AGLI

Recortes de Prensa     Martes 10  Diciembre  2002
Lejos de Galicia
Iñaki EZKERRA La Razón 10 Diciembre 2002

¿Dónde está la democracia
Ernesto Ladrón de Guevara La Razón 10 Diciembre 2002

Los demás son silencio
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC 10 Diciembre 2002

Hello Spain
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  10 Diciembre 2002

Los vascos se lamen solos
Lorenzo Contreras La Estrella 10 Diciembre 2002

La cita de Ibarretxe
Editorial ABC 10 Diciembre 2002

Un confuso y manipulador no a ETA
EDURNE URIARTE ABC 10 Diciembre 2002

La revista infantil que insulta a Aznar pide la unión de los «borrokas» contra «los fachas»
L. Nuño - Madrid.- La Razón 10 Diciembre 2002
 

Lejos de Galicia
Iñaki EZKERRA La Razón 10 Diciembre 2002

Seré cursi pero me gusta que la peña veinteañera de España se haya pasado el puente de la Constitución en Galicia. Me gusta que haya sido en el puente de la Constitución. Llevamos años buscando un signo de solidaridad española en programas televisivos de lo más cutres ya sólo por eso, por televisivos. Buscando, Gustavo Bueno vio a España en el Gran Hermano y otros la vieron en la Operación Triunfo. Qué jodidos hemos estado. Qué mal nos lo han hecho pasar los nacionalismos para que tuviéramos que agarrarnos a esos clavos ardiendo.

Lo de Galicia ha sido otra cosa y ha estado bien. Está muy bien que cuando se incendia la casa el vecino más raro, más individualista, más rebelde de la escalera salga con los demás a ayudar y echar baldes de agua para poder seguir siendo eso: el vecino más raro, individualista y rebelde del ático derecha. Ese gesto no le quita nada de su rareza, de su individualidad, de su rebeldía. Confirma que las valora y lucha por ellas.

A mí me parece que de eso se habla cuando se habla de «patriotismo constitucional» y de cosas como ésa. Ahí no hay esencialismos que valgan ni mistificaciones reaccionarias. Nadie tiene derecho a acercarse al que está con el cubo de agua intentando apagar las llamas y cuestionar por ese gesto su rebeldía, su individualidad, su rareza. Nadie tiene derecho a acercarse a ese muchacho del mono blanco y decirle que es un borrego, un gregario, un pringao, un facha. Quienes, ante la marea negra de esos nacionalismos que sí son esencialistas, de esos patrioterismos que sí hablan de sangre derramada, de muertes por la patria y purezas de la raza, hemos agitado la bandera constitucional lo hemos hecho como quien coge el cubo para sofocar el fuego, como quien estos días se pone la capucha y el mono blancos para arrancar fuel de la arena.

Cuando tenía veinte años tuve un accidente de bici en una carretera vizcaína y me atendieron dos viejillas de un caserío como si fuera su nieto. Seré cursi pero pensé que eso era España: la certeza de que si tenías un accidente de bici en el lugar más apartado te iban a cuidar como si fueras su nieto un par de ancianas. Me he acordado de ellas viendo a esos chicos solidarios en Galicia. Por seguridad hoy no voy a en bici por Euskadi. Hoy si me estrello con mi bici no me fiaría de ciertas ancianas. El nacionalismo, excluyente o incluyente, ha traído una cultura egoísta y mimética que va de Cataluña a Gibraltar. En Euskadi ya han logrado romper la sociedad civil. Han sacado lo peor de los vascos: odio y desconfianza. Decían temer los nacionalistas la fractura social. Pues bien, ya se ha producido y no por miedo a ETA sino a ellos, a su odio ladino, a su mirada turbia... Qué lejos están de la cita en Galicia.

¿Dónde está la democracia?
Ernesto Ladrón de Guevara es portavoz de Unidad Alavesa La Razón 10 Diciembre 2002

Fue una de tantas concesiones que ha dado patente de corso al PNV.

No sólo se permitió al PNV imponer al conjunto de los vascos su bandera, su himno, un concepto avasallador de la euskaldunización que obliga a poblaciones enteras a aprender una lengua que no ha sido la de sus antepasados directos. No sólo se le permitió usar la denominación de «Grupo Vasco» como si el resto de los representantes en las Cortes Generales elegidos por una parte de la sociedad vasca fuera marciana o «cunera».

