AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 9 Octubre  2002
La bandera
José Luis Manzanares La Estrella 9 Octubre 2002

Ser como Cuenca
ANTONIO BURGOS El Mundo 9 Octubre 2002

Mal día para ETA
Editorial ABC 9 Octubre 2002

Amor, palabras y nacionalismo
M. MARTÍN FERRAND ABC 9 Octubre 2002

Los errores históricos
GABRIEL TORTELLA El País 9 Octubre 2002

La guerra santa de la cultura
IGNACIO RUIZ QUINTANO ABC 9 Octubre 2002

Aval para Garzón
Editorial El País 9 Octubre 2002

Baltasar Garzón no está solo
Editorial La Razón 9 Octubre 2002

Yo le acuso
JOSEBA BILBAO JOSÉ IBARROLA El Correo 9 Octubre 2002

El régimen al descubierto
Román CENDOYA La Razón 9 Octubre 2002

El reportaje del pánico
Encarna Jiménez Libertad Digital  9 Octubre 2002

«¡Zuriñe, márchate ya de ese infierno!»
JOSEAN IZARRA El Mundo 9 Octubre 2002

La bandera
José Luis Manzanares La Estrella 9 Octubre 2002

El homenaje a la bandera española en la plaza madrileña de Colón ha sido criticado por algunos políticos como una provocación intolerable que pone en peligro el consenso constitucional y lesiona los sentimientos autonómicos. Hasta ahí hemos llegado tras muchos años de complejos y concesiones poco acordes con nuestro ordenamiento jurídico. Son la previsible reacción ante un nuevo “basta ya”. Basta ya de tolerancia con los cómplices del terrorismo, pero —a la distancia que se quiera— basta también de ese progresismo cavernícola y de ese separatismo aldeano para el que pronunciar la palabra España sería claudicación imperdonable. Se dice “este país” o “el Estado español”, y se evita con igual cuidado el vocablo “patria”. Y cuantas menos banderas rojo y gualda, mejor. No importa que sean el símbolo del Estado Social de Derecho que garantiza nuestra convivencia pacífica.

Se trocea la Constitución para silenciar que nuestra Carta Magna “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Cualquier bandera autonómica parece merecer más respeto que aquella otra que las hace posibles o de la que, como dicen los juristas, traen causa. Como si algunas de las piezas que componen el mosaico de España temiesen que su particular historia perdiera la inocencia al relacionarse con sus vecinos.

La bandera del País Vasco, que se identifica con la de su partido nacionalista, según unos, y separatista, según otros, será respetada en toda España, pero el izado del pabellón nacional en aquella Comunidad Autónoma se reduce a una acción testimonial bajo la protección de las fuerzas de seguridad. A la bandera española se la ha pisoteado y quemado en público dentro de una “normalidad” que habría que aceptar para evitar males mayores. Y los pocos acusados que se sentaron en el banquillo fueron absueltos porque sólo habían ejecutado su libertad de expresión. Como los parlamentarios que organizaron el bochornoso espectáculo en la Sala de Juntas de Guernica durante la visita del Rey.

Quede claro que el flamear de los colores autonómicos nunca pecará por exceso en nuestro marco constitucional. Eso sí, sorprende un poco la profusión de banderas republicanas o separatistas que son cuidadosamente seleccionadas por TVE cuando retransmite las protestas sindicales. Puede haber patriotas, siempre que no sean españoles, y pueden ondear las banderas, siempre que no sean las de España. Sucede, sin embargo, que la inmensa mayoría de los españoles no estamos dispuestos a soportar por más tiempo esta labor de zapa contra los intereses nacionales. Aunque el señor Anasagasti descalifique nuestro “patriotismo barato”. Barato quizá, pero no palurdo, sino integrador.

Ser como Cuenca
ANTONIO BURGOS El Mundo 9 Octubre 2002

Pujol está en Sevilla, estación de partida del tren que hizo de Cataluña la novena provincia andaluza en los años 60 y 70. En su visita ad limina migrantibus, a la fábrica de catalanes de adopción que fueron los pueblos andaluces, le ha confesado a alguien las claves de la actual estampía en pos del soberanismo.Probablemente lo negará antes de que el gallo cante tres veces, pero el honorable ha dicho:

- Es que Cataluña no puede ser como Cuenca...

Y quien dice Cataluña, nada digo de Vasconia. Si Hamlet fuera miembro de alguno de los partidos constitucionalistas que se están batiendo el cobre por las libertades en el País Vasco, cogería una de las más de 800 calaveras que nos ha costado este modelo autonómico y diría sobre ella:

- Ser como Cuenca o no ser como Cuenca, ésa es la cuestión...

Hay quien, a las bravas, dice que todo el problema del miedo y de las libertades en el País Vasco se arreglaría si el Gobierno cometiera el error de suspender las garantías estatutarias para aquellos territorios. Ya es demasiado tarde. Todo esto es el resultado de aquella carrera desenfrenada del sentimiento autonómico del café para todos que nos entró a todos los españoles, y sálvese quien pueda, cuando vimos en los inicios de la Transición que Cataluña y el País Vasco tenían sus Estatutos mientras el resto de las regiones seguían siendo regidas desde el Madrid del Gobierno de Suárez. Aquellos polvos del agravio comparativo y su igualitaria solución han traído estos lodos del barrizal del camino del abismo.Antes de la Constitución estaba clarísimo. La oposición al franquismo decía «nacionalidades y regiones» de España. Las nacionalidades sabíamos cuáles eran: las llamadas históricas; las regiones, el resto. En el propio consenso constitucional para que catalanes y vascos volvieran ser lo que fueron, siempre en la revancha de reescribir la Historia a partir de 1936, se admitía esta diferencia a fin de que el resto de España fuéramos sólo regiones. Al cambio, Cuenca. (Y que conste que nada tengo contra Cuenca: mi madre era de allí.)

