AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 3 Noviembre  2002
España y sus monstruos
José SEIJAS La Razón 3 Noviembre 2002

La Coruña y Francisco Vázquez
M. MARTÍN FERRAND ABC  3 Noviembre 2002

La Coruña
ALFONSO USSÍA ABC 3 Noviembre 2002

El consenso, ¡qué horror!
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Noviembre 2002

Visiones angelicales
Aleix Vidal-Quadras La Razón 3 Noviembre 2002

Por qué no me gusta
J. I. CALLEJA El Correo 3 Noviembre 2002

Libre asociación
Cartas al Director El Correo 3 Noviembre 2002

Antonio Basagoiti: «Si ganamos Bilbao y Álava, se acabó el plan de Ibarreche»
Inmaculada G. de Molina La Razón 3 Noviembre 2002

La Fiscalía cree que «okupas» de Barcelona hacen más eficaz a ETA
Vasco Press - Bilbao.- La Razón 3 Noviembre 2002

Radiografía de la kale borroka
BILBAO El Correo  3 Noviembre 2002

España y sus monstruos
José SEIJAS La Razón 3 Noviembre 2002

Estar repitiendo constantemente que fulano es un fanático, que mengano ha perdido la cabeza y que zutano es un bellaco, independientemente de ser una obviedad, es una pérdida de tiempo que sólo conduce a perder más tiempo y... ya hemos perdido demasiado. Por otra parte, decir la verdad es más sencillo y desde luego contribuye más a esclarecer los hechos que empecinarse en seguir utilizando unos disfraces que sólo sirven para aumentar la confusión y para que los malvados sigan manipulando la demagogia a su antojo y capricho.

El primer paso inaludible para resolver cualquier tipo de problema es entender el enunciado y si se pone, como es de precepto, la máxima atención en entender el problema del separatismo español, veremos que PNV, CiU y Bloque gallego, lo que vienen intentando deshacer con ser mucho, no son más que los efectos de una sola y única causa, la inadecuada estructura política de España, o si se prefiere, el sistema autonómico que tan alegremente pactaron unos políticos autodenominados «los padres de la patria». Después de visto lo visto y lo que seguiremos viendo hay que reconocer que hoy estaríamos mejor si fuéramos huérfanos.

Una vez más se tomó una decisión y una decisión importante ignorando la historia y la historia es a la política lo que la enseñanza media es a la superior y por tanto lo que sea ésta, depende en buena medida de cómo se asimiló aquélla.
Yo no sé si porque los políticos españoles le tienen alergia a la historia, o porque no quieren tomarse la molestia de aprenderla, o porque creen que un carné de partido es suficiente, sea por lo que fuere, el caso es que los errores se repiten una y otra vez con el agravante de que las consecuencias producen cada vez mayores daños.
Tal ocurre con el mal parto de las autonomías, con el nacimiento de unos neófitos que cualquiera con sentido común y una pizca de responsabilidad, podía darse cuenta de que lo que realmente se estaba haciendo era traer al mundo a unos monstruitos que más tarde o más temprano llegarían a adultos. Pues bien, no sólo no cayeron en la cuenta del peligro que suponía su decisión, sino que el acontecimiento fue saludado por unos y por otros como algo original y los recién nacidos fueron acogidos como preciosos cachorritos, tal vez porque los cachorros, sean de la especie que sean, son siempre alegres y divertidos, pero de ayer a hoy y de acuerdo con la ley natural de que todo lo que vive, crece, los monstruitos se han convertido en monstruos y empiezan a hacer lo único que saben: extender las garras y asustar a los ciudadanos con sus enormes fauces abiertas, dispuestos a tragárselo todo.

Precisamente en el momento en que España ha dado un gran estirón y cuando más necesaria resulta la solidaridad y cooperación de todos en una tarea común que nos permita seguir creciendo y compitiendo a nivel internacional, es cuando resurgen unos cuantos monstruos antediluvianos con la pretensión de retrotraernos a la noche de la historia.
Ante tamaña felonía, perder el tiempo en llamarlos lo que son y lo que todo el mundo sabe que son, es darles ventajas. Lo que hay que hacer es demostrarles que ser demócrata no es sinónimo de ser débil y que la única opción racional y sensata es la de una España única y plural. Estoy seguro de que todo español bien nacido, sea catalán, navarro, vasco, gallego, andaluz, castellano, extremeño, balear o canario, comparte esta opinión y está dispuesto a defenderla y protegerla contra esos extemporáneos seudo-maquiavelismos tan estrechos de miras como carentes de futuro.

No nos equivoquemos ni lo tomemos a chacota. El problema está ahí amenazando la convivencia, la estabilidad y el entendimiento entre todos y la única manera de solucionarlo es devolviendo a las regiones la libertad de acción que unos aventureros encaramados al poder tratan de quitarlos. Con esto no pretendo ser original ni descubrir nada nuevo.
Ya Ortega en su día denunció el peligro a que nos podía conducir la política del todos aparte. Sólo se puede lograr una nación fuerte, respetada y respetable si sabemos conjugar la unidad con la pluralidad.

La Coruña y Francisco Vázquez
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  3 Noviembre 2002

ALGUNOS, gente buena por lo general, hemos nacido en La Coruña; pero, de un tiempo a esta parte, en un raro fervor que ignora la historia y la lengua gallegas, quieren hacernos creer que nacimos en «A Coruña». Hasta el BOE, que aspira a ser archivo de certezas, recoge eso de «A Coruña» que tiene más aroma de itinerario que de destino y que, después de darle muchas vueltas, no sé de donde viene. El alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, es, en lo que tengo visto, el mejor y más eficaz de los alcaldes españoles. Solo la también coruñesa Emilia Pardo Bazán hizo más que Paco Vázquez por embellecer La Coruña, pero fue en los libros y llamándola Marineda, un reducto literario enxebre y mágico.

Lo de Vázquez no ha sido literario. Le ha dado, materialmente, la vuelta a la ciudad para que toda ella tenga, como dicen los anuncios inmobiliarios, «vistas al mar». La ha limpiado, reconvertido, urbanizado, modernizado y, lo que es más importante, ha sabido recuperar en ella lo que Wenceslao Fernández Flórez llamaba en sus nostalgias madrileñas «el sosegado y señorial desdén de mi pueblo». Hoy es un gozo ir a La Coruña y, lo mismo la Ciudade Vella que todos sus ensanches, lucen belleza y derrochan paz. Como es natural, Francisco Vázquez se refiere a su pueblo llamándole La Coruña. Entre otras cosas porque puestos a bautizar lo que ya tiene nombre, y en el supuesto de que este fuera el solar de la Brigantum romana, podría llamársela «Crunia», pero no de otro modo.

