AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 20 Enero  2003
España, teoría y práctica
Editorial ABC 20 Enero 2003

Zafarrancho de combate
José María Carrascal La Razón 20 Enero 2003

El perifollo
JAIME CAMPMANY ABC 20 Enero 2003

La convivencia
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 20 Enero 2003

El «amén» de Blázquez
Iñaki Ezkerra La Razón 20 Enero 2003

No es lo mismo
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 20 Enero 2003

Un proyecto sólido para España
Carlos Iturgáiz La Razón 20 Enero 2003

El PP hace de la defensa de la cohesión de España el eje de su campaña electoral
MADRID. CRISTINA DE LA HOZ ABC 20 Enero 2003

El PP tampoco, gracias
Nota del editor 20 Enero 2003

Unidad Alavesa acusa al obispo de Bilbao de ponerse «de parte de los nacionalistas»
Madrid, agencias ABC 20 Enero 2003

Utilizar el castellano
Cartas al Director ABC 20 Enero 2003

Víctimas y verdugos
Cartas al Director El Correo 20 Enero 2003

Terrorismo y votos
Cartas al Director El Correo 20 Enero 2003

España, teoría y práctica
Editorial ABC 20 Enero 2003

EL modelo de Estado y, en última instancia, la idea de España, siguen siendo los temas del principal debate político nacional, revalorizado más si cabe en el año en que la Constitución cumple su primer cuarto de siglo. Parecía que la fórmula autonómica diseñada en la Carta Magna era suficiente para cerrar la discusión sobre la Nación española, pero en contra de lo que es propio de todo proceso constituyente, que se cierra con un texto constitucional que refleja el acuerdo nuclear entre los ciudadanos, el pacto histórico de 1978 está siendo interpretado como un punto de partida para seguir especulando artificial y gratuitamente sobre España.

Las dos convenciones organizadas este pasado fin de semana por PP y PSOE han confirmado que ambos partidos no van a eludir ese debate y medirán electoral y socialmente su actitud ante la llamada cohesión nacional. Pero la premisa de este debate no la tienen populares ni socialistas; la tiene una sociedad que empieza a preguntarse, con evidentes signos de hartazgo, si realmente su identidad nacional presenta carencias históricas o defectos de legitimidad de tal envergadura como para, a estas alturas, seguir preguntándose qué es España y cómo hacer España. Una sociedad que sospecha que ese debate no es más que un nuevo gravamen impuesto por el nacionalismo a todos los españoles y un nuevo error del socialismo español, usuario todavía de conceptos de España propios de la prehistoria constitucional. Pero sucede que, con una opinión pública cada vez más formada y con una identidad nacional asumida sin complejos, el principal error que puede cometer un partido es imponer a la sociedad un debate que no necesita. Y ese error es el que está cometiendo el PSOE, con la agravante de incurrir en una incongruencia incontrolable y creciente entre el discurso oficial de su líder, José Luis Rodríguez Zapatero, y la práctica política del partido en la interlocución con los nacionalismos. La foto fija del escenario político actual sorprende al PSOE en alianzas de gobierno o parlamentarias con los partidos nacionalistas más radicales de Galicia, Baleares y Cataluña, y sumido en fuertes tensiones contradictorias -entre la oposición y el desistimiento- frente al nacionalismo vasco. Por más que se esfuerce Zapatero en reafirmar a su partido en la lealtad constitucional -que no cabe dudar en él y en otros destacados dirigentes socialistas-, la colaboración institucional con partidos que defienden la autodeterminación y la independencia impugna radicalmente el discurso oficial de su partido. Los veredictos se construyen sobre los hechos, en las salas de justicia y en la política también. El riesgo del PSOE es alcanzar un veredicto que le reproche el secuestro ideológico por un nacionalismo centrífugo; la apología de una visión contractual de España, sin historia ni valores comunes preexistentes, cuya vigencia dependa de la satisfacción del consumidor; el despilfarro del consenso constitucional sobre España en experimentos federalistas que sólo responden a intereses sectoriales, excitados por lo que les represente el federalismo de lanzadera al gobierno autonómico.