Hasta los que defendimos más ardientemente en su día la plena autonomía para nuestras tierras debemos reconocer el error: olvidamos que había en España quien no podía admitir aquel igualitarismo autonómico. Cuantas más competencias tenían, ¿qué digo yo?, Murcia o Cantabria, más imposible era que las nacionalidades históricas se conformaran con ser iguales que las regiones. Vamos, que Cuenca.No advertimos que agotado el moca del autonómico café para todos podían acabar sirviendo hiel. Aquella carrera en pelo de todos en pos de su máxima autonomía ha traído esta otra peligrosa desbandada de los que como no admiten ser como los demás niegan sencillamente las libertades a quienes el Estado de las Autonomías les parezca de cine. Como no les dejan ir en primera, descarrilan el tren. www.antonioburgos.com

Mal día para ETA
Editorial ABC 9 Octubre 2002

EL nacionalismo vasco de todo signo está recibiendo un mensaje político que ayer se vio confirmado por partida doble: la aplicación intensiva de la Ley es el mejor y más eficaz camino contra el terrorismo. Dos operaciones policiales, una de la Ertzaintza en Vizcaya y otra de la Guardia Civil en Guipúzcoa, permitieron la detención de diecisiete personas relacionadas con la violencia urbana organizada por ETA. Entre los detenidos en Guipúzcoa se encontrarían los máximos responsables de la «kale borroka», lo que, tras la detención de Olarra Guridi y Ainhoa Múgica, jefes «militares» de ETA, consolida la acción de las Fuerzas de Seguridad en los máximos niveles directivos de la organización terrorista, en todas sus tramas.

Paralelamente, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional amplió ayer el respaldo judicial a la suspensión cautelar de las actividades de Batasuna. La Sala, para rechazar el recurso de queja presentado contra esta medida decretada por el juez Garzón el 26 de agosto pasado, ha utilizado unos argumentos directos contra la coalición abertzale, a la que considera, eso sí, indiciariamente, parte integrante de ETA, lo que justifica que los derechos constitucionales de los militantes batasunos se vean afectados en aras de la protección de otros derechos más importantes, que siguen siendo vulnerados por la organización terrorista, como la vida, la integridad física y la libertad. La razón es fulminante: como Batasuna es ETA, la suspensión es necesaria para prevenir la continuidad delictiva de la organización terrorista. Además, la Sala resuelve satisfactoriamente los reproches que ha recibido Garzón por invadir supuestamente las competencias del Parlamento Vasco y por no haber imputado todavía a los miembros de las Mesas Nacionales, circunstancia que no altera el contenido esencial de la suspensión, es decir, que Batasuna está suspendida no tanto por lo que hayan podido hacer sus dirigentes formales o teóricos, cuanto por ser creación directa de ETA.

En este contexto de eficacia judicial y policial, tiene todo el valor el discurso del presidente del Gobierno, José María Aznar, trenzado en sus últimas apariciones públicas. El desafío nacionalista, en cualquiera de sus manifestaciones -política o terrorista- va a encontrar respuesta en los instrumentos ordinarios del Estado democrático y de Derecho. Es la normalidad institucional, en definitiva, que, siendo eficaz como lo está siendo, debe hurtar al nacionalismo el alimento de la crispación y del victimismo.

Amor, palabras y nacionalismo
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 9 Octubre 2002

GIACOMO Casanova, el veneciano más notorio del XVIII y uno de los primeros galanes de todos los tiempos en la historia de la mujer, tiene escrito que el amor y la palabra son inseparables. Él mismo se confesaba incapaz, desde su planteamiento dialéctico del ligue, de seducir a una muda. Cosa parecida les ocurre a muchos políticos de la periferia española. Tienden a identificar el nacionalismo con la palabra y no dejan pasar ocasión sin enhebrar un discurso que, venga o no a cuento, engarce su pasión de cercanías con los hechos y circunstancias más diversos. Es el caso del máximo y perpetuo segundón de la política catalana, Josep Antoni Durán Lleida.

El secretario general de CiU, líder total de la U, es hombre facundo y, como le ocurría a Jaimito en los chistes que le hicieron famoso, la más mínima circunstancia despierta y aviva sus volcánicos deseos. Animado por ese impulso, ha aprovechado su paso por TV3 -la mejor entre todas las televisiones autonómicas- para decirle a José María Aznar que hay otros modelos de Estado distintos al que defiende el PP, el Estado-nación. En parodia a la afirmación aznarí de que se observan indicios de «balcanización» en el País Vasco tras las propuesta soberanista de Ibarretxe, dice Durán Lleida que «hay muchos modelos en los que es posible que gente de cultura e historia diferentes se sienta identificada con un proyecto común, como Suiza».

