AGLI

Recortes de Prensa     Martes 22 Octubre  2002
El exilio y la patria
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR El Correo 22 Octubre 2002

ETA ayuda a Garzón
Editorial La Razón 22 Octubre 2002

ETA se confiesa
Editorial El Ideal Gallego 22 Octubre 2002

Contar quién va
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 22 Octubre 2002

Las cosas de comer
FERNANDO ONEGA La Voz 22 Octubre 2002

De Odón Elorza a las listas únicas
Enrique de Diego Libertad Digital  22 Octubre 2002

Presiones sobre Confebask
Editorial ABC 22 Octubre 2002

El engaño
ALFONSO USSÍA ABC 22 Octubre 2002

Un tal Gómez
Fernando JÁUREGUI La Razón 22 Octubre 2002

Eusko-yihad
David Gistau La Razón 22 Octubre 2002

Reflexiones sobre la manifestación
Enrique de Diego Libertad Digital  22 Octubre 2002

Las víctimas del terrorismo rechazan de plano el proyecto soberanista de Ibarretxe
M. SÁIZ PARDO/COLPISA. MADRID El Correo 22 Octubre 2002

ETA admite que creó Batasuna para la «lucha institucional y de masas»
ABC 22 Octubre 2002

¿De centro y catalanista
Pedro Calvo Hernando El Ideal Gallego 22 Octubre 2002

Una propuesta de máximos
Editorial La Razón 22 Octubre 2002

Mejor para Piqué
PABLO PLANAS ABC 22 Octubre 2002

El exilio y la patria
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR/CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO El Correo 22 Octubre 2002

La guerra se refleja en su mirada, caras derrumbadas por una adelantada vejez, por el hambre de las trincheras y los piojos, caras sin brillo, extenuadas. Es agosto de 1937. El Ejército de Euskadi, convertido en el XIV cuerpo de Ejército de la República, llega a Santoña y Laredo transfigurado por el sueño y la derrota. El mar, testigo de su tristeza, más oro o más cobre, según la inclinación del sol, no tiene recuerdos ni proyectos. En Biarritz Juan Ajuriaguerra, entonces presidente del Bizkai buru batzar, ha negociado con oficiales italianos su rendición. Perdida Euskadi, su tierra, los dirigentes del PNV no ven ya ninguna razón para seguir combatiendo por la legalidad republicana. El pacto se ha cerrado el 22 de agosto. Cuatro días después los batallones nacionalistas se declaraban en rebeldía, negándose a cumplir la orden de retirarse hacia Asturias dada por el Gobierno de la República, y se entregaban a las tropas de Mussolini, con la esperanza de recibir mejor trato del régimen fascista italiano que de Franco.

Vana ilusión. Los soldados que no habían podido huir a Francia antes de la rendición se convertían en prisioneros de los generales golpistas, atrapados en la espiral de los juicios sumarísimos o la poca vida que prometía combatir en las tropas de Franco hasta el fin de la guerra. La capitulación del Ejército de Euskadi se había consumado, traicionando el PNV los nombres, los rostros, los ideales de aquellos soldados que se hacían, de golpe, penumbra, materia de sombras. Traicionando también al Gobierno de la República. Manuel Azaña escribiría en su diario sobre lo vergonzoso de aquel acto que los condenaba a todos: gudaris, socialistas, republicanos, católicos sin partido, anarquistas...

La República había dado al PNV el Estatuto de Autonomía, lo que los nacionalistas vascos no habían conseguido pactando en 1931 con la derecha antidemocrática vasca, el carlismo, que luego participaría en el alzamiento del 18 de julio. Pero el Estatuto, perdida Euskadi, ya no tenía sentido y los dirigentes nacionalistas prefirieron volver la espalda a quienes luchaban por la democracia y escuchar las prédicas de los tradicionales oráculos de la ortodoxia sabiniana, que se preguntaban una y otra vez: «¿qué se nos ha perdido en esta guerra entre españoles?».

La patria soñada pesó más que el hombre, la doctrina más que los rostros de los soldados, el valor simbólico de la abstracciones más que el peso real de la vida concreta. ¿Qué clase de políticos eran los dirigentes del PNV que, ignorando las previsibles consecuencias de la rendición, negociaron la entrega de quienes habían combatido porque el aire fuera más libre en Euskadi y en el resto de España? ¿ Acaso los legionarios italianos no eran fascistas y aliados de Franco? Y puesto que Mussolini era aliado del ejército rebelde, ¿ acaso no habría traicionado a Franco si hubiera permitido que los los gudaris y los milicianos escaparan en barcos ingleses y franceses?

Eran otros tiempos. Eran otros hombres...
¿Eran, realmente, otros tiempos? El plan presentado por Ibarretxe para alcanzar los objetivos nacionalistas se inspira en los mismos principios que llevaron al PNV de Ajuriaguerra a desertar en 1937 de la lucha contra los generales golpistas y el fascismo europeo: la patria antes que el hombre. El lehendakari ha lanzado al aire su propuesta de Estado libre asociado y en su voz la geometría del País Vasco se arruga, se reblandece como una medusa, se curva, se oscila, lo mismo que un tornado vertiginoso y salomónico que divide más y entierra la lucha común de los demócratas contra la tiranía del terrorismo. El PNV de Ibarretxe señala y dibuja la ruptura con la Constitución, y lo hace sin tener presente que sus intereses particulares condenan a los márgenes del silencio a la mitad de la población vasca, aquella que muere muertes ajenas y vive desamparos... La historia, en su fondo, se repite. Los mismos errores. El mismo sueño irresponsable. Los mismos rostros anónimos atropellados por una decisión mezquina.

