AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 1 Diciembre  2002
EL TEÓLOGO
Alfonso USSÍA ABC 1 Diciembre 2002

Quién recogerá las nueces
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 1 Diciembre 2002

Ecos liberticidas
Editorial El Correo 1 Diciembre 2002

EA anticipa su juego electoral
Editorial La Razón 1 Diciembre 2002

Con la Iglesia se han topado
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 1 Diciembre 2002

Ortografía nacionalista

Cartas al Director La Razón 1 Diciembre 2002
 

 

EL TEÓLOGO
Por Alfonso USSÍA ABC 1 Diciembre 2002

UN provocador cualquiera, pero con ingenio, dijo aquello de que un teólogo es un señor que entra en un cuarto oscuro en busca de un gato que no está ahí y al poco tiempo aparece con el gato. En el caso del director del Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao, Joaquín Perea, el milagro es imposible porque el gato va consigo a todas partes, y lo lleva en la barriga, para más señas. Este teólogo vizcaitarra ha dejado claro que no le ha gustado ni un gramo de mostaza la pastoral de la Conferencia Episcopal Española sobre terrorismo y nacionalismo. Ha dicho Perea que sus juicios son precipitados y parciales. Parciales sí, y por primera vez cristianamente parciales. Aunque cinco obispos hayan votado en contra y ocho más preferido la abstención, más de sesenta prelados han considerado oportuno ponerse del lado de las víctimas y no del flanco de los verdugos, los asesinos y los terroristas. Y lo de la precipitación no se ajusta a la idea que uno tiene sobre ella. El texto del Episcopado, entre consultas, matices y correcciones ha tardado más de un año en ser redactado. Mucho más tiempo del que ha necesitado Perea para salir al paso del clamor ecuménico con su precipitada crítica. Para mí, que Perea es como el «cashero» de la bicicleta. «Imanol que, al pasar por la puerta de tu casherío, he visto a tu mujer dándose magreo grande con otro». E Imanol, indignado, deja el vaso de chacolí, se monta en la bicicleta y no recorridos ni diez metros cae de ella y se pega un trompazo morrocotudo. «Esto me pasa por precipitado. Porque ni me llamo Imanol, ni estoy casado, ni sé montar en «bishicleta»».

Pero lo más profundo y fundamental que ha manifestado Perea en su crítica, y que ha hecho temblar las columnas de Bernini en San Pedro de Roma, ha sido que «Jesús dialogaría con la ETA». No hace falta ser Jesús para dialogar con la ETA. En España lo han intentado muchos y lo han llevado a cabo sin resultado positivo alguno. Para la ETA «dialogar» significa que se acepten todas y cada una de sus condiciones. Jesús, de haber dialogado con la ETA, les habría dicho, ante todo, que no se puede asesinar, que no hay idea que merezca la muerte de una persona inocente, y que el terrorismo no es la solución de nada sino la destrucción de todo. Así, más o menos, según tengo entendido, habría hablado Jesús, incorporándome al ámbito de los juicios de valor en el que tan desahogadamente se mueve el teólogo Perea. Y aquí viene lo que más me preocupa.

El símbolo de la Iglesia es la Cruz, síntesis del sufrimiento y el sacrificio de Jesús en beneficio de la humanidad. Con la Cruz por delante se han cometido a lo largo y ancho de los siglos muchas barbaridades, pero ahí está, resiste, y lo hace porque con la Cruz por delante, y a pesar de las injusticias y los errores, los hombres se han mirado en ella para hacer el bien, esperar, creer, entregarse y querer. La Cruz ha conseguido que el hombre quiera al hombre, con lo complicado que resulta. Es más, la Cruz nos recomienda que queramos a quienes nos odian, y perdonemos a aquellos que nos hieren, y ayudemos a los que sufren, y socorramos a quienes nada tienen. Incluso para los agnósticos, la Cruz de Cristo es un símbolo de paz, de amor y de concordia. Bueno, pues Perea nos quiere quitar la Cruz de un plumazo.