Nada de descentralización del Estado, más que el autonomismo que aporta el Título VIII de nuestra Constitución, mucho más que el federalismo clásico o que el asimétrico con el que Maragall contradice a Zapatero. Durán tiene su huevo de Colón en la confederación. Une así su amor con la palabra anacrónica. Suiza es, nominalmente, una Confederación -de Estados Helvéticos-. Así nació en el XIII; pero, desde 1848 es, en los hechos y en sus Cámaras, una federación pura y dura y, que se sepa, ninguna de las pocas que han sido en el tiempo ha llegado viva al XXI.

Si se mira con atención, sin unir el amor a la palabra, la maqueta suiza, el mosaico de sus veintiséis cantones, se parece poco, o nada, al mapa español de las cincuenta provincias y/o las diecisiete Autonomías. Por el contrario, parece una traslación, subrayada por los usos y costumbres, del viejo mapa comarcal de Cataluña. A mayor abundamiento, la población de Suiza y Cataluña son prácticamente idénticas. Sin embargo, puestos a buscar alguna constante en el trazado político de los veintidós años de poder que ya tiene en el zurrón CiU, la encontramos, mejor que en parte alguna, en el obstruccionismo constante al desarrollo identitario de las comarcas. Quizás porque la nota descollante en los nacionalismos, y regionalismos, consiste en dotar a su territorio de un nuevo centralismo, físicamente más cercano y políticamente igual de dominante. El amor y la palabra tienden a la posesión. Como Casanova y Durán.

Los errores históricos
GABRIEL TORTELLA El País 9 Octubre 2002

Gabriel Tortella, catedrático de Historia Económica en la Universidad de Alcalá, es actualmente profesor visitante en Columbia University.

Los errores se pagan, invariablemente. Y los errores de importancia histórica tienen precios de importancia histórica también. Hoy pagamos los errores de nuestros padres y nuestros abuelos, y, en la medida en que no reconocemos los pasados errores como tales, estamos de nuevo cometiendo errores y pagando sus consecuencias. Yo no sé, por ejemplo, si los españoles son suficientemente conscientes de los errores garrafales que por parte de uno y otro bando acabaron conduciendo a la guerra civil, de los que se cometieron durante la contienda, y de los que vencedores y vencidos cometieron después; pero no hay duda de que en la España relativamente feliz de comienzos del siglo XXI todavía pesan como losas los errores cometidos entonces, y que su análisis desapasionado quizá contribuyera a paliar sus consecuencias.

Los historiadores se debaten entre los principios que acabo de enunciar y otro principio también ampliamente aceptado (yo mismo lo suscribo en gran parte): el del predominio de las fuerzas impersonales en el acontecer histórico. La versión extrema de este principio es el determinismo histórico, cuya versión marxista, la más corriente, es que, a la larga, las fuerzas económicas son las determinantes en la sociedad y, por tanto, en la historia.

Es evidente que ambos principios (por un lado el que podríamos llamar del libre albedrío histórico, en que errores y aciertos tienen consecuencias trascendentales; y, por otro lado, el determinismo) parecen contradictorios. Si los errores tienen tan graves consecuencias, es que las decisiones de los agentes, y no sólo las fuerzas impersonales, mueven la historia. No hay inevitabilidad, y, por tanto, no hay determinismo. Las cosas son como son, pero hubieran podido ser de otra manera. En realidad nos encontramos aquí con el clásico problema de la Historia con mayúscula y de muchas ciencias sociales. El individuo ¿es responsable de sus actos, o es el medio social en que se forma quien los determina? Es la cuestión que en inglés se conoce como nature versus nurture, naturaleza frente a crianza. La respuesta tiene que ser que la verdad está aristotélicamente situada en un punto medio, aunque indeterminado. Por eso tiene la Historia tanto de arte: la verdad radica en desvelar cuándo predominan las fuerzas impersonales y cuándo han sido decisivos unos pocos individuos.

Casos de errores históricos de grandes consecuencias hay infinidad. En España se habla poco del gran error de Cristóbal Colón, que descubrió un continente sin saberlo. La cadena de errores geográficos que llevaron a Colón a descubrir América es algo fascinante; pero el caso es que las consecuencias del error pueden haber perjudicado las opciones españolas. De haberse sabido desde el inicio que las tierras descubiertas eran un continente desconocido, España quizá hubiera podido reclamarlo enteramente para sí.

Otros ejemplos pueden darse. Errores monumentales del siglo XX fueron, durante la Primera Guerra Mundial, el envío de Lenin a Rusia por parte del Gobierno alemán para provocar la revolución comunista en el país de los zares. El éxito fue inmediato, pero el ejemplo del comunismo ruso se propagó en la propia Alemania, incapacitando a ésta para continuar con el esfuerzo bélico y provocando su capitulación. En la Segunda, el bombardeo a traición de Pearl Harbor por parte de Japón, sorprendiendo a enemigos y aliados, llevó a una larga campaña norteamericana en el Pacífico, que se culminó con el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki, y la rendición incondicional de Japón.