¿En qué lugar del tiempo se ha fundido la tristeza de los perdedores del 37 con el desamparo de los hombres y mujeres que padecen el odio de los pistoleros de ETA? La respuesta es clara: en el mismo momento en que el Ejecutivo vasco expresó el deseo de romper el pacto constitucional con otros partidos demócratas, antes incluso, el mismo instante en que el PNV y sus socios se despreocuparon de garantizar la libertad y se mostraron comprensivos con EH y su maquinaria criminal.

El País Vasco reducido a los límites normativos del nacionalismo puede resultar confortable para los votantes del PNV y EA pero supone la exclusión y el cautiverio moral de aquellos vascos que no se sienten nacionalistas. El proyecto de Ibarretxe no es un mero pasado pavoroso y corregido, no es un futuro con alarido de bombas y sirenas de ambulancia. Es un presente que puede poner las bases de una 'normalidad' abyecta, que sólo comprende el nacionalismo como condición para ser, que sólo entiende la diversidad como desigualdad, la desigualdad como invalidez y la invalidez como carácter molesto y superfluo de una parte de la ciudadanía vasca. Ya no basta con habitar un territorio o con hablar una lengua. Hay que aceptar una doctrina.

El lehendakari ha hablado de una Euskadi libre y soberana de su destino, deportando con el silencio el horror de los muertos o la pesadilla que vive la comunidad no nacionalista, la misma pesadilla que vivieron en Europa los judíos durante el ascenso del partido nazi en Alemania. Las víctimas del terrorismo son los desconocidos, los inmigrantes ilegales, no es de buen gusto mencionar su prisión cotidiana, como en Alemania no era de buen gusto hablar de los guetos, primero, y de los campos de concentración, después. Ya nadie que haya vivido en el País Vasco los últimos veinte años tiene derecho a decir que no comprende lo que sucedió en la Europa ocupada por Hitler. Los dirigentes nacionalistas dirán que Auschwitz fue el sueño terrible de un seductor fanático y paranoico, pero el nazismo no fue producto de un loco sino la utopía comunitaria llevada hasta sus últimas consecuencias. El hallazgo de la identidad y del intruso se hizo nombre en Alemania en los años treinta y su dinámica de terror no ha cesado de repetirse en el País Vasco desde la transición. La masa de votantes nacionalistas dirán que ellos no piensan como las SS etarras, ni siquiera como Arzalluz. Tampoco todos aquellos alemanes que se afiliaron al partido nazi pensaban como Hitler. La habilidad del nazismo, escribió Erich From, fue conectar la comprensión y el silencio de los hombres corrientes con la fuerza decidida de los fanáticos.

Hemos aprendido a no recordar. La Historia ha demostrado que sobreponer la patria o la identidad comunitaria al hombre ha desencadenado horrores que se deberían haber evitado... En 1945, en el patio crematorio de Buchemwald un oficial norteamericano se dirigía a unas cuantas decenas de alemanes de la ciudad de Weimar. «Vuestra hermosa ciudad -les decía- tan limpia, rebosante de recuerdos culturales, corazón de la Alemania clásica e ilustrada, ha vivido, ¡con toda la buena conciencia del mundo!, en medio de los hornos crematorios». La compasión de las mujeres, que no podían contener las lágrimas, o de los ancianos, que se refugiaban en un silencio culpable, llegaba tarde. En 1937 Juan Ajuriaguerra, quizá movido por los remordimientos, quizá por solidaridad, se presentó en Santoña para padecer la misma suerte de aquellos soldados a los que el PNV había abandonado a su suerte. También era tarde. Y hoy, octubre de 2002, cuando todavía es posible no repetir los errores del pasado, ¿hacia donde miran las gentes nacionalistas del País Vasco?... Y los dirigentes del PNV, ¿hacia dónde miran?

«¡Respeto al hombre! ¡Respeto al hombre!», gritaba Antoine de Saint-Exupéry en su 'Carta a un rehén' en el año 1944, cuando combatía contra el nazismo. Hoy más que nunca, en el País Vasco se debe hacer resonar la palabra del escritor francés, porque si no hablamos, si traicionamos al hombre, si no respetamos la dignidad del otro, si no restablecemos la validez del humanismo, el mito de la tribu acabará imponiéndose, los gestores del crimen se sentirán justificados en su lucha y el PNV de Ibarretxe lo llamará patria. Una patria que contendrá, enterrado y sin palabras, nuestro exilio, que contendrá la mirada sin brillo de aquellos soldados del 37 que tuvieron carne y sueños y ahora son sólo penumbra, tristezas desenterradas, pesadillas o visiones, llamando siempre a la puerta de quienes no les escuchan.

ETA ayuda a Garzón
Editorial La Razón 22 Octubre 2002

El último panfleto de ETA, esta vez distribuido también en lengua inglesa, contiene, junto a la basura habitual, dos afirmaciones esclarecedoras: que Herri Batasuna nació por decisión directa de la banda terrorista y que fue más fácil hablar con el PNV después del cobarde asesinato de Miguel Ángel Blanco. Así, la actual Batasuna habría nacido el 19 de octubre de 1978, tras una asamblea celebrada en la localidad guipuzcoana de Bergara, con el objetivo confeso de complementar la lucha armada desde las instituciones. Exactamente todo lo contrario de lo que mantiene el Gobierno autónomo vasco en su recurso al Tribunal Constitucional contra la Ley de Partidos Políticos. Que conste que la confesión etarra no supone ningún descubrimiento, aunque sí tiene un valor probatorio jurídico innegable. El que ETA proporcione, gentilmente, a Baltasar Garzón pruebas contra Batasuna tampoco debería sorprendernos. La banda da por descontado que el proceso ilegalizador de su «brazo político» es un hecho y pretende rentabilizar al máximo la torpeza del PNV, que salió en su defensa con unas prisas dignas de mejor causa. En el mismo sentido hay que interpretar la afirmación de que los nacionalistas se abrieron a los contactos con la banda tras el secuestro y asesinato del concejal popular de Ermua. A nadie se le oculta que la conmoción provocada por uno de los crímenes más abyectos de ETA hizo temer al PNV por el futuro del nacionalismo vasco. Los etarras, simplemente, le recuerdan a Arzallus los pactos firmados.