Porque de haber dialogado Jesús con la ETA, la Cruz no existiría. No le habrían dado tiempo. De haber mantenido uno o varios contactos Jesús con los etarras, ni prendimiento en el Huerto de los Olivos, ni proceso, ni pasión, ni muerte en la Cruz. De haber intentado convencer Jesucristo a los etarras, como asegura el teólogo Perea, apenas finalizada la primera conversación, lo habrían asesinado por la espalda. Que es lo que hace la ETA con los que le exigen que deje de matar. Por eso vive tan cómodo Perea en Bilbao y los obispos vascos han votado en contra de la Pastoral. Los etarras no le habrían dado tiempo a Jesús para morir en la Cruz. Lo habrían asesinado mucho antes.

Quién recogerá las nueces
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 1 Diciembre 2002

Desde que supuestos interlocutores de ETA atribuyeran a Xabier Arzalluz aquello de que «unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces», la frase ha sido utilizada para reforzar la vieja acusación de que el nacionalismo democrático actúa como cómplice objetivo de la organización terrorista. No en el sentido grosero de que aquél tenga interés en que ésta perdure -aunque también esto se ha dicho-, sino en el más sutil de que pretende sacar provecho político de su disolución. La argumentación es muy simple. En el transfondo del ventajismo nacionalista se encuentra la convición interesada de la invencibilidad de ETA y de su ilimitada capacidad de regeneración. Tal convicción induce la otra de que, para terminar con ETA, se requiere inevitablemente de algún proceso de 'final dialogado' o de negociación. Y la combinación de ambas convicciones nutriría la esperanza nacionalista en un aprovechamiento político del final del terrorismo, toda vez que cualquier diálogo resolutorio habría de implicar negociaciones al alza en torno al autogobierno vasco y, en definitiva, más amplias cuotas de poder para el nacionalismo. Las nueces que se desprenderían del árbol sacudido del Estado caerían siempre, a través de la negociación, del lado nacionalista. Lizarra habría sido la demostración más extrema de esta eventualidad.

El Partido Popular, primero, y el Gobierno del mismo signo, después, entendieron muy pronto que había que invertir la situación. En vez de resignarse a que el árbol del Estado siguiera viéndose sacudido por los imparables atentados de ETA y la consiguiente amenaza de una negociación siempre favorable al nacionalismo, adoptaron la estrategia contraria de que fuera el mismo Estado el que sacudiera, hasta derribarlo, el árbol de ETA, con la esperanza adicional de que, arrancado éste de raíz, quedaría también arruinado el humus nacionalista que supuestamente lo nutre. Para ello, había que desarraigar primero de la conciencia política y social la vieja convicción de la invencibilidad de ETA e implantar, a cambio, la opuesta de la posibilidad y conveniencia de la derrota del terrorismo mediante los instrumentos de que dispone el Estado de Derecho. Conseguido esto, y asimilados, de manera más o menos explícita, terrorismo y nacionalismo, las nueces que se desprenderían del árbol caído del terrorismo no irían ya a parar al terreno del nacionalismo, sino al del Estado democrático y, por añadidura, también al de quienes en su momento lo gestionaran.

La situación en que ahora nos encontramos -enfrentamiento total entre las instituciones estatales y autonómicas vascas- es, en gran medida, el resultado de esta bifurcación de caminos en lo que se refiere al modo más adecuado -y provechoso- de acabar con el terrorismo. No todo lo que ocurre en este enfrentamiento es, ciertamente, explicable por puro utilitarismo, pero sin éste nada de lo que ocurre podría explicarse tampoco de manera cabal y completa. El cálculo electoral y de poder está presente en las dos estrategias confrontadas, hasta sobreponerse, en determinadas ocasiones, a cualquier otro de miras más elevadas. Así, pues, admitido el factor utilitario como ingrediente de las dos políticas enfrentadas, se trataría ahora de someterlo a discusión con el fin de verificar si su funcionamiento es o no el que esperan sus promotores, al menos en lo que se refiere al ámbito estrictamente vasco.

