AGLI

Recortes de Prensa     Martes 3 Diciembre  2002
Terroristas de ikastola
Editorial La Razón 3 Diciembre 2002

Zapatero versus Zapatero
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Diciembre 2002

La foto de Euskadi
Pablo A. Mosquera Mata  La Razón 3 Diciembre 2002

Prestige: BNG, el gran beneficiado
EDITORIAL Libertad Digital  3 Diciembre 2002

El Prestige mental
Iñaki EZKERRA La Razón  3 Diciembre 2002

La nuca
José Luis Alvite La Razón 3 Diciembre 2002

De nuevo sobre los derechos históricos
BENIGNO PENDÁS ABC 3 Diciembre 2002

Obispos y análisis de textos
Germán Yanke Libertad Digital  3 Diciembre 2002

Injerencia o Unión
Editorial El Correo 3 Diciembre 2002

Los obispos y el clero nacionalistas
Pío Moa Libertad Digital  3 Diciembre 2002

Discurso
Cartas al Director El Correo 3 Diciembre 2002

Un detenido revela que en la ikastola les enseñaban a hacer «cócteles molotov»
J. Prats - Madrid.- La Razón 3 Diciembre 2002
 

Terroristas de ikastola
Editorial La Razón 3 Diciembre 2002

El laboratorio de química de una ikastola de Hernani, en Guipúzcoa, servía para enseñar a los alumnos cómo fabricar «cócteles molotov», de los empleados por los terroristas callejeros de la llamada «kale borroka». El hecho, que aparece reflejado en las declaraciones realizadas ante el juez por un joven detenido por la Ertzaintza, a las que ha tenido acceso LA RAZÓN, revela lo que es un secreto a voces, que pocos en el País Vasco quieren reconocer: que los alevines de terroristas, los más furibundos militantes independentistas, se forman en unas ikastolas generosamente financiadas por el Gobierno Vasco, donde reciben una enseñanza mediatizada, orientada a promocionar no sólo el euskera sino el odio a España y el aprendizaje de una historia inventada que configura un País Vasco que nunca existió. Es cierto que no todas la ikastolas funcionan en este sentido, pero sí que es desde escuelas de este tipo donde cristaliza el proyecto soberanista y desde el que se orienta a los jóvenes en la senda marcada por Arzallus.

No se trata sólo de que una ikastola, sea de la red pública o privada, catequice en el nacionalismo a niños con textos aberrantes y el beneplácito del Gobierno autonómico, sino que se mantienen núcleos de profesores que hacen de la lucha contra el Estado su principal valor, y para los que es lógico que la asignatura de cómo llegar a ser un terrorista forme, de hecho, parte de un plan de estudios financiado con dinero público.

Zapatero versus Zapatero
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Diciembre 2002

SI lo único que puede llevar al poder a Zapatero es la voluntad suicida del Gobierno de Aznar, lo único que puede impedirlo es la impresentable forma de hacer oposición por parte del propio Zapatero. Su atolondramiento ante todo lo que puede darle votos es tal que puede llegar a asustar al personal.

De todas las artimañas con las que el secretario general de los socialistas pretende sacar ventaja política la más repugnante, sin duda alguna, es la apelación a la guerra civil: la campaña de descubrimientos de fosas de fusilados que está llevando a cabo el PSOE, ahora, cuando podría haberlo hecho a lo largo de los trece años de gobiernos socialistas. Airea el odio entre los españoles con el objetivo muy concreto de crear un abismo histórico entre la izquierda y quienes, según él, son los sucesores de los vencedores y continuadores del espíritu franquista.

¿Para qué? se preguntan muchos: para justificar la negativa a hacer un frente común con el PP en el País Vasco y, por lo mismo, para preparar el pacto con Ibarretxe (están en ello, están en el «plan»). En esa línea, Arzalluz compara la actitud de los obispos vascos y catalanes ante la instrucción pastoral sobre ETA y los nacionalismos con la que tuvo algún obispo ante el Levantamiento de Franco. La dirección socialista reclama la memoria de la guerra civil para situar la reivindicación de la unidad de España en el contexto del discurso totalitario de los años treinta. Reclaman a los muertos como si no hubiera habido tiempo suficiente para que Antígona no hubiera podido cumplir con su sagrada misión. Esto de ahora no tiene nada que ver con la recuperación de la historia a no ser en sus formas más cainitas.

Así que este ser, dulce y tímido, que es José Luis Rodríguez Zapatero, partidario del cambio «tranquilo» (en el interior de su partido) lo es de métodos más que radicales cuando se trata de hacer la oposición al Gobierno. Por ejemplo, ha encabezado con los líderes sindicales una Huelga General que es una medida desproporcionada para unos objetivos tan veniales como eran los de la Reforma Laboral que se proponía el Gobierno; aprovechó las reivindicaciones marroquíes contra España para debilitar diplomáticamente al Gobierno (traición se llama esa figura), e incluso llegó a establecer relaciones con el Gobierno vecino en unos momentos de ruptura de relaciones; ha secundado acciones de movimientos antiglobalizadores y ha comenzado a fomentar un antiamericanismo verdaderamente impropio de un partido tan cuajado de masters en Estados Unidos; es un vivacartagenero cada vez que tiene la ocasión y ahora la ha tenido: voló el domingo a Santiago para sumarse a las manifestaciones aún cuando se sabía que el montaje de éstas y su aprovechamiento político iba a favorecer la contestación a España. El oportunismo de Zapatero no tiene más límites que los que le marca ese estilo típicamente suyo, dulce y tímido. Ni siquiera los que impone la dignidad. En la movilización gallega aguantó que le llamaran «español» a modo de insulto y dio la mano a los que le arrojaban huevos. ¿Evangélico por lo de la otra mejilla? Simplemente paga el precio de la foto en primera. No le importa la realidad sino la versión publicada. Es capaz de comerse los puños del amor propio si lo exige la propaganda. ¿Qué no aceptaría Rodríguez Zapatero con tal de sacar provecho?

