AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 18 Octubre  2002
Garzón, el diagnóstico y la terapia
Editorial ABC 18 Octubre 2002

Emigración a la fuerza
Editorial La Razón 18 Octubre 2002

La paz antigua y el icono nuevo
MIKEL AZURMENDI ABC 18 Octubre 2002

De Garzón a Platón
CARLOS HERRERA ABC 18 Octubre 2002

España sí
Amando DE MIGUEL La Razón 18 Octubre 2002

El doble exilio vasco
José A. Fúster - Madrid.- La Razón

Don Quijote Garzón cabalga de nuevo
Lorenzo Contreras La Estrella 18 Octubre 2002

Los gallegos del País Vasco
Editorial El Ideal Gallego 18 Octubre 2002

¡Basta Ya! consigue el apoyo del PPE en su defensa de los no nacionalistas
LISBOA. L. AYLLÓN / B. RODRIGO ABC 18 Octubre 2002

La Policía francesa interviene una empresa acusada de dar cobertura económica a ETA
FERNANDO ITURRIBARRIA PARÍS El Correo 18 Octubre 2002

Vicio de nulidad
JAVIER GUEVARA/ El Correo 18 Octubre 2002

Los emigrantes padecen una presión social que no pueden soportar
Agn  Santiago El Ideal Gallego 18 Octubre 2002

Garzón, el diagnóstico y la terapia
Editorial ABC 18 Octubre 2002

YA en el auto de suspensión cautelar de las actividades de Batasuna, el juez Garzón mostró su convicción de que los atentados de ETA merecían ser calificados como crímenes contra la Humanidad. La afirmación tenía entonces el tono de una declaración de principios, que no afectaba a la tipicidad de los hechos conforme al Código Penal español y que pretendía resaltar los rasgos más brutales del terrorismo de ETA, estableciendo una vinculación con los valores de la justicia universal, institucionalizada en la Corte Penal Internacional. Sin embargo, aquella convicción era también la base de una nueva iniciativa judicial que Garzón dio a conocer el pasado miércoles con un auto que ha de ser acogido con respeto por el relato histórico que contiene y con sentido crítico por las incertidumbres jurídicas que provoca, aunque su efecto inmediato sea impulsar nuevas investigaciones sometidas a posterior evaluación.

Una observación fría de la reciente historia del País Vasco confirma que el terrorismo de ETA ha desarrollado, como asegura el magistrado, una «limpieza étnica», aunque sería más preciso hablar de limpieza ideológica. Es un hecho notorio, visible en la propia imagen que transmiten la sociedad vasca y sus instituciones políticas, sociales, culturales, económicas y universitarias. Y también tiene razón el juez Garzón cuando imputa esa limpieza étnica a ETA y a sus brazos políticos, a quienes el Gobierno vasco está propiciando un auxilio procesal ilegítimo con la querella difamatoria que ayer presentó ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, en la que el Ejecutivo de Vitoria alega que el magistrado de la Audiencia Nacional ha incurrido en la «restricción infundada e ilegítima de los derechos de reunión y manifestación».

PERO, precisamente por esta responsabilidad criminal del llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco, el Estado se ha dotado de los recursos legales suficientes para que todos los hechos delictivos que Garzón refleja en su auto estén siendo investigados en las correspondientes causas penales. Por su participación en esa «limpieza étnica», Batasuna ha sido calificada como asociación ilícita con fines terroristas y ha sido suspendida en sus actividades y declarada responsable civil de los daños causados por la «kale borroka», con el refrendo de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. El diagnóstico que Garzón ha volcado en estas declaraciones es tan certero que el nacionalismo vasco, en su conjunto, se ha sentido aludido, aunque sólo haya sido por su responsabilidad de gobierno durante veinte años, y ha reaccionado con formas antidemocráticas, si no claramente ilegales.

En estas condiciones de pleno rendimiento judicial en la lucha contra ETA, no existen razones de necesidad penal o procesal que justifiquen, como terapia de los males detectados, la propuesta de Garzón de traducir la sucesión de actos terroristas al lenguaje de la justicia universal. Esta calificación de crímenes contra la Humanidad es, sin duda, acertada en un discurso de denuncia política y moral del terrorismo de ETA y de las múltiples complicidades que lo han alimentado, dentro y fuera de su propia estructura criminal. Pero Baltasar Garzón es un juez y sus resoluciones deben estar sometidas a una ley, la española, que se está demostrando suficiente para responder eficazmente al desafío terrorista y, lo que es más importante, para satisfacer el ansia de justicia de las víctimas cuya reparación es, desde el punto de vista humano, casi imposible. En el plano estrictamente técnico, el auto de Garzón puede suponer una duplicación de investigaciones sobre los mismos hechos y plantea problemas de tipicidad, porque el Código Penal no contempla como figura autónoma los crímenes contra la Humanidad; y de irretroactividad, si es que pretende aplicar al artículo 7 del Estatuto de 1998 de la Corte Penal Internacional (CPI). La cita de este artículo es, además, contradictoria con la propia finalidad del auto, pues la jurisdicción de la CPI sólo está reconocida con carácter subsidiario a la inacción de las justicias nacionales.

LA acción judicial contra ETA está correctamente encaminada, en términos penales y procesales. Gran parte del mérito debe ser atribuido a Garzón. Pero sería un error que se sintiera animado por el respaldo social y judicial a su labor para emprender un nuevo e improbable procedimiento que podría no beneficiar los objetivos perfectamente definidos, asequibles y exigibles para el Estado de Derecho.

Emigración a la fuerza
Editorial La Razón 18 Octubre 2002

Cuando el juez Baltasar Garzón acusa a ETA y Batasuna de limpieza étnica o ideológica en el País Vasco no hace más que poner sobre el papel, en estrictos términos jurídicos, lo que es algo por todos sabido, y cuenta, incluso, con una documentada demostración estadística. Basta con acudir a los censos migratorios, a los archivos que conservan los datos sobre movimientos de población en cada municipio, para constatar una evidencia: el País Vasco es la Comunidad que pierde más vecinos, sólo superada por Asturias, aunque en este caso por razones meramente económicas.

