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Recortes de Prensa     Martes 28 Enero  2003
La historia de Montero y las aulas de ETA
JSM Libertad Digital  28 Enero 2003

Diccionario nacionalista
Iñaki Ezkerra La Razón 28 Enero 2003

No hay misas
ALFONSO USSÍA ABC 28 Enero 2003

Seleccionar a los amigos
(? Santiago González ?) El Correo  28 Enero 2003

Txibatos
Cartas al Directos El Correo 28 Enero 2003

Las «Comunidades históricas» de España
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA ABC 28 Enero 2003

La historia de Montero y las aulas de ETA
JSM Libertad Digital  28 Enero 2003

El 2 de marzo de 2000, Manuel Montero, catedrático de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, era elegido en el Aula Magna del Campus de Lejona, rector de la Universidad del País Vasco por dos votos de diferencia respecto al otro candidato, Juan Ignacio Pérez. Hasta entonces, era decano de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV. En tres años, Montero se ha convertido en uno de los síntomas más claros de la enfermedad que padece la sociedad vasca.

 En su toma de posesión, Montero pronunció un discurso que cobra relevancia tres años después. El catedrático insistió en su apuesta por "una universidad plural, abierta y llena de vitalidad" en la que "todos tengan cabida", por lo que se comprometió a ser representante de "todos los sectores que la forman". Lugares comunes si no fuera porque entre esos “sectores”, el rector ha incluido de forma explícita a ETA.

El 16 de octubre de 2000, siete meses después de su toma de posesión, Manuel Montero hablaba en la presentación de una ampliación del Campus. Los periodistas le preguntaron por el éxodo de profesores. Y si le hacían esa pregunta era porque, por ejemplo, el profesor Mikel Azurmendi, harto de ver pintadas amenazantes en la puerta de su despacho decidió marcharse a Estados Unidos. La misma impotencia y el mismo destino le esperaban a Txema Portillo, profesor de Historia Contemporánea. Y entonces Montero contestó a los periodistas que Portillo y Azurmendi no eran los únicos, “otros docentes han experimentado coacciones”. Eso sí “no puede deducirse que toda la UPV viva una situación de acoso generalizado y mucho menos que esté sucumbiendo al embate de la coacción”. Montero tenía razón, la coacción sólo la sufrían los no nacionalistas y eso, en la UPV, no es generalizado.

EL MIEDO. Pero no se trata sólo de acoso sino de terrorismo. El 23 de mayo de 2001, se supo que la revista estudiantil editada por el sindicato “Ikasle Abertzaleak” publicaba con detalle fotos y nombres de vigilantes de seguridad –necesarios en las aulas cuando se trata del País Vasco– con objeto de que ETA los eliminara. El 15 de febrero de ese mismo año la banda intentó hacerlo colocando una bomba bajo el coche de un vigilante. El joven condujo durante una hora con la muerte adosada bajo su asiento. No explotó, pero fue por un fallo eléctrico. En diciembre de 2000, el objetivo de otra bomba, colocada en un ascensor, era la profesora Edurne Uriarte. La reacción de Montero por estas fechas se limitó a firmar una declaración en una reunión con rectores de la CRUE. Lo más destacado de aquella reunión fue oír a un Manuel Montero con lágrimas en los ojos reconociendo algo: “Lo confieso, como rector de la UPV, tengo miedo”. Y continuaba, “...miedo a que, hartos de soportar coacciones, nos callemos. Miedo a que esto sea la antesala del fin de la democracia...”.

EL AVISO. Pocos días antes de ese revelador 15 de febrero de 2001 se produciría un hecho que, tal vez, fue clave para condicionar del todo la gestión de Montero como rector de la Universidad pública del País Vasco. Fueron unas palabras del conocido dirigente proetarra de la Mesa de HB, Carmelo Landa: llamó a movilizarse “de forma democrática y pacífica pero muy firme ante el desembarco reaccionario de rectores”. Todo un aviso que, dada su procedencia, debió convencer a Montero en adelante. Lo demostró en el fatídico febrero de 2002 capitaneando toda una campaña de acoso a la profesora Edurne Uriarte y a su tesis doctoral. Al otro lado estaba Francisco Letamendia, “Ortzi”, radical candidato que por poco le arrebata la cátedra.

