AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 17 Noviembre  2002
Materiales para la memoria
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA  El Correo 17 Noviembre 2002

El no de Europa
JAIME VALDIVIELSO DE CUÉ  El Correo 17  Noviembre 2002

El plumero
Pilar Cernuda La Razón 17 Noviembre 2002

Al corralito
ALFONSO USSÍA ABC 17 Noviembre 2002

Autocrítica
KEPA AULESTIA/ El Correo 17 Noviembre 2002 

«El proyecto de Ibarretxe ha nacido muerto y no creo que salga adelante»
J. J. CORCUERA/BILBAO El Correo 17 Noviembre 2002

Iturgaiz pide a Rojo que explique por qué todo el PSE se ha contagiado de las tesis de Elorza
Libertad Digital 17 Noviembre 2002

El portavoz de UA pide más protección tras recibir cuatro amenazas en dos semanas
ABC 17 Noviembre 2002

Materiales para la memoria
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA  El Correo 17 Noviembre 2002

Nunca como ahora, en la corta historia de la Euskadi institucional, se había hablado tanto de frentismos y del peligro de división en dos comunidades. Razones hay, sin duda, para ello. Venimos, en efecto, asistiendo, de un tiempo a esta parte, a la elaboración de estrategias políticas que confían toda su efectividad -electoral, por supuesto- a la delimitación de espacios sociales estancos e impermeables, con vistas a la eventual imposición del que resulte más amplio sobre el que se demuestre más reducido. La idea del pacto transversal como soporte político de la convivencia, en un país que está sustituyendo la pluralidad por la dualidad, no es que se haya abandonado por inviable en las circunstancias actuales, sino que comienza a ser abiertamente desechada como improcedente por principio. La alternancia, entendida como sustitución de una hegemonía por otra, de la imposición de uno de los espacios estancos por la del otro, se predica como la solución óptima para una situación en la que se ha renunciado ya, de manera, al parecer, definitiva, a toda posibilidad de entendimiento y acuerdo.

Así es la política, podrá decirse. También -y, quizá, sobre todo- la democrática, podría añadirse. Estructurada, como está, la política democrática sobre el cuasi-monopolio de los partidos como agentes articuladores y representadores de la voluntad popular, la competencia interpartidaria tiende a expresarse en ella en términos de alternancia y sustitución, hasta el punto de que la posibilidad de que éstas se realicen en la práctica se ha asumido como el criterio más genuino de la democraticidad del sistema. De hecho, y mirando a la experiencia, la salud de las democracias que realmente existen se ha visto siempre gravemente deteriorada por la ausencia de alternancia durante períodos prolongados de tiempo. No es de extrañar, por tanto, que la promoción de la competencia entre partidos y de su alternancia en el poder se considere requisito imprescindible para la consolidación y permanencia del sistema democrático. Nada habría, en consecuencia, que objetar a la defensa de la alternancia y de la sustitución de hegemonías en el caso vasco.

La competencia es fruto del disenso y de la discrepancia. Expresa, en ese sentido, una de las características esenciales de toda sociedad democrática: la pluralidad. No ha de olvidarse, sin embargo, que el disenso y la discrepancia se basan sobre un fundamento que, por encontrarse con frecuencia soterrado -como corresponde a todo fundamento-, suele pasar desapercibido y no ser casi nunca explicitado: el consenso como elemento constituyente de cualquier sociedad política merecedora de ese nombre. El disenso democrático, para ser funcional y no meramente disgregador, necesita de un previo consenso de base que transforme a los individuos de un colectivo en ciudadanos de una sociedad. Tal consenso previo suele tener, en las sociedades democráticas, una expresión política que se confunde con la respectiva Constitución. Pero, por debajo de esta expresión política contingente, echa raíces en estratos más profundos de la conciencia colectiva que tienen que ver con el imaginario compartido y, en el fondo, con la voluntad, a veces sólo tácitamente manifestada, de organizar la convivencia en común. El disenso y la competencia democráticas se saben deudores de este consenso previo y se dejan, en consecuencia, limitar por él, a sabiendas de que sólo dentro de las reglas de comportamiento que tal consenso impone pueden ejercerse sin riesgo de provocar la disolución de los vínculos sociales que les dan su razón de ser.

