AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 21 Octubre  2002
La farsa nacionalista
Editorial La Razón 21 Octubre 2002

El PRI vasco
Luis María ANSON La Razón 21 Octubre 2002

El terrorismo, esa manía de primates
J.J. ARMAS MARCELO. Escritor ABC 21 Octubre 2002

Márketing de la bandera
Iñaki EZKERRA La Razón 21 Octubre 2002

Después de la manifestación
Lorenzo Contreras La Estrella 21 Octubre 2002

Firmeza sí, fiereza no
CHARO ZARZALEJOS ABC 21 Octubre 2002

Banderas en el País Vasco
Antonio Pérez Henares El Ideal Gallego  21 Octubre 2002

Estatuto
PABLO MOSQUERA La Voz 21 Octubre 2002

Los héroes de Euskadi
Consuelo Sánchez-Vicente El Ideal Gallego  21 Octubre 2002

«Superar» el Estatuto
Cartas al Director ABC  21 Octubre 2002

Amenazan de muerte a un edil del PP tras la marcha de Basta Ya
J. García (bilbao) La Voz  21 Octubre 2002

Lanzan botellas contra la vivienda de un senador del PP y le llaman asesino
BILBAO. AGENCIAS ABC  21 Octubre 2002

Mayor Oreja: «Sólo el voto de los vascos podrá tumbar el proyecto de Ibarretxe»
J. J. CORCUERA/VITORIA El Correo 21 Octubre 2002

Las presiones del PNV ponen al borde de la ruptura a las patronales vascas
P. GÓMEZ DAMBORENEA | Bilbao El País 21 Octubre 2002

El PP, Piqué y Cataluña
Manuel Martín Ferrand La Estrella 21 Octubre 2002

La farsa nacionalista
Editorial La Razón 21 Octubre 2002

El lendakari Ibarreche se hace el sordo ante las voces de las más de cien mil personas que se manifestaron el sábado en San Sebastián y, como si nada hubiese pasado, recibirá hoy al batasuno Arnaldo Otegui para explicarle personalmente su plan soberanista. El hecho de que sea fácilmente predecible la inutilidad del encuentro, pues Otegui ha anticipado ya su desacuerdo con el presidente regional vasco, nada importa. Lo que de verdad resulta importante para el PNV es ofrecer la imagen del batasuno sentado junto a Ibarreche, y dar un aire de «normalidad» y respeto al brazo político de ETA en sus horas más bajas, cuando la coalición está suspendida judicialmente por la Audiencia Nacional y afronta un proceso de deslegalización como partido político.

Ante el extraordinario éxito de la manifestación, el PNV, a través del portavoz gubernamental, Josu Jon Imaz, ha intentado parar el golpe con sus confusos mensajes que afirman que «la prioridad debe ser acabar con ETA», algo que en boca del PNV, más parece una frase tópica y una excusa que una declaración de principios, coherente con los hechos. Porque la verdad es que el proyecto nacionalista aprovecha vergonzosamente la existencia de ETA y su trama mafiosa. La verdad es que sin el apoyo del partido de Arzallus, la imposición del nacionalismo y la consiguiente limpieza étnica, que ha expulsado a doscientos mil vascos de su tierra, no hubiera sido posible, como también es cierto que, cuando ha llegado el momento en el que el Estado de Derecho ha hecho frente de verdad a la serpiente etarra, el PNV siempre ha tenido alguna excusa, alguna objeción de leguleyo, y ha preferido pactar con la mafia y acusar de prevaricación a un magistrado antes de unir sus fuerzas para combatir a ETA. Cuando un juez ordena cerrar las sedes de Batasuna, sólo cabe acatar la legalidad y cumplir con lo ordenado en el auto judicial, como se ha hecho en Navarra. Por el contrario, en el País Vasco, la Ertzaintza ha clausurado tan sólo una mínima parte, catorce de entre un centenar, de las sedes y centros donde se reúnen los batasunos y aduce problemas jurídicos para no cerrar el resto. Se trata de la misma actitud que tuvo el PNV (y que sostienen sus socios de IU y EA), cuando rechazaron primero la nueva Ley de Partidos Políticos y cuando se negaron después a suspender la actividad del grupo de Otegui en el Parlamento de Vitoria.

Cuando la realidad está dolorosamente marcada por un millar de asesinatos, por la amenazas de muerte en las pintadas que ayer mismo aparecieron en San Sebastián, por la vergüenza de la extorsión, de la intimidación constante y la limpieza étnica o ideológica, no sólo no es suficiente con decir que lo importante es acabar con ETA: resulta imprescindible que Ibarreche congele cualquier actitud soberanista, rompa hasta el último de los lazos con los etarras y espere a que todos los ciudadanos disfruten por igual de libertades plenas antes de exponer un proyecto que divide a la sociedad y sólo favorece a sus intereses de partido y a los amigos de ETA. Sólo entonces, cuando abandone su habitual estrategia de situarse en una hipócrita tierra de nadie, midiendo con insultante rasero igualitario a las víctimas y a los asesinos, y dando balones de oxígeno a los etarras cada vez que lo precisan, como hoy hará Ibarreche al entrevistarse con Otegui, podremos convencernos de que el partido de Arzallus está decidido, de verdad, a emplear todas sus fuerzas en acabar con ETA.

El PRI vasco
Luis María ANSON La Razón 21 Octubre 2002
de la Real Academia Española

Corresponde a UCD la responsabilidad histórica de entregar al PNV el Gobierno del País Vasco. En 1976, Suárez, Martín Villa, Rosón y tantos otros dirigentes ucedistas dedicaban sus mejores esfuerzos a borrar su pasado fascista y a que se les reconociera como demócratas de toda la vida. En ese propósito lo fueron entregando todo. Así es como se cometió el error inmenso de ceder al PNV todo el poder en el País Vasco. Los nacionalistas eran minoría en las vascongadas y su partido forcejeaba en la frontera del veinte por ciento de los votos. Pero Suárez, en lugar de forzar un Gobierno y un poder compartidos, les entregó la defensa de los intereses de España en el País Vasco y, también, la lucha contra Eta. Los listísimos políticos de Madrid solucionaban así el conflicto y garantizaban la gobernabilidad. Ya hemos visto en qué lodos se han convertido aquellos polvos.

Nicolás Redondo Terreros acaba de explicar todo esto de forma lúcida. El PNV se pitorreó desde el primer momento de la unidad de España y de la Constitución. Con relación a Eta su política ha consistido en no convertirse en objetivo de la banda terrorista, aprovechándose de la actividad criminal para afianzar el poder nacionalista. Recogieron las nueces caídas del árbol agitado por los etarras.

