AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 26 Enero  2003
LA CUESTIÓN NACIONAL (PENDIENTE)
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 26 Enero 2003

Inquisición nacionalista
EDITORIAL Libertad Digital  26 Enero 2003

HOMENAJE EN BILBAO
Editorial ABC 26 Enero 2003

La desbandada liberal
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  26 Enero 2003

La historia como religión
José María Carrascal La Razón 26 Enero 2003

Jiménez de Parga se quedó corto
Iñaki Zaragüeta La Razón 26 Enero 2003

Demasiado escándalo
Cartas al Director ABC 26 Enero 2003

De la retórica al compromiso
ROGELIO ALONSO El Correo 26 Enero 2003

Movimientos cívicos
FERNANDO SAVATER El Correo  26 Enero 2003

El bilingüe Savater
Nota del Editor 26 Enero 2003

Los constitucionalistas se unen para exigir a Ibarretxe su derecho a vivir en libertad
J. J. SALDAÑA ABC 26 Enero 2003

Implícate y planifica
LUIS SANTISO RODRÍGUEZ El Correo 26 Enero 2003

LA CUESTIÓN NACIONAL (PENDIENTE)
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 26 Enero 2003

ES mejor ser propietario de los silencios que esclavo de las palabras. Pero si las palabras una vez dichas más allá de lo adjetivo del momento de su pronunciamiento o de la circunstancia personal del que las pronuncia, son razonables y responden a la verdad, no hay tal esclavitud sino gobierno de la responsabilidad propia y compromiso con las personales convicciones intelectuales.

Manuel Jiménez de Parga está siendo injusta y sectariamente «castigado» por unas apreciaciones que, simplemente, han reivindicado el carácter histórico de todas las regiones y Comunidades de España. Al hacerlo, ¿qué imparcialidad queda en cuestión?, ¿qué previsión constitucional afectada? Ninguna. Ocurre -y esto es lo grave- que la más leve afirmación del carácter histórico de la nación española que iguala en merecimientos pretéritos a todas sus regiones irrita hasta la histeria a unos nacionalismos que encuentran su razón de ser en una diferencia que, puesta de manifiesto en los términos en los que lo ha hecho Jiménez de Parga, remite, en muchos casos, a supuestos prácticos discriminatorios que si pueden doler a la idea nacional de la derecha, resultan un torpedo en la línea de flotación de la izquierda.

Reacciones tan atrabiliarias ahora -frente a otras tan consentidoras y complacientes con personajes de la judicatura que militan en tesis bastante más improbables que las del jurista granadino- ponen de manifiesto que la gran cuestión pendiente, que la «cuestión» por antonomasia, es en España la nacional. En realidad no ha dejado de serlo desde hace décadas y habría que regresar al pasado de la I República con su fracasado federalismo, absolutamente historicista en la configuración de esa España federal, para comprobar que la cohesión territorial y moral de España nos ha llevado por la calle de la amargura, en cuyo lastimoso recorrido las espaldas del país han cargado siempre con la pesada cruz del egoísmo material e intelectual de las clases dirigentes.

Aquietado el problema, que no resuelto, entre 1876 y 1931, la izquierda quiso en la II República, después de su hastío monárquico, resolver la cuestión militar, la agrícola, la religiosa..., y la nacional. Fracasó en todas ellas como bien lamentó Manuel de Azaña en los estertores de aquel despropósito incivil de los años treinta del siglo pasado, y que se proclamó constitucionalmente un «Estado integral» y concluyó en la más trágica disolución de la nación. En el ¡Viva Cartagena! de la Revolución Gloriosa, en la sedicente proclamación del Estado catalán durante los primeros compases republicanos, hasta la «libre asociación» que los nacionalistas vascos pretenden hoy -después de haber traicionado a la monarquía de la Restauración, luego a la república y ahora al Estado autonómico- está la explicación de la debilidad del Estado como reflejo de una nación batida por los nacionalismos periféricos que sientan sus reales -y sus poderes- sobre la columna vertebral de España, encorvada, descalcificada y dolorida.

Es la España vertebral que engendró a las otras Españas desde que puso pie en esta tierra el nieto de los Reyes Católicos. Fechas aquellas -siglo XVI- en las que Sevilla, Valladolid, Toledo, Valencia..., lucían los esplendores que Jiménez de Parga se ha limitado a recordar para que, al menos, no esquilmen la memoria común esos españoles que creen no serlo y que, en realidad, quieren serlo tanto que pretenden ser los únicos. Ese es su problema y esa es la cuestión nacional pendiente. Una incertidumbre que los franceses resolvieron con tres conceptos revolucionarios: libertad, igualdad y fraternidad. Pero esa Revolución -nosotros que hemos protagonizado tantas -, qué casualidad, no se nos ocurrió hacerla en su momento.

Inquisición nacionalista
EDITORIAL Libertad Digital  26 Enero 2003

La exquisita delicadeza con que, desde la transición, la derecha y la izquierda nacionales –especialmente esta última– han tratado constantemente de no “herir” la sensibilidad de los nacionalistas, evitando cualquier referencia a la verdadera historia, a la idea o a los símbolos de España, ha degenerado en una especie de código ético-político cuyo estricto respeto exigen los nacionalistas a cualquier figura pública en sus manifestaciones respecto de la cuestión nacional. Hasta tal punto ha llegado la esquizofrenia impuesta por el pensamiento único nacionalista, que el mero hecho de proclamar en voz alta verdades que pudieran afectar a la credibilidad de las fábulas nacionalistas sobre la historia de sus respectivos terruños desencadena inmediatamente una inquisitorial caza de brujas contra quien ose poner siquiera en duda que Cataluña y el País Vasco son “algo especial”, de muchísimo más valor y raigambre histórica que el resto de las comunidades españolas.

