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Recortes de Prensa     Viernes 31 Enero  2003
El PP pierde el norte en Cataluña
EDITORIAL Libertad Digital 31 Enero 2003

Prudencia política
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 31 Enero 2003

El Señor de las Boinas
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  31 Enero 2003

Marujona
ALFONSO USSÍA ABC 31 Enero 2003

El sastrecillo valiente
Amando De Miguel La Razón  31 Enero 2003

La crisis entre CiU y el PP
Francisco Marhuenda La Razón   31 Enero 2003

La Sociedad de Estudios Navarros denuncia un “permanente acoso” del Gobierno vasco a su comunidad
EFE Libertad Digital  31 Enero 2003

Cargos y militantes del PNV están detrás de las protestas en Maruri contra el párroco
D. Mazón - Madrid.- La Razón 31 Enero 2003
 

El PP pierde el norte en Cataluña
EDITORIAL Libertad Digital 31 Enero 2003

Aun a pesar de los éxitos en la lucha contra el terrorismo y de la inequívoca voluntad de defender las libertades constitucionales frente a los ataques del nacionalismo vasco, el PP, y especialmente José María Aznar, no ha superado aún el complejo de inferioridad de la derecha frente a los nacionalismos disgregadores. Si bien es cierto que por fin en el PP –siguiendo las tesis de Mayor Oreja– se identifica al nacionalismo vasco como la causa última del terrorismo y de la falta efectiva de libertades en el País Vasco, no es menos cierto que Aznar y los populares aún siguen abonados a la falaz distinción entre “nacionalismo malo”, el del PNV-EA y Batasuna; y “nacionalismo bueno”, el de CiU.

No cabe duda, afortunadamente, de que el racismo no forma parte de los planteamientos básicos del nacionalismo catalán y de que, salvo en los primeros años de la transición con Terra Lliure, su sector más extremista (ERC), al contrario que sus homólogos de Batasuna, no ha recurrido al asesinato o al chantaje como “armas políticas”. Sin embargo, dejando a un lado este importantísimo aspecto, es evidente que nacionalistas vascos y catalanes comparten los mismos fines: una Vasconia y una Cataluña segregadas de España, donde serían reprimidas y marginadas –cuando no castigadas, como pretende Antic en Baleares con la rotulación de los comercios en castellano– cualesquiera manifestaciones, políticas o culturales de lo español.

La estrategia gradualista de los nacionalistas catalanes, siempre a rebufo de los chantajes de los nacionalistas vascos, apoyando todas sus reivindicaciones y exigencias –Declaración de Barcelona– y apuntalándolos en momentos críticos, como en la explosión de indignación popular que siguió al asesinato de Miguel Ángel Blanco, les permitido ganar casi tanto terreno como los vascos, evitando al mismo tiempo una gran parte de su descrédito e impopularidad en el resto de España. Hasta tal punto que, en aspectos clave como la educación y la lengua oficial, los nacionalistas catalanes han conseguido llegar incluso más lejos que sus homólogos vascos.

Hoy puede decirse sin miedo a exagerar que el castellano, la lengua oficial de España, esta proscrita de facto en Cataluña gracias a la Ley de Normalización Lingüística, refrendada por el Tribunal Constitucional en una de sus sentencias más desafortunadas. La enseñanza pública se imparte casi exclusivamente en catalán, y para acceder a puestos de la Administración Central –no digamos ya de la Administración Autonómica– es imprescindible hablarlo y escribirlo correctamente; una exigencia que, por cierto, ha servido para depurar de elementos no nacionalistas la Administración y las universidades.

Por ello, la firmeza de Aznar contra el nacionalismo obligatorio en el País Vasco contrasta agudamente con el laissez faire que practica con CiU. Hasta el extremo de que el PP catalán ha sostenido al gobierno minoritario de Pujol durante toda la legislatura autonómica sin que por ello hayan remitido un ápice las constantes manifestaciones antiespañolas de los miembros y portavoces de CiU, quienes se han unido a los nacionalistas vascos en la cacería contra Jiménez de Parga –uno de los pocos antifranquistas que había en Cataluña antes de la muerte de Franco y que en las elecciones de 1977, con la UCD, obtuvo más votos que CiU– y han propuesto la reforma de la Ley del Tribunal Constitucional para imponer la presencia permanente de representantes nacionalistas en la composición del tribunal.

Sin embargo, Aznar, convencido por Piqué –ex militante del PSUC y ex miembro de la administración pujolista– de que la única forma de ganar a los nacionalistas en Cataluña no es perserverar en la línea de Vidal Quadras –que elevó el techo de apoyo al PP catalán y cuya cabeza pidió Pujol para apoyar al primer gobierno Popular– sino, precisamente, defender las tesis nacionalistas, nombró al actual ministro de Ciencia y Tecnología presidente del PP catalán, candidato a la Generalidad y presidente de la FAES catalana, que por aquello del “hecho diferencial” se denominará “Cataluña Siglo XXI”. Y para demostrar que el PP y la FAES de Cataluña no cometerán el terrible pecado de defender posiciones “españolistas”, Piqué se ha apresurado a apoyar el manifiesto del “Fòrum Cívic per una Constitució Europea” en demanda de la oficialización de la lengua catalana en la UE·y de “un reconocimiento institucional de las regiones o nacionalidades históricas”.