EL GIRO. Treinta y ocho profesores de la UPV denunciaron públicamente el favoritismo de Montero y la Universidad en el caso Uriarte: “quienes viven amenazando disfrutan de todas las ventajas académicas y pueden ocupar los puestos que la violencia deja vacantes”. Revelaban los profesores la existencia de una trama mafiosa, de un terrorismo nítido que, por estar alojado en la Universidad, “no se persigue como se debe”. En suma “organizadores del terrorismo” dentro de las aulas. Pero Montero quiso zanjar la crisis de febrero como un “linchamiento mediático” contra su persona. Dijo que la prensa le hizo pasar “de héroe a villano” en una acertada comparación. La síntesis del rector era que , existiendo amenazas, éstas no implican que haya presión generalizada. Ni él mismo se creía sus palabras pero aquellas amenazas de Carmelo Landa sí que ejercían la presión adecuada hacia él.

Cuando se resolvió la cátedra de Historia a favor de Edurne Uriarte –la tesis de Letamendía era poco menos que un cuento nacionalista– Montero volvió a pasearse por la cuerda floja: reconocía presiones “altamente desagradables e incluso amenazas” pero deducía que “no cuestionaron el procedimiento”. Miembros de la Universidad y del tribunal que estudió el caso Uriarte, en concreto Joaquim Molins, reconocieron haber recibido amenazas. “Ortzi”, sin ir más lejos, dedicó algunas frases a Francisco Llera (el coordinador del Euskobarómetro) como aquél “...hueles a asturiano”.

Y EL ATAQUE. Montero dijo que se había fomentado “una histeria política y mediática en la opinión pública sobre lo que ocurre en el País Vasco”. Después de defender su actuación contra viento y marea cerró su análisis con una reflexión que choca con su trayectoria: “...si una decisión mía estuviese condicionada por el miedo, abandonaría”. ¿Por qué no lo hizo entonces cuando, entre lágrimas, reconoció que tenía miedo?

En el acto de apertura del Curso 2002-2003, Montero reclamaba “con la mayor urgencia la Ley Vasca de Universidades” ante los “riesgos que entraña la LOU para el desarrollo de la enseñanza superior en euskara”. Sus nuevos modos para defender que no hay problema en que el etarra Joseba Mikel Garmendia, experto en lavar dinero de ETA en las herriko tabernas, imparta clases de Economía Aplicada, son un salto cualitativo en su giro radical. Ahora, entre insultos a la clase política y al Gobierno, admite que él prometió defender la Constitución “no a los constitucionalistas”.

Diccionario nacionalista
Iñaki Ezkerra La Razón 28 Enero 2003

Ana Sagasti: Señora del PNV que no se corta un pelo. (Palabra tomada por Juaristi de este indispensable diccionario).
Avispo: Obispo vasco cuya picadura puede ser mortal.
Batasanos: Médico abertzale e incompetente.
Boinamita: Nacionalista de ojos achinados. Ejemplo práctico: Juan José Ibarretxe.
Borriko taberna: Universidad abertzale. (Ejemplo: la UPV).
Burrukide: Dirigente del PNV con las orejas muy grandes.
Dar la muga: Viene de muga (frontera). Dar el coñazo con la independencia.
Coger la Setién por el mango: Sueño erótico de Madrazo.
Enmaketador: Persona del PNV que habla todo el día de maketos y decide a quién hay que echar del País Vasco.

Enmoketador: Enmaketador un poco guarro que se hurga todo el día en las narices.
Gibar: Chepa de persona nacionalista que simpatiza con las ideas de Egibar.
Herri Pote: Forma de potear en las herriko tabernas.
Hociko taberna: Perfumería abertzale.
Ignacionalista: Nacionalista miembro de la orden fundada por Ignacio de Loyola.
Indiana Jone: Nombre artístico de Jone Goiricelaia.
Injuriaguerra: Nacionalista que no reconoce la rendición de Santoña, y la traición de Ajuriaguerra a la República.
Jonás Fernández: Miembro de Elkarri metido en una ballena.

