AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 23 Octubre  2002
Nacionalismo y terrorismo
José Luis Manzanares La Estrella 23 Octubre 2002

Sobre España y Cataluña
Antonio ÁLVAREZ VELA La Razón 23 Octubre 2002

La España invertebrada
Joaquín MARCO La Razón 23 Octubre 2002

El idiota moral anda suelto
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 23 Octubre 2002

Cambio de paisaje

Román CENDOYA La Razón 23 Octubre 2002

Europa, tampoco
Editorial La Razón 23 Octubre 2002

Bruselas cierra el paso a Ibarretxe
Editorial ABC 23 Octubre 2002

Sentimientos vascos
Juan Alberto BELLOCH La Razón 23 Octubre 2002

El diálogo del sordo
JAVIER PRADERA El País 23 Octubre 2002


Don Arturo pide más
FERNANDO ONEGA La Voz 23 Octubre 2002

Un paso más

Aleix Vidal-Quadras La Razón 23 Octubre 2002

Más Estatuto
EDITORIAL El Correo 23 Octubre 2002

Mas quiere más
JAIME CAMPMANY ABC 23 Octubre 2002

Más y Mas
EDITORIAL El Ideal Gallego 23 Octubre 2002

Cataluña al fondo
Ramón Pi El Ideal Gallego 23 Octubre 2002

Un nacionalismo infantil
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Octubre 2002

Alcaldes socialistas apoyan el Estatuto de Gernika como «único pacto legítimo»
LUIS SALA/GERNIKA El Correo 23 Octubre 2002

La soledad de Ibarretxe
Fermín Bocos El Ideal Gallego 23 Octubre 2002

Los socialistas se la juegan
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 23 Octubre 2002

El gesto de Zapatero

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 23 Octubre 2002

Bruselas rechaza el plan de Ibarretxe por ser incompatible con el Tratado de la UE
BRUSELAS. ENRIQUE SERBETO ABC 23 Octubre 2002

Nacionalismo y terrorismo
José Luis Manzanares La Estrella 23 Octubre 2002

Lo grave de la situación vasca radica en que el nacionalismo y el terrorismo no son fenómenos estancos sino interrelacionados. El terrorismo es también nacionalismo, una manifestación patológica del nacionalismo, si se quiere, pero nacionalismo en todo caso. El nacionalismo vasco tiene así un núcleo criminal que se formó como excrecencia de una ideología que, aunque tradicionalmente respetuosa con los valores democráticos, se inspira en los delirios étnicos de Sabino Arana, el mismo que se vanagloriaba de haber hallado y puesto en cuadro sinóptico o árbol genealógico los primeros 126 apellidos euskéricos de su futura esposa, algo con difícil término de comparación en otros nacionalismos, incluido el español. Hay quien ha sabido atemperar los excesos del fundador y hay quienes, como hijos descarriados -hijos del tronco común del nacionalismo- optaron por un terror que inevitablemente vicia, a favor de unos objetivos compartidos por los pacíficos y los violentos, cualquier proceso electoral.

Durante cinco años, en un reparto objetivo de papeles, los matarifes han golpeado el árbol de la vida -de los discrepantes- para que otros nacionalistas de manos limpias recogieran los frutos del terror. Diálogo y crimen con un objetivo común: romper la Constitución y el Estatuto de Guernica para reconstruir un Estado utópico que nunca existió. Si hace falta falsear la Historia, se falsea. Si hace falta envenenar a la juventud (y a la infancia), se envenena. Si hace falta matar, se mata. Pero, eso sí, cada uno en los suyo. Los terroristas del tiro en la nuca y sus acólitos callejeros hacen el trabajo sucio. Y mientras tanto, otros dicen condenar la violencia, pero disculpan o comprenden a quienes asesinan, extorsionan y secuestran porque Madrid se resiste a sus justas reivindicaciones.

El nacionalismo llamado democrático ha llegado a la encrucijada. O congela sus demandas -y también su política de pasos cortos- hasta que el País Vasco viva en libertad o quedará claro que prefiere jugar con las cartas marcadas. No hay actualmente en Europa ningún lugar, ni siquiera en Kosovo u otro rincón de los Balcanes, donde la población haya de emigrar, pagar impuestos revolucionarios u ocultar sus opciones políticas para poder vivir en lo que el Gobierno vasco califica de normalidad. Todo un logro. O toda una manifestación de cinismo cuando los muertos se acercan al millar y se aproxima a doscientos mil el número de quienes se ven forzados al exilio. La ceremonia de la confusión, bien representada, ha terminado por aburrir al personal. Ya no quedan caretas disponibles. El camino hacia la independencia es lícito por vías democráticas, pero no lo es con la “dirección asistida” por el terror. Hay, sin embargo, un nuevo rayo de esperanza en ese escenario desolador. Quizá por primera vez en el País Vasco, una enorme manifestación ha portado juntas la bandera española y la autonómica.

Sobre España y Cataluña
Antonio ÁLVAREZ VELA La Razón 23 Octubre 2002

A tenor de los aconteceres de los últimos tiempos no es nada exagerado afirmar que el edificio institucional creado hace unos veinticinco años para servirnos de morada, está afectado de aluminosis en sus estructuras, con el peligro que esto representa de derrumbe sobre nuestras cabezas.

Tener a los dirigentes de una comunidad autónoma en franca rebelión contra el Estado, obviando, cuando no incumpliendo con el mayor descaro los mandamientos judiciales, no reconociendo como propia una Justicia, que según ellos sólo debe afectar al resto del territorio, y por tanto, considerarla ajena al autodenominado «ámbito vasco de decisión», adoptar medidas unilaterales ninguneando al Gobierno central, rechazando los cauces institucionales habilitados a tal efecto, consentir por pasiva en las formas, ¬veríamos que sería con los fondos si saliesen a la luz las más que probables fuentes de financiación abiertas para alimentar a organizaciones sociales proetarras¬, e incluso aprovechar en beneficio propio las consecuencias de las actividades de una banda terrorista que coacciona, amenaza, extorsiona y asesina, sin poner a ello otra objección que frases solemnes con apariencia de sentidas, para sorprender la buena fe de los despistados que aún quedan, conforma en conjunto un panorama tan inquietante como tenebroso, porque a todo ello hay que añadir que a estos individuos se les entregó hace más de dos décadas el poder, el dinero y los medios para llevar a cabo sus delirantes sueños, y sobre todo, se les entregaron las escuelas y dentro de ellas, las mentes de los niños sobre las que se puede trabajar sin escrúpulos con los resultados que uno quiera, de modo que si sumamos a su causa el resultado de la incorporación a la vida de cuantos niños han pasado por sus manos y restamos, en su beneficio también, la desaparición a lo largo de todo este tiempo, por el devenir natural de los hechos, de toda una generación criada y ambientada en la existencia de una España unida, con lo que de lastre para imponer sus ideas esto significa, veremos que el saldo es clarísimamente beneficioso para sus intereses, con las espectativas de seguir mejorando sustancialmente y en el mismo sentido en los próximos años, con lo que la fruta madura caería en sus manos sólo con poseer una cualidad de la que no andan sobrados: paciencia.

Como, desgraciadamente, lo anterior tiene su correspondencia, con particularidades y matices diferenciados que cambian el color y las características del vehículo, pero no su dirección, con esta comunidad de Cataluña en la que resido, resultará que no estamos asistiendo precisamente a un hecho aislado dentro de este país, al que algunos seguimos empeñados en llamar España.

Llevar y recoger al colegio a mi hija es una de mis tareas y otra, revisar sus libros editados exclusivamente y en su totalidad en catalán, con la única excepción del que lo está en... inglés, es ya la norma para ella y para la totalidad de los niños que hasta que no cumplen los doce años no recibirán también parte de la enseñanza en... castellano (por cierto, podríamos realizar un viaje mental a través del tiempo y del espacio hasta la genuina Castilla, la de Fernán González, primer conde de la misma, allá por el siglo X de nuestra Historia y tratar de entendernos con él y sus coetáneos en este idioma que ahora empleo, que menudo fracaso tendríamos asegurado, y es que, quizá, el castellano es al español lo que el latín al italiano, lenguas muertas que engendraron estas otras de nuestro tiempo, tan vivas y diferenciadas, pero esto es otra historia) aunque, decía, la continuidad de esa enseñanza en los siguientes escalones se sigue impartiendo básica y fundamentalmente en catalán.