La caza de brujas contra Jiménez de Parga, el primer personaje público que, en mucho tiempo, se ha atrevido a poner en solfa las mistificaciones nacionalistas, es una buena muestra de que los nacionalistas, como todos los totalitarios, para triunfar se ven obligados a silenciar cualquier voz que no repita obedientemente sus consignas y sus falsificaciones históricas, a demonizar a quienes –como Jiménez de Parga– se atrevan a negar que lo que confiere el plus de “nacionalidad” e “historicidad” a Cataluña y el País Vasco respecto del resto son los efímeros estatutos de autonomía de la II República. 1936. Y también, evidentemente, aprovecharán cualquier ocasión para colocar a sus predicadores en los lugares donde más puedan influir en la formación de la opinión pública, como es el caso del etarra Garmendia, el gestor de las herriko tabernas en situación de prisión preventiva decretada por el juez Garzón, que ha sido nombrado profesor de Economía Aplicada de la UPV “por unanimidad” de un tribunal a la medida del único candidato que se presentó, presidido por Valeriano Bakaikoa, que fue candidato por HB en 1989 al Parlamento Europeo.

Es una lástima que en el PP –no digamos ya en el PSOE, el partido nacional que más ha contribuido a halagar el victimismo nacionalista, apoyándose en él para llegar al poder–, el partido que con más claridad defiende la unidad nacional en el marco constitucional, no se aprovechen esporádicos arranques de valor como el de Jiménez de Parga para dar la batalla en el terreno de las ideas a quienes tienen como objetivo último la destrucción de España. Aunque ello sería mucho esperar, habida cuenta de que uno de los principales inquisidores nacionalistas ocupa un ministerio en el Gobierno del PP y es candidato –no se sabe muy bien si por CiU o por el PP– a la Generalitat.

HOMENAJE EN BILBAO
Editorial ABC 26 Enero 2003

LOS actos que ayer organizó en Bilbao el colectivo «Basta Ya» para conmemorar el primer cuarto de siglo de la Constitución de 1978 ofrecieron públicamente la imagen menos conocida y desarrollada de nuestra norma fundamental. En general, el valor dado a la Constitución en este su primer cuarto de siglo se ha referido más a la coyuntura histórica en que se promulgó -la Transición- que a la fuerza cívica de sus disposiciones. Este historicismo constitucional es lo que está permitiendo a los nacionalismos periféricos reclamar una revisión de la Carta Magna. Para ellos, el pacto constituyente se justificó por las circunstancias del momento. Esta visión coyuntural de la Constitución implantada por los nacionalistas ha sido secundada por amplios sectores de la izquierda, convencidos de que la Constitución fue una mera solución de compromiso que no ajustó debidamente las cuentas al régimen franquista. El éxito de ciertos conceptos ajenos a la Constitución, pero sobrepuestos a su letra y espíritu -«nacionalidades históricas», «hechos diferenciales», «federalismo asimétrico»- ha sido el remate para asentar una corriente revisionista y centrífuga, en la que sólo es legítimo el discurso de la satisfacción nacionalista, planteado hoy con términos radicalmente inconstitucionales. El otro discurso, el que apela al Título Preliminar de la Constitución, que declara la unidad de la Nación española como patria común e indivisible, se descarta por ilegítimo y reaccionario.

Por eso, cuando «Basta Ya» convocó a los actos de ayer en Bilbao con el lema «Libertad obligatoria. ¡Viva la Constitución!», descubrió el rostro del constitucionalismo vital, el verdaderamente útil, en las circunstancias actuales del País Vasco. Liberada de protocolos y de análisis eruditos, los constitucionalistas vascos demostraron que la Constitución encierra un enorme potencial de justicia y de libertad para cada ciudadano. Se proclama así una ética constitucional en la que no encajan las propuestas de ruptura soberanistas que están planteadas, ni determinadas reglas del juego político actual, aceptadas hasta ahora como mal menor en virtud de una errónea actitud pragmática con el nacionalismo, a la postre ineficaz como solución para la convivencia y corruptora del verdadero espíritu constitucional. En el País Vasco hacen falta mensajes como los que ayer promovió «Basta Ya», porque reivindican el núcleo principal de toda Constitución democrática -el sistema de libertades y derechos individuales- y la depuran de discursos adheridos como parásitos, disfrazados de constitucionalidad y que ahora se rebelan frente a su denuncia. Sólo resta que se transformen definitivamente en la alternativa política, social y cultural que necesita la sociedad vasca.

La desbandada liberal
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  26 Enero 2003

Mientras Eduardo Zaplana trata de vender públicamente como una victoria del diálogo social, del centrismo aplicado y de la imaginación sustentada en el déficit el nuevo PER, que supone una claudicación en toda regla del Gobierno ante los sindicatos, según éstos mismos proclaman con alborozo y recordarán con una romería por toda España, Esperanza Aguirre anuncia un gran plan para relanzar el comercio minorista, que, por lo visto, es la fuerza motriz de la pujante economía y la columna vertebral del electorado centrista en la Comunidad de Madrid. Si los dos ministros presuntamente más liberales del Gobierno encomiendan su futuro político a la benevolencia de sus enemigos naturales (sindicalismo subvencionado y proteccionismo comercial) no es de extrañar que el macroliberal Rodrigo Rato pretenda fundar el suyo en la concesión del monopolio de la televisión de pago por una década a Jesús de Polanco, disputándole así a Ruiz Gallardón el puesto de derechista más sumiso al padrino de la izquierda millonaria. Sin embargo, en materia de arrendamientos ideológicos también la experiencia es un grado, así que los Aznar han preferido confiar el lanzamiento político de Ana Botella a Gallardón. Es el estilo genuinamente conservador —también llamado centrista— que se impone en esta auténtica desbandada liberal de las postrimerías aznaristas. Cierto que en Hacienda mantiene Montoro la doctrina del déficit cero y los equilibrios básicos; la duda es si se trata de mantener algo del programa liberal de 1993 o simplemente de financiar la nueva rendición de la derecha española ante sus propios complejos, cobardías y miserias. Más bien parece lo último, dignificado por lo primero.