Veinticinco años después será muy difícil ganar en las urnas al PNV. Aquel partido minoritario de los setenta ha ido estableciendo fórmulas totalitarias para convertirse en el PRI vasco. Controla los medios de comunicación públicos de las vascongadas y una buena parte de los privados; maneja el presupuesto autonómico del que dependen directa o indirectamente casi la mitad de los vascos; el sectarismo totalitario se manifiesta de forma implacable en las subvenciones y ayudas a las editoriales, al cine, al teatro, a las escuelas, a las manifestaciones artísticas, juveniles, deportivas; la limpieza étnica ha producido la diáspora de doscientos mil hombres y mujeres, despejando incertidumbres en el censo electoral. Redondo tiene razón. Aznar no sabe, en fin, cómo ponerle el cascabel al gato que soltó UCD con torpeza recental, enmascarada todavía, eso sí, en lo que se llama el éxito de la transición en España.

El terrorismo, esa manía de primates
Por J.J. ARMAS MARCELO. Escritor ABC 21 Octubre 2002

Quisiera servirme de la frase de Jorge Luis Borges sobre el nacionalismo argentino para traducirla, parafrasearla y voltearla, sin cambiar su semántica, y atribuirla al terrorismo, esa manía de primates, que emponzoña con su veneno criminal desde hace más de veinte años el camino de las libertades y la democracia en España.

En tiempos de Franco, este escritor, civil y no militar que les habla, sufrió, entre otros desaguisados de la dictadura franquista, un Consejo de guerra por editar y publicar un libro del poeta José Ángel Valente que las autoridades militares de mi país juzgaron vejatorio e infamante. Corría 1972, mes de septiembre, cuando me condenaron en mi ciudad natal a seis meses y un día de cárcel, se me quitaron todos los derechos civiles y se me prohibió el pasaporte. Veinticinco años después del advenimiento feliz de las libertades y la democracia a España, otros perros rabiosos, que practican el terror y el crimen inicuo de la muerte gratuita, no cesan de amedrentar, amenazar y matar a ciudadanos españoles por el simple hecho de ser esas dos cosas, sólo ciudadanos y españoles. En el último mes de julio, un operativo antiterrorista de la policía española detuvo en Madrid a miembros del Comando Madrid y les incautaron papeles de la organización terrorista. En una lista de 170 nombres de ciudadanos españoles, posibles blancos de atentados terroristas, estaba el de este escritor, al que habían hecho un seguimiento durante casi cuatro años. Pero eso es lo de menos: otros ciudadanos, que no están en las listas de esa hipótesis asesina del terrorismo, murieron este verano y han muerto antes y, seguramente, morirán mañana.

A partir del 11 de septiembre de 2001, algunos intelectuales progresistas de los Estados Unidos de América y sus periódicos de referencia, el «The New York Times» entre ellos, «se volvieron mucho más sensibles al dolor y la crueldad del terrorismo de ETA, que seguía golpeando en España». Hasta esa fecha, la banda criminal de ETA era definida por tales medios informativos norteamericanos como «la organización separatista vasca ETA», con todos los ribetes y flecos de mística revolucionaria y heroicidad que conlleva tal apreciación. Lo mismo ocurría, hasta hace muy pocos años, con la opinión pública y los medios informativos de países europeos hoy amigos y aliados de España, como Francia, Bélgica o Suecia. Y, en el último verano escuchaba, atónito y perplejo, que la BBC inglesa, una emisora de la vida y la libertad desde hace tanto tiempo, describía a ETA, la banda terrorista de asesinos vascos, como «la histórica organización separatista del País Vasco». Sic transit gloria mundi. ¿Pienso yo, acaso, con mi sentido común que la banda terrorista del IRA, maniáticos de la muerte por razones en origen religiosas, es una simple organización secesionista de Irlanda del Norte? Jamás se me ocurriría pensar que las víctimas mortales del terrorismo integrista islámico de las Torres Gemelas son, en la medida en que se desee por parte de cierta frivolidad progresista, responsables y hasta culpables de este atentado, por el mero hecho de que eran, también la mayoría, ciudadanos norteamericanos. Las víctimas del terrorismo son siempre las víctimas, nunca son los responsables ni los culpables del terrorismo. Y, por eso mismo, me irrita como ciudadano libre, como escritor de un mundo libre, que todavía medios informativos legendarios de ese mundo libre estén tan ciegos que otorguen a los terroristas el grado místico de revolucionarios por la libertad y la independencia del País Vasco, vean la paja en el ojo ajeno y no caigan en la cuenta de su error hasta que la viga sea evidente en el ojo propio. Léase por la viga, el IRA y Al Qaeda, sin ir más lejos.

Bajo la coartada de la independencia del País Vasco, el terrorismo, esa manía de primates, el terrorismo de ETA y Batasuna, que es la misma banda criminal, ha matado en veinticinco años de libertad y democracia en España a más de mil ciudadanos, más de mil personas, varones, mujeres y niños, indiscriminadamente, por el mero hecho de ser ciudadanos españoles que no están en absoluto de acuerdo con la muerte que proclama el terrorismo, sino con la vida que proclama la libertad y los derechos humanos.

El País Vasco es el territorio español y europeo que goza de mayores privilegios económicos, mayor autogobierno político y autonomía general en toda la Comunidad Europea, pero los asesinos etarras, a falta de mejores argumentos, reclaman derechos de independencia por la vía violenta en el siglo XXI, y en Europa; y, de paso, reclaman derechos políticos ¡del siglo XIII!, inventando a toda carrera una patria entonces y ahora inexistente, lo que el escritor y poeta vasco Jon Juaristi, hoy director del Instituto Cervantes, llama «El bucle melancólico», un ensayo implacable contra la mentira terrorista, un libro que deberían leer, antes de hablar y escribir sobre los terroristas de ETA, todos los redactores de la BBC, del «Washington Post» y del «The New York Times», así como todos los periodistas e informadores, casi siempre mal documentados y pésimamente influidos, que elevan a los terroristas de ETA, o de cualquier otra banda asesina por razones políticas, económicas y religiosas, a la heroicidad de la mítica revolucionaria y los luchadores por la libertad...

Otro intelectual y escritor español, vasco como Jon Juaristi, el filósofo Fernando Savater, lector voraz de Cioran, y condenado a muerte por ETA igual que el propio Juaristi, escribió hace algunos años un ensayo titulado «Contra las patrias». A los contenidos de ese texto capital me adhiero.

Cuando Pablo Neruda, en su época surrealista, dejó escrito el verso «Patria, palabra triste, como termómetro o ascensor» seguramente estaba hablando de la grosera interpretación que del feliz sentimiento de la propia tierra hacen, tergiversando su verdadero sentido, políticos mafiosos, militares totalitarios y ciudadanos supersticiosos que, por demostrar que su raza es superior a las demás (como si las razas no fueran otras de las peores mentiras de la Humanidad), instalan la muerte en su sociedad y, no contentos con ella, la llevan a las demás, a las que muestran su fe en la vida enfrentándose a la muerte con sus propias armas, las armas de la vida y la libertad.

Cuando el argentino Jorge Luis Borges afirmó que «lo que más detestaba de los argentinos era su nacionalismo, esa manía de primates», denunciaba la superstición ideológica de ciertas clases dirigentes de su país que hizo desaparecer en cuarenta años toda su riqueza, empobreció a uno de los países más ricos del mundo y mató a más de 40.000 seres humanos en aras de la limpieza nacional.

