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Recortes de Prensa     Domingo 15  Diciembre  2002
DESBARAJUSTE
Alfonso USSÍA ABC 15 Diciembre 2002

¿Y si no mereció la pena
ROGELIO ALONSO El Correo 15 Diciembre 2002

Asistir a la manifestación pero...
Cartas al Director ABC 15 Diciembre 2002

ME GUSTA LA EUROPA DE 25

César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 15 Diciembre 2002

El PP rinde homenaje al concejal Cano, asesinado por ETA hace dos años
Efe Libertad Digital  15 Diciembre 2002

Piden cambiar a Arana por Copito de nieve
El Correo  15 Diciembre 2002

Sin atajos
Editorial El Correo 15 Diciembre 2002

DESBARAJUSTE
Por Alfonso USSÍA ABC 15 Diciembre 2002

ME preocupa, y mucho, el lío que tienen los socialistas con el concepto de España. Lo suyo es un peligroso desbarajuste nacional. En Cataluña, con Maragall a la cabeza y su federalismo asimétrico, el socialismo es más nacionalista y lejano a la unidad de España que el nacionalismo de Convergencia y Unión. En Mallorca, Antich gobierna con quienes retiran las fotografías del Rey de los despachos oficiales y consideran que jurar o prometer lealtad a la Corona es intolerable. En Las Vascongadas, Pachi López se acerca cada día más al PNV y Odón Elorza está inmerso en el nacionalismo emboscado. Las juventudes del PSE en el Congreso que las ha reunido, y hoy clausura Rodríguez Zapatero, apoyan con entusiasmo las tesis soberanistas de Ibarreche, piden una consulta popular y exigen el acercamiento de los presos terroristas a cárceles del País Vasco.

Las juventudes socialistas vascas piensan, hablan y se manifiestan como lo harían Eguíbar, Arzallus e Ibarreche. En Valencia, los socialistas defienden con ilusión la idea de los «Países Catalanes» y se sienten mucho más cercanos a Maragall y a Carod Rovira -sí, lo han leído bien-, que a la singularidad e Historia del Reino de Valencia. En Galicia, exceptuando a Francisco Vázquez, el eterno y buen alcalde de La Coruña, los coqueteos con el Bloque Nacionalista Gallego para derribar a Fraga Iribarne empiezan a ser escandalosos, a pesar de la tragedia de la marea negra. En Madrid, el dirigente y miembro de la Ejecutiva, Caldera calificó el homenaje a la bandera de España de «provocador e inoportuno». La confusión del retroprogresismo se extiende en las filas socialistas. Está claro que no interpretan lo que es España como la mayoría de los españoles. Creen todavía que el desafecto a los símbolos de todos y la distancia a la unidad de la nación española son signos de modernidad y avance. No se han movido en treinta años, y para algunos la bandera de España la inventó Franco para ganar la Guerra Civil. A Carlos III no llegan porque no pudieron estudiarlo en sus planes de enseñanza. Cuenta Jaime Campmany que el primer presidente ágrafo de la Comunidad de Murcia, Andrés Hernández Ros, intenso socialista, al serle solicitada su opinión de Carlos I y Felipe II, respondió con soltura académica: «¡Joder, qué tíos!» ¡La madre que los parió!». Y mucho me temo que algún dirigente socialista de hoy camina por las mismas sendas culturales que el sabio militante murciano.

A los socialistas, les valen y sirven todos los pactos, acuerdos y uniones para terminar con los Gobiernos del Partido Popular, ya sean locales, autonómicos o nacionales. Y a eso se le llama en mi pueblo, que es Madrid, jugar con fuego. No se entiende que Rodríguez Zapatero, tan recurrente a la figura del Estado, permita que aumente el desbarajuste entre los suyos. Pudiera suceder que para algunos socialistas, o muchos militantes del socialismo, la idea de España ocupe un lugar secundario en su escala de valores. Una cosa es la libertad y el respeto a todas las ideas, y otra muy diferente la indisciplina conceptual y clamorosa. Si yo fuera Rodríguez Zapatero no acudiría a clausurar un Congreso en el que los militantes socialistas apoyan con entusiasmo los planes independentistas de un partido político que ampara en su territorio la libre manifestación del terrorismo. No me cabe duda que Rodríguez Zapatero está en total desacuerdo con la postura de sus jóvenes compañeros de partido, pero también estoy seguro de que hace poco, o nada, por evitar la peligrosa confusión.

