AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 14 Octubre  2002
El plumero del PNV
Editorial La Razón 14 Octubre 2002

Cinco falsedades y una verdad
FERNANDO SAVATER El País 14 Octubre 2002

LA CONVIVENCIA QUE PROPONE IBARRETXE
Editorial ABC 14 Octubre 2002

Los Curas De ETA
Editorial El Mundo 14 Octubre 2002

El plumero del PNV
Editorial La Razón 14 Octubre 2002

Independencia y sus sinónimos
Ernesto Ladrón de Guevara  La Razón 14 Octubre 2002

La realidad como inconveniente
JUSTINO SINOVA El Mundo 14 Octubre 2002

Nacionalistas contra empresarios
Lorenzo Contreras La Estrella 14 Octubre 2002

Memorias de África
IÑAKI EZKERRA/ El Correo 14 Octubre 2002

Tarjeta roja a Ibarretxe
AITOR GUENAGA | Bilbao El País 14 Octubre 2002

Toma de posiciones
PABLO MOSQUERA La Voz 14 Octubre 2002

UA acusa a Ibarreche de «comprar» a los empresarios
Redacción - Madrid.- La Razón 14 Octubre 2002

PP y PSE denuncian la campaña del Gobierno vasco contra los empresarios
M. ALONSO BILBAO. ABC 14 Octubre 2002

Unai y los extraterrestres
Iñaki EZKERRA La Razón 14 Octubre 2002

Agur Euskadi (I): El lehendakari muestra las cartas
RAFAEL JIMÉNEZ ASENSIO  El Correo  14 Octubre 2002

Cinco falsedades y una verdad
FERNANDO SAVATER El País 14 Octubre 2002

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

A estas alturas del curso, ya tengo sobradamente aprendido que es tarea inútil responder a las reiteradas falsedades que vuelven a afirmarse impertérritas sobre la situación en el País Vasco. Argumentes lo que argumentes, rebotan de nuevo como si nada hubiera sido dicho, tras un cortés 'sí, pero...' de puro trámite. Es un eterno retorno de lo memo que hubiera desesperado a Nietzsche, a su hermana y a toda su parentela. Yo quiero ser más difícil de exasperar. Estoy angustiosamente convencido de que esa pertinacia en el fraude objetivo responde a la decisión de no ver para no padecer, no a ninguna siniestra complicidad con el terrorismo o con los proyectos totalitarios que medran a su sombra. De modo que vuelvo a insistir, contra viento y marea, contra el viento que nos marea. Pasaré revista breve a cinco de las más fatigadas falsedades, recordando los argumentos que las invalidan, y acabaré insistiendo sobre una verdad que no ha merecido suficiente atención. Como esta última la ha dicho Ibarretxe, espero ganarme cierto aprecio terminal por quienes valoran ante todo la equidistancia.

Primera falsedad: la ilegalización de Batasuna atenta contra la democracia porque deja a gran parte del electorado vasco sin representación parlamentaria. La más reciente expresión que conozco de esta mentira se la he leído nada menos que a Rigoberta Menchú, al hablar en una entrevista concedida al diario mexicano La Jornada de 'una medida que pretende dejar sin expresión política a una parte significativa de la sociedad vasca, sobre la que sus autores no están dispuestos a consentir discusión alguna'. Respecto a esta última parte, la falta de discusión, no hace falta insistir porque cualquiera sabe lo mucho que se ha escrito y hablado en nuestro país acerca del tema. Pero el asunto importante consiste en establecer cuál es el contenido 'político' de Batasuna. Si estriba en la defensa de la independencia de una nación vasca -sujeto político que incluye parte de los Estados español y francés- por vías pacíficas, quienes sostengan tal postura política no carecen de representación alternativa más o menos radical, desde el PNV o EA hasta Aralar. De hecho, hoy existe en Euskadi mayor variedad de oferta política de signo independentista que defensora del mantenimiento de los Estados constitucionalmente vigentes. Pero si la 'idea' que defiende Batasuna es apoyar, legitimar, financiar o encubrir el terrorismo, eso no tiene sitio en el juego democrático, sean cuantos fueren los que simpaticen con ella. En tal caso -y está probado que así es-, se trata de un falso partido político, semejante a los que con la coartada de 'defender la legalidad' asesinan o intimidan a los disidentes que critican los abusos del poder en países como Guatemala, situación que Rigoberta Menchú conoce bien. En democracia, el apoyo al crimen no es materia opinable. Muchos vascos tienen que vivir fuera de su tierra para no ser asesinados, como le ocurre a la señora Menchú: y no son más culpables de 'dividir' a su país de lo que ella lo es de dividir al suyo.

Segunda falsedad: los males del País Vasco vienen del enfrentamiento de dos nacionalismos contrapuestos. No es cierta tal simetría, porque los supuestos nacionalistas españoles no piden la derogación de la Constitución que ampara el pluralismo, ni consideran el euskera o la ikurriña como invasores que deben ser erradicados. No comparto el entusiasmo laudatorio por las banderas de tamaño 'X-large', por constitucionalmente respetables que sean, pero me resulta mucho más agobiante la manipulación excluyente de la bandera autonómica por parte de quienes amenazan diariamente las libertades públicas. Y a quienes se escandalicen por la alusión de Fraga al uso de la fuerza militar como garante de la unidad de España debo recordarles que desde hace más de un cuarto de siglo padecemos una violencia militar en Euskadi que pretende garantizar su 'liberación nacional': y no se trata de una hipótesis retórica, sino de una realidad cotidiana. Sin duda no puede excluirse que antes o después el nacionalismo vasco radical propicie un nacionalismo español simétrico, pero opuesto. Por eso mismo nos oponemos al primero, que es el que hay: para no darle ocasión de que acabe creando escuela.

Tercera falsedad: la involución autonómica del Gobierno de Aznar provoca la ruptura del pacto constitucional por parte del Gobierno de Ibarretxe. Pero ¿dónde está tal 'involución'? Para el nacionalismo insaciable, es involucionista toda resistencia al crecimiento abusivo y disgregador de su hegemonía. Según ellos, cualquier refuerzo institucional de la existencia de funciones que competan al Estado es poco menos que fascismo. Es 'involucionista' no cumplir de inmediato las transferencias autonómicas al modo en que las ven los nacionalistas, pero también pedirles cuentas de lo que han hecho con las que ya disfrutan desde hace tantos años. La verdadera 'involución' antiestatutaria y anticonstitucional es el Pacto de Lizarra, la nueva propuesta de Ibarretxe y el amparo cultural y social a los violentos, cuyas fechorías se dice una y otra vez deplorar. Por mucho que se magnifiquen ciertas indudables torpezas gubernamentales no puede obviarse esta feroz realidad.