No le vale a Zapatero pasar bajo la puerta el mensaje de que los Elorza o los Maragall no representan el proyecto nacional del PSOE. Lo representan electoralmente -y en sentido opuesto a lo que cabe entender por nacional- y lo identifican ideológicamente ante una parte muy importante de la sociedad española, con un coste que se agrava al comprobar que el PSOE no sólo no ha hecho esfuerzo alguno en reinsertar constitucionalmente a sus aliados nacionalistas, sino que, incluso, ha adoptado alguno de sus gestos. Coste que Rodríguez Zapatero no puede transferir al PP, bien situado en esta polémica, porque no se trata de una manipulación, sino de la realidad pura y dura de su partido.

Zafarrancho de combate
José María Carrascal La Razón 20 Enero 2003

Prepárense. Prepárense porque, aún no vencida la cuesta de enero, ya ha empezado la campaña electoral. El pistoletazo de salida la dieron los dos grandes partidos este fin de semana en sus respectivas convenciones, mítines más bien, donde nos presentaron programas y candidatos. Todo el mundo al ruedo, incluido el casi amortizado presidente del Gobierno. Y toda la carne en el asador, incluida la de los periodistas afines. En realidad, fue un zafarrancho de combate. Nos esperan, no uno, sino dos años de vértigo, por lo que conviene se lo tomen con calma. Digo dos años porque las municipales del próximo mayo serán sólo el aperitivo, las primarias, de las generales del año que viene. Y ya saben la regla en estos casos: vale todo, mentiras, infundios, falacias, timos, zancadillas, injurias, calumnias, menos cargarse físicamente al contrario, no en vano la política es la substituta civilizada de la guerra.

Por lo menos esta vez tenemos los campos claros, a no ser que más adelante nos los emborronen, cosa que no hay que descartar. Pero de entrada, los dos grandes partidos nos ofrecieron el eje de sus respectivos programas, lo que es mucho si pensamos en las ambigüedades que uno y otro venían manteniendo al respecto. El PP ha adoptado como lema «menos impuestos y más seguridad». Mientras el PSOE, el de «una España como nación plural e integradora de su diversidad». Lo que quiere decir que los peperos piensan que el mayor problema de los españoles es que pagan demasiado al Estado y reciben demasiada poca protección de él. Mientras, los socialistas ven el mayor problema en la falta de integración nacional, en el peligro de que las fuerzas centrífugas en marcha se impongan a las centrípetas.

¿Cuál de esos problemas es más importante? ¿Cuál, más urgente? Difícil elección. Tan difícil que resulta imposible, al ser igualmente importante. Tan importante es que los españoles tengan más dinero en sus bolsillos y puedan salir a la calle a cualquier hora sin temor a ser asaltados, como que España pueda seguir funcionando como nación. Si hay alguna diferencia es sólo en el tiempo. La seguridad y el bienestar ciudadano es un imperativo de ahora mismo, mientras la articulación de España es algo que requiere todo un proceso. Diría incluso que ambas prioridades no se autoexcluyen, sino se complementan. Sólo una España próspera y segura puede resultar atractiva para los que sienten la tentación de abandonarla. Dejo aparte, naturalmente, a aquellos cegados por el localismo radical, que seguirán persiguiendo su sueño mesiánico. Pero para el resto de los españoles, el mejor cemento de unión es la prosperidad y la seguridad. ¿Quiere esto decir que el PP ha ido más al grano, aunque el PSOE tenga más razón a largo plazo? Tendremos tiempo de discutirlo en los dos años de campaña que nos quedan.

El perifollo
Por JAIME CAMPMANY ABC 20 Enero 2003

A mí, con perdón, eso de que José María Aznar se presente en el último lugar de la candidatura popular al Ayuntamiento de Bilbao me parece lo que mi chacha Felisa llamaba un perifollo. Bien es verdad que tal y como están las cosas en el País Vasco, todos los gestos testimoniales, todos los golpes de efecto, todas las muestras de solidaridad, todas las parafernalias electorales, incluidas las más ociosas e inútiles, todos los adornos, requilorios y perendengues que se cuelguen en las candidaturas, bienvenidas sean.

