AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 23 Enero  2003
España y la Historia
Editorial ABC 23 Enero 2003

Simplemente, café para todos
Lorenzo Contreras La Razón 23 Enero 2003

La cobardía histórica de Rato
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  23 Enero 2003

Las polémicas nacionalistas
Francisco Marhuenda La Razón 23 Enero 2003

La solución policial
EDURNE URIARTE ABC 23 Enero 2003

¿Nacionalismo voluntario
Cartas al Director ABC 23 Enero 2003

El traje del emperador
Lorenzo Contreras La Estrella  23 Enero 2003

Pedradas contra Jiménez de Parga
Antonio Casado El Ideal Gallego  23 Enero 2003

Votar
Cartas al Director El Correo 23 Enero 2003

ETA, un poco más débil
El Ideal Gallego 23 Enero 2003

La urgente sucesión de Fraga
EDITORIAL Libertad Digital  23 Enero 2003

Cura escoltado
Cartas al Director ABC 23 Enero 2003

Presidentes «no históricos» justifican a De Parga y apoyan el fondo de su discurso
C. Morodo/C. Otal - Madrid.- La Razón 23 Enero 2003

Detienen en Alemania al etarra Elkoro Ayastui, procesado por el atentado contra el cuartel de Araca
BILBAO. AGENCIAS ABC 23 Enero 2003

Detenido en Francia el etarra que huyó de la cárcel suplantado por su hermano
FERNANDO ITURRIBARRÍA CORRESPONSAL. PARÍS El Correo 23 Enero 2003

España y la Historia
Editorial ABC 23 Enero 2003

LAS declaraciones recientes del presidente del Tribunal Constitucional, más allá del debate sobre aspectos formales y de oportunidad, plantean un asunto nuclear para la convivencia en libertad de todos los españoles bajo el imperio de la Constitución de 1978. La reacción desmesurada de los nacionalismos que se sienten aludidos es fiel reflejo de la importancia objetiva del problema que plantea el profesor Jiménez de Parga, cuya trayectoria académica y sus múltiples servicios a la causa de las libertades democráticas nadie puede seriamente poner en cuestión.

El fondo del asunto es muy claro: el poder constituyente de 1978 (que debe situarse, como es lógico, en su contexto y circunstancias) establece la distinción entre «nacionalidades» y «regiones» en relación con el derecho a la autonomía de las partes constitutivas de la nación española, a la que se proclama -no se olvide- «patria común e indivisible» de todos los españoles. Cuando el presidente del Tribunal Constitucional recuerda que España es el único sujeto constituyente y que la Constitución es el origen de donde dimanan los Estatutos de Autonomía interpreta correctamente la letra y el espíritu de la Norma fundamental. La fuente de legitimidad de la Constitución es la nación española «en uso de su soberanía» y es España quien se constituye en «Estado social y democrático de derecho». La jurisprudencia del TC, ya desde su primer año de funcionamiento (STC4/1981), proclama con nitidez que «autonomía no es soberanía»; que «la autonomía hace referencia a un poder limitado»; más aun, que «en ningún caso el principio de autonomía puede oponerse al de unidad, sino que es precisamente dentro de éste donde alcanza su verdadero sentido»: presidía entonces el alto Tribunal otro jurista ilustre, Manuel García Pelayo.

La distinción entre Comunidades de primer y de segundo grado, manifestada en el procedimiento de acceso a la autonomía y en los plazos para ostentar determinadas competencias, se ha ido diluyendo con el paso del tiempo. El Estado de las Autonomías se revela como fuente capaz de vertebrar el territorio nacional, contribuyendo así a superar el viejo reto de la redención de las provincias que reclamaba Ortega. No ha conseguido, sin embargo, a pesar de la notoria generosidad de las transferencias, satisfacer la reivindicación permanente de los nacionalismos vasco y catalán, en busca de un hecho diferencial que se sitúa siempre uno o varios pasos más allá de lo posible y razonable; en los casos extremos, como ocurre con el plan soberanista de Ibarretxe, fuera de la Constitución que, según los portavoces del PNV, no respeta la tesis sustentada por Jiménez de Parga. Lo cierto es que la forma territorial de nuestro Estado permite una pluralidad de situaciones jurídicas y fácticas, que responden con acierto a los singulares modos de encaje en la realidad nacional común: hay niveles competenciales distintos; regímenes forales y económicos peculiares; ritmos diferentes para la vida política propia de cada Comunidad Autónoma. Pero por encima de todo ello se sitúa el principio de igualdad ante la ley: más que un principio jurídico, es ya una conquista de la civilización.

NO es aceptable, en ningún caso, justificar las diferencias por razones de esencialismo historicista. La expresión «Comunidades históricas» es desafortunada y cae directamente en el campo de la mentira (incluso del ridículo) cuando se utiliza con la intención de convertir a las demás en Comunidades «no históricas». Ciertas alusiones peyorativas hacia otros españoles que se perciben en declaraciones públicas de responsables nacionalistas tienen su origen en esta extraña mentalidad. Si de algo puede presumir España en su conjunto es del peso, a veces abrumador, de su propia historia. Esta es, probablemente, la interpretación razonable de las palabras de Jiménez de Parga, con independencia de la búsqueda innecesaria de ejemplos y de comparaciones siempre peligrosas.