Ésta es la escasamente ejemplar tesitura política en la que estamos: un Partido Popular que, como escribí el jueves pasado, está empeñado en despeñarse, y un Partido Socialista dirigido por alguien capaz de hacer lo que sea con tal de llegar a La Moncloa. Este portillo para el desastre, que se disimula tras una aparente candidez, puede ser un factor de gran eficacia disuasoria. Ahí reside la gran esperanza del PP.

La foto de Euskadi
Pablo A. Mosquera Mata ex, presidente de Unidad Alavesa La Razón 3 Diciembre 2002

Una de las características del nacionalismo vasco es la complacencia con la que ven su realidad; de aquí al dogmatismo fundamentalista para imponer tal realidad, no hay más que la acción «de las palabras a los hechos», que dijo un tal Arzallus.

Pero, cuando se está fuera de esa Euskadi capaz de promover el mayor problema del Estado, la foto que se percibe es: vergonzosa, cutre y preocupante.

En pocos días las primeras planas de los periódicos se centraron en noticias como estas.
«Escoltar a los amenazados en Euskadi cuesta 70 millones de euros».
«La educación, en Euskadi, no puede ser neutra en cuestiones como la violencia y el terrorismo».
«Ex consejero de Cultura y militante del PNV acusa al Ejecutivo vasco de estar construyendo una realidad ficticia, cuando lo único real son la violencia, los asesinatos y las víctimas».
«Garzón consulta si debe procesar a la Mesa del Parlamento vasco por no suspender a Batasuna».

Entre aquel eslogan de Rosa Díez: «Ven y cuéntalo», y estos titulares, se ha pasado de Ajuria Enea a Lizarra, y de Lizarra al Plan soberanista de Ibarreche, que ha sumido a su antecesor Ardanza en el pasado añorado por la inmensa mayoría de los dirigentes de la sociedad vasca, en menos de cinco años.

Ardanza tenía muy claras algunas cuestiones: Era el representante ordinario del Estado español en la Comunidad Autónoma del País Vasco. Era el primer garante de la legalidad constitucional y estatutaria. Era un convencido de la política del acuerdo para avanzar. Era el lendakari de todos los ciudadanos vascos.

Nunca hubiera constituido un grupo de consultores (¿) que tras el pomposo nombre del «tercer espacio», corresponden, por historial, al espacio nacionalista, entre ideológico, mediático, científico y político, religioso. ¿Dónde están los representantes del mundo no nacionalista? La foto de esta familia del tercer espacio está ocupando el espacio entre PNV y Batasuna.

Nunca se hubiera atrevido a seguir siendo representante ordinario del Estado y escenificar en el Parlamento vasco, un 27 de septiembre, la ruptura con el Estado y el comienzo de la provocación a los españoles y sus instituciones constitucionales, para justificar la internacionalización del conflicto, tal como ha expresado un tal Garaicoechea.

Por si fuera poco, la campaña preelectoral de este nuevo camino hacia la soberanía y la territorialidad la pagan los presupuestos que controla el Parlamento vasco, sin que nadie advierta que:

En lo primero puede haber un grave conflicto entre el derecho de un político a decir lo que quiera y el deber de un dirigente para con la legalidad vigente, que vigilan los jueces.

En lo segundo, puede haber una desviación de fondos públicos, con fines partidarios, y desde luego cuasi sediciosos.

Pero la capacidad de abstraerse de la realidad sólo es comparable con la enajenación del iluminado.

«Por cada empresa que se vaya vendrán siete».
¿Me lo dice o me lo cuenta? ¿De verdad se lo creen?

Lo malo es que con bromas como éstas nuca se sabe cómo se termina, a no ser que la foto final sea la balcanización para sentar en la misma mesa a representantes de la comunidad internacional con los bandos en conflicto.

Pero, y la sociedad vasca, ¿está dispuesta a pasar por el desierto de la ruptura y la confrontación?
Una vez más, los alaveses no. Los ciudadanos alaveses tienen derecho a que alguien les saque fuera del remolino que arrastra al abismo, que pone a los vascos en la antipatía del mundo civilizado, en la lista negra de los consumidores, en las páginas de la historia del fundamentalismo y la violencia.

Los ciudadanos de Álava han demostrado mil veces que son diferentes, y que sólo necesitan dirigentes capaces de señalarles el camino de la normalidad, en los que son perfectamente compatibles, los rasgos de identidad, autogobierno y convivencia en el Estado.

No perdamos ni un minuto de tiempo en atender al iluminado. Dediquemos todas nuestras energías a la tarea emocionante de emanciparnos de la Euskadi de Arzallus.