También se admitió que el presidente de la Comunidad vasca se llamara lehendakari, es decir, el primero del grupo, el caudillo, el director. Se podía haber llamado buru o mahaiaburu, o simplemente president, todos ellos sinónimos admitidos por los rectores de la lengua para designar a la función presidencial. Pero no, se llamó lehendakari. Y las palabras no son inocuas. Si no véase lo que está sucediendo hoy: Ibarreche no se considera un simple presidente del Gobierno. No se ve en definitiva como un funcionario electo por el pueblo que tenga como objeto la administración del interés general sin más, sino con misiones mesiánicas.

Se considera a sí mismo como líder espiritual o Moisés que ha de llevar a su «pueblo» a la tierra prometida cruzando el río Jordán. Y a su partido se le asigna la misión de ser el guía, con una gran connotación religiosa de salvación del pueblo elegido. Los demás tienen la atribución de parias o más bien metecos en su misma tierra, como si estuvieran ajenos a la idiosincrasia del país.

Y por eso Ibarreche se ha lanzado a explicar su paso por el desierto que es el plan de independencia que nos está proponiendo sin opciones alternativas, sin debatirlo en sede parlamentaria. Por eso Ibarreche se considera a sí mismo con la capacidad, derivada de su papel de director de la causa salvífica, de aprovisionarse de fondos públicos con los que desarrollar su campaña, negando información al Parlamento y confundiendo el proyecto de su partido con el interés del conjunto de los vascos cuya voluntad está reflejada en la pluralidad del arco parlamentario.

Por cierto, hablando de voluntades, no hay que confundir la de cada territorio foral, que es el que tiene asignados los derechos históricos diferenciados, con la voluntad del conjunto de la cámara que tampoco coincide, por cierto con el plan Ibarreche. Así resulta que la representación mayoritaria alavesa en el Parlamento vasco está en discordancia frontal con lo que plantea Ibarreche.

Por todo ello, es hora de denunciar con toda la energía democrática que nos quede que no puede admitirse la malversación del dinero del conjunto de los contribuyentes, entre los que están aquellos que no somos nacionalistas, es decir al menos la mitad de la población. Y menos si el Parlamento no ha decidido en ningún caso respaldar esa iniciativa pues se le ha hurtado la votación del proyecto presentado por el lehendakari.

Y si no, ¿para qué están el Tribunal vasco de cuentas públicas, la Fiscalía y demás órganos jurisdiccionales? Ya es hora de que se ponga orden en este berenjenal.

Los demás son silencio
Por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR. Catedrático de Historia Contemporánea. Universidad de Deusto ABC 10 Diciembre 2002

IBARRETXE dice: habláis mal. Deberíais contar otras historias para no enfrentar a los vascos. La ciudad donde nacisteis, el mar, la geometría primitiva de los valles. Hondas y bellas palabras que cantasen el camino de vuestro pueblo, senda verde que brota en los pasos de razas viejas. Hondas y bellas palabras que proclamasen su nueva primavera... Ibarretxe sugiere silencio e impone la pena sin dolor, pero en estas pesarosas tardes de diciembre, en las que el PNV embarga el alma y el dinero de todos los vascos para hacer realidad los fines nacionales de su partido, en las que el obispo de San Sebastián se lava las manos mientras la Conferencia Episcopal española quiebra su historial de tibieza, yo quiero recordar un cielo azul de octubre y un día dedicado a la memoria de los 42.000 ciudadanos que según Gesto por la Paz viven calladamente devorados por la amenaza en esta tierra oscurecida, en este País Vasco todavía oscurecido. Pienso en sus puños a escondidas crispados y en su mirada, la mirada de quien nada espera ya del gobierno de Vitoria, pienso en todo lo que perdimos un día, por lo que escribo.