En nada se aparta de la Constitución y de la jurisprudencia de su intérprete supremo la exigencia de lealtad constitucional, expresión importada por nuestra doctrina jurídica de la «bundestreue» alemana. El alto Tribunal se ha pronunciado con rotundidad al respecto: habla de «apoyo y mutua lealtad» entre Estado y Comunidades Autónomas (STC96/1986); de «deber de fidelidad a la Constitución» (STC11/1986); de la «lealtad constitucional que obliga a todos» (STC209/1990). A nadie puede sorprender que su presidente recuerde un principio fundamental para el buen funcionamiento de un Estado que exige la cooperación entre las diversas piezas que lo integran. ¿Acaso, por citar un tema reciente, se cumple mejor la Constitución cuando se niegan ayudas y licencias a los comercios que pongan rótulos en la lengua común?

POR último, la reacción exagerada de los nacionalistas se basa en juicios de intenciones que son sencillamente falsos. No hay ninguna campaña del «nacionalismo español» (cuya legitimidad, por cierto, ni siquiera se plantea como posible), ni es lícito sospechar que el presidente del TC obedece instrucciones de nadie o persigue, con más o menos acierto en las formas, otra finalidad que recordar las bases de la Constitución que está obligado con especial intensidad a guardar y hacer guardar. Utilizar estas declaraciones como excusa para no asistir a los actos conmemorativos suena a pretexto infantil. Es muy grave la desafección moral y política hacia el «sentimiento constitucional», aunque se combine (en el caso de CiU, pero no en el del PNV) con el cumplimiento literal de la norma. Tienen que revisar su estrategia los líderes del nacionalismo que deben a la Constitución de todos los españoles un grado de libertad y prosperidad para sus Comunidades que merece ser reconocido sin cicatería ni reserva mental. La mejor forma de hacerlo es honrar públicamente, junto con todos los demócratas, al mejor texto constitucional que ha conocido la historia de la nación española.

Simplemente, café para todos
Lorenzo Contreras La Razón 23 Enero 2003

¿Pero es que ha sido tanta barbaridad el hecho de cuestionar la legitimidad de la expresión «nacionalidad histórica» o «comunidad histórica», referida a ciertas comunidades autónomas con características genuinas que le confieren una personalidad determinada? Como se sabe, es lo que ha planteado el presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, en el Forum Europa organizado por la agencia de noticias Europa Press y Nueva Economía. El problema que ha surgido nace de la condición institucional del hablante, que seguramente le obligaba a ser más cauto en su propio provecho y en beneficio del TC.

Pero lo que se dice salir al paso de una acuñación forjada por el uso, que no formulada por la Constitución cuando distingue entre nacionalidades y regiones, dista de ser una incongruencia. A estas alturas, cuando la Constitución cumple veinticinco años, mantener la ficción de que, entre los viejos reinos de España, unos son históricos y otros no, ya no parece de recibo. La llamada Carta Magna, en su disposición adicional primera, «ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales». Pero ahí se detiene. La foralidad no gesta una nacionalidad, y mucho menos una «nacionalidad histórica». Y Jiménez de Parga, usando peligrosamente del sentido común en atentado flagrante a lo políticamente correcto, ha recordado que histórico, lo que se dice histórico, es cualquier territorio español constituido en comunidad autónoma. O sea, como se decía en los debates públicos de la propia Constitución, al filo de 1978, café para todos.

Baste un sumario repaso mental a nuestra historia para consolidar la idea de que Aragón fue tan histórico o más que Cataluña. Que Castilla, caramba, es un arsenal de historia. Que Extremadura tuvo su «aquel». Que, por supuesto, Valencia, el reino de Valencia tendría algo que decir sobre la materia. Que Asturias tiene una carga histórica encima que le hace singular y la equipara, por lo menos la equipara, a Galicia. Que el País Vasco defiende con razón su peculiaridad especial, pero no tiene derecho a considerarse por encima de otras comunidades como entidad histórica. O que Andalucía cuenta con fuertes núcleos de protagonismo histórico, no sólo Granada, aunque Jiménez de Parga, como buen granadino, haya sufrido un fuerte ataque de atavismo nazarí. ¿Qué decir de Córdoba y Sevilla, por ejemplo? Y todo ello sin olvidar a la España insular, con Canarias y Baleares reclamando «lo suyo» frente a la arrogancia de los «históricos». No parece, en rigor, que Jiménez de Parga haya negado ningún hecho diferencial. Simplemente ha salido por los fueros de todos ellos. Sin embargo, ¿para qué engañarse? No le van a perdonar. Esos pecados no se absuelven en la España pretendidamente plurinacional, que no sólo plural, como sensatamente ha postulado un padre de la Constitución, Gabriel Cisneros.

La cobardía histórica de Rato
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  23 Enero 2003

Ha dicho en Parla el candidato Rodrigo Rato –para menoscabar, criticar, zaherir y silenciar a Jiménez de Parga– que las “comunidades históricas existen y son un gran hallazgo”. Para la izquierda sin principios y la derecha sin vergüenza, desde luego. Para quienes creen que la Constitución, como ella misma dice, se fundamenta en la nación española única e indivisible, lo de las nacionalidades y regiones o las comunidades históricas es una de esas felonías intelectuales que acaban pasando factura política. La pena es que, como ha sucedido en otros ámbitos, la factura de la ambición de Rato la pague el resto de los españoles, o sea, la nación.