Prestige: BNG, el gran beneficiado
EDITORIAL Libertad Digital  3 Diciembre 2002

Salvo las ya tradicionales carencias del PP en el ámbito informativo, puede decirse que la gestión del Gobierno y de la Xunta de Galicia en lo relativo a la crisis del Prestige, sin ser brillante, ha sido correcta en términos generales. El mal tiempo ha impedido trabajar la mayoría de los días a los barcos de limpieza de petróleo, y el temporal con vientos del norte y del noroeste, que apenas ha cesado desde que el petrolero comenzara a verter fuel, además de acercar rápidamente el chapapote hacia las costas gallegas, ha vuelto ineficaces las barreras de contención de petróleo, que, pese a las justificadas críticas acerca de su escasez, sólo son útiles en aguas tranquilas. Las ayudas a los damnificados han sido aprobadas con rapidez (empezarán a cobrar a partir del día 15 de diciembre) y ya han tenido lugar acuerdos con Francia, Portugal e Italia para impedir la navegación de “buques basura” como el Prestige cerca de las costas. Queda, sin embargo, por aclarar el errático rumbo que los remolcadores imprimieron al petrolero siniestrado antes de su hundimiento, el cual, dadas las circunstancias –el temporal y la amenaza de rotura completa del casco– tendría que haber sido desde el primer momento el que garantizase la mayor distancia posible de la costa en el momento del hundimiento, que se produjo menos de 150 millas del cabo de Finisterre después de seis días de navegación y de vertidos.

Es quizá en el capítulo de la coordinación de las labores de limpieza de las costas donde el Gobierno y la Xunta han mostrado mayores carencias. Si bien es cierto que ya se han recogido 2.000 toneladas de fuel en tierra y otras 2.000 en el mar, procedentes de las dos primeras mareas negras, ya están tocando la Costa de la Muerte otras 11.000 toneladas de vertido procedentes del hundimiento, para las que el trabajo de los voluntarios y los medios con los que se les ha dotado pueden revelarse insuficientes. El Gobierno y la Xunta disponen de medios a su alcance para acelerar las labores de recogida de fuel de las playas, y el recurso al Ejército en estos casos no estaría en modo alguno injustificado. Además, la toxicidad del fuel oil –alto contenido en azufre e hidrocarburos aromáticos (cancerígenos)–, requeriría mayores medidas de seguridad y protección para quienes lo están recogiendo de las playas, que se quejan de falta de coordinación, de información y de medios. Y otra circunstancia a destacar es que en uno de los países desarrollados con más kilómetros de costa (3.500), no existan barcos de limpieza disponibles, que han tenido que venir de Francia, Holanda, Alemania, Bélgica, Noruega y el Reino Unido, una carencia que hace tiempo debiera haberse resuelto, sobre todo cuando todavía no hace diez años de la catástrofe del Mar Egeo.

Pero, sin duda, el peor aspecto de la crisis del Prestige –aparte de la catástrofe económica y ecológica– ha sido su utilización política con fines electorales. PSOE, BNG e IU, con la cadena Ser a la batuta, se han lanzado a una campaña de demagogia y desprestigio contra el Gobierno y de la Xunta, que nada tiene que ver con críticas constructivas o exigencias de responsabilidades sobre bases racionales, especialmente necesarias en estos casos. Y lo grave es que el PP no ha sabido responder con otros argumentos que no fueran la mera devolución de las invectivas. Ha tenido que ser el Rey quien advierta, tanto al PP como al PSOE, que no es momento de “salir en la foto” o de buscar desgastes políticos, sino de aunar esfuerzos para que Galicia se recupere lo antes posible del desastre.

Y es en este río revuelto donde los nacionalistas del BNG hacen su agosto electoral. En la manifestación del domingo, convocada por ellos a través de la Plataforma “Nunca Máis”, se reunieron más de 150.000 personas que abuchearon a Manuel Fraga, el presidente de la Xunta, y a José Luis Rodríguez Zapatero –quien fue recibido a huevazos– y pudieron oírse gritos como “españoles fuera de Galicia”. Sería una grave muestra de irresponsabilidad política, sobre todo por parte del PSOE –que en las anteriores elecciones autonómicas contaba con los votos del BNG para desalojar a Fraga– dar alas a una formación política que copia actitudes y discursos del nacionalismo vasco menos moderado y que intenta nutrirse con el voto del descontento y la indignación por lo ocurrido con el Prestige.

El Prestige mental
Iñaki EZKERRA La Razón  3 Diciembre 2002

Mientras la cuestión medioambiental sea para los gobiernos, los partidos políticos y la sociedad en general una asignatura María, una utopía de los idealistas de siempre, una cosa de la chavalería de Greenpeace, se seguirán produciendo desastres como el de esa tragedia grotesca que ha pintado de negro la costa más hermosa de España. Mientras nos parezca normal que nuestros mares estén poblados de neopiratas cutres del petróleo y de chipirones de hojalata en su tinta de alegalidad, de dinero feo, de chan- chullo internacionalmente consentido, de anacronismo y de muerte, tendremos sustos como éste que no sólo le ha pillado por sorpresa a Fraga, el hombre que al enterarse de este jaleo reaccionó largándose a cazar.

En realidad a cazar nos hemos ido todos, no sólo Fraga. Llevamos años cazando sin parar mientras el «Prestige», ese calamar gordinflón y metálico, se iba cociendo en la cazuela cantábrica y despidiendo su tinta negruzca, mientras miles de Prestiges andaban trasegando por el mar como dentro de un almacén de vinos. Miremos la Prensa de los últimos meses, los temas que nos han estado preocupando antes del desastre. Nadie hablaba de esos barcos, de esas monumentales cajas de mierda, de esa piratería del siglo XXI, de todos esos peligros flotantes y deambulantes. De lo que hablaban los diarios era del plan Ibarreche y las exigencias competenciales de Pujol al Gobierno. El gran peligro que invoca esa Prensa es el de que se extingan la cultura, la lengua, la personalidad catalanas, vascas y gallegas. Eso es lo que se le exigía al Gobierno. A eso es a lo que se han destinado las más espectaculares partidas presupuestarias. El desarrollo de la España de las autonomías es el monotema periodístico del último cuarto de siglo. O sea que hemos estado cazando, como Fraga, mientras se cocía la salsa del fuel, el gran cubo de basura que acaba de caer sobre la cultura, la lengua, la personalidad y los mariscos gallegos.