De alguna manera, todas esas extravagancias servirán para llamar la atención sobre la situación singular (extravagante) que allí se vive y allí se sufre. Porque lo más importante de lo que sucede en el País Vasco no es sólo que los candidatos de verdad, los hombres y mujeres que allí moran, los que allí trabajan y los que allí aspiran de verdad a ser elegidos concejales, estén amenazados de muerte, que deban hacer su campaña electoral con escoltas de protección y que asomarse a la puerta de la calle suponga jugarse la vida. Lo importante es también que en aquella situación la democracia y el ejercicio del derecho democrático a ser elector y elegible se convierte en una ilusión irrealizable. La democracia, allí, es una utopía. En las elecciones no se compite en libertad, ni se habla en libertad, ni se vota en libertad.

José Bono, que es un socialista con sentido común, ha dicho que lo primero que tendría que hacer Aznar es asegurar la libertad que se echa en falta allí para votar y ser votado. ¿Pero qué libertad de voto existe en el País Vasco cuando el cabeza de la candidatura del PP, como Mayor Oreja, tiene que residir en Madrid por razones de seguridad? Ya sé yo que eso que pide Bono no lo logró su propio partido, que hoy por hoy es un sueño y que queda todavía mucho que andar para llegar a ese paraíso democrático.

Los más obligados a conseguir ese sueño son los nacionalistas que gobiernan desde siempre en el País Vasco, pero esos no moverán un dedo para lograrlo. No sólo es que sus candidatos hablan y sus votantes votan libremente, sino que se aprovechan electoralmente de tal situación irregular. Los nacionalistas se pasan la vida «recogiendo nueces», y en esta ocasión recogen las nueces electorales. A lo mejor, la presencia de políticos destacados del «Gobierno de Madrid» en las listas vascas les excita aún más a la presión, a la trampa y al pucherazo.

Todos los ánimos que se den a Basagoiti, a María San Gil y a los demás héroes que integran las candidaturas populares en las ciudades y pueblos vascos serán pocos, bien que los necesitan y bien que vienen. Pero eso de meterse desde Madrid en aquellas listas heroicas es eso, un perifollo, un adorno inútil y extravagante. Lo de José María Aznar en Bilbao es una pirueta peligrosa, porque no sabemos si será para empujar la candidatura o para enflaquecerla. Ni tampoco sabremos con certidumbre si el empuje o el enflaquecimiento serán consecuencia de su presencia en la candidatura. Habrá que permanecer atentos a los resultados. Y sobre todo, al de Rentería. Ojo a Rentería.

La convivencia
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 20 Enero 2003

El lehendakari ha llamado Pacto para la Convivencia a una propuesta política que pretende reducir los lazos con el resto de España. Joseba Egibar, durante su reciente excursión a Gibraltar, hablaba de la necesidad de «negociar la convivencia» con el Gobierno central. Estas expresiones reflejan una forma de entender la convivencia como resultado de unas determinadas estructuras políticas.

La convivencia, sin embargo, es el resultado de la interacción de las personas, de la historia en común, de los afectos o desafectos, de las penas o alegrías compartidas, de los lazos culturales, de los intereses vitales, etcétera. Es el resultado de un entrecruzamiento de vínculos a lo largo del tiempo que a menudo se produce con independencia de las estructuras políticas formales e, incluso, pese a éstas.

A la convivencia se le ayuda reconociendo la realidad de estos lazos, presentes y pasados, y reforzándolos. Por el contrario, se le ponen obstáculos cuando se ocultan intencionadamente o se omiten con el fin de crear una imagen falsa. El lehendakari, por ejemplo, en el discurso pronunciado en la London School of Economics, en noviembre del pasado año, se refirió a la grave crisis industrial de Euskadi de los años ochenta atribuyendo al autogobierno y a las instituciones vascas el éxito de haber salido adelante. Ni una mención a la ayuda del Gobierno de Madrid -es decir, a la solidaridad del conjunto de los españoles- que aportó nada menos que 12.700 millones de euros (más de doscientos mil millones de pesetas) para superar esa crisis, según datos publicados por Mikel Buesa en este periódico.

