AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 12  Diciembre  2002
Pobres chicos
Germán Yanke Libertad Digital 12 Diciembre 2002

Lo de Beiras
David Gistau La Razón 12 Diciembre 2002

El frente nacionalista del PSOE, punto débil del Pacto Antiterrorista
Análisis Libertad Digital  12 Diciembre 2002

Un ultraje y un apaño
Carmen GURRUCHAGA La Razón 12 Diciembre 2002

Marea negra y Estado de las Autonomías
Lorenzo CONTRERAS La Razón 12 Diciembre 2002

Unidad efímera
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 12 Diciembre 2002

El PP exige la retirada de ayudas a «Kili-kili» y el PSE pide una inspección de la ikastola autora de los «versos»
L. Nuño - Madrid.- La Razón 12 Diciembre 2002

«Kili Kili»
Cartas al Director ABC 12 Diciembre 2002
 

Pobres chicos
Germán Yanke Libertad Digital 12 Diciembre 2002

Son unos pobres chicos y lo han sido desde hace tiempo. Son, además, el símbolo de la decadencia del socialismo vasco porque sus peculiares Juventudes ya sólo se nutren de muchachos acomplejados ante el nacionalismo y preocupados por los debates más obsoletos. A sus simpatizantes les cuentan cómo estuvieron en Sevilla luchando contra la globalización, pero no parece tan necesario estar en el País Vasco junto a las víctimas del terror.

Son unos pobres chicos que ocultan sus ponencias para evitar el debate público, porque están aterrados ante la fuerza de la razón, que seguramente les hará vivir más incómodamente. Son tan pánfilos que se quieren presentar ante la opinión pública con un aire de ridículo andinismo reflejado en el más tonto de los lemas: "Defendiendo la alegría".

Lo que defienden es su tranquilidad, no ideas que puedan convertir a los vascos en ciudadanos libres, que es lo que ETA, el PNV y sus corifeos impiden. Insisten ahora, después de tanto fiasco, en bajarse los pantalones ante el nacionalismo y, para disimular, señalan "condiciones" a un absurdo referéndum de autodeterminación. Pero el entreguismo es total: proponen acercar a los presos de ETA para evitar barreras con los independentistas y rechazan la unidad de los no nacionalistas para no satanizar –que término tan laico, ¿verdad?– a los que lo son.

Son unos pobres chicos acobardados, que quieren divertirse. No hay en ellos nada de radicalismo, ni un concepto fresco de la izquierda, ni una gota de jacobinismo, ni nada de rebeldía. Quieren estar alegres en compañía de quienes se ciscan en las libertades.

Y seguirán siendo unos pobres chicos, ignorantes y estrafalarios, si Rodríguez Zapatero y sus huestes, que van a ir a su congreso a defender la alegría, no les ponen los puntos sobre las íes, es decir, un profesor, un maestro que les enseñe, eso sí, muy alegremente, un poco de sentido común, de Derecho Constitucional y se sensato socialismo. Porque si todo pasa felizmente, si todo cabe en el PSOE de ahora, seguirán siendo unos pobres chicos siempre del lado de los poderosos nacionalistas.

Lo de Beiras
David Gistau La Razón 12 Diciembre 2002

Desde las primeras jornadas de la catástrofe del «Prestige», la casta política se ha enzarzado en una reyerta de baja estofa que viene a demostrar que el fuel reacciona como la mierda a la acción de un ventilador. El que ahora se ha esforzado por denigrarse a sí mismo ¬con un éxito rotundo, todo hay que decirlo¬ es José Manuel Beiras, personaje pintoresco y residual que se ha consagrado como divertimento del folclore gallego en la modalidad de soplagaitas.
A Beiras lo tenemos ahora subido al campanario de la aldea, tañendo las campanas de la alarma porque llega Aznar y tentado de repartir rastrillos a la turba para amotinarla: «Puede haber muertos», ha dicho. Barbado e iluminado como un druida que conociera los secretos de la flora psicotrópica, ha creído encontrar en el fuel derramado el ingrediente que le faltaba a la marmita en la que lleva años intentando dar con la fórmula de la poción mágica que subleve a las mesnadas gallegas contra España. Intenta con el «Prestige» encontrar un mito fundacional, semejante a Numancia o a El Álamo, que manche a España con el estigma de la culpabilidad y promocione el desgarro de una traición.

