AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 28  Diciembre  2002
Un desastre sin paliativos
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 28 Diciembre 2002

Argucia nacionalista
Editorial La Razón 28 Diciembre 2002

Mayor y su contexto histórico
Editorial ABC 28 Diciembre 2002

Una desvergüenza
Germán Yanke Libertad Digital  28 Diciembre 2002

Todo no vale en política
Carlos María de Urquijo Libertad Digital  28 Diciembre 2002

Gangsterismo político
Ignacio Villa Libertad Digital  28 Diciembre 2002

El Parlamento vasco, al servicio del Ibarretxe
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  28 Diciembre 2002

Herodes, en Vitoria
FERNANDO ONEGA La Voz 28 Diciembre 2002

Hay otro País Vasco

José Antonio VERA La Razón 28 Diciembre 2002

¿Provocadores
Cartas al Director El Correo 28 Diciembre 2002

Nacionalistas
Cartas al Director El Correo 28 Diciembre 2002

Una de leyes
Marta Robles La Razón 28 Diciembre 2002

Atutxa se aprovecha de un error del PP y aprueba los presupuestos más separatistas del País Vasco
Libertad Digital  28 Diciembre 2002

Un desastre sin paliativos
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 28 Diciembre 2002

La aprobación de los Presupuestos del Gobierno de Ibarretxe por la ausencia de cuatro diputados de la oposición a la hora de votar es un auténtico desastre para el constitucionalismo vasco. Entre otras cosas, porque todos los ojos van a volverse hacia Jaime Mayor Oreja, cuya presencia y voto habría llevado, cuando menos, al empate a 36 votos que habría obligado a repetir la votación. En efecto, nadie va a pedir responsabilidades por lo sucedido ni a Arnaldo Otegi ni al fugado Josu Ternera -que sin duda prefieren ayudar al gobierno de Ibarretxe contra el contubernio españolista-, y tampoco a la oscura parlamentaria socialista Idoia Mendía, que según parece puede alegar en su descargo la convalecencia de un reciente embarazo.

La devolución de los presupuestos al Gobierno vasco estaba cantada; quizás demasiado cantada, revelando un exceso de confianza en los errores ajenos.

Todos los analistas daban a Ibarretxe por derrotado, y la prensa y medios de comunicación nacionalistas -esto es, los medios públicos vascos- llevaban días denunciando «la complicidad» de PP y PSE con Abertzale Sozialistak, en un torpe intento de descargar sobre la oposición su propia incapacidad para gobernar. Incapacidad derivada de la pobre representatividad electoral de un tripartito que ganó las elecciones por la mínima (25.000 votos y dos diputados, sin contar a los de IU) pero que, sin embargo, se presenta ante el mundo como un gobierno caudillista apoyado por la totalidad de los verdaderos vascos. Una de las consecuencias más deplorables de lo sucedido es que refuerza la interpretación torticera, tan agradable para cierta opinión socialista, de que el 13-M fue un desastre para el PP y el PSE y un triunfo rotundo de PNV-EA.

La devolución de los presupuestos a Ibarretxe iba a restablecer la verdadera representatividad de cada cual, desmontando esa estúpida y dañina representación. Iba, pero no será así porque alguien ha jugado con fuego, calculando que Jaime Mayor Oreja tenía tiempo de sobra para llegar a una votación que se esperaba para las doce, o que daba igual una diputada socialista más o menos -aquí también se abrirá un campo a las sospechas de deslealtad socialista, enturbiando el ambiente entre los dos partidos que nos importan. Que los portavoces del tripartito y la presidencia de la Cámara hayan cometido nuevas marrullerías forzando el adelanto de la votación es algo que la oposición debería haber previsto. Lo que todos nos preguntamos es cómo es posible que toda la oposición constitucionalista no hubiera estado velando sus armas parlamentarias desde primera hora de la mañana.
Por eso el desastre sucedido en esta votación trascendental va a añadirse al abultado pasivo del PP, que parece abandonado a la lógica implacable de la ley de Murphy: todo lo que pueda ir mal irá peor. Aunque sea injusto, la ausencia de Jaime Mayor Oreja va a ser interpretada como otro ejemplo de la incapacidad de los dirigentes del PP para estar donde hay que estar en el momento apropiado. Y se va a reforzar la impresión de que todas las energías de su partido están absolutamente absorbidas por las peleas internas a causa de la sucesión del presidente Aznar. Lo malo es que algunas cosas son lo que parecen.

Con franqueza, a mi las peleas internas de un partido no me importan demasiado. Los partidos son así y no tienen mucho remedio. No creo que los líos del PP sean un drama nacional... con la excepción de sus consecuencias en el País Vasco. Me preocupa mucho más que el inoportuno retraso de Jaime Mayor Oreja anticipe un retraso más generalizado. Y me refiero a que una situación idónea en los campos policial y jurídico, con ETA casi arrinconada y Batasuna al borde de la ilegalización, con el descenso del sentimiento y de la identificación nacionalista en la sociedad vasca, con el lanzamiento fracasado del Plan de Ibarretxe, no haya en el País Vasco una oposición política eficiente y una alternativa eficaz. Sería imperdonable que, a causa de sus disputas internas y de su incapacidad para hacer política sintonizada con la ciudadanía, los partidos constitucionalistas dejaran escapar la ocasión de ganar al nacionalismo. Y eso puede volver a ocurrir si la oposición a Ibarretxe no sólo se tira a degüello por el caso del Prestige, sino que además aparece como incapaz de aprovechar las mejores ocasiones que se le presentan.

