AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 3 Febrero  2003
Aviso a navegantes
José Ignacio PALACIOS ZUASTI La Razón 3 Febrero 2003

El espíritu de Maruri
Iñaki Ezkerra La Razón 3 Febrero 2003

Trampa y guerra
CARLOS DÁVILA ABC 3 Febrero 2003

El poder ante todo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 3 Febrero 2003

Con el PSOE nunca hay consenso
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Febrero 2003

Gregorio Morán: «Cuando abandonan, los tipos de HB no se van a su casa, se van al PNV»
Carmen Gurruchaga El Correo 3 Febrero 2003

El BNG y grupos radicales manipulan a Nunca Máis para «batasunizar» Galicia»
ABC 3 Febrero 2003

La forma de hacer política que el PP necesita
Ignacio Villa Libertad Digital  3 Febrero 2003

Los delirios de Arzalluz
Editorial El Ideal Gallego 3 Febrero 2003

Maruri recupera la calma
J. G./MARURI El Correo 3 Febrero 2003

Devaluar a las víctimas
AURELIO ARTETA El Correo 3 Febrero 2003

Iconos
CARTAS AL DIRECTOR El Correo 3 Febrero 2003

Otegi en OT y Husein en los Goya
Javier Somalo Martín Libertad Digital  3 Febrero 2003

El Ayuntamiento de Vitoria hará lo que sea necesario para frenar la argucia electoral de PNV-EA
Agencias Libertad Digital  3 Febrero 2003

Aviso a navegantes
José Ignacio Palacios Zuasti es consejero de Obras Públicas del Gobierno de Navarra
José Ignacio PALACIOS ZUASTI La Razón 3 Febrero 2003

Aunque desde la barrera, con asombro y perplejidad, en Navarra estamos asistiendo a la burda maniobra que el PNV pretende realizar en Álava para tratar de recuperar el poder que en esa provincia perdió hace cuatro años. Como es bien sabido se trata de que, a menos de cuatro meses de las elecciones y al día siguiente de anunciar que concurrirán en coalición a éstas para reforzar el plan soberanista de Ibarreche, el PNV y EA han presentado una proposición de ley con la que quieren cambiar la ley electoral a Juntas Generales de Álava con el único objetivo de reducir el voto constitucionalista y arrebatar así la diputación de Álava al PP. No era ningún secreto que desde 1999 el PNV estaba dispuesto a todo con tal de acabar con la humillación que le supuso el que dos instituciones tan importantes de su Comunidad Autónoma, como son la Diputación Foral de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria, estuvieran gobernadas por los partidos constitucionalistas (PP + PSE) y, por tanto, fuera de su férreo control. Lo que no podíamos sospechar es que para reconquistarlas tratase de dar ese «cambiazo» a la ley electoral, con el que intenta que las zonas rurales alavesas, tan susceptibles al voto nacionalista como despobladas, tengan el mismo peso electoral que el núcleo urbano de Vitoria, en el que ganan sin problemas el PP y el PSE, y en el que el PNV está estancado desde hace más de veinte años, y que pretendieran hacerlo cuando faltan menos de cuatro meses para la cita electoral del 25 de mayo.

Como decía al principio, esta maniobra la vivimos en Navarra desde fuera, desde la barrera, porque no va con nosotros. Ahora bien, eso no quiere decir que no debamos analizarla y sacar conclusiones, y que no tomemos buena nota de cómo se las gasta el PNV. Porque, aunque vistos desde la barrera, los hechos que están sucediendo en Álava nos tienen que hacer reflexionar a los navarros y nos deben servir para escarmentar en cabeza ajena.
Los que tenemos un poco de memoria histórica recordamos que en el momento de la transición política, cuando Álava era de las tres provincias vascongadas la menos nacionalista y la menos partidaria de integrarse en Euskadi, todo fueron lisonjas y facilidades para que entrara, puesto que a los nacionalistas les era imprescindible para su empresa. Por eso fue tan sugestiva la oferta que les hicieron, ya que querían que los alaveses se sintieran cómodos en ese proyecto de construcción de Euskadi. Y esto motivó que, por «razones políticas» ¬como después declaró Arzallus¬, se designase a Vitoria capital de Euskadi y que a la hora de conformar el Parlamento vasco se dividiera en tres circunscripciones idénticas, con 25 parlamentarios cada una, con lo que el voto de un vizcaíno valía la cuarta parte del de un alavés. Si, como entonces dijo Arzallus: era una injusticia, un mal menor, pero daba igual ya que todo valía con tal de captar la voluntad de los alaveses y con tal de que Álava les dijera que sí. Porque, después... ya habría tiempo para cambiar el statu quo.

Pero, de eso han pasado 23 años y, ahora, cuando Álava está totalmente incorporada a un proyecto del cual no se puede salir, cuando muchos padres alaveses optan por enviar a sus hijos a colegios de la provincia de Burgos para eludir la política lingüística del Gobierno vasco, cuando su Diputación y su Ayuntamiento están gobernados por los constitucionalistas y cuando los nacionalistas ven que en Álava se puede poner en peligro el plan de Ibarreche, es cuando ha llegado el momento de tratar de dar ese golpe de timón que les permita enderezar ese rumbo que nunca debió perder; es decir, cuando hay que tratar de que Álava vuelva a la senda nacionalista de la que jamás debió salir.

Es cierto que los navarros vemos todo esto desde la barrera, pero debemos tener muy presente que la pretensión de los nacionalistas y del plan soberanista de Ibarreche, que es por lo que están luchando desde hace muchos años, es porque Navarra se incorpore a su proyecto de Euzkadi. Y sabemos que para tratar de lograr tal objetivo, tal y como lo hicieron en su día con los alaveses, están dispuestos a darnos todo tipo de facilidades como, por ejemplo, que la capital esté en Pamplona o que en el nuevo parlamento que saliera de esa unión los cuatro «territorios» (Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra) tuvieran el mismo número de parlamentarios. Sí, están dispuestos a todo con tal de que Navarra entre y les aporte su gran superficie de terreno, sus muchos kilómetros de frontera con Francia, sus Fueros y su Historia como Viejo Reyno, de los que tan necesitados están para lograr su objetivo final, que no es otro que el de la independencia.