Con todos los matices que se quieran, no otro tipo de locura, a partir de la superstición nacionalista, se ha instalado en el País Vasco merced al terror asesino de ETA y Batasuna. Como no otro tipo de criminal demencia instaló el IRA en Irlanda del Norte. Como no otro tipo de locura asesina quiere instalar el terrorismo islámico integrista que mató criminalmente a más de 2.000 personas en las Torres Gemelas. Denunciar las variadas máscaras con las que los asesinos terroristas, pervirtiendo el orden natural de las cosas, se disfrazan de víctimas para disimular su locura por la muerte, su profesión de terroristas, esa manía de primates. O los versos del vasco Blas de Otero, poeta español, una advertencia contra el totalitarismo, el fascismo, la muerte: «Vendrán por mí, por ti, por todos, aquí no se salva ni Dios, lo asesinaron».

Márketing de la bandera
Iñaki EZKERRA La Razón 21 Octubre 2002

Dos pasos se han dado con la «manifa» del 19 de octubre en San Sebastián y que tienen que ver con la pérdida de complejos de los demócratas vascos. Por primera vez el lema de una movilización pasa a la ofensiva en vez de quedarse en defensiva, da el salto de defender la Constitución y el Estatuto, los derechos humanos y ciudadanos, a denunciar expresamente a quien atenta contra éstos, a ese «nacionalismo obligatorio» que promueven ETA e Ibarreche, cada uno a su estilo. Por primera vez también se ven banderas constitucionales en Euskadi durante un acto promovido por los colectivos cívicos. Lo que a uno le gustó de las rojigualdas de San Sebastián es que salieron a la calle con naturalidad y que se mezclaron festivamente con las ikurriñas y hasta con alguna tricolor.
El nacionalismo obligatorio contra el que nos manifestamos muchos vascos el sábado finge un gran temor a la «fractura social» cuando no ha hecho otra cosa que enconar y agravar en la sociedad vasca la «fractura política». Durante un cuarto de siglo ha simulado ocupar un centro entre el independentismo terrorista y el mundo constitucionalista. Ha querido presentar a este último como un bloque monolítico en el que no cabía la discrepancia.

Ahora que ese nacionalismo se quita la careta y se lanza a por los votos de Batasuna, a por el pastel de la ignominia, es Llamazares el que quiere ocupar ese falso centro, viendo en el constitucionalismo la vía de la confrontación y el famoso «choque de trenes» en lugar de lo que es: el último tren vasco a la democracia. Porque lo que se escenificó el sábado en San Se- bastián no fue un frente monolítico, épico y patriotero como en la campa de Altube, sino una fiesta de la pluralidad a la que acudió más de un conocido nacionalista.

Yo prefiero esas rojigualdas del sábado, normales, civiles y de tamaño humano a la banderota de Colón, a esa americanada trillada y militarizada. Yo creo que la bandera constitucional necesita de un buen márketing, como todo en esta vida, y que el horno vasco no está para bollos ni «manifas» como la que montó ayer Ynestrillas en Bilbao y que parecía pagada por el PNV. Creo que hay que aprovechar los errores del «nacionalismo obligatorio», no resucitar el nacionalismo pol- voriento que trajo estos lodos. Yo me alegro de que la rojigualda fachilla de Bilbao no llegara antes que esa otra rojigualda constitucional, plural, de San Sebastián, que no tiene que ver nada con ningún frente ultra sino, paradójicamente, con la sensibilidad cívica, la estética civil, la fe en la libertad, la emoción humana con las que Machado evocaba aquel 14 de abril «cuando unos pocos viejos republicanos izamos la tricolor en el Ayuntamiento de Segovia...».

Después de la manifestación
Lorenzo Contreras La Estrella 21 Octubre 2002

La manifestación organizada en San Sebastián por la plataforma ¡Basta ya!, con asistencia multitudinaria que se cifra en bastante más de cien mil personas, ha sido, sin duda, un éxito de convocatoria. Aunque los participantes no fueran todos donostiarras y recibieran asistencias foráneas, no se podrá negar en justicia que un estado de opinión contra el "nacionalismo obligatorio" y a favor de la Constitución y el Estatuto goza de presencia y suficiente entidad. Eso hay que decirlo. Lo que se dice con mayor razón es que la finalidad más clara de la manifestación del día 19 se orienta a deslegitimar el proyecto de autodeterminar la independencia del País Vasco sobre la base de depurar su censo. Ahora bien, el error de Garzón en su reciente auto, el último hasta ahora, consiste probablemente en la denuncia de una estrategia de "limpieza étnica" cuando la preocupación de los abertzales es la depuración social y política fundada en la imposición de los principios alumbrados o consolidados en Lizarra, que buscan la integración general de la población en el objetivo de la emancipación territorial. En tal sentido se podría decir que para los del holding etarra vale todo y "valen todos" con tal de que sirvan fielmente los intereses del independentismo.

Ésa es la cuestión de base. El odio racial, como resplandece en los escritos de Sabino Arana, forma parte de la esencia del nacionalismo puro, el que no necesita armarse directamente con metralletas y pistolas, sino con los explosivos de la irracionalidad y la presión osmótica de la "kultura" y la condición étnica.

La manifestación contra el "nacionalismo obligatorio" ha sido valorada, pues, por los abertzales como un ensayo de torpedeo del pretendido referéndum. La abogada proetarra Jone Goirizelaia, sobrina carnal, por cierto, del obispo de San Sebastián monseñor Uriarte, ha expresado con rotundidad ese punto de vista: "Garzón —declara a Gara esta señora— se ha quitado la careta totalmente y ha dejado claro lo que había detrás de su instrucción: convertir un derecho fundamental en un ilícito penal". El auto del superjuez habría completado la estrategia del Gobierno contra el derecho de autodeterminación.

De momento están así configuradas las realidades. Lo peligroso, por generar decepciones sucesivas, es que los no nacionalistas lleguen a creer que con la manifestación de San Sebastián —como han dicho— se haya producido un gran paso hacia adelante, cuando no un paso decisivo. Y no hay tal cosa. Las transiciones del ánimo en el País Vasco son uniformemente aceleradas. Se pasa del infinito al cero con enorme facilidad. Un atentado de ETA y una orquestación de desórdenes callejeros, más alguna que otra manifestación ruidosa de signo independentista, serviría para arruinar la incipiente euforia despertada por la demostración del día 19.

Lo demostrado hasta ahora es que, con todos sus errores de instrucción judicial y de enfoques históricos, Baltasar Garzón se ha constituido en la "bestia negra" del holding etarra y en la garantía de su debilitamiento progresivo. Sencillamente porque le ha hablado a ese mundo en el único idioma que, aparte del euskera, es capaz de entender. Eso de no poder ya remar a gusto y con absoluta tranquilidad por las aguas de la violencia impune y de la financiación legal garantizada ha sido y es demasiado para los intereses de la banda y de sus ramificaciones.