Analicemos los datos empíricos de las dos últimas elecciones autonómicas. En el otoño del 98, con una esperanzadora tregua de ETA recién estrenada y un nacionalismo democrático hinchado por haberla conseguido a través del Pacto de Lizarra, los escaños de PNV y EA, lejos de incrementarse, se vieron reducidos en tres respecto de los que habían sumado en la anterior legislatura. Por el contrario, las elecciones del 13 de mayo del 2001, frustrada la tregua, acosado como nunca el Gobierno nacionalista y con una entente PP-PSOE prometedora de una alternativa que derrotaría definitivamente el terror mediante la rigurosa aplicación de todos los instrumentos del Estado de Derecho, el nacionalismo democrático recogió la mejor cosecha de votos y escaños que jamás había soñado en su historia.

El final del terrorismo y la instalación de la paz, al menos en el estadio embrionario de promesa, no parecen, pues, dar en Euskadi los frutos electorales que los partidos de ellos esperan. La razón estriba, con toda probablilidad, en que la ciudadanía vasca ve el terror como un factor autónomo respecto de la política democrática convencional y no está dispuesta a atribuir su final, al menos en exclusiva, a ninguna de las dos estrategias partidarias confrontadas. No acaba de creer ni en la derrota de ETA ni en la negociación con ella, y sus adhesiones electorales se hallan consolidadas al margen de la capacidad de sus partidos de preferencia para traer la paz. La paz no le es, ciertamente, indiferente, pero la espera como resultado de un cúmulo de circunstancias que tienen más que ver con lo que ocurra en el interior de ETA y de la izquierda abertzale -un proceso de desistimiento o de implosión- que con lo que respecto de ellas hagan las diversas estrategias partidarias.

De hecho, y respecto a la indudable crisis que están atravesando tanto ETA como Batasuna, las dos estrategias confrontadas del constitucionalismo y del nacionalismo están resultando, como muy bien señalaba hace unos días Kepa Aulestia en estas mismas páginas (EL CORREO, 21-11-02), convergentes y complementarias. Batasuna es quien mejor lo ha visto y denunciado, para escándalo, sobre todo, del nacionalismo democrático. Es más que probable que también la ciudadanía lo esté analizando del mismo modo. Y así, cuando el fin del terrorismo se produzca -que se producirá, en mi opinión, más pronto que tarde, aunque de la manera que casi nadie se imagina-, el bloque electoral que lo atribuya a la política intransigente del constitucionalismo se verá contrarrestado por el que adjudique su mérito al mayor pragmatismo del nacionalismo democrático y, más en concreto, al propio Plan Ibarretxe. Las nueces se repartirán, en consecuencia, entre los dos predios previamente delimitados. Nadie va a monopolizar ni la paz ni sus frutos. Lo que ocurra tras el final del terrorismo será el resultado de una serie de corrimientos de las opciones electorales actuales, que se producirá en función de variables que hoy resultan difícilmente predecibles, pero que muy poco tendrán que ver con la consecución de la paz.

La actual política de total confrontación que vive el País Vasco ha sido denunciada desde todos los ángulos posibles. Contra ella se han esgrimido argumentos de orden ético y democrático. Sin embargo, los intereses electorales y de poder han campado, al final, por sus respetos. Se ha considerado que el terrorismo y su final esconden en su seno toneladas de votos. El resultado ha sido, entre otros, el menosprecio del sufrimiento ajeno y la manipulación de las víctimas hasta extremos, a veces, indecentes. Pues bien, si las razones democráticas no mueven y las éticas no conmueven, quizá haya llegado la hora de cuestionarse si el utilitarismo que se camufla en las actuales estrategias antiterroristas y de pacificación está lo suficientemente fundado en la realidad como para pasar, en su nombre, por encima del dolor de muchos y del sentido de la dignidad de todos.