La presencia de Piqué en el Gobierno y en el PP catalán es uno de los enigmas más indescifrables del cuaderno azul de Aznar, y sólo puede entenderse desde ese complejo subliminal de la derecha ante la izquierda y los nacionalismos. Piqué es el interlocutor oficioso entre Polanco y Aznar y el pagador de los favores del Gobierno al imperio de Prisa, como el monopolio mediático o el asunto de Iberbanda, futura concesionaria de la telefonía rural donde Polanco incrementó el pasado miércoles su participación en el momento en que el ministro anunciaba su decisión con dos semanas de retraso. Y Piqué es el encargado de demostrar a los catalanes que el PP, con tal de llegar al poder, puede ser tan nacionalista o más que CiU.

Aunque habría que preguntarle a Aznar si permitiría que Carlos Iturgáiz o que Mayor Oreja hicieran una profesión de fe nacionalista tan descarada como la de Piqué. El PP del País Vasco no ha necesitado mostrar el flanco nacionalista para ir incrementando paulatinamente su caudal de votos. Tampoco lo necesitaba el PP catalán, que con Piqué corre el riesgo de perder los votos no nacionalistas sin que por ello llegue a sumar ni uno sólo del CiU o del PSOE. Quizá Aznar debiera preguntarse si Piqué no es un submarino de Pujol al servicio de la causa nacionalista y de la eliminación del PP catalán; y, al mismo tiempo, reflexionar sobre si merece la pena ganar el poder para realizar la política del adversario. Siempre y cuando, claro está, las ideas y el programa importen más que el poder en sí.

Prudencia política
Por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS, de la Real Academia Española ABC 31 Enero 2003

UN ciclo de conferencias sobre los grandes creadores de la Literatura griega clásica que estoy dando en Madrid me ha hecho hablar de democracia, aristocracia, lucha por el poder en la antigua Atenas -y reflexionar, de rebote, sobre nuestro hoy. Inversamente, un momento histórico tan decisivo como fue el de la España de los sesenta está en el fondo, pienso, de mi libro de 1966 Ilustración y Política en la Grecia Clásica (o La Democracia ateniense, que es el título con que ha venido reeditándose). Unas reflexiones llevan a otras: yo al menos soy incapaz de separar. Y, después de las esperanzas de nuestra transición, veo un panorama poco alentador. Demasiadas tensiones.

Volveré sobre ello. El caso es que en la transición las más duras esencias del franquismo se evaporaron, las más duras aristas de la izquierda se suavizaron, se plegaron todos a lo que era posible. Quizá unos y otros reflexionaron sobre errores del pasado que habrían debido evitar (y evitar la guerra civil).

Por supuesto, este es un mundo a mil leguas del de los años treinta, pero parece como si la necesaria concordia -unión de corazones- se fuera debilitando. La democracia, en Atenas y en nuestro mundo, consiste en un debate con reglas comunes y límites comunes, dentro del ámbito de toda una nación. Y en una primacía del voto.

Habrá elecciones, quizá demasiadas (municipales, autonómicas, generales, europeas), y ganarán quienes tengan que ganar. Pero antes y después de ellas, los enfrentamientos son, para mí, excesivos. Ya cuando la oposición al PSOE. Y ahora.

Parece que el ganar democráticamente la mayoría no es suficiente para ejercer el poder. Cualquier cosa importante, política en el fondo y en la superficie, se le escapa al Gobierno: va a los tribunales, que son casi Dios (nada de esto en Atenas). A cualquier cosa que les roza o dicen que les roza, ya están los sindicatos armando bulla en la calle: la movida contra los votos. Hay que hacerse perdonar por ellos. Cualquier desgracia nacional la aprovechan las oposiciones nacionalista o socialista para atacar al Gobierno y tratar de llevar agua a su molino a base de montar o tratar de montar números diversos. Fea cosa: los americanos nos dieron una lección el 11 de Septiembre. Estuvieron unidos como una piña.

¿Y qué decir de las Autonomías, de algunas Autonomías (impensables en Atenas, que también era un estado que subsumió a varios estados)? Tienen una sensibilidad exasperada y exasperante, nadie se atreve a rozar ni de lejos sus atribuciones (o las que se arrogan).

Por ejemplo, en Cataluña se habría podido llegar a un acuerdo razonable en la cuestión de la lengua: pues no, hay que tragarse sus «normalizaciones» y mirar a otra parte. En Educación fueron mucho más allá de la LOGSE y el fracaso ha sido mayor que el general de España, ya es decir. Los profesores catalanes me lo dicen. Pues no rectifican. Y eso que Pujol ha hecho cosas excelentes: pero hay tabús intocables.

¿Y qué decir del País Vasco y los pinitos (más que pinitos) separatistas del PNV? De momento, van colando, alguien tendrá algún día que pararlos. Dejo esta vez el tema del cerco a la lengua española.