Ocasiones como la que acaba de perder en la votación de los Presupuestos en el Parlamento vasco. No vale echar la culpa a las marrullerías progubernamentales. Hace falta verdadera iniciativa política, y no la hay; capacidad de liderar a esa opinión pública que cada día desconfía y se aleja más de Ibarretxe, pero que sigue sin tomar en serio a una oposición que tampoco se toma en serio a sí misma y espera más de los errores del adversario que de sus propios aciertos. Y lo ocurrido el día 27 de diciembre, aunque parezca más propio del 28, no ayuda nada en la tarea inaplazable de sumar esfuerzos para normalizar la situación vasca. Qué desastre.

Argucia nacionalista
Editorial La Razón 28 Diciembre 2002

No es habitual en los usos parlamentarios democráticos el que un gobierno, en este caso el autonómico vasco, tenga que recurrir a una argucia, a una pillería, para conseguir que la Cámara le apruebe algo tan fundamental como son los presupuestos. Pero como tampoco la situación en el País Vasco es la normal en una democracia plena, habrá que limitarse a dar cuenta de la «astucia» del señor Atucha y sus compañeros del tripartito y lamentar el supino despiste del representante del Grupo Popular, Jaime Mayor Oreja, que se dejó madrugar con una ingenuidad impropia de su experiencia política y de sus probados conocimientos sobre cómo las gastan los del PNV cuando están contra la pared.

Y estaban contra la pared porque un nuevo rechazo a los presupuestos de la Comunidad Autónoma del País Vasco, varias veces prorrogados, hubiera podido obligar al lendakari Ibarreche a tener que convocar elecciones anticipadas, toda vez que lo anómalo de la situación estaba pendiente de una decisión del Tribunal Constitucional, ahora ya irrelevante. La desgraciada votación de ayer en Vitoria tiene, además, consecuencias muy negativas para la posición de los constitucionalistas, representados por el PP, el PSE y Unidad Alavesa, lo que explica el disgusto y la rabia contenida de algunas reacciones políticas. Estos presupuestos que, según la matemática parlamentaria, reflejo de la voluntad popular no lo olvidemos, iban a ser rechazados, son uno de los ejes en los que el ejecutivo nacionalista piensa basar el impulso a su «proyecto de soberanía». Un proyecto que necesita de ingentes cantidades de dinero público que, necesariamente, ha habido que retraer de capítulos como la vivienda o la educación. Baste señalar, como ejemplo sangrante, que entre las partidas que la marrullería consiguió hacer aprobar se encuentran los fondos para pagar sueldos, coches y secretarios de 17 nuevos altos cargos cuya misión es la de mantener la «agitación y propaganda» soberanista vasca ante la Unión Europa. También hay presupuestados 160 millones de euros para la asunción unilateral, en clara ruptura con el Gobierno de la nación, de las competencias aún no transferidas o para incrementar, también unilateralmente, el gasto público de instituciones sujetas a convenio, como es el caso de la Policía Autónoma. Por supuesto, hay capítulos más dudosos de cuantificar, como son los dedicados a sufragar la euskaldunización intensiva de la sociedad.

Mayor Oreja, muy afectado, pidió ayer perdón por lo sucedido y aceptó toda la responsabilidad del caso en un gesto que le honra. Sin embargo, no creemos que haya que rasgarse las vestiduras en demasía. Este tropiezo, por grave que parezca, no es más que un escollo en la larga batalla por un País Vasco libre, pacífico y siempre ligado a España que desde hace años libran tantos hombres y mujeres de bien. Un error no debe empañar la trayectoria de un político de honradez y valor probados como es Mayor Oreja.

El Partido Popular vasco, con Iturgaiz a la cabeza, se encargó de recordárselo al veterano y atribulado político guipuzcoano. Todos formaron una piña con él para demostrar que están dispuestos a seguir adelante sin fisuras. El proyecto merece la pena y acabará triunfando por muchas marrullerías que hagan.

Mayor y su contexto histórico
Editorial ABC 28 Diciembre 2002

DESDE la ética parlamentaria, el Gobierno vasco no debería ufanarse por la aprobación del proyecto de Presupuestos para el próximo año. El desenlace del Pleno celebrado ayer en la Asamblea de Vitoria es fruto de la astucia parlamentaria, muy acreditada en el nacionalismo. Ibarretxe ha salvado un compromiso que tenía perdido, pero lo ha hecho de manera precaria. Legal, pero frágilmente. No lo ha hecho por la suficiencia de sus votos, sino por las ausencias de los demás. Unas, las de Batasuna, bien calculadas y mejor aprovechadas, bien por acuerdo expreso, bien por esa solidaridad nacionalista tan puntual en los malos momentos. Otras, como la de Jaime Mayor Oreja, producto de una desafortunada previsión horaria, amplificada por el adelanto imprevisto e imprevisible de la votación. Pero como el resultado es lo que cuenta, ni la ética democrática -vencida por la aritmética del marcador- ni los antecedentes de la votación serán relevantes para el nacionalismo. Este proceder es la confirmación de que el PNV, siguiendo su patrón habitual, siempre obtiene el rédito que necesita, en cada momento, de las anomalías y carencias democráticas del País Vasco. Por eso, separar la responsabilidad de Mayor Oreja del contexto político que envuelve el quehacer diario de su partido sería, además de una injusticia histórica con un líder ejemplar, un error imperdonable de percepción de lo sucedido. Es muy complicado, y linda con un heroísmo impropio de una democracia moderna, hacer política en el País Vasco desde la oposición, frente a un Gobierno que ha subvertido las reglas parlamentarias para aprobar sus Presupuestos y frente a una presión del terrorismo que obliga a entreverar las necesidades de la seguridad personal con las exigencias de la actividad representativa.