Según nos acercamos a mayo, en tiempo y devoción electorales, el paisaje se va crispando y cada cual arrima sus argumentos a sus ambiciones. O viceversa. La Mesa por la Normalización Lingüística del Gallego, no muy distante del BNG y, naturalmente, enganchada a la teta de la Xunta, ha arremetido contra Vázquez de manera sañuda y le acusan de que al decir La Coruña -en lugar de «A Coruña»- pone en peligro la convivencia ciudadana. Con buen sentido el alcalde ha puesto pies en pared y les ha llamado «fascistas» y «franquistas» a quienes le acosan y ofenden desde la hipotética autoridad de la pureza galleguista.

¿No podemos decir La Coruña -al igual que han dicho Alfonso X o los Reyes Católicos- quienes hemos nacido en La Coruña y andamos lejanos de cualquier fanatismo local, regional o nacional? El precipitado e intencional cambio lingüístico de «A Coruña», fruto de una de las muchas fiebres nacionalistas que ya resultan atosigantes no se corresponde con la tradición toponímica, carece de bases históricas y viene a ser algo como traducir a los hermanos Álvarez-Quintero al castellano. Además, y sobre todo, no nos gusta a la mayoría de los coruñeses. En los primeros días del XIX nacieron allí el Diario de La Coruña y la Gazeta de La Coruña. ¿Les cambiamos ahora el nombre en la hemeroteca? ¿Renunciamos a los ilustres paisanos que, durante dieciocho siglos, han nacido en La Coruña? Yo, puestos a cambiar, prefiero hacerme madrileño que ser de «A Coruña».

La Coruña
Por ALFONSO USSÍA ABC 3 Noviembre 2002

LA llamada Mesa por la Normalización Lingüística del Gallego, que parece ser una mesa bastante concurrida, ha acusado a Francisco Vázquez, alcalde de La Coruña, de estar poniendo en peligro la convivencia ciudadana. Acusación de esa índole proveniente de tan distinguida Mesa induce a pensar que el señor Vázquez es un desalmado que sale a la calle con el propósito de armar un lío de los gordos día tras día. Un alcalde que pone en peligro la convivencia ciudadana no puede ser considerado recomendable. Por ejemplo, si el alcalde Vázquez increpa a una mujer que pasea por su ciudad por estimar que esa ciudadana tiene un culo excesivamente grande y ordena a la Policía Municipal que le imponga una multa por ello, el señor Vázquez estaría poniendo en peligro mucho más que la convivencia ciudadana. Pero no encajan este tipo de arbitrariedades en la persona del alcalde coruñés que tiene fama, y bien cimentada, por cierto, de ser un hombre justo, amable, trabajador, competente y sosegado. Pero la alarma ha sonado y es necesario buscar el motivo que ha llevado a la lingüística Mesa normalizadora a denunciar al alcalde. Dicha Mesa está controlada por el Bloque Nacionalista Gallego, detalle que todo lo explica.

Hace unos años, el Bloque Nacionalista Gallego, con la colaboración cretina del Partido Popular, consiguió que el topónimo de la ciudad coruñesa fuera exclusivamente el correspondiente a la lengua gallega. La Coruña, para todos los españoles, pasó a denominarse A Coruña. Aquello, más que una bobada, era una imposición. Con todos los respetos, «A Coruña», a quien no sea gallego y no domine la lengua de Rosalía, Cunqueiro o Fole, más que un topónimo es una indicación. Y además, que ambas denominaciones son perfectamente compatibles y respetables, y La Coruña y A Coruña no tienen por qué estar reñidas. Para quien esto escribe, siempre será La Coruña, entre otras razones porque su idioma natural es el español o castellano, que ya dijo otro ilustre gallego, Camilo José Cela, que el castellano es el bellísimo español que se habla en Castilla. Y en ese bellísimo español siempre se había hablado y escrito La Coruña.

El alcalde Francisco Vázquez, Paco Vázquez, no admitió la imposición, y decidió libremente seguir refiriéndose a su ciudad como lo había hecho desde niño, La Coruña. Tan gravísima decisión es la que ha denunciado esa Mesa de cenutrios desocupados e intolerantes. Si don Manuel Fraga elige pronunciar A Coruña y Sanxenxo, don Francisco Vázquez tiene el mismo derecho de decir La Coruña y Sanjenjo. Y con ello, no provoca nada ni a nadie, excepto a los memos «batasuneiros» que desean imponer sus criterios con vocación de dogmas.

Que Lérida y Gerona se escriban y pronuncien en catalán cuando se habla y escribe en catalán, Lleida y Girona, me parece muy bien. Que nos obliguen a todos los españoles a renunciar a los topónimos de nuestro idioma común, se me antoja un abuso inaceptable. Cuando el Honorable Tarradellas hablaba en castellano, se refería a la «Generalidad» de Cataluña y a su «Consejero» de Industria. Lo contrario es una cursilería. En tal caso, no podríamos decir «mañana nos vamos a Londres», sino «mañana nos vamos a London». Si a este humilde servidor de ustedes un interlocutor le anuncia que mañana se va a «London» lo primero que piensa es que, como poco, el interlocutor es un mamarracho. Claro, que mucha culpa de la cursilería en expansión la tienen los medios de comunicación que insisten en mezclar churras con merinas. Si se escribe en español o castellano -según Cobarruvias-, hágase del todo. Igual que si se hace en catalán, gallego o vascuence.

Y si los miembros de la Mesa por la Normalización Lingüística del Gallego consideran que decir y escribir «La Coruña» es una provocación a la convivencia ciudadana, llamarlos intolerantes sería beso en culito de bebé. Hay que decirles imbéciles. Lo que no ha sido, ni es, ni será, Francisco Vázquez, alcalde de La Coruña.

El consenso, ¡qué horror!
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Noviembre 2002

RECONOZCO que el consenso me produce repugnancia intelectual y moral. Porque la política o es confrontación o es cambalache. O es debate y diferencia o es componenda. Sólo en tiempos de excepción cabe el arreglo entre contrarios. Y aun así. ¿Acaso no estamos pagando muy caras algunas de las cesiones de la Transición que, por otra parte, no han servido más que para aplazar problemas?