Firmeza sí, fiereza no
Por CHARO ZARZALEJOS ABC 21 Octubre 2002

Horas antes de que comenzara la manifestación de «¡Basta Ya!» en San Sebastián, un grupo de convocantes, todos ellos jóvenes y anónimos, se dieron cita en los jardines de Alderdi-Eder con el objetivo de hinchar globos de colores que «den alegría» a la iniciativa. Y, efectivamente, antes que pancartas y banderas -todas las imaginables-, era un nutrido ramillete de globos lo que abrió la marcha del pasado sábado. «Esta manifestación tiene que ser distinta», decían sus organizadores.

No hubo consigna alguna, pero sí una especie de sexto sentido de lo que no se tenía que hacer. Por eso la gente no secundaba los eslóganes directamente alusivos a Juan José Ibarretxe y Xabier Arzalluz, coreados con pertinaz insistencia por un grupo de jóvenes de Unidad Comunista de España. Por eso se debieron quedar en algún cajón un montón de folios con las fotos de las ochocientas víctimas de ETA -todas ellas bien presentes-, y por eso, porque se quería que fuera distinta.

Primero apareció Peio Urkiola, bertsolari de Leiza -héroe anónimo- y cerró el acto Fernando Savater afirmando que aquello era una fiesta democrática y que quienes allí estaban «queremos amigos», pero sin ser avasallados. Nada más secundario en el acto del sábado que la lista de conocidos que a la misma asistieron. Lo importante fue la convicción, el sentimiento compartido de manera tácita de que se han acabado los llantos.

Culebreando por entre la multitud era fácilmente perceptible que el deseo de los allí reunidos no era tanto -que también- criticar a los que gobiernan -sí a los que matan y a los que callan- como recordarse a sí mismos. No hubo la agresividad que a algunos que no fueron les hubiera gustado, ni nada que pueda alegarse como disculpa para organizar una contramanifestación de desagravio a nadie. Hubo una nueva estética que, si se mantiene, bien puede interpretarse como una nueva estrategia.

Había muchos doloridos pero ningún doliente. Mucha amenaza acumulada pero ni un solo gesto de autocompasión. Cansancio ante una realidad difícil de sobrellevar pero una enorme determinación para continuar sobrellevándola.

Fue una manifestación distinta, muy distinta a otras anteriores. Las palabras de Fernando Savater resumen bien ese punto de distinción, ese conato de nueva estrategia que el sábado comenzó a aflorar: naturalidad, mucha naturalidad, y «firmeza sí, fiereza no». Y Peio Urkiola, el bertsolari de Leiza, para que no cupiera duda ni sobre la firmeza ni sobre la fiereza, lo dijo cantando con la naturalidad propia de un bertsolari.

Pensaron algunos que aquéllo iba a ser un desmán. Que los jóvenes iban a perder los papeles y que todos, mayores y jóvenes, iban a tener a Ibarretxe y a Arzalluz en la diana de sus gritos. Pensaron algunos, nacionalistas y no nacionalistas, que el objetivo era crispar. Creyeron, en fin, que aquéllo iba a ser una manifestación de gladiadores deseosos de arrumbar como sea al nacionalismo, a todo el nacionalismo. Creyeron eso y sólo desde el sectarismo o desde el desprecio pueden interpretarlo como una concentración de gladiadores.

Siguiendo con el símil, bien se puede decir, habiendo estado allí, culebreando entre la multitud, que fue más parecido a una concentración de antiguos cristianos que, llegado el momento, no se daban lástima a sí mismos, sino que cantaban. Qué políticos habían asistido, ni preocupaba y ni siquiera interesaba demasiado. Los ciudadanos anónimos que allí fueron, hubieran ido en cualquier caso.

Por eso, la multitud que recorrió San Sebastián no significa necesariamente complacencia acrítica con los políticos que asistieron, y por eso, porque fue una multitud anónima, el nacionalismo gobernante no puede darlos por descontados. No debe ver a gladiadores -«queremos amigos»-, sino a «cristianos» dispuestos a seguir siéndolo, como lo es, por ejemplo, Peio Urkiola, bertsolari y de Leiza.

Peio no conoce a Jaime Mayor Oreja, nunca ha saludado a José María Aznar, y ni se aclara y ni le importa demasiado si en el PSE manda Nicolás Redondo o Patxi López. El sábado, la multitud que recorrió San Sebastián estaba en otra onda; por eso, Peio, el bertsolari de Leiza, es, debería ser, en sí mismo un elemento de reflexión para quienes confunden a sus críticos con gladiadores.

Banderas en el País Vasco
Antonio Pérez Henares El Ideal Gallego  21 Octubre 2002

Quizá lo que más me gustaría sería no tener que escribir de el País Vasco. Nos hemos visto obligados a escribir y a hablar demasiado. Lo que lleva sucediendo ya tantos lustros, lo que nos amarga desde hace ya tanto insoportable tiempo la vida, nos fuerza, aunque no queramos, a volver una y mil veces sobre el asunto, sobre esa llaga que duele en el costado y que es imposible olvidar. Hoy hay que escribir, pero por fortuna no por algo doloroso, sino porque más de cien mil demócratas han tomado las calles de San Sebastián. ¡Inaudito! Todavía lo ha sido más el hecho de que hasta donde mi memoria demócrata alcanza, no había visto en un desfile así ondear banderas españolas. ¡Increíble! Nada más lógico podría pensarse, pero no lo es.

Durante mucho tiempo los que se han sentido tan españoles como vascos han ido siendo paulatinamente acorralados. Desde el extremismo terrorista, tal cosa ha sido delito penado con tiro en la nuca, pero en la zonas mas tibias, la opresión de lo que convenía, de lo que no estaba bien visto, de lo políticamente correcto, según el nacionalismo o según cierta doctrina no escrita del “retroprogresismo”, señalaba que tal cosa no era como para lucirla en la calle. Desplegar la ikurriña quedaba bien, pero desplegar la española se supone por algunos hasta una provocación.

No soy precisamente un forofo de las banderas, nunca lo fui, y aún menos de los que las enarbolan como primera y última razón de su fanatismo, pero entiendo que son símbolos y, por ello, el que una gente que se siente vasca y española haya querido anudar ambas y desplegarlas juntas, amén de ser un acto irreprochable, significa también algo de indudable trascendencia. Lo terrible es que no puedan hacer tal cosa con absoluta y total normalidad. Y lo que ello representa es al fin y a la postre la clave de eso que lleva tanto tiempo doliéndonos. Unos han de aceptar, y lo aceptan, y en la Constitución y el Estatuto bien diáfano está, y bien claro está el respeto a esos sentimientos nacionalistas. Pero no hay reciprocidad. Un nacionalismo excluyente les niega, depende de su grado de radicalidad y fanatismo, a los que no lo son, su legítimo derecho a pensar, expresar y proclamar su otra manera de ver las cosas. Y, por ejemplo, de sacar la bandera de España.