A pesar de todo, en uno de sus trances más difíciles, Mayor Oreja puso ayer por delante su bonhomía personal y política, asumiendo su responsabilidad, pidiendo disculpas y reconociendo no haber estado a la altura de las circunstancias. En sus palabras no hubo silencios que colmar, ni dobleces que denunciar. Ayer, Mayor Oreja demostró tener la talla política que le ha permitido durante veinte años defender los principios de la Constitución y el Estatuto en esta excepción que representa el País Vasco en la normalidad general de la democracia española. Sería impropio, además de extremadamente injusto, empañar con este episodio su liderazgo histórico, que puso al constitucionalismo en las más altas cotas electorales nunca alcanzadas, conformando, por primera vez, una verdadera alternativa de gobierno al nacionalismo vasco. Un error -y Mayor Oreja lo cometió- no puede desbaratar una carrera política tan meritoria como la suya.

Sin embargo, lo cierto es que los Presupuestos del País Vasco están aprobados, eso sí, por un Parlamento que no los quiere, aunque la votación de ayer refleje una efímera mayoría del tripartito nacionalista. Ibarretxe alcanza de esta forma una estabilidad presupuestaria con la que no contaba, salvo que hubieran precedido pactos bajo cuerda con Batasuna -como los que se trataron para aprobar el plan soberanista del lendakari-, suficiente en términos jurídicos para vadear una hipotética sentencia desfavorable del Tribunal Constitucional sobre los Presupuestos de este año 2002. Evidentemente, las consecuencias políticas de este Pleno van más allá de las cuentas anuales de la Comunidad vasca y dibujan un escenario que, sin ser radicalmente nuevo, resulta más cómodo para el PNV y, por tanto, para su estrategia soberanista. Ahora especialmente es necesaria una oposición firme y constructiva en el País Vasco, sin la cual el debate político será una mera caja de resonancia del nacionalismo. Esa oposición sólo se logrará si tanto PP como PSE siguen articulando lealmente su coincidencia sustancial de diagnóstico y tratamiento, en torno al Pacto Antiterrorista, sin temor a introducir aquellas nuevas reflexiones que fueran necesarias para no perder la capacidad de iniciativa y de propuesta a la sociedad vasca.

Una desvergüenza
Germán Yanke Libertad Digital  28 Diciembre 2002

La suerte no está del lado de los buenos, está visto. Jaime Mayor Oreja se retrasó y, al constatar su ausencia y la de otros parlamentarios de Batasuna, el PNV renunció a la defensa de los Presupuestos y adelantó la votación. Más mala suerte: el popular Carmelo Barrio se equivocó al votar.

Aún más mala suerte: Idoia Mendia, la parlamentaria socialista que sustituyó a Nicolás Redondo, tiene un embarazo complicado y no asistió a la sesión. Resultado: el Gobierno vasco sacó adelante sus Presupuestos. Lamentable.

Es lamentable que por una triquiñuela de esta naturaleza y las circunstancias descritas, el PNV y sus aliados cuenten con unos malos Presupuestos que padecerán los ciudadanos vascos. Malos e injustos, elaborados para sus particulares y minoritarios intereses y para abonar su proyecto "soberanista" excluyente y etnicista. Mayor Oreja, consciente de ello, ha pedido disculpas públicamente y el gesto le honra.

Hasta aquí lo lamentable, porque la reacción de Jesús Caldera arremetiendo contra Mayor Oreja está fuera de toda lógica. Ya no estamos en el territorio de lo lamentable, sino, sencillamente, en el de lo despreciable. Caldera no tiene ni la inteligencia necesaria para ser un malvado ingenioso e irónico y va dando trompadas vergonzosas por la vida. La reacción del viernes –acusando con indignidad a su adversario político de hacer dejación de sus responsabilidades y de anteponer sus aspiraciones sucesorias en el PP que al trabajo por el País vasco– es una bajeza que espero sea rectificada por alguien con más sentido común y honestidad en el PSOE.

Mientras Caldera hace monerías, mientras manipula documentos, mientras hace el ridículo, Mayor Oreja se juega y se ha jugado la vida por defender las libertades en el País Vasco. Mientras Caldera culiparlamentaba o era concejal de su pueblo en plena euforia de los GAL, Mayor Oreja mostraba a los ciudadanos el único camino legal y ético para luchar contra la violencia y contra el nacionalismo excluyente. La bajeza de Caldera subraya ahora su desvergüenza y, a pesar de su error, engrandece la altura moral de Mayor Oreja.

Todo no vale en política
Carlos María de Urquijo Libertad Digital  28 Diciembre 2002

Por una exigua diferencia el Gobierno Vasco ha conseguido en una sesión parlamentaria nada edificante, sacar adelante los Presupuestos para el año dos mil tres. Unos Presupuestos que se convierten en el soporte económico para que el Lehendakari continúe con la construcción de su sueño independentista, para seguir caminando, en definitiva, en la senda de la ruptura con España. Ibarretxe habrá respirado sin duda aliviado al solventar el trámite parlamentario y comerá el turrón encantado de la vida. No obstante quienes, lo consigamos o no, pretendemos hacer política desde la dignidad y la ética estamos obligados a denunciar que no todo vale en política. Debemos denunciar aquellas prácticas que, como la utilizada con los Presupuestos, solo contribuyen al descrédito de una actividad no sobrada precisamente de prestigio.

