AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 11 Octubre  2002
Aire irrespirable
Ramón Pi El Ideal Gallego 11 Octubre 2002

Nacionalismo y reivindicación
Francisco MARHUENDA La Razón 11 Octubre 2002

Cuando la imagen del espejo vasco no es nacionalista
Impresiones El Mundo 11 Octubre 2002

Hacer oídos sordos
Editorial La Razón 11 Octubre 2002

Confebask avisa y paga peaje
Lorenzo Contreras La Estrella 11 Octubre 2002

El aviso de Confebask
Aleix Vidal-Quadras La Razón  11 Octubre 2002

Ibarretxe no avanza y apoya al PP
Pablo Sebastián La Estrella 11 Octubre 2002

Los berzotas
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 11 Octubre 2002

Aznar equipara el desafío vasco con el «federalismo asimétrico» de Maragall
Redacción - Barcelona.- La Razón 11 Octubre 2002

Villar obligará a que se cumpla la Ley con los menores de la «kale borroka»
J. P. - Madrid.- La Razón 11 Octubre 2002

No queremos la independencia
Cartas al Director ABC 11 Octubre 2002

Migraciones y PaÍs Vasco
Fernando Martínez de Baños Carrillo  La Razón  11 Octubre 2002

El soberano derecho a vivir
MANUEL CHAVES GONZÁLEZ El Correo  11 Octubre 2002

Por la convivencia en Euskadi
FORO EL SALVADOR El Correo 11 Octubre 2002

El error de Cultura
Editorial ABC  11 Octubre 2002

Los errores de ABC
Nota del Editor  11 Octubre 2002

A Finlandia
ALFONSO USSÍA ABC 11 Octubre 2002



 


 

Aire irrespirable
Ramón Pi El Ideal Gallego 11 Octubre 2002

El acuerdo entre partidos políticos para la mejor protección de los candidatos no nacionalistas en las elecciones municipales vascas tal vez mejore algo las cosas, pero tengo para mí que el clima de inseguridad seguirá siendo la tónica de estos comicios, como viene ocurriendo desde que hay elecciones libres en el resto de España. La principal clave de esta situación es, evidentemente, la existencia de ETA.

Pero concurren otros factores, entre los cuales no me parece el menor el sistemático fomento del odio irracional y totalitario hacia todo lo español, que se manifiesta de las formas más diversas. Contaré tres ejemplos de la vida cotidiana:

Una madre vasca por los cuatro costados, enfadada por el modo sesgado y nacionalista de orientar las clases de historia en un colegio privado de Bilbao, fue a protestar a la dirección. A la salida comentó el caso con otra madre, a la que creía amiga suya. La respuesta de ésta fue: “Pues si no te gusta, coge a tus mestizos y márchate de aquí”. Sus “mestizos” eran sus hijos: ella está casada con un hombre de Zamora.

En una escuela de Vergara, la profesora de Literatura estaba explicando a Cervantes y “El Quijote”, cuando fue interrumpida por un alumno, de quince o dieciséis años: “Oye, tú, no te pases. Ya está bien de Cervantes. Ten cuidado”.

En el patio de una “ikastola” de Pamplona, un niño y una niña, de unos ocho años, están jugando. El niño se enfada por un lance del juego y espeta a la niña: “¡Puta española!”.

Nacionalismo y reivindicación
Francisco MARHUENDA La Razón 11 Octubre 2002

Los nacionalistas actúan como si fueran los únicos capaces de defender los intereses de Cataluña. Desde los años de la Transición hasta ahora, hemos asistido a una hábil apropiación de los los signos de identidad colectiva que les ha dado excelentes réditos electorales. La estrategia se ha sustentado en dos ejes: la permanente reivindicación de nuevas competencias y recursos y en la identificación de un adversario externo, el gobierno de Madrid. Cuando las cosas han ido bien, ha sido gracias a CiU, y cuando ha sucedido lo contrario, la responsabilidad ha correspondido al PP o al PSOE.

La percepción de una parte de la sociedad catalana ha sido que los nacionalistas eran mejores interlocutores ante el gobierno de Madrid porque siempre barren para casa. Esto explica que los socialistas ganen siempre las elecciones generales y municipales en Cataluña mientras que CiU lo haga en las autonómicas. Tras veintidós años de autogobierno y de escuchar este monótono discurso reivindicador, las aspiraciones nacionalistas se han situado en el terreno de lo imposible. Era algo previsible, conforme se ha ido consolidando el Estado de las Autonomías y se ha alcanzado un reparto del gasto público que nos sitúa entre los países compuestos más avanzados del mundo, tanto en esta materia como en el ámbito competencial.

Aznar ha podido comprobar, por enésima vez, el estado de reivindicación en que se ha situado el nacionalismo catalán y que hace difícil alcanzar un acuerdo para estabilizar el modelo. Al margen de la proximidad de unas autonómicas en las que CiU se juega su existencia, ya que una derrota comportaría una crisis interna que llevaría a la ruptura de la federación, la realidad es que ha entrado en una senda soberanista sin retorno. Es un error creer que en un horizonte de moderación, porque el listón se ha puesto muy alto.

El papel de Cataluña en España es clave. La situación sería muy compleja si CiU asumiera las posiciones del PNV, algo que hasta el momento no ha hecho. Una victoria de Maragall puede, incluso, radicalizar sus posiciones y podría ser un serio contratiempo para el PP en la política nacional, ya que Zapatero vendería esa victoria como la antesala de la Moncloa, sobre todo si las municipales y autonómicas le van mínimamente bien.

Cuando la imagen del espejo vasco no es nacionalista
Impresiones El Mundo 11 Octubre 2002

Seguramente cuando el presidente de Confebask aseguró tras reunirse con el lehendakari que la propuesta de «estatus de libre adhesión» abre una fractura en la sociedad vasca estaba hablando de su propia experiencia. Según publica hoy este periódico, Román Knörr se ha visto obligado a imponer su liderazgo ante la división interna de la patronal vasca sobre la iniciativa de Ibarretxe, ya que una parte del empresariado de Guipuzcoa -la provincia en la que el nacionalismo radical tiene una mayor implantación- no quería hacer una declaración tan contundente en contra de la propuesta.

Lo cierto es que el presidente de Confebask ha puesto el dedo en la llaga al decir que el proyecto soberanista de Ibarretxe conlleva la división de la sociedad y si el lehendakari fuera un gobernante responsable debería preocuparse por el hecho de que este debate haya congelado ya algunas inversiones en el País Vasco, según aseguró ayer Knörr. La oposición del empresariado a su iniciativa ha sido un duro golpe para la tesis, tan reiterada por los nacionalistas, de que la sociedad vasca está con ellos.