La apelación al consenso es una forma de negar los derechos de las mayorías y de chantajear al ganador. Se ha convertido ya en hábito condenar al que pretende aplicar el programa con el que ganó por mayoría absoluta: prepotente, rodillo parlamentario. Parecería que fue inútil que el electorado tomara conciencia clara de unos problemas y que le encargase de su resolución a un partido determinado.

Nos queda de la transición la propensión al pactismo, el miedo a la clarificación de las ideas, el pavor a la congruencia... aunque sea la inmensa mayoría de los ciudadanos la que lo exige. Para mí es evidente, por ejemplo, que al PP se le dio la mayoría absoluta para detener los procesos independentistas en el País Vasco y en Cataluña, no sólo para luchar contra el terrorismo etarra. Para enfrentarse contra el terrorismo, stricto sensu, habría valido tanto el voto al PSOE como al PP porque ninguno de estos dos partidos nacionales son sospechosos en este punto. El mandato del electorado fue, no obstante, muy claro: la lucha contra el terrorismo y por la paz debía pasar por la defensa de la unidad de España y, por tanto, por la denuncia de todos los que están en contra de ella, incluidos los nacionalistas «democráticos». El signo del voto al PP era nítido: el antiterrorismo será eficaz en la medida que se cerque al nacionalismo. ¡Qué sabio el voto de 1996! Por si había dudas, el Plan Ibarretxe ha venido a dar la razón al electorado que pedía un cambio en la estrategia antiterrorista: la batalla de las ideas contra el PNV y EA. Aun así, hay gentes que siguen pidiendo el diálogo... con el PNV, con Batasuna, con ETA. ¿Un consenso con ETA?

La última y enloquecida reclamación de consenso ha sido la que acabamos de padecer con motivo de la ley de Calidad de la Educación. El desastre reclamaba soluciones. La reforma era un clamor popular. Pesaba sobre el PP un mandato terminante, para que deshiciera todos los entuertos del PSOE basados unas veces en erróneos métodos pedagógicos y otras en concesiones a la ley del mínimo esfuerzo. Por lo mismo, se daba por descontado que el PSOE reaccionara, que negara la paternidad del fracaso, que buscara el apoyo de los socios nacionalistas y que apelara a negociaciones y diálogo. Al consenso, en definitiva, con el que pudiera disimular sus responsabilidades y, al tiempo, vaciar la reforma. Lógicamente el PP se negó y el PSOE salió a la calle, una vez más, con el escudo de los chicos de doce años, con el escudo sindical y con la amenaza de boicotear la reforma. Pero lo que cuenta es que nos hemos salvado del consenso en la educación. Habría sido terrible una marcha atrás similar a la que se ha dado con la Reforma laboral. Habría supuesto el suicidio del PP pero, sobre todo, habría sido una traición al electorado de consecuencias incalculables.

La ley de Calidad tendrá el mérito de haber escapado a la trampa del consenso, expresión de la tibieza, de la indefinición, conceptualmente ambigua, moralmente pringosa, a la que sólo se puede recurrir en momentos excepcionales. Y aun así.

Visiones angelicales
Aleix Vidal-Quadras La Razón 3 Noviembre 2002

A pesar de haber impulsado y suscrito el pacto antiterrorista y de haber apoyado plenamente las medidas legislativas conducentes a la ilegalización de Batasuna, el Partido Socialista sigue mostrando sistemáticamente una preocupante obsesión por diferenciarse del Gobierno en lo referente al problema vasco. Aunque en circunstancias normales este tipo de distanciamientos tácticos podría entenderse, en la gravedad extrema de la situación presente semejantes maniobras resultan muy poco recomendables porque debilitan peligro- samente la indispensable unidad de los demócratas frente a los violentos delirios ultranacionalistas. Sin embargo, en su afán por marcar posiciones distintas a las del PP, algunos dirigentes del PSE parecen haber perdido el contacto con la realidad. Anteayer, sin ir más lejos, Txiqui Benegas nos ofrecía en un largo artículo un análisis de la actual crisis política del País Vasco que parecía escrito por alguien que en vez de haber participado de manera protagonista en la historia de este drama a lo largo del último cuarto de siglo, acabase de llegar de Marte en un platillo volante impulsado por alas de serafín.

El proyecto peneuvista no tiene nada de variable, inestable, cambiante y díscolo. Por el contrario, mantiene su inalterable afán disgregador y sus objetivos últimos desde hace cien años y los sucesivos ropajes que adopta, fueros, pacto con la corona, autodeterminación, estado libre asociado, son meras estratagemas oportunistas que no le desvían un ápice de su meta. La ignorancia de este hecho revela simplemente que el bueno de Benegas es bastante fácil de engañar. De hecho, la capacidad de invocar la Constitución y el Estatuto mientras se trabaja ardorosamente para su demolición es una de las características más destacadas de los nacionalismos vasco y catalán, por mucho que el ingenuo diputado por Vizcaya no se entere. Arzalluz y compañía no emprenden el ominoso camino de Estella desesperados por la incomprensión del Gobierno central, sino porque al percibir el debilitamiento casi terminal de ETA y el crecimiento imparable del espíritu de Ermua deciden darle un respiro a la banda asesina con el truco de la tregua y el espejismo de la incorporación de HB a la normalidad democrática. Pensar otra cosa es hacerle el juego a las diabólicas maquinaciones del complejo etarra y sus padrinos «moderados».

El Partido Socialista no llevó adelante ningún gran diseño estratégico en la década en que colaboró con el PNV formando parte del Ejecutivo autonómico, por mucho que Benegas se autojustifique. Lo que sucedió es que el PNV, seriamente tocado tras la escisión de Garaicoetxea, utilizó astutamente para sobrevivir a unos socialistas crédulos y acomplejados que renunciaron incomprensiblemente a la lehendakaritza en 1986 cometiendo uno de los errores más sonados de su trayectoria en aquella Comunidad. En resumen, que no cuela.