Para un sector del «progresismo», ya sea de salón o de cafetería, España, su unidad y sus símbolos siguen siendo «cosas de la Derecha». Hay más gilipollas de los que, a primer golpe de vista, se detectan. Pero a los gilipollas peligrosos no se les clausuran congresos. Que se lo clausuren ellos solitos y quemen después, para celebrarlo, una bandera de España.

¿Y si 'no mereció la pena'?
ROGELIO ALONSO/PROFESOR EN EL DEPARTAMENTO DE POLÍTICAS DE UNIVERSITY OF BELFAST El Correo 15 Diciembre 2002

La muerte del ex miembro de ETA Ramón Gil Ostoaga suscitó diferentes interpretaciones acerca de los motivos que culminaron en su suicido. Para algunos, la causa era evidente: «La presión del Estado, política y mediática» tras su excarcelación. Si bien este veredicto no explicaba convincentemente por qué el etarra había intentado en dos ocasiones previas acabar con su vida, permitía acallar otros interrogantes sobre tan trágico final. Aunque es obvio que sólo puede especularse sobre las motivaciones de sus actos, existe otra posible causa que no debería despreciarse. Así lo sugieren las palabras de un antiguo miembro del IRA que pasó doce años de su vida en prisión recogidas durante una entrevista con el autor como parte de un proyecto de investigación de próxima publicación: «Creo que si de pronto dijera 'no, no mereció la pena' tendría un enorme impacto en mí. No me entiendas mal, a menudo me siento y pienso: 'tengo cuarenta y dos años de edad, no tengo una puta mierda que mostrar por lo que he hecho en mi vida'. Podría decir: 'no, no ha merecido la pena'. Pero entonces el paso siguiente es: 'bueno ¿qué vas a hacer? ¿Suicidarte?'».

Cuando los miembros de organizaciones terroristas se enfrentan a las consecuencias negativas derivadas de las decisiones tomadas en el pasado es habitual que se esfuercen en evaluarlas de forma positiva con la intención de concluir que el sufrimiento mereció la pena. Esta dinámica no se manifiesta exclusivamente en los integrantes de dichos grupos, pues, como demostraron Aronson y Mills, es frecuente que las personas valoren de manera más benigna las elecciones que generan consecuencias negativas, ya que de lo contrario se genera un sentimiento de inutilidad difícil de afrontar. Así se aprecia muy nítidamente en muchos de quienes han militado en el IRA, siendo probable que también se dé en quienes asesinan por ETA.

Al ser preguntados sobre su participación en el IRA, algunos de los testimonios de antiguos miembros del grupo revelan claros intentos por reducir las inconsistencias que surgen cuando evalúan sus acciones y los resultados obtenidos con ellas, tanto a un nivel político como personal. Como podría haber ocurrido en el caso de Ostoaga, es común que se planteen de qué han servido los asesinatos cometidos y los sacrificios personales realizados en el nombre de una causa cuya materialización en absoluto se ve más cercana gracias a los mismos y que en gran medida se sustenta sobre agravios de limitada o nula objetividad. La muy real sensación de inutilidad y de haber desperdiciado toda una vida, la propia, así como las arrebatadas a los seres asesinados, constituye una peligrosa amenaza que los dirigentes de organizaciones terroristas no desean que madure entre sus subordinados.

Ante la posibilidad de que se extiendan actitudes que cuestionen la idoneidad y eficacia de la violencia, la organización proporciona certezas y dogmatismos que el militante suele aceptar como parte de la exigencia de lealtad con la causa y con quienes la propugnan. Asimismo, mediante esa aceptación, el activista erige cómodas defensas cognitivas frente a los factores con el potencial de llevarle a interrogarse sobre su propia implicación. Por ello se admite la censura y la presión sobre los disidentes que amenazan la cohesión del grupo, protegiéndose así los líderes de la crítica y de las dudas con objeto de evitar cuestionamientos que desafíen su liderazgo. De ahí también el interés en atraer al grupo a jóvenes en edades vulnerables y fácilmente manipulables.