De todos modos, preguntar a alguna madre francesa, austríaca o incluso marroquí, que por razones de vecindad coinciden conmigo en esas idas y venidas escolares, qué les parece el hecho de que sus hijos en España no puedan aprender español en sus colegios es recoger una expresión de pasmo e incredulidad absoluta por lo absurdo del tema, lo que lleva a enlazar con otro aspecto de la cuestión: el de que si un ciudadano español sobre territorio español tiene derecho a que sus hijos reciban desde el primer momento enseñanza en el idioma oficial de la nación o no. Si la respuesta es no, hemos acabado con el tema y sólo queda reconocer el engendro que hemos creado. Si la respuesta fuera sí... a ver por qué es no.

¿Es no porque se incumplen preceptos y se conculcan derechos constitucionales por parte del grupo político ganador con un treinta y tantos por ciento de votos las elecciones, que por tanto, ni tan siquiera es mayoritario en el territorio donde opera, y que sólo se comunica exclusivamente en catalán a través del Parlamento, de sus ediciones escritas, de sus emisiones en TV y radio, a pesar de que los castellanos hablantes por vía materna somos el 52 por ciento del total de la población? ¿Es no porque ningún otro partido político baja a la arena a luchar por tema tan espinoso? ¿Es no porque en los trece años aciagos de dominio felipista en este país el entonces Gobierno central no contuvo y ni siquiera molestó a estas fuerzas centrífugas que basan su discurso en lo que separa, diferencia, distingue y desune para mayor gloria de lo propio y, explícitamente, mayor demérito de lo ajeno? ¿Es no porque sobre un mismo territorio no pueden coexistir dos conceptos antagónicos de lo que es Patria, sin que ello lleve a enfrentamientos tan graves como se quieran, y la Historia está repleta de ejemplos que lo confirman? ¿Es no porque los ciudadanos debemos exigir esos derechos, que deberíamos tener por sí, y no lo hacemos? ¿Exigirlos ante qué o ante quién? ¿Ante el Tribunal Constitucional? ¿El mismo que ya se ha mostrado en otras ocasiones tan comprensivo con las posturas nacionalistas? ¿El mismo TC que hace bien poco hizo prevalecer el derecho a las creencias religiosas de unos progenitores sobre el derecho a la vida de su hijo a quien negaron la posibilidad de salvarse no autorizando su operación quirúrgica? ¿El TC que invalidó una razonada e inteligible condena del Tribunal Supremo y puso en libertad a la autodenominada mesa nacional de Herri Batasuna con una sentencia que parecía sacada de un cuadro cubista?

Pues no, mire, este ciudadano de a pie no confía en absoluto en tan alta instancia, y tengo razonables sospechas de que los que así pensamos podríamos no caber en el campo.

Si dividiéramos en tres sectores, a saber en qué porcentaje cada uno, a nuestra población ante la idea de España mater, tendríamos los pro, los anti y los del género neutro, éste quizá el más numeroso, el cual, a su vez, podría subdividirse en dos grupos: el que se rasca la cabeza buscando algo que decir cuando les preguntan sobre su patriotismo y ese otro que dice que tiene cosas más importantes en que pensar que en patrias o banderas, actitud claramente pasotista.

Pues bien, creo que entre los señores que se sentaron a «negociar» allá por el 76 la ya próxima Constitución, había representantes de los tres sectores, y mucho me temo que en el a priori sector «pro» había algún que otro no genio ilustrado ¬quizá la expresión no genio podría cambiarse por otra más determinante, pero cualquiera se atreve¬, pues a la vista está el resultado de la inclusión de conceptos como nacionalidades dentro del ámbito español, lo que venía a ser como acoplar a la cerradura de la caja de Pandora un temporizador con explosivo incorporado. Seguro que al finalizar aquel parto algún representante de los «anti» debió frotarse las manos por debajo de la mesa.

Llegar al extremo que se ha llegado, en que por mor del respeto que merecen las minorías, se ha caído en el demencial despropósito de sacrificar el todo a la parte, invirtiendo el orden natural de las cosas, y transcurrido un tiempo suficiente para adquirir perspectiva, con unas consecuencias visibles en forma de grietas cada vez más profundas, habrá que ponerse manos a la obra para que la aluminosis no termine de nuevo, como en otras ocasiones a lo largo de nuestra historia, de un modo doloroso con nuestro habitáculo. Pero los males son profundos y extendidos, así que el remedio, si es que lo hay, tendrá que estar en consonancia con lo que se pretende curar, y para ello no deben doler prendas.

La España invertebrada
Joaquín MARCO La Razón 23 Octubre 2002

Cuando José Ortega y Gasset publicaba en 1922, con afortunado título, España invertebrada, apuntaba a un problema candente, la vertebración de un Estado que los compromisarios de la Constitución votada y refrendada (salvo en el País Vasco) por los españoles de la transición en diciembre de 1978 creían cerrar con una fórmula de diseño: la «autonomía». Se entendían como históricas las de Cataluña, Euskadi y Galicia; pero el mecanismo fue, como estamos viendo, simple remiendo. Al margen del problema terrorista de ETA ¬sin duda, una tragedia pendiente que desangra a vascos y españoles y que, ni siquiera desde la óptica nacionalista, lleva a soluciones¬ no cabe duda de que, cuando se aproximan elecciones, renacen con nuevos ímpetus las reivindicaciones. El lendakari las presenta con la aspereza que le caracteriza, con un PNV hoy encerrado en sus postulados independentistas sin rebozo, contra la pared. En Cataluña Mas no quiere ser menos (perdón por el chiste malo) y solicita un nuevo Estatuto (tampoco es novedad), una administración única (que la pidió Fraga en su día) y el concierto económico (que es donde duele), entre otras cosas. El resto de autonomías calla y espera. Sin duda, de conseguir las históricas nuevas concesiones del Estado central, no dudarían en solicitarlas también. Donde antes había dos problemas (Galicia fue siempre tibia en sus reivindicaciones) hoy aparecen multitud. Los problemas mal resueltos, en la administración política, son como los torrentes mal desviados. Las lluvias torrenciales buscan siempre sendas tradicionales para desaguar.

Quizá convenga algún día analizar en serio los errores que se cometieron durante la llamada transición, de la que tan ufanos nos sentimos durante tiempo. Algunas de aquellas «soluciones» se han convertido en problemas arduos y difíciles. Bien es verdad que ETA, por ejemplo, vive ahora malos tiempos (y uno desearía que fueran peores hasta el extremo de entonar el gori gori), pero, como contrapeso, el PNV se nos ha radicalizado, cuando no hace tanto formaba parte de las fuerzas que apoyaban la gobernabilidad de la nación. El peligro reside ahora en Cataluña. Porque es posible, si no probable, que la desaparición de Jordi Pujol convierta el nacionalismo catalán en una fuerza más radicalizada. Por ahora, los síntomas que pueden observarse son los del preelectoralismo. Pero convendría una reflexión, tras las elecciones que se avecinan ¬incluidas las generales¬, que nos llevara a la vertebración definitiva. Porque Ortega no se inventó nada. Los problemas de las nacionalidades históricas están ahí desde que los románticos las convirtieron en bandera. No importa su color, ni la extensión de la misma. Los nacionalismos no son pecado, aunque convenga no caer en la tentación. Que nos libren del mal.

El idiota moral anda suelto
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 23 Octubre 2002

EL CLAMOR de la manifestación de San Sebastián ha dejado perplejos a los nacionalistas vascos, ha desbordado a los que matan y, sobre todo, ha servido como revulsivo para los miles de vascos que en su vida diaria se sienten apestados y sometidos a la clandestinidad por el único y xenófobo pensamiento nacionalista. Ni los más optimistas, entre los que me cuento, pensábamos que la manifestación iba a ser tan concurrida. Deseábamos que hubiera un ambiente amable, que reclamáramos valores de progreso, pero sin empujar; ansiábamos que San Sebastián se convirtiera en una zona de libertad -como decíamos en tiempos de la dictadura-, pero convencidos de que las expresiones de libertad no siempre se miden al peso -y menos aún cuando existe el peso pesado de las balas-, nos dábamos por satisfechos con que unas decenas de miles de vascos volviéramos a pisar las calles nuevamente de lo que fue San Sebastián ensangrentada y en una hermosa plaza liberada detenernos a llorar por los ausentes, con permiso de Pablo Milanés y Salvador Allende.