Cuarta falsedad: ETA no debe dictar la agenda política de la democracia. Lo falso aquí es que esta aseveración la hacen precisamente quienes proponen una agenda que complazca a ETA al menos en parte, con la esperanza de que esa concesión le haga mitigar su violencia. ¿O es que acaso el último plan de Ibarretxe no ampara su verosimilitud en la existencia de un terrorismo, cuya amenaza inclina a los desesperados en peligro a aceptar cualquier absurdo con tal de ganar cuotas de seguridad? Hoy la autodeterminación no es un proyecto político entre otros, sino una urgencia que se impone incluso a quienes se sienten menos motivados por su demanda frentista, para intentar poner fin a la guerra civil larvada que ETA lleva a cabo contra quienes se le oponen. Si queremos de verdad impedir que ETA marque nuestra agenda, lo primero que debe hacerse es no dar acogida social y verosimilitud institucional a lo que ETA pretende imponer por la fuerza.

Quinta falsedad: Los partidos que se oponen a la propuesta de Ibarretxe no tienen un plan alternativo para el País Vasco. La más falsa de todas y, por tanto, la más repetida. Lo que los constitucionalistas proponen es un frente común contra el terrorismo, sus legitimaciones y sus objetivos impuestos. Un aplazamiento de cualquier objetivo político que altere la norma constitucional hasta que se haya erradicado la violencia y todas las propuestas políticas hayan recuperado su viabilidad pacífica. Una puesta entre paréntesis de los partidismos hasta que la sociedad haya reconstruido su normalidad democrática y puedan escucharse sus verdaderas demandas con ecuanimidad y sin coacciones. Un discurso institucional que no deje lugar a dudas a los violentos sobre el fracaso de unos fines contaminados irrevocablemente por los medios utilizados para propugnarlos. No considerar esta 'alternativa' como tal es ponerse a sabiendas o sin saberlo del lado de los mafiosos asesinos: resume bien esta postura el dictamen del obispo Setién cuando dijo que 'ETA no puede irse con las manos vacías'.

Y por último, después de las falsedades, una posible verdad. La dijo el lehendakari en su discurso del Aberri Eguna, cuando aseguró que su propuesta no responde a atavismos, sino al futuro de la sociedad europea. Y la ha reforzado Otegi, al insistir en que el problema vasco es un problema de Europa. Puede ser terriblemente cierto. Quizá lo que tengamos delante no sea el progreso, sino el empeoramiento del pasado. Si una sociedad de ciudadanos se ve sustituida por la fuerza por una comunidad étnica en la UE, quizá mañana salgan otras propuestas del mismo signo que despedacen otras democracias vigentes, sean en Córcega, en la Padania o Dios sabe dónde. Sería el final de la Europa cosmopolita, plural e ilustrada que se pretende conseguir. En efecto, es posible que lo que hoy se está dilucidando en el País Vasco no es el futuro de la unidad de España sino el de la unión europea. Puede que de nuevo España sirva de escenario al ensayo general de una tragedia que asolará mañana a todo el continente.

LA CONVIVENCIA QUE PROPONE IBARRETXE
Editorial ABC 14 Octubre 2002

SI las bondades del pacto por la convivencia que presentó Ibarretxe con la fórmula de la libre asociación son las que están animando la campaña propagandística de su gobierno y de su partido contra Román Knörr y la directiva de la patronal vasca, Confebask, el futuro del País Vasco es mucho más preocupante de lo que cabía temer en un principio. La reacción del nacionalismo vasco ha sido delatora y socava la buena fe del lendakari en su ronda de entrevistas para presentar el plan soberanista. El comunicado de Confebask puso de relieve los riesgos de la propuesta de Ibarretxe, utilizando un lenguaje y un mensaje marcados por la ecuanimidad y la moderación, que en lo económico están respaldados por datos y cifras con poco margen de réplica, y en lo social encajan con un sentido común sobre lo que necesitan los ciudadanos vascos. Confebask apelaba a no caer en el unilateralismo para diseñar el futuro de una sociedad esencialmente plural, que encontró un consenso histórico en torno al Estatuto. Pedía una mayor comunicación entre los gobiernos de Madrid y Vitoria y reclamaba que la erradicación de la violencia fuera la prioridad del ejecutivo vasco. No cabe denunciar estos planteamientos como una deriva partidista ni una diagnosis sectaria. Son los criterios de una clase empresarial que está arraigada en su pueblo, que es santo y seña del desarrollo económico vasco y habitual ejemplo nacionalista del buen hacer de la sociedad vasca. Pero no hay que olvidar que también son las opiniones de los empresarios extorsionados, amenazados, secuestrados y asesinados. En sus vidas, ETA está mucho más presente que en los papeles del lendakari.

Sin embargo, ninguna de estas legitimidades ha sido suficiente para hacer respetable ante el nacionalismo la opinión de Confebask. Por el contrario, se les recibió como representantes de la sociedad y se les despidió como traidores. La reacción nacionalista ha sido promover la división interna en la patronal vasca, con el burdo argumento de negar representatividad a sus dirigentes. Otra división social más, en definitiva, que reafirma la gran eficacia de la propuesta de Ibarretxe para separar a los vascos y no para unirlos. A la vista de lo que desde el nacionalismo se está diciendo y escribiendo contra los empresarios de Confebask -porque hay otros que son los «buenos», y se conocerán en el manifiesto que presentarán esta semana, con el auspicio nacionalista-, se echa de menos en Ibarretxe y en el PNV la misma hipersensibilidad democrática que han demostrado tener con Batasuna frente a la ley de Partidos. Se ve que en el lema «todos los proyectos, todas las ideas», con el que los nacionalistas salieron a la calle para protestar por la ilegalización de Batasuna, tiene mejor acomodo Arnaldo Otegi que Román Knörr.

LO cierto es que la convivencia que propone el lendakari no ha sumado a nadie que no fuera nacionalista y está aislando más a quienes, simplemente, discrepan. Es probable que este proceso de consulta a la sociedad no pueda tener otro resultado que la segregación política de los desafectos a la propuesta de Ibarretxe, porque, como ha dicho diáfanamente Joseba Azkárraga, consejero de Justicia vasco, el plan soberanista «no tiene marcha atrás». Así, el nacionalismo busca la libre adhesión del País Vasco, pero se la niega a los propios vascos, que o aceptan o se resignan. En estas condiciones cabría preguntarse qué persigue el lendakari con su ronda de entrevistas, qué puerta para el diálogo pretende abrir si la primera crítica, razonada y ecuánime, que ha recibido desde la sociedad civil a la que se dirige está dando lugar a un acoso con rasgos chavistas, impropio de una democracia. Cabría preguntarse qué sociedad puede surgir del plan soberanista del PNV, en caso de que se llevara a la práctica, si aquellos que se atreven a pedir respeto a la ley, fin de violencia y unidad democrática acaban expuestos a las más hirientes descalificaciones y a la privación de la condición de vasco. Son el PNV y su Gobierno quienes están haciendo bueno, día tras día, el duro ejemplo de la «balcanización» del País Vasco.

