gobierne en Vitoria. La autonomía, repito, es el ensayo de un Estado.

2- Los nacionalistas confunden el papel de los partidos con el de las instituciones porque para ellos éstas se legitiman en cuanto están ocupadas por ellos, no porque tengan su origen en la Constitución. Así Ibarretxe no quiere entender que cuando propone su plan de independencia lo está haciendo como lehendakari, como una institución del Estado español. No quiere entender que, al actuar de ese modo, está cayendo en un desvío de funciones públicas que los expertos deberían calificar y que desde el sentido común tienen que ver con la rebeldía y la sedición. O con la cobardía del que propone la Revolución desde una parte del poder. Porque siendo parte del Estado actúa contra él.

3- El salto que ha supuesto el plan de Ibarretxe no se debe a su exposición sobre el método independentista, y ni siquiera a que a éste se le hayan puesto fechas... El salto se debe a que se plantee y prepare y lleve a cabo desde las instituciones del propio Estado. Porque si hubiera sido la dirección del PNV habría tenido gravedad pero se habría mantenido la diferencia -sustancial- entre partido y Gobierno. Por esto el vasco es un «régimen». Ese manejo totalitario de la realidad y esa confusión de conceptos es lo que le definen como «régimen».

4- Toda esta confusión totalitarista viene de la creencia en la voluntad de los vascos como un hecho diferenciable de la voluntad de los españoles. Y en este hecho colaboran constantemente los no nacionalistas. Si los nacionalistas no aceptan que se tome la voluntad de los vascos como una parte de la voluntad nacional española, desde el Gobierno central se les viene a dar la razón en la medida que no se quiere afrontar la cuestión como algo que corresponde al conjunto de la Nación española o, si queremos, del Estado Nación que es España. Quiero decir que el concepto de ámbito vasco de decisión es compartido por muchos españoles.

5- Todo este proceso se ha llevado a cabo bajo la presión del Terror y con el PNV en el poder, solo o con socios, y sin que éste haya querido plantearse alguna vez y de forma prioritaria la conquista de la paz y la derrota de ETA. Por el contrario, el PNV y EA se han opuesto a estos objetivos cuando se ha planteado la ilegalización de Batasuna, brazo político de ETA.

¿Hasta cuándo seguiremos los constitucionalistas aceptando de hecho este proceso hacia la consolidación del régimen vasco como Estado independiente?

«Unas oficinas»
Iñaki EZKERRA La Razón 1 Octubre 2002

Arzalluz anda preocupado por la falta de locales del PP en el País Vasco. Su caritativa alusión en la campa de Altube de que «esos no tienen ni casas del pueblo sino unas oficinas» es conmovedora. Yo creo que Javier Arenas, en vez de indignarse, debe tomar buena nota, aprovechar las lecciones del enemigo y reaccionar con orgullito ante el señalamiento de esa carencia. Yo creo que Arenas debe dar dinero al PP de Euskadi para que abra una «casa del pueblo», una «casa popular» o un «pepetoki» en cada capital vasca.

Lo ideal para garantizar la seguridad de esos establecimientos sería abrirlos junto al portal de Arzalluz, de Begoña Eroski o de Ana Sagasti. De este modo tendrían más fácil lo de bajar a «tomar unos vinos». En realidad el PNV lleva tomando vinos con el PP un cuarto de siglo aunque quiera presentar esa costumbre como una novedad. Con quien no se toma vinos el PNV es con la gente de Batasuna porque ésta toma «kalimotxos» y para un peneuvista de pro mezclar el Rioja con Coca-Cola es un crimen de lesa humanidad, algo peor que violar los Derechos Humanos por supuesto.

La peña del PP no mezcla Rioja con Coca-Cola. Es gente civilizada. Tanto que hasta ahora se ha tomado los vinos en el bar de Sabin Etxea porque, curiosamente, en el barrio bilbaíno de Abando, de donde era Sabino Arana, el PP es el partido más votado desde 1995.

Siempre he dicho que en Euskadi no hay peligro de fractura social. No la hay porque con unos amenazados que toman vinos en la casa del que amenaza la única fractura que puede haber es de tibia y peroné. Arzalluz amenaza con tomar vinos con el PP para dramatizar. Al parecer no quiere acordarse de los que se ha tomado con Álvarez-Cascos en Sabin Etxea precisamente.

El PP debe dar el salto de las oficinas a las tascas propias. En una sociedad como la vasca, que está todo el día metida en el bar, la gente acaba votando lo que le dice el que le pone los vinos. Esto lo ha sabido siempre el nacionalismo y por eso cada partido nacionalista tiene sus bares como cada maestrillo tiene su librillo. El PNV hizo sus batzokis a imagen de las casas del pueblo del PC italiano. Luego, siguiendo el ejemplo, Eusko Alkartasuna puso sus «alkartetxes» y Batasuna sus «borriko tabernas». Saben que no se gana concienciando sino emborrachando.
El PSOE nunca llegó a poner una casa del pueblo en Bilbao porque sus guipuzcoanos y su margen izquierda del Nervión temían a Bilbao. El PP también tiene sus guipuzcoanos y su margen del Nervión remisa, que es la margen derecha, el Guecho del que nació. Esperemos que no cometa el mismo error que el PSOE. Esperemos que crezca y ponga muchas tabernas, entre otras cosas porque van a ser necesarias para acoger a la gente de Arzalluz. Y es que el PNV puede absorber el voto, el capital electoral de Batasuna pero no el capital humano, su ruina sociológica. El PNV se pone nervioso sólo con mirarle el pendiente a Otegui. No digo si ya Otegui pide un kalimotoxo.

Contra la historia
Cartas al Director ABC 1 Octubre 2002

Ante el tremendo desafío lanzado por el lendakari Ibarretxe, cabe hacerse una pregunta: ¿hemos de temer que el nacionalismo vasco nos deje sin patria, o nos la mutile, y abra un proceso de imprevisibles consecuencias para las fronteras de Europa? En mi opinión, no hay por qué. Precisamente, si algo tienen de irracional y profundamente absurdo estos procesos contra la historia es que están abocados al fracaso. Quizá sea pretencioso decir que la democracia, el régimen de libertades y el estado de derecho sean invencibles, pero sí son mucho más fuertes de lo que a menudo se cree.

Ahora bien, se precisa para ello que se den dos condiciones básicas: creer firmemente en ellos y tener voluntad de defenderlos. Las preguntas son, pues, más bien: ¿está Aznar dispuesto a asumir que a veces es perentorio dedicar atención a cosas que «no tocan» en ese momento? Si no está dispuesto a continuar al frente del Gobierno, ¿cuándo podremos conocer quién es y cómo piensa su sucesor? Y, sobre todo, ¿podemos confiar en el PSOE?, ¿a quién creemos, al Zapatero firme o al Zapatero progre?  Fernando Mínguez Hernández.  Madrid.

Una propuesta tramposa
RAMÓN JÁUREGUI El País 1 Octubre 2002

Ramón Jáuregui Atondo es diputado socialista por Álava.

Cuando Ibarretxe finalizó su discurso, sentí que algo importante y grave estaba ocurriendo. La extraordinaria concreción en contenidos y plazos de una propuesta política sustancialmente nueva, hecha por el lehendakari en sede parlamentaria, en el comienzo del curso político, los aplausos con que la nomenclatura nacionalista que llenaba las tribunas acogió su discurso, la solemnidad con que lo pronunció, todo hacía presumir que estábamos ante una decisión firme y trabajada.

Casi como con el Pacto de Estella, me sentí en parte traicionado. Tantos años juntos haciendo el país, cristalizando la pluralidad, moderando nuestros respectivos perfiles identitarios para construir una convivencia tolerante, mientras combatíamos juntos la violencia, eran enterrados definitivamente por una propuesta cargada de exclusión y de peligros, hecha por y para los nacionalistas y sustentada en los más rancios conceptos del nacionalismo sabiniano.

Veo brillo en los ojos del lehendakari. Él dice que es la ilusión de un nuevo camino, de una esperanza. Yo sólo veo el fanatismo de una doctrina, la simpleza del iluminado que se cree en posesión de una pócima milagrosa.

El razonamiento es sencillo. El autogobierno no es suficiente. Caminemos hacia la independencia a través de la autodeterminación, la libre decisión y la libre adhesión y ETA tendrá que desaparecer porque este proyecto político es el suyo y no lo podrá obstaculizar con su violencia. Venceremos la violencia porque la haremos innecesaria y porque resultará un lastre para sus propias aspiraciones.

El lehendakari abandona así, de manera tajante, la unidad democrática de Ajuria-Enea o semejantes y abraza la unidad nacionalista como instrumento. Reniega del principio de no coincidencia de fines entre el nacionalismo democrático y ETA y pretende liderar un mayoría de sociedad vasca, en un nuevo ejercicio de equidistancia entre ETA y Madrid, entre el terrorismo y la Constitución.

Sus planes son fáciles de intuir. Apoyado en PNV-EA-IU, recabará y obtendrá el apoyo de la comunidad nacionalista: desde el potente sindicalismo nacionalista (ELA y probablemente LAB) hasta la Iglesia vasca y sectores culturales y universitarios del País, pasando por grupos pacifistas y afines. Si se siente respaldado en las municipales del próximo año, lanzará un movimiento municipalista y después de presentado su proyecto articulado a finales del año que viene, lanzará un órdago a ETA, para que renuncie a la violencia, y al Estado, para que asuma y apruebe su proyecto. Una consulta en ese contexto, acompañada de un cese de violencia semipactado, obtendría un amplio respaldo de una población harta y desesperanzada, motivada al sí por el miedo y el señuelo de la paz. Éste es su plan. Un gran engaño y una enorme trampa.