El caso es que allí estuvimos todos los que somos dignos de merecer la libertad en Euskadi. Perdónenme la posible petulancia, pero es que ya estamos hartos de estar apestados, aherrojados, zaheridos y clandestinizados, cuando no asesinados o mutilados, por defender lo obvio. Cuando pase el tiempo, cuando se acabe la dictadura nacionalista, cuando la fase terminal del terrorismo -realmente existente ahora-, sea percibida por todos, serán muchos los que quieran apuntarse y decir: yo estuve allí; lo cierto es que estuvimos los que estuvimos, ni uno más. De hecho ya ocurrió en tiempos de Franco, si todos los que dicen que lucharon contra él lo hubieran hecho de verdad, el dictador no se nos hubiera muerto en la cama.

El idiota moral anda suelto. El mester de progresía, que reprocha a las gentes del Gobierno actual no haber luchado contra Franco, exhibe ahora un justificante para explicar su inasistencia a la manifestación de ¡Basta Ya! No es obligatorio, dicen, manifestarse contra ETA, contra la dictadura de la muerte, contra el nacionalismo obligatorio, a favor del ámbito de libertad que garantiza la Constitución española y el Estatuto de Autonomía de Gernika. Pero sí es obligatorio haberse manifestado contra otra dictadura nacionalista, la de Franco. Lo patético es que el idiota moral, ambulante por definición, no se manifestó ni entonces ni ahora.

La manifestación de ¡Basta Ya! tenía sabor de transición. Gritos de los setenta, músicas de Paco Ibáñez, mezcolanza de banderas y símbolos y una organización milimetrada. Frente a este despliegue de generosidad y buen rollo, el matón xenófobo Joseba Eguibar sólo vio odio, él, que es un ser odiante; Izquierda Hundida, dice que no sirvió para nada y Zapatero, con su inasistencia, perdió una ocasión de oro de estar con los socialistas que más sufren en España y, de paso, emerger como candidato sólido a la presidencia del Gobierno.

En la manifestación del 19 de Octubre, cuando empezó a cambiar la dirección del viento, estuvimos los que estuvimos, ni uno menos, pero ni uno más. Como contra la dictadura, como en el Mayo francés. Si seguimos en esta línea tenaz, más pronto que tarde, la realidad se hará evidente para todos y el régimen nacionalista empezará su cuenta atrás.

Cambio de paisaje
Román CENDOYA La Razón 23 Octubre 2002

Mucha gente cree que las manifestaciones no sirven para nada. Depende. La manifestación del sábado posiblemente no altere el plan de Ibarreche, pero ahora él sabe que tiene mucha más gente en contra de la que él creía. Su plan está teniendo efectos terapéuticos en la sociedad vasca. Hasta ahora siempre nos manifestábamos en silencio, con ánimo de no molestar. Salíamos calladitos a la calle para decir que estábamos y que nos tuvieran en cuenta. El sábado todo eso cambió. En las calles de Donostia se vio que el lendakari de algunos vascos ha conseguido exactamente todo lo contrario de lo que decía que buscaba con su plan. A más nacionalismo obligatorio más constitucionalismo. A más persecución y amedrentamiento más ejercicio y demanda de libertad. Frente al grito de independentzia el clamor pidiendo inteligentzia. Contra el triste gris del Régimen el colorido y el calor de la ciudadanía. La gente dijo no al sentimiento ¬nazionalismo¬ obligatorio. Por eso, además de la ikurriña obligatoria se pasearon banderas españolas. Y al concluir la manifestación los ciudadanos en vez de huir a sus casas tomaron terrazas y calles para con sus pegatinas y su ilusión pasear su libertad. El paisaje de Euskadi cambió el sábado.

Europa, tampoco
Editorial La Razón 23 Octubre 2002

La pregunta de si un País Vasco independiente podría seguir formando parte de la Unión Europea ha sido una de las cuestiones que el Partido Nacionalista Vasco ha preferido dejar en el aire. Ayer, la Comisión Europea, en un dictamen de dos líneas, ha dejado claro que los tratados sobre los que se basa la Unión no pueden constituir en absoluto la base jurídica de la propuesta soberanista de Ibarreche.

La respuesta europea coincide en el tiempo con la campaña de presiones alentada por el gobierno autónomo vasco sobre un sector de los empresarios guipuzcoanos. En una economía en gran parte cautivada por el dinero público, no sería extraño que algún sector del empresariado acabara por ceder y se aviniera a negociar una ruptura con Confebask que salvara, al menos, la cara del lendakari. Sería una vuelta de tuerca más en el juego desleal de los nacionalistas, empeñados en ocultar a los vascos, especialmente a sus votantes, el alcance real de la pretendida ruptura del modelo autonómico español.

De ahí que el mensaje de la Comisión Europea tenga una importancia más allá de las cuestiones de legitimidad jurídica. Al fin y al cabo, Europa, la Unión de la que hoy formamos parte, se conformó sobre el principio de la lealtad de sus miembros a unas normas libremente aceptadas. Cualquier cambio en las mismas debe partir del consenso y no ser impuestas por la fuerza, mucho menos del terror. Si Arzallus quiere romper la Constitución, no sólo tendrá enfrente a los españoles, sino a todos los europeos. Sería decente que se lo dejara claro a sus votantes.

Bruselas cierra el paso a Ibarretxe
Editorial ABC 23 Octubre 2002

CON un breve comunicado, la Comisión Europea manifestó ayer que el Tratado de la Unión «no puede constituir en ningún caso la base jurídica que cubra la iniciativa» del lendakari Ibarretxe. Es probable que, a primera vista, el nacionalismo se haya visto sorprendido con esta respuesta comunitaria más por su laconismo -directamente proporcional a la importancia que se concede a las reivindicaciones nacionalistas- que por su contenido político y jurídico. Sin embargo, este es el principal alcance de una declaración institucional que priva de golpe al proyecto soberanista del PNV de su coartada europea. Conviene ahora recordar que en el discurso que pronunció en la cámara vasca el pasado día 27, el lendakari Ibarretxe apeló a la legalidad europea para dejar al descubierto las supuestas carencias democráticas del Estado Español. Dijo entonces que «en el espacio europeo, afortunadamente, están superados social e intelectualmente debates aún pendientes de resolver en el Estado Español», tales como «la libre asociación, el derecho democrático a decidir de los Pueblos (sic), la soberanías compartida, la cooperación transfronteriza o el respeto a las identidades de las naciones sin estado». Terminaba asegurando que éstas eran «las pautas a seguir por el Estado español».

Es evidente que, a la vista de su discurso y de la declaración de la Comisión -y de la propia configuración de la Unión Europea-, ni Ibarretxe ni el nacionalismo vasco saben de qué hablan cuando se refieren a Europa. La respuesta de la Comisión, entre la indiferencia de la forma y la contundencia del contenido, ha dejado claro otro mensaje más sobre la inviabilidad del proyecto soberanista del Gobierno vasco y del PNV. Y lo más importante es que, sumada a otros pronunciamientos igualmente valiosos y significativos, se está trasladando a la sociedad vasca la certeza de que la soberanía que propone Ibarretxe no tiene el coste cero que irresponsablemente ha defendido. Costes los hay y muy gravosos, sociales, políticos y económicos. El nacionalismo ha jugado otra vez la baza de apostar a máximos sin riesgo, pero, a diferencia de lo que ha sucedido durante estos veinte últimos años -aunque perdiera no pagaba-, en esta ocasión los riesgos se están haciendo visibles de forma incesante. En menos de un mes, el nacionalismo vasco ha vaciado su proyecto para el futuro del País Vasco y el balance es inequívoco. Sólo lo apoyan los nacionalistas, pero los críticos son ahora más y más explícitos, lo que significa que el PNV ha perdido el margen de ambigüedad en el que manejaba a determinados sectores no nacionalistas de la sociedad vasca. Lo que se vendió como el proyecto integracionista de Ibarretxe ha quedado reducido a su verdadera esencia de plan estratégico para la hegemonía nacionalista, pero con el efecto imprevisto -para los nacionalistas- de haber animado a muchos ciudadanos vascos a decantarse. La unidad de criterio en la patronal vasca y la reanimación de los movimientos cívicos constitucionalistas, expresada en la manifestación del pasado día 19, revelan algo más que la oposición puntual a un determinado plan político, por descabellado que sea. Revelan ante todo la progresiva pérdida del temor a manifestar discrepancias con el nacionalismo, incluso a resistir públicamente sus presiones e invectivas.

