AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 24 Octubre  2002
Estrategia o ceguera
EDURNE URIARTE ABC 24 Octubre 2002

Contra los periodistas
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 24 Octubre 2002

Los “beneficios” penitenciarios del terrorismo
EDITORIAL Libertad Digital  24 Octubre 2002

El auto de Garzón
Iñaki EZKERRA La Razón 24 Octubre 2002

Portazo
Faustino F. ÁLVAREZ La Razón 24 Octubre 2002

El fracaso de Ibarretxe
Enrique de Diego Libertad Digital  24 Octubre 2002

El Gobierno y la propuesta de Mas
Francisco MARHUENDA La Razón 24 Octubre 2002

Como en Irlanda
ANTONIO ELORZA El Correo 24 Octubre 2002

El títere del comandante
Editorial El Ideal Gallego 24 Octubre 2002

Vuelve el espíritu de Ermua
Cartas al Director ABC 24 Octubre 2002

La manifestación
Nino Muñoz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 24 Octubre 2002

Exilio
Ángel María Velasco/Burgos Cartas al Director El Correo 24 Octubre 2002

Una plataforma cívica celebrará mañana en Vitoria por primera vez el día del Estatuto
J. J. C./BILBAO El Correo 24 Octubre 2002

Ruth Alonso, responsable de la escasa vigilancia penitenciaria en el País Vasco
Libertad Digital  24 Octubre 2002

 

Estrategia o ceguera
Por EDURNE URIARTE ABC 24 Octubre 2002

La ronda de conversaciones de Ibarretxe para sumar consensos a su plan de Estado libre asociado ha acabado como cabía esperar, es decir, con un rotundo fracaso. El lendakari no sólo no ha sumado adhesiones, sino que ha provocado la preocupación y la oposición de sectores que, como los empresarios vascos, no habían cuestionado los proyectos nacionalistas hasta ahora.

La pregunta que cabe hacerse es si los nacionalistas habían hecho algún cálculo previo de este fracaso, o si creían sinceramente en las capacidades aglutinadoras de su propuesta. Es decir, cabe preguntarse si existe una estrategia elaborada o hay simple ceguera en los últimos movimientos del nacionalismo. Y creo que las claves para entender la radicalización nacionalista estriban en que hay algo de ambas cosas.

Existe una estrategia política que ha partido de la convicción de que la propuesta independentista sirve para captar el voto radical, y en esa estrategia, a los nacionalistas no les importaba realmente lo que dijeran el PP o el PSOE. Porque el plan independentista no se ha diseñado para conseguir un nuevo consenso con los constitucionalistas sino para ganar elecciones con los votos radicales.

Pero hay algo más, hay también ceguera. Porque la percepción de la posibilidad de pérdida del poder ha llevado al nacionalismo a encerrarse en sí mismo, a volver, si es que alguna vez se fueron, a sus impulsos étnicos y excluyentes más profundos. Y la mezcla de esa ceguera con la estrategia de los beneficios del radicalismo hace pensar que, no sólo no habrá rectificación nacionalista, sino que nos enfrentamos a un futuro lleno de incertidumbres.

Contra los periodistas
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 24 Octubre 2002

LA teatralización de la vida pública es obra en gran medida de la prensa, la radio y la televisión. Con distintos grados de responsabilidad, por supuesto, ya que para algunos medios la comunicación sólo tiene sentido en función de sus propios intereses. Son los que podríamos definir como medios/fines. Empiezan y terminan en ellos mismos, la información es un mero pretexto.

En estas circunstancias el gesto «espectacular» de Zapatero en el debate de los Presupuestos no fue sino una adaptación a las exigencias del guión. ¿Se puede esperar más de un lego de la información? Convirtió una tediosa sesión parlamentaria en una tarde de circo, atizó el fuego de las tertulias y proporcionó titulares vendibles. Pero pasemos al terreno de la información: el éxito de Zapatero revela la inmensa miseria de la comunicación. Tal para cual. La inanidad de pensamiento del uno se ajusta a las exigencias primarias de los otros. Un acuerdo tácito en la trivialización de una vida pública que tiene, por otra parte, demasiados ribetes trágicos.

Los periodistas, sin embargo, se niegan a asumir su parte de culpa en este contubernio; se esconden tras la consigna de «ver, oír y contar» como si el descompromiso no fuera la peor forma de ocultar la realidad. No acaban de entender que ellos fabrican esta al no ver, ni oír, ni contar las causas de las cosas. Es decir, al no entenderla.

Hace unos días un periodista de radio interpretó los resultados electorales en el País Vasco como un argumento definitivo a favor de los nacionalistas. Tuvo que hacerle ver Martínez Gorriarán la mala fe que supone dar por buenos unos resultados conseguidos con Terror. Lo que hubiera sido denunciado como unas elecciones bananeras aquí lo damos por bueno. Se denuncia la persecución a los concejales pero se aceptan las elecciones. Curiosa forma de «ver, oír y contar». Más bien perversa forma de permitir un discurso viciado en el origen. No importa, por ejemplo, que el Plan de Ibarretxe sea en sí mismo, como propuesta, un hecho de rebelión contra el sistema. A los dos días de haber sido denunciado como tal, los medios de comunicación lo integran en la normalidad y, así, se pasa al campo de lo surreal, que es en lo que estamos: oyendo, viendo y contando lo surreal. Se habla del Plan de Ibarretxe en términos de viabilidad o inviabilidad. De este modo se toma por sensata la locura y, de este modo, el lendakari sigue avanzando cuando debería ser detenido en seco... (en el caso de que el sentido común estuviera mejor repartido, el Poder actuará con la autoridad que se le supone y los medios de comunicación no se dejarán arrastrar por la falaz consigna de la objetividad). Nos llevarán al infierno y seguiremos «viendo, oyendo y contando».