Afortunadamente, queda un candidato del PP a continuar en la Moncloa, Jaime Mayor Oreja, que mientras el servicial vicepresidente económico –servicial con Polanco, claro– atacaba al presidente del Tribunal Constitucional por defender a la nación y a la Constitución, gravísimos delitos, ha tenido el gesto de defender a Jiménez de Parga en el cubil de la fiera, o sea, en la mismísima Cadena SER. Por supuesto, si Rato, no digamos ya Piqué, fueran los únicos que pidieran el voto para una derecha que no cree en nada salvo en la parcela que puedan vender para financiar su aventura personal, el PP podría dar por perdidas ya las elecciones. Mientras quede Mayor, al menos habrá esperanza.

Aunque cada vez menos. La cobardía histórica que llevó a UCD a aceptar “pulpo como animal de compañía”, o sea, que hay una España histórica y otra que no lo es, sigue viva en una clase dirigente sin escrúpulos. La acreditada peletería de la carcundia centrista, con Rato de contable, pretende vender indefinidamente la piel del oso vivo cuando el cazador (llámese Pujol o Arzalluz) no puede con él. Lo malo es que el plantígrado no da más de sí. Si lo rematan, que es en lo que están, ya pueden cerrar la peletería. Que es en lo que están los otros, los que braman contra Jiménez de Parga. Incluido el segundo candidato de Convergencia i Unió, un tal Piqué.

Las polémicas nacionalistas
Francisco Marhuenda La Razón 23 Enero 2003

La reacción nacionalista por las palabras del presidente del TC, Manuel Jiménez de Parga, es tan injusta como desproporcionada. Jiménez de Parga no hizo más que poner el dedo en la llaga sobre uno de los temas más complejos y preocupantes que tiene la sociedad española. Su base está en las reivindicaciones de CiU y PNV que cuestionan el modelo de Estado. No fueron declaraciones desafortunadas, salvo cuando se hacen lecturas o interpretaciones que nada tienen que ver ni con lo que dijo ni con la impecable trayectoria democrática de uno de los grandes constitucionalistas españoles.

La mayoría de españoles se sienten cómodos en la España constitucional. Las propuestas soberanistas responden a la insatisfacción partidista de CiU y el PNV. En ningún caso responden al sentimiento de los habitantes de sus respectivos territorios. Es evidente que están en su derecho a defender sus planteamientos, pero el resto también lo estamos para discrepar de esta exaltación nacionalista artificial que obedece a intereses partidistas. Las palabras de Jiménez de Parga no comportaban ningún menosprecio, sino que mostró que no sólo Cataluña, País Vasco y Galicia son «históricas». La Constitución no establece diferencias políticas entre las comunidades y las competenciales sólo pueden ser en los hechos diferenciales. España es una nación con una historia muy rica, con unas comunidades que fueron reinos importantes en la Edad Media y que tienen una identidad que se ha fortalecido.

Me pregunto por qué Navarra, Castilla o Andalucía, por ejemplo, han de tener menos derechos políticos que Cataluña. Esa obsesión por diferenciarse, que quizá hubiera sido posible aunque inconveniente hace años, es imposible porque significaría dinamitar España.

Es un debate que ni ocupa ni preocupa a los ciudadanos, aunque interesa electoralmente a CiU. Es el terreno que le es cómodo. El victimismo y la reivindicación han sido la clave de las victorias de Pujol. Nadie discute que Cataluña tiene una identidad, una historia y unos hechos diferenciales constitucionalmente garantizados, pero esto no es base suficiente para consagrar una España de primera y otra de segunda. El problema es que el debate identitario y la búsqueda de la soberanía es consustancial a la existencia de CiU.

La solución policial
Por EDURNE URIARTE ABC 23 Enero 2003

Dos nuevas detenciones en Francia se suman a la larguísima lista de etarras fuera de circulación que crece de forma imparable en estos últimos meses. El propósito-deseo del ministro de Interior de que todos los etarras acabarán en la cárcel se está haciendo realidad día a día, pese a tantos y tantos escépticos y «realistas» que durante años advirtieron que era imposible acabar policialmente con ETA y sugirieron que algún tipo de negociación era inevitable.

En la medida en que se ha terminado el refugio francés, la solución policial se ha hecho una realidad. Incluso las torpezas producto de la inexperiencia francesa en la lucha antiterrorista se están corrigiendo. La detención del fugado Berasategui es una prueba. Otra cuestión es que, a pesar de los éxitos policiales y el debilitamiento de ETA, el miedo y el ambiente de coacción que se viven en el País Vasco son iguales que siempre. Porque el brazo político de ETA sigue de momento activo y la deslegitimación de la acción policial y judicial por parte del nacionalismo es cada día más llamativa y escandalosa. ETA está debilitada y acorralada por las policías española y francesa, pero aún le queda un brazo político que mantiene presente la coacción del terrorismo. Si a esto le sumamos los balones de oxígeno lanzados periódicamente por PNV y EA, nos encontramos con los dos problemas más importantes a los que nos enfrentamos en esta recta final de ETA.

¿Nacionalismo voluntario?
Cartas al Director ABC 23 Enero 2003

De un modo u otro, sea plan Ibarretxe o rodillo parlamentario, el PNV no ceja en su propósito de imponer cuanto antes el proyecto nacionalista. ¡Y no te quejes! Te lo exige un partido representante exclusivo del pueblo vasco, el cual se configuró en la Prehistoria y es titular de derechos históricos originarios e inmutables. Además, y por si alguien tuviera dudas, un selecto grupo de asesinos es garante de las esencias del proyecto. Nada de modernidades de participación ciudadana, diversidad ideológica o pluralidad social; el milenario pueblo vasco, concepto populista donde los haya, es el motor de este proyecto del cual viven estupendamente una serie de personajes de variado origen.  Enrique Dellfabor Gracia.  Las Arenas (Guecho).