Primero, porque mientras se desarrolla este proceso los partidos que no comulgamos con ese proyecto somos literalmente perseguidos por los terroristas a quienes se quiere convencer. Nuestras listas electorales estarán distorsionadas por el miedo y quizás tengamos que renunciar a los actos públicos por seguridad. ¿Es ésta una confrontación electoral en libertad?

Segundo, porque su equidistancia entre los que matan y los que mueren descalifica moralmente cualquier propuesta. Asesinato no es equivalente a mentiras o a insultos. Terrorismo no es el antagónico a regresión autonómica o a ilegalización de Batasuna. Matar y coaccionar no es comparable a inmovilismo o al incumplimiento estatutario. Pretender equiparar al PP, porque no condenó la Guerra Civil, con Batasuna, ofende a la inteligencia y a la justicia. Ibarretxe no puede sostener ese proceso político de medio plazo, ubicado en ese limbo inmoral.

Tercero, porque se pretende imponer a una parte de la población vasca un proyecto de país y de convivencia que no asume y no comparte. La media aritmética de las elecciones locales, autonómicas y generales demuestra que la población vasca se divide al 50% entre nacionalistas y no nacionalistas. El lehendakari disfraza con el diálogo su propuesta, invitando a los partidos a unas conversaciones en las que el temario ya está configurado por diez puntos que pormenorizadamente explicó en el Parlamento. Todos ellos responden a la filosofía y a los objetivos del nacionalismo radical y excluyente que hemos escuchado en los últimos años. Nos invita a dialogar, sí, pero con la agenda y el temario marcados. Es como si a un diabético le invitan a comer a una pastelería.

Cuarto, porque la propuesta parte de un principio que el lehendakari considera absoluto y no lo es. Euskadi no es un pueblo con 7.000 años de antigüedad, que se configura en la actualidad en dos Estados y en tres comunidades políticas (la CAV, Navarra y las provincias francesas), y como tal resulta sujeto de derechos de soberanía originarios y prevalentes. Ésa es una construcción política doctrinal del nacionalismo vasco, pero los fundamentos históricos y políticos de nuestra realidad son discutibles y la arquitectura jurídica de nuestro presente viene determinada por un ordenamiento que no puede ser violado. Reformado sí, pero con arreglo a sus propias reglas. El orden democrático no puede saltarse con apelaciones filosóficas a la libre voluntad de los vascos, porque fue nuestra libre voluntad la que configuró ese orden cuando aprobamos la Constitución y la autonomía. No hay ningún derecho colectivo, ni mucho menos histórico, que sea superior ni prevalente a la soberanía popular que expresan nuestras respectivas y sucesivas consultas electorales.

Si se recurre a esotéricas consultas autodeterministas, pueden hacerse muchas y sucesivamente y no terminaríamos nunca. Porque ¿quién determina el sujeto de tales supuestos derechos? Como dice un amigo mío, la autodeterminación termina en el portal de mi casa y la verdadera autodeterminación la ejerzo yo mismo cada vez que voto.

Quinto, porque el lehendakari anuncia que no admitirá vetos, en clara alusión al PP y también, aunque menos, a los socialistas. Aclara así que está dispuesto a construir el país sin unos ni otros y que nuestro único destino es plegarnos o marcharnos. Fue lo más duro de su discurso: ¿Qué país quiere hacer? ¿Está renunciando al territorio a cambio de soberanía? Porque es bien sabido que el voto al nacionalismo en el País Vasco francés no pasa de 5%; en Navarra, del 15%, y en Alava es minoría.

¿Cuál es el concepto de pluralidad que tiene el lehendakari? ¿Dónde quedan las proclamas pluralistas de Ardanza y del Arriaga, de años anteriores? ¿Qué es la pluralidad, una hipoteca inevitable de un pueblo en marcha o una riqueza imprescindible y constitutiva del ser vaso del siglo XXI? ¿Quién es el pueblo vasco, lehendakari, ese imaginario milenarista al que aludes, o dos millones de vascos que piensan y padecen, de carne y hueso, con cara y ojos, que te rodean y te miran asustados?

Yo estoy preocupado. Más que nunca. Porque creo que el PNV ha formalizado su ruptura con el Estatuto y con la unidad democrática y ha iniciado un camino de enfrentamiento político con el Estado y de construcción nacionalista de Euskadi. Ha renunciado a hacer Nación de ciudadanos para hacer Nación de nacionalistas. Y creo firmemente que esa apuesta debe ser derrotada, porque soy vasco y creo en una Nación de pluralidad y libertades, no en una Nación de anacrónica e imposible soberanía que a la vez aplasta su pluralidad e impone cultura, valores y símbolos, haciendo extranjeros a sus propios conciudadanos.

Pero ésta es una batalla política que hay que ganar en Euskadi, en las urnas, en la sociedad vasca. No se resuelve ni en los tribunales ni con los Decretos, ni mucho menos en Madrid. A quien hay que convencer de este disparate es a los electores vascos, y principalmente a quienes votaron a Ibarretxe el 13 de mayo cuando prometió que nunca más pactaría con HB, en expreso reconocimiento de su Pacto de Estella. A quien hay que convencer de este despropósito es a esa franja de votantes que fluctúa entre los nacionalistas y los constitucionalistas en elecciones autonómicas o generales. Donde hay que abortar esta tentación patriótica del péndulo nacionalista es en el sector moderado y estatutista del PNV.

Este discurso y esta batalla hay que librarla con serenidad e inteligencia. No es el momento ni el lugar, pero quede dicho que nunca he estado de acuerdo con la política vasca del PP. Junto al Gobierno y a su partido en la lucha contra ETA y en la defensa de la libertad sí, pero su política vasca y su política informativa sobre Euskadi están plagadas de errores, que el nacionalismo utiliza para alimentar su victimismo, apiñar a sus bases y aplacar sus contradicciones internas.

Más que nunca, ahora hay que fortalecer el autonomismo y la unidad democrática frente a la violencia. Reivindicar nuestra concepción plural del país y la necesidad de la transversalidad desde el reconocimiento del otro. Proclamar el bilingüismo y la convivencia de símbolos, sentimientos e identidades. Reiterar manos tendidas y actitudes positivas para construir un país de todos y para todos. Ése es nuestro camino y, desde luego, el roll histórico del socialismo vasco. Afincándonos en el centro sociológico e identitario del país, venceremos la tentación excluyente y rupturista que entraña esta propuesta tramposa.

¿Qué lobo?
David GISTAU La Razón 1 Octubre 2002

Todo rebaño se somete a un pastor y a un mastín protectores cuando cree en la existencia de un lobo. Para que el rebaño vasco sacralice un victimismo mítico y se entregue al pastor Arzallus y al mastín etarra, ha sido necesario urdir una bestia que no existe acechando la empalizada: España como lobo inventado en la programación robótica de las «ikastolas» y en los relatos orales de las «herriko tabernas», que es donde la tribu se reúne como alrededor de la hoguera para reconocerse en el relato de sus gestas. Cuando Arzallus, anacrónico y falaz, dice «Que vienen los Nacionales» ¬que viene el lobo¬, es porque necesita apuntalar un victimismo vertebrador y convencer a su rebaño de que existe un peligro que les justifique a él y a la propia Eta, ungida con frases como ésta con el prestigio de un protector, cuando en realidad la banda es el propio lobo. Arzallus, apoyado en su cayado mesiánico, necesita un lobo y lo fabrica, aunque sea a costa de intentar perpetuar el desgarro de las dos Españas, ahora que probablemente no haya ni tan siquiera una. O como mucho la de Manolo el del Bombo, que es la España a la que los intelectuales periféricos, como los árbitros del Mundial, le levantan el banderín para invalidarla por fuera de juego.

Por eso, Arzallus lo tiene fácil incluso en el delirio. Porque, mientras los nacionalismos de los arrabales españoles conservan ¬aun matando¬ una pátina romántica y arcangélica, al nacionalismo español no se le permite existir, eternamente coaccionado por el estigma de «franquista». Así, «franquista» es todo lo que se pretenda simbolismo de lo español, ya se trate de la Giralda, de un paseíllo en Las Ventas, de Don Pelayo, de la Pantoja, de un guardia civil reventado en una cuneta, del gol de Zarra, de Hernán Cortés o de Cervantes, que perdió una mano defendiendo a España, luego no puede ser sino un facha. Y así, víctima de un chantaje moral incitado por la creencia de que el anti-españolismo es un valor intelectual ¬Goytisolo y todos ésos¬, España va desintegrándose sin que nadie levante su bandera por temor a quedar como un facha.

Anguita no te equivoques
Por IGNACIO CAMACHO ABC 1 Octubre 2002

HOMBRE, Anguita, maestro, califa, tronco, amigo, vaya momento que has elegido para enterrar la Constitución, pobrecita mía. Vaya momento y vaya lugar, porque si hay un sitio de España en que un montón de gente necesita de la Constitución es en el País Vasco, donde los muertos no se mueren siempre de muerte natural, como tú sabes, aunque tu colega Madrazo no se entere, cosa que tampoco es ninguna novedad. Pero, bueno, a lo que iba, que no me esperaba yo que te metieras ahora a enterrador de constituciones, tú que defendiste la nuestra el 23-F con la pistola y los huevos encima de la mesa.