En su histórica cuanto nefasta capitulación ideológica, Cánovas trató al menos de justificar por qué se hacía proteccionista. Naturalmente, no dio la razón primera y última: para conservar el poder. Tampoco Zaplana, ni Esperanza Aguirre, ni Rato, ni los Aznar van a explicar por qué se han hecho centristas (dirán que lo han sido siempre), pero no es improbable que sostengan en privado que es la forma de conservar algo del programa liberal mientras en público reniegan de lo que antaño defendían como deseable, aunque luego se limitaran a lo cómodo dentro de lo posible. Este doble discurso a la hora del café y a la hora del mitin tampoco es novedad en la política española: era el de Solchaga y Solbes en los últimos años del felipismo, cuando se fraguó en España un equilibrio (más bien desequilibrio) de fuerzas ideológicas, políticas y sociales de estructura piramidal y cuya cúspide ostenta y define Jesús de Polanco, único poder fáctico indiscutido e indiscutible. Sólo Aznar era y se consideraba capaz de alterarlo. A la vista está el resultado: Aznar se va y Polanco se queda. Y se queda, además, a modo de voluntario rehén, con el PP sedicentemente liberal, a la postre más conservador que el democristiano Mayor Oreja, único que todavía defiende, al menos, la idea de España, que junto al liberalismo económico era y es lo esencial del proyecto del PP.

Basta ver cómo trata la SER a Rato y a Mayor para constatar, sin embargo, cuál es la apuesta de Polanco y cómo va a ayudar a Rato: machacando a Mayor, mientras Aznar calla. No es casualidad que el dirigente vasco se haya quedado sólo defendiendo a Jiménez de Parga de los nacionalistas mientras los Aznar —ella y él, rajoyescos— se negaban decir una palabra en su favor y mientras Rato y Piqué lo atacaban por defender la raíz nacional e histórica del orden constitucional. Un episodio cualquier cosa menos anecdótico. Al contrario: es un índice de la desbandada liberal en lo que se refiere a la idea de España. ¿Y cómo va a ser el mercado más defendible que la nación? Ambos son manifestaciones del principio de ciudadanía, de la libertad individual y de la legalidad que los alberga y defiende. No cabe uno sin el otro. Y ambos se están hundiendo juntos.

La historia como religión
José María Carrascal La Razón 26 Enero 2003

«A veces no puedo sacudirme la impresión de que, para muchos, la fe en la historia ha ocupado el lugar de la a punto de desaparecer fe en el más allá. De que la creencia en la historia se ha convertido en una religión del más acá», escribió Sebastián Haffner en uno de sus más penetrantes ensayos, Was ist eingentlich Geschichte? (¿Qué es realmente historia?). Y, en efecto, la historia está desplazando a la religión en muchas comunidades humanas. Es ella la que está dando sentido a la vida y respuestas a preguntas como por qué y para qué estamos aquí, qué debemos hacer y cómo justificamos nuestra existencia, preguntas que antes respondía la religión.

Siendo esto malo, ya que la historia, como ciencia humana, nunca podrá asumir un papel sobrenatural, no es eso lo peor. Lo peor es que esa historia que viene a sustituir a la religión ni siquiera es verdadera historia. Es historia imaginada, soñada, fabricada. Y el que fabrica su propia historia no tiene más remedio que destruir la historia ajena.
He recordado el ensayo de Haffner, creo que de 1972, a propósito del revuelo armado por las declaraciones de Jiménez de Parga sobre las nacionalidades históricas en España. En efecto, la Constitución española reconoce unos «derechos históricos» a ciertas autonomías, que sus nacionalistas se han apresurado en convertir en comunidades históricas. Lo que es tanto como decir que las demás no lo son. No tienen historia. Son polvo, paja, humo, nada. Y al negarlas, niegan también España, que es de lo que se trata. Historia, lo que se dice historia, la tienen sólo ellas. Y pobre del que intente negarles ese atributo o del que pretenda atribuírselo sin tener los títulos constitucionales para ello. El anatema caerá sobre él automáticamente. En esto ha desembocado el loable intento de consenso realizado por los padres de nuestra Constitución. En desavenencias por todas partes, empezando por la historia.

Lo más curioso es que esto ocurre cuando el conocimiento y el interés por la historia se hacen cada día menores, sobre todo entre los jóvenes. Pregunten ustedes a uno de ellos por los romanos, por el Renacimiento, por la Ilustración, y verán lo que les responden, que no les vengan con rollos patateros, que por quién le has tomado, que eso no mola. Lo que no impide que en las clases les atiborren de leyendas sobre sus antepasados que parecen sacadas del Señor de los Anillos. Que se tragan como cubatas. ¿La historia como sustituto de la religión? Sí, pero no la historia concienzuda y contrastada, sino la historia mítica, divinizada, sagrada. En realidad, una religión hecha a medida de un determinado grupo nacional. Nada de extraño la facilidad con que ciertos clérigos se pasan al nacionalismo. Y menos extraño todavía, el escepticismo creciente hacia todo tipo de historia.

Jiménez de Parga se quedó corto
Iñaki Zaragüeta La Razón 26 Enero 2003

Por más bronca que monten los nacionalistas, por más políticamente incorrectas que sean las palabras del presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, defendiendo la igualdad entre las Autonomías, tiene toda la razón. Lo que fue aconsejable en 1977 para unir en democracia a gentes tan dispares como Manuel Fraga y Santiago Carrillo puede tener menos sentido hoy y, desde luego, carecerá de toda lógica en el futuro cercano.

