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Recortes de Prensa     Lunes 13 Enero  2003
SOBRE EL FARISEISMO RESPECTO A LA REINSERCIÓN
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 13 Enero 2003

La tostada vasca
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 13 Enero 2003

Yo acuso
ROSA DÍEZ  El Correo 13 Enero 2003

EITB o ¿qué hacer con Goebbels
Iñaki EZKERRA La Razón 13 Enero 2003

Que devuelvan el dinero
Editorial La Razón  13 Enero 2003

Un informe de la Guardia Civil adjudica a ETA la estrategia de persecución a los no nacionalistas
Libertad Digital  13 Enero 2003

LA VIDA DESPUÉS DEL «PRESTIGE»
Valentí PUIG ABC 13 Enero 2003

El cura de Maruri se siente víctima de una campaña del PNV «para hacerme callar»
OLATZ BARRIUSO/MARURI El Correo  13 Enero 2003

SOBRE EL FARISEISMO RESPECTO A LA REINSERCIÓN
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 13 Enero 2003

ALGUNOS notorios equilibristas andan empeñados estos días en equiparar la reforma del concepto de reinserción aplicado a los terroristas condenados con una exigencia de delación que encuentran intolerable. También abundan las críticas que equiparan la petición de que se tenga en cuenta a las víctimas con el retorno a la venganza medieval. Son objeciones melodramáticas conectadas por una convicción oculta: que el terrorismo es un delito privado contra la sociedad en abstracto y que las víctimas deberían contentarse con lo que más interese a la mayoría de esa misma sociedad abstracta. La reinserción concebida bajo este prisma consiste en obtener el arrepentimiento privado del terrorista, condición suficiente para devolverlo a la vida normal.

Contra esto cabe decir lo siguiente: en primer lugar, que un terrorista dispuesto a reinsertarse debe colaborar, por lo menos, en acelerar el fin del terrorismo trabajando activamente con el Estado de derecho y apoyando a las víctimas; en segundo lugar, que la llamada delación -es decir, la denuncia pública de la organización terrorista- es perfectamente exigible como prueba pública de la seriedad de la reinserción.

Quienes se escandalizan por ambas exigencias parecen pensar o bien que la reinserción es una cuestión de conciencia privada, reducible a expresar ante un juez el «no lo volveré a hacer más» de la canción popular, o bien demuestran que siguen aferrados a la concepción mateomorralista del terrorismo (ya saben, la que lo entiende como actos violentos individuales a lo Mateo Morral), esa misma concepción desmontada por el Pacto por las Libertades o la Reforma de la Ley de Partidos. El coro de lamentos levantado por la falsa suposición de que la reforma del Código Penal suprimiría la reinserción está haciendo emerger una oposición, disimulada pero en absoluto desaparecida, al Pacto por las Libertades y a los autos del juez Garzón que los Bouvard y Pecuchet de turno adjetivan de «controvertidos».

La reinserción por delitos terroristas no puede reducirse a una mera expresión de contrición personal, como parece entender la juez Ruth Alonso. La razón o razones para pensar que la reinserción por terrorismo debería conllevar siempre un compromiso público del reinsertado en forma de, por ejemplo, una declaración pública de ruptura definitiva con la banda y de su disposición a colaborar con la Justicia -además de pedir perdón a las víctimas-, son una inducción de la naturaleza del terrorismo como delito que persigue la destrucción de las libertades públicas y privadas por motivos ideológicos. Si estamos de acuerdo en que el terrorismo quiere destruir la convivencia democrática, entonces es natural que se exija al terrorista que desee reinsertarse que contribuya a defenderla activamente y de modo público.

Que una exigencia tan elemental moleste a Margarita Uría, pongamos por caso, sólo muestra que para esta señora, y para quienes piensan como ella, el terrorista condenado es una especie de preso de conciencia. Como habría cometido sus crímenes inspirado por una conciencia privada y por ideas tan respetables como las que más, bastaría con un arreglo o cambio de esa conciencia privada, considerado suficiente por el juez, para dar al sujeto por reinsertado.