Después... ya habría tiempo y, en una fase posterior, es decir cuando hubiesen pasado unos años, estuviera consolidada nuestra unión y ya no nos pudiéramos salir, como los vizcaínos seguirían siendo más del doble de los navarros (como sucede ahora, ni más ni menos) y como probablemente nuestras veleidades nacionalistas no habrían aumentado (quizá todo lo contrario, como ha ocurrido en Álava), el PNV invocaría (como ahora pretende hacer con los alaveses) que había que acabar con esa situación anacrónica, por lo que propondría una composición por «territorios» distinta, con lo que lógicamente quedaríamos en clara minoría frente a vizcaínos y guipuzcoanos, que serían los que tendrían el control de esa cámara y del Gobierno de esa gran Euskadi. ¿Política ficción? No, como podemos ver, tan real como la vida misma.

Es cierto que las recientes encuestas del CIS y del Parlamento de Navarra no hacen sino ratificar lo que los navarros hemos venido diciendo elección tras elección desde hace 25 años, eso de que una gran mayoría estamos de acuerdo con el actual marco político que define a Navarra como una Comunidad Foral con régimen, autonomía e instituciones propias, indivisible, integrada en la Nación española y solidaria con todos sus pueblos. También es cierto que esa pretensión anexionista del nacionalismo vasco es una utopía que cada vez se aleja más pero, de todas formas, los navarros no debemos perder de vista esta maniobra que ahora quieren llevar a cabo en Álava ya que nos tiene que servir de advertencia, de aldabonazo en nuestras conciencias, de aviso de navegantes porque, como dice el refrán, «escarmentar en cabeza ajena es lección barata y buena».

El espíritu de Maruri
Iñaki Ezkerra La Razón 3 Febrero 2003

Ya está. Ya lo han conseguido. Jaime Larrínaga ya ha aparecido en los papeles de Eta. Durante los tres años que lleva sufriendo el sistemático acoso del PNV se le ha dicho a ese partido de mil formas distintas que estaba poniendo a un hombre en la diana. Pero de nada han servido las advertencias. El caso del párroco de Maruri ejemplifica como ningún otro la indefensión de los demócratas en el País Vasco. Nunca se había dibujado tan nítidamente un proceso de señalamiento. Nunca se habían podido observar con tal transparencia todos los pasos del ritual. No existe un caso de estigmatización tan grave por obvio en toda la etapa democrática. Aquí se les ha visto a todos y en primer plano: al alcalde y los concejales de esa localidad vizcaína lanzando la consigna de caza y captura, a los partidos y vecinos nacionalistas siguiéndola al pie de la letra, filmando y fotografiando impunemente a los escoltas (porque no se ha dicho, pero las cámaras apuntaban a los escoltas, ¿para qué?), a la cúpula del PNV manejando sin pudor los hilos, al Gobierno vasco inhibiéndose, al consejero de Interior dando toda clase de facilidades a los perseguidores, a la Ertzaintza poniendo toda clase de dificultades a quienes apoyábamos al perseguido y filmándonos a su vez, al clero colaboracionista enmierdando, al obispo cobarde dando una parte de la razón a los acosadores, a la Ararteko minimizando el asunto, a la prensa de Arzalluz rematando la jugada, a Xabier Lapitz señalando a la víctima en dos columnas del diario «Deia»... Pueden escribir todos ellos un libro de «Cómo se hace», un «Manual del buen señalador», un recetario de «cómo convertir al vecino del quinto en un objetivo de Eta».

Maruri es hoy un hombre desdichado por culpa del PNV. Pero es también un gran precedente. Representa el nacimiento de una forma de arropamiento a un señalado que ha hecho retroceder a los enemigos de la libertad aunque sea de un modo táctico. Eso ya es algo. Es mucho. Y es preciso convertir este precedente en «un nuevo espíritu de solidaridad» con los ciudadanos a los que está marcando y va a marcar en los próximos meses el PNV. De un acoso similar al de Maruri ya es víctima la profesora Gotzone Mora, a quien los de siempre ya la están acusando de manchar el nombre de la UPV con mentiras. ¿De qué nos suena eso? De un buzoneo como el de Maruri ya ha sido víctima Carlos Perinat, el concejal del PP en Lujua. Como el PNV sabe de los problemas que tienen el PP, el PSOE y UA para presentarse en los pueblos, va a aportar su granito de arena para las municipales señalando a los que se atreven. Con Maruri ha surgido un nuevo espíritu, que va más lejos, de Ermua. Aprovechémoslo porque nos va a hacer falta.

Trampa y guerra
Por CARLOS DÁVILA ABC 3 Febrero 2003

Trampa alavesa. Con una añagaza que no se toleraría ni en la Guinea de Obiang, la coalición independentista PNV-EA quiere cambiar las reglas del juego ¡a tres meses de las elecciones! Algo que parece insólito, pero que no lo es: ya lo hizo en el 2000 cuando rebajó el porcentaje mínimo del cinco al tres por ciento para que IU pudiera entrar en el Parlamento autónomo. Madrazo y el mariachi Llamazares -a éste ya no le queda sitio en la pechera para colocarse una pegatina más-, agradecieron el favor y hoy están en la Cámara y en el Gobierno gracias a aquel gesto burundiano. Ahora, el caso es diferente porque a Izquierda Unida no le conviene nada la trampa que le han tendido sus compañeros de secesión.

No hay que esperar, sin embargo, a ver qué hace el bodoque de Madrazo. Ni siquiera se puede esperar a que el Tribunal Constitucional pueda responder al recurso del Gobierno de Aznar. Hay ya síntomas de que el presidente y sus ministros más sólidos, estudian la posibilidad de contestar al ardid nacionalista desde las propias Cortes Generales. Una ley abusiva debe replicarse con otra ley justa. Ni más, ni menos; esta es la clave y el Parlamento tiene facultad para hacerlo. Quedarse quietos ante la martingala que pretenden los laceros de Arzallus e Ibarrache, sería un suicidio, un contradiós. Sería tanto, al fin, como dar por perdidas las Juntas Generales de Álava e, incluso, la misma Vitoria. Rabanera tiene toda la razón: el Gobierno debe actuar, si llega el caso, porque sí.

