AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 3 Octubre  2002
Pujol no mintió
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 3 Octubre 2002

No vasquismo, sino antiespañolismo
Pío Moa Libertad Digital 3 Octubre 2002

Penúltimas trampas
AURELIO ARTETA El Correo 3 Octubre 2002

Luz, luz, más luz
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Octubre 2002

A.M.D.G.
JAIME CAMPMANY ABC 3 Octubre 2002

La normativa de los hechos o el Derecho Retorcido de Miñón
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Octubre 2002

Ibarreche, aterrado
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Octubre 2002

PP-PSOE, política de Estado
Editorial ABC 3 Octubre 2002

Igualdad de oportunidades
Editorial La Razón 3 Octubre 2002

Váyase usted a tomar por el vino
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 3 Octubre 2002

Ibarretxe y el spot de Coca-Cola
Julián LAGO La Razón 3 Octubre 2002

El pulso de los nacionalismos
Francisco MARHUENDA La Razón 3 Octubre 2002

La utopía

FRANCISCO UMBRAL El Mundo 3 Octubre 2002

El futuro nos pertenece
PATXO UNZUETA El País 3 Octubre 2002

El modelo catalán
Editorial El País 3 Octubre 2002

La Guardia Civil halla 30 kilos de explosivo de ETA en una casa de Usúrbil
ABC 3 Octubre 2002

Ibarretxe potencia la diáspora vasca como otro de los pilares de su plan separatista
Libertad Digital  3 Octubre 2002

Sacar la bandera del armario
EDITORIAL Libertad Digital  3 Octubre 2002

¡Otra vez los complejos!

Ignacio Villa Libertad Digital  3 Octubre 2002

Proclamas políticas
Javier Igartua Ybarra El Correo 3 Octubre 2002


 

Pujol no mintió
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 3 Octubre 2002

Probablemente es la primera vez que Jordi Pujol dice la verdad acerca de su particular idea de Cataluña y de la relación vampírica que debe mantener con España. La primera vez y la última, porque las palabras de Pujol fueron su despedida del Parlamento de Cataluña y de la vida política en general, al menos en lo que tiene de escaparate. En su interior, no, porque la política es el aire que ha respirado Don Jordi toda su vida y sólo la abandonará de verdad con el último suspiro.

Pero tiene razón Pujol cuando dice que el problema vasco y la forma que tiene de abordarlo el Gobierno del PP suponen el final del acuerdo básico de la Transición. Y es que el acuerdo básico es que todo lo español debe ser escondido, humillado, marginado, borrado y cancelado en beneficio de todo lo nacionalista antiespañol, sea vasco, catalán, gallego o... marroquí. El consenso de fondo entre los escasos partidos antifranquistas y los abundantes franquistas dispuestos a democratizarse en 1977 fue y es el de la deslegitimación radical de España. Como nación, es decir, como comunidad histórica multisecular, y como cultura basada en una lengua común, que es la española. No importa que la Constitución hable de «patria común e indivisible de todos los españoles», no importa que de la lengua común diga que «todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla». España y todos sus símbolos, empezando por la bandera, han sido borrados de la vida cotidiana en todas las regiones donde los nacionalistas mandan.

La lengua española ha sido prohibida y perseguida en todos los ámbitos de la vida pública donde los nacionalistas imponen su ley. Véase la Administración Pública y la Educación en Cataluña tras un cuarto de siglo de pujolismo. Véase cómo los jueces prohíben al alcalde de La Coruña llamar La Coruña a La Coruña. Tanto comisario político en Prado del Rey con tanta derecha y tanta izquierda centralistas para que al final llueva «en todo el Estado Español» y se esperen «precipitaciones en Girona, Lleida, Ourense y A Coruña». Toda precipitación es poca para no hablar en español donde los nacionalistas no quieren ni oírlo. ¿Y cómo no pensar que España está muerta si con todo su poder político y mediático ni el PP ni el PSOE quieren que la toponimia española aparezca en español en la televisión española?

Pero llegado el momento del reto definitivo que es el de la secesión traumática, el despedazamiento del cadáver, hete aquí que los guardeses de la sepultura parece que lo defienden como si estuviera vivo. Vamos, que después de un cuarto de siglo en coma y desahuciada, el PP actúa como si España estuviera viva y valiese la pena defenderla.Tiene razón Pujol cuando se queja. Este no era el guión de la Transición.

No vasquismo, sino antiespañolismo
Pío Moa Libertad Digital 3 Octubre 2002

En las decisiones políticas intervienen dos factores: la fuerza de las pequeñas realidades cotidianas y las motivaciones profundas. En cuanto a las primeras, la política se presenta a menudo como un cambalache en que unos y otros se reparten poder y prebendas, sin escrúpulo en traicionar los ideales o doctrinas que dicen sostener. Y así, los cínicos de pocos alcances dicen que “todos los políticos son iguales”, y por supuesto unos bellacos, lo que, incluso cuando es cierto, y no lo es siempre, es sólo parte de la verdad. Pues las convicciones profundas de los políticos, aunque a veces poco conscientes, juegan un papel de gran relieve, que en los momentos críticos puede tornarse decisivo e incluso echar a rodar todas las conveniencias. Una situación política puede analizarse como tensión entre ideales y conveniencias del momento.

La derecha española, tradicionalmente más respetuosa que la izquierda con las reglas del juego, pero también más dispuesta al cambalache y a claudicar en cuestiones fundamentales (véase el fin de la Restauración o la caída de la monarquía), ha olvidado con frecuencia este doble aspecto de la política, ignorando o no dando importancia a las motivaciones doctrinales del adversario. Así ha ocurrido con los nacionalistas “demócratas y moderados” del PNV o los pujolistas, o con nuestro “amigo” Mohamed VI. Pocas cosas pueden ser más peligrosas, pues contribuyen a que los conflictos acaben por no tener más salida que la violencia.

Durante todos estos años, la complicidad moral y política del PNV con los asesinos de ETA sólo ha estado oculta para quien quisiera cerrar los ojos (aunque fueran muchos quienes lo hacían). Ha bastado, por tanto, que el gobierno aplicara, con enorme retraso, una medida elemental contra los cómplices orgánicos del terrorismo para que las caretas caigan y el PNV plantee una crisis de estado. La doctrina y motivación profunda del PNV –hay que repetirlo incesantemente, porque ahí está la clave de todo– se encuentra en aquella frase de Sabino Arana: “El euskeriano y el maketo, ¿forman dos partidos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan distintos, de dos razas tan antagónicas”. Toda la política del PNV está marcada por ese programa: romper la unión “entre dos razas tan antagónicas”. Toda su doctrina, su propaganda y sus actos derivan de ese antiespañolismo visceral. Un ejemplo: los nombres extravagantes que ponen a sus hijos no son vascos, no representan ninguna tradición vasca: tratan de ser, simplemente, no-españoles, o antiespañoles.

En el historial del PNV ha sido su capacidad de traicionar a los “maketos”, incluso a sus paradójicos aliados izquierdistas, el rasgo más identificador. Es bastante conocido el episodio del Pacto de Santoña, cuando vendió a los fascistas italianos a sus “compañeros de armas” asturianos y santanderinos. Pero después de la hazaña, que quedó entonces ignorada, siguió tranquilamente en el gobierno del Frente Popular, para, un año más tarde, en 1938, intentar una nueva traición intrigando en Londres para convertir a Vasconia en un protectorado inglés. Todavía después de la guerra permaneció su vocación traicionera, cuando espiaba para la CIA a sus necios e incautos “compañeros de lucha antifranquista”, exiliados en América.

El PNV ha llenado de humo y bajeza la mente de numerosos vascos. No lo ha hecho sólo en compañía de los partidos etarras: lo ha hecho con el consentimiento, cuando no el apoyo, de los socialistas y de una derecha que sólo entendía de la política el toma y daca cotidiano. La falta de firmeza en otras ocasiones va a exigir una compensación más fuerte ahora. Pero todavía no es tarde, ni mucho menos. Hay motivos de inquietud en las posturas del PSOE y de algunos derechistas, pero es también la ocasión de que Aznar dé su talla. Y de que los ciudadanos respondamos al desafío.