Con todo este jaleo del «Prestige» y de su diarrea lo que se ha puesto de manifiesto es la falta de coordinación de nuestra administración, la inoperancia de la burocracia central y de las autonomías. Ahora se habla de la necesidad de crear un Ministerio del Mar que auna las competencias dispersas en el de Hacienda, el de Fomento y los gobiernos autonómicos. O sea que hemos trabajado durante años en la dirección opuesta a nuestros intereses. Hemos estado cazando. Cuando viene un problema serio falla todo el tingladillo que hemos montado con mimo. Se ha luchado, se ha odiado, se ha amenazado y se ha matado por montar un sistema inoperante. El problema del «Prestige» es que es mental. Sin duda, seguiremos cazando.

La nuca
José Luis Alvite La Razón 3 Diciembre 2002

Desde mi posición de pueblo llano tengo la impresión de que en su próxima reunión colegiada, los obispos vascos convocarán a la prensa en San Juan de Luz y saldrán de capucha. Entonces habremos ganado en sinceridad y sabremos definitivamente a qué atenernos, libres de la interesada ambigüedad de ahora, que lleva los prelados a comportarse con medias tintas, comprensivos con la violencia por un lado y atentos a no perder liquidez social por el otro. A lo mejor incluso era bueno aceptar que revisasen la iconografía y que en una reedición de La Última Cena, el Cristo de monseñor Uriarte apareciese encapuchado entre Josu Ternera y Jon Idigoras. Incluso cabe la posibilidad de mejorar la Biblia, añadiéndole un corolario con frases de Sabino Arana y la lista de los enterradores de guardia. Las cosas parecen llevar ese camino, aunque aceptar el revólver como material litúrgico parezca ahora mismo exagerado.

Siempre hubo una propensión de los violentos a contar con el respaldo de representantes de la Iglesia. Dice Ernie Loquasto que el cardenal Spellman le recriminaba al presidente Kennedy sus líos de faldas, «no por recordarle ciertos mandatos morales, sino porque estaba convenido de que de trascender las juergas de JFK, Jackie Kennedy sería menos razonable que El Vaticano. Según el jefe, «los grandes capos tuvieron siempre la tentación de compartir con el episcopado la bendición y el sastre». En el caso de Euskadi, parece fuera de toda duda que la aspiración conjunta del nacionalismo violento y de una parte del clero vasco, es apalabrar a Cristo para la trainera de Orio, que además de un barco de competición, es una manera de vestir.

De todos modos me preocupa poco la actitud de los obispos. Soy divorciado y como tal, vivo excomulgado. Con mi primera mujer rompí por escrito en el juzgado. A veces pienso que la Iglesia habría sido más tolerante conmigo si me hubiese divorciado de ella pegándole un tiro en la nuca.

De nuevo sobre los derechos históricos
Por BENIGNO PENDÁS ABC 3 Diciembre 2002

¡Cuánta razón tenía Montesquieu al quejarse de la imprecisión en el lenguaje político! No están pensadas las palabras para la faena aséptica de especialistas y teóricos, sino para el uso polémico en la lucha por el poder. A todos los términos se adhiere (en función del lugar, el tiempo, la circunstancia, el emisor y el receptor del mensaje) un matiz favorable o peyorativo, una suerte de valor añadido que no se deja reducir al diccionario de conceptos abstractos. Nación y nacionalismo son ejemplos notables. Recordemos un dato elemental: la Constitución de 1978 solo se refiere como nación a España, pero casi nadie se proclama «nacionalista español» y cuando se busca un nombre -asumible para la corrección política- que define a quienes defienden esta idea en la Comunidad Autónoma vasca se habla de «constitucionalistas». Término que se aplica también, como es notorio, a los cultivadores de la correspondiente disciplina jurídico-pública...

Constitucionalistas son, en uno y en otro sentido, Javier Corcurera y Miguel A. García Herrera, colegas de cátedra en la Universidad del País Vasco. Publica el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales una obra conjunta de ambos profesores, bajo un rótulo atractivo: La constitucionalización de los derechos históricos. Buen motivo para suscitar una reflexión (académica, pero también política) acerca del significado de la disposición adicional primera, centro y eje de la sedicente legalidad que sus promotores atribuyen a la propuesta soberanista.

Dice el precepto en cuestión que «la Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales» y que la actualización general de dicho régimen foral se llevará a cabo en el marco de la propia Constitución y de los Estatutos de Autonomía. La doctrina jurídica (T. R. Fernández, con la máxima solvencia; M. Herrero de Miñón; el mismo Corcuera, entre otros muchos) procura dotar de sentido a una referencia insólita en el marco de nuestra Constitución de carácter racional y normativo: la falacia del nacionalismo se construye, a mi juicio, desde una mentalidad historicista y romántica, con el lenguaje propio del Antiguo Régimen absolutista, barrido de la historia por el Estado constitucional y las teorías de la soberanía nacional y del poder constituyente. Pero el lenguaje político ha venido a resucitar las eternas logomaquias y proliferan los tópicos a propósito de una supuesta «regresión» autonómica. Este es el contexto que preside el viejo y nuevo debate sobre los derechos históricos.