Como toca el repliegue táctico, no es momento de Arzalluz ni de Egibar, sino de portavoces como Josu Jon Imaz, al que Ibarretxe ha sacado para decir ahora que la prioridad es acabar con ETA. También dijo Imaz que «el futuro no pasa por la ruptura» y días después Ibarretxe presentó su plan soberanista. Simple tacticismo, en definitiva, sin crédito alguno para encajar mejor el hecho de que el proyecto de Ibarretxe ya contabiliza el fracaso de la falta de consenso político, del rechazo empresarial y del sonoro portazo en Bruselas.

Sentimientos vascos
Juan Alberto BELLOCH La Razón 23 Octubre 2002

La Asociación Pro Derechos Humanos del País Vasco hace ya más de quince años, fue el primer grupo que se atrevió a identificar gráficamente a los terroristas con los nazis. Algo que por entonces se consideraba tabú. Hoy no sólo se acepta como natural sino que, además, la identificación se ha expandido al conjunto del tinglado batasuno. La manifestación del último fin de semana significa que los vascos no están dispuestos a ser aquellos alemanes que con su silencio cómplice y cobarde alimentaron la bestia parda. Fue algo tan noble y hermoso que nadie sensato debería pasarlo por alto. El pueblo en armas civiles. Ningún asesinato de ETA, ninguna miseria ambigua y calculada podrá borrar su rastro. Para siempre quedará inserta en la Historia Universal de la dignidad como contraste definitivo de esta otra y borgiana historia universal de la infamia de los que, minuto a minuto, garrapatean con sangre su discurso.

Es una respuesta cabal que alcanza de lleno a los que llevan demasiado lejos la bíblica parábola del hijo pródigo. A los que están prestos a recibir con los brazos abiertos a los lobos disfrazados de ovejas descarriadas, aunque ello suponga dejar a la intemperie, sin país, a decenas de miles de ciudadanos.

Es imposible no sentirse ofendido sentimental e intelectualmente por la actitud y por las palabras de los dirigentes nacionalistas. Duele en el alma comprobar que prefieren ser cariñosa nodriza, institutriz airada pero comprensiva, de la camada terrorista, antes que parientes siquiera lejanos de sus conciudadanos asesinados o asesinables. ¿Qué pecado nefando cometimos para tener que soportar que se nos equipare con los bárbaros? ¿Hemos sido, somos, tan sectarios como para merecer ser tratados como bestias camino del matadero? Por mucho que me esfuerce en la autocrítica no soy capaz de registrar más atrevimiento que el hecho de que algunos hemos optado, más por reacción que por convicción, por reivindicar nuestra condición de españoles. Si ello fuera una tara nadie más adecuado que un nacionalista para tratar de entenderla.

Y sin embargo, Arzallus no vaciló, sin duda para que expiáramos nuestros pecados, en arrogarse para sí y para su partido (acudiendo en este caso al Nuevo Testamento) el honroso papel del Cristo agonizante, al tiempo que dejaba el papel secundario de ladrones acompañantes para los terroristas, y para nosotros los constitucionalistas. Es un insulto de los que no se olvidan ni perdonan; es de las ofensas que no se curan, de las que causan un estigma más que una herida.

Pero si ofender los sentimientos siempre es más grave que ofender la inteligencia, también esta última se siente concernida. Nunca se dirá lo bastante sobre la estolidez suprema de los conductores del proceso secesionista. Ni el alumno más zoquete de la clase, discípulo aplicado de Onán y de los futbolines por lo que a mi infancia se refiere, puede imaginarse un hipotético Gobierno español dispuesto a dejar abandonado a su suerte, a esas decenas de miles de manifestantes vascos. Ni a los muchos más que se quedaron en casa, pero que hubieran querido ser parte de ese inmenso ejército ciudadano. Ni tan siquiera a los propios nacionalistas que en buena parte asisten atónitos a la degradación imparable de sus dirigentes. Creo conocerlos lo suficiente, pues a ello he dedicado como juez, como ministro de Interior y como político más de 20 años de mi vida, como para rechazar la hipótesis de que tras su alocada carrera deba verse, como explicación verosímil, la pretensión de generar una confrontación abierta, mejor si es armada, germen de una futura, telúrica y supuestamente incontestable rebelión generalizada del noble pueblo vasco. Son demasiado realistas, incluso cuando deliran, para no saber que ese escenario es ontológica y sociológicamente inviable.

He sabido personalmente de buen número de terroristas que consideraron el día de su ingreso en prisión como uno de los más felices de su infeliz vida, sentido como una verdadera liberación. El Estado había hecho por ellos, lo que ellos no tenían el valor de hacer: sacarlos del infernal círculo del crimen, sin que para su mayor comodidad tuvieran siquiera que arrepentirse. Eran perdonados si no rezando de manera distraída tres avemarías, sí cumpliendo treinta años de prisión.

Bien pudiera ocurrir que, de manera paralela, los dirigentes nacionalistas, incapaces ya de la fortaleza necesaria para dar un paso atrás, vean en su atracción por el abismo la única salida personal para descansar de tanta tontería y no, desde luego, en una confortable celda de, pongamos por caso, Alcalá Meco, pero sí en la mesa camilla con brasero de algún dulce puesto burocrático, alejado de responsabilidades y pudiendo escribir y reescribir, inventar y volver a inventar un pasado glorioso que nunca tuvieron.

Y lo trágico es que esa salida personal, a poco que insistan, pueden encontrarla. La estrategia de intensificación controlada de la tensión no es una ciencia exacta, menos aún que el artístico y creativo juego del ajedrez. El número de jugadas que puede prever sin dificultad un mediano ajedrecista es infinitamente superior al que es capaz de calcular el más genial de los políticos una vez que inicia el juego de la tensión. Para más inri, no es la genialidad el rasgo más desbordante de los aprendices de brujo que protagonizan la partida vasca. ¿Quién hará y cuándo el movimiento equivocado, el que fatalmente conduce al jaque mate? ¿Quién traspasará ese límite sin retorno? Una sola cosa es cierta: la única víctima segura será el pueblo vasco. Entonces será demasiado tarde para especular sobre ante qué Tribunal tendrán que rendir cuentas sus dirigentes.

El diálogo del sordo
JAVIER PRADERA El País 23 Octubre 2002

La manifestación del pasado sábado en San Sebastián en defensa de la Constitución y el Estatuto reunió a decenas de miles de vascos que aceptan y amparan el pluralismo de su comunidad como un hecho a la vez irreversible y enriquecedor; sólo quienes toman falsamente la parte emocional e ideológica de sus creencias por el todo político y social del País Vasco -una sinécdoque históricamente indefendible- aspiran a transformar una opción legítima en sí misma como el nacionalismo en dogma obligatorio. Pese a la violencia selectivamente desatada por ETA contra los vascos sin adscripción nacionalista, a fin de provocar el desistimiento electoral de los partidos constitucionalistas y de condenar al silencio a los profesores, empresarios, escritores, sindicalistas, periodistas o simples ciudadanos discrepantes, las urnas vienen registrando una y otra vez, con la terca monotonía de los hechos obstinados, que casi la mitad de la población del País Vasco (la mayoría en Álava) es ajena a la ideología nacionalista.

Además de confirmar esa indiscutible evidencia, los manifestantes donostiarras del pasado sábado expresaron en las calles su triple sentimiento de pertenencia vasca, española y europea mediante las banderas que simbolizan esos ámbitos territoriales armonizables política y emocionalmente. Los nacionalistas que meten a los demócratas vascos titulares de esas tres identidades compartidas en un mismo saco con el españolismo franquista no sólo cometen una despreciable vileza sino que además ofrecen a los terroristas otro pretexto para sus crímenes: en realidad, el objeto simbólico de ese insultante rechazo no es la bandera bicolor patrimonializada por la dictadura durante cuatro décadas sino la bandera constitucional (al igual que lo fue la bandera tricolor durante la etapa republicana). Cuando Iñaki Anasagasti bromea con su habitual patosería sobre la añoranza de los vascos sin adscripción nacionalista por la España una, grande y libre de la retórica falangista no hace sino proyectar sobre sus adversarios el ensueño nacionalista de la Euskal Herria una, grande y libre (la agregación del País Vasco, Navarra y los tres territorios vasco-franceses dentro de un Estado independiente) del programa máximo tanto de ETA como del PNV.