Algunos afirmarán que la responsabilidad de lo ocurrido solo es imputable a la oposición, pero afirmar eso es no querer entender nada, es quedarse en la superficie sin analizar la trayectoria de un Gobierno que, en el trámite presupuestario, lleva años haciendo trampas. Trampas cuando se aprueban los presupuestos negociándolos con los cómplices de los terroristas, trampas cuando se retuerce el Reglamento para evitar que prosperen las Enmiendas de Totalidad y trampas cuando se valen del retraso de unos parlamentarios para sacar adelantar una votación.

Por eso, lo de menos es quién estaba sentado o no en el escaño en el momento de la votación. Esto, con ser importante, no deja de ser una anécdota cuando lo que evidencia el Pleno celebrado este viernes no es sino la debilidad de un Gobierno que tiene que utilizar los resortes más indignos para perpetuarse en el poder. La poltrona a cualquier precio aunque con la victoria, pírrica pero victoria al fin, se pierda la dignidad.

No obstante, incluso de las situaciones más penosas uno puede obtener alguna enseñanza provechosa. Mientras el Lehendakari era aplaudido por quienes se prestan al ventajismo y algún portavoz socialista endosaba la responsabilidad de lo ocurrido al Partido Popular y de manera especial al Presidente de su Grupo Parlamentario, era precisamente Jaime Mayor la persona que nos daba un ejemplo de honradez cuando públicamente pedía perdón a los votantes del Partido Popular por no haber estado a la altura de las circunstancias. En mi opinión una afirmación excesiva ya que quienes realmente nunca estarán a la altura de las circunstancias son aquellos que no reparan en los medios con tal de conseguir el fin perseguido.

En definitiva, dos caras de una misma moneda: la política. Una actividad que puede ejercerse desde la táctica y el oportunismo o desde los principios y las convicciones. Quienes este viernes hemos acompañado a Jaime Mayor en momentos tan poco gratos hemos comprobado que hay conductas que ennoblecen la política y a quienes a ella se dedican y otras que contribuyen a su degradación. Dejo para el lector la tarea de colocar a cada cual en su sitio.

Carlos Mª de Urquijo es Parlamentario Vasco del PP

Gangsterismo político
Ignacio Villa Libertad Digital  28 Diciembre 2002

Tras el primer impacto de asombro provocado por la ausencia de Jaime Mayor Oreja en el momento de la votación de los presupuestos en el Parlamento Vasco, surge de forma inmediata una contundente reflexión. El verdadero error que ha cometido el Partido Popular vasco ha sido olvidarse de que enfrente tiene un Gobierno que entiende la política desde el "gansterismo".

Un Gobierno tripartito que vive en la ambigüedad, en la trampa, en el vericueto y en la zafiedad. En política hay que jugar con las estrategias, con las ausencias y con las presencias. Pero también hay que jugar limpio, respetando unos mínimos; algo que el vasco no entiende en absoluto. La ausencia de Mayor Oreja en el momento de la votación no se puede calificar como un acto de negligencia. Más bien se debe a un error estratégico, comenzando por los propios parlamentarios populares que podrían haber prolongado el debate si hubieran pedido un turno de intervención. Pero sobre todo, después de lo ocurrido, es evidente que los políticos serios en el País Vasco no se pueden olvidar de que en el Gobierno vasco se han roto las reglas de juego hace mucho tiempo. Viven su "vida", fabrican su "sistema", establecen sus "normas de actuación". En definitiva, han montado una estructura que se rige literalmente por la "ley de la selva". Ciertamente, es muy duro vivir un día a día en el que el Gobierno vasco sólo mira y vigila sus intereses, a los que no vacila en sacrificar unas mínimas referencias de convivencia "normalizada" entre las fuerzas políticas. ¿Se figuran ustedes las barbaridades que podría haber soltado por su boca Iñaki Anasagasti si el Gobierno del PP hubiera utilizado en el Congreso de los Diputados las mismas artimañas que su partido ha utilizado en Vitoria?

El nacionalismo vasco, con el apoyo de Izquierda Unida, está demoliendo cualquier resto de normalidad en el País Vasco; y lo ocurrido con los presupuestos sólo es el penúltimo ejemplo. Este suceso nos deja, en definitiva, tres confirmaciones. Primero, la humildad de Jaime Mayor Oreja pidiendo perdón por un error, una reacción nada habitual en el mundo político. Segundo, la ineptitud, otra vez, de Jesús Caldera arremetiendo contra el PP. ¿No tendrá suficiente este señor con la "pifia" sobre el Prestige? Parece que Caldera quiere más y busca guerra. Desde luego, por su propia supervivencia política, le vendría bien estar callado. Y por último, desde hoy, habrá que tener en cuenta, si es que alguien tenía alguna duda, de que el Gobierno vasco no es de fiar. Sus reglas recuerdan a las de Chicago en los años 20. Los hechos lo confirman de forma inexorable.

El Parlamento vasco, al servicio del Ibarretxe
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  28 Diciembre 2002

Entre las consignas que el aparato mediático al servicio del nacionalismo vasco repite sin parar hasta convertirlas en algo aceptado está la de la baja calidad de la democracia española, defecto que justifica la rebelión de los vascos honrados. Según han explicado Xabier Arzallus, Iñaki Anasagasti, Emilio Olabarría, Joaquín Navarro y Joseba Azcárraga, entre otros orates, las dudas sobre la democracia española responden a que el Gobierno nacional ha sometido a sus órdenes a los poderes Legislativo y Judicial. Es tradición en el abertzalismo ver en su adversario el reflejo de los deseos y las conductas propios.