Kalendari: El que se atreve a decirle a Ibarretxe en qué día y en qué siglo vivimos, cosa que éste olvida inmediatamente.
Lindakara: Esposa del lehendakari recién maquillada.
Nacionanista: Muchacho de EGI (juventudes del PNV) que se mata a pajas.
Madrazo: hembra del padraza.
Medrazo: hembra del padraza que para medrar aprovecha su irresistible atractivo físico.
Nacionalisto: Escasísimo ejemplar del PNV, EA o Batasuna que tiene casi dos dedos de frente.
Ocurrentzia: Pensamiento filosófico de Begoña Errazti, tenga o no tenga que ver nada con la «independentzia».
Plan Ardanza: Planazo de fin de semana poco sugerente.

Ponerse en plan Ibarretxe: Viajar por el mundo explicando el libre estado asociado sin traductores.
Sertién: Tipo de obispo vasco que es muy cocinillas.
Sostién: Lencería de obispo vasco.
Tardanza: Rigurosa costumbre tradicional de llegar media hora tarde cuando se queda en Euskadi con el ex lehendakari Ardanza.
Urinarte: Modo particular de hacer sus necesidades el obispo Uriarte.

No hay misas
Por ALFONSO USSÍA ABC 28 Enero 2003

SU insignificancia física la suplía con una mirada brillante y taladradora. Compartía una cena en el bellísimo palacio de la embajada de España ante la Santa Sede con Don Juan de Borbón. El pequeño, pero grande monseñor Casaroli, secretario de Estado del Vaticano, le revelaba a Don Juan las muchas virtudes del Papa Juan Pablo II. En un momento, con ironía y humor, soltó de sopetón: «Pero es muy peligroso»; que el secretario de Estado del Vaticano afirme que el Papa es muy peligroso llama, como poco, la atención. Don Juan le preguntó por el alcance de su peligro. «Es muy peligroso porque cree absolutamente en Dios». Las carcajadas sobrevolaron como estorninos la plaza de España en Roma.

Esa sensación de estar ante una persona que cree «absolutamente en Dios» y que en tantas ocasiones había experimentado monseñor Casaroli, en nada se parece a la sufrida por Consuelo Ordóñez cuando acudió a visitar al obispo furriel de San Sebastián -el que manda es el emérito-, Juan María Uriarte. Deshabitada de alma por las repetidas negativas de sacerdotes y párrocos que se negaban a oficiar una misa en el aniversario del asesinato de su hermano, Gregorio Ordóñez, recurrió al señor Obispo. Y el señor Obispo le dijo que no. Que si quería una misa por su hermano, sólo por su hermano, lo intentara fuera de Guipúzcoa. En Guipúzcoa están prohibidas las misas por las víctimas de la ETA.

Con humilde cautela y silencioso respeto, he dejado pasar unos días para comentar este asunto. No se le ha dado excesiva importancia en los medios de comunicación. Llueve sobre mojado y cansa la misma historia. Pero escandaliza como si no se hubiera repetido. Al final, Consuelo Ordóñez reunió en el cementerio de Polloe, junto a la tumba varios veces profanada de su hermano, a un grupo de amigos que creían en Dios para rezar por Gregorio. Entre ellos, algunos sacerdotes también creyentes, entre los que destacaba don Antonio Beristain.

El obispo de San Sebastián no es partidario de las misas personalizadas. Le preocupa molestar a Dios por el alma de un simple feligrés. Más aún, cuando el simple feligrés fue un representante del pueblo asesinado por esos chicos que buscan el diálogo y el Gobierno español se niega a considerar como interlocutores válidos. El obispo de San Sebastián, cuando se ocupaba de la salud espiritual de los zamoranos, creía más en Dios que en la actualidad. Allí sí permitía que en parroquias e iglesias se dijeran misas por zamoranos difuntos. Pero, claro, en San Sebastián es diferente. Sólo si el fallecido es nacionalista, la misa es autorizada por necesaria y correcta.