Volviendo a la España imperial, los errores de Felipe II fueron sonados: no fue sólo la Armada Invencible; más grave fue la brutalidad con que reprimió lo que en principio era una disidencia pacífica en los Países Bajos, que acabó conduciendo a la devastadora y catastrófica Guerra de los Ochenta Años. Aquí sí que el error humano tuvo consecuencias fatídicas. Es posible que, aun sin la derrota de la Armada, el poderío naval inglés se hubiera impuesto en todo caso; pero la autonomía pacífica de los Países Bajos, en lugar de la cruenta guerra que tuvo lugar, hubiera sido un beneficio inmenso para España.

Acercándonos más al presente, el nacionalismo centralista de la dictadura de Franco, fue, como la intransigencia de Felipe II (a quien por cierto el dictador tanto admiraba), una ominosa siembra de vientos y tempestades. Para los demócratas de 1978, como reacción al franquismo, cualquier nacionalismo no centralista, por absurdo o violento que fuera, tenía la aureola del antifranquismo, que legitimó tantos desafueros. Al error centralista del franquismo correspondió el error anticentralista de los demócratas. La mejor postura sin duda está en un punto intermedio. Los demócratas de hace una generación no advirtieron que los movimientos pendulares no son la mejor manera, ni desde luego la más rápida, de alcanzar un punto de equilibrio. No advirtieron que luchar contra un nacionalismo con otro era jugar con fuego. No era que el nacionalismo franquista (español) fuera malo y los periféricos fueran buenos: cualquier nacionalismo es malo, y cuanto más intransigente y excluyente, peor. No admitamos nunca el sofisma que tanto han repetido los nacionalistas recientemente: 'El que no es nacionalista periférico es nacionalista centralista'. Falso: como se dice vulgarmente, cree el ladrón que todos son de su condición.

Las naciones son construcciones artificiales, producto de la historia, y de complejos procesos sociales. No son entidades reales, no tienen existencia fuera de los individuos que las componen, exactamente igual que las sociedades anónimas. Y no son, desde luego, 'unidades de destino en lo universal'. Cierto que pueden disolverse, recomponerse, aglutinarse, etcétera. Pero todo eso son procesos costosísimos y dolorosísimos, que deben evitarse salvo en casos muy excepcionales. Las naciones tienen la ventaja de su estabilidad, porque los procesos de transformación política en entidades de la complejidad de los Estados nacionales acostumbran a entrañar grandes penalidades y muy pequeñas ventajas. Para ciertas separaciones felices, como las de Noruega y Suecia, o Bélgica y Holanda, la mayor parte ha entrañado enormes traumas y pérdidas para todos, como los casos vistos recientemente en Europa. Y aún en Bélgica subsisten serios problemas de cohesión nacional.

Es hora de que en España nos deshagamos de una vez por todas del error y del mito nacionalista, máxime en un momento en el que las naciones europeas están en un proceso, lento y difícil, sin duda, pero muy esperanzador, de convergencia hacia una entidad supranacional. Los españoles no nacionalistas, o nacionalistas tibios, que somos la inmensa mayoría, debemos abandonar la benevolencia de estas últimas décadas hacia cualquier nacionalismo virulento, y tanto más si además es criminal. Diguem 'no', como en la canción de Raimón, digamos 'basta ya', no en nombre de una nación superior, sino en el de la razón, la civilización y la convivencia. Esa excesiva benevolencia fue un error que cometimos los demócratas de la generación pasada; si no lo enmendamos hoy, recaerá sobre las generaciones futuras.

La guerra santa de la cultura
Por IGNACIO RUIZ QUINTANO ABC 9 Octubre 2002

LA escandalera de la bandera es, en el fondo, un asunto cultural.

En el sentido d´orsiano del término, «cultura» significa tradición y universalidad. Tradición: solidaridad de todos los siglos en el tiempo. Universalidad: comunión de todos los pueblos en el espacio. Pero el mismo D´Ors explica que cada uno de estos dos partidos de selección, que en el siglo de las luces dibujaron su definición y enarbolaron sus armas, creyó poder prescindir de una de las dos: de la tradición o de la universalidad. «Empezó entonces a haber aquí un tradicionalismo: nacionalista, castizo, amigo del carácter, vuelto de espaldas a la europeidad. Empezó a haber un liberalismo: descastado, progresista, que, por el momento, tomó los matices del enciclopedismo afrancesado; poco más tarde los del romanticismo filantrópico.» Y en esas estamos. «Ahora bien; si una síntesis hubiese llegado a producirse entre las dos selecciones españolas, la lucha contra la rebelde masa, la guerra santa de la cultura, se hubiera podido ganar.»

La razón de que la síntesis no se haya producido debe de ser la que daba Fernández Flórez: la nacional e invencible tendencia a la oposición, que convierte la política española en el gabinete de un prestidigitador, único sitio donde a nadie admira que de un huevo cocido salgan tres pañuelos de seda.

En política, venía a decir, una crisis es un fenómeno importante, pero intrascendente. Caen unos, vienen otros. Aquéllos pierden sus sinecuras, estos las encuentran. Pero las regiones, las provincias, los municipios, permanecen inmóviles, señalados con los colores de siempre en los mapas de siempre. Aquí, en cambio, se resuelve una crisis, y puede ocurrir que una región se ponga el sombrero y se vaya sin decir «Buenas noches», lo cual complica la vida de los ciudadanos y la enseñanza de la Geografía. «Yo mismo ¿estoy en el deber de poner en mi balcón una bandera del color que más me guste, con una «estrella solitaria», porque alguno de los ministros de este Gabinete me parece tonto?»

