AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 1 Noviembre  2002
Odio
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS El País 1 Noviembre 2002

Como respuesta al independentismo
Ernesto Ladrón de Guevara  La Razón 1 Noviembre 2002

El terrorismo en la ONU
Editorial La Razón 1 Noviembre 2002

Hablar de España
Fernando FERNÁNDEZ MARTÍN La Razón 1 Noviembre 2002

No es verdad
IGNACIO MARCO-GARDOQUI/ El Correo 1 Noviembre 2002

Cuarenta días y demasiadas noches
PABLO MOSQUERA MATA  El Correo 1 Noviembre 2002

Maketos
Cartas al Director El Correo 1 Noviembre 2002

El Foro de Ermua denuncia que el País Vasco recibe del Estado veintiuna veces más de lo que le corresponde
L. R. N. - Madrid.- La Razón 1 Noviembre 2002

La Prensa extranjera en España escucha la terrible realidad vasca
C. Morodo - Madrid.- La Razón 1 Noviembre 2002



 

Odio
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS El País 1 Noviembre 2002

Francisco Rodríguez Adrados es miembro de la Real Academia Española.

No hace mucho vi en la TV-5 un documental, presentado por Victoria Prego, sobre Euzkadi, la cara oculta. Lo vi a medias, porque la segunda serie de anuncios me hizo apagar el aparato, como suelo. Pero lo suficiente. Eran escenas y entrevistas captadas con cámaras ocultas, por motivos evidentes. Hechos, no añadían ninguno a lo que ya sabemos. Pero se veía vivo un ambiente.

Dos cosas. Una: la lengua de los de Batasuna es el español, no el vasco; en él lanzaban sus dicterios a la puerta de las herriko tabernas y en medio de la kale barroka. Otra: lo terrible de ver era el odio. Voy a comentar los dos temas.

Entonces, que en el fondo del conflicto esté la oposición de lenguas es falso. El vasco, lengua rural y muy minoritaria, nunca ha sido un obstáculo para el entendimiento. Las primeras frases en vasco que se conservan están en cartas de Zumárraga, el primer obispo de México, que, como todos, era un hombre de Castilla. Escribía en latín o castellano y añadía una nota familiar en vasco. Los romanos, sin conquistar a los vascos (fundaron Vitoria y Pamplona para contenerlos), los conquistaron de otro modo. Para decir 'paz' o 'rey' o 'rueda' o 'flauta' (bake, errege, errota, chistu), tuvieron que acudir al latín. Hoy, para decir 'independencia', 'estación de servicio' o 'aeropuerto', acuden al español. 'Matrícula' es español, 'matrikula' es vasco.

Cierto que lingüísticamente es una lengua interesante, yo escribí sobre su tipología en el Homenaje a Mitxelena. Luego, Sabino Arana lo decoró con una serie de inventos pintorescos, Antonio Tovar me los comentaba. El caso es que hoy hay presiones realmente intolerables que lo impulsan. Pero los mismos vasquistas, que presentan estadísticas en las revistas de lingüística, desconfían de su éxito a la larga. Los niños aprenden un poco de vasco, qué remedio, pero en cuanto salen a la calle hablan en español.

El vasco es un pretexto: los enfrentamientos necesitan de pretextos, pero siguen cuando la diferencia lingüística se pierde (así en Irlanda) o la diferencia religiosa o la política es una herencia que cada vez pesa menos.

El caso es que hay el amor, que tiende a unir, y el odio, que tiende a separar, así resumía Empédocles la historia del cosmos. Hoy existe la tendencia a unir; y como rechazo, la tendencia a separar. A veces, viene de razones históricas: un pueblo ha sido invadido o está sojuzgado por otro, piensen en Palestina o Chipre o los Balcanes. A veces viene de construcciones internas: nacimiento de tal religión, así la cristiana y, dentro de ella, luego, la protestante, o tal ideología, así la comunista. Sus sectarios se enfrentan a los demás, ya se han creado el 'nosotros' y el 'ellos'.

Y la dualidad sin matices crea odio. Hoy los nuevos nacionalismos son crisoles de odio. Y trampolines para el deseo de poder de quienes los gobiernan.

Aquí está la gran cuestión: la cuestión del odio, y del odio gratuito, según se veía en el documental en cuestión, y que, evidentemente, reviste formas más educadas en otros niveles sociales y políticos. No tan educadas cuando Arzalluz pronuncia la palabra 'español'. ¿Qué le hemos hecho? El vivía tan bien como cualquier otro entre los jesuitas del régimen franquista, me hablaron de él en Gandía. Y en Alemania.