Mi amigo Rogelio defiende a capa y espada la tesis del prestigioso jurista, independientemente de la oportunidad por el cargo que ocupa. Euskadi, Cataluña y Galicia obtuvieron importantes réditos políticos, especialmente las dos primeras, por la mala conciencia que la represión franquista había dejado en algunos de los principales protagonistas de la transición, aquellos que habían servido con lealtad inquebrantable al general Franco y a los Principios Fundamentales del Movimiento. Adolfo Suárez, Rodolfo Martín Villa, el propio Fraga y otros otorgaron concesiones para salvar un periodo tan transcendental para España.

Para ello colocaron la frontera constitucional en «...Estatutos plebiscitados antes de la Guerra Civil...» para conceder a algunas regiones competencias superiores al resto ¬la Andalucía de Rafael Escuredo fue otro cantar¬ y para que políticos y periodistas acuñaran la singularidad de históricas. Esa circunstancia no otorga eternidad.
Rogelio, que de esto sabe, coincide con el profesor en que Granada tiene más historia que las tres juntas si el límite se hubiera colocado en el año 1000. Mucho más si lo hubieran hecho en el 1000 pero antes de Jesucristo, cuando las culturas ibéricas poblaban Tartessos, el valle del Guadalquivir, con áreas de influencia en Extremadura, La Mancha y la costa mediterránea del sureste hasta la Comunidad Valenciana. Una cultura que incluía capítulos tan avanzados como urbanismo, vías de comunicación, escrituras, poesía ...

En el mundo celtizado ¬Galicia, Portugal y el norte de España¬ no existía la escritura ni el refinamiento cultural. No habían entrado en el ámbito histórico. La huida hacia el norte provocada por la invasión cartaginesa, así lo probó.
Nada de cabreos. La generosidad de los demás otorgó privilegios a algunas sociedades, pero no las hizo superiores. Y menos para siempre.

Demasiado escándalo
Cartas al Director ABC 26 Enero 2003

¿A qué viene tanto escándalo con las declaraciones de Jiménez de Parga? El presidente del TC se ha limitado a constatar lo que todos sabemos. Que es ilógico llamar «Comunidades históricas» a aquellas que durante la II República lograron obtener un Estatuto de autonomía mientras se niega tal título a otras que realmente tuvieron un peso específico en la historia universal (Castilla, Aragón o Navarra). Recordemos además que si todos los españoles somos iguales ante la ley, ninguna Comunidad puede pretender ser más que las demás. No es el momento de abandonar a quienes tienen la valentía necesaria para, desde las altas magistraturas, hablar con la claridad que la mayoría de los españoles deseamos. Muchos dirigentes políticos de cierto partido, entre cuyas siglas todavía figura la «E» de España, no se atreverían a hacerlo jamás. Vaya mi aplauso a Jiménez de Parga.   Miguel Moreno Ibáñez. Logroño (La Rioja).

De la retórica al compromiso
ROGELIO ALONSO/PROFESOR EN EL DEPARTAMENTO DE POLÍTICA DE LA UNIVERSIDAD DE ULSTER El Correo 26 Enero 2003

El 9 de enero, este diario citaba las palabras del lehendakari durante la inauguración del Museo de la Paz en Gernika: «Aquí se violan los derechos humanos de manera bárbara y terrible... ETA sigue matando y violando el derecho fundamental, el principio sin el cual no hay derecho ninguno, la vida humana».

Este pronunciamiento permite cuestionar la idoneidad del plan de libre asociación propuesto por el propio Ibarretxe. En ese programa de supuesta normalización política su autor dejaba sin desvelar, pese a su considerable extensión, la más relevante de todas las incógnitas en el camino hacia la paz: ¿cómo se va a eliminar la violencia de ETA con dicha propuesta? En contra de lo que Ibarretxe subrayaba ante los medios en ese acto público de enero, su propuesta de libre asociación identifica la relación entre España y Euskadi como el problema fundamental que impide la normalización política. Por tanto, en ese falso plan de paz no se aborda adecuadamente la causa básica de que ésta siga sin alcanzarse, o sea, la violación del derecho fundamental por parte de ETA: el derecho a la vida. Obsérvese cómo fue el mismo lehendakari el que dio prioridad al derecho a la vida en esa intervención pública citada arriba, algo que carece de reflejo en una propuesta en la que en cambio ETA no aparece como el motivo principal de que los vascos no puedan hoy decidir su propio futuro «libre y democráticamente», términos profusamente utilizados en dicho texto.

La propia ETA rechazó el plan de Ibarretxe a finales de 2002, lo que provocó la inmediata reacción del lehendakari convocando la manifestación de Bilbao. El dirigente nacionalista volvía a contradecirse mostrando claramente que, pese a haber defendido sus reivindicaciones soberanistas con el argumento de que la organización terrorista no iba a condicionarle, en efecto ETA incide sobre su comportamiento. Así pues hay una evidente incoherencia entre las declaraciones del máximo responsable político vasco y sus acciones en la más importante de sus tareas: la búsqueda de la paz.

La deslegitimación de ETA requiere algo más que palabras bien intencionadas. En esa labor son precisos actos que demuestren constancia y determinación, siendo éstos especialmente necesarios por parte del nacionalismo gobernante dada su privilegiada posición de autoridad institucional y dentro de la llamada familia nacionalista. Si realmente existe voluntad, su ideología -pues ETA persigue unos fines nacionalistas- le permite una mayor eficacia en la deslegitimación política y social de la violencia, algo básico en toda estrategia antiterrorista.