Ningún favor se le hace a la convivencia cuando se falsea la historia y se contribuye a extender la sospecha sobre el otro, como ocurre cuando se solicita al Gobierno español que reconozca que había ordenado a la Legión Cóndor bombardear Gernika en 1937. Se pretende presentar la guerra civil como una agresión de españoles contra vascos y hacer creer que hay una línea de continuidad entre los sublevados fascistas de 1936 y las instituciones actuales. Es obvio decirlo, pero el Gobierno democrático español de la época no sólo no ordenó el bombardeo, sino que estaba siendo atacado por los mismos insurrectos que destruyeron Gernika. Pretender que el Ejecutivo actual asuma la responsabilidad de aquella agresión tiene la misma lógica que exigirle al Gobierno vasco que se declare culpable de los atentados de ETA.

El Gobierno español luchaba en 1937 contra quienes bombardearon Gernika. Lo hizo antes de la destrucción de la villa y lo hizo después. Y siguió haciéndolo, incluso, tras la rendición de los nacionalistas en Santoña.

El «amén» de Blázquez
Iñaki Ezkerra La Razón 20 Enero 2003

La comparación era inevitable y no seré yo el primer columnista que la hace ni tampoco el último. Es imposible no ver la película «Amén» de Costa-Gavras sobre el diplomático silencio de la Iglesia ante el horror nazi y no acordarse de la Iglesia silenciosa cuando no colaboracionista de Euskadi, del acoso nacionalista a Jaime Larrinaga, de toda esa gentuza que le señala con una pancarta cada domingo a la salida de su misa y que es teledirigida por la cúpula del PNV con el fin de presionar al obispado vizcaino y conseguir que le quiten la parroquia de Maruri al presidente del Foro El Salvador como hizo Setién con Beristain en 1985. Lo dije el martes de la semana pasada y lo confirmó el jueves Íñigo Urkullu, presidente del PNV de Vizcaya. «El obispo ¬decía¬ debe pronunciarse».

Y bien, el obispo por fin se ha pronunciado. Fue a Maruri a pegarle un navajazo en el altar, a ofrecerle una residencia alejada de ese pueblo y a decir que los sacerdotes no deben hacer política. Llamaba Blázquez «hacer política» a ser el cura de las víctimas y los amenazados que ese obispo no ha sabido ser.Y lo decía el mismo día en que la Prensa daba noticia de un manifiesto de doscientos curas contra la Instrucción Pastoral del 22 de noviembre. Esos doscientos curas no hacen política. No hacen política Setién ni Uriarte. No hizo política el propio Blázquez al firmar la pastoral del 29 de mayo. No la hace ahora desautorizando a un párroco ante los nazis que lo esperan a la puerta de la misma iglesia para intimidar a sus feligreses. ¿Hicieron también política quienes arroparon al obispo cuando Arzalluz lo Ilamó «el tal Blázquez»?

La tesis de la película de Costa-Gavras es que «diplomacia es el eufemismo que usa la Iglesia para Ilamar a su cobardía». Como al judio ante cuya tienda se manifestaban los nazis para espantar a la clientela, al cura de Maruri el obispo Blázquez le dice lo mismo que los católicos cómplices, que «por su bien se vaya de allí». Dice lo que nos dice el PNV a todoslos que no somos nacionalistas, que «nos vayamos de Euskadi y no crispemos más las cosas». Pero se equivocan el PNV y Blázquez si creen que este «Amén» no va a levantar más polvo. Ya no estamos en los años de plomo de la década de los ochenta y el de Larrinaga es el caso más sangrante de acoso antidemocrático desde Lizarra. Aquí se ha implicado el Gobierno Vasco no sólo por dar permiso para acosar a un ciudadano sino por permitir que los acosadores lo hicieran sin permiso oficial el primero de los domingos en que el acoso comenzó. Hay demasiadas pruebas de complicidad institucional. Hay un PNV que se enfrenta cada domingo a todas sus contradicciones y cuyo electorado percibe que no se puede ser a la vez meapilas y comecuras.