Penúltimas trampas
AURELIO ARTETA/CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV/ EHU El Correo 3 Octubre 2002

De espaldas a la tragedia de tantos y en medio del griterío nacionalista aún se escuchan las rancias trampas dialécticas, remozadas mentiras para la ocasión. Nada más iniciarse el proceso de ilegalizar a Batasuna, algún mamarracho deja caer su mamarrachada y no hay tonto que se prive de hacerla suya ni pusilánime dispuesto a rebatirla. Pero uno piensa que proyecto de ley y autos judiciales habrían sido menos necesarios si el grueso de esta sociedad, en caso de formarla ciudadanos, hubiera plantado cara antes a la barbarie.

UNO. ¿Ve usted?, saltará el de siempre. Ya está criminalizando las ideas, lo mismo que pretende Aznar, Garzón y la peña entera... No hace eso la ley, que criminaliza tan sólo conductas criminales, pero semejante objeción proviene de uno de nuestros tópicos más funestos y merece la pena desguazarlo. Todas las ideas políticas son legítimas mientras se digan pacíficamente, sentenció el gran pensador local Ibarretxe (y corearon los obispos de las diócesis), y a la vista están las consecuencias. Desde tan profunda reflexión, resulta que mi idea acerca de que las ideas políticas de Ibarretxe y otras de parecida ralea constituyen una majadería peligrosa será tan legítima como las suyas. ¿O igual de majadera? Es el problema del 'todo vale': que entonces se queda uno sin argumentos para postular cualquier tesis frente a la opuesta ni para preferir lo que vale más frente a lo que vale menos o no vale en absoluto.

Así que vamos a distinguir, señor mío, si no le importa. Una cosa es que las ideas políticas, cuando no entrañen delitos como la calumnia o la injuria, puedan expresarse y defenderse en público (y entonces hablamos de su 'legalidad'). Otra cosa es que algunas de esas ideas cuenten con mayor o menor arraigo en la sociedad (y en eso consiste su grado de 'legitimación'). Y otra muy distinta, en fin, que las ideas políticas se sustenten en una mejor o peor justificación racional o moral (y sólo ahí radica su 'legitimidad'). De donde concluimos que ideas políticas contrarias pueden ser igual de lícitas en tanto que no está prohibido apoyarlas o transmitirlas; que pueden gozar de parecida legitimación porque cuentan con un número parecido de adeptos ; pero será imposible -si son contrarias- que 'ambas' sean tan legítimas o dispongan de 'la misma legitimidad'. Si una se funda en mejores y más universales argumentos, la otra se fundará en argumentos peores o más particulares; mientras a una la avalan razones morales de peso, la otra se limita a vociferar deseos arbitrarios o premisas a todas luces injustas. Que nadie se extrañe, por tanto, si algunas doctrinas o creencias políticas, que como tales (en su pura abstracción) no delinquen, incitan a comportamientos políticos delictivos. Verbigracia, un nacionalismo étnico como el vasco, que sacrifica la sociedad real a pueblo ideal.

DOS. Junto a esa trampa de la víctima fingida, toca después vocear que la ilegalización de Batasuna significa un acto más de electoralismo. He ahí un cargo ridículo, cuajado de notable ingenuidad o de pura malevolencia, porque no hay partido político que no sea electoralista. Ésa es justamente su ley natural. Lo mismo que los vivos siempre hacemos lo que hacemos para no morirnos, los partidos -que por algo se llaman 'de masas'- necesariamente hacen lo que hacen con vistas a aumentar el número de sus votantes. Desde el día siguiente a cualquier comicio toda formación política encamina cada uno de sus planes, declaraciones, alianzas o decisiones al beneficio electoral en la siguiente convocatoria; como mínimo, han de tenerlo en cuenta. Dando ese electoralismo por descontado, lo único que aquí toca juzgar es si, además del bien partidario, la medida de marras está suficientemente fundada y persigue también o no el interés colectivo. Si hay connivencia probada con ETA, ¿tendrá que ilegalizarse Batasuna?

TRES. Se responde entonces que, como una parte significativa de la sociedad vasca quedaría así sin representación parlamentaria, aquella medida sería antidemocrática. Qué le vamos a hacer: antes que de sentido político se trata de sentido común, que entre nosotros no es el más común de los sentidos. Los propósitos y las prácticas criminales, o bien la complicidad y colaboración que requieren, no pueden tener representantes en un Parlamento. No parece sensato querer acudir al Parlamento y, a la vez, querer acabar con él y con los parlamentarios de la oposición. Quien está dispuesto a atentar contra las personas y sus derechos básicos tendrá que esconderse; sólo faltaba autorizar que alguien lo pregone en su nombre desde el foro público más elevado y, además, cobrar de los fondos públicos por cumplir tan siniestra delegación. Los criminales no dejan de ser perseguidos por mucha simpatía que despierten en ciertos desalmados, ni sus muchos o pocos simpatizantes les otorgan con su aplauso ningún carácter representativo en su acepción democrática.

CUATRO. Algo parecido sucede con el socorrido reparo de que la mayoría de los vascos rechazan esa ilegalización. Si no se falta por preguntar, ¿la rechazan de corazón o de boca para fuera y desviando la mirada? Pues si fuera lo segundo, como presumo, no estará de más indagar los motivos de tantos 'tolerantes', no vaya a ser que su virtuosa tolerancia viniera como fruto de la ignorancia, de su apatía ciudadana y, sobre todo, de su inmensa cobardía para resistir. Sea como fuere, no sería un rasgo que enaltezca demasiado a esa sociedad

Pero supongamos que aquella mayoritaria impugnación fuera de veras sentida y razonada: ¿bastaría con eso para ser tenida por democrática? No por cierto, pero error tan extendido nace a fuerza de reducir la democracia a un mero método para la toma de decisiones públicas; o, lo que es igual, de confundir el principal procedimiento democrático (la regla de la mayoría) con la esencia de la democracia (el ejercicio de los derechos). Mayoritario no equivale a democrático. No hay mayoría, tan unánime como se quiera, que justifique el atropello de nadie, o sea, que esté legitimada para vaciar de sentido la democracia. De suerte que oponerse a declarar fuera de la ley a quien actúa por sistema en la ilegalidad podría ser, a lo peor, una opinión mayoritaria, pero sin duda ninguna antidemocrática. Tanto esa conciencia como la que cree su deber solidarizarse con ella serían talantes tribales, conciencias morales y políticas pervertidas.

CINCO. Y no olvidemos, como ya adelantó la acobardada reflexión episcopal, aquella advertencia de que peor será el remedio que la enfermedad, que soportemos al verdugo a fin de no engrosar el número de sus víctimas. Todo un argumento propio de hombres libres, por el que acatamos vivir como esclavos con tal de sobrevivir. Toda una vergüenza en quienes se llaman demócratas, pero aceptan disimular ante la mentira institucional, someter su palabra a la amenaza y convivir con criminales sin dar muestras de indignación. Por lo demás, será difícil imaginar que en esta atribulada comunidad el ejercicio del derecho origine resultados más nefastos que los que ha traído su persistente violación, que la rebelión civil vaya a ser más funesta que la permanencia en el miedo. Y por si aún nos quedara alguna dignidad, díganme, ¿no habrá llegado el momento de anteponer los principios a sus eventuales consecuencias?

Luz, luz, más luz
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Octubre 2002

¡QUÉ inversión política en unos días! Hemos pasado de la euforia, en la que nos instalaron la aprobación de la ley de Partidos y el auto del juez Garzón, a la perplejidad. No sólo no ha sido disuelto el grupo parlamentario de Batasuna sino que este será uno de los partidos a los que llame a consulta Ibarretxe en esa ronda de conversaciones que ha anunciado, y en esta perspectiva es fácil suponer que la ilegalización aprobada por el 93 por ciento de los parlamentarios correrá la misma suerte que la suspensión ordenada por el juez. Y hablamos de legalidad.