Es natural que quienes piensan así también rechacen que ETA es un entramado de organizaciones de todo tipo, y no solamente un asunto de comandos y psicópatas individuales, una actividad individual de la que únicamente debe responder el terrorista. En fin, que del mismo modo en que el reinsertado no debe renunciar a ideas ni planes personales, tampoco puede responsabilizarse a los ideólogos y planificadores del terrorismo -por ejemplo, a los dirigentes de Batasuna- de los atentados cometidos. El ejemplo más acabado de esta clase de «reinserción» lo suministran políticos en activo como Arnaldo Otegi o el fugado Josu Ternera, cuya famosa presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco fue celebrada por algunos como una prueba de la eficacia de esa reinserción privada que tanto alaban.

Las víctimas del terrorismo consideraron entonces una provocación y una vejación el puesto concedido por los nacionalistas a Josu Ternera. Se replicó que las víctimas andaban buscando venganza y ponían palos en la rueda del proceso de pacificación, que obviamente pasaba por el silenciamiento de las víctimas, conminadas a perdonar a cambio de nada, y por la exigencia de que la opinión pública aceptara que la paz tenía un precio, como argumentaba el obispo emérito Setién: la renuncia a hacer justicia a las víctimas y con los victimarios.

El reproche según el cual el endurecimiento de la reinserción expresaría un reprobable sentimiento de venganza privado -de las víctimas y amenazados- que no debe contaminar a la Justicia con mayúscula es otra consecuencia de ese fariseísmo de fondo. Porque es fariseo aceptar que los sentimientos privados del terrorista bastan y sobran para reinsertarlo, con lo que se convierten en el centro del derecho, mientras que los sentimientos de sus víctimas deberían ser ignorados en nombre del bien común. Por supuesto, es inútil argumentar aquí que la exigencia de reparación que hacen las víctimas españolas -sin duda el colectivo más pacífico del mundo- no es de ningún modo una expresión de un deseo de venganza -por lo demás muy legítimo y delegado en el Estado-, sino mera consecuencia directa del principio según el cual el criminal debe contribuir a reparar en la medida de sus fuerzas los efectos de su crimen.

Y finalicemos con el asunto de la delación. Quienes se escandalizan de esa petición parecen insinuar que los terroristas detenidos deberían ser enviados de inmediato a unos ejercicios espirituales para que mediten sobre sus malas acciones, en lugar de investigar la autoría de éstas, lo cual exige interrogar a los terroristas, reconstruir sus métodos, reunir pruebas, encontrar cómplices, etcétera: en fin, la colaboración normal con los jueces y policías reclamada a cualquier acusado de cometer un delito.

En el caso del terrorismo, creo que esa colaboración debe incluir la reparación razonable que exigen las víctimas: un terrorista en proceso de reinserción debería colaborar a desmontar el entramado terrorista, implicando que si Batasuna es ilegalizada por terrorismo también debería colaborar a desacreditar a esa organización o cualquier otra que estuviera en un caso similar. Por supuesto, debería quedar a juicio del juez la colaboración suficiente en cada caso. De lo que se trata, en última instancia, es de despejar el equívoco de que la reinserción por delitos de terrorismo es semejante a la que procede por robar coches o asaltar bancos, o lo que es lo mismo, que para darla por buena no basta de ningún modo con la contrición privada, la buena conducta y el compromiso de retirarse al cultivo de la amapola.

La tostada vasca
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 13 Enero 2003

El Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno vasco difundió hace pocos días un folleto pretendidamente didáctico titulado 'Los derechos de los niños y las niñas'. La publicación combina viñetas tipo cómic con textos sobre los derechos de los menores. En una de esas viñetas aparece una niña, sentada junto a otros críos, que realiza la siguiente afirmación: «Yo ahora sólo vivo con mi madre porque mi padre está en la cárcel, pero también le puedo visitar de vez en cuando, aunque está lejísimos».