La emigración vasca es un hecho incontestable que tiene en su explicación en la acción combinada de la mafia etarra y el paraguas del nacionalismo excluyente. Porque los vascos emigran primero hacia el sur de su propia tierra, a la moderada comarca alavesa, huyendo de las zonas radicalizadas, y también más lejos, hacia a las autonomías fronterizas, además de Alicante y Madrid. La estadística electoral explica claramente las causas: los pueblos que pierden habitantes están azotados por la peste inde- pendentista mientras que en los municipios alaveses receptores de inmigración el voto mayoritario es para los partidos constitucionalistas. Hay, sin embargo, un dato esperanzador: cuando menores han sido la acción etarra y la virulencia nacionalista, se ha reducido la sangría de población. Parece posible, pues, invertir los términos si se termina con la mafia y se restaura ese derecho a poder pensar libremente, que mañana se reclamará en la calles de San Sebastián.

La paz antigua y el icono nuevo
Por MIKEL AZURMENDI ABC 18 Octubre 2002

«DE nuevo en el Danubio auténtico y verdadero. Novi Sad era la Atenas Serbia, una cuna del resurgimiento cultural y político de Serbia. Hoy es la capital de la Vojvodina; las lenguas oficiales, en las oficinas públicas y en el parlamento, son cinco (serbio, húngaro, eslovaco, rumano y ruteno), si bien es indudable la supremacía Serbia, total en el ejército. El paisaje es bellísimo, la fortaleza de Petrovaradin domina con sus memorias austríacas y otomanas el Danubio; entre los vecinos bosques de la Fruska-Gora se ocultan los monasterios ortodoxos, con sus iconos y su paz antigua». Así empezaba su capítulo yugoslavo Claudio Magris en su espléndido ensayo Danubio.

Allí me fui con otro vasco exterrado, nada más proponer Ibarretxe su «Pacto por la convivencia», a presentar un libro sobre vascos nacionalistas que persiguen a vascos por pensar y expresar sus ideas. La monjita del monasterio ortodoxo de Ravanitza también nos reprochó ser culpables de una grieta que abrió en el coro alguno de los estallidos de las bombas de la OTAN en la Vojvodina. Y desde los monasterios de la Fruska-Gora descendimos al Danubio de Magris para contemplarlo desde la fortaleza de Petrovaradin, frente a Novi Sad, con sus tres puentes todavía destruidos por las bombas. Ese es precisamente el icono de Serbia que traigo conmigo: gente que se ha quedado sin puentes, sin puentes entre el país y el exterior, entre uno y otro, entre uno y la ambigüedad de su alma misma. Serbia está sola y asolada. Tanto está que siguen votando más nacionalismo. Y empatizamos con Colovic y otros cuantos intelectuales más de la primera hora contra la demencia del proyecto de Milósevic. Y aún prosiguen esos nuestros amigos erre que erre en construir puentes hacia la vieja paz.

El icono que traigo es la versión serbia de la propuesta abertzale formulada por el lehendakari del Gobierno Vasco. Icono que no es el de un pacto político, como él pretende, sino el de la vuelta al estado de naturaleza hobbesiano donde solamente se expresará la fuerza. Hay al menos dos señales inequívocas de que se trata de un icono pre-político, una es su carácter constrictivo; otra, es la desaparición del sujeto político.

La fuerza que actúa en ese proyecto a modo de tenaza es, por una parte, ETA, sin cuya presencia -como dijo Savater- hasta nos echaríamos a reír al conocerlo; y, por otra, están las próximas elecciones municipales en las que el plan de Ibarretxe incidirá tratando de rebañar 130.000 votos de Batasuna. Ésta habrá sido ilegalizada para entonces y a su gente no le quedará otra alternativa más «realista» que votar a quien desde el poder mismo defiende su programa máximo. Para todo ello, tras el desmelenamiento verbal del anuncio del lehendakari, las domingueras campas de JEL (Dios y la Ley Vieja) se vistieron por primera vez con el lozano eslogan etarra de Independentzia, es decir, todo. El «todo», el innegociable «todo o nada» al que jamás había osado asomarse el PNV. Y así, en el más hobbesiano estilo del hombre, lobo para el otro hombre, la fuerza bruta abertzale la disfrazará de legitimidad el PNV en unas elecciones municipales, pese a que la mitad de la ciudadanía vive en el silencio y en el temblor y los representantes de los partidos democráticos deambulan custodiados y sin garantías de expresarse. Incluso reunirse en sus locales y manifestar ante un auditorio sus razones será considerado un objetivo militar de ETA.

Esa asimétrica señal de violencia no podía sino dejar todavía más claro que se trata de un pacto pre-político que no se fundamenta en el sujeto singularmente individualizado sino en un sujeto étnico. En efecto, no se trata de que, como el pacto Constitucional de 1978 y el Pacto Estatutario de Autonomía que le siguió, consideren ciudadanos iguales a todos y a cada uno, ciudadanos del demos evidentemente, es decir, de la ciudad o pueblo político. Ciudadanos iguales y con las mismas garantías para desarrollar su autonomía, cada cual su propio proyecto de vida sin injerencia en la vida de los demás y conviviendo como iguales en el respeto a la ley. Sin embargo, la propuesta de Ibarretxe está en las antípodas de esa concepción democrática: el pueblo vasco no es la ciudadanía, sino un pueblo con identidad y derechos, tales como el de decidir su propio futuro. Ibarretxe parte del ethnos de la misma manera que partió Franco en su Cruzada antidemocrática, pues ambos invocan al Pueblo. Ambos se arrogan el poder de hablar en nombre del Todo cuando ya todos se definen como desean y también determinan su presente y futuro mediante su voluntad. Quienes hablan del Todo, como Franco o Milósevic, siempre han hecho enmudecer a todos pues los consideran sólo parte. La parte de un proyecto totalitario.