No es lo mismo
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 20 Enero 2003

El presidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra, quiso hacer un chiste en la rueda de prensa para anular el anuncio de Aznar de presentarse como candidato por la lista de Bilbao, y dijo «yo no les voy a anunciar que voy por Barcelona». Mal chiste, peor mensaje.

No es lo mismo. Cuando Aznar hace ese gesto, está poniendo el microscopio en la campaña vasca, para que todo el mundo sepa hasta dónde llega la falta de libertad en la Unión Europea, al mismo tiempo que anima a los demócratas a desterrar el miedo de las calles. Cuando Ibarra hace esa broma, lo que está anunciando es que el PSOE de Extremadura y el PSOE de Cataluña ni son el mismo PSOE ni piensan lo mismo. Mal chiste, peor mensaje.

Hay algo que puede llegar a ser preocupante de los resultados de la convención socialista de este fin de semana ¬además de algunos gestos que revelan bastante «mal perder» porque el de enfrente les anuló los titulares¬: es la falta del sentido de España, como si las baronías regionales hubieran ya ganado la batalla a la dirección federal del partido. Como si hubieran dado por perdido que la futura candidatura de Maragall se pudiera votar en Cádiz y que las actuaciones de Odón Elorza se pudieran aplaudir en Badajoz.

Quizás sea el punto más débil del nuevo liderazgo de Zapatero: el PSOE parece incapaz de sentar en la misma mesa a su candidato por Madrid y al de Valencia y hacerles firmar un mismo texto sobre el sentido de nuestro país que vaya más allá de lugares comunes. La España de unos y de otros no es la misma. Sólo desde esa visión interna se puede entender el chiste de Ibarra, y muy graves deben estar las cosas para lanzarlo en rueda de prensa.

Un proyecto sólido para España
Carlos Iturgáiz La Razón 20 Enero 2003

La Convención Nacional que ha celebrado este fin de semana el Partido Popular ha estado cargada de sentido para los hombres y mujeres del Partido Popular del País Vasco. La lucha contra el terrorismo es una prioridad que compartimos todos los españoles. De ahí que la Ley de Partidos o las reformas del Código Penal en trámite para el incremento de las condenas y cumplimiento íntegro de las penas para los terroristas lo hayamos recibido con el alivio que para muchos vascos supone el sinvivir diario en nuestra tierra.

Desenmascarar el entramado terrorista, arrinconar a los terroristas y a quienes les jalean y apoyan es un reto que tiene pendiente la democracia para apuntalar una normalización política que en el País Vasco todavía dista mucho de ser una realidad. Nadie oculta que el Partido Popular tiene la valentía y el arrojo suficiente para llevarlo a cabo. Y es que mientras unos maten, otros encubran los crímenes y el resto del nacionalismo democrático se encoja de hombros seguirá existiendo un enorme déficit democrático en la sociedad vasca.

El déficit democrático que padece una parte de España merece que se combata poniendo toda la carne en el asador. Los constitucionalistas que vivimos en el País Vasco lo agradecemos sobremanera y palía un poco la dura soledad y la inmensa insolidaridad a la que nos somete el nacionalismo vasco más pendiente de cumplir el programa político de ETA que de combatirla.

Desde el Partido Popular del País Vasco siempre hemos abogado por las reformas del Código Penal que ahora se van a poner en marcha. Creemos, contrario a lo que piensan los nacionalistas, que su aplicación nos acerca más al final de ETA que la política del cambalache con los terroristas que practica el nacionalismo democrático. Como muestra valga la coincidencia que han manifestado tanto ETA como el Consejero de Justicia del Gobierno Vasco, Joseba Azkarraga, al calificar de «sed de venganza» las medidas adoptadas por el Gobierno de José María Aznar.
Por eso nos parece que la oferta que el Partido Popular ha presentado este fin de semana a la sociedad española merece todo el crédito y garantía por venir avalada de la mano de un proyecto común para el conjunto de los españoles, y apostar por España, por sus instituciones, por el progreso, el bienestar y la mejora de la calidad de vida de todos y cada uno de sus ciudadanos.

