AGLI

Recortes de Prensa     Martes 19 Noviembre  2002
El espejo mágico
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 19 Noviembre 2002

La preocupación de Zapatero
Germán Yanke Libertad Digital  19 Noviembre 2002

El resurgimiento alavesista
Enriqueta de Benito  La Razón 19 Noviembre 2002

Setién niega dos veces
JAIME GONZÁLEZ ABC 19 Noviembre 2002

Ternera, puente de plata
Lorenzo Contreras La Estrella 19 Noviembre 2002

El espíritu D Orsiano de los obispos
Lorenzo CONTRERAS La Razón 19 Noviembre 2002

El chuleta de Ternera
Bruno Aguilera La Razón 19 Noviembre 2002

Otra propuesta
Cartas al Director El Correo 19 Noviembre 2002

El espejo mágico
SANTIAGO GONZÁLEZ/ El Correo 19 Noviembre 2002

Al día siguiente de la entrevista que mantuvo el lehendakari con los dirigentes de Confebask para dialogarles su plan de libre asociación, el brazo sociológico de la Presidencia se puso manos a la obra y llamó por teléfono a 409 empresarios, el 80% de los cuales dirigen empresas que tienen entre uno y diez trabajadores.

Es un esfuerzo de objetividad. En rigor, les habría bastado con entrevistar a los 300 empresarios que habían prometido firmar un manifiesto contra la cúpula de Confebask y les habría dado que el cien por cien de los empresarios vascos respaldaba el 'Plan Ibarretxe' como un solo hombre.

Imagínense a cualquier empresario al recibir una llamada de Lehendakaritza para preguntarles cosas como ¿está usted satisfecho con el Gobierno vasco? ¿Y con el Gobierno español? Teniendo en cuenta la violencia, ¿cree que hay que realizar nuevas propuestas o seguir como hasta ahora? ¿le gustaría que la iniciativa del lehendakari tuviera éxito o que fracasase? Y en este plan. Seguramente los telefoneados se llamarían entre sí a continuación, para decirse aquella frase inmortal de Luis Escobar en la película de Berlanga, al pasar junto a un coche de policías antidisturbios, con el traje de faena: «Acojonan, ¿eh?».

Entre unos factores y otros, la encuesta de Juanjo Ibarretxe nos ha permitido enterarnos de que nuestros empresarios son la vanguardia del cosoberanismo: son más partidarios de la consulta que la media de los ciudadanos vascos, consideran que el Estado debería reconocer el derecho de autodeterminación a las comunidades autónomas; tienen un perfil más identitario; aspiran a «un poder judicial vasco propio», (que ya es redundar), un marco propio de relaciones laborales y gestionar en exclusiva lo nuestro. Y todo esto lo desean con más ilusión que el resto de sus conciudadanos.

¿Son nuestros empresarios más trotskistas o abertzales que el común de nuestros vecinos? «Este niño me está saliendo muy abertzale», dirán para sí las madres vascas. «Parece que va para empresario». Los capitanes de empresa que le diseña a Ibarretxe su gabinete hacen juego con el país que sueña el lehendakari, con la mayor parte de sus eventuales asesores, con aquella comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco, que tenía a 'Josu Ternera' entre sus miembros, con el propio lehendakari, el único presidente de un gobierno del mundo que se ha sumado a una huelga general.

Las encuestas de Ibarretxe son como el espejo de la madrastra de Blancanieves. A uno le parece que los empresarios de verdad se parecen más a Román Knörr, que durante este lamentable asunto se ha investido de razón, dignidad y coraje cívico a los ojos de la mayor parte de los ciudadanos, pese a lo que le digan a Ibarretxe sus encuestas.

La preocupación de Zapatero
Germán Yanke Libertad Digital  19 Noviembre 2002

El escenario del debate político entre los dos principales partidos españoles tiene un libreto principal. El PP insiste en que su adversario o no tiene o da muestras de incoherencia en el diseño de un proyecto nacional. El PSOE, a su vez, se queja de que, con esas críticas, el PP hace electoralismo con cuestiones con las que, al parecer, no debería. La acusación de electoralismo es un absurdo de los muchos que han tenido éxito en nuestra vida política y, en este caso, debe significar que los socialistas saben que su ascenso en las encuestas, el que les hace sentirse tan ufanos, va en conexión directa con el hecho, circunstancial, de que la cuestión nacional pase a un segundo plano en el debate. En cuanto el nacionalismo –y el terrorismo concomitante– aparecen en escena, los sondeos se inclinan hacia el PP.

