AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 26  Diciembre  2002
Las leyes de Ermua
Editorial ABC 26 Diciembre 2002

Cómo y por qué fuimos con Ibarretxe
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 26 Diciembre 2002

Muerte física-muerte legal
Ángel CRISTÓBAL MONTES La Razón 26 Diciembre 2002

Treinta años
David Gistau La Razón 26 Diciembre 2002

El general Ternera
Carmen GURRUCHAGA La Razón 26 Diciembre 2002

Ibarretxe, sin apoyos
Editorial El Ideal Gallego 26 Diciembre 2002

El moro de Antzuola
ANTONIO ELORZA El Correo 26 Diciembre 2002

ETA kanpora
Cartas al Director El Correo 26 Diciembre 2002

¿ETA kanpora
Cartas al Director El Correo  26 Diciembre 2002

El 55% de los vascos se declara no nacionalista frente al 36% que dice serlo
O. B./BILBAO El Correo 26 Diciembre 2002

Nosotros también somos vascos
Jaime Larrínaga La Razón 26 Diciembre 2002
 

Las leyes de Ermua
Editorial ABC 26 Diciembre 2002

LA evolución de la política antiterrorista del Gobierno de José María Aznar es la prueba de que un Estado de Derecho tiene recursos legales suficientes para no aceptar nunca un empate con el terrorismo, que acabara justificando una posición de resignación y desistimiento. Durante años, la lucha contra ETA ha estado encapsulada en una limitada respuesta policial, sin apoyo internacional y con instrumentos legales centrados únicamente en la acción contra el terrorismo armado. Los santuarios etarras en el extranjero y la impunidad interna en la que se movían los frentes políticos y sociales creados por ETA sólo permitían al Estado una política antiterrorista de contención de la violencia. La situación actual es bien distinta, gracias a un cambio de planteamiento político y social, que desterró el fatalismo de un terror inacabable, sustituyéndolo por la convicción en la derrota de ETA. Sin duda alguna, el «Espíritu de Ermua» es el epígrafe de una rebelión ciudadana que perfectamente puede aplicarse a la rebelión del Estado contra el terrorismo.

Los grandes cambios introducidos en los últimos dos años en el Derecho español, los códigos antiterroristas creados por Bruselas mediante posiciones comunes y reglamentos y la cooperación reforzada con Francia han conformado un pilar básico de la eficacia del Estado contra el terrorismo. Si ETA y su entorno están debilitados, si su estructura se ha hecho progresivamente vulnerable, se ha debido tanto a la acción de las Fuerzas de Seguridad y de los jueces y fiscales de la Audiencia Nacional como al desmantelamiento de la impunidad en que se hallaba su entorno. Así lo destaca justamente el ministro de Justicia, José María Michavila, en la entrevista que hoy publica ABC, en la que lleva a cabo un acertado diagnóstico al afirmar que «el Estado de Derecho se ha fortalecido contra ETA y la tiene más asfixiada que nunca». La determinación del Gobierno y el respaldo constante del PSOE, en el marco del Pacto Antiterrorista, han dado resultados impensables hasta hace no mucho tiempo. Los atentados del 11-S fueron, en el ámbito europeo, el desencadenante de propuestas y reformas que el Ejecutivo español venía defendiendo desde la Cumbre de Dublín. Ahora son realidades la orden de detención y entrega de terroristas, que sustituirá a los procedimientos de extradición; la definición común de terrorismo, inexistente aún en muchas legislaciones nacionales europeas; la institucionalización de la cooperación judicial -Eurojust- y policial -Europol-; y la supresión de la impunidad financiera de las organizaciones terroristas. España puede legítimamente sentirse impulsora de este nuevo orden europeo contra el terrorismo, que se ha ensamblado con los otros puntales de la lucha antiterrorista: las reformas internas y la cooperación con Francia, sin olvidar el cambio de actitud de algunos países hispanoamericanos. Poniendo en sus justos términos la irritante fuga del etarra Ibon Fernández Iradi, la colaboración con las autoridades francesas ha supuesto un punto de inflexión tanto en las relaciones entre ambos países, como en el rumbo de la lucha antiterrorista. Acuerdos como los alcanzados en la cumbre bilateral de Perpiñán -entrega temporal, denuncia oficial y acceso inmediato a las pruebas incautadas- han sido un ejemplo para el resto de los Quince. En el ámbito interno, las reformas penales contra la violencia de persecución y la kale borroka; la definición de nuevos delitos, como la exaltación del terrorismo; el refuerzo de las competencias de la Audiencia Nacional y la aplicación de la ley de Partidos, se enmarcan en esta política de presión continua contra ETA y su entorno, que aumentará cuando se apruebe la Ley de garantía de la democracia municipal y se revise el sistema de cumplimiento de las condenas.

Sin embargo, esta acumulación de fuerzas legítimas contra el terrorismo encierra un mensaje trascendente del escenario legal y policial. Un mensaje de fondo dirigido al terrorismo, con el que el Estado muestra su disposición a no rehuir ningún desafío. ETA, como toda organización terrorista, siempre ha previsto que el Estado acabaría abdicando por agotamiento. No sólo ETA lo pensaba. También aquellos que tenían el usufructo político de la violencia y aspiran a mantenerlo. Se equivocaron de Estado.