El PP hace de la defensa de la cohesión de España el eje de su campaña electoral
MADRID. CRISTINA DE LA HOZ ABC 20 Enero 2003

Coherencia, cohesión y certidumbre. Estas fueron las ideas en torno a las cuales el presidente del Gobierno, José María Aznar, construyó su discurso, pronunciado en el acto de clausura de la Convención Nacional del PP. Esta vez no hubo sorpresas. Tras su anuncio del sábado de que cerrará la lista al ayuntamiento de Bilbao en la próximas elecciones locales, ayer optó por un discurso austero, sin grandes novedades, en el que ni siquiera elevó el tono a la hora de criticar al PSOE.

Su ataque más duro a los socialistas se produjo cuando defendió la madurez y estabilidad del Estado de las autonomías. El país, dijo, «necesita vertebración y cohesión» y para ello «son necesarios partidos sólidos y vertebrados. La cohesión -agregó- debe empezar por el propio partido que pretende llevarla a cabo, porque es difícil intentar garantizar la cohesión del país y ser incapaz de garantizar la cohesión interna de tu partido, y ahí las diferencias entre el PP y el PSOE son potentes y significativas». A continuación expresó su convencimiento de que los españoles «saben lo que votan cuando meten en la urna la papeleta del PP», pero, a continuación, se preguntó «¿quién garantiza qué programa se va a aplicar si se vota al PSOE?».

Mensaje recurrente
El mensaje de una falta de modelo de Estado del PSOE y de la ausencia de un proyecto, que el PP achaca a los socialistas, será recurrente durante toda la campaña autonómica a unas elecciones que el presidente del Gobierno está convencido que van a ganar «porque tenemos las personas, el proyecto y la ilusión por España. Tenemos un partido seguro y predecible que tiene las ideas muy claras sin hacer de ellas un arma arrojadiza. No nos atrincheramos en el localismo sino que defendemos una sociedad de personas libres e iguales ante la ley, sin guetos culturales ni identitarios».

La Constitución volvió a convertirse en una bandera de su discurso cuando afirmó que gracias a ella España ha progresado y puede llegar a estar entre las naciones más avanzadas del mundo. Por ello, consideró, «no hay nada más necesario» que la estabilidad y la permanencia» de las leyes y la Constitución. «Si la Constitución ha permitido dedicar las energías a emprender nuevos proyectos y a satisfacer las aspiraciones, ¿por qué razón hay que replantearse las bases de nuestra convivencia o cuestionar lo que nos da fortaleza?», se preguntó para afirmar tajante que la Constitución «es la solución, no el problema» y que su estabilidad «asegura nuestros éxitos».

Ofreció «realismo» frente a «ensoñación», «responsabilidad» frente a «frivolidad» y «estabilidad» frente a «incertidumbre» para hacer a continuación una apuesta por el futuro del país después de que el PP, aseguró, haya derribado «el muro de la resignación ante problemas que parecían irresolubles» como el paro o el terrorismo.

José María Aznar abordó en su intervención distintos aspectos de la actualidad política como el «Prestige» -«se ha hecho toda la demagogia y todo el daño que se ha podido contra las instituciones», denunció en referencia al PSOE- el pacto local, la rebaja de impuestos, la inmigración y las reformas legales para luchar contra el terrorismo y la inseguridad ciudadana. Fue en este último punto donde dijo esperar de los socialistas «que respondan a estas iniciativas sin vanidades heridas y con espíritu constructivo».

En definitiva, manifestó, el 25 de mayo «es una oportunidad para concluir la modernización de España. Tenemos las ideas y el proyecto y garantizamos que el progreso continuará».

Proyecto de «largo recorrido»
Como hiciera el día anterior, expresó su orgullo por ser de un partido que es «el primero en honradez, seriedad y «predecibilidad». Integrador y abierto a todos». Dijo estar optimista y con ganas de hacer cosas porque «creemos en la política y sabemos cuál es nuestra responsabilidad. Tenemos un proyecto de futuro, de largo recorrido», que supera su propia continuidad en la política.