¿Y qué les hemos hecho a los demás? Éste es el grave problema. El pueblo vasco, en sus instituciones de familia, de trabajo, de religión, ha sido y es semejante a los demás. Y no ha sido jamás una nación. Sus señores eran vasallos de los reyes de Castilla, como tantos otros; tenían fueros, como tantos otros. No se conoce ni un solo rasgo cultural importante que los haga distintos. Y han sido (y son) la región más próspera de España, favorecida por mil privilegios económicos.

'Vasco' y 'español' no han sido nunca una antinomia. De Legazpi a Ignacio de Loyola, a Unamuno y Baroja, a tantos marinos, administradores y capitanes de empresa, así ha sido siempre. Y continúa siendo para muchos. Pero contra ellos opera el mito.

Ha surgido gradualmente un sentimiento de ser 'otros': basado en el catolicismo tradicional (¡no sólo vasco!) en la España del XIX, con las guerras carlistas. Luego vino un mitólogo etnicista, Sabino Arana, que hizo descender a los vascos de la pureza original del paraíso. Se sumaron, curiosamente, reliquias de la izquierda enragée (¡que era internacionalista!). Ya está creado el monstruo.

Con la típica división entre los que mueven el árbol y los que recogen las nueces (recuerden Irlanda, Chipre, Palestina, etc.) Unos cuantos ambiciosos mantienen el mito y las más o menos encubiertas alianzas y esperan recoger el poder. Los demás callan, esperanzados o temerosos.

Eso es todo o casi todo. El Gobierno de España quiso amansarlos dándoles estatutos: el de la República, el de la renovada Monarquía. Inútil: usan el estatuto para disfrutarlo y destrozarlo. España deja hacer, por temor a males mayores: ellos siguen. Ahora, alguna decisión se ha tomado, otra se ha propuesto a los tribunales. Todo, tarde y lento. En tanto, Batasuna sigue en las instituciones, Arzalluz e Ibarretxe siguen con sus propuestas anticonstitucionales, Otegui y los demás siguen haciendo el elogio del terrorismo.

Y se les deja hacer. ¿No creen que esto es demasiado? Yo, al menos, así lo creo. La técnica del apaciguamiento nunca ha sido buena.

Creo que hay, en los que tiran de los hilos del monstruo, mucho oportunismo, mucho ventajismo, mucho aprovecharse de la aparente debilidad de España, mucha ansia de poder. En ellos, algún odio es más bien pura estrategia para hacer crecer más odio. Pero ese odio que han difundido es ya incontrolable. Un odio gratuito, espeso, apoyado en mitos y mentiras, en una enseñanza que el Estado nunca habría debido ceder, en el orgullo del protagonismo, en la esperanza de un futuro absurdo paraíso.

Llena las vidas de esos jóvenes que, por lo demás, no parecen muy diferentes de tantos otros. Se sienten perseguidos, dicen. Su vida vacía se llena con el odio. Esto es terrible para cualquier gobernante de mañana. Cualquiera.

El odio que llevan consigo los nacionalismos y los enfrentamientos ideológicos o religiosos (a veces coinciden) hace muy difíciles las soluciones, porque impide ver los hechos. Se apoya en mundos irreales, míticos, como el de Arana y sus secuaces. No quiero hablar de Palestina, donde se imponen los que quieren echar a los judíos al mar. Al que no lo acepta, le echan encima un terrorista suicida.

Diré de otros lugares donde, como turista, he padecido a los guías nacionalistas. En Egipto, por ejemplo. Los judíos habían perdido todas las guerras, según ellos. Los egipcios, de las pirámides a ahora, eran los mejores: ¡habían suspendido a Sócrates cuando fue a examinarse a la Universidad de Menfis!

En Croacia, que sólo por razones históricas del Medioevo se escindió de Serbia (son de igual raza e igual lengua), recuerdo cómo el guía, que había hecho aquella guerra, nos atormentaba con su recuerdo. Nos puso en el autobús, a las siete de la mañana, el vídeo del bombardeo de Dubrovnik. Que no lo olvidáramos. Preferíamos olvidar eso y muchas cosas más cercanas.

El odio es largo y duradero. Mi abuelo todavía lo alimentaba contra los franceses, por la invasión napoleónica. Los odios de nuestra guerra civil, ocultos, brotan a veces aquí y allá: hay temas intocables, las verdades más obvias no pueden decirse. Y hay los odios que vienen de la última guerra y del nacismo y el comunismo.

Éste es el problema: no las razones del odio, que son, en el caso del País Vasco, deleznables, sino el odio mismo. El odio puro sin razones, aunque haya, de añadido, alguna razón bien egoísta. En los que lo crean y difunden.

Haría falta una calma, una paz, descansar de esos hombres, de esos mitos, a ver si se tranquilizaban los espíritus. ¿No habría manera de aplicar la ley y acallar a los que envenenan, siembran el odio? ¿De deslegitimizar a organismos que acuerdan o proponen cosas anticonstitucionales: más odio? Sería pura democracia.