El Plan Ibarretxe ha supuesto tal mazazo en la clase política no nacionalista que la pervivencia de Batasuna como partido ha pasado a ser algo secundario. Y digo entre los «no nacionalistas» porque los partidos agrupados en torno a la Declaración de Barcelona han apoyado la vía independentista propuesta por el lendakari y a veces de forma entusiasta como ha sido el caso de Duran Lleida. Pujol ha amenazado con la ruptura del Pacto Constitucional si sigue -dice él- la involución autonomista que viene siguiendo el PP.

¿Qué efectos está teniendo en la opinión pública toda esta tormenta? Se dibujan dos grandes tendencias:

-Por un lado, están los que piensan que una intervención institucional desde Madrid, desde el poder central, en la marcha del País Vasco tendría unos efectos catastróficos, supondría el reconocimiento del fracaso del Estado autonómico y abriría un foso ya infranqueable entre los nacionalistas vascos y los «españoles». Por supuesto se produciría de forma inmediata la solidaridad de todos los otros nacionalismos ibéricos que llevaría a una denuncia del Pacto Constitucional. Es claro que en este gran sector de la opinión serían parte fundamental personalidades socialistas, yo diría que una buena parte de ellas y, desde luego, Izquierda Unida en bloque.

-Por otro lado están quienes ven el desgarramiento del Estado no sólo en los términos de un esencialismo español sino como el arranque de una aventura no exenta de tragedias, de enfrentamientos civiles y en la que podría instalarse un nacionalismo excluyente hasta el etnicismo, totalitario. También estos contemplan el futuro hegemonizado por los nacionalistas como el final del ensayo autonómico, como la negación del espíritu de la transición.

Por supuesto junto a estos dos bloques uno ha podido escuchar durante estos días comentarios apocalípticos no más insensatos o más desestabilizadores que los de aquellos que niegan la voluntad independentista del PNV a pesar de las propias declaraciones de estos. Han cuajado durante estos días los viejos vicios de nuestra sociedad: la precariedad del discurso político, el miedo como eje de conductas, el relativismo moral e intelectual...

Todo esto es lo que tenemos y con lo que contamos. Por fin los nacionalismos ponen a prueba la Nación española y el Estado a pesar del inmenso esfuerzo que ha supuesto el sistema autonómico. Estamos, por supuesto, no sólo en la crisis del Pacto Constitucional sino en la de la imaginación para encontrar una sustitución de aquel. ¿Qué hacer, por tanto? Echo de menos un Parlamento en que se exponga «todo», un debate todo lo amplio que sea necesario y que sustituya las propuestas del diálogo que sólo encubre intercambios de monólogos, una aclaración pública y abierta de todas las posiciones frente a los hechos independentistas, frente al Estado autonómico, una exposición de las contradicciones y los peligros de unas soluciones u otras... Luz que barra sospechas, malentendidos y trampas. Luz, luz, más luz.

A.M.D.G.
Por JAIME CAMPMANY ABC 3 Octubre 2002

HE terminado por convencerme, no sé si con razón o sin ella, de que la mejor manera de acabar con el conflicto vasco, con el problema vasco, con la cabronada vasca, es detener etarras, extraditar etarras, condenar etarras, encarcelar etarras, incomunicar etarras, neutralizar etarras. Claro está que lo mejor sería terminar con la carrera política de Javier Arzalluz, o sea, buscarle un retiro cómodo, una jaula dorada, y ello naturalmente A.M.D.G., ad maiorem Dei gloriam, pero ya que esto parece difícil, sería provechoso dejarle sin nadie que agite el árbol o que «arree» mientras él negocia.

En medio de todos los delirios que hemos leído estos días referentes a la propuesta de Ibarreche, el nardo que se ha marcado Anasagasti con la instancia y la apelación a la intercesión regia, toma nísperos, y el anuncio del referéndum, toma higos, Pepa, que se agusanan, las mejores noticias que nos han llegado son las que refieren la detención de etarras en el País Vasco, el desmoche de un comando dispuesto para matar y la extradición de un mandamás etarra desde Holanda. Mientras la banda quede cada vez más escoñada e inoperante, las tonterías que digan los nacionalistas autollamados «demócratas» o «moderados», y conste que esa democracia y esa moderación que me la claven a mí en la frente, tiene que tenernos sin cuidado. Sin «Eta» asesinando y extorsionando, lo que diga Ibarretxe y lo que diga Arzalluz, a mí, jaspe. Y a los españoles, también.

No sé si será cuestión de pedirle a Dios que haga con Javier Arzalluz aquello que el cardenal Ottaviani decían que pedía al Señor cada mañana en los años del «aggiornamento» de la Iglesia durante el pontificado de Juan XXIII. «Señor, ábrele los ojos, y si eso no fuera posible, ciérraselos». Pero bastaría con que el ex jesuita comprendiera el inmenso mal que está procurando a su pueblo y a todo el pueblo de España y la responsabilidad que le cabe en la actuación criminal de la banda etarra, e hiciera un día lo mismo que hizo el delirante Sabino Arana: volverse atrás de todos sus delirios y encaminarse, a la hora de la muerte, por la senda de la razón y de la cordura. Ese arrepentimiento de Sabino Arana en sus postrimerías es algo de lo que no quieren hablar los nacionalistas que han adoptado su demencial doctrina, pero ese suceso está ahí, en la Historia entera y verdadera.

La desaparición de Javier Arzalluz de la vida política sería un bien para la Historia de España como cuando a Favila, que era un rey que gustaba más de cazar osos que de luchar contra infieles, se lo comió uno de ellos, un oso, no un infiel, y le sucedió en el trono Alfonso I el Católico, que prosiguió con buen pie la Reconquista que comenzó con don Pelayo. A Javier Arzalluz no se lo va a comer un oso, pero se lo va a comer un etarra en cuanto se descuide, que ya dice la sabiduría del pueblo eso de que cría cuervos y te sacarán los ojos. Vamos a parafrasear el final del «A.M.D.G.» de Pérez de Ayala. «Entonces, ¿usted cree que deberíamos extirpar a Arzalluz de la vida política?». «De raíz. A.M.D.G.»

La "normativa de los hechos" o el Derecho Retorcido de Miñón
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Octubre 2002

Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, gárgola de la vieja derecha española y mascarón de popa del nuevo separatismo vasco, ha depositado en la sábana prisaica su tradicional deyección separatista. Que este granuja práctico de la teoría constitucional al contado se declare “españolista acérrimo” prueba que ni muerto de miedo baja los precios. Ni los morales del “Premio Sabino Arana”, incompatibles con la higiene intelectual y con la españolidad más modesta, ni los materiales que sin duda merece y le procuran. Es cierto que hasta los sujetos más viles son capaces de superarse, pero que todo un ponente constitucional, aunque sea de alquiler, defienda el separatismo de Ibarreche y la ETA como absolutamente respetuoso con el espíritu y la letra de la Constitución Española va más allá de la capacidad venenosa del crótalo y de la doméstica víbora cornuda. Tergiversar tan abyectamente una Constitución y apuñalar tan cobardemente a una Nación por las que los mejores vascos y españoles están jugándose la vida diariamente, sufriendo el terror en sus familias o padeciendo en su trabajo la inquina de los amigotes de Miñón no es una vileza al alcance de cualquiera. Bien es cierto que el rencor del predecesor de Aznar en la Presidencia de AP tampoco es un rencor cualquiera. Es la quintaesencia de la bilis pasada por el filtro de la envidia y luego por el tamiz del odio. Este Rodríguez de invierno, este Herrero de palo, este Miñón, ayer presidente del partido de Miguel Angel Blanco, hoy sirviente del de sus verdugos, es lo más parecido a los traidores del Círculo de Cambridge que ha producido la derecha y la universidad españolas. Claro que de Philby y Blunt a Herrero y Tussellone hay no poca diferencia.