De cohesión y de proyectos a largo plazo también habló el secretario general del PP, Javier Arenas, que sugirió a los socialistas que «pierdan la esperanza» de llegar a medio plazo al poder «porque este partido estará cohesionado en mayo, en junio, en julio, en agosto, en septiembre y hasta las generales», aseverando con estas palabras que la unidad y el proyecto del PP no se verán afectados por el proceso sucesorio de Aznar.

Tampoco ahorró en críticas al PSOE del que dijo que hace una oposición «perfectamente irresponsable» cuya única ideología «es la de la protesta». «Quiere la alternancia pero no tiene alternativa, quiere gobernar pero no tiene programa. Quiere, en definitiva, gobernar en muchos sitios pero no ganar las elecciones», manifestó en referencia a los «pactos de despacho» que desalojaron al PP de dos gobiernos autonómicos y de varias capitales de provincia en 1999. «No cumple los mínimos para ser Gobierno», dijo de los socialistas a quienes reclamó que aprendan a identificar el interés nacional.

Tras señalar jocosamente que el primer partido de la oposición debería aplaudir al PP «porque el día que llegue a gobernar no se va a encontrar los problemas que encontramos nosotros en 1996», advirtió que los comicios del 25 de mayo van a ser muy duros, pero que, en todo caso, el PSOE se va a llevar una «gran sorpresa» en Galicia. «Han visto en el «Prestige» una oportunidad política y se han vuelto a equivocar. Han maltratado a la mayoría del pueblo gallego y se van a arrepentir», proclamó Arenas quien, dirigiéndose a Fraga, dijo no merecerse el trato «que le han dispensado algunos, pero el tiempo pone a todos en su sitio».

El PP empezará a trabajar a partir de ahora en los programas electorales de cada Comunidad y Ayuntamiento, cuyos ejes vienen marcados por el programa-marco presentado en la Convención, que se clausuró ayer.

El PP tampoco, gracias
Nota del editor 20 Enero 2003

A la vista de los hechos y declaraciones de los dirigentes del PSOE, está claro que más que un partido político nacional es una jaula de grillos, pero tampoco es admisible que el PP salga al estrado hablando de la cohesión de España y todas esas cosas cuando tienen baronías donde eso de la cohesión de España es un cuento chino, sólo hay que visitar las autonomías con lengua propia donde detentan el gobierno (gobernar es algo más serio), para ver que los principios que dicen defender los aplastan con la aplicación de la limpieza étnica de su  brutal normalización lingüística.

Unidad Alavesa acusa al obispo de Bilbao de ponerse «de parte de los nacionalistas»
Madrid, agencias ABC 20 Enero 2003

Unidad Alavesa (UA) ha acusado al obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, de haber ejercido de representante de la "Iglesia nacionalista" al acudir a Maruri (Vizcaya) para sugerir a su párroco, Jaime Larrínaga, que se mude y afirmar que no debe hacerse política desde los recintos sagrados.

El portavoz de UA, Ernesto Ladrón de Guevara, dijo a Servimedia que Blázquez, en su visita a Maruri, ha sido "el vivo reflejo de lo que es la Iglesia oficial vasca", que, a su juicio, está identificada con las tesis nacionalistas.

Ladrón de Guevara indicó que el obispo de Bilbao "ha enmendado la plana indirectamente" a Larrínaga, sin que haya hecho lo mismo con los 200 curas vascos que han criticado la postura de la Conferencia Episcopal sobre terrorismo.

A este respecto, el dirigente de UA manifestó que Blázquez también debería decir que no hagan política a este nutrido grupo de sacerdotes, que han entregado un escrito con sus críticas a los responsables de la Iglesia española.

Ladrón de Guevara afirmó que Larrínaga sólo merece elogios si lo que el obispo considera política es "predicar la libertad, los valores cívicos, los valores universales, la convivencia o tratar de evitar la división de la sociedad vasca en facciones enfrentadas".

Utilizar el castellano
Cartas al Director ABC 20 Enero 2003

El sábado 11/01/03, y desde TVE-2, hubo dos retransmisiones desde La Coruña. La primera fue un partido de balonmano de la selección española y, la segunda, el sorteo de la lotería. En la primera -creo que desde el polideportivo Riazor- se podían leer dos grandes carteles que decían:

Ayuntamiento de La Coruña. Concelo de A Coruña.