En la comunidad vasca, el Parlamento no es el órgano político que controla al Gobierno autónomo, sino que el Ejecutivo dispone de él a su conveniencia. Lo que decimos se ha comprobado en los debates de los presupuestos para 2002 y 2003. Como el lehendakari no conseguía hacer aprobar su proyecto de presupuestos para el año que ahora concluye, el presidente de la cámara, Juan María Atutxa, recibió la orden de cambiar el método de votación. Las enmiendas a la totalidad que pedían la devolución del proyecto al Gobierno no se votarían de manera conjunta en el pleno, sino separada, una reforma que contradice toda la práctica parlamentaria. En el Congreso de los Diputados esas enmiendas, que se presentan al comienzo del debate, se votan por el pleno todas juntas; si se aprueban, el Gobierno debe elaborar unas cuentas nuevas y si no prosigue el debate, con enmiendas parciales. Atutxa cambió las reglas de juego para facilitar a su partido, el PNV, la aprobación de las cuentas para 2002 sin tener que rebajarse a pactar con los constitucionalistas y, a la vez, evitar la prórroga del presupuesto precedente.

Tanto el PSE-EE y el PP-UA, como Batasuna rechazaban ese proyecto de ley. Los tres grupos reunían 39 parlamentarios, frente a 36 del Gobierno. PP y PSE-EE, pese a las insidias de haber arreglado un pacto con Batasuna para boicotear al pobre Ibarretxe, no apoyaron la enmienda presentada por el grupo de Arnaldo Otegui, el etarra Urrutikoetxea y la sobrina del obispo Uriarte. Al final, los presupuestos de 2002 entraron en vigor con enmiendas pactadas entre PNV-EA-IU y Batasuna. Los presupuestos para 2003 llevaban el mismo camino, pese al fraude reglamentario. La sociedad española iba a contemplar a un Gobierno en minoría pero ebrio de soberbia que se negaba a negociar con los partidos nacionales para no retirar las medidas que aplicaban el plan separatista de Ibarretxe. Sin embargo, el Tripartito se ha aprovechado de las ausencias de cuatro parlamentarios, dos de Batasuna, uno del PSE-EE y uno del PP para recurrir a una treta de filibusterismo parlamentario. Los portavoces de los partidos que sostienen a Ibarretxe renunciaron a sus turnos de intervención, con lo que el plazo previsto para la votación de las enmiendas se adelantó varias horas y Jaime Mayor Oreja, ausente al comienzo de la sesión, se quedó fuera del hemiciclo y no pudo votar. El Reglamento del Parlamento vasco establece que en caso de empate se debe efectuar una nueva convocatoria y si se repite el empate, el proyecto se daría por rechazado.

Seguramente se habría producido un acuerdo entre el PNV y Batasuna, como ocurrió en enero, pero esa certeza no le resta importancia a la negligencia de la oposición.

Ibarretxe y Atutxa han logrado aprobar unos presupuestos pese a hallarse en minoría. ¿Cuándo aprenderá la oposición que trata con desvergonzados? La conclusión es que el PNV avanza, no tanto por sus méritos como por los errores ajenos. Esta votación ha sido el primer acto en que los nacionalistas moderados se benefician de la persecución del terrorismo y sus encubridores realizada por el Gobierno del PP. Josu Ternera ha huido para escapar a un juicio en el Supremo. Por cierto, ¿dónde estaba Mayor Oreja?

Herodes, en Vitoria
FERNANDO ONEGA La Voz 28 Diciembre 2002

LO DEL Parlamento vasco ha sido de antología. Pasará a la historia con un título como éste: «Cómo ganar una votación con menos votos que el adversario». Alguien más maledicente que yo diría: «Cómo unos pillos se han merendado a unos pardillos». Entiéndase por pardillo la acepción de ingenuo o poco experimentado. Jaime Mayor, tan admirable por tantas razones, ya tiene un motivo y un mérito para celebrar como propia la festividad del 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Su Herodes ha sido quien tenía que ser: Juan José Ibarretxe, el del «estado libre asociado».

Por eso, las carcajadas del PNV y sus socios se tienen que estar oyendo todavía en los bazokis . Cuando se gana una votación con mayoría natural, no se requieren ni aplausos. Pero, cuando se gana sabiendo que se iba a perder; o cuando es fruto de una tontería del contrario, que mete un gol en propia puerta; o cuando funciona una trampa exquisitamente tendida, hay que lanzarse directamente al cachondeo. Y en este caso, los ingredientes son tentadores: faltaba un huido de la Justicia, que es Ternera; la cabeza del brazo político de ETA, que es Otegi, una parturienta y un aspirante a la presidencia del gobierno de España. Para redondear debidamente el cuadro, un señor del PP se equivocó y dio su voto al gobierno que quieren derribar. Realmente, al PP le está abandonando la buena suerte.

Si los comentarios no son crueles, es porque Jaime Mayor Oreja merece mucho respeto. Es la primera vez que comete una pifia. Y ha sido tan sentido al pedir perdón por «no haber estado a la altura de las circunstancias», que sería injusto ensañarse con él.

Pero la historia es la historia, y los nacionalistas podrán ser unos tramposos; pero lo han sabido hacer. Han demostrado que los votos son para quien los trabaja. La oposición les ha dado un año más de gobierno como regalo de Navidad. Perdón, de inocentes. Perdón, de pardillos.