Así las cosas, los populares, además de defender sus principios, saben cuál es el punto débil del PSOE. Y nada peor podría ocurrirle a este partido y sus dirigentes que pensar que su vía de agua es la injusta crítica del partido gubernamental y no su propia debilidad doctrinal y práctica en uno de los temas fundamentales del presente político y el futuro inmediato de las libertades.

Zapatero es capaz, sin duda, de tener varias preocupaciones a la vez. Es decir, puede estar preocupado al mismo tiempo por ganar al PP en las próximas elecciones (locales de 2003 y generales de 2004) y por la deriva de la cuestión nacionalista que no es sólo un problema de secesión tácita o expresa, sino de libertades ciudadanas, porque el soberanismo pretende quebrar el concepto de ciudadanía de la Constitución y su significado político. Por eso, en el País Vasco, no le duelen prendas de ir de la mano de los agentes del terror.

El problema de Zapatero, y del PSOE, sería, en todo caso, colocar en primer término la batalla contra el PP y supeditar a ésta el combate contra el totalitarismo nacionalista. Quiero pensar que no desea caer en tal suerte de barbarie moral, pero ya es hora de que lo demuestre con firmeza. Ha elegido estar de acuerdo con todos, si todos manifiestan sus posiciones con obediencia interna y vaguedad oratoria. Si Vázquez o Bono critican con dureza al nacionalismo, Zapatero no tiene nada que oponer. Si Maragall habla de federalismo asimétrico o Elorza de un referéndum a la canadiense, o a lo que sus pocas luces entienden como canadiense, también se suma el secretario general. Se trata de que no pongan en cuestión la estrategia del partido, de que, por el momento, todo valga.

El tiempo que pueda resistir de esa manera no es demasiado y me temo que, día a día, perjudica los intereses del PSOE. Estoy seguro, además, de que perjudica los de los ciudadanos. Zapatero, para ganar al PP, debe tomar como suyo, acentuar y concretar un discurso de defensa de la nación española y los derechos individuales que no es del PP, sino del sentido común y del respeto a las libertades. Si, por diferenciarse de sus adversarios, trata de hacerlo precisamente en esta cuestión, está perdido.

El resurgimiento alavesista
Enriqueta de Benito es parlamentaria y secretaria general de Unidad Alavesa y Ernesto Ladrón de Guevara es secretario de Política General e Institucional y portavoz de UA La Razón 19 Noviembre 2002

Hemos celebrado el Congreso de Unidad Alavesa bajo el eslogan «Estatuto alavés, Álava como Navarra». En el mes de junio intuíamos la ruptura del nacionalismo. Pronosticamos la huida a los montes del conglomerado carpetovetónico que sigue al iluminado Ibarreche, que se cree el Moisés que dirije al pueblo ungido por Sabino Arana a través del río Jordán. Es más, nos apercibíamos de que Ibarreche, crecido por el resultado del 13 de mayo ante la estupidez de ciertos constitucionalistas que vendieron dicho sufragio como una derrota del bloque estatutista y constitucional cuando fue en realidad un recorte de la distancia en votos entre ese bloque y el nacionalista, iba a dar un impulso al plan soberanista. Por eso nos pusimos a trabajar sobre un texto de Estatuto que pudiera perfectamente ser asumido como contenido jurídico formal para una Autonomía alavesa. Y lo presentamos en público ante quinientos asistentes a aquel acto, al comienzo del verano.

Pues bien, la ruptura está servida. No sólo están dispuestos los nacionalistas a ir por las bravas a un referéndum, sino a hacerlo al margen del mandato ciudadano que se expresa en el Parlamento mediante los representantes en él electos. Es decir, ya no sólo no reconocer el Estatuto como marco válido, sino tampoco a las instituciones derivadas de él, como es el Parlamento, y por eso, quizás, el lendakari no sometió a votación su propuesta. Entre otras cosas porque perdería, al estar en minoría. Por tanto, el lendakari nos vende la imagen de que está ungido por la fuerza del respaldo popular pero nos oculta la realidad sangrante de que está en clara minoría y no podrá aprobar ni los presupuestos del próximo ejercicio político. Y también sabe que el Parlamento refleja un conflicto de voluntades, pues paradójicamente la mayoría de la representación alavesa en un reparto del abanico parlamentario confederal (estructura representativa no proporcional sino igualitaria por territorios: 25-25-25 parlamentarios) entra en flagrante contradicción con la plasmación de voluntad que se proyecta por la Cámara en su conjunto.