Por eso reaccionan de forma virulenta cuando el reflejo de esa sociedad no devuelve en el espejo la imagen que ellos proyectan.Es lo que ha sucedido con el reportaje de EL MUNDO TV emitido el pasado lunes por Telecinco. La consejera de Educación de Ibarretxe aseguró ayer que las conversaciones grabadas con directores y alumnos de ikastolas son un ataque al sistema educativo y un «insulto a todos los vascos». Incluso anunció una posible querella acusando a este medio de atacar la intimidad por utilizar la cámara oculta. Está en su derecho, pero ya existen sentencias en las que se considera legítima la utilización de cámaras ocultas porque en los casos de denuncias de interés público el derecho a la información prima sobre los demás derechos.

Hacer oídos sordos
Editorial La Razón 11 Octubre 2002

Cuando el Círculo de Empresarios Vascos expresó su libre opinión de que era más importante recuperar los derechos ciudadanos más elementales que abordar cualquier aventura soberanista, la vicelendakari del gobierno autónomo vasco, Idoia Zenarruzabeitia, les descalificó con un: «no son más que un club privado de ejecutivos de empresas». Ahora, cuando la patronal vasca, Confebask, se apunta a la misma línea y advierte que lo primero y primordial es acabar con la violencia de ETA, desde el PNV, que no acaba de digerir el elegante portazo de los empresarios, se afirma que «la formulaciones sobre el autogobierno de Euskadi corresponde a las fuerzas políticas».

Es cierto que el comunicado de la gran patronal vasca, que agrupa a la casi totalidad de los empresarios radicados en Euskadi, contiene esa afirmación sobre el papel que corresponde a los políticos, pero haría bien el PNV en no agarrarse a uno solo de los parrafos del largo preámbulo. Porque el comunicado es todo lo claro y directo que podía ser, si tenemos en cuenta el clima de amenazas presente en el País Vasco en el que más del 55 por ciento de los contratos públicos se otorgan a dedo.

Desde esa prespectiva, la respuesta empresarial no tiene muchas interpretaciones. Han dicho «no» a la aventura secesionista con la misma argumentación que sus compañeros del Círculo de Empresarios: Lo primero es que ETA desaparezca.

Confebask avisa y paga peaje
Lorenzo Contreras La Estrella 11 Octubre 2002

Los intereses han empezado a expresarse con la voz de la sinceridad. No hay interés, sobre todo cuando es económico-comercial, que no acabe planteando en términos realistas la situación que les afecta. Y ese planteamiento es el que acaba de asumir la Confederación empresarial Vasca (Confebask) cuando sus intereses han entrado en zona de peligro a través del proyecto del lehendakari Ibarretxe. Eso del Estado Libre Asociado a España, aparte de su práctica inviabilidad jurídico-constitucional, promete para el País Vasco una aventura sin salida pacífica. Y precisamente ese riesgo de que el proyecto, aparte de frustrarse, degenere en enfrentamientos sociales y civiles, es lo que ha provocado con antelación la alarma de la patronal vasca. Por consiguiente, la invitación al lehendakari no ha podido ser más diáfana o cargada de elocuencia. Los negocios son los negocios. Y con los negocios y sus consecuencias materiales no se juega. Confebask ha formulado la gran cuestión de esta manera, y todo lo demás es retórica: "Una situación así, en un momento económicamente delicado, y más si se prolonga en el tiempo, puede acabar afectando a las decisiones empresariales de inversión, ubicación y compra, y a los mercados de destino y consumo de nuestros productos".

Obsérvese la profundidad de la puntualización pragmática: mercados de destino y consumo de nuestros productos. De donde se infiere que una vez más la economía está en la base de las grandes determinaciones, como ya indicara Carlos Marx en referencia a variedad de asuntos.

En otras palabras: al proyecto soberanista del nacionalismo vasco le falla la economía. La expresión "nuestros productos" denota el sentido insobornable del interés amenazado, igual que la mención de "los mercados de destino". O sea, España entre otros mercados. Confebask no se muerde la lengua en el párrafo siguiente de su declaración, donde queda subrayada la exigencia que para una "economía interdependiente como la vasca", el tejido empresarial no se limita a proyectarse sólo en Euskadi, sino que encuentra "sus principales clientes en España", alternando con la Unión Europea o el resto del mundo.

Hay otras alusiones, pero para muestra ya hay bastante con lo arriba expresado. Los empresarios vascos se han limitado a poner en "cristiano" común lo que la opinión sensata estaba pensando, murmurando y rumiando, sin perjuicio de solicitar políticamente una especie de perdón o comprensión cuando dicen que "no nos estamos posicionando sobre cuáles han de ser los marcos, límites o formulaciones concretas del autogobierno de Euskadi". Y como el miedo, tanto respecto a ETA como al PNV, es libre, los empresarios vascos, los mismos que en alto número pagan el "impuesto revolucionario", pagan ahora también, con palabras, el tributo político que creen indispensable satisfacer en nombre del crecimiento, que a juicio de Confebask "exige también la materialización de las transferencias pendientes". Todo sea por la "estabilidad del marco institucional".

En resumidas cuentas, aviso empresarial y pago de peaje político. Aviso en el sentido de que la prioridad es acabar con ETA y lograr la "plena libertad para todas las personas y opciones", evitando así el riesgo de una "fractura irreversible en la ciudadanía". Pago de peaje político en el sentido de no discutir las reivindicaciones de las transferencias pendientes o que se dicen pendientes. Lo problemático es dilucidar ahora cuál pueda ser la lección que ETA quiera extraer de la actitud empresarial reticente con el soberanismo y el Estado Libre Asociado.

El aviso de Confebask
Aleix Vidal-Quadras La Razón  11 Octubre 2002

El lehendakari ha iniciado su ronda de contactos con la sociedad civil para pulsar las reacciones suscitadas por su propuesta soberanista. Dentro de esta serie de encuentros, no cabe duda que la opinión de los empresarios no es precisamente secundaria. Son ellos los que invierten, crean puestos de trabajo y lideran en buena medida a la ciudadanía. Se encuentran, por tanto, en una posición privilegiada para evaluar las consecuencias económicas de los cambios políticos. Por la cuenta que les trae, sus análisis están desprovistos de prejuicios ideológicos o de dogmatismos fanáticos. Nadie como ellos desea lo mejor para su país porque de la prosperidad general depende críticamente la suya, de la misma forma que de su dinamismo, competitividad y creatividad surge el bienestar del conjunto.

Pues bien, su veredicto no ha podido ser más claro: un planteamiento secesionista, incluso con el eufemismo absurdo de «Estado libre asociado», no traerá otra cosa que empobrecimiento, inestabilidad y enfrentamiento. Además, difícilmente será libre un estado nacido de la violencia asesina y de la exclusión de raíz étnica, y poca libertad podrá proporcionar a la mitad de su población que vive coaccionada por el terror.