Algunos bienpensantes creerán que el padre de la niña es narco y está preso en Colombia y por eso Javier Madrazo, que tiene una sección de Drogodependencias, se preocupa por la situación. Pero van a ser los menos los que hagan esta lectura. La mayoría va a darle una interpretación más del país: el padre de la niña es de ETA, está en la cárcel, lejos, eso sí, y a Madrazo le enternece ese problema.

Puestos a hacer país, el autor (o autora) del folleto podía haber puesto un texto diferente en boca de la niña. Por ejemplo: «Yo ahora sólo vivo con mi padre porque a mi madre, que era ertzaina, la asesinó ETA en Beasain». Pero no, su creatividad no llegó tan lejos. O al menos su atrevimiento.

También para niños va dirigida la revista 'Kili Kili' en la que se han publicado elogios a una miembro de ETA acusada de graves delitos sin que desde las instituciones se reaccionara por ello. El tío 'Kili Kili', puestos a elogiar mujeres fuertes, podía haber destacado la labor de ediles como Rosa Gabirondo, de Gaztelu, o Ana Urchueguía, de Lasarte-Oria, que por hacer su trabajo han sufrido amenazas y agresiones personales. Ellas sí son mujeres fuertes, no una etarra de gatillo fácil.

En el País Vasco, por cada ciu dadano que apoya con su voto a la izquierda abertzale hay nueve que lo hacen a partidos enfrentados a ETA. Sin embargo, organizar grupos locales de apoyo a los amenazados por el terrorismo ha resultado imposible, mientras que no son pocas las plataformas de apoyo a los presos (de ETA, claro) que cuentan a menudo con el apoyo de personas y partidos ajenos a la izquierda abertzale. Es más fácil ir por la calle de vinos en este caso que si se apoya a los cargos del PP y del PSE.

Todos estos y otros casos sólo reflejan el pleno vigor en Euskadi de la famosa Ley de Murphy: la tostada siempre cae del lado de la mantequilla de lo políticamente correcto, la que hace más cómoda la vida personal y exige menos compromiso individual.

Yo acuso
ROSA DÍEZ/EURODIPUTADA Y PRESIDENTA DE LA DELEGACIÓN SOCIALISTA ESPAÑOLA EN EL PARLAMENTO EUROPEO El Correo 13 Enero 2003

El País de las Maravillas, el del mundo al revés, existe, doy fe. No es que sea un descubrimiento confirmar que en Euskadi ocurren cosas increíbles, imposibles en cualquier otro lugar del mundo. Pero, a veces, un hecho concreto, lo que alguien podría calificar como una anécdota, nos pone ante nuestra cruda realidad: somos verdaderamente diferentes.

Verán, les voy a contar que acabo de llegar de Maruri, pueblo vizcaíno que ha adquirido fama nacional (en términos españoles), por la rara peculiaridad de tener al primer cura vasco con escolta. O sea, en Maruri, la Iglesia está perseguida y eso hasta aquí en Euskadi es un hecho insólito. Hoy he ido a Maruri junto con un par de centenares de ciudadanos convocados por Basta Ya y la Fundación para la Libertad con la intención de acompañar a Jaime, su párroco. Para acompañarle y protegerle con nuestra complicidad democrática frente a quienes todas las semanas, desde hace ya cuatro domingos, le esperan a la salida de misa con una pancarta en la que le acusan de mentir. Sí, lo han leído ustedes bien: un sacerdote que lleva escolta porque el Departamento de Interior del Gobierno vasco ha considerado que su vida corre peligro, tiene que soportar que cada domingo un grupo de ciudadanos le señale como mentiroso, como alguien que hace daño a su pueblo. Pero lo dramático (si no fuera peligroso, sería sólo sarcástico) es que esa concentración está autorizada, semana tras semana, por el mismo 'responsable' del Gobierno vasco que ha considerado al párroco de Maruri persona en riesgo. ¿Lo pillan?