Cuando el personal se queja de la atención excesiva que se dedica al País Vasco, se está quejando del sentido «comprensivo» que tienen los periodistas ante la realidad. Porque, aunque se condenen los asesinatos y las desestabilizaciones, se sigue insistiendo en la legitimidad de los nacionalismos y en la aceptación del método interpretativo de estos. La ausencia de criterios de los periodistas, por ejemplo, entre licitud y legitimidad, legalidad y corrección política, es tan constante que mina el discurso hasta el punto de favorecer la subversión cotidiana.

El periodismo no es un reflejo de la realidad como a algunos les gustaría. Se quiera o no, esta es también resultado de la comunicación, de las cobardías, la ignorancia y el desprecio por las ideas de los periodistas. Del gusto por la trivialización.

Los “beneficios” penitenciarios del terrorismo
EDITORIAL Libertad Digital  24 Octubre 2002

El derecho penal de la actualidad, haciendo gala de una errónea noción del humanitarismo, ha puesto un énfasis desproporcionado en la rehabilitación del delincuente -expresado en la concesión casi mecánica de beneficios penitenciarios como la reducción de penas por trabajo o la concesión del tercer grado-, en detrimento de la satisfacción -moral al menos- de las víctimas y de la disuasión del delito.

Esta práctica reviste especial gravedad cuando se trata de delincuentes sentenciados a largas condenas por múltiples delitos de sangre, como es el caso de los terroristas de ETA. Causa alarma e indignación en la opinión pública -y sobre todo entre las víctimas del terrorismo, por el posible riesgo de fuga y por las represalias- que un etarra como Félix Ramón Gil Ostoaga, condenado a casi 300 años de cárcel y que no ha mostrado signos de arrepentimiento por sus crímenes, pueda acceder al tercer grado -únicamente pernoctar en la prisión- después de haber cumplido tan sólo 13 años de condena efectiva y con sólo solicitarlo.

No es esta la primera vez, sin embargo, que la juez de vigilancia penitenciaria de Bilbao, Ruth Alonso, quien ha dictado esa resolución, se atiene, cuando se trata de presos etarras, sólo a la letra y no al espíritu de la ley que permite conceder estos beneficios. La juez, que apareció en las listas de objetivos de ETA en 1994, tiene un abultado historial de indultos y beneficios concedidos a presos de la banda, como José Miguel Lasa Guetaria, que sólo cumplió seis de los 500 años a los que había sido condenado por matar a seis personas, entre ellas Dolores González Cataraín, “Yoyes”, dirigente de ETA, a quien asesinó por cuestionar la legitimidad de la “lucha armada”.

Pese a la opinión contraria de los fiscales adscritos al juzgado de vigilancia penitenciaria de Bilbao -que de han recurrir en alzada ante la Audiencia Provincial la mayoría de las decisiones de Ruth Alonso relacionadas con los presos etarras-, del criterio general de los jueces de vigilancia penitenciaria -que se inclinan por no conceder el tercer grado a los condenados por delitos de terrorismo aunque hayan cumplido las tres cuartas partes de la condena (el máximo, en cualquier caso, son 30 años)- y de la decisión de Instituciones Penitenciarias de mantener el segundo grado (el régimen penitenciario normal) el pasado mes de abril a Gil Ostoaga, la juez se ha reafirmado en la concesión del tercer grado -desestimado una vez más, sin explicar los motivos, el recurso del fiscal, que tendrá que recurrir de nuevo ante la Audiencia Provincial- a un etarra responsable de varios asesinatos y homicidios frustrados.

El CGPJ ya ha ordenado abrir una “información previa” sobre la actuación de Ruth Alonso en este caso, con la orden de recabar todos los datos relacionados con la concesión del régimen abierto a Gil Ostoaga; y el Gobierno ya ha anunciado que promoverá las modificaciones legales necesarias para crear un juzgado de vigilancia penitenciaria en la Audiencia Nacional con el fin de unificar criterios para el control del cumplimiento de las penas en los asuntos que este tribunal entiende, como son los de terrorismo, narcotráfico y crimen organizado.

Medidas sin duda acertadas, aunque causa asombro cómo no se tomaron antes. La trayectoria de Ruth Alonso ya hace tiempo que debía haber interesado a los miembros del CGPJ, que al parecer sólo reaccionan cuando la opinión pública está suficientemente "sensibilizada". En cuanto a la creación de un juzgado de vigilancia penitenciaria en la Audiencia Nacional, la lógica y la experiencia ya hace tiempo que la aconsejaban, puesto que de nada sirve crear un tribunal especial para eliminar el riesgo de presión o de coacción de los delincuentes organizados hacia los jueces de las Audiencias Provinciales si después el cumplimiento de las penas queda al arbitrio de jueces de vigilancia amenazados o coaccionados, como muy bien pudiera ser el caso de Ruth Alonso. Baste recordar a este tenor que una fiscal, Mercedes Bujanda, se vio obligada a abandonar el País Vasco en febrero de 1999, ante las constantes amenazas que recibía de las Gestoras por Amnistía por recurrir las decisiones de esta juez.