Como respuesta al independentismo
Ernesto Ladrón de Guevara es portavoz de Unidad Alavesa La Razón 1 Noviembre 2002

Por qué los nacionalistas formulan una propuesta de Estado libre asociado a España? ¿Qué es eso del Estado libre asociado? Que los nacionalistas son independentistas es una verdad a voces. Nadie lo puede dudar ya. Que los nacionalistas comparten estrategia con ETA no es una evidencia demostrada, pero a la luz de los hechos cada vez está más claro. Ahora bien, ¿por qué omiten la palabra independencia?

A nadie se le oculta que una Euskal Herria independiente sería una isla en Europa, similar a Estonia, Lituania, o Albania. El tratado de la Unión Europea pone dos condiciones para la incorporación de nuevos miembros: la conformidad de los Estados miembros y que el candidato al ingreso observe en su territorio las exigencias internacionales en materia de derechos humanos, así como que sea un país democrático donde las reglas de funcionamiento político y social contemplen un mínimo pluralismo y libertad interna. Es por ello una obviedad que la Euskadi de Arzallus no obtendría el parabién de la mayoría de los Estados miembros, entre otras cosas porque España y Francia, como mínimo, ejercerían su derecho al veto. Pero además, tal como lo reflejó el Comisario europeo de Derechos Humanos, Sr. Gil Robles, en su informe para el Parlamento Europeo de hace un año, la Euskadi del nacionalismo obligatorio no cumple las mínimas exigencias de protección a los derechos humanos y a las libertades. El fenómeno inédito en la historia de las sociedades de que toda la oposición política tenga que ir protegida por guardaespaldas y que los partidos democráticos no puedan presentar listas en muchas circunscripciones municipales demuestra un hecho irrebatible: en Euskadi no se puede hablar de libertad y democracia. Pero es que, además, la policía vasca, atenazada por sus mandos, es la menos efectiva y la más permisiva con el terrorismo, si comparamos meras estadísticas de detenciones a malhechores etarras, pues cuando lo hacen, los jueces se ven forzados a liberar a los detenidos por falta de pruebas, lo cual hace que cada cual piense como quiera. Yo tengo mis propias reflexiones. Entonces, si Euskadi no puede ser independiente desde el plano económico, ni desde el plano social ¬pues la absoluta mayoría de la población está en contra¬, ni desde el plano político pues no existen bases legales ni aval del derecho internacional ¬Euskadi no es una colonia¬, ¿qué es lo que ha inventado Ibarreche?

Pues nos trae el eufemismo del Estado libre asociado a España, que tiene cierta similitud a Andorra. Es decir, una especie de independencia dependiente, con la que revestir con cierta legitimidad tramposa su propuesta soberanista. Sería una forma de colarse en Europa con la excusa falaz de no haber roto totalmente lazos con España, desligándose de obligaciones con el Estado español, aprovechándose de una situación impune en la que se acogerían a las maduras pero no a las duras de su condición de fragmento disociado del Estado. De esa manera se garantizarían el seguir siendo los caciques o señoritos del cortijo sin que nadie les disputase el poder político, pues ya se encargarían de reprimir cualquier atisbo de discrepancia. Es decir, como ahora pero peor: una dictadura vestida de ropajes pseudodemocráticos. El problema de las libertades y de los derechos humanos quedaría en una impunidad mayor que ahora, pues el poder judicial quedaría sometido, no habría una Constitución que garantizara los derechos y libertades y los no nacionalistas se verían segregados a una situación de meros parias o metecos de ese Estado con una independencia camuflada. Y es que en el fondo todo este montaje está preparado para impedir la alternancia política y no supeditar el poder a la voluntad de las urnas, como sucede, por la dinámica lógica de la evolución de las cosas, en cualquier país democrático, incluso en Marruecos. Nos plantean para ello un referéndum. Nosotros no debemos temer a que el pueblo decida. Pero a la luz de la realidad de las cosas en un referéndum sin condiciones de libertad para rebatir las tesis nacionalistas, con una sociedad con la opinión secuestrada, donde no se produce el flujo de información-opinión normal en cualquier colectividad democrática y abierta, no podríamos decir que el resultado correspondiese a la voluntad libre de la ciudadanía. Como no ha sido, hasta ahora, la ciudadanía libre en otros aspectos, por ejemplo en el lingüístico, donde se aplastan derechos tan elementales como el de recibir educación en lengua materna.