LAS respuestas a tantas preguntas se halla en la impostura que practican el lendakari y el PNV con la sociedad vasca, vendiendo como proyecto de convivencia lo que no es más que un modelo de hegemonía nacionalista, que se va a topar con más resistencias como las de Confebask, porque en el País Vasco las realidades tienen más matices de los que aparecen en los discursos del nacionalismo. Quizá deberían recordar en Sabin Etxea que en 1986 los partidos nacionalistas lograron el 67,9 por ciento de los votos; y que en 2001 bajaron al 54,42 por ciento. La lección, con todos los matices que se quieran, sólo apunta a la pluralidad de la sociedad vasca y la progresiva reducción del peso nacionalista en su seno. Desde luego, es una lección que Ibarretxe no está teniendo en cuenta, pero acabará siendo la explicación de su fracaso.

Los Curas De ETA
Editorial El Mundo 14 Octubre 2002

Una semana después de ser emitido, el estremecedor reportaje de EL MUNDO TV programado por Telecinco sobre la opresión y el miedo en el que viven los no nacionalistas en el País Vasco sigue teniendo secuelas. A la espera de que el Gobierno vasco decida si se querella por el pasaje de las ikastolas, ahora un grupo de sacerdotes de la comarca guipuzcoana de Oarsoaldea ha suscrito una nota de respaldo al cura de Oyarzun, que aparecía en el reportaje justificando que no celebraba misas por las víctimas de ETA porque para él son iguales que los terroristas muertos.

La literalidad del escrito pone los pelos de punta y demuestra hasta qué punto el contenido del reportaje era certero, al reflejar que un sector de la Iglesia católica vasca está del lado de los que matan y obvia a las víctimas. No de otra forma cabe interpretar una frase tremenda contenida en la nota de respaldo a Ramón Elkoro: «La Iglesia no hace distinciones entre los muertos de un lado y de otro en la lucha de nuestro pueblo». ¿En qué cabeza católica cabe que un terrorista que muere intentando matar sea igual que una víctima a la que asesinan por defender la legalidad o por sus ideas políticas?

El farisaico concepto de equiparar las víctimas a los verdugos ya figuraba de alguna manera en la última pastoral de los obispos vascos que desató una polémica sin precedentes, al calificarla el Gobierno como «inmoral». Los prelados rechazaban la ilegalización de Batasuna «sean cuales fueren sus relaciones con ETA». Pero este grupo de curas guipuzcoanos -con parroquias de fuerte implantación proetarra- llega más lejos, al hablar de «la lucha de nuestro pueblo».

Es la expresión más brutal de cómo estos curas se han apartado del principio evangélico de optar por las víctimas contra los verdugos. Si enmarcan los asesinatos en «la lucha del pueblo» es que a sus autores no los consideran criminales, sino combatientes.Pero no nos engañemos. Si los sacerdotes de Oarsoaldea se han atrevido a hacer este inmoral y escandaloso pronunciamiento, e incluso a leerlo en misa, es porque la Conferencia Episcopal, que ya respaldó la pastoral de los obispos, prefiere mirar para otro lado, al igual que hace el Vaticano.

El PNV y la dictadura de Castro
Luis María ANSON La Razón 14 Octubre 2002

de la Real Academia Española

Es un hecho que el dictador Castro ampara, protege, financia, y tal vez entrena, a etarras. La banda terrorista no se nutre en la ideología nazi, como se reitera hasta la saciedad, sino en la estalinista. Su pretensión fue siempre hacer del País Vasco una República socialista soviética. Eta estuvo desde el primer momento en el socialismo real, es decir, en el comunismo. El sistema de violencia empleado por los etarras puede coincidir con el que interpretó el horror nazi pero propiamente es el de las guerrillas que en varias docenas de naciones alentaba la antigua Unión Soviética.

Resulta lógico, en consecuencia, que Fidel Castro considere que los etarras están en su propia casa cuando se refugian en Cuba. Lo que no parece tan lógico es que un partido de tradición demócrata cristiana preste ayuda económica a la tiranía castrista. Resulta indecorosa esa imagen del Gobierno del PNV aportando fondos a Castro como si pagara el favor de que el dictador ampare a etarras en territorio cubano. No sé, en fin, cómo el ayatolá Arzallus y su marioneta Ibarreche explicarán tanta reveladora incongruencia. Me imagino que ni lo intentarán. Están demasiado ocupados en insultar a los que de ellos discrepan.

El plumero del PNV
Editorial La Razón 14 Octubre 2002

Desde el PNV se tildó a la Ley de Partidos, consensuada entre el PP y el PSOE, de «instrumento político contra el nacionalismo». Fue desde esta perspectiva como se instrumentalizó al Gobierno autónomo vasco para que recurriera oficialmente la Ley ante el Tribunal Constitucional. Pues bien, el recurso, al que ha tenido acceso en exclusiva la sección de Tribunales de nuestro periódico, se basa en un supuesto anticonstitucional completamente contrario: que la Ley Orgánica de Partidos Políticos es una legislación dirigida a un único sujeto de personalidad jurídica, como es la organización filoetarra Batasuna.

El PNV sale de esta manera en defensa digna de mejor causa de los batasunos, una vez que el análisis pormenorizado y atento de la citada ley nos les ha permitido encontrar la supuesta amenaza contra los partidos nacionalistas.

Más discutible es la alegación de que se intenta castigar el silencio, cuando nadie está obligado a expresar sus ideas. El argumento busca la justificación jurídica de la ausencia de condena de los actos terroristas por parte de Batasuna y no deja de ser una apreciación sobre la que merece la pena reflexionar. El problema, a nuestro juicio, no es el derecho al silencio individualmente contemplado, sino que la suma de silencios se convierte en una apología clamorosa del terrorismo.

Independencia y sus sinónimos
Ernesto Ladrón de Guevara es portavoz de Unidad Alavesa La Razón 14 Octubre 2002

Recibir a diario los mensajes nacionalistas requiere pasarse quince días por trimestre en un monasterio del Tibet, para desintoxicarse. La capacidad de Ibarretxe y los suyos para hacer, deshacer y rehacer discursos que al final llevan al mismo puerto es verdaderamente digna de entrar en el famoso libro de los récords. Ahora a la independencia no la llaman autodeterminación, ni «que los vascos decidan», ni tan siquiera «democracia de Euskal Herria», ahora la llaman «Estado libre asociado a España». ¿Vaya con el eufemismo de las narices! Nos lo podrían poner algo más fácil. Si cada vez que tenemos que llamarles a los nacionalistas con el término «independentistas» tenemos que denominarles los «asociacionistas a España» no vamos a saber muy bien si nos referimos a una sociedad de amigos del País (España) o a un club de fans de Chenoa. Un poco más de seriedad, por favor. El lenguaje no es un chicle que se le pueda masticar y hacer globos.