No es extraño, pues, que una de las cantinelas más frecuentes de ETA-Batasuna sea la exigencia de que los presos etarras cumplan condena en el País Vasco. El terrorismo también reporta “beneficios” penitenciarios.

El auto de Garzón
Iñaki EZKERRA La Razón 24 Octubre 2002

Hay algo que delata miserables intenciones en muchas de las voces que critican el auto de Garzón «sobre prácticas de limpieza étnica en Euskadi por parte de ETA y Batasuna». Me refiero a quienes pasan de señalar en esa causa determinados defectos de forma, que no voy a discutir, a llamar «fascista» al propio juez, a exculpar a Batasuna y a negar la tragedia de las víctimas, los exiliados, los amenazados y los estigmatizados de Euskadi.
Si las objeciones al auto de Garzón se ciñen a una cuestión de procedimiento, lo lógico es que esos escrupulosos juristas se limiten a señalar el camino correcto de la Justicia para abordar el genocidio vasco, no que nieguen tal genocidio y se echen las manos a la cabeza ante «lo desproporcionado» que les parece el uso de este término. Para empezar, demuestran ignorancia. El diccionario de la RAE define el genocidio como «exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de religión o de política». De este modo, un etarra que lleva una lista de concejales, policías, profesores, jueces o periodistas para quitarles la vida es un genocida en toda regla. De este modo, quienes, con todas las hemerotecas a su alcance, no aceptan hoy que se hable del País Vasco en estos términos lo que hacen es dar la espalda a ese genocidio como los alemanes a los que les escandalizaba más la denuncia de que se exterminara a los judíos que el propio exterminio.

Si, por el contrario, se asume y se experimenta escándalo ante esa realidad de la que dan fe los medios de comunicación ¬incluidos los de ETB a su pesar¬, la actitud debe ser de crítica constructiva a la labor de Garzón. No se insulta a aquel que comparte nuestros ideales aunque crearnos que no elige el camino formalmente adecuado para llevarlos a cabo. En tal caso se le dice cuál es ese camino y de este modo se cumple de paso también con el viejo menester cristiano de «enseñar al que no sabe». Por otro lado, si de lo que se trata es de señalar los defectos particulares del propio Garzón, lo lógico es que quien lo hace demande la intervención de otros magistrados en el asunto, no que exija la inhibición de todos ellos. Es en ese genocidio que niegan y en esa inhibición que proponen donde se les ve el plumero a esos juristas tan picajosos. Es en ese salto en el vacío que consiste en presentar a Batasuna ¬o sea a un colectivo al que le hemos visto amenazarnos hasta por vía digital¬ como a «un grupo de ciudadanos indefensos» donde se desenmascaran estos expertos en Derecho que hoy proliferan y repiten lo de «esto es una monstruosidad jurídica». Cualquier analfabeto hoy sabe exclamar lo de «esto es una monstruosidad jurídica». Hoy esa frase es casi un síntoma de analfabetismo.

Portazo
Faustino F. ÁLVAREZ La Razón 24 Octubre 2002

En la primera página de LA RAZÓN de ayer se denominaba portazo a la respuesta que dio la Comisión Europea a la propuesta secesionista de Ibarreche. Portazo en las narices, portazo en el morro, portazo en todo el rostro. Podemos ir más allá de la pretensión antijurídica del jefe del Gobierno vasco: si el contexto es de sangre, cualquier fisura en que los leguleyos o los rábulas pudiesen bailar sobre la punta de una aguja está zanjada. Ni siquiera estamos ante un asunto de Derecho, sino en su antesala. No son tiempos para mudanza alguna sino para la paz, y argüir que de este modo entramos en un círculo vicioso es justificar, siquiera sea tibiamente, a los pistoleros del tiro en la nuca. Vergüenza nos debería producir que la España-va-bien sea la única nación europea que no haya superado las consecuencias de una camarilla terrorista, y que los progresos por desenmascarar el clima social en que se camuflan los malhechores haya realizado muchos menos avances que los deseables. Por eso está muy bien que al cinismo, que nada tiene que ver con la falta de diálogo (ya estamos fatigados de oír esa cantinela), le hayan dado en Europa, y a instancias de Loyola de Palacio y Rosa Díez, un portazo muy similar al merecido por un vampiro que aspirase a una plaza de hematólogo.

Europa, incluida la de los mercaderes, es un talante cultural y cívico en que las fronteras convencionales no se hacen cordilleras o playas según, a punta de pistola, convenga al chantajista de turno. El continente es una aventura colectiva tan imper- fecta como inevitable, y que desde el Tratado de Roma y los acuerdos sobre el carbón y el acero se fue consolidando hasta vertebrar políticamente un continente que tiene mucho de torre de Babel, resultando la tolerancia y el diálogo los deseables alfareros de una mente compartida. Y también de un egoísmo compartido y, por tanto, con destino de pólvora mojada: hay discursos en los que se insinúa que, en la actual Europa comunitaria, y más aún en la ampliada y venidera, es mejor ser pobre que ser rico como si los planes de cohesión fuesen un elemento corrector para que los horizontes de un griego y de un alemán sean exactamente iguales.