Por qué no me gusta
J. I. CALLEJA/PROFESOR DE MORAL SOCIAL EN LA FACULTAD DE TEOLOGÍA DE VITORIA-GASTEIZ El Correo 3 Noviembre 2002

No está bien referirse a lo que uno ha escrito en otro momento. Suena pretencioso. Espero que me disculpen. El caso es que, no hace mucho, me preguntaba si éramos tratados otra vez como convidados de piedra. Me refería a mi sospecha de si no hay muchos ciudadanos vascos que se sienten en la política cual espectadores de un partido de tenis. La democracia representativa tiene este peligro a medida que se asienta, se profesionaliza y se complica. La clase política dirigente, a la manera de elites que compiten por sustituirse en el gobierno de la sociedad, juega sus cartas en una interminable partida cuyo punto final y finalidad son muy oscuros. ¿No es cierto que en política la primera regla que hay que aprender es que nada es lo que parece? Es lo que parece y mucho más que eso, pero 'eso' no se ve, ni te lo dicen.

Cuando este proceder característico de la política cobra la aceleración de nuestra vida pública, no hay manera de posar las ideas y de afinar en el porqué de las decisiones concretas de cada uno y tampoco de evaluar las convicciones que las sostienen. Todo el juego queda muy trabado y deslucido, y lo que es peor, convertido en el arte de no dejar jugar. Si a esto añadimos, en nuestro caso, que ETA practica el terror de muy diferentes modos y que un movimiento político como Batasuna tiene alianzas estratégicas en cuanto a los fines y, probablemente, al menos bastantes personas concretas y muy cualificadas, en cuanto a los medios, las posibilidades de que muchos vascos avancemos con libertad de criterio y cordura, en medio de esta galería de retos y horrores, son mínimas. De esos ciudadanos, creo que muchos, es de los que decía que han de sentirse como convidados de piedra a una noria de declaraciones y estrategias en la que importa poco, creo que muy poco, acoger lo fundamental, es decir, nuestra diversidad constitutiva; ésa que no es pluralidad política sin más, sino legítima diversidad en cuanto a algunas convicciones importantes para cada persona a la hora de reconocerse de una tierra y una comunidad. Por cierto, que en esto también hay diferencias sustanciales.

Por tanto, si al fundamentalismo político, el que pelea por imponer lo propio como un molde de acero a todos los demás, le sumamos la experiencia de que no has asimilado una decisión y ya tienes encima otra más compleja, o que apenas consigues distinguir, en cada caso, qué es legal y qué es legítimo, cuando otro atentando viene a sumarse al anterior para arrasar todo atisbo de ponderación y matiz, es claro que la incertidumbre y la desazón, y hasta el hartazgo, han de instalarse en el corazón de la ciudadanía menos politizada. En estos casos, muchos ciudadanos queremos resolver la incertidumbre con la condena radical de ETA, y de todos cuantos de uno u otro modo la respaldan o sacan provecho de su barbarie; sabemos que esto es básico, pero la incertidumbre perdura y, enseguida, nos requema como una herida mal curada.

Así las cosas, nos llega la propuesta del lehendakari. ¿Y qué decir? Suena bien, por hábil y nueva, y me parece 'normal' que el nacionalismo vasco democrático piense en ella y elija su momento para plantearla. Dejemos de lado los imponderables jurídicos y materiales, que doctores tienen el derecho y la economía, y vayamos a lo que me parece sustantivo. El problema es que en un contexto social de diversidad identitaria muy profunda, como el nuestro, con la agudísima distorsión que introduce ETA en todo el proceso de formación de voluntades políticas, con tanta gente sufriendo tanto por pensar o sentir de otro modo, yo no me atrevería a impulsar un plan donde los ideales de una de las partes de la sociedad, la llamada nacionalista, adquieren la condición de mínimo democrático para todos. A mi juicio, el marco básico de convivencia hay que pactarlo en cada caso con todos los ciudadanos que se acogen al respeto de los derechos humanos, en los fines y en los medios, para que sea verdaderamente común. Esto significa que puede cambiar, se llame Estatuto o Constitución, pero tiene que partir de la prueba, otra vez en el procedimiento y en el resultado, de que anuda las distintas sensibilidades a una apuesta de las mayorías, respetuosa de las minorías y proporcionalmente extendida por todos los sectores sociales y, en nuestro caso, por todos los territorios. Como se deduce, hablo de algo bien distinto al intento de consagrar esta o aquella mayoría conseguida por los pelos y quizá provisional.

Pero ésta es la opinión de quien no se dedica a la política profesional, sino a la ética política como reflexión que discierne sobre procedimientos democráticos y fines dignos para todos, en contextos sociales con un equilibrio identitario muy precario. ¿La política profesional puede hacer las cosas de otro modo, queriendo llegar a un plan de convivencia para todos a partir de una matriz nacionalista y un impulso partidista? Yo pienso que no. Ahora bien, ¿en situaciones tan trabadas como la vasca, puede hacer planes políticos alternativos? Sin duda, puede y debe. En caso contrario, cualquiera podría imponer su inmovilismo. ¿También donde el terror distorsiona la vida política? Cuando la propuesta política del terror coincide con la de extensos sectores sociales que nunca quisieron, o ya no quieren, el pacto constituyente en que se asienta una sociedad, la política profesional sí puede hacer propuestas alternativas. El problema es 'cuáles', las que integren mejor y a más gente que las anteriores; 'cómo', con todas las fuerzas democráticas y a partir de los derechos de todos; 'cuándo', en el momento en que menos las determinen factores como el temor a ETA o el 'ventajismo' electoral. Pero, poderse, ¿cómo no se va a poder? Y, ¿no cabe decir que esto es darle alas al terror en la vida política? Yo creo que no, porque lo más eficaz contra el terror son las mayorías sociales que se anudan en torno a un proyecto de sociedad que les convence, en el que se sienten respetadas y libres. Cuál sirvió ayer, o sirve hoy o servirá mañana, ésta es una cuestión delicada, pero subordinada. En suma, no me gusta el plan del lehendakari porque en el punto de partida, procedimiento y matriz no integra nuestra legítima diversidad, y en el de llegada cabe pensar que menos. Pero valoro la naturalidad al proponer un camino alternativo, bien lejos del melodrama cerril en que algunos han convertido el desacuerdo político.