El Pacto Político de libre asociación y soberanía compartida del País Vasco con España lanzado por Ibarretxe el pasado mes es una nueva etapa en ese camino: atrás quedaría el Estatuto y por delante -aparcada hasta la próxima generación- la anexión de Navarra y de los territorios transpirenaicos. La ronda de conversaciones recién abierta por el lehendakari en Vitoria para discutir ese Pacto Político no logra tapar el propósito de imponer el proyecto nacionalista a la mitad de la ciudadanía vasca disconforme con tales planteamientos. La imagen adecuada para describir el clima de las reuniones de Ibarretxe con sus interlocutores (sean los socialistas o los representantes de la patronal vasca) no es la metáfora del diálogo entre sordos incapaces de entenderse por deficiencias auditivas: el lehendakari sería mas bien el sordo que promueve encuentros con personas dotadas de excelente oído para exponerles infatigablemente sus argumentos mientras finge cortesmente atender sus razones sin escucharles.

La apacible reunión -anteayer- de Ibarretxe con Otegi no sólo infringió su compromiso de marginar a Batasuna de cualquier contacto oficial mientras no rompiese con la banda terrorista: la escena del sofá protagonizada por el presidente de la Comunidad Autónoma Vasca - representante del Estado en su ámbito- con el portavoz de una organización acusada de pertenencia a banda armada y suspendida de forma cautelar por la jurisdicción penal parece tomada de una pieza del teatro del absurdo. Las tres horas largas de esa asombrosa entrevista dan fundamento para suponer que el lehendakari aspira a conseguir, si no la adhesión formal al Pacto Político del brazo electoral de ETA, al menos su neutralidad o su no beligerancia práctica. De esta forma, Ibarretxe podría aprovechar la alardeada equidistancia del PNV entre los vascos sin adscripción nacionalista (cerca del 50% de la población) y los votantes de Batasuna (el 10% en los últimos comicios autonómicos) como coartada para imponer su Pacto Político a unos y otros como laudo obligatorio de forzoso cumplimiento.

Don Arturo pide más
FERNANDO ONEGA La Voz 23 Octubre 2002

ALGÚN MALÉVOLO le llama Arturo Menos . Pero, mientras no se demuestre lo contrario, es Artur Mas, conseller en Cap de la Generalitat de Cataluña. Hace honor a su apellido, porque cada día pide más: más autogobierno. Tiene un dato a su favor: se somete al marco constitucional y no reclama, como otros, status de libre asociación. Por eso las respuestas que ha encontrado, incluso en los ministros del Gobierno central, han sido moderadas. No es un enemigo peligroso que ponga en riesgo la unidad de España. Tampoco conecta directa o indirectamente con las exigencias de ninguna banda armada.

Lo inquietante de Mas es que pide otro estatuto de autonomía, distinto y de nueva planta. Y todo eso, ¿para qué? Primero, para que Cataluña sea reconocida como nación; segundo, para llegar a un concierto económico como el vasco, y tercero, para que la Generalidad sea la Administración única del Estado. No es ninguna herejía. La última de esas aspiraciones sería suscrita por el fundador del Partido Popular, don Manuel Fraga.

¿Qué es, por tanto, lo que molesta? Que se siga abriendo el melón de los estatutos, ahora que el Gobierno central considera cerrado el proceso. Pero, sobre todo, que parezca que Mas sigue los pasos de Ibarretxe. Y lo parece, como si ambos nacionalismos hubieran establecido una carrera al grito de maricón el último , a lo cual responden los poderes centrales: «No pasarán». Y así estamos.

Yo ignoro si el proceso autonómico debe ser cerrado o no. Posiblemente nunca se cerrará, porque la reivindicación permanente es la esencia de los nacionalismos. Pero ya está bien de que la estabilidad territorial dependa siempre de las tensiones electorales. Y Artur Mas salió con éstas, porque tiene miedo a perder. No es que necesite más autogobierno. Lo que necesita es conectar con los sectores más radicales. Y todo, porque siente en la nuca el aliento de un señor llamado Maragall.

Un paso más
Aleix Vidal-Quadras La Razón 23 Octubre 2002

La tan publicitada conferencia de Artur Mas en el Palacio de Congresos de Barcelona ha permitido conocer el diseño estratégico del heredero de Pujol. Dado el elevadísimo nivel de autogobierno alcanzado por Cataluña en el seno del Estado autonómico español, que deja muy poco margen a la reivindicación en el marco constitucional y estatutario vigente, se trata ahora de animar el post-pujolismo con lo que el candidato nacionalista a la Generalitat ha calificado de «un paso adelante de la misma magnitud como mínimo del que se ha dado en estos últimos veinte años».

De hecho, la generación que ha tomado el relevo del Molt Honorable por antonomasia, está obligada a seguir adelante en sus pretensiones secesionistas, salvo que estén dispuestos a que su máquina infernal de tensión centrífuga creciente se detenga, es decir, a quedarse sin discurso.

Su única forma de avanzar es la permanente huida hacia adelante y su diferencia con el proyecto explícitamente separatista del PNV es su mayor capacidad para el disimulo y el regateo táctico. Sin embargo, aunque con menos claridad que Ibarreche, Mas demostró anteayer que el ritual de fingir que no se desea la ruptura con la Constitución del 78 a la vez que se hace lo necesario para conseguirla, mientras los dos grandes partidos nacionales simulan por su parte que se lo creen sin dejar por ello de tomar las medidas adecuadas para que tal desgarro no se produzca, no puede durar eternamente.

Las pretensiones de territorializar los órganos constitucionales, de eliminar la administración periférica del Estado de las cuatro provincias catalanas, de independizar el espacio jurídico del Principado y de articular un sistema de financiación análogo al vasco, son una fórmula edulcorada de emular al lendakari graduando más cautamente la presión particularista y revistiéndola de un camuflaje de enfáticas manifestaciones de voluntad de contribuir a la gobernabilidad del conjunto.

Esta insistencia del nacionalismo pujolista en proclamar su valiosa aportación a la buena marcha de la entidad política a la que quiere borrar del mapa es una de las muestras más fehacientes de que sus representantes están completamente convencidos de que ellos son muy listos y el resto de los españoles tontos de remate. Sin embargo, hay que felicitar a Artur Mas por haber llevado mucho más lejos que su longevo predecesor la convicción de que los nacionalistas catalanes están en condiciones de realizar el sueño de Francesc Pujols de ir por el mundo teniéndolo todo pagado por el mero hecho de ser eso, catalanes. En efecto, cuando el joven cachorro del venerable Ubú comunica al Partido Popular que está dispuesto a asumir el riesgo ¬maravillosa rizadura del rizo¬ de mandar también en Madrid si se le permite mandar del todo en Cataluña, no cabe duda de que demuestra una admirable generosidad que estoy seguro que José María Aznar apreciará en lo que vale.

Más Estatuto
EDITORIAL El Correo 23 Octubre 2002

El candidato de CiU a la presidencia de la Generalitat, Artur Mas, anunció el pasado lunes su propósito de presentar en marzo el proyecto de un nuevo Estatuto de autonomía para Cataluña. El avance de su contenido coincide con las ideas bosquejadas en su día por Jordi Pujol con el horizonte puesto en 2010. El núcleo fundamental de la aspiración convergente consiste en la obtención de un régimen de concierto equiparable a los vigentes en Euskadi y Navarra. Ello implicaría una reforma constitucional y, sobre todo, suscitaría la puesta en cuestión no sólo del actual modelo de financiación autonómica, sino del propio Estado autonómico en tanto que, en buena lógica, otras comunidades podrían reclamar con igual legitimidad que Cataluña la misma autonomía financiera y fiscal. La diferenciación entre nacionalidades y regiones requerida por Mas en ningún caso podría servir para limitar su reivindicación a las primeras negándosela a las segundas.