Y a veces varios de estos factores se acumulan: surgen extraños o no tan extraños compañeros de cama. Las elecciones, aunque den mayorías, incluso absolutas, producen Gobiernos con poder escaso, sometidos a un acoso continuo. ¿Cuándo encuentran tiempo para trabajar? Al poder de la mayoría se prefiere el del consenso: a que los que perdieron consigan, cuanto menos, la mitad de lo que pretendían.

En Atenas se legislaba para todos, de las elecciones salía un poder para todos, la Asamblea decidía los asuntos políticos: los tribunales eran para otra cosa, aunque ocasionalmente se tiñeran de política. Y una unidad administrativa se formaba con tres distritos, cada uno de una de las tres regiones naturales del Ática: como, si dijéramos, sumaba Lugo, Almería y Gerona. Sin duda exageraban, pero también exageramos nosotros. Y los acuerdos se hacían en el centro: Pericles tuvo que moderarse para poder encabezar una política nacional. Y era la Asamblea y no la calle la que decidía.

Por supuesto, es verdad, allí llegó un momento, en un clima de guerra, en que los partidos se perdieron el respeto, las armas sustituyeron a los votos: guerra civil. Aquí no existe esa ruptura (pero existió en los años treinta). Esto permite encarar los hechos con un cierto optimismo: las posiciones se suavizarán, hay que esperarlo, después de todo ahí están la realidad y los intereses comunes. Los mitos y las apetencias no deben imponerse.

Y esperamos todos que no se impongan. Tras unas elecciones habrá que aceptar el resultado. Los más así lo ven. Con todo, si uno lee en los periódicos (o oye o ve) las noticias y su explotación interesada, no puede evitar una impresión: hay demasiada tensión, no responde a la realidad de las verdaderas posiciones de unos y otros.

Lo diría igual si el Gobierno fuera otro: pero es éste. Y sucede que cualquier medida que toma levanta chorros de histeria. Por unas modestas reformas educativas de elemental sentido común, parece como si se hundiera el mundo. Y el «Prestige», que habría sido un buen momento para la unión, ha sido aprovechado, simplemente, para desprestigiar y desprestigiarse. Fuera del Gobierno: a cualquier declaración de alguien que se sale de los tópicos de moda (y dice, por ejemplo, que todos tenemos historia), terribles explosiones.

Y cuando no hay temas se inventan o se sacan a luz los de otros tiempos. Por ejemplo, ¿a qué ese afán, una y otra vez, con cualquier ocasión o porque sí, de reactualizar nuestra guerra civil de mil maneras? Siempre en blanco y negro: los buenos y los malos. La cosa fue más complicada, hubo las desgracias que nos muestran y muchas más. Yo la viví de cerca sin entrar en ella por razón de edad. Y la estudié y escribí lo que pienso en mi Historia de la Democracia. No voy a discutir aquí.

Me indigna esa distorsión, la misma de tantos llamados historiadores que parece como si quisieran ganar ahora aquella guerra. Pero, en fin, el tema está acabado, no prende ya más que en los convencidos, no creo que produzca votos. ¿Por qué no lo dejan ya? España lo ha superado.

En fin, Aznar puede decir lo que quiera: si dice blanco es que es negro, si dice negro es que es blanco («piove, porco governo»). Según las pancartas de «Nunca Mais», la culpa de lo del «Prestige» es del Gobierno. Vaya por Dios. Demasiadas palabras interesadas: que nos dejen juzgar a nosotros mismos.

Todo esto no es serio. Protágoras decía, déjenme volver a mis griegos, que la democracia era posible porque todos los hombres tienen «logos», razón, son capaces de convencerse unos a otros, de aprender, de enseñar. Sobre esto, aquí, viendo el espectáculo, a ratos uno se vuelve escéptico. Claro que en Atenas, al final, fue peor: esa pasión que todo lo distorsiona y sucumbe ante el apetito de poder, es desgracia humana general, no sólo nuestra.

Pero en España se exagera. Estoy convencido de que nadie quiere llegar demasiado lejos, pero parece como si se forzaran los límites, a ver si el otro retrocede. Como en el juego de los adolescentes americanos con los coches. En ese consciente cultivo de la tensión hay quizá más show que realidad. Pero haría falta un poco de paz, de contención, de no sacar las cosas de quicio, ni siquiera buscando un hipotético triunfo.

Un poco de prudencia política sería recomendable. Déjennos vivir, por favor.

El Señor de las Boinas
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  31 Enero 2003

A finales de este año se cumple el centenario de la muerte de Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco y del partido que lo encarnó en solitario durante décadas, el PNV. La lectura de sus pensamientos aún impresiona por su crueldad, su racismo y su odio. El PNV se prepara para conmemorar el aniversario de este fabulador político.