En todos los textos constitucionales del mundo democrático la identidad del pueblo es jurídico-política y así lo es también en nuestro texto constitucional. En cambio, en el proyecto de Ibarretxe la identidad del pueblo es etno-cultural, entendida como «patrimonio» ancestral previo a los ciudadanos. Si bien afirma que ese patrimonio les pertenece a todos los ciudadanos vascos, lo que está significando Ibarretxe es más bien que todos los ciudadanos le pertenecen a ese patrimonio, lo quieran o no. La prueba es que sostiene que el pueblo vasco en la actualidad se estructura en tres realidades jurídico-administrativas y en dos Estados. Por un lado -según él-, la Comunidad Autónoma Vasca y la Comunidad Foral de Navarra, en el Estado español; por otro, Laburdi, Zuberoa y Benafarroa, en el Estado francés. Pero todos sabemos que la Comunidad Foral Navarra no es pueblo vasco sino una parte del demos o ciudadanía española, al igual que lo es la Comunidad Autónoma Vasca; y tampoco son pueblo vasco las provincias vascas del demos o pueblo francés. Y nada tiene que ver que en determinadas zonas de esos lugares se hable o no eusquera, porque el habla puede provenir de muy atrás pero el pacto político entre los iguales del pueblo es siempre contemporáneo, data siempre de la existencia jurídico-política de cada ciudadano debatiendo libremente y expresándose en las urnas. La autodeterminación del pueblo es precisamente eso: un pacto siempre actual, contemporáneo y susceptible de cambiar el patrimonio de los ancestros. Por ejemplo, los alemanes después de la derrota del nazismo se constituyeron en otro pueblo muy diferente al de tiempos de Hitler y renunciaron a su patrimonio, indecente y bien cruel por cierto. Los serbios deben hacer lo propio y echar puentes con la diversidad real que constituyen. Que es lo que tendremos que hacer los vascos tras la derrota de ETA y del nacionalismo étnico: renunciar para siempre a veleidades patrimoniales que no han existido más que en la imaginación melancólica del aranismo, para afianzarnos en recuperar la auténtica dádiva patrimonial de hermanamiento y solidaridad con otras gentes de España que nos legaron nuestros antepasados, los de la vieja paz. Todos ellos, sin excepción de color.

El dilema de Ibarretxe es el mismo que el que se le planteó a Milósevic: o es lehendakari del demos y lo conduce poniéndose él delante de todos (que eso significa lehen-kari) para que todos seamos iguales e igual de libres, o se pone al frente del ethnos, deja de ser lehendakari constitucional, y se pone delante de su comunidad nacionalista, ésa que hace tiempo se ha desentendido de la suerte del resto de los vascos. El pacto de «convivencia» que propone es un preparativo de guerra civil, una especie de solución final entre hermanos diferentes. Lleva a lo que desde siempre persigue ETA, al enfrentamiento. ¿Será Ibarretxe capaz de ver que bombardea los puentes que existen entre mi hermano del PNV y yo, mi hermano de Batasuna y yo, y esos dos hermanos y mis otras dos hermanas socialistas? La negación de este interrogante es precisamente el icono de los puentes destruidos que traigo de Serbia.

De Garzón a Platón
Por CARLOS HERRERA ABC 18 Octubre 2002

PUES sí, sí, tiene razón el magistrado, toda la razón: lo de Batasuna, es decir, lo del nacionalismo vasco, es limpieza étnica. Ya lo siento, de veras, ya lo siento, pero lo es. Lo siento por los muchos defensores a pecho descubierto que ha tenido y tiene el grupo independentista y filoterrorista vasco; lo siento por esos intelectuales que en toda España han dejado lo mejor de su juventud en justificar su ejecutoria paralela a la de ETA; lo siento por algunos comentaristas radiofónicos provenientes de instancias universitarias o judiciales que dedican lo más afilado de su verbo a defender «el derecho político y de expresión de todos»; lo siento por los políticos catalanes que ven en esa alegre muchachada la expresión natural del batallador y esforzado pueblo vasco; lo siento por Miguel Herrero, por Carod Rovira, por Beiras, por Llamazares, por Cossiga, por Sánchez Gordillo, por los periodistas «dialogantes», lo siento por todos: Batasuna lleva años limpiando las calles de «escoria», de españolazos, de invasores, de socialistas, de populares, de «enemigos de Euskalherría».

Limpia las calles de los pueblos a tiro limpio, a cóctel limpio, a pintada con diana, de «artefacto explosivo» en «artefacto explosivo», puerta a puerta, piso a piso, sin descanso, con esmero. Lo lleva haciendo desde que la mano abierta de la Constitución Española se lo permite ante la mirada cómplice de sus amigos de sangre vasca gobernante y de los tontos que en España son, se llamen Miguel o Antoñita. Ahora surge la voz desacomplejada de un juez y, tras ella, la riada de habituales estúpidos poniéndole gasa a la herida abierta en el cuerpo batasuno. Si estas diligencias están preñadas de reflexiones más propias de la sociología política que del lenguaje jurídico, ya se encargarán otras instancias de decidir si procede o no. Pero no le resta ni un ápice de verdad a lo que lleva años ocurriendo en los predios norteños, donde, al igual que se mata, hay incluso individuos que están dispuestos a morir por algo tan absurdo como la independencia vasca.

Y voy a parar en que tiene razón Miguel Platón, autor de algún que otro ensayo clarividente sobre estas cuestiones, cuando me comentaba la otra noche que ninguna causa justa suele ser defendida con la vida de nadie. La vida suele inmolarse sólo por causas violentas e inaceptables, jamás por la aburrida democracia suiza, por ejemplo, o por el sistema métrico decimal. Sostiene Platón -y parece que este será uno de los argumentos centrales de su próximo libro- que la práctica totalidad de los comentaristas tendedores de puentes de diálogo con los asesinos o sus representantes serían incapaces de proponer algo semejante si el terrorismo fuera de extrema derecha. Y tiene razón: ¿se imaginan a los contertulios de determinados programas de radio, tan dados a comprender «los fenómenos violentos en su contexto político», pidiendo «diálogo» con terroristas de ultraderecha? ¿A que no? ¿Por qué entonces lo consideran tan necesario cuando el terrorismo se circunscribe al área marxista o al ámbito nacionalista?