ETA se confiesa
Editorial El Ideal Gallego 22 Octubre 2002

Poco importa ya lo que hayan hablado o dejado de hablar ayer el lehendakari Ibarretxe y el líder político de los proetarras, Arnaldo Otegi. La cumbre queda eclipsada por la confesión de ETA a través de su boletín interno, “Zutabe”. Los terroristas reconocen que sus contactos con el PNV fueron más fáciles tras asesinar al concejal popular de Ermua Miguel Ángel Blanco. Esa fue -esa es cada día- la reacción de las mesnadas de Arzalluz al cobarde y canalla secuestro y posterior ejecución del joven edil. La sumisión de la dictadura nacionalista al poder de la sangre es ya tan evidente que nadie en sus cabales se creerá cualquier otro argumento. Si el partido que gobierna el País Vasco es capaz de sentarse en una mesa con quienes tienen sangre inocente fresca en sus manos, ¿por qué no lo va a hacer con sus correspondientes políticos? Da igual que Batasuna esté legalmente suspendida. ETA incluye en su doctrina la necesidad de mantener representación en las instituciones. Así nacieron Herri Batasuna, Eusakal Herritarrok y Batasuna. Y, por lo visto, el manual de estilo de la banda asesina es la Biblia para los nacional-secesionistas. Nada nuevo, por otra parte. Cualquier disfraz al que recurran los proetarras se hace añicos por sus hechos. Ante tan obscena autarquía no cabe la menor grieta, ni el más nimio titubeo. No procede, por ende, la pataleta de Odón Elorza, quien ha decidido retirale la palabra al PP por criticar su ausencia en la manifestación del sábado. El alcalde haría bien en explicar el verdadero motivo de su decisión -sin duda, el miedo- en lugar de enrarecer el ambiente.

Contar quién va
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 22 Octubre 2002

Dice el secretario general del PSOE que en las manifestaciones como la del otro día en San Sebastián «no hay que contar quién va», como defensa a que el ausente era el alcalde de la ciudad, nada menos. Se echa en falta, una vez más, mano dura del PSOE con el alcalde donostiarra: el mismo que ha tenido en su Policía Municipal a miembros de Eta y no ha cesado a nadie.

Sí hay que contar quién va cuando el que va es representativo. Se supone que por eso estaban en la manifestación Trinidad Jiménez y el ministro de Justicia, por poner dos ejemplos de dos partidos distintos. Claro que hay que contar quién va, porque es distinto manifestarse con Otegui o con Anasagasti que con otros. Ésa es la diferencia.
Seguramente, los cargos públicos del PSOE que han sido amenazados por Eta no comparten la tesis de Rodríguez Zapatero: ellos quieren verse respaldados por las más altas instituciones vascas, y como no pueden conseguirlo del Gobierno vasco no estaría de más que le dijeran al alcalde de la localidad que demostrara claramente su apoyo.

Ha llegado el momento de retratarse: el alcalde de San Sebastián criticó ayer por igual a Batasuna y al PP, como si ambos estuvieran equivocados y él quedara por encima del bien y del mal. Pues el que está equivocado es él: al único que anteayer le pusieron pintadas en la puerta de su casa amenazándole de muerte fue a un concejal del PP. ¿No es eso bastante para saber de qué lado debería situarse?

Sí hay que contar quién va a manifestarse y de qué lado se manifiesta. Y al máximo responsable del PSOE hay que pedirle que examine el comportamiento de sus cargos públicos porque, en casos como el presente, se espera que un partido serio camine uniformemente en favor de la Libertad. Y, si es necesario, que dé las órdenes oportunas.


Las cosas de comer
FERNANDO ONEGA La Voz 22 Octubre 2002

HA SUCEDIDO. Ya se está debatiendo abiertamente el coste económico de la independencia del País Vasco. Se manejan cifras con una alegría escalofriante. Se vaticina qué número de productos vascos dejaríamos de comprar los españoles. Se hacen cálculos sobre el número de pensionistas que habría que atender sólo con recursos de la Comunidad. Se avisa de que el banco insignia pasaría a tener su sede social en Madrid. Se comunica oficiosamente que el Gobierno Aznar ordenaría a otras empresas que abandonaran Euskadi con el fin de llevar a la asfixia a la hacienda pública vasca.

Esto es la guerra. La guerra sicológica y la guerra económica. Me pregunto si el origen de estas informaciones está en el Gobierno Aznar; es decir, si el Gobierno las está inspirando. Si así fuese, es que el Gobierno piensa que el Estado vasco puede ser proclamado en cualquier momento, y hay que empezar una gran actuación propagandística sobre la población: avisarle que Ibarretxe no promete ningún paraíso, sino un escenario próximo a la pobreza.

Desde ese punto de vista, está bien: se están dando argumentos a los no nacionalistas para participar en discusiones, aunque sean de vecinos. Pero a este cronista le inquieta otra cosa: que la medicina pueda resultar peor que la enfermedad. Si se abre el debate del coste económico de la independencia, hay que hacerlo con mucho más rigor, y no sólo con filtraciones periodísticas.

La operación mediática que se ha iniciado tiene dos grandes riesgos: uno, el de aumentar el número de partidarios, porque se transmite la idea de que es algo inmediato, aunque Arzalluz lo niegue. Y el segundo, que se obligue a los nacionalistas más convencidos a elegir entre independencia y mantenimiento del actual bienestar económico. Es como la famosa disyuntiva entre libertad y huevos fritos. ¿Y saben ustedes de alguien en la historia que, ante esa opción, haya elegido los huevos fritos?