Las palabras de otro antiguo preso del IRA son reveladoras de la complejidad que entraña cuestionar la trayectoria personal en semejantes organizaciones: «Pasé por un periodo muy intenso de autoanálisis desde 1995 en adelante. Implicó rabia, amargura, resentimiento, todo tipo de emociones que te puedas imaginar, porque tuve que examinar mi implicación personal (en el IRA) así como cosas en las que había tomado parte y cosas que había hecho... No sé si la mayoría de los republicanos llegarán a hacer ese autoanálisis, no te puedo decir. Creo que algunos sí que lo han hecho y creo que es lamentable que no sea de dominio público... Sí, los republicanos son muy reacios a llevar a cabo un autoanálisis del camino andado. Pero a lo mejor llega un día en el que se sientan y consideran con seriedad y honestidad el camino andado. Porque personalmente cuando yo miro al camino recorrido, en especial en el contexto de la prisión... aunque a mí me encarceló el Estado británico por mi resistencia contra el Estado británico, el trato que recibí por parte de la gente que deberías considerar como camaradas fue mucho peor que el trato que me dieron los 'screws' (funcionarios de prisiones)».

Este activista expone cómo la divergencia del pensamiento grupal genera serios problemas para el individuo que disiente, pues al hacerlo no sólo se está cuestionando la coherencia del comportamiento propio después de haber justificado el uso de la violencia, sino además la autoridad del grupo y la cohesión del mismo, desafiando la unanimidad en la que descansa su racionalización de la realidad. Como consecuencia de ello se puede llegar a dudar de que realmente la militancia 'mereciera la pena' y que la lucha armada fuera la única alternativa, demasiados interrogantes para una organización que exige sumisa obediencia pues, como explicaba otro ex integrante del IRA, «si piensas demasiado cuando eres un soldado confundes las cosas».

Por tanto, como se desprende de las siguientes palabras del citado militante del IRA, el cuestionamiento de la utilidad de la violencia se identifica como una amenaza: «Durante ese periodo del que hablo, cuando me sumergí en ese autoanálisis sobre de dónde venía, experimenté mucha rabia y amargura y todo lo demás, y en medio de una conversación con unos amigos uno de ellos me dijo: 'Lo que estás diciendo suena como si no hubiera merecido la pena'. Y no le contesté. No podía contestarle. Y después me puse a pensar sobre ello. Y en realidad me cabreé de que me hiciera esa pregunta... Tenía el atrevimiento de preguntarme o echarme en cara que estuviera sugiriendo que no había merecido la pena. Me han preguntado muchas veces si mereció la pena y la forma en la que respondo es la siguiente: 'Cuando sumas el sufrimiento, las muertes, los asesinatos, no... realmente no pienso que haya merecido la pena».

En algunos casos, los activistas evitan esa dolorosa dosis de realidad recurriendo a una especie de moralidad subjetiva. El cuestionamiento de la eficacia o utilidad de la violencia se resuelve con evasivas afirmaciones como «pensaba que era lo correcto». De ese modo se intenta eludir la responsabilidad por los actos violentos perpetrados y por las repercusiones de éstos. No obstante, es claro que una violación no deja de ser delito porque el agresor argumente que 'pensaba' que nada había de malo en su agresión.

En absoluto es extraño que quienes formaron parte del IRA entrelacen variables políticas, emocionales y morales cuando surgen interrogantes sobre sus conductas, como muestra el testimonio de uno de ellos: «Siento de veras que la gente haya tenido que morir, porque si no tuvieras sentimientos entonces no tendrías una motivación política detrás de ti, sería inmoral y serías simplemente un psicópata, lo estarías haciendo simplemente por gusto, no habría principios, no habría principios políticos, ni moralidad, ni nada». Por ello, tanto ETA como el IRA insisten en atribuir a sus crímenes una motivación política que desde su mentalidad los legitima y los hace necesarios a pesar del sufrimiento que provocan. ¿Pero qué sucede cuando un terrorista considera que esa supuesta motivación política es insuficiente para justificar los sacrificios personales y los crueles daños infligidos a las víctimas? En ese momento la lógica con la que se ha racionalizado la violencia se muestra incapaz de dar respuesta al dolor generado y éste deja de ser tan soportable, con las consecuencias que sugiere otro ex preso del IRA: «La gente utiliza diferentes mecanismos para hacer frente a las cosas y a lo mejor hay quien es capaz de darse la vuelta y decir: 'Lo siento de veras, he hecho esto y aquello'... Pero hay otras personas que piensan: 'Bueno, si empiezo a hacer eso, todos esos años que he pasado en el movimiento republicano... ¿para qué han servido?' Empiezan a cuestionarse a si mismos y ese es el problema».

¿Había Ramón Ostoaga empezado a cuestionarse a sí mismo?