Estatuto
PABLO MOSQUERA La Voz 21 Octubre 2002

La Constitución Española posibilitó el modelo de Estado de las Autonomías, que hizo de la comunidad autónoma vasca un fragmento de Estado. Tal hecho se traduce en: Estado asimétrico, en el que no se han podido resolver las desigualdades entre territorios o comunidades; Estatuto de Autonomía para Euskadi, que, a pesar de no haber completado el régimen de transferencias desde el Estado a las instituciones vascas, ha sido el mejor instrumento para el desarrollo político, económico, cultural y social de la ciudadanía vasca; pacto entre comunidades de régimen foral para constituir una comunidad común, repartiendo el poder transferido del Estado entre Gobierno vasco, diputaciones forales y ayuntamientos, conformando un modelo que posibilita una de las rentas más altas de la UE.

Pero, lamentablemente, lo que para unos era un objetivo, para otros es sólo un vehículo para recorrer un primer trayecto que permita emprender el camino de la autodeterminación para ser nación y construir un Estado. Tal pretensión será rechazada por una parte importantísima de la sociedad civil vasca, y los primeros que lo han manifestado son los representantes de los empresarios, por su sensibilidad a la inestabilidad o a las aventuras rupturistas.

Mientras el lendakari presume de que su plan es para «vivir mejor», los empresarios le han dicho que se corre el riesgo de «vivir peor». Y Arzalluz ha querido «matar al mensajero». «Seguir aumentando el autogobierno en beneficio de las ciudadanas y ciudadanos vascos» llega al colmo de lo absurdo, al promover un proceso de confrontación con los clientes de las empresas vascas que residen en España, con el efecto de poner en marcha una crisis económica por rechazo. El lendakari está a punto de acabar con la gallina de los huevos de oro, provocando la división en la sociedad vasca, y la repulsa de los clientes hacia los productos procedentes de la Euskadi que emplea el término «español» como un insulto.

Los héroes de Euskadi
Consuelo Sánchez-Vicente El Ideal Gallego  21 Octubre 2002

Fue... no sé si la más multitudinaria manifestación que ha marchado en Euskadi por la libertad. Desde que el pacto de Lizarra rompió la unidad de los demócratas contra el terrorismo, nunca las calles vascas han sido tan de las víctimas de ETA, y de la intransigencia. Esto es lo nuevo: la noticia. Nunca antes hemos visto junto en Euskadi tanto coraje cívico. Tanto heroísmo. Nunca antes tantos supervivientes de la matanza etarra, tantos perseguidos y extorsionados por ETA, tantos exilados y tantos vascos que habitualmente callan, se echaron el miedo a la espalda y salieron a sus calles para defender su derecho a no ser asesinados por el nacionalismo que mata y a no ser excluidos del concierto social por el nacionalismo que gobierna. Contra el nacionalismo obligatorio.

Impresiona que, en pleno tercer milenio miles de personas tengan que echarse a la calle para pedir... lo menos que se despacha en democracia: libertad. Pero así son las cosas en este rincón del mundo hipercivilizado, aunque el gobierno vasco no quiera verlo. Ni compasión pueden esperar esa casi mitad de los vascos perseguidos en Euskadi por sus ideas, del gobierno que debería velar, también, por ellos. Ninguno de los partidos que integran el gobierno de Ibarretxe estuvo allí, ni siquiera a título personal. Era una marcha contra el nacionalismo democrático, ha dicho Anasagasti. Sobran los comentarios, pero me permitiré uno: habéis vuelto a dejar solas a las víctimas. La libertad, como rezaba alguno de los carteles de los manifestantes, no te la dan: se conquista. Y, a por ella salieron el sábado los héroes de Euskadi. A por su libertad. Tendrán que persistir. Conquistarla en las calles y en las urnas. Y en esa lucha por el derecho a discrepar sin que te cueste la vida no puede faltarles el aliento de quienes, del Ebro hacia abajo, pensamos que en España no habrá democracia, mientras no la haya, también, en Euskadi.

«Superar» el Estatuto
Cartas al Director ABC  21 Octubre 2002
A modificar la actual situación jurídico-política del País Vasco muchos le llaman «superar» el Estatuto. La palabra es totalmente inadecuada. La situación que dicen pretender los nacionalistas (no todos), sea la que sea: independencia, federación con España..., no es ni superior ni inferior, es «distinta». Utilizando la palabra que emplean, intencionadamente, los nacionalistas, de modo implícito les estamos dando la razón, porque ¿quién no desea tener una situación «superior»? Ojo con las palabras que, a veces, las carga el diablo. O Arzalluz.

Ángel María Iraburu Larreta.  Pamplona.

Amenazan de muerte a un edil del PP tras la marcha de Basta Ya
-Es la tercera vez que Ramón Gómez o su familia son atacados por los radicales
J. García (bilbao) La Voz  21 Octubre 2002

Varias pintadas amenazantes contra el concejal del PP en el Ayuntamiento de San Sebastián Ramón Gómez aparecieron ayer en el portal de su casa, situado en el barrio de Amara, pocas horas después de la manifestación multitudinaria celebrada por las calles de la capital donostiarra contra el «nacionalismo obligatorio». Es la tercera ocasión en que este edil o sus familiares sufren las iras del mundo radical.

En las pintadas, que habrían sido realizadas durante la madrugada por uno o varios encapuchados, figura una diana de color rojo en la que se podía leer el nombre del concejal. Asimismo, aparecen frases como «PP vais a morir», «PP lo vais a pagar caro» o «Gora ETA». El edil amenazado, que denunció los hechos ante la Ertzaintza, cree que lo ocurrido es la respuesta del entorno de Batasuna y ETA a la marcha celebrada en San Sebastián a favor de la Constitución y el Estatuto. «Lo único que saben hacer los fascistas es amenazarnos de esta manera, con matarnos y destruir nuestras familias, mientras nosotros, los demócratas, sabemos manifestarnos en paz», denunció Gómez, quien contrapuso la actuación de los terroristas a la «expresión popular» que se vivió en la capital guipuzcoana con la movilización de más de 100.000 personas. El concejal, que tildó de «cobardes» a los autores de las pintadas, afirmó que seguirá «dando la cara».

En mayo del 2000, su vivienda ya sufrió importantes daños materiales tras ser atacada con cinco cócteles molotov y dos antorchas. Dos años antes, en abril de 1998, el objetivo de los terroristas fue el domicilio de sus padres, junto al que los miembros del comando Donosti pusieron una bomba. El pleno del Ayuntamiento de San Sebastián estudiará hoy una declaración de solidaridad.

Lanzan botellas contra la vivienda de un senador del PP y le llaman asesino
BILBAO. AGENCIAS ABC  21 Octubre 2002

Dos individuos lanzaron anoche botellas de cristal contra la vivienda en San Sebastián del senador popular guipuzcoano Gonzalo Quiroga, a quien insultaron llamándole "asesino", según indicó el representante del PP.

En declaraciones a Efe, Quiroga relató que sobre las once de la noche, cuando ya iba a acostarse, escuchó un estruendo procedente del balcón de la vivienda.

El senador popular comprobó que el balcón se encontraba lleno de cristales y al asomarse descubrió a dos individuos que huían del lugar corriendo y que al verle, le insultaron llamándole "asesino".