Y, pensando en el futuro, imaginaba a los periódicos publicando noticias como ésta: «Como resultado del reciente nombramiento de director general del Timbre, la soberanía española ha cesado sobre Pozal de las Gallinas, que ha acordado declararse colonia holandesa.» O como ésta: «Ayer, a las cinco y cuarto de la tarde, en la finca La Manuela, del término de Torrejón, se ha izado la bandera cubana. Se relaciona este cambio de nacionalidad con la designación del señor Pérez para el cargo de gobernador de las Baleares.»

Aquel futuro ya está aquí y, con la hipoteca del adosado sin pagar, no queremos ni pensar en la posibilidad de que, por la misma regla de tres, el Irak se declarase irresistiblemente empujado a formar parte del Estado español. ¡Cómo no vamos a entender a un personaje como Caldera cuando se opone a que se saque del arcón la bandera nacional para no herir sensibilidades! Ese hombre puede recordarnos al pultifagónides de Plauto -aunque Raúl del Pozo sostiene que no se alimenta de garbanzos, sino de pensamientos-, pero ese hombre nos recuerda también que la bandera, igual que disgusta a los independentistas españoles, puede gustar a los independentistas extranjeros, ¿y alguien ha calculado la de jarcas extrañas que resistirían a la tentación de unírsenos?

Tradición y universalidad. Nunca habíamos estado tan lejos como hoy de la síntesis. Según Russell, la capacidad de generalización es imposible para aquéllos cuyos pensamientos están limitados por necesidades animales. Los animales contemplan el mundo desde un centro que consiste en el aquí y en el ahora: ignoran la historia, que libera del ahora, y la astronomía, que libera del aquí. En cuanto a la bandera, la solución más cosmopolita va a ser cambiarla por un código de barras.

Aval para Garzón
Editorial El País 9 Octubre 2002

El aval otorgado por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional a la suspensión cautelar de Batasuna, acordada por el juez Garzón en su auto de 26 de agosto, no sólo confiere una cobertura legal incontestable a esta decisión, sino que supone también una caución frente a las querellas por prevaricación que se han anunciado contra el juez. A partir de ahora ya no podrá decirse que la suspensión cautelar de las actividades de Batasuna es cosa de Garzón. Lo es de un tribunal colegiado, distanciado de la concreta investigación de los hechos y del que no cabe sospechar, como algunos han insinuado malévolamente, motivaciones de otro tipo que no sean las estrictamente jurídicas. Ello no impide que la suspensión de Batasuna pueda seguir siendo cuestionada jurídicamente, pero los argumentos tendrán que ser más sólidos que los esgrimidos hasta ahora por sus abogados defensores.

La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional no sólo avala las razones de fondo de Garzón para suspender las actividades de esa formación durante tres años, sino el momento y la forma de hacerlo. Para el tribunal, tienen fundamento los indicios que han llevado a Garzón a sostener que Batasuna se integra -y no sólo colabora- 'en una organización armada-terrorista de las previstas en el artículo 515 del Código Penal'. Y a partir de ahí, cobra sentido y es procesalmente congruente que el juez suspenda a Batasuna para impedir que se mantenga la actividad delictiva: una medida congruente con la manifiesta continuidad de los atentados de ETA.

Pero la resolución de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional es también importante porque sale al paso de uno de los argumentos esgrimidos para cuestionar la validez y el momento de la suspensión cautelar de Batasuna: que tal decisión no podía adoptarse sin imputar o procesar primero a los dirigentes de esa formación política. Es cierto que en el ámbito penal la disolución o suspensión de organizaciones criminales sólo se concibe como efecto de la actuación delictiva de sus dirigentes o miembros cualificados; pero en los casos de bandas organizadas, esta responsabilidad personal sólo puede descubrirse en ocasiones una vez 'descorrido el velo' que oculta la verdadera actividad de la organización.

En parte, eso es lo que ha hecho Garzón, según señala la Sala de lo Penal. Aunque sólo en parte, porque no hay que olvidar que en el sumario que ha dado lugar a la suspensión cautelar de Batasuna hay 11 imputados, destacados dirigentes de esa formación, y uno de ellos miembro de la Mesa Nacional entre 1992 y 1998, y otro, el máximo responsable económico de la red de herriko-tabernas.

Baltasar Garzón no está solo
Editorial La Razón 9 Octubre 2002

La decisión de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que preside el magistrado Siro García, confirmando el auto de Baltasar Garzón por el que se suspendían las actividades de Batasuna es, sin duda, una buena noticia. Y lo es por dos motivos: primero, y no por ello el más importante, porque afirma sin ambages que ETA y Batasuna son la misma organización delictiva, y, segundo, porque plantea, y resuelve, que los derechos fundamentales de las personas, especialmente el derecho a la vida, deben ser objeto de la inmediata protección jurídica por encima de otras consideraciones legales. La sala se muestra, pues, de una claridad meridiana que marca el camino a seguir por el resto de las instancias jurisdiccionales. No es que ETA y Batasuna colaboren para unos fines, dice el auto, es que Batasuna, al estar dirigida por ETA, está integrada de pleno en una organización armada terrorista que, de hecho, continúa causando muertes.