La patronal vasca lo ha dicho con extraordinaria valentía y todos los españoles quedamos en deuda con ella por el riesgo que sus integrantes han asumido colectivamente al tomar una posición tan firme. Entre sus reflexiones, hay una que destaca por su irrebatible lucidez. El comunicado de Confebask tras la entrevista sostenida con Ibarreche señala que los vascos han alcanzado unos notables niveles de renta, de progreso y de capacitación profesional porque, pese a la barbarie etarra, la cohesión social, aunque herida, no se ha roto del todo. Ahora bien, añaden, en una situación de consulta popular sobre la autodeterminación que implique la ruptura del gran pacto civil de 1978, la sociedad vasca se partirá en dos fragmentos irreconciliables y hostiles entre sí, con consecuencias imprevisibles para la paz y el orden indispensables en un marco de desarrollo tranquilo de las iniciativas creadoras de riqueza.

Otra advertencia especialmente significativa de Confebask se refiere a la necesidad de que cualquier reforma institucional que se emprenda ha de respetar escrupulosamente la legalidad vigente y las previsiones constitucionales y estatutarias, lo que equivale a afirmar que el camino abierto por el PNV y EA no lleva a ninguna parte. Y, por último, su insistencia en que la condición previa a una eventual negociación sobre el contenido y el alcance del autogobierno es la desaparición del terrorismo de la escena pública vasca, establece sin ambigüedad la nítida jerarquización de sus prioridades en el plano ético. Resulta obvio que a Confebask no le atrae en absoluto un futuro de incertidumbre que los convierta en los parias de los empresarios europeos.

Ibarretxe no avanza y apoya al PP
Pablo Sebastián La Estrella 11 Octubre 2002

Lo ha dicho en Madrid con claridad Balza, el consejero de Interior del Gobierno vasco: "si el proyecto de Ibarretxe no consigue nuevos apoyos, habrá fracasado". Pues bien, hasta el día de hoy el último plan de Ibarretxe para convertir el País Vasco en un Estado o nación asociada al Estado español no sólo no alcanzó nuevos e importantes apoyos políticos y sociales, sino que ha merecido el explícito rechazo de los que han sido consultados (incluyendo a Batasuna), con la novedad de una crisis abierta en el interior de IU por este tema.

Está claro que la propuesta de Ibarretxe la pudo haber hecho el PNV desde la sede de su partido sin contaminar a un Gobierno de Vitoria que lo es y debe ser de todos los vascos, porque se sabía que una parte importante de los ciudadanos de Euskadi no estaba de acuerdo con la iniciativa. Posiblemente, y a pesar de este error, Ibarretxe buscaba otras cosas: dar respuesta a los ataques y desplantes que su Gobierno sufre por parte del Gobierno central, y abrir una vía de debate en pos de un acuerdo en torno a una revisión del actual marco estatutario. También buscaba el lehendakari el máximo protagonismo del PNV frente al electorado de Batasuna y EA.

Pero la respuesta de los partidos políticos y de los sectores sociales del País Vasco como los sindicatos y los empresarios han echado un jarro de agua fría a la iniciativa de Ibarretxe, que no tiene visos de progresar salvo que el Gobierno de Vitoria se empeñe en romper el marco legal del Estatuto y de la Constitución, una vía ante la que el Gobierno de Madrid y el poder judicial no dudarán en responder con la misma firmeza que lo han hecho frente a Batasuna, llegando incluso a suspender la vigencia del Estatuto. Lo que les daría al PP y a Aznar, además de una complicada situación política, una clara victoria electoral en las generales del 2004 y la oportunidad para que Aznar se presente de candidato y siga en el poder. Diríase que el PNV e Ibarretxe son hoy día los mejores aliados, incluso a su pesar, de Aznar y del PP en el campo político y electoral.

Además, si se llegara a la situación extrema, y nada descartable, de la suspensión del Estatuto, el PNV no sólo perdería el poder y la influencia política que tiene en todo Euskadi sino que, al final, le daría la razón en el ámbito nacionalista a quienes como Batasuna y ETA sostienen que el camino soberanista sólo es el de la violencia, quedando ellos en segundo plano. De ahí la gravedad, el riesgo e inutilidad de los desafíos que el Gobierno de Vitoria y el PNV lanzan continuamente a Madrid. Primero dijeron que conseguirían la independencia en dos o tres años, luego que organizarían un referéndum por su cuenta, después que asumirían competencias sin permiso de Madrid, más tarde que acatan el Estatuto y el marco constitucional, después llegó la propuesta de Ibarretxe y ahora Balza dice que aumentará el número de policías vascos con o sin el permiso del Gobierno central, a lo que el ministro Acebes ha dicho que no y que haga sus propuestas por la vía legal.

Desconocemos quién es el estratega final o el grupo de estrategas que anima todas y cada una de estas propuestas de Ibarretxe y del PNV, pero está claro que tienen más que ver con la opinión pública, la publicidad electoral y con dar pedales hacia no se sabe dónde que con la realidad de la vida política vasca y española en general.

Lo normal es que Ibarretxe hubiera sondeado a empresarios, sindicatos y partidos políticos antes de anunciar su propuesta de Estado asociado a España. Pero si no lo hizo es porque conocía de antemano la respuesta y porque lo que buscaba era notoriedad y dejar ahí ese modelo de progreso soberanista, por si acaso sirve para un tiempo lejano. Ibarretxe insistió en avanzar y todos le han dicho que no, y ahora ¿que hará? Montar un referéndum no es legal, y si se empeña en el desafío y ruptura del marco legal, se encontrará con Garzón o con cualquier otro juez o incluso con el Gobierno central y perderá el poder político que tiene porque se suspenderá el Estatuto, además de la influencia mediática, social y financiera en el País Vasco.

El poder que PP y PSOE quisieron conquistar en las elecciones del 2001 y que pueden, por las malas, alcanzar si se rompe el marco legal. Y aunque crezca la violencia y la tensión y se llegue a un estado de excepción a Aznar no le temblará la mano, sino que, para colmo, todo eso le daría una victoria electoral en el 2004 que al día de hoy tiene en entredicho. De la misma manera que una crisis de ese nivel le daría a ETA y a Batasuna en Euskadi un protagonismo mayor incluso que el del PNV porque dirían entonces que sólo la vía de la violencia es el camino soberanista.

Al final, el PNV sigue con la técnica de apretar el acelerador al entrar en las curvas en vez de hacerlo al salir de ellas como hacen los buenos pilotos de competición. Los nacionalistas aceleran sin ver lo que viene y sin haber tanteado previamente el camino que tienen que atravesar, y luego van y se encuentran con la respuesta negativa de partidos políticos y sindicalistas (salvo los de su campo nacionalista) y del conjunto de la patronal. La que bastante tiene hoy con la crisis económica como para añadir tensión política y social. Ibarretxe ha lanzado un guante, ya tiene la respuesta y debería reflexionar.