Más sorprendente si cabe es que Ibarretxe nos vuelva a traer el tema de que los fueros son nuestra constitución y estaban antes de la Constitución española. Fíjense que les habla un foralista de Unidad Alavesa. Pues a mí que me lo explique. Yo creía que las naciones, los pueblos o las sociedades se organizaban, como decía el bueno de Rousseau, desde el contrato social, que es cuando el conjunto de los ciudadanos de un país se pone de acuerdo para dotarse con unas normas de funcionamiento mínimo. No sabía que las sociedades son inmutables y que las normas y pactos con la Corona que rigieron hace quinientos años hasta el final del Antiguo Régimen deben seguir prevaleciendo. Es decir, que haya que borrar de un plumazo lo sucedido a partir de 1812 con sus más y sus menos, en el que unos señores empezaron con la feliz idea de que todos los hombres somos iguales y libres y que había que constituir un Estado liberal en el que la razón debía primar sobre el dogma, naciendo así la idea de la ciudadanía.

Existe, así, una contradicción de partida, pues ese planteamiento está reñido con la pretensión de formar un nuevo Estado sobre el falaz planteamiento de la voluntad de los vascos expresada en las urnas. Algo no encaja: o se quiere la Euskadi foral que implica subordinación a la Corona y supeditación al Estado ¬por definición desde un enfoque historicista¬ o se está por la mal llamada autodeterminación (¿somos un pueblo colonizado según la teoría esbozada por la ONU?) que implica soberanía. Nuestra idea ¬de UA¬ de actualización de los fueros es constitucional y basada en mantener lo mejor del autogobierno, insertándolo en la unidad constitucional del Estado, pues eso no sólo es posible sino bueno, como se ha demostrado. Pero no, los seguidores del Sr. Ibarretxe no creen en la voluntad constitucional de los ciudadanos, apuestan por el Antiguo Régimen. ¿Viva Fernando VII!

Nos prometen una consulta popular ¬aunque no sabemos si esa consulta será con pistolas o sin pistolas¬ y si tendremos derecho a pedir que el nacionalismo no sea obligatorio. Por el camino que vamos, o se vota lo que ellos quieren (eso del Estado libre asociado a España, figura del Derecho internacional inédita) o te vas tranquilamente al nuevo consorcio de Estados libres (como decían los de las contraconcentraciones de Batasuna: «así, así , así hasta Madrid»)

Pues sí. Nosotros, los de UA, queremos que se consulte a los alaveses. A esos alaveses que han visto supeditados sus derechos a aprender una lengua que no es la adquirida desde su seno materno y que por no saberla no han podido acceder al mercado de empleo público. A esos alaveses que han fundado una empresa y que ven cómo por las incertidumbres y veleidades creadas por los nacionalistas no saben cuál va a ser su futuro y si tendrán que pagar aranceles tras la creación de ese Estado libre asociado, o si la economía vasca se irá a la bancarrota por la fuga de capitales y de empresarios hartos del chantaje de ETA y de los mangoneos nacionalistas. A esos trabajadores ya consternados por no saber si la caja única de la Seguridad Social va a poderles pagar la jubilación cuando les llegue el momento y ahora, encima, resulta que se cierne el riesgo de su ruptura. A esos alaveses que mayoritariamente votan en clave constitucionalista, salvo en las zonas rurales que cuando se les pregunta qué les parece la política vasca sorprendentemente te dicen que este año las han segado verdes o que el tiempo ha sido muy lluvioso ¬no sé si por la sordera o por el miedo¬. A esos alaveses, en definitiva, que ven cómo a través de las aportaciones al Gobierno Vasco se desvían más del 60 por ciento de sus impuestos a pájaros y flores o a tapar agujeros en las provincias hermanas. Etcétera. Queremos que se les consulte no lo que dice Ibarretxe, o sea sobre si los vascos queremos ser independientes, sino si los alaveses queremos seguir en la Euskadi conflictiva, la Euskadi de Arzallus y su marioneta Ibarretxe, la Euskadi de la banda armada blindada por los nacionalistas.

Aceptamos el reto de la consulta popular. Nosotros exigimos que se les pregunte a los alaveses si quieren tener una Comunidad autónoma propia (de Álava) dentro de la España de las autonomías, (¿asociada a la Euskadi independiente de Arzallus?). Tenemos derecho como comunidad natural que detenta los llamados derechos históricos entendidos según la Adicional 1ª de la Constitución, a que se actualice nuestros derechos históricos. Actualmente formamos parte de la Comunidad Autónoma del País Vasco, no como pretende Arzallus en un ente colectivo llamado Euskal Herría, sino como sujeto activo de derechos nacidos en fuente foral. Así lo reconoce la Constitución, el Estatuto de Autonomía y la historia. Por eso quieren refundar algo «ex novo» que se salga de las fuentes jurídicas e históricas, pues saben que los territorios aforados son los que detentan el núcleo intangible de foralidad y que tienen la legitimidad histórica, lo que exige respetar la voluntad de cada provincia o territorio histórico por separado. No queremos su pueblo étnico al estilo del «Volk» alemán hitleriano, queremos sociedades libres desde las que emanen los derechos individuales. Por eso queremos un Estatuto de Autonomía para Álava. Si Arzallus nos lleva a su callejón sin salida nosotros tenemos la solución: borrón y cuenta nueva. Álava como Navarra.

La realidad como inconveniente
JUSTINO SINOVA El Mundo 14 Octubre 2002

El Partido Nacionalista Vasco y su Gobierno siguen disfrutando de un amparo mediático paradójico. Después de haber planteado la secesión, un plan disparatado en la Europa del siglo XXI que sólo puede traer conflicto y ruina, todavía quedan candorosos predicadores que les prestan ayudas compasivas. Tienen con ellos una venia que no conceden a los demás. Si otro partido también de derechas hubiera pactado con un grupo totalitario, habrían disparado todas las alarmas. El PNV pacta con los totalitarios de Batasuna, fanáticos del arte de romper las más elementales normas democráticas, como hermanos que son de los terroristas (Batasuna y ETA son lo mismo, dicen los jueces), y sin embargo sus pregoneros miran para otro lado, como no dándole importancia, provocadores de una caridad idiota.

Estos días hemos tenido otro ejemplo de lenidad con el PNV. El consejero vasco Javier Balza visitó en Madrid al ministro del Interior, Angel Acebes, para comunicarle su propósito de ampliar de modo unilateral la plantilla de la Ertzaintza, es decir, su voluntad de disponer sobre algo que no le corresponde, de acuerdo con el propósito del Gobierno vasco de asumir competencias no transferidas, según lo anunciado como una amenaza por Ibarretxe cuando expuso su proyecto secesionista. El plan delirante de Ibarretxe tenía así su primera concreción, el primer pulso, en un despacho del poder central en pleno corazón de Madrid. ¿La reacción unánime fue de escándalo? No. La reacción se dividió entre la sorpresa pasajera y la indignación con el Gobierno de España.

Cuesta creer lo que ha pasado. Lo que no cuesta es imaginar la satisfacción de Balza ante versiones que planteaban el desencuentro de Madrid como un veto del Gobierno al propósito razonable de incrementar los recursos policiales contra el terrorismo. Porque Balza, para estas versiones rendidas al nacionalismo vasco haga lo que haga, no es el autor de un intento (por el momento) de romper la legalidad, sino la víctima de un intolerante Gobierno español capaz de poner en riesgo a las víctimas de ETA sólo por no dar su brazo a torcer.