Con Álava y su capital en el zurrón del PNV, el referéndum ya está convocado. Y después, como afirma sabiamente un ministro, no cabría otro remedio que negociar con los insurgentes. Aznar lo tiene claro; falta saber si el PSOE también, pero no hay más camino que levantar la trampa con la Constitución y el Estatuto bien leídos.

La guerra. Ni es probable que Colin Powell convenza a todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, ni lo es que José María Aznar haga lo propio con el Congreso de los Diputados. Desde luego, al PSOE, cuyo ex-presidente va de pacifista por la vida olvidándose, con desvergüenza de lo que hizo en el 91. Pero todo esto no quita para que cada vez resulte más claro que el Consejo votará una segunda resolución contra Irak, y que Francia y Alemania no se opondrán al uso de la fuerza.

El poder ante todo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ/ El Correo 3 Febrero 2003

La respuesta ciudadana al secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, en julio de 1997, llenó de zozobra al PNV ante la posibilidad de que aquel movimiento popular nacido sin el control de los partidos provocara un cambio de mayorías políticas en Euskadi y sacara al nacionalismo del poder. En aquel miedo está la clave de toda la estrategia posterior del PNV.

El miedo a perder el poder llevó a realizar los acuerdos de frente nacionalista con ETA y HB, llevó a romper los lazos tradicionales con el socialismo vasco y llevó a la radicalización soberanista de las ponencias aprobadas en enero de 2000, antecedente del último plan de Ibarretxe. El afán de recuperar los fragmentos de poder perdido está tras la iniciativa de PNV y EA de promover la pasada semana una reforma de la ley electoral que afecta especialmente a Álava a costa, incluso, de originar tensiones en el propio tripartito por el desacuerdo de IU. Todos estos movimientos han supuesto pasos efectivos hacia la fractura interna de la sociedad vasca.

El PNV llegó hace tiempo a la conclusión de que había perdido los votos no nacionalistas que en otro tiempo había tenido y ha renunciado a hacer el menor esfuerzo por recuperarlos. Al renunciar a atraer a esta parte de la ciudadanía, renuncia también a líneas de actuación basadas en la centralidad y la moderación. Entonces, sólo puede conseguir su objetivo de mantenerse en el poder si amplía su apoyo social con el respaldo de otros sectores del nacionalismo, en concreto con las bases de Batasuna sacudidas por la crisis interna y la amenaza de la ilegalización.

Pero hacer una política destinada a atraerse la benevolencia de los sectores más radicales de la sociedad vasca tiene efectos negativos en la convivencia general porque agudiza las tensiones entre nacionalistas y constitucionalistas. Un ejemplo de esta estrategia es el plan de Ibarretxe, un plan que, paradójicamente, encuentra más apoyo en las bases de Batasuna que en las del PNV y que se lleva adelante sin haber logrado el menor respaldo entre los no nacionalistas.

La vía elegida por el PNV para asegurarse el poder es la vía de la victoria por la mínima, la del 51-49% que dijo Arzalluz en diciembre de 1999. Se renuncia a convencer al oponente y ni se plantea conseguir un consenso sobre cuestiones básicas, como el marco estatutario o la ley electoral. Incluso, ni siquiera se tienen en cuenta los efectos desestabilizadores que tiene esta actitud en la convivencia entre los vascos. La cohesión interna de las sociedades es el objetivo de cualquier gobierno, pero en Euskadi se ha sacrificado en aras de conservar el poder.

Con el PSOE nunca hay consenso
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Febrero 2003

Estos del PP no son más tontos porque no entrenan. Ahora sale Aznar buscando el consenso del PSOE porque dicen que siempre ha existido tan bonita institución en política exterior. Además de tontos, amnésicos. ¿Pero ya se han olvidado de lo que sucedió con la OTAN? El parlamento español, por mayoría absoluta, con el concurso de UCD, AP y CiU, votó nuestra entrada en la Alianza Atlántica después del 23-F. Estaba en el programa ucedeo y, sobre todo, estaba en la lógica democrática de insertar a unas Fuerzas Armadas desnortadas y nerviosas en un esquema racional, democrático y occidental. ¿Y qué hizo el PSOE?

Para empezar, turismo. A Moscú que se fueron en pleno invierno González el de Berlín, Guerra el de la Familia, Solana el del Partido y Boyer, el de la Escuela de Verano del PSOE, luego héroe de Rumasa, después de Cartera Central y finalmente de la FAES. ¿Y qué hicieron? Firmar con el régimen de terror más atroz de la historia de la Humanidad un pacto para sacar a España de la OTAN si llegaban al Poder, a cambio de que entre la embajada soviética en Madrid y la endogamia chekista de Carrillo se cargaran al PCE. Y la jugada les salió, vaya si les salió. Además de ese pacto con el crimen, se lanzaron a la calle como ahora: “contra la guerra”, o sea, a por La Moncloa. Y después de aquella elefantiásica campaña “OTAN, de entrada, no”, los que votaban PCE se volcaron votándoles a ellos en el 82, porque pensaban, y no les faltaba razón, que al fin y al cabo todo quedaba en la izquierda. ¿Dónde estaba el consenso aquellos años? Ni siquiera por conjurar el 23-F, que fue una de las razones para votar el ingreso en la OTAN, se privaron del numerito antibelicista. Estos no entienden más consenso que el que les conviene, o sea, el de la rendición.

Pero faltaba rematar la estafa. Después del numerito para sacar a España de donde la había puesto el Parlamento, recurrieron a la demagogia del plebiscito para sacarla... y dejarla dentro. Entonces montaron algo más que el numerito, el numerazo del referéndum para todo lo contrario de lo que habían prometido. Para salir de la “estructura militar”, decían, y entrar en la política, “para evitar la guerra”. Toma castaña. A los que no secundaron la estafa, los masacraron. A Fraga le pidieron apoyo y consenso “de Estado”. Dijo que, por responsabilidad, no hicieran el referéndum. Pero a la hora de la verdad, promovió la abstención, con lo que el referéndum se libró dentro de la izquierda y los platos rotos electorales los pagó la derecha: segunda mayoría absoluta y felipismo eterno, modelo PRI. Con la perspectiva de hoy, tenía razón Pujol: votar “no” sin decirlo, para echarlos del Poder. Y luego, ya veríamos. Como la derecha es más pusilánime, con la abstención se quedaron, o sea, nos quedamos. Y a cambio de las televisiones futuras, todos los medios de comunicación, desde Polanco al Grupo 16, respaldaron al PSOE en aquel lavado de cerebro. El resultado llega hasta hoy.