El papel de Euskadi, en esa escala de valores, sería ridículo, aunque el ir en contra de la historia y de los llamados signos de los tiempos es menos relevante que acompañarse de casi un millar de asesinatos, chantajes, secuestros, xenofobia, limpieza étnica y todas las expresiones, en sus diferentes grados, del desprecio a la vida y de la absurda pasión por un ayer que es falso. El portazo de la Comisión Europea no sólo lo han recibido los autores de la descabellada propuesta de Ibarreche, sino todos los que, en el País Vasco, piensan que son mejores, distintos, de raza más pura o de Rh diferente; también los que, amparándose cínicamente en errores que no comparten, se hacen ricos a su sombra y reconducen «pro domo sua» el miedo de la inmensa mayoría. Feliz puerta cerrada y sonoro portazo.

El fracaso de Ibarretxe
Enrique de Diego Libertad Digital  24 Octubre 2002

Sólo desde las anteojeras ideológicas se puede seguir adelante con un proyecto que en la ronda de consultas ha cosechado un sonoro fracaso. Muy notorio el rechazo de los empresarios vascos, en los que el PNV no ha conseguido hacer fisuras. Muy clara la falta de perspectiva en el seno de la Unión Europea.

No existe una “mayoría relevante” -según la expresión del Tribunal Supremo de Canadá en relación con Québec-, ni mucho menos una “comunidad moral”, en el concepto nacionalista referido a la autodeterminación. El proyecto independentista de Ibarretxe (no sabemos de qué va lo del estatuto de libre asociación) no resulta integrador, sino que crispa. En ese sentido, sustituye al efecto benéfico de la ilegalización de Batasuna que había traído un avance notorio de la paz social y el orden público. Ibarretxe ha conseguido mantener el clima de incertidumbre e inestabilidad. De la ronda de consultas se deduce, además, que el PNV tendría incluso un programa máximo por encima del propuesto por Ibarretxe, con lo que atender a la propuesta es un ejercicio de ingenuidad. Los empresarios han dicho con claridad que todo esto resulta contraproducente para la economía vasca, para los ciudadanos concretos.

Irrealizable el proyecto en la Constitución española y el Tratado de la Unión, se mueve, por tanto, fuera del campo de lo posible, que es el de la política, para entrar en el del voluntarismo pseudoreligioso, en el del totalitarismo.

Un político democrático sensato, tras las opiniones recibidas, arrinconaría la propuesta y establecería la prioridad en la lucha contra ETA -no en una segunda tregua-trampa-, pero a estas alturas la sensatez brilla por su ausencia en el PNV -ETA les ha situado en complicidad con el asesinato de Miguel Ángel Blanco- y en el Gobierno vasco, que quiere romper la legalidad dentro de la legalidad, como si de la cuadratura del círculo se tratara.

Lo conveniente sería que los empresarios vascos, tras su espléndida clarificación, hicieran frente por la vía de los hechos a este proyecto mussoliniano fomentando la racionalidad en la sociedad vasca.

El Gobierno y la propuesta de Mas
Francisco MARHUENDA La Razón 24 Octubre 2002

Es cierto que al Gobierno le viene bien el tono pretendidamente moderado de la propuesta de Mas para reformar el Estatuto de Autonomía y contrponerla al pulso al Estado que está realizando el nacionalismo vasco. La moderación en las formas no es por ello menos inquietante, porque la propuesta de CiU comporta el reconocimiento de que Cataluña es una nación, la autodeterminación, la soberanía orginaria, el concierto y el vaciado de las competencias del Estado en favor de la Generalitat. Es bueno leer la letra pequeña y conocer cuáles son exactamente las peticiones que vienen realizando desde hace meses los nacionalistas catalanes.

Es una propuesta legítima, como lo sería que reivindicaran la independencia o cualquier otra cuestión porque se quiere hacer de conformidad a los mecanismos constitucionales. Otra cuestión es que sería absurdo que se aceptara, porque significaría convertir España en un mero ente administrativo con funciones de carácter confederal. Es el mismo estado libre asociado de Ibarretxe aunque tienen la habilidad de no decirlo y llamarlo de otra forma. No hay más que leer los documentos soberanistas de CiU. Una vez más se quiere utilizar la Disposición Adicional Primera para que Cataluña tenga unos derechos históricos que nos retrotraigan a la Cataluña de antes de 1714. No es una interpretación, sino lo que han dicho los dirigentes de CiU. Lo positivo es que por fin sabemos cuál es su propuesta para vertebrar España.

La insatisfacción del nacionalismo catalán no es de la sociedad catalana. Es la expresión de su incapacidad de realizar propuestas de modernización y progreso en el marco de la España constitucional. Necesitan más, porque nada es bastante para un nacionalismo sin Estado. Los dirigentes de CiU son, en su inmensa mayoría, soberanistas y quieren que se reconozca el derecho a la autodeterminación y les gustaría la independencia. El error del PP y el PSOE, con un socialismo catalán dirigido por un líder confuso y errático como Maragall, es caer en el seguidismo y abrir un debate sobre un tema que tiene un objetivo claramente electoral. CiU no quiere debatir sobre programas o su gestión, sino sobre el horizonte imposible de esa Cataluña sin límites. PP y PSOE deberán decidir si quieren jugar en terreno de juego que quiere Mas. En un momento de caída electoral resulta una buena táctica si le sale bien.