Ecos liberticidas
Editorial El Correo 1 Diciembre 2002

Miles de ciudadanos secundaron ayer en Donostia la convocatoria de una manifestación tras el lema 'Democracia para Euskal Herria. Autodeterminación ahora'. El hecho de que las actividades de Batasuna se encuentren suspendidas por resolución judicial no puede conllevar restricción alguna para que quienes discrepan de tal medida puedan mostrar su parecer manifestándose libremente. En ese sentido, el reciente pronunciamiento del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco bien podría servir para deslindar en lo sucesivo los supuestos a los que alcanza la suspensión cautelar de la actividad orgánica de Batasuna de aquellas iniciativas públicas que en todo caso habrán de ser contempladas en relación al riesgo que entrañen de «alteración del orden público, con peligro para personas o bienes», tal como establece la Constitución en su artículo 21. De cualquier modo, resulta evidente que tanto los convocantes de la manifestación de ayer como, en especial, los dirigentes de Batasuna continúan haciendo caso omiso a las razones de fondo que explican su situación actual: el abierto reproche de una sociedad que -por encima de la diatriba que suscita su posible ilegalización- considera inadmisible que un grupo organizado pueda dar cobertura legal al terrorismo y a la persecución ideológica.

Es un sarcasmo abominable que quienes convocaron la movilización se refirieran a «las prácticas antidemocráticas de los tiempos de la dictadura y de la ocupación nazi» cuando los restos que quedan de la dictadura y del fascismo en Euskadi no son otros que la persistencia del terror de ETA y las complicidades que ha entretejido a su alrededor. Ayer se demostró que la izquierda abertzale continúa aprovechándose del sistema de libertades y de cuantos resquicios le ofrece la legalidad para, lejos de retractarse de su conducta anterior, imputar al Estado de Derecho toda la responsabilidad respecto a la «sombría perspectiva del enquistamiento del conflicto y de la espiral de violencia». El escrito hecho público en torno a la manifestación fue elocuente. La negativa de los convocantes a aceptar «nuevos pactos políticos que no superan el grave problema estructural de nuestro pueblo» demuestra hasta qué punto los radicales están empeñados en convertir cada bocanada de aire que reciban de la libertad en aliento para ir contra la democracia de todos en nombre de su particular 'democracia'. Es probable que la multitudinaria concentración de ayer, previa resolución del Tribunal Superior de Justicia, y las consideraciones de la Fiscalía General avalando la legalidad del proceder de la Mesa del Parlamento vasco en su negativa a disolver el grupo parlamentario Sozialista Abertzaleak ofrezcan a la izquierda abertzale un marco más abierto que el que parecía dibujarse tras los autos de Garzón. Pero ello podrá confortar de verdad la conciencia democrática de la ciudadanía sólo cuando ésta perciba en la conducta pública de la izquierda abertzale una voluntad sincera de renunciar al terror y a la implacable persecución de sus adversarios políticos.

EA anticipa su juego electoral
Editorial La Razón 1 Diciembre 2002

Pronto han comenzado los nacionalistas vascos de Eusko Alkartasuna (EA) su estrategia para afrontar las próximas citas electorales. Como era de esperar, y por abrumadora mayoría, sus militantes han decidido continuar bajo el paraguas del PNV, sin el que jamás hubieran llegado a gobernar. Pero no continuarán en la misma forma: se apuesta por pactar en cada localidad, en lugar de acudir juntos en las mismas listas con los de Arzallus, sus socios de Gobierno.