De Odón Elorza a las listas únicas
Enrique de Diego Libertad Digital  22 Octubre 2002

No hay un problema vasco, hay sólo –aunque sea grave– un problema guipuzcoano. Se ve muy claro en el intento fallido de enfrentar a Adegui con la patronal Confebask o en la peculiar situación de Odón Elorza dentro del socialismo vasco. Es Guipuzcoa la que presiona al nacionalismo frente a Álava y Vizcaya, donde Bilbao viene dando un crecimiento constante del constitucionalismo.

Una buena parte de la estrategia socialista, en el relevo de Nicolás Redondo, se diseñó para preservar la alcaldía de San Sebastián. La tesis de José Blanco y de la dirección socialista es que en las elecciones autonómicas el PSOE iba demasiado cercano al PP como para que se viera una alternativa en dos frentes. Ese análisis es rotundamente erróneo. La ley electoral impide cualquier alternativa a dos, pues prima al partido más votado, favoreciendo un bipartidismo de tendencia lenta pero constante. Haber centrado la estrategia en Odón Elorza, al margen de los criterios morales, no va a conducir a mucho. La candidatura de Román Sudupe deja a Elorza en una posición peligrosa y desairada, casi como un peligroso radical del nacionalismo, ¡frente al candidato del PNV! O, mejor aún, en terreno de nadie. La previsible derrota de Elorza será muy positiva, marcando la crisis del socialismo guipuzcoano, como factor de corrupción moral.

En contra del criterio actual de la dirección socialista, la lógica electoral y política es que PP y PSOE vayan en listas únicas. Es lo que demandan las bases, como se pudo comprobar en la manifestación de San Sebastián. Nadie entendería que el PSOE difuminara sus siglas, pues sería una oferta conjunta, y todo el mundo sabe que son circunstancias excepcionales de lucha contra un proyecto totalitario (los terroristas lo han dejado claro indicando que el PNV casi se alegró del asesinato de Miguel Ángel Blanco y que Estella se hizo sobre su cadáver). Esa unión electoral habría de darse, sobre todo, en Álava y en Bilbao, las dos claves de la futura consulta electoral. En vez de acercarse al nacionalismo –Odón Elorza– hay que confrontarse con él, de modo que el PC vasco –crítico con Madrazo– pase al PSOE.

Si no hay listas conjuntas, la misma lógica indica fortalecer una sola de las listas, que en las últimas elecciones es la del PP y hacer repartos estratégicos –alcaldía y presidencia de la Junta General– en Álava, donde Javier Rojo está en las antípodas del censor Elorza.

Presiones sobre Confebask
Editorial ABC 22 Octubre 2002

TRAS una campaña demoledora contra Román Knörr, presidente de la patronal vasca, Confebask, el PNV ha desvelado sin tapujos su estrategia de división entre los empresarios agrupados en dicha patronal, mediante la promoción de escisiones internas que pusieran al descubierto lo que Arzalluz reprochaba a Knörr: su falta de representatividad. Para lograr este objetivo, tanto el PNV como sus medios afines esperaban contar con el apoyo fundamental de la patronal guipuzcoana, Adegi. Incluso anunciaron la aparición inminente de un documento firmado por más de 300 empresarios, en su mayoría adscritos a esta patronal, que manifestarían su adhesión inquebrantable al plan soberanista de Ibarretxe. Desde el primer momento en que la propaganda del PNV cuestionó la actuación institucional de Knörr, éste defendió que el documento leído después de su reunión con el lendakari había sido aprobado previamente por unanimidad de la directiva de Confebask, integrada por las tres patronales provinciales vascas. Sin embargo, el interés nacionalista fue crear la escisión mediante el bulo de que Knörr había actuado unilateralmente, desoyendo las peticiones de otros directivos de aplazar su pronunciamiento.

La verdad no estaba en la versión nacionalista, que imputaba a Knörr haber dado a conocer un documento que no reflejaría el criterio de Confebask. La verdad era otra, la que siempre defendió Knörr con la dignidad de quien sabe que no miente. La reacción feroz de Arzalluz -con el señuelo implícito de la generosa política de subvenciones y beneficios fiscales que prodiga el sistema financiero vasco en el tejido empresarial- es la prueba de su mentira y con ella no sólo no ha logrado por ahora la anulación institucional de Knörr ni la ansiada ruptura de Confebask, sino que ha trasladado el problema de la falta representatividad al seno de la patronal guipuzcoana, que se considera afín al PNV. Así se está produciendo la situación que menos esperaba y deseaba Arzalluz, cuyo caudillaje intimidatorio ha reventado no por Confebask, sino por el empresariado más próximo, en el que el presidente del PNV tenía puestas sus esperanzas para aislar a Knörr y el que tenía que actuar como punta de lanza de la ortodoxia nacionalista en el sector económico. Pero ha sucedido que a la hora de identificarse como gestores de riqueza y bienestar o como obedientes usufructuarios del sistema, los empresarios, al menos los más representativos -mal que le pese a Arzalluz- están optando por lo primero.

Ibarretxe empieza a comprobar las dificultades reales a las que se enfrenta su proyecto, que son las que están surgiendo de la propia sociedad vasca. Ibarretxe y el PNV calcularon mal si pensaron que iba a ser el Gobierno central el que legitimara su proyecto con una respuesta desproporcionada contra la autonomía; y calcularon mal si dieron por descontado que la oposición en el País Vasco sólo vendría de parte de los de siempre. La reacción descompuesta y antidemocrática contra Knörr ha demostrado que el plan de Ibarretxe no estaba pensado para convencer a ciertos sectores sociales que se daban por convencidos o, al menos, por neutros.