Pues bien, hoy he podido sentir directamente este mundo al revés en el que habitamos. Había dos pancartas, dos concentraciones, una frente a otra. En la una, los que tachaban a Jaime de mentiroso. En la otra, los que habíamos ido a defender su libertad al grito de 'Basta Ya'. Había también una dotación de la Ertzaintza: uniforme de trabajo, cara tapada de negro. Se han situado entre ambos, han sacado una cámara y han comenzado a grabarnos... a nosotros. Sí, a nosotros, que como todo el mundo sabe somos gentes peligrosas que llevamos escolta para evitar daños mayores a terceros... Cuando les hemos hecho saber que nos parecía un poco raro que nos grabaran a nosotros y no a los que acosaban al cura, nos han dicho que 'a ellos ya les graban todos los domingos...' (?) ¿Es o no es el mundo al revés?

Yo me pregunto qué habría pensado cualquier turista de estos que vienen al Guggenheim si se hubiera perdido por aquellos lares y hubiera contemplado el espectáculo: la Policía grabando a quienes van a defender la libertad de un ciudadano amenazado y a la vez amparando a quienes le acosan y le señalan como enemigo de Maruri. Habría pensado que estaba observando el rodaje de una película cuya ubicación era un moderno País de las Maravillas, sin Alicia y con pistoleros. Con pistoleros y con 'gentes de orden' que viven muy bien y señalan a las futuras víctimas. Con pistoleros y con 'gentes de orden' que se atreven a decir al párroco de Maruri que se calle, se convierta al nacionalismo o se marche. Con pistoleros y con un Gobierno que autoriza cada semana que un grupo de ciudadanos vayan a acosar a un hombre cuya seguridad no está garantizada, a un hombre que vive sin libertad. Sí, eso es el País Vasco de hoy: el mundo al revés. Un lugar en el que la Policía al servicio del PNV graba a quienes llevan escoltas. Un lugar en el que el acoso al párroco de Maruri lo autoriza cada semana el señor Balza, consejero de Interior del señor Ibarretxe, militantes ambos del Partido Nacionalista Vasco. Sí, señores y señoras, éste es nuestro drama: el acoso y la persecución al párroco de Maruri está hoy y aquí bendecido y sancionado por quienes nos gobiernan. ¿Cómo esperar protección de quienes 'legalizan' el acoso? ¿No les parece lo suficientemente grave como para que lo denunciemos? Yo acuso.

EITB o ¿qué hacer con Goebbels?
Iñaki EZKERRA La Razón 13 Enero 2003

En respuesta a mi artículo del jueves en el que criticaba el silencio del PP ante el ignominioso aparato de propaganda que es la Radio Televisión Vasca, mi amigo Carlos Urquijo, miembro del Consejo de Administración de esa casa pública y parlamentario de ese partido, citaba el viernes las iniciativas tomadas por él mismo en los últimos años: casi ciento ochenta entre Proposiciones de Ley, Proposiciones No de Ley, Interpelaciones, preguntas y cartas a la prensa que no han tenido el debido eco. No era mi intención ser injusto con quien es víctima de esa situación de manipulación y censura que yo denunciaba en la EITB, y que no se queda por desgracia en esa entidad pública, sino señalar un problema sangrante que aún no ha recibido el enfoque adecuado. La respuesta de Urquijo ratificaba lo sustancial del contenido de mi artículo al reconocer que no se han visto los frutos de su esfuerzo. De sus palabras deduzco que la situación es más grave de lo que yo creía. Por no verse, no se ve ni el esfuerzo siquiera. Y esto demuestra que con Goebbels hay que trabajar de otro modo.

Desde Lizarra, la EITB ha sufrido una «goebbelsización» paralela a la «batasunización» del PNV. Este fenómeno no ha hallado en el PP ni en el PSOE la contundente respuesta que merece. Esos partidos, como ciertos medios de comunicación no nacionalistas, actúan como si estuviéramos aún en los esperanzados inicios del matrimonio Ardanza-Jáuregui, con las inercias de esa época. El error es grave. El PP y el PSOE deben alertar de él a esos mismos medios que no denuncian a Goebbels porque lo creen un colega de trabajo. Bajo el disfraz de un falso pluralismo, hoy se opina en Euskadi sobre cosas que ¬como los Derechos Humanos¬ no son opinables y se está creando artificialmente un estado de opinión predemocrático de consecuencias imprevisibles que no es denunciado desde el lado democrático en los términos dramáticos que requiere.