Por eso no quieren saber nada del Parlamento y lo desprecian olímpicamente. Eso quiere decir que Ibarreche entra en un proceso de desdoblamiento paranoide de personalidad en el que, por una parte, detenta la máxima magistratura de Gobierno en Euskadi, que tiene conferida a su vez la representación del Estado en la Comunidad, y por otra es el guía de la marcha hacia el desierto jurídico, político e institucional que implica destrozar todo el entramado derivado del Estatuto de Guernica para ir hacia uno nuevo. Pero, por si este cuadro clínico ezquizofrénico-paranoide no fuera suficiente, reivindica el cumplimiento y culminación del Estatuto, lo cual es loable si no fuera porque sin poner punto y aparte luego expresa la ruptura del mismo, lo cual es «per se» kafkiano. Pero el cúmulo de contradicciones y de tomadura de pelo va más lejos aún. Simultá- neamente a la expresión de intencionalidad que hace Ibarreche de que va a convocar contra viento y marea una consulta, Arzallus nos dice que no es necesaria dicha consulta, que bastaría un adelanto electoral de tipo plebiscitario. ¿A quién debemos hacer caso? ¿Están en el doble lenguaje que les caracteriza para cubrir todos los frentes y salidas posibles al lío en el que se han metido?

Bueno, el caso es que ya estamos hartos de seguirles el juego a estos señores. Desde Unidad Alavesa hemos dicho que «hasta aquí hemos llegado» y basta ya de este juego mezquino y asqueroso en el que nos están sumiendo. No hay derecho a que los vascos tengamos que desayunarnos todos los días con las frivolidades y barbaridades de quienes desde hace veinte años rigen nuestras vidas como si de señores feudales se tratara. Si el resto de los partidos constitucionalistas les quieren bailar el agua, como lo hacían los vasallos a los señores para que no cantaran las ranas y así descansaran en sus feudos, que lo hagan. Nosotros hemos preparado una alternativa, una iniciativa con la que parar esta locura, una solución que vaya más allá de las palabras y contenga hechos. Nosotros tenemos un proyecto y una estrategia dividida en fases contra el fundamentalismo nacionalista que tanto nos oprime:

En primer lugar, vamos a promover una recogida de firmas entre los ciudadanos alaveses para instar desde la sociedad a las Juntas Generales para que afronten la situación, como única institución legítima que es, en este momento en el que el Parlamento juega a su propio suicidio. Nuestro instrumento es el Estatuto de Autonomía para Álava, que tenemos preparado y que ofrecemos al resto de los partidos constitucionalistas. Una vez que las Juntas Generales queden renovadas tras la próxima confrontación electoral, en la que los alavesistas prevemos un fuerte crecimiento, éstas deberían promover a través de las vías constitucionales una consulta a los ciudadanos alaveses para que éstos den su aval a este nuevo proceso de emancipación que es la autonomía alavesa. Segregada Álava, como en su día lo hizo Navarra, del tinglado nacionalista, se vendrá abajo cualquier posibilidad de que los nacionalistas cumplan su objetivo, pues si ya es irrisoria la posibilidad de crear un Estado con este pequeño rincón del mundo que es como una provincia andaluza en dimensiones y población, sería propio de sarcasmo cómico el que lo plantearan desde dos únicas provincias: Vizcaya y Guipúzcoa.

Por eso creemos que el resto de los españoles debieran apoyar nuestra propuesta, pues es la única solución al problema vasco-separatista, y por tanto el único remedio a la balcanización de España. ¿Puede dudar alguien de que después de separada esta parte de España luego vendrán con el mismo recado los catalanes y algunos gallegos? Así empezaron en Yugoslavia, y miren lo que sucedió. Otras alternativas son el 155 de la Constitución y poco más. Y ya se sabe lo que eso significa. De soluciones traumáticas preferimos no hablar, nosotros vamos en positivo.

Nadie puede dudar, además, de que nuestra solución es democrática. Que se deje expresar la voluntad de los alaveses y punto.