Lo cierto es que diez días después de que Knörr leyera el comunicado de la patronal vasca, en Confebask resiste en su postura y la única crisis que se vaticina -puertas adentro de Adegi- representa todas las contradicciones del nacionalismo vasco, las que irán enfrentando cada vez más a quienes temen perder los extraordinarios beneficios del statu quo generado por la autonomía y a quienes, como Ibarretxe y el PNV, han roto amarras con el más elemental sentido común en el gobierno de una comunidad. A Ibarretxe, que ayer se reunió con Otegi, le vendría bien una relectura de los primeros capítulos de su proyecto, empezando por el de la ejemplar manifestación cívica del día 19 en San Sebastián y siguiendo por el rechazo hacia su plan manifestado por PP y PSE, las instituciones alavesas, el empresariado vasco y el Parlamento de Navarra. Verá que cuenta con menos de lo que esperaba. Por el momento, el silencio de Adegi demuestra las dificultades del PNV para dividir al empresariado vasco.

El engaño
Por ALFONSO USSÍA ABC 22 Octubre 2002

QUE toda una sociedad se deje engañar es síntoma de desarrollada estupidez. No es el caso de la sociedad vasca, que mantiene un alto porcentaje de resistentes a la mentira. Lo de Ibarreche y de Arzallus es de tontos. Mienten a los tontos y les ofrecen utopías. Lo malo es que las utopías están manchadas de sangre, y dejan de ser quimeras respetables. Si la chapuza de Ibarreche se llevara a cabo, ese nuevo país que nadie sabe qué territorio dominaría -probablemente sólo Vizcaya y Guipúzcoa-, ingresaría inmediatamente en la miseria. El viejo Leizaola, que no era menos nacionalista que los embaucadores de hoy, aventuró un siglo de indigencia. Más del setenta por ciento de la producción vasca tiene como cliente al resto de su nación, es decir, España. La gran banca -el BBVA- trasladaría su sede a Madrid, y lo mismo harían otras importantes empresas como Iberdrola o Petronor. El supuesto nuevo país independiente saldría disparado de la Comunidad Europea y de la zona del euro. Tendría que acuñar una nueva moneda -la «eusketeta», posiblemente-, y crear desde la ruina todos los servicios de un Estado, Ejército incluido, con una marina compuesta por la gabarra del Athletic de Bilbao, y los gabarrones para los bañistas de la playa de Ondarreta. El buque insignia de la «Euskoarmada» sería el viejo gabarrón de «Yoldi», cuyo paradero ignoro. Pocos años se me antojan los cien de miseria que auguraba Leizaola.

Álava se escindiría de las otras dos provincias vascongadas, Navarra persistiría en sus trece españolas y los tres territorios vascofranceses, ya me dirán ustedes. Rodrigo Rato presupone una imitación de Albania, cuando Albania es el edén comparado con lo que podría representar esa cosa. Su población, además de la miseria, padecería un enfrentamiento social insoportable. El nacionalismo marxista-leninista de Batasuna y la ETA y el nacionalismo cristiano, étnico y de ultraderecha del PNV y Eusko Alkartasuna. Ambos, con el sentido de la imposición arraigado en sus conductas. Una nación con una industria sin clientes, una agricultura sin campo, un tejido empresarial sin empresas, un Ejército sin cañones y un Poder Judicial sin jueces. Todo eso cuesta mucho dinero, y la miseria no lo aporta. Mentira sobre mentira, porque todo lo anteriormente citado no podría realizarse sin el consentimiento de todos los españoles.

¿Dónde acaba el túnel de Ibarreche? En la paranoia común. Esa luz del otro lado que nunca se verá no es despropósito poético o sueño romántico, sino negación absoluta de la realidad. Lo que no puede existir escapa a la posibilidad del invento. Figurando nubes, la utopía nacionalista terminaría a tortas. No sólo entre dos grupos sociales enfrentados, sino entre dos provincias que históricamente se llevan fatal. Pero todo esto es un ejercicio de idiotas, porque la obtención de la quimera es imposible.

El grupo «Mondragón», poderosísimo, con su «Eroski» a la cabeza -la red de supermercados que gana dinero en todo el territorio español para después invertirlo en publicidad en «Gara» y otros medios afines a la depuración étnica-, quedaría como el gran grupo económico vasco. Pero sin su implantación en el resto de España y ajeno al mercado europeo, ¿qué sería del oscuro conjunto empresarial nacionalista? ¿Cómo sobrevivir en una sociedad arruinada? Claro, que siempre vuelvo a lo mismo. La figuración es irrealizable, y el grupo «Mondragón» -con «Eroski» a la cabeza- seguirá como lo que es, hasta que sus habituales y fieles clientes de las provincias españolas no vascas comprendan que un porcentaje del dinero que ellos pagan para adquirir una lata de anchoas en el supermercado es invertido en publicidad proetarra.

Todo es mentira. Los que mienten lo saben. Los engañados, se lo figuran. Los tontos, se lo creen. Y el túnel, cada día que pasa, más oscuro y lejano a la luz.

Un tal Gómez
Fernando JÁUREGUI La Razón 22 Octubre 2002

En el País Vasco, la técnica del graffiti es como más rudimentaria. Nada de pretensiones artísticas. Tras la manifestación del sábado en San Sebastián, en la que quien suscribe pudo comprobar un alto grado de contención cívica, reaparecieron las pintadas. «Gómez, PP vais a morir, gora ETA», podía leerse en la fachada del domicilio en el que reside el concejal donostiarra Ramón Gómez Ugalde. Muy subrayado el Gómez, que parece que es una de las cosas que molestan del munícipe popular: el apellido ez, tan denostado oficialmente por gentes que a estos ez les deben mucha prosperidad, mucho sacrificio por la economía del País Vasco. Y ellos, los ez, deben a algunos vascos, los menos, no pocas humillaciones. Uno creía que la cosa estaba superada, que los pérez, martínez o gómez estaban ya integrados con los zenarruzabeitia y los garitaonaidía, que lo del RH diferente era cosa ni siquiera aceptada ya por esos sabinianos que eluden editar las obras completas de Arana. Vano optimismo. Ya se ve que el tema de los apellidos es una más de las losas que pesan sobre el enconado, tristísimo, conflicto en Euskadi, una tierra en la que vi a gentes llorar de emoción ¬falta de costumbre¬ al paso de una bandera española. Ocurrió todo ello, y muchas cosas más, el pasado sábado, en San Sebastián, con un sol glorioso en el cielo y la ciudad más bella.