Asistir a la manifestación pero...
Cartas al Director ABC 15 Diciembre 2002

El presidente Ibarretxe ha convocado una manifestación en Bilbao para el día 22 con el lema «ETA kampora» que significa «ETA fuera». Pienso asistir, y recomiendo a todos los demócratas del País Vasco, sean del partido que sean, que también lo hagan. Pero dados los precedentes que hay, y dado que la mitad de la población no somos nacionalistas, convendría hacer alguna precisión. Si percibiera el más mínimo intento de convertir el acto en un homenaje a la ikurriña, al nacionalismo, al proyecto soberanista de Ibarretxe, o a Ibarretxe, el que suscribe abandonará la manifestación. Si veo que la gente inunda la manifestación de ikurriñas, yo sacaré mi bandera española, como espero que hagan otros, aunque lo mejor sería que la única bandera que se viera fuera la blanca de la paz. Y si veo que lo que debería ser una manifestación pacífica y silenciosa se convierte en un griterío a favor del nacionalismo, mi grito se oirá, y espero que el de otros muchos vascos como yo, y luego me iré. En la reciente manifestación de San Sebastián hubo ikurriñas y banderas españolas, juntas y en perfecta armonía. Que cunda el ejemplo.    Juan Aldecoa Arzubiaga.    Guecho (Vizcaya).

ME GUSTA LA EUROPA DE 25
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 15 Diciembre 2002

EN quince años hemos pasado de dos Europas enfrentadas a una sola. ¿Es poco esto? Todavía ayer el muro de Berlín era la tapia de un inmenso cementerio de derechos humanos. A partir de 2004 el Este va a integrarse en las instituciones de la Unión. Hay que estar ciego para no valorar el cambio.

Me gusta la idea de la Europa de 25 porque es la garantía de la libertad y la seguridad en un ámbito por el que -como ha escrito Stefan Zweig- han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración, el contagio de las ideologías de masas, el fascismo, el nacionalsocialismo, el bolchevismo... «y, sobre todo, el nacionalismo que envenena la flor de nuestra cultura europea». Me gusta esta Europa que acaba de diseñarse en Copenhague porque es la forma más eficaz de conjurar la barbarie.

Porque los bárbaros no han desaparecido con la caída del socialismo real como supuso Bobbio con versos de Cavafis («Y ahora ¿qué será de nosotros sin los bárbaros? / En cierto modo, esos hombres eran una solución»). Están ahí afuera, dándonos muestras sangrientas de su existencia, los fundamentalistas con religión de fondo, los de Al Qaida y toda la red de socios, incluidos los que están en el interior de nuestras sociedades y que no son el producto de la paranoia sino que producen muerte y provocan destrucción. No sólo no han desaparecido los bárbaros sino que han fortalecido un cerco beligerante en torno a esta parte del mundo a la que hacen responsable de su fracaso histórico. Esta es la realidad. Y frente a eso no era tan importante construir una Europa más reducida y más pura sino esta realidad quizá menos intensa, no tan gratificante desde el punto de vista de las afinidades, pero sí más eficaz desde el punto de vista de la estabilidad y la defensa. Así que esta ampliación a 25, esta incorporación de la parte oriental (y aún faltan Rumanía y Bulgaria; no Turquía, Turquía nunca, aunque lo quieran, como es lógico, los americanos y la ministra Palacio).

Esta Europa de los 25 no es ciertamente la excelencia occidental a la que hemos venido aspirando estos últimos años pero es posiblemente la fórmula más eficaz desde el punto de vista de la defensa de la paz en esta parte del mundo. Por otra parte ¿acaso no resultaba un tanto sospechosa esa nación de naciones y, sobre todo, no era una ilusión inalcanzable? Siempre me pareció preocupante que los que critican la idea de España o de Italia como naciones se empeñaran en creer en una nación europea. Me preocupaba que quisieran desbaratar algo real para sustituirlo por una utopía, escasamente solidaria por cierto. Me preocupaba que precisamente los que desconfían de un supuesto esencialismo español o francés o italiano propugnaran un esencialismo europeísta. En realidad querían hacer pasar por la aduana europea sus pequeños y perversos montajes etnicistas...

La fórmula de una nación de naciones ha dado paso a otra más abierta, menos exigente, de menor coherencia cultural e histórica, menos manejable administrativamente, más contradictoria y babélica pero sin duda más eficaz desde el punto de vista de la defensa de la paz, de la seguridad económica, de la solidaridad y de las libertades. ¿Se podía conseguir más en menos tiempo? Definitivamente me gusta la Europa de 25.