San Sebastián lucirá mañana el empeño de los irredentos ciudadanos que no se resignan a ser eternamente las víctimas de esa limpieza étnica. No podrá estár quien suscribe, lamentablemente. No pudiendo ir a Donosti este sábado dejo de estar con compatriotas valientes y decididos y dejo de ir a abrazar a mi querido y predilecto Pepe Dioni, que celebra sus primeros 25 años casado con Marina (hijo de Sevillano, no conozco vasco más vasco, corazón más abierto, amante más amante de su tierra, amigo de caminos y rengues más espléndido). Pero les animo a ir a la tierra norteña y a resistir al lado de los que no quieren ser barridos. Garzón ya hace lo suyo. Hagamos nosotros lo nuestro.

España sí
Amando DE MIGUEL La Razón 18 Octubre 2002

A los españoles se nos da mejor manifestarnos contra algo. Recordemos el histórico «Maura no». Esa tendencia se reproduce especialmente en el País Vasco, por eso mismo tan español.

Las pancartas de las manifestaciones vascas llevan muchos términos negativos: «ETA no», «Basta ya». Son manifestaciones contra el terrorismo, y eso en el mejor de los supuestos. En todo caso se manifiestan positivamente a favor de la paz, pero eso no significa mucho. La paz es la estricta normalidad, la vida corriente de una sociedad civilizada. Desgraciadamente esa condición tan elemental falta en Vasconia.

Veo una gran asimetría en la actual confrontación de los vascos. Unos gritan «independencia» y llevan la ikurriña, esto es, la bandera del Partido Nacionalista Vasco, elevado al rango de insignia de toda la Comunidad Autónoma Vasca.

Pero los que están enfrente contestan con símbolos negativos; no quieren el terrorismo. Sería deseable que los que se oponen a la independencia nacionalista contestaran con un «España sí» y llevaran la bandera española. Todo estaría más claro.

Ya está bien de complejos pseudohistóricos. La identificación con España y sus símbolos no tiene por qué ser exclusiva de pequeños grupos fanáticos y violentos. La bandera española debe expresar el sentimiento general y pacífico de pertenencia a la nación española. Naturalmente, ese signo es compatible con todas las demás identificaciones regionales, locales, corporativas, incluso deportivas. A mí me gustaría ir en una manifestación por el País Vasco bajo el lema «España sí» y con todas las banderas que libremente se exhibieran, incluida la española.

No hay ninguna obligación para que un español se sienta como tal, pero no debe haber ninguna presión para que se expresen los españoles que sientan serlo.

¿Por qué subrayar el «España sí» en el País Vasco? Muy sencillo, porque hay bastantes vascos que no quieren ser españoles. Allá ellos. Pero déjeseme decir a mí que si esos vascos se separan de España, a mí me duele, me quitan algo.

Me resulta imposible entender la idea de España si de ella se desgaja el País Vasco. Por eso yo quiero manifestarme sobre el particular. No hay igualdad moral en las dos posturas.

Los nacionalistas vascos pueden llegar a matar a los contrarios. Yo no deseo ningún mal a los vascos que quieran separarse de España. Sus antepasados también ayudaron a erigir la nación española y yo estoy con ellos.

El doble exilio vasco
El auto de Garzón sobre la «limpieza étnica» refleja una realidad donde, a las 200.000 personas que se ven forzadas a irse de la Comunidad por la presión nacionalista, hay que sumar las que huyen a comarcas «constitucionalistas»
El País Vasco sufre dos tipos de exilio. Uno muy conocido y del que son ejemplos personalidades como Azurmendi, Juaristi, Llera, Mosquera... Es el exilio fuera del territorio de la Comunidad Autónoma Vasca, del que son protagonistas alrededor de 200.000 vascos que han sufrido la operación abertzale de «limpieza étnica» denunciada por Garzón. Con éste convive otro exilio: el interior. Todos los años, miles de vascos huyen de la presión nacionalista de las localidades en las que el voto independentista es mayoritario y optan por trasladarse a las grandes ciudades, con la esperanza de pasar desapercibidos, o a las comarcas del sur alavés, en las que la calidad de vida es superior y vence el voto constitucionalista.
José A. Fúster - Madrid.- La Razón

En 1965, la tasa de migración neta en el territorio de las vascongadas, o la diferencia entre migraciones e inmigraciones, era de 18,2 por cada mil habitantes. Diez años después, en 1975, y tras el fin del proyecto de industrialización del País Vasco que hizo de esa región el gran foco de atracción de los emigrantes interiores de toda España, la tasa se rebajó hasta el 4,8 por mil. Desde ese año, el País Vasco ha perdido población en un goteo constante que no se corresponde con su potencia económica. En 1980, en los momentos más duros de ETA, la tasa de migración de la CAV reflejó un balance negativo enorme: -5,1 por cada mil habitantes. Desde entonces, la tasa se situó en una media negativa de -2,3 por cada mil habitantes. En 1999, o el año que vivimos pacíficamente gracias a la tregua de ETA, la tasa de migración fue de -0,6 por mil. En los últimos 20 años, y según reflejan los datos estadísticos, la Comunidad ha perdido el 5,6 por ciento de su población. Sólo el Principado de Asturias, aunque en este caso debido a sus problemas económicos, soporta una despoblación mayor.