Porque hoy la derecha, como en el 86, sigue a merced de la izquierda en materia de opinión. Como sólo creen en el Poder, cuando llega la hora de los principios se dan cuenta de que ni tienen ellos ni tienen a su alrededor quien los recuerde. ¿Por qué no hace RTVE campaña permanente para desactivar el antiamericanismo nacional? Porque ni saben, ni quieren, ni pueden. ¿Y los medios de Telefónica? Lo mismo. Tan centrista se ha vuelto Aznar que ahora depende de Zapatero, que es el que da o quita la patente consensual. Pero ya que la mayoría absoluta no le da para hacer la reforma laboral y sí para hacerle un favorcito a Bush, que le pida él otro favorcito a Polanco. Es lo menos que puede hacer después del favorazo de la Platajunta Digital. Hala, a consensuar.

Gregorio Morán: «Cuando abandonan, los tipos de HB no se van a su casa, se van al PNV»
Tuvo una relación privilegiada con Arzallus, que le permitió acceder a archivos del PNV, con los que hizo hace 20 años un magnífico libro, que ahora reedita, sobre la cuestión vasca
Carmen Gurruchaga El Correo 3 Febrero 2003

¿Por qué una reedición 20 años después?
¬ Bueno, como dice el tango, 20 años no es nada y parece que de los libros que se hicieron sobre Euskadi, este sigue siendo de los mejores. Lo leí, porque no lo había leído en 20 años. Lo leí y la verdad es que quedaba muy bien. Pensaba añadir un capítulo, pero comprobé que se sostiene por sí mismo y que se adultera corrigiendo una cosa y no haciéndolo con otra. Por eso hago un prólogo de 60 páginas que precise

¬ ¿Por qué?
¬ Muchas cosas han cambiado a peor y luego, por concentrar el tema y, finalmente, porque ahora sí que soy muy consciente de lo difícil que es explicarle a la gente que no esté en la tramolla de la historia, qué está pasando en Euskadi y lo mucho que le están engañando.

¬¿Qué ha pasado en 20 años para que ahora interese tantísimo?
¬Desde que se inventó la fórmula ésta llamada de la tertulia, el número de expertos vascos se ha multiplicado por tropecientos. Ahora creen que saben y esto es mucho peor que lo de antes.

¬Este libro ha estado agotado durante décadas. ¿por qué a usted no le preocupaba, por desidia de la editorial o por presiones del PNV?
¬No, no hubo presión del PNV. A mí me entusiasma que la editorial, de pronto, haya descubierto a los 20 años que existía el libro. Yo terminé el libro de Euskadi y me puse con otro, con el del PCE y no me preocupé de si seguía funcionando. Funcionaba, sé que estaba agotado. Pero claro, la decisión no es mía, es de Planeta, y ahora de pronto dice a por «a por ello», pues nada.

¬¿El capítulo más duro es el que habla de la llamada oligarquía vizcaína y su responsabilidad en el fenómeno de ETA?.
¬Yo creo que la responsabilidad es directa. Si yo me meto en esa historia de Neguri es por ese motivo, porque por supuesto que tienen esa responsabilidad.

¬Las otras dos patas de su libro son el PNV y ¿cómo no! ETA.
¬ Claro y además, la construcción de la historia parte de esas tres pirámides sobre lo cual esta construido todo. Es Neguri, es ETA y es el PNV.

¬¿Qué es lo que más ha cambiado en 20 años?
¬ Nosotros, los medios de comunicación. Ahora hay una especie de soberbia, de seguridad, de «hombre, me va a decir usted a mí». Date cuenta que Javier Ortiz ha hecho un libro sobre Ibarreche infame. No conozco a Javier Ortiz y conozco a Ibarreche. Tuve 3 horas de entrevista con Ibarreche y yo le describí en el libro como Mr. Chans, ¿te acuerdas de aquél Peter Sellers haciendo de Mr. Chans? Aquel, el jardinero...

¬¿Por qué ese personaje?
R.- Porque es un señor que cuando voy a entrevistarle me dice, de pronto: ¿oh Morán! A lo mejor usted no hace un libro, hace dos y yo dije: «este tío está borracho». Pero era un hora en la que resultaba imposible que estuviera borracho.

¬ ¿Por qué cree usted que dijo lo de los dos libros?
¬ No sé, porque tiene un alto concepto de sí mismo. Además ha conseguido la unificación de EA y PNV en la campaña electoral, cosa que no se ha recogido en los medios de comunicación. Ibarreche arrasa.
¬Sin embargo, dada la estructura orgánica del PNV Ibarreche puede ser el «lendakari», pero no presidente del partido, por lo que debe compartir el poder con el sustituto de Arzallus

¬ ¿Está muy bien pensado eso! Es una buena tesis, una magnífica tesis.
¬ Venía a cuento porque por primera vez Arzallus ha perdido, aparentemente, la batalla en Vizcaya, que es su feudo.
¬ Ahora voy a aprovechar yo para meter el dedo en las heridas para criticar a esos nuevos euskerólogos. Ahora, todo el mundo es experto en el País Vasco y, en Madrid, se han multiplicado en los últimos tiempos. Hace 20 años no existía esa fórmula despreciable del periodismo que son las tertulias, pero con ellas, el número de expertos se ha multiplicado por tantos como tertulianos hay.

¬ Hace 20 años, ¿hubiera pensado que en 2003 la situación vasca seguiría igual?
¬ Hace 20 años se pensaba que era posible cambiarlo todo, incluso terminar con la violencia, menos con la crisis económica.