Cuando Baltasar Garzón aplicó el artículo 129 del Código Penal para ordenar la suspensión cautelar, por un período de tres años, de las actividades de Batasuna, se planteó desde diversos ámbitos del Derecho que se estaba utilizando un instrumento legal para un fin que, supuestamente, no estaba previsto en el ánimo del legislador. Sin embargo, la propia ambigüedad de la redacción del artículo, que en uno de sus puntos establece la posibilidad de suspender cautelarmente las actividades de «sociedades, empresas, asociaciones o fundaciones» sin más especificación, dejaba abierta la puerta a la inclusión de Batasuna, como «asociación política», en el supuesto legal.

Aun así, el auto de la sección primera de la Sala de lo Penal no elude la complejidad del problema jurídico. Es más, reconoce que la aplicación del artículo 129 podría incidir negativamente sobre derechos inseparablemente ligados al Estado democrático. Pero ante esa posible colisión de derechos, el tribunal mantiene que es prioritaria la defensa de la vida, la integridad corporal y la libertad de las personas, y que por esa razón «el legislador asumió la posibilidad de que las medidas legalizadas repercutieran en socios inocentes o en derechos electorales de terceros».

Por lo tanto, confirma la sala, y Siro García tiene reputación de ser un jurista muy estricto, que Baltasar Garzón ha actuado bien, lo que traducido a un lenguaje sencillo significa que el juez no está solo, como pudieron creer quienes desde el PNV promovieron la presentación de una querella.

La lucha contra el terrorismo en un Estado democrático debe hacerse desde la escrupulosa observancia de las leyes, por más que los asesinos se aprovechen de ese mismo ordenamiento jurídico que tratan de destruir. Este último auto de la Audiencia Nacional nos dice que vamos por el buen camino, aunque algunos se empeñen en hablar de «acoso legal» donde sólo hay sentido de la Justicia.

Yo le acuso
JOSEBA BILBAO JOSÉ IBARROLA/ERTZAINA El Correo 9 Octubre 2002

Cuando concluya la vía penal», es la lacónica respuesta del Departamento de Interior a la información publicada ayer por este periódico sobre los incidentes registrados en la calle Dato de Vitoria, el pasado día 29 de septiembre. Finalizado el Alderdi Eguna, algunos de sus militantes decidieron ir a esa calle de Vitoria a beber kalimotxos, antes de prepararse para solidariamente visitar las sedes de los partidos españolistas, como les había pedido Arzalluz.

Al igual que en la política, el Derecho Penal va tomando el centro de la escena y convirtiéndose en el protagonista de las polémicas y crisis políticas, una característica propia de toda democracia corrompida, república decadente o régimen agónico. Las razones del abandono por parte del Estado, en este caso Gobierno vasco, de sus obligaciones de garantizar el correcto y buen orden de las cosas, forma parte de un proceso muy conocido que se repite en todas las sociedades donde se ha tomado el camino hacia el denominado enfrentamiento civil.

A saber, y con las características propias y folclóricas que ustedes quieran ponerles, se pueden describir estas partes: la cobardía y cálculo táctico, la paralización de la Justicia y la Policía, la pérdida de toda legitimación del Estado y el fomento y creación de bandas.

En la Ertzaintza, nuestra Policía, la que estaba para ayudarle, es el régimen disciplinario el que va tomando el centro de la escena. Así vamos conociendo cómo un ertzaina que diga 'Viva España' en las fiestas de su pueblo puede ser denunciado por el chivato de turno y ser sancionado con una falta grave. También ha sucedido que un sindicalista, del que se sospecha que hace declaraciones a la prensa, sea seguido, vigilado, él, su mujer, y otros detalles ya publicados y de los que el consejero de Interior sigue sin dar respuesta satisfactoria.

Sabemos también, yo por lo menos no lo olvido, que cuando el actual jefe de la Unidad de Inspección, la que se ocupa de estas cosas disciplinarias, seguimientos a sindicalistas y delaciones de chivatos, era jefe de la Unidad Antiterrorista, se publicaron en el diario 'Egin' actas internas de su Unidad, sin que se consiguieran depurar responsabilidades. También ocurrieron hechos tan demostrativos de la politización de la actividad de la Ertzaintza como que las fotografías entregadas por una ciudadana a la Ertzaintza en el denominado 'caso Elejalde' -detención de un terrorista que acababa de cometer un asesinato-, aparecieran en manos de Joseba Egibar, bueno, en su buzón, sin que se sepa quién fue el cartero o se depurara la responsabilidad de quien custodiaba las fotografías.

Recientemente, el consejero Balza ha abierto dos nuevos expedientes para tratar de aclarar las filtraciones al diario 'Gara' de una versión falsa donde se implica a afiliados de Erne en la actuación de la Ertzaintza en el desalojo de la sede de Batasuna en Durango, o la filtración de documentos internos a representantes de Batasuna sobre la actuación que desembocó en la disolución de la manifestación de Bilbao. Ambas filtraciones tienen o buscan el mismo sentido. Las actuaciones a las que se refieren y que son consecuencia del auto del juez Garzón, son iniciativa de la propia Ertzaintza, más que una decisión que parta directamente de sus responsables políticos. Hombre, la filtración no sé de dónde parte, pero por el camino que lleva el agua se adivina la gotera, del techo.