Mira, Julio, amigo, no vayas a quitarles encima la esperanza de la Constitución a los que están allí arriba sufriendo a cuerpo limpio la asfixia de la libertad. Si les quitamos eso ya se quedan sin nada, sin palabras, sin protección, sin horizonte, sin amparo, solos con el miedo y la angustia de su propia soledad. Y eso es jodido, compañero, acuérdate de los tiempos de la clandestinidad, acuérdate de los momentos duros y de los camaradas que hubieran dado media vida por un lugar bajo el sol de esta España de democracia imperfecta pero generosa, tan generosa que hasta caben en ella los que la quieren destruir. Acuérdate, Julio, por Dios, y mira esa foto de Leiza, los cincuenta valientes en medio de la plaza vacía, no me digas que no te dice nada, que no te conmueve por dentro, que no te agita los demonios de la rabia, de la solidaridad, de la rebeldía.

Porque, hombre, Anguita, si les quitamos a esos cincuenta el respaldo de la Constitución, ya me dirás tú qué les queda. Y, sobre todo, ya me dirás qué les damos a cambio, porque tú eres un tipo cabal y sabes que lo que viene después de enterrar la Constitución es una dictadura de orates desquiciados por el sueño étnico. Yo sé lo que has querido decir, tu viejo discurso de que las palabras no matan y de que es preciso hablar sin miedo ni prejuicios, pero no olvides que las pistolas sí matan y que mientras las pistolas no callen no se puede hablar. Y no olvides que nosotros, Julio, los andaluces de Córdoba, de Sevilla, de Jaén o de Almería, vivimos de un marco de solidaridad que nos transfiere las rentas excedentes que ellos se quieren quedar para sí mismos, los beneficios de los viejos privilegios que hasta el franquismo les dejó mantener. Eso es lo que anida al fondo del sueño ideológico nacionalista: una pelea para quedarse con las perras, tronco, no lo olvides tú, que siempre defendiste el materialismo histórico.

Y luego, Califa, hombre, ten cuidado, que te vas a cargar lo poco que queda de la izquierda decente, lo poco que Llamazares está dejando en pie con su estulticia inepta y corta de miras; que la gente se fuga en masa del proyecto que tú fundaste para reconstruir los principios a la izquierda del PSOE, que no se entiende qué hacen los tuyos junto a los batasunos y los meapilas del soberanismo histórico, díselo a alguien, amigo, que aún queda gente que te escucha y te respeta; dilo por ahí, que ése no es vuestro sitio, que esos no son los amigos de la libertad, ni del pueblo. Qué pena de proyecto, en manos de cuatro mediocres sin rumbo, qué pena de banderas rotas sobre el polvo de la confusión y la amargura.

Anguita, amigo, maestro, tío, camarada: no te vayas a hacer una injusticia a ti mismo. Siempre te engrandecerá la libertad de criterio, la independencia crítica, pero no vayas a confundirte ahora de tiempo y de lugar. Todos sabemos lo imperfecta que es nuestra libertad, pero ahora más que nunca hay que defender la de los que no tienen ni siquiera eso; ahora más que nunca hay que amparar a los que se ven al borde del abismo de la soledad frente a los asesinos y sus cómplices. No te equivoques, Califa; aunque estuviera muerta, tendríamos que levantarla como al Cid, subirla embalsamada en el caballo de los principios y gritar con todas nuestras fuerzas, como entonces, «viva la Constitución».    icamacho@abc.es

El “sentimiento” antinacionalista
Enrique de Diego Libertad Digital  1 Octubre 2002

Dice Federico Jiménez Losantos que Aznar actúa mejor bajo presión. Eso implica ir detrás de los acontecimientos. Suele tender, por tanto, a cargarse de razón. Eso, en lo que se refiere al País Vasco, conduce a una espiral de acción-reacción. Aznar reacciona a cada paso de los nacionalistas, pero tras la reacción, estos aumentan el pulso. El problema de los “moderados” es que, al final, se encuentran con el problema agravado.

De lo filtrado por La Moncloa, a través de cauces habituales en la materia, hay varios hechos positivos y algunos sorprendente, a la espera de su plasmación final. Positivo es, y mucho, que se inicie un proceso pedagógico con la sociedad civil vasca, para explicarles las consecuencias muy negativas del aventurerismo insustancial y conflictivo del radical Ibarretxe. Es decir, que en el escenario de ruptura -en el que ya estamos- no se puede mantener una vela a Dios y otra al diablo, que es, en este caso, el PNV, con la comparsa de los matones nacionalistas. No sólo las empresas tendrían que elegir; obviamente, lo made in Euzkadi tendría un completo rechazo en “lo que quedara de España” (vuelvo a citar a Jiménez Losantos). No es baladí recordar que la economía vasca es exportadora y que su mercado es el resto de España. Tampoco que la burguesía vasca ha adoptado tradicionalmente una postura acomodaticia y lanar que le ha venido muy bien al nacionalismo. Hora es de que dé la cara en nombre de la racionalidad contra el etnicismo agreste.

Otra cuestión positiva es el mero hecho de que se vaya a producir una declaración oficial, con cierta parafernalia. Nunca es tarde si la dicha es buena. Aunque vale lo de tarde. La comunicación a la nación debía haberse producido de inmediato. Llamativo es el silencio regio en cuestión que le afecta de manera constitucional muy directa.

Sorprendente resulta que se avance la voluntad del Gobierno de no aplicar el artículo 155 de la Constitución, porque ello no pertenece al ámbito de decisión gubernamental o a la capacidad de maniobra del ejecutivo, sino al imperio de la Ley. El Estado de Derecho está para todos, también para el PNV y para Ibarretxe. Cosa que ellos ignoran y desprecian. También está para el Gobierno.

Pero la secesión en sí es una amenaza a la libertad de todos y cada uno de los españoles (y sus “derechos históricos”), ante la que cada uno, por responsabilidad, ha de responder, en la medida de sus posibilidades. No es una polémica política, sino una amenaza totalitaria, que obliga a plantar cara al nacionalismo social y económico. En estas páginas está colgado un espléndido informe de J. Vidorreta sobre la Corporación Mondragón , en donde están marcas como Eroski y Fagor. En la Universidad sectaria y nacionalista de ese entramado -Mondragón tiene mayoría absoluta de Batasuna-, Juan María Atutxa y Juan José Ibarretxe han proclamado últimamente algunos de sus pasos totalitarios.

Puede ser legítimo, que los “españoles”, en uso de su libertad de opción, consideren el nacionalismo como una idea agresiva, que pretende el secesionismo, y decidan, si la Corporación Mondragón financia una Universidad “nacionalista”, no contribuir a ello absteniéndose de comprar en los grandes almacenes Eroski o de adquirir electrodomésticos Fagor. Y que así lo recomienden a otros.

Lo que va a generar Ibarretxe es un sentimiento “antinacionalista”, desde la convicción de que la madre de todos los terrorismos es la ideología racista de Sabino Arana.

La joya del nacionalismo
por J. Vidorreta Libertad Digital  1 Octubre 2002

Siempre se ha sospechado de su relación con el entramado de ETA, el blanqueo y la financiación de las cuentas de la banda terrorista. La detención de Ignacio Mallagaray, director de Auditoría Interna de Caja Laboral, nos acerca un poco más a la verdad de un grupo que funciona, según algunos de sus trabajadores, como una “secta”.

Mondragón Corporación de Cooperativas es el mayor grupo de negocios del País Vasco y el mayor grupo industrial español. Desde cooperativas de producción como Fagor o Irizar, pasando por la distribución de Eroski, las finanzas de Caja Laboral y la enseñanza nacionalista en Ikastolas y la Universidad de Mondragón, MCC copa la telaraña social que persigue la independencia del País Vasco.

Con sede social en Mondragón, localidad guipuzcoana cuna de ETA y cuyo ayuntamiento está dirigido precisamente por Batasuna, el grupo tiene más de 120 empresas distribuidas por toda la geografía española y del mundo, aunque su centro directivo y operativo se encuentra en esta localidad guipuzcoana del Alto Deba, en el centro del País Vasco, en el monte Olandixo, bosque propiedad de MCC (en la foto siguiente se aprecia el monte al fondo, en la ladera se asienta la mayor cuna del cooperativismo vasco). Con 1, 8 billones de facturación, 1,3 de volumen de compras y cerca de 60.000 empleados (sólo en sus divisiones industrial y distribución), los números demuestran el poderío de MCC.

Su fórmula empresarial ha sido estudiada en las más prestigiosas escuelas de negocios del mundo, sin embargo, MCC está vinculada de manera directa o indirecta en el fomento, sustento y ocultación de la estrategia nacionalista en sus dos vertientes: PNV y ETA. La detención del director de Auditoría Interna de Caja laboral lo aclara un poco más, pese a que, apenas unas horas después de su detención, haya sido relevado de su cargo.

Derrota de todos
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País 1 Octubre 2002

Comparece ante el Parlamento vasco el lehendakari Juan José Ibarretxe para lanzar su propuesta de Estado Libre Asociado. Tres términos unidos que nos llevarían del Cantábrico al Caribe de Puerto Rico, donde, por cierto, cada día crece la población partidaria de abandonar la actual definición constitucional en aras de una integración directa como otra estrella más en la bandera de los Estados Unidos. En realidad, antes de ir adelante deberíamos analizar los tres términos de la propuesta. Se dice querer un Estado, figura que sólo ha recibido vituperios, que se ha venido considerando en extinción, anacrónica, disfuncional, condenada de modo inexorable a vaciarse con la transferencia de competencias por arriba hacia la naciente UE y por abajo hacia el imparable protagonismo de las Regiones, pero se prefiere renunciar a algunas de las notas distintivas de un Estado como la de la Defensa y las Fuerzas Armadas.