Se trata de una estrategia lógica, pues se juegan en el próximo mes de mayo muchas actas de concejales y muchos sueldos. Igualmente comprensibles son la radicalización del partido, la escenificación de supuestos «desacuerdos» con el PNV y el acercamiento a Aralar, los escindidos de Batasuna. EA, que ventea ya los aires electorales, trata de sacar provecho del río revuelto proetarra y, por si acaso la Justicia y el Gobierno logran que el brazo político de ETA no pueda finalmente presentarse bajo otra máscara electoral, pescar entre su electorado el mayor número posible de votos.

La caza y captura del voto batasuno, que explica ya muchas de las sorprendentes propuestas o manifestaciones del Gobierno de Ibarreche, se presenta como uno de los ingredientes de la campaña electoral, después de la cual todo volverá a ser como antes, cuando vuelvan a juntar en la casa común del soberanismo los votos de nacionalistas moderados junto a los de radicales independentistas.

Con la Iglesia se han topado
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 1 Diciembre 2002

LA IGLESIA es una institución que reacciona con la lentitud de un elefante. Pero una vez que ha reaccionado, es de temer. Pío XI, por ejemplo, que fue Papa en los años horribles que median entre 1922 y 1939, tardó en aceptar lo inevitable: que los fascismos eran enemigos de todo tipo de humanismo y también, claro, del católico. Por eso, después de haber intentado coexistir con Adolf Hitler y Benito Mussolini, no tuvo otro remedio que denunciar en sendas encíclicas al fascismo ( Non abbiamo bisogno, de 1931) y al nacismo ( Mit brennender Sorge , de 1937).

Pío XI ha sido recordado en estos días, a cuenta de la última Instrucción de los obispos sobre ETA. Y lo ha sido, con razón: primero, porque el nuevo documento apela a su encíclica antinazi de 1937; y segundo, porque, como Pío XI en su momento, también la Conferencia Episcopal ha tardado en decir con voz bien alta lo que debería haber proclamado ya hace mucho: que el terrorismo no es sólo «una estructura de pecado intrínsecamente perversa», sino además que ese pecado injustificable hunde sus raíces en una concepción política sin la cual no es explicable: la del nacionalismo totalitario y excluyente.

Desde esta perspectiva el nuevo documento eclesial supone un salto cualitativo en relación con la posición tradicional de la jerarquía eclesiástica sobre el horror que ETA viene provocando en España desde hace más de treinta años. Un salto cualitativo pues la Iglesia no se limita a hacer lo que hasta ahora (condenar a ETA con dureza) sino que se adelanta a dar un paso más, que es, en realidad, un paso de gigante. La Iglesia reconoce abiertamente que tiene directa conexión lo que todos sabemos ya sin duda alguna que tiene directa conexión: el terrorismo con el nacionalismo totalitario, la voluntad de imponer la independencia por la fuerza y algo que los obispos denominan erróneamente la ideología marxista revolucionaria y que hubiera sido más correcto llamar el leninismo.

Pues eso es ETA y todo el mundo que ETA controla a punta de pistola: una mezcla de leninismo y nacionalismo independentista totalitario. Acusar a la Iglesia de estar con el aznarismo, el patriotismo constitucional o el nacionalismo español por decir que es inmoral poner en peligro la convivencia de los españoles, que hoy garantiza la Constitución como marco ineludible, y que «pretender unilateralmente alterar ese ordenamiento en función de una determinada voluntad de poder es inadmisible», resulta de un cinismo rayano en lo increíble. Pues si de algo se puede acusar a los obispos es de haber tardado tanto tiempo en asumir lo que en España ya sabe todo el mundo.

Ortografía nacionalista
Fernando Sánchez - Bilbao.- Cartas al Director La Razón 1 Diciembre 2002

Se queja un lector de Bilbao de que La Razón «castellaniza» el apellido del presidente regional de la Comunidad Autónoma del País Vasco, de tal manera que el sonido «che», lo escribe con «c» y «h», y no con «t» y «x». Deduzco que el lector quejoso es nacionalista, porque sólo los nacionalistas tienen el atrevimiento y la «okurrentzia» permanentes de hablar en nombre de todos los vascos.