¿Qué El Señor de los Anillos es la más brillante novela de fantasía que se ha escrito? ¡Venga ya! Ese Tolkien, por muy profesor de Oxford que fuera, por mucho que se leyera las sagas islandesas y por muchas pipas que se fumara tuvo menos imaginación que Sabino Arana Goiri. ¡Ése sí que era un autor de literatura fantástica! A fin de cuentas, el éxito de un escritor se mide por su capacidad para cambiar la historia y la sociedad, como San Agustín, Santo Tomás, los malditos libreprensadores, Carlos Marx, etcétera. ¿Y cuánta gente sale a la calle vestida de hobbit o cuántos se creen orcos? Nadie. En cambio, ¿cuántos se creen vasquitos y neskitas?, ¿cuántos escalan sus árboles genealógicos hasta el patriarca Aitor o hasta Jaun Zuría? Miles.

Una tarde de 1882, Sabino se dio un paseo por el jardín familiar con su hermano Luis. A medida que éste hablaba nació en Sabino la idea de inventarse un mundo. Para eso había nacido: para recrear un mundo. Se puso a dar más paseos, a escribir, a beber chacolí y pacharán (con las endrinas bien puestas), a conocer gente, a darse panzadas y a veces a pensar. Así, poco a poco, como el artesano que teje un inmenso tapiz, inventó un país de fantasía para olvidarse de la tosca rutina y de la fealdad que se extendía más allá del hermoso jardín, donde el humo de las fábricas oscurecía el sol y las melodías de los organillos apagaban los trinos de los pájaros.

A su nueva patria la llamó primero Bizkaya; pero era muy pequeña para sus aventuras, por lo que la amplió y le puso el nombre de Euskeria. Éste no le gustó y unos años después lo rebautizó como Euzkadi. En ella habían vivido felices durante siglos los euskadianos o vascos, gentes a las que les gustaban los montes y los árboles, siempre pacíficas, amantes de sus hijos, sus mujeres, sus vacas y sus piedras. Se les reconocía por sus narices, por sus andares y porque tenían por lo menos cuatro apellidos autóctonos. Pero su felicidad y su libertad concluyeron cuando un pueblo malvado, de rasgos africanos (nuestros moros, los llamó él) cruzó el Ebro, el río que separa los verdes valles del desierto sahariano, e invadió Euskeria (o Euzkadi).

Eran los maketos; otras naciones les denominaban españoles. Trajeron con ellos la suciedad, la avaricia, el dinero, la mentira, la impiedad, las corridas de toros. Talaron los bosques, horadaron los suelos en busca de hierro y construyeron ciudades. Entre ellos los dirigentes pertenecían a la clase de los castellanos, mientras que los más torpes se llamaban gallegos. No sólo saqueaban y oprimían, sino que se atrevían a mezclarse con los euzkadianos. A los muchachos los llevaban a oscuras tabernas para que se emborracharan y abandonaran sus honradas labores campesinas; a las mujeres, las seducían y después usaban sus feraces vientres para esparcir la raza maketa. Ensuciaban las plazas de los pueblos con una danza detestable y pecaminosa, el baile agarrao. Les hacían pagar impuestos y les obligaban a expresarse en una lengua aborrecible, el kastellano. Los libros de Sabino están llenos de arengas a los baskos para que se rebelen y aplasten al invasor.

Sabino se inventó una bandera, un santoral de nombres euskéricos, una historia, una lengua, unos enemigos, unas tradiciones, unos derechos históricos, unas virtudes... y encima consiguió que le aplaudiesen. Ahí sigue su obra. Desde hace un siglo se representa a diario en España. Hay comarcas enteras que interpretan sin descanso la creación de Sabino y le han añadido nuevas partes, como a un poema anónimo que canta el pueblo.

Los protagonistas de esta odisea se suceden generación tras generación. He aquí los más populares en nuestros tiempos. El Gran Druida Setién, hechicero de la tribu con la potestad de definir el bien y el mal, al que siempre acompaña el Humilde Blázquez, su acólito, un maketo que abandonó las filas de los invasores al descubrir las masacres que cometían y el sufrimiento que ahogaba a los euskarianos. El Gruñón Arzallus, que conmueve al pueblo con su verbo y sus nóminas; renegó de su padre, un vasco que fue soldado en el ejército de Saurón-Franco. El Viajero Egibar, que recorre el mundo en busca de un pueblo guerrero que quiera ayudar a los euskarianos a recobrar su independencia; ya ha estado en Gibraltar, Croacia, Quebec, Eslovenia, Irlanda, Letonia, Idaho, Baviera; un vigía permanente en el aeropuerto de Sondica (Bilbao) avisa de sus llegadas, pero siempre regresa solo. El Verdugo Josu Ternera, encargado de reclutar jóvenes y de entrenarlos para el combate, en especial el ataque por la espalda; sus mesnadas beben dos pociones mágicas: el kalimotxo y el cóctel-molotov. El Príncipe Ibarretxe, a quien la princesa Elecciones de Mayo besó y convirtió de un sapo tartamudeante en el hermoso y valiente defensor de los baskos y las baskas. Tontón Elorza, dueño del tesoro más hermoso de Euzkadi, la Perla del Cantábrico; se aliará con quien le garantice su posesión. Ana Sagasti, el Pelopintxo, que ha aceptado la carga de vivir en Madrid, la horrible capital del opresor, lejos del Guggenheim, para ser el embajador de su pueblo. Rosaceo Madrazo, que consiguió domar a la tribu de los Rojos con la promesa de no ponerse nunca corbata; el Príncipe Ibarretxe compró su apoyo con un coche oficial. Y así hasta más de 700.000 jugadores.