El problema que hoy presenta en Euskadi el discurso sobre la competencia y la alternancia, sobre el disenso y la discrepancia, como bases del ejercicio de la política democrática es que prescinde en exceso de la falta que se da en nuestro país de un consenso previo sobre el que tales comportamientos puedan ejercerse de manera productiva y no meramente disgregadora. No se trata sólo de que no se haya producido entre nosotros un consenso constitucional básico, lo cual permite que nuestros políticos se comporten a veces como si gobernaran una sociedad en permanente proceso de constitución, sino que no contamos siquiera con ese imaginario compartido y esa voluntad de convivencia que son imprescindibles para que podamos considerarnos una sociedad. El colectivo humano que habitamos este territorio indefinido, que ni siquiera dispone de un nombre comúnmente aceptado con el que designarse y presentarse, cuenta de sí mismo y de su pasado historias tan dispares -y, a veces, tan disparatadas- que sólo pueden identificarse en ellas los grupos particulares que las han construido y las narran. Toda memoria es selectiva, pero la nuestra nos falla de manera estrepitosa. Se ha construido sobre la amputación deliberada de una parte sustancial de sus recuerdos y no ha logrado transmitir a toda esa colectividad que desearía poder llamarse sociedad vasca un relato mínimamente común en el que ésta pueda reconocerse como tal.

Una de las razones que explican la fragmentación de nuestra memoria, esa amputación selectiva de partes sustanciales de nuestros recuerdos, radica -creo yo- en la falta de una historiografía que haya elaborado de manera autónoma y rigurosa nuestro pasado. A lo largo de los dos últimos siglos, los más fecundos de la historiografía occidental, los territorios vascos se han visto obligados a confiar la elaboración de su memoria histórica a las ideologías políticas que en ellos se han confrontado. Hemos recibido así relatos parciales, 'ad probandum', que, en vez de crear un imaginario compartido, han estado dirigidos a promover las adhesiones enfrentadas de sus respectivos adeptos. La ausencia en nuestros territorios de una instancia académica solvente -de una Universidad-, unida a los cortos períodos de libertad de que, durante esos mismos siglos, hemos disfrutado, ha permitido, por su parte, que tales relatos ideologizados y apologéticos apenas hayan encontrado correctores independientes que los hayan matizado o desmentido.

Por fortuna -y de lo que ahora sigue todo lo que antecede ha sido sólo un largo prólogo-, este último vacío está siendo colmado. Tras años de intensas y rigurosas investigaciones monográficas en una Universidad todavía joven, comienzan ahora a verse los frutos de una sólida escuela historiográfica vasca que está dando a la luz, con intención divulgativa, rigurosas síntesis de nuestro pasado, que deberían contribuir a que entre todos podamos construir un imaginario más acorde con los hechos y a elaborar un relato mínimamente compartido de nuestra historia. Así, las dos últimas obras colectivas 'De Túbal a Aitor. Historia de Vasconia' e 'Historia del País Vasco y Navarra en el siglo XXI', producto ambas de un grupo de historiadores de nuestra Universidad pública, representan la culminación de un esfuerzo investigador y divulgador que alimenta la esperanza de que las cosas estén comenzando a cambiar sustancialmente en este terreno. Ninguna interpretación histórica -y menos aún una de tanto alcance como las señaladas- está libre de lagunas, errores e, incluso, prejuicios. Pero no cabe duda de que este grupo de universitarios ha puesto a disposición de toda la sociedad vasca, de una manera a la vez rigurosa y manejable, un tremendo cúmulo de materiales con el que, en un proceso abierto de reflexión y debate colectivos, aquélla podrá ir reconstruyendo su memoria de una manera menos apasionada que hasta el presente. Es toda una esperanza.

El no de Europa
JAIME VALDIVIELSO DE CUÉ /DIPUTADO POR EL PP EN EL PARLAMENTO EUROPEO El Correo 17 Noviembre 2002

La contestación que dio la Comisión Europea al plan soberanista del lehendakari, con un laconismo directamente proporcional a la importancia que se concede a las revindicaciones nacionalistas, el martes día 22 de octubre, no pudo ser más clara: «No, el Tratado de la Unión no puede, en ningún caso, constituir la base jurídica que ampare la iniciativa del señor Ibarretxe ante el Parlamento Regional Vasco del pasado 27 de septiembre».