Los berzotas
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 11 Octubre 2002

Si la soberanía equivale a plantar berzas, metáfora utilizada hace algunos años por alguien ajeno al españolismo como es Arzalluz, no puede extrañar que los empresarios vascos, agrupados en Confebask, rehúsen sumarse a los berzotas. Lo señalaron los de la CEOE, pero fueron descalificados desde el Palacio gubernamental de Ajuria Enea por la 'e' de españolistas; lo volvieron a reiterar los del Círculo de Empresarios, pero fueron devaluados desde la sede nacionalista de Sabin Etxea como simple ejecutivos.

Ahora, es el empresariado vasco con vitola nacionalista, al que no cabe denunciar desde algún apriorismo sectario, el que demanda a Ibarretxe que deje de estar con la berza. Es todo un aviso para navegantes soberanistas por venir de donde viene. Anteponer la carreta política por delante de los bueyes económicos y de los arrieros sociales, advierten con razón, es un puro dislate pese a que saben que en Euskadi el sentido común es el menos común de los sentidos.

De todos los cortes de manga que está recibiendo el lehendakari en este penoso vía crucis social que está recorriendo, es, sin duda alguna, el más espectacular y elocuente. El análisis empresarial leído por Román Knörr se encuentra en la antípoda del recitado por Ibarretxe y las conclusiones económicas del primero desmienten por completo las ilusiones políticas del segundo. Sumado este descarte de Confebask al de la totalidad de los sindicatos, si se exceptúa la corriente de transmisión sindical del propio partido gubernamental, el horizonte no puede ser más negro. Más allá de sus propias narices, brazos o piernas, el Gobierno de Vitoria se encuentra en la más completa soledad y su tentativa desesperada de dar la vuelta social a los partidos políticos está terminando, como era previsible, en el más absoluto de los fracasos.

Nada más formulada, la controvertida propuesta de Ibarretxe sobre el estatus de libre asociación se revela como absolutamente incapaz de ni siquiera intentar articular la dialéctica de acumulación de fuerzas sobre la que aspiraba a caminar a lo largo del próximo año. Aquella suma social con la que logró derrotar a Mayor Oreja, en las últimas elecciones de la Virgen de Fátima, se está convirtiendo aceleradamente en una resta social antes de las próximas. No cabe perder más apoyos en menos tiempo, porque la multiplicación de los peces y panes electorales no puede ser un milagro anual.

Es toda una paradoja, nadie ayuda más al triunfo de la política de los populares en el País Vasco que el mismo Ibarretxe. Excelente vicelehendakari económico, se está revelando como un pésimo lehendakari político. Cuanto más avanza políticamente, más retrocede socialmente.Tanto, que Aznar, sentado a la puerta de la Moncloa, puede esperar a ver pasar el cadáver de su enemigo con limitarse, única y exclusivamente, a evitar que algunos de sus exaltados amigos reediten en las futuras urnas municipales los errores cometidos en las pasadas autonómicas. Al fin y al cabo, las berzas, condimento obligado de todo plato soberanista según ese Arzak político que es Arzalluz, no se cocinan en la gastronomía vasca. Donde, pese a no degustarse el cocido andaluz o la olla gitana, basadas en el berzal, existe una fuerte tentación berzota.

Aznar equipara el desafío vasco con el «federalismo asimétrico» de Maragall
Redacción - Barcelona.- La Razón 11 Octubre 2002

El presidente del Gobierno, José María Aznar, volvió ayer a arremeter contra el plan soberanista de Ibarreche que tachó de «moralmente inaceptable» y rechazó «desafíos rupturistas de raíz de terror y étnicos». El presidente del Gobierno consideró que tan «inverosímil» es el federalismo asimétrico que propugna el PSOE como la propuesta del «lendakari». Eso sí, se mostró partidario de colaborar con partidos nacionalistas como CiU «con el que se puede mantener una relación estable y una unión positiva».

Aznar hizo estas manifestaciones en Barcelona en un almuerzo organizado por el Foro de la Nueva Economía y The Wall Street Journal Europe, en el que se reunieron unos 600 representantes del sector empresarial catalán y al que no asistió representante alguno de la Generalitat ni de CiU.

En ese marco, el jefe del Ejecutivo se mostró inflexible a la hora de «aceptar desafíos rupturistas de raíz de terror y étnico» y reivindicó su «derecho como ciudadano» a decir que «no son necesarios cambios» ni en la Constitución ni en los Estatutos.

Inverosímil
Para el presidente, existe un «campo de juego anchísimo, en el que nos hemos movido hasta ahora con comodidad» y lamentó que «ahora, 25 años después, haya gente que dice que lo que se acordó entonces, y que ha tenido un éxito razonable, no vale». Para Aznar, tan «inverosímil» como el federalismo asimétrico que propugna el PSOE es plantear un «estado asociado» como el que propugna el «lendakari» Ibarreche.

Con quien no se enzarzó el presidente fue con los nacionalistas catalanes, a quienes les recordó su oferta de participar en el Gobierno central. «Un Gobierno con mayoría absoluta ofreció a CiU, por convicción, que participara en el Gobierno y se rechazó», dijo. Eso sí, les reprochó su negativa a participar del Pacto antiterrorista y aseguró «echar de menos a CiU» en este pacto.

Villar obligará a que se cumpla la Ley con los menores de la «kale borroka»
Así lo ha acordado la Audiencia Nacional en un expediente al Gobierno vasco
El Juzgado Central de Menores de la Audiencia Nacional ha acordado, ante la negativa del Gobierno vasco a ejecutar las medidas de rehabilitación impuestas a los menores de la «kale borroka», que sea la Delegación del Gobierno en el País Vasco quien controle la ejecución de sus resoluciones. El magistrado concluye así un expediente abierto al Ejecutivo vasco sobre el que el Fiscal General del Estado se pronunciará.
J. P. - Madrid.- La Razón 11 Octubre 2002

El Juzgado Central de Menores de la Audiencia Nacional ha decidido, ante la negativa del Ejecutivo de Juan José Ibarreche a ejecutar las medidas de rehabilitación impuestas a menores vinculados con la «kale borroka», que sea la Delegación del Gobierno en el País Vasco y las correspondientes subdelegaciones quienes ejecuten y controlen el cumplimiento de sus órdenes. El juez de menores concluye de este modo el conflicto creado por el Gobierno del PNV y que provocó la apertura de un expediente.

La decisión del magistrado, que se incluirá en todos los expedientes pendientes de ejecutar, se produce de acuerdo con el criterio del fiscal jefe de este tribunal, Eduardo Fungairiño. Según informaron fuentes jurídicas, el juez de menores justifica su resolución en la Disposición Adicional Cuarta, punto 2 apartado «d» de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor, que establece que la ejecución de las medidas impuestas en la sentencia «se llevará a cabo en los establecimientos y con el control del personal especializado que el Gobierno ponga a disposición de la Audiencia Nacional, en su caso, mediante convenio con las Comunidades Autónomas».