Destino Navarra
Todas las alarmas se disparan si se compara su tasa migratoria y su censo de población con los aumentos sostenidos, y en algún caso espectacular, de las comunidades y provincias que limitan con el País Vasco; es decir: Navarra, La Rioja, Cantabria y Burgos. Una comparación que conlleva dos agravantes: ninguno de esos territorios disfruta, por ahora, de un crecimiento económico tan notable como el de la CAV, y ninguno goza de infraestructuras tan avanzadas. Así, en la misma década en la que el territorio vasco perdió el 1,04 por ciento de su población, Navarra aumentó de hecho un 7,04 por ciento; La Rioja un 5,04 por ciento y Cantabria un 1,04 por ciento. Estas tres comunidades, junto con la de Castilla y León (la provincia de Burgos), Madrid y la Comunidad Valenciana (Alicante) son los ejes del polo de atracción de la emigración o del exilio vasco.

Pero hay otro exilio que por ahora ha pasado desapercibido: el exilio interior. Ante la presión nacionalista, decenas de miles de vascos han optado por trasladarse a otras zonas en las que la presencia abertzale es residual o a donde la posibilidad de vivir tranquilo (las capitales) es alta. Según datos de Eustat, las comarcas vascas que reciben porcentualmente el mayor número de migraciones interiores son (aparte de las tres capitales de provincia) los Valles Alaveses y La Rioja Alavesa, comarcas en las que el voto constitucionalista es abrumador. Aún más: las localidades que más inmigrantes interiores reciben son, entre otras, las alavesas de Berantevilla, Labastida y Laguardia. En las tres, el voto nacionalista es minoritario y, en las tres, el voto proetarra en las pasadas elecciones al Parlamento Vasco fue residual: en torno al cinco por ciento del total de votos escrutados.

Limpieza ideológica
En el polo opuesto, las localidades que sufren la tasa de emigración interior más negativa son ejemplos de hegemonía nacionalista. La Oficina de Estadística menciona a la guipuzcoana de Leintz-Gatzaga (en la que de 215 votantes, sólo nueve se decantaron por alguna de las dos formaciones ¬PP y PSE¬, contrarias al nacionalismo excluyente). El resto de las localidades nombradas como ejemplo de emigraciones interiores son Orendain (Guipúzcoa), en la que en las mismas elecciones sólo hubo un voto constitucionalista de un total de 122 electores censados; Arakaldo y Barrika (Vizcaya), donde el voto constitucionalista fue de poco más de un diez por ciento; Arrazua-Ubarrundia, en Álava, una de las pocas localidades de esa provincia en las que el voto nacionalista es superior al de PP y PSE; y la vizcaína de Sukarrieta, en la que de 262 votos emitidos, sólo 33 fueron para los constitucionalistas. Todos son pueblos pequeños (el mayor es Barrika, poco más de 1.200 habitantes), en los que la presión de los abertzales acalla cualquier otra voz.

Se estima que 200.000 vascos ya han elegido el exilio exterior. A estos, y al exilio interior, habría que sumar los que están dipuestos a irse en el caso de que el PNV consume su proyecto excluyente. Hace unos días, poco después de que Ibarreche presentara su propuesta de «status de libre asociación», un ex nacionalista, hablando con sus padres (del PNV), les dijo: «Muy bien el proyecto de Ibarreche, sí. Muy bien. Como lo consiga, vais a tener que ir a Madrid a visitar a vuestros nietos». Y en la línea se pudo escuchar «un tremendo silencio».

Don Quijote Garzón cabalga de nuevo
Lorenzo Contreras La Estrella 18 Octubre 2002

Baltasar Garzón ha vuelto a la carga contra el entramado de ETA, contra la esencia de la banda como holding, al que intenta llevar a los tribunales, y no sólo a la organización judicialmente desactivada que lleva el nombre de Batasuna y que espera sufrir luego la aplicación de la Ley de Partidos Políticos. En conjunto, pues, el entramado en su totalidad, bajo la doble imputación de practicar la "limpieza étnica" y el "crimen de lesa humanidad", es el renovado objetivo del superjuez, al que seguramente se le va a reprochar ponerse a las órdenes del Gobierno cuando en realidad se sitúa de nuevo en un plano de competición con el Ejecutivo. Nunca como hasta ahora ha quedado tan patente una crítica larvada, o no del todo expresa, contra un Estado -con su Gobierno al frente- que no ha sabido estar, según se desprende del auto, a la altura de sus funciones y competencias frente a un sistema de presiones, chantajes, extorsiones y comportamientos mafiosos.

Esa manera medio indirecta de apuntar al Estado para recordarle que no ha sabido hacer uso de sus recursos legales a plenitud es quizá el aspecto político más importante que late en la nueva salida de Don Quijote Garzón a campo abierto. La diferencia con el hidalgo manchego es que Garzón no ataca los molinos de viento, sino a verdaderos gigantes. Gigantes -en este caso ETA y sus acólitos- fabricados con materiales de pasividad estatal y de olvido, sin decirlo, de la lanza aguzada del artículo 155 de la Constitución, el que intentaría acabar con el invento de la autonomía soberanista vasca que ha ido haciendo posible a la banda terrorista, o al menos eso pueden pensar algunos.

El nuevo auto de Garzón se verá seguramente atacado desde diversos ángulos jurídicos. Se le discutirá con toda probabilidad que en los comportamientos de ETA y su holding no hay técnicamente "crimen de lesa humanidad", aunque sí existan procedimientos mafiosos de exclusión política por diversas vías de presión, entre ellas la extorsión y el expeditivo método del tiro en la nuca o la bomba traicionera. El crimen etarra tiene mucho de político y no está claro que tenga tanto de étnico. El que se somete deja de tener problema frente a la banda o su entramado. Un rechazo étnico implicaría siempre la no aceptación del sometido, cosa que no ocurre en Euskadi cuando el converso y el maketo aceptan servir a la causa independentista.

Hay, eso sí, semejanzas con el estilo nazi, pero sin llegar a sus extremos racistas. Lo esencial de la situación creada por el holding etarra, cabe insistir en ello, es la exclusión del discrepante, la exclusión política, y no su composición étnica, aunque Arzalluz sacara un día a relucir el famoso Rh negativo.