No obstante, pese a ello, los alavesistas abogamos por una consulta a la sociedad alavesa para que los alaveses digan si quieren pertenecer a una comunidad como la que nos presenta Arzallus e Ibarreche. Queremos saber si los alaveses están cómodos en una Euskadi conflictiva que nos llena de vergüenza cada vez que pasamos más allá de Pancorbo. Queremos saber si los alaveses estarían dispuestos, en definitiva, a formar una Comunidad Autónoma basada en el respeto, en la convivencia y el pluralismo como base para la paz. Para ello desde el mes de junio tenemos preparados un proyecto de Estatuto de Autonomía que sería el mejor instrumento para emanciparnos.

El terrorismo en la ONU
Editorial La Razón 1 Noviembre 2002

La sede de la ONU en Ginebra (Suiza) sirvió como escenario para la representación del esperpento de una reunión, convocada por la Asociación de Corresponsales Acreditados en la ONU con la participación de tres parlamentarios de la suspendida Batasuna: Arnaldo Otegui, Joseba Álvarez y Josu Urruticoechea, alias «Josu Ternera». Al amparo de las siglas de Naciones Unidas, el que fuera uno de los jefes de ETA en la época más sangrienta de la banda, y dos de sus cómplices en la trama basuna, gozaron del privilegio de ser tratados como personas, como políticos normales, ante la ignorancia o maldad de quienes debieran saber a quien invitaban a compartir su mesa. Seguro que los que se presentaron como «perseguidos» por el «Estado español» no informaron a sus complacientes anfitriones de la realidad de su «lucha» y de que la verdad es que son ellos los opresores y que las víctimas son los cientos de miles de personas que viven bajo el imperio del miedo, con la muerte a sus espaldas y privados del derecho a expresarse en libertad.

La ONU, aunque sea por haberse lavado las manos ante la presencia en su sede de personajes indeseables, de la misma calaña que Ben Laden, no ha colaborado precisamente a la lucha contra el terrorismo. Al contrario, ha favorecido con su permisividad la mentira de los representantes del coche bomba y el tiro en la nuca y abierto sus puertas al terrorismo. La protesta del Gobierno ante el secretario general Koffi Annan, es tan justa como necesario es combatir a ETA allí donde pueda extender hasta el menor de sus tentáculos.

Hablar de España
Fernando FERNÁNDEZ MARTÍN La Razón 1 Noviembre 2002

El día dieciséis de septiembre se celebró el Acto de apertura del año judicial, celebración simbólica y protocolaria que con algún paréntesis, fruto de los avatares políticos de otros tiempos, se sucede anualmente desde 1814.
Con tal motivo, procedí a escribir y publicar un artículo sobre la importancia de los símbolos, pero alguna duda sobre la oportunidad del tema me llevó a desistir en el intento.
El dos de octubre se dispensó un homenaje a la bandera española, y aunque me volvió a rondar la misma idea, cualquiera se atrevía con la que inexplicablemente estaba cayendo.

Pero, sabiendo que este miércoles pasado, debería haberse repetido el acto de homenaje a la bandera en Madrid, e incluso, que el emblemático edificio del Palacio de Comunicaciones en la Plaza de Cibeles será sede del Tribunal Constitucional, no encuentro motivo para eludir tan espinoso tema porque, decididamente, el debate sobre el significado y uso de los símbolos está de máxima actualidad.
Desde la serenidad, el distanciamiento y hasta la reserva con la que creo deben tratarse estas cuestiones, procuré documentarme para hablar con propiedad del impacto de los símbolos en la vida del país, ¿qué contenido y sentido tiene la bandera, el himno, los actos protocolarios, los edificios emblemáticos, los monumentos conmemorativos, el uso de vestimentas singulares, las estatuas o cuadros del soberano?

Tras un estimable esfuerzo, concluí que era mejor expresar lo que siente y piensa un ciudadano normal, que dar otra opinión rebuscada y políticamente correcta, sobre todo teniendo en cuenta los muchos ensayos que sobre los símbolos y la patria se están publicando estos días.
Respetando, pero rechazando por estúpida, la demagógica reacción de quien califique de conservadora la postura de abogar por el mantenimiento y reconocimiento con plenitud de contenido de nuestros símbolos, no se me escapa que la simbología y la alegoría ofrecen el inconveniente y no pequeño riesgo, de que se tome el signo por la esencia y se forme una mentalidad frívola y superficial, por ejemplo, juzgando patriota al que saluda ceremonioso la bandera española aunque defrauda un día sí y otro también a la Hacienda Pública.
Pero no es menos cierto, que la falta de símbolos lleva a un relajamiento de las esencias, perdiéndose primero el signo, luego la circunspección que da el signo, y después la virtud de que suele ser muestra esa prudencia y seriedad en acciones y palabras que permite comportarse adecuadamente.