PS. La traducción de los versos de Cavafis es la de Ferraté. La reciente de Irigoyen dice así: «Y ahora ya sin bárbaros ¿qué será de nosotros? / Esos hombres eran una cierta solución».

El PP rinde homenaje al concejal Cano, asesinado por ETA hace dos años
Efe Libertad Digital  15 Diciembre 2002

El secretario general del PP, Javier Arenas, miembros del PPC y de todos los partidos políticos de los ayuntamientos de Tarrasa y Viladecavalls han participado este sábado en un acto en recuerdo del concejal de esta última localidad Francisco Cano, asesinado por ETA hace dos años en Tarrasa.

Aprovechando este segundo aniversario del atentado, se ha inaugurado un monolito en el lugar en el que fue asesinado y también hoy se ofrecerá un concierto y una misa en recuerdo de esta víctima de ETA, un gesto que su familia ha agradecido. En el acto han participado la viuda y las hijas de este regidor del PPC y, en nombre de esta formación, se han desplazado a Tarrasa el presidente del grupo parlamentario del PPC, Alberto Fernández, el secretario general del PPC, Rafael Luna, y la presidenta del PPC en Barcelona, Dolors Nadal.

Tras el acto, el secretario general del PP, Javier Arenas, ha asegurado estar "muy unido" a la familia de Francisco Cano y ha comentado que sentía la "obligación de honrar su memoria".
El 14 de diciembre de 2000, la furgoneta que conducía Cano explotó en la confluencia de las calles Milans del Bosch y la ronda de Ponent, en el barrio de Can Boada de Tarrasa, cuando faltaba un cuarto de hora para las 11:00 horas de la mañana.

La furgoneta, una Citroen C-15 de color gris en la que los terroristas habían colocado una bomba-lapa con cuatro o cinco kilos de potente explosivo, estalló en un tramo de fuerte pendiente que activó el sistema de péndulo de la bomba, colocada bajo el asiento del conductor.

Piden cambiar a Arana por 'Copito de nieve'
El Correo  15 Diciembre 2002

La plataforma Fuera Sabino Arana, que agrupa a colectivos como la Asociación Víctimas del Terrorismo y el Foro Ermua, ha pedido al Ayuntamiento de Barcelona que retire el nombre del fundador del PNV de una calle por sus posturas «racistas, sexistas y fascistas». El grupo propone que la vía se dedique al gorila 'Copito de nieve'.

Sin atajos
Editorial El Correo 15 Diciembre 2002

La revelación de que el Gobierno vasco paralizó en la pasada legislatura la elaboración del plan territorial preciso para la aprobación de la 'Y' ferroviaria a cuenta del pacto que mantenía con Euskal Herritarrok muestra hasta qué punto el trazado del tren de alta velocidad está siendo objeto de la indefinición, de la conveniencia política e incluso de la farsa. Porque, en tanto el Ejecutivo Ibarretxe no desmienta la existencia de aquel pacto con EH, no merece otro nombre la imputación del retraso a la supuesta resistencia de la Administración central para propiciar que Euskadi cuente con tan determinante infraestructura de futuro.

La decisión del Gobierno vasco de sacar a licitación buena parte del trazado de la 'Y' que discurre por territorio guipuzcoano podrá inscribirse en la estrategia contenida en el plan de Ibarretxe de asumir de hecho competencias y atribuciones que de derecho no se hallan en manos del Ejecutivo autonómico. Pero, además de incurrir en una anomalía que pudiera conllevar un litigio innecesario y una nueva paralización del proyecto, la iniciativa representa una invitación envenenada a terceros: a aquellas personas y empresas que pudieran verse afectadas o involucradas por una tramitación irregular. Dicha manera de actuar resulta, si cabe, menos comprensible ante el silenciado acoso que el proyecto está soportando por parte de sectores radicales que pueden estar tentados de convertir el trazado de la 'Y' en un nuevo 'frente de lucha' que en nombre del medio ambiente y del equilibrio territorial atraiga la acción de quienes han hecho de la intolerancia y el totalitarismo su única ideología.

Es necesario que, cuanto antes, el tren de alta velocidad se abra paso por la geografía vasca. Es necesario que la Administración central despeje, en el terreno de los hechos, las dudas que existen respecto a su responsabilidad en el incomprensible retraso que padece el proyecto. Pero el atajo propuesto por el Gobierno Ibarretxe no sirve para recuperar el tiempo perdido, sino para empantanar de nuevo la 'Y' en un enredo que se añadiría a la larga lista de desencuentros que ya mantienen las instituciones vascas y el Gobierno central.

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