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Recortes de Prensa     Domingo 12 Enero  2003
Para una reivindicación laica del arrepentimiento
Iñaki EZKERRA La Razón 12 Enero 2003

OPORTUNIDAD, OPORTUNISMO Y POLÍTICA
José Antonio ZARZALEJOS ABC 12 Enero 2003

¿Nunca máis o BNG
Cartas al Director ABC 12 Enero 2003

Acto solidario con los hijos de las víctimas del terrorismo
Redacción - Barcelona.- La Razón 12 Enero 2003

Excarcelaciones
Cartas al Director El Correo 12 Enero 2003

Para una reivindicación laica del arrepentimiento
Iñaki EZKERRA La Razón 12 Enero 2003

Las medidas penales y penitenciarias aprobadas el 3 de enero por el Consejo de Ministros para los delitos de terrorismo ¬la ampliación de la pena máxima a cuarenta años y su cumplimiento íntegro¬ ponen sobre el tapete vasco un incómodo asunto que hasta hoy ni se había planteado: el arrepentimiento. La reinserción quedará garantizada pero a condición de que el etarra se arrepienta sinceramente de serlo. Y la sinceridad de ese arrepentimiento se valorará en la medida en que esté dispuesto a colaborar con las Fuerzas de Seguridad. El hecho de que no baste con un arrepentimiento retórico supone un gran avance a la hora de adecuar matizadamente las medidas de gracia al sentido no vindicativo sino restitutivo que realmente tiene la justicia que las inspira. Supone un paso correcto, oportuno y necesario porque hasta ahora ese arrepentimiento no era ni retórico siquiera y porque este nuevo planteamiento tiene un calado más hondo que el que afecta exclusivamente a los tribunales. Supone introducir en la misma vida española un término y un concepto no ya perfectamente defendibles sino fundamentales ante los que, sin embargo, hemos sido hasta hoy muy remisos.

El arrepentimiento ha estado tan mal visto en nuestra sociedad ¬debido, sin duda, a una implícita, errónea y facilona identificación de éste con la mojigatería religiosa¬ que incluso los mismos representantes de la religión se han contagiado de este prejuicio elaborado desde el laicismo menos ético y más pragmático. La misma Conferencia Episcopal que advierte sin ninguna especificación contra el nihilismo en general (leer la Instrucción Pastoral del 22 de noviembre) se ha dejado imbuir e impregnar por el nihilismo específico del terrorismo al desterrar práctica y paradójicamente el arrepentimiento de su vocabulario (a lo más que se atreve ese texto es a hablar de «la conversión de los corazones»). Y no digamos ya la Iglesia oficial del País Vasco, que no es que experimente hacia el arrepentimiento prevención sino repugnancia auténtica. Setién es más nihilista que el nazi-marxismo de ETA o que el ánimo suicida de los terroristas de Ben Laden que interpreta con lucidez Glucksmann en su ensayo «Dostoyevski en Manhattan».

Este curioso fenómeno de una nihilización que llega a la categoría de confesional ha presentado el arrepentimiento como algo ridículo e inadmisible, ha devaluado la reinserción etarra, ha impedido a la Iglesia española intentar con ETA esa labor «misionera» que realizó exitosamente la Iglesia italiana con las Brigadas Rojas y ha hecho, en fin, que se plantee el perdón, no como una opción privada de la víctima (lo que es a fin de cuentas) sino como un regalo colectivo y forzoso de las instituciones públicas o ¬peor aún¬ como un «incuestionable derecho» que el asesino puede reclamar de toda conciencia ¬cristiana o no¬ y de las mismas instancias judiciales.

El prejuicio hacia el arrepentimiento, su rechazo social e institucional, ha dejado crecer y consolidarse un modelo de bestialidad criminal en Euskadi que compara la reforma del gobierno Aznar con la instauración de la cadena perpetua mientras a la vez se permite ¬ésta es la paradoja¬ amenazar con prolongarse temporalmente en términos de perpetuidad. «La siguiente generación ¬se dice, por ejemplo, desde el mundo de ETA¬ retomará la lucha armada».