No debe, por tanto, sacarse de sus límites los valores puramente simbólicos, pero tampoco cabe suprimirlos caprichosamente o mostrar absoluta indiferencia, porque ni fue arbitraria su aparición ni se borran de cualquier manera hechos seculares.
¿Para qué necesita, mirando las cosas sustantivamente, estar uniformado un ejército y portar una bandera?
¿No se puede respetar un juramento y prestar un servicio vistiendo cada soldado como le plazca sin seguir ninguna bandera? Cierto que sí. Y sin embargo, suprímase el uniforme y la bandera y el batallón quedará transformado en una horda.

Todos estos símbolos, a los que no olvidemos, recurren curiosamente aquellos que los critican fogosamente cuando se refieren al Estado español pero que crean, fomentan, defienden, y hasta veneran apasionadamente cuando se refieren a sus concretos proyectos políticos, son mecanismos necesarios para vertebrar la nación española, la patria.
En pueblos como el español, integrado por núcleos múltiples de nacionalidades autóctonas, el gran problema de la cultura en orden al patriotismo está en convertir al Estado nacional en ente de asimilación y difusión de los valores que forman el patriotismo, para que el amor a la patria chica no sea incompatible con el de la patria grande, ni sea explotado como irredentismo para crear el desconcierto en nuestra comunidad.
Se puede ser muy castellano, muy gallego, y muy vasco o catalán, sin dejar de ser español.
El españolismo debe ser el denominador común de todos los nacionalismos locales, cuya autonomía y vida no deben limitarse, sino fomentarse, para enriquecer el gran contenido. Es decir, que el verdadero patriotismo ha de trascender a lealismo al Estado nacional, y su proyección hacia el exterior conseguida a través del respeto a sus símbolos.

Ésta parece ser la grandeza del Japón, nación tradicional milenaria, cuya prosperidad debe enseñarnos a nosotros, nación vieja también, que el amor de nuestras tradiciones y el respecto sin complejos a nuestros símbolos han de ser punto de partida para el verdadero desarrollo y consolidación del Estado integral.
Pero también lo es de países modernos sin tradiciones como los Estados Unidos de América, cuyo progreso como nación de naciones es indiscutible.
Se fomenta y se protege esta concepción de muchas maneras, pero sin duda, un buen camino pasa por el reconocimiento de los símbolos, cuya normal aceptación en modo alguno implica riesgo de desviaciones a formas indeseables de patriotismo ya sea chauvinista, xenófobo, patriotero, imperialista, o, de campanario basado sólo en la patria chica.

No es verdad
IGNACIO MARCO-GARDOQUI/ El Correo 1 Noviembre 2002

El nacionalismo ha decidido hacer las maletas y emprender un viaje de riesgo y aventura y, además, nos pide a todos que le sigamos alegres y confiados. Para animarnos en la travesía, en lugar de esforzarse en embellecernos el destino propuesto, el famoso estatus de libre asociación del que tan poco sabemos, ha preferido afear la morada que habitamos hoy. Insiste en que la casa común, el Estatuto de Gernika, se encuentra en ruinas, rodeada por un árido pedregal y acechada por las alimañas más feroces. La opción de irse resulta obvia ante tamaño desastre.

Lo malo de esta interesante propuesta es que su intención es incierta y su diagnóstico equivocado. El estatus de libre asociación no es la 'estación terminus' en la que los vascos podremos por fin descansar, después de la terrible travesía a través del desierto constitucional y estatutario, sino una etapa más en el largo camino hacia la tierra prometida de la independencia, como recordaba el mismo Arzalluz a sus jóvenes seguidores el día siguiente a la presentación del Plan Ibarretxe en el Parlamento de Vitoria. Los nacionalistas han dedicado al Estatuto los epítetos más vejatorios y los adjetivos más denigrantes, de tal manera que su consideración pública ha descendido hasta los infiernos. Afirmaciones del tipo: «El Estatuto ha muerto», «El Estatuto ha sido un fraude», «El Estatuto es una carta otorgada que no responde a las expectativas de los vascos», se repiten incansablemente todos los días, en todas las ocasiones, hasta calar en la opinión pública como si fuesen un dogma de fe que no necesita demostración.

Sin embargo, es evidente que son calificaciones injustas e inciertas, palabras vacías que no tienen nada que ver con la realidad; y si nos proponen irnos es, sencillamente, porque 'ellos' quieren irse de la casa común. Por supuesto que tal deseo es legítimo, pero no lo es el denigrar artificialmente el punto de origen, para valorar exageradamente el de destino. Hay al menos dos argumentos de peso, que nunca se utilizan porque se olvidan siempre. El primero lo proporciona curiosamente el propio lehendakari. Ibarretxe lleva años asegurando que el País Vasco es un emporio de riqueza que crece por encima de las medias española y europea, y afirma sin dudar que eso ha sido posible gracias a la ecuación de 'más autogobierno = a mayor bienestar'. Así que el Estatuto tiene que ser necesariamente el responsable de tales éxitos, el esquema que nos ha permitido capear nuestras dificultades industriales del pasado, mejorar nuestras atenciones sociales del presente y edificar unas magníficas infraestructuras para el futuro.