Libre asociación
Pedro Echevarría Arana/Llodio-Álava Cartas al Director El Correo 3 Noviembre 2002

Sabino Arana decía con qué «fruición y verdadero júbilo celebraría ver a España despedazada por una guerra interna o internacional y cómo pesaría, como la mayor de las desdichas, si España progresara y se engrandeciera. La nación más vil y despreciable de Europa». Arzalluz nos habla continuamente de 'la bota de Madrid' y de que 'los vascos no necesitamos a los españoles para nada porque somos más trabajadores, más listos, mejor organizados y sabemos administrarnos mejor'.

A Egibar, España le da miedo. 'Tengo más miedo a España que a ETA', dice. Las citas del odio y desprecio del PNV hacia España y lo español serían interminables. Pues bien, ahora resulta que es a ese país, al que pertenecemos desde hace siglos y que no pueden ver, al que dicen querer asociarnos. ¿Dónde está la trampa? Pues en que, al margen de la ilegalidad de la pretensión -'Euskadi será lo que los vascos quieran ser, diga lo que dicga la ley', dice Ibarretxe- sin importarles la división y crispación que genera, se dan cuenta de que sin España no hay Europa. Por ello, quieren conseguir primero ese ilusorio estatus para acercarse así a la independencia total que el pasado mes Arzalluz prometía a las juventudes del PNV. Pero, ojo, que estamos en lo de siempre: mensajes engañosos con cara de bueno, menciones a falsos diálogos hasta el amanecer, falaces entendimientos y concordias, cuando sabemos que detrás de esas buenas palabras no hay más que un nacionalismo puro, duro, arcaico y radical que sólo quiere separarnos de España.

Antonio Basagoiti: «Si ganamos Bilbao y Álava, se acabó el plan de Ibarreche»
Candidato del PP a la Alcaldía de Bilbao
Antonio Basagoiti se muestra convencido de que los empresarios vascos pueden frenar más que los propios partidos políticos el plan de independencia de Ibarreche
Inmaculada G. de Molina La Razón 3 Noviembre 2002

Está, en esta ocasión, prácticamente seguro de su victoria en las municipales vascas. Su aval: haber conseguido en Bilbao más votos que el PNV en las generales de 2000. Además, así lo indican las distintas encuestas, incluida una interna elaborada por su partido, en la que se otorga la mayoría al bloque constitucionalista. Antonio Basagoiti intentará arrebatar el voto al PNV de empresarios que ahora desconfían de Ibarreche. Aunque no tiene todas consigo, está convencido también de que, al final, habrá pacto postelectoral en la Alcaldía de Bilbao entre su formación y el PSE. Su convencimiento nace de la trascendencia que tiene la batalla electoral en Bilbao, tradicional cuna del PNV, para desalojar a los nacionalista del poder. «El 25 de mayo puede ser el inicio de la decadencia del PNV y el del fin de ETA». Pese a sus magníficas relaciones con el PSE de Vizcaya, no oculta el malestar que le produce declaraciones como las de Rojo, partidario de un gobierno de concentración con el PNV, o las de Elorza. En esta cuestión se muestra radical: en San Sebastián no hay que suavizar el discurso contra el alcalde, porque sus postulados están más próximos al PNV. Pese a su optimismo, es consciente de que la campaña será muy complicada para los populares, porque al acoso de Batasuna y ETA se sumará el del PNV.

Referéndum, en breve
¬¿Qué diagnóstico realiza de la actual situación del País Vasco?
¬Atraviesa la situación más complicada de toda su historia democrática. El «lendakari» ha hecho una propuesta clara de ruptura con el resto de España. Por primera vez, el PNV ha dicho exactamente lo que quiere. En adelante, los vascos elegirán sin engaños.

¬¿El País Vasco está en la antesala de una confrontación civil?
¬No. La confrontación se da entre la clase política y porque ETA mata y el PNV no es capaz de separarse de los terroristas. Pero a la sociedad aún no ha llegado. En el País Vasco falta una rebelión social contra el terrorismo y el nacionalismo obligatorio.

¬¿Los empresarios pueden frenar el plan de Ibarreche?
¬Pueden frenarlo más quizás que los propios partidos. Hay gente a la que no llega lo de la falta de libertad y que haya personas a las que nos matan. Pero sí le llega las consecuencias económicas del plan de Ibarreche.

¬¿Ibarreche, al final, convocará el referéndum sobre la independencia?
¬Lo convocará en el caso de que el PNV gane en Bilbao y Álava. Si tiene buenos resultados en las municipales, lo convocará en breve plazo.

¬¿Si lo hace, hay que aplicar el artículo 155 de la Constitución?
¬Quizás lo que está buscando el nacionalismo es la aplicación de este artículo para hacerse más víctima. La solución pasa por ganarles en las urnas y estamos a punto de conseguirlo. Si lo hacemos en Bilbao y en Álava se acabó el artículo 155 y el plan de Ibarreche.

¬¿Ibarreche anticipará las elecciones autonómicas?
¬Eso dice Arzallus. Ellos buscan el respaldo de las municipales y después, si tienen muchas dificultades para convocar el referéndum, intentarán sustituirlo por unas autonómicas.

¬¿Se está a tiempo de tender puentes al PNV?
¬Necesita una profunda regeneración. Con este PNV, con Arzallus y sus dirigentes, es imposible cualquier tipo de colaboración. Sin una regeneración es imposible llegar a nada. Con dos aspirinas no se transformarán. La situación es tan grave que se necesita operar, es decir que pasen a la oposición y luego colaboren.

¬¿Hay una guerra interna en el PNV por la sucesión de Arzallus?
¬Cuando tienen su asamblea política todos y cada uno de ellos votan a favor, hasta los discrepantes. En ese partido sólo manda Arzallus y los más radicales. Sólo hay una corriente, la más dura y radical.

¬¿Cómo valora la abstención del PNV en la votación de la reforma de la seguridad de los ediles?
¬Con mucha tristeza. Que el principal partido de la autonomía sea incapaz de votar unas medidas de amparo a los concejales dice mucho de la situación política y de sus prioridades. Ellos conocen mejor que nadie la situación.

¬¿Cómo son las relaciones entre el PP vasco y el PSE?
¬De desconfianza por declaraciones como las de Rojo, que propone integrar a un PNV sin ningún tipo de regeneración y cambio en un posible gobierno. Vemos con preocupación como el PSOE puede estar más pensado en lo que pase en La Moncloa que en el País Vasco.

¬¿Por qué Rojo sigue hablando de un gobierno de concentración año y medio después de las autonómicas?
¬Están pensando más en La Moncloa. Les importa más el desgaste del PP y dejar mal a José María Aznar que la situación del País Vasco.