Quiroga relacionó este ataque, que no es el primero que sufre, con la manifestación que reunió el pasado sábado en San Sebastián a miles de personas en contra del "nacionalismo obligatorio".

Mayor Oreja: «Sólo el voto de los vascos podrá tumbar el proyecto de Ibarretxe»
«Percibo ya cambios de opinión y de conciencia en muchos vascos, un proceso que exige maduración». «Vamos a abrir con generosidad y humildad la alternativa a los críticos con el nacionalismo de ruptura».
J. J. CORCUERA/VITORIA El Correo 21 Octubre 2002

Le gustan las frases directas y lapidarias y, pese al chaparrón político que está cayendo y los negros nubarrones del horizonte cercano, se muestra optimista. «Lo que está sucediendo tenía que pasar», «Vamos en la buena dirección» o «Estamos avanzando aunque nos quieran llevar al abismo», son algunas de las frases que el líder del PP vasco y uno de los aspirantes a la sucesión de Aznar desliza en esta entrevista. Jaime Mayor Oreja está convencido de que el proyecto soberanista de Ibarretxe «no es una bravata» y, después de entonar un calculado 'mea culpa' por los «errores» del PP en el 13-M, vuelve a relanzar su idea de la alternativa democrática que quiere abrir con «humildad y generosidad» a nuevos sectores y grupos desengañados con el actual escenario. Asegura que, aunque de forma lenta, se están produciendo ya «cambios de opinión y de conciencia» en muchos vascos, y sostiene convencido que sólo el voto de los ciudadanos podrá «tumbar» el «plan totalitario» del lehendakari.

-Muchos nacionalistas dicen que Ibarretxe, atenazado entre ETA y el PP, no tenía otra salida que dar un paso contundente hacia adelante.
-La razón de fondo es el estancamiento del nacionalismo. Creen que ya han extraído del Estatuto y de la autonomía todo lo que podían, avivado, además, por lo ocurrido en Ermua, un movimiento espontáneo que no controlaron. Todo ello ha acelerado su precipitada huida hacia adelante. En vez de refugiarse en la autonomía y en Ermua, lo hacen en Estella y en ETA.

-Lo cierto es que el Gobierno y el PP tampoco han querido poner las cosas fáciles al PNV.
-Cuando el PNV está en la ruptura el PP y el Gobierno no pueden facilitar un proceso de esas características que, no nos olvidemos, sólo está presente en la política vasca desde 1998. En 1996 y 1997, tampoco lo olvidemos, los esfuerzos que hizo el Gobierno del PP para mantener vivos todos los cauces fueron inmensos.

-¿En cierto modo, el PNV se ha situado en el punto exacto que quería el PP, al mostrar todas su cartas y su perfil más radical?
-No ha habido una voluntad previa y retorcida para conducir al PNV a que se retratase, aunque al final lo haya hecho. Creo que había una idea preestablecida por el nacionalismo de que los señores de la derecha española éramos perros ladradores y poco mordedores. Pensaban que nuestras convicciones eran muy débiles y que con nosotros iban a alcanzar lo que no lograron con la izquierda española. Se encontraron con que en una cuestión tan vital como es la posición del Gobierno frente a ETA, hacíamos lo que decíamos y nos creíamos lo que hacíamos. Los cerebros estratégicos del nacionalismo se equivocaron.

«Abiertos a mejorar»
-¿Qué planes tiene el PP para atraer a los votantes nacionalistas descontentos con el nuevo escenario?
-Nuestra respuesta es la humildad y un planteamiento inicial generoso para que otros sectores y grupos, no me refiero sólo a los socialistas, tomen protagonismo en el diseño de una alternativa democrática al nacionalismo de la ruptura y de la coincidencia con ETA. La alternativa es más urgente que nunca y la única salida posible a la actual situación. Queremos actuar con más tiempo y con menos precipitación que en la campaña del 13-M. Estamos abiertos a mejorar lo que se hizo, pero que nadie se engañe. Cuando hay abierto un proceso de ruptura la alternativa no consiste en adoptar una medida concreta, sino en trazar un recorrido y en diseñar otro proyecto. Lo que no vamos a hacer es rebajar nuestro nivel de fortaleza y convicción. Esto no se hace descafeinando el discurso.

-¿En qué consiste realmente esa alternativa?
-Ibarretxe quiere abrir un proceso de fractura, pero, probablemente, no tiene claro el desenlace. Por eso dice lo del estatus libre asociado, que es como decir nada. Para impulsar un recorrido alternativo hacen falta los partidos constitucionalistas, los movimientos sociales ya existentes y los que vayan emergiendo, los intelectuales vascos, todas aquellas voces descalificadas abiertamente por el proyecto de Arzalluz e Ibarretxe... Hay que corregir los errores del 13-M; el fundamental fue el factor tiempo, no hubo una etapa de maduración de la alternativa. La pasión y la ilusión nos hizo quizá correr un poco más de lo necesario. Ibarretxe no va a cambiar porque no lo sabe hacer. Sólo los vascos con su voto podrán tumbar su proyecto.

-¿Asistimos a 'Lizarra 2'?
-En Estella los radicales se hicieron moderados. En esta ofensiva los moderados se hacen radicales. La primera es la más tramposa y la más mentirosa. En la actual estrategia, la clarificación es mayor y la mentira es menor. Hoy sabemos mejor lo que pasa que hace dos años. En las grandes ciudades, en Álava y en Vitoria, hay, en mi opinión, capacidad de respuesta. Hay franjas electorales suficientes para responder a esta nueva ofensiva.

-¿Contempla como una posibilidad, aunque sea remota, la suspensión de la autonomía vasca, en aplicación del artículo 155 de la Constitución?
-No descarto nada, porque la Constitución no se puede trocear, pero tampoco contemplo un artículo único. El atajo de suspender la autonomía no sería una buena fórmula. Creo que se están produciendo ya cambios de opinión y de conciencia en muchas personas, un proceso que exige tiempo de maduración. La iniciativa de Ibarretxe no cambia nada, sólo confirma una actitud. ¿Qué está cambiando el mapa político vasco? La ley, el Estado de Derecho, el auto de Garzón, la Ley de Partidos, la rebelión democrática de las víctimas. Éste es el camino efectivo, el que permite a la democracia tener una esperanza. Por eso no estamos empeorando. No hay retroceso en el País Vasco aunque nos quieran llevar hacia el abismo, al desfiladero. Tenemos más vértigo, pero estamos avanzando. Lo que está sucediendo tenía que pasar. Era absolutamente inevitable, a menos que el PNV hubiese hecho su propio tránsito. Aquí ha transitado la derecha, la izquierda, hemos cambiado unos y otros, casi somos irreconocibles con respecto a lo que éramos hace 25 años. El único que no lo ha hecho ha sido al PNV, que pretende algo imposible, utilizar a la sociedad vasca para no hacer un cambio profundo. ¿Cuándo se resolverá esto? Cuando cambien, cuando pierdan.

-¿Por qué se niegan a entrevistarse con el lehendakari?
-Ya le he dicho a Ibarretxe a la cara en el Parlamento lo que le tenía que decir.