El segundo argumento es más contundente. Cuando se ataca al Estatuto se disparan frases pero no se utilizan cifras. En la comunidad autónoma se recaudan a través de los impuestos concertados 8.261 millones de euros, (1,34 billones de pesetas), mientras que pagamos al Estado un Cupo de algo más de 1.100 millones de euros, (183.000 millones de pesetas). Ésta, y no otra, es la verdadera realidad del Estatuto, ése es su auténtico grado de desarrollo. Medido en términos presupuestarios, ¿hay alguna otra forma mejor de hacerlo? El 'ámbito de decisión vasco', la 'capacidad de decidir libremente nuestro futuro' se aplica ya en el 87% de la acción pública. Y todo ello ha sido posible gracias al soporte que proporciona el Concierto Económico, cuya última versión fue calificada por el Gobierno vasco como la mejor de todas las que hemos disfrutado. Lo cual no ha sido óbice para que, ¡seis meses después de su firma!, Ibarretxe le dé carpetazo, desdeñe la 'palabra de vasco' e incluya en su proyecto la soberanía fiscal plena. Que conste que no me olvido de la Seguridad Social, pero éste es otro problema cuyo tratamiento no cabe en estas pocas líneas, y que se plantea también de manera equivocada, olvidando la realidad para despreciar lo que nos conviene, agarrando la quimera del fuero para negar la evidencia del huevo.

Si queremos la paz social en Euskadi es imprescindible que el Estado se esfuerce en lograr un acuerdo que culmine y complete el Estatuto, y que los nacionalistas acepten la evidencia de que constituye la fórmula de convivencia que mayor adhesión concita. La imagen de un Estatuto destartalado y fraudulento con los vascos es injusta y totalmente equivocada. El Estatuto es una magnífica realidad; el Cupo que pagamos es más que conveniente; y constituye un esquema de desarrollo económico y social eficiente y pacífico. Fuera de él sólo hay división, enfrentamiento e incertidumbre, ruina y tragedia.

Cuarenta días y demasiadas noches
PABLO MOSQUERA MATA/PRESIDENTE DE UNIDAD ALAVESA El Correo 1 Noviembre 2002

Hace cuarenta días que dejé, por voluntad libre, el País Vasco. Dejé, sin que me obligara nadie, el cargo de diputado foral, cosa insólita en un mundo donde las poltronas se pelean, donde algunos se ofrecen sin pudor para continuar chupando de la piragua

Desde este ejercicio de libertad me enfrento a las consecuencias del 27 de septiembre; como Savater, Juaristi, Emilio Guevara, Calleja, Gorriarán, Ibarrola, Vidal de Nicolás, y un largo etcétera de ciudadanos comprometidos con la libertad y la dignidad, contra el fundamentalismo vasco.

Infinitas noches de insomnio en las que me despertaba con la pesadilla de un País Vasco enfrentado, hombre contra hombre, por la independencia. Y me decía luego que estaba obsesionado, que aquello sólo era fruto de mi implicación política, mas allá del entusiasmo natural por causas para cambiar el mundo.

Infinitas noches dándole vueltas a la situación de fractura entre nacionalistas y no nacionalistas, para ver si era posible un lugar común, primero en Ajuria Enea y su pacto, después ofreciéndole al lehendakari, tras las elecciones de 1998 y la tregua de ETA, la formación de un Gobierno de concentración. A Enriqueta Benito y al propio Ibarretxe pongo por testigos de mi oferta para gestionar el proceso de la tregua a la paz definitiva. Pero no era posible, ya que había un pacto entre hermanos independentistas con sede en Lizarra.

Demasiadas noches en las que los míos temían que no llegara a casa, pues sabían que algo se movía en las calles del País Vasco, agazapado, manipulando un mensaje de odio, de muerte al disidente, de 'cuanto peor, mejor' para la construcción nacional. Demasiadas noches cansado tras un largo día de dar la cara en concentraciones, viajes a otros lugares en los que ETA había vuelto a asesinar.

Por eso, un día decido que me cambio de lugar, pero sin olvidar mis creencias, compromisos y lealtades que tienen titulares de muchos discursos en tribunas, artículos y conversaciones en los medios audiovisuales. Un sin fin de pruebas para juzgarme, sin más límites que el uso hecho por los dueños del papel prensa, cuando algunos decidieron que UA estorbaba y fueron a por nosotros agitando los conflictos que promueven quienes necesitan ganar dinero público para vivir por encima de lo que les corresponde en la sociedad normal.