No tengo ninguna duda de que esas investigaciones no aclararán nada y que tan sólo son una respuesta a la polémica pública desatada, para luego esperar que el tiempo haga olvidar lo sucedido. El tiempo será también testigo de ese abandono, de esa omisión. Lo ocurrido en Vitoria el día del Alderdi Eguna no puede sino recordarnos al somatén franquista y a aquellos guerrilleros de austriaco verde y cadenas que durante la Transición se paseaban por las calles repartiendo palizas en días señalados. Simplemente, repugna.

En este país no hay libertad por muchas razones, algunas muy terribles y dramáticas, otras más menudas y cotidianas. Por ejemplo, si eres joven, trabajas de escolta y te pueden confundir con un guardia civil, es mejor que te quedes en casa, también, el día del Alderdi Eguna. El consejero Balza califica lo sucedido de reyerta, con aquel viejo lenguaje gubernativo de los gabinetes de prensa de los gobiernos civiles en la Transición. También podía haber usado el conocido «tras tomar unas consumiciones». Un buen indicador de cuáles son sus intenciones, más allá de esperar pacientemente la vía penal, será ver si suspende cautelarmente a los implicados para preservar la investigación de los hechos. Por el momento no lo ha hecho, sólo espera pacientemente a que concluya la vía penal.

En la Ertzaintza los hechos eran conocidos. Los rumores hablaban de que unos, no quiero llamarles compañeros, tras el Alderdi Eguna, bajaron de los montes y en la calle Dato confundieron a un escolta privado con un guardia civil. Los rumores hablaban también de dónde estaban destinados, y con eso se hace hoy un chiste entre los ertzainas: dos, en la lucha antiterrorista, el otro es de la banda...de música.

Razones para la preocupación no faltan. El consejero de Interior sin duda sabe, mientras espera pacientemente, que el homicida que berrea consignas nazis, el xenófobo que patea inmigrantes o mendigos y los que por la calle Dato se paseaban provocando como auténticos camisas pardas el día del Alderdi Eguna, no son seres de otro planeta, sino los enviados de un colectivo que se envalentona gracias al odio, la crueldad y una sensación de impunidad que responde a las omisiones y abandono por parte del Gobierno.

Por eso, por todas esas omisiones y abandonos, sin esperar a que concluya la vía penal, sin otra representatividad ni motivo que la de ser un ertzaina que quiere hacer con dignidad su trabajo y tener el respeto de sus conciudadanos, yo le acuso, señor Balza. Yo le acuso.

El régimen al descubierto
Román CENDOYA La Razón 9 Octubre 2002

El régimen nacionalista ha quedado claramente al descubierto con el magnífico reportaje de El Mundo TV. Gracias. El reportaje ha servido para que miles de artículos que se han escrito sobre el régimen adquieran todo su sentido para los lectores. Han llevado a la pantalla parte de lo que José María Calleja contó en su magnífico libro ¿Arriba Euskadi! (La vida diaria en el País Vasco). Ha servido para constatar que lo que denunciamos semana tras semana es verdad. Fue ver la denuncia de todos aquellos que tienen la dignidad de hacerse merecedores de la libertad. El régimen es lo que se vio. Es cierto que el régimen nazionalista (con z) ha destrozado a toda una sociedad. Es cierto que el régimen está invirtiendo energías y recursos para que la futura recuperación de esa sociedad llena de odio, incultura, «tacos», mentiras e insensibilidad, sea costosa. Lo que no entiendo es que siendo el régimen así, el PSOE de Zapatero vaya a participar en la orgía de ilegalidad e irracionalidad del proyecto del lehendakari Ibarreche. Para decir no a ese proyecto está el Parlamento Vasco y otros foros constitucionales. Ir a Ajuria Enea es sentarse en el mismo sitio que Batasuna y ayudar a escenificar que el proyecto de Ibarreche es democrático y viable.

El reportaje del pánico
Encarna Jiménez Libertad Digital  9 Octubre 2002

Hacer reportajes con cámara oculta puede ser un método poco recomendable en algunas ocasiones, pero en otras es el único camino para conseguir retratar una realidad espeluznante. En “La cara oculta de Euzkadi”, emitida por Tele 5 y producida por “El Mundo TV”, se nos ofreció el testimonio del pánico. No sólo del miedo con el que se vive en el País Vasco, sino del que produce en cualquier persona de bien ver a medio pueblo convertido en jauría humana.

Los reporteros de “El Mundo”, a los que un jefe de prensa de Herri Batasuna declaró proscritos y sin ningún derecho a asistir a convocatorias a los medios de comunicación, se introdujeron subrepticiamente, y con evidente riesgo, en ikastolas, plenos municipales, Herriko tabernas y manifestaciones con gritos de apoyo a ETA para mostrar la verdadera faz de una parte de la sociedad vasca que está dispuesta a matar, extorsionar y condenar a los no nacionalistas.

Los testimonios de concejales que abandonan sus cargos por no poder resistir la amenaza constante eran, sin duda, dramáticos, pero lo que resultaba más siniestro era ver al párroco de Oyarzun confirmando lo que denunciaba Consuelo Ordóñez : La Iglesia se niega a hacer funerales “por separado” a las víctimas del terrorismo etarra. Un asesinado por la banda terrorista no tiene derecho a una misa en la que se recuerde el “No matarás”. Ni siquiera a celebrar un aniversario en el que se pueda pronunciar el nombre de la víctima.