Creo que no es preciso ser superdotado para entender que tales carteles estaban escritos en castellano y en gallego.

En la segunda, y tras la parafernalia habitual de bombos, niñas y niños con trajes regionales gallegos, etcétera, se veía un gran cartel que decía:

Sorteo extraordinario de Lotería. Especial de la Solidaridad. La Coruña-2003.

Obviamente, escrito sólo en castellano. Sospecho que todo lo mencionado forma parte de la congruente labor que lleva a cabo el alcalde, Francisco Vázquez, quien, en cierta ocasión, lo intentó dejar claro: «Cuando hablo en castellano, me refiero a La Coruña, naturalmente, y cuando hablo en gallego, digo A Coruña». No soy votante de su partido, pero tengo la impresión de que lo está haciendo bastante bien. Creo que ya va siendo hora de que las televisiones 1, 2, 3, 4, 5, 6..., que no son gallegas, tanto en sus expresiones orales como en las escritas -incluidos los mapas del tiempo-, dejen de hacer y decir chorradas y utilicen el castellano como es debido.  Carlos Medel Pirala.  Madrid.

Víctimas y verdugos
Miguel Azpiroz/Bilbao Cartas al Director El Correo 20 Enero 2003

Me gustaría expresar mi indignación ante la postura del Gobierno vasco en el caso del párroco de Maruri. Dice el señor Imaz que cumplen con su obligación al garantizar la seguridad del sacerdote, por un lado, y permitir, por otro, la libertad de expresión del grupo de vecinos que se concentra todos los domingos a la salida de misa. Y afirma el portavoz del Gobierno que ésta es la posición «responsable». Cree el PNV que lo justo es colocarse en un término medio, entre unos y otros. «Como Cristo entre los dos ladrones», según ha dicho alguna vez Arzalluz. Y resulta que es lo contrario. Acusar injustamente a una persona de «atacar al nacionalismo» y dar relieve físico a esa acusación 'rodeando' al acusado a la salida de su trabajo (en este caso de misa) es una canallada. Y teniendo en cuenta la amenaza terrorista que existe en el País Vasco, es una temeridad irresponsable. Por eso el Gobierno vasco no es más justo dando vía libre a las protestas. Lo que hace es poner en la diana al cura de Maruri. Ibarretxe debería saber que su postura en Maruri es la de Pilatos. Y que no se puede hacer justicia mientras no se distinga entre víctimas y verdugos.

Terrorismo y votos
Pedro Echevarria Arana/Llodio-Álava Cartas al Director El Correo 20 Enero 2003

Leyendo a determinados políticos y a algunos analistas, se llega a la conclusión de que el PP sólo funciona con intereses bastardos. Da lo mismo que fuera Felipe González quien acuñara la frase 'se pudrirán en la cárcel', que Enrique Múgica estableciera la política de dispersión, que Zapatero propusiera el Pacto contra el Terrorismo, que el PSOE pacte la Ley de Partidos o apoye la de Enjuiciamiento Criminal. Siempre será 'el PP el que adopta decisiones contra el terrorismo en clave electoral' (Odón Elorza, EL CORREO), ya que «siempre han tratado la política contra el terrorismo como un filón del que extraer adhesiones electorales» y «el clamor por la justicia apenas se distingue del grito de venganza» (J. L. Zubizarreta, EL CORREO), al querer «llevarnos jurídicamente hablando a la era de las cavernas y del talión», «porque sirve para ganar votos en España» (Azkarraga, EL CORREO). Nada importa que la política antiterrorista del PP sea la misma de siempre, incluso de cuando perdía las elecciones (1993). Sólo les falta decir ahora, como dijo Arzalluz cuando detuvieron una furgoneta cargada de explosivos, que «Mayor Oreja lamenta que no hayan estallado las bombas, porque eso les da votos del Ebro para abajo». Es decir, los muertos, la sangre, les dan votos. Es lamentable que todo esto se diga cuando los populares son perseguidos, sus cargos tienen que llevar escolta y sus concejales son asesinados.

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