Sin duda, pocas demandas de autogobierno podrían suscitar entre los catalanes mayor consenso social que el logro de un pacto con el Estado análogo al Concierto o al Convenio económico. De igual forma que, con la excepción del PP, las fuerzas parlamentarias catalanas coinciden en la exigencia de la ampliación del actual marco de autogobierno, como reflejaron recientes trabajos parlamentarios. Pero el futuro autonómico dentro del Estado constitucional nunca debería plantearse como una carrera de emulaciones sin fin, en la que las comunidades de más amplio autogobierno pretendan siempre distanciarse de las otras autonomías y éstas persistan en seguir la estela de las primeras.

Artur Mas ha adelantado, como candidato, el paso que Pujol no quiso dar en solitario desde la Generalitat; y lo ha hecho en la creencia de que ninguno de sus contendientes electorales va a poder alcanzarlo ya. Sin embargo, la proximidad de las elecciones al Parlamento de Cataluña, que a lo más tardar tendrán lugar en noviembre de 2003, posponen la cuestión no sólo a su celebración, sino, además, al escrutinio de las generales de 2004. La aclaración por parte de Mas de que el nuevo Estatuto habrá de consensuarse necesariamente con el PP y con el PSOE trata de despejar cualquier duda sobre la actitud política del nacionalismo catalán para diferenciarla de la unilateralidad abertzale. Pero sobre el cambio cualitativo propuesto para la autonomía catalana pesa un argumento que el candidato convergente no puede eludir: que es más que posible que no le corresponda a él presidir la Generalitat a finales del próximo año. En cualquier caso, el dato más relevante del anuncio de Mas es que compromete al nacionalismo que hoy gobierna Cataluña en un proyecto más de integración que de separación. Entre otras razones porque el nuevo Estatuto representa en el universo simbólico nacionalista más la culminación de sus anhelos que una estación de paso hacia la independencia.

Mas quiere más
Por JAIME CAMPMANY ABC 23 Octubre 2002

EN Cataluña, la lucha en las elecciones autonómicas se presenta encarnizada. Artur Mas y Pasqual Maragall van a pelear con el mismo denuedo que Cabeza de Estopa y su hermano. Ramón Berenguer versus Berenguer Ramón y a ver quién de los dos va más lejos en el radicalismo nacionalista, o en el nacionalismo radical. Pasqual Maragall se presenta en liza con el «federalismo asimétrico» en ristre, arma nueva y casi secreta que todavía ignoramos qué efecto causará en el electorado socialista, ya que eso de la «asimetría» no se compadece muy bien con la igualité que predica el socialismo. Y Artur Mas acude al palenque con su «pleno gobierno» y además con su oferta de participación en el gobierno de España.

A mí, que me explique el señor Mas qué cosa es y con qué se come esa propuesta que aúna, por un lado, el gobierno pleno para Cataluña, y por otro, el gobierno a medias para España. Si a mis cortas entendederas no se le ofrecen otras interpretaciones, eso querrá decir que el señor Artur Mas pretende gobernar toda Catalunya desde la Generalitat, y toda España desde el gobierno central. Total, que Cataluña es España, pero sólo para participar en su gobernación, o en su gobernanza como dice El Nebrija. Lo mío, mío, y lo tuyo, de los dos. Una vez que el señor Artur Mas (todos queremos más, y más, y más, y mucho más) haya alcanzado mediante nuevo Estatuto y el consiguiente referéndum, el «pleno gobierno», nos hará el favor de entrar en el Gobierno de la Nación. No me negarán ustedes que el propósito queda mono. No sé, no sé, pero a mí me parece que Jordi Pujol, con su astucia diabólica, ha puesto ahí a ese señor para que se hunda.

El tiempo está demostrando que algunas Comunidades de las que llamamos «históricas» como si las demás no tuvieran Historia, andan descontentas de sus estatutos. Los nacionalistas que gobiernan el País Vasco quieren otro Estatuto y además anuncian un referéndum. Y ahora sale el delfín de Jordi Pujol pidiendo «gobierno pleno» o «gobernación plena», o lo que sea, y anuncia por su lado otro referéndum. Como sigamos así, esto de España termina con la proclama de la «nación jumillana» de advertencia a la «nación murciana, su vecina». Aquí, en cuanto se dan cartas, todos quieren entrar en el julepe. En Madrid, tendríamos que ir preparando los estatutos del Lavapiés autónomo, Chamberí autóctono y la Guindalera independiente.

Hubo un momento en la Reconquista en el que se pueden contar hasta cuarenta y tres reinos independientes, entre las taifas moras y los reinos y condados cristianos. No parece sino que estemos encaminándonos hacia eso. Dicen, y si no lo dicen, lo digo yo, que la Historia sólo se repite en los pueblos que se niegan tercamente a aprender de ella. En esas estamos. Por de pronto tenemos diecisiete, pero esas diecisiete pueden ponerse a parir Españas como en la Reconquista. Lo de las dos Españas es un drama. Pero lo de las cuarenta y tres Españas es un juguete tragicómico.

Más y Mas
EDITORIAL El Ideal Gallego 23 Octubre 2002

La vergüenza no figura entre los dones de los que goza Juan José Ibarretxe. No se entiende de otra forma que siga adelante con su plan secesionista pese a haber cosechado uno de los rechazos más contundentes que se recuerda en la historia de la democracia. Desde el ciudadano de a pie -cualquiera de los más de 125.000 que se manifestaron en San Sebastián- hasta la mismísima Comisión Europea -que apenas ha empleado cuatro líneas en explicar que el Tratado de la Unión no admite experimentos-, todos han entonado un sonoro no al proyecto separatista. Todos o, para ser milimétricamente escrupulosos, casi todos. Todavía hay quien se alista en el ejército de Pancho Villa. A saber: Eusko Alkartasuna, escisión no traumática del PNV parida por Garaikoetxea como digna salida de emergencia, se entrega en cuerpo y alma, sin necesidad de reflexión, a los intereses del lehendakari.

A un puñado de kilómetros, en Cataluña, allí donde Pujol ya no parece pintar demasiado, su “delfín”, Artur Mas, preso de los celos y la envidia, quizá asfixiado por la inminencia electoral, también se apunta a la moda de patear el orden constitucional. El nacionalismo “bananero” compone una escena patética, propia de un pabellón psiquiátrico, en la que cada uno recita su letanía al viento. Al otro lado, el de la coherencia, se sitúa la Fiscalía. Fiel a sus principios, y en aras de seguir el camino iniciado con Batasuna, solicita la ilegalización del Partido Comunista de España reconstituido; reconstituido en el brazo político de los Grapo. Por descontado. El terrorismo no entiende. Ni siquiera de siglas.

Cataluña al fondo
Ramón Pi El Ideal Gallego 23 Octubre 2002

Las elecciones catalanas, previstas para dentro de un año, ya condicionan la vida política de esa comunidad. Todos dicen que es pronto, pero todos actúan y hablan con la vista puesta en la convocatoria de octubre de 2003, justo a medio camino entre las municipales y las generales. A esta distancia del día D ya es posible vislumbrar las líneas de la campaña de cada cual, acaso con la excepción del PSC, que en eso no sorprende, porque Maragall ha hecho de la indefinición su pauta de comportamiento: más nacionalista que Pujol, pero necesitado de los votos del cinturón de Barcelona, atestado de inmigrantes; más progre que nadie, pero conservador a ultranza de rancias tradiciones locales; del PSOE, pero como un grano en el partido. Tal vez éste sea su secreto y ésta su esperanza de una abundante cosecha de votos procedentes de todas partes. Me recuerda a veces a aquel ciudadano poseído de un violento tic en un hombro, que se dispuso a disparar con una escopetilla de aire comprimido en una barraca de feria; tras varias convulsiones, apretó el gatillo, y dio en pleno centro del blanco. El dueño de la barraca le quitó la escopeta, alegando que “no vale apuntar a todas partes a la vez”.