Hay otro País Vasco
José Antonio VERA La Razón 28 Diciembre 2002

Claro que sí. Más allá de las pistolas de ETA y de sus bombas, hay un pueblo que vive y que trabaja, que crea y que produce, que es solidario y quiere la paz, que anhela la tranquilidad de sus vecinos, vivir como vive la gente corriente que se interesa en cualquier parte por lo que de verdad interesa a los ciudadanos de cualquier parte: la educación, la sanidad, tener más parques y mejores carreteras, más trabajo y más riqueza, que se gestionen bien sus impuestos y que se extienda la cultura. Por supuesto que sí. Lo ha dicho la mayoría en la última encuesta del Cís.

Los vascos quieren ser normales. Quieren vivir en un país normal y enfrentarse a los problemas de la gente normal. No se consideran extraterrestres, ni gente insólita, ni tipos extraños con los que no se puede hablar ni dialogar. Algunos sí lo son, como en todas partes. Pero no la mayoría, pues más allá del chantaje y la extorsión, más allá del terrorismo y los radicalismos y de todos los demás ismos, hay un pueblo que recela de la política, que empieza a cuestionar a los políticos, que pide tranquilidad, que se siente a gusto siendo como es, con sus instituciones de hoy, con sus referentes y símbolos de hoy, que rechaza el conflicto y el abismo al que ciertos iluminados pretenden conducirlo.

Locos hay en todas partes. Pero no hay más locos en el País Vasco que en el resto de España. He ido muchas veces a esa tierra sublime y agraciada por la naturaleza, bella y orgullosa, y espero seguir yendo siempre que pueda, siempre que me dejen.

Adoro San Sebastián, las playas de Ondarreta y de Zurriola, su paseo belle epoque, su aire romántico, sus fiestas, sus parrandas, el Urumea en invierno, el María Cristina en verano, el chirimiri todo el año, los bares del casco viejo y del Gros, su comercio exquisito, la amabilidad de unos vecinos que agradecen que les visites, que quieren que les visites, que te dan siempre lo mejor, una sonrisa, una palabra, sus caldos, sus platos, la cocina de Arzak y de Martín Berasategui, de Arguiñano y Subijana, un festival de cine que compite en renombre con Cannes y con Venecia, un festival de Jazz que es el primero de España, el Kursaal de Moneo, el jardín encantado de Chillida en Hernani, las traineras de la Concha, el Hipódromo de Donostia, la Real en Anoeta, las tardes de toros de Illumbe, los alardes de Irún y de Fuenterrabía, el aurresku, el Urgull, el Igueldo, también el Bidasoa.

Como Bilbao, esa ciudad de tonos pardos y de belleza obscura, de rojos desgastados, de cielos encapotados, de edificios mojados por la lluvia perenne de los días sin luz de los inviernos tristes, de los humos negros de las fábricas grises del Nervión, de los gases, la ferralla, el hierro enmohecido de los astilleros Euskalduna, hoy Palacio Euskalduna, el muelle de Uribitarte, hoy Museo Guggenheim, las fábricas de aceros, hoy parques para niños, parques verdes, parques públicos. Y es que Bilbao está cambiando. Este Bilbao siete veces centenario que cambia y que prospera es el Bilbao que conocemos todos los que vamos a veces a Bilbao a trabajar, a ver al Atleti en San Mamés, a Guecho, a Algorta, a Las Arenas, a pasear por la ría y a hablar con la gente de Bilbao, gente abierta, buena gente, gente cosmopolita y emprendedora, los descendientes de Unamuno y Diego López de Haro, vecinos de una urbe grande que crece sin complejos, que siempre fue laica y liberal, odiada por Sabino, amada por Indalecio Prieto. Una ciudad en transformación. Ayer metalúrgica, hoy turística. Ayer industrial, hoy cultural. El Bilbao de ahora tiene uno de los mejores y más modernos aeropuertos de España, financiado enteramente por el Estado y diseñado por Calatrava. Como el puente blanco Zubi Zuri, también de Calatrava, o el superpuerto que sale de la ría y es el tercero de España en circulación. Por allí emerge Abandoibarra, la nueva ciudad moderna, el nuevo Bilbao del Guggenheim, el Bilbao que construyen las tres administraciones, codo con codo, la local, la autonómica, la estatal, para que Bilbao siga siendo lo que ha sido siempre: una ciudad puntera en España. Y es que Bilbao es también mucho Bilbao. Siempre lo será. Cuna de bancos y banqueros, de empresas grandes que destacan en Madrid, de grandes proyectos vascos que han sido siempre proyectos españoles. Porque si Bilbao no se puede explicar sin España, tampoco la economía española se puede explicar sin Bilbao y sin Vizcaya.

Como Vitoria, como Alava, reino de Celedón y de la Virgen del Coro, patria del Tau Cerámica, lecho del Alavés, tierra de buenos vinos, de fríos intensos, de noches aburridas, de campos verdes. Madre de alpinistas como Juan Oiarzabal y de atletas como Martín Fitz, Álava está orgullosa de su historia y de ser diferente y de mantener esa diferencia. Álava es sobre todo alavesa, vasca y española, por supuesto, pero también algo riojana y algo castellana. Álava y Vizcaya y Guipúzcoa quieren conservar sus fueros, sus raíces, sus costumbres, pero sus gentes, los ciudadanos que en ellas moran y trabajan, quieren empezar a ser como sienten de verdad, a disfrutar de la familia de verdad, a poder salir a pasear sin problema alguno, a ocuparse de la sanidad, de la educación, de las carreteras, de los parques, del problema de la vivienda. Quieren vivir. Perder el miedo que hoy les cohíbe. Salir a la calle sin escolta. Ser normales, tener hijos sin temer por sus vidas, educarlos en la convivencia, en el respeto a los demás, en la cultura de la paz. Claro que hay un País Vasco distinto al de esa imagen de sangre y de pistolas que nos persigue como una pesadilla. Ese País Vasco diferente es el País Vasco de verdad, el que queremos, el que trabaja y progresa, el que muchos conocemos y adoramos. Un País Vasco de todos, para todos, que no podemos perder, que a todos nos pertenece. ¿O no?