Setién niega dos veces
Por JAIME GONZÁLEZ ABC 19 Noviembre 2002

MONSEÑOR Setién, que cuando quiere es de frágil memoria, «no sabe nada» de su nombramiento como asesor de Ibarretxe, pese a que un nacionalista «por convicción» como Javier Elzo, miembro del grupo de consultores políticos del lendakari y amigo del obispo emérito, se esforzara en refrescarle el recuerdo en una entrevista en «El Correo»: «No me parece oportuno que en el momento tan crispado que vivimos una figura tan problemática como la de Setién integre un grupo de estas características». Anticipándose al olvido voluntario del prelado, Elzo añadía: «A Setién le gusta la política más que a un niño comer con los dedos».

Setién negó ayer dos veces. La primera, al ser preguntado sobre su condición de asesor de Ibarretxe: «No tengo ninguna versión; de eso no sé nada». La segunda, cuando se le pidió su opinión sobre el documento del Episcopado sobre el terrorismo. «No sé si hay documento». Miente a pares, porque es asesor de Ibarretxe y conoce la existencia del texto, aunque no fuera consultado.

La clarividencia de Setién para llevar al lendakari por soberanos caminos sin salida tiene poco que ver con las lagunas mentales que le asaltan al llegar a Madrid. Entonces, se parapeta tras un muro de amnesia y somete a la memoria a un choque de calculada ambigüedad que le permite quedarse en blanco para no recordar que es asesor del lendakari e ignorar la existencia del documento sobre terrorismo que prepara la Conferencia Episcopal.

Inútil esfuerzo, porque Setién, que «no sabe nada», sabe demasiado.

Ternera, puente de plata
Lorenzo Contreras La Estrella 19 Noviembre 2002

La enorme velocidad de la vida política hace que se haya olvidado, o casi olvidado, el asunto de la fuga protagonizada por Josu Ternera, sometido a persecución judicial por su presunta responsabilidad en el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, con diversidad de víctimas, entre ellas varios niños. El personaje, socio probado de la dirección de ETA, se había convertido, como bien se sabe, nada menos que en miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco. Una maravilla del absurdo.

Hasta que el poder judicial no puso en marcha su maquinaria persecutoria, Ternera pudo establecer el reto o desafío de su presencia en las instituciones de Vitoria. La imagen que proporcionaba desde su escaño en la Cámara vasca resultaba un insulto a la sensibilidad común. Era muy difícil aceptar que un dirigente del terrorismo demostrado pudiera lucir junto a otro personaje tan dudoso como Arnaldo Otegi el insulto de su sonrisa impune, con la chapela habitual en plan retador, como diciéndole a la gente "aquí estoy", "esta es mi casa" y "a ver quién se atreve a modificar mi situación personal".

Evidentemente, eso se acabó desde el momento en que la persecución judicial fue establecida. Pero antes de que tal ocurriera, el Poder Judicial dejó que transcurriera el tiempo suficiente para que Josu Ternera interpusiera la distancia precisa que necesitaba para su propia seguridad.

Ahora bien, la sospecha surge. No se puede comprender con facilidad que las autoridades, empezando por la judicial, dejaran pasar tanto tiempo antes de poner en marcha las iniciativas y diligencias previas para el aseguramiento de la detención que iba a producirse. Demasiadas horas. El juez tenía que haber acelerado la orden de búsqueda y captura. Por otra parte, la Interpol no podía permanecer pasiva en espera de que la diligencia se concretase. Y, sin embargo, así fue. Quien no piense que a Ternera se le proporcionaba un margen para la evasión a su comodidad y conveniencia es porque probablemente prefiere pensar bien de las autoridades y no meterse en conjeturas problemáticas. Es lo que ha ocurrido con el mundo mediático adicto o poco propenso a la crítica enojosa. Sin embargo, el principio del piensa mal y acertarás es una tentación fija en este tipo de asuntos.

En otras palabras, a Ternera se le ha podido tender o facilitar un puente de plata parecido al que merece el enemigo que huye. Organizarle al dirigente etarra nada menos que un proceso susceptible de convertirse en una propaganda victimista era difícil que le interesara al Gobierno en las actuales circunstancias. Le convenía más —y así parece haber sido— dejar demostrado que sus investigaciones sobre Ternera estaban bien fundadas, como lo prueba la propia fuga del personaje. Las autoridades gubernativas lo tuvieron bien a mano, perfectamente a su alcance, y no parece sino que lo dejaron escapar. La teoría de que más vale pájaro en mano que ciento volando no es siempre una conclusión certera.