La «asimetría» entre las Comunidades autónomas, justificada por la vía de los «hechos diferenciales», se ha convertido en el lugar común del razonamiento -en fraude de Constitución- que practican los enemigos del Estado de las Autonomías configurado por el Título VIII y por la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, al que se acusa injustamente de actuar en forma sesgada y unilateral. Curioso reproche, si recordamos, para no multiplicar los ejemplos, la no muy lejana sentencia sobre la Ley del Suelo. Es la vieja táctica de presionar al árbitro para conseguir beneficios tangibles. ¿Sobre la Ley de Partidos, tal vez? La Constitución consiente la diversidad autonómica: nacionalidades y regiones; procedimientos diferentes de acceso; sistemas fiscales intransferibles.

Pero los principios estructurales reclaman la equiparación, derivada de la igualdad entre los ciudadanos y la solidaridad entre las Comunidades Autónomas. No se trata de geometría abstracta, ni de pretextos para nuevas «loapas»: es una exigencia de la democracia contemporánea, ajena a privilegios trasnochados y ventajas amparadas en criterios estamentales o comunitarios. Contra el miedo a la igualdad, debe oponerse la defensa activa de la libertad.

Corcuera y García Herrera han trabajado con frecuencia sobre los aspectos más polémicos de la autonomía vasca. La parte más sólida de la obra se sitúa, creo, en la oposición frontal a la tesis de Herrero de Miñón sobre los derechos históricos, que se resume en el reconocimiento de «derechos originarios» y, por tanto, inderogables, así como en una «relación paccionada» entre las nacionalidades privilegiadas y el Estado. La teoría coyuntural alemana sobre los «fragmentos de Estado» no tiene sentido en nuestra realidad histórico-política. No vale tampoco aludir a la Constitución «sustancial», a la doctrina medieval de los «cuerpos políticos» y a otras ilustres antigüedades dignas del museo arqueológico de las teorías y las formas políticas. He criticado con frecuencia, desde estas mismas páginas, estas opiniones de Herrero tan bien recibidas ahora (antes, no tanto) por el PNV y sus amigos. La verdad se construye a partir de un enfoque muy distinto: la fuente de legitimidad de la Constitución se llama España y no procede de la yuxtaposición de hipotéticos derechos anteriores o superiores de las Comunidades Autónomas.

Desde esta perspectiva, los autores exponen sus tesis con moderación y buen sentido. No es seguro que el trato diferenciado hacia las Comunidades más reivindicativas facilite la integración. No es bueno mantener siempre abierto un proceso de «adaptación» porque eso significa hacer rentable la estrategia de la tensión. En fin, no vale deducir de la célebre disposición adicional la existencia de un «ámbito vasco de decisión» y la exigencia de un «diálogo sin límites». Son ideas claras y precisas, susceptibles de ser compartidas por cualquier observador sensato. Recuérdese además que la «reintegración» del Fuero ha respondido con holgura a la realidad pasada y presente de Navarra y que los territorios forales vascos son -cabalmente- Álava, Guipúzcoa y Vizcaya; en cambio, la Comunidad Autónoma es creación institucional moderna y Euskadi como concepto nacional vale como referencia sólo para un sector de la sociedad.

Falta quizá, en un marco muy favorable para ello, una reflexión más profunda sobre los fundamentos ideológicos del enfoque «constitucionalista» que a veces se dan por supuestos o se eluden por prudencia convencional. Cierto es que ni antes ni ahora ha sido fácil decir estas cosas en voz alta: el único sujeto constituyente se llama España; frente al nacionalismo egoísta y excluyente, se alza un patriotismo español abierto e integrador; está a nuestro favor el espíritu de la modernidad frente al carácter reaccionario de la apelación al pueblo y sus orígenes míticos. Aunque el discurso se mantiene en un plano discreto y de perfil bajo, el lector de La constitucionalización de los derechos históricos percibe que los autores se sitúan sin equívocos dentro del universo constitucionalista, en los dos sentidos del término -ideológico y académico- que admite el uso contemporáneo.

Obispos y análisis de textos
Germán Yanke Libertad Digital  3 Diciembre 2002

El obispo Uriarte ha querido dejar claro ante sus feligreses que está en contra de ETA aunque no es partidario del documento recientemente aprobado por la Conferencia Episcopal ya que la Iglesia no puede sancionar modelos políticos que respeten los derechos humanos y se mantengan dentro de cauces pacíficos y democráticos. El arzobispo Carles dice lo mismo y defiende el
derecho a la discrepancia. Está bien, para tranquilidad de los católicos, que estos prelados defiendan el derecho a la discrepancia y expliquen que, sin unanimidad del episcopado o sin ratificación de la Santa Sede, los documentos de los obispos no vinculan moralmente. Tranquilizará sin duda a los católicos que discreparon de la carta de los obispos vascos y fueron tachados, por algunos obispos abonados ahora a la pluralidad, de poco menos que energúmenos anticlericales y comeobispos.

Pero, por mucho que leo y releo el documento de la Conferencia espiscopal, no encuentro en él condena alguno de modelos políticos respetuosos de los derechos humanos y firmes en los cauces pacíficos. Es más, no encuentro en el texto ninguna condena del nacionalismo como tal. Y no creo que nadie, ni los más exagerados, haya podido interpretar que partidos como el PNV o CiU, ni sus afiliados y dirigentes, queden “excluidos” o “sancionados” por el documento.