Cabe destacar que el Colegio de Comisarios, con su presidente Romano Prodi a la cabeza, constituye el auténtico Gobierno europeo, encargado además de velar e interpretar los Tratados de la Unión, cuyos contratantes y únicos interlocutores son los Estados miembros. Consecuentemente, la posición del Ejecutivo comunitario hecha pública el día 22 de octubre fue adoptada por unanimidad y sin que fuese necesario debate alguno en su seno.

Esta cruda realidad contrasta frontalmente con las invocaciones que Juan José Ibarretxe, en su delirio trasnochado de soberanía del 27 de septiembre, hizo a Europa, diciendo: «En el espacio europeo, afortunadamente, están superados social e intelectualmente debates aún pendientes de resolver en el Estado Español» tales como «la libre asociación, el derecho democrático a decidir de los pueblos» (sic), «las soberanías compartidas, la cooperación transfronteriza o el respeto a las identidades de las naciones sin Estado».

Siguiendo ciegamente los dictámenes del hechicero de la tribu, y ajeno a que en términos económicos del tan manido bienestar de los vascos y las vascas su plan nos retrotraería a los momentos más duros de los años 80 (según el profesor Mikel Buesa, catedrático en Economía Aplicada de la Universidad Complutense), disparando la tasa de paro en torno a un 20%, con una reducción del PIB de un 13% aproximadamente, a lo que habría que añadir un déficit de un 5% (el superávit actual es de un 1,6%) y un aumento de un 9% del impuesto sobre la renta, para poder financiar los gastos generales del Estado, pensiones, etcétera. Este cuadro macroeconómico supondría una disminución de la actividad productiva en torno al 15%, y, todo esto, al contrario que en los años 80, sin poder contar con la solidaridad del resto de España, que se puede valorar en unos 12.700 millones de euros, ni de nuestros socios comunitarios, que hasta 1999 han aportado unos 140 millones de euros anuales.

Es evidente, a la vista del discurso del presidente Ibarretxe y de la declaración de la Comisión Europea, así como de la propia configuración de la Unión, que ni el lehendakari ni el nacionalismo vasco saben de qué hablan cuando se refieren a Europa, ya que según dispone el artículo 1 del Tratado, la finalidad de ésta es «crear una unión más estrecha entre los pueblos de Europa».

A día de hoy, tras los pronunciamientos tanto políticos, del PSE y del PP, como institucionales, del Ayuntamiento de Vitoria, de la Diputación de Alava, de la Comunidad Navarra y del País Vascofrancés; sin olvidar al sector empresarial, a través de Confebask y el Círculo de Empresarios; ni a nuestros intelectuales y profesorado universitario, ha quedado meridianamente claro que la iniciativa soberanista del Gobierno vasco provoca inestabilidad política y económica, fractura la sociedad vasca, resulta una amenaza contra la convivencia y representa un riesgo cierto de enfrentamiento civil. En consecuencia, es totalmente contraria al espíritu del artículo 1 de los Tratados, anteriormente descrito, y supondría la pérdida de la nacionalidad europea para los ciudadanos vascos.

Ante esta tesitura, a nadie le sorprendió que la delegación que el Parlamento vasco envió tras la declaración del pasado mes de septiembre, con la ausencia de PP y PSE, compuesta, por tanto, por los representantes de partidos nacionalistas junto con Batasuna, no fuese recibida por el presidente del Parlamento europeo, el liberal irlandés Pat Cox. Igualmente, éste tampoco consideró, una petición de entrevista con el presidente de la Cámara vasca. Por su parte, más adelante, la extinta formación abertzale también envió una delegación, pero no logró más que un paseo por la Eurocámara.