El espíritu D Orsiano de los obispos
Lorenzo CONTRERAS La Razón 19 Noviembre 2002

Las cosas se han rodeado de tal manera que, por fin, la iglesia española va a tener que «pronunciarse» sobre el fenómeno o la realidad del terrorismo etarra. Han sido tantos los apoyos y las actitudes pro-nacionalistas de los obispos vascos, tan evasivas sus opiniones sobre las «actividades» abertzales (léase proetarras), tan evidente su tendencia a no «mojarse» en delicadas y sustanciales cuestiones, que se ha ido configurando una división no confesada en el seno de la Conferencia Episcopal. Ahora se plantea el debate de un documento sobre terrorismo y nacionalismo. Sería una sorpresa que el producto resultante fuese sencillamente claro. Lo probable es que sea simplemente brumoso, en aras de una armonía episcopal interna supuestamente fraternal. Los prelados van a buscar un consenso que oculte las diferencias, no que resuelva las contradicciones. La iglesia católica no es democrática ni pretende serlo. Nunca lo fue, aunque en el Concilio Vaticano II primara el espíritu progresista de Juan XXIII. Ante el complejo asunto del nacionalismo vasco, los miembros de la Conferencia Episcopal pondrán a prueba lo que entienden documentalmente por consenso. La sospecha de que representará, aparte de una condena abstracta de la violencia, un ejercicio de estilo y una nueva obra maestra de la ambigüedad calculada, preside las expectativas.
Otra cosa es que los obispos no empleen internamente la claridad en sus debates. El pre-texto final, texto previo al acuerdo redaccional definitivo, tendrá casi fatalmente que llevarles a un alumbramiento de tipo d orsiano, una cabriola oscurecedora donde las palabras y los conceptos estén en función de las «convenientes» limitaciones expresivas. Se les podrá entender casi todo, pero siempre que parezca casi lo contrario en el plano literal. Su problema es que a estas alturas los silencios hablan, las omisiones resultan elocuentes y la realidad defiende también una mejora de su Estatuto. La realidad, es decir, la verdad, la insoslayable verdad.

Si las cosas no cambian de un día para otro, los obispos van a contar con un favorable azar: ETA lleva un tiempo callada. Se encuentra en una de sus clásicas pausas por los motivos que fueren. Sería, de persistir, una circunstancia tan grata como engañosa. Para los obispos vascos, incluido lógicamente el de Bilbao (el castellano Blázquez, hace tiempo afectado por el síndrome de Estocolmo), constituiría una excelente oportunidad de argüir parcialmente que el poder central, con sus extensiones judiciales, no da cuartel al Gobierno de Vitoria ni al Parlamento autonómico. Sería el resultado del atrevimiento del delegado gubernamental en el País Vasco, Enrique Villar, cuando pide el encausamiento de Ibarreche y Atucha por desobediencia a Garzón.

El chuleta de Ternera
Bruno Aguilera La Razón 19 Noviembre 2002

Mañana hará 27 años que se murió Franco y parece que a pesar de los titánicos esfuerzos de algunos, España casi no se acuerda ya de los 40 años. Por eso Albert Boadella, el mismo que cuando le preguntaron por sus opiniones políticas contestó que prefería a Adolfo Suárez porque traía el caos y el caos daba libertad, va y se permite el lujo de hacer una película sobre los dos últimos años de la vida del general. Un film que el cabecilla de «Els joglars» ha rodado sin ánimo de revancha, ya que en él ha pretendido alternar los momentos en los que el anciano dictador volvía a sacar los dientes con aquellos otros instantes en los que ejercía de «viejecito encantador», meses antes de que cerrase la singular historia de su vida en la cama de un hospital.