La Dirección de Bienestar Social del departamento vasco de Justicia, tal y como informó ayer LA RAZÓN, hizo oídos sordos hasta en siete ocasiones a los requerimientos del juez alegando que el Ejecutivo vasco no es competente para encargarse de las medidas de rehabilitación de los menores. El juzgado acordó para varios jóvenes que habían realizado pintadas amenazantes en las calles de San Sebastián que estuviesen más de cien horas en el servicio de limpieza municipal.

Para un menor acusado de quemar un autobús con sus pasajeros en el interior, a quien los psicólogos apreciaron «poca reacción al dolor ajeno», el juez ordenó que realizase trabajos de asistencia en un centro de niños con minusvalías psíquicas y físicas.

Aunque el expediente contra el Gobierno vasco ha concluído, el fiscal general del Estado, que fue informado de los hechos por Eduardo Fungairiño, valorará ahora si el departamento que dirige Joseba Azcárraga puede haber incurrido en un delito de desobediencia.

No queremos la independencia
Cartas al Director ABC 11 Octubre 2002

A los vascos no nos tienen que dar la independencia, entre otros motivos, por la sencilla razón de que la inmensa mayoría no la queremos.

Los actuales dirigentes nacionalistas, invocando el concepto de «territorialidad», sólo exigen la independencia de Euskal Herria si comprende a la totalidad de sus componentes: Euskadi, Navarra e Iparralde (los vascofranceses). Pero en las últimas elecciones de Euskadi, los partidos nacionalistas (PNV-EA más Batasuna) obtuvieron el 41 por ciento de los votos del censo. Y en Navarra sumaron el 13 por ciento.

Además, no todos los nacionalistas son independentistas. Veamos lo que dicen sendas encuestas encargadas recientemente por los gobiernos vasco y navarro. Euskadi: «3 de cada 10 vascos apuestan por la independencia». «Ese afán por la independencia es mayoritario entre los seguidores de Batasuna y lo comparte el 43 por ciento de los votantes de PNV y EA». Navarra: «Desean formar parte de un País Vasco-Navarro independiente el 9 por ciento» (datos oficiales). Vasco-franceses: no tenemos datos de ellos. Quizá no lleguen al 2 por ciento.

Con razón, pues, el presidente del Parlamento vasco, Atutxa, afirmaba el 16 de mayo pasado, en orden a una eventual consulta relativa a la independencia: «Habría una mayoría amplísima que diría que no».

Creo que es absolutamente necesario tener en cuenta este dato al considerar el problema vasco. Los vascos no queremos la independencia.  Ángel María Iraburu Larreta.  Pamplona.

Migraciones y PaÍs Vasco
Fernando Martínez de Baños Carrillo es doctor en Historia La Razón  11 Octubre 2002

Es un hecho muy conocido que el fenómeno de las migraciones está presente en España desde hace algunos años. La población extranjera en nuestro país aumenta de día en día, cosa ésta que favorece a la mayoría de los aquí censados, aunque a una minoría le repela. A estos últimos les diría que diesen un repaso a la historia de España, por centrarnos en nuestra Nación española, y que saquen conclusiones. Si echamos la vista atrás vemos que desde el principio de los tiempos, las gentes que habitan nuestro suelo o bien tienen ellos mismos sus raíces en otras latitudes, o la tienen sus antepasados.

Mil años antes de la llegada de Cristo hubo una oleada de pueblos procedentes del continente europeo. Un poco más adelante son los fenicios, los griegos y los cartagineses los que llegan, aunque esta vez desde el Mediterráneo Oriental. Un poco más tarde es el pueblo de Roma el que se asienta en nuestro suelo. Luego llegan más pueblos de Europa, los pueblos germánicos, incluyendo en ellos a la monarquía visigoda. Hacia el 711, ya de nuestra era, son los pueblos árabes los que irrumpen y permanecen hasta cerca de ochocientos años según dicen. No miramos más.

Es absurdo negar que los países y las naciones se forman y conforman año a año. Siglo a siglo. Era a era. Y no es menos cierto que cada pueblo ha traído su idiosincrasia y su forma de ser, y las gentes que habitan sobre el terreno, las aceptan, se mezclan y conforman un nuevo estilo de vida. Toda relación e intercambio da como fruto el desarrollo y el progreso de cada sociedad.

Pero de toda nuestra historia hubo unas tribus, unos pueblos localizados en el norte peninsular, los llamados vascones, que se opusieron paulatinamente y tenazmente a todo contacto con el resto de las gentes que llegaban. Y mientras los demás progresaban ellos se quedaban cada vez más y más atrás. Con la llegada de Roma se produjo el fenómeno de la romanización. Fue un impulso de todo orden en la vida de los pueblos hispanos, excepto en la zona antes mencionada. Ellos apenas experimentaban intercambio y cada vez se encerraban más en sus ideas llegando a la obcecación. Esa obcecación les lleva durante muchos cientos de años a guerrear.

Por lo visto quieren mantenerse en sus orígenes; y mientras los demás pueblos abren sus fronteras y entran en un espacio común, ellos se obcecan en encerrarse en sí mismos. Y se mantienen en sus posturas incluso después de que muchas de las personas que han ido allí a vivir y a trabajar se han contagiado de esa intolerancia y de esa obcecación en tener esas raíces ancladas en el tiempo.

Y bajo esa excusa algunos de los miembros de esas tribus sigue guerreando y matando, pero ya con métodos de terror y barbarie. Y no sólo los que asesinan y matan, sino que incluso ahora también los dirigentes de esas tribus se empeñan en seguir como hace más de dos mil años. Siguen sin quererse mezclar, intercambiar y vivir en armonía. Quieren seguir siendo tan primitivos como antaño e incluso tan independientes, y no se dan cuenta de que el mundo ya no va por esos derroteros. Ya no va por ahí. Va por el camino de la tolerancia, del intercambio y de la aceptación de normas, gentes, religiones, usos y costumbres y de la apertura de fronteras. Así ha sido durante toda la vida y así será.

Los pueblos que han negado esta evidencia escogen deliberadamente el camino de la destrucción. Ejemplos muy actuales así nos lo demuestran, por lo que entre todos debemos intentar evitar que escojan ese camino, exigir que los que matan dejen de hacerlo y exigir que sus dirigentes hagan lo imposible porque aquellos dejen de matar. Luego, con la palabra, todo se puede solucionar.