Garzón, con sus anticipantes, se adelanta también en esta hora a la manifestación organizada por las víctimas del éxodo vasco, prevista para el fin de semana en San Sebastián. Una vez más, el superjuez demuestra lo que tanto repite y que en este momento forma parte de la literatura que emplea en su nuevo auto: "Yo voy en mi propio barco". Ahora lo que intenta es sentar en el banquillo al holding por entero, a la totalidad de la organización con sus ramificaciones. Sigue jugándosela en el terreno doctrinal y en el plano de su seguridad personal, dada la amplitud y número de los frentes que se crea.

Los gallegos del País Vasco
Editorial El Ideal Gallego 18 Octubre 2002

Los nacionalistas vascos han conseguido que en su tierra se vivan escenas similares a las que durante décadas protagonizaron en los puertos de Galicia los miles de emigrantes que a diario partían hacia otro mundo para escapar de la penuria. Y es que hasta 20.000 gallegos que residían en el País Vasco han dejado esa comunidad autónoma durante los últimos diez años, pero a diferencia de sus antepasados no lo hicieron para huir de la miseria material sino de la miseria moral que les rodea. El terrorismo ha pesado mucho en su decisión, pero en el fiel de la balanza se ha movido también impulsado por las actitudes de los denominados nacionalistas moderados, a los que encabeza Xabier Arzalluz, quien en su día tuvo el valor de asegurar que si no fuese por el elevado número de emigrantes que se asentaron en el País Vasco a partir de la década de los sesenta, Euskadi ya sería independiente. ¿Acaso no es esa afirmación el ejemplo evidente de la limpieza étnica que practican los poseedores del Rh negativo, empuñen pistolas o no? Porque los “maketos” (término despectivo con el que los vascos designan a los emigrantes) hicieron con su trabajo que esa comunidad autónoma alcanzara los niveles de riqueza de que disfruta. Sin embargo, los iluminados hijos de Sabino Arana no les tienen mayor consideración que la que reservan a una pala excavadora o a una grúa. En cualquier lugar del mundo, una actitud así se llama racismo; en el País Vasco, en cambio, se le denomina nacionalismo. Lo que no se sabe es qué término se empleará para definirla cuando se obligue a vivir en guetos a quienes no tengan una “ka” en su apellido.Y poco falta para que llegue ese momento.

¡Basta Ya! consigue el apoyo del PPE en su defensa de los no nacionalistas
LISBOA. L. AYLLÓN / B. RODRIGO ABC 18 Octubre 2002

Los manifestantes llevarán banderas de España en defensa de la pluralidad. «No se trata de que sustituya a la ikurriña, sino de que ambas convivan», afirman

El XV Congreso del Partido Popular Europeo que ayer comenzó sus sesiones en Estoril (Portugal) aprobará hoy una resolución en la que expresa su apoyo a la manifestación que se celebrará mañana en San Sebastián. A propuesta del presidente del Gobierno, José María Aznar, los líderes europeos que se reunieron en la XXI Conferencia de líderes del PPE y de la EDU, que agrupa también a los conservadores británicos, hicieron público un comunicado, que hoy será aprobado, en el que manifiestan su respaldo a la iniciativa adoptada para dejar patente la exclusión a la que se ven sometidos los no nacionalistas en el País Vasco. También expresan su solidaridad con los ciudadanos que defienden sus derechos y su «condena del terrorismo y del entramado que lo apoya».

Aznar advirtió que sería un suicidio político, económico y de seguridad pensar que el terrorismo tiene una dimensión local y que resultaría más cómodo no hacer nada y mirar hacia otro lado. «Eso -agregó- supuso un error histórico que ha sido pagado muy caro. Las democracias débiles no hacen el mundo ni más libre ni más seguro y han llevado a errores en los que no debemos volver a caer. Sólo las democracias fuertes hacen que el mundo sea más libre y más seguro».

A las cinco y media, en San Sebastián
La asociación ¡Basta ya! convoca a los ciudadanos para que mañana, a las cinco y media de la tarde en San Sebastián, salgan a la calle a apoyar la pluralidad de la sociedad vasca en una manifestación cuyo lema será «Contra el nacionalismo obligatorio». Lo que se pretende es denunciar la situación en la que viven quienes no comparten el ideario que gobierna el País Vasco.

Los vascos no nacionalistas se han manifestado en multitud de ocasiones en el País Vasco contra ETA, por la libertad y a favor de la Constitución y el Estatuto, pero la manifestación de mañana aporta una novedad: reclamar que se acepte la pluralidad de la sociedad vasca, según señalaba a ABC la presidenta de la Fundación para la Libertad, Edurne Uriarte, que apoya, como otros muchos colectivos ciudadanos, la iniciativa de ¡Basta ya!

Uriarte afirma que se exigirá la desaparición de ETA, se apoyará a las víctimas y se reclamará a los nacionalistas que dejen de «imponer a la sociedad vasca la idea de que las opciones nacionalistas son las más legítimas y las más vascas, porque la defensa de la Constitución y del Estatuto es un proyecto tan legítimo y tan vasco como el otro».

Desde el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Consuelo Ordóñez pide a los ciudadanos que acudan a San Sebastián para apoyar «a quienes somos perseguidos en el País Vasco, los no nacionalistas». «Ellos no quieren la paz, sino más nacionalismo, y no quieren la derrota de ETA porque su existencia les supone más cuotas de nacionalismo», dijo a ABC.

Dirigentes del PP y del PSOE estarán en la manifestación de San Sebastián. El presidente de Nuevas Generaciones del País Vasco, Santiago Abascal, explica que acudirá «por resistencia al exilio». En opinión de este joven dirigente del PP, que tiene que acudir a la Universidad escoltado, la única opción que da Ibarretxe a los no nacionalistas es «si nos exiliamos ahora o dentro de diez años».