¬¿Hay falta de lealtad en el Pacto anti-ETA por la cercanía de las generales?
¬No lo he notado.
¬Pero Rodríguez Zapatero acusa a Aznar de usar electoralmente a las víctimas de ETA.
¬El Pacto anti-ETA es fundamental, pese a que Rojo, Elorza o incluso Maragall lancen mensajes muy ambiguos sobre la necesidad de cambio en el País Vasco.
¬¿El PNV mantiene ahora contactos con ETA?
¬No tengo certeza de ello, pero sí de que en los municipios pacta con Batasuna, que ya sabemos todos que es el brazo político de ETA.
¬¿Qué ocurre ahora en el mundo de ETA? ¿Parece que está parado?
¬No mata porque no puede. Pero si mañana pudiese lo haría.

Nueva tregua
¬¿ETA declarará una nueva tregua antes de las municipales, porque le viene bien el plan de Ibarreche?
¬Puede ser. De hecho, nuestros datos indican que a quien más le ha gustado este plan es a Batasuna. Es posible que busquen una situación de ese estilo. Pero si no caló la primera tregua trampa es difícil que cale la segunda.
¬¿Batasuna se presentará en las municipales bajo otras siglas?
¬Hará lo posible por presentarse. No obstante, la medida de ilegalizarla ha sido tan fundamental que se notará positivamente en los ayuntamientos, al no poder contar Batasuna con dinero, ni espacios electorales.
¬¿Cómo influirá en las municipales vascas la ilegalización de Batasuna?
¬Con su ilegalización cambia completamente el marco político de las municipales. Puede ser que el PNV agrupe bajo su lista más votos. Pero también el mapa posterior a los comicios no favorece al nacionalismo, porque no tendrá un partido radical en las instituciones que le apoye.

¬¿Si el PNV logrará los votos de Batasuna, por qué recurre la Ley de Partidos Políticos?
¬Este recurso es una estrategia para intentar llevarse los votos de Batasuna. Quieren aparentar que están indignados, pero están encantados con la situación política. Quieren los votos de Batasuna. Ibarreche con su plan se está jugando todos los cargos públicos del PNV.
¬¿Qué supone la incorporación de Guevara al PSE?
¬Es importante. Representa que la decadencia del PNV se puede producir donde no gobierna. En el momento que el PNV pierda el poder, como en Álava, habrá más gente que discrepe. Demuestra que el PNV es mucho régimen de poder y de decisión económica.
¬¿Habrá más disidentes que se incorporen al PSE o alguno optará por el PP?
¬Puede haberlos. Al PP lo dudo en estos momentos, porque los disidentes van más por la línea de colaboración con el PNV. En el PP estamos defendiendo que hace falta que el PNV se regenere. Cambio que se producirá y en grandes dosis si el PP consigue ganar en Bilbao.

Frenar a Ibarreche
¬¿Qué espera de las municipales?
¬Frenar el plan independentista de Ibarreche y sus acuerdos con Batasuna. Si ganamos Álava y Bilbao, cuna del PNV, no hay independencia que valga, ni plan de Ibarreche. Ante esta situación el PNV luchará.
¬¿Como con María San Gil, a la que tres agencias vascas han rechazado hacerle la campaña electoral?
¬El PNV está jugando al acoso de los concejales del PP. Se ha sumado a la estrategia de ETA y Batasuna. Está haciendo todo lo que puede para evitar la campaña de María San Gil. Está poniendo dificultades a la seguridad de los concejales del PP en Bilbao e intentando que no se debatan nuestras iniciativas. El PNV se une a esa campaña de acoso, porque sabe que las municipales son muy importantes. Si pierde no cabe su independencia y si gana convocará el referéndum.

¬¿El PP tendrá problemas para hacer la campaña en Donosti?
¬Todos los vamos a tener. No sólo nos enfrentamos al acoso de ETA y Batasuna, sino también al del PNV. El PNV no quiere que estemos en igualdad de condiciones. La situación será muy complicada. ETA atentará todo lo que pueda...
¬¿Está teniendo los problemas que tiene San Gil para la campaña?
¬No, porque Bilbao es una ciudad más abierta. Pero estoy sufriendo directamente el acoso del PNV. Está pactando con Batasuna en Bilbao para que ninguna moción del PP se debata en los plenos. El PNV en Bilbao está negando el apoyo de la Policía Municipal a los concejales del PP para que estemos incómodos en los barrios, para que no podamos hacer campaña...

¬¿Qué siente al tener que hacer una campaña casi en la clandestinidad?
¬El PNV tiene un buen montaje en el País Vasco. Ellos gobiernan las instituciones. En los últimos 25 años han gobernado en casi todas las partes. Esta situación de desigualdad les beneficia claramente.
¬¿Habrá pacto postelectoral con el PSOE para que Basagoiti sea el nuevo alcalde de Bilbao?
¬Espero que sí. Confío en que el PSE de Vizcaya se dé cuenta de que es imprescindible una alternancia política. Si la alternativa se da en Bilbao se acabó cualquier tipo de estrategia nacionalista, como la independencia. El PSOE será capaz de darse cuenta de lo importante que es que Bilbao lo presida una fuerza constitucionalista.
¬¿Los constitucionalistas se juegan en la Alcaldía de Bilbao neutralizar el avance independentista del PNV?
¬Sí. E incluso voy un poco más lejos. ETA sin el PNV no será lo mismo. El PNV, en cierta medida, da cobertura a ETA. Para acabar con ETA es necesario cambiar al PNV y, para ello, es imprescindible pasar por Bilbao. Si ganamos en Bilbao será el inicio de la decadencia del PNV y el del fin de ETA, porque no tendrá más apoyos desde las instituciones.

¬¿Se fía del PSE? ¿Es posible que pacte con el PNV en Bilbao?
¬Al final, en el PSOE imperará la responsabilidad. No tengo ninguna duda sobre el PSE de Vizcaya. Respaldarán un cambio político en Bilbao. Es cierto que estaremos en una época cercana a las generales y todo lo que se haga en la autonomía vasca tendrá su trascendencia para esas elecciones, pero confío en el PSE de Vizcaya.
¬¿Elorza es el único que puede ganar en San Sebastián?
¬No. María San Gil ya tuvo 30.000 votos en las últimas autonómicas. El PP perfectamente puede ganar. La Alcaldía se jugará entre Elorza y San Gil. Y, cada día, San Gil tiene más posibilidades.
¬El PP y el PSE se necesitan para gobernar en esta ciudad. ¿Ha llegado la hora de suavizar el discurso?
¬El problema lo tiene Elorza cuando defiende postulados más próximos al PNV. En San Sebastián estamos haciendo lo que tenemos que hacer: decir las cosas claras.