El soberano derecho a vivir
MANUEL CHAVES GONZÁLEZ /PRESIDENTE DE LA JUNTA DE ANDALUCÍA El Correo  11 Octubre 2002

Hay quien señala que, al margen de otras circunstancias, la gran diferencia entre el nacionalismo vasco y el catalán es que al primero le da exactamente igual lo que de él se opine en el conjunto de España. Yo no lo creo así, entre otras cosas porque ninguna actitud o propuesta, por disparatada que resulte, puede borrar de un plumazo el largo trayecto recorrido por el nacionalismo vasco junto al resto de movimientos democráticos españoles desde los albores del siglo XX.

Con ello no voy a restar trascendencia al envite lanzado por el PNV a través del lehendakari Ibarretxe. El órdago al Estado y a los ciudadanos no nacionalistas del País Vasco supone el mayor intento de desestabilización de la estructura del Estado y de su unidad política desde el comienzo de la transición democrática. Mal habremos hecho algunas cosas en los últimos años para que hayamos desembocado en esta situación y ello debería ser motivo de reflexión para todos, especialmente para el Gobierno de la nación. Bastará recordar que en 1996 el PNV era socio del PP en el Parlamento del Estado.

Un Estado que -nadie debe olvidarlo, y menos que nadie el lehendakari de todos los vascos- ha posibilitado que Euskadi cuente con uno de los mayores niveles de autogobierno de toda Europa. Y en esta cuestión del autogobierno -como en el resto de perspectivas desde las que se aborde la realidad vasca-, Euskadi, el País Vasco, Euskal Herria, como se la quiera llamar, es absolutamente inimaginable sin tener en cuenta su historia común con el resto de los pueblos de España.

Difícilmente la propuesta del lehendakari puede ser compartida ni encontrar eco o apoyo en el resto de los españoles, e incluso entre buena parte de la población vasca. Esto supone un cambio con respecto a lo ocurrido desde el restablecimiento de las libertades y de la democracia, hace 25 años. Porque el lehendakari no puede olvidar que lo es no sólo por la voluntad de los nacionalistas vascos, ni por la lucha de estos por el autogobierno, sino por el apoyo que la inmensa mayoría de los españoles dieron a la autonomía vasca, en una demostración de generosidad y comprensión que, como recientemente recordaba Gregorio Peces Barba, no siempre ha encontrado el suficiente reconocimiento por parte del nacionalismo vasco.

El lehendakari lo es porque el Estatuto de Gernika selló un triple pacto: entre vascos; entre los distintos territorios vascos de Euskadi; y entre el País Vasco y el resto de España. Todos estos acuerdos los tira por la borda la propuesta de libre asociación lanzada por el PNV; propuesta que es políticamente inaceptable en la medida que olvida que la legitimidad del lehendakari y del Gobierno vasco emanan del Estatuto y de la Constitución.

Lo que realmente encierra la propuesta soberanista es debilitar las instituciones comunes, el modelo de convivencia entre quienes se sienten básica o exclusivamente vascos y quienes se niegan a optar entre su condición de vascos y su condición de españoles por no considerar incompatibles ambas identidades. Tiene que saberlo el lehendakari y así hay que decírselo: no es razonable entrar a discutir esa propuesta. Ni por su contenido, ni por sus condiciones.

Pero no es sólo inasumible en un sentido político, sino que también lo es, aunque duela decirlo, desde un punto de vista ético y del más elemental sentido de la justicia. Cada vez que en los últimos años los españoles han salido a las calles para denunciar la barbarie terrorista, lo han hecho al grito unánime de 'ETA no, vascos sí'. No existe en España una animadversión hacia lo vasco y ello pese a que quienes se proclaman, falsamente, más vascos que nadie, lo hacen a sangre y fuego, sembrando de dolor y muerte todo lo que huela a español.

Por eso sorprende el unilateralismo de la propuesta del lehendakari Ibarretxe, que deja fuera a la mitad de la población vasca y persigue un objetivo claramente electoralista porque pretende captar los votos de Batasuna a través de un programa de ruptura de las reglas de juego democráticas. Cuando se habla de soberanía, hay que aclarar que los vascos, andaluces, catalanes o gallegos somos soberanos en la medida que somos españoles. La soberanía reside en el pueblo español en su conjunto y se refleja en el Parlamento. Éste es un principio que fue aceptado por la mayoría de los españoles cuando se aprobó la Constitución y por la mayoría de los vascos al ratificar el Estatuto de Gernika.

Además, no es solamente inaceptable porque se trate de una propuesta segregadora, sino que también lo es por el momento en el que el lehendakari la formula, cuando una banda criminal, en retroceso pero aún con capacidad de hacer mucho daño, tiene amenazados a los miembros de partidos democráticos que representan en las instituciones a una buena parte del pueblo vasco, y son víctimas de atentados. Una organización criminal que incluso acaba de extender su amenaza de muerte a quienes cometan el pecado de acudir, o incluso simplemente de pasar por las inmediaciones de una sede, a un acto público de los partidos constitucionalistas.

El lehendakari no puede escudarse en que hace 25 años, cuando se aprobó el Estatuto, también se producían asesinatos. Es cierto, pero precisamente ha sido todo este proceso el que ha demostrado que ETA rechaza el autogobierno vasco porque únicamente apuesta por la imposición totalitaria de su voluntad.

Naturalmente que es posible hablar de la reforma del Estatuto. Todo es discutible siempre que se respeten las reglas de juego democrático. Pero ahora no es el momento: el clima que genera la actividad terrorista no es el adecuado para llegar a un entendimiento sobre un nuevo marco que, además, se presenta como excluyente de la mitad de la población vasca.

No se trata, como burdamente plantea el lehendakari, de pedir o no permiso a ETA para hablar de política. Se trata de que el PNV pretende actuar como si ETA no existiera. Pero, desgraciadamente, ETA existe y hace de la muerte y la extorsión su razón de ser. Y su existencia, le guste o no a los nacionalistas vascos, condiciona cualquier debate. Guste o no, el discurso del PNV representa un balón que oxigena las posiciones de ETA. Y le guste o no al PNV, su deriva soberanista está haciendo posible que lo que ETA y su entorno pierden por la vía policial y judicial, lo ganen por la vía política.

Ello es así porque el lehendakari sitúa en primer plano la cuestión de la soberanía cuando lo que cotidianamente está en juego es el más elemental y soberano derecho a que cada cual se exprese sin que por ello sea amenazado de muerte. Lo que está en juego es el soberano derecho a vivir. Ese derecho a la vida y a la libertad están por delante de un supuesto derecho a la soberanía compartida. Muy por delante: el lehendakari prioriza mezquinamente cuando en su discurso político dedica cinco minutos al problema de la violencia y 50 a su proyecto soberanista.

Porque no basta con decir que un hipotético referéndum habría de efectuarse «en ausencia de violencia». El fin definitivo de la violencia, su cese incondicional y para siempre es una exigencia previa, inexcusable, para la convivencia. Acabar con el terrorismo, neutralizar para siempre a quienes vulneran los derechos más elementales, ha de ser el objetivo primero del lehendakari, de todo gobernante, de todo demócrata, de todo hombre de bien.