Como en Irlanda
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 24 Octubre 2002

En su danza india en torno al tótem de la soberanía, el lehendakari Ibarretxe está descubriendo las virtudes del corporativismo que permiten remediar los inconvenientes de la democracia. Un cambio drástico en la situación política del País Vasco, como el propuesto en el discurso parlamentario del 27 de septiembre, hubiera debido abrir paso a un amplio debate con los partidos democráticos, en el marco del cual saliesen a la luz también las orientaciones políticas de los vascos, tal y como muestran las encuestas de instituciones solventes del tipo del Euskobarómetro. Sobre esa base, tendría lugar una amplia movilización de la opinión pública, con la consecuencia lógica de unas nuevas elecciones parlamentarias donde el tema central sería aquello de lo que Ibarretxe y el PNV no quisieron discutir antes del 13-M, esto es, de los fines y medios para la constitución de Euskadi como país soberano.

Pero eso de hablar claro y de plantear procedimientos verdaderamente democráticos no forma parte de las pautas de comportamiento del PNV y del Gobierno vasco. Lo suyo es la manipulación con apariencia de democracia: hacer como que consultan a la sociedad vasca, olvidando que después de la alta participación electoral del 13-M los partidos políticos son sus representantes plenamente legitimados, y recurrir a los vértices de las instituciones para ir elaborando la máscara de una consulta general. ¿Qué legitimidad tienen los rectores para representar las posiciones políticas de los universitarios vascos? ¿Fueron elegidos atendiendo a ese criterio? ¿Por qué unas instituciones y no otras? Y sobre todo, ¿por qué no jerarquizar confiriendo el protagonismo que les corresponde a los grupos políticos? La respuesta es bien sencilla: no se trata de saber lo que piensa la sociedad vasca, sino de ir convenciendo a unos y a otros, y sobre todo de forjar la falsificación de que la propuesta de Ibarretxe responde a los deseos de todos los vascos. Aquellos que acudan para mostrar su rechazo al proyecto, salvo en lo que concierne a los empresarios, saben de antemano que su intervención es sólo decorativa.

En los años de la Transición, Eduardo Mendoza publicó una novela luego convertida en filme, titulada 'La verdad sobre el caso Savolta', escarbando en los bajos fondos del sindicalismo barcelonés de los años 20. Ahora conviene establecer la verdad sobre el 'caso Ibarretxe', empeño que consiste en perforar la superficie de los eufemismos y de las evidencias tramposas para conocer en qué consiste de veras su proyecto político y cuál es su grado de coherencia.

Las dos claves son fáciles de desvelar. Una es la designación del sujeto político, que en realidad no es la sociedad vasca políticamente organizada, el conjunto de los ciudadanos vascos, sino esa entidad metafísica que es 'el pueblo vasco', que desde el tiempo de los dólmenes y los cromlechs oteizianos es único dueño y señor legítimo del territorio ocupado por las siete provincias, y que afirma su identidad política «más allá de las normas jurídicas y de las fronteras políticas». Una vez suscrito este postulado axial, todo lo demás constituye un añadido que puede ampliarse a voluntad, ya que según la propia definición se encuentra por encima de las posiciones políticas de los vascos de cualquier época, y por supuesto de la nuestra, de constituciones y de todo tipo de límites, por razonables que estos sean. Al modo de Excalibur, la espada invencible del mito de la Tabla Redonda, el pueblo vasco, con mayúsculas, ostenta un patrimonio histórico singular, la 'soberanía originaria', que en cualquier momento puede ser actualizada, aun cuando nunca, como es el caso, el noble personaje lograra encarnarse políticamente entre los humanos ni ejercer tan decisivo poder. Los atributos de esa mágica identidad la sitúan más allá de «decreto, ley o constitución (con minúscula) alguna». Sobran los comentarios. La actuación ilegal, y por lo mismo antidemocrática, del Gobierno vasco resulta así legitimada a partir del mito, viejo compañero de nuestros sabinianos.

A continuación, es claro que todo vale, y entra en juego por ello la segunda clave, consecuencia de la anterior: «el principio de no veto», que no significa como se ha dicho una advertencia a PP y PSOE, adversarios a los que en ningún momento Ibarretxe reconoce competencia para ejercer esa facultad, sino rechazo de antemano frente a cualquier intento de detener la ejecución del proyecto con la Constitución y el Estatuto en la mano: «El pueblo vasco tiene derecho a ser consultado para decidir su propio futuro», sin que ninguna persona ni ley pueda impedirlo, lo que de hecho significa que el punto de llegada no consiste en un procedimiento democrático, sino en algo a lo que los nacionalismos radicales han sido y son aficionados: un plebiscito de ratificación, lo más parecido posible al que Visconti retrató de modo inmejorable en 'El Gatopardo' para refrendar la unidad italiana.

Porque ése no es el momento de la ruptura disfrazada de asociación. La violación del orden constitucional y estatutario tiene lugar desde el momento inicial, cuando se pone en marcha lo que sólo puede ser llamado 'un procedimiento constituyente vasco', en la medidad en que se llevará a cabo desbordando cualquier dique o 'veto' legal. Por supuesto, Ibarretxe preferiría que el PSOE cerrara los ojos y respaldase su voladura del Estatuto con un voto en el Parlamento vasco, y también que luego el Gobierno de Madrid y las Cortes acogieran alborozados esa generosa oferta de pacto de asociación... donde las competencias del Estado vasco serían una independencia 'de facto'. En un artículo reciente, un padre de la Constitución aludía al artículo 155 como algo a olvidar. Lamentablemente, es el procedimiento y son los objetivos diseñados por Ibarretxe los que obligarían a su aplicación de manera automática, a no ser que entendamos la Constitución como una caja vacía o como una norma que ha perdido su vigencia. Desde su ensueño abertzale, Ibarretxe puede situarse en un hipotético estado de naturaleza, a partir del cual todo es posible; pero ese disparate no puede nunca ser compartido por el Gobierno del Estado, ni en la forma ni en el fondo. Menos cuando el azaroso episodio tiene lugar a la sombra del terror de ETA. Y 'last but not least', ¿para qué se va a definir el punto de llegada como cosoberanía si lo que se ejerce desde un principio es un poder soberano que el Gobierno de la comunidad autónoma se atribuye ilegalmente a sí mismo?