El traje del emperador
Lorenzo Contreras La Estrella  23 Enero 2003

Jiménez de Parga, presidente del Tribunal Constitucional, la ha liado, como coloquialmente se dice. En un foro público de Madrid ha tenido la ocurrencia de plantear la ilegitimidad de la expresión "nacionalidad histórica" para hacer referencia a las comunidades que recibieron por mano de la República, algunas ya durante la guerra civil, un estatuto, es decir, la facultad de una autoadministración como elemento diferencial frente a las restantes regiones de España.

Con esa carta en la manga, el alumbramiento de la Constitución de 1978 forzó y forjó un sistema de Estatutos comunes, pero seguramente unos más comunes que otros. Y los más comunes fueron los que quedaron al margen de la denominación atribuida por el uso a las tres comunidades que tales Estatutos regulaban, es decir, "comunidades históricas", y más tarde, también por vía de uso, "nacionalidades históricas". Lo mostrenco era el adjetivo "históricas", ladinamente deducidas de la disposición adicional primera de la Constitución cuando "ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales" con o sin foralidad, por muy histórica que sea en cuanto carta diferenciadora, autorizara a utilizar la expresión "nacionalidades históricas". O como si tener una peculiaridad administrativa permitiera que lo histórico se convirtiera en nacional con el adjetivo sumado.

A estas alturas del tiempo, cuando la Constitución cumple veinticinco años, su celebración de aniversario se va a producir en medio de una polvareda polémica. Porque lo que se cuestiona, al margen de las palabras del presidente del TC, es la vigencia de la Constitución tal como viene siendo interpretada y manipulada por los beneficiarios del llamado "hecho diferencial". Esos beneficiarios se revisten con el manto invisible de lo "histórico", pregonan su autenticidad e insisten una y otra vez en la insuficiencia del otro "traje", el de la Constitución legítima, cuya práctica sustitución reclaman por vía de Estatutos sin techo. Lo que Jiménez de Parga ha hecho es imitar al niño del cuento de Andersen, El traje del emperador, que como tal criatura se atrevió a decir públicamente, en medio de una multitud reverente, que el soberano iba desnudo, aunque fingiera ir ataviado con un traje que sólo los necios no sabían ver.

La denuncia de lo invisible, de lo falso y atribuido, ha surtido su efecto en forma de polémica ruidosa. los nacionalistas catalanes han amenazado con no asistir en diciembre a los actos conmemorativos de la Constitución vigente, en cuya elaboración participaron. Para ellos, ahorrarse ese compromiso de presencia es la clásica ocasión que pintan calva. Ya veremos si acaban viniendo a Madrid. Y los vascos, ¡ay los nacionalistas vascos! Josu Jon Imaz, portavoz de Ajuria Enea, ha reprendido a Jiménez de Parga aduciendo que si no le agrada esta Constitución, que lo diga, pero que mientras rija debe acatarla. Como si los dirigentes nacionalistas vascos, incluidos los pacíficos, acataran la Constitución y no la sabotearan día tras día, oportunidad tras oportunidad, en una clara trayectoria de desafío fronterizo con la desobediencia civil.

Jiménez de Parga ha venido a proponer algo parecido al "todos o ninguno". O todos históricos o se acaba la transgresión de los conceptos constitucionales. Aragón, Castilla, Andalucía, Valencia, Asturias, ¿son acaso menos históricos que los autodenominados históricos?

Pedradas contra Jiménez de Parga
Antonio Casado El Ideal Gallego  23 Enero 2003

Menos mal que uno asistió al desayuno con Jiménez de Parga, organizado por Europa Press el martes pasado. Si no, podría haber caído en la tentación de justificar, o al menos comprender, las histéricas reacciones de los nacionalistas frente a los comentarios del presidente del Tribunal Constitucional. Pongo por testigo al moderador, Ángel Expósito, de que los periodistas nos fuimos con las ganas de arrancarle alguna declaración sobre asuntos que están o han estado recientemente sobre la mesa del Alto Tribunal. No hubo forma. Eso le libró de haber incurrido en alguna imprudencia nada conveniente para el ejercicio de su cargo.

Sin embargo, no calculó bien el umbral de irritación del nacionalismo periférico. Está bajísimo. Su altura guarda una relación directamente proporcional con la calidad del discurso. Según se va agotando éste -véase el papelón de Ibarretxe y su plan de libre adhesión-, también va cayendo el umbral de la sensibilidad nacionalista. O sea, que con cualquier cosita entra al trapo y se rasga las vestiduras. Quienes asistimos al encuentro con De Parga pudimos advertir que al presidente del Constitucional le motivan más sus doce nietos que la angustia sobre el ser de España que en otro tiempo desgarró el alma de Maeztu, de Ortega o de Laín Entralgo. Sin embargo, menudo chaparrón que le ha caído por señalar que los constituyentes no estuvieron afortunados al calificar de “históricas” a ciertas Comunidades Autónomas, como si Castilla, Áragón, Navarra o León, por ejemplo, no lo fueran. Algo más dijo. Por ejemplo, que en Granada disfrutaban del refinamiento árabe con el agua cuando en otras partes de la península -sin señalar, pero se entendía- ni siquiera habían aprendido a lavarse. Sí, una broma. Pudo habersela ahorrado, pero encajaba en el contexto de un acto público cargado de ironía andaluza y exento de dramatismo. ¿A qué viene este rasgado de vestiduras?