Esta impúdica voluntad de perpetuación del terror lleva a ese mundo a plantearse, en el mejor de los casos, la pertenencia a ETA como una «mili». El etarra no vuelve arrepentido a su casa sino orgulloso de haber dedicado unos años de servicio a la patria. De este modo, no tiene «carácter moral» ni «sentido filosófico» la reinserción y nuestros juristas deberían saberlo. Deberían replantearse ¬o plantearse incluso por primera vez¬ la propia filosofía de las leyes que aplican. La reinserción tiene sentido para quien comete un delito que se queda en sí mismo y del que se reniega, no para quien desea reincidir perpetuamente en ese delito y hasta hacer escuela para que se perpetúe. No tiene sentido para los nazis que, como tales, «trabajan para el milenio» y asesinan sin pensar en la derrota inmediata, pues creen en una «inevitable victoria final». Creen que volverán a imponerse a largo plazo porque ahí estuvieron siempre, mítica e históricamente impuestos desde el principio. Y es un puro sinsentido para quien se pretende miembro de un ejército (ETA Militar) y comete crímenes equivalentes a los de guerra contra civiles en un tiempo de paz; para quien asume una condición de soldado que afortunadamente nuestro Gobierno no toma en serio porque llevaría implícita no la política de la reinserción, que ha de seguir vigente, sino la jurisdicción de guerra. A los hipócritas aspavientos de los nacionalistas ante la reforma de Aznar cabe responderles con una pregunta: ¿qué oportunidad da ETA a una ciudadanía que por su culpa lleva ya treinta años siendo eliminada, desterrada o condenada a la privación de libertad sin tercer grado ni reducción penal ni cualquier otra medida de gracia que aligere esa inhumana condena?

En mi libro «ETA pro nobis» planteé una reivindicación de la piedad desde el laicismo que rescatara ese valor moral del estéril monopolio que sobre él ejercen los curas. Creo que hay que seguir profundizando en esa recuperación de valores patrimonializados por la Iglesia. Creo, sí, que, en referencia al terrorismo de ETA, se impone una reivindicación laica del arrepentimiento ya que no lo hace la Iglesia como debiera y para quienes debiera. Porque el arrepentimiento del asesino va más lejos del lamento o la tristeza por haber asesinado. Significa desear no haber sido nunca ese ser que daba a los otros la muerte, negarse esencialmente en ese pasado que se reconoce como inaceptable. Significa que, si estuviera en manos del ex etarra la posibilidad de no haber sido etarra nunca, éste elegiría sin dudar esa posibilidad. Significa que «el ex etarra de hoy» se invalida como «etarra de ayer», reniega de esa condición no ya sólo en el presente sino en el propio pasado. Significa que admite que lo que sucedió nunca debió suceder. De ahí, de esa invalidación retroactiva y elemental viene la eficacia demoledora sobre ETA del arrepentimiento. De ahí que ETA y el nacionalismo que rentabiliza a ETA se resistan con uñas y dientes a ese paso moral y nos presenten el arrepentimiento como una exigencia innecesaria y hasta monstruosa, como «algo que no se le puede pedir a nadie».

La reivindicación del arrepentimiento pone el dedo en una llaga que en realidad no cerró nunca, ni siquiera en lo tocante a la primera ETA reinsertada y a cierta «Unión General de Excombatientes» que, llamándose demócratas, han ostentado en democracia, con un orgullito excluyente y sectario, esa ex militancia como si fuera el carné de un club social, un certificado de «pedigrí ético». Aquí se ha creído «pata negra» de la legitimidad vasca hasta el más tonto de ETA porque tuvo el honor de llevarle el café con leche a Artapalo.