Marujona
Por ALFONSO USSÍA ABC 31 Enero 2003

PARA mis adentros y para mis afueras, que se han interpretado mal -exegénesis negativa, diría el tal Blázquez- las últimas manifestaciones de Arnaldo Otegui. A mi entender, han sido atinadas, oportunas y esperanzadoras. A este pollo le interesa mucho más el Festival de la Eurovisión de lo que creíamos, y ha terminado por romper en Maruja, cosa por otra parte muy común con el paso de los años y el aumento de la edad. Más que en Maruja, ha roto en Marujona, que es el grado de la excelencia dentro del marujerío o el marujeramen, que ahí la Real Academia Española no termina de decidirse en dar voz al ámbito general de las marujas, aunque admite «marujear», «marujeo» y «marujil», además de «maruja», claro, hipocorístico de María que coloquialmente se entiende como «ama de casa de bajo nivel cultural». Así, que ya sabemos al fin lo que es Otegui además de terrorista. Una inquieta y habladora ama de casa de bajo nivel cultural. Sospechábamos lo del bajo nivel cultural, pero lo de ama de casa nos ha cogido por sorpresa.

Otegui ha demostrado que ha seguido con interés el programa «Operación Triunfo» de Televisión Española, cuya vencedora ha sido la joven vizcaína Ainhoa Cantalapiedra. El desenlace ha disgustado a la «herri-marujona» y se ha despachado con unas declaraciones que, insisto, han sido interpretadas con perversidad. Otegui no quiere que Ainhoa, vasca ella, represente a España en el Festival de Eurovisión, y ha tenido a toda Batasuna votando por teléfono para que venciera otro cualquiera de los maromos finalistas. No lo ha conseguido, porque en el PNV se ha llevado a cabo la estrategia contraria. El teléfono del caserío de Arzallus echaba humo, de tanto ser utilizado para votar por Ainhoa. El propio Arzallus lo ha reconocido: «¿Por qué no puede ir esta chica aquí o allá representando a España? Nadie criticó a José Ángel Iríbar cuando fue, durante años, capitán de la selección española de fútbol». Estoy con Arzallus, pero también comprendo el disgusto de Otegui. En este caso concreto, a Otegui le ha fallado el apoyo moral de Arzallus, y eso puede tener consecuencias negativas para el plan soberanista. Prudentísimo, Juan José Ibarreche no se ha inclinado todavía por ninguno de los bandos, y Eguíbar, más en la línea de Otegui, ha declinado hacer declaraciones para no ser malinterpretado.

El hecho es que Otegui se opone a que una vasca represente a España en un festival de música, y ahí es donde los analistas han dejado escapar vivo al conejo. A mí, que Otegui se ocupe de estos asuntos me suena a buena noticia. Otra cosa es el tono, que no ha sido el adecuado. Áspero en grado sumo. Pero también comprensible. Si tanto le afecta a Otegui quién va a representar a España en el Festival de Eurovisión, es lógico que se enfade si la elección no le satisface. Además, que después de lo que se han gastado llamando por los móviles para impedir que la elegida fuera Ainhoa, el fastidio, y hasta el enojo, están más que justificados. Y encima, llega Arzallus y apoya moralmente a la chica.

Vuelvo al principio. Se ha tratado con mezquindad, mala intención y cicatería a un español descontento por su representante en Eurovisión. A mí tampoco me gustó cuando fue Karina, y se respetó mi decepción. Me limité a no ver el festival, aunque sí las votaciones. Eso de «Spain, one point, L´Espagne, un point» me pone demasiado. No tanto como a Otegui, pero mucho. Tornatrás hacia la infancia.

Hace pocos meses Otegui se enfadaba por otras cosas. Cuando un atentado de la ETA no mataba a sus víctimas, por ejemplo. Que haya roto en marujona, resulta estupendo. Un poco más, y el próximo año le pide prestado a Massiel el abrigo de chinchillas.

El sastrecillo valiente
Amando De Miguel La Razón  31 Enero 2003

Todo el mundo recuerda aquel cuento infantil en el que unos sastres socarrones hicieron al emperador un traje invisible, realmente un no-traje. Era una real estafa. Los súbditos decían ver al Emperador con el traje puesto, porque nadie quería ser tomado por tonto. Hasta que un niño inocente gritó lo que todos pensaban, pero nadie se atrevía a declarar: «¿El emperador va desnudo!». Es inevitable la asociación con el evento al ver afirmar al presidente del Tribunal Constitucional que la distinción entre «comunidades históricas» (Cataluña, País Vasco y Galicia) y todas las demás carece de fundamento jurídico. Yo diría más, sin que me asista el conocimiento y la autoridad de mi antiguo profesor, Manuel Jiménez de Parga. La distinción apuntada es una cretinez. No es sólo que «históricas» sean todas las Comunidades Autónomas, porque todas son España, una nación centenaria y, en sentido amplio, milenaria. Lo verdaderamente estúpido es que ¬se llamen como se llamen¬ el conjunto de las tres Comunidades dichas pretenda tener un estatuto de privilegio.