Lo dicho, que Jiménez de Parga alborotó el gallinero nacionalista sin haber tenido la menor intención de provocar. Les doy mi palabra de que ni el contenido ni el tono de don Manuel se compadecen con las histriónicas réplicas que le han dedicado unos dirigentes supuestamente ofendidos en su dignidad de nacionalistas “diferentes”. Parecen borrachos de un patriotismo forzado hasta la compulsión, todo lo respetable que se quiera pero tribal y aburrido.

Detrás de las pedradas contra De Parga sólo se ve un discurso al borde del agotamiento que se aferra a un clavo ardiendo porque se le acaba el oxígeno. La gente está cada vez menos dispuesta a amargarse la vida con altisonantes y plañideros reclamos frente a un enemigo que no existe.

Votar
Iker Garai/Bilbao Cartas al Director El Correo 23 Enero 2003

No sé por qué los políticos nacionalistas tienen tanta dificultad en encontrar cuál es su modelo de país, Estado, pueblo o lo que sea. Si volvieran a ser realistas, como eran los vascos antes de que a algunos les entrara el virus ideológico, verían que su modelo más cercano es el ruandés de finales de los noventa: un país en el que sólo existan hutus. Total, se cargan a los tutsis, con más o menos disimulo y más o menos apoyo y ... ¡ya está! Aquí se lleva tiempo haciendo lo mismo, lo que pasa es que no con machetes (somos muy civilizados), ni sólo según la etnia, sino según lo que votes. No te preocupes si eres de Zaragoza: tú vota nacionalista y no tendrás problema de cabida en 'su' país. Pero como seas vasco de pura cepa y no veas que lo que ellos ofrecen sea lo mejor para todos los que viven aquí, independientemente de lo que piensen, ya puedes ir preparando el petate, que en tu propia tierra no te van a dejar ni votar.

ETA, un poco más débil
El Ideal Gallego 23 Enero 2003

ETA fue durante muchos años como esos boxeadores que encajan un castigo brutal sin inmutarse, pueden tambalearse, incluso caer a la lona, pero cuando se levantan mantienen el mismo brío con el que iniciaron el combate. Sin embargo, ahora la situación es diferente, ha recibido tantos golpes -nunca serán de más- y repartidos por todo su cuerpo que sus signos de debilidad son evidentes. La detención en Francia de Laurence Guimon, encargada del aparato logístico, e Ismael Berasategui, uno de los mayores expertos de la banda en explosivos, suponen la mejor prueba de la endeblez de la organización criminal. Conseguir un puesto en la cúpula etarra -Guimon es miembro de ella- era hasta hace poco asegurarse un blindaje casi impenetrable; la Policía no conseguía abrir brecha a partir de determinadas alturas y los jerifaltes del nacionalismo vasco asesino podían vivir sin sobresaltos. Afortunadamente ya no es así y en gran medida porque entre España y Francia existe una colaboración plena, que era lo que se echaba de menos antes, cuando los terroristas sabían que al cruzar los Pirineos disfrutaban de la tranquilidad propia de un balneario. No obstante, sería un error pensar que todo el trabajo está hecho, que es cuestión de días colocar la lápida sobre el cadáver de ETA, ni siquiera se deben empezar a esculpir las letras; al revés, el martillo y el cincel son dos instrumentos magníficos para seguir golpeando a la banda hasta acabar con ella. Entonces sí habrá llegado el momento de fijar la losa sobre el difunto asegurándola a conciencia para que nunca salga de su tumba.

La urgente sucesión de Fraga
EDITORIAL Libertad Digital  23 Enero 2003

Como Andalucía para el PSOE, Galicia ha sido para el PP el “granero” de votos por excelencia. Desde 1981 hasta la actualidad, tan sólo ha habido un gobierno en Galicia que no fuera de AP-PP, el del socialista González Laxe durante 1987-89, fruto de una moción de censura que apoyaron la extinta Coalición Galega –epígono de la UCD– y los tránsfugas del PP liderados por José Luis Barreiro quien, curiosamente y al igual que el dimitido Cuiña, también fue vicepresidente de la Xunta, con Fernández Albor. Aunque Manuel Fraga no presentó su candidatura a la presidencia de la Xunta hasta las elecciones de 1989 –una vez refundada la derecha española bajo la dirección de Aznar–, siempre fue el referente, no sólo de la derecha gallega sino también de un buen número de gallegos que, sin ser estrictamente de derechas, valoraban a Fraga como el mejor político español. Puede decirse, pues, sin miedo a exagerar, que mientras que en Andalucía y Extremadura predomina la componente ideológica del voto más que en el resto de las autonomías españolas, en Galicia es el factor personal el que con más intensidad ha determinado la intención del sufragio.