Cómo y por qué fuimos con Ibarretxe
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 26 Diciembre 2002

La asistencia de una representación de ¡Basta Ya! a la manifestación convocada por Ibarretxe bajo el lema «ETA kanpora» (ETA fuera) ha sido poco o nada entendida. Quizás porque los contundentes argumentos contrarios a la asistencia que expusieron tanto Jaime Mayor Oreja como Rosa Díez -compañeros de fatigas y buenos amigos en tantos malos momentos- no encontraron una réplica explícita por nuestra parte. Pero cuando desde sus columnas y tertulias algunos plumíferos esclarecidos llegan a llamarnos «cornudos y apaleados» o ponen en solfa nuestra coherencia constitucionalista, entonces ha llegado el momento de aclarar algunos extremos con quienes no se regodean en el espeso chapapote del sectarismo narcisista y quieren seguir dispuestos a sopesar con respeto argumentos distintos de los suyos.

Y digo argumentos distintos y no antitéticos porque quienes fuimos con Ibarretxe tras la pancarta de ¡Basta Ya!, soportando estoicamente los increíbles insultos y berridos que nos dedicó la guardia pretoriana del lehendakari, compartimos el escepticismo más radical sobre la sinceridad de Ibarretxe, de su partido y de su gobierno. Asistimos teniendo planes mejores y anticipando lo que pasó: que iban a tratarnos de sinvergüenzas, putas, criminales, torturadores y chacurras (perros), esto es, que íbamos a ser marcados por enésima vez como objetivos justificados de ETA por la jauría más bizkaitarra.

Pensamos que el Gobierno Vasco no debe convocar manifestaciones contra ETA sino perseguirla y sabemos que no es eso lo que hace, sino que encabeza toda operación deslegitimadora de la lucha antiterrorista, sea el auto de Garzón o sea la Ley de Partidos. Pero estas son premisas de las cuales no se sigue forzosamente la inasistencia a la célebre marcha bilbaína. La lógica -rara vez invitada a las tertulias más reputadas, donde infatigables sabelotodos peroran sobre la Nada y el Todo sin demasiado pudor- enseña que un razonamiento puede ser analizado en partes argumentales y en conclusiones que se siguen -o no- de premisas. Es posible que, estando de acuerdo en la premisa mayor, no se comparta la menor y surjan distintas conclusiones. De manera que se puede estar de acuerdo en el juicio que nos merezca Ibarretxe y, sin embargo, discrepar en si se debe o no ir a su manifestación.

Imaginemos que el criterio utilizado para no ir fuera de aplicación universal en la política vasca. Habría que negarse a comparecer en aquellos actos públicos que, como la manifestación de marras, se vieran presididos por la mala fe, guiados por el oportunismo y carecieran de coherencia. Entonces, ningún partido constitucionalista podría asistir a ningún acto de la cámara vasca, ni debatir ninguna proposición de ley del gobierno de Ibarretxe. Habría que practicar la política de la silla vacía en el Parlamento Vasco, abandonado al tripartito y a Batasuna del mismo modo en que se proponía ceder a su monopolio las calles de Bilbao.

Estirando un poco el argumento, vale para las elecciones municipales. En efecto, ¿cómo ir a las elecciones cuando no se pueden elaborar listas con libertad porque los candidatos son de inmediato agredidos y amenazados por ETA, ante la indiferencia y aprovechamiento del Gobierno Vasco y los partidos que lo sustentan?; ¿cómo participar en unas elecciones cuya mera celebración contribuye a divulgar una imagen de normalidad, de paz y libertad inexistentes en el País Vasco? (y por cierto, hace algunos meses algunos miembros de ¡Basta Ya! quisieron debatir un eventual boicot electoral de los constitucionalistas usando argumentos semejantes a los manejados para no ir a la manifestación. Pero, curiosamente -o tal vez no-, entonces ningún partido de los consultados puso ningún interés en evaluar esa idea...)

Resumiendo: las razones para asistir a la manifestación de Ibarretxe, aun estando de acuerdo con el juicio que nos merece su política, son precisamente las mismas razones por las que PP y PSE asisten a las instituciones que controla y muchas veces pervierte el nacionalismo, y asisten para representar y dar voz a sus electores sin importar quién las gobierna ni para qué, soslayando que las condiciones electorales son en muchos sitios propias de una república bananera o de una aldea siciliana. Pues bien, si nosotros asistimos a la manifestación contra ETA convocada por Ibarretxe es porque no estamos dispuestos a abandonar nuestro país a la barbarie del nacionalismo étnico; porque no vamos a renunciar a nuestros derechos ni deberes de ciudadanos vascos y españoles; porque nos negamos a rendirnos al miedo metiéndonos en nuestra casa o renunciando a expresar libre y claramente lo que pensamos y lo que defendemos.