Semejante desfallecimiento podría adquirir connotaciones costarricenses a menos que el vacío militar fuera colmado llegado el momento por la organización terrorista que se autodenomina organización armada y que sigue ejerciendo en el País Vasco como poder fáctico a respetar. Hace años Xabier Arzalluz decía que si ETA venciera, los del PNV serían balseros; pero el pasado domingo, mientras animaba a los suyos a solidarizarse con los socialistas acudiendo a tomar vinos a las Casas del Pueblo, consideraba de escasa entidad el riesgo que podría sobrevenirles por la renovada amenaza etarra que declaraba a PSOE y PP, a sus sedes y a sus actos, objetivo militar. Y es que como diría Lluis María Xirinachs, 'ETA pone bombas pero avisa', y el que avisa no es traidor y verdes las han segado.

El segundo término de la proposición formulada por Ibarretxe es el de libre. Pero aquí lo que se quiere es hacer el recorrido en sentido contrario y abolir la libertad que cada uno tiene ahora de optar conforme a sus convicciones y a sus expectativas para establecer la obligatoriedad de adherirse al credo y las apuestas del nacionalismo peneuvista, como si fuera del peneuvismo no hubiera salvación cívica ni posibilidad de obtener el reconocimiento de la plena ciudadanía. Eso sí, con generosidad magnánima se dejan abiertas algunas posibilidades para los recalcitrantes que se empeñen en seguir siendo españoles. Podrán elegir entre ser como portugueses en Luxemburgo o como alemanes en Mallorca. Por eso tiene todo el sentido la convocatoria cívica contra la obligatoriedad del nacionalismo que han puesto en marcha Fernando Savater y otros temerarios amigos instalados en la cegadora claridad del ¡Basta ya!.

Por ahí llegamos a la tercera nota del predicado esencial, la de asociado. Pero un primer examen revela que se trata exactamente de lo contrario, que el propósito muy preciso es el de disociar. Lo decían con toda claridad -good bye Spain- las pegatinas adheridas a las camisetas de la campa donde se celebraba el Alderdi Eguna. Se quiere hacer borrón del pasado de tantos siglos en común y abrir una cuenta nueva a partir del sueño disparatado de Sabino Arana, una figura a la que sigue sin hacerse justicia. Suma de posiciones reaccionarias y racistas sobre las cuales sería imposible edificar otra cosa que despropósitos inviables en amalgama inseparable con invenciones históricas fraudulentas incapaces de resistir un análisis riguroso basado en datos reales. Pero ahí estamos. Inútil llorar sobre la leche derramada. El horizonte se estrecha y se oscurece.

Pareciera que caminamos hacia la derrota de todos. El viernes pasado en el Parlamento de Vitoria el lehendakari colocó una bomba dialéctica de fragmentación y aquí, después de habernos familiarizado con la discrepancia legítima, deberemos entrenarnos en la nueva actitud de prietas las filas mientras cada mañana nos pasan lista a la federica. Todo indica que se preparan tiempos de alineamiento milimétrico. Discrepar en cualquier lugar será sinónimo de traicionar y todos seremos sometidos a un severo entrenamiento para progresar en el adiestramiento de vernos como enemigos, para el cultivo incesante del antagonismo cainita. Entretanto la España del déficit cero, la España ejemplar de Aznar-Rato-Montoro que se suponía al abrigo de coyunturas internacionales desfavorables recupera su posición tradicional de inválida generadora de compasión por la que pagaremos un altísimo precio. Habrá que repasar el coste de la no-España avanzado en EL PAÍS (véase la página 13 de la edición del 17 de julio de 2001). ¿Será por dinero? Vale.

Demasiado protagonismo
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 1 Octubre 2002

El presidente del gobierno y el líder del principal partido de la oposición han sido ayer contundentes en su rechazo a la última ocurrencia de la ultraderecha racista vasca. Lamentablemente, ninguno de los dos ha encargado una querella criminal contra Arzalluz por mofarse de la amenaza de Eta a los militantes y simpatizantes del PSOE y del PP.

Lo que sucede es que es tal el hartazgo sobre las polémicas que montan los racistas vascos que empieza no entenderse por qué se les regala tanto protagonismo. Ayer, sin ir más lejos, la Bolsa ha bajado al límite anual; se ha abierto un conflicto ético-científico sobre la donación de óvulos, y los sindicatos no han rechazado el diálogo ante las nuevas propuestas de Rato y de Zaplana sobre el Decreto que reforma el Empleo. Cualquiera de esos y tres asuntos es infinitamente más importante que las tonterías que dijo Ibarretxe el otro día. Pues, nada: los dos grandes partidos políticos se dedican a debatir sobre lo que no tiene debate posible.

Si todo el mundo entra de cabeza cada vez que el PNV tiende un trapo, les estamos poniendo en un nivel de decisión en la vida política que ni tienen, ni merecen. Se hace imprescindible que se relativicen las bobadas. Lo grave del País vasco es cómo viven los que están marginados, y a ellos no se les hace ni un solo reportaje. Si Arzalluz habla en un descampao y su discurso merece más atención que la reforma educativa, estamos nosotros más locos que ellos.

Es imposible racionalizar un discurso político irracional y locoide, así que todo el esfuerzo que gastan los líderes políticos en analizar las ocurrencias de los racistas vascos redunda en otorgarles mayor presencia en nuestras vidas. Y ¿para qué? Para nada.

Un túnel a futuro
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 1 Octubre 2002

Le escribo estas líneas, lehendakari, para dejarle constancia de mi perplejidad después de un fin de semana tan intenso como el que nos ha proporcionado usted entre su discurso en el debate de política general del viernes y su intervención en el Alderdi Eguna del domingo. No es tanto que no comparta sus afirmaciones, que no las comparto; es que ni siquiera las entiendo. Verá, lo primero que le oí decir el viernes en el idioma que mejor hablamos los dos fue: «tenemos que desterrar los túneles del pasado para siempre» y me entró como un repelús. Un túnel se puede cegar o dinamitar, pero no llego a imaginar como se puede desterrar. Un túnel, lehendakari es una vía de comunicación, no un pozo negro (que tampoco se podría desterrar, por otra parte).

Pero vayamos al grano. Parece raro que, puestos a ejercer competencias no transferidas, no haya asumido usted ni en cámara ni en campa la más importante de todas ellas: ¿por qué no se comprometió a pagar las pensiones para descontarlas después del cupo?

Me ha sorprendido el desdén por el peligro que mostraba el presidente de su partido al pedir a los jeltzales que protejan con su presencia las casas del pueblo tras las amenazas terroristas: «ir a tomar unos vinos, que tampoco es mucho riesgo». Según, habría que decirle. Depende de lo que bebáis.

El domingo, lehendakari, le oí decir con mucho énfasis «vamos a ser lo que queramos ser» y así, al pronto, me pareció una de esas cosas que se dicen en el fragor del mitin, con la impunidad que proporciona la campa en lo tocante al rigor intelectual. Como ya le tengo dicho no acabo de entender lo de ser cosoberanos, aunque suena bien; es como si se eligiera usted copríncipe de Andorra. Vamos a ver: si podemos ser lo que queramos ser, ¿a cuento de qué se conforma usted con ser Estado Asociado de España? ¿Por qué vamos a asociarnos con quienes peor nos caen? Asociémonos con Marruecos, que en los últimos tiempos está trayendo de cabeza a los españoles. Al fin y al cabo, Abderramán III era vasco por parte de madre y abuela, según le tengo leído a mi admirado Julio Valdeón. En fin, que si podemos ser Estado Asociado de Suecia, no veo yo la razón de que nos asociemos a España.

¿No ha pensado, lehendakari, que bailar un tango o asociarse dos estados no es algo que pueda hacerse de manera unilateral? Si usted pide baile, le pueden responder: «no, gracias» y no estaría bien que usted replicase: «no admito vetos». Mi impresión es que el Estado de Derecho no le va a permitir saltarse las leyes. Pero imaginémoslo. ¿No comprende que con sus mismos argumentos, Alava puede declararse Territorio Histórico Asociado, que España podría no querer un trato semejante y proponerle que asuma la independencia para ponerse a la cola de la UE, detrás de Chechenia? Reflexione, lehendakari. No podemos ponernos bordes con el 70% de nuestros clientes. Ha abierto usted un camino que puede llevarnos a todos a tomar por el túnel, si Dios y la razón no lo remedian.

Demasiadas preguntas
HERMANN TERTSCH El País 1 Octubre 2002

¿Quién podía creer que iba a suceder tal cosa cuando todo se había proyectado con ilusión hacia un recorrido solidario, con sus sobresaltos, pero común, hacia la cicatrización de tantas heridas? ¿Quién podía sospecharlo cuando todo apuntaba a que unos asumían las llagas ajenas como propias, que las sufrían, y hubieran dado todo, todo, por evitárselas a esas víctimas tan inútiles y aleatorias que se iban sumando a las acumuladas en un siglo cruel? ¿Cómo creer que quien viene de nuestra propia pila, nuestros hábitos y educación, nuestro esforzado recorrido de conquista de valores, en jesuitas e Iglesia, en democracia y oposición a la dictadura, puede llegar a plantearnos, desde una obscena frialdad retórica, la demolición de todo lo que nos ha unido durante siglos? ¿Cómo vamos a dejar de ser vascos en 12 meses y por decisión de un burócrata y de los asesinos que lo vigilan, todos aquéllos que durante siglos han hecho de la comunión de los intereses vascos y del resto de España un caudal de energía que ha conquistado el Nuevo Mundo, forjado algunas de las mayores gestas del mundo occidental y escrito las mejores páginas de la historia española?