Sorprende que con ese objetivo jamás se haya optado por poner en práctica campañas de publicidad contra la violencia terrorista y orientadas hacia la concienciación de la juventud. En el perfil sociológico de quienes asesinan por ETA destaca su juventud, siendo evidente que la adolescencia representa una fase de desarrollo particularmente vulnerable. Es bien sabido que los grupos terroristas buscan adeptos entre jóvenes que se hallan en una edad impresionable y que determinados contextos de socialización favorecen el aprendizaje de la violencia. Por tanto, la educación emerge como un arma vital en la batalla por la paz.

Así podría desprenderse de las palabras de Anjeles Iztueta, consejera de Educación del Gobierno vasco, recogidas en un artículo publicado hace unos días en este periódico. Aunque en él la consejera no aludía a la violencia terrorista, del mismo se podían extraer conclusiones para solucionar el problema capital del pueblo vasco. En opinión de Iztueta, «en la sociedad del conocimiento, la educación no será monopolio de las escuelas, será un aprendizaje continuo y abarcará toda la vida». Añadía que «aprendemos el 20% de lo que escuchamos, el 40% de lo que escuchamos y vemos y el 70% de lo que escuchamos, vemos y hacemos nosotros mismos», de ahí que indicara que la educación debe evitar «contradicciones entre lo que decimos y lo que hacemos».

En contra del modelo que propone Iztueta, y como se ha ilustrado en los párrafos iniciales, hay tremendas contradicciones entre lo que Ibarretxe dice y lo que hace. ¿Qué sentido tiene subordinar la paz a una propuesta política en la que no se abordan métodos que permitan eliminar la causa prioritaria de que la convivencia en la sociedad vasca esté dañada, esto es, la violencia etarra? Es obvio que para el concejal amenazado que vive a la sombra de sus escoltas o para la profesora universitaria que acude a su puesto de trabajo en condiciones similares tan inhumanas, el obstáculo fundamental para la convivencia no radica en la relación entre Euskadi y España, sino en la intimidación de ETA, que altera radicalmente la vida de miles de ciudadanos vascos.

En ese contexto, y teniendo presentes las anteriores palabras de la consejera del Gobierno vasco, se aprecia otra incoherencia en la ausencia de campañas que contribuyan a una educación en contra de la violencia y a favor de la concienciación de jóvenes con el potencial de ser ideológicamente manipulados por ETA. En una sociedad en la que existen campañas contra la violencia de género, la drogadicción, el racismo y los accidentes de tráfico, ¿por qué no se recurre también a métodos de concienciación similares a través de los medios de comunicación públicos, habida cuenta de que, como ha indicado Ibarretxe, «ETA sigue matando y violando el derecho fundamental, el principio sin el cual no hay derecho ninguno, la vida humana»?

Desgraciadamente no se presta excesiva atención a los ámbitos en los que se produce la socialización de determinados jóvenes que eligen la violencia bajo el manto de una ideología nacionalista deslegitimadora del Estado democrático, ni a los mecanismos de aprendizaje social de dichas respuestas violentas. Es éste un terreno sobre el que resulta necesario incidir, de manera que el diseño de iniciativas reales permita dar sentido a la búsqueda de la paz, trascendiendo la ambigüedad de la que se ha dotado a ese término en el discurso nacionalista de lo políticamente correcto, que subraya el pacifismo y el diálogo como pilares básicos de sus acciones sin que se aprecien pasos efectivos en dicha dirección. Difícilmente se puede construir una cultura de la paz sin adoptar un papel activo y firme desde múltiples frentes, entre ellos el educativo, contra el principal agente empeñado en dinamitar ese proyecto, o sea, ETA. Si Ibarretxe asegura, como hizo en Getxo el pasado 17 de enero, que ETA es «el principal enemigo de nuestra identidad», lo incongruente es presentar como alternativa para la paz un programa que ignora dicha premisa.

Si las motivaciones de esos jóvenes inmaduros y vulnerables a la radicalización de ETA no se encuentran en agravios políticos reales, siendo éstos más bien pretextos que revisten los auténticos estímulos que impulsan a determinadas personas a utilizar la violencia, se está confrontando el manido 'conflicto político' de manera errónea, utilizándolo peligrosamente como una mera coartada ideológica. A pesar de lo que tradicionalmente se ha aceptado en ciertos sectores, la motivación de muchos de esos jóvenes utilizados por ETA no emana de circunstancias externas a los propios individuos, como la represión, la imposición o la violencia del Estado. En contra de lo que un determinado discurso nacionalista reproduce, alimentando ideológicamente a ETA, el presente sistema democrático no puede compararse con una dictadura franquista que la mayoría de los actuales activistas etarras jamás conoció. Por ello es normal que la socialización y la educación recibida ejerzan sobre ellos una mayor influencia.

Si es de ahí de donde surgen las raíces de la violencia, parece lógico deducir que los métodos para acabar con ella no deben quedar subordinados a innovaciones del marco jurídico y político, como ansía Ibarretxe. Por tanto, la verdadera búsqueda de la paz obliga a identificar correctamente las causas que la impiden y que se actúe en consecuencia. Es decir, si el lehendakari piensa que «aquí se violan los derechos humanos de manera bárbara y terrible», y que «ETA sigue matando y violando el derecho fundamental, el principio sin el cual no hay derecho ninguno, la vida humana», es consecuente exigirle medidas concretas y eficaces contra el grupo terrorista culpable de tan grave vulneración. Si Ibarretxe entiende que ETA es «el principal enemigo de nuestra identidad», más que una nueva relación entre España y Euskadi lo que se requiere primordialmente es un plan real para eliminar esa amenaza etarra a la que se concede tanta centralidad en ciertos discursos públicos. Quizá así sea posible demostrar un sólido compromiso con la paz que no se reduzca a mera retórica.