En consecuencia, el Estado Libre Asociado que propone el presidente Ibarretxe no tiene absolutamente ninguna cabida en la Europa comunitaria, o lo que es lo mismo, quedaría fuera de la Unión Europea, a la cola de los países candidatos... Después de Turquía, claro. En efecto, es precisamente por estas latitudes donde el PNV nos quiere colocar. Quizá por fin podría haber conseguido convertir a nuestro País Vasco en una nueva Albania, en otros tiempos referente para ETA de lo que debería ser esta tierra; pero eso sí, bucólica y pastoril, logrando por fin ese sueño de una Euskal Herria pura... Y dura.

El plumero
Pilar Cernuda La Razón 17 Noviembre 2002

A la mayoría de las encuestas y sondeos se les ve el plumero, se nota que se escoran hacia la inclinación política de los clientes, sean partidos o medios de comunicación. Pero nunca se había visto tanta desfachatez como la desplegada por el Gobierno vasco. Que a estas alturas nos digan que el 55 por ciento de los empresarios creen que el plan de Ibarreche «acerca a Euskadi a la paz», no se lo cree ni el lendakari, y desde luego es más falso todavía que el 70 por ciento desea que ese plan sea un éxito. Ni de broma. El problema de Ibarreche y de Arzallus es que creen que todos los ciudadanos de la tierra son memos excepto ellos. Piensan que no tenemos memoria y que hemos olvidado las presiones que hubo para que los empresarios vascos firmaran un documento de adhesión al plan de Ibarreche, a lo que dijeron que nones. Hasta la televasca anunció que se iba a hacer público un comunicado de apoyo al plan por parte de Adegui, la asociación guipuzcoana, pero no se ha firmado nada de nada. El lendakari puede decir misa, pero la encuesta hecha de encargo no refleja lo que ocurre. El plan lo respaldan media docena de peneuvistas y punto. Para desgracia de Ibarreche.

Al corralito
Por ALFONSO USSÍA ABC 17 Noviembre 2002

QUIZÁ el ser más miserable y repugnante de cuantos van y vienen por el mundo a costa de los muertos, sea Hebe de Bonafini, la gorda que domina un sector de las «Madres de la Plaza de Mayo». Este movimiento surgió de una idea noble y respetable. Rescatar del olvido a centenares de víctimas desaparecidas durante la brutal represión de la Dictadura militar argentina. Muchas de las madres que perdieron a sus hijos se unieron para denunciar aquellas muertes provocadas por la tiranía. Al cabo de los años, las «Madres de la Plaza de Mayo» iniciaron su disgregación. Algunas, cansadas de luchar por un imposible -la recuperación de sus hijos-, y otras muchas, hartas del protagonismo y el sesgo que daba a su noble asociación Hebe de Bonafini. Esta incendiaria cotorra se mueve por el rencor. Para mí, que un rencor social previo a la propia Dictadura argentina. Es una mala persona, y con su pañuelo anudado a la cabeza ha viajado por todo el mundo sembrando odios y venganzas. Lo ha hecho amparada por la Izquierda más tonta y extrema, que ya recela de su figura. Y a todo plan, en hoteles de lujo y volando en primera clase, como buena revolucionaria de bote. En España fue agasajada y mimada en varias ocasiones, y no se le concedió un premio importante porque los bobos políticamente correctos estaban entusiasmados con Rigoberta Menchú, la santita guatemalteca.

De un tiempo a esta parte, Hebe de Bonafini se ha convertido en la gran defensora de Batasuna y la ETA. Buena noticia para la ciudadanía. Ahora ha vuelto a la palestra enviando un mensaje de solidaridad a los presos de la banda terrorista, en el que les recuerda «que las Madres de la Plaza de Mayo peleamos y nos solidarizamos con los presos políticos vascos y que nunca estaremos con los asesinos, los torturadores y los fascistas». Además de perversa y loca, esta gorda es gilipollas de nacimiento.

Resulta cansado explicar a esta resentida que en un Estado de Derecho los presos políticos no existen. Están en la cárcel por asesinar, secuestrar y torturar. Y que el uso del término «fascista» para definir a quienes defienden la libertad y la vida de todos y respetan las leyes, es ya una costumbre idiota. Se le podría responder que los fascistas son aquellos que ella ampara con su delirio, pero caeríamos en el juego del error semántico y conceptual que tantos resultados ha dado a los asesinos con la colaboración de la necedad. No son fascistas, sino estalinistas, aunque se muevan protegidos por un sistema fascista -la revolución de la burguesía-, que acude a misa todos los días y establece diferencias entre los grupos sanguíneos, los cráneos y demás requisitos de pureza de raza entre unos y otros.