Hay otras muchas razones que considerar, pero voy a limitarme a una sola en beneficio de la brevedad. Los políticos que quieren ser creíbles más allá del círculo de sus incondicionales no deben limitarse a aparecer y exponer sus ideas exclusivamente allí donde esperan recibir flores y aplausos. No al menos en una situación como la vasca, donde es esencial recuperar espacios públicos, y no me refiero precisamente a los reservados de nuestros celebrados restaurantes. Hay que ir a la calle aunque te insulten, hay que salir a la plaza para testimoniar que vivimos, y que pensamos seguir viviendo sin rendirnos, y que estamos ganando. Muchos ciudadanos saben ahora que las críticas a Ibarretxe y al PNV de Jaime Mayor y de Rosa Díez, y de tantos otros, eran ciertas porque ¡Basta Ya! se arriesgó a dar testimonio de que los nacionalistas vascos no quieren la normalidad política del País Vasco, no aceptan la pluralidad social ni admiten la disidencia pacífica. Fuimos a una manifestación en unión de gente que no nos gusta mucho, pero a la que reconocemos todo el derecho a vivir y de quienes reclamamos idéntico reconocimiento. Comenzando por el derecho a recorrer las mismas calles. Por eso fuimos insultados por una turba henchida de odio. Y también, qué cosas, por algunos que se pretenden amigos y colegas. Pero ya lo dice el refrán: Señor, protégeme de mis amigos que de mis enemigos ya me cuido yo.

Muerte física-muerte legal
Ángel CRISTÓBAL MONTES La Razón 26 Diciembre 2002

Cuando el terrorismo de ETA asesina a una persona algo muy íntimo y hondo se rompe en el alma de la sociedad española, porque no se acierta a entender y menos a justificar que la lucha por unas ideas y la búsqueda de unos objetivos políticos se desarrolle a través de la muerte violenta de inocentes. Ésas son maneras que la cultura occidental erradicó hace tiempo y suponen contemplar el legítimo y aún necesario enfrentamiento político como una carnecería en la que la sangre ha de correr como lubricante obligado para forzar las cosas y quebrar las resistencias. Suponen un peligroso paso atrás en el camino civilizatorio que nuestro país ha desarrollado con fuerza una vez superada la noche de la dictadura. Doloroso, injusto, desproporcionado y errático es dar muerte violenta a un semejante, porque ello implica, aparte de la pérdida de cualquier referente ético, el abandono de algunas de las conquistas que los occidentales hemos ido alcanzando en nuestra azarosa historia.

La sustitución de la lucha de las espadas por la lucha de las ideas, escuchar el punto de vista del otro, reconocer, que podemos estar equivocados e invitar al contrario a exponer sus razones: «No se mata a un hombre cuando se adopta la actitud de escuchar primero sus argumentos», dice el maestro Popper. ¿Cómo reacciona una sociedad evolucionada ante la barbarie terrorista? Pues de la única manera que puede y debe reaccionar: echando mano a la ley, aumentando los niveles de eficacia policial, resaltando los cauces del diálogo y la concordia, educando y poniendo a funcionar los tribunales para el castigo de los culpables. Dentro de esos castigos existe uno, elemental y obligado, consistente en que aquellas organizaciones que agrupan a los violentos y todas aquellas otras que les sirven de cobertura, retaguardia, portavocía, defensa y promoción deben ser extraídas de la legalidad, dejar de tener las prerrogativas, facilidades y derechos que otorga el ordenamiento jurídico a la vida asociativa, ser colocadas extramuros del sistema y no permitir que sigan constituyendo el instrumento que utiliza las ventajas que brinda un mundo al que buscan destruir. En definitiva su muerte legal, su disolución.

En Euskadi, ETA a lo largo de los años ha ido estableciendo un complejo mundo, una trama organizativa, una escalofriante tela de araña que a través de múltiples colectivos arropa, potencia y exalta sus actos. Forma parte de esa estrategia de siempre conocida de combinar la lucha violenta con la lucha social, de golpear y amagar a un tiempo, de asesinar y justificar, de atacar y a la vez alegar que se es atacado. Corona ese mundo de cobertura y promoción nada menos que un partido político, Batasuna, presente en todas las instancias políticas de representación popular y que ensaya en aquellos municipios donde gobierna, «servata distantia», formas de gestión que nos hacen pensar en los mecanismos de presión psicológica, manipulación e intimidación que pusieron en marcha las mentes enloquecidas de nazis y bolcheviques.

Pues bien, tras muchas reticencias, dudas y tanteos, hoy está en marcha ante el Tribunal Supremo de España el proceso para la ilegalización de Batasuna. En democracia no es trago sencillo ni agradable decretar la muerte legal de un partido político, porque algo muy íntimo cruje cuando ello sucede, pero en ocasiones extremas, como es la actual del País Vasco, no cabe otra salida. Frente a la muerte física dictada y ejecutada salvajemente por los terroristas, la muerte legal de todo aquello que los agrupe y proteja; frente al hecho ciego del asesinato, el hecho racional y ponderado de poner fuera de la ley. No es una pelea desigual, ingenua o necia, pues al menos en Occidente la historia muestra que hasta ahora la razón acaba imponiéndose y la ley siempre gana las batallas. Aunque tarde en llegar y cunda el desánimo, a medio plazo la muerte legal termina triunfando sobre la muerte física.