Movimientos cívicos
FERNANDO SAVATER/CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo  26 Enero 2003

Siempre he creído que la política es algo demasiado importante para dejarlo exclusivamente en manos de los políticos profesionales. Lo característico de una democracia es que en ella políticos somos todos, no sólo quienes -elegidos por nosotros- nos representan eventualmente durante un período de tiempo. No siempre basta con votar cada cuatro años y pagar los impuestos: a veces hay que dejarse oír, dejarse ver, debatir, comprometerse en un sentido u otro y hasta armar cierto follón. Quizá en la Confederación Helvética o paraísos semejantes el follón tenga poco sentido, pero en situaciones de emergencia, cuando la burocracia se encasquilla, nadie se enfrenta a los desastres o los criminales totalitarios encuentran complicidades institucionales... ¡bienvenido sea! Por todo ello, soy partidario de los movimientos cívicos, de salir a la calle, de discutir siempre que se pueda y de gritar cuando llega el caso. Los que nunca se cansan de decir «y eso ¿para qué sirve?» (o, aún peor: «que lo arreglen los políticos, que para eso les pagamos») antes de haber intentado nada, nunca me tendrán de su lado.

De modo que, claro está, veo con la mayor simpatía a los revoltosos de 'Nunca Máis', que han reaccionado contra la pésima gestión gubernamental de la crisis del 'Prestige'. En cuanto mi amigo Suso de Toro solicitó mi firma para un manifiesto de apoyo, se la envié a vuelta de 'e-mail'. Su movimiento cívico me resulta tanto más fraterno cuanto que, según he visto, tropiezan con similares resistencias e interesadas suspicacias que el nuestro de 'Basta Ya' en Euskadi. ¿Cómo no sentirnos próximos a ellos, los que estamos desde hace años bregando aquí contra el galipote pegajoso y criminógeno del nacionalismo radical? Sobre todo, cuando se nos llevan prodigando desde mucho tiempo atrás las mismas acusaciones y las mismas inquisiciones que ahora padecen ellos. Supongo que un renacido Plutarco podría escribir las biografías paralelas de nuestros movimientos. Y también tendría que consignar, empero, algunas significativas diferencias entre su imagen pública y la nuestra. Veamos, a beneficio de inventario.

Primero, las similitudes. Se ha reprochado a 'Nunca Máis' ser una maniobra política disfrazada de movimiento cívico, al servicio de los intereses del BNG. Lo mismo estamos acostumbrados a oír en 'Basta Ya', aunque cambian nuestros ocultos 'patrocinadores', que pueden ser el PP, el PSOE o ambos a dos. Tanto nuestros amigos gallegos como nosotros estamos demasiado 'politizados' a juicio de algunas almas ostentosamente puras que consideran eso una peligrosa infección, como la sífilis o la hepatitis B. Incluso hay quien nos aconseja que nos quitemos la máscara de ambigüedad y optemos explícitamente por una vocación política, para que ellos se queden tranquilos. Por supuesto, unos y otros 'aumentamos la crispación' (fórmula mágica: se puede establecer un 'hit-parade' del cretinismo político de acuerdo con el número de veces que se emplee). Y luego está la supuesta turbiedad de nuestras finanzas: dicen los calumniadores que 'Nunca Máis' se apodera de los donativos destinados por la gente compasiva para aliviar las pérdidas de los pescadores gallegos y aseguran que nosotros, en 'Basta Ya', estamos financiados por el Ministerio de Interior, cuando no por la CIA. ¡Ay, qué malos somos!

Lo más divertido de todo, si uno tiene suficiente buen humor para apreciarlo, es que los tradicionales acusadores ayer de 'Basta Ya' son los más ardientes defensores hoy de 'Nunca Máis'. Por ejemplo Javier Madrazo, quien antes de nuestra manifestación por el Estatuto y la Constitución en septiembre de 2000 se sintió obligado a prevenir al público de que estaba organizada por el PP, el cual nos fletaba autobuses con derecho a bocadillo como en la época de Franco. Claro que el lema de Madrazo podría ser 'Siempre Máis' o 'Nunca Basta', a elegir. O Iñaki Anasagasti, que denunció valerosamente en una revista mexicana nuestra financiación por el Ministerio de Interior y pidió nuestra supresión para 'normalizar' Euskadi. Ahora dice de los ataques a 'Nunca Máis' que 'McCarthy no lo hubiera hecho mejor' (¡él sabrá!) y acusa al ejecutivo del PP de «poner bajo sospecha a todo aquello que no controla». Cualquiera diría que el Ejecutivo del PNV-EA se comporta de manera diferente... Por no mencionar a Iñaki Gabilondo, incansable abogado ahora del movimiento gallego contra las calumnias que le asedian, pero defensor no menos vehemente de un tal Lapitz cuando éste nos acusó en 'Deia' a Juaristi y a mí de recibir premios de Mayor Oreja y tuvimos la osadía de protestar públicamente ante tales infundios. No sé si nuestros respectivos movimientos son muy sectarios, pero es evidente que en cualquier caso no tenemos el monopolio del sectarismo.

Sin embargo, existen ciertas diferencias que envidiamos un poco a nuestros amigos de 'Nunca Máis'. Para empezar, la buena disposición que han encontrado para apoyarles en artistas y personalidades oficiales de la izquierda. Celebramos esa justificada adhesión, pero no deja de contrastar con tantas reticencias y prudentes renuncias con las que nosotros hemos tropezado entre la misma gente. Cuando de las víctimas del chapapote se trata, nadie pregunta por su color político ni esgrime 'contenciosos' justificatorios ni les reprocha falta de 'diálogo' con los culpables de la marea negra. Todo el mundo -hasta los célebres cocineros, mejillón en ristre- se apunta sin recelo al progresismo indudable y humanista de la reivindicación. Hombre, no vamos a quitarle importancia a los daños provocados por el 'Prestige', pero tampoco los asesinatos y la ideología que los justifica o excusa son cosa de menor cuantía. Y también aquí estamos denunciando la inhibición culpable del poder en ejercicio, no menos longevo y caciquil aunque no sea del PP. Con ciertos peligros añadidos por cierto a dicha denuncia, que no me parece que haga falta detallar. No quiero suponer que tales peligros influyan para nada en la renuencia de algunos a manifestarse públicamente a nuestro favor, aunque ya es sabido que parte de cierta mentalidad progresista consiste en saber quedar siempre bien y además en todas las ocasiones estar seguro de salir con bien.