Cierto es que las tres son bilingües, pero también lo son Navarra, Baleares y la Comunidad valenciana. Ese hecho diferencial no da ninguna superioridad moral. Puestos a buscar un estatuto «histórico» de autonomía, más la tendrían las comunidades que fueron reinos, como Asturias, Castilla y León, Aragón o Navarra. Ninguna de ellas lo reivindica, y hacen bien.

Cierto es que, con la ley electoral en la mano, resulta que los partidos nacionalistas de Cataluña o el País Vasco irrumpen en la política nacional. Más aún, esos dos partidos condicionan los Gobiernos de España y no han encontrado hasta ahora alternancia posible en sus respectivas Comunidades. Pero de ahí no se debe inferir que esas dos regiones, nacionalidades o incluso naciones (más Galicia) sean «históricas». A no ser que califiquemos como «histórica» la resistencia de los partidos nacionalistas de esas tres regiones a aceptar la Constitución, a reconocer la existencia misma de España.

No es menor cretinez la de hablar de «Estado» para no mencionar la idea de «España». Es como si, en lugar de «Cataluña», dijéramos siempre el «Principado», o más propiamente, los «condados» o la «Marca Hispánica».
Albricias hay que dar a Manuel Jiménez de Parga, el sastrecillo valiente. Simplemente ha dicho en voz alta lo que muchos (casi todos) pensamos. Las hemerotecas registrarán las voces y los ecos de quienes no piensan de esa forma. El número de los cretinos no es infinito.

La crisis entre CiU y el PP
Francisco Marhuenda La Razón   31 Enero 2003

Las relaciones entre CiU y el PP atraviesan un mal momento. Es cierto que siempre han sido complejas. Nunca ha existido química entre Pujol y Aznar, pero ahora media un abismo que se hace cada vez mayor gracias a la propuesta de reforma del Estatuto y a las desafortunadas declaraciones cruzadas que sirven para alimentar una espiral de descalificaciones. Por ejemplo, Aznar arremete contra los excesos del PNV y el gobierno vasco que maneja en la sombra Arzalluz, pero, al referirse a los nacionalismos, en CiU se sienten aludidos. Por otra parte, las encuestas muestran un sorprendente nivel de rechazo al PP entre los votantes de CiU, algo que sólo beneficia a los socialistas.
Este dato explica por qué necesitan marcar distancias y fortalecer el discurso nacionalista para parar la pérdida de votos en beneficio de ERC. Un retroceso de CiU provocaría la victoria de Maragall, ya que los diputados del PP de Cataluña no serían suficientes para que Mas sucediera a Pujol. Estamos ante un resultado que tiene indudables efectos nacionales, ya que sería asumido por el PSOE como una gran victoria, que sí lo sería, a cuatro meses de unas generales. Este dato, que tan perjudicial sería para el sucesor de Aznar, debería llevar a que los dirigentes del PP y CiU reflexionen sobre si es o no conveniente mantener este grado de enfrentamiento tan absurdo como estéril. Es un pulso en el que sólo gana un tercero: Maragall.

La reforma del Estatuto es para consumo interno, porque no tiene ninguna posibilidad de llevarse a término. Por tanto, ver como algo inquietante una iniciativa que no pasará de un mero debate en comisión, ya que dentro de pocos meses se disolverá la cámara catalana, resulta absurdo. En la hipótesis de que CiU gane las autonómicas, todo tendrá que volver a comenzar y si necesita al PP para gobernar resulta evidente que será un proyecto que quedará en el baúl de los recuerdos.

La preocupación de CiU es no perder votos en beneficio de ERC y la del PP debería ser restárselos al PSC. El escenario que se dibuja en el horizonte es preocupante para ambos, pero si consiguen superar sus diferencias y dedicarse a su auténtico adversario es posible que todo cambie. No hay que olvidar que el PP puede necesitar a CiU tras las generales, pero si pierde la Generalitat no creo que le apoye.

La Sociedad de Estudios Navarros denuncia un “permanente acoso” del Gobierno vasco a su comunidad
EFE Libertad Digital  31 Enero 2003

El pleno del consejo de la Sociedad de Estudios Navarros (SEN), a propuesta de sus secciones de Historia y Cultura, ha aprobado una declaración en la que se denuncia una “permanente campaña de acoso sobre Navarra desde las instituciones de la Comunidad Autónoma de Euskadi”. Y añaden: “especialmente contra los que se identifican con la nación española”. Lo dejan muy claro. Navarra no forma parte de la ficción de Euskal Herria.

El diputado de UPN Jaime Ignacio del Burgo y el ex dirigente socialista y miembro de la SEN Víctor Manuel Arbeloa fueron los encargados de presentar en un acto público celebrado en Pamplona la declaración, en la que se afirma que "desde hace más de cien años, el nacionalismo vasco ha fracasado en su empeño de expandirse por Navarra, aunque actualmente consiga en conjunto un porcentaje del diez al quince por ciento de los votos".