Treinta años
David Gistau La Razón 26 Diciembre 2002

Treinta años sin posibilidad de redención para los etarras que no confiesen arrepentimiento. Es esta una de las últimas medidas pensadas para debilitar la firmeza del frente carcelario etarra, donde apenas abunda la figura del arrepentido. Por supuesto, sería ingenuo llegar a suponer que una máquina predadora programada como un robot y abducida por una obsesión sectaria ¬la Banda¬ que le anula la individualidad puede llegar a arrepentirse de hechos que su propio entorno eleva a la categoría de mito tribal. De ahí que el etarra rara vez reniegue de sí mismo: porque no se atreve a afrontar el castigo de una deserción, pero también porque intuye que el crimen no le denigra, sino que le consagra: como gudari. Sin embargo, no es mala estrategia premiar una confesión de arrepentimiento, así sea falaz. Es posible que, para el pueblo castigado, para el que desde las vísceras clama pena de muerte como justicia bíblica contra el terrorista, cualquier miembro de la banda que no cumpla al menos treinta años será una burla para el sistema. Sin embargo, ese etarra que confiese arrepentimiento, así sea falaz, principiará a resquebrajar lo que Eta llama el frente carcelario, donde nadie renuncia a sí mismo ni a la banda ni ante la expectativa de una condena, lo cual se convierte en un ascendente moral para los embriones de pistolero.

Cada confesión de un arrepentimiento, aun inspirada antes por la claustrofobia carcelaria que por la sinceridad, será una deserción, un goteo de huidas que terminará disolviendo uno de los puntales anímicos de Eta: no hay aspirante a gudari que no termine haciéndose un par de preguntas si hay quien continuamente se arrepiente del heroismo, quien lo invalida, poniéndose de paso a salvo de la endogamia de la secta.

El general Ternera
Carmen GURRUCHAGA La Razón 26 Diciembre 2002

La detención de activistas de ETA se anuncia siempre como un éxito en la lucha antiterrorista. Y así es. Desgraciadamente, la organización asesina ha venido siendo como el monstruo del mitológico lago Lerna, de siete cabezas, que crecían cuando se cortaban. Hasta que un día Hércules segó las siete de un tajo sin dar tiempo a que se reprodujeran. El monstruo ETA tiene, según se amplíe su escala de mando, más o menos siete cabezas. Pero siempre que se corta una, vuelve a reproducirse. Aunque cada vez más deficiente y debilitada. La detención de Ibon Fernández y de Beltzane Obanos ¬capitanes de tropa¬ y de siete miembros de sus comandos, ha sido un éxito, que no se puede regatear pese a la fuga del primero.

En el último año, con la casi siempre decisiva colaboración francesa y el incipiente apoyo internacional, los etarras se encuentran más encogidos. Sin embargo, el monstruo sigue reproduciendo cabezas. Y hay una, quizá la más importante, que se le ha escurrido de la Justicia pese haber estado encerrada en Francia y en España. Se trata del tristemente famoso Josu Ternera. Detenido en Bayona en 1989, fue encarcelado seis años hasta que, en 1996, vino a España. Aquí permaneció cuatro años entre rejas mientras se buceaba en sumarios para inculparle. La última etapa la pasó en Nanclares de Oca, donde convivió con más de una docena de etarras, así como con los dirigentes de HB Antón Morcillo y Rufi Etxeberría.

Son curiosos los testimonios de algunos de sus compañeros de prisión. Todos le reconocían el liderazgo y algunos se referían a él como «el general Ternera». Era de los de ordeno y mando. Si Josu decía «hoy asamblea», se montaba una asamblea. Si decía «hoy encartelada», todos sacaban las pancartas. Si decía, «hoy nos chapamos», todos se encerraban en las celdas. Tenía tanta autoridad que incluso recaudaba fondos entre sus compañeros para sus gastos «de general». Ternera era el jefe del grupo y los organizó según su conveniencia. Su manera de actuar hace presumir algo inhabitual en ETA: que desde el presidio siguió siendo uno de los mandos de la banda. En enero de 2000 quedó libre por falta de pruebas y decidió entonces no ocupar la concejalía de su pueblo natal, Miravalles, pero sí el acta de diputado. Ambos puestos los obtuvo durante su encierro, al haber sido candidato en las listas de EH.

Todos recordamos el escarnio que supuso su elección para formar parte de la Comisión de Derechos Humanos de esa Cámara. La Justicia consiguió finalmente imputarlo, como inductor, en el bestial atentado de la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza. Fue citado a declarar y huyó. Ternera, que no tenía predicamento sobre la vieja guardia, sí lo tiene sobre los nuevos pistoleros de la kale borroka. Es un mito para ellos y así podría haber llegado a aunar el mando de ETA: el político y el militar. A nadie se le olvidan las declaraciones que hizo durante su juicio en París: «Era, soy y seré miembro de ETA, y estoy orgulloso de ello». ¿Fue también el general Ternera jefe de ETA mientras se sentaba en el Parlamento vasco? La hidra está progresivamente más exánime, pero Ternera sigue ahí.

Ibarretxe, sin apoyos
Editorial El Ideal Gallego 26 Diciembre 2002

La premisa fundamental de la acción de cualquier gobierno es que sus decisiones se deben orientar hacia la mayoría, deben satisfacer las necesidades del número más elevado posible de ciudadanos, pues de otra manera sus medidas estarían viciadas desde su nacimiento. Sin embargo, ese principio básico de la Teoría Política no tiene virtualidad en el País Vasco, donde su presidente, Juan José Ibarretxe, está dispuesto a seguir adelante con su plan secesionista, pese a que el “Sociómetro”, elaborado por el propio gobierno de Euskadi, revela que sólo el 25 por ciento de los ciudadanos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya está a favor de la independencia. Es difícil, por lo tanto, encontrar una iniciativa más injusta planteada por un gobierno democrático, porque no se puede olvidar que el lehendakari debe su poder ejecutivo a los votantes, a todos los votantes del País Vasco, no sólo a esa cuarta parte que apoya su proyecto.