En 1942, en un Londres sitiado por los bombardeos alemanes, Orwell repasó las verdades y las mentiras que vivió, escuchó y leyó en torno a la guerra civil española, y denunció que lo que se dijo y se escribió, entonces y después, no guardaba ninguna relación con los acontecimientos sucedidos en España. Orwell escribió: «Vi cómo la historia se contaba no en términos de lo que ocurrió sino en términos de lo que debería haber ocurrido según la conveniencia de los distintos partidos». El intelectual británico llegó a la conclusión de que si se abandona la idea de que la Historia puede, y debe, ser escrita con veracidad se abre paso un mundo de pesadilla en el que cualquier dirigente político puede controlar el futuro y también el pasado: «Si el líder dice de tal acontecimiento eso no ocurrió, pues no ocurrió».

Hoy después, de sesenta años y una transición, la reflexión de Orwell sigue teniendo plena vigencia en España. Basta viajar al País Vasco, vivir su tiempo ahumado de pistoleros y de llanto, y preguntarse cómo y por qué llegó a hacerse tan dura y tan áspera la convivencia entre los vascos. La respuesta ya la escribió Orwell, cuando hablaba de la guerra civil española. La clave hay que buscarla en los años indecisos que siguieron al derrumbe de la dictadura. Durante la transición, mientras se enterraban los tiempos podridos del odio, en el País Vasco se empezó a contar el pasado no en términos de lo que ocurrió sino en términos de lo que debería haber ocurrido según la conveniencia de los políticos nacionalistas. El PNV impidió que las heridas del pasado cicatrizasen, hallaron en la manipulación de la memoria un arma de futuro, relataron sus leyendas, leyendas de rebelión, sacrificios y derrotas que sonaban hermosas y terribles, travistieron la fábula de Historia y la llevaron a la calle, a las familias, a las escuelas, y los demás renunciamos a nuestro propio salvamento o naufragamos, perdimos las palabras o no hallamos la nota, el tono necesario para relatar historias de las que fuimos protagonistas. La democracia nació en el País Vasco condenada al pago de viejas deudas y hubo un silencio respetuoso y una sociedad con vítores y música y banderas. El complejo de culpa que padecía el pensamiento español en aquellos tiempos tuvo en ese respetuoso silencio, en esa temerosa complicidad, su más triste demostración.

Lo terrible es que el PNV y sus dirigentes no se conformaron con tergiversar la historia sino que además afirmaron la identidad vasca negándosela a quienes no compartían su discurso. Lo terrible es que el PNV, para llevarse detrás al «pueblo», inventó una épica colectiva y brindó a su mayoría un enemigo concreto, visible. Lo terrible es que todos los males y desgracias se concentraron en España, en el español. El líder dijo que el disidente político era miembro de una potencia invasora y así se creyó.

La Constitución y el Estatuto de Autonomía habían dado a todos los vascos -nacionalistas, comunistas, socialistas, centristas, derechistas...- la posibilidad de recuperar los espejos en los que era posible contemplar un futuro que los viera juntos. El PNV debió gobernar entonces para la convivencia, pero no lo hizo y el embargo sentimental que ejerció sobre la ciudadanía sólo trajo más sombra, más división, más odio. El País Vasco continuó siendo tumba y naufragio y persecuciones y exilio, lo fue en silencio, como en los tiempos de la dictadura, aquellos tiempos de Caín que Blas de Otero lloraba en sus versos

Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel. Aquél que dice:
Abel, Abel, Abel... o yo, tú, él.

versos que continuarían llorando en el papel deshabitado, que es el morir, de no ser por «los enemigos del pueblo», por aquellos pocos que denuncian en la jefatura nacionalista la misma pose intransigente que hay en el discurso de Le Pen o de Haider y aquellos otros, gente anónima, jóvenes y viejos que unidos por algo humilde, paz, libertad, vida, salen a las calles soñando un porvenir distinto y más hermoso.