Un regionalista de fines del siglo XIX, Alfredo Brañas, pronunció un sonoro llamamiento al campesinado gallego: «Erguete y anda, como en Irlanda, como en Irlanda». Los gallegos no atendieron la invitación, pero sin conocerla, los abertzales vascos sí lo hicieron desde que, a partir de 1915, los jóvenes sabinianos, con Eli Gallastegi al frente, descubrieran el valor del ejemplo irlandés para imitar sus procedimientos en la lucha de independencia contra Inglaterra. Y si quitamos el sobrante, el adjetivo 'asociado', al parecer hallazgo del fiel escudero Madrazo, queda exenta la realidad: el Estado libre vasco, a imitación del Estado libre de Irlanda, que en 1921-1922 cubrió las formas del tránsito a la independencia guardando temporalmente las apariencias de vinculación a una 'commonwealth'.

Lo mismo que ahora propone sustancialmente Ibarretxe. Basta con seguir la enumeración de las competencias a asumir en todos los órdenes, incluso en el simbólico y en las relaciones internacionales, para entender de qué se trata, por lo cual sobran bizantinismos, pensamientos piadosos y castillos de naipes acerca del eventual encaje del proyecto en la legalidad vigente. Arzalluz, Egibar y los manifestantes peneuvistas con las pegatinas de 'Independentzia' y 'Bye, bye Spain' lo pusieron de manifiesto de manera espectacular, salvo para quienes se obstinan en ser ciegos voluntarios. El señuelo del pacto con el Estado sólo tiene el antecedente del mencionado Estado libre irlandés, nada de Puerto Rico, y su meta inequívoca es una pronta independencia. Conviene que todos seamos conscientes de a qué jugamos. Y de lo que nos jugamos.

El títere del comandante
Editorial El Ideal Gallego 24 Octubre 2002

Llegó el comandante y mandó a parar. Estaba el lehendakari harto del desprecio de todos y deseando reunirse consigo mismo -con el PNV- en la creencia de que por fin alguien saldría cantado, lira en mano, las excelencias del plan soberanista. Pero faltaba la apoteosis de Arzalluz. El líder nacional-secesionista, que llevaba un par de domingos sospechosamente callado, demostró sin disimulo -virtud de la que padece una carencia endémica- que Juan José Ibarretxe no es más que su títere. El previsible sí del PNV no fue lo rotundo que se preveía. Antes bien, el antedicho comandante se bailó un aurresku sobre los papeles de su hombre y aseguró que las metas políticas de su partido van más allá de un estatus de libre asociación. Vamos, que a freir espárragos los paños calientes.

Desde su habitual “por mis narices”, Arzalluz ya calcula lo que pasará si, como parece natural, el Parlamento vasco rechaza la propuesta separatista. Al referéndum. Y poco le importa que la consulta se realice con las pistolas cargadas y apuntando. En este punto hay que loar la franqueza de Arzalluz. La lucha contra ETA nunca ha sido para él una prioridad -no puede serlo si su propio partido reconoce que habló con los terroristas cuando el cadáver de Miguel Ángel Blanco estaba aún caliente- ni lo será jamás. El escenario es el que los abertzales siempre han soñado. Quien tenga agallas para hacerlo, en el clima de pánico en el que vive la sociedad vasca, que les lleve la contraria. Ni la justicia -o los encargados de administrarla- está libre del terror. Sin ir más lejos, un juzgado de Bilbao le concedió ayer el tercer grado a un etarra condenado a tres siglos de cárcel por dos asesinatos consumados y cuatro frustrados. ¿Será para que pueda ir a votar de la mano del comandante?.

Vuelve el espíritu de Ermua
Cartas al Director ABC 24 Octubre 2002

El sábado en San Sebastián se vivió un acontecimiento que no se veía desde que asesinaron a Miguel Ángel Blanco. El pueblo salió a la calle en defensa de su libertad para decir lo que piensa, mostrar con orgullo su identidad hispana y sus ansias por vivir en paz y sin miedo. Osaron incluso enfrentarse a los defensores de los presos de ETA, y portar banderas españolas (algo que en San Sebastián únicamente se podía ver en Intxaurrondo y en pocos sitios más). Los que estuvimos el sábado en San Sebastián demostramos qué queremos ser para decidir. Que estamos dispuestos a convivir con el nacionalismo democrático, pero nunca con un proyecto de país como el que quieren el lendakari y el señor Arzalluz. Estoy totalmente en contra del modelo de sociedad al que aspira Arzalluz, porque es excluyente, xenófobo, no acepta la pluralidad de opiniones ni de culturas, no es firme a la hora de oponerse a ETA y respalda a Batasuna. No creemos en su libertad ni en su gobierno. Ni siquiera les han apoyado esos a los que Imaz llama gentes de buena fe cuando son disueltos por la Policía por participar en manifestaciones prohibidas. Tampoco creen en él los empresarios, que han vuelto a rechazar el plan de Ibarretxe. Los navarros les han dado la espalda y acudieron a la manifestación del sábado en la que se podía ver a su presidente, Miguel Sanz, entre el pueblo. La UE ha expresado su disconformidad con el modelo de país del lendakari... y aún siguen creyendo estar en posesión de la verdad, que no es otra más que la suya y no la del pueblo.   Antonio Pablo Mosquera.    San Sebastián.