Cuando me desperté una noche, lejos del País Vasco, y comprobé que habían puesto en marcha el proceso de la independencia, no pude frenar mi necesidad de estar con los míos, de no defraudarles y acompañarles, de hacer mía su suerte, ponerme la camisa miliciana y volver a la lucha por la democracia en donde están todos los que han sido votantes de mis ofertas electorales.

Por eso, sin esperar nada a cambio, tras cuarenta días, he vuelto a ser para decidir.

Maketos
Jagoba Mendieta Egiguren/Santurtzi. Vizcaya Cartas al Director El Correo 1 Noviembre 2002

«¿Qué pasa? ¿Y estos... qué quieren ahora? ¡A dónde vamos a llegar!» Estas indignadas palabras, dichas en euskara, se las escuché a una señora mayor a la que la manifestación de Donostia sorprendió saliendo de casa. Su indignación era evidente. Sostenida por su marido, enfiló calle abajo en sentido contrario a la marcha. Esta postura es habitual en el nacionalismo vasco. La señora decía lo que su alma le dictaba. Los manifestantes eran para ella ciudadanos de segunda, maketos, inmigrantes que viven en Euskadi gracias a la magnanimidad nacionalista. Españoles. Y esa gente protestaba por algo que la señora no alcanza a entender. Y seguimos en eso. No se entiende que tanta gente harta de la soberbia nacionalista haya dicho ¡basta ya! Han sido demasiados años de sometimiento en los que el nacionalismo trepador se ha consolidado. Hay generaciones a las que el estatus actual les parece lógico; de ahí que surjan esos «ciudadanos cabreados» de los que nos hablaba el euskaltzale Henrike Knörr. ¡Cómo no se van a cabrear si hay gente que protesta porque han desaparecido la mayoría de los rótulos en castellano de los pueblos! ¡Qué osadía, esta estúpida revuelta de los oprimidos!

El Foro de Ermua denuncia que el País Vasco recibe del Estado veintiuna veces más de lo que le corresponde
L. R. N. - Madrid.- La Razón 1 Noviembre 2002

El catedrático de Economía Mikel Buesa señaló ayer en una rueda de prensa convocada por el Foro de Ermua, que el País Vasco recibe del Estado veintiuna veces más de lo que le corresponde por su renta. Según él, en virtud del Cupo, cada vasco recibe del Estado 747 euros, cuando debería obtener sólo 35.
El Foro de Ermua expuso ayer algunos de los efectos negativos que tendría la consecución del plan soberanista de Juan José Ibarreche: reducciones de exportaciones, deslocalización de actividades produc- tivas por parte de las empresas, pérdida de 131.000 puestos de trabajo, 640 millones de euros anuales en gastos diplomáticos, 700 millones en el Ejército, sesenta en el sistema judicial y 35 millones de euros en regulación monetaria. Según el estudio realizado por Mikel Buesa, hermano del socialista Fernando Buesa, asesinado por ETA, para el País Vasco, quedar fuera de la Unión Europea incidiría negativamente en un quince por ciento del Producto Interior Bruto y en la pérdida de 131.000 puestos de trabajo.

Más impuestos
Buesa señaló asimismo que asumir las competencias que ahora no tiene el País Vasco, como Asuntos Exteriores, el Ejército, el sistema de Justicia o la regulación monetaria, costaría a los vascos unos dos mil millones de euros. Este aumento del gasto se traduciría en un incremento paralelo de los impuestos en un nueve por ciento y del ocho por ciento en las cotizaciones. Buesa incidió en que si el País Vasco fuera un Estado libre asociado a España, gastaría al año más de seiscientos millones de euros en representación diplomática en sólo la mitad de los países que forman parte de Naciones Unidas y setecientos millones en mantener a diez mil hombres del Ejército vasco, además de los gastos en Justicia y regulación monetaria.

«Grupo independista» ETA
Por su parte, el presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás, dirigió su discurso a los periodistas extranjeros que se encontraban presentes, a los que recordó que ETA es una banda terrorista, y no un «grupo independentista», como muchas veces la denominan, siendo culpable de «una de las más crueles tragedias que han ocurrido en Europa en los últimos tiempos». El presidente del Foro denunció el «nacionalismo excluyente» que promueve el Gobierno vasco y advirtió las «trampas» que esconde éste bajo «un manto de palabrería».
El tercero de los presentes en la convocatoria del Foro, el abogado Rubén Múgica se refirió a la pretensión de los nacionalistas de «internacionalizar el conflicto», y negoó que existiera tal conflicto. Múgica añadió que la realidad es que una parte de los ciudadanos vascos están amenazados por una banda terrorista. Según él, a los nacionalistas les merece su atención la opinión de diez mil personas en Idaho o Sudamérica, y no los cerca de 200.000 vascos que han tenido que abandonar su país por la amenaza terrorista. Por último, Múgica defendió la Ley de Partidos y la aplicación del auto de Garzón para la deslegalización de Batasuna.