Artur Mas, delfín de Pujol y candidato por CiU, ha arrancado su carrera de forma espectacular, necesitado como está de adquirir personalidad propia y el máximo grado de conocimiento posible por un electorado que tiene a Pujol como referencia permanente. Su propuesta de negociación de un nuevo Estatuto de autonomía, según el cual la Administración Central del Estado desaparecería por completo de Cataluña, ha puesto deberes, como suele decirse, a todos los demás partidos y al propio Gobierno de Madrid. Esta propuesta, complementada con una vaga oferta de estudiar la participación de CiU en el Gobierno de España, marca a la vez distancias claras respecto de lo que diga y haga el PNV. El flamante PP de Josep Piqué ya tiene tarea por delante.

Un nacionalismo infantil
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Octubre 2002

La propuesta realizada por Artur Mas, detrás de una intencionalidad política muy clara en vísperas de elecciones autonómicas en Cataluña, evidencia la realidad en la que vive inmerso el nacionalismo catalán. A nadie se le oculta que posiblemente viven la situación más complicada desde la vuelta de la democracia.

Artur Mas ha vuelto a utilizar, no es la primera vez, un argumento pobre y vacio de contenidos. Dice, de forma solemne, que los nacionalistas catalanes han llegado al límite de su paciencia y que por lo tanto "necesitan" un nuevo Estatuto. ¿A que paciencia se refiere el señor Mas? ¿Es que se ha cansado de la convivencia en paz y democrática? ¿Es que ya no le parece bien que Cataluña sea le región española con un mayor desarrollo económico de estos últimos años? Posiblemente todo es más fácil de lo que parece: Convergencia se encuentra ante el final de una etapa de más de veinte años de Gobierno hegemónico, por lo que han emprendido una huida hacia ninguna parte buscando un nuevo lugar en el panorama político catalán.

Es verdad que la propuesta de Mas nada tiene que ver con la iniciativa soberanista de Ibarretxe. Es cierto que se entiende que el planteamiento catalán se realiza dentro de la Constitución y con el consenso como único instrumento político. Pero la clave de lo propuesto va más allá. Cuando se habla del final de una etapa, se entiende como el entierro de la época conocida como "pujolista". En principio, la desaparición de Jordi Pujol del panorama político debería significar también un cambio en la forma de hacer política. La retirada de Pujol se debería traducir en la desaparición de la "reivindicación" como un estilo de política.

Pero no parece que los convergentes estén dispuestos a realizar ese cambio. Las propuestas de Artur Mas nos vuelven a demostrar que Convergencia i Unió sólo sabe pedir y pedir, sólo sabe "llorar" y "llorar", sólo sabe "patalear" y "patalear". Los nacionalistas catalanes han articulado desde siempre en la reivindicación su estrategia política, olvidando que un Gobierno debe gestionar una mayoría parlamentaria. No se trata de mirar hacia Madrid evitando la propia responsabilidad. Deben mirarse a sí mismos y examinarse en sus formas y en sus modos políticos. Deberían entender de una vez por todas, que es hora de cambiar un estilo reivindicativo antiguo y caduco. Los nacionalistas catalanes perseveran en una estrategia que tiene como único objetivo su propia supervivencia, dejando en segundo lugar los intereses de la sociedad catalana.

Por último, de la propuesta realizada por Artur Más se desprende una preocupante intuición. La época posterior al "pujolismo" se puede convertir en un momento complicado para la política catalana. Artur Mas ofrece una imagen sin dirección definida, con miedo a la responsabilidad y dispuesto a llamar la atención por lo accesorio. La propuesta de Artur Mas,que tiene un aspecto ciertamente infantil por su falta de contenido, tiene mucho de nada. Y ese es el problema de esta política reivindicativa a la que están abonados los nacionalistas catalanes. Al final: ¿Que hay en los cimientos? Pues sinceremente, no hay nada de nada.

Alcaldes socialistas apoyan el Estatuto de Gernika como «único pacto legítimo»
LUIS SALA/GERNIKA El Correo 23 Octubre 2002

Los alcaldes socialistas del País Vasco se plantaron ayer ante el Árbol de Gernika para defender el Estatuto de autonomía «como único pacto legítimo entre vascos» y para decirle a Ibarretxe que rechazan su propuesta soberanista porque «divide y separa a la sociedad» y «no sirve ni para combatir a ETA, ni mucho menos para proteger a los amenazados».

En un acto cargado de simbolismo, diez de los catorce regidores municipales del PSE-EE en Euskadi asistieron a la solemne lectura de un manifiesto suscrito por todos ellos, que reivindica la vigencia del pacto estatutario alcanzado hace 23 años como «expresión indiscutible de nuestro autogobierno y de la legalidad democrática que ampara los derechos y libertades de los vascos».

Iñaki Arriola y Carlos Totorica, alcaldes de Eibar y Ermua, leyeron el texto de diez puntos en euskera y castellano, en presencia de los primeros ediles de Portugalete, Santurtzi, Sestao, Lasarte, Rentería, Ortuella, Trápaga, Abanto y Elciego. En el apartado de ausencias, destacaron las de Carlos Pera y Odón Elorza, que gobiernan los ayuntamientos de Barakaldo y San Sebastián. El primero tuvo que atender ayer un asunto familiar y el segundo había adquirido un compromiso previo que le impidió desplazarse a la villa foral.

En vísperas de la entrevista que su secretario general Patxi López mantendrá hoy con el lehendakari para expresarle el rechazo de los socialistas vascos a su «programa de más nacionalismo» para Euskadi, los mandatarios locales del PSE-EE, atribuyéndose la representación del 50% de la ciudadanía, dijeron a Ibarretxe que no cuente con ellos para secundar un plan que «pone en grave peligro la cohesión interna de la sociedad vasca». «No haremos dejación de nuestra responsabilidad y conduciremos nuestras ciudades por encima de ideologías, de hechos culturales o de valoraciones patrimonialistas», advierten.

Apelar al pueblo
Los alcaldes socialistas ven con especial preocupación las apelaciones del jefe del Ejecutivo de Vitoria al pueblo «por encima de otras mediaciones institucionales» y censuran su decisión de someter el plan a referéndum, un paso para el que, a su juicio, ni el Parlamento ni el Gobierno vasco «están legitimados».

En línea con las tesis que los socialistas han mantenido desde que Ibarretxe hizo pública su propuesta, el documento leído ayer en la Casa de Juntas de Gernika insiste en que el proyecto soberanista del lehendakari «se separa de la legalidad», rompe los «consensos básicos» alcanzados y, «a pesar de no contar con la opinión mayoritaria de muchos de los territorios a los que afecta, ni siquiera acepta la discrepancia a la que califica de veto».

«Somos vascos y españoles a la vez y reivindicamos nuestro derecho a seguir siéndolo», dicen los alcaldes socialistas, que rechazan un proyecto que «sólo satisface a una parte del nacionalismo de este país», olvida a las víctimas y eleva a la categoría de plan institucional «buena parte de las reivindicaciones» de los terroristas.

La soledad de Ibarretxe
Fermín Bocos El Ideal Gallego 23 Octubre 2002

A veces es bueno que un hombre se sacrifique por un pueblo, pero sería nefasto que todo un pueblo fuese sacrificado por un hombre. El lehendakari, está jugando a dividir a la sociedad vasca y su juego empieza a ser perverso. Su propuesta para avanzar hacia un Estado libre asociado con España ha sembrado la semilla de la discordia. De manera tan rotunda como elocuente, los partidos de la oposición en el Parlamento de Vitoria, los sindicatos CCOO y UGT y las patronales vascas, han dicho “no” al proyecto . Otro tanto hicieron los cien mil ciudadanos que se manifestaron por el centro de San Sebastián. Salvo el PNV y EA, sólo IU apoya tan excéntrico plan.

Son muy pocas cuerdas para el violín con el que el Ibarretxe pretende desgranar las notas de un réquiem por la unión con el Reino de España por parte de un territorio, las tres provincias vascas, que jamás fueron otra cosa que España. Aunque sea repetir lo evidente, conviene recordar que Euskal Herria, supuesto territorio irredento cuyos contornos, amén del País Vasco, comprenderían Navarra y los departamentos franceses de los Pirineos Atlánticos: es una invención. Pretender asimilar ese mapa imaginario con los contornos del que hasta primeros del siglo XVI fue el antiguo Reino de Navarra es otra falsificación de la historia. Parece llegada la hora de que Aznar invite al lehendakari a acudir a su despacho para hablar del riesgo de fractura social en el País Vasco. Hablar de ese peligro de irlandización y de cómo coordinar mejor la lucha contra ETA. El encuentro en La Moncloa podría concluir en almuerzo y tras los postres, Aznar, quizá, le podría regalar al señor Ibarretxe algún libro de Historia. Da lo mismo un libro que otro. En todos podrá comprobar que Llodio, el pueblo de Álava en el que nació el lehendakari, siempre formó parte de los reinos (León, Castilla) que con el devenir del tiempo fueron fundadores, junto a la Corona de Aragón, de este viejo país llamado España. Nada como un buen libro para combatir la soledad.