¬¿Qué opina de que Odón Elorza no asistiera a la manifestación de San Sebastián?
¬Me da pena. Es la línea que siguen algunos socialistas, como Elorza o Maragall, que están aún enclavados en la transición. Se creen que defender a los nacionalistas es progresista.
¬¿Zapatero impedirá a Patxi López un acercamiento al PNV hasta que pasen las elecciones generales?
¬No lo sé. Lo que veo del PSE en Vizcaya es que tiene las ideas más claras que Elorza y Rojo. Y el PSE en Vizcaya también es Patxi López.
¬¿Qué le parece que Zapatero diga que cuando llegue a La Moncloa cambiará las relaciones con el PNV?
¬Tiene razón, porque habrá ganado el PP en el País Vasco y será dentro de quince o veinte años y el PNV habrá tenido que cambiar.
¬¿Cómo valora que CiU esté dispuesta a recurrir al Constitucional la disolución de los ayuntamientos que respalden a Batasuna?
¬No se da cuenta de que el problema es el de una banda terrorista, que tiene una cobertura ideológica. Si estuvieran más en el País Vasco o les tocasen no pensarían de esa manera.
¬¿Y las relaciones de CiU con el PNV?
¬Es legítimo que cualquier partido defienda un nacionalismo o la independencia. El problema es cuando ese nacionalismo va empujado por una banda terrorista que mata. CiU no ha dado nunca una cobertura ideológica a la violencia. El PNV sí. ETA sólo atenta contra los que no son nacionalistas. Esta relación política desacredita a CiU.

Temor judicial
¬¿La sentencia de la juez Alonso se debe al miedo?
¬Me huele que en este caso el miedo surte efecto en algunos sectores. No es la primera vez que pasa en el ámbito institucional. Cuando una persona tiene tanto miedo que le afecta a su labor profesional debe marcharse. Si algún día tengo tanto miedo como para no defender lo que pienso me iré a mi casa.
¬¿Qué le diría a la ONU por dejar sus locales a Batasuna?
¬Le invito a que se pase por el País Vasco para que vea a quien matan.
¬¿Estamos más cerca del fin de ETA?
¬Sí. En la medida en que las posiciones están más claras, ETA está más débil. Si el 25 de mayo el PP gana en Bilbao y Álava, el final de ETA estará más cerca y cada vez tendrá menos apoyos.
¬¿Se siente lo suficientemente arropado por el PP de Madrid?
¬Totalmente. No sólo por el PP, sino por periodistas, intelectuales, profesores universitarios... Aprovecho para hacer un llamamiento a todos los vascos que están en el exilio, empresarios, profesores, periodistas... Vamos a constituir una plataforma cívica de bilbaínos que se han tenido que marcha de aquí por ETA.
¬¿Qué le parecería que Mayor Oreja fuera el nuevo presidente del Gobierno central?
¬Jaime Mayor Oreja lo haría fenomenal como presidente del Gobierno.

La Fiscalía cree que «okupas» de Barcelona hacen más eficaz a ETA
Vasco Press - Bilbao.- La Razón 3 Noviembre 2002

La Fiscalía de la Audiencia Nacional considera que los diferentes contactos que hizo el «comando Barcelona» con personas del movimiento «okupa» les sirvieron para poder llevar a cabo con más eficacia los atentados en la capital catalana y, por eso, deben perseguirse las responsabilidades penales en las que incurrieron estas personas.
Así lo señala la Fiscalía en un escrito de calificación en el que pide penas de entre siete y 18 años de cárcel para once presuntos miembros y colaboradores del «comando Barcelona» de ETA por los delitos de pertenencia a banda armada, colaboración, estragos terroristas, tenencia ilícita de armas y explosivos y de falsedad y robo continuados.

En su escrito, el fiscal considera responsables penales de un delito de pertenencia a banda armada a Fernando García Jodra, Ignacio Cruchaga, Lierni Armendáriz ¬estos tres miembros de ETA ya condenados por el asesinato del profesor Ernest Lluch¬, Zigor Larredonda Muñoz y Diego Sánchez Burria, y pide para cada uno de ellos 12 años de prisión. Además, acusa del delito de colaboración con banda armada a Laura Riera, Daniel Martorell, Sergio Orge, Francesc Barcena, Purificación Ródenas y Josep Tamboleo, para quienes pide penas que oscilan entre los diez y los siete años de prisión.

A los tres principales miembros del «comando Barcelona», García Jodra, Ignacio Cruchaga y Lierni Armendáriz, además se les imputa un delito de estragos terroristas penado con ocho años de prisión y de tenencia ilícita de armas y explosivos que conlleva una pena de ocho años de prisión. Según el escrito de conclusiones provisionales, el fiscal estima que García Jodra, Cruchaga y Armendáriz son integrantes de la organización terrorista ETA y en marzo del año 2000 constituyeron el «comando» de «liberados» denominado «Gaztelugazte» con la intención de actuar en Barcelona.

Una vez en Barcelona, los miembros de este «comando» de la banda terrorista se hospedaron en varios hoteles al tiempo que iniciaron diferentes contactos con diversas personas de la capital catalana afines ideológicamente a ETA y pertenecientes al entorno independentista catalán y del movimiento de resistencia «okupa».
Fernando García Jodra, según el fiscal de la Audiencia Nacional, contactó con el también procesado Zigor Larredonda, colaborador de la banda terrorista, que le ayudó en la búsqueda de pisos francos en Barcelona. También puso al «comando» en contacto con Diego Sánchez Burria y este a su vez con Daniel Martorell. Según el escrito de la Fiscalía, Sánchez Burria ofreció información al «comando» de ETA sobre posibles objetivos obteniendo esta información por diferentes medios, como el Boletín Oficial del Estado o diversas revistas profesionales, entre otros.