Garantizar la seguridad y la libertad de los ciudadanos debe ser el compromiso más elemental. Para cualquier discusión o negociación, este requisito es imprescindible. Ello exige hacer política con mayúsculas y, aunque la triste realidad parezca desgastar estas palabras, hay que insistir y buscar un compromiso por las libertades en el País Vasco, a través de la unidad de todos los demócratas. En primer lugar, de los dos grandes partidos españoles, que deben pensar en términos históricos y desterrar cualquier tentación de obtener réditos electorales, abandonando además toda posición histriónica y de nacionalismo trasnochado.

Luego, cuando la paz se consolide y la dignidad de todos sea respetada, habrá tiempo y ocasión de hablar del futuro, libre y resplandeciente, que Euskadi y los vascos, todos los vascos, se merecen.

Por la convivencia en Euskadi
FORO EL SALVADOR / El Correo 11 Octubre 2002

El acoso antidemocrático sufrido por nuestro presidente y la necesidad de salvaguardar su seguridad han logrado retrasar la publicación de este comunicado. Dicho retraso tiene un aspecto positivo: cesada la polémica creada por el documento 'Preparar la paz' de los obispos de las diócesis vascas y el ruido que podía desviar la atención de los verdaderos conceptos y valores en juego, podemos pronunciarnos hoy sobre él tras someterlo a una reflexión contrastada por los días y los hechos. Asimismo, queremos que esta reflexión se entienda como una aportación al texto anunciado por la Conferencia Episcopal Española para cerrar las heridas abiertas por la pastoral del 29 de mayo.

1. Con el dictamen de autogobierno aprobado el 12 de julio en el Parlamento vasco que descalifica al Estatuto de Autonomía, los nacionalistas han lanzado su mayor reto a la democracia de la cual emana la legitimidad de esa Cámara ahora cuestionada por dicho dictamen. Para ese reto el nacionalismo movilizó a todos los sectores sociales sobre los que ejerce su control como hizo en Lizarra: sindicatos, medios de comunicación, sectores eclesiásticos... A la luz de estos hechos, la Pastoral cobra un significado más grave que el que se le suponía, pues avala ese órdago a la legitimidad constitucional en el punto que reclama una nueva «fórmula de convivencia» y que pasó desapercibido por la actualidad que tenía su rechazo a la Ley de Partidos.

2. La Iglesia no debe ser una pieza en el engranaje del programa soberanista y excluyente del nacionalismo ni tampoco un factor dramatizador y desestabilizador de la vida política. La Pastoral ahondaba en la división de la comunidad vasca y abría una brecha entre ésta y el resto de la sociedad española. Contra lo que afirmaba, el problema en Euskadi no está en la «fórmula de convivencia» sino en quienes no respetan dicha fórmula que ya nos dimos con la Constitución y el Estatuto.

3. No basta con que la Iglesia condene los crímenes de ETA. Es preciso ir a su raíz para que la condena sea eficaz, condenar la ideología antidemocrática y anticristiana que los inspira, así como a las personas y grupos que promueven o disfrazan esos crímenes y comparten esa ideología. Todas las ideas y proyectos no merecen el respeto de la ley. El siglo que dejamos atrás quedó desgarrado por ideas y proyectos indignos de respeto como por hombres que debían ser juzgados y condenados. Las ideas de Hitler y Stalin llevaron la desgracia a millones de seres. El origen de tales tragedias está en anteponer a la frágil vida del ser humano y a sus derechos individuales abstracciones como la nación, el pueblo, la clase social, la tierra o la etnia.

4. Basada necesariamente en una de esas deshumanizadas abstracciones, la autodeterminación no es un derecho humano, como se ha pretendido no pocas veces desde medios eclesiásticos. No lo es porque no tiene al ser humano individual como único sujeto de derecho. Es una recomendación de la ONU muy posterior a la Carta Universal y ceñida a casos de invasión y colonialismo entre los que no se incluye el vasco, donde no hay una nación ni un Estado preexistentes y abolidos por la fuerza.

5. La Ley de Partidos no debe valorarse -como se hizo en esa Pastoral- en función de «algunas consecuencias sombrías» que preveía «como sólidamente probables y que, sean cuales fueren las relaciones existentes entre Batasuna y ETA, deberían ser evitadas». Tal valoración va contra el derecho, la civilización, la cordura y los principios éticos más elementales. La misión de la Iglesia no es eximir a Caín de la justicia humana sino recordarle que su crimen reclama el juicio del Dios que dijo: «La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra».

6. El acercamiento de los presos de ETA al País Vasco no es un derecho humano. Ni algo aconsejable, como supone la Pastoral, sino cuestionable según las más contrastadas fuentes internacionales del Derecho. La ley deja tal cuestión a criterio de la entidad judicial penitenciaria y según convenga a la reinserción del preso. Acercar a un asesino convicto a una familia que le anima a reafirmarse en el delito no es una opción acorde con la justicia ni con el Evangelio. Y los presos tienen derecho a la dispersión que los aleje de un entorno favorable al crimen, así como las víctimas a que se cumplan las leyes. La misión de la Iglesia es llevar la ley del amor a los que quebrantaron la ley humana y el Quinto Mandamiento, que prohíbe matar. Es despertar el arrepentimiento en ellos y en esas madres que pasean orgullosas sus fotos por las calles como si fuera héroes.

7. Denunciamos el chantaje y la burla sangrantes que contenía la alusión del texto a «los más débiles, los amenazados» fingiendo temer que con la Ley de Partidos su «seguridad se vuelva, lamentablemente, más precaria». Pedimos para los damnificados por el terrorismo un amor que no excluya el respeto. A ellos volvemos los ojos compartiendo su dolor, pues esa pastoral no sólo abrió una brecha en la ciudadanía creyente, sino que reabrió la herida de las víctimas y del Cristo que dijo: «Cuanto hagáis a uno de mis pequeños, a mí me lo hacéis». El del Estado de Derecho es nuestro irreemplazable «marco de convivencia» al cual debe dar un mayor sentido, y no borrar el que ya tiene, la vivencia de la fe.