Eusko-yihad
David Gistau La Razón 22 Octubre 2002

Trazaba ayer el siempre leído Gabriel Albiac una semejanza entre el «gudari» y el «mujaidín» como cruzados en el fondo iguales de dos formas distintas de «yihad»: por Alá y por el caserío ancestral. Sin embargo, hay diferencias que distinguen a estos dos arquetipos de predador, de las cuales la más notable tal vez sea esa disposición al martirio que sólo se da en quien, condenado a una miseria terrenal sin cajeros automáticos ni equipo en Primera y efervescente de mitos religiosos, acepta la promesa de una recompensa posterior a la muerte que convierte el cinturón de dinamita en una cita a ciegas con la sensualidad de las huríes, que aquí se alcanza en cualquier sábado noche y siempre que no se padezca halitosis.

Según Bertrand Russell, en Occidente se mata por política, mientras que en Oriente se muere por superstición. Contra la teocracia oriental, que trasciende la patria para ubicarse en lo sagrado ¬de ahí que haya habido chechenos muriendo por Afganistán¬, el nacionalismo occidental es una mutación de valores que empezó con la devoción romana al Estado y que cristaliza, prescindiendo de Dios, en la fe del patriotismo, en la bandera como nueva idolatría que inventa sus propios mitos y heroísmos, que en el fondo alimentan una forma épica de superstición.

De ahí que el «gudari», igualmente tentado por la consagración de héroe tribal ¬otro modo de huir de la miseria, de la social, en este caso, que nadie se hace etarra pudiendo jugar en Primera, pudiendo ser cromo en vez de ficha policial¬, necesite sacralizar la anécdota geográfica aun urdiendo la falacia mitológica de la opresión, mentira e invitación a la lucha tan poco creíble como el paraíso de las huríes. En ambos casos se trata de lo mismo: la invención de una tierra prometida a la que sólo llegarán los elegidos, los servidores armados de un Dios que puede ser de trapo o de incienso. Eta es la corrupción de la política en superstición para aldeanos.

Reflexiones sobre la manifestación
Enrique de Diego Libertad Digital  22 Octubre 2002

La manifestación de los demócratas –lo de constitucionalistas es una redundancia– el sábado puede considerarse histórica por muchos motivos. Es la primera vez que decenas de miles de personas –por encima de los cien mil– se manifiestan contra el nacionalismo (lo de excluyente es igualmente una redundancia). El mérito añadido es que tal gesto entraña un riesgo para la vida. Esa es la diferencia de esta manifestación respecto a cualquier otra, y más aún con las que se celebran en el País Vasco, donde con frecuencia se manifiestan precisamente los que atentan contra la vida de los demás o los que asisten a esos atentados con una neutralidad cómplice o con una misma identidad ideológica respecto a los verdugos.

Sería de todo punto lógico que la manifestación cambiara muchas cosas en el País Vasco, que su inequívoco mensaje se escuchara en Ajuria Enea. De seguro no será estéril, porque, por de pronto, ha dado calor a quienes combaten en primera línea al último peligro totalitario de Europa. Ha sido, por ejemplo, la primera vez que se ha visto la bandera de España en el País Vasco llevada por ciudadanos y no en edificios oficiales, protegida por Fuerzas de Seguridad. Una manifestación clara de patriotismo constitucional.

Pero el cambio no será decisivo. No se hurtará la necesidad de seguir pugnando en pro de la racionalidad democrática, frente a la irracionalidad de las quimeras etnicistas. La vuelta a la normalidad de la irracionalidad ha sido, de hecho, temprana. Ibarretxe ha seguido su ronda de consultas, en la que quien le da la razón es bienvenido y quien osa contradecirle cae bajo las fauces de un régimen vengativo, acostumbrado a maltratar a los disidentes. Los batasunos-etarras ya han amenazado de muerte a un concejal del PP y Odón Elorza ha quitado el uso de la palabra a los populares en vez de a los batasunos.

La racionalidad es perseguida por el nacionalismo, irracional por esencialista. Es el caso de los empresarios vascos, con su lógica denuncia de los devastadores inconvenientes que provoca la incertidumbre institucional.

La manifestación de San Sebastián ha mostrado cómo el proyecto independentista es totalitario, pues no existe nada parecido a una comunidad moral, sino una parte de la población que trata de imponerse al resto, eliminando derechos personales.

Las cosas no cambiarán del todo hasta que el PNV no sea desalojado del poder, pero en su favor tienen la acción de los matones que sojuzgan a la población, más cuanto más controlable es el pueblo; de forma muy clara, en las zonas rurales. Eso se plasma aún más en las elecciones municipales, que es en las que Ibarretxe confía para mostrarse como el melifluo duce vasco (el musolinismo estético le va más a Arzalluz). Pero no es descartable que el nacionalismo reciba una derrota más –todavía más severa– en las grandes ciudades. Los aires de la ciudad traen la libertad, decían los clásicos renacentistas. Bilbao y Vitoria se erigen en los puntos clave del inmediato futuro electoral.