García Márquez encabeza sus memorias con una elocuente frase: «La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla». Esta apelación al relativismo y a la fantasía es el manual de algunos relatores de la actualidad, para quienes la realidad es una seria inconveniencia. Lo malo es que no juegan con ficciones -como García Márquez, que allá él cómo cuente su vida- sino con fuego.

Nacionalistas contra empresarios
Lorenzo Contreras La Estrella 14 Octubre 2002

El choque de la patronal vasca Confebask con el plan soberanista de Ibarretxe significa un nuevo planteamiento de la situación política de Euskadi. Naturalmente, a los nacionalistas les cuesta admitir que su actitud tropiece con las esencias del nacionalismo tal como las entiende el abertxalismo puro. Para ellos, la ortodoxia está donde está y donde debe estar. Pero como Confebask ha manifestado lo que ha manifestado respecto a los planteamientos y actitudes del PNV, el conflicto se puede decir que hasta cierto punto comienza. Batasuna y, por supuesto, ETA no están dispuestos a admitir que su influencia sobre Ibarretxe se vaya diluyendo en la nada. Por eso dicen los abertzales, vía Batasuna, su voz útil, que el empresariado vasco es más complejo que su portavoz, o sea, que el presidente de Confebask, Román Knorr. Y en consecuencia, el abertzalismo se va inclinando a propiciar junto con los nacionalistas la creencia de que la patronal vasca está dividida. Le interesa que esa opinión se asiente, de manera que la idea o el concepto de Euskadi como nación libre asociada a España, o Estado vasco asociado al Estado español, que viene a ser lo mismo en términos prácticos, no representa la palabra final de un proceso que ellos, ETA y sus adláteres, quieren controlar en términos de independentismo más urgente y radicalizado.

De todos modos, a los nacionalistas más cercanos al abertzalismo, como por ejemplo Joseba Azkarraga, miembro de Eusko Alkartasuna y consejero de Justicia del Gobierno de Ibarretxe, no les hace falta que los acosen los proetarras. Ya se bastan ellos para avanzar en ese mismo sentido. De ahí que Azkarraga haya dicho que la declaración institucional de Confebask sobre el peligro que pueden correr los intereses económicos vascos ante los planteamientos de Ibarretxe "está por ver que represente verdaderamente a la patronal empresarial". Y en el mismo sentido, el parlamentario de IU Antton Karrera se ha atrevido a afirmar que en el seno de Confebask existe "una profunda división".

No parece que esto último sea cierto, pero la lucha de intereses políticos está planteada en esos términos. Los abertzales van perdiendo la batalla del independentismo desaforado, e incluso del independentismo de menores alcances, pero no desisten de intentar dividir el campo con sus influencias. Por eso estimulan la difusión de una hipótesis según la cual un grupo de unos trescientos empresarios habrían elaborado un manifiesto favorable a la iniciativa de Ibarretxe mientras otros estarían en contra. Antton Karrera, extremista de IU, ha llegado a sostener citada la afirmación de que "existe una profunda división entre el empresariado vasco por la postura de Confebask", del mismo modo que Azkarraga, con mayor suavidad, sentencia que "el empresariado es algo más plural que su portavoz", en referencia a Knorr.

Los populares parece que se lavan las manos ante el espectáculo de la pelotera ajena, que según el ya citado Karrera respondería, por parte de la patronal, a posiciones conservadoras inmovilistas. Mientras tanto, el portavoz socialista vasco Rodolfo Ares niega que en Confebask exista esa división de que hablan los nacionalistas del PNV y EA. Se trataría, según Ares, de una "simple argucia".

Memorias de África
IÑAKI EZKERRA/ El Correo 14 Octubre 2002

Antonio Basagoiti, el candidato del PP al Ayuntamiento de Bilbao, ha reprochado a Iñaki Azkuna haber perdido el rumbo por largarse de la villa del Nervión una semana entera con el fin de promocionar el vino de Rioja en Sudáfrica. A uno ese reproche le parece de lo más cariñoso tratándose de un viaje tan largo y zigzagueante. Desde luego, chico, ¡cómo te pones! Siempre es mejor que digan de ti que has perdido el rumbo con el dinero público a que digan que te has vuelto rumboso con ese mismo dinero. Por otra parte, 'Bilbao-La Rioja-Ciudad del Cabo' no parece una ruta muy usual en las guías turísticas ni laborales. Si en este viaje oficial no ha habido una pérdida de rumbo, lo que sí ha habido por lo menos son dos fuertes golpes de timón y dos peligrosos saltos en el vacío que yo espero que ese alcalde sepa explicar algún día en sus memorias. Ya no entro en si deberán llamarse 'Memorias de África' o 'Memorias de La Rioja'. Se me ocurre -como sugerencia- que el libro también podría titularse 'Rumbo a lo desconocido', para rebatir la 'malpensada' tesis del candidato popular. Así quedaría claro que una cosa es que se desconozca el rumbo que ha tomado Azkuna de tan original que es éste y otra cosa bien distinta que ese sea un rumbo perdido. Estaríamos exactamente ante un caso de 'rumbo retorcido'.

A mí, la verdad, es que este pintoresco viaje del alcalde Azkuna me parece que tiene algunos aspectos positivos. Por de pronto ha desdramatizado la situación vasca. De separarnos de España hemos pasado en un santiamén a defender el vino español allende nuestras fronteras. Del libre Estado asociado de Ibarretxe hemos pasado a asociarnos a Sudáfrica. Por otra parte, este paso puede suponer el automático ingreso de Ciudad del Cabo en Udalbiltza junto con Oporto y Tbilisi, las otras ciudades con las que Bilbao está hermanado gracias al ex alcalde Gorordo. El neogorordismo precario ha sido hasta hoy el sino de todo alcalde bilbaíno. Ortuondo acabó montando sin gracia en un elefante y Azkuna bailando mal el aurresku, viajando a países lejanos y buscando hermanamientos exóticos.

Hay una cara oculta del País Vasco que no es aquélla que mostraba el reportaje de Victoria Prego en Tele 5, pero que convive con aquélla sin el menor problema. Hay otra Euskadi que no es la que enseña en sus escuelas que Lapurdi es una provincia nuestra y no francesa. Es la Euskadi viajera de Azkuna que les enseña a los sudafricanos que La Rioja es un barrio de Bilbao, como Abando o Santutxu más o menos.

Tarjeta roja a Ibarretxe
La primera ronda de consultas ha deparado al 'lehendakari' un 'baño de realismo', con críticas públicas inesperadas
AITOR GUENAGA | Bilbao El País 14 Octubre 2002

El lehendakari no contaba con un rechazo tan sonoro como el cosechado la semana pasada en su primera ronda de contactos con agentes económicos y sociales. Para cuando apareció ante las cámaras de ETB -la cadena de televisión pública vasca- el pasado miércoles para conceder una entrevista nocturna, su apelación a la 'predisposición al diálogo' que había podido palpar en sus interlocutores -hasta esos momentos, los cuatro sindicatos, los tres rectores y los empresarios- sonaba un tanto a hueco. A declaración forzada. Pero Juan José Ibarretxe volvió a repetir su frase preferida: 'Todo el poder a la sociedad vasca'.