Que la Constitución defina a España como “patria común e indivisible de todos los españoles” debería ahorrarnos cualquier argumento contra la melopea miñonesca. Ninguna constitución del mundo prevé con deleite minucioso su trituración. Pero el argumentario, es decir, la deyección de Miñón no opera sobre la lógica, sino sobre el odio a lo nacional que lo rechazó como jefe político y la exaltación de la violencia separatista que amenaza destruirlo. Y pocas veces se ha pretendido fundamentar el derecho en la fuerza desnuda y criminal como en esta frase: “Guste o no, la fuerza normativa de los hechos exige para Euskadi una fórmula de autogobierno singular y diferente de la actual, que no tiene por qué ser la independencia estatal, y la cuestión consiste en si se conseguirá con España o contra España.” ¡ La fuerza normativa de los hechos! A la presión del terrorismo etarra y a la rebeldía del gobierno autónomo les llama Herrero simplemente “hechos” y a la anulación de las libertades individuales y a la persecución de los españoles por el hecho de serlo les confiera Miñón nada menos que una facultad “normativa”. Pues si esa es la fuente de derecho para el ponente, está claro lo que propone a quienes no se rindan: “hechos” más severos y “normativa” más apabullante. “Guste o no guste”, dice este barbián del derecho retorcido. Querrá decir “legal o ilegal”, puesto que en la fuerza deposita su esperanza. Y puede ahorrarnos esa hipocresía abyecta, ese viscoso subterfugio de “no tiene por qué ser la independencia estatal”. ¡Para eso lo convoca Ibarreche! ¡Para reforzar España! ¡Farsante de Miñón!

La forma más triste de combatir el terror es lanzarse de cabeza a defenderlo, buscando el perdón de los criminales. Eso explica la última deyección de Miñón, a ver si se dan cuenta los enemigos de España de que Miguel Herrero, aunque sarcásticamente se titula “españolista acérrimo”, es muy poco lo segundo y absolutamente nada lo primero. Pero esta filosofía nazi del Derecho, esta apología de la “normativa de los hechos” sin duda hace honor a todo un Premio Sabino Arana. Ahora, en compañía de Tussellone y Mayor Zaragoza, el Trío Calaveras de la Sabin Etxea está en condiciones de hacerse con el Premio Internacional de Derecho Ubu Amin Dadá. No merecen menos estas gárgolas.

Ibarreche, aterrado
Luis María ANSON La Razón 3 Octubre 2002
de la Real Academia Española

Ibarreche, como Arzallus, como los concejales del PNV, como muchos dirigentes nacionalistas, está literalmente aterrado. Eso es lo que explica sus propuestas descabelladas. Hasta hace pocos meses, el Gobierno vasco se movía en la ambigüedad del entendimiento bajo cuerda con los proetarras y el respeto a las leyes de la nación. El pacto Aznar-Zapatero y la nueva legislación contra el terrorismo han colocado a Arzallus y los suyos en una situación límite.

El envite del ayatolá y su marioneta Ibarreche sobre el Estado Libre Asociado hay que traducirlo así: «No queremos que nos maten. Si seguimos cerrando sedes de Batasuna, desbaratando manifestaciones e impidiendo homenajes en los entierros van a empezar a caer asesinados ertzainas, concejales y dirigentes peneuvistas, van a empezar a matar a los nuestros. Y no, que sigan cayendo socialistas y populares. Nosotros le decimos a Eta que asumimos sus reivindicaciones, que nos enfrentamos con el Estado español y después se verá. Por el momento evitamos que las armas de Eta se vuelvan contra nosotros, se vuelvan contra los nuestros».

Los nacionalistas del PNV están espeluznados. La verdad es que se juegan la vida y, con la cobardía propia de la condición humana, prefieren que se la jueguen otros. Por eso hacen las propuestas que hacen. No están locos, ni desvarían. Tienen miedo. Quieren, sencillamente, salvar el pellejo.

PP-PSOE, política de Estado
Editorial ABC 3 Octubre 2002

LA Comisión de seguimiento del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo se reúne hoy para acordar diversas reformas legislativas y otras iniciativas tendentes a mejorar la seguridad de los concejales vascos amenazados por ETA. Entre los cambios anunciados se encuentran las modificaciones de las leyes Electoral General, de Bases de Régimen Local, de Enjuiciamiento Criminal, de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, de Financiación de Partidos Políticos y el Código Penal. La finalidad común a estas reformas parciales es dar una respuesta contundente al estado de intimidación en que se hallan los concejales no nacionalistas y sancionar los actos de exaltación terrorista cometidos desde las corporaciones locales. En este sentido, destaca la reforma que permitirá al Senado disolver gobiernos municipales que realicen actos de apoyo al terrorismo, como los que llevó a cabo el Ayuntamiento de Zaldivia, que nombró hijo predilecto a un etarra muerto por la bomba que transportaba en un coche. Además, se facilitará la confección de listas para las elecciones municipales, a fin de evitar la supresión de facto de la democracia representativa en determinadas localidades.

Estas iniciativas, justificadas por las graves carencias democráticas de la vida municipal en el País Vasco, deben contar con el máximo respaldo de los firmantes del Pacto. El consenso entre PP y PSOE es ahora más necesario que nunca para consolidar la única política de Estado posible en las actuales circunstancias. Tras la oposición frontal de Aznar y de Zapatero al plan soberanista del PNV, PP y PSOE llegan a la sesión de hoy de la Comisión con una coincidencia reforzada en el diagnóstico sobre las necesidades de la lucha antiterrorista y de la actitud que el Estado debe mantener frente al desafío nacionalista. La gravedad de la propuesta de Ibarretxe -paralela a la imposibilidad radical de su ejecución- ha resaltado los puntos de acuerdo entre el Gobierno y la oposición, cerrando la posibilidad de que el nacionalismo pudiera provocar alguna fisura en el acuerdo de Estado firmado en diciembre de 2000. Los acontecimientos han demostrado que las condiciones pactadas en el preámbulo de este Pacto para reanudar la colaboración política con el nacionalismo -la renuncia a los postulados de Estella- no eran arbitrarias, sino exigencias plenamente democráticas y éticas que ahora cobran todo su valor.

Esa coincidencia de fondo entre los dos principales partidos de la oposición será esencial para la realización de otra iniciativa, que hoy discutirá la Comisión de seguimiento: la creación de una delegación parlamentaria que exponga en las instituciones europeas las razones políticas y legales de las últimas medidas antiterroristas, especialmente las actuaciones judiciales contra Batasuna. La suspensión de algunas reuniones que una delegación del Parlamento vasco, integrada por el parlamentario de Batasuna, Joseba Álvarez, tenía concertadas con responsables de la Convención europea, marca la pauta que debe seguirse en el futuro cada vez que el nacionalismo quiera dar ante Europa normalidad política a la presencia de Batasuna. Después de haber obtenido un respaldo internacional sin precedentes a la lucha contra ETA, ganarse a la opinión pública europea es una responsabilidad del Estado y para lograrlo deberá desarrollar una labor de convicción sobre el carácter terrorista de ETA y la finalidad rupturista de la propuesta del lendakari Ibarretxe.

Igualdad de oportunidades
Editorial La Razón 3 Octubre 2002

El proyecto de Ley de Calidad de la Educación constituye una norma esencial para la defensa de la igualdad del derecho de cualquier estudiante a recibir la mejor formación, al margen del lugar de España en el que resida. Es, por ello, todo un acierto que el Gobierno de José María Aznar defienda con su mayoría parlamentaria un plan que había obtenido ya el respaldo previo de los ciudadanos al estar incluido en el programa electoral con el que el PP obtuvo el apoyo de la mayoría absoluta de los votantes. Merece por ello resaltarse la disposición del PP a rectificar su propio proyecto para lograr el mayor consenso posible entre los distintos grupos en el Congreso. El debate es el momento oportuno para enmendar una ley que debe mejorar la calidad de la enseñanza, y que ha sido previamente consultada con los representantes de la comunidad educativa.