Reivindiquemos el arrepentimiento como término, como concepto, como valor moral, al margen de la religión. Y no ya sólo en lo que concierne a la cuestión terrorista sino en lo que nos afecta a todos íntimamente. Reivindiquémoslo como parte que es esencial de la existencia. Arrepentirse no supone negar ésta sino reafirmarnos sobre ella, considerarnos dignos de una vida aún mejor que la que hemos vivido, creer que podíamos haber vivido mejor nuestra vida y vivir lo que nos quede de ella con un propósito de excelencia. Significa que «no da igual lo que hemos hecho», que reconocemos la «singularidad del instante», la vida como arte perfectible, y que tomamos conciencia de lo que es ya irreparable. Significa que, pese al carácter irreversible de lo ya hecho, nos retocamos para el futuro, nos corregimos en el pasado, en la infamia cometida o en el error y oponemos a ellos una voluntad de ser mejores que de algún modo nos salva en lo que somos hoy. Nos arrepentimos del daño que un día infligimos a los otros o del que nos infligimos a nosotros mismos, de los malentendidos que dejamos crecer, de lo que hicimos y de lo que no hicimos. Arrepentirse es tener plena conciencia de la libertad, del mal uso que le dimos y del bueno que podemos darle en adelante. Vivir significa arrepentirse de muchas cosas, incluso de no haber pecado lo suficiente.

OPORTUNIDAD, OPORTUNISMO Y POLÍTICA
Por José Antonio ZARZALEJOS ABC 12 Enero 2003

Las decisiones políticas serias y convenientes, para serlo, tienen que ser oportunas en el sentido estricto que a tal concepto atribuye el Diccionario de la Lengua Española, esto es, tomadas en «sazón, coyuntura, conveniencia de tiempo y lugar». Así que si un terrorista asesina a un guardia civil en las inmediaciones de Madrid y resulta que el delincuente había sido excarcelado en aplicación de una determinada norma, lo oportuno y razonable es que, escuchando el clamor social, se reforme la ley para que en el futuro no haya de lamentarse otra tragedia. En otras palabras: el Gobierno es oportuno al plantear esta medida porque, aunque estuviese prevista en su programa electoral de hace años, su ejecución dispone ahora de un sentido perentorio.

El oportunismo -del que por ésta y otras medidas se acusa al Gobierno- es otra cosa. Se define, en una segunda acepción, como «actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones». Y es oportunismo, por ejemplo, aducir que un accidente de ferrocarril, con el triste saldo de dos víctimas mortales, se produce por la política de déficit cero que preconiza el Gobierno. Como recordaba José María García-Hoz (ABC 9/1/03) «el déficit cero no hace relación al tamaño del Estado», de lo que se deduciría que es un recurso oportunista relacionar una política económica determinada con un accidente provocado, al parecer, por una gamberrada criminal. Por seguir poniendo ejemplos: cuando un diputado nacionalista transmite la idea de que el Gobierno plantea ahora el incremento de las sanciones a los terroristas para luego implantar la pena de muerte -constitucionalmente proscrita- incurre en oportunismo porque ataca una medida susceptible de ser debatida, pero lo hace con olvido voluntario y consciente de un impedimento legal insalvable.

Pero, quizá, el ejemplo más acabado de oportunismo es la manipulación, más o menos sutil, de los sentimientos más generosos de los ciudadanos y de sus actitudes más altruistas. La catástrofe del «Prestige» ha sido un aldabonazo en la conciencia de todos los españoles de bien; la solidaridad se ha producido en borbotones; las justas críticas iniciales se han ponderado con las acciones eficaces posteriores y el debate general es saludable e imprescindible en una sociedad libre y exigente como la nuestra. Pero «aprovechar las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible» es un oportunismo en el que han incurrido algunos. Los promotores de «Nunca máis» -al margen ya de la transparencia, dudosísima, de sus cuentas- actúan subrepticiamente al no explicitar cuáles son sus auténticos propósitos. No serían reprochables si los indicasen. Resultan del todo sospechosos si, instrumentalizando el sentimiento de pesar, de solidaridad y de rabia por una catástrofe, sirven como ahora parece a un objetivo partidista y tratan de vender una mercancía averiada por ideológica. La identificación de las intenciones es siempre necesaria para que los ciudadanos no sean engañados y puedan actuar con entera libertad.

En la política española se produce una excesiva laxitud en el juicio sobre el oportunismo que no remite ni siquiera cuando se trata de asuntos de especial trascendencia y particular importancia. Por eso el ejercicio de la política es escasamente valorado por los ciudadanos y, en no pocas ocasiones, despreciado. Ocurre también respecto de los periodistas y los medios que, situados en los aledaños de la política, incurrimos a veces, acaso por contagio, en un irritante oportunismo argumental reproduciendo esquemas y planteamientos que nos deberían ser ajenos.