Pero Hebe de Bonafini no cesa, y su actividad, molesta e hiriente para las personas decentes, puede resultar altamente beneficiosa por su esquizofrenia progresiva. Tener como aliada a Bonafini es lastre de difícil superación. Nadie, con una inteligencia y sensibilidad medianamente normales en el mundo, toma en serio a esta chupona de su propia sangre, que ha hecho del cadáver de su hijo, su pasaporte, su agencia de viajes, su negocio y su forma de vivir.

A estas alturas de nuestra tragedia, del dolor, de las lágrimas, con mil muertos asesinados de disparos en la nuca y explosiones de bombas, con la desesperanza y la amargura de las familias de los inocentes masacrados, con la opinión internacional ya, al fin, convencida de que la ETA es simplemente terrorista y Batasuna es la ETA, con decenas de tumbas de cadáveres de niños destrozados por el gélido odio del terror, no es tolerable que venga la gorda y nos abra, aún más, nuestras heridas. Cállese la cerda y no se mueva de su corralito.

Autocrítica
KEPA AULESTIA/ El Correo 17 Noviembre 2002

La consecuencia inmediata de la polarización política es que las partes en conflicto tienden a expresarse a través de un sonido monocorde, y desarrollan una forma unívoca de acción política. Lo primero que desaparece por efecto de la confrontación extrema es la autocrítica y la capacidad de autocontrol por parte de cada uno de los contendientes. Los excesos que se cometen en cada bando contribuyen a justificar la posición del adversario, pero en ningún caso son objeto de un juicio severo por parte de los correligionarios.

El lehendakari insiste en referirse a quienes le insultan para argumentar la justeza de su política, porque así evita enfrentarse a las críticas que le dirigen aquellos que no le insultan. Por el otro lado, demostrada la imposibilidad de entendimiento con el nacionalismo gobernante, toda descalificación de éste parece admisible entre sus contrarios. La ausencia del más elemental espíritu autocrítico hace que hasta el más moderado exprese tan sólo en privado el reproche que puede merecerle la actuación de tal persona o tal institución afines.

Lo hemos podido comprobar esta misma semana a cuenta de dos hechos dispares: las declaraciones del delegado de Gobierno exteriorizando su «esperanza» de que el lehendakari y el presidente del Parlamento vasco acaben siendo procesados por incumplir la ley, y el sondeo realizado desde la Presidencia del Gobierno vasco cuyos resultados han sido ofrecidos a la opinión pública en dos versiones dispares -la anómala de Egibar y la oficial-.

En medio de la trifulca, cada cual impreca al otro con el consabido «no todo vale». Pero, en realidad, el fragor de la batalla actúa como el justificante más eficaz de la desmesura. En un momento en el que los cauces institucionales previstos para la resolución de conflictos políticos se encuentran desbordados y los judiciales se antojan inciertos, el autocontrol y la autocrítica podrían atemperar tan disparatada escalada de tensión.

Pero lo que ocurre es que son precisamente estos últimos mecanismos los primeros en desaparecer una vez iniciada la refriega. Hoy sería impensable no ya que el Gobierno Aznar cesara a Enrique Villar por haber expresado una opinión personal desde tan comprometido cargo, sino ni siquiera imaginar que alguien jerárquicamente superior le haya podido dirigir alguna palabra de censura por su proceder. De igual forma que, en pleno fervor populista, resulta inimaginable que de la acción política del lehendakari Ibarretxe se desprendan preguntas a la opinión pública que vayan más allá del tópico, del lugar común, de la búsqueda fácil de una respuesta predeterminada, tratando de conocer sinceramente qué quiere la ciudadanía.

No nos vamos a engañar, la carencia de una disposición autocrítica no constituye un detalle accidental, sino que forma parte del núcleo del problema y de los mecanismos de cohesión de que se dota cada bando. No es que a los discrepantes se les niegue la palabra en el bando al que pertenecen; es que los discrepantes de cada bando están, en el fondo, de acuerdo con el actual estado de cosas.