Además del esperado rechazo de una oposición socialista, que no quiso negociar, han sido los nacionalistas catalanes quienes anuncian que votarán en contra y recurrirán la ley ante el Tribunal Constitucional por entender que, por su carácter nacional, invade competencias ya transferidas a las comunidades autónomas. Puede existir, en este caso, parte de razón, pero no debe perderse la oportunidad, por un prurito nacionalista, de garantizar la igualdad de derechos de todos los españoles a recibir una enseñanza que asegure la idoneidad tanto de los títulos como de los contenidos de materias tan susceptibles de manipulación política como la historia.

Váyase usted a tomar por el vino
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 3 Octubre 2002

Lo de pretender la independencia por el artículo 33 del «codice ibarretxus» estaba en el guión. Desde Lizarra era la crónica de un disparate anunciado. Una aberración que pretende orinarse a la vez en la Constitución de las Libertades, en el Estatuto de los vascos y en la Unión Europea. La justificación del desvarío es que «no tenemos derecho a condenar a una nueva generación a vivir con los mismos problemas de la vio- lencia». O sea, que como la violencia es culpa de la Libertad, la Democracia, la Autonomía de mayor rango de Europa y de los pacíficos ciudadanos y en absoluto de los asesinos de ETA, rompemos la convivencia, aplastamos a los no nacionalistas y con el mantra de la independencia el monstruo terrorista se calmará y no exigirá carne de doncellas euskaldunes. Eso es lo que ha dicho Ibarretxe. Pero con todo merece mayor respeto que el pretendido apoyo de chulo tabernario, de miserable falto de toda humanidad y compasión con los muertos, sus familias y con todos los que sufren la opresión y la amenaza con que se despachó Arzallus en la romería del fanatismo. Ante el insulto, porque eso fue, sólo cabe una respuesta: váyase usted a tomar por el vino, señor Arzallus.

Ibarretxe y el spot de Coca-Cola
Julián LAGO La Razón 3 Octubre 2002

Coca-Cola acaba de sacar un spot de gran impacto, ideado por creativos argentinos, en el que Ibarretxe parece haberse inspirado. Al igual que el anuncio relaciona una prolífica lista de consumidores, al lendakari se le ha ocurrido para el País Vasco un Estado Libre Asociado que, evidentemente, tiene unos destinatarios muy concretos y, si no, pasen y vean: para independentistas, para secesionistas, para soberanistas, para autodeterministas, para segregadores, para separatistas, para separadores, para los menos radicales, para los más radicales, para fenianos, para etnicistas, para sabinianos,

para los que ocultan los textos xenófobos y prefascistas de Arana, para los que no cuentan que su viuda se casó luego con un guardia civil, para tardocarlistas, para amnésicos, para fundamentalistas, para dogmáticos, para fanáticos, para fanatizados, para intolerantes, para intransigentes, para excluyentes, para totalitarios, para hitlerianos, para los del PNV que negociaron con el III Reich un Estado Vasco, para desmemoriados, para milenaristas, para levantadores de piedra, para cortadores de troncos, para victimistas, para mesiánicos, para fariseos, para los que se mofan de los concejales amenazados, para los que recogen las nueces, para mercaderes del templo, para obispos trabucaires, para curas que se niegan a oficiar funerales por las víctimas,

para curas que imparten la comunión a asesinos, para los de Estella, para anticonstitucionalistas, para antiespañolistas, para antiestatutistas, para los del llamado MLNV, para los que no creen en la democracia, para los que se aprovechan de ella, para oportunistas, para los que llevan años chantajeando al Estado, para los que explican la violencia en clave política, para manipuladores, para fabuladores, para mentirosos, para los que sostienen que el País Vasco fue alguna vez independiente, para tergiversadores, para falsificadores, para impostores, para turiferarios, para los que han creado la ficción de «Euskalerría», para intoxicadores, para embaucadores, para apócrifos, para los que se han reinventado la geografía euskalduna, para inductores, para instigadores, para los que inoculan el odio en las escuelas,

para miserables, para falsarios, para falaces, para los que argumentan que la violencia vasca lleva dos siglos, para conniventes, para anuentes, para complacientes, para cómplices, para irresponsables, para colaboracionistas, para los que no necesitan escolta, para los que no han leído a Bretch, para los que lo han leído pero no lo entienden, para los que no creen en el Estado de Derecho, para los que pagan encantados, para los que pagan por miedo, para los que median en los pagos, para los que miran a otro lado, para cobardes, para secuaces, para sayones, para trasgresores de la ley, para los que desafían a la Justicia, para violentos, para pirómanos, para extorsionistas, para los que amenazan a quienes no piensan como ellos, para fascistas, para pistoleros, para los de las manos manchadas de sangre, para matarifes, para torturadores, para los que agitan el árbol y para todos los que piensan que Euskadi es Puerto Rico, pues.

El pulso de los nacionalismos
Francisco MARHUENDA La Razón 3 Octubre 2002

El problema de los nacionalismos es la ausencia de un horizonte posible y la imposibilidad de aceptar una situación, por satisfactoria que sea, porque entonces pierden su razón de ser. Lo que sucede en el País Vasco con el pulso del PNV al Estado, porque no es sólo al PP y al PSOE, tiene un efecto mimético en Cataluña y Galicia. Pujol amenazaba el martes, en el debate de política general en el Parlament, con una ruptura del pacto constitucional. Este debate ha estado presidido por la reivindicación nacionalista. Esto ha servido para que no se tratara sobre la gestión del gobierno catalán y CiU buscara un enemigo externo, el gobierno de España, que impide el desarrollo pleno de Cataluña. Es una falacia, pero responde al viejo y caduco discurso del nacionalismo.

Lo que sucede en el País Vasco es más grave, porque es un pulso de consecuencias imprevisibles. ¿Qué hacer si el gobierno vasco conculca el actual ordenamiento constitucional? Durante la II República sucedió con la Generalitat catalana y fue suspendida en el 34. Las consecuencias fueron muy negativas y en el 36 se produjo la victoria del Frente Popular y el restitución del presidente Companys. Nada peor y más inquietante que una aplicación plena del artículo 155 de la Constitución.

Los radicales esperan, precisamente, que se produzca una actitud contundente por parte del Estado cuando se produzca la vulneración del ordenamiento constitucional, con la asunción unilateralmente de competencias del Estado por parte del gobierno vasco. Este representa, desde hace demasiado tiempo, sólo a una parte de los vascos mientras ignora al resto. Al margen de no tener legitimidad para convocar referéndums o asumir competencias, el PNV sabe que está en un callejón sin salida que conduce a una definitiva ruptura social. Una espiral de radicalismos que muestra su incapacidad para gobernar.

Habrá que ver hasta dónde quiere llevar el pulso, pero todo parece indicar que busca sumar los votos de Batasuna, en unas elecciones anticipadas. Se trata de una maniobra partidista para lograr una mayoría absoluta en el Parlamento vasco y seguir con el pulso al Estado con una posición más fuerte. A la alternativa judicial está la necesaria e imprescindible firmeza para garantizar los derechos y libertades.

La utopía
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 3 Octubre 2002

El señor Ibarretxe formuló hace poco una utopía que tiene toda la belleza del género y también toda la irresponsabilidad. A la movida utopista se han añadido prontamente los políticos catalanes y gallegos, en mayor o menor medida. Contra lo que la gente cree, las utopías no son espejismos, no nacen de la sed en la mirada del utopista. La utopía, por el contrario, nace de la abundancia, del bienestar y de la incapacidad del hombre para ser feliz.Cuando «España va bien» es cuando surgen los utopistas, que quieren adjudicarse un espacio de sosiego y soberanismo con el que ya contaban.

Los utopistas del 98, Cellorigo, Lucas Mallada, Macías Picavea, etc., fueron fruto de una España que, desentendida al fin de las enojosas colonias, iba a centrarse en sí misma y dar la generación famosa, las marquesas abundantes de Valle-Inclán y los incestos de Benavente en año de buena cosecha. La miseria no permite pensar en estas cosas, sino que siempre tiene en la cabeza un pollo frito, como Carpanta. El hombre principia a soñar, contra lo que se creía, cuando tiene la panza confortable y la bebedura en vasodilatación. El riego fino del alcohol ayuda mucho a crear utopías. La utopía dominical de Ibarretxe despierta la adhesión irónica de Arzalluz, que quiere irse a tomar vinos con los rojos en la Casa del Pueblo, ya que el PP no tiene ni una puta oficina.