¬¿Cómo ve al PNV 20 años después? Usted en ese tiempo tenía una relación especial con Arzallus
¬Sí y con todos ellos

¬¿Dónde estaba Garaicoechea en esa época?
¬ A su aire, como siempre. Garaicoechea siempre a su aire. Me parece genial el libro de sus memorias en el que dice que a él le echó el Rey. ¿Hombre, quién le iba a echar!, ¿Cómo le iba a echar Arzallus... no hombre no!; ¿El rey! Es realmente un enfermo de vanidad... Me parece genial.

¬ Sus memorias se titulan: «Euskadi, la Transición inacabada» y en eso coincide con usted, que opina que el País Vasco todavía no ha hecho la Transición.
¬ Euskadi logrará la Transición cuando haya una vida política normal, con una sociedad democrática y estable.

¬¿Hoy ve al PNV más débil o más fuerte que hace dos décadas?
¬ Hombre, 20 años de PNV significa que hay gente que en ese tiempo no ha hecho otra cosa que ser parte de la Administración. A esa gente no la echas ni a cañonazos. Hay toda una generación, cuya experiencia política está directamente vinculada a la Administración autonómica.

¬Y a ETA ¿como la ve? ¿Peor que Gardel en el avión a punto de estrellarse?.
¬Sí, sí. Lo que pasa es que ha pasado por momentos muy difíciles. Una organización terrorista con 100 tíos, le sobran 50.

¬ ETA está en su peor momento y el PNV sigue siendo un partido de poder, pero con posibilidad de perder parte de él. ¿o no?
¬Un partido de poder, pero con un matiz. Los cabecillas del PNV no son los de un partido común. El PNV es una sociedad constituida en partido. Por lo tanto, hay una parte del partido que es un partido de poder. El PNV es un partido de poder y otro montón de cosas. Como en la república, sin el PNV no se puede hacer nada y con el PNV pocas cosas.

¬ Finalmente, la tercera pata de su libro, la que se refiere a los pobladores de Neguri.
¬Eso ha cambiado mucho; el BBV, bueno, primero el BB +BV ya son BBV y luego hay un González. me imagino que con la incorporación de ese apellido para muchos se habrán resquebrajado los muros de varias de las mansiones de Neguri. Un tema bonito será ver en las listas electorales ahora cómo se reparten entre el PNV de la zona y el PP de la zona los últimos apellidos neguríticos que quedan

¬ ¿En las municipales?
¬- Ya verás tú. Los retoños dirán eso de «Papá tengo que ir con el PP», «¿Pero tú en la política!» me imagino la escena. También la otra: «Tengo que ir en el PNV», «No me gusta, pero hijo, eso es una garantía».

¬¿Usted cree que en el País Vasco el PNV sigue siendo una garantía?
¬ Sí, es la garantía

¬¿Garantía de estabilidad?
¬ No, no. La palabra garantía no me gusta, no es exacta. Pero hay una cosa significativa. Es significativo que cuando se desplazan los tipos de Herri Batasuna, y abandonan, no se van a su casa, se van hacia la casa de su padre (el PNV).

¬ ¿Cree que, finalmente, Arzallus va a dejar la presidencia del PNV?
¬ Se vaya o no, eso es problema suyo. Considero que la gente no conoce a Arzallus. Yo nunca he creído la cantidad de estupideces que se dicen de él.

El BNG y grupos radicales manipulan a Nunca Máis para «batasunizar» Galicia»
ABC 3 Febrero 2003

Vázquez invoca que fue «el primero» en ensalzar «la bondad» de que, ante la catástrofe del «Prestige», se constituyera una plataforma ciudadana que «reflejaba el sentimiento que tenemos todos los gallegos, incluido yo». Pero ahora dice estar «legitimado» para denunciar «el intento de control y manipulación de «Nunca Máis» que están llevando a cabo el BNG y grupos radicales». Sostiene así, en contra de la línea oficial marcada desde Madrid, que esos grupos «la están intentando orientar de una manera partidaria y transformándola en un elemento más de la lucha política». Destaca que, a su juicio, ello es más grave porque la catástrofe del buque está sirviendo de excusa para «un cuestionamiento del Estado» ante el que juzga necesario ser «muy claro». Y así, afirma que desde esos grupos «hay un afán de batasunizar Galicia introduciendo formas de conflictividad ajenas a lo que ha sido la vida política gallega e importando hasta el lenguaje propio de Batasuna». Una prueba «más» de sus afirmaciones es la solicitud presentada para la manifestación del día 9, firmada por la Confederación Intersindical Gallega, «sindicato del BNG», aunque «ahora hay unos carteles en la calle que dicen que es de Nunca Máis».

La forma de hacer política que el PP necesita
Ignacio Villa Libertad Digital  3 Febrero 2003

La posibilidad de que Loyola de Palacio aterrice en la política nacional es una buena noticia para el Partido Popular. Las formas y las maneras de hacer política de la actual vicepresidenta de la Comisión Europea se recuerdan en los despachos populares como un referente que no se debería haber perdido y que en muchas ocasiones de la segunda legislatura se ha desvirtuado.

Loyola de Palacio es una de las pocas personas que hay en el PP que, sin miedo a perder cargos y trayectoria, se atreve a hablar con claridad al presidente Aznar. En la reciente crisis del Prestige ha vuelto a comprobarse que Loyola de Palacio sabe "cantar las cuarenta" cuando hay que hacerlo, con buenas maneras, pero sin omitir una coma sobre lo que puede pensar en un tema concreto.

Loyola de Palacio, podría volver al País Vasco. Su candidatura en unas posibles elecciones autonómicas vascas, que se podrían adelantar siempre y cuando el nacionalismo obtenga unos buenos resultados en las municipales, es en todo caso un seguro de vida para el PP. Es vasca y ejerce de tal, aunque su carrera política la haya desempeñado desde muchos y variados lugares. La candidatura de Loyola de Palacio, que es bien vista por distintos dirigentes del PP vasco, sería un valor seguro para los populares y especialmente reforzaría una línea de acción y de actuación iniciada por Jaime Mayor Oreja en el País Vasco. Con Loyola, en todo caso, no habría ruptura en la política del PP vasco. Con Loyola habría continuidad.