Emplear el desastre como argumento secesionista es una bajeza moral que contiene toda la ruindad del conspirador y toda la vehemencia del hincha de graderío. Precisamente ahora que Galicia es una causa nacional que necesita universalizarse mediante la superación de los prejuicios periféricos, Beiras se afana por levantar una empalizada que deje sola a su tierra. Es decir, se esfuerza por condenar a su propio pueblo a la extinción en aislamiento. Menos mal que los voluntarios y por fin el ejército, que son la visión española más cercana que tienen en la actualidad los gallegos, valen como prueba de que a España no hay que levantarle un muro, pues está ahí para mancharse las manos salvando una porción de su propia tierra. ¿O es que a los voluntarios también hay que correrlos a hostias?

El frente nacionalista del PSOE, punto débil del Pacto Antiterrorista
Análisis Libertad Digital  12 Diciembre 2002

El eje Maragall-Elorza-López viene actuando por el acercamiento al PNV desde hace tiempo. Patxi López, el más reciente, aún no ha dado demasiados pasos pero su ascenso al puesto que ocupaba Redondo Terreros evidenció lo que ahora está pasando. Los otros dos vértices –Maragall y Elorza– son, desde el principio, detractores confesos del Pacto Antiterrorista y partidarios de la ruptura con el Estado.

Sobre Elorza, ya ha quedado claro que su apuesta es “vasquista” <http://www.libertaddigital.com/./noticias/noticia_1275321089.html>. Sigue la doctrina marcada por Jesús Eguiguren, actual presidente del PSE tras la operación Redondo, y autor del texto que propiciaba un referéndum como salida. En cuanto al líder del PSC, tiene costumbre de hablar del País Vasco como campo de operaciones de su particular idea federalista. Las alusiones son numerosas:

• En agosto de 2001, la revista Época desvelaba cómo Gemma Zabaleta se había comprometido con Maragall para elaborar un documento sobre el federalismo que sería debatido en el seno del socialismo vasco. Todo partía de las fabulaciones sobre la Antigua Corona de Aragón (en ello están también Antich, Iglesias y Plá) y la conocida buena sintonía entre Maragall y Pérez Touriño, amigo de los puentes hacia el BNG. Con los socialistas vascos también de su lado, este sector presentaría una alternativa a la “visión unitaria de España” basada en la fuerza de los nacionalismos. Pero en el PSE había pocas figuras dispuestas a ese giro, entre ellos, Redondo Terreros. Ahora, con Patxi López y Gemma Zabaleta, la operación cobra más importancia.

• El 12 de febrero de 2002, Maragall atacó el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, firmado en diciembre por PP y PSOE, en “el estilo y en la forma”. Criticaba la exclusión del PNV y volvía a coincidir con Odón Elorza, el principal detractor. Por aquellas fechas, los líderes nacionales del PP y el PSOE tuvieron que emplearse a fondo para demostrar que el Pacto no peligraba, algo que ya se está empezando a escuchar en demasiadas ocasiones.

• El 5 de marzo de 2002, le tocaba a la Ley de Partidos. Para el líder del PSC, son “los partidos vascos” los que han de decidir sobre la ilegalización, restándole peso al Parlamento y al Gobierno en la decisión. Ferraz, al menos oficialmente, opinaba lo contrario. Patxi López se quedaba a medio camino entre la crítica al PNV y al PP.

• El 11 de julio de 2002, Maragall fue más directo. En su estilo habitual de elogiar para luego atacar, reconoció ante el propio Zapatero que la política del PSOE en el País Vasco no era acertada: “complica la situación”, dijo. Argumentaba que desde la oposición no se puede luchar contra las iniciativas de confrontación del PP (en el poder) hacia el PNV. La apuesta era el diálogo abierto con Ibarretxe pero desde un Gobierno socialista dirigido por Zapatero.

• A primeros de septiembre, Maragall se atrevió a exigir a Aznar un gesto hacia Ibarretxe que “ha demostrado su lealtad institucional”. Otra vez, con el PSOE de Zapatero en el poder, las cosas serían distintas según el socialista catalán. Invitación, reto o amenaza, la presión de Maragall y los adeptos a su federalismo ya está haciendo mella en la sede de Ferraz.