A mí me parece perfecto que cuando hablemos y escribamos en castellano o español utilice- mos las reglas gramaticales que le son propias, y que cuando usemos el vascuence actuemos con el mismo criterio, aunque siempre con los límites que impone la razón, el sentido común y el buen gusto, porque el lector bilbaíno que se quejaba sabe perfectamente que el nacionalismo instalado, que dicta férreamente lo política y socialmente correcto, está im- poniendo a sangre y fuego una ortografía e incluso una caligrafía nacionalistas (que no vascas), de uso obligatorio para todo aquel que quiera estar en el machito, o acercarse al poder, o permanecer en la poltrona o, simplemente, no ser discriminado; y así observamos que empiezan a aparecer apellidos como «gartzia» o nombres como «anjeles» (por cierto, como el de la consejera de Educación del gobierno de Vitoria), o que quien siempre ha sido Jorge Martínez Pérez, empiece a exigir que se le llame Gorka «como toda la vida», o que la vicepresidenta regional, inicialmente Cenarruzabeitia, primero sustituyó la «c» por la «z», y últimamente la ya segunda «z» por la «tz».

Todo esto nos recuerda aquel canallesco anuncio publicitario de la transición en el que cierta entidad, creo que bancaria, decía, poniéndolo en boca de un inmigrante, algo así como: «Yo antes era de Badajoz, me llamaba Francisco Tejado, pero me he venido a Rentería y ahora soy Patxi Tellitu y ya soy vasco»; supongo yo que, para reforzar, se apuntaría también a un partido abertzale y empezaría a frecuentar los batzokis y las herriko tabernas. Pero es que quien se queja de que se castellanicen los apellidos o los sonidos eusquéricos debería primero «quitarse la viga del propio»; el otro día veía yo en la televisión del gobierno nacionalista de Vitoria, en la ETB, imágenes del partido «Madril-Bartzelona»; sí, así como lo leen.

Así que, querido convecino de Bilbao, los vascos pensamos cada uno (aunque casi nadie se atreva a opinar en público) como queremos y lo que queremos, y a mí me parece perfecto que cuando hablemos en castellano o es- pañol nos refiramos al presidente Ibarreche y no al lehendakari Atznar, por poner un ejemplo.

El etarra detenido en Francia es Cortázar, del «aparato de captación»
Redacción - Madrid.- La Razón 1 Diciembre 2002

El presunto miembro de la banda terrorista ETA que el viernes resultó herido al sufrir un accidente por eludir un control policial cerca de Burdeos es Joseba Imanol Cortázar Pipaon, a quien se le encuadra en el aparato de captación de la organización terrorista, informaron a Europa Press en fuentes de la lucha antiterrorista.
Cortázar Pipaon, de unos 30 años de edad, resultó herido cuando conducía un vehículo que había sido robado y portaba documentación y placas de matrícula falsas. El accidente tuvo lugar al tratar de eludir un control de carretera que había establecido la Gendarmería francesa cerca de la localidad de Sauveterre-de-Guyenne, a unos 50 kilómetros de Burdeos. Tras su detención fue trasladado a un hospital, donde se encuentra bajo custodia policial.

El presunto etarra había pertenecido al aparato de captación de la banda en Vitoria, según Efe, y posteriormente hizo las mismas labores una vez que huyó a Francia.
La Policía científica pudo identificar a Joseba Imanol Cortázar gracias al cotejo de sus huellas dactilares, remitidas ayer desde Francia.