Pero, ciertamente, vaya donde vaya y vuelva al lugar que vuelva, las formas de Loyola de Palacio no deberían perderse en el PP. En un momento en el que el "peloteo" al presidente del Gobierno es cotidiano, en el que la política informativa del Ejecutivo vive inmersa en la descoordinación, en el que más de uno ha comenzado la carrera de "sálvese quién pueda" ante la sucesión, que Loyola de Palacio vuelva a la política nacional será un respiro para más de un militante que recuerda con nostalgia el vigor y las ideas claras del PP en la primera legislatura. Con Loyola en Madrid, trabajando en el Gobierno, se habría evitado más de un error político.

La posible vuelta de Loyola a la política nacional es pues una buena noticia para los que entienden la política como una cuestión de principios, de coherencia y de constancia. Si su destino final es el País Vasco, muy bien; pero sí su destino es Madrid, también muy bien. El PP necesita gente que diga lo que piensa sin miedos y sin complejos, y ese modelo tiene en Loyola de Palacio un nombre propio.

Los delirios de Arzalluz
Editorial El Ideal Gallego 3 Febrero 2003

Llevaba tiempo callado Xabier Arzalluz y eso hacía pensar a cualquiera que estaba rumiando uno de sus disparates. Así era, porque el presidente del PNV aseguró ayer que el plan secesionista de Juan José Ibarretxe es una proyecto infantil en comparación con sus aspiraciones, que no son otras que la independencia inmediata del País Vasco. Eso sí, el líder nacionalista, para dar verosimilitud a su insensatez, afirmó que la independencia será “dentro de Europa”; menos mal que aún tiene un ápice de cordura, porque proponer que Euskadi se constituyese en una Estado africano o americano hubiera sido como para que acto seguido solicitase su ingreso en un hospital psiquiátrico. Pero al margen de las bromas que se puedan hacer con las ideas de Arzalluz, lo importante es que una vez más ha demostrado que la Constitución es para él un instrumento que sólo sirve como muelle para impulsarse hacia la “libertad”; el voto a favor de la Carta Magna de millones de españoles, incluidos los vascos, es, por lo tanto, para el presidente del PNV poco más que la pluma con la que aspira a firmar la declaración de independencia, cuando en realidad el “sí” por el que optaron el referéndum de 1978 es la decisión más sagrada que se ha tomado en la España democrática y no se puede violar por el capricho de un político que cada día acusa más el paso el efecto del tiempo.

Maruri recupera la calma
El párroco, Jaime Larrinaga, oficia con normalidad su primera misa tras la paralización de las protestas vecinales
J. G./MARURI El Correo 3 Febrero 2003

Las aguas del río Butrón bajaban ayer revueltas a su paso por Maruri. Las intensas lluvias de las últimas horas habían arrastrado barro y lodo a un cauce que amenazaba con desbordarse. Todo lo contrario de lo que ocurría en este pueblo «amable» y «pacífico», de sólo 600 habitantes, donde, tras varias semanas de una tensión dominical atípica motivada por manifestaciones y contramanifestaciones, volvía la anhelada tranquilidad a la parroquia de Jaime Larrinaga, el primer cura vasco en llevar escolta y cuyo nombre apareció recientemente en papeles intervenidos a ETA, según desveló él mismo.

El primer paso para rebajar el tono del conflicto lo dio, el pasado fin de semana, el colectivo de vecinos enfrentados al párroco con el anuncio de la paralización de sus movilizaciones. Con esta decisión, 'Maruri-Jatabe Ongi Etorri' confiaba en «contribuir a que el Obispado encuentre una solución definitiva». Ayer, el movimiento vecinal prefirió guardar silencio. También el propio Larrinaga se negó a hacer declaraciones a los medios de comunicación, aunque pidió respeto para que «todo siga tranquilo, como lo está hoy».

«Todo se acabó», espetó, asomando la cabeza por la puerta de la sacristía, a los escasos cuatro periodistas que acudieron ayer a Maruri. «Este malentendido me ha hecho daño. Me han atacado mucho. Ahora, por favor, marchad o entrar a oír misa, si queréis», concluyó, cerrando la puerta.

Ya dentro del templo, los residentes de Maruri se entremezclaron con los amigos del cura -la mayoría, integrantes del colectivo Basta Ya-, que han decidido continuar arropándole a título personal, sin pancartas. «Seguiremos viniendo hasta que Jaime recupere a todos los feligreses que han decidido abandonarle en los últimos meses», explicó la profesora de la UPV Gotzone Mora.

Un compromiso
La afluencia de vecinos fue ayer más numerosa que en semanas anteriores. «Regresamos a misa porque la cosa está ahora mucho más calmada», admitió una vecina que prefirió no desvelar su nombre. «Nos producía recelo la situación anterior: manifestantes a un lado y a otro, la Ertzaintza en medio y cámaras de televisión por todos los lados». Y es que, ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, a Maruri llegaron a desplazarse, incluso, periodistas franceses. «Sabíamos que no iba a suceder nada, porque la gente del pueblo es pacífica y amable, pero para los que no queríamos tomar parte ni por unos ni por otros, ir a la iglesia era todo un compromiso», terminó por reconocer la mujer.

Durante la eucaristía, al contrario de lo que ocurrió en las anteriores, Larrinaga no hizo alusión alguna a su situación personal o al terrorismo. Al término de la misa, el párroco recibió el abrazo de feligreses y amigos, entre los que se encontraban las populares Marisa Arrúe y Pilar Aresti, el escritor Iñaki Ezkerra y varios miembros más de Basta Ya.

Devaluar a las víctimas
AURELIO ARTETA /CATEDRÁTICO DE ÉTICA Y FILOSOFÍA POLÍTICA DE LA UPV/EHU El Correo 3 Febrero 2003

Los periodistas acreditados en las Cortes han nombrado a don Josu Erkoreka diputado revelación. Se revela al parecer como el mandatario menos esquinado o más presentable (¡y hasta constitucionalista!) del Partido Nacionalista Vasco en Madrid. Lo cierto es que 'El País' le hizo una entrevista el 29 de diciembre pasado, en cuyo transcurso la entrevistadora le interpela: «¿Nunca se pregunta a qué se debe que compañeros de otros partidos tengan que llevar escolta y usted no?». Y agárrense ante la ingeniosa respuesta que el diputado del PNV tuvo el desparpajo de ofrecer: «Sí; a la arbitrariedad de quien fija los objetivos de la pistola, que hasta en eso es caprichoso». La infamia ha pasado sin mayores comentarios, seguramente porque los lectores aún no han salido de su estupor.