La defensa de la pluralidad de la sociedad vasca que hacen los convocantes de la manifestación incluye un llamamiento a rebelarse contra una realidad cotidiana que admite que en cualquier lugar de la Comunidad pueda exhibirse con naturalidad una ikurriña, pero no una bandera española; se pueda opinar que el proyecto soberanista del lendakari es una vía hacia la paz, pero esté «mal visto» defender la ley de partidos. Por ello, habrá banderas españolas en San Sebastián, y esa sí será realmente una novedad, aunque lo que pretenden los convocantes no es sustituir la ikurriña por la bandera española ya que, como explicó el filósofo Fernando Savater en la presentación de la manifestación, se trata de que ambas puedan convivir.

La Policía francesa interviene una empresa acusada de dar cobertura económica a ETA
Fundada por un ex dirigente de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, Olabe Distribution emplea a antiguos activistas repescados de América
FERNANDO ITURRIBARRIA/CORRESPONSAL. PARÍS El Correo 18 Octubre 2002

La Policía francesa, en colaboración con la española, intervino ayer la empresa Olabe Distribution de Hendaya, registró sus locales y detuvo a varios directivos y empleados -la mayoría puestos en libertad a las pocas horas- por sospechar que se trata de una sociedad-pantalla del aparato financiero de ETA. El ministro del Interior, Ángel Acebes, afirmó que la compañía, fundada por un ex dirigente de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, era instrumentalizada para dar cobertura económica y laboral a militantes repescados de América.

La operación policial, que continúa abierta, es consecuencia de una investigación conjunta realizada desde hace meses por agentes especializados de la brigada de delitos financieros de la Policía Judicial francesa y de la Comisaría General de Información con sede en Madrid. Fuentes españolas indicaron que el nombre de la empresa intervenida figuraba en los disquetes informáticos ocupados a Txemari Dorronsoro, detenido el verano de 1993 en París junto a Carlos Almorza, 'Pedrito de Andoian', entonces jefe del aparato financiero de ETA.

Los policías actuaron en el marco de una comisión rogatoria dictada por la juez de Bayona Hélène Bui-Van por los presuntos delitos de malversación de bienes empresariales y presentación de balances inexactos. Como las diligencias previas no contemplan infracciones de tipo terrorista, la Fiscalía y los jueces antiterroristas de París se encuentran de momento al margen de la operación en contra de lo que sucede habitualmente en las actuaciones relacionadas con ETA.

Material incautado
Agentes del departamento financiero de la Policía Judicial de Burdeos se personaron a primera hora de la mañana en los locales en Hendaya de Olabe Distribution. Estaban acompañados por inspectores fiscales y del departamento de Trabajo así como por policías de la brigada de represión de la gran delincuencia financiera con base en París. En el registro fueron intervenidos documentos contables y mercantiles, así como ordenadores y material informático. También fueron registrados domicilios y locales de algunos de los detenidos.

En su primera operación conjunta, los servicios franceses y españoles especializados en la investigación de las tramas financieras de ETA tratan de comprobar la realidad del trabajo de algunos empleados con antecedentes por militancia en ETA o en los extintos Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA) susceptibles de ser beneficiarios de empleos ficticios. Sus pesquisas también están encaminadas a probar las sospechas de que la empresa puede haber sido utilizada como un instrumento para el blanqueo de 'dinero negro' o el reciclaje de capitales ilícitos.

Como consecuencia de la operación, el presunto ex activista del 'comando Lekanda' Ricardo Pujana Alberdi fue encarcelado en la prisión de Burdeos, mientras que Andoni Zelaia Otaño, ex militante de los CAA, permanecía al cierre de esta edición detenido a la espera de pasar a disposición judicial, según portavoces del Ministerio de Interior español. Zelaia está reclamado por el asesinato del taxista Ramón Barreiro, perpetrado el 2 de septiembre de 1978. Ricardo Pujana tiene pendiente una condena a seis años de prisión por facilitar información para atentar contra guardias civiles y es hermano de Iñaki Pujana, ex dirigente del aparato político de ETA actualmente encarcelado. Pujana y Zelaia permanecerán en su actual situación a la espera de que España curse las peticiones de extradición, según las mismas fuentes.

Orden prescrita
José Luis Zurutuza Sarasola, director general y accionista de Olabe, Jean Louis Alcelay, presidente de la firma, y José María Zabala, ex directivo de la empresa, fueron puestos en libertad tras prestar declaración. Los dos últimos se habían presentado voluntariamente a la Policía al saber que eran buscados. Zurutuza está acusado en España de cinco asesinatos y dos secuestros. También fue liberado Xabier Lareki Dorronsoro, con antecedentes penales por colaboración con el 'comando Leizarán', tras comprobarse que la orden de detención internacional obrante en su contra ha prescrito desde la óptica francesa.

En Madrid, Acebes declaró que las investigaciones están enfocadas a «determinar las infracciones penales de tipo económico así como todas las vinculaciones con la estructura económica de ETA, tanto desde la perspectiva de infraestructura y apoyo directo a sus miembros, dotándoles de cobertura laboral, como desde su integración en el circuito económico de la banda terrorista».

Se da la circunstancia de que Zurutuza, Zelaia, Lareki y Pujana han residido varios años en distintos países de América. Según fuentes de la investigación, Markox Sagarzazu, presunto etarra detenido en San Juan de Luz el pasado 1 de agosto, había sido contratado por Olabe en abril de 2000.

Vicio de nulidad
JAVIER GUEVARA/ El Correo 18 Octubre 2002

Cualquiera que conozca un poco al lehendakari Ibarretxe tiene que saber también de dos cualidades que conforman su personalidad: primero, es una persona eminentemente recta y honesta; segundo, es, además, tenaz, un verdadero 'corredor de fondo', poco dado a banalidades y frivolidades pasajeras. En consecuencia, cualquiera que piense que su reciente propuesta ante el Parlamento vasco no es más que una calentura o una estrategia coyuntural se estará equivocando de medio a medio. El proyecto seguirá adelante hasta el último aliento.