De seguir adelante con sus intenciones separatistas, estaría pervirtiendo la democracia, ya que se habría valido de ella para alcanzar la presidencia del gobierno y una vez conseguido ese objetivo ignorar cuáles son los deseos de la sociedad. Esa actitud recuerda a la de muchos dictadores que ocultándose bajo el disfraz de la libertad impusieron su voluntad sin tener en cuenta que sus proyectos eran contrarios a los deseos de la mayoría. La reflexión, precisa siempre por la difícil situación que vive Euskadi, es ahora más necesaria que nunca, salvo que Ibarretxe esté decidido a pisotear la voluntad popular y convertirse en un auténtico tirano.

El moro de Antzuola
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 26 Diciembre 2002

En la villa guipuzcoana de Antzuola se celebró por muchos años, y me imagino que seguirá celebrándose, una curiosa representación en medio de las fiestas de agosto para conmemorar la supuesta participación de los antzuolarras en un episodio de la Reconquista, la batalla de Valdejunquera, allá por el siglo X. La batalla fue una derrota, pero según su interpretación de los hechos, los de Antzuola vencieron a los sarracenos al día siguiente y se trajeron incluso prisioneros al pueblo. Sobre este telón de fondo invariable, el ceremonial de la celebración debió de registrar cambios de forma en la primera mitad del siglo XX. Hacia 1900, en un ritual solemne, llegaba preso nada menos que el rey moro con turbante a lomos de un pollino, descalzo y con una argolla al cuello, entre los caballeros locales, quienes, tras relatar la gesta, le obligaban a pisar por tres veces el turbante en señal de conversión. Con el tiempo, según alguien que me contó, las cosas se hicieron más simples. Al moro preso la autoridad local le proponía la conversión: «¡Errepiéntete!», le amonestaba una y otra vez. Y como el moro resultaba cabezón, era encerrado en el sótano del Ayuntamiento hasta que aceptaba la verdadera fe y recibía una comilona como recompensa.

Sea o no exacta esta versión, viene al caso para ilustrar el comportamiento político asumido por Jaime Mayor Oreja respecto de la manifestación convocada contra ETA. Como condición inexcusable para integrarse en el colectivo de los vascos que salen a la calle para pronunciar un 'no' rotundo a la organización terrorista, el líder del PP vasco se dirige en tono severo al lehendakari y le propone lo que los de Antzuola al moro: «¡Errepiéntete!». «Abandona la protección de Batasuna, olvida el plan soberanista», le dice: sólo le falta a Mayor exigirle que abjure del nacionalismo y se convierta a la fe de la Reconquista. Lógicamente, nuestro moro de Amurrio hace oídos sordos a la amonestación, ya que no le espera cárcel política alguna de mantener en este caso su postura, y sí la comilona que le ha cocinado su oponente. «¡El que se va a encerrar eres tú y sin que nadie te empuje!», dirá para sí Ibarretxe pensando en las consecuencias para el PP de la actitud adoptada por el candidato a la sucesión de Aznar.

La negativa a participar pudo constituir un error, la forma en que se ha manifestado la convierte en signo de una obcecación, algo nada anómalo teniendo en cuenta los usos políticos del PP en estos últimos tiempos, pero de graves consecuencias, tanto para los conservadores como para el conjunto de los demócratas vascos. De entrada, tras afirmar hasta la saciedad que la oposición rotunda al terrorismo de ETA constituye la prioridad absoluta de la política en Euskadi, por lo cual el soberanismo del PNV o su sentido de comunidad abertzale resultan descalificados en primer plano al ignorar aquel fin principal, en la primera ocasión que se ofrece de dibujar en la calle un multitudinario frente unitario de los demócratas contra ETA, Mayor lo subordina a una serie de planteamientos políticos, perfectamente válidos en sí mismos, pero que en este caso sirven sólo para destruir su propia viabilidad. Y lo hace mediante un procedimiento más propio de grupúsculos izquierdistas que de un partido que en estos momentos asume la gobernación del Estado, planteando condiciones que bien sabe que no van a cumplirse, de modo que en vez de un fermento de unidad estamos ante un ahondamiento de la fosa que se abre en la escena política vasca. Existían múltiples razones para que el PP advirtiera lo que de trampa había en la convocatoria del domingo; no existe ninguna en cambio para esta vez poner en cuestión el lema de la marcha. De manera que bien pudo adoptar la consigna de recomendar la asistencia individual de sus miembros, que es algo distinto de tolerarla con aires de perdón, al mismo tiempo que sin más subterfugios explicaba la imposibilidad de encontrarse en la cabecera secundando al lehendakari. Mayor, o Aznar, nunca se sabe quién es el sujeto de la decisión, han optado por la línea dura, ofreciéndose en palabras del primero como expresión política de aquellos que no quieren asistir (olvidando la simetría así creada con los seguidores de Batasuna). Tal vez eso proporcione votos al partido; difícilmente fortalecerá la cohesión estatutista ante al plan Ibarretxe.