Ni siquiera es ya repugnancia lo que producen las palabras de Ibarretxe y Arzalluz. Hace tiempo que es pena. Los anonadados y deprimidos somos legión y respondemos al cálculo coqueto que el lehendakari ha hecho para mayor éxito de sus misérrimas fantasías étnico-idílico-campesinas. Fracasará, muy probablemente, porque su opción es un drama como fue el de Milosevic en 1989 al invitar a todos los que no comulgaran con su etnicismo milenarista a huir ante la amenaza de muerte o condenarse a la tortura. ¿Cómo un tecnócrata con la mejor formación posible en Occidente, educado en la tolerancia, se puede convertir, como Ibarretxe, en un paladín de las miserias de un aparatchik comunista con vocación genocida? ¿Quién va a evitar que el PNV y EA acaben en el mismo banquillo de ETA cuando se acumulen los muertos, los desplazados y los sufrientes en esa sociedad que, insisten, tanta normalidad acumula? ¿Dónde está la compasión, dónde la decencia? Muchas preguntas. Las respuestas pocas, angustiosas. Lo eran en los años 30 en Nüremberg donde, como el viernes con Ibarretxe, se proclamó libre la veda del ciudadano no consciente en sus criterios raciales. 'Muerte a los constitucionalistas en sus sedes'. 'Judenfrei': libres de judíos las ciudades alemanas.

¿Cuántas mentiras se han tenido que contar en 25 años de escuela nacionalista para que surjan generaciones con vocación de camisas pardas? ¿Cuántas falacias históricas y cuántos enemigos inventados han adquirido cuerpo para que un representante institucional nos lance tan miserable fábula si no le apuntan con una pistola? ¿Hasta donde llega la miseria humana? ¿Hasta donde la cobardía? Demasiadas preguntas.

Don Jordi
Juan M. RODRÍGUEZ La Razón 1 Octubre 2002

Será dentro de una semana. El honorable «president» Pujol vendrá a Sevilla, a inaugurar, junto a Manuel Chaves, una exposición itinerante titulada «Cataluña, tierra de acogida». El mismo presidente regional, que más de una vez ha dejado claro su desprecio por los andaluces, viene aquí, al Casino de la Exposición, a meternos un señor gol por la escuadra. El «president» ha asegurado con motivo de esta exposición que uno de los mayores éxitos de Cataluña «es, sin duda, la forma en cómo ha recibido y acogido a una tan ingente cantidad de gente foránea, sin perder su identidad, sin merma de la convivencia.»

Ahí le queríamos ver, don Jordi. Cataluña no ha perdido su identidad, la de usted, la nacionalista, la que hace de la lengua ¬que no es sino un instrumento de comunicación¬ bandera política, por medio de una dictadura llamada «normalización lingüística». O sea, gracias a pegarle tajos en la lengua a los desgraciaditos que llegan de fuera buscando una vida mejor; de obligarles a que ellos, y sus hijos, le hablen a usted ¬y entre ellos mismos¬ como a usted le da la gana.

La convivencia de Cataluña es la del bienestar de una burguesía catalanísima que se ha hecho de oro con el trabajo de las gentes de los arrabales, a los que despectivamente llaman charnegos. Esos mismos a quienes usted no tiene reparos en dirigirse utilizando el idioma de Cervantes, con fines electoralistas. Los que en vez de sardanas quieren rumbas y montan ferias de abril en el exilio. Esos que le molestan a usted tanto. Los que gracias al gobierno de ésa su «tierra de acogida» siguen sintiéndose ciudadanos de segunda en casa propia.

Pujol vendrá a Sevilla. Y don Jordi será bien acogido; y su exposición también; y se irá de aquí contento. Y mañana, o pasado mañana (cuando toque), volverá a acordarse de lo flojos que somos y de lo que nos empeñamos en no hablar, estudiar ni trabajar en el idioma que él manda cuando vamos a Cataluña. Y entonces tendremos unas ganas locas de enchufar una máquina del tiempo y volvernos a la inauguración del martes que viene para lapidar al «president». Pero entonces ya será tarde.

Madrid habla en serio
Pablo Sebastián La Estrella 1 Octubre 2002

La escalada política y verbal que ha seguido a la última propuesta de Ibarretxe de convertir el País Vasco en un Estado Asociado de España, al margen de su imposible realismo y del tinte electoralista que encierra, ha recibido por parte de los dos primeros partidos españoles, PP y PSOE, así como por parte del Gobierno de Aznar, una respuesta contundente y firme que deja fuera de lugar la posibilidad de convertir ese nuevo proyecto político del nacionalismo vasco en una realidad factible a corto, medio o largo plazo.

Está claro que el marco legal y constitucional no deja resquicio para el desarrollo de semejante proyecto sin la previa reforma de la Carta Magna, que a su vez debería ser aprobada en el ámbito del Estado y que necesitaría el apoyo de los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE. De ahí que las propuestas de Ibarretxe, al margen de buscar el protagonismo y la unidad de los suyos o de disputar los votos a EA y Batasuna, esté más bien ubicada en el campo de la propaganda que en el de la política.

Sobre todo cuando sabemos, y ellos también y de especial manera, que el problema más urgente es el del terrorismo, la paz y la libertad personal y política en el País Vasco. Y que hoy día el segundo problema vasco sería el de la capacidad de diálogo para abordar cualquier aspiración de nuevas cotas de autogobierno dentro del actual marco estatutario y constitucional. Sin estas dos condiciones previas resulta una provocación y una quimera que no conduce a ninguna parte el hablar de Estado Asociado o independencia en el actual marco legal español, e incluso dentro del actual marco europeo.

¿Acaso los ciudadanos del País Vasco creen de verdad que es viable en España la propuesta de Ibarretxe? Si lo creen se equivocan, como se está equivocando el PNV. Y su Gobierno, con esta fuga permanente hacia nadie sabe dónde, está creando allí unas expectativas y un espejismo que, de ir más en serio y provocando la ruptura del marco legal, conduciría a un enfrentamiento político (con toda seguridad la suspensión del Estatuto y de las instituciones que lo gobiernan) y posiblemente civil.

Sin pensar los gobernantes vascos que toda esta polémica abunda en la fractura de la sociedad vasca y crea una importante incertidumbre e inestabilidad económica y social, lo que puede producir a corto y medio plazo un deterioro muy importante de la actividad económica y social en el País Vasco, así como un bloqueo o retroceso de las inversiones y el desarrollo de nuevos proyectos empresariales, públicos y privados.

Es legítimo que un partido nacionalista tenga en su programa máximo una ambición de gobierno pleno y hasta de independencia en un futuro que nadie puede predecir. Pero el hecho de que sea el actual presidente del Gobierno vasco, a sabiendas del marco legal donde se mueve, el que impulse este tipo de iniciativas está creando tensiones y provocando un ambiente enrarecido del que sólo saldrá dañado el conjunto del pueblo vasco.

Sobre todo en este momento en el que aún persiste el problema del terrorismo y en el que están bajo mínimos las libertades personales y políticas. Asuntos que deberían figurar en el punto primero del lehendakari, por encima de cualquier otra ambición o conquista política. No en vano el anteponer las conquistas nacionalistas al nivel mínimo de libertades y de democracia mientras ETA sigue amenazando sería tanto como decir que el proyecto de la independencia del PNV está avalado por la amenaza de ETA. Sobre todo si se presenta, como parece, como una solución pacificadora o de mercadeo con ETA. Lo que es absolutamente inaceptable desde el punto de vista político, legal y moral.

¿Hacia dónde va el Gobierno vasco? Esperar una tregua de las declaraciones entre Madrid y Vitoria y la recomposición del diálogo es en este momento algo difícil de imaginar. Sobre todo cuando ya estamos a menos de un año de las elecciones municipales, aunque alguien lo debería intentar. En todo caso, Ibarretxe ya presentó en Vitoria su propuesta desafiante y Madrid, por boca de Aznar y Zapatero, acaba de responder con claridad y con la máxima seriedad, para que nadie se llame a engaño entre los proyectos de ficción y la cruda realidad.

Las cinco claves de Aznar
Ignacio Villa Libertad Digital  1 Octubre 2002

El presidente Aznar, nuevamente, no ha defraudado. Aprovechando su intervención ante la junta nacional de su partido, Aznar ha cogido por los cuernos el envite soberanista del pasado viernes de Ibarretxe. En un discurso bien elaborado y cuidado en las formas, el Jefe del Ejecutivo ha ido desgranando punto a punto las cuestiones básicas de la propuesta realizada desde el nacionalismo.

Aznar ha fundamentado su intervención en cinco puntos básicos, que resumen la situación actual y la estrategia del Gobierno central ante las propuestas nacionalistas:

1. Los nacionalistas tienen como objetivo la imposición de un régimen excluyente.
2. No habrá margen para la ruptura con la legalidad.
3. La sociedad española evitará, con la ley, el desvarío de los fanáticos.
4. El País Vasco no necesita un pacto de convivencia, lo que hace falta es que, sencillamente, los nacionalistas estén dispuestos a convivir con todos.
5. Es necesario el compromiso y la colaboración de los ciudadanos vascos que quieren la paz y la libertad para el País Vasco.