Tiene aspecto de bonachón y cara de pan. Consulta diariamente los problemas de la diócesis con su antecesor, José María Setién, que tampoco es partidario de rezar por el alma de los muertos por el terrorismo. Lo dejó claro cuando, siendo obispo titular, manifestó en un programa de televisión su nula disposición a oficiar un funeral por un guardia civil. Entre el titular y el emérito, pulula el vicario Pagola, muy simpático y dicharachero en los «batzokis» y las «herriko-tabernas», pero menos abierto en las sacristías. Entre los tres, más que la Iglesia, administran una mafia de pistoleros de la palabra y cómplices con sotana del terrorismo. Y les va muy bien, y en este caso no encaja lo de divinamente. Les va de maravilla diabólicamente.

Lo que diga, apruebe o acuerde la Conferencia Episcopal, a éstos les trae al pairo. Su Dios es nacionalista y no quiere ser molestado por asuntos menores. Un ciudadano constitucionalista muerto es un asunto menor. No hay misas. Las misas para mejores ocasiones. Si yo no fuera católico, me atrevería a escribir que monseñor Uriarte es un granuja. La cosa es que me atrevo a escribirlo. Es un granuja.

Seleccionar a los amigos
(? Santiago González ?) El Correo  28 Enero 2003

Me sigue chocando, lehendakari, la rara estrategia de su partido para buscarse amigos entre lo más descatalogado de la política europea y española: Francesco Cossiga, ese campeón del diálogo que hemos fichado en Italia, al que ETB siempre se refiere, con razón, como ex presidente de Italia, pero que también fue ministro de Interior de su país durante las dramáticas jornadas del secuestro y asesinato de Aldo Moro. No parece que su voluntad negociadora brillara mucho entonces.

No se le recuerda ni un pestañeo ante las cartas patéticas de su correligionario secuestrado. En tono ya más ligero, tenemos a Joe Bossano, Mo Mowland y por ahí. Entre los españoles, les gustan a ustedes mucho el juez Navarro, brillante tertuliano sin prejuicios: le da igual colaborar en la radio pública vasca que en 'Kale Gorria' o Margarita Robles, aquella vicerresponsable de Interior que no creía en las medidas policiales. Así las cosas, ya me extraña menos que tengan ustedes tan mal concepto de los españoles. Tal vez si cambiaran de amigos

En esta línea de servicio, lehendakari, permítanme recomendarle un valor en alza. Ayer oí a Hugo Chávez anunciar a su peña que no se extrañen si en los próximos meses cierra «alguna planta de televisión en Venezuela» y pensé para mí que este hombre era el adecuado para materializar la aspiración de Rubalkaba. Milosevic también tiene necesidad de amigos. Es otra posibilidad.

No puedo entender, sin embargo, que les caiga a ustedes tan mal el cura de Maruri. Usted, que es un meritorio euskaldunberri, comprenderá mi zozobra cuando sus conmilitones de ese hermoso pueblo muestran tan escaso aprovechamiento de las campañas de euskaldunización, con lo que nos han costado. Les pregunta usted cómo se dice «Jaime, kanpora!» y ellos, como un solo hombre, van y dicen: «Maruri-Jatabe, Ongi Etorri». Es que así no hay manera de que luzca la faena.

Me alegro de que los vecinos hayan levantado sus concentraciones. Ese cura, lehendakari, es uno de los tres que llevan escolta en un país en el que se vive tan bien. ¿Cómo influye este dato en el índice de desarrollo humano? Debería explicar a sus votantes de Maruri que el señalamiento es aquí una parte necesaria del ritual del crimen. Así lo entendía la célebre ponencia Txinurriak de KAS al invitar a aumentar la dinámica de denuncia y presión «para que la lucha armada tenga un apoyo sólido».