La manifestación
Nino Muñoz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 24 Octubre 2002

A quienes participamos en la manifestación de San Sebastián nos tratan de fascistas. A los concejales constitucionalistas, de asesinos. Anasagasti dice que el que nos manifestemos los no nacionalistas es «un precedente gravísimo» y que ahonda la «división». Ibarretxe sigue certificando que sólo es presidente de la mitad de los vascos. Lanza su plan sin tener en cuenta a todos y luego llama a consultas como a otros al «amigo y presidente de los empresarios, señor Knörr» y sale como todo el que discrepa, como «enemigo y un don nadie» a marginar.

Estamos en el País Vasco. Los violentos y sus cómplices nos llaman fascistas y asesinos a quienes con temor pedimos libertad. Que nos manifestemos por conseguirla para quienes la tienen y para el representante nacionalista en el Congreso es «un precedente gravísimo» que ahonda la «división». Lo de fascistas, a consideración. Lo de «un precedente gravísimo» se comprende porque, ¡hombre!, ¿cómo se atreven? Aquí hasta ahora sólo nosotros teníamos patente de corso. No, la crispación y la división, Iñaki, la incrementa la «imposición democrática» antes, con y después del plan separatista de Arzalluz. No somos fascistas ni asesinos. La manifestación fue un acto sentido y comprometido. Una denuncia de la tolerancia y pasividad de quienes tienen la obligación de defender los derechos de todos los ciudadanos. Fue una manifestación en contra de la «imposición democrática» de los planes soberanistas de Ibarretxe y un no rotundo a concesiones políticas y de libertad por dejar de matar. Ojalá que la manifestación sirva para la reflexión y la rectificación, la cordura y la sensatez.

Exilio
Ángel María Velasco/Burgos Cartas al Director El Correo 24 Octubre 2002

Señor Ibarretxe, escuche a los vascos del exilio. Me pregunto: ¿por qué en el giro soberanista emprendido por el PNV, y matizado por las consultas populares, no se incluye una cita con los representantes de Navarra y de las tres provincias vasco-francesas para su posible incorporación al proyecto de libre adhesión? Si su plan busca la paz debe comprender que si no hay una unión voluntaria de esos territorios, ETA no cejará en su empeño de 'colonización'.

Por otro lado, le agradecería que nos incluyera en la cita a los vascos que añoramos nuestra tierra y nos preocupamos por el brusco cambio de la ideología nacionalista. ¿No será que la ambición de poder de los dirigentes nacionalistas está diluyendo la aspiración básica de toda persona a la paz, bienestar y respeto del individuo con las ensoñaciones de pueblo, grupo o tribu? ¿Dónde está ese concepto de palabra leal dada por los vascos y que paseamos con orgullo, intentando romperla unilateralmente tras aceptar el Estatuto en las urnas? Algo debe de estar haciendo mal el PNV cuando consigue un rechazo mayoritario del pueblo navarro en todas las elecciones. Lehendakari, baje de la estratosfera para valorar mejor esa ente- lequia de la 'gran Euskadi'.

Una plataforma cívica celebrará mañana en Vitoria por primera vez el día del Estatuto
Ciudadanía y Libertad programa en el centro de la ciudad juegos didácticos, un acto cívico y un concierto de rock. Jaime Mayor Oreja, Patxi López y Emilio Guevara inician hoy los actos con una conferencia sobre el texto de Gernika.
J. J. C./BILBAO El Correo 24 Octubre 2002

Ciudadanía y Libertad, una plataforma cívica constituida hace un año en Vitoria e integrada por particulares, muchos de ellos profesores, ha organizado un programa de actos para conmemorar en la calle, por primera vez en la comunidad autónoma, el 23 aniversario de la aprobación del Estatuto de Autonomía, que se cumple mañana.

Como anticipo a esta fiesta reivindicativa, se celebrará hoy una conferencia bajo el título 'Estatuto, modelo de convivencia', a cargo del líder del PP vasco, Jaime Mayor Oreja; del secretario general del PSE-EE, Patxi López y del ex militante del PNV y primer diputado general de Álava de la democracia, Emilio Guevara. La conferencia tendrá una introducción y estará moderada por el catedrático de Derecho Constitucional de la UPV Javier Corcuera.

La jornada conmemorativa de mañana, en la que se funden, según los organizadores, «la participación y la reivindicación con la fiesta pura y dura», también tendrá como escenario la capital alavesa, aunque los actos están abiertos a todos los ciudadanos en general.

'Gernikako Arbola'
Juegos infantiles didácticos, un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas, la lectura de una declaración, cantos corales, una 'suite' interpretada por una orquesta en la que entrelazan distintos himnos que representan la pluralidad de sentimientos de los vascos -'Agur Jaunak', 'Gernikako arbola' (con una nueva estrofa), 'La Marsellesa', 'Himno de Riego', 'Marcha de Cádiz', 'Marcha Real' e 'Himno de la Alegría'- y un concierto de pop-rock para los jóvenes, son los reclamos más importantes de la fiesta cívica del Estatuto.