O sea que, por mucho que conozcamos las causas últimas de nuestro terrorismo -el famoso contencioso, ya saben-, no hay manera de prevenir sus móviles inmediatos. Invoquen lo que invoquen, sus agentes carecen de motivos fundados y regulares a la hora de fijar los blancos de su siniestra actividad; hoy se impone el arbitrio de uno y mañana el de otro. Lo mismo puede ETA hacer la pascua a éste que felicitársela a aquél; usted que me lee o el señor obispo serían destinatarios intercambiables de sus zarpazos. La arbitrariedad señala a quien le place y no se busquen razones donde reina la manía. Si los terroristas actúan al dictado de su real y mortífera gana, sus fechorías no tienen más origen que el patológico.

La cómoda tesis de la irracionalidad de ETA, divulgada para reducir al sinsentido las preguntas del ciudadano razonable, suscita más interrogantes que los que intenta ocultar. Porque entonces se entiende mal el Pacto de Estella, o sea, el acuerdo entre su propio partido y una banda armada incapaz -por caprichosa- de respetar pacto alguno, como tampoco se entiende mejor la encendida defensa de su brazo civil por parte del Euskadi buru batzar o del Gobierno vasco cada vez que algún juez detecta en aquél algo más que caprichos. ¿O estaremos, según se pretende, ante un magistrado tan veleidoso como el propio delincuente? Acuérdense del recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Partidos, en el que Ibarretxe juzgaba injustificado que la disolución se aplique a formaciones políticas que «preconizan ideas o realizan actividades» que en esta sociedad tan sólo «molestan, chocan e inquietan». Lean estos días el anuncio por parte de Arzalluz del «apoyo moral» (¿) que su partido va a prestar a estos muchachos molestos e inquietantes. Así las cosas, ¿no serán los ilegalizados de hoy víctimas aún mayores que las propias víctimas de sus actos supuestamente ilegales de ayer?

Pero no se puede servir a dos señores y, si se está con los unos, entonces se está contra los otros. Se entiende muy bien, por eso, la dilatada trayectoria nacionalista de desprecio hacia tantos inmolados, de su arrinconamiento bajo sospecha, de su equiparación con los 'caídos' del frente contrario, de vergonzante desamparo de sus familiares; en fin, de preferencia efectiva hacia quienes están presos por haber matado o ayudado a matar Y que siga la Tamborrada, porque aquí no pasa nada.

Confesar en esta tragedia colectiva alguna culpa -siquiera por pasivo consentimiento- es algo que nos honraría a todos los vascos, pero que a algunos se les hace más cuesta arriba. Contra esa clamorosa distinción que ETA y Batasuna establecen entre nosotros, y que delata a unos como de su cuadrilla y a otros como abiertos enemigos, nuestros nacionalistas moderados no tienen mejor salida que esparcir a toda costa la indistinción. Frente a aquella diferencia que les acusa, esta indiferencia con la que se protegen. Les conviene, desde luego, adensar esa oscuridad en la que casi todos los vascos son pardos. Que a nadie se le ocurra, pues, acercarles a los verdugos, porque también ellos aspiran a ocupar -a fin de degradarlo- el lugar prestigioso de las víctimas. Se evitan además cuestiones embarazosas, tales como el vínculo que media entre la ideología que alimenta al criminal, las metas que expresamente persigue y los crímenes que perpetra. ¿Para qué aludir de nuevo a las creencias transmitidas a través de la educación gubernamental, aplaudidas en la televisión gubernamental o primadas por la subvención gubernamental?

Así que poco importa proclamar en serio una impostura como la del diputado Erkoreka que ninguna persona decente podría sugerir ni en broma. Tan amenazados estarían los concejales del PNV y EA por los antojos del asesino como los de cualquier otro partido que se las dan de acosados. Si hay pueblos donde los votantes constitucionalistas (y qué decir de sus candidatos) enmudecen y se esconden para sobrevivir, eso es cosa suya y allá cada cual con sus miedos. Si algún grupo político sale más favorecido en esta lotería, que nadie lo achaque a oscuros contubernios ni pretenda obtener provechos electorales. Bien es verdad que el cálculo de probabilidades parece sugerir otras lecciones, pero vivimos en un tiempo y un lugar en que se politizan hasta las matemáticas.

O hasta la piedad. Porque está bien eso de manifestar enseguida de un atentado mortal la solidaridad con el partido del difunto y el más dolorido pésame hacia sus parientes. Pasados los funerales, sin embargo, sería hora de hacer ver a la viuda y a los huérfanos que su marido o su padre no ha muerto por causa alguna que lo enalteciera, por nada que a los ojos del sayón le distinga de otros hasta hacerle acreedor del disparo o la bomba. Sólo habría sido un accidente, y los accidentes no revelan ni mérito ni demérito

Y es que de esto se trata: de que aquella pregonada veleidad del verdugo rebaje la virtud de su víctima, y con ella decrezca la mala conciencia civil y se diluyan las responsabilidades políticas más seguras. A mayor número de víctimas presuntas, menor valor de las víctimas reales: si todos ya lo somos simplemente porque en cualquier momento podemos serlo, entonces interesa menos saber quiénes de hecho lo son y -sobre todo- por qué se alcanza tan trágica condición. Comienza por silenciarse que entre nosotros, además de las ya irreparables víctimas cruentas, hay muchas más incruentas que padecen este horror de múltiples modos. Se diría también que en este país el riesgo no estriba en hablar en voz alta, escribir o actuar en público contra lo que es debido. No, aquí se quiere propagar el absurdo de que ETA persigue o mata tan sólo por pensar de modo diferente, qué cosas, como si bastara con eso y la bestia fuera incluso capaz de escudriñar las conciencias. De manera que habitaríamos un lugar en el que, no ya los 42.000 calculados por Gesto por la Paz, ni siquiera la mitad constitucionalista de los ciudadanos, sino casi toda la ciudadanía al margen de credos políticos viviría objetivamente amenazada por una minúscula facción de asesinos y colaboradores. Unos pocos lunáticos o malvados y todos los demás buenos, normales e inocentes; sobre todo, inocentes.