De lo que en él se habla, además del rechazo a la violencia y de la exigencia elemental de respeto a la legalidad democrática, es de “nacionalismo totalitario”. ¿Consideran Uriarte, Carles y los demás legítimos discrepantes que no hay “nacionalismo totalitario”? ¿Creen que no lo padecemos en España? Es la cuestión que me interesa que aclaren porque, desde su punto de vista católico, ahí radica una de las importantes vinculaciones morales que deben ser explicadas. Sabemos que los obispos vascos, que sin duda se sienten pastores de nacionalistas y no nacionalistas, distinguen distintos comportamientos en los no nacionalistas y han mostrado su parecer contrario –ya veo que no vinculante– por algunos de ellos. ¿No ocurre lo mismo con los nacionalistas? ¿No los hay
totalitarios? ¿La violencia terrorista que condenan no es nacionalista?

Una aclaración sería, sin duda, bien recibida para ver si coinciden o no con una de las falacias argumentales del nacionalismo (que, si no bajo su moral, sí es condenable con el uso elemental de la inteligencia). El conglomerado etarra no es, cuanto que violento, nacionalista, el nacionalismo es otra cosa. El conglomerado etarra es, sin embargo, en cuanto que suma votos, nacionalista y con él se conforma una mayoría que debe ser atendida políticamente incluso por encima de los derechos de los demás, que son individuales.

En el análisis de textos, de todos modos, a quien le ha salido el tiro por la culata es al señor Arzalluz que, queriendo asimilar el documento episcopal a la Carta colectiva de los obispos españoles en 1937 (para sostener la tontería de que los obispos se dividen en “Iglesia vasca”, “Iglesia catalana” e Iglesia franquista) mentó el domingo a Mateo Múgica y Francesc Vidal i Barraquer. Ninguno de los dos suscribió la Carta de 1937 y ahí ve Arzalluz, ante el contubernio del españolismo y los curas, la sempiterna resistencia de los vascos y catalanes. Pero Mateo Múgica tuvo tantos problemas con el PNV como con los sublevados, a los que, por cierto, se sumó, aunque más tarde se distanciara de Franco. Y el obispo catalán explicó bastante palmariamente que, como estaban sus feligreses en zona republicana, no parecía conveniente firmar la Carta y abandonarlos a su suerte. Es decir, que estaba haciendo diplomacia, que se sentía impelido a mirar con especial atención a los que mandaban políticamente en su diócesis.

No estaría de más, en este batiburrillo de vinculaciones morales y patéticos análisis de texto, que los legítimos discrepantes, al hilo de las referencias del presidente del PNV, expliquen en qué se parecen realmente a Vidal i Barraquer.

Injerencia o Unión
Editorial El Correo 3 Diciembre 2002

La exposición de la vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia ante la Comisión para Asuntos Europeos del Parlamento vasco constituye un anticipo de la disposición con que el Gobierno Ibarretxe está preparando la llamada 'convención vasca para el futuro de Europa'. La 'número dos' del Ejecutivo de Vitoria reprochó su actitud a las instituciones de la Unión, advirtiendo de que la UE «no puede presentarse como un adalid de la paz cuando en su interior subsisten situaciones conflictivas de extrema gravedad» e imputando esta postura a «un exceso de celo en el cumplimiento del principio de no injerencia». Pero sus palabras no reflejaron la verdad de lo hasta ahora acontecido sino el sinsabor que al nacionalismo le produce que las instituciones europeas no se hagan eco de su particular forma de entender el 'conflicto vasco'. Tras años de mantener una posición distante, incomprensiblemente recelosa respecto al sistema de libertades en España y en ocasiones excesivamente comprensiva hacia el independentismo violento, los demás países europeos y, por ende, los órganos de la Unión han comprendido que la amenaza terrorista en el País Vasco y en el resto del territorio español constituye un problema que les concierne directamente. En los últimos años, la progresiva conformación de un espacio judicial y policial común así como la colaboración y solidaridad mostradas por las instituciones comunitarias y los distintos gobiernos reflejan un compromiso inequívoco con el futuro de la democracia a este lado de los Pirineos.

La queja de Zenarruzabeitia resulta elocuente, puesto que también durante años el nacionalismo vasco ha abonado la idea de que sus aspiraciones iban a encontrar en Bruselas el eco que a su entender no hallaban en Madrid. Esa 'no injerencia' a la que alude la vicelehendakari no es más que el reconocimiento europeo de que los problemas de encaje de Euskadi en el Estado constitucional español afectan a la convivencia entre ciudadanos que son herederos de una historia entretejida en común. Las palabras pronunciadas por Arzalluz el pasado domingo, puntualizando que el Plan Ibarretxe es «un proyecto de arreglo» que «no agota las aspiraciones del PNV» sugieren algo que no tiene cabida en el debate de la construcción europea: que mientras no logre un Estado vasco independiente el nacionalismo se sentirá legitimado para continuar valiéndose del 'conflicto' como argumento para apuntalar su poder. Pero el nacionalismo gobernante en Euskadi debería saber que si ya la estrategia de elevar la cota de las reivindicaciones propias para asegurarse una posición hegemónica en el País Vasco representa una vía que sólo conduce a la división y al empantamiento del autogobierno como sistema de convivencia, la pretensión de trasladar ese tipo de argucias al marco europeo está condenada al fracaso. La 'Europa de los pueblos' a la que el nacionalismo vasco se remite como sujeto alternativo de la construcción de la Unión constituye, en todo caso, una realidad heterogénea en la que nuestro Estatuto no representa la regla sino la excepción. Por eso, será mejor que los actuales responsables de la autonomía vasca orienten todos sus esfuerzos hacia la ubicación normalizada de Euskadi en el contexto europeo por caminos como el abierto por la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo.