Sin embargo, Fraga llegó a la Xunta con casi setenta años de edad, demasiados para basar un liderazgo exclusivamente en el factor personal. Bien es cierto que bajo su brillante gestión en los más de trece años que lleva al frente de la Xunta, Galicia ha abandonado el atraso secular para transformarse en una sociedad pujante y moderna, especialmente en las grandes ciudades. Pero ha sido este éxito, recompensado con cuatro mayorías absolutas, lo que ha impedido en buena medida la renovación de la estructura del PP gallego –más propia de los usos a veces caciquiles de la vieja Galicia rural–, incluido el recambio de su incombustible líder. Fiel a la, en otros contextos, razonable máxima de “si funciona, no lo cambies”, la dirección nacional del PP tampoco ha hecho nada por buscar un recambio aceptable para Manuel Fraga –que ya es octogenario–, confiándole a él mismo esa misión, aun a pesar del escaso acierto que en el pasado ha demostrado en elección de sus delfines (véase Verstringe o Hernández Mancha).

La catástrofe del Prestige no ha hecho sino sacar a la luz pública el agudo problema de la sucesión de Fraga. El nacionalismo de baja intensidad preconizado por Fraga en sus largos años al frente de la Xunta –que le permitió sumar los votos de Coalición Galega y frenar durante algún tiempo al BNG– hoy se muestra como el principal factor de división dentro del PP gallego. Más pendientes de la conservación del feudo electoral que de la estrategia del PP a nivel nacional, Cuiña –el sucesor in pectore elegido por Fraga– y sus partidarios, al ver peligrar el futuro electoral del PP gallego por causa del chapapote y, por tanto, sus cargos y prebendas, pretendían –al modo del PSE y del PSC– forzar a Fraga a una ruptura con el PP nacional y unirse al coro de protestas –algunas de ellas, por otra parte, justificadas– contra el Gobierno central, sabedores de que una gran parte de la juventud –a causa del galleguismo inoculado por la Xunta en las instituciones educativas, hoy bajo el control del BNG– simpatiza con las tesis de Beiras y de la plataforma Nunca Mais.

El cisma galleguista provocado por Cuiña y cerrado en falso con la designación de cuatro nuevos consejeros afines a Jesús Palmou –secretario general del PP gallego y adversario del ex vicepresidente de la Xunta– puede significar el fin de la mayoría absoluta del PP en Galicia. Cinco diputados orensanos partidarios de Cuiña amenazan con pasarse al grupo mixto –emulando a José Luis Barreiro– si Fraga, como presidente del PP gallego, no destituye a Palmou, a quien acusan de organizar una “cacería” contra el ex delfín con el beneplácito de Génova.

Fraga, que deseaba cerrar su brillante carrera política con el broche final de una buena gestión y del agradecimiento de sus paisanos, está viendo cómo el chapapote, aliado con los inconvenientes de una longeva edad, no sólo pone en peligro la realización de su anhelo sino que, además, hace peligrar también el tradicional granero de votos del PP, cuyo principal capital electoral es la homogeneidad nacional sin concesiones a las veleidades nacionalistas. Por ello, la cuestión sucesoria, largamente preterida, se impone ahora con toda su urgencia; máxime cuando en el PP gallego empiezan a perder el respeto al anciano don Manuel. Y lo peor es que los candidatos más solventes –Rajoy, antiguo adversario de Cuiña, y Ana Pastor– de momento no están dispuestos a quemar su caché político en una sorda lucha fratricida en Galicia... a no ser que se lo ordenen desde Génova.

Cura escoltado
Garikoitz Zarraoa Urruticoechea/Getxo-Vizcaya Cartas al Director ABC 23 Enero 2003

Resulta que ya tenemos el honor de ser los primeros del mundo en tener un cura con guardaespaldas. Y no sólo eso sino que se le organiza una 'manifa' todos los domingos a la salida de misa para recordarle lo poco euskaldun y lo malo que es, se le llama franquista y mentiroso, y se le persigue para que se vaya 'a España'. Pero hete aquí que algunos ciudadanos deciden apoyarle y tienen la desfachatez de ponerse delante del comité de recepción (o, más bien, de represión), con una pancarta en la que pone 'Libertad'. Así que el señor Balza, como encargado de vigilar la seguridad de los ciudadanos vascos, no duda en filmar en vídeo a estos provocadores, sin duda guardias civiles disfrazados de respetables señoras, y pagados por el Ministerio de Interior del Estado español. Bien hecho, señor Balza, lo primero tenerlos bien fichados a todos, no sea que se les ocurra pasar a mayores y el día menos pensado tengamos un disgusto, que no vea usted el miedo que están pasando los pobres vecinos de Maruri con esta gente tan radical. Lo mismo cualquier día se le ocurre a uno sacar la bandera de España, a alguno le da un patatús, y ya la tenemos liada. Leña al mono, en este caso al cura, hasta que aprenda el catecismo, nunca mejor dicho.

Presidentes «no históricos» justifican a De Parga y apoyan el fondo de su discurso
El Gobierno no cuestiona su figura, aunque Rato y Piqué lo ven «desafortunado» Arenas arremete contra la reacción nacionalista, «victimista» y «desmesurada»
Comunidades no históricas justificaron ayer las declaraciones del presidente del TC, Manuel Jiménez de Parga, y respaldaron el fondo de su discurso: el concepto de nacionalidad no puede ser un pretexto para obtener privilegios. Así se expresaron los «barones» de Extremadura, Castilla y León o Navarra. En las filas del Gobierno, sus palabras fueron vistas más o menos acertadas, aunque sobre una misma base: respeto al modelo autonómico constitucional, en el que se garantiza la igualdad de todos los españoles.
C. Morodo/C. Otal - Madrid.- La Razón 23 Enero 2003

Las declaraciones de Jiménez de Parga afirmando que el concepto de «comunidad histórica» está superado generaron ayer un aluvión de reacciones que siguieron alimentando la polémica. Presidentes de comunidades no amparadas por ese epígrafe, aquéllas que se constituyeron siguiendo el proceso de «vía lenta» del artículo 143 de la Constitución, salieron a la palestra a justificar el fondo de su planteamiento: no hay dos regímenes de autonomías sino que éstas gozan de la misma naturaleza jurídica, y por encima de «hechos diferenciales» o cuestiones «históricas» subyace el principio de igualdad y solidaridad.