Maragall, uno de los valedores de Zapatero
Y esa es una de las claves. Maragall fue una de las personas que votó a Zapatero como secretario general tras el desastre de la bicefalia. Y el líder no puede olvidarlo. De hecho, han sido muchas las ocasiones en que ha avalado su política y su modelo federalista aunque el propio Zapatero confiesa que nunca le ha oído llamarlo “asimétrico”. Ahora Maragall se está empezando a cobrar ese apoyo en forma de presión. Con ello, pone a Zapatero en un aprieto ya que el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo es uno de los activos electorales que el PSOE más exhibe para mostrar su capacidad de hacer política de Estado.

En ello están con Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y Jesús Caldera, principales artífices de la negociación con el PP y el Gobierno en diciembre del año 2000. José Blanco, sin embargo, podría convertirse en una de las puertas por las que el PSOE dejara pasar la corriente. No en vano, fue valedor de su amigo gallego Emilio Pérez Touriño, de la cuerda de Maragall, y partidario de un pacto con el nacionalismo de Beiras (BNG). Sólo Vázquez, alcalde de La Coruña, contrapesa ese peligro.

Un ultraje y un apaño
Carmen GURRUCHAGA La Razón 12 Diciembre 2002

Con veinticuatro años de retraso, a la puerta no es que haya llamado el cartero, sino que lo han hecho tres. Y es que se avecinan elecciones y en el buzón de una viuda y su descendencia, despreciado durante todos esos años, han llegado los mensajes del Gobierno (vasco), de la Diputación (guipuzcoana) y del municipio (donostiarra). Llaman por teléfono a las víctimas del terrorismo, a esa viuda y a otras muchas que quedan y a sus hijos para ofrecerles un apaño en el sentido académico de remediarles precariamente un asunto por conveniencia. Pequeñas asistencias, algunos viáticos en especie (ayuda en casa, posible auxilio médico) y un funcionario o funcionaria les convoca a una comida para ver qué se puede hacer por ellos. Las víctimas del terrorismo vascas, marginadas en el olvido institucional e insultadas o esquivadas por el entorno nacionalista, han resucitado en este mes de diciembre ante el ordenamiento vástago de Sabino Arana. ¿Por fin existen!

¿Se trata de un acto de contrición o de una paulista «caída del caballo» ante la próxima Navidad? Tristemente, no. Se trata de una zafia treta electoralista ante los comicios primaverales que se engarza, como la cuenta de un rosario, en una estrategia del márketing de la tribu peneuvista. Tras el sólido embate del Estado español, y hay que reconocer que por la firme resolución del PP, se ha constituido en estos últimos años un armazón afectivo y económico en torno a las víctimas del terrorismo, que, además, ha institucionalizado en dos organismos estables y compactos como la Asociación y la Fundación, esta última presidida por Adolfo Suárez que la avala con su prestigio como líder de la transición democrática. La iniciativa ha sido recogida ahora en el cuaderno de campaña electoral del primer partido nacionalista vasco en un estrambótico y sonrojante salto desde la humillación al convite de un menú compuesto de dos platos, postre, vino y café, para ofrecerse a paliar una carencia sanitaria o la ayuda para limpiar la vivienda en caso de invalidez para ese menester. Pongo por caso. Y respecto de los cinco, diez, veinte o veinticinco años de ultraje, pelillos a la mar.

Lo sorprendente de tal actitud ¬Gobierno, Diputación, municipio¬ no es que se antoje solamente oportunista, sino que supone un diáfano alarde de abdicación de la vergüenza. Eso en política no es nuevo. Pero cuando está por medio la sangre, el asesinato y el posterior desprecio a los allegados de las víctimas, hace falta tener desfachatez para tender semejante puente sobre veinticinco años de actitud indecente y presentarse ¬¿ale hop!¬ como comprensivo receptor del dolor dilatadamente repudiado durante casi un cuarto de siglo.