Los obispos y el clero nacionalistas
Pío Moa Libertad Digital  3 Diciembre 2002

Los obispos y buena parte del clero vascos desaprueban el documento episcopal contra el terrorismo, aparentemente porque implica una crítica al nacionalismo. Sin embargo, la crítica es inevitable. El terrorismo por excelencia en España es el terrorismo nacionalista vasco. Hay otros nacionalistas no violentos, en apariencia, pero ocurre que el PNV (como, indirectamente, los nacionalistas catalanes), han rentabilizado sin escrúpulo los crímenes de ETA, y de ahí que los “no violentos” se nieguen a ir más allá de las condenas retóricas a los asesinos. Cuando al aparato político-mafioso de la ETA se le intenta poner fuera de la ley, el PNV se rasga las vestiduras invocando las libertades, (y también CiU opone mil reticencias), pero cuando “los chicos” privan a gran número de ciudadanos de la libertad de expresión y de otros derechos, incluso de la vida, entonces no tienen nada que decir. Al contrario, a quienes denuncian la situación les oponen la cínica consigna de que “En Euskadi se vive muy bien” Y, por cierto, ellos viven muy bien con el terrorismo, pues la privación de libertad de los ciudadanos beneficia en primer lugar al PNV.

Tanto el nacionalismo terrorista como el que se dice pacífico, cuentan con el apoyo y la simpatía de un elevado porcentaje del clero vasco, incluyendo al episcopado, y ésta es precisamente una de las bazas políticas y sociales más importantes de aquellos. A su vez, ese apoyo y simpatía hace de esa parte del clero cómplice, en mayor o menor medida, de esa interminable sarta de crímenes sórdidos y macabros, privados del menor asomo de ética o de épica, que constituye, dicen, la “lucha por la libertad de Euskadi”. ¿Qué mejor prueba de la vileza y falsedad de esa lucha y de esa libertad que los medios utilizados? Medios y fines son aquí tales para cuales. Pero a esos clérigos les ciega su pasión nacionalista. Afirman que desde el punto de vista moral, el nacionalismo es una opción política en principio como otra cualquiera. Hablando en general puede ser así, pero no cuando se trata del nacionalismo vasco. ¿Cómo puede aceptarse desde la ética una doctrina que busca deliberadamente convertir en separación y odio la “amistad y hermanamiento” entre los vascos y los demás españoles, según deploraba Sabino Arana? ¿Cómo puede dejar de condenarse moralmente una doctrina de contenido esencialmente racista y violento, sembrador del odio y de pretensiones de superioridad que serían simplemente ridículas si no trajeran resultados tan siniestros?

Pues puede hacerse, y esos clérigos lo hacen. Y por algo. Los nacionalistas, desde Arana, pretenden que los vascos –entiéndase, los vascos nacionalistas– son superiores no sólo intelectual, sino también moralmente, a los “maketos”, porque son los únicos verdaderamente cristianos y católicos. Esa tontería, la de ser una especie de “pueblo elegido”, ha seducido a cientos de clérigos que, por esa misma seducción, demuestran su debilidad intelectual y moral, tal como la calidad de la “libertad de Euskadi” se demuestra inapelablemente en el género de “lucha” a que ha dado lugar.

Y se demuestra también en la necesidad constante de la mentira. Dice Arzallus que también durante la guerra un obispo vasco, Múgica, y otro catalán, Vidal i Barraquer, rehusaron firmar la Carta colectiva del episcopado, y por eso fueron condenados al exilio. En realidad Múgica no era nacionalista, sino tradicionalista, fue de los primeros en justificar el alzamiento, definiéndolo prácticamente como cruzada, y condenó al PNV por aliarse con quienes estaban exterminando a la Iglesia en el resto de España. Y Vidal manifestó en privado su acuerdo con la forma y el fondo de la Carta colectiva. Pero ambos rehusaron firmarla arguyendo que la misma ocasionaría un recrudecimiento de la persecución religiosa. Su efecto fue el contrario, pues la denuncia internacional obligó al Frente Popular a contenerse. Es cierto en cambio que el franquismo no permitió el regreso de Múgica hasta muy tarde, y no permitió en absoluto el de Vidal, por no haber firmado y, en el caso de Vidal, porque, a pesar de sus numerosas manifestaciones privadas de acuerdo con los nacionales, nunca hizo una declaración pública en tal sentido. Que ahora el recogenueces Arzallus quiera recoger también ésta, haciendo de Múgica una especie de Setién, muestra también su calidad moral. Quizá algún obispo podría decir algo al respecto.