Pero hay que decir que a ETA no le ha gustado tanto la utopía de Ibarretxe, tiernamente flanqueado en el Gobierno por su mujer y un niño. Para ETA es una utopía prematura. Todavía hay mucha gente que matar, mucho gentío haciendo cola, mucho personal que pasar por las armas o las letras. En cualquier caso, aquel invento de Adolfo Suárez que se llamaron autonomías, y que era una manera de burlar la urgencia vasca, se ha tornado hoy, poéticamente, en una inconsútil utopía con delegaciones locales. Todos quieren ser cada vez más de su pueblo, con lo que sólo consiguen ser cada vez más españoles.

La utopía está condenada a no cumplirse nunca y Ulises vuelve a Itaca porque así lo quiere Francisca Aguirre, pero en Itaca descubre que todas las utopías las ha dejado atrás: Circe, las náyades, los amigos convertidos en cerdos, que es en lo que suelen convertirse los amigos, el Cíclope y otras bellezas. Itaca no es la utopía. Itaca no es más que burocracia y calceta, más el amor revenido de Penélope. De modo que la utopía existe, pero es siempre lo que dejamos atrás. Lo que viene por delante más bien nos asusta. La España/Antiespaña que pretenden hacer los empeñistas catalanes, los confusionarios galaicos y los insistentes vascuences no tiene sentido en la Europa de las nacionalidades que aspira a ser una sola nación, un solo euro y un solo pensamiento.Fukuyama se equivocó en lo del pensamiento único porque contaba con la docilidad del mundo, pero ahora ocurre que estamos con el sarpullido de las utopías provincianas y hasta acabamos de descubrir la hepatitis C, que es ya el éxtasis de la hepatitis.La utopía provinciana es un invento pequeñoburgués de día feriado que a Ibarretxe le tiene muy satisfecho, pero a los utopistas del siglo XXI nos parece pobre, astuto, limitado y antirreglamentario como un penalti fallido de Ronaldo con el tobillo destornillado.

El futuro nos pertenece
PATXO UNZUETA El País 3 Octubre 2002

Ibarretxe desgranó su propuesta de ruptura a plazos con el mismo tono de no haber roto un plato con que aquella sexóloga, la doctora Ochoa, hablaba por televisión de los temas más escabrosos. Tal vez sea sincero al preguntar '¿qué hay de malo en ello?' (a propósito de la autodeterminación) o al afirmar que su plan ha de acogerse 'con toda normalidad'. Es posible que le hayan convencido de que es de lo más normal pretender sustituir un consenso capaz de abarcar al 80% de los ciudadanos por otro que excluye expresamente a la mitad de ellos, con el fin de contentar a una minoría, el 10%, que lo que exige lo hace a bombazos.

Ibarretxe era más bien un gestor cuando, en 1998, fue designado candidato del PNV. De política no hablaba casi nunca, según testimonio de quienes le conocieron cuando era vicelehendakari con Ardanza. Pero se encontró con que, a falta de mayoría, tenía que hacer política, e incluso ideología (ámbito vasco de decisión, construcción nacional), para asegurarse el respaldo de Batasuna. Tuvo que familiarizarse con la terminología de los de Otegi y los argumentos del sector más radical de su propio partido. El resultado fue que interiorizó como evidencias indiscutibles los tópicos de batzoki que le contaban los Egibar y compañía. Su convicción se fortaleció gracias a los maestros Ciruela que, proclamándose ajenos al nacionalismo, no dejan de proporcionarle argumentos rupturistas.

Aunque esos tutores han hecho de él un hombre que no duda, Ibarretxe no puede ignorar que sus planteamientos nunca podrán ser asumidos por los partidos no nacionalistas. Anasagasti ha argumentado (El Mundo, 30-9-02) que no interesa un proceso 'que divida a la sociedad vasca en dos', y el propio lehendakari reconocía hace poco que sería 'una barbaridad' imponer un cambio institucional con el 51% de los votos. La única explicación sería, entonces, que espera contar con un apoyo muy superior prescindiendo de la lógica parlamentaria y apelando plebiscitariamente a la población.

Sus invocaciones a la participación en el proceso de asociaciones y colectivos ciudadanos, junto a la mención a que no admitirá 'vetos'(es decir, que no será imprescindible el consenso con los partidos no nacionalistas) parecen confirmar esa sospecha. Espera que le respalden gentes de todas las ideologías: porque no concibe que alguien pueda de buena fe no compartir la suya, y porque así lo confirman encuestas de encargo que le dicen que, por ejemplo, el 46% de los electores del PP están por la autodeterminación si la pregunta se plantea adecuadamente, aunque la misma encuesta (Sociómetro, junio 2002) indique que entre ellos el número de partidarios de la independencia es cero: el 0%. ¿No le hace pensar eso que no todos entienden igual que él lo del derecho de los vascos y vascas a ser consultados?

Pero Ibarretxe no trata de convencer a nadie o de encontrar aliados. Se limita a exponer lo que considera su derecho, que los demás deben reconocer. Su buena conciencia, que le llevó a afirmar en el pleno que él no admite 'lecciones de nadie' en materia de ética y derechos humanos, le hace inmune a las críticas. Recientemente informó de que no acostumbra a leer los periódicos. Como aquel obispo que no se paraba a hablar con las víctimas porque tal vez iba a preparar su pastoral sobre los derechos individuales y colectivos, Ibarretxe va a lo suyo: seguramente piensa que su identificación humana con las víctimas le dispensa de tomar en consideración sus ideas políticas.

No sería realista pensar que consideraciones morales vayan a detener el proceso. Es cierto que resulta ventajista plantearlo cuando la coacción terrorista impide una discusión en pie de igualdad, pero el 30 de agosto, entrevistado por Iñaki Gabilondo en el programa Hoy por hoy, el portavoz del PNV, Joseba Egibar, dejó muy claro que ya 'ha pasado el tiempo de aguardar al cese de la violencia' para plantear las aspiraciones nacionalistas. Su compañero de partido Iñaki Anasagasti, por el contrario, declaró el martes pasado que el referéndum sólo podría celebrarse tras la disolución definitiva de ETA. ¿Y el lehendakari? El lunes, también en el programa de Gabilondo, Ibarretxe invocó en dos ocasiones la expresión 'el futuro nos pertenece'. Alguno de sus tutores debió haberle advertido de que se trata del estribillo de la canción que entona el adolescente nazi de Cabaret.

El modelo catalán
Editorial El País 3 Octubre 2002

El momento de máxima tensión entre el Gobierno español y el Gobierno vasco por el plan soberanista del lehendakari Ibarretxe ha coincidido con el debate de política general del Parlamento de Cataluña. Un debate especial porque es el último -el vigésimo- del incombustible presidente Pujol, que dejará el poder al final de esta legislatura. De su lírico discurso inaugural destacó la oportuna reafirmación de que el modelo catalán es constitucional y pacífico: 'Es el bueno'. Y la ya reiterada advertencia sobre el peligro involucionista en el Estado autonómico y la consiguiente amenaza de dejar de colaborar con el Gobierno central si no cambia algunas actitudes. Aunque estas conocidas advertencias apenas tendrán traducción práctica.

Los opositores fueron corteses al agradecer al presidente los servicios prestados. Pasqual Maragall lo colocó en el pasado, en el frontispicio de los presidentes que engrandecieron Cataluña, junto a Macià, Companys y Tarradellas. Algo que da idea del clima cívico que preside la vida política catalana y que tanto contrasta con el que se vive en Euskadi. Pujol insistió en que las reivindicaciones de fondo se harán en el momento oportuno, dando por supuesto que era impensable conseguir avances sustanciales en esta legislatura. Sus palabras dolidas sobre José María Aznar, al que acusó de atentar contra la lealtad institucional, no contrarrestaron la evidencia de que Convergència i Unió (CiU) está atada al PP para acabar la legislatura. Carod Rovira (Esquerra) sugirió que su problema es que no sólo el presente, sino también el futuro, lo tiene comprometido con el PP.