Marea negra y Estado de las Autonomías
Lorenzo CONTRERAS La Razón 12 Diciembre 2002

Entre las lecciones políticas que se desprenden del naufragio del «Prestige», casi todas ellas inquietantes, empieza a hacerse patente la comprobación de que al final es el Estado quien tiene la eficacia, pronta o tardía, para resolver los problemas, sobre todo cuando éstos afectan a los peligros más graves. El Estado de las Autonomías, siempre tan celebrado como el gran invento de la Constitución, parece haber naufragado casi tanto como el petrolero en el asunto de la marea negra. Ninguna de las comunidades concernidas por la catástrofe ha demostrado una especial capacidad para estar a la altura de los acontecimientos. En todo caso, ha sido la descoordinación entre el poder central y los poderes autonómicos el dato que tiende a brillar, si es que cabe la palabra, en el conjunto de las reacciones registradas.

La Constitución, en su artículo l48, adjudica a las comunidades autónomas la gestión en materia de protección del medio ambiente. La salud de las aguas litorales que bañan las playas y puertos de las comunidades periféricas tiene que ver forzosamente con la protección medioambiental. Y precisamente esa deficiente gestión en política previsora de riesgos que la experiencia ha puesto de relieve en famosas ocasiones es la que hoy puede lamentarse en Galicia y en todo el litoral cantábrico. En su artículo 149, la Constitución reserva al Estado la legislación básica sobre protección del medio ambiente, «sin perjuicio de las facultades de las comunidades autónomas de establecer normas adicionales de protección». Pues bien, sería interesante profundizar en el apartado correspondiente del citado artículo y en sus desarrollos estatutarios para dar con la clave de la monumental imprevisión que ha presidido el desarrollo de la tragedia marítimo-costera.

Así pues, no parece temerario concluir que la legislación básica reservada al Estado no ha resultado ser un modelo de buena plasmación, pero todavía menos convincente ha sido la gestión correlativa de los poderes regionales. La falta de medios ha sido clamorosa, con independencia de la irresolución de los responsables políticos, que además han recibido el «baño», nunca mejor dicho, de las iniciativas espontáneas de una sociedad española atribulada por lo sucedido. Tal circunstancia ha podido contribuir a sacudir la pereza, si cabe llamarla así, de la Administración central en cuanto a la movilización de recursos. Es una evidencia que sin el poder del Estado, la magnitud de las competencias que han ido recibiendo las comunidades habría mostrado todavía más su dramática vaciedad.
Pronto o tarde ¬está claro que tarde¬ el Estado puro y simple ha tenido que agarrar el toro por los cuernos, con serios destrozos de su figura. El resto de la calamidad de imagen ha venido dado por el espectáculo de los intereses partidistas.

Unidad efímera
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA/ El Correo 12 Diciembre 2002

La manifestación que el lehendakari ha convocado para el día 22 en Bilbao tiene el éxito asegurado de antemano. El escueto lema de 'ETA kanpora' no ofrece resquicio alguno por el que las reticencias puedan escabullirse y convertirse en ausencias. De buena o mala gana, por Bilbao desfilarán todos los que deben desfilar. La multitudinaria afluencia no será, como es obvio, un clamor unánime a favor del 'Plan Ibarretxe'. Tampoco lo pretende quien convoca la manifestación. Sin embargo, a partir de ese día, el plan habrá quedado, en cierto sentido, descontaminado.

La coincidencia, casual o buscada, del comunicado con que ETA lo rechaza como un «plan para la guerra» y de la convocatoria con que el lehendakari le responde en términos no menos contundentes, convergen en dejar claro que, cualquiera que sea el camino por el que el plan traerá, como promete su promotor, la paz, no pasará de nuevo por Lizarra. La paz no se hará, esta vez, con ETA, sino contra ETA. La manifestación habrá tenido, en tal sentido, el efecto de librar el plan de toda sospecha de connivencia. El lehendakari habrá logrado lo que quería.

Pero, a partir de ahí, las cosas volverán a su sitio. El debate de los Presupuestos, que por las fechas de la manifestación habrá alcanzado su punto más álgido en el Parlamento, colocará de nuevo al lehendakari frente al espejo de su propia debilidad. La minoría que sustenta a su Gobierno y su incapacidad de labrar consensos plurales pondrán, una vez más, en evidencia la desconfianza política y la precariedad institucional en las que el país se halla sumido desde hace tiempo. La descontaminación que, respecto del terrorismo, el plan habrá experimentado en la manifestación de Bilbao no servirá para librarlo también de sus adherencias soberanistas, que son las que constituyen el obstáculo insalvable para erigirlo en la nueva base del entendimiento político y de la convivencia ciudadana.