Sociedad neutralizada
-Las formas también son importantes en política.
-Aquí no sólo hay un proyecto del que yo discrepo; hay un proceso. Y si el objetivo final de Ibarretxe es el referéndum de la autodeterminación, de la independencia o de la separación, llamémoslo como queramos, yo me abstengo desde el primer momento. No quiero que haya legitimidad en lo que está haciendo, y mi presencia, en mi opinión, le legitima más que si no voy.

-¿No cree que una de las carencias del discurso del PP es que no genera ilusión ni esperanza?
-Quizá no se generen lo necesario, porque ésta es una sociedad muy neutralizada. Hay muy poca masa crítica en un país que ha sido muy esquilmado. Creo, por el contrario, que el PP ha suscitado, por primera vez, una cierta esperanza en algunos sectores. El problema es que estamos luchando contra la falta de esperanza y de confianza en una sociedad muy debilitada por la asociación del crimen de ETA y la mentira del PNV.

-A usted que le gustan tanto los vaticinios, ¿cómo cree que puede terminar todo esto?
-Yo creo que bien para todos los que queremos cambiar sustancialmente la situación del País Vasco. Lo importante es saber que eso exige un tiempo... Desconozco cuál será el escenario final de todo esto, pero estoy seguro de que vamos en la buena dirección.

-¿Puede ser más explícito?
-Hoy tenemos menos terrorismo que nunca y menos organización terrorista que nunca. Hemos hincado el diente, además, a una de las cosas más difíciles, que era ilegalizar el entramado político y social de una organización terrorista. El nacionalismo reacciona ante lo que se está haciendo y puede dar la sensación de que todo está peor. Al final, medimos la situación política en base al ruido, al grito y a la tensión, pero, esencialmente, el problema del País Vasco es ETA. Tenemos razones para estar mucho más optimistas que en 1997.

-Resulta lastimoso comprobar cómo los políticos no son capaces de llegar a acuerdos. En democracia, entre otras cosas, se les paga para eso.
-No sólo para eso. Yo no contrato a un cirujano para que me dé palmaditas en la cara o para que entrelace mi mano con la de un enfermo que tengo al lado. Lo que le pido al cirujano es que me diga la verdad de mi enfermedad y que tenga el valor de ponerse manos a la obra.

-La suspensión judicial de Batasuna es ya un hecho y la petición política para ilegalizarla está en trámite. A la vista de lo que está pasando, ¿cree que el remedio ha sido peor que la enfermedad?
-La bondad o la maldad de una medida de estas características es si va al núcleo de la solución o no. Todo lo que sea poner fuera de la ley a ETA es bueno. Ilegalizar a ETA en las instituciones es bueno. Todo lo que sea debilitar, desarticular, desentrañar una organización dirigida por ETA es bueno. Tengo la certeza moral de que todo es lo mismo y responde a una misma estrategia.

-¿Cree que el PNV, aunque a regañadientes, está cumpliendo con la legalidad?
-Lo que necesita el PNV en esta etapa es acrecentar su poder, quiere heredar a Batasuna. Usa este proceso para reubicarse en la radicalidad y, después, romper. No les importa nada la confrontación con Garzón ni con el Gobierno. La necesitan para representar mejor la radicalidad y para heredarla.

-¿Cómo valora la manifestación del sábado de Basta Ya?
-Confirma que el 'Espíritu de Ermua' está vivo y que la rebelión democrática de los vascos es una realidad. Ahora, a los políticos del PP nos corresponde presentar, junto a otros grupos, una alternativa democrática a la propuesta rupturista de Ibarretxe, que encarne desde la esperanza y la ilusión los valores que defendieron el sábado en San Sebastián decenas de miles de vascos.

Las presiones del PNV ponen al borde de la ruptura a las patronales vascas
Las tensiones ponen a los empresarios guipuzcoanos, que se reúnen hoy, al borde de la ruptura
P. GÓMEZ DAMBORENEA | Bilbao El País 21 Octubre 2002

El PNV ha puesto en marcha en las últimas fechas la maquinaria de su aparato para presionar a las organizaciones empresariales vizcaína y guipuzcoana y lograr un vuelco en su opinión sobre el plan soberanista del lehendakari, que el pasado día 9 recogió de la patronal vasca Confebask la crítica más contundente desde que Juan José Ibarretxe iniciase hace hoy dos semanas la ronda de contactos sobre su proyecto. La presión peneuvista se halla cerca de lograr una ruptura del consenso alcanzado en Confebask tras mucho debate y propiciar una división en su seno y en las patronales provinciales, según fuentes empresariales. La cúpula de la guipuzcoana Adegi debate hoy el documento con que Confebask rebatió a Ibarretxe.

La cita con los empresarios era el 9 de octubre. Desde que Ibarretxe desvelase su propuesta el 27 de septiembre, el empresariado mantuvo silencio absoluto sobre su opinión y sobre los debates de sus órganos representativos, que condujeron a un documento de consenso, ultimado en maratonianas sesiones los dos días previos a la cita. El acuerdo no fue fácil, según fuentes de las tres patronales provinciales (la vizcaína Cebek, la guipuzcoana Adegi y la alavesa SEA, confederadas en Confebask), pues cada una defendía su propia propuesta, fruto de su debate interno. El SEA era el más crítico con el plan soberanista. Los vizcaínos estaban en medio, y los guipuzcoanos mostraban mayores dudas, por la mayor presencia del nacionalismo en esa provincia. Tras muchas horas de discusión, el martes 8 se cerró un texto aceptado por todos en el seno de Confebask, la patronal que agrupa a más de 13.000 empresas. De hecho, desde Adegi se envió el texto por correo electrónico a los miembros de su ejecutiva, a los que se pidió discreción absoluta hasta que el presidente de Confebask, Román Knörr, lo hiciese público tras la reunión con Ibarretxe.

Tras una inmediata reacción que rebajaba la contundencia de las objeciones empresariales, el PNV y los medios de su órbita comenzaron a sugerir la existencia de desacuerdos en la patronal por la rapidez de Knörr en revelar el texto. Finalmente, el pasado lunes era el propio presidente del PNV, Xavier Arzalluz, el que lanzaba en la emisora pública Radio Euskadi un contundente ataque personal contra Knörr, cuestionando su capacidad para dirigir la patronal y llamándole 'funcionario'. Knörr, con negocios de alimentación, asumió recientemente su segundo mandato al frente de una patronal siempre con dificultades para hallar candidatos a su dirección por la amenaza de ETA.

Detrás de las descalificaciones públicas, el aparato del PNV empezaba su labor entre bambalinas. La línea la había marcado Arzalluz al aludir a discrepancias en Adegi y Cebek con respecto al documento leido por Knörr. Descartaba ya directamente al SEA.

Empresarios que forman parte de los órganos de las patronales creen que las presiones del PNV pueden generar la división e incluso la ruptura de las tres asociaciones y de Confebask. Arzalluz estimó una 'maldad' decir que el PNV quiere dividir a los empresarios, pero fuentes patronales entienden que eso es lo que pretende. Adegi ha convocado para hoy una reunión de su ejecutiva y luego de su Consejo Rector, sin orden del día prefijado, lo que rompe una tradición de años, pero lógicamente volcada en debatir la situación.