Tiene sentido, amigo Urquijo, estar en el Parlamento vasco porque allí la lucha democrática trasciende a los medios de forma clara aunque insuficiente y aunque no se gane en ella. Tiene sentido estar en los foros y tribunas donde el grito por la libertad se oye aunque en sordina. Pero no en un consejillo fantasmal y opaco por su propia naturaleza para legitimar con esa presencia al altavoz de «la ETA mediática». No es de recibo que los demócratas se sienten en la mesa de Goebbels para decirle que es un «mentirosillo». Porque si «una mentira dicha muchas veces acaba siendo una verdad», una verdad dicha en voz baja y sin eficacia acaba siendo tomada por una mentira. Y entonces les terminamos el trabajo a los nazis.

Que devuelvan el dinero
Editorial La Razón  13 Enero 2003

No existe razón de peso alguna para que los dirigentes de la plataforma denominada «Nunca Máis» demoren un sólo día más la entrega, a los afectados por la tragedia del «Prestige», de los donativos que les fueron donados con ese fin. La propia página de internet de este grupo afirma que se constituyó para «canalizar las justas demandas de la ciudadanía gallega para la pronta reparación de los daños causados», en términos lo suficientemente confusos para que cualquier persona de bien piense que entregarles donativos era una forma de ayudar a los afectados a recuperarse. No cabe pensar, por el contrario, que de lo anterior se deduzca que protestando contra el Gobierno y contra la Xunta, empleando el dinero en pagar manifestaciones, pancartas y banderas, «se reparan los daños causados». La crítica al Gobierno es lícita, pero cuando se admite dinero de los ciudadanos debe quedar muy claro cuál será el destino de los fondos.

No cabe extrañarse de que, ante el descubrimiento de este escándalo, y la ratificación de su conducta por parte de la propia plataforma, comiencen a producirse ya protestas de benefactores que se sienten lógicamente engañados y buscan que, o bien se les devuelva su dinero, o bien que «Nunca Máis» lo haga llegar a otras organizaciones que sí entregan puntualmente el dinero recolectado a los afectados por la marea negra. Ésa debió ser la principal preocupación de quienes han oficiado esta ceremonia de la confusión, transformando solidaridad en oposición política, por la que el PSOE pagará un pasaje muy caro al ratificarse en el papel de compañero de viaje del nacionalismo gallego.

Un informe de la Guardia Civil adjudica a ETA la estrategia de persecución a los no nacionalistas
Libertad Digital  13 Enero 2003

La Sala del Supremo que estudia el proceso de ilegalización de Batasuna escuchará hoy el testimonio de tres agentes de la Guardia Civil que han elaborado un informe donde demuestran que ETA ideó la estrategia de la "persecución social" contra los no nacionalistas orquestada por Batasuna. El informe se presenta a instancia de la Fiscalía.

Como prueba para la ilegalización de Batasuna, el fiscal defenderá hoy ante el Supremo un informe de la Guardia Civil en el que se sostiene que “el Proceso Batasuna ha contado con el visto bueno de ETA”, según informa el diario El Mundo. El documento, fechado el 14 de agosto de 2002 (mes y medio después de la entrada en vigor de la Ley de Partidos), fue elaborado específicamente para este proceso de ilegalización y en su contenido se basa gran parte de la demanda presentada por el fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, que lo adjuntó como prueba.

El informe está firmado por tres miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil, “analistas especialistas en investigaciones relacionadas con la banda terrorista ETA y su entramado de apoyo”, que actúan “en funciones de Policía Judicial especializada”. A propuesta del fiscal, los tres están citados hoy en calidad de testigos-peritos ante la Sala del Supremo encargada de juzgar el proceso contra Batasuna, para ser interrogados por el fiscal, el abogado del Estado y el defensor del brazo político deETA, Iñigo Iruin.