En el saloon de Tombstone, Arizona, uno de los pueblos más salvajes del salvajísimo 'far west', había un letrero que advertía al personal: «no disparar sobre el pianista». Una tarea pedagógica que podría acometerse aquí es colocar por doquier carteles con el texto: «No se dispara sobre el cura». Empezar por lo más fácil. Después iríamos con el pianista y así, poquito a poco.

'Txibatos'
Fernando Sánchez/Bilbao Cartas al Directos El Correo 28 Enero 2003

Es incalificable la actitud de algunas gentes del nacionalismo; convierten a los adversarios en enemigos y hacen todo lo posible para perjudicarles. Etxebarria, presidente del Consorcio de Aguas, se 'txiba' a Iberdrola de la actitud de un consejero socialista sugiriendo que le despidan de su puesto de trabajo. Recuerdo en EL CORREO del pasado verano la noticia del 'txibato' nacionalista que sopló a un familiar suyo, concejal del PNV de Laguardia, un comentario en el bar de un ertzaina fuera de servicio, para que a su vez lo 'txibara' a Interior y expedientaran al agente. Y eso hicieron. Gorka Knörr espía el dormitorio de Jaime Mayor, y así pudo 'txibarse' el día del pleno de presupuestos que el líder popular no había dormido en casa, para aprobar la ley con tempranidad y alevosía, pero sin vergüenza: el voyerismo elevado a categoría política. Estamos rodeados de soplones, delatores, 'txibatos' y confidentes nacionalistas; unos se dedican a coaccionarte en el 'txoko' o en la cuadrilla, o en todo el pueblo como al cura de Maruri; otros buscan que te despidan o te sancionen en el trabajo, sobre todo en la administración que ellos controlan; algunos obtienen como rédito ganar suciamente votaciones parlamentarias y otros difunden alegremente informaciones que puede llegar a los mal llamados 'comandos informativos' de la banda criminal, con el peligro que todos conocemos.

Las «Comunidades históricas» de España
Por MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA. Presidente del Tribunal Constitucional ABC 28 Enero 2003

LA semana pasada, durante el desayuno organizado por unas entidades amigas, pronuncié unas palabras que han provocado muchas reacciones. Como dije ese mismo día, y ahora me reafirmo, no era esa mi intención, ni mucho menos ofender a nadie. Pero, cogiendo el rábano por las hojas, se extrajo de su contexto general una frase concreta, a la que se ha dado una interpretación que no es acorde con el sentido de mi razonamiento.

Pasados unos días, y de forma sosegada, quiero exponer la cuestión a la que me referí, al margen de anécdotas.

Tenemos en España delante de nuestros ojos, como realidad del conocimiento jurídico-político, una organización territorial compleja. La doctrina la calificó «Estado de las Autonomías» y tal denominación se ha impuesto en el lenguaje político.

Para aproximarnos a esa realidad con pretensiones científicas, contamos con la Constitución de 1978, en cuanto norma fundamental, y con los Estatutos de las diversas Comunidades Autónomas. Forman la Constitución y los Estatutos lo que se ha convenido en llamar «bloque de constitucionalidad», al que se incorporan, para la regulación de ciertos asuntos, importantes leyes infraconstitucionales.

Con estos instrumento de análisis, y por el momento en el nivel puramente constitucional, ¿cuáles son las Comunidades españolas que hacen patente su condición de «históricas»? ¿Cuántas son ellas actualmente?

Hay que advertir que la expresión «Comunidad histórica» no figura en el texto constitucional. No obstante hay referencias expresas a «los derechos históricos de los territorios forales» (Disposición adicional primera) y a «los territorios que en el pasado hubiesen plebiscitado afirmativamente proyectos de Estatuto de autonomía» (Disposición transitoria segunda). Con estos materiales constitucionales se elaboró el concepto «Comunidad histórica», que fue aplicado pacíficamente a las tres mencionadas en la transitoria segunda, es decir País Vasco, Cataluña y Galicia.

El referéndum del pueblo andaluz, del 28 de febrero de 1981, alteró el esquema inicial. Ya no serían tres Comunidades, sino cuatro, las que se colocarían en la cabeza de la lista. Y en una sesión del Parlamento de Andalucía, celebrada los días 13 y 14 de abril de 1983, se aprueba un Preámbulo para el Estatuto, con afirmaciones rotundas sobre la identidad histórica del pueblo andaluz.