Las víctimas del terrorismo rechazan de plano el proyecto soberanista de Ibarretxe
Doce asociaciones aseguran que no apoyarán iniciativas que no tengan «la lucha contra ETA como primer objetivo» Respaldan en un manifiesto conjunto las medidas «políticas, legislativas y judiciales» contra Batasuna
M. SÁIZ PARDO/COLPISA. MADRID El Correo 22 Octubre 2002

Las doce asociaciones, colectivos y fundaciones que agrupan en España a las víctimas del terrorismo se reunieron ayer en Madrid para dar un 'no' tajante al proyecto soberanista de Juan José Ibarretxe, por entender que «antepone sus intereses a la erradicación del terrorismo». Aunque en ningún momento citan expresamente al Gobierno vasco ni a los tres partidos que lo integran, subrayan que frente a las aspiraciones del tripartito vasco, la Constitución sigue siendo «la base irrenunciable» sobre la que construir «cualquier futuro social y político».

El encuentro, convocado por la Fundación de Víctimas del Terrorismo que preside Adolfo Suárez, se zanjó con una declaración conjunta dedicada casi en exclusiva a la polémica propuesta del lehendakari. En el comunicado -leído por la vicepresidenta de la fundación, Ana María Vidal-, las víctimas aseguran que «nunca podrán dar su apoyo ni su reconocimiento a iniciativas políticas que ignoren su realidad y que antepongan los intereses partidistas a la erradicación del terrorismo e, incluso, se alineen en sus postulados junto a quienes amparan, respaldan apoyan y alientan a los violentos».

La Fundación de Víctimas del Terrorismo, la Asociación Andaluza de Víctimas del Terrorismo, la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Covite y las fundaciones Alberto Jiménez Becerril, Fernando Buesa, Gregorio Ordóñez, José Luis López de Lacalle, Maite Torrano, Manuel Broseta, Miguel Ángel Blanco y Tomás Caballero hicieron un llamamiento a los ciudadanos para oponerse en la calle a la quiebra del sistema democrático. «Pedimos al conjunto de la sociedad -dijo Ana María Vidal- que siga manteniendo una solidaridad activa con las víctimas, que se manifieste en el rechazo público a todos aquellos que persigan la ruptura del modelo de convivencia plural, libre y democrático; que pretendan negociar con el dolor y el sacrificio de las víctimas; y que alimenten el odio de los violentos y les arropen en la impunidad».

Constitución
Los firmantes del manifiesto defendieron la vigencia de la Constitución en los encuentros que mantuvieron ayer con el vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy y con el ex ministro del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba. Los doce colectivos reclamaron del Gobierno vasco y del resto de las instituciones que las víctimas, pese «a los nuevos giros que se han producido en los últimos tiempos en la situación política», sigan siendo «siempre una referencia para todas las opciones políticas». Por ello, las organizaciones mostraron su oposición tajante a todas aquellas formaciones que «defienden posiciones equidistantes entre los asesinos y los que luchan denodadamente contra ellos».

«Rechazamos rotundamente a todos aquellos que, de forma cínica y cruel, pretenden transformar a los verdugos en víctimas. Son las víctimas y sólo ellas quienes han sufrido y sufren la persecución, la violencia, el exilio, el desprecio y el odio de quienes ni saben ni quieren vivir en una sociedad plural y pacífica», explicaron los representantes de las víctimas en alusión a la situación en el País Vasco.

Destacado entre los seis puntos que contiene el manifiesto, las organizaciones también quisieron mostrar su apoyo explícito a las últimas medidas policiales, legislativas y judiciales para luchar contra ETA y Batasuna, el «entorno político y social» de la banda. «Es sólo desde la actuación de la unidad democrática y la defensa del Estado de Derecho como venceremos al terrorismo», concluyen las víctimas.

ETA admite que creó Batasuna para la «lucha institucional y de masas»
ABC 22 Octubre 2002

MADRID. ETA dice en su boletín interno «Zutabe» que el «Espíritu de Ermua» y el temor del PNV a que parte de sus votos fueran a parar al PP a raíz de la movilización ciudadana que provocó el asesinato de Miguel Ángel Blanco puso al partido de Arzalluz «en un cruce de caminos», que hizo que los «contactos del PNV fueran más fáciles, más fáciles que nunca, porque no podían controlar la situación».

La banda recuerda los contactos que mantuvo con el PNV y EA para «hablar de diferentes opciones de cooperación en el futuro y alcanzar algunos acuerdos, entre ellos la creación de Udalbiltza». En aquellas reuniones, los pistoleros exigieron a los dos partidos nacionalistas «fuerza de voluntad para cortar sus contactos con España y trabajar a favor de la construcción nacional». A cambio de ello, «ETA anunciaría una tregua unilateral. Después de la firma, ETA hizo pública una tregua ilimitada, aunque el acuerdo con ambos partidos había dejado claro que al principio la tregua duraría sólo cuatro meses, tiempo necesario para verificar su voluntad».

Los terroristas recuerdan también que una semana después de la firma del acuerdo de Estella, anunciaron una «tregua unilateral ilimitada». Y destacan que ese pacto reconoce la existencia de un «conflicto político y, por consiguiente, serán necesarias conversaciones para encontrar una solución. El acuerdo también afirma que los ciudadanos vascos tendrán que tomar la decisión final».

Tras señalar que «el PNV no mantuvo los acuerdos», los terroristas señalan en su boletín interno del pasado agosto que mantuvieron su último encuentro «con los dos firmantes del acuerdo de tregua» en el verano de 1999. En aquella entrevista, los etarras señalaron a sus interlocutores que anunciarían una «tregua definitiva si ambos partidos mostraban una actitud consecuente a favor de un proceso constituyente. ETA está todavía esperando una respuesta».

La banda señala que tras la muerte de Franco «trabajó muy duro en dos líneas», una de ellas «crear organizaciones políticas legales para operar dentro de la nueva democracia. Estas organizaciones debían guiar a la masa y la lucha institucional». A ellas también se refieren los pistoleros de ETA, para afirmar que con «las prohibiciones actuales de las organizaciones de la izquierda nacionalista vasca quieren boicotear el futuro del País Vasco. En el futuro la izquierda nacionalista vasca tendrá que actuar con valentía y firmeza estratégica. En lugar de crear nuevas organizaciones que pudieran ser prohibidas por España, tendremos que llevar a cabo una estrategia directa y global basada en la desobediencia civil».