El lehendakari ha dicho que su propuesta es abierta, como abierto está su autor a las críticas que puedan hacerse desde una actitud de lealtad y buena fe. Creo también en la sinceridad de esta manifestación, por más que la incalificable reacción del presidente de su partido contra los discrepantes se empeñe en dejarle en mal lugar. Voy, pues, a prescindir de la 'morralla' y acogerme al espíritu abierto del lehendakari para, con esa misma actitud, expresar mis consideraciones sobre su propuesta. En mi opinión, y sin entrar siquiera en el fondo del asunto, dicha propuesta presenta dos problemas previos fundamentales:

1.º En primer lugar, no creo que en democracia cualquier cosa sea legítima y defendible. O, mejor dicho, en democracia quizá sí. Pero aquí no estamos en democracia, sino en una situación predemocrática, en la que todavía no hemos alcanzado una situación normalizada de convivencia, a partir de la cual podamos empezar a discutir civilizada y tranquilamente de temas más profundos. En consecuencia, no me parece legítimo plantear una determinada propuesta cuando quienes discrepan de la misma están sometidos, por ese simple hecho, a persecución y riesgo de eliminación. En esas circunstancias, el debate no es posible. No hay igualdad de condiciones. Estamos ante un caso de vicio de nulidad por concurrencia de violencia e intimidación. El problema que tenemos no es más nacionalismo o menos nacionalismo. Es, simplemente, libertad o dictadura. Cualquier iniciativa que deba hoy en día plantearse ha de tener como objetivo esa prioridad.

2.º En segundo lugar, considero que la llamada 'propuesta de convivencia' es, en realidad, un programa político. Entendería, pues, que el mismo fuera planteado por una formación política y sometida al electorado. Pero no entiendo que deba ser formulado por quien representa a todos y cada uno de los ciudadanos de este país. Pudiera ocurrir que una parte significativa de esos ciudadanos se sintiera huérfana, desamparada, no representada y desarraigada. Pudiera ser que el lehendakari de todos los vascos se haya convertido en el lehendakari de todos los vascos nacionalistas. Pudiera, en fin, suceder que la llamada 'propuesta de convivencia' consiga un fin contrario al que dice pretender: ahondar más en la división, en la fractura social de la que recientemente sectores empresariales han alertado.

Dicho lo cual y, entrando ya en el fondo de la cuestión, creo que deberíamos hacer un esfuerzo para comprender el verdadero sentido y auténtico trasfondo de la propuesta. Ya he aceptado, y no voy a insistir en ello, la honradez de su planteamiento y la de quien la plantea. Pero rechazo, tajantemente, el criterio que la preside. Los ciudadanos vascos debemos saber que el lehendakari, con su proyecto, lo que nos está diciendo es, en realidad, que la paz tiene un precio. Que la superación del 'conflicto' que unos plantean requiere una rendición, al menos parcial, por parte de quienes los sufren. Con ello, el lehendakari está asumiendo y haciendo suyo un criterio repetidamente enunciado por altas jerarquías eclesiásticas, intelectuales de la 'tercera vía' y movimientos supuestamente pacifistas que ya ensayaron, con éxito, el sistema de la presión como método de conseguir objetivos. Este planteamiento, además de ser moral y políticamente inaceptable, es también equivocado. A estas alturas, ya deberíamos saber que el totalitarismo es, por definición, insaciable. Ahora caen los discrepantes. Luego les tocará el turno a los neutrales. Y al final vendrán a por todos. Ya lo dijo Bertolt Brecht.

Los emigrantes padecen una presión social que no pueden soportar
La “limpieza étnica” obligó a 20.000 gallegos a dejar Euskadi en 20 años
Agn  Santiago El Ideal Gallego 18 Octubre 2002

Baltasar Garzón acaba de dar un paso más en su cruzada contra el terrorismo en el País Vasco. El juez de la Audiencia Nacional intentará demostrar la “limpieza étnica” que Batasuna y el terrorismo de ETA practica sistemáticamente en Euskadi y el consiguiente éxodo de los que no comulgan con su ideario. Esta “limpieza étnica” afectó en los últimos 20 años de modo sistemático a la comunidad gallega emigrada al País Vasco, que pasó de superar las 100.000 personas a situarse actualmente en cerca de 80.000. Desde que ETA y su entorno recrudecieron las condiciones de vida en el País Vasco, los gallegos residentes en esa comunidad, la mayoría con sus negocios asentados y sus familias enraizadas entre el pueblo vasco, retornaron a razón de un millar de personas al año porque “no se puede vivir así”, según el secretario general de la Irmandade dos Centros Galegos en Euskadi, Xosé Vilaboa Barreiro.

Este lucense, que vive en el País Vasco desde hace 30 años, asegura tajante que “ni en tiempos de Franco se vivía tan mal” como se vive actualmente en Euskadi. La presión política “de los nacionalistas”, según Vilaboa Barreiro, coloca a los foráneos y a los no nacionalistas entre la espada y la pared. Una situación que gran parte de los gallegos residentes en el País Vasco no soportaron, y que causó el retorno de más de 20.000 emigrados gallegos a esa comunidad en los últimos 20 años.

Al margen de la política
“Se han marchado la mitad de ellos”, aseguran los funcionarios de los distintos centros gallegos en el País Vasco. Los gallegos, como muchos “no nacionalistas” residentes en el País Vasco, no aguantaron la presión. Los que se quedan, intentan permanecer al margen de la política en la medida de lo posible o hartos de callar toman la decisión de no morderse la lengua.

Xosé Vilaboa Barreiro es de los segundos. El punto y final a su silencio se produjo cuando ETA asesinó al periodista José Luis López de Lacalle. “Éramos muy amigos y a partir de ahí decidí no callar más”, dice. Ahora tiene tres escoltas y la firme convicción de que a sus 63 años ha llegado el momento de hablar.

“Tratan de hacerte sentir que no eres vasco, marcan diferencias con los que somos de otras comunidades”, señala Vilaboa Barreiro apoyando las tesis del juez Garzón. Esta situación afecta por partida doble al empresariado gallego en Euskadi, que “tienen miedo personal y por sus negocios”, según Vilaboa.

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