JAVIER ELZO , SOCIÓLOGO Y MIEMBRO DEL GRUPO DE CONSULTORES POLÍTICOS DEL LEHENDAKARI
«El proyecto de Ibarretxe ha nacido muerto y no creo que salga adelante»
Duda de que ETA declare una tregua antes de un año y critica la ausencia de un consenso «Un referéndum no serviría para nada si lo que se busca es una mayoría que no sea plural»
J. J. CORCUERA/BILBAO El Correo 17 Noviembre 2002

Se autodefine como nacionalista «por convicción», moderado, no patriota y simpatizante de EA sin carné. Javier Elzo, un hombre crítico y sin pelos en la lengua, víctima de la violencia, es quizá el elemento que más chirría en el grupo estable de consultores políticos de Juan José Ibarretxe, y el único de ellos que ha criticado abiertamente el plan soberanista. El catedrático de Sociología de Deusto relata en esta entrevista cómo se desarrollan estas reuniones periódicas en la Lehendakaritza y da un repaso a la situación política y social de Euskadi. «El proyecto de Ibarretxe ha nacido muerto y no creo que salga adelante», asegura.

-¿Por qué aceptó ser consultor político del lehendakari?
-Lo de asesor o consultor me parecen palabras mayores. Simplemente, un día me llamó Ibarretxe para invitarme a participar en una reunión. Me dijo que no tenía que preparar nada, porque prefería discutir. Acepté sin la más mínima duda. Lo que ocurre es que ese encuentro tuvo una continuidad y nos vimos una vez al trimestre, más o menos. Nos hemos reunido cuatro veces, como mucho. Lo hago muy a gusto y me siento absolutamente libre para decir lo que quiera.

-Hay quienes se han sorprendido de su presencia en ese foro, quizá porque, aunque es un declarado nacionalista, siempre se ha mostrado crítico sobre ciertas cuestiones.
-No tengo explicación para eso. Me invita, me dice que le dé mi opinión y yo se la doy con toda franqueza. Me lo tomo como un servicio a Euskadi a través del lehendakari. No tengo empacho en decir que hace dos años me envió Enrique Villar un informe sobre las ikastolas para recabar mi opinión. Se la di, por supuesto.Y si mañana me pide opinión el que sea, se la daré.

-Es el único miembro del grupo de consultores que ha sufrido en carne propia el efecto de la violencia. Es de suponer que un episodio de esa naturaleza le marca a uno para siempre.
-En realidad, no se supera nunca. Es muy jodido. Me suelo decir a mí mismo que tengo menos boletos que otros para que me peguen dos tiros, aunque también parecía que los tenía Ernest Lluch y mire lo que pasó. Sé lo que es tener miedo y es un sentimiento muy difícil de manejar. Peor que el artefacto que pusieron en mi casa fue cuando apareció mi nombre en una diana en San Sebastián, en la Tamborrada de hace ocho años. Mi hijo desfilaba. Lo malo de estas cosas suele ser para la familia.

-¿Le extraña que Ibarretxe se rodee de personas venidas de la izquierda abertzale y de EA?
-Es cierto que los que estamos ahí somos todos nacionalistas, salvo cuando vienen Miguel Herrero de Miñón, Margarita Robles o Javier Sádaba. Es gente cercana al lehendakari. No sé por qué me llamó. No le conocía hasta que me invitó.

Situación crispada
-¿No resulta curioso ver a un obispo en la terna de consultores estables del presidente de un Gobierno?
-Me pone en un apuro con esta pregunta porque soy amigo personal de Setién No me voy a salir por la tangente y no tengo reparo en decirle que me pareció chocante. A Setién le gusta la política más que a un niño comer con los dedos, y no me hubiera resultado raro que Ibarretxe le hubiera consultado en una situación más normalizada. Pero en el momento tan crispado que vivimos no me parece oportuno que una figura tan problemática como la de Setién integre un grupo de estas características, cuya existencia se iba a conocer un día u otro.