El lehendakari ha conseguido de esta manera un espléndido tanto a dos paredes. Muestra primero a la sociedad vasca que es el líder indiscutible del movimiento por la paz, sin distinción de colores políticos, y a los seguidores independentistas de ETA que la línea política de la banda está agotada, supone sólo una isla de radicalismo en el mar del pueblo. El riesgo de la rotunda convocatoria residía en la participación de los populares, que habría dibujado un panorama político excesivamente amplio, en contradicción con el espectro político más limitado a que se dirige su proyecto 'irlandés'. ¿Cómo justificar que se cuenta para una cosa con todos los demócratas de Euskadi y para otra se expulsa a una parte? La rigidez del zaguero popular, prevista sin duda en el planteamiento de la convocatoria, favorece el segundo efecto, tan importante como el primero. En la fotografía de la manifestación, queda claro quiénes son los que se han autoexcluido, unos de forma lógica, ya que están todavía al lado de ETA, otros porque, según la descripción que siempre hacen de ellos el Gobierno vasco y los partidos nacionalistas, son ajenos a los intereses del país, siendo su oposición a ETA la expresión de algo más profundo, un antinacionalismo visceral. Ni ETA ni PP, es la conclusión que extraerán los nacionalistas, y con ellos muchos de esos vascos indecisos que son los que crean los éxitos y los fracasos electorales. Estamos ante un caso de lo que Robert Lifton llama «identificación proyectiva»: un sujeto resuelve sus propias contradicciones proyectándolas sobre otro al que configura como chivo expiatorio, hasta conseguir que este último haga suyos el pensamiento y la conducta acordes con aquella proyección. Dicho en otras palabras: en esta ocasión Mayor Oreja ha dado al PP vasco la imagen que deseaban y habían ido trazando de él sus adversarios políticos.

En suma, conseguir una victoria electoral sobre el nacionalismo constituye un objetivo legítimo, lo mismo que es necesario mantener una oposición clara al proyecto Ibarretxe por lo que supone de huida hacia adelante y de ruptura del marco normativo gracias al cual, y por encima de ETA, ha tenido lugar un progreso decisivo en la economía y en la sociedad vascas. Pero firmeza es una cosa y 'dontancredismo', es decir, inmovilidad y estrategia de confrontación, otra bien distinta. Apostar por esto resulta suicida en la sociedad vasca de hoy, que además puede así otorgar una aceptación creciente a la interpretación nacionalista según la cual el españolismo político, encarnado por Aznar y por Mayor, constituye el principal factor de discordia política en el país. El PP se está comportando, y no sólo en la cuestión vasca, como un muro que se limita a hacer que reboten sobre él los problemas y las críticas, rodeando a su líder de un aura de infalibilidad. Y como los conflictos existen, desde la marea negra a la situación política en Euskadi, la respuesta es una mezcla de nerviosismo y prácticas autoritarias con un impacto negativo creciente sobre la opinión pública. Esto puede llevarles a perder las elecciones y el poder, lo cual, en estas circunstancias, sería muy saludable. Pero en Euskadi el precio a pagar sería más alto, y afectaría a la estabilidad institucional.

'ETA kanpora'
Fernando Sánchez/Bilbao Cartas al Director El Correo 26 Diciembre 2002

Asistí el domingo a la manifestación del presidente Ibarretxe por recomendación de Basta Ya. El acto fue manifiestamente mejorable; hubo menos afluencia de la esperada, la consigna de 'ETA kanpora' sigue siendo rechazada por muchos nacionalistas, entre ellos por el sindicado ELA que la consideró 'un retroceso político'. Por eso fue una manifestación 'light', que se despachó con rapidez. Ibarretxe convocó a su gente a pasear por Bilbao a buen ritmo y en silencio, con una pancarta escrita sin interjecciones. No gritaron contra ETA, no llevaron ikurriñas, como cuando su ardor nacionalista está en juego, no había ningún fervor abertzale contra los abertzales que asesinan.

Una vez más el nacionalismo se manifestó contra ETA con la boca pequeña, mejor dicho, con la boca cerrada. Por eso les molestaba que Basta Ya estuviera presente; nos insultaron, nos agredieron, arrancándonos a muchos los globos que llevábamos, nos dieron manotazos para tirarnos al suelo nuestras pegatinas, nos empujaron para no dejarnos pasar ... pero aguantamos, por dignidad democrática. Las bases nacionalistas que acuden a las convocatorias de Ibarretxe nos mostraron de nuevo cuál es el único 'problema vasco', que los discípulos de Sabino siguen odiando mucho más a la mitad de la sociedad vasca que no comparte sus postulados, que a esa pequeña parte de la amplia familia nacionalista que continúa, bomba y pistola en ristre, asesinando a los que no creemos en su proyecto independentista.

¿'ETA kanpora'?
Adrián Altuna Aramburu/San Sebastián Cartas al Director El Correo 26 Diciembre 2002

Las reservas que tuve en un principio a acudir a la manifestación convocada por Ibarretxe con el lema 'ETA kanpora', se disiparon en cuanto me dirigí con Basta Ya al punto de partida de la marcha.

Comprobé que era imprescindible acudir a la cita de Ibarretxe para desenmascarar a su chusma de farsantes racistas e ignorantes trogloditas.

Españoles, coreanos, maquetos, guarros, torturadores, zorras y fascistas, fueron algunas de las lindezas que nos dedicaron en cuanto distinguieron unos globos en los que únicamente ponía 'Libertad'.