La respuesta de las asociaciones empresariales vascas Confebask, que representa a más de 13.000 empresas, al plan diseñado por el lehendakari fue un jarro de agua fría inesperado, por su contundencia, en la misma sede de la Presidencia del Gobierno vasco. Llegaba en el ecuador de la primera semana de ronda de contactos con los agentes sociales, el miércoles, y tras una reunión de cuatro horas. Un encuentro amable en las formas, pero donde los representantes de los empresarios no ocultaron las 'luces rojas' que, a su juicio, habían comenzado a encenderse en los pedidos de algunas empresas después de que Ibarretxe hiciera pública, el 27 de septiembre, en el Parlamento su propuesta de estatus de nación libre asociada.

A la hora de explicar su plan, Ibarretxe se ha empeñado en transmitir la idea de que su 'nuevo pacto para la convivencia' con España y la asunción de competencias sólo pretende ampliar el bienestar social de los ciudadanos y no es un empecinamiento de los nacionalistas, como creen los críticos con su plan. ¿Cómo es posible, entonces, que los empresarios no vean más que un escenario de 'incertidumbre' y un riesgo de 'ahondar en la crispación y división social y política existente?'.

Los empresarios sacaron una enorme tarjeta roja al lehendakari, ya que además de criticar su unilateralidad y plazos, le hicieron ver que su plan pasa de puntillas por el primer problema en Euskadi: acabar con la violencia. Algo que también le recordó el rector de la Universidad publica vasca, Manuel Montero. El punto de encuentro fue la necesidad de completar las 37 transferencias pendientes y la apertura de los empresarios a la 'evolución' de los marcos de juego conforme lo 'hagan las realidades a las que dan respuesta'. 'A nadie deben asustar los cambios', añadían.

En la gira que efectuó el pasado viernes por Euskadi, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, recaló en Mondragón (Guipúzcoa), el corazón del mundo cooperativista y cuartel general de Mondragón Corporación Cooperativa. En el almuerzo, según relató después Zapatero en un mitin en Bilbao, uno de los máximos responsables del citado grupo cooperativo, al que no citó, le dijo: 'Quiero ver que mis hijos tengan un futuro en su tierra, con un horizonte de optimismo y no de ruptura'. Por eso habló Zapatero de 'baño de realismo' para Ibarretxe.

Toma de posiciones
PABLO MOSQUERA La Voz 14 Octubre 2002

SE LO HAN DICHO, alto y claro, los empresarios vascos al lendakari. No se puede romper con quienes son los mejores y más seguros clientes de las empresas de la comunidad autónoma vasca. También han dicho algo muy sensato. «Exigimos a los gobiernos que rompan la incomunicación». Mientras, los catalanes, en la visita de Aznar a la Ciudad Condal, le han dicho que no quieren ser periféricos, y que la posición de Cataluña depende de la vertebración territorial mediante inversiones en infraestructuras. Lo de siempre. «Lo que no son pesetas, son puñetas».

Ya lo ven, los unos hablando o peleando por supuestos derechos históricos, los otros tratando de no perder la posición central en el mundo de los negocios y las comunicaciones. ¿Puedo sugerir que un catalán haga de mediador?

Mientras, don Arzalluz, en la última homilía en el Deia , lanza una soflama en la que mezcla homenaje a la bandera de España, artículo 8 de la Constitución, e intimidación por obra y gracia del Ejército sobre catalanes y vascos, para terminar poniendo a bajar de un burro al presidente de la Xunta, al que se permite el lujo de acusar de descarado y bruto. Se olvida Arzalluz de esos Eroskis que se apropian de la actividad comercial en Galicia.

La verdad es que don Xabier tiene un sambenito difícil de borrar. Mientras a ese Franco, al que siempre recuerda, los españoles lo han olvidado entre piedras del Valle de los Caídos, a él lo identifican con la jefatura de ETA. ¡Qué le vamos a hacer! Pero, si ETA hace de las suyas, tendremos que volver a leer lo que ha escrito el ilustre Burukide. No se lo pierdan. «Cada uno de los vascos debe tener presente una cosa: que si nos asustamos perdemos, y si aguantamos ganamos».

A los pocos días de la soflama, el consejero de Interior insiste en incrementar los efectivos de la policía autónoma vasca, que hoy se componen de más de 7.500 armados, con una duda. ¿En caso de conflicto con el Estado, a quién sirven?

UA acusa a Ibarreche de «comprar» a los empresarios
Redacción - Madrid.- La Razón 14 Octubre 2002

El portavoz de Unidad Alavesa, Ernesto Ladrón de Guevara, manifestó ayer que «la piedra más grande» en el camino del «lendakari», Juan José Ibarreche, no es el Gobierno central, sino el poder económico de su propia comunidad, y deploró que intente «comprar voluntades» en lugar de «rectificar» su proyecto soberanista, tras la oposición que se ha encontrado en los empresarios vascos. Ladrón de Guevara deploró, en declaraciones a Servimedia, la intención del Gobierno nacionalista de buscar adeptos a su estrategia en la clase empresarial, que por boca de la patronal Confebask se ha mostrado contraria a su proyecto, lo que le «preocupa muchísimo».
En su opinión, el poder económico del País Vasco ha dejado claro, al «describir la realidad que se avecina», que con el plan de Ibarreche esta comunidad se convertiría en una «Albania», que sufriría la «fuga de capitales y de cerebros».

Criticó que, tras esta advertencia de los empresarios, el «lendakari» se limite a «tratar de comprar voluntades, como hace siempre, en lugar de rectificar. Es la estrategia del palo y la zanahoria, ETA por una parte, y la compra de voluntades por otra». Por su parte, el consejero vasco de Justicia, Trabajo y Seguridad Social, Joseba Azkárraga (EA), afirmó ayer que su partido decidirá con qué formaciones puede coaligarse de cara a las próximas elecciones municipales y forales en base a «la necesidad de la sociedad vasca de tener unas instituciones gobernadas fundamentalmente desde el nacionalismo democrático» y de «reforzar» la propuesta de Ibarreche.

PP y PSE denuncian la campaña del Gobierno vasco contra los empresarios
M. ALONSO BILBAO. ABC 14 Octubre 2002

Socialistas y populares reprochan al lendakari y a su entorno su falta de talante democrático por no corregir un plan que sólo convence a los nacionalistas

Populares y socialistas denunciaron ayer la campaña del PNV y del Gobierno vasco contra quienes discrepan de la propuesta independentista del lendakari y, especialmente, contra Roman Knörr, presidente de la patronal vasca, Confebask, dado que el apoyo empresarial es uno de los que más interesa a Juan José Ibarretxe.