El propio Carod, en un discurso duro pero democráticamente impecable, repitió que 'ni la unidad de España ni la independencia valen el precio de una sola vida humana'. Su apoyo a la iniciativa de Ibarretxe 'por su valentía y por tener una idea clara del país que quiere' (lo que echa de menos en Pujol) fue seguida de una inequívoca condena del terrorismo. Pasqual Maragall, en cambio, pidió a Pujol que se comprometiera en el debate sobre el País Vasco y que se definiera con claridad ante el plan de Ibarretxe. Él mismo, por si había alguna duda, se pronunció en contra.

Maragall fue quien salió vencedor esta vez del cortés pero áspero rifirrafe con Pujol, cuando reclamó la necesidad de recuperar el tiempo perdido durante la legislatura. Y pidió la disolución del Parlamento, que el presidente rechazó. Pujol ni siquiera se alteró cuando el líder del PPC, Alberto Fernández Díaz, le preguntó con quién contaba para acabar la legislatura. Hay matrimonios de conveniencia difíciles de entender, pero aún más difíciles de deshacer. Es el caso del de CiU con el PP.

Pujol empleó en las réplicas un tono dialéctico menor, evitando entrar a los trapos que le tendían. Ni debatió su idea de España con Maragall, ni la idea de Cataluña que Carod le reclamaba. Sus respuestas dieron al debate un clima de fin de etapa. La oposición de izquierdas (socialistas, Esquerra Republicana, Iniciativa) votará una propuesta que pedirá la reforma del Estatut. La llamada profundización del autogobierno va haciendo camino, sin grandes estridencias y con pleno respeto al marco constitucional y estatutario. Al fin y al cabo, en una situación de normalidad democrática como la catalana, afrontar la reforma del Estatuto tras 25 años de vigencia no es para escandalizar a nadie. Las instituciones están para adecuarse a los tiempos y a los cambios sociales: la Unión Europea, la inmigración, la sociedad de la información... No se trata de que haya un recalentamiento de la temperatura nacionalista que haga necesario modificar el marco, sino de adaptar éste a circunstancias y situaciones que no se daban cuando se aprobaron la Constitución y el Estatuto.

Pujol ha marcado con su personalidad y su mesianismo -entre la reivindicación permanente y la colaboración pragmática- el estilo de este largo tramo de la autonomía catalana, con empaque, pero también con cierta cacofonía. Pero Cataluña, sin Pujol, será distinta. Deberá saltar desde la institucionalización ya lograda a la plena modernización. Todo indica que para ello la renovación debería ser algo más que un simple relevo de personas.

La Guardia Civil halla 30 kilos de explosivo de ETA en una casa de Usúrbil
ABC 3 Octubre 2002

MADRID. La Guardia Civil localizó ayer en la casa que ocupaban en Usúrbil Jokin Errasti y Oihana Lizaso - detenidos el pasado domingo- treinta kilos de explosivo, distintos tipos de armamento y diverso material electrónico para confeccionar bombas. Además, en Bilbao fue detenido por la Benemérita Jon Minteguiaga Oyarbide, al que el ministro del Interior, Ángel Acebes, calificó de miembro «legal» de la banda.

Tanto el hallazgo del explosivo como la detención forman parte de las investigaciones abiertas tras la operación realizada por la Guardia Civil contra el «complejo Donosti», entramado terrorista que había sido reconstruido por los «liberados» Oihana Bakedano, detenida, y Aitzol Iriondo, que se encuentra huido. Estos dos individuos habían recibido la orden de la banda de recomponer el «complejo Donosti», después de que fuera desmantelado, también por la Guardia Civil, tras el asesinato del concejal socialista de Orio Juan Priede.

Sobre las tres de la tarde de ayer se efectuó el registro en la vivienda que tenían en la calle Mayor, de Usúrbil, Errasti y Lizaso. Los agentes, que el pasado domingo inspeccionaron esta casa, registraron ayer el garaje y un trastero. Con los treinta kilos de explosivo hallados se elevan ya a noventa los kilos intervenidos. Sesenta de ellos, así como varias pistolas, fueron localizados en la localidad vizcaína de Gatica, en la casa en la que residía la ahora detenida Aizete Fernández Zabala.

La captura de Jon Minteguiaga, de 23 años, se produjo en la noche del martes en Bilbao. A continuación, los agentes registraron el domicilio familiar del detenido, en Ibarra. Con esta captura se elevan ya a siete los detenidos por la Guardia Civil por su presunta pertenencia al «complejo Donosti». Según fuentes de la investigación, este grupo no había cometido todavía ningún atentado, pero en breve iba a emprender una campaña criminal.

Ibarretxe potencia la "diáspora vasca" como otro de los pilares de su plan separatista
Libertad Digital  3 Octubre 2002

Ibarretxe sigue empeñado en mostrar que tiene todos los instrumentos para crear un Estado. Anuncia la asunción unilateral de competencias, concede subvenciones millonarias para Tecnología y ahora también se ocupa de las relaciones exteriores de su nacionalismo. Su Gobierno es siempre el destinatario del dinero y los favores.

La iniciativa parte de Udalbiltza, una asamblea creada y subvencionada por el nacionalismo y que alberga las posturas más favorables a Batasuna y ETA. De nuevo, Ibarretxe cierra el círculo del dinero público en su proyecto separatista. El dinero que sale de los presupuestos vuelve a entrar en el Gobierno vasco gracias a terceros. El único objetivo es alimentar el tejido separatista creado en todas las áreas, también en las relaciones exteriores que, por cierto, se establecen con países de tan dudosa referencia como Cuba o Venezuela, cobijo demostrado de terroristas. El concepto de diáspora vasca es uno de los argumentos en los que se apoya el nacionalismo para proyectar una imagen distorsionada sobre la realidad vasca. Fruto de esa labor diplomática, surgen iniciativas tan absurdas como el apoyo de la Cámara de Idaho a la autodeterminación del País Vasco. Cuba, Idaho, Cossiga y el Polisario, son algunas de las referencias políticas de Ibarretxe con las que pretende internacionalizar la idea de “conflicto vasco” y la necesidad de separarse de España.

Las “casas vascas” de Ibarretxe
Ahora la “diáspora” tiene página web propia en la que se solicita inscripción. Uno de los representantes de lo que llaman “Comisión Internacional de Udalbiltza” dice que gracias a este nuevo impulso se aglutinará mejor la opinión de los vascos en el mundo. Nadie habla de los vascos que han salido de Euskadi por la presión nacionalismo y el miedo a morir a manos de ETA. Es de suponer que esos vascos no sentirán satisfacción alguna ante la nueva apuesta. Ahora sólo queda coordinar la operación y para ello, Udalbiltza ya ha anunciado que se pondrá en contacto con las diversas “casas vascas de todo el mundo”. Es decir con las sedes que el nacionalismo del PNV y el Gobierno de Ibarretxe tienen abiertas en sus países de referencia.

Bien, tanto la diáspora como las casas vascas en el Exterior no son nada nuevo. El gobierno Vasco lleva impulsando su constitución, mantenimiento y su infraestructura desde su constitución como autonomía, no como objetivo a corto plazo, sino a medio y largo plazo. Pero ese largo plazo que se estableció el nacionalismo ya ha llegado. Las "Euskal Etxeas" reciben cuantiosas subvenciones del gobierno vasco para sus establecimiento, para la compra de material didáctico y para la celebración de cursos, conferencias y demás. En el último congreso anual ya lo anunciaron: había que hacer más de cara a la independencia. Estos congresos, a los que acude lo más relevante del Gobierno, son una proclama independentista y una apuesta de cómo revisar el pensamiento internacional de cara a lo que ellos llaman conflicto con el Estado español y francés. Declaraciones como la de Idaho lo demuestran. Pero no es sólo esto. Dentro de la concepción del Estado vasco (independencia energética, de investigación, social, editorial, es decir, de todo el tejido de la sociedad vasca nacionalista) las Euskal Etxeas son los pretendidos consulados en el Exterior, y entendiendo exterior por cualquier territorio fuera de la Comunidad Autónoma de Vascongadas. Véase la utilización de la Euskal Etxea de Barcelona por las huestes de Batasuna; los textos y actividades de la Euskal Etxea de Caracas o, sin ir más lejos, la de Idaho, o la de Argentina.