¿Provocadores?
Enrique Zarraoa Eguibar/Getxo-Vizcaya Cartas al Director El Correo 28 Diciembre 2002

No fui a la manifestación del otro día porque no me merece ninguna credibilidad un señor que dice 'ETA kanpora' y al mismo tiempo hace todo lo posible para que ETA y sus mariachis, que tantas nueces les han dado en el pasado, no desaparezcan y les sigan dando nueces. Sin embargo, el colectivo Basta Ya sí que acudió, sin duda con su mejor voluntad de dar un voto de confianza a quien tanto ha hecho para no merecerla. Pues bien, esta gente, con su pancarta 'Por la libertad: ETA kanpora' fue recibida con empujones, miradas de odio, e insultos por la parroquia convocada supuestamente para decir a ETA que se vaya.

Las lindezas que tuvieron que escuchar fueron, entre otras, «españoles» y «provocadores». Lo de españoles creo que no hace falta ni comentarlo, pues efectivamente lo son, igual que son vascos, mal que les pese a muchos que no se han enterado todavía de que al menos la mitad de este pueblo se siente tan español como vasco. Ahora bien, llamar provocadores a unas personas que viven desde hace muchos años amenazadas, con escolta, con miedo permanente, y abandonados a su suerte por el nacionalismo excluyente del señor Ibarretxe, por haber cometido el terrible pecado de discrepar con él y tener la valentía de expresarlo libremente, nos da una idea de hasta donde hemos llegado en este país de despropósitos, donde las víctimas son tratadas como culpables de todos los males, y los verdugos, los salva patrias. Y sus acólitos campan a sus anchas con el apoyo de miles de ciudadanos que, hábilmente azuzados por aquellos que dicen querer la desaparición de ETA, se permiten insultar a las víctimas.

Nacionalistas
José Luis Pérez-Corral/Portugalete-Vizcaya Cartas al Director El Correo 28 Diciembre 2002

Primero nos garantizaron que, asimilando los símbolos del nacionalismo, el pueblo vasco viviría tranquilo y sin tensiones políticas. A continuación, intentaron convencernos de que era imprescindible el diálogo con ETA para alcanzar la paz. Seguidamente, que era imprescindible contar con una izquierda radical organizada y fuerte para dar voz política a los extremistas. Luego nos propusieron magnanimidad en la aplicación de las penas para reinsertar enseguida a los terroristas y conseguir su integración. Como nada de esto ha dado resultado, nos amenazaron con horrores sin cuento si el Estado reprimía sin contemplaciones la bronca callejera, máxime si se hacían pagar los daños a los papás de los salvajes. También nos asomaron a las puertas del infierno en el horrible supuesto de que se plantease ilegalizar a los batasunos, explicando con todo lujo de detalles los desmanes callejeros que nos esperaban. Al día de hoy, estos profetas del nacionalismo 'moderado' siguen amenazando...y siguen...y siguen... ¿Quién no conoce la antiquísima fábula del parto de los montes? Aquí está sucediendo algo de esto, pero ni siquiera el ratón ha nacido. ¡Ay Señor, estos profetas nuestros!

Una de leyes
Marta Robles La Razón 28 Diciembre 2002

Parece ser que por fin en España va a haber una ley que impida que los etarras salgan a la calle a los cuatro días y que los que han metido la mano en las sacas públicas puedan disfrutar de lo que han sustraído, después de pasar unos breves mesecitos a la sombra. Vamos que, con un poco de suerte, no se va a volver a dar un caso como el de Roldan, ni va a haber un terrorista en la calle ¬que por condena tenía que estar preso¬ con la intención de poner bombas en los centros comerciales. Debe de estar loca de contento la familia del último guardia civil asesinado, el mismo que evitó que Madrid se tiñera de rojo sangre en Navidad, al saber que es posible que otros guardias civiles sobrevivan a la barbarie de los asesinos. Seguro que ni se le pasa por la cabeza que la reforma se podía haber hecho mucho antes, con el consenso de casi todos y que así se hubieran evitado muchísimas muertes, incluida la última.

Pero claro, siempre se pueden justificar los retrasos. Alguno dirá que no se sabía qué hacer respecto a las posturas del PNV o de EA. Aunque puede que alguien le conteste que posiciones como la del portavoz del PNV en el Congreso, Iñaki Anasagasti, cuando dice que el Partido Popular es «indulgente» con el terrorismo de Estado, mientras al de la organización terrorista ETA «le cae todo el peso de la ley, deberían ser estudiadas por si constituyen algún acto delictivo». Porque ¿acaso tiene alguna prueba el Sr. Anasagasti de ese terrorismo de Estado del que habla? Y, en todo caso ¿le gustaría al Sr. Anasagasti que no metieran en la calle a un asesino que mata niños porque no han conseguido encerrar a otro que mata ancianos? Digo yo que si es que el Sr. Anasagasti cree que hay terrorismo de Estado deberá pugnar por que se demuestre ¬porque así existe la presunción de inocencia¬ y actuar con toda la dureza. Pero mientras eso sucede ¬si sucede¬ ¿no se puede ir castigando a los que se ha probado una y mil veces que son unos criminales?