El gesto más revelador de esta circunstancia fue el de un señor que nos insultó con un 'jodeos, jodeos', en cuanto llegamos al final de la manifestación. Y yo le pregunto a este señor: ¿Encuentra usted compatible acudir a una marcha contra ETA regodeándose mediante cortes de manga en el sufrimiento de un colectivo amenazado por los terroristas? Para concluir quiero contestar a una señora que nos dijo que ésta era su tierra y que nosotros, los que parece ser habíamos venido de otra galaxia, nos marcháramos a la nuestra. Mire señora, nosotros pese a quien pese también somos de aquí. Algunos desde tiempos anteriores incluso a los del Cid Campeador y le adelanto que no tenemos ningún propósito de abandonar nuestra tierra pero despreocúpese, tampoco queremos expulsarla a usted.

Únicamente reivindicamos la existencia de un Gobierno vasco liderado por un lehendakari que garantice la libertad de todos los vascos. Absolutamente la de todos. Y todas. En la marcha comprobé que las personas que nos increpaban y zarandeaban quieren a ETA fuera, sí, pero fuera de la cárcel para asesinarnos a todos nosotros.

El 55% de los vascos se declara no nacionalista frente al 36% que dice serlo
Ocho de cada diez ciudadanos creen que la situación política es mala, según el Sociómetro
O. B./BILBAO El Correo 26 Diciembre 2002

Un 55% de los vascos se considera no nacionalista, frente al 36% que dice serlo, según la última oleada del Sociómetro vasco, la encuesta que realiza con carácter cuatrimestral el Gabinete de Prospección Sociológica del Ejecutivo de Vitoria. El porcentaje de ciudadanos no nacionalistas registra así su cota más elevada desde hace siete años y se confirma el estancamiento del sentimiento nacionalista, mucho más extendido en Guipúzcoa (42%), que en Vizcaya (34%) o Álava, donde sólo se definen como tales tres de cada diez encuestados.

Además, la independencia convence sólo a un minoritario 25% y el Estatuto recibe el respaldo de seis de cada diez ciudadanos, si bien más de la mitad de ellos desearía que se desarrollase en su integridad. Una vez más, el lehendakari Ibarretxe es el único líder político que recibe el aprobado (5.0) de la ciudadanía. Aznar, Otegi y Mayor Oreja son los peor valorados.

Otro de los datos significativos es el descontento de la población con la actual coyuntura. Ocho de cada diez vascos perciben de forma negativa la situación política en Euskadi. El 55% de los consultados cree que es «mala», el 25% la considera «muy mala» y sólo un 14% estima que es «buena o muy buena». La tónica se invierte al valorar la situación económica, que un 60% ve con optimismo.

Esperanza de paz
De hecho, la satisfacción con el funcionamiento de la democracia no pasa por su mejor momento. Seis de cada diez vascos están poco o nada satisfechos con la marcha del sistema en Euskadi, un porcentaje casi idéntico a la percepción que se tiene de la democracia española. Además, la confianza de la población en las fuerzas políticas cae al 24% -el estamento peor valorado, sólo superado por el Ejército-, aunque se recupera a la hora de juzgar la labor de las instituciones vascas. Un 64% de los ciudadanos dice confiar en el Gobierno de Ibarretxe y un 61% en el Parlamento de Vitoria.

En cualquier caso, son más los vascos que contemplan el futuro con esperanza que los pesimistas. El 59% espera que la paz se consolide en Euskadi en los próximos años, frente al 35% que cree que no se logrará acabar con el terrorismo a corto plazo. El rechazo a la violencia como método para resolver problemas políticos se mantiene en cotas muy elevadas (86%).

Los socios del tripartito (PNV, EA e IU) destacaron ayer la «madurez» de la sociedad que, a su juicio, refleja la encuesta, mientras que PP y PSE se felicitaron al ver confirmada su teoría de que «los vascos son cada vez menos nacionalistas».

Nosotros también somos vascos
Jaime Larrínaga es presidente del Foro El Salvador La Razón 26 Diciembre 2002

Con motivo de las diferencias puestas de manifiesto en la elaboración y publicación de la Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal se han hecho, en más de un medio de comunicación, afirmaciones tales como que «se ha abierto una grieta entre la Iglesia vasca y la Iglesia española». Ante ese tipo de conclusiones creo que no está de más recordar que la Iglesia es universal y que sus valores sustanciales no cambian según el país o la región de la que hablemos. Aceptamos las expresiones «Iglesia española», «Iglesia vasca» o «Iglesia guipuzcoana» como una manera convencional de especificar el carácter local de un hecho concreto que tiene lugar en un sitio concreto, no como una manera de reconocer especificidad ni relativización alguna en lo que se refiere al mensaje evangélico y al modo de entender la doctrina oficial de la Iglesia católica.

Por otra parte, la Iglesia vasca no se limita a los obispos Uriarte y Setién. Si asumimos esa expresión como simplemente ubicatoria, habrá que recordar que «Iglesia vasca» somos todos los vascos que compartimos la fe en Cristo, esos dos citados obispos y otros que no se han pronunciado explícitamente, los sacerdotes y los seglares, los nacionalistas y los que no somos nacionalistas. La grieta se habría abierto en todo caso en la misma Iglesia vasca ya que hay creyentes vascos que no compartimos las discrepancias u objeciones de Setién y Uriarte con respecto al documento de la Conferencia Episcopal, así como vemos inadmisible que esos pastores se arroguen una representatividad política que en ningún momento les corresponde ni en razón de su responsabilidad eclesiástica ni en razón de su responsabilidad como ciudadanos.