Como siempre, la confluencia y el aprovechamiento de las sinergias entre nacionalismo moderado y radical es una constante, que resulta de compartir los mismos objetivos y de aprovecharse de cuantos medios estén a su alcance, aunque haya que volver la cara ante la utilización de recursos públicos vascos y españoles para la publicidad de su pensamiento revisado. En definitiva, de la asunción de competencias y la utilización de recursos económicos de vascos y españoles, y no todos nacionalistas.

Sacar la bandera del armario
EDITORIAL Libertad Digital  3 Octubre 2002

La idea de José María Aznar de “honrar a la bandera de todos los españoles en la capital del Reino por medio de un mástil que pudiera enarbolarla a la máxima altura posible” tomó forma el pasado miércoles en la Plaza del Descubrimiento de Madrid. El homenaje a la bandera, auspiciado por el Ayuntamiento de la capital, tendrá lugar el último miércoles de cada mes en esta céntrica y espaciosa plaza de Madrid. Y como dijo José María Álvarez del Manzano en ocasión del acto inaugural de esta nueva tradición, se trata de un homenaje “viene bien en estos momentos” para resaltar “lo que significa la integridad de España representada en esta bandera”.

La bandera de una España que ya ha cumplido 25 años de régimen democrático y que hoy representa la unidad de los españoles en torno a más de 500 años de historia y cultura común que han culminado en un régimen de libertades en el seno de un país próspero. Sin embargo, la exhibición del símbolo de la nación que descubrió y colonizó América irrita a los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos –quienes, ante la grandeza de lo que representa, temen que sus obsesiones aldeanas queden eclipsadas– y desazona a la izquierda que, neciamente, todavía la sigue identificando con la dictadura del general Franco, como si una bandera que ya tiene más de doscientos años pudiera identificarse con un periodo tan breve de nuestra historia.

La decisión del Gobierno de “sacar del armario” la bandera de España sin ningún tipo de complejos, además de promover la expresión de un sano patriotismo, ha tenido la virtud de sacar a la luz el irracional e inextinguible odio –en modo alguno atemperado después de 25 años de democracia– de los nacionalistas hacia la idea y el legado de España, los principales obstáculos que se oponen en su camino hacia la homogeneidad tribal que pretenden imponer en los territorios donde gobiernan. Por muchas vueltas que se le dé y por muchos matices que se introduzcan, el ser de los nacionalistas es el no ser de España. Y si bien se mira, son coherentes con sus planteamientos, ya que durante veinticinco años han intentado (y, en buena medida, conseguido) presentar el sano orgullo de sentirse español y proclamarlo como un pecado de lesa progresía o algo peor.

Sin embargo, lo que no tiene explicación coherente es que el PSOE, con E de español, se preste al trasnochado juego de presentar el patriotismo español como el peor de los pecados o la mayor de las provocaciones, y a los nacionalismos excluyentes como víctimas a las que hay que tributar constantemente muestras de exquisita “sensibilidad” y respeto a fondo perdido, sin que exista la menor reciprocidad. Una muestra de lo hondo que han calado el victimismo y las infamias de los nacionalistas son las declaraciones de Jesús Caldera, quien se encargó de recordar extemporáneamente que en España existe “una serie de culturas con entidad propia que merecen el mismo respeto” y que el homenaje a la bandera puede “herir sensibilidades”, como si exhibir la bandera nacional que la Constitución reconoce como el símbolo común a todos los españoles fuera objetivamente un ultraje.

Hora es ya de que, en el PSOE, empiecen a enterarse de que el progreso no está en la orilla nacionalista, sino en la constitucional, y de que los nacionalistas aprovecharán cualquier ocasión de sentirse “víctimas” y proclamarlo a los cuatro vientos. Por mucho que se les conceda, jamás dejarán Son insaciables

¡Otra vez los complejos!
Ignacio Villa Libertad Digital  3 Octubre 2002

La polémica que ha surgido en torno al homenaje mensual a la bandera nacional ha colocado con estrépito sobre la mesa una buena colección de complejos históricos que una gran parte de políticos españoles se niegan a arrinconar de una vez por todas.

A esta alturas de la película seguimos arrastrando de forma casi enfermiza algunos viejos "tics" de la época franquista. Hay todavía quienes siguen identificando la bandera y el himno nacional con un régimen o con un partido político. Parece que no se quieren enterar de que en pleno siglo XXI, en una democracia consolidada, nada tiene que ver una cosa con la otra. No hay más que observar, por ejemplo, el graderío del Estadio de Saint Denis de París con la selección francesa de fútbol en el césped y ochenta mil ciudadanos cantando "la Marsellesa" o el estruendo del viejo estadio de Wembley de Londres con "Dios salve a la Reina". Son dos ejemplos deportivos, pero que son aplicables a otros muchos terrenos. En esos escenarios todos cantan y todos están orgullosos de sus himnos. Los de izquierdas y los de derechas, los de arriba y los de abajo.

Ciertamente, en España ya estamos acostumbrados a la mezquindad nacionalista a la hora de "huir" de todo lo que sea español. Una actitud más cercana a lo "pueblerino" que a lo ideológico. Tampoco son nuevos, los "desvaríos" de Izquierda Unida en esta cuestión, por algo son una simple coalición marginal. Pero lo que sí llama poderosamente la atención, incluso se puede catalogar como preocupante, es la actitud del Partido Socialista con su "intrépido" portavoz parlamentario al frente. Jesús Caldera ha salido como un "basilisco" criticando la iniciativa del Gobierno de realizar mensualmente un homenaje a la bandera. El PSOE, que se dice un partido nacional, vuelve a darnos una lección de pura contradicción y de ausencia de proyecto. Como tantas otras veces cuando aparece en escena una cuestión de estas características, los socialistas nos enseñan con absoluta nitidez sus problemas internos. Problemas de unidad de criterios y de proyectos conjuntos. Esa es la pura realidad del Partido Socialista, que Rodríguez Zapatero intenta disimular con fuegos de artificio, pero que a la hora de la verdad aflora de una forma o de otra. El PSOE, una vez más, demuestra a todos el difícil juego de equilibrios que se vive de puertas adentro y que antes o después deberá saltar por los aires electorales.

En todo caso, quede claro que el revuelo sobre el homenaje a la bandera se antoja como una polémica artificial. Más propia de mentes acomplejadas por la historia y que se niegan a cerrar viejas convulsiones sociales. Y es que unos huyen de la normalidad, puesto que necesitan la confrontación para sobrevivir; y otros quedan en evidencia al polemizar sobre cuestiones que deberían ser parte de la primera lección del "Manual de actuación". Los primeros son los nacionalistas, los segundos los socialistas. Unos y otros ,veinte años después, siguen sangrando por la misma herida. La herida de los complejos.

Proclamas políticas
Javier Igartua Ybarra/Getxo. Vizcaya Cartas al Director El Correo 3 Octubre 2002

Soy un joven no nacionalista que está más que cansado de que el lehendakari, mientras ETA nos amenaza, se dedique a hacer proclamas políticas a favor de la independencia. Se tira en brazos de los asesinos en vez de ayudar a los que estamos perseguidos por la mafia terrorista ETA y de conseguir que vivamos en libertad en nuestra tierra. Usted hace tiempo que no es el lehendakari más que de los suyos, los nacionalistas. Váyase señor Ibarretxe, porque no es digno de ocupar el puesto de lehendakari. Al alcalde de mi querido Getxo quiero decirle que lo suyo también es una auténtica vergüenza. En el último pleno se negó a condenar el atentado de Santa Pola y el asesinato del guardia civil en Leitza. Así demostró, otra vez, de parte de quién está, de los terroristas y no de las víctimas.

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