ETA pierde los papeles
Francia juzga a los responsables de la imprenta clandestina de Bayona desmantelada en setiembre de 2000, que estuvo diez años en funcionamiento
FERNANDO ITURRIBARRÍA/CORRESPONSAL. PARÍS El Correo 1 Diciembre 2002

ETA mantuvo en funcionamiento durante diez años su imprenta central de falsificación de documentos en un piso del centro de Bayona (País Vascofrancés). La policía encontró en el local, desmantelado en setiembre de 2000, 10.000 carnés, pasaportes, permisos y otros papeles oficiales o privados de medio mundo, incluida Australia. José Luis Turrillas Arantzeta, 'Peputo', y Agurtzane Delgado Iriondo, 'Aitor', presuntos responsables del taller clandestino, son juzgados a partir de mañana en París junto a los demás supuestos mandos del aparato logístico detenidos hace dos años en el suroeste de Francia.

El volumen documental, confiscado en los locales del número 25 de la avenida del Sargento Marcel Capmas de Bayona, es impresionante. Sólo el indice de los 415 precintos judiciales efectuados ocupa siete folios mecanografiados. El laboratorio estaba dotado de los más modernos medios fotográficos, reproductores e informáicos y se encontraba a pleno rendimiento cuando fue descubierto.

En los archivos había alrededor de 1.700 documentos oficiales auténticos de una veintena de países, declarados perdidos o robados por sus titulares desde 20 años atrás. De Europa, además de españoles y franceses, se hallaron pasaportes o carnés alemanes, austriacos, belgas, daneses, holandeses, ingleses, irlandeses, italianos, luxemburgueses, noruegos, polacos, portugueses y suizos. Los demás eran australianos y americanos (costarricenses, estadounidenses, mexicanos y venezolanos).

También se encontraron 420 carnés de prensa españoles así como decenas de documentos de identidad vírgenes de la Guardia Civil, del Ministerio de Interior o del Ejército de Tierra. Además había placas e insignias, con sus correspondientes moldes, de las policías española y vasca perfectamente imitadas, uniformes de guardias municipales, listas de la caja de reclutas y un banco de datos con los nombres, direcciones y profesiones de miles de ciudadanos.

La mayor parte del inventario está constituida por papeles falsificados o en fase de fabricación: carnés policiales, certificados de matriculación, distintivos de seguros y de inspección técnica de vehículos, documentos de identidad, permisos de conducir y carnés de universidades, federaciones deportivas o colegios de abogados. También se intervinieron 3.500 sellos, timbres y tampones administrativos o comerciales así como medio centenar de sellos con el anagrama y las siglas de ETA.

En la oficina de Bayona se descubrieron asimismo los archivos fotográficos de ETA político-militar y de ETA VIII Asamblea, organizaciones a las que había pertenecido 'Peputo' antes de enrolarse en ETA militar. Se trata de cientos de negativos que reproducen bases de datos nominales, cautiverios de secuestrados a finales de los años 70, cursillos de armamento, informes sobre acciones paramilitares en América central, armas, arsenales y lugares como una sucursal bancaria atracada en 1979.

Ciudadano francés
Según la acusación, el piso estaba alquilado con dinero de ETA por el ciudadano francés Peio Etchemendy, quien declaró haber sido captado a comienzos de los años 90 por el entonces jefe del aparato logístico, Joseba Arregi Erostarbe, 'Fiti'. En 1995 se incorporó Agurtzane Delgado, procedente de Uruguay, para respaldar a Turrillas como adjunta. De esa época data la informatización de las instalaciones, con asesoramiento de los especialistas de la organización Iñaki Santesteban, 'Einstein', y Tomás Elgorriaga, 'Teo'.

El laboratorio se encontraba bajo la supervisión directa del jefe del aparato logístico. A Juan Carlos Iglesias, 'Gadafi', e Ignacio Gracia, 'Iñaki de Rentería', -ex responsables de esa estructura- se les intervino la contabilidad detallada de las asignaciones mensuales a los falsificadores y de las partidas para la compra de material. 'Gadafi' tenía la llave del buzón del portal en la que le dejaban la llave de la puerta de entrada a la vivienda.

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