En estos cinco puntos se recoge el estado de la cuestión y el camino que se debe seguir para reconducir la situación. Aznar, sin arengas ni bravatas, ha sido contundente cuando ha recordado a Ibarretexe que no habrá margen para la ruptura, que el Gobierno central no va a permitir la ilegalidad y que se emplearán a fondo los mecanismos del Estado de Derecho.

Claridad ante la duda. Sin bajar a más detalles, tampoco hace falta más concreción. Aznar ha estado bien, ha estado en su sitio. Con la fortaleza necesaria a la hora de exponer la actitud de su Gobierno, sin miedo para diagnosticar el fondo del problema y con las ideas claras para responder a las provocaciones, el presidente Aznar ha realizado una petición importante. Ha pedido a los ciudadanos vascos que colaboren para evitar las pretensiones nacionalistas. Es esa, quizá, una de las claves más importantes, decisivas en toda esta historia: la necesidad de un compromiso de muchos ciudadanos vascos anónimos, que quieren vivir en paz y que por miedo a las represalias prefieren mantener la discreción. Y es que el futuro del País Vasco depende de los políticos, pero depende especialmente de una rebelión civilizada de los ciudadanos, sin miedo, que no quieren seguir bajo la dictadura nacionalista de unos pocos.

Consecuencias del desafío
Editorial El Correo 1 Octubre 2002

La tajante réplica que el proyecto político del lehendakari recibió ayer por parte del presidente Aznar y la rotunda crítica expresada por Rodríguez Zapatero hacia la propuesta de Ibarretxe conectan con la honda preocupación que la iniciativa nacionalista ha suscitado tanto en la opinión pública española como en amplios sectores de la sociedad vasca. Al remitirse a la aplicación de la ley con «serenidad, responsabilidad y naturalidad», José María Aznar apeló a la auténtica cláusula de garantía con que cuentan los sistemas democráticos para preservar la convivencia y el respeto a los derechos ciudadanos. El nacionalismo gobernante y el propio lehendakari se refieren al incumplimiento de las previsiones estatutarias por parte de la Administración central como argumento de legitimación de su desafío. Pero la desproporción entre el desafío lanzado el pasado viernes y el problema de las materias pendientes de transferencia resulta tan evidente que semejante comparación sólo puede hacer efecto en quienes están predispuestos a la demagogia y el encastillamiento.

Podrá resultar coherente que el Gobierno Vasco -tal y como anunció el lehendakari- requiera formalmente al Tribunal Constitucional «para que desarrolle las medidas oportunas que permitan hacer efectivas sus propias sentencias». Pero cualquier otra actuación unilateral respecto a las competencias pendientes no sólo supondría una conducta temeraria e irresponsable, sino que requeriría la intervención de los tribunales para restablecer el principio de legalidad. Es posible que a estas alturas el profundo desacuerdo que afecta a la culminación de las previsiones estatutarias no pueda ser superado en una mesa de negociaciones políticas y precise sentencias judiciales en firme. Pero semejante paso sólo puede darse si quien lo promueve o provoca está dispuesto a acatar y a asumir como solución final el dictado de los tribunales. Parece más que dudoso que esa sea la actitud desde la que el Gobierno vasco y los partidos que lo sostienen contemplan las consecuencias de su desafío.

En demasiadas ocasiones el lehendakari Ibarretxe hace alarde de un talante impasible en contraste con el «nerviosismo» que dice ver «en Madrid». Parece increíble que una figura institucional de tanta relevancia no dé muestras de sentir la más mínima preocupación ante la zozobra que causa su proyecto y ante la rotunda contestación que ha recibido por parte de aquellas fuerzas políticas e instituciones de las que en definitiva depende su viabilidad. Con toda probabilidad, semejante ensimismamiento le llevará a interpretar las advertencias de Aznar como una razón añadida para reafirmarse en la justeza de su postura, alimentando con ellas nuevamente el victimismo nacionalista. Pero más imperdonable resulta que no haya en el seno del nacionalismo democrático un mínimo sentido crítico capaz de formular siquiera alguna interrogante respecto hacia dónde puede conducir a Euskadi este ejercicio de posesión absoluta de la verdad en que parece convertir Ibarretxe la política.

Independentzia
ANTONIO ELORZA /CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 1 Octubre 2002

Algunos todavía no quieren creerlo, pero el hecho es que el discurso 'soberanista' pronunciado por Ibarretxe el viernes pasado es sólo la culminación lógica de una trayectoria esbozada a partir de Lizarra y dibujada con palabras engañosas, pero con trazos cada vez más nítidos, a partir de la victoria electoral del 13-M. Lo dejaban ver a las claras: primero, la estrategia de confrontación permanente con el Gobierno central, incluso en el tema del terror, donde hubiera debido existir acuerdo entre demócratas; segundo, la insistencia en conocer esa voluntad de los vascos supuestamente ansiosos, a su entender, y en contra de todas las encuestas, de decidir un futuro político -en sentido abertzale, no hace falta decirlo-; y, por fin, la partida de defunción extendida para un régimen autonómico que al parecer era deseable 'superar', cuando por la amplitud de las competencias ya asumidas más allá del vigente estatuto únicamente cabía y cabe la independencia. Podemos recurrir al 'decíamos ayer': entre eufemismos y zigzags obligados para que el ejercicio de manipulación de los electores vascos cobre un aspecto de proceso democrático y la minoría independentista dé lugar a una mayoría de votos, el único punto de llegada lógico para la línea política de Ibarretxe era y es la secesión.

Vista en perspectiva, como maniobra política, es preciso reconocer su habilidad. Muchos han sido engañados por ella, o se han dejado engañar, como esos buenos socialistas que todavía creían hasta ayer posible reproducir el acuerdo de 1986 y que por medio del 'diálogo', cediendo el INEM y no se sabe qué, habían de lograr un nuevo clima frente al enrarecido que provoca la rigidez de Aznar. Por supuesto, haciendo de Madrazo todo es posible, incluso que el lehendakari te haga guiños de complicidad, pero resulta dudoso que sumando los propios votos al bloque secesionista ganen algo la libertad y la democracia, tanto en Euskadi como en España.

La encrucijada es la más grave desde el 23-F: el gobierno de una comunidad autónoma se propone alcanzar por su cuenta y riesgo, sin admitir 'vetos', léase los obstáculos derivados del orden constitucional, una situación de preindependencia, y por añadidura a favor del ejercicio del terror que anula la libre actuación política de la mitad del electorado. Con tomar vinos en las casas del pueblo y asumir los nacionalistas ese riesgo «que no es tanto», como sugirió Arzalluz, entre la caridad y el desprecio, no se supera el régimen de excepción en que vive buena parte de la sociedad vasca. Hablar entonces de libertad de un pueblo frente a imposiciones del exterior, como hacen los dirigentes del PNV, es pura y simplemente un insulto a la razón. Y si el resultado de tan saludable ejercicio es destruir el orden democrático vigente, la calificación tiene que hacerse todavía más dura: la aparente autodeterminación constituye la máscara para un golpe de Estado anunciado por las autoridades legítimas contra el orden normativo que les confiere esa legitimidad.

Ese componente de violencia y de ilegalidad no reside en el evidente contenido independentista del 'nuevo pacto político' con el Estado español, sino en la decisión ya adoptada, por encima de la acumulación de citas legales, de culminar el proceso sea o no éste aprobado por las sucesivas instancias que configuran el ordenamiento constitucional y estatutario. Ibarretxe sabe que no tendrá la mayoría absoluta necesaria en el Parlamento vasco, pero traslada el previsible conflicto al nivel estatal. En cualquier caso, el proceso seguirá adelante según el 'principio de no veto', es decir, el Gobierno vasco llevará hasta el fin su propuesta, con el referéndum de autodeterminación, lo acepten o no las instituciones implicadas en una eventual reforma por la Constitución y el Estatuto. Y procederá por sí y ante sí desde un principio a asumir competencias actualmente ejercidas por el Estado. No se va, pues, a ese imposible político que es la cosoberanía con taparrabos borinqueño.

Desde el comienzo estamos ante un ejercicio de soberanía incompatible con el espíritu y la letra de la ley fundamental. Sería la insensatez digna de un Bossi con su Padania, sólo que aquí la sanción no viene de una sociedad vasca engañada al respecto desde la última campaña electoral, en la que Ibarretxe se cuidó muy bien de silenciar sus planes, sino de una organización terrorista cuyos fines coinciden con los ahora expuestos. Por mucho que Ibarretxe diga que ETA debe desaparecer, su comportamiento ante el caso Batasuna prueba lo contrario: sabe muy bien que sin bombas ni pistolas detrás de la cortina carecería de toda viabilidad el plan surrealista de poner en marcha un proceso constituyente en Euskadi para, mediante el disfraz de la libre asociación, entrar en Europa. ETA lo entendió muy bien y al día siguiente del discurso dio otra vuelta de tuerca en su imperio del terror al declarar 'blancos militares' las sedes y los actos de PP y PSOE. Con los vascos no nacionalistas maniatados, expulsados o deseosos de que la pesadilla termine de una vez, la libertad vasca en versión Ibarretxe-Arzalluz-Egibar tiene todas las posibilidades 'democráticas' de triunfar.