Hace tiempo, en 1944, el escritor italiano Cesare Pavese anotaba en su diario: «Hay personas para quienes la política no es una universalidad, sino legítima defensa». Hace tiempo que en el País Vasco, ya no la política, sino la palabra, la palabra hecha calle, se ha convertido en un acto de legítima defensa. La manifestación que organizó Basta Ya en San Sebastián fue un acto de legítima defensa, una explosión de palabras de una vez y en la calle, de una vez, por todos y por todas las veces en que no pudieron. Miles de personas condenadas a la soledad se rebelaron contra su vieja resignación, rompieron el silencio, descubrieron que todavía es posible decir no y pudieron hablarse y compartir historias y recuerdos... historias de persecuciones, de exilios, de amenazas, de dudas, de miedos, de hombres y mujeres sacrificados funcionarialmente en nombre de la patria. Había algo uniéndonos a todos, algo vivo después de tantos años. La idea de que es preciso profundizar en aquello que puede unir a los vascos, que los unió o los debió unir un día en el pasado, la Constitución, el Estatuto... en vez de proyectar Estados imposibles e imponer ideologías que los separan y los enfrentan violentamente.

El grito contra un anacronismo absurdo que ensangrienta las calles de España y que no tiene sentido en una comunidad de ciudadanos libres como Europa sonó el 19 de octubre en las calles del País Vasco para que los disidentes políticos no mueran más en los márgenes del silencio ni vivan más desamparos. Las gentes de San Sebastián ocuparon las primeras planas de los periódicos, pero ni el PNV ni los obispos vascos las han visto. Aquellas gentes, piensan los dirigentes nacionalistas mientras financian con dinero público la campaña de promoción de su nuevo Estado libre asociado, aquellas gentes no existen, «son los traidores de la patria», los inmigrantes que hay que deportar a su país de origen: el silencio.

En San Sebastián Fernando Savater dijo que su principal lucha es hacer que un día nadie tema por su vida porque opine libremente o porque viva de un modo que otros desaprueban de acuerdo con su especial percepción de un derecho. Pienso en sus palabras, pienso en los intelectuales vascos que tienen el coraje y el instinto de la resistencia, que buscan el equilibro entre la política y la moral y por eso no se equivocan o no se equivocan en la única lucha en que de veras importa no errar. Pienso en «los enemigos del pueblo», pienso en la multitud anónima que inundó las calles de San Sebastián saliendo de sus casas y de sus relojes cotidianos, los veo caminando palabras, lentamente avanzando entre los edificios, sin importarles que alguien se les acerque y les grite «hacéis mal, deberíais escuchar la voz de las pistolas», sabiendo que las palabras y las pancartas no son suficiente

Hello Spain
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  10 Diciembre 2002

He tenido la ocasión de leer, lehendakari, el texto de diez puntos que bajo el título de 'Iniciativa para la convivencia' ha hecho usted buzonear por 800.000 hogares vascos. Quien no lo haya recibido puede consultarlo en la red (www.euskadi.net/konponbideak), donde ha sido colgado para difundir más universalmente, si cabe, la buena nueva de su propuesta soberanista.

Lo primero que llama la atención es que la carta que acompaña a su decálogo está escrita en primera persona, mientras el texto principal comienza con un «ésta es nuestra propuesta» desconcertante. O ha pasado usted sin previo aviso al plural mayestático o ha incurrido en una falta de concordancia. También sorprende al ojo del lector que el punto 5º de la propuesta incluya una falta de ortografía: «Garantizar la autonomía de decisión de nuestras instituciones propias, sin ingerencias (sic)». Su gobierno, lehendakari, nos está enseñando a escribir «ingerencias» con ge y «Anjeles» con jota. ¿Es un síntoma grave de lo que pasa? Uno no sabría decirlo, habida cuenta de que una parte considerable de nuestros estudiantes universitarios escribe con faltas de ortografía. En esto, como en otros órdenes de la vida, no habrá más reglas que las que los vascos y las vascas quieran, pero a uno le parece que la ortografía y la sintaxis son dos cualidades del alma, dos requisitos indispensables para la sindéresis.

Nada más lejos de mi intención que tergiversar- ¿o se escribe 'terjibersar'?- su propuesta. Si le hago estas consideraciones no es sino para demostrar que la he leído con atención y provecho y que esta crítica no es de oídas. Ya me llamaba la atención que en una propuesta que usted considera de paz, la paz tienen que ponerla otros, a saber, los miembros de la organización terrorista. Es una cuestión de lógica, lehendakari. ¿Por qué iba ETA a dejar de matar a cambio de que se satisfagan las aspiraciones del partido-guía, en vez de las suyas propias, especialmente si tampoco al PNV le va a durar el gusto más de una generación?