Discurso
Pedro Echevarría Arana/Llodio. Álava Cartas al Director El Correo 3 Diciembre 2002

El pasado lunes, el señor Gurrutxaga, ex viceconsejero de Universidades del nacionalista Oliveri, arremetía inmisericorde contra el PP en EL CORREO. «La estrategia del PP ha puesto patas arriba a toda una sociedad», decía. «Este partido tiene un gran débito con esta sociedad porque no ha terminado de entender lo que tiene entre manos». El PP «tiene un discurso plano donde ser nacionalista significa ser terrorista. Es un error y saben que están mintiendo». No veo tan claro su discurso de equivalencia, pero sí creo que lo que al ciudadano medio le puede hacer pensar en ciertas connivencias del nacionalismo democrático con el terrorismo son, más que el «discurso plano del PP», las manifestaciones y actuaciones continuas del propio nacionalismo. Si dicen que «ETA es la espuma y nosotros (PNV) la cerveza». Que «la independencia no se consigue sin que unos arreen mientras otros discuten». Que «no creemos que sea bueno que ETA sea derrotada». Que «están frenando la actuación contra ETA ya que la Ertzaintza ha tenido datos de más de un comando y no ha procedido». Si acuerdan con ETA «romper los acuerdos con los partidos (PP y PSOE) que persiguen la destrucción del País Vasco». Si dicen que son gudaris. Si el PNV y su gobierno se suman a huelgas y manifestaciones convocadas por EH. Si se consideran cuasi padres de ETA, ya que dicen que si «ETA y EH existen es porque antes existió el PNV» etcétera, comprenderá el señor Gurrutxaga que no es el PP quien iguala nacionalismo y terrorismo. Estas 'perlas' son de los máximos representantes del nacionalismo llamado democrático. El ciudadano medio no necesita de intérpretes para saber cómo están las cosas en el PNV.

Un detenido revela que en la ikastola les enseñaban a hacer «cócteles molotov»
En su declaración, a la que ha tenido acceso LA RAZÓN, dice que aprendían en el laboratorio
Un detenido de la «kale borroka» ha admitido ante el juez de la Audiencia Nacional Guillermo Ruiz Polanco que en la ikastola «Urumea» de Hernani les enseñaban en el laboratorio a fabricar «cócteles molotov». El joven, que quedó exonerado de cualquier responsabilidad al no quedar demostrado que participase en ninguna acción callejera, precisó en su declaración judicial, a la que ha tenido acceso LA RAZÓN, que «solamente nos enseñaban cómo se hacían (los cócteles), pero no para qué utilizarlos».
J. Prats - Madrid.- La Razón 3 Diciembre 2002

Un detenido por la Ertzaintza en una operación contra la «kale borroka» ha admitido ante el titular del Juzgado Central de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional, Guillermo Ruiz Polanco, que en la ikastola «Urumea» de Hernani les enseñaban en el laboratorio a fabricar «cócteles molotov».

El joven, Carlos V., fue detenido al ser vinculado por la Policía Autónoma vasca con un grupo de jóvenes proetarras que supuestamente realizaron numerosos ataques a concesionarios de vehículos, oficinas de seguros, instalaciones de RENFE y edificios judiciales en la localidad guipuzcoana de Hernani. Sin embargo, quedó libre de cualquier responsabilidad penal al no quedar probado que hubiese participado en acción alguna de violencia callejera.

A pesar de ello, en su declaración judicial, a la que ha tenido acceso LA RAZÓN, el joven dio detalles de cómo operaban los miembros del citado grupo, compañeros de colegio y vecinos de la localidad.

En concreto, Carlos V. aseguró que él no había fabricado ningún «cóctel molotov», y que «sólo he visto cómo se fabrican en el laboratorio de la ikastola».
En este sentido, añadió que «solamente nos enseñaban cómo se hacían, pero no para qué utilizarlos».

Intento de captación
El entonces detenido relató asimismo al magistrado cómo empezó a relacionarse con los miembro del citado grupo proetarra. «No soy un chico violento, y no sé cómo empecé con todo esto», afirmó Carlos V.

Según relató ante el magistrado, un joven del pueblo le propuso primero «ir a ver esas acciones».
«Esa gente me decía que fuera a ver ¬precisó en su declaración judicial¬, y creo que me pedían que lo hiciera para aprender, porque me decían que en el futuro entraría gente nueva». «Sentía curiosidad ¬añadió¬, pero no era consciente de lo que me podía pasar; pensaba que por el simple hecho de ir a ver no cometía ningún delito».

A pesar de ello, el joven hernaniarra admitió que «no lo pasaba bien, ni disfrutaba viendo esas acciones», por lo que «no había pensado en incorporarme de una manera más seria a estos grupos».
Respecto a uno de sus miembros, el supuesto responsable del «material» y el «dinero», declaró ante el juez Ruiz Polanco que cogía ácido y potasa de su lugar de trabajo, una fábrica de ladrillos para hornos.

«Broncas» de sus padres
Carlos V., que entonces estudiaba cuarto curso de ESO y tenía intención de estudiar Bachillerato, también explicó al magistrado cómo eran sus relaciones familiares: «La relación con mis padres es buena, y de vez en cuando me llevo alguna bronca por estos hechos».

En el mismo sentido, aseguró que «si me dedicara a hacer una vida normal tendría apoyo de mi familia, a quienes les parece que todo esto está mal».
Por último, el joven quiso desvincularse del entorno que le llevó a estar presente en un ataque de violencia callejera: «No creo que una ideología política se defienda con la violencia».

Ésta no es la primera vez que las ikastolas se ven mezcladas en asuntos de este tipo. Hace dos años, profesores de centros de este tipo en el País Vasco repartieron formularios para pedir el DNI y un padrón vascos, ambos fuera de la legalidad.

Para el ejercicio de 2003, el Gobierno de Juan José Ibarreche pretende destinar 210.086 euros (casi 35 millones de pesetas) en subvenciones a ikastolas, a lo que hay que añadir los más de 52.000 euros previstos para Seaska, federación de ikastolas.

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