-¿Ha sido Ibarretxe permeable a algunas de sus sugerencias?
-Es difícil decirlo. Es cierto que toma muchas notas y que no puede tener en cuenta todo lo que decimos, porque todos no opinamos lo mismo. También sé que tiene otros grupos. No somos el único.

-¿Cree que el lehendakari podría pasar a la historia como 'Ibarretxe el Empecinado'?
-Hombre, un poco cabezón ya es. Se presentó con un plan y piensa que, si ganó las elecciones, lo tiene que cumplir.

-¿Conseguirá sacar adelante su proyecto soberanista a fuerza de insistir?
-En un artículo dije que, en mi opinión, el plan había nacido muerto. Me gustaría equivocarme, pero no creo que vaya a salir adelante.

-¿Por qué?
-No tanto por el contenido, sino por el contexto, por la forma y por los propios condicionantes que él ha puesto. Dice que su plan se hará en ausencia de violencia y se ha dado un año de plazo. ¿ETA va a declarar mañana o en un mes una tregua? No me lo creo. Puede haber mucho voluntarismo y empecinamiento, pero también hay una enorme falta de cintura. Entre su discurso del Kursaal y la presentación de su plan han pasado muchas cosas; por ejemplo, el 11-S o la ilegalización de Batasuna. La sociedad vasca no es hoy la misma que la del 13 de mayo. Tampoco saldrá adelante por su unilateralidad. Si tú presentas un documento tan detallado, que estoy seguro de que Arzalluz no conocía la víspera, es imposible que, en el contexto en el que estamos, el PP y el PSOE digan de repente: 'Jodé, lehendakari, qué idea más genial has tenido'. Se hace de otra forma. Se habla con ellos, se buscan elementos comunes, se decide hasta dónde se puede llegar

-¿Ese proyecto nos acerca a la paz y a un mayor bienestar?
-Hoy por hoy, no. Pero creo que a esta iniciativa o a algo similar habrá que volver algún día. El plan contiene elementos muy positivos: la pluralidad, la resolución mediante el consenso, el acuerdo dentro de España o la constatación de que no se pueden modificar las reglas de juego sin el acuerdo de todos. También es verdad que hay contradicciones importantes en el texto de Ibarretxe.

-¿Un referéndum serviría para unificar o para dividir?
-Hoy no serviría para nada. No se puede hacer un referéndum en un momento de gran crispación. ¿Qué se espera? ¿Obtener una mayoría que no sea plural? Eso no sirve para solucionar el problema vasco. No valen las cifras, que no le den más vueltas. ¿Una consulta para decidir si los vascos tenemos derecho a decidir sobre nosotros mismos? ¿Para eso? Algunos dirán, seguramente, que ese es un referéndum trampa y que no quieren entrar en ese juego. Sería contraproducente hacer un referéndum sobre cualquiera de esas cosas. En este punto disiento del lehendakari.

La «caja de los truenos»
-Frente a la fuerza de las mayorías, usted defiende la de los pactos plurales. ¿Qué papel podrían jugar los socialistas?
-En las próximas elecciones generales se va a poner sobre la mesa, ya lo está haciendo Aznar, el tema nacional. Es algo terrible, porque significa abrir la caja de los truenos. Ahí, el PSOE tiene una responsabilidad histórica, que es la de definir cuál es su marco de España para el siglo XXI. ¿Tendrá coraje y capacidad para decir que hay otra forma de ser España, frente a la España rancia que defiende Aznar? Por eso creo en la necesidad de la transversalidad política. La salida podría estar en el término medio que representan, por ejemplo, Benegas, Odón Elorza o Maragall, con gente del nacionalismo moderado del tipo Azkuna o Sudupe y los que hay en el PP. En todos los partidos existen dos almas: la posibilista y la esencialista. En el PP, también.

-Dice usted que existe un déficit democrático en la sociedad vasca.
-El mayor déficit es que haya gente que no se pueda expresar con libertad. Eso es evidente. Decir que hay un déficit democrático porque el Estatuto no se ha completado también es verdad, pero no se puede poner al mismo nivel que lo anterior. Los otros pueden defender la independencia de Euskadi.