Pero, en fin, a mi viejo corazoncito ácrata lo que más le duele es que 'Nunca Máis' haya merecido que Fraga califique su propósito de 'anarquista y libertario'. ¡Los de 'Basta Ya' nunca hemos recibido tan alto elogio! Nada, pues algunos seguiremos intentándolo.

El bilingüe Savater
Nota del Editor 26 Enero 2003

Savater, una de dos, o anda muy despistado y le han metido un gol o es un galaico bilingüe al que no le importa que le hablen en gallego o en el idioma común español. Ir detrás de una parcarta que no utiliza el idioma común español implica incompetencia, dejadez, o plena concordancia con su sentido excluyente.

Ya desde el plano formal, reclamar la utopía de que no se produzcan accidentes, es de al menos ingenuos despistados; lo que hay que hacer es tomar medidas para que haya cada vez menos y que si ocurren, los daños sean los mínimos posibles.

Los constitucionalistas se unen para exigir a Ibarretxe su derecho a vivir en libertad
J. J. SALDAÑA ABC 26 Enero 2003

BILBAO. Con la ausencia del lendakari, Juan José Ibarretxe, ¡Basta ya! festejó ayer los 25 años de la Constitución al grito de «libertad» frente al nacionalismo obligatorio y «basta ya» frente al terrorismo. El ministro de Justicia, José María Michavila, presente en el acto al igual que el titular de Interior, Ángel Acebes, describió esta fiesta constitucionalista como «la rebelión pública frente al terror». Víctimas, intelectuales y políticos reivindicaron al lendakari el cumplimiento de los derechos constitucionales para todos, no sólo para los nacionalistas.

En el mismo escenario en el que Juan José Ibarretxe presentó su plan de ruptura del marco constitucional en pos de un pacto soberanista, cerca de cinco mil personas se reunieron en el pabellón de La Casilla en Bilbao para homenajear a la Carta Magna como «la única propuesta útil para la paz, la convivencia y la libertad».

El acto estuvo lleno de emotividad ante los testimonios y las denuncias de las víctimas de ETA, que reclamaron «memoria, verdad y justicia». Los organizadores de esta convocatoria lúdico-festiva la calificaron de éxito ante el miedo que atenaza y cercena la libertad de los no nacionalistas.

Bajo el lema «Libertad obligatoria. Viva la Constitución», el acto estuvo conducido por la escritora Elvira Lindo y el periodista José María Calleja, que fueron dando paso a los más de quince oradores. Uno a uno, fueron repasando los artículos de la Carta Magna que según ¡Basta ya! no están vigentes en el País Vasco para los no nacionalistas, como los que aluden al derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, a vivir donde uno quiere y a la libertad de expresión. Así, Gregorio Peces-Barba y Gabriel Cisneros hablaron del concepto de ciudadanía; José Ramón Recalde, del derecho a la vida; las víctimas de la barbarie Pilar Elías y Francisco Mendiluce, de la falta de libertad; el periodista Santiago González y el párroco de Maruri, Jaime Larrañaga, de la ausencia de libertad de expresión, y los profesores Gotzone Mora y José Luis Clemente, de la ausencia de la libertad de cátedra.

Los mayores aplausos los arrebató el filósofo Fernando Savater, que cerró el acto. Savater, que apeló a la unidad de los constitucionalistas para ganar la batalla al nacionalismo, destacó que lo más importante de la Constitución es su valor para «la convivencia y la paz». Asimismo, afirmó que dicho texto es un pacto no excluyente y «no un tren que vaya a luchar contra ningún nacionalista, como sostiene el PNV».

«No nos echarán»
De las intervenciones destacaron los testimonios de víctimas de ETA, como el de la concejal guipuzcoana Pilar Elías o el de Francisco Mendiluce, hermano del «ertzaina» asesinado por Mikel Otegi, en la actualidad huido. Ambos denunciaron la mezquindad del nacionalismo hacia las víctimas y, por el contrario, su «comprensión» hacia ETA y Batasuna. Elías reprochó al nacionalismo el que acuse a las víctimas de «ser los causantes de la situación» por no marcharse, no desistir o no callarse, y aseguró que a ella no conseguirán echarla.

A lo largo del acto, Gregorio Peces-Barba recordó que «antes de la Constitución no había nada», mientras que Gabriel Cisneros, también ponente de la Carta Magna, recordó cómo Bilbao siempre ha sido «auténtica ciudadela de la libertad frente al terrorismo» y denunció cómo en el País Vasco «no sólo se coartan, sino que se niegan los derechos humanos».

Los asistentes, que también aplaudieron la intervención del ex consejero y superviviente de un atentado de ETA José Ramón Recalde, que defendió el derecho a la vida para todos, incluso para los que no lo respetan, agradecieron de manera especial las intervenciones del ex nacionalista y, en la actualidad, candidato independiente en las listas del PSE Emilio Guevara, y del actual militante nacionalista Kosme Luzarraga. Ambos, al igual que Savater, no votaron a favor de la Constitución, pero ahora afirmaron defenderla como instrumento para la paz y la convivencia. Kosme Luzarraga mostró su dolor y vergüenza porque, veinticinco años después de aprobarse la Carta Magna, el pueblo vasco tenga que seguir reclamando «askatasuna» («libertad»).