Tajante fue el presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, al manifestar que la petición de Jiménez de Parga «no debe molestar». Su homólogo en Castilla y León, Juan Vicente Herrera, advirtió del intento de las «autonomías nacionalistas de rescribir la historia de España», mientras que el presidente de Navarra, Miguel Sanz, señaló que «cometerá un grave error quien pretenda ampararse en el concepto de nacionalidad para conseguir privilegios». En la misma línea se pronunció el andaluz Manuel Chaves, para quien la diferencia no puede dar lugar a desigualdades entre los ciudadanos que viven en una u otra comunidad.

En el Gobierno, las palabras de Jiménez de Parga fueron valoradas como más o menos acertadas. El vicepresidente económico, Rodrigo Rato, y el ministro de Ciencia y Tecnología, el catalán Josep Piqué, se desmarcaron con rotundidad de ellas. Para el primero, nadie puede discutir la existencia de «comunidades históricas», mientras que el segundo tachó de «desafortunadas» las manifestaciones del presidente del TC. Más prudente se mostró el ministro de Administraciones Públicas y secretario general del PP, Javier Arenas, quien se limitó a señalar que quien habla en público tiene «días de más fortuna, y otros de menos, en sus expresiones».

No obstante, recalcó que Jiménez de Parga «no ha querido herir a nadie», y dirigió su crítica a la reacción «desmesurada», «desproporcionada» y «victimista» de los nacionalistas y, especialmente, de CiU. «Algunas de las reacciones habidas son más propias de entusiastas y desconocedores de la mesura que de líderes políticos responsables», manifestó. La posición del PP pasa por reafirmar el modelo autonómico constitucional, en el que se reconocen los «hechos diferenciales», pero también que por la vía del artículo 143 se pueden alcanzar básicamente los mismos títulos que por la vía del 151. La posición de una comunidad en la historia, o incluso en la Carta Magna, no puede ser utilizada para el «agravio» porque todos los españoles son iguales ante la ley. Los populares creen que el debate debe orientarse en estos momentos hacia la solidaridad y corresponsabilidad.

El juez pide «perdón», pero se ratifica
El presidente del Tribunal Constitucional (TC), Manuel Jiménez de Parga, manifestó ayer que se malinterpretaron sus palabras sobre las comunidades históricas y afirmó que no quiso «ofender» ni «atacar» a nadie. Jiménez de Parga añadió que sólo pretendió exponer la situación real en cuanto a la organización territorial de España. En declaraciones a RNE y Onda Cero, el presidente del Alto Tribunal dijo que no se esperaba «esta reacción», ya que, «no quise, ni pretendí en ningún momento ofender a nadie, sino sencillamente exponer la situación real que hoy tenemos en España». «Es decir que esto es lo que existe», apuntó el presidente del TC, para quien «ahora, las nacionalidades son, lo mismo que todos los sentimientos, difíciles de someter a razón y hay un problema sentimental».

Detienen en Alemania al etarra Elkoro Ayastui, procesado por el atentado contra el cuartel de Araca
BILBAO. AGENCIAS ABC 23 Enero 2003

El presunto miembro de ETA Pablo Elkoro Ayastui fue detenido ayer en Alemania como consecuencia de investigaciones realizadas de forma conjunta por las policías alemana y española, según informaron a la agencia Vasco Press fuentes oficiales.

El presunto miembro de ETA estaría relacionado con el envío de cartas a empresas relacionadas con el sector turístico que se produjo el pasado mes de diciembre. En estas cartas, la organización terrorista advertía de
los peligros de viajar a España ante la previsión de que se cometieran atentados en zonas turísticas.

Elkoro, a quien se acusa de colaborar con el ´comando Araba´ de ETA desarticulado en 1998, está procesado en la Audiencia Nacional por colaborar, presuntamente, en el atentado cometido en la base militar de Araca (Vitoria) en mayo de 1997.

Nacido en 1973, Pablo Elkoro es hijo del que fuera fundador de Herri Batasuna y ex alcalde de Bergara José Luis Elkoro Unamuno y se encuentra incluido en la lista de terroristas aprobada por la Unión Europea en febrero de 2001.

El presunto miembro de ETA, que fue militante de Jarrai, se encuentra huido desde marzo de 1998, cuando la Guardia Civil desarticuló el ´comando Araba´. Los agentes acudieron a detenerlo a su domicilio, pero ya se encontraba ausente y no pudo ser localizado. Según la acusación policial, Pablo Elkoro comenzó a colaborar con ETA en 1997. La juez Teresa Palacios dictó en marzo de 1999 un auto de procesamiento en rebeldía imputándole haber ayudado al ´comando Araba´ a introducir una bomba en la base militar de Araca. Elkoro, presuntamente, habría realizado funciones de ´lanzadera´ comprobado que la ausencia de efectivos policiales en las carreteras por las que se desplazó el comando con los explosivos.