Estaríamos en esa situación, ya denunciada por Günther Anders, en la que «al final nadie asume responsabilidad alguna, y lo único que queda es la tierra carbonizada de las víctimas y la radiante buena conciencia de los necios».

Iconos
Ana Irigoyen/Bilbao CARTAS AL DIRECTOR El Correo 3 Febrero 2003

Las declaraciones de Arnaldo Otegi respecto a 'OT' no son sólo una provocación. Son las palabras del gurú amenazado frente al gurú intruso y rival. La competencia de educar emocionalmente a los jóvenes vascos es una competencia exclusiva de los nacionalistas. Que se sientan identificados con los iconos que les corresponden según el Estatuto. Que se estremezcan ante la ikurriña, que se sientan iracundos al ver un guardia civil, ha sido un proceso educativo costoso como para echarlo todo por la borda. Es más, esta manipulación de TVE es anti derechos humanos. Cada pastor, a sus ovejas. ¿Y si alguna oveja se sale del redil y quiere, por ejemplo, que España gane Eurovisión? Otegi no está dispuesto a permitir que se escape ninguna oveja vasca. Hay algunos que piensan por sí mismos, que no siguen iconos impuestos. Hay gente que aprecia su libertad, y a la que no le gusta que le digan con qué debe identificarse. Pero ésos, para Otegi, no cuentan.

Otegi en OT y Husein en los Goya
Javier Somalo Martín Libertad Digital  3 Febrero 2003

A la una de la madrugada corría a recoger su premio Goya el espléndido actor Javier Bardem por su indiscutible papel en la película Los lunes al sol. Pero ahora los espectáculos televisivos de la primera de TVE parecen destinados a acabar en el Congreso de los Diputados y hasta en el Consejo de Seguridad del la ONU. Si Ainhoa, la de Operación Triunfo, ha hecho hablar hasta a los proetarras, envidiosos de que una chica de Galdakano pueda defender a España y no a Euskal Herria en Eurovisión, ahora sólo falta que hable Sadam Husein parafraseando al propio Bardem.

Aunque se supone que la gala era de cine, las solapas y pecheras de los glamurosos asistentes no lucían un pin con una cámara o una claqueta de adorno. Optaron por un “no a la guerra”. Curioso. Podrían haber elegido “No a Sadam”, “No a las armas de destrucción masiva” o “No al ántrax”. Pero ya que a nadie se le ocurrió, por ejemplo diseñar un pin que rezara “Todo por el cine” o “Viva la gran pantalla”, pues la gala tuvo su momentito político. Como actor, Javier Bardem es un monstruo. Como orador político, una pena. Después de pronunciar repetidamente sus “dedicaciones” que no dedicatorias, se echó a la arena y mezcló el paro con Sadam Husein en una sola frase: “Quiero aprovechar para recordar a los gobernantes”, dijo más o menos, “que la mayoría no les da permiso para hacer lo que quieran”, añadió. Así que, concluyó que “No a la guerra” entre bravos y progresía de lentejuelas.

El resto de galardonados, uno por uno y con más o menos gracia, terminaba siempre sus intervenciones repitiendo el lema diseñado por la Academia.

Y los organizadores, el grupo de teatro “Animalario”, salpicaban con representaciones teatrales. Media hora después de la soflama bardeniana se escucharon estas frases: “Quiero repartir marihuana en los Consejos de ministros”, “ser ajeno al sistema al cual pertenezco”, “Quiero ser un extranjero en un país que no existe”...

Y el mejor director, Fernando León de Aranoa, también indiscutible cineasta, convirtió los millones ganados con su película en otro discursito. Sus primeras palabras, qué original, “No a la guerra” y luego una llamada de atención a los políticos por la precariedad en el empleo y demás... ¿Ganará algo alguien que no sea del aparato? Faltaba Penélope. Era a la que peor le quedaba el pin de metacrilato con el texto escrito en rojo. Iba vestida de repollo blanco. La chapita de marras parecía el precio.

En fin, a las dos menos veinte de la madrugada, los de Animalario concluían la juerga quitándose la camisa para exhibir, como los futbolistas cuando dedican un gol a su madre, el último “No a la Guerra”. Me quedo a ver los títulos de crédito por si el productor ejecutivo de la gala ha sido Gaspar Llamazares.

El Ayuntamiento de Vitoria hará "lo que sea necesario" para frenar la argucia electoral de PNV-EA
Agencias Libertad Digital  3 Febrero 2003

El alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, señaló que el consistorio de la capital alavesa hará "lo que sea necesario" para frenar la modificación en la Ley Electoral vasca propuesta por PNV y EA para ganar allí donde no pueden. Alonso no descartó convocar en los próximos días una manifestación para que los vitorianos expresen su rechazo a la iniciativa nacionalista y paren "esta barbaridad y este delirio".

En una rueda de prensa celebrada tras el Pleno municipal, Alonso recordó que la mayoría del corporativo municipal ha aprobado este mismo lunes una moción contra la reforma propuesta por las formaciones de Xabier Arzalluz y Begoña Errazti, con los votos favorables de PP, PSE-EE, UA e Izquierda Alternativa de Vitoria.

Por ello, anunció que el Ayuntamiento remitirá a la Cámara vasca la moción respaldada en la sesión plenaria para que "cuando se adopten las decisiones" en el Parlamento "se tomen conscientes de cuál es la posición que manifiesta la ciudad y este pleno municipal". Alonso indicó que el consistorio diseñará una campaña contra la proposición de ley de PNV y EA para que la ciudadanía "proteste y se rebele" contra el planteamiento nacionalista, que pretende "recortarle sus derechos, sus intereses y su voz".

Según el primer edil vitoriano, PNV y EA quieren "dividir y enfrentar" a los residentes en la capital alavesa con el resto de la provincia y acusó a ambas formaciones de "utilizar" Vitoria para sacar adelante "unos intereses que no responden al interés general, sino a intereses partidistas". "Vamos a luchar para que este proyecto no salga adelante y para ello apelo a la conciencia de todos los vitorianos, con independencia de su ideología".

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