«La propuesta más dialogada»
El acto a favor del actual marco jurídico-político transcurrió con normalidad y, como es habitual, entre fuertes medidas de seguridad al congregarse representantes de partidos y colectivos no nacionalistas, entre ellos los de víctimas del terrorismo. ¡Basta ya! hizo público, con motivo de este homenaje a la Constitución, un manifiesto en el que se proclama la voluntad del pueblo español de «garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución» y «consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular».

El periodista José María Calleja, que defendió la Carta Magna como «la mejor solución política para acabar con el terrorismo y la propuesta más dialogada que hay encima de la mesa», dio por concluido el acto invitando a todos a acudir hoy a la localidad vizcaína de Maruri en apoyo a su párroco, Jaime Larrañaga.

A lo largo de todas las intervenciones fueron constantes los aplausos y los gritos reclamando «libertad» y «basta ya». Voces aisladas del público también se preguntaron «dónde está Ibarretxe».

Implícate y planifica
LUIS SANTISO RODRÍGUEZ/SECRETARIO GENERAL DE FETE-UGT EUSKADI El Correo 26 Enero 2003

En el artículo 'Implícame y lo entenderé', publicado en EL CORREO, la consejera de Educación del Gobierno vasco, Anjeles Iztueta, realiza una serie de reflexiones y consideraciones sobre la educación en nuestro país en el marco de la construcción europea. Reflexiones y consideraciones -algunas compartidas, las pedagógicas- que, sin embargo, responden a un pensamiento global que ofrece una visión teórica e ideologizada de la realidad actual y, por tanto, distante de la verdadera problemática de la educación en nuestro país. Y la máxima responsable de la educación en nuestro país es... Anjeles Iztueta, consejera de Educación del Gobierno vasco, que, sin embargo, día a día, nos sorprende con actuaciones alejadas de la equidad y el interés general. Éste es el caso, por ejemplo, de la normativa de escolarización de 0-3 años radicalmente favorecedora de la red privada de enseñanza y perjudicial para la red pública, sin precedentes en el conjunto del Estado, o de la creación artificial de conflictos en la Universidad Pública del País Vasco, no se sabe con qué oscuras intenciones.

La Federación de Enseñanza de UGT, fiel al principio de 'pensar globalmente y actuar localmente', anima a la consejera de Educación a descender al terreno de lo práctico y realizar un diagnóstico certero de los problemas educativos y una planificación rigurosa para solucionar o paliar al máximo las deficiencias y carencias del sistema educativo vasco.

Con este afán, en su día, FETE-UGT elaboró el documento 'País Vasco: plan de Calidad Educativa', que puso en manos de esa Administración educativa con la esperanza - tal vez ingenuidad- de que un día se pusiera en práctica - total, parcial o matizadamente- o al menos se sometiera a debate y sirviera, al fin, para introducir mejoras en el proceso educativo y sus resultados.

Y si la Administración realizara un diagnóstico previo de la realidad educativa tal vez podría coincidir en lo esencial con el establecido por FETE-UGT y que, entre otras notas, se caracteriza:

En el plano pedagógico, por las dificultades reales para responder adecuadamente a la diversidad de necesidades educativas, las altas tasas de fracaso escolar en la ESO, la presencia de minorías étnicas y alumnado de otras nacionalidades, así como grupos en situación de desventaja socio-cultural en la enseñanza pública no universitaria de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Todo ello, necesitado de nuevas medidas organizativas y del apoyo - que no se produce- al profesorado por parte de la Administración y de estrategias educativas de atención a la diversidad y de educación compensadora que faciliten el cumplimiento del principio de igualdad de oportunidades en nuestro sistema educativo.

En el plano de los modelos lingüísticos y gestión de recursos humanos, es manifiesto el inducido arrinconamiento del modelo A (enseñanza en castellano), por la injusta política 'modelo A in the getto'. También es fácil constatar la presión excesiva y estéril en la necesidad de acreditación de la capacitación lingüística en euskera al profesorado, los desajustes en las plantillas y las tensiones que se producen por esta razón, al tiempo que provocan un éxodo continuo e ininterrumpido del profesorado a otras comunidades. Igualmente, si bien estamos de acuerdo en la necesidad de realizar «una magnífica formación de los recursos humanos», sorprende que la Administración educativa vasca es la única del Estado que no contempla lo que FETE-UGT reivindica para la totalidad del profesorado, los 'complementos ligados a la formación'.

Sobre este diagnóstico es preciso planificar el conjunto de medidas -dialogadas, negociadas y consensuadas- que aporten soluciones certeras que si en el plano de la gestión de recursos humanos deben ser, entre otras, eliminar las injusticias y los excesos e incentivar la formación, en el plano organizativo y pedagógico abarcarán un compendio de medidas que faciliten la educación para la diversidad, la educación compensadora y el interculturalismo, tales como: mejorar la plantilla de profesorado y de otros recursos humanos para facilitar la atención del alumnado de compensación educativa; promover al formación del profesorado sobre atención a la diversidad, necesidades educativas especiales, orientación y tutoría, e interculturalismo; mejora de las 'ratios' profesor-alumno para este tipo de centros y dotación de profesionales para el refuerzo educativo y psicopedagógico; realización de cursos específicos para el aprendizaje de las lenguas cooficiales de la CAPV para el alumnado inmigrante de otras nacionalidades y sus familias; mejora de los servicios a la comunidad escolar -con la dotación de los profesionales precisos- de los centros educativos, más allá del horario lectivo, con aulas para el trabajo personal del alumno y estudio asistido (los alumnos podrían estudiar y hacer sus 'deberes' en las mejores condiciones ), biblioteca, aula de informática...; escuela de padres.

Porque todo esto es necesario, en el mejor de los sentidos, reiteramos aquí nuestro llamamiento a la consejera de Educación. Implícate y planifica.

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