Miembros de la ejecutiva de Adegi creen que empresarios guipuzcoanos cercanos al nacionalismo 'quieren jugar otra vez hasta que salga el resultado que desean'. Estos directivos saben que, por la presión del PNV, las posiciones ya decididas pueden cambiar, pero aseguran: 'La postura correcta, independientemente de las ideas, es mantener lo pactado legalmente'. Las consecuencias de no aceptar el acuerdo cerrado pueden ser graves. Fuentes de Adegi sostienen que deberían abandonar la organización quienes no aceptan lo que se decidió de 'forma democrática y legal' y que si se cambia lo acordado lo mejor sería dejar la entidad. Las posibilidades de ruptura existen en ambos casos y son grandes.

También sobre la vizcaína Cebek han caído las presiones peneuvistas. Los empresarios ligados a Ascobi, asociación que agrupa a los constructores de esta provincia, están insistiendo duramente para que Cebek cambie de criterio. Empresarios vizcaínos destacan que el sector de la construcción está muy ligado a las obras públicas y, por tanto, a unas administraciones copadas por el PNV en Vizcaya y Guipúzcoa.

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El riesgo de la fractura

Los empresarios vascos temen que el plan de Ibarretxe afecte a la actividad económica, a las inversiones y a sus ventas fuera de Euskadi. Pero sus temores no quedan ahí. También opinan, y así se lo dijeron al lehendakari, que su propuesta está planteada desde la 'unilateralidad' y, por tanto, corre el riesgo de crear mayor fractura en la sociedad vasca. Esta advertencia contenida en el documento pactado por las tres patronales encerraba casi un presagio de lo que les puede terminar pasando a ellas.El 2 de octubre, el Círculo de Empresarios Vascos, que reúne a título personal a algunos de los principales patronos de Euskadi, censuró el plan de Ibarretxe y advirtió de que podía 'ahondar la fractura social'. Su opinión fue minusvalorada por dos miembros del Gobierno autónomo: su portavoz y consejero de Industria, Josu Jon Imaz, y la vicelehendakari, Idoia Zenarruzabeitia, que recalcaron que quienes debían opinar eran los representantes de Confebask. Esa opinión llegó, pero no en el sentido que ambos esperaban. Aunque el Ejecutivo vasco no ha querido terciar oficialmente en la polémica, tampoco se ha mantenido del todo al margen. Tras el Consejo de Gobierno del pasado martes, Imaz aseguró que el Gabinete aceptaba todas las posiciones. Pero sugirió que el documento representaba sólo a Knörr y que en Confebask había problemas.Algunos empresarios estudian proponer a sus territoriales una declaración de apoyo expreso a Knörr, pues lo sucedido, recalcan, 'es indignante'.

El PP, Piqué y Cataluña
Manuel Martín Ferrand La Estrella 21 Octubre 2002

Durante este fin de semana, en el que José María Aznar ha tenido buenas oportunidades para mejorar su dominio del catalán, en público o en privado, las bases del PP en Cataluña han elegido presidente regional a Josep Piqué. Lo han hecho en una proporción propia de Bagdad, el 93 por ciento de los votos. “Mi apuesta, ha dicho el elegido, no es un compromiso coyuntural, es de futuro y con el futuro”. No sé muy bien lo que quiere decir eso; pero, vista la trayectoria política del personaje, no debe querer decir nada.

En mayo de 1996, Aznar llamó a Piqué para que formara parte de su Gobierno como titular de Industria y Energía. Sentó así un catalán a su mesa del mismo modo que, antes, en Navidad, algunas buenas señoronas sentaban a su mesa un pobre de solemnidad. Piqué no fue un buen ministro ni de Industria ni de Energía. Su obra más notable en ese periodo fue la privatización del sector energético, pero como la tal privatización no vino seguida de un proceso realmente liberalizador —verdaderamente competitivo—, la cosa quedó en una formulación meramente teórica. Véase hoy la situación de las eléctricas, de las petroleras y de la minería del carbón y tendremos una aproximación a la “eficacia” del ministro nacido, en 1955, en Vilanova i la Geltrú.

Sin reparar en su pasada presencia, seguramente inocente pero ciertamente torpe, en el grupo químico Ercros, Aznar trasladó a Piqué de titular de Industria a Portavoz del Gobierno. En este nuevo menester contribuyó eficazmente a la consolidación del aznarismo-telefonismo —mal simétrico del felipismo polanquismo— con el que se ha empobrecido la democracia española y cercenado la libertad de expresión. Su aportación a la modernización del fenómeno español de la comunicación fue, de tener algún signo, negativa.

Piqué, que procede políticamente del PSUC y que había sido una de las jóvenes esperanzas de Pujol, pasó a la cartera de Asuntos Exteriores. Tampoco ahí brilló su talento y, por ejemplo, ahora estamos pagando con unas malas relaciones con Marruecos las desorientaciones y dudas de sus días en el palacio de Santa Cruz. Recordemos que, entre sus desacertados nombramientos, luce con brillo especial nuestro dimitido encargado de Negocios en Bagdag, el traidor Valderrama.

Quizás sus antecedentes de yupi, aumentados por la disciplina gimnástica que le ha hecho adelgazar, animaron a Aznar a darle una nueva cartera a Piqué, la que ahora desempeña (?) como responsable de Ciencia y Tecnología. A pesar de suceder a su muy inútil amiga Anna Birulés —la más ineficaz de los ministros habidos en el aznarato, incluso por encima de la Villalobos—, tampoco ahí nuestro hombre ha lucido mayores condiciones. Sus balbuceos sobre el futuro de la televisión en España —¿con ley o sin ella?— pasarán a las antologías, muy nutridas, del disparate sobre la cuestión.

Los militantes catalanes del PP tienen, sin duda, una visión distinta de la que expongo en estas líneas y, arrebatados por el personaje u obedientes al patrón Aznar, han procedido a, muy cariñosamente, prescindir de la presidencia de Alberto Fernández —con parecidos modos de los utilizados para el “despido” de Alex Vidal Quadra— y proclamar a Josep Piqué, tantas veces converso, como sacerdote y guía de su nueva fe, en apóstol del aznarismo en Cataluña.

Las elecciones autonómicas catalanas serán, inexorablemente, un punto de fuerte confrontación. En CiU habrán de vivirlas ya en el orfanato de Jordi Pujol y para el PSC serán una oportunidad definitiva —¿crítica?— para lanzar a los cielos del poder catalán al resistente Pasqual Maragall. Lo uno y lo otro tendrá consecuencias en las legislativas de 2004 a las que el PP concurrirá huérfano de Aznar. Ahí es donde brilla el papel de Piqué. Si consigue mejorar notablemente la actual situación del PP en el Parlament, sus mentores habrán tenido un acierto notable para Cataluña y relevante en el resto de España. En caso contrario habrán hecho un pan como unas tortas.

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