Pero la autocalificación de «histórica», por parte de varias Comunidades, tendrá lugar en la década de los noventa. Veamos:

- El Principado de Asturias, mediante la Ley Orgánica 1/1999, es presentado por el art. 1.2 del Estatuto como «Comunidad histórica constituida en el ejercicio del derecho al autogobierno».

- Cantabria es una «comunidad histórica perfectamente definida» (Preámbulo del Estatuto añadido por la Ley Orgánica 11/1998).

- La Rioja se constituye en Comunidad Autónoma «como expresión de su identidad histórica» (art. 1.1 del Estatuto modificado por la Ley Orgánica 2/1999).

- La Región de Murcia, según el Preámbulo de su Estatuto (última versión Ley Orgánica 1/1998), es una «entidad histórica perfectamente definida dentro de España».

- El pueblo valenciano, «históricamente organizado como Reino de Valencia, se constituye en Comunidad Autónoma, dentro de la indisoluble unidad de la nación española, como expresión de su identidad histórica ...» (art. 1.1 del Estatuto).

- Aragón, «en expresión de su unidad e identidad históricas como nacionalidad» (art. 1.1 del Estatuto, modificado por la Ley Orgánica 5/1996).

- El Estatuto de autonomía de Castilla y León comienza con las siguientes palabras: «Los antiguos reinos de Castilla y León han mantenido a lo largo de los siglos una identidad histórica y cultural claramente definida dentro de la plural unidad de España».

Hasta aquí los componentes del bloque de constitucionalidad con el que hemos de responder a los preguntas relativas a las «Comunidades históricas» existentes en España. No son tres, ni cuatro, sino bastantes más, los pueblos que estatutariamente se incluyen en el grupo de las «Comunidades históricas». Las caracterizaciones que se utilizaron en el inicio de la Transición, y que políticamente dieron buenos frutos, han sido desdibujados a lo largo de los procesos de descentralización y autogobierno. El mapa de las autonomías es ahora distinto del que, en el momento constituyente, se diseñó.

Pero no existen fronteras entre las Comunidades de España, ni ahora ni en el pasado histórico. Esta es la grandeza de la pluralidad de España. Las sucesivas migraciones de una Comunidad a otra hacen imposible el retrato fijo de personas y familias. Nadie puede apropiarse de un tesoro cambiante. Como se afirmó en la Constitución de Cádiz «la Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona». Lo que se predica del todo es válido para cada una de sus partes: Comunidades, nacionalidades y regiones.

Esta Nación plural, que es España, alcanzó una adecuada formalización jurídico-política en el texto de 1978, reconociendo y garantizando, en su artículo 2, «el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». Como se escribió cabalmente en el editorial de ABC «España y la historia», del día 23, «lo cierto es que la forma territorial de nuestro Estado permite una pluralidad de situaciones jurídicas y fácticas, que responden con acierto a los singulares modos de encaje en la realidad nacional común: hay niveles competenciales distintos; regímenes forales y económicos peculiares; ritmos diferentes para la vida política propia de cada Comunidad Autónoma. Pero por encima de todo ello se sitúa el principio de igualdad ante la Ley: más que un principio jurídico, es ya una conquista de la civilización».

La lectura de los Estatutos de Autonomía, con sus últimas revisiones, resulta obligada para dar una respuesta adecuada y actual al concepto de «Comunidades históricas». Todos esos textos del bloque de constitucionalidad son merecedores de respeto. El primer párrafo de la Ley Orgánica 13/1982, de 10 de agosto, de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra estipula: «Navarra se incorporó al proceso histórico de formación de la unidad nacional española manteniendo su condición de Reino, con la que vivió, junto con otros pueblos, la gran empresa de España».

Hace veinte años estas lecturas académicas por las mañanas me levantaban el ánimo. Ahora, distanciado de las aulas universitarias, sigo soñando en solitario.

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