También quiero expresarle mi sorpresa ante el hecho de que una propuesta llamada 'Iniciativa para la convivencia' fuera explicada por las juventudes de su partido en la festividad de la Constitución con el lema 'Good-bye Spain', sin que usted mismo les haya pedido que no tergiversen su propuesta de convivencia ni les haya hecho ver lo impropio de la consigna.

Para estrenar el estatus de libre asociación que anida en su propuesta de convivencia, en efecto, sería mucho más apropiada la expresión 'Hello, Spain'. A nadie se le ocurriría sugerir a su pareja la idea de compartir el mismo techo diciéndole «ahí te quedas», salvo que su modelo de convivencia esté inspirado en el de María Jiménez y Pepe Sancho.

Los vascos se lamen solos
Lorenzo Contreras La Estrella 10 Diciembre 2002

Los nacionalistas vascos han comenzado a limpiar sus costas, también afectadas por el naufragio del Prestige. No han tenido suerte. Aparte de la contaminación, no pueden girar esta vez sus recriminaciones hacia la responsabilidad del Estado, como ellos llaman a España por sistema. Ha sido una desgracia azarosa. Aunque no hay que descartar que acaben culpando a "Madrid" de su propia calamidad.

El caso es que el lehendakari Ibarretxe se ha personado en las zonas invadidas por la marea negra y ha procurado demostrar que la diligencia de la Administración nacionalista y su previsión técnica han sido más eficaces que la perezosa reacción de la Administración central. No tardarán, si ya no lo han hecho, en establecer baremos comparativos. En mi entrega anterior señalé que una de las presencias vetadas seguramente, o por lo menos probablemente, en la costa vasca, será la de Jaime Mayor Oreja. Para los nacionalistas se trata de evitar que, como sucediera en algunas ocasiones en el pasado, la asistencia estatal llegue a manifestarse con intervención por ejemplo, del Ejército, y menos aún de la Guardia Civil. Es lo que ocurrió hace años en las famosas inundaciones del País Vasco, cuando los agentes de la Benemérita sacaban en brazos a los damnificados en peligro de resultar arrollados por las riadas de entonces.

La autosuficiencia de Euskadi, que por cierto no ha realizado ningún especial esfuerzo visible en asistir a los gallegos en su drama actual, forma parte del orgullo nacionalista. Nada, ni siquiera las lágrimas y las tragedias, puede influir en su sensibilidad, si es que tienen alguna que no pertenezca a la idiosincrasia que caracteriza a los gobernantes vascos. Lo suyo es la distante indiferencia. En realidad no hay nacionalismo solidario con el resto de las comunidades. Y menos con España en su concepción global. Ya lo dijo Sabino Arana: "De nuestras relaciones políticas con España procede todo nuestro daño". Y añadía en otro de sus luminosos pensamientos: "Es preciso aislarnos de los maketos en todos los órdenes de la vida. De otro modo, aquí, en esta tierra que pisamos, no es posible trabajar por la gloria de Dios".

Es evidente que Ibarretxe, con o sin chapapote, trabaja para la gloria de Dios. Aislarse de los maketos, sobre todo de los maketos "centrales", es una exigencia de su dogma y una garantía de la salvación de su alma.

Ahora debe estar atento al desarrollo de la ofensiva nacionalista gallega contra Fraga Iribarne. El BNG va a degüello contra el presidente de la Xunta, lo cual no deja de constituir un factor de debilitamiento del PP. Los nacionalistas vascos están en condiciones de calcular que la definitiva decadencia del PP puede empezar por el noroeste. No hace falta esperar a que Fraga cumpla ochenta y cuatro años. El "león de Villalba" tiene, a fin de cuentas, el enemigo dentro. Es difícil de roer, ciertamente, pero cuando el actual jefe, José María Aznar, juega al diluvio —y lo está haciendo a todas luces—, quiérese decir que los peneuvistas cuentan con su propio naufragio, o sea, el de Aznar, que sería el del PP.

La situación se ha complicado, como cualquier observador está pudiendo apreciar. Todo ha cambiado en veinte días. Un petrolero basura ha demostrado la vulnerabilidad del centro-derecha gobernante. Cuidado con los nacionalistas.