La bomba fue colocada en el interior de un almacén del edificio de la Residencia de Oficiales de la base militar de Araca y ocasionó importantes daños materiales. Los autores del atentado entraron en la base con la furgoneta de un repartidor que habían robado previamente.
Además, la policía le acusa de haber realizado vigilancias sobre el cuartel de la Guardia Civil de Eibar y la fábrica de pistolas Star, en la misma localidad.

También se le acusa de haber intervenido en la quema del coche de un vecino de Bergara al que consideraban confidente de la Ertzaintza. En esta misma localidad intervino, supuestamente, en la colocación de un artefacto incendiario en una oficina de Telefónica y en la quema de la sucursal de una entidad de seguros.

Detenido en Francia el etarra que huyó de la cárcel suplantado por su hermano
Lorentza Guimón e Ismael Berasategi ocupaban una casa aislada donde se encontró armamento, abundante documentación interna y cientos de carnés y pasaportes
FERNANDO ITURRIBARRÍA/CORRESPONSAL. PARÍS El Correo 23 Enero 2003

La Policía francesa detuvo ayer en los alrededores de Pau (suroeste) a Lorentza Guimón Fagoaga, presunta militante del aparato logístico de ETA, y a Ismael Berasategi Escudero, supuesto ex-jefe del 'comando Behorburu', prófugo desde su evasión en agosto de la cárcel parisiense de La Santé. En la casa que ocupaban, considerada clave por el ministro del Interior, Ángel Acebes, se hallaron armas, munición, detonadores, temporizadores, dos vehículos robados, troqueladoras de matrículas, gran cantidad de placas falsificadas, dinero en efectivo y abundante documentación interna.

Las contínuas ideas y venidas en la casa, cercana a la iglesia del pueblo, y el comportamiento receloso de sus ocupantes habían infundido sospechas en el vecindario que, ante la ausencia del dueño, domiciliado en Grenoble, denunció el caso al cuartelillo local de la Gendarmería. El destacamento de Oloron Sainte Marie puso los hechos en conocimiento de la sección de investigación de la Gendarmería de Pau, cuyas vigilancias orientaron las pesquisas hacia un posible escondite de ETA.

El caso fue transmitido el lunes al servicio regional de la Policía Judicial de Burdeos, competente en la materia, que decidió intervenir junto a efectivos de la Dirección Nacional Antiterrorista a primera hora de ayer. Antes del alba, los agentes irrumpieron en la casa y detuvieron a Lorentza Guimón, en la clandestinidad desde el desmantelamiento del 'comando Andalucía' en marzo de 1998, y a Ismael Berasategi, en paradero desconocido desde su fuga de La Santé, cárcel donde fue suplantado por su hermano Joxean en una visita el pasado agosto. Ambos tienen 33 años y fueron sorprendidos en habitaciones separadas cuando dormían.

Armas y documentación
En el registro, los policías encontraron dos pistolas, un subfusil y dos escopetas así como munición, detonadores, temporizadores y dinero en efectivo. También había un par de troqueladoras para confeccionar matrículas, gran cantidad de placas para automóviles y dos vehículos -un Peugeot 306 blanco y un Renault Laguna gris- que habían sido robados en Las Landas. Destaca por su interés la muy abundante documentación interna hallada dentro de numerosas cajas.

Según informaciones recogidas por la agencia 'Vasco Press' en fuentes relacionadas con la investigación, la vivienda era utilizada por ETA como oficina para la falsificación de documentos de identidad. El examen del importante volumen de material intervenido permitió encontrar varios cientos de documentos de identidad y pasaportes, tanto españoles como franceses, así como numerosa documentación de automóviles. Algunos de estos documentos estaban falsificados, otros habían sido robados y otros estaban disponibles para ser manipulados a fin de dotar a los miembros de ETA de falsas identidades.

Fuentes francesas próximas a la investigación consideran que la casa tiene un importante valor estratégico. Acebes declaró que era una de las claves del aparato logístico y que la documentación intervenida es «importantísima». La vivienda se encuentra a media docena de kilómetros al oeste de Lasseube, donde en julio de 1996 fue detenido el entonces jefe logístico e integrante del comité ejecutivo Julen Atxurra Egurrola, 'Pototo'.

En las vigilancias previas a la intervención, los policías habían detectado la presencia de una pareja con un bebé que suponen es hijo de Lorentza Guimón. Las pesquisas están encaminadas a localizar a su actual supuesto compañero sentimental, del que sospechan que también se encuentra encuadrado en el aparato logístico.

Las fuentes citadas resaltaron que la casa, aislada y apartada de núcleos poblados, se halla en un paraje difícil de ser sometido a espionaje sin ser detectada la vigilancia policial. De ahí que se decidiera actuar de inmediato sin aguardar la llegada de otros presuntos activistas que frecuentaban la vivienda, según testimonios vecinales.

Con los nuevos arrestos, ya son siete las personas acusadas de pertenecer a ETA detenidas en Francia este año en sólo doce días. El pasado viernes fueron sorprendidos en Bourges (centro) los presuntos huidos del 'comando Haitza' Xabier Agirre Odriozola y Xabier Etxeberria Jauregi cuando iban a robar una furgoneta. Una semana antes habían sido arrestados en Dax (suroeste) los supuestos integrantes del aparato político Ane Miren Alberdi Zubirrementeria, Kristina Goirizelaia González y Carlos Sáez de Egilaz Murgiondo.

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