Tal es el fondo verdaderamente siniestro no sólo del 'proyecto Puerto Rico', sino del diseño de país que configura los dos nacionalismos, en realidad uno, la 'umma' abertzale rehecha desde Lizarra, que sigue bebiendo para sus ideas fundamentales la pócima de Sabino Arana. A estas alturas, ahí tenemos los famosos 'derechos históricos', que desconocen ocho siglos de vinculación a España y siguen anclados en el mito de la 'libertad originaria'. Como las setas después de la lluvia, emerge a continuación 'el pueblo vasco', que como todo lo desconocido es 'milenario', por encima de su inexistencia actual y en esa unidad mágica «forma parte de Europa desde los albores de la historia» en tanto que su capacidad de decisión, fruto de la identidad única, «va más allá de normas jurídicas o de fronteras políticas». Una identidad mítica que desde Sabino Arana, como la historia ha probado sobradamente, genera de modo inevitable violencia (pues con los votos el proyecto es risible), irredentismo (prepárense Navarra y Francia, que la cosa no para aquí) y exclusión (Ibarretxe rechaza «el enfrentamiento entre los vascos», es decir, entre los abertzales; para los otros, caridad cristiana). En definitiva, el 'pacto' no pacificará nada, tanto por ese irredentismo como porque el objetivo es otro: «Vosotros veréis la independencia», aclara Arzalluz a sus jóvenes, destrozando el señuelo, gritos y pegatinas en Altube lo refrendaron. Lo que cuenta es «un país en marcha».

Y para esa marcha emprendida, ETA, por muy débil que esté, resulta imprescindible. De ahí que el conflicto de la ilegalización, contra todos los pronósticos, no opuso a las masas de patriotas contra el Estado, sino al Gobierno Ibarretxe contra unas medidas que le privaban de un competidor aparente y aliado indispensable. Si el proceso llega al enfrentamiento final, la eventual desobediencia civil impulsada por Ibarretxe contra la aplicación del artículo 155 sólo tiene sentido con el esfuerzo de la muerte proporcionada por ETA. El fondo de la estrategia es el de siempre y queda recogido en la metáfora de los túneles que abría el discurso del lehendakari. Hacia ETA, un ruego: «que deje de matar». No faltaba más. «Con ETA no hay nada que hacer», insiste en Altube. El verdadero túnel político es, para Ibarretxe, la amenaza autoritaria de quienes adoptan los medios legales para anular al brazo político de ETA; nada mejor que la actuación de un grupo nazi integrado en una estructura terrorista para que haya libertad política. Eso sí, forman parte del 'pueblo vasco'. La nación se construye a la sombra del terror.

Aznar promete que no dejará que Ibarreche lleve a España a una «crisis» por «desvaríos fanáticos»
Responde al desafío y dice estar decidido a aplicar la ley «sin aspavientos y sin complejos» para no dejar ningún «margen de ruptura» «Los nacionalistas buscan condenar a la mitad de los vascos a ser súbditos de su proyecto étnico», avisa
El presidente del Gobierno, José María Aznar, frenará con la ley, «sin aspavientos, con decisión y sin complejos», el intento de los nacionalistas vascos de arrastrar a la sociedad española a una «crisis». Y lo hará desde la «serenidad» y desde la legitimidad que le confiere el contar con el apoyo de la mayoría de los españoles. Reconoce que se está ante el mayor desafío «sectario y agresivo» y ante una amenaza para la convivencia de los españoles y de los vascos, ya que a la mitad de ellos se les quiere condenar a ser «súbditos del proyecto étnico» nacionalista. Aznar revalida su compromiso con el Estatuto y apela a todos los vascos que desean una sociedad plural, con los que se compromete a seguir a su lado.
C. Morodo - Madrid.- La Razón 1 Octubre 2002

Aznar sentó ayer ante su partido las bases de su respuesta al órdago del PNV para «enfrentar a los vascos con España», rompiendo primero para ello, según su análisis, la «convivencia entre los propios vascos». El jefe del Ejecutivo considera que detrás de la última propuesta lanzada por el «lendakari», Juan José Ibarreche, se esconde el objetivo de imponer un régimen «nacionalista excluyente», condenando a la mitad de los vascos a ser «súbditos de su proyecto étnico». Para la consecución de tal fin, los instrumentos a utilizar son: la «confrontación civil, el exilio interior y el desprecio más cruel para las víctimas». La «locura» nacionalista, pues, ya ha salido de su «ambigüedad» y ha dejado claro qué se propone destruir, obligando al Estado de Derecho a hacer frente a un «desafío que ahora se muestra con su naturaleza más sectaria y agresiva».

Ante esto, el jefe del Ejecutivo está decidido a reafirmar su compromiso con la Constitución y el Estatuto de Guernica, al que los nacionalistas han «traicionado», y se compromete también a no permitir que España sea arrastrada a «ninguna crisis» por culpa del «desvarío fanático». Desde su responsabilidad, y desde la legitimidad que le confiere el contar con el apoyo de la inmensa mayoría de la sociedad, Aznar garantizó ayer ante la Junta Directiva del PP que no va a dejar «ningún margen para la ruptura» ni para que nadie se atribuya el derecho de decidir qué leyes se cumplen y cuáles no. «El Estado democrático y constitucional, la convivencia libre, el proyecto de la Transición que ha hecho de España un ancho campo de libertad, viene enfrentándose a un desafío que ahora se vuelve a mostrar con su naturaleza más sectaria y agresiva», dijo, advirtiendo además que no se está ante ninguna reivindicación de competencias, sino ante la imposición de un «régimen nacionalista excluyente».

El Gobierno, por su parte, actuará en cada momento con «serenidad, responsabilidad y naturalidad», y nada hay más natural, añadió Aznar, que «aplicar la ley sin aspavientos, con decisión y sin complejos». El Ejecutivo seguirá, asimismo, siendo garantía del actual marco constitucional y estatutario, y abundando en las políticas, como la Ley de Partidos, que conduzcan a cercenar la impunidad de los terroristas y de sus apoyos. En ese sentido, el presidente señaló que Ibarreche y los demás dirigentes del PNV están obligados a dar explicaciones a los ciudadanos sobre muchas cosas, «como, por ejemplo, sobre por qué siempre tienen algo más importante que hacer que colaborar en la derrota del terror». «No hay otra cosa que hacer que lograr que la banda se quede sin pistoleros, sin medios económicos y sin altavoces, y eso lo estamos haciendo con la ley en la mano», mientras que el PNV se olvida de sus obligaciones y se dedica a «ensoñaciones» que sólo sirven para distraer y para dar argumentos a Eta.
El jefe del Ejecutivo cerró este capitulo negando validez al argumento nacionalista que fundamenta el desafío independentista en la necesidad de un nuevo «pacto de convivencia». No hace falta tal pacto, sino que los nacionalistas «quieran convivir y se comporten como demócratas», y a partir de esta precisión Aznar se dirigió directamente a los vascos que quieren vivir en una sociedad plural. «Apelamos a ellos, y con ellos nos comprometemos. Que pierdan toda esperanza los que intentan destruir la convivencia, los que juegan con cartas marcadas y los que ponen en peligro el proyecto común. No tienen nada que hacer», concluyó.

Elecciones y crítica al PSOE
Al margen del asunto vasco, su pricipal preocupación, el presidente del Gobierno reservó una parte de su intervención ante la dirección del PP para los asuntos internos dada la trascendencia de las elecciones de la próxima primavera. Emplazó a poner al cien por cien la maquinaria electoral, a dedicar todos los esfuerzos a «estar más en la calle», a hablar más con la gente y a ofrecer a los ciudadanos respuestas con sentido común a todos sus problemas para seguir ganando credibilidad. Está convencido de que su partido tiene posibilidades de crecer en los comicios de 2003 porque «depende de sí mismo», mientras que el PSOE no tiene «proyecto, ni credibilidad, ni buenos candidatos». Los socialistas, añadió, no han mejorado nada en esas tres materias desde el año 2000.

Eco da sociedade
Por ALFONSO USSÍA ABC 1 Octubre 2002

Nos aledanhos do monte Altube, em una extençao de pradeiras sem arvoredos, reuniorem-se milhoes e milhoes de pessoas -toidas elhas perteneçentes a o nacionalismo vasco-, convocadas, invitadas e bem recebidas pel home mais providençal de nossa vecina Espanha. Resulta impossivel expressar en os papeiles la manifestaçao de alegría dos nacionalistas vascos em aquelhas pradeiras, de esos milhoes y milhoes -calcúla-se umos dez ou quinze milhoes de assistenmtes- de pessoas de toidas as edaides e situaçao social e económica, que forom a rendir homenaixe de admiraçao a o grande anfitriao da festa. O muito prestante e reverendíssimo senhor Javier do Arzallus, que preiparou festa sem reiparar em gastos e tiró a casa pela ventaina.

Velhos, maduros, iovenes, crianças, homes e mulheres, cum bandeiras muito semejantes as de Reino Unido da Grande Bretanha -sóamente cum foindos verdes em lugar dos foindos azures-, escuitarom cum infinita emoçao as palabras de distinguido anfitriao e doutros invitados. La ovaçao foi dinha de espectacularidade e sinceridade cuamdo o muito prestante e reverendíssimo Javier do Arzallus animóu a os presentes a presentar-se em Casas do Povo a tomar vinhos e licores em amigabel companhía cum os militantes socialistas e povolares, se bem istos últimos nao tenhen sedes.

Em representaçao das nacionalidades de Catalunha, Galiza, e Burkina Fasso, estuverom presentes os excelentísmos senhores doitores Duran e Lleida, Beirás e Bumba Lokombo, que expressaron su abosoluta conformidade y lealtade cum pensamento dos excelentísimos senhores doitores Javier do Arzallus, Ibarreche e Eguíbar. Calor abrumante, parlamentos de grande extençao e varias decenas de invitados que forom asistidos pela organizaçao de mareios, insolaçoes, arritimias de curaçao, hipertençao, vahidos e desvanecimentos.