La cita de Ibarretxe
Editorial ABC 10 Diciembre 2002

LAS reacciones de populares y socialistas a la convocatoria formulada por el lendakari Ibarretxe para la manifestación del día 22, en Bilbao, demuestran que la buena fe y la determinación contra ETA están del mismo lado, el de los constitucionalistas. Destacados dirigentes de ambos partidos, como Ramón Rabanera, a título personal, y Patxi López, por el PSE, han anunciado su disposición a acudir a la manifestación, aun sabiendo que es una cita manipulada e «hipócrita», como ha dicho Rosa Díez. Si no fuera así no se entenderían los requerimientos al lendakari para que garantice el carácter apolítico de la convocatoria. Por eso, habría sido más coherente con la actual situación que unos y otros hubieran esperado a una mayor definición de Ibarretxe antes de pronunciarse sobre su asistencia. Ni populares ni socialistas pueden sentirse apremiados en la valoración sobre esta convocatoria del lendakari, porque su actitud frente a ETA ya está contrastada en manifestaciones unitarias, mérito que el nacionalismo no tiene en su haber. Las razones de la desconfianza son evidentes. Ibarretxe se ha acordado de denunciar a ETA en la calle cuando ETA le ha afeado su propuesta soberanista de libre adhesión, por considerarla insuficiente, juicio que comparte, con otros términos, el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, para quien dicha propuesta no agota el cupo de reivindicaciones del partido.

La manifestación del día 22 no es, por tanto, un punto de inflexión del nacionalismo frente a ETA, sino una necesidad táctica del Gobierno de Ibarretxe en la permanente lucha interna por el liderazgo en el frente nacionalista. Baste recordar las invectivas de la banda terrorista contra el PNV poco antes del pacto de Estella, para dar por sentado que las descalificaciones recíprocas entre nacionalistas nunca entrañan rupturas definitivas. En muchas ocasiones son la antesala del acuerdo. Sin embargo, es comprensible que la oposición a la banda terrorista sea un sentimiento que estimula a los demócratas constitucionalistas más allá de las consideraciones tacticistas del PNV. Ninguna garantía será suficiente para acreditar la buena fe del nacionalismo si, como reclamaba Nicolás Redondo el domingo en estas páginas, Ibarretxe no retira una iniciativa política que, a pesar de las críticas de ETA, introduce definitivamente en la agenda vasca inmediata los objetivos de la soberanía y la autodeterminación. Aun así, la participación de populares y socialistas también debe ser medida por su propio ánimo de salir a la calle contra ETA, sabiendo que el éxito de esta convocatoria será, al día siguiente, rentabilizado por el nacionalismo como una prueba de la capacidad de liderazgo de Ibarretxe.

Un confuso y manipulador no a ETA
Por EDURNE URIARTE ABC 10 Diciembre 2002

El Partido Socialista acaba de decidir tras mucho debate acudir a la manifestación convocada por Ibarretxe. Y el Partido Popular sigue reflexionando. Y es que la decisión no es ni mucho menos sencilla. Porque nos encontramos ante una manifestación de repudio a ETA convocada por un lendakari que no tiene una política antiterrorista porque no cree en ella, que defiende al brazo político de ETA y que ha entrado en una radicalización que da alas al discurso de ETA-Batasuna.

A estas alturas de la historia sabemos que hay muy diferentes noes a ETA en el País Vasco y que sus significados son radicalmente distintos. Y el problema para los partidos constitucionalistas es que el no a ETA de Ibarretxe no sólo es confuso y vacilante, sino manipulador. En primer lugar, porque proviene de un partido que lleva meses coqueteando con Batasuna para hacerse con los votos radicales y que, no sólo no acaba de romper los lazos con el entramado etarra, sino que los ha estrechado en los últimos tiempos.

Lo llamativo es que en lo anterior hay un abandono claro de la defensa de la libertad, pero también una ceguera que lleva al PNV a pensar que su radicalización será suficiente para el fin de ETA. Cuando el último comunicado de la banda les ha vuelto a abrir momentáneamente los ojos, los nacionalistas han decidido reafirmarse ante ETA.