En este sentido, la declaración, titulada "Por Navarra, en España, con Europa", señala que, por otra parte, "el nacionalismo vasco independentista y terrorista dirige una permanente campaña de intimidación sobre la población navarra y especialmente sobre personas e instituciones forales que se identifican con la Nación española".

Navarra no es “Euskalherria”
La SEN recuerda al respecto que "treinta y ocho navarros son las víctimas mortales de sus crímenes terroristas desde 1977. Ellos fueron asesinados por ser navarros y españoles a la vez. Ni los olvidamos ni los olvidaremos jamás en todas nuestras actuaciones". Por otro lado, la declaración indica que, "con el patrocinio de las instituciones públicas de la Comunidad Autónoma de Euskadi", se creó en 1999 la Asamblea Nacional de Municipios Vascos (Udalbiltza) que, "sin poseer representatividad y legitimidad democráticas, pretende configurarse por la vía de hecho como la primera institución nacional de Euskalherria, incluyendo tanto a Navarra como a territorios de Francia, con total desprecio a las normas constitucionales de ambos países".

Todo ello, subraya el documento, "no es más que una muestra de falta de lealtad constitucional de los partidos nacionalistas y del propio Gobierno Vasco en relación con Navarra y España. Según este nacionalismo, etnicista y extremoso, la nación vasca, entendida como ellos quieren entenderla, se impone a sus propios componentes individuales, que no cuentan a la hora de decidir sobre su propia identidad".

La SEN considera que esta situación "no quiere decir, ni mucho menos, que no existan vínculos de solidaridad y afecto entre las dos Comunidades, derivados de la vecindad, de afinidades históricas, lingüísticas y culturales, y sobre todo de la pertenencia a la misma nación española". La declaración concluye afirmando que "el pueblo navarro, que asume su territorio actual como solar propio, no quiere formar parte de la proyectada nación vasca, como una provincia más de esa ficción política llamada ahora Euskalherria. En suma, queremos seguir siendo, con una voluntad renovada y cada día más firme, navarros, españoles, europeos y universales".

En el acto de presentación del documento, del Burgo afirmó que "no necesitamos apelar a mitos ni a falsos pronunciamientos de superioridad étnica para proclamar que aquí, en el solar navarro, existe un pueblo claramente diferenciado, dotado de una impresionante personalidad y que ha sido reconocido como tal a lo largo de la historia". "Todo ese bagaje político, jurídico e institucional", aseveró, "merece ser conservado, porque no sólo produce frutos de libertad, por más que se empeñen algunos en amenazarla. Ha producido también, y seguirá haciéndolo, frutos de dignidad, de progreso económico y cultural, de bienestar para todos".

Cargos y militantes del PNV están detrás de las protestas en Maruri contra el párroco
Entre ellos aparecen dos integrantes de la Junta Municipal del partido: Josu y Pachi Aguirre, el ex regidor de la localidad, y Maite Olazabal, alta funcionaria del Ayuntamiento de Sopelana
El acoso «dominical» al que ha sido sometido el párroco de Maruri y presidente del Foro El Salvador, Jaime Larrínaga, durante las últimas semanas ha sido encabezado por miembros del PNV de la localidad y personas del entorno del partido, según ha podido comprobar LA RAZÓN. A estas protestas han acudido el ex alcalde de la localidad, Pachi Aguirre, integrante de la Junta Municipal del partido, así como su hermano Josu; Maite Olazabal, alta funcionaria en Sopelana y María Teresa Olasagaste, firmante de las solicitudes y viuda de un concejal nacionalista, Kepa Cenicacelaya.
D. Mazón - Madrid.- La Razón 31 Enero 2003

La aparición del nombre de Jaime Larrínaga, párroco de Maruri y presidente del Foro El Salvador, en los papeles incautados a la banda terrorista ETA en la localidad francesa de Tarbes ha sido calificado por fuentes cercanas al religioso como el colofón a la campaña de «acoso y señalamiento» que padece desde el pasado verano, cuando el Ayuntamiento de la localidad vizcaína de Maruri envió a sus vecinos una carta en la descalificaban al párroco y le tildaban de «nostálgico del franquismo». Desde aquel momento, el religioso se ve obligado a llevar escolta. Tras un período en el que Larrínaga dejó de aparecer en los medios de comunicación y en el que parecía que el acoso a su persona se había diluido, hace pocas semanas, una plataforma de la localidad, denominada «Maruri Ongi Etorri» («Bienvenido a Maruri»), comenzó a concentrarse frente a la parroquia en la que el presidente del Foro El Salvador ejerce el sacerdocio, parapetados tras el lema «Maruri-Jatabe bai; Jaime, gezurrarik ez» («Maruri-Jatabe sí; Jaime, mentiras no»).
 