¿Nunca máis o BNG?
Cartas al Director ABC 12 Enero 2003

Cuando la plataforma «Nunca máis» salió a la palestra, no tuve duda de que detrás de esas siglas había algo más que la defensa de los gallegos que viven de la pesca. Parece que no me equivoqué. Estos señores de la plataforma han dedicado el dinero que los españoles mandan para «sus gastos», o sea, para protestar, en vez de repartirlo entre los pescadores que sufren esta catástrofe. Están utilizando todo ese dinero de forma partidista y sectaria con tal de atacar al Gobierno, no les importan los gallegos. Lo único que persiguen es el poder político del partido separatista BNG. Este partido es otro «iluminado» que, en este caso, quiere la independencia de Galicia. Tiene derecho a pedirla, pero no con el dinero donado por muchos de los españoles que quieren ayudar a los gallegos.      Feliciano González Gutiérrez.   Viladecasn (Barcelona).

Acto solidario con los hijos de las víctimas del terrorismo
Redacción - Barcelona.- La Razón 12 Enero 2003

La conocida modelo Elsa Anka y el popular cómico Javier Barragán asistieron ayer a una fiesta dedicada a los hijos de las víctimas del terrorismo, en la que se repartieron juguetes a más de 40 niños de entre 1 y 12 años de edad que han sufrido la pérdida de algún familiar a consecuencia de la barbarie terrorista. Roberto Manrique, delegado en Cataluña de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), explicó que un total de 148 familias acudieron a la fiesta, que se celebra cada año desde 1991. Según denunció Manrique, sólo en Cataluña más de 500 familias forman parte de la Asociación, «víctimas tanto de ETA como de Grapo, Terra Lliure o grupos islamistas».

Desde que celebró su primera edición, han pasado por la fiesta en honor a los pequeños que sufren las irreparables consecuencias de la pérdida de un familiar por culpa de un atentado terrorista personajes del mundo del deporte y el espectáculo, como el conocido nadador David Meca, el tenista Sergi Bruguera, la actriz cómica Paz Padilla o el cantante Sergio Makaroff. Como apuntó Manrique, «éste es uno de los pocos días en los que la Asociación está relajada y no se habla de muertos ni de heridos, sino de los niños, que se lo merecen». «Es un día para estar relajados y tranquilos y no hablar de problemas ni de víctimas. A partir de mañana comenzamos de nuevo con los juicios y los temas médicos», añadió el presidente de la AVT en Cataluña, quien recordó que son positivos actos de este tipo. Manrique también quiso destacar que «nunca una víctima del terrorismo se ha vengado de los terroristas, mientras que los hijos de los terroristas se alistan en comandos mientras sus padres están en prisión».

Manrique indicó que la Asociación no quiere competir con los padres en el reparto de juguetes, por eso celebran la fiesta «o mucho antes de Reyes, o pasada esta fecha» con el único objetivo de que, aunque al menos por un día, los pequeños olviden que también son víctimas de la barbarie.

Excarcelaciones
Bittor Emparan García/Barakaldo-Vizcaya Cartas al Director El Correo 12 Enero 2003

«Ya he cumplido con la organización»...Hasta ahora ésa era una frase acuñada de manera monocorde por muchos de los ex miembros de ETA más veteranos, al reintegrarse en la sociedad y en su antigua vida en el pueblo. Pero las circunstancias han cambiado. El hostigamiento policial en Francia y España ha diezmado a los integrantes de los comandos más recientes, obligando al grupo terrorista a reclutar miembros cada vez más jóvenes e inexpertos. El colchón batasuno de apoyo está asimismo en precario. Por eso ETA recurre otra vez a los viejos pistoleros, a los que saben... De ahí que el endurecimiento de las medidas penitenciarias, entre otras ventajas, impedirá a estos supervivientes del jurásico etarra volver al crimen antes de que cumplan en la cárcel los años que el juez les imponga. Nada de demagogia ni venganza: el que quiera renegar de sus delitos podrá hacerlo. El que sigue con sus ideas asesinas, que las repose una larga temporada entre rejas.

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