El problema es el carácter de esta reafirmación. Y ahí está la manipulación. Porque ¿qué significa el no a ETA de unos partidos que no utilizan los recursos de su gobierno para combatirla y que dicen que dialogarán con los terroristas? Sin medidas antiterroristas y sin un discurso claro, ese no parece más bien un ejercicio de puntual limpieza estética de quienes se sienten incómodos con ETA pero no lo suficiente para luchar contra ella.

El no a ETA de los constitucionalistas nada tiene que ver con la posición de Ibarretxe. Y, sin embargo, me parece que la decisión constitucionalista más útil es acudir a esta manifestación; para mostrar qué significa el auténtico no a ETA, para ocupar el espacio de quienes sí combaten el terrorismo y para poner freno a una nueva manipulación nacionalista. Lo contrario sería coherente, sí, pero haría todavía mucho más fácil el artificio estético que pretende consumar el lendakari el próximo día 22.

La revista infantil que insulta a Aznar pide la unión de los «borrokas» contra «los fachas»
La publicación recibe 28 millones de pesetas de la Diputación y dos del Gobierno vasco «Kili-Kili» también llama «traidora» a la Ertzaintza por «ayudar a los españoles»
Las cartas que la revista infantil vasca recoge en su sección «Kili-kartak» muestran las «ideas sectarias» que promulga esta publicación. En algunas de estas misivas de los jóvenes vascos se invita a la «unión» de los «borrokas» contra «los fachas» y se ensalzan los «valores» de la «nacionalidad de los vascos», considerando el uso del castellano como un «insulto» al Euskera. Los dirigentes populares denuncian que esta revista recibe para su publicación subvenciones de la Diputación Foral y del Gobierno vasco.
L. Nuño - Madrid.- La Razón 10 Diciembre 2002

Las cartas que los lectores envían a «Kili-kili» son reflejo de los contenidos de la revista. Algunas de las misivas reproducidas en la página promueven las siguientes ideas. En «Gazte koadrilen arteko istilnak» (Los problemas de las cuadrillas de los jóvenes), un lector establece la diferencia entre los «txunbetas» (chunba-chunba) y los «borrokas». Señala que los primeros son fachas y los segundos son abertzales sentenciando que «por eso se llevan tan mal».

El joven explica que los primeros provocan a los «borrokas» y éstos les hacen frente. El niño dice que los «txunbetas» son más y por esos les ganan, pero aclara: «los borrokas sabemos buscarnos verdaderos amigos: los raper, los heavys y los borrokas nos unimos y entonces los otros están perdidos». Otra de las «kili-kartak», «Euskal Nortasuna» (Identidad vasca), denuncia que «la nacionalidad vasca se basa en la lengua y utilizando una lengua extranjera como el castellano insultamos nuestra lengua que es el Euskera y el Euskera es nuestra cultura».

El parlamentario popular Iñaki Ortega, que el pasado domingo denunciaba, por tercera vez en los últimos cuatro años, los «contenidos sectarios» de dicha publicación, presentó ayer ante la mesa de la Comisión de Educación y Cultura dos solicitudes de comparecencia: una para la consejera de Educación, Ángeles Iztueta, y otra para la consejera de Cultura, Miren Azkarate, en las que les pide un informe sobre las medidas que van a tomar sus respectivos departamentos ante los contenidos de «Kili-kili», ya que la publicación está apoyada por fondos públicos. Ortega explicó a LA RAZÓN que tienen constancia de que la Diputación Foral Vasca ha dado a esta revista «entre los años 1991 y 2001 28 millones de pesetas». También aseguró que «hace tres años el Gobierno vasco ayudaba a la publicación con dos millones de pesetas anuales», cifra que no duda que haya podido incrementarse. Por ello, han solicitado que se informe de las subvenciones que recibe.

El presidente del PP vasco, Carlos Iturgáiz, y el líder del PSE, Patxi López, pidieron la dimisión de la consejera de Educación, Ángeles Iztueta, por la polémica en torno a la revista, que en su número de octubre recoge «versos» de alumnos de una ikastola en los que se tacha a Aznar y a Garzón de «cabecillas» de un movimiento que «pretende aniquilar Euskadi» y se califica a la Ertzaintza de «traidora».

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