LA VIDA DESPUÉS DEL «PRESTIGE»
Por Valentí PUIG ABC 13 Enero 2003

CUALQUIER socialista con experiencia real de gobierno acepta que la izquierda europea en su conjunto ha errado al ceder el patrimonio de la seguridad a la derecha. Los socialistas reconocen hoy que el primer perjudicado por la inseguridad es el ciudadano que en razón de su capacidad adquisitiva reside en zonas suburbiales. Después de la experiencia histórica del autoritarismo, tuvo que transcurrir un cierto plazo angelical antes de que el PSOE reconociese las virtudes de la Guardia Civil. Del mismo modo que en Francia la acción imparable del ministro Nicolas Sarkozy descoyunta la oposición, ayer las propuestas del Gobierno de Aznar sobre inmigración tuvieron una réplica socialista a regañadientes, entre otras cosas porque de estar en el poder Rodríguez Zapatero hubiese propuesto medidas equiparables, como ha hecho Tony Blair en el Reino Unido.

Frente a un tráfico ilegal de inmigrantes que alcanza en beneficios mundiales la recaudación del narcotráfico, el ministro Acebes propone aumento de la condena, del mismo modo que el inmigrante con delitos menores podrá ser expulsado del país. Comienza a tomar cuerpo una política de inmigración ajena a la retórica histérico-epiléptica de los xenófobos y que sale al paso de la necesidad de concordancia con el marco de la Unión Europea. No es secundario que las penas por tráfico ilegal se incrementen, cuando sabemos que la explotación sexual de las inmigrantes ilegales es un de las mayores afrentas a la dignidad humana ahora mismo en España. Por idénticas razones, tampoco es de orden menor que se castigue explícitamente la práctica de la ablación.

Mientras bajo las aguas gallegas se produce una lucha por la supervivencia biológica, algo similar a ese enfrentamiento entre bacterias orgánicas y existencia submarina se da en el escenario político general. La vida sigue después del «Prestige» y llegan la nieve, la presidencia griega de la Unión Europea, la concentración de tropas ante Sadam Husein y la cuesta de enero.

Casi un millón de extranjeros cotizan en la Seguridad social. Más de un millón de ciudadanos extranjeros pedirán la nacionalidad española en este año que comienza. La pulsión pública en demanda de rigor en las sentencias contra el terrorismo y a favor de una política coherente e inmigración tiene ahora ocasión de manifestar su desagrado o su aceptación. Esas iniciativas son prerrogativas claras de todo Gobierno, pero en este caso sucede que la posición socialista queda algo desarbolada cuando parecía tener vía libre a consecuencia del «Prestige». Como sea, vendrán pronto las elecciones municipales, con sus castigos, recompensas o inhibiciones. Según vaya, nuevos o viejos traseros van a calentar la sillería de los plenos de Ayuntamiento.

En esa demanda de formulaciones claras de la justicia, a parte de la opinión pública le cuesta asumir que presos de ETA puedan ser excarcelados si es que en realidad estaban acatando la norma de no solicitar grados, permisos o reinserciones, según les dicta su organización terrorista. Ese acatamiento de una consigna interna de ETA parecería prueba fehaciente de que los presos no están suficientemente dispuestos a demostrar su disposición psicológica a no usar de la excarcelación para reincidir en los postulados del terrorismo. Es asunto que descorazona y agravia, sin dar solución alguna.

Después del «Prestige», la vida prosigue en las espirales del ADN. Aznar tiene ahora el Código Penal en la mano. A la oposición le corresponde el derecho y el deber de reclamarle al Gobierno que gobierne. En esa dialéctica, las contradicciones son inevitables. Vamos a una etapa de desviación de rutas petroleras, minutaje de telediarios y grandes despilfarros municipales.    vpuig@abc.es

El cura de Maruri se siente víctima de una campaña del PNV «para hacerme callar»
Las concentraciones simultáneas de Basta Ya y el colectivo vecinal contrario al párroco transcurrieron sin incidentes
OLATZ BARRIUSO/MARURI El Correo  13 Enero 2003