A mí lo que realmente me llama la atención es que por fin pueda hacerse una película desmitificadora sobre Franco, en la que se humaniza al personaje por la vía de alejarlo equidistantemente del género hagiográfico y de la crítica despiadada e inapelable. Posiblemente porque debe ser verdad que el tiempo deja a cada cual en su sitio, de acuerdo con la clásica definición de justicia que nos daba Ulpiano en el Digesto: «dar a cada uno lo suyo». Esperemos sin embargo que no haya que esperar otros 27 años para que el Boadella de turno pueda hacer otra película trágico-cómica sobre el sainete judicial que se ha organizado a propósito de la cuestión vasca. Primero porque el divo Garzón ¬que no divino, desde luego¬ por aquello de no perder comba en los arenales del vedetismo está siempre por la labor de apuntarse a un bombardeo. De ahí que no haya dudado en lanzarse a la piscina del auto antibatasuna con precipitación excesiva, desvirtuando en gran medida toda la parafernalia jurídica que tan trabajosa y pacientemente había puesto a punto el ministro Acebes. Pero Baltasar no podía esperar a que el fruto del lento árbol del Estado de derecho madurase y de ahí la desobediencia de Atucha, que nuestro juez superstar quiere ahora agravar por la vía de reclamar un conflicto institucional que lleva cada vez más agua al molino soberanista de Ibarreche. La prisa y el afán de protagonismo no suelen ser buenos consejeros y pueden acabar dando al traste con ese empeño tan loable de ganarle la partida al tiro en la nuca y a la bomba lapa por los intrincados vericuetos de la legalidad legítima.

Pero Garzón no actúa solo pues le replica brillantemente Doña Ruth Alonso, una juez cuya especialidad es poner de patitas en la calle a todo etarra que pasa por sus manos, amparada eso sí por el corporativismo del Consejo General que le ha llevado a ponerse farruca y a anunciar que piensa querellarse contra todo periodista que se atreva a manifestar que lo de poner a los asesinos en la calle es algo que a la mayor parte de la ciudadanía no le parece bien. Y es que suprimida ¬y bien suprimida¬ la pena de muerte, como resulta que quien a hierro mata suele morirse en su cama, una parte creciente del personal de a pie piensa que ya que no se puede imponer a los pistoleros la ley del talión un mal menor es que los torturadores se queden en la cárcel de por vida. Una forma de evitar la tocata de parte pudendas y fuga en clave de chulería de un Ternera que se ha pasado la vida diciendo que es etarra. Lo cual, según parece, no es motivo suficiente para que lo entrulle ese magistrado del Tribunal Supremo que ha tardado una eternidad en ordenar la caza y captura del diputado batasuno, quien no ha dudado en aprovechar los remilgos judiciales para echarse al monte, tras pasarse la citación suprema por la entrepierna. No sé si al final esto acabará en golpe de efecto y el diputado Ternera reaparecerá cuando menos lo esperemos, en aquel lugar y hora que los chicos de Zutabe estimen rentables mediáticamente para mantener a raya a la Hidra española. Lo que si sé es que si Franco levantase la cabeza se daría cuenta que 27 años siguen sin ser nada y que los celtíberos van como siempre a su bola. Por lo del atavismo libertario. A ver si todo eso nos lo cuenta pronto Boadella en una película titulada «pa chulo yo», de la que, por cierto, me encantaría conocer el final.

Otra propuesta
Rodolfo Laiz Tagarro/Bilbao Cartas al Director El Correo 19 Noviembre 2002

Acabo de escuchar a nuestro lehendakari decir en el Frontón Atano III de San Sebastián que quiere oír otra propuesta y no insultos a la suya. Muchos vascos y vascas, ciudadano lehendakari, tenemos, desde hace mucho tiempo, otra propuesta para Euskadi que usted no quiere oír. Claro que sí: más Constitución, más presencia del Estado en nuestra comunidad, que es de todos, también del resto de los españoles. Más desarrollo estatutario por supuesto, y menos apoyo a los nacionalismos etnicistas y excluyentes. Más reconocimiento a las víctimas y, de una vez, acabar con ETA, lehendakari. Acabar lehendakari, no rogarles por favor que dejen de matar y nos proporcionen un escenario de referéndum posible para un sueño imposible. Como ya debería saber, lehendakari, con los asesinos no se dialoga de nada, ni se les pide que nos dejen escenarios posibles para nuestro beneficio. A los terroristas se les combate desde la razón, la democracia y las leyes, y no se les ruega nada. Si usted, que ha estado en el Atano III, no ha sido capaz de oír a Ana Urchueguía clamar allí mismo por la libertad, si no ha sido usted capaz de escuchar los lamentos y gritos de justicia de las víctimas de ETA en el acto de Basta Ya, si no ha oído hasta hoy más que insultos y no razones en contra de su propuesta, yo espero que los vascos y las vascas tomemos buena nota de ello y hagamos lo mejor para Euskadi: desalojarle a usted y a su Gobierno, mandarles a la oposición, y colocar en su lugar a otros que entiendan que la mezquindad no puede estar nunca por encima de la vida y la libertad de los ciudadanos, que no se puede pactar ni dialogar con cualquiera.

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