Atutxa se aprovecha de un error del PP y aprueba los presupuestos más separatistas del País Vasco
Libertad Digital  28 Diciembre 2002

El Parlamento Vasco ha aprobado los presupuestos para 2003. A pesar de que la oposición contaba con una mayoría teórica (39 diputados frente a 36), el Gobierno y el presidente de la Cámara, Juan María Atutxa, se percataron de que no había llegado Mayor Oreja y adelantaron la votación. Pero si los diputados del PP hubieran usado su turno de réplica, Oreja habría llegado a tiempo.

Durante la mañana de este viernes, estaba previsto que hubiera un debate parlamentario sobre los presupuestos del Ejecutivo de Ibarretxe. La votación se produciría sobre las dos de la tarde. Se suponía que iban a intervenir los representantes del Gobierno vasco: PNV, Eusko Alkartasuna e Izquierda Unida. Pero ninguno de sus portavoces ha salido al atril y el presidente de la Cámara vasca, Juan María Atutxa, ha adelantado la votación, que se inició poco después de las diez de la mañana. La clave: se percataron de varias ausencias que les daban la mayoría.

La agilidad del Gobierno vasco y el error del PP
Los cuatro ausentes han sido José Antonio Urruticoetxea, alias “Josu Ternera”, y Arnaldo Otegi (con una bronquitis), de Socialistas Abertzales (ex Batasuna); Jaime Mayor Oreja, del PP, que no pudo entrar al salón de plenos al haberse iniciado ya las votaciones, y la diputada socialista Idoia Mendia, ingresada en el hospital por complicaciones en su embarazo. Estas cuatro ausencias, junto al voto equivocado del portavoz del PP en el Parlamento, Carmelo Barrio, han hecho que los nacionalistas del Gobierno saquen adelante los presupuestos por 37 votos a favor frente a los 34 de la oposición (PP, PSE y Batasuna).

Pero el principal error del PP ha sido la falta de reflejos al no aprovechar su turno de réplica. Con ello, se hubiera retrasado la votación y Mayor Oreja habría entrado a votar. El resultado de la votación habría dado al traste con los presupuestos separatistas de Ibarretxe y habría evitado la zancadilla al presidente de su Grupo Parlamentario. El voto de Oreja y el voto correcto de Carmelo Barrio eran fundamentales. Mayor Oreja había salido de Madrid –donde asistió al funeral de Iñigo Cavero y al Comité Ejecutivo del PP– a las siete y cuarto y llegó cuando la votación ya había dado comienzo, por lo que no pudo entrar en el hemiciclo, tal y como marca el reglamento.

Según el secretario general del PP de Álava, Iñaki Oyarzábal, su partido ha pecado de "ingenuo" y ha caído en la "argucia tramposa" del PNV, que ha adelantado la votación. Oyarzábal aseguró que el PP ha tenido una "falta de previsión" porque nunca antes los grupos parlamentarios del Gobierno se habían quedado sin participar en un debate.

"Argucia parlamentaria" del tripartito
El Gobierno vasco contaba con sus 36 parlamentarios para sacar adelante los presupuestos, aunque la oposición contaba con 39 diputados y estaba más que claro que serían rechazados. Sin embargo, las cuatro ausencias y el error mencionados han dado a Ibarretxe un balón de oxígeno gracias a las maniobras del tripartito y de Juan María Atutxa para aprobar los presupuestos.

El presidente del grupo del PP en el Parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, ha criticado precisamente la "argucia parlamentaria" de los grupos que apoyan al Ejecutivo de Ibarretxe, que ha servido para adelantar las votaciones.

Egibar se regodea y habla de regalos navideños
Quizá se esa la muestra de la debilidad del nacionalismo vasco que sólo prospera sirviéndose de errores ajenos y trampas parlamentarias. El portavoz del PNV, Joseba Egibar, dijo que Mayor Oreja ha sido como el Olentzero (el anciano que lleva regalos a los niños en la tradición vasca) para el ejecutivo autonómico. El vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha destacado que esta reacción de Egibar es reveladora del escaso talante político del nacionalista.

Oreja pide perdón. El PSOE aprovecha para atacarle
Tras la trampa, las ausencias y los errores, lo primero que ha hecho Mayor Oreja es pedir perdón y reconocer que no ha estado "a la altura de las circunstancias" al llegar tarde a la sesión y no poder votar los presupuestos. El presidente del grupo parlamentario popular se ha disculpado ante todas las personas a las que ha podido "defraudar" con esta circunstancia y aseguró que, por haber llegado tarde a la sesión, tiene un "sentimiento de profunda tristeza".

Los periodistas le preguntaron si este incidente podría afectar a su carrera como sucesor de Aznar. Oreja contesto que, en estos momentos, es lo último que le preocupa. Pero los ataques del PSOE se han diseñado ya por esos derroteros y le acusan de estar más preocupado por la sucesión que por la política vasca.

"Un accidente en el camino"
El vicepresidente Mariano Rajoy admitió, que a veces "no sale siempre todo bien para los intereses generales". "Este es un accidente en el camino que en absoluto empaña la trayectoria de nadie", apostilló, tras insistir en que "equivocaciones, las cometemos todos o mala suerte, también la tenemos todos". A la pregunta de si este hecho puede dar oxígeno al Gobierno vasco unido a la no asistencia del PP a la manifestación contra ETA, recordó que el PP no fue a esa manifestación, "porque no se puede luchar contra ETA sin estar luchando contra Batasuna".

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