Por contra, la desconfianza política y la precariedad institucional que se pondrán de manifiesto en el Parlamento sí contribuirán, en cambio, a desvirtuar la unidad antiterrorista que se habrá manifestado días antes por las calles de Bilbao. Aparecerá ésta, a posteriori, como una unidad efímera, forzada y, en último término, irreal. Se revelará, en suma, como una unidad que, para consolidarse en el tiempo y ser de verdad eficaz, necesita de otros consensos más amplios y profundos que el mero rechazo unánime de ETA. Porque, mientras todos los que se habrán manifestado en Bilbao el día 22 no dejen de mirarse con recelo y de considerarse unos a otros estorbos en el camino que cada uno se ha trazado para alcanzar su particular proyecto político, incluso la unidad ese día lograda contra el terrorismo volverá a saltar por los aires el día menos pensado.

El PP exige la retirada de ayudas a «Kili-kili» y el PSE pide una inspección de la ikastola autora de los «versos»
L. Nuño - Madrid.- La Razón 12 Diciembre 2002

El PP en las Juntas Generales de Vizcaya exigió ayer a la Diputación Foral que retire la subvención a la revista «Kili-kili» y censure públicamente su contenido. El apoderado del Grupo Popular, Arturo Ignacio Aldecoa, solicitó la comparecencia de la diputada de Cultura, Ana Madariaga, para que informe sobre el contenido de la publicación y explique las medidas que va a adoptar la Diputación para evitar que se vuelva a financiar con «dinero público» la difusión de «ideas totalitarias».

Por su parte, el PSE, encabezado por su parlamentaria Isabel Celaá, considera necesario que el departamento de Educación del Gobierno vasco abra una «inspección específica» sobre el contenido de las clases en la ikastola de la que surgieron los «versos» recogidos el número de octubre de «Kili-kili». Celaá aplaudió la decisión de la Federación de Ikastolas de Vizcaya de dejar de editar la revista y apostó por investigar al centro educativo del que partieron los «versos» que incitaban a «vengarse de Aznar y Garzón», ya que se pregunta qué tipo de valores reciben los alumnos del mismo para plasmar estas ideas. Los socialistas apoyarán esta iniciativa para «poner fin a ese odio que alimenta la violencia en nuestra comunidad, y que está tan alejado de los valores que una sociedad como la nuestra requiere transmitir a través del sistema educativo», apuntó.

Por su parte, según informa Ep, la asociación de ikastolas pidió disculpas en un comunicado en el que anunció la decisión de terminar con la gestión de esta revista, asegurando que con el número de diciembre da por finalizada toda relación con «Kili-kili».

«Kili Kili»
Cartas al Director ABC 12 Diciembre 2002

«Kili Kili» era una revista de ámbito juvenil que servía de soporte para exponer las opiniones y verter sus críticas a los jóvenes de Euskadi. La gestionaba la Bizkaiko Ikastolen elkartea (Federación de Ikastolas de Vizcaya), quien por dos años se había hecho cargo de ella, pero dice ahora la federación vizcaína que no era su intención, que no se responsabiliza de lo publicado y que no hace suyas, ni comparte, por tanto, las cartas que se han publicado en los últimos números y las ideas que en ellas se exponen. Esta revista infantil ha llegado a decir que Aznar y Garzón pretenden aniquilar Euskadi y se ha mantenido con fondos públicos.

Fue fundada en el año 1966 por Retolaza y desde el 2001 dirigida por Andrés Osa de la Federación de Ikastolas de Vizcaya antes citada, luego ¿cómo es posible que quien dirige una publicación no se responsabilice de lo que en ella se publica?

Se tiran de este «panfleto» unos 10.000 ejemplares y son repartidos entre alumnos de primaria y secundaria, para aprovechar a difundir ideas de venganza, ideas separatistas, ideas que hablan de opresión de países como Francia o España.

Llevan 233 números incitando a la juventud , no siendo un instrumento de difusión del euskera, sino un instrumento de difusión de ideas políticas y separatistas, y recalca que es un pueblo que quiere libertad absoluta no la autonomía.

Dice ahora la «Elkartea» que no la va a publicar, ¿en qué manos caerá?
José Javier Solabre Heras. Pamplona.

Recortes de Prensa   Página Inicial