El presidente del PP en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, dijo ayer a ABC que desde PNV y EA se ha puesto en marcha contra el «empresario discrepante» una campaña que demuestra cuál es su actitud frente a quienes no secundan el «régimen nacionalista»: «se les persigue, coacciona y, además, seguro que muchos empresarios dejarán de recibir prebendas de las instituciones vascas porque los nacionalistas consideran que se está con ellos o contra ellos y hacen la vida incómoda a quienes no coinciden con su régimen».

También el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, manifestó que su partido coincide con «prácticamente todos los que han pasado por la ronda de contactos del lendakari» y que, «en lugar de reaccionar como debiera, rectificando y retirando su propuesta porque no tiene el respaldo que él esperaba, el lendakari y quienes le rodean juegan a descalificar al discrepante, a sembrar la discordia». El «entorno de Ibarretxe», añadió,tiene una «estrategia de descalificación permanente porque están demostrando escaso talante democrático y dialogante y proponen las cosas como un trágala, o estás conmigo o contra mí».

El PNV y el Gobierno vasco saben que la declaración leída la pasada semana por el presidente de Confebask, Roman Knörr, había sido consensuada en el seno de la patronal vasca después de una serie de reuniones sectoriales y de las patronales de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, a pesar de lo cual han puesto en marcha una campaña de descalificación de la dirección del empresariado vasco, que denuncian populares y socialistas.

Del elogio a la persecución
Al PNV no le falta información sobre el contenido de las reuniones entre las organizaciones del empresariado vasco que confluyen en Confebask, en las que se defendieron posturas que reflejan la pluralidad de la sociedad vasca: desde quienes pidieron que la patronal reclamara al lendakari la retirada de su propuesta hasta quienes la apoyaban, consiguiéndose al final el acuerdo en torno a una crítica «prudente».

Sin embargo, al PNV no le ha gustado la crítica empresarial de la propuesta del lendakari y ha puesto en marcha una campaña de descalificación. De la felicitación que dirigió Ibarretxe a los empresarios por su contribución a la favorable situación económica del País Vasco en el mismo discurso en el que lanzó en el Parlamento vasco su propuesta de «estado libre asociado», se ha pasado a poner en cuestión la opinión de la patronal, que representa a 13.000 empresas, y que coincide en su valoración con la del Círculo de Empresarios Vascos, donde confluyen los directivos de las sesenta empresas vascas más importantes.

En contraste con esa representación, se ha anunciado un manifiesto de apoyo a Ibarretxe, que estarían preparando trescientos empresarios, sin que se conozcan los nombres que están detrás de esa iniciativa, cuando ningún empresario en el País Vasco tiene nada que temer por firmar textos de apoyo al lendakari.

Unai y los extraterrestres
Iñaki EZKERRA La Razón 14 Octubre 2002

A cuenta de la concesión del Premio Nacional de Narrativa a Unai Elorriaga, el muchacho ese que escribe en euskera, me han llamado estos días varios amigos periodistas de Madrid y Barcelona para preguntarme si sé de quién se trata, si Elkar ¬la editorial donde publica Unai¬ es de ETA o si en ella publican autores de cualquier ideología. Lo que en realidad querían saber y no se atrevían a preguntarme claramente es «si se ha colado un etarra en el Nacional» como se coló el obispo Uriarte en la Conferencia Episcopal. Entiéndase bien que esos amigos que me llaman no son gente tendenciosa sino todo lo contrario. Lógicamente no conocen los pormenores de la vida cultural en el País Vasco y quieren informarse. De lo que en todo caso pecan es de excesivo tacto, como digo. Yo les explico lo que sé.

Les aclaro que Elkar es la editorial más emblemática de la llamada «izquierda abertzale» pero que publicar ahí no implica ser necesariamente Artapalo, aunque tampoco creo que les entusiasme mucho la idea de reeditar en ella el «Arriba Euskadi», de José María Calleja, pongo por caso. Me pega que no les gustaría. Es sólo una intuición. Lo que quiero decir es que no cabe la posibilidad de que Elkar edite a alguien que se oponga al nacionalismo, lo cual es también bastante improbable en la mayoría de las editoriales que publican en euskera, debido a que militancia nacionalista y militancia euskoparlante van muy unidas en una Euskadi politizada hasta las orejas donde la lengua vernácula no es mayoritaria y se ha hecho de ella ideología pura y dura para extenderla. La situación del euskera no tiene que ver nada con la catalana, donde sí cabe la pluralidad ideológica. Y esta ausencia va contra la propia literatura euskérica, que sólo será madura el día en que tenga escritores antinacionalistas.


Unai Elorriaga va de apolítico. No seré yo quien le predique la teoría sartreana del compromiso, en la que ya sólo creen los escritores abiertamente proetarras ni quien le prejuzgue de modo malintencionado. Pero sí me choca que en un momento en el que Euskadi está patas arriba con la amenaza de Ibarretxe y con tanto ciudadano escoltado, él no sepa ni conteste. Esa pose se espera de Ane Igartiburu o Lorena Bernal, de la peña rosa que empieza muy autóctona triunfando en el Deia y termina cubriendo el verano de la Familia Real en Mallorca. No sé si Unai terminará en Mallorca. Yo le deseo que ETA no le pida el Impuesto Revolucionario como a los futbolistas vascos que ganan el Nacional español o francés. Él ha dicho que los políticos que le llaman le parecen extrarrestres. No sé si se referirá a lbarretxe y a sus cejas de Mr. Spock. De todos modos, un puntín de extraterrestre ya tienes tú, chaval.

Agur Euskadi (I): El lehendakari muestra las cartas
RAFAEL JIMÉNEZ ASENSIO /CATEDRÁTICO DE DCHO. CONSTITUCIONAL DE ESADE. UNIVERSIDAD RAMÓN LLUL. BARCELONA El Correo  14 Octubre 2002

Mucho se está escribiendo estos días -y presumiblemente se escribirá más todavía- sobre la denominada propuesta soberanista de Ibarretxe. He leído con atención la propuesta del lehendakari, y he de añadir que no me ha causado ni tanta sorpresa ni tanta conmoción como la que ha despertado en determinadas fuerzas políticas y en diferentes medios de comunicación. Bien es verdad que, en ciertos pasajes, me ha recordado, aunque con un trazado mucho más burdo, a los viejos textos 'constitucionales' del proceso de independencia de lo que más tarde sería Estados Unidos, en donde se recogían largos listados de agravios promovidos por la metrópoli y que tan certeramente fueron sintetizados por esa difundida obra de Thomas Paine que llevaba por título 'El sentido común', y donde expresamente se decía: «Jamás la verdadera reconciliación puede crecer allí donde las heridas de odio mortal han penetrado tan hondamente».