¿De centro y catalanista?
Pedro Calvo Hernando El Ideal Gallego 22 Octubre 2002

 Ya tenemos a Josep Piqué convertido en nuevo presidente del PP de Cataluña, en una de esas operaciones a las que el partido de Aznar nos tiene acostumbrados, sobre todo en los congresos de su filial catalana. Tal parece como si ya esa mera pirueta política fuese suficiente para cambiar radicalmente la situación del partido en esa comunidad. Ninguno de los cambios en la jefatura del PP de Cataluña en los más de quince últimos años ha servido mucho: Eduardo Bueno, Vidal-Quadras, Alberto Fernández Díaz, etc. Sólo en las elecciones generales han logrado alguna vez unos resultados lejanamente prometedores, algo que nunca ha sucedido ni en las municipales ni en las autonómicas. El mejor papel ha sido el de las últimas autonómicas, en las que la matemática parlamentaria les ha permitido tener en sus manos la gobernabilidad, al necesitar CiU sus votos. Y hay que ver cómo la han ejercido, ganando el rechazo de sus ayudados. En la clausura y proclamación de Piqué, Aznar convirtió al PP catalán en “un partido de centro, catalanista y reformador”, que va a ocupar el espacio político que ha tenido CiU estos años. Así de milagroso. Sólo con decirlo, hecho. Difícilmente alguien se va a creer a estas alturas lo del centrismo, después de unos años de gestión gubernamental teñida de derechismo. Lo de catalanista es casi una contradictio in terminis, si hablamos del PP. Y lo de reformador debe referirse a las reformas hacia atrás en todas y cada una de las facetas de la vida pública y privada. Esas tres características son, precisamente, las propias de CiU, cuyo espacio político pretenden ocupar, con unas descalificaciones, además, hacia el nacionalismo de Pujol y sus compañeros que de inmediato se vuelven en contra de quienes las profieren, porque carecen del más mínimo soporte en la realidad. Es la misma canción electoralista tantas veces repetida y tantas veces desmentida luego por los hechos.

Una propuesta de máximos
Editorial La Razón 22 Octubre 2002

El conseller «en cap» Artur Mas, y sucesor político de Jordi Pujol, desveló ayer su proyecto político para Cataluña; un proyecto que para los nacionalistas de CiU no cabe ya dentro del actual Estatuto de autonomía. Quiere Mas un nivel mucho mayor de autogobierno para los catalanes, lo que supone, de hecho, modificar la Constitución. La propuesta desborda el actual marco constitucional y entra por su propio pie en la inaceptable senda de la «co-soberanía».

A diferencia de la chulesca propuesta independentista del nacionalismo vasco, con una idea de «estado asociado» que sería ridícula si no fuera por que se mueve en un terreno anegado por la sangre de un millar de víctimas y a la sombra de una organización terrorista, el proyecto de Artur Mas es, cuando menos, una proposición honesta. Sobre todo cuando anticipa que, de lograrse, CiU estaría dispuesta a asumir su cuota de responsabilidad y participar en el Gobierno de España, aunque no se sabe si este modelo de vinculación lo haría necesario.

Planteada en pleno proceso electoral, es una propuesta de máximos que debe ser, sin duda alguna, recibida por el Ejecutivo con la mayor de las consideraciones, pero sin que ello signifique que tiene que ser aprobada sin más. El pacto constitucional que nos dimos todos los españoles en 1978, incluídos los ciudadanos de Cataluña, implica para el Ejecutivo la responsabilidad de defender la unidad de España, un concepto sólo modificable por un pacto de rango similar.

Mejor para Piqué
Por PABLO PLANAS ABC 22 Octubre 2002

Al margen de las dificultades jurídicas que plantea la sustitución de un Estatuto de Autonomía y del impacto negativo que esa idea puede tener en una sociedad poco dada a las brusquedades políticas, el plan de Artur Mas de elaborar un nuevo texto y someterlo a referéndum certifica el enorme vacío que proyecta la retirada de Jordi Pujol. Durante años, Convergència ha logrado convencer a los catalanes -incluso a muchos de los que nunca les han votado- de las ventajas de su tactismo y de la inequívoca lealtad a la Corona y la Constitución en el fin último de todas sus propuestas. De Pujol se podía esperar todo, pero nunca que pusiera en cuestión un marco legal que en incalculable medida se debe a su sentido de la responsabilidad.

De su sucesor -de momento en el partido- cabía esperar un análisis más reposado del panorama político. Sin embargo, no ha hecho mella en Mas el rechazo masivo al plan de Ibarretxe ni el hecho de que en el reparto de papeles de la política catalana, los cambios de la Constitución, el Estatuto, el himno, el escudo y la bandera corresponden a Maragall.

La buena fe no exime de responsabilidad a quien, para gobernar, en una hipótesis francamente positiva para él, necesitará el apoyo de un segundo partido. A buen seguro, Josep Piqué agradecerá el gesto de Mas, como ha agradecido con sonrisas displicentes que Maragall sea capaz de pactar con quien haga falta para acceder a la presidencia de la Generalitat. El panorama es claro: CiU, ERC y PSC-PSOE abandonan todo el campo para jugar por los extremos. No podía esperar Piqué un mejor plano de situación en su desembarco en la política catalana, con todo el centro libre para extender el mensaje de su catalanismo moderado e integrador entre el grueso de los votantes de CiU y aquellos electores socialistas no precisamente nacionalistas.

Habrá que ver si más allá de los «constitucionalistas» de guardia de la Generalitat el proyecto de Mas es recibido por los catalanes con algo más que indiferencia. Si el actual «conseller» jefe de la Generalitat se mantiene en sus trece, es probable que el quid de las autonómicas sea acertar cuánto sube el PP.

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