-¿Se refiere a Batasuna?
-Las ideas de Batasuna, una Euskadi independiente, socialista, abertzale y euskaldun, son perfectamente defendibles en este país. Que no vengan con historias. En mis escritos nunca he dicho que con la ilegalización se conculquen las ideas ni la libertad de expresión. Lo que se impide es la legitimación de la violencia para la obtención de una serie de objetivos políticos

-Hubo quienes pronosticaban un cataclismo.
-Parto de que la ilegalización es un error. Es verdad que cuando a Batasuna se le planta cara es débil. Yo hubiera optado por modificar las leyes y la práctica judicial para resolver de fondo los evidentes desmanes de Batasuna. También hubiera potenciado a Aralar.

Iturgaiz pide a Rojo que explique por qué todo el PSE se ha contagiado de las tesis de Elorza
Libertad Digital 17 Noviembre 2002

 El presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, ha pedido al secretario del PSE de Álava, Javier Rojo, que explique a todos los ciudadanos vascos no nacionalistas "por qué la mayor parte de los dirigentes socialistas se han contagiado de las tesis nacionalistas defendidas por Odón Elorza y por qué renuncia el socialismo vasco a ser alternativa al régimen excluyente e independentista del nacionalismo".

En declaraciones a la agencia Europa Press, Iturgaiz indicó que "miles de vascos se han dado cuenta de que la respuesta de los socialistas vascos" a la manifestación contra el "nacionalismo obligatorio" convocada por “Basta Ya” en San Sebastián "ha sido el pedir un Gobierno de concentración con el PNV, tesis defendida por Javier Rojo".

En su opinión, con la actitud defendida por Javier Rojo y otros dirigentes del PSE-EE, los socialistas vascos "demuestran que renuncian a ser alternativa al nacionalismo en el País Vasco y que no creen en la posibilidad de plantear una alternativa política al nacionalismo, ya que no tienen fuerza política para enfrentarse al PNV, si no, no se entiende que tanto Rojo como otros destacados dirigentes socialistas, no desautoricen a Elorza y cierren filas ante planteamientos ligados al nacionalismo defendidos de manera permanente" por el alcalde de San Sebastián.

Por último, el presidente de los populares vascos pidió a Javier Rojo que "para descalificar a Jaime Mayor Oreja, no haga suyos los argumentos del nacionalismo en torno la tema de la sucesión de Aznar". "En vez de estar tan obsesionado con Mayor Oreja es preferible que haga los deberes en su casa y explique a los votantes socialistas que creían que el PSE-EE podía formar alternativa en el País Vasco, por qué han renunciado a ello", recomendó a Rojo.

El portavoz de UA pide más protección tras recibir cuatro amenazas en dos semanas
ABC 17 Noviembre 2002

VITORIA.El portavoz de Unidad Alavesa, Ernesto Ladrón de Guevara, denunció ayer un «trato desigual» del Ministerio del Interior a las personas que están en el punto de mira de ETA en el País Vasco después de haber recibido cuatro amenazas de muerte en dos semanas. Así, criticó la «indiferencia» del Gobierno cuando, en otros casos, se dobla la escolta de inmediato.

Ladrón de Guevara relató que el pasado 27 de octubre halló en la puerta de su casa una bolsa de basura con cables que simulaba ser un artefacto explosivo. Cuatro días después, el 31 de octubre, volvió a repetirse la situación pero, esta vez, en el portal de la casa.

El 4 de noviembre encontró en el buzón una pintada con su nombre dentro de una diana. Este viernes volvió a repetirse la presencia de un par de bolsas de basura sospechosas en la puerta de su domicilio. Como en las ocasiones anteriores, los desactivadore tuvieron que intervenir para asegurarse de que no había peligro.

Ladrón de Guevara, que dispone de un escolta como portavoz de UA, afirmó que ahora tiene menos seguridad que cuando era secretario del Foro de Ermua, cargo al que tuvo que renunciar al entrar en la dirección de esta formación. «Antes tenía permanentemente a dos oficiales de la Polícia Nacional todo el día conmigo y disponía de un vehículo blindado con un potente inhibidor de frecuencias. Se ve que para el Gobierno es más importante ser secretario del Foro de Ermua que portavoz de un partido político», dijo.

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