O proyeito e sencilho para comprençáo e entendimento do maís tonto. É facilissimo de asumir-se. Iniciar os movimentos indispensaveis para separar de Espanha as terras vascas que som Espanha deisde foi quinentos anhos. Impressionante as refleçoes do senhor Javier do Arzallus. «O sentimento nacionalista vasco nao se define, sente-sé». Tal afirmaçao, simceramente, pone os velhos das braços o de oitras partes corporais em punta, é a carne de galhina.

A festa finalizou as primeiras hoiras do depreçiao solar, depois de toida sorte de actividades culturais, floclóristas e esportivas, ademais de os momeintos de solemnidade como a subida e posteiror baixada do altissimo mástil da bandeira dos nacionalistas, a anteriormente referida da Reino Unido da Grande Bretanha cum foindos verdes, e conoçida povolarmente pela «ikurrinha».

Os ilustres assistentes do estrangeiro, os senhores doitores Duran e Lleida, Beirás e Bumba Lokombo, restáron-se muito felices cum demostraçoes esportivas dos nacionalistas como, pel poner una mostra, a rompimento dos troncos, a levantamento das pedras, os arrastrameintos das rocas pulidas pel dois toiros sem cojhoes -caistrados em seus tempos de novilhos-, e tambén, o imterentassimo jogo de dois formaçoes de fortes homes tirando da corda para vencer a o equipo contrincante.

Nos mesmos termos de cordialidade que a chegada, repeteiron-se a o saida. Os coches estuvem parados em aledanhos a monte Altube durante quatro hoiras e o retorno as cidades y localidades do nova naçao indepentende foi un lataço terrivel. O anho que vene será o mesmo, a siguente, o mesmo, e dentro de um século, o mesmo da mesmo. Más tenho a intuiçao que jamais podrán ser independentes pel uma sencilha raçao. Os vascos som mais espanholes, o fondo e forma, que o «Manolo o de bombo».

E sem naida mais que narrar, a festa de Javier do Arzallus finalizou. Muito bem.

España No Puede Ni Debe Volver A La Transicion
Editorial El Mundo 1 Octubre 2002

Ibarretxe afirmó ayer que existen muchos ciudadanos vascos «a los que les brillan los ojos» de emoción ante las perspectivas de una paz en el País Vasco. Tal vez a otros muchos conciudadanos del lehendakari les brillen de rabia o de miedo por temor a las amenazas de ETA, a su incierto futuro o al dolor que les produce el desamparo que sufren por parte del Gobierno vasco.

Es difícil interpretar algo tan personal y subjetivo como el brillo de los ojos, pero no las declaraciones de ayer de políticos nacionalistas catalanes y gallegos, que abiertamente se alinearon junto a Ibarretxe y se sumaron a las tesis de una revisión del modelo constitucional.

Carod-Rovira, secretario de ERC, recordó que su partido ya se pronunció a favor del Estado Libre Asociado como una fórmula viable para Cataluña. El habitualmente moderado Duran Lleida respaldó las propuestas de Ibarretxe y afirmó que existen muchos «puntos de coincidencia» con los planteamientos de CiU, que serán expuestos por Artur Mas el próximo día 21. Beiras, líder del BNG, aseguró que el PNV ha dado «un paso adelante para desbloquear la situación».

Lo que están insinuando todos estos dirigentes mediante eufemismos es que el actual marco autonómico ha quedado superado y que hay que volver a negociar el encaje de Cataluña y Galicia en un nuevo dibujo constitucional, revisando y rebasando la experiencia de estos últimos 25 años.

Rodríguez Zapatero lo expresó ayer con singular acierto: «Las propuestas de Ibarretxe no son un pacto para la convivencia sino para la división, no son un pacto de futuro sino algo que nos retrotrae a los años 70». Así es. Es volver a los tiempos preconstitucionales de Adolfo Suárez, cuando se discutía el encaje de vascos y catalanes en un Estado español democrático que todavía estaba por perfilar.

Da vértigo pensar en la posibilidad de reabrir un proceso que la inmensa mayoría de los españoles creía cerrado. Pero los nacionalistas parecen decididos a defender vías como las propugnadas por Ibarretxe, abiertamente «inconstitucionales» como ayer señalaron el presidente del Tribunal Constitucional y el fiscal general del Estado.

Ibarretxe no parece dispuesto a rectificar ni a dar marcha atrás en una estrategia política que intenta atraer al electorado de Batasuna hacia el PNV y cohesionar el nacionalismo. Ayer precisó que el referéndum sobre el futuro de Euskadi se celebrará antes de acabar la legislatura vasca; es decir, antes de la primavera de 2005.

Ibarretxe liga la celebración de esta consulta a «la ausencia de violencia», pero esta asociación es meramente oportunista, ya que lo que pretende es que los ciudadanos vascos crean que su iniciativa conduce a una tregua o el abandono definitivo de las armas por parte de ETA. Lo contrario es mucho más cierto: las reivindicaciones políticas del PNV se sustentan en el clima de intimidación creado por la banda y su entorno.

Sólo así cabe hallar una explicación a la resurrección de un debate que la sociedad española creía superado para siempre, pero que la irresponsabilidad de Ibarretxe ha vuelto a poner sobre el tapete.

El farol
RAUL DEL POZO El Mundo 1 Octubre 2002

Que los nacionalistas se olviden de la Brunete porque según portavoces del Gobierno en el País Vasco no va haber otra carga o asalto que el de la razón. Le van a decir a Ibarretxe que cumpla la ley. Las únicas batallas que contemplan el Gobierno y Zapatero son las de las ideas y la de los votos; que nadie espere alambradas, ni fusiles, ni tanquetas en las esquinas. Le van a recordar al Gobierno vasco que se han ido 200.000 ciudadanos en los últimos 10 años y que tienen que guardar la vida y la libertad de los contribuyentes, evitar que les quemen autobuses y comercios e impedir que los vascos paguen dos veces los impuestos -el IVA y el revolucionario-.

«Lo de Ibarretxe es cómico. Anuncia que va a vulnerar la ley pero no antes de año y medio; año y medio en política son las calendas griegas», dice a este cronista un destacado miembro del Gobierno, «es un discurso para mantener la tensión».

El Gobierno ha contemplado con delectación el farol sin naipes de Ibarretxe y cómo los socialistas enredadores, los submarinos del Pacto de Barcelona, han hecho el rídiculo ante la determinación sensata y juiciosa de Zapatero. Vemos todos con muchísima sorna cómo se van tirando desde el caballo de San Pablo los que hasta hace unos años seguían enredados en las argucias nacionalistas.No son Sila, ni Vellido, ni el conde Don Julián, ni siquiera Judas; traidor es una palabra demasiado épica para denominar a los que durante los últimos 20 años han filtreado tanto con los del Estado libre asociado.

Hay entre los cómplices charlatanes y chupones o tal vez besugos ya que nos referimos a la estupidez cantábrica. Abogadillos de fortuna, locutores de encargo, tertulianos del turnismo y del consenso, siguen hablando de diálogo cuando el fantoche de Ibarretxe ha hecho como que se pone la cartuchera Zumalacárregui. Los socialistas, en parte responsables de la política de inmersión lingüistica y de la euskaldunización de la juventud, han cambiado.

Había que estar paranoico para no ver que el PNV compartía con ETA todos los mitos, la nación, la ikurriña, la etnicidad, el rechazo al txakurra y el euskara. Claro que hay diferencias; ETA busca la independencia con la lucha armada y sus guías son Fanon, Guevara, Mao, su modelo Cuba o Argelia y su táctica el martirio; el PNV se pavonea con la independencia y sus guías son padres de la Constitución, políticos nacionalistas, y grupos mediáticos. Hay muchos responsables de este acercamiento al abismo; sobre todo esos frailes federales, una camarilla de oportunistas que ocultan al país que el PNV va contra la Constitución y tiene escondidos los intrumentos de la craneometría.

Ahora, serénense unos y otros y olvídense de la Brunete porque el Gobierno le ha visto las cartas a Ibarretxe.

El PSOE propone colegios públicos bilingües, libros gratuitos y permiso laboral para padres
Elabora un texto alternativo a la ley del Gobierno con 83 proyectos y un coste de 3,4 millones de euros
MANUEL SANCHEZ El Mundo 1 Octubre 2002

MADRID.- El PSOE presentó ayer su texto alternativo a la Ley Orgánica de Calidad de la Educación del Gobierno, con memoria económica incluida y una batería de novedosas medidas en el terreno educativo.

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Centros bilingües

El Gobierno, de común acuerdo con las comunidades autónomas, adoptará las medidas necesarias para que determinados centros públicos puedan impartir sus enseñanzas utilizando como lenguas vehiculares la propia y otra lengua de otros país de la UE. Chacón explicó que sería una implantación progresiva de este tipo de centros.
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Pena de muerte para la Lengua Española
Nota del Editor  1 Octubre 2002

Al PSOE, se le podrían perdonar los errores gramaticales, no serían la causa de la muerte de la lengua española, pero si siguen adelante con la "lengua popia", la muerte del español está servida: vivan el caló, el bable, la fabla, el catalán, los vascos, los gallegos, ibicenco, valenciano, etc., etc. (los plurales incluyen las "lenguas propias sintéticas" impuestas para que pueden entenderse entre sí las diversas comarcas).

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