Según ha podido comprobar LA RAZÓN de pruebas «visuales» y documentación oficial, el núcleo de las personas que semana tras semana han acosado a Jaime Larrínaga lo componen miembros del Partido Nacionalista Vasco de la localidad vizcaína y personas ligadas a este partido. Entre ellos figuran el ex alcalde de la localidad, Pachi Aguirre, del PNV, que ahora forma parte de la Junta Municipal del partido en Maruri y su hermano Josu, que también es miembro de esta Junta. Además de estos dos miembros del órgano del partido en la localidad, aparecen María Teresa Olasagaste, viuda de un concejal del PNV en Sopelana, firmante de las solicitudes y los documentos de la plataforma; Kepa Cenicacelaya, hijo de un concejal peneuvista de Maruri; Aitor Laraudogoitia, marido de una ex concejala del PNV en Maruri que ahora es miembro de la Junta Municipal del partido y Maite Olazabal, alta funcionaria del Ayuntamiento de la localidad de Sopelana.

Estas protestas de «Maruri Ongi Etorri» fueron respondidas hace dos semanas por el colectivo «¿Basta Ya!» y por personas de diferentes ámbitos que se concentraron frente a los miembros de la plataforma local para mostrar su apoyo al religioso. Algunos de los presentes en esas concentraciones señalaron que los opositores de Larrínaga llegaron a lanzarse contra su coche para increparle cuando salía de misa, sin que la Ertzaintza hiciera nada. Es más, miembros de «¿Basta Ya!» denunciaron que agentes de la policía vasca les grabaron mientras mostraban su apoyo al religioso y que sólo les dejaban permanecer allí media hora, mientras que el otro grupo podía protestar «todo el tiempo que quisiera». El pasado domingo, la plataforma local decidió suspender temporalmente las protestas contra el párroco, que manifestó su decisión de no irse de la localidad en la que ejerce desde hace muchos años. El equipo de Gobierno de la localidad vizcaína, de algo más de setecientos habitantes, lo componen exclusivamente miembros del PNV, Eusko Alkartasuna y Batasuna, sin que haya representación del Partido Popular ni del PSOE.

Pujol está incómodo
El presidente de la Generalitat y líder de CiU, Jordi Pujol, ha dicho en Madrid que se siente incómodo con el modelo de España que lidera Aznar y con las maneras del presidente del Gobierno español. Las palabras de Pujol han incluido su anuncio de que piensa presentar en breve un proyecto de reforma del Estatuto catalán en favor de un mayor autogobierno con vista a las elecciones autonómicas del otoño y también de las municipales en ciernes.

Sin embargo, en las distintas entrevistas y contactos mantenidos por Pujol a su paso por Madrid destacó su mala relación personal con el presidente Aznar y con el PP que lidera, dejando entrever que no ve posible un pacto de gobierno de CiU con el PP en el 2004 si el partido de Aznar no consigue la mayoría absoluta.

Al parecer Pujol subrayó en Madrid la falta de diálogo con Aznar y la descortesía del presidente del Gobierno con sus llamadas y escritos, algunos de los cuales Aznar no se dignó contestar.

En el fondo de esta posición indignada de Pujol subyace la posición electoral de CiU y la necesidad de distanciarse del PP (que ahora los apoya en el Gobierno de la Generalitat) de cara a los próximos comicios municipales y autonómicos de primavera y del otoño. Pero a pesar del electoralismo, el líder de CiU ha puesto en evidencia algo que se venía venir desde que el PP lideró una regresión autonómica o puso en marcha un freno a las pretensiones de los nacionalistas en autogobierno o soberanismo tal y como se desprendía del Pacto de Estella o en la Declaración de Barcelona.

Freno y pulso que llegó de lo político a lo personal y que ha dejado en pañales o bajo mínimos la hoy difícil relación entre el PP y CiU, lo que puede tener consecuencias importantes en el año 2004, incluso a pesar de que Aznar no esté entonces en el liderazgo del Partido Popular como ha prometido. Si en esa fecha, y como consecuencia de las elecciones, el PP no consigue la mayoría absoluta y no roza los 170 diputados, parece muy probable que CiU no dará al PP los votos necesarios para gobernar como lo hizo en 1996, dejando al PP en minoría y en debilidad, o incluso apoyando a Zapatero para gobernar si los del PSOE se acercan o pasan la cota de 150 diputados.

Parece claro que a Aznar esta crisis con CiU no le preocupa, pero también es cierto que los que están en la carrera de la sucesión de Aznar sí están muy preocupados, porque temen que el PP en el 2004 no repetirá mayoría absoluta. De ahí que alguno de los candidatos como Rato o Rajoy se presenten como más dialogantes con los nacionalistas, mientras que Mayor Oreja (que representa el discurso aznarista del antinacionalismo) hable de la necesidad de repetir en el 2004 la mayoría absoluta, porque sabe que si él es el candidato no tendrá la menor oportunidad de pactar con CiU.

Aunque si la incomodidad de Pujol con el PP es tan grande como dice dará igual el nombre del sucesor de Aznar. Sobre todo si en las próximas elecciones autonómicas catalanas del 2003 los de CiU pierden el control de la Generalitat en beneficio de Maragall.

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