Seis meses después de que Jaime Larrinaga se convirtiera en el primer cura vasco con escolta, Maruri sólo parece haber cambiado el sol de julio por las heladas de enero. Lejos de apaciguarse, la tensión que se desató entonces entre la mayoría de los vecinos del pueblo, por un lado, y el puñado de fieles partidarios del párroco, por otro, sigue latente y más vigente que nunca. La distancia irreconciliable que separa a quienes reniegan del cura y quienes le apoyan podía recorrerse ayer en treinta metros: los que mediaban entre la concentración de Basta Ya, la Fundación para la Libertad y el Foro Ermua en solidaridad con el religioso y la de la plataforma 'Maruri Ongi Etorri', que le exige que se desdiga en público de sus «mentiras».

Consciente de estar de nuevo en el ojo del huracán, Larrinaga reprocha al Departamento de Interior que no haya prohibido las manifestaciones de sus detractores a la salida de la misa dominical -ayer celebraron la cuarta consecutiva-, cuando el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, ha entendido que su finalidad es «claramente coactiva». «Es inconcebible que el Gobierno vasco permita estas concentraciones en mi contra cuando son las instituciones las que están obligadas a velar por la seguridad de las personas», lamentó ayer en la sacristía, tras celebrar un oficio más concurrido que de costumbre gracias a la presencia de miembros de plataformas cívicas y políticos de PP, PSE-EE y UA en los bancos.

El cura admite el notable descenso de fieles desde el inicio de la polémica, cuando el Ayuntamiento buzoneó un escrito en el que le tachaba de «nostálgico del franquismo» y él decidió pedir protección. Pero achaca las ausencias a «consignas» dictadas por el PNV «para boicotearme y hacerme el vacío».

De hecho, el párroco de Maruri dice sentirse «víctima de una campaña» orquestada por el partido jeltzale «para hacerme callar y eliminarme» e introduce en este punto un argumento novedoso para explicarlo. Según aseguró ayer, el PNV «manipula» a los vecinos en su contra por su condición de presidente del Foro El Salvador, ya que, en su opinión, a la formación de Arzalluz «le molestan» las plataformas cívicas no nacionalistas, «ámbitos para respirar en libertad frente al encorsetamiento de los partidos». Así, Larrinaga cree que el PNV pretende anular a los colectivos constitucionalistas y que sus integrantes «se marchen» porque «les molestan para el desarrollo de su proyecto», en referencia al plan soberanista de Ibarretxe. Él, por el momento, no piensa abandonar sus responsabilidades pastorales en Maruri.

Las concentraciones, que se prolongaron durante más de una hora, transcurrieron en silencio y sin incidentes, vigiladas por dotaciones de la Ertzaintza que se colocaron entre las dos pancartas.

Gritos de libertad
Tras la que rezaba 'Basta Ya' se situaron, entre otros, los socialistas Javier Rojo, Rosa Díez y su ex secretario general, Nicolás Redondo, los populares Antonio Basagoiti y Pilar Aresti, Enriqueta Benito (UA), el presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, y las profesoras de la UPV Edurne Uriarte y Gotzone Mora. Los concentrados, alrededor de 150, dedicaron un cerrado aplauso a Jaime Larrinaga cuando salió de la sacristía y le despidieron al grito de 'libertad'. Denunciaron todos ellos la «exclusión» que padece el sacerdote por expresar sus ideas y el «acoso» al que se ve sometido «desde el nacionalismo». También dijeron echar en falta al obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, si bien el propio Larrinaga consideró que cuenta con su respaldo «incondicional».

Los integrantes de 'Maruri Ongi Etorri', alrededor de medio centenar, se remitieron a un escrito en el que denuncian las supuestas «mentiras» de Larrinaga -«que me digan cuáles son», se desesperaba el cura-, rechazan que estén «manipulados» y niegan que «coaccionen» a nadie. Tras dejar claro que continuarán manifestándose hasta que el párroco «se retracte», se disolvieron al grito de 'Gora Maruri'.

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