Radiografía de la 'kale borroka'
La investigación de la Ertzaintza que ha conducido a la desarticulación de cinco 'grupos Y' en Vizcaya permite desentrañar la organización de la violencia callejera
BILBAO El Correo  3 Noviembre 2002

Las recientes operaciones de la Ertzaintza contra la 'kale borroka' en ambas márgenes de la ría del Nervión -en las que doce personas han sido encarceladas y se han desarticulado cinco 'grupos Y'- han permitido a la Policía autónoma obtener una radiografía de las células que practican la violencia callejera y de la opaca organización en que se encuadran. Éste es su esquema.

Los 'grupos Y', según estos datos, cuentan con una estructura estable que no ha variado desde que el dirigente de ETA José Luis Álvarez Santa Cristina, 'Txelis', diseñara los principios básicos de la violencia callejera en 1992, a partir de las células que sabotearon la construcción de la autovía de Leizarán. Esta estructura es de tipo piramidal y en su cima se sitúa ETA, que «se encarga de impartir las órdenes sobre los obje-tivos y marcar los tiempos de la 'kale borroka'». El rango inmediatamente inferior es la figura de los responsables 'nacionales', miembros del 'núcleo duro' de estas células que controlan a los dirigentes de los grupos en cada territorio -'eskualde'-. El escalafón más básico está formado por los jefes de cada zona, que son los realmente encargados de ejecutar los sabotajes y las algaradas.

Según las informaciones que maneja la Policía vasca, cada talde está formado por entre tres y seis personas con capacidades directivas, que tienen contacto con los enlaces superiores que imparten las órdenes y que conocen a los jefes de otros grupos. Estos núcleos reclutan a «la mano de obra». En función de cada zona, el número de 'soldados' puede oscilar entre los diez activistas y la treintena.

Según fuentes de la investigación, las grandes algaradas evidencian la coordinación de todos los grupos, ya que su ejecución hace preciso el concurso de casi un centenar de efectivos violentos y una planificación previa más elaborada que la del mero sabotaje. En las recientes operaciones policiales, la Ertzaintza ha desentrañado una acción de 'kale borroka' que ofrece un perfil característico de este tipo de ataques: la ocupación del centro de Las Arenas durante la Nochevieja de 2000 por una treintena de radicales que, en menos de una hora, quemaron seis oficinas bancarias, una sede del PSE-EE, una estación de metro y una sucursal de Telefónica.

Varios días antes de una acción de guerrilla urbana de esta naturaleza se c elebra siempre una reunión en la que los jefes de los grupos estudian cómo llevarla a cabo y repasan la cifra de radicales con la que podrán contar. La responsabilidad directa de dirigir el sabotaje recae siempre en el 'grupo Y' que actúa en la zona, quien también es el encargado de aportar el material. En esa cita se asigna la función que corresponderá a cada talde, que puede ir desde el ataque directo hasta sabotajes en puntos alejados para distraer la atención de la Ertzaintza.

Signos distintivos
El día del ataque, cada jefe de grupo acudirá a la cita con los 'voluntarios' que se haya comprometido a reunir. En un lugar previamente acordado -un contenedor de basura, un descampado o un coche-, encontrará los 'cócteles molotov' o el material que vaya a necesitar. Cada participante conocerá qué tipo de distintivo van a llevar todos los radicales, para evitar así que se puedan infiltrar agentes de paisano. Estos signos exteriores pueden ir desde simples pegatinas a determinados modelos de camiseta.

Los arsenales de las células, por otra parte, pueden ser desde improvisadas bordas de pastores a gaztetxes. Para la Ertzaitnza, uno de los mayores depósitos de este tipo fue desmantelado en 2001 en Bilbao, en una casa ocupada del barrio de Rekalde en la que aparecieron desde detonadores caseros hasta camisas falsas de ertzainas. Los expertos, no obstante, excluyen la idea de que la 'kale borroka' disponga de material sofisticado. «Un scanner para escuchar a la Policía puede ser el mayor adelanto tecnológico. La base es la capucha y la gasolina», explican.

Según las fuentes consultadas, aunque esta descripción de los preparativos de una algarada ofrece la sensación de sincronización y organización, «la realidad es otra». En las 'ekintzas' se van sumando 'espontáneos', que pueden ser jóvenes sin ninguna vinculación activa con los organizadores pero que ya se han visto envueltos en otros altercados, a los que se invita a participar en la acción en una simple conversación de bar. Además, en muchas ocasiones, la planificación se limita a juntar un número suficiente de radicales para cometer grandes destrozos y luego hacer frente a la Ertzaintza el tiempo necesario para asegurar la huida.

La disciplina, asimismo, es relativa y depende del tipo de células. Según fuentes de la investigación, en aquellas zonas más ideologizadas, como el Gohierri, la obediencia de los miembros de cada grupo es casi total. «En otras áreas de Euskadi, donde los 'grupos Y' tienen que recurrir a gente marginal o antisistema para crearse, como puede ser en Vitoria, los casos de desobediencia son mayores», explican.

Para los expertos, no obstante, las directrices de ETA son observadas a rajatabla por los responsables de cada talde y las insubordinaciones son excepcionales. Independientemente de las algaradas, cada grupo podrá quemar cajeros, atacar sedes de partidos o incendiar vehículos de ertzainas o concejales de una manera absolutamente libre si ese objetivo se encuentra entre las prioridades que para ese periodo ha fijado la banda.

«Dueña de los ritmos»
A partir de los datos obtenidos tras la desarticulación de los cinco últimos 'grupos Y' -cuyos primeros atentados datan de 1996-, los expertos de la Ertzaintza han llegado a la conclusión de que ETA «es dueña de los ritmos» de una manera absoluta. En este sentido, recuerdan que cuando la izquierda abertzale comenzó a recibir quejas de sus simpatizantes por los ataques a autobuses, este tipo de sabotajes desapareció. En cuanto a la complementariedad entre ETA y la 'kale borroka' -teoría que implica que la banda ordena recrudecer las algaradas cuando las caídas de comandos dificultan los atentados-, los expertos creen que la realidad es más compleja.

«En ocasiones se ha detectado que los comandos y los 'grupos Y' han recibido al mismo tiempo la orden de parar o, en otros casos, de actuar». Las fuentes consultadas sospechan que, en la actualidad, los dos frentes tienen la consigna de acumular acciones, aunque la eficacia policial está con- siguiendo evitar las algaradas y los atentados.

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