De la citada propuesta voy a intentar desgranar aquí, obviando muchos y necesarios matices, aquellas cuestiones nucleares del mencionado discurso que tienen, a mi juicio, dimensión constitucional. Veamos:

Esta idea ya ha sido recordada, aunque en otros términos: el PNV y el resto de fuerzas políticas que apoyan al Gobierno vasco (EA y EB-IU, no se olvide) pretenden convencer a la ciudadanía de que ellos ocupan una posición de centralidad en un escenario político vasco, desgarrado, por un lado, por el fenómeno terrorista y su proyección política (ETA-HB), y, por otro, por el autoritarismo español (sic), representado por los 'demonios' particulares del nacionalismo vasco (PP y PSE-PSOE). Al ciudadano vasco se le traslada la siguiente disyuntiva: si usted no quiere ni violencia ni autoritarismo (¿quién es el necio que quiere una o ambas cosas?), ya sabe: apueste por nuestro proyecto.

Algo que también llama la atención del discurso del lehendakari es que está plagado literalmente de referencias al bienestar de los vascos. Sabido es que el Concierto Económico (aunque no sólo) ha permitido que los vascos dispongan de unos servicios públicos de nivel superior al resto de los ciudadanos españoles. La astucia de Ibarretxe radica en combinar inteligentemente bienestar con autogobierno, en una ecuación muy simple que le conduce (en una asimilación de conceptos que tan buen resultado le dio en las últimas autonómicas) a vender la idea de que cuando más autogobierno tenga el País Vasco mejor bienestar tendrán los ciudadanos (¿es que hay un algún ciudadano que no desea mayor bienestar para él y los suyos?; por tanto, ya sabe, apúntese a la propuesta). Sin embargo, está todavía por demostrar que esa ecuación sea correcta en una proyección a futuro.

El presupuesto de la propuesta es que la misma contribuirá de modo definitivo a la paz y la convivencia (¿qué ciudadano vasco responsable y civilizado no quiere la paz y la convivencia?; venga, venga, no se haga el remolón, suscriba la propuesta, 'es por el bien suyo y el de sus hijos'). Aquí el innegable voluntarismo que destila la propuesta apenas si puede esconder su carga de ingenuidad. Si no han pactado con ETA los términos, lo que parece ser cierto, la propuesta del lehendakari crea un problema más y no parece que apunte a la resolución del principal, que además queda en el limbo de los problemas innombrables.

Esta operación tiene, pues, mucho de apuesta. La solución que se ofrece como remedio a la violencia no deja de producir un enorme desasosiego: se presume que 'los violentos' ya se moverán (esto es, abandonarán 'motu propio' el terrorismo: ¿con qué contraprestaciones?). El argumento no puede ser más falaz.

Y una de las debilidades mayores de la propuesta a ojos de los nacionalistas radica, nada más y nada menos, en que rompe o fractura el ámbito vasco de decisión. Y aquí se impone, por tanto, la primera regla de pragmatismo: el ámbito vasco de decisión se fragmenta o 'congela' a la espera de mejores momentos. Primero, el 'soberanismo' en las tres provincias vascongadas, después, cual mancha de aceite, ya se extenderá. Los ciudadanos del País Vasco francés y de Navarra -se presume- quedarán, tarde o temprano, cautivados por la energía y vigor de la patria vasca y de su proyección universal. La ingenuidad, una vez más, es la nota dominante de esta ilusión que confunde infantilmente la realidad con el deseo.

Otras debilidades de la propuesta tienen que ver con su baja calidad de articulación constitucional. La propuesta del lehendakari tiene, en efecto, un carácter 'constitucional' que no puede ser orillado, pues pretende -se mire como se mire- cambiar el estatus 'constitucional' de la comunidad autónoma y su encaje en el sistema constitucional español.

Ahora bien, y conviene subrayarlo con énfasis, la articulación efectiva de la propuesta (al menos en su parte de reivindicación competencial), no requiere necesariamente que haya que reformar la Constitución de 1978, sino únicamente el Estatuto de Autonomía del País Vasco, aunque tal reforma estatutaria debería ser acompañada por la aprobación de leyes de ampliación competencial (art. 150.1 y 2 CE), así como de una reforma de alcance y calado de determinadas leyes básicas estatales. Sin la voluntad de las instituciones centrales tal operación es, por tanto, irrealizable.

Una de las cosas que más me llama la atención del discurso es que la propuesta emplea reiteradamente (y de forma ciertamente obscena) la expresión de que hay que «utilizar» el actual marco jurídico, tanto constitucional como comunitario. Hasta tal punto llega la incomprensión de lo que sea el fenómeno constitucional, que en cierto pasaje de su discurso el propio lehendakari desliza la siguiente afirmación: «Para una gran parte de los vascos, los Fueros, los Derechos Históricos del pueblo vasco, siguen siendo nuestra verdadera Constitución». Ni que decir tiene que esa concepción preliberal de lo que sea la Constitución está en las antípodas de una concepción actual del constitucionalismo y dificulta sobremanera la búsqueda racional de espacios de discusión.

Y ciertamente, al menos en algunos de sus postulados, es discutible que la propuesta se ajuste al actual marco constitucional, puesto que, por ejemplo, en el delicado tema de las transferencias pendientes (mejor dicho, traspasos de servicios para la ejecución de las competencias asumidas estatutariamente), desdeña alguno de los pilares básicos de funcionamiento del modelo. Me explico: no le falta razón al Gobierno vasco en denunciar el déficit institucional que representa el desacuerdo entre el Gobierno central y los autonómicos en materia de traspasos, puesto que el bloqueo del traspaso de servicios (esto es la negativa del Gobierno central a traspasar los recursos o la negativa del Gobierno autonómico a recibirlos, que de todo ha habido, aunque más de lo primero) no tiene, de momento, solución institucional alguna en nuestro marco constitucional. El Tribunal Constitucional, por su parte, no ha sabido (o no ha querido) dar respuesta a semejante déficit.

Siendo así el sistema vigente, está claro que nadie puede arrogarse la interpretación jurídica unilateral del Estatuto. Otra cosa es que no nos gusten, como a mí personalmente no me gustan (y ni siquiera me convencen), muchas de las interpretaciones que el Tribunal Constitucional lleva a cabo de los títulos competenciales concretos. Pero hay una cuestión muy simple: o se aceptan las reglas del juego o se rompen.

Por tanto, no es posible justificar jurídicamente el incumplimiento estatutario en una interpretación unilateral del sistema de distribución de competencias; lo único que puede hacerse, políticamente, es defender que en el seno de un sistema constitucional autonómico 'abierto' tienen cabida otras soluciones constitucionales más respetuosas con la naturaleza plurinacional del Estado español que las restrictivas lecturas que hasta la fecha se están haciendo tanto en sede política (instancias centrales) como en el Tribunal Constitucional.

En cualquier caso, el incumplimiento estatutario no puede ser el argumento que sostenga una autoatribución de los traspasos de servicios, al margen de las reglas constitucional y estatutariamente previstas. Esta operación es, lisa y llanamente, un incumplimiento grave de las previsiones constitucionales o, dicho de otro modo, una suerte de 'insumisión a los procesos y mandatos constitucionales'. Está bien que se pida respeto al Estatuto, pero tal respeto debe partir del presupuesto obvio de que no se puede vulnerar la Constitución. No creo que haga falta insistir mucho en la idea de que sin lealtad recíproca no es posible construir un espacio de convivencia.

 

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