La última en intervenir fue la profesora de la Universidad del País Vasco, Gotzone Mora, quien se refirió a la presión ejercida por el entorno proetarra en el ámbito universitario, donde alumnos interrumpen las clases con gritos e insultos cada vez que pronuncia la palabra España o donde sufre empujones en sus trayectos a pie por el campus. Mora denunció, asimismo, la «pretendida equidistancia» que adquieren los nacionalistas vascos entre ETA y Batasuna por un lado, y PP y PSOE por otro, para argumentar la existencia de un conflicto en el País Vasco.

El foro de Ermua presentó asimismo un informe sobre violencia callejera en el que destaca la reducción drástica de los actos de «kale borroka» desde abril como efecto de la aplicación de la Ley de Partidos. Así, entre mayo y agosto de este año se han producido cincuenta y seis actos de violencia callejera, mientras que en el mismo periodo de 2001 se produjeron 202. la reina, con la fundación de la guardia civil y las fuerzas armadas. Su Majestad la Reina inauguró ayer en Madrid el Centro de Empleo de Discapacitados con talleres de embolsado de prensa y de estampación de camisetas, con el que la Fundación de la Guardia Civil y las Fuerzas Armadas da trabajo a ese colectivo. En poco más de un año han puesto en marcha una lavandería y un taller de encuadernación, en el que trabajan más de 15 personas. La inauguración contó con el respaldo de los Jefes de Estado Mayor de los Ejércitos de Tierra, Alfonso Pardo de Santallana, del Aire, general Eduardo González- Gallarza, y del Mar, almirante Francisco Torrente.

La Prensa extranjera en España escucha la terrible realidad vasca
El Ejecutivo patrocinó un encuentro reservado en Oropesa entre «exiliados» vascos y corresponsales
Todos los corresponsales extranjeros acreditados en España fueron convocados el pasado sábado a una reunión reservada en Oropesa en la que «exiliados» vascos les informaron de la situación actual existente en su comunidad. El Ejecutivo de Ibarreche organiza periódicamente reuniones parecidas.
C. Morodo - Madrid.- La Razón 1 Noviembre 2002

El Gobierno de Ibarreche y todo el entorno de Batasuna está haciendo un esfuerzo ingente para intentar «vender» su particular visión del llamado «conflicto vasco» fuera de las fronteras de nuestro país. De hecho, el Ejecutivo de Ibarreche organiza periódicamente encuentros con medios extranjeros para impartir doctrina al respecto.
Ante esto, el pasado viernes y sábado se celebró en Oropesa, bajo patrocinio del Gobierno, un cónclave reservado al que se convocó a todos los corresponsales extranjeros que trabajan en España. En el Gabinete de Aznar existe cierta preocupación ante el tratamiento que fuera de nuestras fronteras se está dando, en determinados medios como «The Economist», a cuestiones como la Ley de Partidos Políticos y las acciones orientadas a disolver a la coalición «abertzale».

A este seminario, que comenzó el viernes por la tarde, asistieron el secretario de Estado de Organización Territorial, Gabriel Elorriaga, y el diputado y «padre de la Constitución», Gabriel Cisneros.
Pero los verdaderos protagonistas de la cita fueron los «exiliados» vascos que se desplazaron a Castellón a fin de aclarar a los presentes la situación personal que ellos están viviendo, y defender asimismo las medidas que PP y PSOE, de manera conjunta, están impulsando para cercar a ETA y a todo su entorno.
El presidente del Instituto Cervantes, Jon Juaristi; la presidenta de la Fundación Libertad y profesora de la Universidad del País Vasco (UPV), Edurne Uriarte; el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid Mikel Buesa, hermano del socialista Fernando Buesa asesinado por ETA; Francisco Llera, ex director del Euskobarómetro; y el periodista Javier Pradera fueron algunas de las personalidades que participaron en el cónclave.

Delegación a París
En esta misma línea, los firmantes del pacto anti-ETA también acordaron en su última reunión, del pasado día 4, realizar una ofensiva diplomática en Londres, París y Berlín para entrevistarse con políticos y representantes de la Prensa a fin de explicar las acciones que está adoptando la «democracia española» contra ETA y su «brazo político», Batasuna. El próximo día 13, una delegación del Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo viajará a la capital francesa para poner en marcha esta iniciativa.

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