Ninguna de esas personas se ha postulado nunca en una campaña electoral ni han sido elegidas en ninguna urna. Decir de ellos que representan a los vascos es una grave inexactitud. Decir que discrepan de la Instrucción Pastoral «porque son vascos y conocen mejor el problema» es, además de una inexactitud, una manipulación grosera de la dividida voluntad de la ciudadanía vasca así expresada claramente en las urnas y una negación de la obvia pluralidad que existe en el País Vasco pese a la falta de reconocimiento de la misma por parte del nacionalismo, así como también pese al miedo y a la falta de libertad.

Hay vascos que celebramos la publicación de ese documento, impecable aunque a mi juicio pueda mejorarse en las matizaciones y en el tratamiento más amplio de varios de los aspectos que aborda. Así, por ejemplo, habría sido deseable que las víctimas del terrorismo hubieran tenido más presencia en el texto como las obligaciones que la sociedad tiene para con ellas. En este sentido ya es un paso importante desgraciadamente que no sean comparadas con los presos de ETA o ninguneadas y reemplazadas por las alusiones a los terroristas de dicha banda de modo sistemático y reclamando más generosidad para éstos que para ellas. Admitiendo este paso importante, los señalados por la violencia terrorista deberían haber tenido más protagonismo en el documento porque en ellos está el gran antídoto contra el horror de ETA y contra el nacionalismo totalitario que denuncia la Instrucción Pastoral con precisión, con claridad y con valentía.

Se habla, por ejemplo, en el apartado 22 de dicho texto del «olvido que, con frecuencia, sufren las víctimas del terrorismo y su drama humano» y se dice que «atender a las personas golpeadas por la violencia es un ejercicio de justicia y caridad y un camino necesario para la paz». Creo que aquí habría sido necesario señalar el papel que hacia las víctimas deben tener cuatro sectores de la sociedad que enumero a continuación: las instituciones, la ciudadanía, la Iglesia y el propio mundo de ETA.

Como he señalado en muchas ocasiones, siempre que sale esta cuestión, el deber de las instituciones no es sólo atender a las víctimas materialmente, poniendo a su servicio recursos sociales, económicos y humanos (indemnizaciones, subvenciones, psicólogos, etcétera), sino darles una respuesta en el plano espiritual y moral, reconociendo su sufrimiento y su generosidad, la deuda que la sociedad tiene contraída con ellas y el papel esencial que han de jugar en la conquista de las libertades, en la recuperación de los valores éticos, de la sensibilidad ciudadana y de la conciencia cristiana. No se habla, por ejemplo, en el texto episcopal de los homenajes sociales e institucionales, los monumentos, las calles que deben dedicárseles. La Iglesia, por su parte, debe ser impulsora de esta tarea de reconocimiento ético y espiritual. No se habla tampoco de los sacerdotes que no reconocen el sacrificio de las personas azotadas por el terrorismo sino que lo relativizan, de los que ponen a las víctimas al mismo nivel que los verdugos y de los que les niegan misas en su memoria, o sea, el homenaje y el reconocimiento que puede profesarles la Iglesia. En cuanto a la sociedad hay que demandar de ella ese arropamiento solidario también a través de los partidos políticos y demás colectivos culturales o sociales que no deben permitir que se haga un valor del asesinato en una campaña electoral o que un asesino forme parte de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco. En cuanto al mundo de ETA, es preciso que muestre contrición y que no reabra las heridas de los que han sufrido su azote homenajeando a los asesinos, insultando a los que han padecido el terror en sus carnes o en las de sus familiares, no mostrando el más leve arrepentimiento ni deseo de restitución del daño cometido y haciendo alardes de matonería, desfachatez y mofa durante los mismos procesos judiciales en los que comparecen o exigiendo de los jueces y la sociedad la misericordia que ellos no tienen para aquellos a los que han martirizado. Creo que todas estas alusiones deberían haber estado de algún modo presentes y explícitas en el documento de la Conferencia Episcopal que en otras cuestiones se muestra, sin embargo, repetitivo.

Hechas estas observaciones constructivas sobre el texto que no van precisamente en la dirección y el sentido de las descalificaciones de determinados obispos vascos y catalanes, insisto en que esa falta de consenso en ningún modo debe entenderse como una fisura entre la feligresía vasca y la del resto de España. La grieta, de haberla, se habrá podido abrir en un nivel oficial o dentro de esa misma feligresía vasca que también hoy se halla indeseablemente dividida sobre unas cuestiones que deberían estar claras.

Hay creyentes vascos que viven sumidos en la confusión y la falta de discernimiento entre el bien y el mal, así como hay vascos que no sólo apoyamos ese documento sino que lo hemos recibido con la ansiedad con la que recibía el maná el pueblo de Israel en el desierto. El Foro de El Salvador suscribe íntegramente la Instrucción Pastoral, como yo personalmente la suscribo y la agradezco. «Nosotros también somos vascos» y nos sentimos por primera vez atendidos por un texto de carácter oficial salido de nuestra Iglesia en el que no hay ambigüedades. Sin duda éste constituye un precedente para que existan otros tanto o más clarificadores en el futuro.

Recortes de Prensa   Página Inicial