Ciudadanía y Libertad, presidida por José María Salbidegoitia, profesor y ex dirigente de EE, tiene previsto instalar mesas de recogida de firmas para reclamar que el 25 de octubre sea festivo en Euskadi, repartir trípticos sobre la finalidad de la plataforma y hojas de nuevos socios y colaboradores, y poner a la venta, al precio de un euro, un 'Cancionero por la libertad'. También aprovecharán el acto para hacer públicas otras iniciativas, ya puestas en marcha, como la elaboración de unas unidades didácticas sobre las libertades dirigidas a alumnos de enseñanzas medias, universitarios y público en general, así como un diccionario del lenguaje político vasco, del que se imprimirán 3.000 ejemplares y podrá ser visto y actualizado en la página web de la asociación: www.argumentoslibertad.org.

Ruth Alonso, responsable de la escasa vigilancia penitenciaria en el País Vasco
Libertad Digital  24 Octubre 2002

La presión de ETA y de asociaciones de ayudas a presos etarras es determinante en el funcionamiento de los Juzgados vascos. La vigilancia penitenciaria, ejercida en el País Vasco por Ruth Alonso, ha puesto en la calle a muchos terroristas con delitos de sangre y penas de cárcel centenarias. La oposición de los fiscales sirve de poco. En 1999, una fiscal tuvo que irse de allí. Recurría demasiado las órdenes de Alonso y recibió amenazas.

Ruth Alonso Cardona es la Juez de Vigilancia Penitenciaria de Bilbao. Es decir, tiene competencia para controlar la ejecución de penas privativas de libertad, muchas de ellas relativas a los delitos de terrorismo de ETA. En el año 1994 figuró en unas listas de posibles objetivos etarras. Era la época en la que también estaba amenazado el entonces Consejero de Interior vasco, Juan María Atutxa. Pero en el ejercicio de sus funciones, la juez Ruth Alonso ha concedido el tercer grado a muchos etarras, siempre con la negativa de fiscales y las críticas del Gobierno de turno. Tomás de la Quadra, ministro de Justicia en el Ejecutivo de González, criticó en 1992 a Ruth Alonso y puso sobre la mesa la necesidad de que los jueces de vigilancia pudieran conceder un régimen abierto a terroristas. Ya entonces, hace diez años, propuso la necesidad de reformas legales para evitarlo. Pero no se hizo. De hecho desde la oposición del PP se criticó que se hubiera indultado a “50 etarras en diez años y facilitado beneficios a otros cien”. Lo decía José Manuel Barquero, diputado del PP.

Que un etarra con varios asesinatos a sus espaldas y con penas centenarias pueda pasear por la calle hasta que llega la hora de dormir es una decisión que origina -más en el País Vasco- una alarma social indiscutible. Por las posibles represalias y por el evidente riesgo de fuga (más alto cuanto más grave es la condena). Son muchos los terroristas que se han beneficiado de la rebaja restrictiva gracias a la juez Ruth Alonso Cardona.

A la calle hasta la hora de dormir. Algunos ejemplos
El 25 de septiembre de 1998 permitió al entonces condenado Jon Idígoras que visitara a Joseba Martín, encarcelado. Se presentó recurso y la propia juez lo desestimó. Pero, más cerca de ETA, también ha habido muchas medidas.

En octubre de 1992, decidió conceder el tercer grado a los etarras Isidro Etxabe y Juan Antonio Urrutia, condenados por varios delitos de asesinato. En 1994, la medida benefició a José Ramón Bidaburu, con 172 años de prisión. Ya entonces, el diario “El Correo” achacaba tanto tercer grado (ocho órdenes desde abril hasta julio de 1994) a “la reactivación que en los últimos meses ha sufrido el proceso de reinserción de etarras”. En 1995, le tocaba a José Miguel Latasa Guetaria, que sólo había cumplido seis de los quinientos años a los que estaba condenado por matar a seis personas, entre ellas Dolores González Catarain, “Yoyes”, dirigente de ETA que empezaba a estorbar a la banda.

Hay muchos más ejemplos que pueden sumarse al de Félix Ramón Gil Ostoaga, con trescientos años de condena. Todos ellos han sido recurridos. Pero el recurso ha de resolverlo la Audiencia Provincial más cercana a la prisión donde cumple la pena el recluso y, en el caso del País Vasco, la presión funciona perfectamente. Esto es lo que ahora se quiere evitar, centralizando en la Audiencia Nacional la Vigilancia Penitenciaria.

Una fiscal abandona, harta de recurrir y de recibir amenazas
Tanto es así, que los fiscales adscritos a los juzgados de Vigilancia Penitenciaria está hartos de recurrir y de elaborar informes contrarios a la reinserción de terroristas. Una fiscal, Mercedes Bujanda, decidió en febrero de 1999 abandonar el País vasco. Gestoras Pro Amnistía se dedicó a amenazarla por obstaculizar la labor de Ruth Alonso de conceder el tercer grado o la libertad condicional a presos de ETA. En poco más de un mes, Bujanda había recurrido más de cinco libertades condicionales en condenas por terrorismo y destrozos de los cachorros etarras. No tenía escolta. Balza llegó a criticarla. Le puso protección pero advirtió que “el riesgo que se estimaba no era muy objetivo”. La Fiscalía General del Estado emitió un comunicado en febrero de 1999 en el que se aseguraba que la fiscal había solicitado protección “en reiteradas ocasiones sin obtener la respuesta deseada”.

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