Los socialistas se la juegan
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 23 Octubre 2002

LOS BARÓMETROS publicados cada cuatro meses por La Voz son el instrumento técnico de mayor utilidad con que hoy contamos en Galicia para conocer la evolución de la presión política autonómica y local. Tanto más por cuanto la valiosa información que se contiene en cada uno se acrecienta por la posibilidad de contrastarla con la de los sondeos precedentes, lo que permite disponer de series de datos cuyo valor añadido es esencial para explicar racionalmente lo que pasa y realizar proyecciones verosímiles sobre lo que puede acontecer.

De hecho, los barómetros previos a las autonómicas del año 2001 preanunciaron con bastante claridad lo que en ellas sucedió: que el BNG bajaba ligeramente en favor del PSdeG y que el PP sólo perdía votos en favor de los que decían no saber o no querían contestar, lo que dejaba abierta la posibilidad de que esos electores indecisos volviesen a votar a Manuel Fraga.

El último barómetro ofrece unos datos de intención de voto para los comicios autonómicos que podrían conducir a conclusiones diferentes según se los juzgue aisladamente o se los ponga en relación con los contenidos en los barómetros previamente publicados. Aisladamente, las cosas ofrecen pocas dudas: los populares igualan la intención de voto conjunta de socialistas y nacionalistas, y el BNG se coloca claramente por debajo del Partido Socialista, que parece ser el único partido que avanza de verdad.

Las cosas son, sin embargo, algo diferentes si los datos de otoño se ven en perspectiva temporal. Por ejemplo, si se los compara con las series de datos disponibles desde el del invierno del 2000: desde entonces el PP ha perdido 10 puntos en intención de voto (del 34,1% al 24%), el BNG casi otros diez puntos (del 20,2% al 10,7%), mientras que el PSdeG constituye la excepción, pues continúa exactamente en donde estaba: en el 13,3%.

¿Quién sube, por tanto? Suben los indecisos, que pasan del 16% al 38,6%.

La conclusión que cabe obtener de lo apuntado es, a mi juicio, meridianamente clara: que los socialistas no han sido capaces por ahora de rentabilizar sustancialmente la tendencia a la baja del PP y el BNG. Es difícil imaginar una coyuntura peor para el PP (paralizado y sin capacidad para cambiar) y para el Bloque (roto por dentro, sin discurso y envuelto en la infernal espiral antinacionalista provocada por la delirante deriva peneuvista). Y es difícil imaginar, en consecuencia, una oportunidad mejor para que el PSdeG pueda arrebañar a manos llenas votos por su derecha y por su izquierda. El que lo consiga o no depende sólo de su habilidad y sus aciertos. Por primera vez en mucho tiempo.

El gesto de Zapatero
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 23 Octubre 2002

No seré yo quien critique el gesto taurino de Zapatero, el golpe efectista de ayer, cuando sustituyó a Sevilla. Ni me interesa políticamente el proceso de intenciones que le llevó a urdir una maniobra que participa de lo pícaro y lo solemne a la vez. El hecho es que dejó con dos palmos de narices a sus contrarios políticos que se estaban recreando en la suerte: el silencio del líder, la incompetencia del secretario general... De pronto, la situación se invirtió, Zapatero tomó proporciones de gigante y quienes habían afeado su miedo escénico ante los debates económicos se quedaron perplejos, culiclavados.

Así que no seré yo quien niegue eficacia parlamentaria a esta jugada de Zapatero, tramada sin duda con premeditación, alevosía y recochineo. Más aún: me gustaría que el candidato a las legislativas de 2004 siguiera dando sorpresas como la que dio ayer en el debate sobre los Presupuestos. Por ejemplo, sería fantástico que mandara callar a Pascual Maragall cuando nos insulta con su proyecto de confederación de naciones ibéricas; nos encantaría que dejara con la palabra en la boca a los socialistas, diputados o senadores por cierto, que critican la ley de Partidos y la ilegalización de Batasuna; sería esperanzador que Rodríguez Zapatero saliera en ocasiones en las que echamos en falta una voz responsable, autorizada y cuerda. Personalmente daría un dedo meñique por que el candidato a la presidencia le cortara en su discurso a Chacón y defendiera la Reválida y la enseñanza de calidad.

¡Cuánto me gustaría que José Luis Rodríguez Zapatero nos asombrara constantemente no sólo por el gesto de tomar la palabra sino por utilizarla con acierto!

Bruselas rechaza el plan de Ibarretxe por ser incompatible con el Tratado de la UE
BRUSELAS. ENRIQUE SERBETO ABC 23 Octubre 2002

Pocas veces la Comisión Europea ha sido más clara y categórica en un asunto tan delicado que afecta a un Estado miembro, como en la respuesta que dio ayer a la pregunta de la diputada socialista Rosa Díez, en la que negaba cualquier legitimidad europea al plan soberanista de Ibarretxe.

Díez había presentado una pregunta a la Comisión Europea en la que se interesaba por saber si, a juicio del colegio de comisarios, la más alta institución gestora de la Unión, «el Tratado de la UE ampara la perspectiva diseñada por el Sr. Ibarretxe». La respuesta llegó ayer por escrito al Pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo, con una contundencia indiscutible: «No, el tratado de la Unión no puede, en ningún caso, constituir la base jurídica que ampare la iniciativa del señor Ibarretxe ante el Parlamento regional vasco del pasado 27 de septiembre».

El Ejecutivo vasco intentó frenar esta respuesta con una carta del responsable de Acción Exterior del Gobierno vasco, Inaki Aguirre Arizmendi, a la vicepresidenta de la Comisión, Loyola de Palacio, en la que éste asegura que el plan expuesto por el lendakari no mencionaba en ningún momento ni la expresión «estado libre asociado» ni la «presencia independiente» del País Vasco en el seno de la UE.Como la respuesta a la pregunta era por escrito, Loyola de Palacio se encargó de leer en público el comunicado a la eurodiputada. Fue transmitido al Pleno de la Eurocámara y constituye un documento formal de la Comisión Europea.

Se trata de una nueva contrariedad para los intentos de trasladar al escenario europeo los proyectos soberanistas de los nacionalistas. El Parlamento vasco envió en septiembre una delegación a la Eurocámara, pero como no había representantes de los partidos no nacionalistas, no fue recibida. Igualmente Pat Cox, presidente del Parlamento Europeo, no consideró una petición de entrevista del presidente del legislativo vasco. Batasuna también envió una delegación pero no logró más que un paseo por la Eurocámara.

Para Díez, la respuesta confirma que «sólo el Estado de Derecho y las instituciones europeas son capaces de proteger a los ciudadanos vascos del nacionalismo segregador y que divide a la ciudadanía» y que, además, sirve para demostrar lo que a su juicio oculta el actual Ejecutivo vasco, que «el coste de la «no-España» para los vascos es el coste de la «no-Europa», es decir, que de implantarse el plan Ibarretxe los ciudadanos vascos perderíamos nuestra condición de ciudadanos europeos, y eso es algo que todos los vascos tienen que saber». El portavoz del grupo Popular, Gerardo Galeote, calificó la consideración de la Comisión como un gesto «contundente». En su opinión, la respuesta es una «ducha de realismo para el Gobierno vasco y el lendakari» y una «reafirmación de la legalidad comunitaria y constitucional».

Después de esta toma de posición de la Comisión, se van a producir otros pronunciamientos que van a privar de apoyo en Europa a los nacionalistas vascos. El primero de ellos será una resolución del Parlamento Europeo, que se debatirá hoy y se votará el jueves en la que si es aprobada en su actual redacción se exhortará al reforzamiento del «marco institucional y jurídico, garantizando la coexistencia pacífica de los pueblos y los ciudadanos de todas las comunidades, ya sea a escala europea, nacional o local».

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