Las evidentes dificultades para la grabación de ”La cara oculta de Euzkadi”, que impidieron por su propia naturaleza clandestina que el sonido y la imagen fueran suficientemente nítidos, tuvieron, sin embargo, un efecto esclarecedor: No se puede vivir, no se puede contar, no se puede ver. Un documento en el que vemos cómo se insulta y amenaza, cómo se comporta una parte de la población para acabar con los demócratas es siempre necesario. La cámara oculta, a veces, imprescindible.

«¡Zuriñe, márchate ya de ese infierno!»
La mitad de los telespectadores vascos cotejaron sus vivencias con las imágenes de EL MUNDO TV
JOSEAN IZARRA El Mundo 9 Octubre 2002

VITORIA.- «¡Zuriñe, márchate de allí, márchate ya de ese infierno!».La llamada se produjo apenas 10 minutos después de que concluyera el reportaje La cara oculta de Euskadi, emitido por Telecinco el pasado lunes. Una amiga de Madrid llamó por teléfono a Zuriñe, una agente de la Ertzaintza que, como la mitad de los vascos que en ese instante veían la televisión, había decidido comprobar hasta qué punto el reportaje elaborado por EL MUNDO TV se acercaba a una realidad que ella conoce muy de cerca.

La crudeza de las imágenes que abordan el complejo escenario político y social vasco sorprendió a gran parte de los telespectadores de Euskadi, pero también caló en el resto de España. Un interés que se plasmó en una audiencia de 3.650.000 espectadores, casi el 25% del conjunto de los televidentes españoles en una competida franja horaria.

«Nada más concluir la emisión del reportaje, el teléfono comenzó a arder. Llamadas desde Madrid y Valencia, amigos sorprendidos con lo que acababan de ver y que incidían en que esto es lo más parecido a un infierno», reconoce esta ertzaina. Zuriñe, sin embargo, coincide, junto con varias personas que trasladaron su opinión sobre este reportaje, en defender que el día a día de muchos colectivos en el País Vasco es aún más duro que el reflejado en este trabajo informativo. «La percepción de dureza del reportaje es inversamente proporcional a la cercanía con la realidad. A la gente de fuera les ha sorprendido muchísimo porque, incluso los que han estado aquí de vacaciones nunca habían visto imágenes tan claras del País Vasco que algunos se empeñan en ocultar. La gente de aquí ha corroborado su propia experiencia y los que estamos más metidos en el ajo hemos echado en falta otras situaciones aún más duras que se viven a diario», insiste.

Conocer la realidad
José Luis, un oficial de la Guardia Civil con una amplia experiencia en el País Vasco, también coincide en resaltar la importancia de mostrar una realidad hasta ahora desconocida en el resto de España. «Por primera vez se han mostrado comportamientos que, desgraciadamente, nosotros conocemos desde hace tiempo, pero que ahora se han mostrado sin tapujos. Se ve cómo son, lo que opinan, y la mentalidad de este sector minoritario que les hace presentarse como víctimas cuando justifican el terrorismo con sus palabras o colaboran en el asesinato de cientos de ciudadanos», recalca este miembro de las Fuerzas de Seguridad.

«El reportaje de EL MUNDO TV puede ayudar a mucha gente a conocer mejor la realidad en la que vivimos cientos de vascos», resume Santiago Abascal, padre del joven universitario que reconoce en un panel de presos de ETA al terrorista que preparó el intento de asesinato de su propio progenitor, cargo público del PP que ha sido víctima de más de 30 sabotajes y amenazas y de tres atentados frustrados.

Abascal reconoce que vivir a diario la presión de los radicales, no sólo contra él sino contra varios miembros de su familia, elimina la capacidad de sorpresa pero no resta ni un ápice de su indignación por algunas de las imágenes reflejadas en el trabajo periodístico.

La conversación con el sacerdote guipuzcoano y las palabras del niño que reconoció en una ikastola que tenía prohibido hablar en castellano constituyeron dos de los momentos más sorprendentes para los telespectadores vascos. «Los niños no mienten y la imagen es un símbolo de lo que esta pasando con la educación en el País Vasco, que inculca un nacionalismo excluyente».

«Lo triste es que la sociedad vasca mira hacia otra parte», coinciden la profesora universitaria Gotzone Mora y el joven universitario y militante del PP, Jon Urionabarrenechea. «El País Vasco mira hacia otra parte porque los amenazados somos una minoría de ese 48% no nacionalista», denuncia esta profesora de la UPV víctima de un atentado terrorista frustrado. Para Jon Urionabarrenechea la actitud del taxista refleja el comportamiento de una gran parte de la sociedad vasca. «El miedo es tremendo y generalizado, pero la gran mayoría de los vascos quiere desentenderse de esta situación y decide mirar para otro lado y autoconvencerse que todo esto no va con ellos».

«El reportaje de EL MUNDO TV enseña una realidad hasta ahora no mostrada en los medios, pero parcial e incompleta a la hora de reflejar los argumentos políticos de Batasuna», señala José Miguel Fernández, joven abogado y cargo público de IU-EB en Alava.

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