El error de Cultura
Editorial ABC  11 Octubre 2002

DESDE ABC (9/10/2000) se saludó la concesión del Premio Nacional de Narrativa a Unai Elorriaga, autor de la novela en euskera «SP rako tranbia» («Un tranvía en SP»). Entendíamos -y seguimos haciéndolo- que el euskera, como el gallego o el catalán, son idiomas españoles, cooficiales con el castellano en sus Comunidades, y que constituyen un patrimonio común que debe cuidarse e incrementarse. Fue el Premio Nacional de Literarura el que consagró en su momento a Bernardo Atxaga con su obra en euskera «Obabakoak», un relato magnífico y sugerente. Pensamos que Elorriaga podía ser también un nombre más del elenco de escritores euskaldunes catapultados por un premio nacional. Sin embargo, el premiado se ha precipitado a desmentir con sus palabras y actitudes el comportamiento mínimo exigible a un intelectual. Tras recibir sobriamente la noticia de su galardón se ha despachado con unas declaraciones hirientes según las cuales no lo considera «como premio español, sino premio literario, que igual recogería en Finlandia». Por lo demás, Unai Elorriaga, de manera innecesaria, se ha pronunciado sobre la «simpatía» que profesa al editor de su novela -Elkar-, sociedad que publica libros de texto y que en algunos medios se considera en la órbita de Batasuna.

Si la novela de Elorriaga merecía o no el Premio es cuestión que correspondía al jurado presidido por el director general del Libro y bajo la vicepresidencia del subdirector general. Sin embargo, es muy claro que el propio jurado y, sobre todo, la sociedad española exigen un respeto que Unai Elorriaga no ha mostrado. La dotación del premio sale de los Presupuestos Generales y lo convoca el Ministerio de Cultura. Corresponde a este Departamento velar para que las condiciones de la distinción se produzcan con transparencia y ecuanimidad. Y ambas condiciones no se dan cuando sólo se proporcionan al jurado dos capítulos traducidos por el autor y el resto de la obra (que algunos miembros del jurado niegan a ABC que se haya entregado completa) sea una traducción no autorizada por el propio novelista. Tampoco parece razonable ni justo que tanto el presidente del jurado como el vicepresidente hayan recibido la orden de no votar para evitar suspicacias, como si el juicio de ambos no tuviese la misma legitimidad que la del resto. Una información insuficiente y un jurado mediatizado al que se le sustraen por consideraciones políticas dos votos constituyen un error del Ministerio que lo sería en todo caso, pero que destaca de manera especial cuando el lógico agradecimiento del premiado se transforma en un gratuito desprecio a quien lo financia y entrega. En estas circunstancias, Cultura debería plantearse la necesidad de aclaraciones y la adopción de las medidas que garanticen que estos errores no vuelvan a producirse.

Los errores de ABC
Nota del Editor  11 Octubre 2002

Primero, en qué quedamos inglés o english, vasco o euskera.

Segundo, si el vasco, el gallego, y el catalán son idiomas españoles, también lo son el bable, el silbo gomero, y todas las formas de expresarse de cada habitante de España, pues no resulta nada difícil dotarlas de los atributos que según algunos son necesarios para incluir cualquier forma de comunicación al selectivo conjunto de idiomas.

Tercero: vaya patraña, afirmar que vasco, el gallego, y el catalán cooficiales con el castellano en sus Comunidades, vayan a alguna de ellas a ver si es verdad que el castellano es cooficial:  el castellano es lengua impropia. En Galicia, el nacionalista  Fraga impone el gallego y hace desaparecer el español con más ahínco que los oficialmente nacionalistas del bloque. En el resto de las comunidades con lengua "propia", ocurre lo mismo.

A Finlandia
Por ALFONSO USSÍA ABC 11 Octubre 2002

EL Ministerio de Educación y Cultura no acierta últimamente cuando elige a los miembros de los jurados de los Premios Nacionales de Literatura. El pasado año se concedió el de Poesía a un etarra que había presentado sólo el original en vascuence. Los miembros del jurado, grandes conocedores del idioma de Astarloa y Larramendi, lo premiaron con entusiasmo. No sabían ni el significado en «euskera» de «agur», pero les pareció muy moderno, muy progresista y muy sublime galardonar al terrorista poeta, más lo primero que lo segundo de acuerdo con los versos que posteriormente fueron publicados. En esta ocasión, otro jurado ha concedido el Nacional de Narrativa a un joven escritor vasco, Unai Elorriaga, por su novela -de impactante título-, «SP rako tranbia» («Un tranvía en SP»). Por las noticias aparecidas tras el memorable fallo, se deduce que el Premio Nacional de Narrativa se lo han dado por el título. A partir de ahora no hay que escribir una novela para acceder a tan importante galardón. Basta y sobra con acertar en el título y esperar que los jurados nombrados por Pilar del Castillo, Fernando Lanzas y Luis González sigan jugando al retroprogresismo estúpido. Y a la injusticia sonora.

La escritora y miembro del jurado Josefina Aldecoa se manifestaba entusiasmada tras la lectura de la novela, traducida -según ella- al español por el propio autor en un castellano perfecto. Resulta chocante esa afirmación cuando el propio autor ha reconocido que sólo tradujo dos capítulos. O la viuda de Ignacio Aldecoa domina con soltura los siete dialectos vascos o el «euskera» de hoy, el «batúa», en cuyo caso su voto no entraría en el espacio de la duda, o ha votado con clamorosa injusticia a una novela de la que sólo ha leído dos capítulos. Muy probablemente en un «castellano perfecto», pero dos capítulos.

Un jurado que concede el Premio Nacional de Narrativa por dos capítulos es, como poco, un jurado muy particular, y es de esperar la urgente interpretación de algunos de sus miembros, admirados y queridos, que con su silencio están colaborando con una tropelía. Esos jurados, cuando entran en la sospecha, dejan de ser secretos y hay que contar hasta el último detalle el proceso de la chapuza. Si el autor dice que sólo ha traducido dos capítulos de su novela, habrá que creer al autor y no a Josefina Aldecoa, digo yo.

Las declaraciones posteriores del escritor premiado, por lamentables y estúpidas que sean, no tienen que ver con el desarrollo de la votación. A mí, que manifieste el ganador del Premio Nacional de Narrativa que no es un premio español sino literario y que le daría lo mismo recogerlo en Finlandia, me puede parecer una falta de cortesía o una gilipollez, pero no me conmueve. Los casi veinte mil euros que se lleva son parte del dinero público español, tan mal administrado por ese extraño Ministerio, pero tampoco es cosa de alarmarse.

Que diga el autor premiado que no le importa que su editor pertenezca al brazo político de la ETA porque le cae muy simpático, pues tampoco me sorprende. Será de ellos con toda probabilidad, y hace muy bien en reírse de los tontos de un Ministerio de Cultura que premian sus simpatías. Pero nada de eso es importante, porque al final -de no traducirse en su totalidad- van a leer a Elorriaga los mismos que lo han hecho hasta ahora, es decir, muy pocos. Y nada se agrieta en el mundo de la palabra y el pensamiento. Se agrieta, eso sí, con la injusticia, con el desprecio a los autores que han sido eliminados -Caballero Bonald, Cercas, Gopegui, Longares, Perucho, Gómez Rufo y otros-, por un jurado que ha premiado una novela por dos capítulos. Eso sí es una desvergüenza que demanda una explicación inmediata. Y si no, a Finlandia.

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